jueves, 17 de septiembre de 2026

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

 

 

Por Laurie Clarke
BBC Future
 
 
Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

"Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?", reclamó Georgia. "Sí, por supuesto", tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, "No tienes que invitarlas si no quieres".
 
Pero todas sabíamos que sí, sí que tenía.

Probablemente tú tengas recuerdos de tu propia Georgia, una chica popular que podía provocar miedo con una mirada. Tal vez tú eras una Georgia.

Cualquiera sea el caso, los recuerdos están. 
 
Tras hablar a cientos de personas sobre sus experiencias en la secundaria, Mitch Prinstein, profesor de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., encontró que los recuerdos de aquellos que lideraban en los corredores escolares eran curiosamente potentes.

Incluso décadas después de dejar la secundaria, la mayoría de las personas pueden fácilmente recordar el nombre del estudiante más popular de su generación, mucho mejor que los nombres de los profesores y otros compañeros de clase, escribió Prinstein en su libro de 2017 Popular: The Power of Likeability in a Status-Obsessed World ("Popular: El poder de la simpatía en un mundo obsesionado con el estatus").

Y no son sólo los recuerdos los que quedan grabados.

Los estudios señalan que lo popular que fuimos como adolescentes puede influir en nuestras vidas por muchos años en aspectos que van desde cómo entendemos nuestras interacciones sociales hasta la fortaleza de nuestras relaciones amorosas, nuestra satisfacción con la vida e incluso nuestra salud.
 
 
"¿Quién te cae mejor/peor?"

Fue el psicólogo estadounidense John Coie quien cambió la manera en que los investigadores pensaban sobre la popularidad.

En sus ahora influyentes estudios de comienzos de 1980, empezó preguntando a los escolares dos preguntas simples sobre sus compañeros: "¿Quién te cae mejor?", y "¿Quién te cae peor?".

Coie utilizó las respuestas de los chicos para proponer cinco categorías sociales.

Están los "aceptados" y "rechazados", aquellos que fueron ampliamente apreciados o despreciados respectivamente.

Luego se encuentran los "controvertidos", aquellos que recibieron un alto número de "aprecios" y "desprecios", los "abandonados", porque fueron escasamente mencionados de una manera u otra, y los "promedio", es decir, que no se inclinaron extremadamente en ninguna dirección.

Muchos estudios han confirmado la utilidad de estas etiquetas. Generalmente encuentran que 40% de los chicos son "promedio" y 60% caben dentro de las otras cuatro categorías.

Los jóvenes más apreciados tienden a ser percibidos por sus pares como amables, alentadores y serviciales, mientras que los "abandonados" tienden a ser callados y a quedarse aislados.

Los chicos "rechazados" son o bien agresivos o bien víctimas de matoneo. 
 
Los "controvertidos", el grupo más raro, dividen a la gente, y son típicamente percibidos como los payasos de la clase o rebeldes. 
 
En primaria, los valores de los niños suelen alinearse con los de sus supervisores adultos. En la secundaria, eso cambia, alterando el panorama social.
 

Notablemente, Coie encontró que la mayoría de las etiquetas permanecían iguales cuando ingresaban a nuevos grupos de pares.

Y mientras que la investigación inicial fue realizada en nivel escolar, muchos estudios han reproducido los resultados en adolescentes. Uno encontró que casi la mitad de los niños mantuvieron la etiqueta que tuvieron en primaria cinco años después en la secundaria.

"Tuve una experiencia tan mala en la primaria. Siempre recuerdo a mi madre diciendo: 'Las cosas mejorarán cuando entres a secundaria'", cuenta Connie*, otra amiga a quien le pregunté sobre su experiencia.

"Pero creo que una vez que te hicieron bullying o si tienes algo que te hace ver diferente… prácticamente era un blanco fácil", continúa.

Ella, por ejemplo, recibió maltrato en una secundaria y se cambió, pero en la nueva institución se enfrentó a un patrón similar.
 
 
Primaria versus secundaria

Aunque las etiquetas continúan siendo las mismas, la dinámica social cambia dramáticamente entre primaria y secundaria.

En la primaria, los "populares" suelen ser aquellos bien portados y estudiosos, porque en ese período los valores de los chicos normalmente están alineados con los de sus supervisores adultos.

Todo eso cambia en la secundaria. Los adultos y todo lo que representan se vuelven tristemente indeseables. Una persona sobresaliente podría encontrarse relegada al estatus de nerd, mientras que una más ruidosa podría ver su estrellato ascender.

Hablando por teléfono con mi otrora terror del patio escolar y ahora amiga íntima Georgia, le pregunté si ella misma se consideraba popular en la escuela secundaria. Me contesta que no se percibía a sí misma de esa manera.

"'Popular' suena como que le caes bien a la gente y no creo que fuera mi caso", explica. "Tal vez era un poco más parecido a infame… estridente, queriendo llamar la atención".

De adolescente, Georgia personificó el arquetipo de "controvertida". Actuaba agresivamente y se comportaba mal en clase. Y los estudios indican que se equivoca al creer que eso la hacía inelegible para la etiqueta "popular".
 
Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la escuela secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.
 
 
En la secundaria, "empezamos a notar quiénes llaman más la atención, quiénes son más dominantes o cool", indica Prinstein.

Y agrega que también se destacan "los que empiezan a volverse más atractivos físicamente, los que se ajustan a los estándares de sus pares, como los que se visten bien o son buenos deportistas".

El ejercer un comportamiento "pseudomaduro", las acciones asociadas con adolescentes mayores o adultos, es otra vía rápida para adquirir estatus. Los adolescentes que beben alcohol, consumen drogas o están en relaciones amorosas precoces tienen mayor probabilidad de ser considerados populares, por lo menos durante un tiempo.

Alrededor de los 15 años, ese comportamiento cesa de conceder estatus al mismo nivel.

A medida que los estudiantes de secundaria empiezan a madurar, la búsqueda manifiesta de estatus se vuelve socialmente menos inmediata.

Pero las repercusiones de estas experiencias tempranas pueden tener consecuencias.

"Las experiencias que tenemos de chicos, ya sea que caigamos bien, que seamos populares o tengamos una estatus alto parecen tener un efecto duradero aun 40 años después", afirma Prinstein.

Sin embargo, "la simpatía y el estatus tienen efectos bastante opuestos", dice.

"La simpatía es buena. Generalmente conduce a todo tipo positivo de salud, trabajo, resultados psicológicos y académicos. Tener un estatus alto deriva en lo opuesto".
 
 
La cultura del grupúsculo

Los investigadores solían interpretar la cultura de la escuela secundaria como una versión inmadura de la sociedad adulta.

En los 1960, empezaron a entender que esta "cultura de los pares" era algo más extraño, un mundo paralelo animado por sus propias fascinaciones quijotescas y códigos establecidos.

En lugar de una jerarquía simple, el panorama social de la secundaria presenta un sistema dinámico de círculos íntimos. Los arquetipos clave son reflejados en la cultura popular, desde las películas American Pie hasta The Breakfast Club.

En los primeros años de secundaria, las fronteras entre los círculos íntimos tienden a ser rígidas.

"Las personas jóvenes pueden actuar como clan, siendo intolerantes y crueles en la exclusión de los otros que son 'diferentes'", escribió el psicoanalista germano estadounidense Erik Erikson en su libro de 1959, Identity and the Life Cycle ("Identidad y el ciclo de vida").

Esta intolerancia, según Erikson, podría ser "una defensa necesaria" contra la pérdida de identidad que uno sufre en la niñez, combinada con un desconcertante asalto de cambios hormonales, y la naturaleza abrumadora del futuro, con todas sus posibilidades y opciones.

Los adolescentes se ayudan mutuamente durante esa incomodidad, "formando círculos íntimos y estereotipándose", sugirió. 
 
Esa autoclasificación facilita la navegación de los mundos sociales de los adolescentes, porque la "categoría" relativa de cada persona dictamina cómo debería ser tratada.

Sin embargo, una cosa que se pasa por alto en la cultura popular son los grandes sectores de adolescentes que no se adhieren a ninguna subcultura en particular.

Un estudio de 1985 encontró que un 45% de estudiantes de secundaria se definían como simplemente "normales".

