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jueves, 18 de septiembre de 2025

¿Quién no cumplió la cita?

  


 

Por Robert Zacks

 

El amigo de cuyos labios oí esta historia ya murió;  por eso me consideró en libertad de relatarla.

 

Estaba yo, en compañía de mi padre haciendo un viaje mixto de negocios y recreo por Dinamarca y naturalmente, aprovechábamos todas nuestras horas libres para divertirnos. Ocurrió que un día entramos a echar un vaso de cerveza en una de esas pintorescas fondas danesas frecuentadas por los turistas.
―Es una lástima que no haya podido venir tu madre ―dijo papá― Hubiera sido encantador enseñarle todo esto.
En su juventud mi padre había visitado a Dinamarca.
―¿Cuánto tiempo hace que anduviste por aquí? ―le pregunté.
―Oh, cerca de 30 años… Y si mal no recuerdo estuve en esta misma fonda.
Miró en derredor como queriendo refrescar su memoria:
―Hermosos tiempos aquellos cuando…
Se detuvo súbitamente y observé que palidecía. Seguí la dirección de su mirada y vi que tenía los ojos clavados en una mujer que al otro lado del salón estaba sirviendo a un grupo de clientes. 
Debió de haber sido bella en otro tiempo pero ahora estaba muy metida en carnes y el desaliño del cabello le hacía poco favor.
―¿La conoces? —pregunté a mi padre.
—La conocí hace mucho…
La mujer se acercó a nuestra mesa y preguntó con brusquedad:
—¿Qué van a beber?
—Tomaremos cerveza —contesté.
La mujer hizo un gesto de asentimiento y volvió la espalda.
—¡Cómo ha cambiado! ¡Gracias a Dios no me reconoció! —dijo mi padre en voz baja enjugándose la frente con el pañuelo― La conocí antes de conocer a tu madre ―prosiguió― Yo hacía entonces una excursión de estudiante. Era una muchacha adorable, llena de gracia. Me enamoré de ella como un loco y ella de mí.
―¿Y mamá lo sabe? —interrumpí sorprendido.
—Naturalmente —repuso con afable expresión mi padre.
Noté que me miraba con cierta turbación y temí haber sido indiscreto.
—Papá —le dije— no es necesario que me expliques…
―Al contrario, hijo. Quiero contártelo todo para no dejar nada a tu imaginación.
El padre de la muchacha se opuso a nuestro noviazgo. Yo era un extranjero, no tenía carrera y dependía por completo de mi padre. Cuando escribí a éste que deseaba contraer matrimonio, me cortó la pensión. Tuve que regresar a casa. Pero me entrevisté con la muchacha una vez más y le dije que iba a volverme a América, pedir prestado bastante dinero para casarnos y regresar en su busca al cabo de unos meses.
—Sabíamos ―continuó― que su padre podía interceptar una carta y por lo tanto convinimos que yo me limitaría a enviarle por el correo un trozo de papel con una fecha escrita. En esa fecha ella me encontraría en determinado lugar y luego nos casaríamos. Bueno,  regresé a casa, obtuve el préstamo y le envié el papel con la fecha.
―¿Y qué pasó? ―pregunté.
―Ella recibió el papel y me contestó: «Estaré allá». Pero no estuvo. Entonces me enteré de que se había casado dos semanas antes con un mesonero de la localidad. No había esperado.
Hizo una breve pausa y añadió:
―Gracias a Dios que no esperó. Volví a la patria, conocí a tu madre y hemos sido verdaderamente dichosos. Con frecuencia bromeamos sobre aquel tonto amorío de mi juventud.
La mujer trajo la cerveza.
―¿Usted es norteamericano? —me preguntó.
—Sí.
—¡Hermosa tierra Norteamérica! —dijo con alegre expresión.
—Sí, muchos compatriotas suyos han ido allí. ¿Ha pensado usted en ir alguna vez?
—No. Digo, ahora no. Pensé ir hace muchos años. Pero me quedé aquí. Estoy mejor aquí.
Bebimos la cerveza y nos marchamos.

Una vez en la calle pregunté a mi padre:
―¿Cómo escribiste la fecha?
―Así ―me dijo― 12/11/13 que por supuesto era diciembre 11 de 1913.
―¡No! ―exclamé— ¡No en Dinamarca ni en ningún otro país europeo! Aquí se escribe en primer término el día. ¡Por consiguiente la fecha que tú escribiste no fue el 11 de diciembre sino el 12 de noviembre!
Mi padre se pasó la mano por la frente.
―¡De modo que estuvo esperándome ―exclamó― y se casó porque no acudí a la cita…
Guardó silencio como si aquella súbita revelación lo hubiera anonadado momentáneamente. Luego comentó:
―Bueno… deseo que sea feliz. Parece serlo.
Cuando reanudamos el paseo exclamé:
―Fue suerte que ocurriera así. De otro modo no hubieras conocido a mamá.
Me echó el brazo sobre el hombro y me dijo sonriendo cariñosamente:
―La suerte fue doble, muchacho, porque de otro modo tampoco te hubiera conocido a ti.

