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viernes, 25 de septiembre de 2026

8 de los edificios más coloridos del mundo

 
Centro  Pompidou, Malagá

 

Por Clare Dowdy
BBC Culture*
 
 

Desde hace mucho tiempo, los arquitectos con más imaginación usan el color para realzar sus obras.

Llevamos cientos de miles de años utilizando el color para transmitir alegría.

Los primeros neandertales decoraban las paredes de las cuevas con pigmentos extraídos de la tierra.

A estos inicios les siguieron los templos policromados del antiguo Egipto y Grecia, así como las estructuras de mármol multicolor de la antigua Roma.

A lo largo de todas estas épocas, el color estuvo siempre presente, allá donde se mirara.
 
Desempeñó un papel protagonista en las vidrieras de las iglesias medievales y en los techos y paredes decorados con frescos durante el Renacimiento italiano.

Asimismo, es un elemento esencial en las superficies brillantes y luminosas de finales del siglo XX y del siglo XXI, como la entrada cúbica del Centro Pompidou de Málaga, obra de Daniel Buren (que aparece en la imagen superior): una auténtica sinfonía de color y luz.

El color es "el ingrediente crucial que eleva un edificio a cotas de resonancia y deleite inalcanzables por otros medios", según afirman el diseñador Adam Nathaniel Furman y la autora Kate Mazade en su obra Chromatic Architecture – the Craft of Colour in Design.
 
A continuación, presentamos ocho estructuras coloridas recogidas en su nuevo libro.

Estos edificios vibrantes invitan a los arquitectos a emplear el color con mayor audacia y nos animan a abrir los ojos a las posibilidades que este ofrece.
 
 
1. Templo de Sri Ranganatha Swamy, Tamil Nadu, India
 
Los templos de Tamil Nadu tienen unas estatuas coloridas.
 
 
El estado sureño de Tamil Nadu, en India, es conocido por su antigua tradición en el uso del color.

La construcción de este templo comenzó en el siglo I d.C. y continuó a lo largo de varias dinastías hasta finales del siglo XX.

El resultado es uno de los complejos religiosos más grandes del mundo, con una extensión superior a las 60 hectáreas.

Está custodiado por 21 puertas de acceso o gopurams, cuyos elementos tridimensionales están decorados con pigmentos vivos.

"Este lugar rebosa una hiperabundancia de vida espiritual que se manifiesta de forma visceral mediante el hermoso uso de pigmentos; estos logran transportar al visitante y al fiel fuera de lo cotidiano para adentrarlos en el reino de la contemplación y el asombro", comenta Furman a la BBC.
 


2. Palau de la Música Catalana, Barcelona, España

La estética del Palau encarna a Cataluña

La estética de esta sala de conciertos de 1908 llegó a encarnar a Cataluña, una región española de marcada identidad cultural, próspera y en plena industrialización.

Diseñada por Lluís Domènech i Montaner, su arquitectura fusiona influencias del art nouveau, el románico y el neogótico con motivos de inspiración mudéjar y tradiciones valencianas.

Para Furman, cada detalle del Palau rebosa simbolismo y encajaría a la perfección en un bosque de cuento de hadas.

"Cada piedra, balaustre, dovela, columna y capitel, así como cada aplique y tirador, están impregnados de color y formas decorativas que parecen infundirles vida por arte de magia", expone.
 
 
 
3. Guardian Building, Detroit, Michigan, EE.UU.

El Guardian Building es uno de los rascacielos más icónicos del art déco en EE.UU.


Los habitantes de la zona conocen este edificio de oficinas de 1929, obra de Wirt C. Rowland, como la "Catedral de las Finanzas".

Es también uno de los rascacielos de estilo art déco más importantes del mundo.

"Rowland utilizó el color aquí para mostrar la gran variedad de la artesanía de la región de los Grandes Lagos de EE.UU. a principios del siglo XX", comenta Mazade a la BBC.

El exterior está revestido con cerca de dos millones de ladrillos y baldosas de terracota de tonalidad anaranjada.

Por su parte, el vestíbulo principal cuenta con un techo abovedado de tres alturas, cubierto en su interior por una especie de "colcha" de azulejos en colores primarios.

"El edificio fue una audaz declaración del éxito comercial de Detroit en aquella época y hoy sirve como un recordatorio vibrante de ello", añade.
 
 
 
4. Grandes almacenes De Bijenkorf, Eindhoven, Países Bajos

 
Los campos holandeses fueron la inspiración para la fachada del edificio. 
 
 
Se dice que el arquitecto, diseñador y artista italiano Gio Ponti se inspiró en la exuberante y variada cuadrícula de los campos holandeses —vista desde la ventanilla de un avión— para este diseño de 1969.

