Mostrando las entradas con la etiqueta Anecdotario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Anecdotario. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de agosto de 2025

Anecdotario IX

Anotación en 1982, en el diario del crítico y ensayista John Bailey:
Bruce Richmond acaba de contarme un hermoso relato sobre Walter de la Mare, quien por fin está recuperándose rápidamente de la prolongada enfermedad que durante tres semanas lo tuvo a las puertas de la muerte. Un día, mientras estaba grave, su hija más pequeña, al marcharse, le ofreció:
—¿Puedo traerte alguna cosa?, ¿frutas o flores?

A lo que el enfermo pudo apenas contestar, con voz débil, pero de manera característica en él:
—No, no, querida; para frutas es demasiado tarde; y para flores, demasiado pronto.


 

El compositor Rudolf Friml encendió su radio un día y se estremeció al oírla la melodía de su más grande éxito musical, Rose-Marie, como fondo de un anuncio de cerveza. Furioso, llamó a su representante y le gritó:
—¿Has oído que están usando mi canción para vender cerveza?
—Maestro, estaba esperando para darle la sorpresa —le dijo el representante—. Hice un trato y te pagarán cincuenta mil dólares anuales por los derechos.

Luego de un instante de silencio Friml murmuró complacido:

—Tiene una deliciosa melodía comercial, ¿verdad?


 

Durante mi primer año en la universidad trabajé en un restaurante especializado en carnes. Un día llegó un cliente de edad madura y mostró un notorio interés en mí. Cuando terminó su café, le pregunté si quería que le llenara otra vez la taza; me miró de pies a cabeza y contestó:
—No, ¡pero cómo me gustaría lo que acompaña al café!

—Aquí tiene. ¡Que lo disfrute! — y le di dos sobres de crema sintética para café.
 

 

Eran escasos los buenos programas en la televisión, y mi marido optó al fin por ver un documental. Presenciamos que dos grillos libraban una feroz batalla para obtener los favores de una hembra. Luego, el macho victorioso se apareó con la cortejada.

—Así es la televisión —comentó mi esposo—. ¡En todo lo que se ve, no hay más que sexo y violencia!



¿Por qué?

Cuando le preguntaron al industrial norteamericano Henry Ford por qué iba a las oficinas de los ejecutivos de su empresa en vez de hacerlos venir a la de él, confesó: “He descubierto que puedo salir de sus oficinas con más rapidez que la que puedo conseguir para que salgan de la mía”



-“Uno de mis motivos para no beber”, decía la extinta política inglesa lady Astor, “es que me gusta saber cuando estoy pasando un buen rato”.



Un productor de Hollywood explica por qué tiene en su escritorio una pecera: “Me encanta ver que alguien abra la boca y no pida aumento”.



 

Definiciones que no están en el diccionario

Banquero: Persona que presta su paraguas cuando el sol está brillando, y quiere que se lo devuelvan en cuanto empieza a llover —Mark Twain

Coqueta: Muchacha que después de conocernos a nosotros prefiere a otro.

Hospital: Lugar de reunión de los amigos del paciente, donde comentan con él sus propios malestares.

Pesimista: Persona que por fin llega a la tierra que mana leche y miel, y sólo ve calorías y colesterol.

Burócrata: Hombre que transforma en problema cada solución.


 

¿Cuán burócrata puede llegar a ser la gente?
El vigilante de un templo impidió la entrada a un fiel descalzo, arguyendo que sólo podían entrar quienes se quitaran el calzado a la entrada del templo. El pobre fiel tuvo que pedirle prestado sus zapatos a un amigo para quitárselos ante el vigilante, que sólo así le permitió entrar. —The Hindu (Madrás, India)



Comedia Estudiantil
Nosotros tomábamos notas mientras el profesor de anatomía disertaba sobre la transmisión de estímulos entre las células nerviosas. De pronto, preguntó:

—¿Podrían decirme como se comunican estas células entre sí?

Luego se quedó esperando a que alguien explicara el fenómeno de la neurotransmisión. Se oyeron algunos murmullos, y al fin un estudiante aventuró:

—¿Con teléfonos celulares?


Un amigo y yo asistimos a la exhibición de la película Hamlet en la universidad. A mí me encantó la belleza del lenguaje, y me dio gusto comprobar que las obras de Shakespeare seguían conservando su fuerza y su verdad.
Mientras salíamos del cine, me pregunté si el resto del público habría apreciado la película tanto como yo. En eso oí que un muchacho se volvía hacia su amigo y le decía:

—¡Cuántas frases famosas dijeron en la película!, ¿verdad?

 

Mis amigas siempre están bromeando por mi falta de habilidades culinarias y domésticas. Una tarde, al volver a casa luego de trabajar, percibí un leve olor a gas y llamé enseguida a la compañía gasera. Poco después llegó un reparador y comenzó a revisar la cocina.
Le informé que no había usado mi horno en dos años y medio. Con expresión de enorme sorpresa, el hombre abrió la puerta del horno e iluminó el interior con su linterna de mano. Luego dijo:

—En más de 26 años que llevo trabajando en la compañía, ¡jamás había visto telarañas en un horno!