 

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo XV, N° 91, Junio de 1948, págs. 51-52, Selecciones del Reader’s Digest S.A, La Habana, Cuba

 

Notas

La foto de la ilustración en la página 51 es mía.

Pintoresca/co.- Dicho de algo como un país, una escena, un tipo o una costumbre: Que presenta una imagen peculiar.
Sinónimos: típico, característico.

Enjugar.-
Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc.
Sinónimos: secar, escurrir, enjutar.
Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. Sinónimo: Limpiar. DLE RAE

Metida/o en carnes.- Dicho de una persona: Algo gruesa, sin llegar a la obesidad. Diccionario Abierto de Español. significadode.org

Turbación: intranquilidad, desconcierto, aturdimiento, perplejidad, desasosiego, etc.

domingo, 8 de junio de 2025

El Mercader de Herat

Su estrategia de vendedor era tan irresistible, que me siguió los pasos por medio mundo.
 

Por James Michener


UNA VEZ viajé a la antigua ciudad de Herat, en Afganistán, y me alojé en un hotel que en otro tiempo había sido una mezquita y cuyos pisos eran de tierra. Apenas instalado, entró en mi habitación un hombre muy delgado, de negra cabellera, un tanto larga, y una sonrisa imborrable. De inmediato comenzó a arrojar al suelo 20 o 30 de las alfombras persas más encantadoras que jamás había visto.
Los diseños, por sí mismos, eran milagrosos: urdimbres intrincadas de símbolos coránicos enmarcados de grecas geométricas que hacían bailar los ojos. Y sus colores eran una auténtica delicia: rojos, amarillos, verdes y azules oscuros de una calidad radiante.
Supuse que se trataba de uno de los servicios que ofrecía el hotel, pero entonces el hombre me tendió un pedazo de papel donde estaba escrito a lápiz: Muhammad Zaqir, Mercader de Alfombras, Herat.
—¡No, no! —protesté—. ¡No quiero comprar alfombras!
—Yo dejarlas aquí —respondió sin dejar de sonreír—. Usted estudiarlas y aprender a que le gusten.
Antes de que pudiera renovar mis protestas, el hombre ya se alejaba con su camello.

Aquella noche regresó a mi habitación, alumbrada por la luz vacilante de una lámpara.
—¿Haber visto alfombras más bellas? —me preguntó—. Aquella ser de un amigo que vive en Mashlad; esas dos ser de Bukhara, y esta, de Samarkanda.

Volvió a la mañana siguiente, poco antes del mediodía. 
—Michener-sahib. ¿Un nombre alemán? —me preguntó.
Le expliqué mi procedencia, y entonces dijo:
—Tres, cuatro, quizás cinco de mis alfombras verse preciosas en su casa de Pensilvania.
—Mire, no necesito ni quiero alfombras para mi casa.
—¿No verse bien las alfombras en Pensilvania? —replicó.
Con la punta del pie apartó las que se habían quedado encima, a fin de revelar las desbordantes maravillas de las demás.
—Es grande, blanca y dorada, gustar a usted. Seiscientos dólares —prosiguió.
Al advertir mi asombro, se dio maña para tapar la grande con otras de menor tamaño.
—¡Ah, Michener-sahib! Usted debe tener buen ojo —dijo—. Esa ser de China. Ser de seda y lana; mirar los finos nudos.
Acto seguido me dio una conferencia sobre el arte de tejer alfombras: disertó sobre diseños, sobre variedades de nudos y sobre colores deslumbrantes. Era fascinante oírlo.

El tercer día, mientras bebíamos té, fue echando por tierra, una tras otras, todas mis objeciones:
—¿No poder llevarlas? Yo enviarlas. Salir en camello; en Karachi subir al barco; en tren salir de Nueva York; y luego en camión, hasta su casa en Pensilvania.
Me enseñó una libreta con las direcciones, en muchas partes del mundo, de compradores de sus alfombras. Su mercancía procedía de sitios tan remotos como Mashhad en Irán, o Bukhara, en Uzbekistán.
Al parecer, Muhammad Zaqir viajaba mucho con su camello de carga. 
En la libreta, a un lado de las direcciones de envío, estaban pegadas cartas en la que los clientes declaraban que las alfombras habían llegado a sus manos.
—Michener-sahib, yo dar precio especial. Yo dejar estas cuatro alfombras en 450 dólares. Nunca volver a encontrar ganga igual.
—No tengo dólares.
Al oír esto, Muhammad enumeró con rapidez las divisas que podía aceptar en sus transacciones: moneda británica, india, iraní, pakistaní, afgana…
—Amigo Muhammad —lo interrumpí—, no tengo dinero de ninguna clase.
—Yo saber, yo saber —gimió—. Pero usted ser honrado y yo aceptar su cheque personal.
Afligido, repuse:
—No tengo ni un solo cheque en blanco.
—Yo creerle —aseguró Muhammad—. Entonces, dibujar uno.
Me tendió una hoja de papel ordinario y, por primera vez en mi vida, dibujé un cheque. Se lo entregué, y a continuación Muhammad Zaqir enrolló las cuatro alfombras que yo había comprado, montó en su camello y se marchó.

