lunes, 2 de noviembre de 2026

Anecdotario XI

El famoso pintor Pablo Picasso tenía invitados a comer en su casa del sur de Francia. Uno de ellos, mirando a su alrededor, comentó:
—Veo que no tienes Picassos en las paredes, Pablo. ¿No te gustan?
—Todo lo contrario —contestó el pintor— me gustan muchísimo. Lo que pasa es que no puedo darme el gusto de tenerlos. Resultan demasiado caros.

 
 
Hacía apenas dos días que el embajador estadounidense en México, Robert Hill, ocupaba su cargo cuando dispuso que se organizara una recepción de bienvenida para «todo el mundo» de la embajada. Un ayudante apuntó:

—¿Se refiere usted a todos los altos funcionarios de la embajada, señor embajador?
—A todo el mundo—respondió el diplomático.
—Es decir los altos funcionarios y el resto del personal administrativo ¿no? —insitió el ayudante.
—Cuando digo todo el mundo, quiero decir todo el mundo —vociferó Hill.

Cuatro días después, más de 500 empleados, electricistas, choferes y taquígrafas alternaban con los altos funcionarios y agregados diplomáticos y se divertían de lo lindo en la fiesta de la embajada.


 

—¿Cómo encontró usted la carne? —le preguntó el camarero a un cliente que cenaba en el distinguido restaurante.
—Por casualidad, cuando retiré la ensalada.


 

Parábola de la Educación

Parábola que relató William Cunningham, consejero del gobernador de California, George Deukmejian.
Iba un hombre caminando por el desierto, cuando oyó una voz que le dijo: “Levanta algunos guijarros, mételos en tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento”.
Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo: a la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas. Y se sintió feliz y triste. Feliz, por haber cogido guijarros; triste, por no haber cogido más.
Lo mismo ocurre con la educación.



Una mujer se ocupaba en llevar su propio divorcio en un tribunal. El juez revisó con ella la petición de divorcio, punto por punto, y anotaba la información que ella no había incluido. Todo fue bien hasta que llegaron a un espacio en blanco.
—¿Está usted embarazada? —preguntó el juez.
—No.
—No se preocupe usted. También solucionaré eso.



En mi trabajo como ayudante de un pediatra, suelo desvestir y pesar a los niños para que el médico los examine. Un día, llegó acompañado de su madre un niño como de cinco años. El pequeño se aferraba con una mano a la de su madre, pero, con el auxilio de ella, logré que tomara mi mano y lo llevé de la sala de espera al consultorio y le dije:
—Ahora, nos quitaremos la ropa y veremos cuánto pesamos.
El muchachito soltó mi mano y se quedó inmóvil, al tiempo que replicaba:
—Empiece usted. Yo no quiero.



Algo es Algo

Mi amiga y su esposo, Marvin, estaban de visita en casa de la madre de él. La señora empezó a hacer reminiscencias de su boda, celebrada hacía 50 años y, muy orgullosa, les mostró los regalos que recibió en aquella ocasión y que había conservado desde entonces.
—¡Es asombroso!, comentó mi amiga. ¡Lo único que me queda de mi boda es Marvin!


 

Conversación entre dos amigas:
—Cuando mi esposo trabaja deja a todo el mundo con la boca abierta.
—¿De veras? ¿A qué se dedica?
—Es dentista.



El Verdadero Motivo

Dos vecinas mías tomaban una taza de café.
—El otro día —dijo una— le comenté a mi marido que aun después de veinte años de matrimonio tu esposo sigue siendo un caballero. Siempre lo veo salir del auto, dar la vuelta hasta tu lado y abrirte la portezuela.

—Lo que ignoras es que, cada vez que lo hace, promete que al día siguiente mandará reparar la maldita manija de la portezuela, aunque sea lo último que haga en la vida.



Definiciones que no están en el Diccionario

Absurdo: Opinión que manifiestamente se opone a la nuestra. —Ambrose Bierce

Crédito: El sistema que nos permite vivir como viviríamos si pudiéramos. —Doug Larson

Humildad: Cualidad que perdemos en cuanto creemos tenerla. —E.D. Hulse

Paciencia: La virtud que más se necesita precisamente cuando se agota. —Alfredo La Mont.

Reloj: Instrumento para conocer la magnitud de nuestra impuntualidad. —Pedro F. Miret



Cuando entre los créditos de la película Land of Pharaohs (Tierra de Faraones), de Howard Hawks, apareció el prestigiado nombre de William Faulkner, los cinéfilos se preguntaron cuál habría sido la participación del gran escritor norteamericano. En su libro Hollywood on the Nile (Hollywood en el Nilo), Noel Howard, que era ayudante de dirección de Hawks, dice que fue una bagatela:
Una mañana, Faulkner, tras cuatro meses de trabajo, le dio al guionista Harry Kurnitz una hoja de papel. En la mitad de la página había escrito: “La construcción de la pirámide de Keops ha tardado 15 años. El faraón al visitarla, llama al capataz y le pregunta: Bueno, amigo, ¿cómo va la obra?”.

Liberátion (París)



Un turista preguntaba a un campesino si era posible alcanzar el tren de las 3 tomando un atajo en el campo.
—Sí, claro. Y si el toro lo ve, quizá hasta alcance el expreso de las 2.


 

Hablan dos padres amigos:
—¿Qué carrera me aconseja para mi hijo? ¡Es un muchacho lleno de promesas!
—En ese caso, dedíquelo a hacer propaganda electoral.

El Caribe, Santo Domingo



Al salir del Teatro Royal Shakespeare en Strafford-on-Avon después de una representación de As You Like It (Como Gustéis), oí una voz entre un grupo de visitantes extranjeros:
—Magnífica, ¿no te pareció? Y me dicen que fue escrita por un tipo de aquí.

—P.T.M. With, Inglaterra



Mi compañera de cuarto Hannah, tomaba una clase en cierta escuela de diseño cuando el profesor se puso a hablar de la época victoriana.

—La habilidad de una mujer para cocinar, mantener limpia la casa y coser se consideraba un indicador de su moralidad —dijo—. Una casa sucia era señal de una mujer perdida. ¿Cómo llamaríamos ahora a una joven que no supiera cocinar, ni limpiar la casa, ni coser?

—Normal —respondió Hannah.

—S.L.



Una zapatería en Texas ofrecía un bistec gratis a cualquier dama que fuera capaz de elegir su calzado en sólo diez minutos.


 

 

Regla Gastronómica

Regla de Oro al leer la minuta en un restaurante: Lo que no puedes pronunciar, no lo podrás pagar. 

—T.E.D.




A la hija de unos amigos nuestros, que anda por los 10 años, le pidieron en la escuela redactar una composición sobre “Lo que quiero ser de grande”. Ella escribió: “Quisiera tener dos hijos y casarme con un hombre muy guapo”.
Al devolverle el ejercicio, se encontró con una anotación de la profesora: “Procura que los acontecimientos vayan en su debido orden”.

 —H.G.



Después de llevar cuatro días atendiendo a los pasajeros que volaban de Nueva York a Florida, dos azafatas mostraban señales de cansancio. Un pasajero entusiasta les pidió:
—Sonrían, por favor.

A pesar del cansancio, una de ellas respondió amablemente:
—Sonría usted.

Y el pasajero obedeció, pero su expresión cambió cuando la joven añadió:
—Ahora, quédese así durante doce horas.

—H.A.S.



El mariscal de campo lord Montgomery era una de las pocas personas que podían encararse con un taxista londinense. Una tarde detuvo un coche de alquiler que pasaba.
—¡A Waterloo! —ordenó.
—¿La estación? —preguntó impertinentemente el chofer.
—¡Por supuesto! —replicó Monty echando una ojeada a su reloj— Ya es un poco tarde para la batalla.

—J.A.



La mariposa ocupa el segundo lugar entre las cosas aladas más bellas. El primero corresponde al dinero. —O.C.C.