“EJERCICIO” es una palabra tan ofensiva en mi familia, que tan sólo de pensarla corro a lavarme la boca con chocolate —Leonore Fleischer



 

Hay dos

... cosas que preocupan a la gente: una es que la situación nunca vuelva a la normalidad; la otra, que haya vuelto. — Funnny, Funny World

... tipos de personas: los ilusos que arrojan monedas a la fuente, y los realistas que las sacan — George Ludcke

... clases de secretos: los que no vale la pena callar, y los que valen tanto la pena que no se pueden callar — Ron Dentinger

... tipos de estadísticas: las que se investigan y las que se inventan —Rex Stout 

 

 

Complaciente
Mis amigos George y Louise se jubilaron y se fueron a vivir a un pueblecito de Arizona. El cumpleaños de Louise se acercaba y George le preguntó qué quería de regalo.
—Bueno—respondió ella en broma —, no estaría mal un Rolls-Royce.
Muy de mañana, el día de su cumpleaños, Louise oyó ruidos extraños en su jardín. Se dirigió de puntillas a la puerta, se asomó y vio dos burros atados a la verja, cada uno con un letrero colgado del pescuezo. Uno decía “Rolls”, y el otro “Royce”.



Durante una lección de gramática el maestro, colega mío, escribió esta oración en el pizarrón: “El bote de basura huele mal”. Como iba a seguir usando el mismo ejemplo en otras clases, no lo borró. Al tercer día, el conserje lo abordó y le dijo:
—Ya hice todo lo posible por limpiar su bote de basura. Y a mí no me parece que huela mal.
Esa tarde, mi amigo dejó escrita otra oración en el pizarrón: “La camioneta azul que está en el estacionamiento necesita una lavada”.



Gajes del Oficio
En mis días de estudiante, tuve un empleo de medio tiempo en una librería. Cierta vez llegó una clienta que deseaba devolver un libro. Le pregunté su nombre, su dirección y otros datos que debía asentar en la nota de reembolso. Por fin llegamos a la última pregunta:
—¿Motivo de la devolución?
Su respuesta fue contundente:
—No me gustó el desenlace.



Dulce y Romántico

Después de 30 años de matrimonio, me asombré cuando mi esposo dijo:
—Me gustaría ver el álbum fotográfico de nuestra boda.
¡Qué dulce y romántico!, pensé, mientras sacaba el álbum.
—Gracias —dijo—. Quiero mostrarles a los muchachos el Studebaker Hawk rojo que conducía yo en aquel tiempo.



Buenos son los viejos libros, pues solamente los buenos llegan a viejos. — Constancio C. Vigil



Urgencia sobre Ruedas
Una mujer dio a luz en un taxi, de camino al hospital donde trabajo. Le pregunté al asustado taxista cuánto había tardado el niño en llorar.
—Como dos cuadras —me contestó.



Algunos tormentos son físicos; otros, mentales; pero lo más completos son los dentales — Ogden Nash



Con toda razón
El siguiente diálogo tuvo lugar en un juzgado de lo familiar:
Pregunta: “¿Qué fue lo primero que le dijo su esposo al despertar esa mañana?”
Respuesta: “Me dijo: ‘¿Dónde estoy, Cathy?’”
Pregunta: “¿Y por qué le molestó eso a usted?”
Respuesta: “¡Porque me llamo Susan!”



Trabajaba yo como enfermera en un hospital de Los Ángeles. Un día trajeron en ambulancia a un hombre que venía acompañado de su esposa y una vecina.
—Estoy preocupada por mi esposo —oí decir a la mujer —. Acabamos de mudarnos aquí y no sé nada acerca de este hospital.
—No te preocupes —le dijo la vecina—. Los médicos y enfermeras son excelentes. ¡Si lo sabré yo! Aquí es donde murió mi esposo.



Modestia Aparte

Estaba yo hojeando un libro en la sección de psicología en una importante librería. A poca distancia de mí, dos hombres discutían sobre los diversos títulos expuestos, y sus comentarios acerca de la mayoría eran muy críticos. Lleno de curiosidad, les pedí su opinión sobre el libro que tenía en mis manos.
—Es una síntesis excelente —dijo uno.
—¿De veras? —repuse—. ¿Ya lo leyó?
—No, señor. Yo lo escribí.



Expertos en Árboles
Preocupado porque un árbol de mi jardín rezumaba savia, acudí a la oficina del Servicio Forestal. Después de explicar el problema a un empleado, se fue al fondo de la oficina y preguntó en voz alta:
—¿Alguien sabe de árboles?