De regreso en mi casa de Pensilvania, empecé a recibir dos clases de cartas. La primera era más o menos del siguiente tenor:
Soy su agente de embarques de Estambul. Recientemente llegó un carguero procedente de Karachi, con un paquete grande dirigido a usted. Cuando reciba su cheque por 19.50 dólares norteamericanos le remitiré el paquete.

Durante tres años recibí un flujo ininterrumpido de cartas procedentes de Karachi, de Estambul, de Trieste y de Marsella. Invariablemente solicitaban una suma inferior a 20 dólares, de manera que me inclinaba a pensar: Puesto que ya he invertido tanto en esto, bien podría arriesgar un poco más.

La segunda clase de cartas eran parecidas a esta: 
Soy el embajador de Italia en Kabul.
Hace poco estuve en Herat, donde un mercader de alfombras me mostró ese extraño cheque que usted le dio. Me preguntó si se lo pagarían cuando deseara hacerlo efectivo, y yo le aseguré que no habría inconveniente. A mi vez, le pregunté por qué no lo había presentado todavía para su cobro, y contestó: “Michener-sahib ser un hombre famoso. Yo mostrar su cheque a gente como usted, y vender muchas alfombras”.


Recibí cartas de viajantes de comercio franceses, de exploradores ingleses, de comerciantes indios, de toda la variedad imaginable de personas que acudieron a la ex  mezquita de Herat.

Un día, llegaron las alfombras, como me había prometido Muhammad Zaqir, junto con una cantidad tal de documentos de embarque que por sí mismos podían figurar en la colección de un museo. Al cabo de cinco años, el cheque que yo había dibujado y que había servido como propaganda llegó al banco, y este pagó su importe.

Aprecio mucho mis magníficas alfombras y estoy muy contento de tenerlas; pero quizás  disfruto más mis recuerdos del honrado mercader que durante cuatro días hizo gala de ingenio para persuadirme a comprarlas.


Condensado  de “The World Is My Home: A Memoir”, © 1992 por James A. Michener. Publicado por Random House, Inc., de Nueva York, Nueva York.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, N° 624, Año 52, Noviembre de 1992, páginas 111-113, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


Notas
Greca: Adorno consistente en una faja más o menos ancha en que se repite la misma combinación de elementos decorativos, y especialmente la compuesta por líneas que forman ángulos rectos. DLE. RAE

Sahib: Señor, amo. Se usaba especialmente entre los habitantes nativos de la India colonial cuando se dirigían o hablaban de un europeo de algún estatus social u oficial. Diccionario Merriam-Webster

Tenor: Contenido literal de un escrito u oración
A tenor, a este tenor: Locución adverbial.-  Por el mismo estilo, de la misma manera. DLE. RAE

Karachi: Ciudad más poblada, y centro financiero y portuario de Pakistán. Wikipedia

Trieste: Ciudad en el norte de Italia, a orillas del Mar Adriático.

Kabul: Ciudad más poblada y capital de Afganistán.

miércoles, 23 de abril de 2025

Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos (y las curiosas reglas de Roma, Atenas y Londres)

 

 
Hay rascacielos, pero Europa es relativamente bajita

 

Por BBC News Mundo
Redacción

 

Los rascacielos son, para algunos, el símbolo definitivo del progreso y la modernidad. Para otros, una fea mancha en el horizonte natural.

Las primeras edificaciones decididamente altas que conocemos fueron los zigurats de adobe cocido de Sumeria, que se alzaban en lo que una vez fue Mesopotamia y hoy es el sur de Irak.

Eran estructuras religiosas forjadas con la fusión de riqueza recién acumulada y la creencia en algo más allá de la existencia material.

Ese deseo de alcanzar el cielo mientras se celebraba tanto la fortuna y poder como a los dioses también dio lugar a las pirámides del antiguo Egipto y, milenios más tarde, a las agujas de las catedrales medievales.

La Gran Pirámide de Guiza, terminada en el 2540 a.C., no tuvo rival, elevándose por encima de todas las demás edificaciones... hasta que se completó la aguja de la Catedral de Lincoln en Inglaterra en 1092.

Pero fue a finales del siglo XIX, cuando las estructuras de acero y los ascensores seguros hicieron que vivir y trabajar a 300 metros de altura fuera una realidad sensata y rentable, que surgieron los rascacielos en Chicago y Nueva York.

Y también fue en esa época cuando se hizo más evidente otra de las principales razones para construir a tal altura: la competencia.

La carrera hacia las nubes empezó en esas dos ciudades estadounidenses, pero con el tiempo otras urbes del mundo las dejaron atrás.

Hoy en día, en la lista de los 100 edificios más altos del planeta del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH), el primero que aparece de EE.UU. es One World Trade Center, de Nueva York.