Lograr que este edificio de gran tamaño y sin ventanas resultara atractivo habría supuesto un desafío para muchos arquitectos, pero no para Ponti, quien contribuyó al modernismo tanto como Le Corbusier y Mies van der Rohe.

Lo transformó en "un vasto y resplandeciente campo de maravillas esmeralda", dice Furman. Y, al hacerlo, "convirtió la típica y pesadillesca fachada de hormigón liso de la época en una auténtica obra maestra del arte moderno para la ciudad".
 
 
 
5. Reversible Destiny Lofts, Tokio, Japón
 
El concepto del edificio era el de lograr "desbalancear" a sus habitantes para que sean menos sedentarios.
 
Este proyecto de viviendas de alquiler de 2005 se concibió en memoria de Helen Keller, escritora y defensora de los derechos de las personas con discapacidad en Estados Unidos.

El libro describe los nueve lofts, obra de Shusaku Arakawa y Madeline Gins, como un bricollage futurista compuesto por cilindros, prismas rectangulares, esferas y elementos arquitectónicos modernos de colores vivos.

Todos estos componentes se integran para crear un entorno residencial alternativo y envolvente, en el que cada superficie y elemento del mobiliario vibra con una intensa policromía.

El artista Arakawa y la poeta Gins buscaban que la elección de los colores desestabilizara a los residentes.

"Creían que, si el entorno lograba sacar a las personas de su estilo de vida sedentario y doméstico para revitalizarlas, estas podrían vivir más tiempo", explica Mazade. 

Combinaron suelos ondulantes con habitaciones esféricas y las decoraron con una paleta cromática que supone una radical saturación sensorial, todo ello en beneficio —en teoría— de sus ocupantes, añade.
 
 
 
6. Planta de incineración de residuos de Maishima, Osaka, Japón
 
 
El artista visual y arquitecto austriaco Friedensreich Hundertwasser falleció en 2000, un año antes de que se terminara de construir su edificio.

Según explica el libro, era conocido por rechazar la uniformidad plana del modernismo y por defender la arquitectura como un organismo en evolución, en lugar de como una máquina destinada a cumplir funciones estrictamente definidas.

Para Hundertwasser, este principio se aplicaba tanto a los edificios industriales como a las viviendas.

La planta de Maishima recuerda a un castillo extravagante al estilo del Dr. Seuss, y a menudo se la confunde con un parque de atracciones cercano.

Unas franjas amarillas de aspecto "dibujado a mano" parecen gotear por los elementos más bajos del edificio, mientras que su torre cilíndrica alargada luce franjas similares en color rojo.

Todas las estructuras del complejo, incluido el elemento en voladizo, se alzan sobre pilares bajos y redondeados decorados con bloques de color.

Cada parte de esta estructura es un acto de rebeldía, afirma Mazade.

"Una planta de tratamiento de residuos con una chimenea de color turquesa, paredes con motivos de tablero de ajedrez y franjas de color girasol y escarlata: ¿qué hay más rebelde que eso?".
 
 
 
7. Biblioteca Central de Leganés, Leganés, España
 
El concepto de la biblioteca es el de reflejar lo que tiene por dentro.
 
Construida en 2019, esta biblioteca pública y archivo municipal, obra de BN Asociados Arquitectos, constituye una metáfora visual de su contenido.

La fachada abombada, revestida de piezas cerámicas de gran formato en tonos pastel, se adhiere a los laterales redondeados del edificio, sugiriendo a los vecinos la cantidad y variedad de libros que albergan sus estanterías.

Este diseño crea, además, un icono urbano en un nuevo barrio de Madrid que carecía de referentes culturales.

"A medida que la luz del sol se desplaza sobre la cerámica ondulada, los suaves tonos pastel y la textura mate generan un efecto que recuerda al papel", señala Mazade.
 
 
 
8. Croydon Colonnade, Londres, Reino Unido
 
La estructura se inauguró en 2003, en una zona de Londres con poco interés arquitectónico.
 
Este espacio peatonal de 50 metros, situado en la localidad de Croydon —un lugar con escaso atractivo arquitectónico—, está compuesto por 16 columnas gigantes y dos grandes muros.

La estructura, creada en 2003 por Adam Nathaniel Furman, está revestida con miles de azulejos de porcelana tridimensionales hechos a mano.

Cada uno de ellos cuenta con un esmalte translúcido, rico y denso; la base presenta un intenso azul submarino que se difumina hasta convertirse en un blanco cremoso en la parte superior.

El proyecto busca llevar a la estación de tren de East Croydon elementos cromáticos destacados procedentes de diversas épocas y lugares.