Mientras que los chicos populares hablaban de solo verse bien e ir de fiesta, los que se autodefinían como "normales" decían cosas como "simplemente soy un adolescente común y corriente".

Ser "anormal" y sobresalir por las razones equivocadas puede ser socialmente catastrófico.

Connie recuerda llegar a su nueva escuela a los 13 años y encontrar imposible navegar esos grupos.

"Recuerdo intentar ser amiga de niñas nerd. Recuerdo tratar de ser amigas de las chicas cool", cuenta. "Traté de encajar con la gente de música. Empecé a tocar la trompeta".

Pero todo fue inútil. "Creo que sabía en mi corazón que eso simplemente no estaba funcionando", reconoce. "No había un lugar donde cabía. Al final, quedé completamente ignorada por todos".
 
 
Cuando los adolescentes maduran

Hacia el final de la secundaria, la estricta jerarquía social se relaja un poco.

A comienzos de 1990, el investigador David Kinney realizó un proyecto de investigación etnográfica en el que se internó en una secundaria para observar de cerca los cambios de las fronteras de los círculos íntimos.

Encontró, por ejemplo, que los antiguos "nerds" lograron hacer la transición a "normales".

Para muchos de estos con los que Kiney habló, el desarrollo cognitivo significó que pudieron sentirse menos temerosos y rodearse de pares que les daban reconocimiento positivo.

Ser "aceptado" en la escuela secundaria y en general es un fuerte indicativo de un resultado positivo en la vida.
 
 
A medida que los adolescentes maduran, las amarras de conformidad se aflojan.

Los populares podrán incluso enfrentar amenazas de personajes rebeldes alternativos.

El estudio de Kinney encontró que en los años posteriores, los que estaban "más de moda" eran desafiados por estudiantes con "apariencia extravagante y comportamiento pendenciero", que "competían con ellos en popularidad".

Algunos de estos cambios sutiles debieron estar en camino cuando, a los 15 años de edad, Georgia me pidió por primera vez que nos juntáramos, pero todavía recuerdo sentir confusión e incredulidad.

Casi 20 años después le pregunto a Georgia por qué quería ser mi amiga, algo que nunca le había preguntado. "Creo que había una extrañeza que compartíamos", contesta titubeante. "Como si ninguna de nosotras fuera normal".
 
 
La escuela, el ejército y la cárcel

Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.

Cuando Lucy Foulkes, una psicóloga de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y autora de Coming of Age: How Adolescence Shapes Us ("Llegando a la mayoría de edad: cómo la adolescencia nos forma"), compartió un mensaje en las redes sociales sobre "el efecto de la chica mala", recibió un alud de mensajes.

"Muchas personas decían, que no pasa solo en la adolescencia, sino en el lugar de trabajo, con las mamás a las puertas de la escuela", expresa Foulkes.

"Es un fenómeno humano que algunas personas adquieran mayor poder social y dominio sobre otras. Simplemente hay algo particularmente agudo de eso en la adolescencia", agrega.

Foulkes señala que los adolescentes están rodeados de las mismas personas casi todos los días durante años, de una manera "que simplemente no sucede durante la adultez en realidad, a no ser que sea en el ejército o la cárcel. Hay una intensidad en el entorno que va más allá de los que sucede dentro de sus cerebros".

Es esa intensidad que explica en parte por qué estas experiencias moldean cómo le damos sentido a los encuentros sociales incluso muchos años después.

"Esas experiencias de cuando teníamos 14 años se usan como una suerte de lente a través del cual ver el mundo", opina Prinstein. 
 
Apunta a los estudios que sugieren que el modelo mental que usamos para procesar nuestros mundos sociales empieza a formarse en la niñez y que las partes que procesan la memoria en el cerebro están activas cuando las personas piensan sobre el comportamiento social.

"Esos recuerdos están siendo traídos al presente todo el tiempo". 
 
 
¿Dónde están los "chicos cool" ahora?

Muchos de nosotros probablemente nos hemos preguntado qué pasó con los "chicos cool" que conocimos en nuestra adolescencia.

En un estudio de 2015, Joseph Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, EE.UU., se lanzó a estudiarlo. Sus descubrimientos no dan buenos augurios para los otrora jóvenes populares.

Tras hacerles seguimiento a 184 adolescentes en el sureste de EE.UU. de entre 13 y 23 años, Allen encontró que aquellos deseosos de lograr estatus y que practicaban comportamientos "pseudomaduros" a comienzos de su adolescencia estaban en mayor riesgo de tener dificultados a largo plazo.

El gusto temprano por el alcohol y las drogas estaba vinculado a una mayor vulnerabilidad a abusar de sustancias y tener problemas de adicción más tarde en la vida. Y darle foco al estatus a una temprana edad conducía a lazos personales menos estrechos y dificultades manteniendo amistades y relaciones amorosas.

La experiencia de ser rechazado también puede dejar secuelas. La investigación de Prinstein encontró que los estudiantes de secundaria rechazados tenían probabilidad de sufrir más depresión con el paso del tiempo. Planteó la hipótesis de un círculo vicioso en acción, donde la experiencia del rechazo engendra más aislamiento, que a su vez intensifica la sensación de rechazo.

En contraste, la "simpatía", es decir, el ser "aceptado" en la secundaria es uno de los más fuertes indicadores de resultados positivos en la vida, como una carrera exitosa, buena salud y relaciones sólidas, aun más que los factores como la inteligencia y el origen socioeconómico.

Aun así, las personas que experimentan rechazo también pueden desarrollar fortalezas importantes, como el ser más hábil en identificar cómo los otros se sienten o ser más consciente del maltrato de otros. Se ha demostrado que esa inteligencia emocional es útil para navegar las relaciones personales y el entorno laboral.

Y un niño no tiene que ser "aceptado" para gozar de una vida social satisfactoria de adulto. Los estudios han encontrado que tener uno o dos buenos amigos en la adolescencia puede otorgar una efecto protector y fortalecer las relaciones futuras.
 
 
Cambio de libreto

Lo más importante es que tenemos el poder para cambiar cómo nuestras experiencias tempranas nos afectan.

Según Prinstein, los libretos de la secundaria con los que abordamos las interacciones se pueden convertir en una profecía cumplida.

"Cuando entramos en un contexto social, podríamos estar concentrándonos en esos trazos de información que confirman nuestras peores expectativas", expresa. "Entonces nos comportamos en maneras que podrían de hecho fomentar más experiencias negativas".

Por ejemplo, al decidir que un comentario ambiguo probablemente no buscaba molestarnos, podemos ayudarnos a tener experiencias más satisfactorias, explica Prinstein.

Como una adolescente de "alto estatus" que practicaba un comportamiento arriesgado o "pseudomaduro" desde temprana edad, Georgia dice: "Tengo algo de tristeza por mi yo más joven. Nunca viví la experiencia de ser simplemente una chica normal".

Me cuenta que una temprana experiencia de ver a una amiga golpeada, combinada con un comportamiento abusivo en el hogar, la convencieron de actuar agresivamente para proyectar invulnerabilidad.

Se lamenta del hecho de que no recibió más apoyo a esa edad y que, al contrario, fue catalogada por el profesorado como una "chica mala". "Eso moldeó completamente la trayectoria de mi carrera y mi fiero activismo por las personas vulnerables", asegura.

Entretanto, Connie dice que sus experiencias tempranas de rechazo finalmente la condujeron a un patrón de autosabotaje. "Creo que me había dado por vencida de muchas formas y tenía tantos comportamientos autodestructivos que me resultó difícil mantener amistades", reconoce.

Eso culminó en un período de crisis en su adolescencia tardía, sobre lo cual desde entonces ha trabajado para sanar. Más de una década después, ha descubierto lo que ama y afirma que rara vez piensa sobre sus días en la escuela secundaria.

Tanto Connie como Georgia son testimonios del hecho que las etiquetas que una vez portamos durante la secundaria no tienen por qué ser una sentencia de vida.

"Las personas pueden definitivamente darle la vuelta", afirma Prinstein. "El problema es que no invertimos mucho tiempo hablando al respecto, lo que significa que somos más propensos a repetir nuestros patrones".

 
*Los nombres han sido cambiados.