Está en 7° puesto, y con 541 metros de altura, es 287 metros más bajo que el indiscutible campeón, el Burj Khalifa de Dubái.

De hecho, los primeros puestos en esa lista muestran cómo los estados, reinos y emiratos de Medio Oriente compiten con China, mientras que otros países, deseosos de exhibir su nueva riqueza, se han sumado a este juego de números.

Sin embargo, Europa es una curiosa excepción.

El Centro Lakhta de San Petersburgo, con sus 462 metros, es el más alto de Europa, pero no la edificación más querida de la ciudad. 

Si bien es cierto que en el puesto 16 de esa lista está el Centro Lakhta de San Petersburgo, el primer edificio europeo que hace aparición, y que mucho más abajo aparecen 3 de Moscú y uno de Estambul, no hay ninguno de Europa Occidental.

Es más: solo siete de los 1.000 edificios más altos del mundo se encuentran en la Unión Europea.

El que ostenta el título del rascacielos ocupado más alto de toda la U.E. es el Varso, un edificio de oficinas en el centro de Varsovia, Polonia, pero alcanza apenas el lugar 179º en el ránking global.

El segundo más alto en esa región, la Torre Commerzbank de Frankfurt, Alemania, es el 552°, a pesar de alzarse 259 metros.

Con gran parte del mundo comprometido en una misión para construir su escalera hacia el cielo, ¿por qué Europa ha permanecido tan... bajita?

 

Sin bloquear la vista

No es que en Europa Occidental no haya rascacielos, sobre todo si tienes en cuenta que un edificio es considerado "rascacielos" si tiene una altura mínima de 100 metros.

Incluso tiene de los que se clasifican como rascacielos "altos", que superan los 150 metros, pero muy pocos "super altos", de más de 300 metros, y ninguno "mega alto", cuyo tamaño debe ser de más de 600 metros.

Y siendo un territorio rico con escaso terreno y mucha gente (Alemania, por ejemplo, tiene una densidad de población mayor que los Emiratos Árabes Unidos, obsesionados con los rascacielos), cabría esperar que Europa construyera masivamente hacia arriba.

Pero no ha sido así, y no es por falta de conocimientos ni posibilidades.

¿Recuerdan los avances claves que dispararon la carrera al cielo: las estructuras de acero y los ascensores para acceder a las plantas superiores?

Europa contó desde un principio con todas las habilidades necesarias, como demostraron magistralmente el francés Gustave Eiffel en 1889 y el alemán Werner von Siemens, quien inventó el primer ascensor eléctrico en 1880.

Es por diversos factores, pero uno de los más cruciales es que sencillamente es muy difícil construirlos debido a las complejas regulaciones destinadas a proteger el patrimonio cultural.

 

La Basílica de San Pedro determina la altura máxima en la zona central de Roma.

 

Tomemos a Atenas, por ejemplo.

Sus edificaciones no pueden bloquear las vistas del Partenón.

Están limitadas a solo 12 pisos, a menos de que estén lo suficientemente lejos para que no impidan ver el templo a la protectora de la ciudad, Atenea, la diosa de la sabiduría, la estrategia y la justicia.

De manera similar, en la zona central de Roma, ningún edificio puede superar la altura de la Cúpula de la Basílica de San Pedro, o de lo contrario se enfrentará a la ira de Dios, o del Papa o, al menos, de algunos burócratas de la ciudad.

Ese límite de 136 metros fue roto en el año 2012, cuando se levantó el rascacielos "Torre Eurosky" de 155 metros de altura.

Pero sólo se pudo construir gracias a que estaba por fuera del área de prohibición, en el distrito residencial y comercial EUR.

Y luego está Londres.

La capital británica no es ajena a los rascacielos.

El más alto, The Shard, ocupa el lugar 195 en el ránking global; con sus 306 metros de altura se eleva apenas un metro más que el T.Op Corporativo (Torres Obispado) de Monterrey, México.

Pero aunque hay varios rascacielos, incluso allí no es tan fácil construirlos, en gran parte debido a una ley de 1938 diseñada para proteger la Catedral de San Pablo o al menos una vista de este edificio que alguna vez fue el más alto de Londres, con 111 metros.

No se puede construir nada que tape la vista de la Catedral de San Pablo desde ocho puntos de Londres. 

Hay ocho miradores protegidos que atraviesan Londres, todos los cuales deben preservar una vista de la icónica catedral.

Un obstáculo complicado de sortear para los aspirantes a romper récords. 

 

Los colados (y odiados)

Ahora bien, también es cierto que, con el tiempo, algunos edificios más altos se han colado ocasionalmente.

Pero a menudo, son controvertidos y despreciados.

Pocos más que la famosa estructura alta de París.

No, no la Torre Eiffel, sino la Torre Montparnasse, con 210 metros.

Construida en 1973, fue tan repudiada que rápidamente se introdujo una nueva ley que limitaba todos los edificios nuevos en el centro de París a solo 37 metros.

