Por Gerardo Lissardy
BBC News Mundo
Juan Pablo Meneses tiene un aviso para darte: lo que has comenzado a ver en estos días está lejos de ser un Mundial de fútbol tal como lo concebimos.
A juicio de este escritor y periodista chileno de 57 años, ahora miramos otro deporte, uno que él ha bautizado como "postfútbol", el título de su último libro publicado en marzo.
El cambio va mucho más allá de lo que ocurre dentro de los campos de juego, argumenta, y lo compara con el negocio del porno y del narco.
"Cuando planteo que el fútbol está muerto", dice Meneses en una entrevista con BBC Mundo, "pensaba que alguien me iba a refutar eso. Pero de repente he notado que no, que la gente efectivamente siente ese malestar".
Lo que sigue es un resumen de la charla telefónica con el autor de otros libros como "Niños futbolistas" y "Una granada para River Plate", que también es profesor de periodismo en la Universidad de Chile.
Has planteado que lo que vemos como fútbol en realidad es otra cosa: el postfútbol. ¿Qué representa este Mundial en ese cambio?
Para mí el Mundial 2026 es la primera gran fiesta del postfútbol, porque se instala definitivamente este nuevo deporte.
El fútbol pertenece a un mundo que ya dejamos atrás y el actual funciona con unos códigos, reglas y estructura que mantiene el nombre del deporte anterior, pero es cada vez más diferente.
Entonces, si no entendemos el postfútbol y que estamos frente a una nueva era del deporte, va a ser difícil que entendamos este Mundial.
¿Puedes dar ejemplos?
Cuando me preguntan cuándo aparece el postfútbol, digo que es cuando el fútbol de alguna manera deja de ser una experiencia colectiva.
Hoy en día, la gente y los chicos sobre todo ya no seguimos equipos; seguimos jugadores o torneos. Ahora podemos comprar activos financieros de los mismos jugadores. Entonces, los jugadores están pensando en sus carreras, no tanto en el equipo.
El fútbol era un deporte colectivo, el postfútbol es un deporte individual.
Por ejemplo, los precios de las entradas del Mundial son una locura: son para ir solo. Nadie puede ir con dos hijos, porque tiene que hipotecar la casa.
Entonces de alguna manera dejamos de tener una experiencia colectiva, sobre todo en América Latina, que siento que es donde pega más fuerte este cambio.
¿Por qué?
Porque en América Latina había dos orgullos muy fuertes sobre el fútbol: que era una gran fiesta popular y que EE.UU. no entraba en esa fiesta por distintas razones, incluso técnicas. Los partidos eran muy largos, entonces a la publicidad no le interesaba.
Y esos dos orgullos latinoamericanos en este Mundial se terminan casi definitivamente.
Increíblemente, frente a nuestros ojos el fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium, y EE.UU. está muy encima del negocio, de la FIFA y de este nuevo deporte.
Hubo problemas con los visados para asistir a los partidos, no solo para los hinchas de una cuarta parte de los países que participan del Mundial, sino incluso para el árbitro somalí Omar Artan, a quien EE.UU. le denegó la entrada por motivos poco claros, pese a que sería uno de los referís del torneo y fue nombrado el mejor árbitro del año pasado en África. ¿Esto es consecuencia de esa transformación que observas?
Este es un Mundial con derecho de admisión. Por sobre la FIFA, por sobre conseguir el cupo como equipo o árbitro, se instala una figura del portero de discoteca que dice: "Tú entras, tú no entras". Tiene mucho que ver con esta fiesta más prémium, más privada en la que se ha convertido el fútbol.
Entonces, las visas terminan siendo otro tema del que hablamos porque pasa algo. Vamos a seguir hablando sobre todo de las cosas que están fuera de la cancha. De la cancha ya no se habla tanto, porque hay millones de partidos todo el tiempo. Y eso también se verá en este Mundial.
¿Cómo vamos a hablar de algún partido si hay seis en un día, porque se ha hecho un tema de inundar la zona? Lo que importa es lo que gira en torno al fútbol, ya sean las apuestas, el consumo de historias, el engagement de las redes sociales.
Y no lo digo de una manera nostálgica, sino que lo veo como un nuevo deporte que además atrae mucho a las nuevas generaciones: les parece con un vértigo y una adrenalina muy fuerte.
El otro día conocí la historia de una persona, y después he visto que no es la única, que ve los partidos con cinco pantallas y solo.