Cierto día, en la tienda de víveres donde yo trabajaba, llegó hasta el local un cliente asiduo en una flamante camioneta de carga. Cuando entró a hacer sus compras, lo felicité por su adquisición.
—Gracias —repuso—. Es el regalo de aniversario que le compré a mi esposa.
—¡Qué marido tan considerado es usted! —le dije—. Y ella ¿le compró algo también?
—Sí —respondió el hombre—. Una sala nueva.



Un hombre no recordaba la contraseña en su PC. Desesperado daba vueltas y más vueltas hasta que el fin la recordó.
La contraseña era: Idiota.


Nota: En próximos artículos pondré la bibliografía básica porque en los primeros con anécdotas olvidé colocar ese detalle.

martes, 29 de julio de 2025

Anecdotario VIII

 

En la universidad de Columbia recordaban el día en que el difunto profesor Raymond Weaver dio su primera clase de literatura inglesa. Un murmullo de gozo surgió de entre los alumnos, que habían estado tratando de fastidiar al nuevo catedrático, cuando éste escribió en la pizarra la primera pregunta que ellos debían contestar: «¿Cuál de los libros leídos hasta ahora le ha interesado menos?»

Pero las cosas cambiaron cuando Weaver escribió luego la segunda y última pregunta: «¿A qué defecto atribuye usted esa falta de interés?»


 

Una conocida artimaña de actores y actrices es la de «aumentar sus papeles» añadiendo palabras y hasta frases enteras de su cosecha. Si se les deja por su cuenta llegan a apartarse por completo del argumento original. El finado actor y dramaturgo norteamericano George M. Cohan puso una vez el siguiente aviso tras bastidores: «Habrá ensayo mañana a las 2 p.m. para suprimir las mejoras».

 

Para No Fallar

Un productor cinematográfico de Hollywood que había hablado a todo el mundo de la rigurosa dieta a que estaba sometido, fue descubierto en un restaurante comiéndose un tremendo bistec.

—¿Qué pasa? —le preguntó un amigo— Yo entendía que tú estabas a dieta.

—Lo estoy —contestó el productor—. Esto es sólo con el fin de tener fuerzas para continuar.


 

Dos judíos parisienses, François y Louis, discutieron por una dama. Los ánimos fueron agriándose y agriándose hasta que finalmente los dos decidieron arreglar el asunto con un duelo a pistola en uno de los parques de las afueras.

A las siete de la mañana fijada para el desafío, François estaba allí listo con su pistola, sus padrinos y su médico. Unos pocos momentos después llegó un mensajero con una nota de Louis:

«Mi querido François —decía—si me retraso un poco, no me espere. Vaya disparando».


 

Cuentos de Invierno
Al ver que había nevado mucho, cierto señor que vive en una zona suburbana dijo a su esposa, que, dado el mal tiempo, no iría a su oficina en la ciudad. Los siete hijos de la pareja se habían levantado y se estaban preparando para ir al colegio, cuando anunciaron por la radio que por ese día se suspendían las clases.
De repente el señor decidió arriesgarse a hacer el viaje a la ciudad.
 

Cierta mañana en que caía una nevada, una amiga mía pensó en poner cadenas a las ruedas traseras de su automóvil y para ello pidió ayuda al club automovilístico. Le contestaron: “¿Es un caso de urgencia? Sólo estamos poniendo cadenas a los coches que se hayan quedado atascados”. Mi amiga se dirigió a su auto. Con calma y premeditación lo puso en marcha atrás y, resueltamente, lo metió en un banco de nieve. Hecho esto volvió al teléfono.



 

El consultorio del veterinario estaba lleno cierto sábado en que le llevé al perro de casa. Los animales temblaban nerviosamente en espera de su encuentro con el médico. De pronto, los perros que estaban junto a la ventana se animaron y se soltaron a gruñir, a ladrar y a saltar. Todas las miradas se volvieron a la puerta a ver qué habría podido causar tal conmoción.
Entró el cartero, quien dijo sonriente: “Esta es la que yo llamo mi ruta suicida”.




Una señora colocó un anuncio en un diario local diciendo: “¡Perdí veinte kilos! Vendo toda mi ropa seminueva. Tallas 38 y 40”.
La señora se vio abrumada de llamadas telefónicas, pero ninguna de las personas que llamaban pensaba comprar la ropa. Todas deseaban saber cómo había bajado aquellos 20 kilos.




Lección de Inglés

Al llegar a Miami de vacaciones, y resuelta a practicar el inglés aprendido en el colegio, me puse a regatear con el taxista para que me llevara a conocer la ciudad. Tras escucharme pacientemente, el conductor me dijo en español: “Si insiste usted en hablar inglés, señora, le cobraré cinco dólares más”.