Solo en el suburbio del distrito comercial de La Défense se levantaron después edificios altos, aunque nunca tanto como los de otras partes del mundo.

Esa es una tendencia en Europa: los rascacielos, a menudo, suelen estar en la periferia.

Ojos que no ven (o que al menos pueden evitar ver), corazón que no siente.

Aunque incluso eso a veces no es satisfactorio.

                                  Uno amado, otro odiado.

 

Hasta el Centro Lakhta de San Petersburgo, sede de la empresa estatal de gas Gazprom, que podría ser motivo de orgullo de todos por ser el rascacielos más alto de Europa, enfrentó una férrea oposición.

La ciudad fue construida por voluntad de Pedro el Grande en el siglo XVIII para que fuera un "antídoto contra Moscú" y su "ventana a Europa".

Y estuvo protegida, hasta la erección de ese rascacielos, por un decreto que prohibía edificios más altos que el Palacio de Invierno.

Durante mucho tiempo, en la silueta que definía la ciudad se destacaban sus tres torres: la Catedral de Pedro y Pablo, el Almirantazgo y la del Castillo de San Miguel.

La aparición del Centro Lakhta irrumpió en el famoso panorama.

                 El Centro Lakhta, a la izquierda, ahora hace parte de la silueta de San Petersburgo.

Organizaciones públicas y los residentes locales descontentos intentaron bloquear su construcción.

La UNESCO amenazó con despojar a la ciudad de su condición de patrimonio histórico.

La indignación pública obligó a que se cambiara la ubicación de la torre a las afueras, sin embargo muchos activistas siguieron viendo ese logro como una derrota.

 

Vista al cielo

Por supuesto, hay otras razones, además del patrimonio cultural y la estricta regulación, que diferencian a los horizontes europeos de sus homólogos del mundo.

La geografía distintiva en ciertas partes de Europa también influye, como señala el articulista Carlemagne en The Economist.

Dada su latitud norte, las vistas desde los penthouse de los rascacielos se obtienen a costa de más oscuridad para el resto.

En Gotemburgo, Suecia, por ejemplo, los 245 metros de altura del Karlatornet proyectan una sombra a media tarde de aproximadamente la misma longitud que la de los 828 metros del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.

Y eso importa mucho en un lugar que recibe, en promedio anual, poco más de 5 horas de luz del Sol al día.

Para algunos, otra razón puede ser la falta de necesidad: los rascacielos imponentes no sólo son símbolos de estatus sino que sirven para darle visibilidad a las ciudades que los alojan.

Ni a París, ni a Roma, ni a Atenas, ni a Praga les hace falta un edificio alto para fijar su lugar en el mapa cultural de la humanidad.

Para otros, es muestra de que el Viejo Continente se ha dado por vencido, y no puede competir con lugares más jóvenes y modernos.

El caso es que, hasta ahora, Europa ha resistido en gran medida la tentación de construir cada vez más alto.

Y hay quienes opinan que, dada la belleza de su histórica arquitectura que no le obstruye a nadie la vista al cielo desde sus plazas y bulevares arbolados, ojalá siga siendo así.

 

Fuente:  Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos

 

 

 

viernes, 28 de marzo de 2025

Colección El Mundo en Color

Editada por Doré Ogrizek, Pierre Daninos et al

Ediciones Castilla

1950-1962

Cada volumen encuadernado de tapa dura viene con sobrecubierta a colores (si acaso la tiene), un prólogo, textos de varios autores que están acompañados con fotos, mapas y bellas ilustraciones de diversos dibujantes.



Italia

París

Portugal

Estados Unidos

Países Nórdicos. Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia

Benelux. Bélgica, Holanda, Luxemburgo

España

Saber Vivir Internacional (Sabre Vivre). Formas de comportarse en todos los países
 
Gran Bretaña

El Mundo en la Mesa. Guía-Diccionario de la Gastronomía Internacional

África del Norte. Argelia, Túnez, Marruecos Español y Francés, Sáhara, Libia

Francia. Sus Provincias

Suiza

Tierra Santa. Jordania, Siria, Líbano, Israel

Alemania

México/América Central/Antillas

Japón

América del Sur, Tomo I. Brasil. Venezuela, Colombia, Ecuador

América del Sur, Tomo II. Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú

Grecia

África Negra. Etiopía, Madagascar

Yugoslavia

Austria


viernes, 7 de julio de 2023

"La gente piensa que España colonizó América, pero la conquista fue pactada entre indígenas y españoles: el 95% de los conquistadores eran indígenas"

Por José Carlos Cueto

BBC News Mundo

 


 

 "El Descubrimiento de Europa" es un libro que cambia nociones.

Su autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.

Y es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo cambiaron para siempre.

El libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber participado en la conquista. 

O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas. 

BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.

 

Es un libro detallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.

Cuando escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para ser creíble.

El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.

La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.

¿Quién se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista Tahuantinsuyo con 2.000.000 km2? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos, conquista la federación mexica?

La conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y jefaturas.

De hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos, extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y mantener sus privilegios.