¿Cómo?
En una pantalla está el partido, en otra están las reacciones, en otra la apuesta que se hizo, en otra las variaciones bursátiles, porque ahora se pueden comprar derechos de jugadores o capital financiero a partir de cada jugador. Y la quinta pantalla, que es la más loca de todas, es la de ellos mismos, por si tienen una reacción muy disparatada que se pueda transformar en viral.
Un capítulo aparte son los problemas que ha tenido la selección de Irán para participar del Mundial, por ser un país en guerra con EE.UU., que a último momento le concedió visas a sus futbolistas. ¿Recuerdas algo similar que haya ocurrido en un Mundial?
No de esa magnitud. Porque antes se tomaban decisiones con anticipación, justas o injustas. Pero lo de ahora es diferente. Todo lo que genere contenido y nos mantenga en tensión es como que sirve. Y de alguna manera esto que ha pasado con la selección de Irán, que es un despropósito total, genera contenido. No importa qué pasa con los jugadores o con el partido.
¿Crees que se instala un tipo de segregación en los mundiales, como denuncian algunos? ¿O esto es algo excepcional de este Mundial, que escapa a la FIFA?
Escapa a la FIFA todo prácticamente. Siempre existió un negocio y siempre se escribió de esto. Pero en la época del fútbol, la FIFA manejaba el negocio. En la época del postfútbol, el negocio maneja a la FIFA. Entonces vemos que la FIFA acepta y acepta.
En este Mundial se incorporan las "pausas de hidratación" cada 22 minutos en todos los partidos, que por lo tanto estarán divididos en cuatro cuartos como en el baloncesto, en vez de dos mitades como se hacía desde 1897. ¿Cómo ves esto?
Es parte del fin del fútbol. Otra cosa por la que estábamos orgullosos eran nuestros 45 minutos por lado. Eso se termina. Se está cambiando para siempre el relato del fútbol. Se va a pasar publicidad. Y, si es que no se pasa, se corta el partido.
El Mundial se está jugando en el país del show de mediotiempo y el fútbol termina siendo absorbido por eso. Va a haber un show de mediotiempo, pausas de hidratación... Se cambia el partido tal como lo conocimos. Y los técnicos van a tener que pensar otra lógica, como si fuera otro deporte.
Incluso hay cambios en la pelota. Maradona decía que "la pelota no se mancha". Pero ahora la pelota se enchufa. Lo probaron en el Mundial de Qatar, que fue el gran ensayo general del postfútbol. La pelota tiene adentro un cerebro, un detector que conecta con distintas antenas alrededor del estadio, y mide cuántos golpes hay: entre dos mil y tres mil golpes por partido.
Y el hincha, ahora convertido en usuario, va a recibir todos esos datos en directo. Es una nueva forma de apostar. ¿Cuántos golpes hubo en la final del Mundial?
La FIFA dice que las pausas de hidratación buscan el bienestar de los jugadores, aunque no se harán en función de la temperatura que haya en los estadios. Parece que tú estás más de acuerdo con el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que advirtió que pueden cortar un buen momento de un equipo en el partido...
Con la salvedad, que no es menor, que se transmiten las instrucciones (de los técnicos a los futbolistas durante las pausas). El nuevo deporte es muy NBA o fútbol americano, deportes muy reality show, que es lo que yo considero el postfútbol.
Aparecen futbolistas o figuras porque son mediáticos. Duran una temporada y resultaron un muy buen negocio. Eso está pasando ahora también con el fútbol. El neozelandés Tim Payne es la primera gran figura del postfútbol en este Mundial y ya le están ofreciendo contratos a un jugador bastante discreto, cuyo mérito es que se convirtió en viral.
Hay otros cambios de reglas en este Mundial que recuerdan al baloncesto. Por ejemplo, se van a introducir los cinco segundos para saques de banda o tiros de esquina. También va a haber 10 segundos de plazo para sustituir a jugadores... ¿Esto permitirá optimizar el ritmo del juego como se argumenta?
En algún momento puede que haya un hartazgo sobre este tipo de medidas. O por lo menos eso me gustaría que ocurriera en Sudamérica. Que dijéramos: "Váyanse al carajo con todas estas cosas, nosotros queremos jugar fútbol".
También tiene muchas cosas de la Fórmula 1, que se ha transformado en otro espectáculo de adrenalina, tiempo, datos.
