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domingo, 3 de mayo de 2026

Mercenarios y oportunistas: la verdadera historia de los samurái, los guerreros milenarios de Japón

 

 
Ningún otro grupo social medieval ha sido tan celebrado o mitificado de manera tan constante en la cultura popular como los samuráis.
 

Por Matthew Wilson
BBC Culture
 
 
 
La perdurable herencia de los samuráis es un fenómeno singular en la historia cultural.
 
Ningún otro grupo social medieval ha sido tan celebrado o mitificado de manera tan constante en la cultura popular, desde los grabados ukiyo-e del siglo XVIII hasta los videojuegos, series de televisión y películas contemporáneas.

El arco de la fama siempre tiende a la falsificación, y así ocurre con los samuráis: ¿eran realmente estos legendarios caballeros de antaño tan intrépidos, leales, autosacrificados, disciplinados y exclusivamente japoneses como pensábamos?

No según una exposición del Museo Británico sobre los samuráis que busca disipar la cortina de humo de fantasía que rodea a estos guerreros misteriosos y tan mal comprendidos, para revelar su historia verdadera, mucho más fascinante.

"No eran un grupo uniforme de personas a lo largo de la historia", dice a la BBC la curadora de la exposición, Rosina Buckland.

"Creo que la percepción en Occidente es que los samuráis son guerreros y ciertamente lo eran. Así surgieron y ascendieron a posiciones de poder en la Edad Media. Pero eso no es todo".

Los orígenes de los samuráis se remontan al siglo X, cuando fueron reclutados por primera vez como mercenarios para las cortes imperiales.

Evolucionaron hasta convertirse en una pequeña nobleza rural pero no eran, como se les consideró más tarde, cruzados que seguían códigos caballerescos consagrados por el tiempo.

 
El origen de los samurái se remonta al Siglo X, cuando fueron reclutados como mercenarios.   

 
En batalla tendían a usar tácticas oportunistas como emboscadas y engaños, y a menudo estaban motivados más por recompensas de tierras y estatus que por un sentido del honor o del deber desinteresado.

Su mentalidad adaptable significaba que también adoptaban influencias multiculturales y tecnología extranjera, otro aspecto sorprendente de la identidad samurái.

La coraza de un magnífico traje de armadura samurái expuesto en la exhibición estaba basada en un diseño portugués.

Tiene un frente puntiagudo y lados angulados para desviar balas de mosquete, características que solo se volvieron necesarias después de la importación de armas de fuego europeas a Japón en 1543.

 

"La cultura es poder"

Los samuráis alcanzaron el poder político aprovechando el caos causado por disputas sobre la sucesión imperial. Finalmente, un clan dominante, los Minamoto, tomó el control y estableció un nuevo gobierno en 1185, paralelo a la corte de emperador.

Con los años, hubo ascensos y caídas de estas dinastías de señores de la guerra, con diversas batallas entre líderes de clanes. Pero, como señala Buckland, "incluso en estas primeras etapas, la cultura es enormemente importante. La cultura es poder".

Los líderes militares, llamados shōguns, se dieron cuenta de que no podían ejercer con éxito su autoridad si mantenían la mentalidad de señores tribales.

Así que encontraron maneras de complementar su fuerza militar con modos más sutiles y sofisticados de ejercer poder dentro de la sociedad cortesana.

Su manual de gobierno se basaba en la filosofía china, principalmente en las ideas de Confucio.

"En el pensamiento neoconfuciano", dice Buckland, "debe haber un equilibrio entre el poder militar y la habilidad cultural".

La consecuencia fue una creciente inversión en poder blando dentro de las cámaras impregnadas de incienso de la corte.

Además de ser expertos en el arte de la guerra, los samuráis se volvieron versados en las artes refinadas de la pintura, la poesía, la música, el teatro y las ceremonias del té.

Un abanico que representa orquídeas, pintado en el siglo XIX por un artista samurái, es uno de los objetos más bellos e inesperados de la exposición.

Con los años, los samurái no solo fueron guerreros, sino también administradores del Estado japonés.
 

Shōgun, la serie de Disney/FX cuya segunda temporada está actualmente en producción, ofrece un relato ficcionalizado de uno de los puntos de inflexión en la historia de los samuráis.

En el siglo XVI, un líder de clan, Tokugawa Ieyasu (representado por el ficticio Yoshii Toranaga en la serie) estableció un gobierno tan exitoso que duró 250 años.

Esto significó que ya no hubo grandes batallas dentro de Japón, y los samuráis asumieron nuevos roles. En lugar de comandar el campo de batalla, ahora administraban el Estado.

"Son los ministros, los legisladores, los recaudadores de impuestos", dice Buckland.

Asumieron trabajos que se extendían por toda la corte, "hasta ser los guardias de las puertas del castillo".

 

Mujeres samurái

Durante este nuevo régimen, conocido como el Shogunato Tokugawa, las familias de los daimyos (los señores regionales de Japón) fueron obligadas a vivir en su base de poder, la ciudad de Edo (Tokio).

"Son una especie de rehenes, cerca del shōgun para que él pudiera mantenerlos bajo control", dice Buckland. Era un medio para asegurar la obediencia y lealtad de los samuráis.

"No puedes estar conspirando en las regiones si tu esposa y tu heredero están en Edo, porque podrías perder acceso a ellos, o podrían ser ejecutados".

El resultado fue una mayor importancia del papel de las mujeres en los círculos samurái, según Buckland.

"Las mujeres dirigen los hogares mientras sus esposos están a menudo ausentes. Y si eres un samurái de alto rango, podrías tener 40 o 50 personas en tu casa. Es como dirigir un pequeño negocio".

Además de supervisar al personal y a los comerciantes, también gestionaban la educación de sus hijos y recibían invitados siguiendo los rituales y procedimientos requeridos.

Diversos objetos en la exposición del Museo Británico, como túnicas, manuales de etiqueta y accesorios, cuentan las historias de vida de estas mujeres samurái.

Una muestra de digital de la exposición "Samuráis" del Museo Británico.
 

Durante el Shogunato Tokugawa, las obras de teatro, poemas y obras de arte exaltaban cada vez más a los legendarios samuráis del pasado, enfatizando su heroísmo, valor y lealtad.

La mayoría proclamaba las virtudes de los hombres, pero algunas también relataban historias de mujeres guerreras samurái.

Un grabado ukiyo-e de 1852 muestra a una de estas mujeres: Tomoe Gozen, esposa de un general del clan Minamoto.

La muestra en la Batalla de Awazu en 1184, donde se decía que había rastreado al temible guerrero Hachirō Morishige, lo derribó de su caballo y le arrancó la cabeza con sus propias manos.

 
Declive y renacimiento

Durante la era Meiji (1868-1912), Japón abrió sus fronteras al comercio internacional y comenzó a modernizar su industria, su ejército y sus instituciones sociales. Entre los cambios estuvo la abolición oficial de la clase samurái en 1869. Fue otro momento crucial en su historia.

"En este punto, la imagen del samurái se vuelve pura ficción", dice Buckland. "Se rechaza durante unos 25 años, pero luego surge la nostalgia y su imagen se revisita".