Oficio Peligroso

Estaba yo en fila ante una ventanilla de la oficina de correos, y trabé conversación con un sujeto que venía a mis espaldas. Me preguntó en qué trabajaba, y le contesté que era apicultor.
—Pero, ¿cómo puede usted desempeñar un oficio tan peligroso —inquirió—; ¿no tiene miedo de que las abejas lo maten?
Me reí, y le dije que la apicultura no era más peligrosa que cualquier otra ocupación. Después en el curso de la conversación, me contó que venía con el circo recién llegado a la población.
—Y en el circo ¿qué hace usted?
—Soy el domador de los leones.

—B.D.



La adolescente, a una amiga: “No sólo me ha roto el corazón y ha arruinado mi vida, sino que me echó a perder la fiesta”.

—G.B.



Clare Boothe Luce relató la ocasión en que la sobrepasaron en ingenio:
Cuando mi obra teatral The Women (Las Mujeres) fue todo un éxito en Londres, me atreví a pedir a un amigo mío que me presentara a George Bernard Shaw, a quien mucho admiraba. Repasé mentalmente lo que le diría, pero, al entrar yo en el estudio del famoso escritor, hizo caso omiso de mi persona tanto tiempo, que olvidé mi preparado discurso. Sólo acerté a decirle nerviosamente:
—Señor Shaw, si no fuera por usted... pues... no estaría yo aquí.
El dramaturgo me miró a los ojos y replicó:
—¿De veras? Y su madre, ¿cómo se llamaba?

—S.B.C.



—Está al teléfono un señor que desea entrevistarlo sobre el secreto de su éxito —avisa la secretaria a su jefe por el altavoz.
Largo silencio; luego, el funcionario pregunta:
—¿Periodista, o policía?

—N.S.



Así, Sí

En la junta de padres de padres de familia y maestros de la secundaria de mi hijo, no pude dejar de oír a una madre, que, frente a mí, hablaba de su hija. Los comentarios del maestro acerca de la muchacha eran favorables, pero terminó observando que le costaba trabajo hacer que ella hablara en clase. Después de reflexionar un momento, comentó la madre:
—Supongo que no hay manera de colocarle cerca un teléfono.

—R.J.D.



Respóndame a Esto

—¿De qué sirve traer a casa el pan, si la familia quiere comer fuera todo el tiempo? —Orben's Current Comedy


—Si alguien escribe un libro titulado Cómo Fracasar y la obra fracasa, ¿debe considerársele un éxito?. —Ron Luciano y David Fisher, en The Fall of the Roman Umpire

—¿Por qué los hijos parecen crecer tan de prisa y marcharse de casa con tanta lentitud? —Orben's Current Comedy


 

Saludo y Despedida

En la Legión Extranjera Francesa un inglés se despedía de un legionario que regresaba a Europa después de haber cumplido su plazo de enganche.
—Cuando llegues a Londres —le decía— hazme el favor de llamar por teléfono a Joanne Littlefield, cuyo número es REgent 7-5677. Dile que la he olvidado.

 —J.M.



—¿Qué edad tiene usted? —pregunta el juez—. Recuerde que ha jurado decir la verdad.
—Veintiún años y algunos meses —contesta la dama.
—¿Cuántos meses?
—Ciento ocho.

—General Features Corp.



El director, a uno de los participantes en un programa de preguntas y respuestas:
—En 15 segundos nombre todos los objetos que usted recuerde, de los que se hacen en pares.

—Medias, zapatos, guantes,... ¡sostenes!

—L.W. en Chicago Tribune



Mi Querida Abi: Abigail Van Buren (1918–2013), fue una columnista quien en varios periódicos publicaba una sección de preguntas y respuestas, en que absolvía con las más ocurrentes soluciones las consultas de sus atribulados corresponsales.

Mi Querida Abi:
Reconozco que soy un tipo que todo lo tiene. Las mujeres me encuentran irresistible: se pasan alabando mi físico y mi personalidad, pero en realidad esto me está aburriendo un poco. ¿Qué puedo hacer para desanimar a estas pobres muchachas esperanzadas? —C. W.

Estimado C.W.: Siga hablando.


Mi Querida Abi: Tengo 44 años. Me gustaría conocer a un hombre de mi edad que no tenga vicios. Rosa

Estimada Rosa: A mí también


Mi Querida Abi: Soy casada y tengo siete hijos, el mayor de 12 años. Hace poco he comenzado a trabajar en un hospital donde tengo que ver con los rayos X. He oído decir que este oficio podría hacerme estéril. ¿Es cierto esto? —Silvia

Estimada Silvia: No confíe mucho en eso



«Después de un día muy difícil con los niños», dice una madre joven, «me gusta salir a dar un paseo en automóvil. Me agrada tener en las manos algo que yo pueda dominar». —L.P.F.
 


En una feria de caridad, la escritora George Sand atendía en uno de los quioscos. Pasó por allí el barón Jacob de Rothschild, que estuvo examinando los objetos que había para la venta, y dijo luego:

—No veo nada que me guste, fuera de la sonrisa de usted. ¿No quisiera venderme su autógrafo?
En un trozo de papel escribió George Sand: “Recibido del barón Jacob de Rothschild: la suma de 5000 francos, para obras de beneficencia”.
Con un suspiro el barón pagó.

—Agence Parisienne de Presse


Respuestas Acertadas

Un joven campesino estaba llenando un cuestionario de solicitud para el empleo de reparador de líneas telefónicas. Después de haber contestado las preguntas principales llegó al espacio destinado a «Comentarios». Un buen rato estuvo pensando y al cabo escribió laboriosamente: «Hace un día muy, muy lindo». —Commercial News

A la pregunta «¿Ha sido usted detenido alguna vez?» que aparecía en el formulario de solicitud de empleo, el solicitante contestó: «No». A la pregunta siguiente: «Por qué?» contestó: «Nunca me pescaron». —D.W.


 

El poeta estadounidense Carl Sandburg, a instancias repetidas de algunos amigos, asistió al último ensayo de una obra muy seria escrita por un joven y aventajado dramaturgo, pero por desgracia se quedó dormido, y dormido siguió durante la mayor parte de la representación. El dramaturgo, ofendido, lo increpó días después.
—¿Cómo pudo usted dormirse sabiendo lo que me interesaba su opinión?
A lo cual Sandburg respondió:
—Joven, quedarse dormido es una manera de opinar.

—B.C. 

 

Compás de Espera

Los pacientes de cierto médico tenían que hacer siempre una larga antesala para ver al facultativo, pero les sorprendió mucho que un día las revistas de la sala de espera fueran reemplazadas por novelas completas. 

—H.I.M.



Una cama de hospital es un taxi estacionado, con el taxímetro en funcionamiento. —Groucho Marx

 

 

Nota.- Desde aquí ya pongo la autoría de una parte de de las anécdotas. En próximos artículos pondré la bibliografía básica de las revistas o libros porque en los primeros escritos transcritos con anécdotas olvidé colocar ese detalle.

sábado, 31 de octubre de 2026

Las Profecías del Gran Swift





 
Por Vadim Vilinbajov


Hace poco releyendo la novela del famoso escritor inglés me dejo estupefacto la descripción de Laputa, la «isla volante», que figura en el tercer viaje del capitán Gulliver: 


«Vi en el aire un gran cuerpo opaco que tapaba el sol. Era redondo, plano y refulgía al sol. Tomé mi catalejo de bolsillo y pude distinguir claramente a muchas personas que bajaban a tierra por una maroma
Por medio del imán la isla puede elevarse, descender y trasladarse de un lugar a otro. Cuando el imán está vertical y su polo de atracción mira a la tierra, la isla desciende, pero cuando su polo de repulsión mira hacia abajo, la isla sube verticalmente. Cuando el imán está en diagonal, la isla también avanza en dirección diagonal»
*

―
*Esta cita y las siguientes han sido traducidas de la versión rusa (Nota de la Redacción).
 

Es sencillamente increíble que esto fuera escrito en 1726, cuando los medios de transporte utilizaban en su movimiento sólo la energía muscular o la fuerza del viento. ¿Cómo pudo surgir la idea de la isla volante? ¿Y de que sus habitantes podían gobernarla por medio de un dispositivo bastante complejo?
 