Nadie está hablando de quién va a ser el próximo gran 10 del Mundial, porque no va a haber un 10. Porque todos los equipos juegan muy parecido, está todo trabajado en función de datos. Los técnicos están haciendo los equipos con inteligencia artificial y están manejando mucho las métricas y los datos.
¿Eres de los que se preocupa también por el efecto que pueden tener en el Mundial las apuestas deportivas y los mercados de predicción, esas plataformas donde la gente juega dinero tratando de anticipar algo que pueda ocurrir, aunque en EE.UU. generalmente no estén considerados apuestas ni prohibidos como en otros países?
El tema de la prohibición es muy complicado porque muchos hinchas, que en este nuevo deporte son usuarios, miran los partidos con su capital en juego porque apuestan o quieren invertir en algún jugador.
El fútbol no inventó las apuestas. No le podemos pedir a la FIFA que nos dé una solución a la ludopatía juvenil que hay en Latinoamérica.
Pero, por otro lado, se organizan y se generan elementos donde cada vez haya más espacio para apostar o más aspectos en los cuales apostar.
Entonces hoy, sobre todo para los más jóvenes, la apuesta no tiene una carga tan fuerte como para las generaciones mayores. Están acostumbrados a apostar, es muy fácil hacerlo desde el teléfono. ¿Y después?
Alguien que apuesta a su equipo que gana, y que por eso además gana dinero, tiene prácticamente un camino sin retorno. Es uno de los grandes temas en los que cambió este deporte.
Recordabas que Maradona decía que "la pelota no se mancha". ¿Crees que esto aún está vigente o que los mercados de apuestas amenazan la propia integridad deportiva, lo que ocurre dentro de la cancha?
Todo es parte de este nuevo deporte, porque hoy para hacer una apuesta no necesitas hablar con todo el equipo. Puedes hablar con un jugador y decirle que en tal momento le saquen una amarilla, o tire un tiro de esquina, porque la apuesta ya es de todo.
Y cuando a un jugador le saquen una amarilla o una roja, muchos van a pensar: "¿No será por las apuestas?". Porque queda todo el espacio de sospecha.
Estamos todos pendientes de este Mundial porque es un Mundial que está bajo sospecha, por muchos aspectos: las apuestas, la seguridad, los visados, los precios de las entradas, qué va a pasar con los hinchas, qué va a pasar si aparece ICE en EE.UU., qué va a pasar en México... Ver el partido es ver algo sospechoso.
Has comparado la transformación del fútbol con la industria del porno. ¿En qué se parecen?
Básicamente en que el porno es una industria que convirtió al espectador en usuario, algo que después hizo el fútbol. El pay per view del porno lo copió el fútbol. Que hoy el hincha vea el partido solo, en su casa, con muchas pantallas, también es una cosa que viene del porno.
Esto fue trabajado en la neurociencia: lo que busca una cabeza que está mirando porno es dopamina, vértigo y novedad. Son los mismos elementos que están llevando al fútbol.
También en la forma en que se consume: nadie ve una película porno desde que se inicia hasta el final. Al fútbol lo estamos consumiendo igual: en reels, en TikTok, en highlights (mejores momentos). No toda la gente va a ver todo el partido.
¿Y por qué lo comparas también al narco?
Con respecto al narco es un cambio estructural, sobre todo en Latinoamérica, en el sentido de que los intermediarios terminaron siendo los grandes capos.
En el fútbol pasa igual: los intermediarios, que eran los representantes, terminaron siendo los grandes dueños del fútbol. Se apoderaron de la industria unos tipos que estaban en la mitad de la cadena y que hoy son dueños de equipos, dueños de todo.
Y, al igual que en el narco, antes estaban los capos más famosos pero hoy cada vez está más diluido quiénes son los dueños de los equipos, dónde hay representantes metidos en equipos. No lo sabemos.
Además, el narco ha sabido penetrar muy fuerte en el fútbol en Latinoamérica.
Cuando lancé "Niños futbolistas" decía que todavía en Latinoamérica hay muchísimos lugares donde los niños tienen que decidir si se van al narco o se van al fútbol. Porque los héroes de sus barrios pobres que ellos ven triunfar son un narco o un futbolista. Y parecería que no hay otro camino.
Algo a favor de los mundiales es que los países no pueden comprar o vender futbolistas como ocurre a nivel de clubes. ¿Eso no vuelve más justa la competencia?