Fuera de Japón, una nueva fascinación por los samuráis llevó a la popularidad de libros como "Bushido: El alma de Japón" (1899), escrito por Nitobe Inazō, un cuáquero japonés que vivía en California.

"El libro fue muy leído", dice Buckland.

"Theodore Roosevelt compró múltiples copias para regalarlas a sus amigos. Se usó para explicar el éxito de Japón porque recientemente había ganado la Guerra Sino-japonesa y luego derrotado a Rusia".

Dentro de Japón, a lo largo del siglo XX, se distorsionó la imagen de los samuráis con distintos fines, como propaganda militar y símbolo de la nación.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los relatos sobre ellos renacieron una vez más, esta vez como tema de películas.

El traje del mítico personaje de Star Wars, Darth Vader, fue inspirado en las armaduras de los samurái

 

El más famoso de los directores detrás de estas cintas fue Akira Kurosawa, cuyo talento para la narración visual y el manejo de secuencias de acción tuvo un impacto importante en el cine estadounidense.

"Los siete samuráis" (1954) fue reinventada como "Los siete magníficos" (1960), y "Yojimbo" (1961) inspiró "Por un puñado de dólares" (1964).

Posteriormente, Hollywood incluso produjo sus propias películas de samuráis, como "El último samurái" (2003) y "47 Ronin" (2013), y la popularidad de todo lo relacionado con estos guerreros quedó reafirmada recientemente con el éxito de la mencionada "Shōgun", basada en la novela de 1975 del escritor inglés James Clavell.

Como demuestra la exposición, la película original de Star Wars, "Una nueva esperanza" (1977), se inspiró en "La fortaleza escondida" (1958) de Kurosawa, y muchos de los trajes fueron influenciados por la armadura samurái, siendo el de Darth Vader -expuesto en la sala final de la exhibición- el más icónico.

La verdadera historia de los samuráis es una de evolución y adaptación, desde sus inicios como mercenarios medievales hasta su posterior estatus como burócratas refinados y mecenas de las artes.

Pero su leyenda ha demostrado ser una fuente perenne de intriga y fascinación, mantenida viva durante décadas en el arte, el cine, los videojuegos y la ficción.

"Y esperamos", dice Buckland sobre la exposición del Museo Británico que cierra este 4 de mayo, "que la gente se sienta inspirada a crear nuevas representaciones de los samuráis".

 

Fuente: Historia de los Samuráis 

 

 


 

miércoles, 18 de junio de 2025

Colección Grandes Éxitos RBA

RBA Editores

1993-1995

La ponemos como Colección Grandes Éxitos RBA para diferenciarla de otras que se llaman igual.

Entre 1995 y 1998 RBA publicó otras 2 colecciones llamadas nuevamente Grandes Éxitos, en tapa dura y blanda, con distinta numeración y diferente portada, y con muchos de los mismos títulos y añadiendo otros que no figuraron en la que citamos. Me puedo equivocar pero creo estar seguro de lo que digo luego de  revisar todos los títulos de este listado, numeración, portadas, contraportadas y otros detalles.

Se nota que aprovecharon el tirón de las películas de la época de los 90 para saber qué títulos incluir en la colección junto con varios más muy conocidos.

Lo de dos títulos en los números 1, 3, 8 no es raro y además confirma lo anterior. Hubo además dos títulos con el número 20 como el de Fallaci y uno de terror, y en el número 85 con Stephen King y Robin Cook.

No incluimos los títulos de terror que se pueden ver aquí .

Tampoco están los que tengan pseudociencia o espiritismo. 




1. Thomas Harris. El silencio de los corderos
1. Jack Engelhard. Una propuesta indecorosa
2. Mario Puzo. El Padrino
3. Michael Blake. Bailando con Lobos (Baila con Lobos)
3. Tom Clancy. Juego de Patriotas
4. Margaret Mitchell. Lo que el viento se llevó
6. Alberto Vázquez-Figueroa. Tuareg
7. Ken Kesey. Alguien voló sobre el nido del cuco
8. John Le Carré. La Casa Rusia
8. Gary Jennings. Azteca
9. Tom Clancy. La Caza del Octubre Rojo
10. Scott Turow. Presunto Inocente
11. Robert Graves. Yo, Claudio
12. Alice Walker. El Color Púrpura
13. Dominique Lapierre. La Ciudad de la Alegría
14. Frederick Forsyth. El Negociador
15. Colleen McCullough. El pájaro espino (o El pájaro canta hasta morir)
16. Paul Scott. La Joya de la Corona (El Cuarteto del Raj 1)
17. Mika Waltari. Sinuhé, El Egipcio
18. Henri Charrière. Papillon
19. Betty Macmoody y William Hoffer. No sin mi hija
20. Oriana Fallaci. Inshallah
21. Dominique Lapierre y Larry Collins. El Quinto Jinete
22. Frederick Forsyth. Chacal (o El Día del Chacal)
24. John Fowles. La Mujer del Teniente francés
26. Harold Robbins. Avenida del Parque 79 
27. Alexandra Ripley. Scarlett I*
28. Alexandra Ripley, Scarlett II
30. Alberto Vázquez-Figueroa. Ébano
31. Leonore Fleischer. Rain Man
32. Paul Scott. El día del escorpión (El Cuarteto del Raj 2)
33. Scott Turow. El peso de la prueba
34. Paul Theroux. La Costa de los Mosquitos
36. Richard Osborne. Instinto Básico
37. Harold Robbins. El descenso de Xanadú
38. Ken Follet. La Isla de las tormentas
39. Elizabeth McNeill. Nueve semanas y media
40. Richard Condon. La Familia Prizzi
41. Dominique Lapierre y Larry Collins. Oh, Jerusalén I
42. Dominique Lapierre y Larry Collins. Oh, Jerusalén II
43. Robin Cook. En Coma (Coma)
44. Alberto Vázquez-Figueroa. Sicario
45. Frederick Forsyth. El Cuarto Protocolo
46. John Grisham. La Tapadera (o La Firma, The Firm)
47. Irving Wallace. El Séptimo Secreto
48. Paul Scott. Las Torres de Silencio (El Cuarteto del Raj 3)
49. Ken Follet. El valle de los leones
51. Larry Collins. Juego Mortal
52. Harold Robbins. Pirañas
54. Frank G. Slaughter. Trasplante
55. Alex Haley. Raíces (I)
56. Alex Haley. Raíces (II)
57. John Le Carré. Un Espía Perfecto
58. Jack Higgins. Ha llegado el águila
59. Lawrence Sanders. El Séptimo Mandamiento
60. Frederick Forsyth. La alternativa del diablo
61. Fernando Sánchez Dragó. El camino del corazón
62. Robin Cook. El falso dios (o Como si fuera dios)
63. Harold Robbins. Betsy
64. Victoria Holt. La isla del paraíso
65. Noah Gordon. Chamán (I)
66. Noah Gordon. Chamán (II)
67. Ken Follet. Noche sobre las aguas
68. Martin Cruz Smith. El Parque Gorki
70. Danielle Steel. Vidas cruzadas
71. Dominique Lapierre. Más Grandes que el Amor
72. John Irving. El mundo según Garp
73. Mario Puzo. El Siciliano (o Salvatore Giuliano El Siciliano)
74. John Grisham. El Informe Pelícano
75. Robert Ludlum. El Caso Bourne (I)
76. Robert Ludlum. El Caso Bourne (II)
77. Nora Ephron. Se acabó el pastel
80. Tom Wolfe. Elegidos para la Gloria (o Elegidos para la Gloria. Lo que hay que tener, The Right Stuff)
82. Robert Graves. Claudio el dios y su esposa Mesalina
83. Noah Gordon. El Rabino
84. Danielle Steel. Álbum de Familia
85. Robin Cook. Terminal
87. Irving Wallace. La isla de las tres sirenas
88. Robert Ludlum. … Y nada más que la Verdad
90. Lawrence Sanders. El Chantaje de Sullivan
91. Fernando Vízcaíno Casas. Niñas… ¡Al Salón!
93. Erica Jong. Canción triste de cualquier mujer
94. Barbara Wood. Constantes Vitales
96. Dan Simmons. Hyperion
97. Noah Gordon. El Médico (I)
98. Noah Gordon. El Médico (II)
99. Paul Scott. Reparto de Despojos (El Cuarteto del Raj 4)**