 
El libro de Swift contiene otro enigma: los magníficos descubrimientos de los astrónomos de Laputa: 


«Estos científicos pasan la mayor parte  de la vida observando los movimientos de los  cuerpos celestes. Han descubierto dos pequeñas estrellas o satélites en órbita alrededor de Marte. El más cercano se encuentra del centro de Marte a una distancia equivalente a 3 diámetros del planeta y el más alejado, a una distancia de 5 diámetros».

Uno se pregunta cómo podía conocer Jonathan Swift los satélites de Marte, que fueron descubiertos por los astrónomos sólo un siglo y medio después, en 1877.

Para descifrar las fantasías de Swift, me remití a los mitos, leyendas y crónicas antiguas. Resulta que ya en tiempos inmemoriales los héroes de la epopeya sánscrita Ramayana realizaban vuelos aéreos en ciertas naves. En otras obras antiguas también se habla a menudo  de «naves aéreas», al parecer, observadas sobre los territorios de las antiguas Grecia y Roma. Casos similares relatan las crónicas medievales. En el siglo IX, por ejemplo, según un cronista, sobre una ciudad noruega apareció una misteriosa «nave», que luego se alejó suavemente. Un caso análogo describen  los Anales Irlandeses del año 956.

No son pocas las notas similares que podía conocer Swift. En general, en ellas se habla de los veleros más corrientes, sólo que vuelan. Sin embargo, la «isla volante» Laputa es un círculo o un disco regular. ¿Por qué el escritor eligió justamente esta figura?

Se puede, claro está,  suponer que en parte se debió a la idea corriente que, en la mayoría de los casos, vincula el concepto «isla» con formas redondeadas. Pero me parece que otra explicación se halla más cerca de la verdad.

En estas mismas obras de autores antiguos, antiguos, aparte de las «naves aéreas», se mencionan otros objetos de fuego volante que refulgían como un sol. Fenómenos similares se describen en las crónicas medievales. Se han conservado incluso grabados antiguos que representan extraños discos y objetos esféricos luminosos.

Por eso no carece de lógica la suposición  de que las fantasías de Swift, con toda probabilidad,  se basaban en materiales de este tipo, independientemente  de los fenómenos que observaran en realidad los testigos. Lo más probable es que la información sobre las «naves volantes» se haya originado en los espejismos más corrientes, cuya naturaleza conoce muy bien la ciencia moderna, y los objetos voladores ovalados y luminosos en los rayos esféricos, bólidos de gran tamaño y otros fenómenos naturales, incluyendo los anómalos, cuyo origen aún no ha sido explicado satisfactoriamente.

En cuanto al enigma del motor magnético laputiano, se deben buscar sus raíces en fuentes de otro orden. Poco antes de Los Viajes de Gulliver, el mundo científico había conocido la obra del destacado físico inglés William Gilbert Sobre el imán  y los campos magnéticos, donde, en particular, se decía: «Toda la masa de la Tierra no es otra cosa que un inmenso imán; los imanes menores son como pequeñas tierras atraídas por el todo». Partiendo de esta afirmación, no es difícil llegar al «corazón» magnético de Laputa.

Pese a que Siwift pudo basarse en ciertas fuentes de conocimientos, no debemos olvidar que  Los Viajes de Gulliver en la clasificación moderna es una obra de ciencia ficción con todos los rasgos propios del género.  Y al escritor de ciencia ficción le es dado adivinar intuitivamente. ¿En qué información secreta, se basó Julio Verne cuando escribió que el primer vehículo circunlunar tripulado llevaría a bordo tres personas, despegaría en diciembre de la península de Florida y amarizaría en el Atlántico?  ¿O el conocido Alexéi Tolstói, que en su novela El Gran hiperboloide del ingeniero Garin describió detalladamente las propiedades del láser? A propósito, la palabra  «robot» apareció por primera vez en un relato de Karel Čapek y sólo después pasó al lenguaje científico. En ese entonces el escritor no sabía nada de cibernética.  Un relato de ciencia ficción de Iván Yefrémov dio el impulso necesario para la invención de la holografía. Podría citar muchos otros ejemplos semejantes. 

Por lo visto si Swift descubrió los satélites de Marte, fue gracias a su rica fantasía. Pero no sólo a eso. En aquel entonces estaba de moda la teoría conforme a la cual las distancias entre los planetas se subordinan a la progresión geométrica. Los satélites de Júpiter, descubiertos por Galileo, sugerían que como la Tierra tiene un satélite y Júpiter, cuatro, Saturno debe tener 8 y Marte, dos. Además deben ser pequeños y estar situados cerca del planeta, porque en caso contrario ya los hubieran descubierto mucho tiempo atrás. 

Así que en Los Viajes de Gulliver no hay  nada sobrenatural, que no pueda ser explicado en base a la lógica… En cuanto a las profecías, ahora entre las materias científicas ya establecidas pasa a ocupar su lugar, con pleno derecho, una nueva ciencia, la pronosticación.  Y no es un secreto que los pronósticos más acertados contienen gran parte de intuición surgida en las profundidades de la psiquis humana. Sin embargo, siempre nos asombramos cuando el fruto de la fantasía, de la imaginación creadora, se vuelve realidad.  Ya me he referido a los personajes de Verne, cuyo vuelo finalizó en las aguas del Océano Atlántico. También concluyó con una amarización el viaje a la Luna contado por Wells, y el capitán Gulliver regresó de su segundo viaje de manera análoga: 

«De pronto sentí que caía verticalmente, y a una velocidad tan increíble  que se me cortó la respiración.  Luego oí un horrible chapoteo que resonó en mis oídos con más fuerza que las cataratas del Niágara.  Estuve un minuto sumido en las tinieblas, después mi cámara comenzó a ascender y vi luz en la parte superior de las ventanas. Comprendí que había caído en el mar».

Cualquier astronauta podría haber escrito hoy estas palabras.


 

Dibujos de Alexéi Tertish

Adaptado de la revista Tejnika-Molodiozhi

Revista Sputnik. Selecciones de la Prensa Soviética, N° 3, Marzo de 1984, págs. 156-160, Agencia de Prensa Nóvosti, Moscú, Rusia



Notas

Vadim Borisóvich Vilinbájov (1924–1982) fue un reconocido historiador, docente y divulgador ruso, especialista en historia militar y en los orígenes del armamento en la antigua Rusia.
 

Maroma: cuerda gruesa o cable.

 

—Con esto complementamos lo dicho por el artículo:

Para entender cómo lo "adivinó" Kepler en 1726, hay que mirar las tres piezas que Swift ensambló en su cabeza:

1. La progresión geométrica de Kepler: En la astronomía del siglo XVIII estaba muy arraigada la idea de la "armonía de las esferas" y la simetría en el Sistema Solar. Los astrónomos sabían que la Tierra (tercer planeta) tenía 1 luna y que Júpiter (quinto planeta) tenía 4 lunas descubiertas por Galileo. Marte estaba justo en medio (cuarto planeta). La lógica deductiva de la época dictaba que Marte debía tener satélites para mantener la proporción: 2 lunas encajaban a la perfección en la secuencia (1, 2, 4). 

2. Las especulaciones de Johannes Kepler y Voltaire: El propio Kepler ya había postulado en 1610 que Marte debía tener dos lunas, basándose en una mala traducción de un anagrama que le envió Galileo sobre los anillos de Saturno. La idea de las dos lunas marcianas flotaba en los círculos académicos ingleses y franceses como una hipótesis no probada. Swift simplemente tomó esa teoría académica y la dio por cierta en su ficción.

3. El cálculo físico de la velocidad orbital: Aquí es donde Swift estuvo brillante. Aplicando la tercera ley de Kepler (que relaciona la distancia de un satélite con el tiempo que tarda en dar una vuelta), dedujo que si Marte era un planeta pequeño y sus lunas no se habían visto con los telescopios de la época, tenían que ser diminutas y estar pegadísimas al planeta. Y por pura física, cuanto más cerca está un satélite, más rápido tiene que girar para no caerse. Por eso calculó con tremenda puntería que la luna interior orbitaba en apenas 10 horas.