Cuando era estudiante de la Universidad de Mississippi me tocó ser anfitriona en una presentación informal que hacía William Faulkner, escritor que ganó un premio Nobel. El día en que se llevaría a cabo el acto, mi gran entusiasmo se convirtió en nerviosismo. ¿Cómo podría este hombre genial tener algo en común con un grupo de estudiantes universitarios? Según resultó, mis temores eran infundados. Aunque había un inconfundible efluvio de grandeza en torno a Faulkner, también le caracterizaba una sencillez hogareña y terrenal.
Faulkner nos había concedido ya más de dos horas de su tiempo cuando observé que miraba su reloj en repetidas ocasiones. Me apresuré a llegar a su lado para informarle que gustosamente lo excusaríamos si le era preciso marcharse.

“Bueno”, respondió, “prometí a Jill, mi hija, que iría ayudarle a descascarar maíz para las gallinas y no quiero quedarle mal”.



—¿Cómo le va a tu hija en la clase de contabilidad en el colegio? —preguntaba una vecina a otra.
—Muy bien. Ahora, en lugar de pedirnos dinero para sus gastos, nos manda una factura.




Pude haber sido...

...músico, pero fui hombre de una sola pieza.
...futbolista, pero lo único que tuve de atleta fue el pie.
...animador de televisión, pero me faltó ánimo.



 

El periodista Heywood Broun tenía pocos amigos íntimos. Ni siquiera sus compañeros de póquer, con quienes se reunía a menudo, lo conocían bien. En cierta ocasión, durante una partida, uno de ellos le espetó:
—Desde hace mucho tiempo te he tratado, pero tengo la impresión de que si yo cayera muerto sobre esta misma mesa, mi defunción no te arrancaría una sola palabra.
—Te equivocas —disintió Broun—. De hecho diría dos cosas. La primera sería: “Saquen de aquí este cadáver”.
—¿Y la otra?
—“Repartan las cartas”.



Nota: En próximos artículos pondré la bibliografía básica porque en los primeros con anécdotas olvidé colocar ese detalle.

jueves, 17 de julio de 2025

Anecdotario VII

Al enterarse de que el puesto de su amigo republicano Frank Mason, cónsul de los Estados Unidos en Frankfurt, peligraba con motivo del cambio de gobierno (Grover Cleveland, acababa de posesionarse de la presidencia) el humorista norteamericano Mark Twain escribió así a la hija del Presidente:
«Mi estimada Ruth: Soy miembro de los «Independientes» y una de las sagradas reglas de nuestra orden nos impide pedir favores a los funcionarios del gobierno; pero nada tiene de particular que yo le escriba a usted en forma amistosa para hacerle saber de una gran injusticia que está a punto de cometer el padre de usted al dejar cesante al mejor cónsul que conozco, sólo por el hecho de ser republicano.» Después de detallar los servicios de Mason, Mark Twain concluía: «La próxima vez que hable con el Presidente le ruego que le diga lo que yo pienso de un gobierno que trata así a sus funcionarios eficientes.»

Algún tiempo después Twain recibió la siguiente respuesta de puño y letra del Presidente: «La señorita Ruth Cleveland se complace en acusar recibo de la carta del señor Mark Twain y en manifestarle que se tomó la libertad de leerla al Presidente, quien desea agradecer al señor Twain sus informes y asegurarle que el señor Mason no será molestado en el consulado de Frankfurt.»
Fue necesaria la intervención del Presidente para contestar la carta, pues en aquel momento Ruth Cleveland contaba sólo con un año de edad.




Gazapos 

Nota de sociedad en el Journal de Atlanta, Georgia: «Como esta es la primera vez que van de visita a la casa de los Robinson en las montañas, los Jarrell esperan pasar un rato agradable».

Del periódico Península Herald, de Monterey, California: «La señorita Roberta Ford fue herida ayer en un accidente de automóvil ocurrido en las afueras de la ciudad. El lugar donde sufrió las lesiones la señorita Ford es de singular belleza natural».

Del Herald de Miami: «El general y su señora no tienen hijos. La diversión favorita de él es el golf.»

Aviso en el periódico Enterprise de Mishawaka (Indiana): «¡También USTED podrá tener úlceras! Por $ 30 le vendemos un buen piano para que trate de hacer que su hijo estudie música».


—¿Qué te hace pensar que esta sea la computadora más inteligente que jamás se haya construido?
―Se ríe cuando le hacen preguntas estúpidas.




Protesta
Asistí a un recital de piano en compañía de mi primo, que sabe mucho de música. Durante la ejecución de una obra se mostró muy disgustado con el pianista: era la sonata Appassionata de Beethoven y, en su opinión, el pianista trataba de compensar con un excesivo volumen su falta de virtuosismo. En eso se oyó, en medio de aquel estruendo, la campanilla de un teléfono en el vestíbulo.
—¿Qué te dije?, me susurró mi primo. Ahí llama Beethoven.