*Continuación de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell.
 
**Raj: La India británica constituyó el régimen colonial instaurado por el Imperio británico en el subcontinente indio desde 1858 hasta 1947. Este periodo también es conocido bajo el nombre de Raj británico. Wikipedia

miércoles, 4 de junio de 2025

De edificios emblemáticos a avances en la medicina: grandes ideas que nacieron garabateadas en servilletas

 

 
Hay servilletas que han hecho historia.
 
 
Por Dalia Ventura
BBC News Mundo
 
 
"¡Servilletas de papel! ¡Quién ha oído semejante disparate! ¿Para qué sirven?".

Eso exclamaban "muchas buenas amas de casa" al enterarse que estaban a la venta, contó en 1896 Helen Thompson, de la revista Brooklyn Magazine.

Poco a poco, sin embargo, irían conquistando espacios públicos hasta que en la década de 1950 empezaron a recibir el sello de aprobación de los rectores de la etiqueta, y a volverse ubicuas.

Desde entonces, muchos arquitectos o sus allegados les responderían a esas amas de casa que las servilletas de papel servían para verter ideas. 

Incontables diseños de edificios de todo el mundo empezaron esbozados en esos trozos de papel producidos para limpiarse al beber o comer, incluidos varios famosos, como el Museo Guggenheim Bilbao.

El influyente arquitecto Frank Gehry contó que cuando fue nominado para diseñarlo, estuvo una noche en un bar cercano y comenzó a esbozar un diseño en una servilleta de cóctel, sin levantar el bolígrafo del papel para lograr un diseño fluido.

La práctica es tan valorada en la arquitectura que hay subastas de servilletas, y la frase "boceto en servilleta" es sinónimo del momento de la génesis conceptual.

Pero también fuera de ese círculo, hay servilletas que han hecho historia.

Probablemente no reconocerías el nombre David H. Shepard.

Ni tampoco el de su creación, a pesar de que seguramente la has visto, y a menudo.

Shepard fue el inventor de una de las primeras máquinas que leía recibos de tarjetas de crédito.

Su Corporación de Investigación de Máquinas Inteligentes desarrolló y vendió los primeros sistemas de reconocimiento óptico de caracteres a empresas como AT&T, First National City Bank, Reader's Digest y la mayoría de las principales petroleras.

Sin embargo, detectó un problema.

Como el reconocimiento óptico de caracteres se implementó por primera vez en las gasolineras, cuando la gente usaba tarjetas para pagar, los recibos inevitablemente se manchaban de grasa, aceite y otras sustancias.

Necesitaba idear la forma de combatir esa contaminación de los datos financieros.

Y lo hizo, en una servilleta, durante una cena con su esposa en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, en 1952.

Buscando las formas más simples y abiertas posibles, lo que dibujó fueron esos números rectilíneos que aparecen en muchas tarjetas de crédito.

Para que el reconocimiento de los datos fuera más fiable, Shepard decidió crear una fuente solo para dígitos.

 

La fuente numérica Farrington B se transmitía con claridad al usar los dispositivos de procesamiento de tarjetas analógicos de mediados del siglo XX.

Hoy en día, las compañías de tarjetas de crédito pueden usar cualquier fuente para el número de cuenta, pues toda la información pertinente se obtiene de la banda magnética o del chip EMV.

Pero esos distintivos dígitos se siguen usando con frecuencia pues Farrington B es casi una tradición.

 

La imagen de tus órganos

A principios de la década de 1970, el químico estadounidense Paul Lauterbur ya era uno de los principales especialistas en espectroscopia de resonancia magnética nuclear (RMN).

La técnica se basa en las propiedades magnéticas del hidrógeno presente en el agua, que constituye aproximadamente dos tercios del cuerpo humano.

Cuando los átomos de hidrógeno se ponen en un potente campo magnético y se bombardean con ondas de radio, emiten señales que proporcionan información sobre su entorno local.

Los químicos utilizaban RMN para determinar la estructura de las moléculas orgánicas.

Pero hasta entonces a nadie se le había ocurrido que podía llegar a ser una herramienta que los médicos podrían usar para crear imágenes detalladas de órganos internos.

De una servilleta a un premio Nobel: Lauterbur lo recibió de manos del rey Carlos Gustavo Suecia en Estocolmo en 2003. 

 

La idea se engendró tras un encuentro furtivo de Lauterbur con un investigador en el verano de 1971.

Le habló sobre un estudio de tejidos cancerosos con ratas que intentaba ver si con RMN se podía detectar tumores.

Lauterbur quedó impresionado, pero le pareció "demasiado desagradable" el que se tuvieran que sacrificar animales para investigar: debería ser posible obtener la misma información de forma no invasiva desde fuera de un cuerpo vivo, pensó.

Esa misma noche, se fue a comer al restaurante Eat'n Park Big Boy de Pittsburgh, y mientras reflexionaba garabateó ideas en una servilleta de papel.

Esas ideas, concebidas entre bocados de hamburguesa, propiciaron el nacimiento de la resonancia magnética, o IRM.

Más de 30 años después recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina (2003) por darle a los médicos la capacidad de mirar dentro del cuerpo humano sin utilizar radiación dañina.

 

Los datos invisibles

Quizás resulte curioso que en el campo de la tecnología, que ha creado tantas herramientas para reemplazar al lápiz y papel, el boceto en servilleta también haya jugado un rol.

Sin embargo, ha ocurrido en más de una ocasión.

La más legendaria tiene que ver con la creación de Ethernet, el sistema para conectar dispositivos que precededió al ahora omnipresente Wi-Fi.

Y se sigue usando, porque enviar datos por cable es más rápido, fiable y seguro que enviarlos mediante ondas de radio.

El nombre "Ethernet" proviene de la referencia histórica al éter luminífero, una teoría del siglo XIX sobre una sustancia que se creía que transportaba ondas electromagnéticas.