De alguna manera, que no haya una pasarela de negocio lo hace más singular. Es uno de los aspectos en que creo que se mantiene el espíritu del viejo fútbol: que en general sean jugadores nacidos en el país, el orgullo patrio.
Aunque la gente sea consciente de que el fútbol es cada vez más un gran negocio global, tal vez la pelota vuelva a hacer su magia y nos olvidemos de todo eso por un rato. ¿Hay algún partido en particular que te entusiasme en este Mundial?
De la primera ronda quiero ver Uruguay-España en Guadalajara, me parece que es un partidazo. Pero de ese tipo de partidos no va a haber tanto, va a haber más de los dispares.
Ya no se puede circunscribir todo a la pelota. No quiero sonar pesimista, sino tratar de transmitir que estamos frente a un nuevo escenario donde no podemos esperar cosas que no van a ocurrir.
Espero que haya muy buenos partidos. Tengo algunas selecciones que me gustaría que ganaran y voy a ver el Mundial de todas maneras, pero sabiendo un poco que lo que estoy viendo, lo que me va a generar adrenalina, son muchas cosas que están fuera de partido.
Hay una frase que algunos atribuyen a Jorge Valdano y otros a Arrigo Sacchi: "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes". ¿Seguirá siendo así con el postfútbol?
Hay algo muy importante que decir a partir de lo que dices: siento que parte de mi linaje es el fútbol. Soy un tipo completamente atravesado por el fútbol. Soy de esos latinoamericanos que no se acuerdan de la primera vez que fue a la cancha, porque seguramente lo llevaron cuando era muy chico.
Estoy relacionado con el fútbol desde que nací. Haciendo este libro descubrí que mi padre era futbolista. No era profesional, pero todos los domingos se levantaba, se ponía medias y la camiseta, e iba a jugar con 10 tipos más contra otro equipo. Y ahí había fútbol.
Todo esto que hablo no es de alguien que no entienda lo que es el fútbol o no lo quiera; todo lo contrario. Y en ese sentido me parece que es muy importante el papel que cumple hoy este nuevo fútbol para explicarnos un poco lo que estamos viviendo en nuestros días.
En esta conversación empezamos a hablar de fútbol, pero lo que hemos hablado todo el rato ha sido del siglo XXI. De las apuestas, de las visas, del exceso de televisación, de todas nuestras vidas digitales, porque el fútbol también es eso. Nos permite ver eso. Nos atraviesa la vida, pero de alguna manera no somos los mismos y el fútbol tampoco.
¿Ves alguna vuelta atrás en todo esto, para que el fútbol sea como antes?
Parece que en un partido de Estudiantes de La Plata, cuando hubo una pausa de hidratación (en un partido por la copa Libertadores), la gente empezó a silbar. Porque lo que pasa además con todos estos elementos es que arruinan la experiencia de ir a la cancha.
Me tocó ir a la final del Mundial Sub-20 acá en Santiago entre Marruecos y Argentina, y en los primeros 15 minutos hubo tres llamados al VAR. Y dentro del estadio la gente no sabía qué hacer, era tiempo muerto.
Ni sabes qué hacer cuando hay un gol, si pararte a gritarlo o esperar a que lo convaliden…
Tampoco. Entonces, en ese sentido digo que, casi como una causa política, sea de repente decir basta de tanta cosa. Pero lo veo difícil.
Piensa que además en este Mundial está la figura de Donald Trump.
Trump no inventó el postfútbol pero parece muy cómodo en este nuevo deporte, con todo esto que está pasando y con esta idea de que por fin, de alguna manera, EE.UU. logró dominar eso que para los latinoamericanos era un orgullo tan grande, un deporte muy popular en el que EE.UU. no entraba.
De hecho, Trump parece llevarse muy bien con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA…
Claro, cuando digo que hoy el negocio maneja a la FIFA, una parte muy importante del negocio es EE.UU.
Es cierto que hay muchos jeques, que está Arabia Saudita y que los dueños del PSG y Manchester City son de estados petroleros. Pero funcionan en base a fondos de inversiones, muchos de los cuales son de EE.UU. Entonces, EE.UU. está muy metido en el negocio.
No olvidemos que Infantino le dio el "Premio FIFA de la Paz" a Trump…
Por eso digo que, en el fondo, históricamente los presidentes de la FIFA generaban otras cosas.
Fuente: Fútbol como producto prémium




