Cuando en 1877 Asaph Hall descubrió las dos lunas desde el Observatorio Naval de EE. UU., la sorpresa fue tan monumental que la Unión Astronómica Internacional decidió bautizar dos de los cráteres más grandes de Deimos con los nombres de Swift y Kepler.  

 

  
—Sobre lo que menciona Vilinbajov sobre Tolstói  y Yefrémov en ambos casos tiene un fondo real muy curioso que la historia de la ciencia terminó validando de forma literal:

1. Alexéi Tolstói y el láser: En su novela El hiperboloide del ingeniero Garin (1926–1927), Tolstói describió con un asombroso nivel de acierto técnico un haz de luz concentrado capaz de cortar metal a distancia y fundir objetos, anticipándose décadas a la invención real del lásaer. De hecho, el propio Charles Townes, uno de los padres del láser moderno, reconoció públicamente que su fascinación e inspiración inicial con la idea de la amplificación de luz por emisión estimulada le vino de leer estas historias de ciencia ficción clásica y especulativa.

2. Iván Yefremov y la holografía: Yefremov escribió en 1945 un relato titulado La sombra del pasado (Teni proshlago), donde describía un fenómeno óptico en el que una placa especial grabada por depósitos minerales retenía imágenes tridimensionales del pasado que podían reprojectarse con luz —una descripción conceptual idéntica a la holografía moderna. Años más tarde, el físico soviético Yuri Denisyuk, pionero de la holografía óptica, admitió de manera explícita que se le encendió la bombilla y conceptualizó su invento precisamente tras leer aquel cuento de Yefrémov. 

 

Datos de Bdebooks, Wikipedia, Researchgate, bioslovhist.spbu.ru y otros.

 

Tuve que poner ambas imágenes de la revista como tal sino el sistema las modificaba más.

Las notas han sido hechas con la ayuda de Gemini, la IA de Google. 


jueves, 29 de octubre de 2026

Cómo fue la "primera guerra de la historia" en la región donde hoy se encuentra Irán

 

 
Mapa de Ptolomeo que muestra la región de la Luna Creciente Fértil (con ilustraciones adicionales dibujadas a mano en 1486).

 

Por Edison Veiga
BBC News Brasil

 

Arcos y flechas, lanzas, espadas de bronce y organización táctica, con movimientos calculados y acciones planificadas. Los desacuerdos, que a menudo desembocan en la muerte, han acompañado a la humanidad desde sus inicios, señalan los expertos.

Pero fue el comienzo de lo que se ha llegado a llamar civilización lo que trajo la idea de la lucha organizada, con esfuerzos colectivos para derrotar al grupo enemigo.

Las guerras nacieron con la civilización, y el escenario de las primeras fue en la cuna de la segunda: la región conocida como la Luna Creciente Fértil, una vasta zona de Medio Oriente que abarca Mesopotamia y sus alrededores.

Fue en esta zona donde los humanos comenzaron a dominar las técnicas agrícolas y ganaderas, inaugurando un estilo de vida sedentario que condujo al surgimiento de las ciudades.

La organización bajo un poder dominante implicaba pensar tanto en estructuras de defensa, como en adquirir más riqueza y tierras, preferiblemente con mejor acceso al agua.

Según una investigación del historiador británico John Baines, existen pruebas de que los conflictos entre ciudades se producían con cierta frecuencia alrededor del año 3000 a.C. en la región que hoy comprende Irak e Irán.

En su libro "Guerra, ¿para que sirve?", el historiador y arqueólogo británico Ian Morris sitúa la creación de los primeros ejércitos mínimamente organizados aproximadamente en esa época y esa región.

Pero, como declaró en su libro "Historia de la guerra" el historiador británico John Keegan, "la historia de la guerra comienza con la escritura".

"Fechamos la 'historia' desde el momento en que el hombre comenzó a escribir o, más precisamente, desde que dejó huellas de lo que reconocemos como escritura".

Y fueron los sumerios quienes escribieron sobre batallas de la que se considera, bajo esos parámetros, la primera guerra de la historia de la humanidad.

Sumeria fue una civilización que se extendió por la región sur de Mesopotamia entre la Edad del Cobre y la Edad del Bronce, es decir, entre el 3300 y el 1200 a.C.

Durante unos 250 años, entre el 2600 y el 2350 a.C., dos ciudades-estado de este pueblo -Lagash y Umma- libraron una guerra, de la cual existe registro escrito.

En total, hay 18 inscripciones, todas ellas dejadas en tablillas de arcilla por los gobernantes de Lagash.
 
Detalle de la Estela de los Buitres, una serie de grabados conmemorativos que ilustran y relatan la victoria de Lagash sobre Umma, circa 2450 a.C.
 
 
El de Umma-Lagash fue un conflicto organizado y sistemático entre dos estados, con pruebas documentadas.

Según la historiadora Katia Pozzer, profesora de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, donde coordina el Laboratorio de Estudios del Antiguo Oriente, no es posible datar la primera guerra.

Sin embargo, indica, "existe mucha documentación que nos revela que la guerra era una realidad omnipresente en el mundo mesopotámico".

"En el imaginario mesopotámico, saber cómo hacer la guerra era uno de los atributos del mundo civilizado."
 
 
Estructura Militar 
 
Morris sugiere que los primeros ejércitos de soldados disciplinados, "dispuestos a luchar y matar al enemigo cuando se les ordena", o incluso "a asaltar altas murallas, a pesar del aceite hirviendo, las lluvias de piedras y flechas", coinciden con el mismo período en el que surgieron los gobiernos centralizados.

Esto ocurrió alrededor del año 3300 a.C. en Medio Oriente. A partir de entonces, los conflictos comenzaron a resolverse mediante batallas campales, incursiones planificadas y asedios.

Lagash y Umma estaban separadas por unos 30 kilómetros. Y la disputa tenía una razón objetiva: el control de una zona fértil en la frontera entre ellas llamada Guedena.

Cuando Umma tomó posesión de ese terreno, pasó a controlar el flujo de agua que abastecía a Lagash.

Se intentó resolver el problema por vía diplomática, con el arbitraje de un rey que ejercía su poder en toda la región meridional de Mesopotamia. Este falló a favor de Lagash. Pero, sin el consentimiento del gobernante de Umma, la aprobación real solo sirvió para justificar una guerra.
 
"Fue una disputa fronteriza que acabó degenerando en guerra", resume el periodista Reinaldo José Lopes, autor del libro "Homo Ferox: Los orígenes de la violencia humana y qué hacer para vencerla".

"Las motivaciones parecen haber sido esencialmente territoriales y económicas, especialmente la disputa por las zonas agrícolas fértiles y los canales de riego que eran vitales para la producción agrícola en una región que dependía del control del agua", explica el geógrafo y politólogo brasileño Gunther Rudzit, profesor de la Escola Superior de Propaganda e Marketing.

"El resultado inmediato fue la victoria de Lagash y la imposición de condiciones a Umma, incluyendo el pago de tributos y la definición de fronteras".

Sin embargo, la paz no llegó. Gradualmente, el conflicto terminó involucrando a otros pueblos de la región, con tropas del reino de Hamazi, de parte del territorio actual de Irán, y del reino de Uruk, entonces la mayor potencia de la región. 
 
El triunfador: Sargón I de Acadia (en acadio Sharrum-kin, "rey legítimo", "rey verdadero") ante un árbol de la vida. Conocido como Sargón el Grande fue el fundador de la dinastía semítica acadia.
 
 
El penúltimo capítulo de esta sucesión de batallas llegó con las victorias de Lugalzagesi, rey de Umma, quien posteriormente conquistaría toda Mesopotamia. Su hegemonía fue finalmente quebrada por el rey Sargón de Acadia, quien en el choque final de la serie derrotó a Lugalzaguesi y fundó un imperio regional, sometiendo a Umma y Lagash, entre otras ciudades, a su dominio.

"Al parecer, fue el primero en emprender una guerra de mayor envergadura con el objetivo de expandir su territorio por medios militares. Rompió con el paradigma de las ciudades-estado para construir un imperio donde ejerció hegemonía política sobre un vasto territorio formado por varias ciudades-estado", explica Pozzer.