 

El sistema fue creado inicialmente en 1973 por un grupo de ingenieros del Centro de Investigación Xerox Palo Alto (PARC).

Uno de ellos era Robert Metcalfe, quien era especialista en comunicaciones.

Le encomendaron la tarea de diseñar y construir la red que uniera unas computadoras llamadas Alto, que ya disponían de capacidades gráficas y ratón, y serían consideradas los primeros ordenadores personales.

La idea, que ahora parece obvia pero era revolucionaria, era conectarlas para poder compartir información e imprimir documentos. 

Metcalfe realizó el primer boceto conceptual en una servilleta, dibujando un diagrama para conectar varias computadoras en una red de área local.

Y lo etiquetó con una palabra: "¡ETHER!".

 

Una curva económica

En uno de los momentos icónicos de la economía moderna, un joven profesor dibujó un sencillo gráfico en una servilleta en 1974, y trazó una nueva dirección para el Partido Republicano de EE.UU.

Los detalles de la reunión en la que Laffer dibujó su curva son confusos, la servilleta de papel ya no existe, y una de tela que fue exhibida en el Smithsonian es de dudosa procedencia. Pero la curva de Laffer sigue surgiendo en el discurso público.

El profesor era el economista Arthur Laffer y la legendaria reunión fue con Dick Cheney, en un restaurante en Washington DC.

Cheney era en ese entonces el segundo al mando de Donald H. Rumsfeld, jefe de gabinete del presidente Gerald R. Ford, quien había subido los impuestos para controlar la inflación.

Laffer quería mostrarle por qué el gobierno federal debía bajarlos.

Aunque sonara contrasentido, aseguraba, la rebaja se pagaría sola pues se incrementaría la recaudación fiscal y aumentaría la actividad económica.

Esbozó una curva para ilustrar su argumento de que existe una tasa impositiva óptima que maximiza los ingresos del gobierno.

Pero que, después de ese punto, el aumento de impuestos conlleva una disminución de los ingresos públicos.

Alegaba que las tasas impositivas altas eran contraproducentes pues desincentivaban la actividad económica y fomentaban la evasión fiscal al punto que en realidad reducían los ingresos del gobierno.

La más tarde denominada Curva de Laffer se hizo famosa; el Partido Republicano se convirtió en el partido de los recortes de impuestos.

La curva sirvió para justificar las políticas económicas del presidente Ronald Reagan, pero sus recortes de impuestos no se amortizaron por sí solos y provocaron un aumento de la deuda pública.

Aunque la teoría ha sido desacreditada por varios economistas, sigue teniendo defensores y su atractivo es perdurable entre quienes abogan por contribuir menos a las arcas de los Estados. 

 

Una legendaria lluvia de ideas

"En el verano de 1994, yo, John Lasseter, Pete Docter y Joe Ranft nos sentamos a almorzar", contó el cineasta Andrew Stanton en uno de los tráilers de la película animada "WALL-E" de Pixar.

Stanton, Lesseter, Docter y Ranft (quien murió en un accidente en 2005) eran cuatro de los principales directores del que se convertiría en uno de los más exitosos estudios de animación del mundo.

Casi todas sus películas serían nominadas y muchas galardonadas con premios Óscar.

Pero eso aún estaba por venir: desde su creación en 1986, hasta el estreno de "Toy Story" en 1995, pocos sabían de su existencia.

El adorable robot de WALL-E fue la última idea que surgió durante un almuerzo memorable hace tres décadas. 

 

El almuerzo que recordó Stanton fue en el Hidden City Cafe, cerca de los estudios Pixar en Point Richmond, California, y tuvo lugar cuando "Toy Story estaba casi terminada", relató.

"Pensamos: '¡Caramba! Si vamos a hacer otra película, tenemos que empezar ya'".

Y empezó una lluvia de ideas realmente fabulosa.

"Barajamos un montón de ideas que finalmente se convirtieron en 'A Bugs Life' (Bichos: Una aventura en miniatura), 'Monsters, Inc.', 'Finding Nemo' (Buscando a Nemo) y la última que comentamos ese día fue la historia de un robot llamado Wally".

Los cuatro comensales dibujaron bocetos de personajes en las servilletas del café.

El robot se convirtiría en el protagonista de "WALL-E".

En las notas de producción de esa cinta animada, Stanton dijo: "Una de las cosas que recuerdo que surgió de esto fue la idea de un pequeño robot dejado en la Tierra".

"No teníamos una historia. Era una especie de pequeño personaje tipo Robinson Crusoe: ¿qué pasaría si la humanidad tuviera que abandonar la Tierra y alguien olvidara apagar el último robot, y no supiera que podía dejar de hacer lo que está haciendo?".

WALL-E se estrenó en 2008 y, aunque fue un riesgo para el estudio pues no había muchos diálogos, como todas las demás películas ideadas durante ese almuerzo, enamoró al público y fue aclamada por los críticos.

El Hidden City Cafe ya no existe, pero aparece en una escena de "Monsters, Inc.".

 

Fuente: Grandes ideas garabateadas en servilletas 


 

 

sábado, 15 de marzo de 2025

Un Día como Hoy en un Libro

1971

Serpico pasó todavía otra semana en el hospital. (…)
Salió del hospital el día 15 de marzo en un coche de la policía sin distintivos. Le llevaron al cuartel general del mando del barrio de Brooklyn, donde recogió sus pertenencias, su Browning automática y su revólver de servicio del 38 (…) y una caja de cartón con todas sus ropas.

Serpico, de Peter Maas (traducción de Joana Hansen).



44 a. C.

Idus (latín idus) En el calendario romano, el día 15 de marzo, mayo, julio y octubre y el 13 de los demás meses.
César fue asesinado en los idus de marzo del año 44 a. de J.C. 

Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado


1916
Marzo 15. Estados Unidos envía una expedición de castigo a México.

Nota.– El presidente Wilson envió soldados en busca del revolucionario mexicano Pancho Villa.

 

1917
Nicolás II abdica el 15 de marzo. El príncipe Lvov, Pável Miliukov y Aleksandr Kerenski forman gobierno en Rusia.


1939
Marzo 15. Las tropas alemanas ocupan Bohemia y Moravia, que se convierten en un protectorado bajo  las órdenes de von Neurath.


1943. Las tropas soviéticas se ven obligadas a  evacuar Járkov.

Informatodo 1972
Informatodo 1973


1945
Operación Secreta de la Segunda Guerra Mundial

Undertone. Operación aliada en el frente de Coblenza, Maguncia y Estrasburgo, de marzo 15 a 24, 1945.

Almanaque Mundial 1975


1969
Graves incidentes ruso-chinos en la isla Damanski (15 de marzo).

Informatodo 1972


 

1970
Marzo
15. Se inaugura la Feria Internacional de Osaka (Expo 70)
—Comandos israelíes penetran 35 km en Siria para atacar un campamento militar a 13 km de la capital, Damasco, y sabotean una central eléctrica a sólo 8 km de la misma.