"El color envuelve al transeúnte en un entorno rico y sensorial. Evoca milenios de tradición en cerámica arquitectónica azul y blanca utilizada en edificios monumentales de todo el mundo: desde el antiguo Egipto hasta Portugal, Turquía, el Irán safávida, Babilonia y muchos otros lugares", afirma su diseñador, Furman.

El libro Chromatic Architecture – the Craft of Colour in Design, de Adam Nathaniel Furman y Kate Mazade, se publicó el 1 de septiembre de 2026.
 
 
 
 
 
 


domingo, 17 de mayo de 2026

Por qué la Torre de Pisa y otras edificaciones se inclinan pero no se caen

 

 

Por Daisy Stephens
Servicio Global de la BBC 

 

La Torre Inclinada de Pisa es uno de los monumentos más emblemáticos de Italia.

No es la única estructura que se inclina hacia un lado: desde las Casas Bailarinas de los Países Bajos hasta la Pagoda de la Colina del Tigre en China, hay monumentos torcidos por todo el mundo.

Pero ¿por qué se inclinan? ¿Y por qué eso no significa necesariamente que vayan a caerse?

 

¿Por qué se inclinan algunos edificios?

Hay varias razones que explican por qué las estructuras se inclinan hacia un lado, según Mandy Korff, profesora asociada de prácticas geotécnicas en la Universidad Técnica de Delft en los Países Bajos.

En algunos casos, como el de las emblemáticas Casas Bailarinas de los Países Bajos, se debe al tipo de cimientos que se emplean para su construcción.

"En el centro de Ámsterdam, la mayoría de las casas están construidas con pilotes de madera", dice Korff.

Las Casas Bailarinas de Ámsterdam están construidas sobre pilotes de madera, lo que les confiere una apariencia torcida.

 

Explica que los pilotes se instalan por pares bajo las paredes y las fachadas de los edificios.

Se adentran 12 metros en el suelo, que está compuesto de arcilla blanda, turba o arena.

"Si son así y los pilotes se mantienen en buen estado, entonces no le pasa nada a las casas", afirma.

Pero añade que, si empiezan a degradarse o a pudrirse, pueden aparecer grietas, y el deterioro desigual o la distribución desequilibrada del peso pueden hacer que los edificios se inclinen con el tiempo.

 

El caso de Pisa

Las condiciones del suelo también pueden hacer que los edificios se inclinen hacia un lado, como ocurre con la emblemática Torre de Pisa.

Nunziante Squeglia, profesor de mecánica de suelos y cimentaciones en la Universidad de Pisa, forma parte de un equipo que supervisa la inclinación de la torre.

"La torre comenzó a inclinarse desde el inicio de su construcción debido a que el suelo es extremadamente blando. [Se hundió] entre 3 y 4 metros", le dijo Sgueglia al programa de radio de la BBC Witness History.

Los edificios también pueden inclinarse debido a cambios provocados por el hombre en el suelo. Por ejemplo, la torre de la Oude Kerk, o Iglesia Vieja, en Delft.

"Es mucho menos conocida, [pero] se inclina más o menos de la misma manera que la Torre de Pisa", señaló Korff.

La torre de la Oude Kerk en Delft se inclina hacia un lado, en parte debido a la presencia de un canal.
 

"Se inclina hacia el canal porque el suelo de un lado fue excavado para construirlo y ahí es más blando. Así que hay menos presión para mantenerla erguida y, cuando la construyeron, empezó a inclinarse".

Los cambios en las aguas subterráneas también pueden hacer que un edificio se incline. Korff advirtió que a veces los edificios se inclinan por diseño.

"Muchas casas en Ámsterdam se construyen inclinadas hacia delante porque así es como se construían las casas de comerciantes en el pasado", explicó.

"A menudo se construían a lo largo de los canales para el almacenamiento. Se construían para que se inclinaran hacia delante para facilitar el transporte al interior de la casa", precisó.

"Si se inclinan hacia delante, no significa que haya un problema. Pero cuando se inclinan hacia un lado, sabes con certeza que esa no era la intención".

 

Corregir la inclinación

¿Por qué no nos preocupan más estas estructuras inclinadas?

Según Korff, un edificio inclinado no significa necesariamente que no sea sólido desde el punto de vista estructural.

"Tiene que inclinarse bastante para ser estructuralmente inestable", afirma.

Pero a veces hay que corregir las inclinaciones, como fue el caso de la Torre Inclinada de Pisa.

Aunque la torre comenzó a inclinarse muy pronto, las mediciones mostraron que la situación empeoró en el siglo XX, con un aumento constante de la inclinación.

La Torre Inclinada de Pisa comenzó a inclinarse cada vez más, hasta que tuvo que ser enderezada para garantizar su seguridad.
 
