Por José Carlos Cueto
BBC News Mundo
"El Descubrimiento de Europa" es un libro que cambia nociones.
Su
autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres
décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco
conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.
Y
es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero
bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo
cambiaron para siempre.
El
libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron
sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber
participado en la conquista.
O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas.
BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento
del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el
historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.
Es un libro detallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.
Cuando
escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes
que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para
ser creíble.
El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.
La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.
¿Quién
se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista
Tahuantinsuyo con 2.000.000 km2? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos,
conquista la federación mexica?
La
conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los
propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros
cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España
mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y
jefaturas.
De
hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos,
extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y
mantener sus privilegios.
Muchos
de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su
labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no
habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban
que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.
En
España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y
taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores
pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos
nobiliarios.
Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.
Mucha
de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente
hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna
Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.
Esa
es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte
oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas.
No
parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe
España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la
historia.
En
la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres
posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.
Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.
He
trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico,
México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los
españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede
negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.
Hay
una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes
contar más que sobre el genocidio, pero también están los
rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los
salvajes.
El
mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los
rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores,
magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.
En
el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a
documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con
historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes
diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.
La
historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se
impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar
en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos
lados.
Los
de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media,
acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas
también me critican.
Claro
que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el
siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la
historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como
fueron y ya está.
Había
eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las
civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que
pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.
Ni
siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los
indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su
idolatría y fuera del evangelio.
De
las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios
pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero.
Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.
España
descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después,
en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando
americanos a Europa y descubriéndola.
Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.
Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.
La
cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando
hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para
combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.
En
los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y
Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos
fueron marcados para registrar su propiedad.
Aquí
hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la
esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la
esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los
capturados en guerra justa.
Después,
en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha
atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no
pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que
luego sirvan de esclavos.
Abolir
la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros,
aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para
justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una
política de Estado, sino acciones individuales.
Hubo
mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos
que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los
esclavos indígenas en España desde 1542.
Aunque
siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de
venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas
brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de
Castilla.
Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.
Es
verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los
naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se
habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.
Aunque
también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias.
La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría
colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado
continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su
proyecto.
Se
da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la
Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de
esclavos y venderlos en los mercados europeos.
No
pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje
de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América
a Europa.
¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?
En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.
Primero,
genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron
regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque
muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra
realidad.
Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.
Culturalmente,
¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena?
Tiburón, piña, tomate... un porcentaje muy alto de las palabras del
castellano procede de los distintos idiomas indígenas.
A
nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y
la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente
americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta
americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.
Muchas
veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura
tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo
indígena.
También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.
El
Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado
aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas
del Colegio de San José de los Naturales en México.
No
se sabía que muchos de los cruficados devotos españoles proceden del
mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI
por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede
creer.
Hay
inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia
con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación
por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las
civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.
Cuando
le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema
genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre
española corre sangre indígena.
Es
lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de
que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y
nos influyeran remueve conciencias.
¿Puede esto tener algo que ver con racismo?
No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.
A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.
El
mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España,
se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en
Madrid.
Los
mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía
mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que
habitan y no existía problema racial.
Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.
Si
eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino
por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al
igual que en el siglo XVI.
Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro
Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.
Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.
La
visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde
vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba,
porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.
Si
venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera,
les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto
infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto
truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la
atención la extrema pobreza.
Ellos
venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más
redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa
miseria entre sus miembros.
Muchas
sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa
y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles.
Destruyeron grandes civilizaciones.
En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.
Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.
Es
interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas,
en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.
Como
indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se
organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.
Hay
un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy
longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a
indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.
Y
ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez
en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con
procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos
conociendo todo el corpus legal español.
Incluso,
los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando
reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban
mucho.
El
libro también rompe con ese estereoptipo del indígena ingenuo y
permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy
bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de
España.
Una
cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos
cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona
de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así
era la mentalidad de la época.
¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?
Difícil.
Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores.
Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.
Muchos
otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como
criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.
En
1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real
orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.
Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.
Es
importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el
rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con
cartas.
Si un español cualquiera quería verse con el rey lo tenía difícil.
Pero
este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles
de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni
pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión
directa.
Fuente:
Conquista Pactada