Almanaque Mundial 1971


1976
Marzo
15. El presidente de Níger, Seyni Kountché, reafirma su poder después de un intento de golpe de estado

Almanaque Mundial 1977


1979

Marzo
15/18. El gobierno de Pekín anuncia que todas sus fuerzas se han retirado de Vietnam, coincidiendo con las ofertas de Hanoi de iniciar conversaciones de paz para normalizar las relaciones entre los dos países.


Almanaque Mundial 1980


1981

Fallecimiento
Rene Clair. 82, director francés de cine, considerado uno de los más grandes de esa industria; dirigió 28 películas entre 1923 y 1965. Marzo 15 en Neuilly (Francia).



1982
Marzo 15

El gobierno sandinista de Nicaragua suspende los derechos constitucionales por 30 días y declara al país en estado de sitio.  Alegó que tomaba esas medidas porque Estados Unidos estaba apoyando las acciones contrarrevolucionarias para desestabilizar al gobierno.

Almanaque Mundial 1983


1991

Marzo 15. Yugoslavia cae en el caos político cuando la presidencia colectiva queda maltrecha por las renuncias de sus integrantes, la negativa de Serbia a obedecer al gobierno nacional y la amenaza de los militares de tomar el poder. El último de estos hechos es la renuncia hoy de Borisav Jovic a la presidencia colectiva, el más alto cuerpo de la nación.


Almanaque Mundial 1992

lunes, 2 de octubre de 2023

Groucho, un chiflado inmortal

Fue un Voltaire del teatro de variedades y un mago de la locura de la lógica. Sus arranques de calculada demencia expresaban lo que el resto de nosotros no tenemos el talento, y mucho menos la audacia, de decir.

Por Leo Rosten

 

MI TELÉFONO sonó en Beverly Hills, California, hace muchos años.
‒Hola ‒contesté.
‒¿Tengo el honor de dirigirme a Marmaduke Montague, proctólogo mundialmente famoso?
‒No, señor; marcó un número equivocado.
‒Entonces, ¿por qué contestó usted? Durante años he estado marcando este número y hablando con el profesor Marmaduke Montague. ¿Qué ha hecho usted con su cadáver? Voy a llamar a la policía. Lo que voy a contarles no es asunto suyo. ¿Qué número marqué?
‒Crestview 8-29.
‒¡Ajá! ¡Así que lo admite! Si fuera usted hombre, vendría y me tumbaría los dientes.
‒Pero…
‒Si fuera la mitad de un hombre, me tumbaría la mitad de los dientes.
‒¿Quién…? ‒intenté preguntar.
‒Y si fuera mujer podríamos bailar la noche entera.

Transcurrieron muchos minutos antes de que pudiera bajar a Groucho Marx de las elevadas y delirantes alturas en que adoraba habitar. Después declaró el motivo de su llamada: “¿No tienes hoy compromiso para almorzar? ¡Bien! En el Restaurante Derby, a las 12:30. Llevaré una rosa aprisionada entre los dientes”.
En los diez años que estuve “perpetrando” películas en Hollywood, fui el blanco de muchos de estos desvariados telefonemas. No era fácil reconocerlos, pues los hacía a todas horas, con una artificiosa diversidad de voces ‒desde joviales falsetes hasta siniestros tonos de barítono‒ y acentos extranjeros excelentemente imitados.

Ante todo, las llamadas empezaban con un saludo muy convincente:
“Hola. Me llamo Iphigene Wimbledon. ¿Es usted Leo Rosten?”
O bien: “Aló. Aquí el señog Pierre du Jovert, directeur extraordinaire de la agencia de viajes Tours Eiffel…”
O: “Soy Floyd Hollister, de Sloat, Bankhead y Dooley, nombrado por el tribunal de testamentarías del distrito sur de California, albacea de los bienes de Elmo Rosten, el magnate petrolero de Waco, Texas”.
Tan pronto como caía yo en la trampa, el Maestro redoblaba el ataque. Iphigene Wimbledon me propuso poner en venta a mi hijo: “Un chico así así le produciría entre diez y doce mil dólares, según el mercado actual”. Pierre Jouvert me leyó una oda pornográfica a las catacumbas: “Puede usted adquirir la serie completa, encuadernada en piel de oruga, por sólo…” Y el tal Floyd Hollister trataba de localizar a parientes de Elmo Rosten, en especial a sor Teresa Ginsberg, porque en su testamento “legaba su colección de rollos de pergaminos jordanos con inscripciones a la Orden de los Caballeros de Malta Cervecera”.

Cierta vez se me acusó de albergar al cabecilla de una banda de tratantes de blancas; fui engatusado por la Liga para la Erradicación de la Supuración Axilar, y conminado a pavimentar mi jardín por sólo un dólar el metro cuadrado: “Esta oferta expira a medianoche; después costará un dólar el centímetro cuadrado”. Un dentista de Pomona me rogó que le permitiera ponerle a mi madre premolares de acero inoxidable totalmente gratis: “Es la única manera que tengo de darme a conocer en este asilo para enfermos dentales”.

En cuanto a nuestro almuerzo, que trascurrió en el Derby, casualmente no se registró en él arranque alguno de desvarío galopante. Marx habló en forma inteligente y con elocuencia del presidente Truman, del escritor Ernest Hemingway y del beisbolista Joe DiMaggio, a quienes admiraba mucho.

Fue el Voltaire del teatro de variedades, y el creador de la comedia del agravio esquizofrénico. Sus afrentas siguen siendo únicas, por desconcertantes. Un turista ebrio pasó el brazo sobre los hombros de Groucho y cacareó:
‒Groucho, grandísimo bribón, apuesto a que no te acuerdas de mí.
Marx clavó en el infeliz una mirada llena de odio, mientras le decía:
‒Caballero, nunca olvido un rostro, pero en su caso haré una excepción.

El desinhibido delirio de Groucho ‒ exacerbado por esa voz áspera, esa mancha negra que tenía por bigote, ese lascivo modo de andar a grandes zancadas, ese incesante menear de cejas, ese ojo estrábico, esa mirada de agrio desprecio‒ se conjugaba con un desplante matizado de amargura. Sus arranques de calculada demencia expresaban lo que el resto de nosotros no tenemos el talento, y mucho menos la audacia, de decir. Al salir de la proyección preliminar de una película estelarizada por Doris Day, en la que esa inocente y sana doncella típicamente norteamericana pasa hora y media resistiéndose a los requiebros de Cary Grant, alguien preguntó a Groucho:
‒¿Conoce usted a Doris Day?
A lo que Groucho contestó con mordacidad:
‒¡Diablos! La conocí antes de que fuera virgen.
Admirábamos su pasmoso cinismo, sino también su jocosa crítica de los trillados convencionalismos de la conversación o de la etiqueta. En cierta ocasión, cuando estaba por salir después de una cena en su casa, le dije:
‒Me gustaría despedirme de tu esposa.
Me miró fijamente y me espetó:
‒¿Y a quién no?