Muchos de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.

En España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos nobiliarios.

Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.

Mucha de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

Esa es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas. 

 

No parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la historia.

En la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.

Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.

He trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.

Hay una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes contar más que sobre el genocidio, pero también están los rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los salvajes.

El mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores, magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.

En el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.

La historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos lados.

Los de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media, acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas también me critican.

Claro que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como fueron y ya está.

Había eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.

Ni siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su idolatría y fuera del evangelio.

De las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero. 

 

Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.

España descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después, en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando americanos a Europa y descubriéndola.

Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.

Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.

 La cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.

En los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos fueron marcados para registrar su propiedad.

Aquí hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los capturados en guerra justa.

Después, en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que luego sirvan de esclavos.

Abolir la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros, aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una política de Estado, sino acciones individuales.

Hubo mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los esclavos indígenas en España desde 1542.

Aunque siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de Castilla. 

 

Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.

Es verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.

Aunque también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias. La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su proyecto.

Se da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de esclavos y venderlos en los mercados europeos.

No pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América a Europa. 

 

¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?

En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.

Primero, genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra realidad.

Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.

Culturalmente, ¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena? Tiburón, piña, tomate... un porcentaje muy alto de las palabras del castellano procede de los distintos idiomas indígenas.

A nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.

Muchas veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo indígena. 

También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.

El Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas del Colegio de San José de los Naturales en México.

No se sabía que muchos de los cruficados devotos españoles proceden del mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede creer.

Hay inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.

Cuando le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre española corre sangre indígena.

Es lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y nos influyeran remueve conciencias.

 

¿Puede esto tener algo que ver con racismo?

 No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.

A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.

El mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España, se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en Madrid.

Los mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que habitan y no existía problema racial.

Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.

Si eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al igual que en el siglo XVI.

 

Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro

Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.

Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.

La visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba, porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.

Si venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera, les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la atención la extrema pobreza.

Ellos venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa miseria entre sus miembros.

Muchas sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles. Destruyeron grandes civilizaciones.

 

En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.

Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.

Es interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas, en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.

Como indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.

Hay un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.

Y ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos conociendo todo el corpus legal español.

Incluso, los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban mucho.

El libro también rompe con ese estereoptipo del indígena ingenuo y permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de España.

Una cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así era la mentalidad de la época. 

 

¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?

Difícil. Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores. Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.

Muchos otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.

En 1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.

Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.

Es importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con cartas.

Si un español cualquiera quería verse con el rey lo tenía difícil.

Pero este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión directa. 

 

Fuente:

Conquista Pactada

martes, 14 de julio de 2020

"Puedes derribar todos los monumentos del mundo, pero eso no cambia necesariamente lo que ocurrió. Estamos obligados a aprender de ese pasado"


miércoles, 15 de abril de 2020

Titanic, el legendario barco que se hundió en su viaje inaugural

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Es la trágica historia de la que todo el mundo conoce el final: el Titanic se hunde. Sus últimas horas se han convertido en material para crear un mito, alimentado por las distintas versiones de las películas sobre la historia.

Hace 106 años, el colosal barco chocó contra un iceberg a toda velocidad. Dos horas y medio más tarde, se hundió en el fondo del Atlántico y por ello murieron más de 1.500 hombres, mujeres y niños.

La tragedia ha inspirado una serie de películas, documentales y teorías conspiratorias.
La película "Titanic" dirigida por el estadounidense James Cameron, original de 1997 y reeditada en 3D en 2012, nos recuerda que lo que mucha gente sabe de los acontecimientos de 14 de abril 1912 no proviene de un hecho histórico, sino de la pantalla grande.

¿Insumergible?

 En la cinta, la madre de la protagonista mira hacia el barco desde el muelle de Southampton, una ciudad del sur de Inglaterra, y señala: "Así que este es el barco que dicen que es imposible de hundir".

 Pero este es quizás el más grande mito que rodea al Titanic, dice Richard Howells, profesor de sociología cultural del King's College London, una universidad con sede en la capital británica.
"No es cierto que todo el mundo pensaba eso. Es un mito retrospectivo y genera una mejor historia".
Contrario a la interpretación popular, su propietaria, la naviera White Star Line, nunca hizo una declaración contundente de que el Titanic fuera insumergible.

Y, en realidad, nadie habló de que el barco era imposible de hundir hasta después del evento, sostiene Howells.

Aunque el hundimiento apareció mucho en los noticieros del cine mudo de la época, había muy poco material de archivo de la propia nave.
Esto porque el Titanic no fue una gran noticia antes de hundirse.

Su buque gemelo, el Olympic, le robó protagonismo en su viaje inaugural desde Southampton a Nueva York en 1911. Tenía el mismo capitán que el Titanic, recorrió el mismo camino, tenían las mismas instalaciones de seguridad y el mismo número de botes salvavidas, o los mismos faltantes.

"La historia se convirtió en mito en cuestión de horas y, obviamente, a días del hundimiento", asegura el profesor del King's College.