 
"La situación era muy preocupante", recuerda Squeglia.

Y entonces, en 1989, se derrumbó la Torre Cívica de la ciudad italiana de Pavía.

Según Squeglia, ese fue el "desencadenante" y la Torre de Pisa se cerró un año después.

Hubo muchas ideas sobre cómo enderezar ligeramente la Torre Inclinada de Pisa para que volviera a ser segura.

"La técnica elegida fue la extracción de tierra", explica Squeglia. "Sin tocar la torre, se extrajeron 37 metros cúbicos de tierra del lado norte de los cimientos".

Y la torre volvió a abrir 11 años después.

 

Un caso "especial"

Pero este método para enderezar un edificio no es habitual, según Korff. "Eso es muy especial para Pisa; no se haría así en condiciones normales".

Si un edificio inclinado tiene pilotes de madera, como las casas de Ámsterdam, sustituir los cimientos puede evitar que la inclinación empeore, pero es "invasivo" e implica retirar la planta baja.

También es posible corregir una inclinación levantando la casa con gatos hidráulicos, del mismo modo que se haría con un auto, señala Korff, pero a veces eso puede causar más daño que bien.

Las obras de estabilización de la Torre de Pisa tomaron 11 años y finalizaron en 2001.
 
 
"Si está muy inclinada, también es peligroso enderezarla porque la casa se ha adaptado en cierto modo a la inclinación", dice. "Hay que tener mucho cuidado, al menos para no empeorar las cosas".

Aunque algunos edificios pueden estabilizarse, también hay inconvenientes.

"Se pueden hacer todo tipo de cosas con los edificios, todo es posible", apunta Korff. "Pero cuesta bastante dinero y es complicado".

 

El impacto del cambio climático

 
Miles de casas en los Países Bajos corren el riesgo de sufrir daños porque sus cimientos de madera quedan expuestos cuando bajan las aguas subterráneas.
 
 
La investigación de Korff revela que sólo en los Países Bajos hay alrededor de 75.000 casas construidas sobre pilotes de madera que corren riesgo de sufrir daños y casi el triple están en peligro debido a cimientos poco profundos.

Y estos problemas podrían empeorar.

"Con el cambio climático y las transformaciones en las aguas subterráneas, a veces observamos cambios más rápidos", afirma Korff.

Si el nivel freático desciende, los pilotes de madera quedan expuestos al aire, lo que puede acelerar los daños.

Los cambios en las aguas subterráneas también pueden afectar a las capas del suelo, lo que tiene un efecto dominó en las casas con diferentes tipos de cimientos.

Sin embargo, añadió que se trata de un proceso lento.

En cuanto a la Torre Inclinada de Pisa, su inclinación se redujo en más de 40 centímetros tras 11 años de obras, que finalizaron en 2001.

Los ingenieros creen que su futuro está asegurado al menos durante los próximos 200 años.

 

 Fuente: Torre de Pisa
 
 

miércoles, 4 de junio de 2025

De edificios emblemáticos a avances en la medicina: grandes ideas que nacieron garabateadas en servilletas

 

 
Hay servilletas que han hecho historia.
 
 
Por Dalia Ventura
BBC News Mundo
 
 
"¡Servilletas de papel! ¡Quién ha oído semejante disparate! ¿Para qué sirven?".

Eso exclamaban "muchas buenas amas de casa" al enterarse que estaban a la venta, contó en 1896 Helen Thompson, de la revista Brooklyn Magazine.

Poco a poco, sin embargo, irían conquistando espacios públicos hasta que en la década de 1950 empezaron a recibir el sello de aprobación de los rectores de la etiqueta, y a volverse ubicuas.

Desde entonces, muchos arquitectos o sus allegados les responderían a esas amas de casa que las servilletas de papel servían para verter ideas. 

Incontables diseños de edificios de todo el mundo empezaron esbozados en esos trozos de papel producidos para limpiarse al beber o comer, incluidos varios famosos, como el Museo Guggenheim Bilbao.

El influyente arquitecto Frank Gehry contó que cuando fue nominado para diseñarlo, estuvo una noche en un bar cercano y comenzó a esbozar un diseño en una servilleta de cóctel, sin levantar el bolígrafo del papel para lograr un diseño fluido.

La práctica es tan valorada en la arquitectura que hay subastas de servilletas, y la frase "boceto en servilleta" es sinónimo del momento de la génesis conceptual.

Pero también fuera de ese círculo, hay servilletas que han hecho historia.

Probablemente no reconocerías el nombre David H. Shepard.

Ni tampoco el de su creación, a pesar de que seguramente la has visto, y a menudo.

Shepard fue el inventor de una de las primeras máquinas que leía recibos de tarjetas de crédito.