Groucho perfeccionó la lógica de la locura y se mofó de la locura de la lógica. Considérese la manera en que renunció a seguir formando parte de cierto club: “No deseo pertenecer a un club que acepta a miembros como yo”.
Una magnífica variante de la paralógica de Groucho ocurrió un día que paseaba en coche cerca del mar con un amigo. Avistó un club de playa con una hilera de hermosas cabañas.
‒Ese sería un buen club para mí y mi familia.
‒Mmm… olvídalo, Groucho. No admiten judíos.
A esto, Groucho, cuya esposa no era judía, respondió:
‒¿Crees que permitan a mi hijo meterse en el agua hasta las rodillas?

Groucho era delgado, apacible y más pequeño  de lo que parecía en la pantalla de cine o de televisión. Hablaba con voz suave y sonreía nostálgicamente. Nunca lo oí reírse a carcajadas, ni siquiera de los chistes o de comediantes que le gustaban. Su expresión natural tenía ribetes de tristeza, pero en público se ponía una máscara de búho sardónico. Ocultaba sus emociones y no hizo confidencias ni a sus esposas ni a sus hijos. En realidad, era melancólico y solía deprimirse, como les ocurre a muchos cómicos.

Era lector voraz y se sentía orgulloso de que el escritor James Joyce hubiese empleado la palabra groucho en la novela Finnegan’s Wake (La Velada de Finnegan). En lo más íntimo de su ser deseaba haber sido escritor. Adoraba las canciones de los británicos Gilbert y Sullivan, y durante horas solía cantarlas ‒acompañándose con la guitarra‒ con esa voz estridente y nasal que era en sí una parodia.

Le interesaban profundamente los temas políticos, y se sintió halagado cuando supo que una noche, durante la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro inglés Winston Churchill recibió una llamada telefónica en su residencia oficial en la que se le iba a informar de un boletín del Ministerio de Guerra. Pero el gran estadista estalló: “¡No me interrumpan! ¡Estamos viendo una película de los Hermanos Marx!”

Por cierto, los Hermanos Marx fueron hermanos de verdad ‒al principio cinco‒, que escalaron rápidamente la cumbre de la fama en los espectáculos de variedades y en Broadway, durante la década de los años 20, con un estilo de comedia original, bullicioso y desenfadado.
En escena, los cuatro Hermanos Marx (Groucho, Chico, Harpo y Zeppo) hacían estragos en los guiones y les fascinaba interpolar de improviso frases desconcertantes. En una ocasión, Groucho se hallaba a la mitad de una escena amorosa chusca con una dama de aire arrogante y pecho formidable; tras bambalinas, Zeppo gritó de improviso:
‒¡Está aquí el hombre de la basura!
Aún de rodillas, Groucho respondió:
‒Dile que no queremos.

En otra parodia en la que Groucho representaba a Napoleón, los hermanos que estaban fuera del escenario interrumpieron la pieza haciendo que una trompeta tocara los primeros acordes de La Marsellesa, el himno de Francia. Zeppo gritó:
‒¡Majestad, nuestro himno nacional: La Mayonesa!
Groucho se dirigió al público: “El ejército debe de estar aderezándose”.

Tenía un popular programa de radio y televisión, en el que creó una especie de maestro de ceremonias nunca antes  (ni después) vista. Me hallaba detrás del escenario una noche en que uno de los concursantes resultó ser de una región rural. Llamémoslo Floyd.
‒¿Cómo conoció usted a su esposa?
‒Bueno, yo conduzco un camión…‒respondió Floyd.
‒¿La atropelló usted?
‒No. Ella estaba en el granero.
‒¿Chocó usted contra el granero?
‒¡No, no! Su familia había echado de menos algunos pollos.
‒¿Sentían nostalgia por los pollos?
‒No; habían advertido su ausencia, así que encendieron una luz en el patio del granero. Yo iba a recoger unos pavos y su padre gritó: “¡Los pavos están en el granero…!”
‒¿Se casó usted con un pavo?
‒¡No! Al acercarme al granero, un enorme zorrillo salió corriendo hacia el gallinero y una chica gritó: “¡Atrapen a ese zorrillo!” Así que salté sobre el animal y ella también cayó sobre él, y ambos olíamos tan mal que…
‒Es la historia más romántica que he escuchado.

Una vez ofreció escribir la solapa de uno de mis libros: “Desde el momento en que tomé el libro hasta que lo guardé, no pude dejar de reír. Espero leerlo algún día”.
Sin embargo, de todos sus juegos de palabras, el que más admiro es el siguiente: 

Querido Junior:
Discúlpame por no haberte contestado antes. He dejado de escribir tantas cartas últimamente, que me las vi negras para no contestar la tuya
.

El hombre sentía la necesidad de desinflar el decoro con la sátira. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en un campo de adiestramiento del Ejército para divertir a los soldados. En el cuartel del general en jefe, el teléfono sonó y Groucho levantó el auricular.  Como jamás iba a decir “Hola”, “Cuartel General” o siquiera “Despacho del general H…”, mi héroe canturreó: “Segunda Guerra Mundiaaal”.

Ante todo, detestaba la simulación. No toleraba el ocultismo, pero se le engatusó una vez para que asistiera a una sesión espiritista. Estuvo sentado, en silencio y con actitud respetuosa, mientras el “operador” miraba la bola de cristal, invocaba a las almas del más allá y respondía las preguntas de sus invitados con voz misteriosa y monótona. Tras un prolongado rato de omnisciencia, el hechicero recitó:
‒Mi médium… se está cansando. Sólo hay tiempo para una pregunta más.
Groucho la hizo:
‒¿Cuál es la capital de Dakota del Norte?

En sus últimos años se vio coronado por una renovada popularidad, sólo oscurecida por las muertes de sus hermanos y amigos. Además, Groucho fue víctima de una serie de padecimientos que le afectaron tanto el habla como la memoria. Creo que su muerte, en 1977, a los 86 años, lo liberó de la angustia de la incapacidad.

Y siento ahora una infinita tristeza al comprender que mis oídos no sufrirán con esa voz estridente y nasal, cuando peroraba: “Soy Hiram Trotter, de las encuestas de opinión Gallup. ¿Está usted en favor de que la CIA envíe ilegalmente rompecabezas armados a Fidel Castro”.



Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXXV, Número 507, Año 43, Febrero de 1983, págs. 11-15, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

 

Nota: Como el 2 de octubre se recuerda otro año más del nacimiento de Groucho Marx (en 1890) quise compartir este artículo con los visitantes-lectores del blog.

sábado, 2 de octubre de 2021

James Bond: cómo son realmente los Servicios Secretos Británicos

Por Frank Gardner

BBC News

 

Finalmente. Después de varias postergaciones provocadas por la pandemia y un repentino cambio de director, la esperada y más reciente película de James Bond llega a las pantallas. "Sin tiempo para morir" es la 25ta. producción de una película de Bond y la despedida de Daniel Craig como intérprete del galante espía.

Pero, ¿qué tanto se relaciona esa fantasía de Bond a lo que realmente sucede en la verdadera MI6, la agencia de espionaje exterior de Reino Unido, propiamente conocida como el Servicio Secreto de Inteligencia (SIS, por sus siglas en inglés)? Y, quizá más importante, ¿cuán relevante puede ser una agencia de espionaje en esta edad digital?