 
Esta es una versión abreviada de un artículo publicado por BBC Future. Si quieres leer el original en inglés, puedes hacerlo aquí.


 
 
 
Nota
 
Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Sinónimos: cliché, tópico, clisé. DLE RAE

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Una trampa bien armada

Fuera de los que se ven en las novelas, este caso es uno de los que mejor muestran el ingenio del criminal aventajado por el del detective

 


Por Alan Hynd



El Nueve de noviembre de 1910, Marie Smith, una niña de escuela de nueve años, fue brutalmente golpeada en la cabeza, al parecer con un martillo, estrangulada y violada en Asbury Park, estado de Nueva Jersey. Se encontró el cuerpo de la niña en un trecho de bosque próximo al lugar donde la infortunada criatura había sido vista por última vez. Por espacio de dos semanas los detectives locales anduvieron frenéticamente a la caza de una pista; luego empezó a abrumarles el peso de la exigencia pública y acudieron a la Agencia de Detectives de Burns. Raymond Schindler, que era a la sazón director de la oficina neoyorquina de la citada agencia, fue encargado de esclarecer el enigma. El joven Schindler aplicó al caso una técnica detectivesca que hasta la fecha se considera como modelo clásico de investigación.

Marie Smith había sido vista en un camino semidesierto a las 3 y 10 minutos de aquella tarde, cuando regresaba de la escuela, pero no había llegado a su casa a la hora de costumbre que era alrededor de las 3 y cuarto. Así, la hora y el elemento topográfico del crimen estaban claramente determinados. La dificultad era que en la zona sospechosa, como la llamaba Schindler, vivían más de una docena de hombres que hubieran podido cometer el crimen.

El primer paso dado por el joven Schindler no fue extremadamente original. Mojó un martillo en sangre de gallina y se lo fue mostrando a todos los sospechosos, explicándoles que había sido hallado cerca de la víctima; a esto seguía la pregunta de si habían visto antes ese martillo. Por de contado, todos contestaron que jamás lo habían visto, pero lo que Schindler buscaba era la reacción de culpabilidad en alguno de esos conejillos de Indias humanos.

Y la encontró. Cierto florista llamado Frank Heidemann —joven alemán de afables maneras que trabajaba en el invernadero de una finca situada dentro de la zona sospechosa― dio señales de nerviosidad. Schindler planeó entonces su segunda jugada. 
Había una cosa evidente. No obstante su aparente simpatía, Frank Heidemann era en el fondo frío e ingenioso. Si había cometido el asesinato, no iba a ser fácil hacerlo confesar. Falto de rastros materiales, Schindler sabía que su problema era engañar al asesino para hacerlo hablar del crimen. 

Para la zancadilla inicial Schindler se inspiró en una obra clásica de la literatura policíaca: El Perro de los Baskerville, de Conan Doyle. En esta famosa aventura de Sherlock Holmes, el aullido de un perro aterrorizaba a la comarca en general y a varios individuos en particular. 
Dio la coincidencia de que en la finca donde trabajaba Heidemann, el florista sospechoso, había un perro policía. Como era singularmente avieso, estaba siempre encadenado. 

Schindler hizo que un ayudante se deslizara sigilosamente tres veces todas las noches —a medianoche, a las dos y a las cuatro de la madrugada― hasta cerca del perro y le tiraba piedras. Así, por más de una semana el perro dio a las horas indicadas aullidos al parecer inexplicables que podían oírse a kilómetros de distancia.

Todas las mañanas se vigilaba a los sospechosos para ver qué efecto les había causado los aullidos del perro. Schindler dedicaba especial atención a Heidemann. Diez días más tarde lo vio dirigirse al consultorio de un médico. Schindler convenció a éste de que en interés de la justicia le revelara el por qué de la consulta de Heidemann. 
—Un perro que ladra tres veces todas las noches ―dijo el doctor―.  Casi lo está volviendo loco.
―¿Qué le aconsejó usted? —preguntó Schindler.
—Un cambio de escena.

Heidemann fue seguido hasta Nueva York donde tomó una habitación en la sexta Avenida, cerca de la Calle Catorce. Al parecer era hombre de costumbres regulares, pues todos los días almorzaba y comía a unas mismas horas en un mismo restaurante.
Schindler tuvo el presentimiento de que a Heidemann le gustaría trabar amistad con alguien, sobre con otro alemán. De la misma agencia de Burns sacó a un joven detective llamado Carl Neumeister el cual empezó a acudir al restaurante antes mencionado y a leer mientras comía el diario neoyorquino de lengua alemana Staats-Zeitung. Un día Heidemann le dirigió la palabra: 
―Veo que usted es alemán ―dijo tendiéndole la mano―. Yo me llamo Frank Heidemann. ¿Cómo se llama usted?
―Carl Neumeister.
Los dos se fueron a ver una película. Luego siguieron encontrándose con frecuencia. Como Heidemann vivía de sus ahorros y no tenía ocupación, Neumeister tuvo que inventar una explicación lógica de su ociosidad.
―No necesito trabajar, Frank ―le dijo un día―. Recibo 75 dólares semanales a cuenta de la herencia de mi padre en Alemania mientras que se arregle la testamentaría. Un banco de Nueva York se encarga de todo. 
El primer acto del drama se había llevado a término satisfactoriamente. Schindler quería ahora obtener una reacción psicológica de Heidemann.

Como los dos amigos iban con frecuencia al cine, Schindler, que tenía muchos conocidos, se arregló con el propietario de un pequeño cinematógrafo de barrio para que intercalara en su programa corriente y por una sola vez cierta película de un crimen sexual. Heidemann y Neumeister asistieron a aquella representación que también presenciaron varios policías secretos de Burns.
A medida que avanzaba la película, Heidemann empezó a moverse desasosegadamente en su butaca.La respiración se le fue haciendo trabajosa. Cuando llegó la escena del crimen se puso perceptiblemente rígido, y cuando apareció en la pantalla un close-up del cuerpo de la víctima se cubrió los ojos con las manos, balbució algo confusamente y se levantó.
―Hasta mañana, Carl ―dijo a guisa de explicación―. Me duele horriblemente la cabeza.

Schindler tenía el convencimiento de que el florista alemán era el criminal. Estaba tratando de decidir cuál sería su próximo paso cuando Heidemann decidió por él. 
―¿Por qué no vivimos juntos? ―propuso un día a Neumeister.
Y el detective se mudó a la habitación de Heidemann. Aquello abrió un campo completamente nuevo a Schindler. Dio instrucciones a Neumeister. La primera noche sacudió violentamente a Heidemann después de las 12 para despertarlo. 
―¿Qué te pasa, Frank? ―le preguntó solícitamente―. Estás hablando dormido desde hace casi una hora.
Heidemann se incorporó en la cama con el terror pintado en los ojos. 
―¿Qué dije? ―preguntó ansiosamente.
Neumeister se encogió de hombros.
―No se te entendía nada ―le contestó―. Estuviste mascullando algo sobre una chiquilla.
Heidemann pasó el resto de la noche sentado en una mecedora junto a la ventana, fumando incesantemente. Esto se repitió varias noches.

Pero los funcionarios de Asbury Park empezaron entonces a mostrarse impacientes. Querían resultados. Schindler y su jefe, William J. Burns, pidieron más tiempo, explicando que en un asunto de esta índole el apresuramiento podía echarlo todo a perder.
Schindler hizo arreglos con Lyle Kinmouth, director del diario Press de Asbury Park, para que publicara un artículo en el cual se decía que las autoridades habían hallado un martillo que creían fuera el del asesinato. El artículo añadía que se pensaba mostrar el martillo a Frank Heidemann, que se encontraba descansando fuera de la ciudad, para ver si lo identificaba.
Schindler sabía que Heidemann leería el artículo porque el joven alemán compraba diariamente el periódico de Asbury Park. 
Cuando hubo leído el diario en su habitación, Heidemann empezó a fumar cigarrillo tras cigarrillo. 
Más tarde Neumeister tomó el periódico y aparentó leerlo distraídamente.
―Oye, Frank ―dijo― aquí mencionan tu nombre. ¿Eres de Asbury Park?
Heidemann miró fijamente a su amigo.
―Sí, trabajé allá un par de años. ¿Dónde mencionan mi nombre? 
Neumeister le mostró el artículo.
―Oh ―dijo Heidemann― nunca esclarecerán ese crimen. El martillo que han encontrado no es el martillo del asesino porque…
Heidemann cortó en seco. Neumeister se hizo el tonto y propuso. 
―Vámonos a ver una película.
No podía dudarse de que Heidemann era el asesino. Casi había dejado escapar una admisión del hecho. Entonces Schindler empezó a maniobrar para arrancarle la confesión plena.