Conocido como Sargón el Grande (c. 2360 a.C.-2279 a.C.), era tan poderoso que, señala Morris, tenía un ejército permanente de 5.400 hombres.

"Sus súbditos les proporcionaban alimentos, lana y armas para que sus soldados pudieran entrenar a tiempo completo", afirma el arqueólogo.
 
 
Los ingredientes para la guerra

Keegan cree que las guerras no eran muy comunes desde los inicios de la civilización sedentaria hasta este período de conflicto sistemático entre Lagash y Umma, principalmente porque la densidad de población mundial aún era baja.

Aunque la población mundial aumentó de 5 o 10 millones en el año 10.000 a.C. a quizás 100 millones en el año 3.000 a.C., muy pocos lugares tenían una alta densidad de población.

"Los cazadores-recolectores necesitaban entre 2,5 y 10 kilómetros cuadrados de territorio para subsistir por persona. Los agricultores podían mantenerse a sí mismos y a sus familias en áreas mucho más pequeñas", escribe.

"En esas circunstancias tan duras y a la vez tan vastas, la necesidad de luchar no debió de ser fuerte. La tierra era prácticamente gratuita para cualquiera que quisiera caminar unos kilómetros y quemar algo de bosque", argumenta Keegan.

Además, según él, la producción probablemente era tan baja que organizar el saqueo sería de poca utilidad, a menos que ocurriera "inmediatamente después de la cosecha".

Aun así, las dificultades para transportar el producto, en una época en la que todavía escaseaban los animales de tiro y el transporte, las carreteras e incluso los contenedores, harían que la idea resultara ineficaz.

Ante este panorama, el investigador cree que la región de la Luna Creciente Fértil fue la que mejor combinó los ingredientes para el desarrollo de la guerra.
 
"Durante los milenios en los que el hombre aprendió a plantar y colonizar las tierras deshabitadas de Medio Oriente y Europa, hubo una única región que produjo grandes excedentes expuestos a la depredación a través de rutas de acceso que favorecían el movimiento rápido", contextualiza.

Esta era la llanura aluvial de los ríos Tigris y Éufrates, conocida por los historiadores antiguos como Sumeria.
 
Uno de los ríos más célebres de la historia: el Tigris, en primavera.
 
 
Según el historiador Victor Missiato, investigador del Instituto Mackenzie, ahí radica la complejidad de lograr la estabilidad en esta región. "Se trata de una región con gran necesidad de recursos hídricos y terrestres, y con una gran diversidad de pueblos y etnias", analiza.

"Es de los sumerios de quienes tenemos la primera evidencia fiable sobre la naturaleza de la guerra en los albores de la historia escrita, y de quienes podemos empezar a percibir las características de la guerra 'civilizada'", concluye Keegan.

No fue una habilidad que se desarrollara de la noche a la mañana.

Morris comenta que quienes comenzaron a cultivar cebada y trigo en las laderas montañosas del suroeste de Asia, alrededor del 9500 a.C., eran "claramente combatientes poco organizados y con escasa tecnología".

"Todo lo que los arqueólogos han recuperado de sus tumbas y asentamientos indica que luchaban más o menos de la misma manera que las sociedades agrícolas más simples observadas por los antropólogos en el siglo XX", afirma.

"Sus armas más letales eran espadas de piedra tallada".

Según Morris, se trataba de batallas sin tácticas. Atacaban y huían según su estado de ánimo.

"Rara vez lograban prolongar sus campañas más de unos pocos días, ya que pronto se les acababa la comida", explica.

Su conclusión es que no eran pueblos belicosos. Sus movimientos de batalla eran desorganizados. Cuando se unían para derrotar a un grupo enemigo, formaban líneas irregulares con apenas unas pocas docenas de hombres, mal posicionados.

La pelea podría durar todo el día o interrumpirse por cualquier motivo: la llegada de la noche, la hora de la comida, que alguien resultara herido o incluso la lluvia.

Keegan recuerda que los humanos que dieron origen al pueblo sumerio, cuando se asentaron en la llanura aluvial de Irak, "se atrevieron a abandonar la línea divisoria de las lluvias al pie de las colinas circundantes -donde hoy se encuentran Siria, Turquía e Irán- y comenzaron a experimentar con el cultivo de cereales y la cría de animales en tierras sin bosques".

"Mesopotamia, la tierra entre los ríos, ofrecía grandes ventajas a los colonos", señala.

Como era de esperar, hacia el año 3000 a.C., las sociedades de irrigación sumerias ya estaban organizadas en ciudades-estado con una base teocrática.

Los reyes-sacerdotes ostentaban un poder derivado de la propiedad: una riqueza proveniente de la agricultura con riego natural.

La cosecha era impresionante para la época: por cada grano sembrado, se recolectaron 200 granos. Hubo un excedente.

Era una geografía privilegiada, dada la disponibilidad de agua. Los ríos estacionales garantizaban el cultivo. Las montañas al este y al norte servían de refugio a la población, con valles que alimentaban los grandes ríos.

"Los efectos políticos de esta geografía son fáciles de describir: las ciudades sumerias comenzaron desde muy pronto a disputarse límites, derechos sobre el agua y el pastoreo, todo ello sujeto a los caprichos de las inundaciones.

"Los reyes sumerios también vieron pronto desafiada su autoridad por la llegada de inmigrantes de las montañas que fundaron sus propias ciudades", resume el historiador Keegan.
 
El Estandarte de Ur (excavado en el Cementerio Real de la antigua ciudad de Ur), muestra representaciones de una campaña militar y escenas de un banquete (c.2250 a.C.).

 
 
Según él, entre el 3100 y el 2300 a.C., la guerra dominó cada vez más la vida en Sumeria.

Los primeros registros escritos demuestran un cambio provocado por este clima bélico: los reyes dejaron de ser sacerdotes para convertirse en guerreros militares. Esto se evidencia en la sustitución gradual de sus títulos, con la desaparición del prefijo "en", que indicaba "sacerdote", y la incorporación de "lugal", que significa "gran hombre".

Pozzer explica que la idea misma de un rey en ese contexto era la de alguien que encarnaba la devoción a las deidades, el suministro de alimentos y el papel heroico del guerrero.

"La motivación [para librar la guerra] era la búsqueda de territorios con mayor riqueza, es decir, con ríos y tierras fértiles", afirma Pozzer.

Al mismo tiempo, la sociedad sumeria mejoró sus técnicas metalúrgicas, desarrollando mejores armas. Y las batallas se volvieron mejor organizadas.
 
 
¿Cómo eran las batallas?

Los historiadores reconstruyen cómo fueron esas batallas basándose en hipótesis que parten del desarrollo tecnológico disponible para aquellos pueblos en aquella época y de restos arqueológicos con inscripciones y grabados. No hay mucha más información disponible.

Morris comenta que este es el desafío al estudiar civilizaciones antiguas que construyeron grandes monumentos, gestionaron elaboradas redes comerciales y fomentaron un nivel de vida cada vez mayor, pero que seguían siendo prealfabetizadas. Después de todo, la escritura era escasa, lacónica y poco común.

"Los ejércitos estaban formados por tropas permanentes, que garantizaban las llamadas misiones esenciales, como mantener el orden, vigilar las fronteras y escoltar no solo al séquito real, sino también a las caravanas de comerciantes de larga distancia", afirma Pozzer.

Según el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, las guerras en la antigüedad ya contaban con una organización táctica, con líneas de soldados formados en filas, uno detrás del otro.

Además de los ataques propiamente dichos, también se llevaron a cabo asedios, cortando el suministro de agua e impidiendo la entrada de alimentos en territorio enemigo.

Hubo algunos acuerdos de conveniencia. Pozzer relata que en la antigüedad, en Medio Oriente no se solía librar guerras en algunas épocas del año.

"Tuvieron en cuenta las condiciones meteorológicas", afirma.

"Durante la temporada de inundaciones, a las tropas les resultaba muy difícil desplazarse. Evitaban los conflictos militares en aquella época. La población tenía que dedicarse a la agricultura".