Candor

En la sección de anuncios clasificados de cierto periódico apareció el siguiente aviso:
“Querida abuela: me divertí mucho en tu casa. Siento mucho haber trasplantado tus plantas. Siento mucho haber usado todo un rollo de papel higiénico. Siento mucho haberlo arrojado en el excusado. Siento mucho haber tratado que se fuera con el agua. Siento mucho que el agua se haya derramado en el piso. Siento mucho haber molestado a tus vecinos. Siento mucho haber hecho que el abuelo se enojara. Si ellos ya no te hablan, lo siento mucho. Siento mucho haber puesto arena en tu agua de lluvia. Siento mucho haber perdido tres cucharas.
Abuela, ¿puedo pasar contigo unas cuantas semanas el próximo verano?

Tu nieto, Gary”


Crítica Pericial
Samuel F. B. Morse, inventor del telégrafo, era un eminente pintor. Un día rogó a un amigo médico que mirase uno de sus cuadros que representaba a un hombre agonizante. Cuando el hombre hubo examinado minuciosamente la obra de arte, le preguntó Morse:
—Bueno. ¿Qué le parece?
—Malaria —contestó el doctor.



Charlas de Sociedad

Un solterón bastante pagado de sí mismo asiste a una fiesta en la cual se halla una señora cuya invitación a comer no pudo él aceptar hace algunos días.

—Me parece recordar que tuvo usted la amabilidad de invitarme a la comida que dio el miércoles pasado—le dice pomposamente después de saludarla.
—Sí, me parece que sí... —contesta la señora sonriendo distraídamente— Y dígame: ¿tuve el gusto de verlo a usted entre mis invitados?

 

En cierta ocasión en que el actor Ezra Stone, que interpretaba a Henry Aldrich en la radio, y el empresario Herman Shumlin habían ido a cenar juntos, el actor empezó a explicarle a su compañero un argumento que le parecía magnífico.Tan concentrado en ello se hallaba, que cuando les sirvieron la sopa siguió habla que habla sin probarla siquiera. Por fin Shumlin, que acababa de llevarse a la boca la última cucharada de la suya, mira al plato de Stone, sonríe, se encara con su amigo y le dice:
—Hombre, Ezra, mejor será que te tomes la sopa antes que se te enfríe la conversación.


 

Táctica del Escapismo

«Cuando me encuentro con alguien cuyo nombre no puedo recordar», decía Disraeli, «me concedo un par de minutos para hacer memoria. Si continúo sin recordarlo, considero desesperado el caso, y pregunto: ¿Cómo van esos viejos achaques, amigo?».

 

Marxismos
Chico Marx, uno de los famosos hermanos cinematográficos, estaba en un restaurante mirando y remirando el menú, cuando un sirviente muy afable se acercó para preguntarle:
—¿Qué le agrada más al señor?
—Las mujeres —contestó Chico.— ¿Y a usted?

Receta de Groucho Marx para llegar a viejo y con salud: «Levántate a las siete. Desayúnate a las ocho. Vuelve a acostarte a las nueve».


 

Una revista londinense, The New Review, en la cual estaban interesados H.G. Wells y un amigo suyo, Henley, atrajo muy poco la atención del público al principio. Cierto día lluvioso, Wells y Henley, un tanto alicaídos, estaban mirando la calle a través de la empañada ventana de su oficina, cuando pasó un entierro.
—¡Te apuesto una libra —dijo Wells—a que ahí llevan a nuestro suscriptor!



 

Cita Citable: 

Cuando el menor de los hijos ha aprendido a no revolver la casa, llega el mayor de los nietos a volverla un desastre.—Christopher Morley


 

Definiciones

Agente de Publicidad: Individuo sin cuyo auxilio nadie leerá las cosas que uno no dijo.

Moderno: Palabra usada frecuentemente para justificar lo que no tiene otro mérito.

Optimista: El que le dice a uno que tenga ánimo cuando todo le sale bien a él.


Nota: En otros artículos pondré la bibliografía porque en los primeros con anécdotas olvidé colocar ese detalle.

viernes, 29 de abril de 2022

Anecdotario VI

Vamos a ir alternando anécdotas de escritores con las de gente de otras profesiones, de universitarios y de otras partes, aplicando la sabiduría del refrán que dice: entre col y col, lechuga.


Cosas de Irlanda

Durante una conferencia que dio George Bernard Shaw en Dublín, ofendió al público diciéndole que ayudar a las sociedades que se proponían revivir el gaélico era tirar el dinero.

—Si invirtiérais esos fondos en odontología sería de mucho más provecho, declaró en tono desafiante.

El auditorio recibió el consejo con una gran rechifla.

—Si volvéis a hacer eso —amenazó Shaw— continuaré en gaélico, el idioma que todos profesáis amar, y entonces nadie tendrá la menor idea de lo que estoy diciendo.

Durante el resto de la conferencia se hubiera podido oír volar una mosca.


-Al enterarse de que el escritor William Butler Yeats había ganado el premio Nobel, en 1923, Bertie Smiley, propietario del diario Irish Times, resolvió darle él mismo la noticia.