Un día Heidemann y Neumeister alquilaron a propuesta del último un caballo y un carricoche para pasearse por cierto paraje solitario de Yonkers.  Un vagabundo ―que tenía muy mal aspecto― los atajó para pedirles que lo llevaran un trecho con ellos. Neumeister, que iba guiando, rehusó complacer al pedigüeño y éste lo insultó. 
Neumeister saltó del pescante y empezó a pelear con el hombre.  Este agarró una piedra y se la tiró al detective, que agachó la cabeza en el instante preciso para evitarla. Entonces Neumeister sacó un revólver del bolsillo y disparó dos veces. El vagabundo cayó a tierra boca abajo; Neumeister se inclinó sobre él y le disparó varias veces más. Luego hizo rodar el cuerpo hasta el lado del camino, volvió corriendo al carricoche, fustigó el caballo y siguieron a toda prisa. Las primeras palabras de Heidemann fueron: 
―Carl, no debías haber hecho eso. 
―¿Por qué no? ―preguntó Neumeister simulando una combinación de rabia y miedo.
―Porque nunca más te sentirás seguro en la vida. Has matado y siempre temerás que la policía lo descubra.
—¡Chitón! ¡Que no quiero oír más!

Por supuesto el homicidio había sido pura comedia. El vagabundo era otro agente de Burns, y Neumeister disparó cartuchos sin bala.
Schindler publicó entonces la supuesta noticia para que la leyera el sospechoso. El editor del Herald de Yonkers imprimió un solo ejemplar de un periódico apócrifo en que se daba cuenta del asesinato de un vagabundo y agregaba que la policía de Yonkers tenía una descripción del asesino. 
Neumeister mostró el periódico a Heidemann y dijo que tenían que salir de la ciudad. Fueron a Filadelfia y luego a Atlantic City. La correspondencia falsa que se cruzó entre un fingido banquero y Neumeister indicaba que la fabulosa testamentaría del abuelo en Alemania estaba a punto de terminar. 
—Cuando reciba el dinero —dijo Neumeister— iremos a California o a otro sitio lejano. Te estableceré en el negocio de florista. ¿Qué te parece?
Naturalmente a Heidemann le pareció magnífico. 

Ya estaba todo preparado para el desenlace. Schindler había aterrorizado a Heidemann, lo había sobresaltado y lo había sorprendido. 
Pero nada de eso produjo la buscada confesión. El próximo paso tenía que dar resultado.  Ya habían transcurrido casi cuatro meses. 
Los dos jóvenes alemanes se hospedaban en el Hotel Young. Schindler y otros agentes de Burns ocupaban una habitación inmediata provista de un aparato de escucha.
 
Un día Neumeister recibió una carta respecto a la cual se mostró muy reservado. Como siempre había sido franco al hablar de sus asuntos con Heidemann, aquella reserva fue mucho más notoria.
Neumeister bajó al vestíbulo del hotel para comprar un paquete de cigarrillos y dejó la carta sobre una mesa.  Cuando volvió a la habitación, Heidemann estaba loco de indignación. Tenía la carta en la mano. 
—¡De manera que pensabas traicionarme! —gritó.

La carta, escrita en papel con membrete de la compañía de vapores Lloyd Norte-Alemán —pero por mano de Schindler— confirmaba la reservación de un pasaje para Alemania en un barco que zarpaba dos días después.
—¡Y tantas promesas que me hacías! —siguió gritando Heidemann mientras Schindler y otras personas escuchaban en la habitación contigua— ¡Que me ibas a poner un negocio! ¡Que eras mi amigo! ¿Y qué haces? ¡Te dispones a salir para Alemania y dejarme plantado!
Neumeister hizo un llamamiento supremo a su fingida cordialidad.
—Frank —repuso— tú sabes muy bien cuánto afecto siento por ti. Pero los hombres somos muy raros. Tú y yo y todo el mundo. Los hombres cambiamos. Amigos hoy y enemigos mañana.
—¿A qué conduce todo eso?
—Supón que un día tú y yo, que somos ahora tan buenos amigos, peleásemos. Tú sabes que yo maté a ese hombre de Yonkers y podrías decírselo a la policía.
—¡De modo que es eso! —exclamó Heidemann con tono de alivio. 
—Sí —contestó Neumeister— eso es.
—No —dijo Heidemann.
Neumeister lo miró.
—Quisiera poder creerte, Frank.
—Puedes creerme —dijo Heidemann—. Nunca podré contar a la policía que tú cometiste aquel asesinato porque yo también cometí un asesinato. 
―¿Tú, cometer un asesinato? ―preguntó Neumeister en son de mofa. 
―Maté a la niña de Asbury Park.
¿Recuerdas cuando mencionaron mi nombre en el periódico?
―Estás inventando todo eso para hacerme cambiar de plan ―dijo Neumeister.
―Nada de eso, Carl. La maté.  La maté el nueve de noviembre. Le di en la cabeza con un martillo y luego la estrangulé.
Neumeister siguió fingiendo duda.

En su esfuerzo por convencerlo para que se quedara en los Estados Unidos y le diera dinero para su negocio de florista, Heidemann contó detalladamente la historia.

Una noche de mayo del año siguiente, Frank Heidemann fue electrocutado.  Solamente se arrepentía de una cosa: de no haber podido, una vez que se supo la verdad, asesinar también a su fingido amigo. El joven Raymond Schindler no tenía nada de qué arrepentirse. Iba camino de la fortuna y de la fama como jefe de su propia agencia.



Ilustración de James Anthony Kelly (la foto de la ilustración es mía y arreglada con la ayuda de la IA del buscador de Google).

Condensado de «Murder!»

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Octubre de 1950, Tomo XX, N° 119, págs. 57-62, Selecciones del Reader’s Digest, S.A., La Habana, Cuba



 

Notas

La presente lectura es una transcripción de la versión condensada aparecida en la revista Selecciones del Reader's Digest (octubre de 1950), la cual cita como fuente original la famosa serie de crónicas policiales “Murder!” escrita por el periodista Alan Hynd. Investigar el árbol genealógico de este escrito fue un verdadero desafío bibliográfico, ya que la crónica sobre el crimen de Asbury Park de 1910 llegó a figurar hasta en tres antologías en inglés y en dos colecciones en español:

En inglés: El texto nació en los años 40 para la revista estadounidense True: The Man's Magazine. Posteriormente, saltó al formato libro en el volumen de bolsillo Murder! Great True Crime Cases (Penguin Books, 1947) —la fuente directa de la condensación de Selecciones—, y volvió a compilarse en las antologías del autor Alan Hynd's Murder (1952) y en Murder, Mayhem and Mystery (1957).

En español: Los lectores recibieron esta misma crónica criminal a través del catálogo de la Editorial Bruguera, que redistribuyó el material original en dos de sus colecciones: primero en la antología Antología del Crimen (Colección Círculo Rojo, 1960) y, años más tarde, dentro del masivo tomo recopilatorio El Mundo del Delito (Colección Libro Amigo n° 25, 1966).

Para la presente transcripción se han subsanado de forma directa algunas erratas de la edición original y se han restaurado las grafías y nombres propios históricos reales (Carl Neumeister, Frank Heidemann). Y otras como El Perro de los Baskerville.

 

El texto dice perro policía: se refiere a un simple perro guardián de la finca. 

Agencia de Detectives William J. Burns: fue una agencia de detectives privados en los Estados Unidos, dirigida por William J. Burns. Fundada en 1909, la agencia evolucionó a Burns Security y luego a Burns International en agosto de 2000, cuando fue adquirida por Securitas AB . De 1969 a 1983 tuvo su sede en Briarcliff Manor, Nueva York. William J. Burns

Por de contado: es una locución adverbial que significa «por supuesto» o «de seguro». DLE RAE

Conejillo de Indias: Cavia porcellus, también conocido como cuy, cuyi, cuye, cuyo, cuis, cobaya, curiel, cuilo, acure, güimo, cerdo de Guinea (Guinea pigs, en inglés), es una especie de roedor perteneciente a la familia Caviidae y al género Cavia. 