"Creo que la mayor diferencia", cuenta Sam (no es su nombre verdadero), "es que somos más colaboradoras que las personas en Bond. Muy raramente, si alguna vez, saldría a hacer algo sola, sin apoyo. Se trata de trabajo en equipo... siempre te rodea un equipo de seguridad".

Sam es una agente profesional de MI6 con una trayectoria en antiterrorismo, una de varios agentes de inteligencia en funciones a quienes les solicité reunirnos para una entrevista en anticipación del estreno de la película de Bond.

Bueno, entonces si no son Bond, ¿qué es exactamente lo que los verdaderos agentes de MI6 hacen, ya sea desde su base en la oficina central al lado del Támesis, en Londres, o en el exterior "en el campo de acción"?

"Hay una gran variedad de cargos que puedes asumir", dice Tara, que tampoco se llama así. "Está el manejo de agentes y reclutamiento, necesitamos expertos técnicos, tenemos equipos de comunicación, en el frente es más fuera de lo normal. Nunca hay nadie a solas. Se parece muy poco a la realidad de trabajar para SIS. Así que pienso que si alguien quisiera hacer eso se darían cuenta muy pronto durante el proceso de solicitud que esto no es para ellos".

¿Armados? ¿Los agentes de MI6 portan armas de fuego? La respuesta oficial es: "No lo podemos confirmar ni negar".

Pero otro agente de MI6 me contó: "La idea de un tipo entrando a golpes por todas partes del mundo acribillando gente es un absoluto anatema para nosotros. Alguien así ni siquiera lo dejaríamos entrar por la puerta".

Pero, si hacemos una pausa para considerar algunos de los sitios más peligrosos del mundo donde es más probable que los agentes de inteligencia británica operan, es difícil imaginar que si ellos mismos no andan armados, alguien muy cerca a ellos estará listo con todo el armamento y pendiente de ellos.

Estrictamente hablando, los empleados de MI6 no son agentes. Son funcionarios de inteligencia que, en la línea de combate, tratan de persuadir a los verdaderos agentes -los que podrían ser individuos bien ubicados, por ejemplo, dentro de una célula de plan de ataque de al Qaeda o un centro de investigación nuclear de un estado enemigo- a que roben secretos vitales para el Gobierno de Su Majestad.

Son los agentes los que toman los mayores riesgos todos los días, y es claro que MI6 hace grandes esfuerzos por proteger sus identidades y sus familias.

Así que, ¿qué tanto se acerca un supervisor de agentes al verdadero agente?, pregunto. ¿Pueden alguna vez entablar amistad?

"Hay una dependencia mutua", dice Tom, otro funcionario en servicio. "Eres responsable de la vida de otro, así que hablas de cosas que tal vez no quiera escuchar, podrías tener conversaciones difíciles, pero se trata de su seguridad".

"Las personas ponen sus vidas en riesgo para trabajar con nosotros", añade Tara. "Algunas no son tan arriesgadas. Pero hay una categoría de personas con las que tenemos el privilegio de trabajar que, si las descubren trabajando con nosotros, estarían en grave peligro. Podrían perder la vida, y eso lo tomamos muy en serio desde el primer momento en que interactuamos con esa persona". 

Mucho ha sucedido en el mundo real del espionaje en los pasados seis años desde la última película de Bond, "Spectre", en 2015. El autodenominado califato de Estado Islámico llegó y se fue, el acuerdo para contener las ambiciones nucleares de Irán está prácticamente deshecho y China está insinuando "recuperar" a Taiwán. Hay mucho para mantener ocupado a MI6.

Pero en una época en que casi toda acción que tomemos deja un huella digital, ¿todavía hay un lugar para un servicio de inteligencia humano a la antigua, con la larga tradición del arte de persuasión para que gente ayude a robar los secretos de otros?

"Si miras de un extremo a otro el ciclo de vida de la información que está siendo analizada", explica Emma (una vez más no es su nombre) una alta funcionaria técnica interna, "hay personas involucradas en cada paso del proceso. Y esas son las relaciones que estamos cultivando. Por supuesto que estamos tratando de aprovechar todas esas tecnología para apoyar a nuestros empleados de inteligencia en el campo".

Entonces, ¿hay un taller lleno de artilugios en lo profundo de la oficina central de MI6 en Londres? Aparentemente, sí.

"Es muy diferente a lo que vemos en la películas", afirma Emma. "Tengo un equipo de ingenieros mucho más numeroso trabajando para mí y entregando nuevas capacidades. Y, contrario a las películas, no todos usamos batas blancas y ni nos vemos ni hablamos como bichos informáticos. Pero, en cuanto a dispositivos, trabajamos muy de cerca con los funcionarios de inteligencia para saber qué necesitan".

Han pasado casi 60 años desde la primera película de James Bond, "Dr. No", en 1962, y otros diez antes de eso cuando el autor Ian Fleming creó el personaje ficticio después de trabajar para la inteligencia naval.

Desde entonces, el carácter del espionaje ha cambiado hasta el punto de ser irreconocible.

Actualmente, hay funcionarios en las altas esferas de MI6 que iniciaron sus carreras antes de que existieran los teléfonos móviles o internet, sin hablar de las redes sociales. Los archivos se guardaban en gabinetes de acero dentro de cajas fuertes. Todavía no se usaban los datos biométricos y, oficialmente, MI6 ni siquiera existía antes de 1994.

En ese entonces, era relativamente fácil introducir un agente de inteligencia encubierto a través de una frontera en un lugar hostil asumiendo una identidad falsa y algunas veces, literalmente, colocándose una barba falsa y unos anteojos. 

Es más difícil hoy en día -aunque no imposible. Como muestra está el equipo del Directorio Principal del Alto Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, GRU, que viajó sin contratiempo a Salisbury, Inglaterra, en 2018 para, según la policía metropolitana de Londres, tratar de asesinar a un exagente de la KGB, Sergei Skripal.

Hoy, la revolución digital, con todos sus datos biométricos, reconocimiento del iris, IA, cibernética, criptografía y computarización cuántica, ha hecho imprescindible la tecnología en el espionaje.

Pero la inteligencia humana siempre será indispensable, expresa Sir Alex Younger, que fue jefe de MI6 durante seis años hasta 2020. Su contraparte ficticia de la pantalla, M, interpretado por Ralph Fiennes en "Sin tiempo para morir", advierte proféticamente que, "el mundo se está armando más rápido de lo que podemos responder".

Eso es algo que claramente mantiene a las mujeres y los hombres de carne y hueso en MI6 presentándose en el trabajo.

 

Fuente:

Espionaje 

 

miércoles, 15 de abril de 2020

Los errores históricos imperdonables del cine bélico: de la «vergüenza» de Eisenhower a «1917»

Por Luisa M.Cabanelas
Redactora Madrid

El coronel José Manuel Fernández López, uno de los mayores expertos en el género, desgrana en el libro «Con las botas puestas. La historia del soldado a través del cine» un sinfín de anécdotas surgidas en la recreación de estas guerras.