Su Corporación de Investigación de Máquinas Inteligentes desarrolló y vendió los primeros sistemas de reconocimiento óptico de caracteres a empresas como AT&T, First National City Bank, Reader's Digest y la mayoría de las principales petroleras.

Sin embargo, detectó un problema.

Como el reconocimiento óptico de caracteres se implementó por primera vez en las gasolineras, cuando la gente usaba tarjetas para pagar, los recibos inevitablemente se manchaban de grasa, aceite y otras sustancias.

Necesitaba idear la forma de combatir esa contaminación de los datos financieros.

Y lo hizo, en una servilleta, durante una cena con su esposa en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, en 1952.

Buscando las formas más simples y abiertas posibles, lo que dibujó fueron esos números rectilíneos que aparecen en muchas tarjetas de crédito.

Para que el reconocimiento de los datos fuera más fiable, Shepard decidió crear una fuente solo para dígitos.

 

La fuente numérica Farrington B se transmitía con claridad al usar los dispositivos de procesamiento de tarjetas analógicos de mediados del siglo XX.

Hoy en día, las compañías de tarjetas de crédito pueden usar cualquier fuente para el número de cuenta, pues toda la información pertinente se obtiene de la banda magnética o del chip EMV.

Pero esos distintivos dígitos se siguen usando con frecuencia pues Farrington B es casi una tradición.

 

La imagen de tus órganos

A principios de la década de 1970, el químico estadounidense Paul Lauterbur ya era uno de los principales especialistas en espectroscopia de resonancia magnética nuclear (RMN).

La técnica se basa en las propiedades magnéticas del hidrógeno presente en el agua, que constituye aproximadamente dos tercios del cuerpo humano.

Cuando los átomos de hidrógeno se ponen en un potente campo magnético y se bombardean con ondas de radio, emiten señales que proporcionan información sobre su entorno local.

Los químicos utilizaban RMN para determinar la estructura de las moléculas orgánicas.

Pero hasta entonces a nadie se le había ocurrido que podía llegar a ser una herramienta que los médicos podrían usar para crear imágenes detalladas de órganos internos.

De una servilleta a un premio Nobel: Lauterbur lo recibió de manos del rey Carlos Gustavo Suecia en Estocolmo en 2003. 

 

La idea se engendró tras un encuentro furtivo de Lauterbur con un investigador en el verano de 1971.

Le habló sobre un estudio de tejidos cancerosos con ratas que intentaba ver si con RMN se podía detectar tumores.

Lauterbur quedó impresionado, pero le pareció "demasiado desagradable" el que se tuvieran que sacrificar animales para investigar: debería ser posible obtener la misma información de forma no invasiva desde fuera de un cuerpo vivo, pensó.

Esa misma noche, se fue a comer al restaurante Eat'n Park Big Boy de Pittsburgh, y mientras reflexionaba garabateó ideas en una servilleta de papel.

Esas ideas, concebidas entre bocados de hamburguesa, propiciaron el nacimiento de la resonancia magnética, o IRM.

Más de 30 años después recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina (2003) por darle a los médicos la capacidad de mirar dentro del cuerpo humano sin utilizar radiación dañina.

 

Los datos invisibles

Quizás resulte curioso que en el campo de la tecnología, que ha creado tantas herramientas para reemplazar al lápiz y papel, el boceto en servilleta también haya jugado un rol.

Sin embargo, ha ocurrido en más de una ocasión.

La más legendaria tiene que ver con la creación de Ethernet, el sistema para conectar dispositivos que precededió al ahora omnipresente Wi-Fi.

Y se sigue usando, porque enviar datos por cable es más rápido, fiable y seguro que enviarlos mediante ondas de radio.

El nombre "Ethernet" proviene de la referencia histórica al éter luminífero, una teoría del siglo XIX sobre una sustancia que se creía que transportaba ondas electromagnéticas.

 

El sistema fue creado inicialmente en 1973 por un grupo de ingenieros del Centro de Investigación Xerox Palo Alto (PARC).

Uno de ellos era Robert Metcalfe, quien era especialista en comunicaciones.

Le encomendaron la tarea de diseñar y construir la red que uniera unas computadoras llamadas Alto, que ya disponían de capacidades gráficas y ratón, y serían consideradas los primeros ordenadores personales.

La idea, que ahora parece obvia pero era revolucionaria, era conectarlas para poder compartir información e imprimir documentos. 

Metcalfe realizó el primer boceto conceptual en una servilleta, dibujando un diagrama para conectar varias computadoras en una red de área local.

Y lo etiquetó con una palabra: "¡ETHER!".

 

Una curva económica

En uno de los momentos icónicos de la economía moderna, un joven profesor dibujó un sencillo gráfico en una servilleta en 1974, y trazó una nueva dirección para el Partido Republicano de EE.UU.