 La Última Canción de la Banda

Una de las más bellas imágenes que ofrecen en muchas de las películas sobre el Titanic es de la banda tocando mientras el barco se hunde.

La leyenda dice que los músicos permanecieron en cubierta en un intento de mantener en alto la moral de los pasajeros, y que la última melodía que tocaron fue el himno "Más cerca, mi Dios, a ti". También que ninguno de ellos sobrevivió y se convirtieron en héroes.

Simon McCallum, curador del archivo del British Film Institute, dice que los testimonios relatan que la banda tocó en la cubierta, pero hay un debate acerca de cuál fue la canción final.

"El pasajero que recordó ese himno en particular fue lo suficientemente afortunado para salir mucho tiempo antes de que el trasatlántico se hundiera. En realidad nunca sabremos si los siete músicos murieron, pero es una licencia poética", dice McCallum.

Paul Louden-Brown, miembro de la Sociedad Histórica del Titanic que trabajó como consultor en la película de Cameron, dice que la escena de los músicos en la película de 1958 A Night To Remember era tan maravillosa que el director decidió repetirla.

La muerte del capitán Smith

Poco se sabe sobre las últimas horas del capitán Edward J. Smith, pero se le recuerda como el héroe, a pesar de aparentemente no haber atendido las advertencias y no frenar la nave cuando se le informó que había hielo en su camino.

 "Él sabía cuántos pasajeros había en el barco y el número de espacios en los botes salvavidas y permitió que salieran parcialmente llenos", dice Louden-Brown, a quien no le gustan las representaciones excesivamente benévolas del capitán en el cine.

Se dice que el primer bote salvavidas, con una capacidad de 65 personas, contenía tan sólo 27 personas. Muchos de estos barcos salvavidas se fueron medio vacíos y no regresaron a recoger a los sobrevivientes.

"Smith es el responsable último de todas las fallas de la estructura de mando a bordo. Nadie más puede tener la culpa", añade Louden-Brown.

El capitán Smith no emitió una orden general de "abandonar el barco", lo que significa que muchos pasajeros no se dieron cuenta de que el Titanic estaba en peligro inminente. No había ningún plan para una evacuación ordenada, ni se hicieron simulacros de emergencia con antelación.

John Graves, del Museo Nacional Marítimo de Londres, está de acuerdo en que en esa fatídica noche "Smith parece haberse desvanecido en el éter". Él piensa que el capitán puede haberse traumatizado cuando se dio cuenta que no había botes salvavidas suficientes.

El empresario malvado 

Las historias que rodean a J. Bruce Ismay, el presidente de la compañía que construyó el Titanic, son muchas pero casi todas se centran en las denuncias acerca de su supuesta cobardía al escapar del barco que se hundía, mientras que los demás pasajeros, especialmente mujeres y niños, fueron abandonados a su suerte.

 Todos los guiones retratan a Ismay como un cobarde que intimidó al capitán para que condujera más rápido el barco y después salvó su propio pellejo al saltar al primer lugar disponible en un bote salvavidas.

"Cada cineasta ha encontrado que la traición es demasiado deliciosa para no incorporarla en su película", dice Paul Louden-Brown.

"Si nos remontamos adonde comenzó todo, llegamos hasta William Randolp Hearst, el magnate de los diarios en Estados Unidos. Él e Ismay habían roto relaciones cuando el segundo no cooperó con la prensa en relación a un accidente en otro barco de la White Star Line".

Ismay fue casi universalmente condenado en EE.UU. y Hearst orquestó una campaña contra él, tildándolo de "el bruto". Publicaron la lista de todos aquellos que murieron y en la columna de los sobrevivientes se leía un sólo nombre: Ismay.

Algunos sobrevivientes dijeron que subió al primer bote salvavidas, otros que pidió a su propia tripulación que se lo llevaran y el barbero del barco contó fue el propio oficial jefe el que lo puso en un barco.

Sin embargo, Lord Mersey, quien dirigió la investigación británica sobre el hundimiento en 1912, llegó a la conclusión de que Ismay había ayudado a muchos otros pasajeros antes de encontrar un lugar para sí mismo en el último bote salvavidas que salió de estribo

"Si no hubiera saltado en él simplemente se hubiera añadido una vida más a las que se perdieron", dijo.

Louden-Brown cree que retratar a Ismay como el villano es injusto y así lo planteó cuando trabajaba como asesor de Cameron.

"Una cosa que me dijeron fue 'esto es lo que el público espera ver'", asegura.
Ismay nunca superó la vergüenza de saltar a un bote salvavidas y se retiró de la White Star Line en 1913.

Frances Wilson, autor de "Cómo sobrevivir al Titanic: El hundimiento del J. Bruce Ismay", dice que siente simpatía por él y lo ve como "un hombre común atrapado en circunstancias extraordinarias".