El Cid de Charlton Heston hizo frente a las intrigas del conde García Ordóñez, al desafío del rey Ramiro de Aragón y a una épica rivalidad con Alfonso VI, pero los extras españoles que le ayudaron en su gesta en 1961 apenas cobraron cien pesetas y un bocadillo de chorizo. Al Máximo Décimo de Russell Crowe le costó unos cuantos puntos de sutura en la mejilla enfrentarse a los germanos de «Gladiator», en una escena de batalla que asustó a su caballo y empotró al actor contra las ramas de un árbol. Pero peor lo tuvo Elizabeth Taylor, que casi pierde la vida de una neumonía al convertirse en Reina del Nilo... muy lejos de Egipto. 

Carros de combate, ametralladoras y hasta bombas nucleares han desfilado a través del celuloide retratando el horror de miles de batallas en los 129 años que lleva de vida el cine, casi tantos como anécdotas y errores surgidos en la recreación de estos conflictos bélicos que ahora disecciona el coronel José Manuel Fernández López en el libro «Con las botas puestas. La historia del soldado a través del cine» (Edaf, 2020), el primer análisis de la historia del combatiente desde el punto de vista cinematográfico. Grandes dosis de sangre, sudor e incluso bajas. Porque nadie dijo que rodar una guerra, o tantas, fuera fácil. 

En el currículum del cine bélico, abundan los tópicos, artificios imposibles y licencias creativas. La munición de los cargadores es infinita, a no ser que el protagonista se encuentre en peligro, en cuyo caso, para mayor tensión dramática, se le acaban los cartuchos o se le encasquilla el arma. Mochilas que parecen ligeras pero que en realidad son muy pesadas, abrir el seguro de las granadas con los dientes... Y basta una fotografía de un ser querido para sentenciar a muerte a un soldado. «"El desafío de las águilas" recrea una operación en la que van a salvar a un coronel a un castillo y nunca se les acaban los cargadores, uno de los grandes tópicos: uno dispara y nunca se agota la munición. Todos sabemos que cuando pegas dos rafagazos el cargador suena el click que avisa de que está vacío», desgrana el escritor, uno de los mayores experto en el género a nivel nacional.

Entre los errores más absurdos, los de «La batalla de las Árdenas» (1965) se llevan la palma. Protagonizada por Henry Fonda, la película, una de las peores del cine bélico para Fernández López, es un despropósito tal que, a pesar de tratarse de una ofensiva alemana realizada en diciembre en una zona nevada, el director Ken Annakin recrea el ataque germano en una zona desértica, con un sol radiante y sin nada de nieve. «El propio general Eisenhower dijo que era una vergüenza cómo habían hecho esa película», cuenta en una entrevista con ABC el también escritor. 

Maniqueísmo 

Como la mayoría de los filmes del género, cae en el maniqueísmo, reduciendo la realidad del conflicto a una oposición radical entre los buenos, casi siempre los aliados, y los malos, las potencias del eje. Ni siquiera Sam Mendes y su reciente «1917» se libran de estas banalidades, más bien todo lo contrario. «Es imposible que cuando el piloto germano aterriza apuñale al que le ayuda, porque los aviadores, tanto alemanes como británicos y franceses, tenían unos códigos de honor por ser caballeros del aire que les impedían ensañarse con alguien. Es muy difícil pensar que un piloto alemán hubiese obrado así porque eran gente que venía de cierta estirpe, de cierta "realeza". Es la visión maniquea que nos han vuelto a meter: los alemanes son los malos, los feos y los tontos y los ingleses, los buenos, listos y guapos. En el caso de la Primera Guerra Mundial ser piloto no era algo mundano, plebeyo, era algo aristócrata», explica el autor de «Con las botas puestas».  

«El cine bélico está jalonado de errores y faltas de rigor», proclama el escritor. Licencias creativas para vender entradas que, en algunos casos, se entregan a exageraciones o juicios que nada tuvieron que ver con la realidad de los acontecimientos. Y ni el genio de Billy Wilder se libra de ello. «En "Cinco tumbas al Cairo" aparece un mariscal Rommel que es como un hombre déspota, casi sádico, cuando la realidad es que era tan impresionante que hasta los propios británicos le hicieron una película a él antes que a Montgomery ["Rommel, el zorro del desierto"]», aclara el autor de este análisis sobre el estamento militar desde el punto de vista del cine bélico, con 400 páginas y más de 400 fotografías reales, fotogramas y carteles.

 No sale mejor parada «Dunkerque», de Christopher Nolan, que más allá de su impecable ficha técnica comete grandes fallos, como recrear en color las octavillas que uno de los soldados «se guarda para limpiarse el trasero, básicamente porque se imprimía en blanco y negro». Y aunque el cine internacional no tiene mucho interés por la Historia de España –«Me gustaría que alguien tuviera las narices de coger la hebra de lo que fueron los Tercios españoles, que no fueron cuatro con una espada por Bélgica asustando a niños»–, los escasos capítulos patrios que se han adaptado lo han hecho descuidando algunos aspectos. «En "Los últimos de Filipinas" ponen a un capitán más o menos amanerado, con un perrito de lana. En la realidad, el capitán mandaba el fuerte de Baler y le tenían tanto respeto que cuando este murió no mataron al perro aunque se morían de hambre, hasta que fue inevitable. Lo mismo con el cura que se fuma porros... lo hacía para usos medicinales. Son licencias para vender más», afirma contundente el coronel, al que le disgusta especialmente cuando en un descuido del doblaje nombran a un comandante como mayor, rango militar que no existe.

No todo son errores 

Puestos a ser puntillosos, rara es la película, bélica o de cualquier género, que no cometa algún desliz en su metraje. Objetos modernos en decorados antiguos, fallos de raccord y heridas mortales que se curan solas. Sin embargo, conviene alabar cuidadas producciones como «Salvar al soldado Ryan» o la serie «Hermanos de sangre», por su esfuerzo a la hora de plasmar ese agónico error de los combatientes con cierto rigor e interés histórico. «Una escena que me parece fantástica en "Objetivo: Birmania" cuando aparece Errol Flynn como el Capitán Nelson y en menos de un minuto dice lo que es la misión, lo que sería en un momento militar una operación, pero él sale ante sus hombres y dice textualmente: "El radar tiene que ser destruido. Nos han elegido a nosotros. Y lo vamos a hacer". Eso es puro cine bélico (la información, la elección y la decisión)», recrea José Manuel Fernández López, admirador también de la nobleza del sargento York de Gary Cooper al rechazar el dinero («Muchos hicieron lo mismo que yo y no han vuelto para contarlo»). «Me gustan más este tipo de escenas que las de tiro y metralletas», concluye José Manuel Fernández López. 

Fuente:

https://www.abc.es/play/cine/noticias/abci-errores-historicos-imperdonables-cine-belico-verguenza-eisenhower-1917-202004060042_noticia.html#vca=rot-ed-10&vmc=r17-msuizo-play-abc&vso=noticia-historia&vli=1-los-errores-historicos-imperdonables-del-cine-belico-de-la-verguenza-de-eisenhower-a-1917