Por otro lado, "las guerras de la antigüedad ya incorporaban muchos elementos que todavía se utilizan hoy en día, como la infantería y la caballería", señala Missiato. "Los ejércitos ya estaban organizados".

"Desde la Antigüedad, han sido evidentes divisiones tácticas de algún tipo", indica Lopes, citando la alternancia entre lanceros con escudos, arqueros y el desarrollo de prácticas de asedio para intentar abrir brechas en las murallas de una ciudad.

Rudzit destaca que ya existía un liderazgo militar claro. Los reyes, los jefes tribales o los comandantes eran responsables de organizar las fuerzas, planificar las campañas y coordinar las batallas.

En civilizaciones más complejas, como las de Mesopotamia, existían indicios de jerarquía, disciplina y división del trabajo.

La evolución tecnológica de las armas constituye un capítulo importante. 
 
 
Un carro de guerra sumerio... los tanques de la época. 

 

Las primeras herramientas de piedra fabricadas por nuestros ancestros más remotos, incluso en la prehistoria, eran tan rudimentarias que, subraya Keegan "no podían utilizarse como armas de caza, mucho menos como armas de guerra".

Fue apenas al comienzo del Neolítico, es decir, hace unos 10.000 años, que se produjo lo que Keegan denomina "una revolución en la tecnología armamentística". Surgieron cuatro "armas nuevas tremendamente poderosas": el arco, la honda, la daga y la maza.

Pero las armas solo ganaron en eficacia y letalidad con el dominio de los metales. Gradualmente, los soldados comenzaron a depender no solo de arcos, flechas, lanzas y piedras, sino también de espadas, dagas y escudos.

"La industria siderúrgica experimentó un avance significativo gracias a las guerras", recuerda Missiato.

Keegan señala que los materiales arqueológicos sumerios del tercer milenio a.C. muestran representaciones de soldados con capas y faldas "que parecen estar reforzadas con piezas de metal", en lo que habrían sido prototipos de armadura, "aunque debieron de ser muy ineficaces".

Las excavaciones han desenterrado además restos de cascos de metal que probablemente se llevaban sobre gorros de cuero.

"Los cascos están hechos de cobre, el primer metal no precioso con el que el hombre aprendió a trabajar", señala.

"Tiene poca utilidad militar, ya que se perfora fácilmente si se usa como protección corporal en su forma de hoja, y pierde rápidamente su filo si se golpea para convertirla en un arma".

Pero era solo cuestión de tiempo antes de que dominaran la técnica de combinar cobre con estaño para producir bronce duradero.

"A finales del tercer milenio, esta técnica ya estaba muy extendida, y en Mesopotamia, los metalúrgicos se dedicaban a inventar la mayoría de los métodos de su actividad, de los que todavía dependemos hoy en día, incluyendo la fundición de minerales, el moldeo, la unión y la soldadura", relata Keegan.

El hacha, por ejemplo, data de este período.

"Las espadas aparecen en la Edad de Bronce [entre el 3300 y el 1200 a. C.] y se popularizan con el dominio del metal", explica Lopes.

Para él, la "gran revolución militar" también data de esta Edad de Bronce. "Se trata del uso del caballo en el combate".

Inicialmente, no se utilizaban para montar. Los animales, generalmente en parejas, tiraban de carros de guerra: una plataforma con un conductor y un guerrero que normalmente empuñaba un arco para dispararle al enemigo.

"Solían arrasar; eran los tanques de aquella época", dice Lopes.

Además, "un arma de guerra muy eficaz era el terror. La práctica de decapitar soldados enemigos, por ejemplo, era extendida", dice Pozzer. "Era un elemento de terror psicológico".

 
Antes de Lagash y Umma
 
Las murallas de Jericó según la Biblia se desplomaron tras el toque de trompetas y el grito de los israelitas, como se relata en el Libro de Josué.
 

Pero más allá de los registros escritos, ¿qué se consideraría una guerra? ¿Qué definiría una guerra en tiempos más antiguos, diferenciándola de un conflicto aislado o de un desacuerdo más trivial, aunque violento, entre grupos humanos?

"Hay mucha arbitrariedad en la forma en que definimos una guerra", comenta Lopes.

"Estrictamente hablando, sería un conflicto letal con víctimas mortales entre dos grupos. Pero, de forma arbitraria, solo se considera guerra cuando hay enfrentamientos entre estados o dentro de organizaciones estatales."

Para Rudzit, el concepto sigue implicando un liderazgo reconocido, preparación para el combate, uso sistemático de la fuerza y ​​objetivos que van más allá de un solo incidente, "como conquistar territorio, controlar rutas comerciales, imponer impuestos o afirmar la autoridad política".

El historiador Missiato cree que, para que un conflicto pueda considerarse una guerra, debe tener aspectos tanto territoriales como políticos: la conquista del espacio y la dominación del enemigo.

Sin embargo, los arqueólogos confirman la existencia de violencia entre asentamientos humanos mucho antes del período del primer registro escrito de guerra. Esta evidencia es la invención de fortificaciones: las ciudades amuralladas más antiguas de las que se tiene constancia.

Este es el caso de Jericó, en el valle del río Jordán, en los actuales territorios palestinos.

En aproximadamente el año 8000 a.C., sus habitantes erigieron una torre -"intimidante", según Morris- y la muralla de ciudad más antigua descubierta por arqueólogos en cualquier parte del mundo.

No hay consenso entre historiadores y arqueólogos sobre si esta estructura tenía "funciones militares".

Keegan parece no tener dudas: "Tras las excavaciones en Jericó [el descubrimiento arqueológico data de la década de 1950], quedó claro que, al menos, la guerra -¿de qué servirían murallas, torres y fosos sin un enemigo fuertemente armado, bien organizado y decidido?- había comenzado a preocupar al hombre mucho antes del surgimiento del primer gran imperio", afirma el historiador.

Para él, este es el caso más impresionante, por tratarse de un muro continuo de tres metros de espesor en la base, cuatro metros de altura y unos 650 metros de circunferencia.

Señala que, el que estuviera hecha de piedra y no de arcilla indica un "programa de trabajo intenso y coordinado". Para el investigador, se trata de "una verdadera fortaleza fortificada, a prueba de todo excepto de un asedio prolongado".
 
 
 

martes, 27 de octubre de 2026

Cómo los hombres pueden ayudar a las mujeres a compartir la "carga mental" de llevar un hogar

 

Por Grace Dean, BBC News y Mallory Moench, BBC News

 

"Siempre tengo la cabeza llena", dice Stacie Matthias, madre de tres hijos. "Me acuesto con una lista mental de cosas por hacer", agrega.

Se refiere a la "carga mental", un concepto que engloba el esfuerzo que implica planificar, organizar, recordar y anticipar las tareas necesarias para el funcionamiento cotidiano de un hogar.

Estas tareas incluyen: recordar las excursiones escolares, revisar las actualizaciones en los grupos de WhatsApp de los padres, observar qué zonas de la casa necesitan limpieza, controlar cuánto duermen los niños, programar citas médicas y comprar uniformes escolares.

Según los expertos, este es un trabajo que en las parejas heterosexuales recae desproporcionadamente sobre las mujeres, junto con la mayor parte del trabajo físico doméstico.

Por supuesto, todas las relaciones y los hogares son diferentes, pero los estudios sugieren patrones claros.

Los niños en Reino Unido acaban de regresar a las clases después de las vacaciones de verano, y Stacie, de 37 años y residente de Stockport (norte de Inglaterra), dice que su mente suele estar especialmente agitada en septiembre.

"Esa sensación de tener siempre algo que recordar, organizar o de lo que preocuparse es lo que hace que esta época del año sea especialmente ajetreada", afirma.

Para Stacie, esta lista de responsabilidades hace que su mente se sienta como un recipiente para lavar platos que se va llenando a lo largo del día. 

Si nadie te ayuda a sacar esas ollas y sartenes, al final del día el agua se desbordará, y llegarás a un punto crítico", ilustra.