—Tengo el honor de informarle —comenzó a decir Smiley—que acabo de recibir noticias de Estocolmo referentes al premio Nobel. A las glorias de Irlanda se agrega ahora el esplendor poético de...

—Cálmese usted —interrumpió Yeats—. ¿A cuánto equivale en dinero contante y sonante?


En su juventud el político Eamon de Valera fue encarcelado repetidas veces por expresar opinones subversivas, a pesar de lo cual no lograban imponerle silencio. Apenas salía libre regresaba a la lid con mayor vehemencia que antes. Una vez fue detenido en medio de un discurso. Cumplió condena de un año y al salir de la cárcel volvió al mismo salón. Frente al auditorio, comenzó así su discurso:
“Como les iba diciendo cuando me interrumpieron...”



Al caer el telón final de un estreno que protagonizaba la actriz Tallulah Bankhead, ésta se dirigió a su camerino y allí encontró, con gran asombro suyo, a un admirador que ya la esperaba, sin aliento, y que decía rebosante de entusiasmo:

—¡Estuviste estupenda, Tallulah!... ¡Realmente maravillosa!

—¿De veras? —dijo con olímpica frialdad la actriz—. Entonces, ¿por qué no te quedaste en tu butaca aplaudiendo?



Buenas Medidas...

Cuando el actor Charles Laughton se preparaba para la filmación de «Motín a Bordo » se dirigió a una célebre sastrería de la afamada Bond Street de Londres y dijo a un encargado:

—Entiendo que aquí le hicieron un uniforme a un tal capitán Bligh; quisiera que me confeccionaran uno igual a mi medida.
—¿Capitán Bligh, señor?

Laughton asintió con la cabeza.

—¿En qué año sería eso? —inquirió el dependiente.
—En 1789.

Sin inmutarse en lo más mínimo el empleado dijo que vería.

«Y han de saber ustedes —contaba Laughton más tarde— que el dependiente volvió a los pocos minutos con todos los apuntes y medidas. Me hizo los uniformes iguales a los del capitán y los usé para la película».

Nota:  Se me pasó lo de poner a los autores y el número de la revista pero en otros artículos  estarán puestos esos datos.

miércoles, 27 de abril de 2022

Anecdotario V

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce citado en la revista Selecciones y con algunos añadidos:

Ambidextro: Capaz de robar con igual habilidad un bolsillo derecho que uno izquierdo.

Calabaza: Planta que tiene aproximadamente el tamaño y el talento de la cabeza humana.

Caníbal: Gastrónomo de la vieja escuela, que conserva los gustos simples y la dieta natural de la época preporcina.

Cobarde: Alguien que en un momento de peligro piensa con las piernas.

Comestible: Agradable al gusto y sano para la digestión; como el gusano para el sapo, el sapo para la culebra, la culebra para el cerdo, el cerdo para el hombre y el hombre para el gusano.

Consultar: Solicitar que otro apruebe un paso que ya hemos decidido dar.

Cortesía: La forma más aceptable de la hipocresía.

Deber: Lo que inflexiblemente nos impulsa por la línea de nuestro deseo en dirección al provecho propio.

Diplomático: Individuo encargado de componer conflictos que no ocurrirían si no hubiera diplomáticos.

Erudición: Polvo que cae desde las estanterías de la biblioteca en un cráneo.

Litigio: Máquina en la cual entra el incauto por un lado como cerdo, y sale por otro como salchicha.

Moda: Déspota a quien la persona sensata ridiculiza y obedece.

Pelmazo o Aburrido: Persona que habla cuando queremos que escuche.

Peripatético: Que camina de aquí para allá. Relativo a la filosofía de Aristóteles quien, al exponerla, caminaba de un lado a otro, para eludir las objeciones de sus discípulos. Precaución innecesaria, ya que ellos ignoraban el tema tanto como él.

Política: Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado

Presidente: Figura dominante en un grupito de hombres que son los únicos de los que se sabe con certeza que la inmensa mayoría de sus compatriotas no deseaban que llegaran a la presidencia.

Reposar: Dejar de fastidiar

Revolución: Cambio violento y repentino en la manera de desgobernar.

Ruido: Hedor en el oído. Música sin domesticar. El principal producto y el signo más auténtico de la civilización.




lunes, 25 de abril de 2022

Anecdotario IV

Revisando mi biblio/hemeroteca sale esto:
 

Volviendo a Tierra
Haciendo un vuelo desde Roma, un avión que llevaba, entre otros, al cómico de cine Red Skelton, sufrió graves averías en uno de los motores al pasar sobre los Alpes. Se arrojaron 12.000 litros de combustible para aminorar el peligro de explosión al aterrizar.
Red Skelton ocupaba un asiento al lado de un sacerdote, quien comenzó a decir sus más fervorosas oraciones. El actor se volvió hacia los pasajeros y con chistes y humoradas hizo cuanto pudo para distraer a sus compañeros de viaje. Por fin el aparato efectuó un aterrizaje de urgencia. Skelton les dijo entonces a los pasajeros, que aún no habían salido del susto: “Ahora, damas y caballeros, ya pueden ustedes volver a los vicios a que habían renunciado hace apenas veinte minutos”.


 

Régimen Estricto
Una pasajera telefoneaba muy airada a una agencia de viajes para reclamar un equipaje que se había extraviado: “No me importa lo demás”, bufaba, “lo que me interesaba es el libro dietético que iba en una de las valijas. Si pierdo la línea, voy a demandarlos”.


 

Una profesora regañaba así a un muchacho: “Si no aprendes a escribir, nadie podrá entender lo que diga tu cartelón cuando hagas una huelga”.



Cuando invitan a algún cirujano a una comida, a menudo lo ponen a cortar la carne... lo que es peor aun, lo hacen presenciar cómo la corta el anfitrión mientras este hace comentarios alusivos a la ocupación del especialista

—¿Qué le parece mi estilo, doctor? ¿Qué opina usted de mi técnica? ¿No cree que yo sería un buen cirujano? —decía en una fiesta el dueño de casa, mientras el cirujano observaba.

Cuando toda la carne estuvo cortada en lonjas y primorosamente arreglada en la fuente, habló el facultativo:

—Cualquiera puede cortar. Ahora quisiera ver cómo se las arregla para volver a dejar la pieza como estaba.

 

 

En cierta ocasión el novelista William Faulkner recibió la visita de un viejo amigo, al que no veía desde hacía 30 años. El amigo le preguntó:

—¿A qué te dedicas ahora?
—Estoy retirado.
—¿Quiere decir esto que ya dejaste de escribir?
—¡No! por supuesto que sigo escribiendo.
—Entonces, ¿qué significa?
—Que ya no visito a nadie, ni contesto a quienes me escriben.
—¡Vamos, Bill!, tú jamás visitaste a nadie, ni contestaste cartas.
—Ya lo sé —replicó Faulkner—; lo que pasa es que ahora ya no me remuerde la conciencia.

 

Einstein bromeó en alguna ocasión acerca de los profesores nazis que se habían reunido en número de cien para condenar en un libro la Teoría de la Relatividad.

—Si yo no tuviera razón —decía Einstein— un profesor habría bastado.



domingo, 24 de abril de 2022

Anecdotario III

Cito de memoria:

En alguna ocasión una artista de esbelta figura le dijo a George Bernard Shaw:

- Con usted me gustaría tener un hijo con mi cuerpo y con su cerebro.

Y Shaw le dijo:

-Pues a mí no me gustaría tener contigo un hijo con mi cuerpo y con tu cerebro.



Otra:

F. Scott Fitzgerald dijo alguna vez:

-Los ricos son diferentes a nosotros.

Y Ernest Hemingway le respondió:

-Claro, tienen más dinero.



En una ocasión, George Bernard Shaw –que no podía soportar a Churchill, le envió un par de entradas para ver el estreno de su obra San Juan. En la nota ponía: «Una entrada es para usted y la otra para un amigo suyo, si es que lo tiene» Sin inmutarse, Churchill se disculpó indicando que le era imposible asistir, y si era posible disponer de entradas para la segunda noche «si es que la hay».

 
Un día Jorge Luis Borges estaba en un avión y ahí un niño empezó a llorar un largo rato, y Borges ya harto del llanto empezó a decir: ¡Herodes! ¡Herodes!


Rudiyard Kipling encontró un día con que el periódico que leía había publicado por error su epitafio. Inmediatamente, escribió al diario pidiéndole que, ya que estaba muerto, lo borraran de la lista de suscriptores.

 
-Cuando Camilo José Cela ganó el Nobel de Literatura le preguntaron:

-¿Le ha sorprendido ganar el premio Nobel de Literatura?

-Muchísimo, sobre todo porque me esperaba el de Física.


En los comienzos de su carrera Ernest Hemingway fue ayudado por F. Scott Fitzgerald. Cuando se hizo más conocido Hemingway comenzó a ningunear a Fitzgerald, y esto siguió un buen tiempo hasta que un día se retaron a una pelea a puñetazo limpio. Fitzgerald ganó la pelea y de ahí en adelante los dos escritores ya no se quisieron ver ni en foto.



Beethoven se encontró una vez con Mozart. Cada uno ya sabía del talento del otro. Mozart le dio un ejercicio complicado a Beethoven quien se dio cuenta de la trampa y lo tocó sin problemas.

Cuando Goethe y otros visitaban a Beethoven, luego de un rato éste se encerraba en su estudio mientras los demás se quebaban conversando en el salón y lo oían tocar.

Pasadas unas horas, había un silencio, de repente se abría la puerta de golpe y todos saltaban de terror, y Beethoven exclamaba que había compuesto una nueva obra.
 
En otra época los músicos eran tratados como sirvientes. Beethoven fue invitado a una reunión y cuando le dijeron que fuera a comer con la servidumbre les respondió que o él se sentaba a la mesa con los señores de la casa e invitados o se iba. Le hicieron caso.



Nota: Salvo lo anterior con Hemingway y Fitzgerald, sobre las guerritas, pleitos, pullas y ninguneos entre escritores y de otra gente por ser tan desagradables e inaceptables No Voy A Pone
r NADA.

Anecdotario II

Vamos con Stephen King ahora que me acuerdo:

Le preguntaron en una entrevista sobre sus colegas James Michener y Robert Ludlum y respondió:

-Son escritores sin estilo.

Y en la misma con otra pregunta:

-¿Cómo define su literatura?

-Mi literatura es como una hamburguesa con papas -patatas- fritas.

 

A un premio Nobel le pidieron que haga una conferencia sobre silvicultura- ciencia destinada a la formación y cultivo de bosques- y el hombre no tenía ni idea de eso.

 

H.G. Wells le tenía una ojeriza a Henry James, y en una parte de su autobiografía lo pone por los suelos. James podía ser una joyita muy pagado de sí mismo pero Wells a veces se pasaba de antipático.

Cuando visitó Estados Unidos en una entrevista a Wells le importó un comino lo demás y se puso a hablar como gran tema de... las habichuelas.
 

 

Oscar Wilde contó esta anécdota:

Tenía una tía muy bella, rica y elegante. Un día a mi tía se le ocurrió organizar una gran reunión por lo que organizó una gran limpieza y el adorno de su mansión.

El día de la reunión la casa estaba llena de luces y ostentando todo el lujo mientras una orquesta tocaba en el salón. Mi tía bajó y vio que no había venido nadie. Pasaba una hora, pasaban dos y tres y no llegaba ningún invitado, y entonces mi tía les dijo a los músicos que paraban y fueran a comer. Luego al final le dijo a la servidumbre que apagara las luces, cerrara todo y se fuera a dormir.

Mi tía se entristeció por el fracaso de su reunión y pasado un tiempo ella murió tal vez esto fue influenciado por la vergüenza del fracaso.

Se había olvidado de enviar las invitaciones.

Anecdotario I

Anecdotario

Aquí comienzo a poner una serie de anécdotas, frases,chistes y curiosidades que salieron en la revista Selecciones del Reader's Digest desde los años 40 hasta la primera década del siglo XXI, y de otras fuentes. No pongo todos los datos de cada una como número, tomo, año, mes, etcétera porque sería muy cansino indicar tanta cosa de muchos números pero si me los piden de alguno en particular los diría sin problemas. Lo que sí he hecho cuando he puesto algunos artículos de la revista antes indicada.

Esto es hecho sólo para compartir con los lectores del blog el contenido de mi modesta biblioteca/hemeroteca.



Cito de memoria:

Los hermanos Gouncourt -esos chismosos- contaban en su Diario que en las cenas entre escritores hablaban de cualquier tema como chistes, mujeres y de otras cosas pero no de libros ni de nada relacionado. Los autores que se reunían habían establecido entre ellos esta condición en sus comilonas: Cuando comemos no hablamos del trabajo, y cuando trabajamos hablamos de comida



Otra:

Luego de comer y beber en algún lugar a Mark Twain le pedían que pagara la cuenta y el escritor les decía que lo pongan en la cuenta de Mark Twain -su sobrenombre- en vez de poner su nombre real: Samuel Langhorne Clemens. Luego buscaban al tal Twain y no lo encontraban por ninguna parte.



Otra:

Mark Twain un día agarró una tiza blanca -gis- e hizo una raya en el suelo de su estudio y le indicó a la servidumbre:

- ¿Ves esta línea? Hasta aquí puedes limpiar y más allá de este lado de esta línea no lo harás.



Otras: Los menciono porque muchos músicos usaron obras literarias para sus composiciones o por curiosidad.

Beethoven adoptó a su sobrino después de pelearse con su hermana y muchas veces se olvidaba de darle de comer. El chico luego de un tiempo, harto de toda la situación familiar, se enlistó en el ejército.

Beethoven iba a un restaurante, se sentaba frente a una mesa y se quedaba pensando o componiendo anotando en sus papeles pero no pedía nada. Pasadas unas horas llamaba al camarero y pedía su cuenta, y el hombre le respondía que no había pedido nada pero Beethoven más terco que una mula igual pagaba la cuenta y se iba.

El compositor alemán prohibía que limpiaran la habitación donde tocaba y componía. Así que ésta se encontraba llena de polvo, papeles y hasta de orinales. 



Otra:

Un día Chopin fue a visitar a alguien y sentado en la sala se quedó pensando y mientras lo hacía vio como el perro de su conocido giraba en una u otra dirección. Y observando el movimiento del can se puso a reflexionar en las notas La y Re, y eso le dio una gran idea para una de sus composiciones.


Más adelante pondré los datos bibliograficos a las siguientes anécdotas.