Los detalles de la reunión en la que Laffer dibujó su curva son confusos, la servilleta de papel ya no existe, y una de tela que fue exhibida en el Smithsonian es de dudosa procedencia. Pero la curva de Laffer sigue surgiendo en el discurso público.

El profesor era el economista Arthur Laffer y la legendaria reunión fue con Dick Cheney, en un restaurante en Washington DC.

Cheney era en ese entonces el segundo al mando de Donald H. Rumsfeld, jefe de gabinete del presidente Gerald R. Ford, quien había subido los impuestos para controlar la inflación.

Laffer quería mostrarle por qué el gobierno federal debía bajarlos.

Aunque sonara contrasentido, aseguraba, la rebaja se pagaría sola pues se incrementaría la recaudación fiscal y aumentaría la actividad económica.

Esbozó una curva para ilustrar su argumento de que existe una tasa impositiva óptima que maximiza los ingresos del gobierno.

Pero que, después de ese punto, el aumento de impuestos conlleva una disminución de los ingresos públicos.

Alegaba que las tasas impositivas altas eran contraproducentes pues desincentivaban la actividad económica y fomentaban la evasión fiscal al punto que en realidad reducían los ingresos del gobierno.

La más tarde denominada Curva de Laffer se hizo famosa; el Partido Republicano se convirtió en el partido de los recortes de impuestos.

La curva sirvió para justificar las políticas económicas del presidente Ronald Reagan, pero sus recortes de impuestos no se amortizaron por sí solos y provocaron un aumento de la deuda pública.

Aunque la teoría ha sido desacreditada por varios economistas, sigue teniendo defensores y su atractivo es perdurable entre quienes abogan por contribuir menos a las arcas de los Estados. 

 

Una legendaria lluvia de ideas

"En el verano de 1994, yo, John Lasseter, Pete Docter y Joe Ranft nos sentamos a almorzar", contó el cineasta Andrew Stanton en uno de los tráilers de la película animada "WALL-E" de Pixar.

Stanton, Lesseter, Docter y Ranft (quien murió en un accidente en 2005) eran cuatro de los principales directores del que se convertiría en uno de los más exitosos estudios de animación del mundo.

Casi todas sus películas serían nominadas y muchas galardonadas con premios Óscar.

Pero eso aún estaba por venir: desde su creación en 1986, hasta el estreno de "Toy Story" en 1995, pocos sabían de su existencia.

El adorable robot de WALL-E fue la última idea que surgió durante un almuerzo memorable hace tres décadas. 

 

El almuerzo que recordó Stanton fue en el Hidden City Cafe, cerca de los estudios Pixar en Point Richmond, California, y tuvo lugar cuando "Toy Story estaba casi terminada", relató.

"Pensamos: '¡Caramba! Si vamos a hacer otra película, tenemos que empezar ya'".

Y empezó una lluvia de ideas realmente fabulosa.

"Barajamos un montón de ideas que finalmente se convirtieron en 'A Bugs Life' (Bichos: Una aventura en miniatura), 'Monsters, Inc.', 'Finding Nemo' (Buscando a Nemo) y la última que comentamos ese día fue la historia de un robot llamado Wally".

Los cuatro comensales dibujaron bocetos de personajes en las servilletas del café.

El robot se convirtiría en el protagonista de "WALL-E".

En las notas de producción de esa cinta animada, Stanton dijo: "Una de las cosas que recuerdo que surgió de esto fue la idea de un pequeño robot dejado en la Tierra".

"No teníamos una historia. Era una especie de pequeño personaje tipo Robinson Crusoe: ¿qué pasaría si la humanidad tuviera que abandonar la Tierra y alguien olvidara apagar el último robot, y no supiera que podía dejar de hacer lo que está haciendo?".

WALL-E se estrenó en 2008 y, aunque fue un riesgo para el estudio pues no había muchos diálogos, como todas las demás películas ideadas durante ese almuerzo, enamoró al público y fue aclamada por los críticos.

El Hidden City Cafe ya no existe, pero aparece en una escena de "Monsters, Inc.".

 

Fuente: Grandes ideas garabateadas en servilletas 


 

 

miércoles, 23 de abril de 2025

Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos (y las curiosas reglas de Roma, Atenas y Londres)

 

 
Hay rascacielos, pero Europa es relativamente bajita

 

Por BBC News Mundo
Redacción

 

Los rascacielos son, para algunos, el símbolo definitivo del progreso y la modernidad. Para otros, una fea mancha en el horizonte natural.

Las primeras edificaciones decididamente altas que conocemos fueron los zigurats de adobe cocido de Sumeria, que se alzaban en lo que una vez fue Mesopotamia y hoy es el sur de Irak.