En una encuesta sobre la carga mental realizada a 3.000 progenitores estadounidenses, académicos de la Universidad de Bath (Reino Unido) y de la Universidad de Melbourne (Australia) descubrieron que las madres asumían el 71% de las tareas domésticas que requerían esfuerzo mental, como recordar cuándo era necesario lavar las sábanas y las toallas o qué alimentos había en la nevera para preparar las comidas.

El estudio reveló que los padres se encargaban de muchas de las tareas que los investigadores describieron como "episódicas", es decir, cosas que ocurren con menos frecuencia, como recordar cuándo llevar el auto al taller mecánico.


"Diez pasos por delante"
 
La profesora Leah Ruppaner, de la Universidad de Melbourne, describe la carga mental como algo invisible, persistente y sin límites.

"No llevas los platos sucios al trabajo, pero llevas la carga mental a todas partes", afirma.

La carga mental es un tema popular en foros como Reddit y Mumsnet, donde las mujeres buscan consejos sobre cómo hablar con sus parejas acerca del agotamiento que supone intentar compaginar tantas responsabilidades diferentes.

Las madres explicaron a BBC News que a menudo se las añadía a los grupos de WhatsApp del colegio, donde los padres hablan de temas como los días sin uniforme, las excursiones escolares, los cumpleaños y los objetos perdidos. En muchos casos, eran incluidas automáticamente como la "madre por defecto", mientras que sus parejas ni siquiera formaban parte de esos grupos..

Sophia, una madre de tres hijos de 35 años residente en la costera ciudad de Portsmouth, al sur de Inglaterra, paga las excursiones escolares y encarga los almuerzos de sus hijos a través de la aplicación del colegio que tiene en su teléfono celular, pero afirma que su marido nunca la ha descargado.

Sophia asevera que intentó explicarle varias veces a su esposo el concepto de carga mental, pero siente que él no lo entendió y desestimó sus preocupaciones como "tareas rápidas".

"Son tareas rápidas si simplemente pudieras hacerlas
, pero tengo que planificar la tarea, tengo que anticiparme a la tarea, tengo que estar siempre diez pasos por delante", explica.
 
Las mujeres normalmente son las responsables de tareas domésticas constantes como las comidas, lavar la ropa, llevar los niños al colegio y ayudarlos con sus deberes.
 
 
Sam Berry, subdirector de un centro educativo, creador de contenido y padre casado con dos hijos en Londres, cuenta que cuando su esposa le mencionó por primera vez el concepto de la carga mental tras el nacimiento de su hijo mayor, "no lo entendió del todo".

Y admite que se puso "un poco a la defensiva" porque pensaba que ya hacía mucho: cambiar pañales, dar de comer al bebé, etc.

Preguntaba qué podía hacer para ayudar, pero decía que eso seguía trasladando la responsabilidad de pensar a la otra persona.

"Siempre le digo a mi pareja: 'Si tengo que pedirte que hagas algo, solo estoy aumentando mi carga mental'", explica Stacie.

Tras meses de meses de conversaciones, Sam comprendió que no se trataba solo de completar la tarea, sino también del proceso de reflexión que la rodea: no es solo cocinar la cena, sino también pensar qué alimentos había en casa, planificar la comida y hacer la compra.
 

Agotamiento insostenible

La psicóloga clínica Natasha Wallace afirma que algunas mujeres acuden a ella sintiéndose estresadas por la presión que sienten para organizar sus hogares.

"Para ellas, a menudo no se trata de un único factor de estrés enorme", explica.

"El problema surge cuando se dan cuenta de que tienen cientos de pequeñas exigencias y que sus cerebros y cuerpos simplemente no pueden desconectarse", agrega.

Muchas mujeres funcionan en piloto automático, añade, por lo que a menudo no se dan cuenta de la magnitud de la carga cognitiva que soportan, y este estrés constante de baja intensidad puede afectar al sistema nervioso.

A su vez, esto puede provocar insomnio, irritabilidad y fatiga a la hora de tomar decisiones, explica.
 
Anita Cleare, experta en crianza y autora de The Work/Parent Switch ("El trabajo: cambio de padres"), afirma que el desgaste cognitivo general se extiende a nuestra vida laboral y conduce a un agotamiento insostenible.

Un estudio reveló que los hombres con mayores ingresos realizaban menos trabajo doméstico, tanto físico como cognitivo. Sin embargo, cuando aumentaban los ingresos de las mujeres, estas reducían el tiempo dedicado a las tareas domésticas físicas, pero seguían asumiendo la misma carga de trabajo cognitivo relacionada con la gestión del hogar.

Las mujeres rara vez sienten que renunciar a la vida familiar sea una opción, por lo que la elección entonces se reduce a si ralentizar su carrera, trabajar a tiempo parcial o dejar de trabajar y quedarse en casa; cada vez son más las mujeres que toman esa decisión, dice Cleare.

"Si reduces la carga doméstica, si reduces la carga mental, generarás energía, capacidad e interés para poder rendir más y mejor en el trabajo", asevera.
 

Progenitor "por defecto"

Muchas de las mujeres entrevistadas por la BBC afirmaron creer que la desigualdad comenzó con la baja por maternidad.

Wallace afirma que, dado que las mujeres suelen tomarse mucho más tiempo de baja por maternidad que los padres, se convierten en el "progenitor por defecto" muy pronto.

"Si te conviertes en la persona que lo sabe todo, sabe dónde está todo y en el pasado lo ha hecho todo, todo el mundo empieza a acudir a ti para todo", dice.

"Así que sigues siendo esa persona clave incluso si vuelves al trabajo", agrega.

En Reino Unido, las madres pueden disfrutar de hasta 52 semanas de baja por maternidad legal, 39 de las cuales son remuneradas, mientras que los padres pueden disfrutar de hasta dos semanas con prestación por paternidad legal. Los padres también pueden acogerse a la baja parental compartida.

Algunos empleadores ofrecen permisos parentales adicionales a sus trabajadores, pero la mayoría de las personas ganan menos cuando están de licencia por maternidad o paternidad, lo que afecta a la cantidad de permisos que muchos padres se toman.

Cleare afirma que los lugares de trabajo pueden ayudar dando ejemplo de padres que se toman la baja por paternidad, no solo ofreciéndola, estableciendo expectativas sobre cuándo se puede contactar con los empleados y apoyando las conversaciones sobre la carrera profesional de las mujeres.
 
Las mujeres aseveran que es crucial que sus parejas asuman la responsabilidad total de sus tareas.


 
También puede depender de lo que se considera roles tradicionales.

Zach Watson, padre de tres hijos, casado y entrenador en EE.UU. especializado en compartir la carga mental, dice que su abuelo probablemente nunca cocinó una comida en su vida de casado, mientras que su padre solo lo hizo un poco.

Durante los primeros cinco años de su matrimonio, su esposa cocinaba casi siempre. Si él se ofrecía a cocinar, le preguntaba qué quería, una pregunta que, en realidad, podía aumentar su carga mental.

Aprendió que podía ofrecerle opciones para la cena, después de haber mirado en la nevera, y darle una alternativa si ella prefería no participar en la decisión.

Y si necesitaba ayuda, en lugar de simplemente preguntar: "¿Dónde está el kétchup?", podía explicarle dónde ya había buscado.
 
 
Categorías

Sam Berry afirma que, aunque a algunos hombres no les importa, hay un grupo numeroso —su público en Internet— que "en realidad son muy buenos maridos, muy buenos padres que se esfuerzan al máximo y quieren dar lo mejor de sí mismos, pero casi no se han dado cuenta o no saben cómo expresarlo".

Muchas de las mujeres con las que habló la BBC deseaban que sus parejas se hicieran cargo de ciertas tareas.

Sam lo llama asumir "una categoría de tareas"; por ejemplo, papá podría encargarse de todos los trámites escolares, mientras que mamá se ocupa de la comida.

Sin embargo, afirma que la igualdad no consiste necesariamente en dividir todo al 50/50 —porque un miembro de la pareja puede trabajar más y al otro le puede gustar cocinar— sino en encontrar lo que mejor funcione para ambos.