"Su desconcertante comportamiento en el Titanic se debió a la confusión en torno a su condición: ¿era un pasajero normal, como afirmaba, o como las investigaciones sugieren un "súper capitán"? Las personas a bordo actúan de acuerdo con su rango e Ismay no tenía ni idea de cual era el suyo".

 Los pasajeros de tercera

Una de las escenas más emotivas de la película de Cameron retrata a los pasajeros de tercera clase retenidos bajo cubierta contra su voluntad, sin que se les permitiese llegar a los botes salvavidas. 

Richard Howells argumenta que no existe ninguna evidencia histórica para apoyar esto.

Existían rejas que separaban a los pasajeros de tercera clase de los demás. Pero esto no era en previsión de un naufragio, sino en cumplimiento de las leyes de inmigración de Estados Unidos y la temida propagación de enfermedades infecciosas.

Los pasajeros de tercera clase incluían armenios, chinos, holandeses, italianos, rusos, escandinavos, sirios y británicos, quienes embarcaron en busca de una nueva vida en EE.UU. 

"En virtud de la legislación estadounidense vigente, los inmigrantes tenían que ser mantenidos por separado. De manera que, antes de que atracara en Manhattan, el Titanic habría tenido que detenerse en la isla de Ellis, para que estos fueran sometidos a controles sanitarios y a los controles de inmigración", dice Howell.

Cada clase tenía acceso a su propia cubierta y a botes salvavidas asignados. 

Aunque el factor crucial es que en la sección misma de tercera clase del barco no fueron almacenados botes salvavidas.

Los pasajeros de tercera clase tenían que encontrar su camino a través de un laberinto de pasillos y escaleras para llegar a la cubierta del barco. Los pasajeros de primera y segunda clase tenían más probabilidades de llegar a los botes salvavidas situados en la cubierta del barco.

El informe que se elaboró tras la investigación británica reveló que el Titanic estaba en conformidad con la ley de inmigración estadounidense en vigor en el momento y que las acusaciones de que los pasajeros de tercera clase fueron encerrados bajo cubierta eran falsas.

Mersey señaló que muchos pasajeros de tercera clase fueron "reacios" a abandonar el barco y a "desprenderse de su equipaje" y que tuvieron dificultades para llegar a los botes salvavidas.

Ninguna de las pruebas presentadas señaló alguna mala intención de obstruir a los pasajeros de tercera clase, sino más bien un descuido provocado por la obediencia ciega a las normas, aunque los resultados siguen siendo fatales.

Cuando los botes salvavidas finalmente se bajaron, los oficiales dieron la orden de que "las mujeres y los niños" debían ir primero. Así, se registró que 115 hombres de primera clase y 147 de segunda dieron un paso atrás para hacer espacio y como resultado murieron.

Ningún pasajero de tercera clase ofreció testimonio en la investigación británica, pero estuvieron representados por un abogado, W. D. Harbinson.

Éste llegó a la conclusión de que "no se dio ninguna evidencia en el curso de este caso para fundamentar una acusación de que se realizara algún intento para contener a los pasajeros de tercera clase".

Sin embargo, la clase hizo una diferencia: menos de un tercio de los pasajeros de tercera sobrevivieron.

Aunque las mujeres y los niños lo hicieron en mayor número en todas las clases, ya que se les dio prioridad en los botes salvavidas.

Titanic en la pantalla grande
  • Saved from the Titanic (EE.UU., 1912). Protagonizada por la sobreviviente Dorothy Gibson, supuestamente con el mismo vestido con el que había sido rescatada.
  • Atlantic (Reino Unido, 1929). La primera película sonora realizada sobre el desastre. No se refiere explícitamente al Titanic. La White Star Line lo prohibió.
  • Titanic(Alemania, 1943). El conocido como el "Titanic nazi", fue encargado por Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945. En la película se asegura que el trasatlántico trató de establecer un récord de velocidad para manipular el precio de las acciones de la White Star Line. Se ignora la advertencia de un oficial alemán.
  • Titanic(EE.UU., 1953). Fue la primera historia de Hollywood sobre el barco. Su trama se centra en una pareja en el viaje inaugural del Titanic.
  • A Night To Remember (Reino Unido, 1958). Este docudrama fue durante mucho tiempo considerada la más exacta de las películas sobre el tema.
  • Raise the Titanic (EE.UU., 1980). Durante la Guerra Fría, un grupo de estadounidenses con experiencia en reflotar barcos hundidos es contratado por el gobierno estadounidense para sacar el famoso transatlántico del fondo del Atlántico, ya que un mineral raro en la cubierta podría ser utilizado para evitar la entrada de misiles en el espacio aéreo de EE.UU.
  • Titanic(EE.UU., 1997). Esta epopeya romántica se convirtió en uno de los filmes más caros de la historia. Los amantes Jack y Rose, interpretados por el estadounidense Leonardo DiCaprio y la británica Kate Winslet, son ficticios, pero otros están basados en personajes históricos.
*Este artículo fue publicado originalmente en 2012, a propósito de los 100 años del hundimiento del Titanic.

 Fuente:

 https://www.bbc.com/mundo/deportes-43733511