Eran estructuras religiosas forjadas con la fusión de riqueza recién acumulada y la creencia en algo más allá de la existencia material.

Ese deseo de alcanzar el cielo mientras se celebraba tanto la fortuna y poder como a los dioses también dio lugar a las pirámides del antiguo Egipto y, milenios más tarde, a las agujas de las catedrales medievales.

La Gran Pirámide de Guiza, terminada en el 2540 a.C., no tuvo rival, elevándose por encima de todas las demás edificaciones... hasta que se completó la aguja de la Catedral de Lincoln en Inglaterra en 1092.

Pero fue a finales del siglo XIX, cuando las estructuras de acero y los ascensores seguros hicieron que vivir y trabajar a 300 metros de altura fuera una realidad sensata y rentable, que surgieron los rascacielos en Chicago y Nueva York.

Y también fue en esa época cuando se hizo más evidente otra de las principales razones para construir a tal altura: la competencia.

La carrera hacia las nubes empezó en esas dos ciudades estadounidenses, pero con el tiempo otras urbes del mundo las dejaron atrás.

Hoy en día, en la lista de los 100 edificios más altos del planeta del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH), el primero que aparece de EE.UU. es One World Trade Center, de Nueva York.

Está en 7° puesto, y con 541 metros de altura, es 287 metros más bajo que el indiscutible campeón, el Burj Khalifa de Dubái.

De hecho, los primeros puestos en esa lista muestran cómo los estados, reinos y emiratos de Medio Oriente compiten con China, mientras que otros países, deseosos de exhibir su nueva riqueza, se han sumado a este juego de números.

Sin embargo, Europa es una curiosa excepción.

El Centro Lakhta de San Petersburgo, con sus 462 metros, es el más alto de Europa, pero no la edificación más querida de la ciudad. 

Si bien es cierto que en el puesto 16 de esa lista está el Centro Lakhta de San Petersburgo, el primer edificio europeo que hace aparición, y que mucho más abajo aparecen 3 de Moscú y uno de Estambul, no hay ninguno de Europa Occidental.

Es más: solo siete de los 1.000 edificios más altos del mundo se encuentran en la Unión Europea.

El que ostenta el título del rascacielos ocupado más alto de toda la U.E. es el Varso, un edificio de oficinas en el centro de Varsovia, Polonia, pero alcanza apenas el lugar 179º en el ránking global.

El segundo más alto en esa región, la Torre Commerzbank de Frankfurt, Alemania, es el 552°, a pesar de alzarse 259 metros.

Con gran parte del mundo comprometido en una misión para construir su escalera hacia el cielo, ¿por qué Europa ha permanecido tan... bajita?

 

Sin bloquear la vista

No es que en Europa Occidental no haya rascacielos, sobre todo si tienes en cuenta que un edificio es considerado "rascacielos" si tiene una altura mínima de 100 metros.

Incluso tiene de los que se clasifican como rascacielos "altos", que superan los 150 metros, pero muy pocos "super altos", de más de 300 metros, y ninguno "mega alto", cuyo tamaño debe ser de más de 600 metros.

Y siendo un territorio rico con escaso terreno y mucha gente (Alemania, por ejemplo, tiene una densidad de población mayor que los Emiratos Árabes Unidos, obsesionados con los rascacielos), cabría esperar que Europa construyera masivamente hacia arriba.

Pero no ha sido así, y no es por falta de conocimientos ni posibilidades.

¿Recuerdan los avances claves que dispararon la carrera al cielo: las estructuras de acero y los ascensores para acceder a las plantas superiores?

Europa contó desde un principio con todas las habilidades necesarias, como demostraron magistralmente el francés Gustave Eiffel en 1889 y el alemán Werner von Siemens, quien inventó el primer ascensor eléctrico en 1880.

Es por diversos factores, pero uno de los más cruciales es que sencillamente es muy difícil construirlos debido a las complejas regulaciones destinadas a proteger el patrimonio cultural.

 

La Basílica de San Pedro determina la altura máxima en la zona central de Roma.

 

Tomemos a Atenas, por ejemplo.

Sus edificaciones no pueden bloquear las vistas del Partenón.

Están limitadas a solo 12 pisos, a menos de que estén lo suficientemente lejos para que no impidan ver el templo a la protectora de la ciudad, Atenea, la diosa de la sabiduría, la estrategia y la justicia.

De manera similar, en la zona central de Roma, ningún edificio puede superar la altura de la Cúpula de la Basílica de San Pedro, o de lo contrario se enfrentará a la ira de Dios, o del Papa o, al menos, de algunos burócratas de la ciudad.