Y si tradicionalmente eres tú quien asume la mayor parte de la carga mental, es posible que tengas que aceptar que tu pareja puede hacer las cosas de manera muy diferente, y que no siempre saldrán bien, dice Afua Williams, de 40 años, madre de dos hijos en Londres.
 
 
Quienes hablaron con la BBC compartieron sus propios consejos sobre cómo gestionar la carga mental de forma equitativa:

—Comunícate claramente con tu pareja sobre cómo te sientes y el impacto de tu carga mental. Zach lo llama "etiquetar": hacer visible el trabajo cognitivo y emocional invisible. Wallace advierte que no se deben tener estas conversaciones cuando uno se siente enojado o abrumado, ya que la otra persona puede sentirse "culpada o criticada".
 
—"Ve qué puedes delegar", dice Ana Catalano Weeks, coautora de un estudio sobre cómo la carga mental afecta al trabajo. ¿De verdad necesitas organizar tarjetas de cumpleaños físicas para los amigos de tus hijos? ¿Puedes silenciar los grupos de WhatsApp de padres y centrarte solo en los correos electrónicos oficiales del colegio?
 
—Mantén un contacto regular con tu pareja; puede ser a diario, semanalmente o por temporadas.
 
—Crea un calendario compartido para que todos estén al tanto de los cumpleaños, las reuniones escolares y más.
    
—Wallace afirma: "Asume la responsabilidad de las tareas de principio a fin sin necesidad de que te lo recuerden".
    
—No caigas en la "trampa de la eficiencia" de que la solución es simplemente ser más organizado, dice Cleare. Recuerda que lo que más importa como padre son los momentos de conexión con tu hijo, no que coma ciertas verduras, y eso ayudará a redefinir las expectativas.
 
 
 
 

lunes, 26 de octubre de 2026

¡Vaya con la lógica inglesa!

Incomprensible para la mayoría, allá para todos es irrefutable
 
 
 
Por Roy Pearson

 
 
EN CUANTO desembarqué en Inglaterra, me sentí mareado. Rara vez obtenía respuestas a mis preguntas o, lo que era peor, las que me daban no las entendía yo. 

Veamos, por ejemplo, la cuestión del café. Todo el mundo sabe que en Inglaterra la gente civilizada toma té, pero a mí me gusta el café, de modo que cierta tarde el corazón empezó a latirme apresuradamente cuando en una fonda divisé un  letrero que decía: ”Té y café”.
―Un café, por favor ―le dije a la camarera.
―Lo lamento, señor ―me contestó― pero sólo servimos té.  El café de sirve a las once de la mañana. 
Como tenía a la vista, sobre una mesa contigua, un frasco de café “instantáneo”, insistí.
―¿No es café lo que está allí? Y el frasco está abierto, ¿no? Y tendrán ustedes agua caliente para hacer el té, ¿verdad? ¿Por qué no puedo poner una cucharadita de café en una taza de agua hirviendo y servírmelo?
―¡Ah, no, señor! El café es para las once de la mañana. ¡A las cuatro de la tarde se sirve té!

Durante varios días me consolé, confuso, con la idea de que se trataba sencillamente de una camarera algo rara. Mas una mañana leí en el periódico la carta siguiente: 

Almorzando en un restaurante de Glasgow, pedí que me sirvieran una compota de manzanas sin las natillas con que la anunciaba el menú, pero la camarera me respondió: “Perdón, señor, pero el plato consiste en compota de manzanas con natillas”.
Le indiqué que no debía ser muy complicado el dejar de agregar las natillas a la compota, y la camarera fue a la cocina a consultar. Cuando volvió, me dijo que lo que yo pedía era imposible, ya manera de explicación añadió: “El cocinero dice que si le vamos a servir a cada uno lo que se le antoje, a donde iríamos a parar”.


Sin embargo, fue en un pueblecito de la región de los lagos donde encontré una muestra de lógica británica imposible de refutar. Poco antes de la una llegamos a un restaurante y encontramos la puesta cerrada con llave. Vi a un sujeto parado en la acera y le pregunté la razón de que el restaurante no estuviera abierto a esa hora. 
―Es muy sencillo ―repuso, con el tono del padre que contesta a la pregunta ingenua de su hijito―. Para que las camareras puedan ir a almorzar a su casa. 

Uno de los problemas más enojosos de Inglaterra es de saber a qué hora estará abierto un establecimiento público. Después de haber pasado tres veranos en Edimburgo, sólo tengo una noción muy vaga de las probabilidades con que contaré de hallar una tienda cuyo propietario esté dispuesto a atenderme. Los lunes por la tarde están cerradas las pescaderías y los martes las tiendas de paños. La mayoría de las casas de comercio de la calle George cierran los sábados por la tarde, en tanto que las de la calle Princes lo hacen los martes por la tarde, además de los sábados.  El domingo estarán casi todas cerradas y el viernes casi todas abiertas, ¡pero el miércoles hay muchas tiendas de todos los ramos que están abiertas y muchas otras que están cerradas!

Tampoco me resulta fácil saber cuándo puedo visitar un edificio público No es que falte información, ni tampoco que yo no sepa leer: por el contrario es lo que leo, precisamente. He aquí parte de la descripción del castillo de Edimburgo, según la guía oficial: 

CASTILLO DE EDIMBURGO. Mapa 10, NT/27. Abierto: días ordinarios, 10 a 4 (dom. 11 a 4), nov 1° a ene. 31: días ordinarios, 10 a 5 (dom. 11 a 5), feb 1° a jun. 1°; días ordinarios, 9:30 a 6 (dom. 11 a 6), jun. 2 a set. 13. (A reserva de circunstancias imprevistas entre ago. 22 y set. 10) Dom., Sólo están abiertos los recintos y el monumento a los muertos en la guerra, excepto entre jun. y set.


Es extraño que yo me sienta tan confundido en Gran Bretaña, pues lo que allí sucede parece comprensible para todos los demás. En un hotel cuyos clientes en su mayoría eran montañistas que cada tarde regresaban de sus excursiones llenos de sudor y barro, encontraba yo el cuarto de baño cerrado con triple llave hasta después de terminada la cena. Ante mi asombro, el dueño me explicó pacientemente:
―Usted comprenderá, señor, que después de todo, si el cuarto estuviera abierto  antes de la cena, todo el mundo querría bañarse.

A quien se le ocurra pedir en un restaurante de categoría  un poco de mantequilla para untarla en el pan se le  dirá que es imposible, pues la mantequilla sólo se sirve con queso… y no para tomarla con el pan, sino con bollos. Y si no quiere uno tomar una taza de té en la cama antes del desayuno, será mejor que se prepare de una vez para una ruda lucha, pues en Inglaterra el no tomar té en la cama es peor que faltar el respeto a la madre.  Cuando yo lo rechacé, el ama de llaves se irguió en toda su pequeña estatura y observó:  
―Me temo que usted no se da cuenta, señor, de que en Inglaterra todos los caballeros (aquí una pausa significativa) toman el té antes de levantarse. 

Recuerdo muy bien  un barbero de Oxford que me explicó con toda solemnidad su método infalible para pronosticar el tiempo: si por la mañana temprano había niebla, haría día claro; si la mañana era despejada, el día sería lluvioso.
―Salvo ―añadió tranquilo― que algunas mañanas de niebla se convierten en días lluviosos y algunas mañanas despejadas en días despejados.



 
Condensado del “Herald Tribune”, de Nueva York

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Junio de 1963, Tomo XLV, N° 271, págs. 73-75, Reader’s Digest International, Inc., Nueva York


 
Nota
 
El subtítulo original decía: Incomprensible para los más, es allá para todos irrefutable.

Visto desde la gramática tradicional, "los más" funciona aquí como sinónimo de "la mayoría" (un calco del latín multi o del francés les plus). Por lo tanto, la frase significa: "Incomprensible para la mayoría, es allí para todos irrefutable".

Sin embargo, a los oídos de hoy en día (y en el español corriente), "los más" suena un poco forzado, arcaico o ambiguo, porque parece que faltara un sustantivo al lado (¿los más qué?). 

Cambiarlo por "la mayoría" elimina de golpe cualquier sombra de duda y suena más natural para cualquier lector de hoy.