Zancadilla: Acción de cruzar alguien su pierna por entre las de otra persona para hacerle perder el equilibrio y caer. Sinónimos: traspié, trascabo, cabe.

Comarca: Territorio que, en un país o una región, se identifica por determinadas características físicas o culturales. Sinónimos: región, paraje, zona, contorno, terruño, lugar, distrito, territorio, sitio. DLE RAE

Avieso: perverso, siniestro, retorcido, odioso, malo, malvado, maligno, abyecto, infame, traidor, torcido, malintencionado, innoble, indigno, despreciable, etc. DLE RAE

Close-up: En cine, televisión, fotografía y cómics , un primer plano (o close-up) es un tipo de plano que encuadra de cerca a una persona u objeto. Los primeros planos son uno de los planos estándar que se utilizan habitualmente junto con los planos medios y generales. Close-up

Testamentaría: Ejecución de lo dispuesto en el testamento. Bienes que constituyen una herencia, considerados desde que muere el testador hasta que quedan definitivamente en poder de los herederos. Junta de los testamentarios. Conjunto de documentos y papeles que atañen al debido cumplimiento de la voluntad del testador. Juicio, de los llamados universales, para inventariar, conservar, liquidar y partir la herencia del testador. DLE RAE

Topográfico: Perteneciente o relativo a la topografía: Técnica de levantar mapas y planos de un terreno a escala. Conjunto de particularidades que presenta un terreno en su configuración superficial. DLE RAE

A guisa: La expresión "a guisa de" significa "a modo de" o "a manera de". RAE

Mascullar: Hablar entre dientes, o pronunciar mal las palabras, hasta el punto de que con dificultad puedan entenderse. Sinónimos: murmurar, farfullar, balbucir, rezongar, cuchichear, barbotear, barbotar, mamullar. DLE RAE

Yonkers: Ciudad ubicada en el condado de Westchester, en el estado estadounidense de Nueva York.

Apócrifo: Apócrifo es un adjetivo que significa falso, fingido, supuesto o de dudosa autenticidad. La palabra proviene del latín tardío apocry̆phus, y este del griego ἀπόκρυφος (apókryphos), que significa "oculto" o "escondido". Sinónimos: falso, fingido, erróneo, espurio, ilegítimo, etc. 

Desasosiego: Falta de sosiego. Sinónimos: Intranquilidad, desazón, inquietud, nerviosismo. DLE RAE 


lunes, 14 de septiembre de 2026

"Tengo pacientes obsesionados con el ejercicio que pasan 5 o 6 horas al día en el gimnasio": por qué cada vez más niños y jóvenes quieren ganar masa muscular

 

 

Por Katty Kay
BBC World News

 

En las últimas décadas, la mayoría de la gente ha aprendido a detectar las señales cuando generalmente una adolescente desarrolla una relación poco saludable con su cuerpo.

Por lo general, esto tiene que ver con que ese cuerpo se vuelva más delgado.

Pero hace poco hablé con el doctor Roberto Olivardia, un médico que lleva más de 30 años estudiando los problemas de imagen corporal, y él considera que la sociedad no es tan eficaz a la hora de detectar los problemas que surgen en los varones.

Para muchos niños y adolescentes la obsesión no gira en torno a adelgazar, sino a ganar masa muscular. Eso puede hacer que el problema sea mucho más difícil de detectar, porque hacer ejercicio y ganar fuerza suelen ser considerados señales de disciplina y salud.

Y aunque la mayoría de los jóvenes deportistas no desarrollarán ningún trastorno, Olivardia afirma que esta tendencia de problemas de imagen corporal entre los varones está empeorando.

De hecho, recientemente ha atendido en su consulta a niños de tan solo 10 años y afirma que las redes sociales son una de las principales razones de ello.

"Después de dedicarme a este trabajo durante tanto tiempo y haber visto cómo era antes de la llegada de las redes sociales y después de ellas, puedo decir que hoy estamos ante un fenómeno completamente distinto", afirma.

Mucha gente ya es consciente de cómo se ve una adolescente extremadamente delgada y entiende cuándo las cosas empiezan a ir mal. Pero creo que no pasa lo mismo en el caso de los varones con los músculos. ¿Necesitamos ahora una conversación similar sobre cómo es un cuerpo en forma en el caso de ellos?

Totalmente, con los chicos es diferente. Tenemos estudios que se remontan al siglo XVII sobre los mensajes opresivos que las mujeres han recibido en torno a la delgadez y la femineidad.

Con los hombres ha sido un poco distinto. Según las investigaciones que hemos realizado, este fenómeno empezó a incorporarse realmente a la cultura popular a finales de los años 70 y comienzos de los 80, cuando comenzamos a ver una mayor proliferación de cuerpos musculosos.

No es casualidad que Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone fueran las mayores estrellas de taquilla de la época. En muchos sentidos, sus cuerpos eran su principal activo.

Tal como hablamos con niñas y mujeres de que su cuerpo no define quiénes son, esas conversaciones se han ignorado en gran medida con los varones.

Quienes tienen más músculos son percibidos como los más masculinos. Y eso es algo que hoy se promueve de forma evidente, probablemente como nunca antes, en las redes sociales y especialmente en la llamada "manosfera".

Katty Kay entrevistó a Roberto Olivardia sobre lo que él bautizó como dismorfia muscular.

 

Volvamos a la década de 1990, cuando usted y sus colegas acuñaron por primera vez el término "dismorfia muscular". ¿Qué le preocupaba entonces de este trastorno?

A mediados de los años 90, cuando investigaba los trastornos alimentarios en niños, adolescentes y hombres, recibía muchas llamadas de personas interesadas en participar en nuestros estudios.

Muchos hombres me decían: "Antes padecía anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. Ya no tengo ese problema, pero estoy inmerso en esta búsqueda obsesiva de desarrollar más musculatura. La diferencia es que ahora esa obsesión está, de algún modo, socialmente aceptada".

De hecho, en lugar de ser cuestionados, muchas veces reciben elogios. Les dicen: "Tienes muchísima disciplina", "qué fuerza de voluntad".

Tendemos a no pensar que un hombre musculoso pueda tener una patología y la mayoría de los hombres musculosos, por supuesto, no la tienen.

Pero estos son hombres que, pese a ser corpulentos y musculosos, e incluso ser considerados por muchas personas como personas con el cuerpo ideal, siguen creyendo que son demasiado pequeños.

Viven con el temor de que al día siguiente puedan verse enclenques de repente.

Estos hombres piensan constantemente en el tamaño de su cuerpo y en su apariencia, hasta el punto de que esa preocupación termina afectando de manera significativa distintos aspectos de su vida.

"Tal como hablamos con niñas y mujeres de que su cuerpo no define quiénes son, esas conversaciones se han ignorado en gran medida con los varones."

 

¿Qué está viendo hoy en su consulta que no veía hace 5 o 10 años?

Bueno, en primer lugar, las redes sociales han creado una cultura en la que todo el mundo es un experto.

Entonces, cuando un influencer difunde determinadas ideas sin ningún tipo de respaldo científico, como psicólogo clínico veo que mi opinión, la de un médico o la de cualquier especialista en un tema, o bien se descarta por completo o, al menos, se pone al mismo nivel que la de esa persona. 

 

¿Que la de un influencer de TikTok, por ejemplo?

Exacto. La de un influencer de TikTok, simplemente porque tiene 10 millones de seguidores. Es como si eso le otorgara credibilidad de forma automática.
 

Como profesional de la salud, debe de ser desesperante.

Sin duda. Y no por una cuestión de ego, sino porque hay gente está sufriendo las consecuencias por la información que recibe.

Hace años, cuando apareció internet, nos preocupaban todos esos grupos que promovían los trastornos de la conducta alimentaria. Pero, de algún modo, aquello parecía un fenómeno más contenido.

Esto está en otro nivel completamente distinto.

Tendemos a no pensar que un hombre musculoso pueda tener una patología y la mayoría de los hombres musculosos, por supuesto, no la tienen."


Hace 10 años, si hubiera conocido a un joven que se golpea la cara con un martillo, como vemos que promueven algunos de estos influencers del looksmaxxing, ese comportamiento se habría considerado casi psicótico, porque era algo extremadamente inusual.

Incluso personas con una obsesión por su imagen corporal, que quizá no hubieran llegado tan lejos, habrían dicho: "Eso ya es demasiado".

Pero cuando estás expuesto constantemente a ese contenido estas conductas terminan normalizándose.

Hay que tener en cuenta que yo trabajo con niños de tan solo 10 años que tienen problemas de imagen corporal, así como con adolescentes muy vulnerables que buscan lo mismo que queremos todos: aceptación y conexión.

Y estas conductas se están normalizando porque hay influencers que reciben muchísima atención, ganan mucho dinero, disfrutan de sus 15 minutos de fama y acumulan millones de seguidores, lo que de algún modo les otorga credibilidad.

Ellos son los que le dicen a estos jóvenes: "Si haces esto, tendrás acceso a las mujeres, al poder, al respeto y a todo lo demás".
 
Yo veo a un paciente durante 50 minutos a la semana, mientras que él puede estar escuchando a un influencer entre 10 y 15 horas semanales."


Háblenos de cómo cada vez son más jóvenes las personas que presentan esta dismorfia muscular y esta obsesión por desarrollar al máximo la musculatura. ¿A qué cree que se debe?

La edad ha ido disminuyendo. Creo que, en parte, se debe a que hay personas que dirigen su mensaje específicamente a ese público y a que los jóvenes tienen acceso a esas voces a través de las redes sociales.

Una de las primeras preguntas que hago a mis pacientes varones cuando abordamos este tema es: "¿A quién sigues en redes sociales?".

A muchos de esos influencers ya los conozco y, cuando no, reviso el contenido que publican.

Porque yo veo a ese paciente durante 50 minutos a la semana, mientras que él puede estar escuchando a esa otra persona entre 10 y 15 horas semanales.

Esa es la realidad a la que nos enfrentamos los padres, los profesionales de la salud mental y los médicos.

"Hacer ejercicio es bueno, pero diez horas de ejercicio no son necesariamente mejores que una."
 

Existe una línea muy fina entre practicar ejercicio de forma saludable y hacerlo de manera poco sana, y no siempre es fácil distinguirla. ¿Qué les diría a los padres o a los entrenadores para ayudarles a identificar esa diferencia?

Hace 25 años escribí, junto con un colega, el libro The Adonis Complex ("El complejo de Adonis") y recuerdo que a veces recibíamos críticas como: "Entonces ustedes están en contra del ejercicio y de comer sano". Y no es así en absoluto.

Sabemos que existen graves problemas de salud que también afectan a los jóvenes, como la obesidad, la falta de actividad física y la privación del sueño.

Cuando pienso en esa línea que separa lo saludable de lo problemático, hay un par de aspectos que considero fundamentales.

El primero es: ¿la persona se percibe a sí misma de forma realista? Si usted es padre o entrenador y su hijo, alumno o deportista dice: "Dios mío, estoy muy gordo", cuando no lo está, o "estoy demasiado delgado", cuando en realidad tiene una musculatura considerable, eso ya es una señal de alerta.

El segundo aspecto es hasta qué punto esa conducta está afectando otras áreas de su vida.

Tengo pacientes obsesionados con hacer ejercicio que pasan cinco o seis horas al día en el gimnasio y están completamente agotados. Cualquiera lo estaría si levantara pesas durante cinco o seis horas diarias.

Al final no les queda tiempo para nada más y terminan atrapados en un círculo vicioso.

Y, por supuesto, también es importante prestar atención a conductas peligrosas, como el consumo de esteroides u otras sustancias. 

Tengo muchos pacientes que terminan desarrollando adicción a los opioides debido al dolor que sufren por el exceso de entrenamiento en el gimnasio.

En definitiva, no estoy en contra de promover una alimentación saludable, hacer ejercicio o dormir bien.

Hacer ejercicio es bueno, pero diez horas de ejercicio no son necesariamente mejores que una. Dormir ocho horas es excelente, pero si alguien duerme 15, probablemente algo no esté funcionando bien. 


 

 Las cursivas al final son mías.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Una versión medieval de la manósfera: lo que el tapiz de Bayeux revela sobre la sangrienta y obscena realidad de la Edad Media

 

 
La obra maestra está bordada sobre 70 metros de lienzo de lino. 
 
 
Por Deborah Nicholls-Lee
BBC Culture*
 
 
 
El tapiz de Bayeux cuenta una historia sangrienta, y ocasionalmente picante, de la conquista normanda de Inglaterra. Esta intrincada obra maestra está bordada sobre 70 metros de lienzo de lino y teje un relato de promesas incumplidas, codicia y agresión que culmina con la muerte del rey Harold II en la Batalla de Hastings.

Después de casi 1.000 años, la icónica obra de arte regresa desde Normandía, Francia, a Inglaterra, donde fue hábilmente confeccionada en la década de 1070, y a partir de septiembre será exhibida en el Museo Británico.

Es una obra que representa una versión medieval de la actual manosfera digital: una ideología y un mundo centrados en la hipermasculinidad y en las experiencias de los hombres. Y un mundo donde el tamaño importa.

Son las contribuciones masculinas las que ocupan el centro de la sociedad del siglo XI que retrata el tapiz. Un tercio de sus hombres están armados, mientras que otros se dedican con vigor a la tala de árboles, la construcción de embarcaciones y la edificación. Un leñador, montado sobre un tronco, prepara su hacha, mientras cazadores agitan grandes garrotes sobre sus cabezas mientras persiguen a su presa.

Todo ello contribuye a transmitir la atmósfera cargada que precede al enfrentamiento entre dos machos alfa: Guillermo, duque de Normandía, y Harold Godwinson.
 
"Es difícil encontrar una escena más empapada de testosterona", comenta el doctor Christopher Monk, historiador cultural de la Inglaterra medieval.

Esta sugerente exhibición de machismo revela una sociedad medieval hecha por y para hombres, donde la violencia resuelve disputas y el humor de camaradería masculina sirve para sumar puntos políticos. Saqueadores armados arrasan Hastings, y los soldados caídos en el margen inferior son desnudados de sus armaduras, al igual que Harold, muerto encima de ellos, es despojado de su derecho real.
 
 
 
El pene recurrente

Si hay un motivo recurrente en esta icónica obra, es el pene. En 2018, George Garnett, profesor de historia medieval de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, contó en el tapiz 93 ejemplares, la mayoría en estado de erección. Ochenta y ocho pertenecían a caballos y otros cinco a hombres, mientras que una vaina colgante (que él descarta) provocó un considerable debate en los círculos académicos.
 
 "El tamaño importa en el tapiz de Bayeux", observa Janina Ramírez en Femina: A New History of the Middle Ages, Through the Women Written Out of It (2022 - Femina: Una nueva historia de la Edad Media a través de las mujeres excluidas de ella).

En la historia del tapiz sobre un trono disputado, la virilidad se equipara al poder y el apéndice más grande y orgulloso, señala Ramírez, "pertenece al magnífico semental que le es presentado a Guillermo en la víspera de la batalla".

El segundo lugar corresponde a la montura del rey Harold, "lo que implica que es un rival digno".
 
En el tapiz de Bayeux, el caballo del macho alfa Guillermo refleja la virilidad de su dueño.
 
 
Dentro de las tradiciones artísticas del siglo XI, la desnudez explícita era algo común, y es muy posible que estos penes hayan sido bordados por monjas. "Reflejan lo que era tan evidente en la élite de la sociedad medieval en términos más amplios: en líneas generales, los hombres eran los principales impulsores de la soberanía política", le dice Monk a la BBC.

"El uso de genitales masculinos, ya sean humanos o equinos", añade, es una "forma abreviada de representar el machismo político en el contexto de la transición al nuevo mundo anglonormando en la Inglaterra medieval".

Si las mujeres desempeñan un papel menor en el tapiz, es principalmente porque "la narrativa gira en torno a la acción masculina", explica a la BBC la doctora Emily Joan Ward, profesora de historia medieval en la Universidad de Edimburgo, en Reino Unido.

"Se trata en gran medida de representaciones de hombres activos militarmente y, en esas escenas de batalla, no esperaríamos ver mujeres".

Si la proporción de una mujer por cada 100 hombres en el tapiz sigue pareciendo desequilibrada, la explicación puede encontrarse en quién fue el destinatario de la obra.
 
Los historiadores creen que el probable patrocinador del tapiz fue Odo de Bayeux, medio hermano de Guillermo, quien aparece de forma destacada en él y pudo haberlo utilizado para enfatizar su importante papel en la campaña por el legítimo gobierno de Guillermo.
 
Guillermo, duque de Normandía, ordena la construcción de un buque de guerra. 



"Es probable que el contenido estuviera destinado a resonar con él y con su círculo social más inmediato, que sería en gran medida un círculo homosocial masculino", afirma Wade. Con un patrocinador normando, el mensaje debía mantenerse alineado con ese propósito. "Introducir demasiadas mujeres en la historia era en realidad algo arriesgado", agrega.

"Los intentos de Guillermo por reforzar la legitimidad de su reclamo al trono a través de la línea femenina podrían haber hecho que el diseñador o el patrocinador (del tapiz) evitaran llamar la atención sobre una reivindicación tan frágil".
 
 
 
Las seis mujeres del tapiz

Las mujeres que aparecen en la historia central sirven sobre todo para lo que Monk denomina "puntuación emocional". La reina Edith, una figura de gran influencia en la política cortesana, seca sus lágrimas con su velo mientras su esposo, Eduardo el Confesor, da sus últimos suspiros; y una mujer y su hijo huyen mientras gigantescos soldados normandos incendian sin mayor preocupación su hogar.

Más allá de las extrañas expresiones y proporciones, se trata de una escena que nos recuerda, dice Ward, "que la guerra no es solo un acontecimiento dominado por hombres, no es solo lo que ocurre en el campo de batalla".

Ward hace referencia a la historiadora Catherine Karkov, quien señala que las mujeres en la franja principal aparecen en momentos de cambios en las relaciones de poder. "Si lo interpretamos de esa manera", comenta Ward, "les otorga un papel bastante poderoso dentro del tapiz".
 
 
Una mujer y un niño permanecen de pie, aterrorizados, mientras soldados normandos incendian su hogar con total indiferencia.


Los bordes decorativos superiores e inferiores del tapiz nos llevan a un mundo más subversivo gracias a su crítica codificada de los personajes centrales, a menudo en forma de fábulas. Es allí donde aparecen tres de las mujeres.

En el borde inferior, una mujer se aparta de un agresor sexual, que se cree era su padre. Más adelante, en el borde superior, dos mujeres desnudas que gesticulan hacia hombres desnudos se asocian con las historias de una seductora y una prostituta que utilizaron sus cuerpos para engañar, insinuando así el juramento incumplido de Harold.

Falta la hija de Guillermo, Agatha de Normandía, quien fue ofrecida a Harold como parte de un acuerdo vinculado a la corona. Ward señala que vemos la impresionante nave capitana de Guillermo, el barco más grande y rápido de la flota normanda, llamado Mora, pero no vemos a su formidable esposa, Matilde de Flandes, quien financió la embarcación para facilitar el éxito militar que la convertiría en reina.
 
 
 
Un "Me Too medieval"

Sin embargo, una misteriosa figura encapuchada sí recibe una mención: Aelfgyva. Un sacerdote aparentemente depredador, vestido con una capa verde, extiende la mano hacia su rostro, mientras que en el borde un hombre desnudo con genitales descomunalmente grandes imita su postura. Las teorías sobre quién es ella y por qué está allí son numerosas.

La propuesta del doctor David Musgrove, coautor de The Story of the Bayeux Tapestry (2026 - La historia del tapiz de Bayeux), de que el acoso sexual por parte del sacerdote estaría siendo denunciado en "un momento Me Too medieval", resulta convincente.

Otros han sido más despectivos. Como comentó un historiador del siglo XX: "Como no aporta nada a la historia, salvo un momento de confusión, nos hemos sentido justificados al omitirlo".

Así como los monjes insertaban ilustraciones en los márgenes de los manuscritos, es posible que a las bordadoras se les permitiera cierta libertad creativa para incluir estos comentarios crípticos sobre la historia principal. "Sin duda trabajaban siguiendo un diseño", dice Monk a la BBC. "Pero eso no significa necesariamente que fueran simples ejecutoras de la voluntad de otra persona, ni que cada detalle estuviera dictado".

Un sacerdote con capa verde extiende la mano hacia el rostro de Aelfgyva; en la cenefa, una figura masculina desnuda imita la postura lasciva del sacerdote.



Quizás, en los bordes, las mujeres invisibles detrás de la obra fueron las últimas en reírse. "¿Era una manera de expresar desesperación frente a hombres belicosos o frente a su propia situación como mujeres inglesas sometidas? ¿Había un sentido de burla, particularmente hacia Guillermo? ¿O simplemente se entregaban a un humor juguetón y terrenal para pasar el tiempo?", se pregunta Monk.

"Quizás sea imposible responder estas preguntas, pero al menos deberían hacernos reflexionar sobre el hecho de que el tapiz de Bayeux solo existe gracias al trabajo hábil e inteligente de las mujeres".

Fue la sensibilidad victoriana la que finalmente atenuó parte del machismo original del tapiz.

En una réplica fiel, creada en 1885 por un grupo de 35 mujeres pertenecientes a la Leek Embroidery Society (actualmente expuesta en el Museo de Reading), los ejércitos que avanzan siguen estando compuestos por hombres, pero los desproporcionados atributos de los caballos desaparecieron. No sorprende que el hombre desnudo de los bordes que imitaba al sacerdote con sus enormes genitales aparezca en la nueva versión usando pantalones cortos.

Lo más importante, sin embargo, es que al incorporar un borde adicional donde cada bordadora cosió su nombre, la versión de 1885 rindió homenaje a sus creadoras y reafirmó una presencia femenina.

Como señala Ramírez: "Mientras nadie pensaría en hablar de 'La noche estrellada' sin mencionar a Van Gogh… muy pocos comienzan a hablar del tapiz de Bayeux pensando en las mujeres que lo hicieron".

Una manósfera, ya sea moderna o medieval, puede contar historias sobre el poder masculino, pero su existencia podría depender de las mujeres que intenta dejar fuera.




 
Nota
  
Manósfera: La manosfera (o machosfera) es una red de foros, blogs y páginas en internet que promueven ideas antifeministas, hipermasculinidad y hostilidad hacia las mujeres.  Manósfera

 





miércoles, 19 de agosto de 2026

¿Existió Homero? El misterio que rodea al autor de "La Odisea"


 
Esta lámina de 1887, publicada en la revista española "La Ilustración Artística", refleja las ideas románticas del siglo XIX sobre la antigüedad al representar a un Homero joven (der), dictando una conferencia. 
 

Por Edison Veiga
BBC News Brasil
 
 
 
Tradicionalmente se considera a Homero un poeta ciego que vivió alrededor del año 900 a.C. en la Antigua Grecia y fue el autor de dos de los poemas épicos fundamentales de la Antigüedad: "La Ilíada" y "La Odisea".

Un genio, por lo tanto, pero uno que —según los expertos— quizás nunca existió.

Cada vez más, los investigadores contemporáneos creen que Homero, como autor de estas dos obras fundamentales, no fue un individuo histórico. Su nombre sería la personificación de un colectivo de poetas y editores, de generaciones que recopilaron tradiciones orales y las plasmaron por escrito.

"No hay pruebas de que haya existido un autor llamado Homero, al menos no como creador de dos grandes clásicos de la literatura universal", afirma el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

"Lo más probable es que sea una tradición posterior la que vincule estas dos obras, 'La Ilíada' y 'La Odisea', a un único autor llamado Homero".
 
Hay un consenso bien establecido en el siglo XXI de que es más correcto hablar de Homeros y no de un solo Homero, según el historiador Daniel Brasil Justi, profesor de la Universidad Federal del Sur y Sureste de Pará (Unifesspa) y de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

"Podemos suponer que estos Homeros, en plural, eran los editores que revisaron y copiaron estas obras en sus versiones escritas mientras la tradición oral seguía existiendo", comenta Justi.

Así, se define a Homero mucho más como "una tradición de autores" que como una persona en sí misma.
 
El filósofo Gabriele Cornelli, autor del libro "¿Sabios, filósofos, profetas o magos?" y profesor de la Universidad de Brasilia (UnB), recuerda que esta cuestión estuvo presente en la primera conferencia impartida por el alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) en la Universidad de Basilea.

"Aportó una visión muy equilibrada del problema. Dijo que Homero fue el poeta que escribió 'La Ilíada' y 'La Odisea', pero que esto no era una afirmación histórica, sino más bien un juicio estético", comenta Cornelli.

"No tiene sentido buscar al Homero histórico. Nos corresponde comprender a Homero como autor estético, como autor literario".

El profesor Cornelli sitúa las obras atribuidas a Homero, junto con los textos de la Biblia judía, como "los pilares que sustentan nuestra cultura occidental".
 
Lo cierto es que, incluso en la antigua Grecia, la idea de Homero como autor de estas importantes obras ya estaba arraigada.

"Ya en el siglo V a.C., los jóvenes estudiantes atenienses tenían que aprenderse de memoria [los textos atribuidos a] Homero, e incluso ser capaces de comentar algunas de las palabras más difíciles", dice Cornelli.

Fue durante este período, explica el experto, cuando muchos estudiantes comenzaron a notar discrepancias estilísticas en algunos de los textos atribuidos a Homero y a marcar los pasajes que consideraban de dudosa autenticidad.

Pero el debate tardó mucho en resurgir con la misma fuerza.
 
 
 
Imposible

El cuestionamiento de la autoría no se consolidó hasta finales del siglo XVIII, gracias al filólogo Friedrich August Wolf (1759-1824). Experto en obras griegas antiguas, consideraba imposible que un solo autor hubiera escrito tanto "La Ilíada" como "La Odisea".

La conclusión se extrajo después de que Wolf observara que poemas de esa extensión "no podrían haber sido compuestos y conservados por escrito" en aquella época, explica el filósofo Dennys García Xavier, profesor de la Universidad Federal de Uberlândia (UFU).
 
 
Retrato idealizado de Homero, honrado con una corona de laurel e identificado por la inscripción en la hoja de papel que enumera las ciudades que reclamaban a Homero como hijo propio (artista anónimo, 1639).


"Partiendo de esta premisa, concluyó que las epopeyas debían entenderse como el resultado de una larga transmisión oral, habiendo sido recopiladas y fijadas solo posteriormente".

Wolf concluyó que el texto solo podía ser el resultado de una reorganización de composiciones orales, lo cual, según la valoración de Cornelli, era fundamental para el debate, "porque desplazó la cuestión principal a si existe algún rastro de originalidad por parte del autor Homero o de los autores homéricos, o si estos fueron simplemente compiladores de tradiciones orales anteriores", afirma.

Otro problema que surge, según Cornelli, es que el griego usado es "una mezcla muy artificial, hasta el punto de que, con cierta exageración, existen varios dialectos diferentes".

Pero Xavier señala que Wolf no pretendía demostrar que Homero nunca existió. "Su principal objetivo era la concepción tradicional de un único poeta que escribió, solo y de una sola vez, los poemas tal como nos han llegado".

La tradición griega antigua incluía poetas cantores -los aedos- que actuaban en público, viajando de pueblo en pueblo. Lo más probable es que estas historias se transmitieran de esta manera, a través de la tradición oral.

Con el tiempo, grupos de escribas comenzaron a recopilarlos, en un esfuerzo colectivo que debió durar generaciones, con revisiones, ediciones y adiciones.

"Se trataba de historias que ya circulaban, eran ampliamente conocidas y que de alguna manera se sistematizaron alrededor del siglo VIII o VII a.C.", señala Chevitarese.

Según el historiador, lo que existía era una escuela de aedos, los poetas cantores de la época, que debían de estar ocupados recopilando las obras que circulaban en ese contexto.

Chevitarese añade que todo indica que "La Ilíada" y "La Odisea" ni siquiera fueron escritas por las mismas personas.

"Se trata de dos relatos completamente diferentes, situados geográficamente en lugares distintos. Lo que tienen en común es que tratan sobre tradiciones orales que se han transformado y transmitido por escrito a lo largo de un extenso período de tiempo", analiza.

Quizás no existió, pero lo hemos imaginado. En "La apoteosis de Homero" (1827) el artista Jean Auguste Dominique Ingres lo pintó siendo coronado como un ser inmortal, con grandes personalidades históricas del arte, la literatura y la música a su alrededor.
 

El filósofo Aldo Dinucci, profesor de la Universidad Federal de Espírito Santo (UFES), también menciona otra teoría, la planteada por el escritor británico Samuel Butler (1835-1902), traductor de "La Odisea".

En su libro "La autora de La Odisea", argumenta que la obra fue escrita por una autora femenina, mientras que "La Ilíada" fue escrita por un hombre.

Dinucci afirma que la arquitectura y la narrativa coherentes de la obra permiten ver la forma final como el resultado de una "planificación sofisticada".

"Pero se entiende que tanto 'La Ilíada' como 'La Odisea' provienen de una larga tradición oral transmitida a lo largo de los siglos. Y que el texto que ha llegado hasta nosotros es una especie de cristalización de esa tradición", dice.
 
 
 
El nombre

El profesor Xavier presenta algunas hipótesis interesantes que podrían arrojar luz sobre el nombre Homero, en caso de que fuera inventado. Según él, la etimología más inmediata alude al sustantivo griego "rehén".

"En ese caso, el nombre podría haber significado literalmente 'el rehén', 'el entregado como garantía' o 'la prenda'", explica.

Puede interpretarse que este es el nombre elegido para salvaguardar los valiosos elementos de esa tradición oral, como garantía de que permanecerían en un lugar seguro —el registro escrito— mientras que la versión oral podría perderse.

"Las biografías antiguas buscaban explicar los nombres famosos mediante episodios narrativos, construyendo una circunstancia biográfica a partir de una similitud léxica. Este procedimiento se conoce como etimología biográfica o narrativa: se parte del nombre para inventar u organizar una historia que parezca justificarlo", afirma Xavier.

"En el caso específico de Homero, aún queda mucho por explicar", añade.

 Su rostro, imaginado en mármol. 
 
 
También existe la tradición que retrata a Homero como un anciano sabio ciego. Esto se debe a que, como explica Xavier, la palabra podría significar "ciego" en un dialecto de la región de la antigua ciudad de Cime, en la actual Turquía.

Menciona que existe un antiguo relato biográfico de Homero que dice que el poeta se llamaba originalmente Melesígenes, y que pasó a llamarse Homero después de perder la vista.

"Esta explicación ejerció una enorme influencia en la imagen tradicional de Homero", afirma el profesor. "El poeta ciego se convirtió en una figura canónica del arte, la literatura y la historiografía de la antigüedad".

Sin embargo, Chevitarese no descarta que el nombre Homero sea una referencia al compilador más famoso de aquella época.

"Aunque es algo mucho más teórico que algo que podamos demostrar", señala.
 
 
 
Misterio eterno

Dada la falta de registros, es muy probable que la existencia de Homero como figura histórica nunca pueda ser probada.

"La respuesta más rigurosa que la buena ciencia puede ofrecer es: no hay pruebas directas de que Homero existiera, pero tampoco hay pruebas irrefutables que nos permitan concluir que nunca existió", afirma el profesor Xavier.

La opinión predominante entre los expertos evita ambos extremos.

"Homero sigue siendo una figura históricamente posible, aunque su existencia no puede demostrarse utilizando los criterios que normalmente exige la investigación historiográfica moderna", continúa Xavier.

"No tenemos inscripciones, documentos oficiales, correspondencia, dedicatorias, monedas, tumbas identificables ni ningún testimonio contemporáneo que mencione a un poeta llamado Homero".

Así, pues, lo que queda es la literatura que se le atribuye. Y esta sigue siendo inagotable.