Ese límite de 136 metros fue roto en el año 2012, cuando se levantó el rascacielos "Torre Eurosky" de 155 metros de altura.

Pero sólo se pudo construir gracias a que estaba por fuera del área de prohibición, en el distrito residencial y comercial EUR.

Y luego está Londres.

La capital británica no es ajena a los rascacielos.

El más alto, The Shard, ocupa el lugar 195 en el ránking global; con sus 306 metros de altura se eleva apenas un metro más que el T.Op Corporativo (Torres Obispado) de Monterrey, México.

Pero aunque hay varios rascacielos, incluso allí no es tan fácil construirlos, en gran parte debido a una ley de 1938 diseñada para proteger la Catedral de San Pablo o al menos una vista de este edificio que alguna vez fue el más alto de Londres, con 111 metros.

No se puede construir nada que tape la vista de la Catedral de San Pablo desde ocho puntos de Londres. 

Hay ocho miradores protegidos que atraviesan Londres, todos los cuales deben preservar una vista de la icónica catedral.

Un obstáculo complicado de sortear para los aspirantes a romper récords. 

 

Los colados (y odiados)

Ahora bien, también es cierto que, con el tiempo, algunos edificios más altos se han colado ocasionalmente.

Pero a menudo, son controvertidos y despreciados.

Pocos más que la famosa estructura alta de París.

No, no la Torre Eiffel, sino la Torre Montparnasse, con 210 metros.

Construida en 1973, fue tan repudiada que rápidamente se introdujo una nueva ley que limitaba todos los edificios nuevos en el centro de París a solo 37 metros.

Solo en el suburbio del distrito comercial de La Défense se levantaron después edificios altos, aunque nunca tanto como los de otras partes del mundo.

Esa es una tendencia en Europa: los rascacielos, a menudo, suelen estar en la periferia.

Ojos que no ven (o que al menos pueden evitar ver), corazón que no siente.

Aunque incluso eso a veces no es satisfactorio.

                                  Uno amado, otro odiado.

 

Hasta el Centro Lakhta de San Petersburgo, sede de la empresa estatal de gas Gazprom, que podría ser motivo de orgullo de todos por ser el rascacielos más alto de Europa, enfrentó una férrea oposición.

La ciudad fue construida por voluntad de Pedro el Grande en el siglo XVIII para que fuera un "antídoto contra Moscú" y su "ventana a Europa".

Y estuvo protegida, hasta la erección de ese rascacielos, por un decreto que prohibía edificios más altos que el Palacio de Invierno.

Durante mucho tiempo, en la silueta que definía la ciudad se destacaban sus tres torres: la Catedral de Pedro y Pablo, el Almirantazgo y la del Castillo de San Miguel.

La aparición del Centro Lakhta irrumpió en el famoso panorama.

                 El Centro Lakhta, a la izquierda, ahora hace parte de la silueta de San Petersburgo.

Organizaciones públicas y los residentes locales descontentos intentaron bloquear su construcción.

La UNESCO amenazó con despojar a la ciudad de su condición de patrimonio histórico.

La indignación pública obligó a que se cambiara la ubicación de la torre a las afueras, sin embargo muchos activistas siguieron viendo ese logro como una derrota.

 

Vista al cielo

Por supuesto, hay otras razones, además del patrimonio cultural y la estricta regulación, que diferencian a los horizontes europeos de sus homólogos del mundo.

La geografía distintiva en ciertas partes de Europa también influye, como señala el articulista Carlemagne en The Economist.

Dada su latitud norte, las vistas desde los penthouse de los rascacielos se obtienen a costa de más oscuridad para el resto.

En Gotemburgo, Suecia, por ejemplo, los 245 metros de altura del Karlatornet proyectan una sombra a media tarde de aproximadamente la misma longitud que la de los 828 metros del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.

Y eso importa mucho en un lugar que recibe, en promedio anual, poco más de 5 horas de luz del Sol al día.

Para algunos, otra razón puede ser la falta de necesidad: los rascacielos imponentes no sólo son símbolos de estatus sino que sirven para darle visibilidad a las ciudades que los alojan.

Ni a París, ni a Roma, ni a Atenas, ni a Praga les hace falta un edificio alto para fijar su lugar en el mapa cultural de la humanidad.

Para otros, es muestra de que el Viejo Continente se ha dado por vencido, y no puede competir con lugares más jóvenes y modernos.

El caso es que, hasta ahora, Europa ha resistido en gran medida la tentación de construir cada vez más alto.

Y hay quienes opinan que, dada la belleza de su histórica arquitectura que no le obstruye a nadie la vista al cielo desde sus plazas y bulevares arbolados, ojalá siga siendo así.

 

Fuente:  Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos