El amigo de cuyos labios oí esta historia ya murió; por eso me consideró en libertad de relatarla.
Estaba yo, en compañía de mi padre haciendo un viaje mixto de negocios y recreo por Dinamarca y naturalmente, aprovechábamos todas nuestras horas libres para divertirnos. Ocurrió que un día entramos a echar un vaso de cerveza en una de esas pintorescas fondas danesas frecuentadas por los turistas. ―Es una lástima que no haya podido venir tu madre ―dijo papá― Hubiera sido encantador enseñarle todo esto. En su juventud mi padre había visitado a Dinamarca. ―¿Cuánto tiempo hace que anduviste por aquí? ―le pregunté. ―Oh, cerca de 30 años… Y si mal no recuerdo estuve en esta misma fonda. Miró en derredor como queriendo refrescar su memoria: ―Hermosos tiempos aquellos cuando… Se detuvo súbitamente y observé que palidecía. Seguí la dirección de su mirada y vi que tenía los ojos clavados en una mujer que al otro lado del salón estaba sirviendo a un grupo de clientes. Debió de haber sido bella en otro tiempo pero ahora estaba muy metida en carnes y el desaliño del cabello le hacía poco favor. ―¿La conoces? —pregunté a mi padre. —La conocí hace mucho… La mujer se acercó a nuestra mesa y preguntó con brusquedad: —¿Qué van a beber? —Tomaremos cerveza —contesté. La mujer hizo un gesto de asentimiento y volvió la espalda. —¡Cómo ha cambiado! ¡Gracias a Dios no me reconoció! —dijo mi padre en voz baja enjugándose la frente con el pañuelo― La conocí antes de conocer a tu madre ―prosiguió― Yo hacía entonces una excursión de estudiante. Era una muchacha adorable, llena de gracia. Me enamoré de ella como un loco y ella de mí. ―¿Y mamá lo sabe? —interrumpí sorprendido. —Naturalmente —repuso con afable expresión mi padre. Noté que me miraba con cierta turbación y temí haber sido indiscreto. —Papá —le dije— no es necesario que me expliques… ―Al contrario, hijo. Quiero contártelo todo para no dejar nada a tu imaginación. El padre de la muchacha se opuso a nuestro noviazgo. Yo era un extranjero, no tenía carrera y dependía por completo de mi padre. Cuando escribí a éste que deseaba contraer matrimonio, me cortó la pensión. Tuve que regresar a casa. Pero me entrevisté con la muchacha una vez más y le dije que iba a volverme a América, pedir prestado bastante dinero para casarnos y regresar en su busca al cabo de unos meses. —Sabíamos ―continuó― que su padre podía interceptar una carta y por lo tanto convinimos que yo me limitaría a enviarle por el correo un trozo de papel con una fecha escrita. En esa fecha ella me encontraría en determinado lugar y luego nos casaríamos. Bueno, regresé a casa, obtuve el préstamo y le envié el papel con la fecha. ―¿Y qué pasó? ―pregunté. ―Ella recibió el papel y me contestó: «Estaré allá». Pero no estuvo. Entonces me enteré de que se había casado dos semanas antes con un mesonero de la localidad. No había esperado. Hizo una breve pausa y añadió: ―Gracias a Dios que no esperó. Volví a la patria, conocí a tu madre y hemos sido verdaderamente dichosos. Con frecuencia bromeamos sobre aquel tonto amorío de mi juventud. La mujer trajo la cerveza. ―¿Usted es norteamericano? —me preguntó. —Sí. —¡Hermosa tierra Norteamérica! —dijo con alegre expresión. —Sí, muchos compatriotas suyos han ido allí. ¿Ha pensado usted en ir alguna vez? —No. Digo, ahora no. Pensé ir hace muchos años. Pero me quedé aquí. Estoy mejor aquí. Bebimos la cerveza y nos marchamos.
Una vez en la calle pregunté a mi padre: ―¿Cómo escribiste la fecha? ―Así ―me dijo― 12/11/13 que por supuesto era diciembre 11 de 1913. ―¡No! ―exclamé— ¡No en Dinamarca ni en ningún otro país europeo! Aquí se escribe en primer término el día. ¡Por consiguiente la fecha que tú escribiste no fue el 11 de diciembre sino el 12 de noviembre! Mi padre se pasó la mano por la frente. ―¡De modo que estuvo esperándome ―exclamó― y se casó porque no acudí a la cita… Guardó silencio como si aquella súbita revelación lo hubiera anonadado momentáneamente. Luego comentó: ―Bueno… deseo que sea feliz. Parece serlo. Cuando reanudamos el paseo exclamé: ―Fue suerte que ocurriera así. De otro modo no hubieras conocido a mamá. Me echó el brazo sobre el hombro y me dijo sonriendo cariñosamente: ―La suerte fue doble, muchacho, porque de otro modo tampoco te hubiera conocido a ti.
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo XV, N° 91, Junio de 1948, págs. 51-52, Selecciones del Reader’s Digest S.A, La Habana, Cuba
Notas
La foto de la ilustración en la página 51 es mía.
Pintoresca/co.- Dicho de algo como un país, una escena, un tipo o una costumbre: Que presenta una imagen peculiar. Sinónimos: típico, característico.
Enjugar.- Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc. Sinónimos: secar, escurrir, enjutar. Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. Sinónimo: Limpiar. DLE RAE
Metida/o en carnes.- Dicho de una persona: Algo gruesa, sin llegar a la obesidad. Diccionario Abierto de Español. significadode.org
Turbación: intranquilidad, desconcierto, aturdimiento, perplejidad, desasosiego, etc.
Su estrategia de vendedor era tan irresistible, que me siguió los pasos por medio mundo.
Por James Michener
UNA VEZ viajé a la antigua ciudad de Herat, en Afganistán, y me alojé en un hotel que en otro tiempo había sido una mezquita y cuyos pisos eran de tierra. Apenas instalado, entró en mi habitación un hombre muy delgado, de negra cabellera, un tanto larga, y una sonrisa imborrable. De inmediato comenzó a arrojar al suelo 20 o 30 de las alfombras persas más encantadoras que jamás había visto. Los diseños, por sí mismos, eran milagrosos: urdimbres intrincadas de símbolos coránicos enmarcados de grecas geométricas que hacían bailar los ojos. Y sus colores eran una auténtica delicia: rojos, amarillos, verdes y azules oscuros de una calidad radiante. Supuse que se trataba de uno de los servicios que ofrecía el hotel, pero entonces el hombre me tendió un pedazo de papel donde estaba escrito a lápiz: Muhammad Zaqir, Mercader de Alfombras, Herat. —¡No, no! —protesté—. ¡No quiero comprar alfombras! —Yo dejarlas aquí —respondió sin dejar de sonreír—. Usted estudiarlas y aprender a que le gusten. Antes de que pudiera renovar mis protestas, el hombre ya se alejaba con su camello.
Aquella noche regresó a mi habitación, alumbrada por la luz vacilante de una lámpara. —¿Haber visto alfombras más bellas? —me preguntó—. Aquella ser de un amigo que vive en Mashlad; esas dos ser de Bukhara, y esta, de Samarkanda.
Volvió a la mañana siguiente, poco antes del mediodía. —Michener-sahib. ¿Un nombre alemán? —me preguntó. Le expliqué mi procedencia, y entonces dijo: —Tres, cuatro, quizás cinco de mis alfombras verse preciosas en su casa de Pensilvania. —Mire, no necesito ni quiero alfombras para mi casa. —¿No verse bien las alfombras en Pensilvania? —replicó. Con la punta del pie apartó las que se habían quedado encima, a fin de revelar las desbordantes maravillas de las demás. —Es grande, blanca y dorada, gustar a usted. Seiscientos dólares —prosiguió. Al advertir mi asombro, se dio maña para tapar la grande con otras de menor tamaño. —¡Ah, Michener-sahib! Usted debe tener buen ojo —dijo—. Esa ser de China. Ser de seda y lana; mirar los finos nudos. Acto seguido me dio una conferencia sobre el arte de tejer alfombras: disertó sobre diseños, sobre variedades de nudos y sobre colores deslumbrantes. Era fascinante oírlo.
El tercer día, mientras bebíamos té, fue echando por tierra, una tras otras, todas mis objeciones: —¿No poder llevarlas? Yo enviarlas. Salir en camello; en Karachi subir al barco; en tren salir de Nueva York; y luego en camión, hasta su casa en Pensilvania. Me enseñó una libreta con las direcciones, en muchas partes del mundo, de compradores de sus alfombras. Su mercancía procedía de sitios tan remotos como Mashhad en Irán, o Bukhara, en Uzbekistán. Al parecer, Muhammad Zaqir viajaba mucho con su camello de carga. En la libreta, a un lado de las direcciones de envío, estaban pegadas cartas en la que los clientes declaraban que las alfombras habían llegado a sus manos. —Michener-sahib, yo dar precio especial. Yo dejar estas cuatro alfombras en 450 dólares. Nunca volver a encontrar ganga igual. —No tengo dólares. Al oír esto, Muhammad enumeró con rapidez las divisas que podía aceptar en sus transacciones: moneda británica, india, iraní, pakistaní, afgana… —Amigo Muhammad —lo interrumpí—, no tengo dinero de ninguna clase. —Yo saber, yo saber —gimió—. Pero usted ser honrado y yo aceptar su cheque personal. Afligido, repuse: —No tengo ni un solo cheque en blanco. —Yo creerle —aseguró Muhammad—. Entonces, dibujar uno. Me tendió una hoja de papel ordinario y, por primera vez en mi vida, dibujé un cheque. Se lo entregué, y a continuación Muhammad Zaqir enrolló las cuatro alfombras que yo había comprado, montó en su camello y se marchó.
De regreso en mi casa de Pensilvania, empecé a recibir dos clases de cartas. La primera era más o menos del siguiente tenor: Soy su agente de embarques de Estambul. Recientemente llegó un carguero procedente de Karachi, con un paquete grande dirigido a usted. Cuando reciba su cheque por 19.50 dólares norteamericanos le remitiré el paquete.
Durante tres años recibí un flujo ininterrumpido de cartas procedentes de Karachi, de Estambul, de Trieste y de Marsella. Invariablemente solicitaban una suma inferior a 20 dólares, de manera que me inclinaba a pensar: Puesto que ya he invertido tanto en esto, bien podría arriesgar un poco más.
La segunda clase de cartas eran parecidas a esta: Soy el embajador de Italia en Kabul. Hace poco estuve en Herat, donde un mercader de alfombras me mostró ese extraño cheque que usted le dio. Me preguntó si se lo pagarían cuando deseara hacerlo efectivo, y yo le aseguré que no habría inconveniente. A mi vez, le pregunté por qué no lo había presentado todavía para su cobro, y contestó: “Michener-sahib ser un hombre famoso. Yo mostrar su cheque a gente como usted, y vender muchas alfombras”.
Recibí cartas de viajantes de comercio franceses, de exploradores ingleses, de comerciantes indios, de toda la variedad imaginable de personas que acudieron a la ex mezquita de Herat.
Un día, llegaron las alfombras, como me había prometido Muhammad Zaqir, junto con una cantidad tal de documentos de embarque que por sí mismos podían figurar en la colección de un museo. Al cabo de cinco años, el cheque que yo había dibujado y que había servido como propaganda llegó al banco, y este pagó su importe.
Aprecio mucho mis magníficas alfombras y estoy muy contento de tenerlas; pero quizás disfruto más mis recuerdos del honrado mercader que durante cuatro días hizo gala de ingenio para persuadirme a comprarlas.
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, N° 624, Año 52, Noviembre de 1992, páginas 111-113, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos
Notas Greca: Adorno consistente en una faja más o menos ancha en que se repite la misma combinación de elementos decorativos, y especialmente la compuesta por líneas que forman ángulos rectos. DLE. RAE
Sahib: Señor, amo. Se usaba especialmente entre los habitantes nativos de la India colonial cuando se dirigían o hablaban de un europeo de algún estatus social u oficial. Diccionario Merriam-Webster
Tenor: Contenido literal de un escrito u oración A tenor, a este tenor: Locución adverbial.- Por el mismo estilo, de la misma manera. DLE. RAE
Karachi: Ciudad más poblada, y centro financiero y portuario de Pakistán. Wikipedia
Trieste: Ciudad en el norte de Italia, a orillas del Mar Adriático.
Kabul: Ciudad más poblada y capital de Afganistán.
Hay rascacielos, pero Europa es relativamente bajita
Por BBC News Mundo Redacción
Los
rascacielos son, para algunos, el símbolo definitivo del progreso y la
modernidad. Para otros, una fea mancha en el horizonte natural.
Las
primeras edificaciones decididamente altas que conocemos fueron los
zigurats de adobe cocido de Sumeria, que se alzaban en lo que una vez
fue Mesopotamia y hoy es el sur de Irak.
Eran
estructuras religiosas forjadas con la fusión de riqueza recién
acumulada y la creencia en algo más allá de la existencia material.
Ese
deseo de alcanzar el cielo mientras se celebraba tanto la fortuna y
poder como a los dioses también dio lugar a las pirámides del antiguo
Egipto y, milenios más tarde, a las agujas de las catedrales medievales.
La Gran Pirámide de Guiza, terminada en el 2540 a.C., no tuvo rival,
elevándose por encima de todas las demás edificaciones... hasta que se
completó la aguja de la Catedral de Lincoln en Inglaterra en 1092.
Pero
fue a finales del siglo XIX, cuando las estructuras de acero y los
ascensores seguros hicieron que vivir y trabajar a 300 metros de altura
fuera una realidad sensata y rentable, que surgieron los rascacielos en
Chicago y Nueva York.
Y
también fue en esa época cuando se hizo más evidente otra de las
principales razones para construir a tal altura: la competencia.
La
carrera hacia las nubes empezó en esas dos ciudades estadounidenses,
pero con el tiempo otras urbes del mundo las dejaron atrás.
Está en 7° puesto, y con 541 metros de altura, es 287 metros más bajo que el indiscutible campeón, el Burj Khalifa de Dubái.
De
hecho, los primeros puestos en esa lista muestran cómo los estados,
reinos y emiratos de Medio Oriente compiten con China, mientras que
otros países, deseosos de exhibir su nueva riqueza, se han sumado a este
juego de números.
Sin embargo, Europa es una curiosa excepción.
El Centro Lakhta
de San Petersburgo, con sus 462 metros, es el más alto de Europa, pero
no la edificación más querida de la ciudad.
Si
bien es cierto que en el puesto 16 de esa lista está el Centro Lakhta
de San Petersburgo, el primer edificio europeo que hace aparición, y que
mucho más abajo aparecen 3 de Moscú y uno de Estambul, no hay ninguno
de Europa Occidental.
Es más: solo siete de los 1.000 edificios más altos del mundo se encuentran en la Unión Europea.
El
que ostenta el título del rascacielos ocupado más alto de toda la U.E.
es el Varso, un edificio de oficinas en el centro de Varsovia, Polonia,
pero alcanza apenas el lugar 179º en el ránking global.
El segundo más alto en esa región, la Torre Commerzbank de Frankfurt, Alemania, es el 552°, a pesar de alzarse 259 metros.
Con
gran parte del mundo comprometido en una misión para construir su
escalera hacia el cielo, ¿por qué Europa ha permanecido tan... bajita?
Sin bloquear la vista
No
es que en Europa Occidental no haya rascacielos, sobre todo si tienes
en cuenta que un edificio es considerado "rascacielos" si tiene una
altura mínima de 100 metros.
Incluso
tiene de los que se clasifican como rascacielos "altos", que superan
los 150 metros, pero muy pocos "super altos", de más de 300 metros, y
ninguno "mega alto", cuyo tamaño debe ser de más de 600 metros.
Y
siendo un territorio rico con escaso terreno y mucha gente (Alemania,
por ejemplo, tiene una densidad de población mayor que los Emiratos
Árabes Unidos, obsesionados con los rascacielos), cabría esperar que
Europa construyera masivamente hacia arriba.
Pero no ha sido así, y no es por falta de conocimientos ni posibilidades.
¿Recuerdan
los avances claves que dispararon la carrera al cielo: las estructuras
de acero y los ascensores para acceder a las plantas superiores?
Europa
contó desde un principio con todas las habilidades necesarias, como
demostraron magistralmente el francés Gustave Eiffel en 1889 y el alemán
Werner von Siemens, quien inventó el primer ascensor eléctrico en 1880.
Es
por diversos factores, pero uno de los más cruciales es que
sencillamente es muy difícil construirlos debido a las complejas
regulaciones destinadas a proteger el patrimonio cultural.
La Basílica de San Pedro determina la altura máxima en la zona central de Roma.
Tomemos a Atenas, por ejemplo.
Sus edificaciones no pueden bloquear las vistas del Partenón.
Están
limitadas a solo 12 pisos, a menos de que estén lo suficientemente
lejos para que no impidan ver el templo a la protectora de la ciudad,
Atenea, la diosa de la sabiduría, la estrategia y la justicia.
De
manera similar, en la zona central de Roma, ningún edificio puede
superar la altura de la Cúpula de la Basílica de San Pedro, o de lo
contrario se enfrentará a la ira de Dios, o del Papa o, al menos, de
algunos burócratas de la ciudad.
Ese límite de 136 metros fue roto en el año 2012, cuando se levantó el rascacielos "Torre Eurosky" de 155 metros de altura.
Pero sólo se pudo construir gracias a que estaba por fuera del área de prohibición, en el distrito residencial y comercial EUR.
Y luego está Londres.
La capital británica no es ajena a los rascacielos.
El
más alto, The Shard, ocupa el lugar 195 en el ránking global; con sus
306 metros de altura se eleva apenas un metro más que el T.Op
Corporativo (Torres Obispado) de Monterrey, México.
Pero
aunque hay varios rascacielos, incluso allí no es tan fácil
construirlos, en gran parte debido a una ley de 1938 diseñada para
proteger la Catedral de San Pablo o al menos una vista de este edificio
que alguna vez fue el más alto de Londres, con 111 metros.
No se puede construir nada que tape la vista de la Catedral de San Pablo desde ocho puntos de Londres.
Hay ocho miradores protegidos que atraviesan Londres, todos los cuales deben preservar una vista de la icónica catedral.
Un obstáculo complicado de sortear para los aspirantes a romper récords.
Los colados (y odiados)
Ahora bien, también es cierto que, con el tiempo, algunos edificios más altos se han colado ocasionalmente.
Pero a menudo, son controvertidos y despreciados.
Pocos más que la famosa estructura alta de París.
No, no la Torre Eiffel, sino la Torre Montparnasse, con 210 metros.
Construida
en 1973, fue tan repudiada que rápidamente se introdujo una nueva ley
que limitaba todos los edificios nuevos en el centro de París a solo 37
metros.
Solo
en el suburbio del distrito comercial de La Défense se levantaron
después edificios altos, aunque nunca tanto como los de otras partes del
mundo.
Esa es una tendencia en Europa: los rascacielos, a menudo, suelen estar en la periferia.
Ojos que no ven (o que al menos pueden evitar ver), corazón que no siente.
Aunque incluso eso a veces no es satisfactorio.
Uno amado, otro odiado.
Hasta
el Centro Lakhta de San Petersburgo, sede de la empresa estatal de gas
Gazprom, que podría ser motivo de orgullo de todos por ser el
rascacielos más alto de Europa, enfrentó una férrea oposición.
La
ciudad fue construida por voluntad de Pedro el Grande en el siglo XVIII
para que fuera un "antídoto contra Moscú" y su "ventana a Europa".
Y
estuvo protegida, hasta la erección de ese rascacielos, por un decreto
que prohibía edificios más altos que el Palacio de Invierno.
Durante
mucho tiempo, en la silueta que definía la ciudad se destacaban sus
tres torres: la Catedral de Pedro y Pablo, el Almirantazgo y la del
Castillo de San Miguel.
La aparición del Centro Lakhta irrumpió en el famoso panorama.
El Centro Lakhta, a la izquierda, ahora hace parte de la silueta de San Petersburgo.
Organizaciones públicas y los residentes locales descontentos intentaron bloquear su construcción.
La UNESCO amenazó con despojar a la ciudad de su condición de patrimonio histórico.
La
indignación pública obligó a que se cambiara la ubicación de la torre a
las afueras, sin embargo muchos activistas siguieron viendo ese logro
como una derrota.
Vista al cielo
Por
supuesto, hay otras razones, además del patrimonio cultural y la
estricta regulación, que diferencian a los horizontes europeos de sus
homólogos del mundo.
La geografía distintiva en ciertas partes de Europa también influye, como señala el articulista Carlemagne en The Economist.
Dada su latitud norte, las vistas desde los penthouse de los rascacielos se obtienen a costa de más oscuridad para el resto.
En
Gotemburgo, Suecia, por ejemplo, los 245 metros de altura del
Karlatornet proyectan una sombra a media tarde de aproximadamente la
misma longitud que la de los 828 metros del Burj Khalifa, el edificio
más alto del mundo.
Y eso importa mucho en un lugar que recibe, en promedio anual, poco más de 5 horas de luz del Sol al día.
Para
algunos, otra razón puede ser la falta de necesidad: los rascacielos
imponentes no sólo son símbolos de estatus sino que sirven para darle
visibilidad a las ciudades que los alojan.
Ni
a París, ni a Roma, ni a Atenas, ni a Praga les hace falta un edificio
alto para fijar su lugar en el mapa cultural de la humanidad.
Para
otros, es muestra de que el Viejo Continente se ha dado por vencido, y
no puede competir con lugares más jóvenes y modernos.
El caso es que, hasta ahora, Europa ha resistido en gran medida la tentación de construir cada vez más alto.
Y
hay quienes opinan que, dada la belleza de su histórica arquitectura
que no le obstruye a nadie la vista al cielo desde sus plazas y
bulevares arbolados, ojalá siga siendo así.
Cada volumen encuadernado de tapa dura viene con sobrecubierta a colores (si acaso la tiene), un prólogo, textos de varios autores que están acompañados con fotos, mapas y bellas ilustraciones de diversos dibujantes.
ꟷItalia
ꟷParís
ꟷPortugal
ꟷEstados Unidos
ꟷPaíses Nórdicos. Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia
ꟷBenelux. Bélgica, Holanda, Luxemburgo
ꟷEspaña
ꟷSaber Vivir Internacional (Sabre Vivre). Formas de comportarse en todos los países
ꟷGran Bretaña
ꟷEl Mundo en la Mesa. Guía-Diccionario de la Gastronomía Internacional
ꟷÁfrica del Norte. Argelia, Túnez, Marruecos Español y Francés, Sáhara, Libia
ꟷFrancia. Sus Provincias
ꟷSuiza
ꟷTierra Santa. Jordania, Siria, Líbano, Israel
ꟷAlemania
ꟷMéxico/América Central/Antillas
ꟷJapón
ꟷAmérica del Sur, Tomo I. Brasil. Venezuela, Colombia, Ecuador
ꟷAmérica del Sur, Tomo II. Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú
"El Descubrimiento de Europa" es un libro que cambia nociones.
Su
autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres
décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco
conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.
Y
es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero
bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo
cambiaron para siempre.
El
libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron
sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber
participado en la conquista.
O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas.
BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento
del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el
historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.
Es un librodetallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.
Cuando
escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes
que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para
ser creíble.
El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.
La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.
¿Quién
se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista
Tahuantinsuyo con 2.000.000 km2? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos,
conquista la federación mexica?
La
conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los
propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros
cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España
mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y
jefaturas.
De
hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos,
extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y
mantener sus privilegios.
Muchos
de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su
labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no
habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban
que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.
En
España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y
taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores
pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos
nobiliarios.
Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.
Mucha
de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente
hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna
Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.
Esa
es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte
oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas.
No
parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe
España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la
historia.
En
la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres
posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.
Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.
He
trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico,
México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los
españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede
negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.
Hay
una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes
contar más que sobre el genocidio, pero también están los
rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los
salvajes.
El
mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los
rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores,
magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.
En
el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a
documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con
historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes
diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.
La
historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se
impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar
en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos
lados.
Los
de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media,
acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas
también me critican.
Claro
que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el
siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la
historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como
fueron y ya está.
Había
eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las
civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que
pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.
Ni
siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los
indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su
idolatría y fuera del evangelio.
De
las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios
pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero.
Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.
España
descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después,
en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando
americanos a Europa y descubriéndola.
Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.
Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.
La
cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando
hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para
combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.
En
los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y
Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos
fueron marcados para registrar su propiedad.
Aquí
hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la
esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la
esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los
capturados en guerra justa.
Después,
en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha
atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no
pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que
luego sirvan de esclavos.
Abolir
la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros,
aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para
justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una
política de Estado, sino acciones individuales.
Hubo
mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos
que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los
esclavos indígenas en España desde 1542.
Aunque
siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de
venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas
brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de
Castilla.
Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.
Es
verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los
naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se
habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.
Aunque
también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias.
La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría
colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado
continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su
proyecto.
Se
da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la
Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de
esclavos y venderlos en los mercados europeos.
No
pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje
de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América
a Europa.
¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?
En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.
Primero,
genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron
regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque
muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra
realidad.
Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.
Culturalmente,
¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena?
Tiburón, piña, tomate... un porcentaje muy alto de las palabras del
castellano procede de los distintos idiomas indígenas.
A
nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y
la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente
americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta
americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.
Muchas
veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura
tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo
indígena.
También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.
El
Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado
aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas
del Colegio de San José de los Naturales en México.
No
se sabía que muchos de los cruficados devotos españoles proceden del
mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI
por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede
creer.
Hay
inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia
con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación
por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las
civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.
Cuando
le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema
genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre
española corre sangre indígena.
Es
lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de
que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y
nos influyeran remueve conciencias.
¿Puede esto tener algo que ver con racismo?
No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.
A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.
El
mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España,
se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en
Madrid.
Los
mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía
mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que
habitan y no existía problema racial.
Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.
Si
eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino
por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al
igual que en el siglo XVI.
Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro
Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.
Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.
La
visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde
vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba,
porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.
Si
venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera,
les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto
infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto
truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la
atención la extrema pobreza.
Ellos
venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más
redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa
miseria entre sus miembros.
Muchas
sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa
y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles.
Destruyeron grandes civilizaciones.
En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.
Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.
Es
interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas,
en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.
Como
indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se
organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.
Hay
un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy
longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a
indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.
Y
ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez
en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con
procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos
conociendo todo el corpus legal español.
Incluso,
los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando
reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban
mucho.
El
libro también rompe con ese estereoptipo del indígena ingenuo y
permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy
bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de
España.
Una
cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos
cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona
de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así
era la mentalidad de la época.
¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?
Difícil.
Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores.
Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.
Muchos
otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como
criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.
En
1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real
orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.
Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.
Es
importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el
rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con
cartas.
Si un español cualquiera quería verse con el rey lo tenía difícil.
Pero
este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles
de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni
pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión
directa.
Estatuas de Cristóbal Colón han sido
derribadas en Estados Unidos. Lo mismo ocurrió con monumentos de
líderes confederados. Y en Portland llegaron a tirar estatuas de padres
fundadores de este país, como George Washington y Thomas Jefferson.
La
reciente ola de protestas contra la brutalidad policial y el racismo
que se desató tras la muerte del afroestadounidense George Floyd a manos
de la policía en Minneapolis ha incluido una serie de ataques a
monumentos que manifestantes vinculan con la esclavitud y el
colonialismo.
El movimiento alcanzó a Europa. En Reino Unido, los
manifestantes derribaron una estatua del esclavista británico Edward
Colston en la ciudad inglesa de Bristol, y en Bélgica dañaron y
removieron monumentos a Leopoldo II, el rey del siglo XIX cuyo régimen
contribuyó a la muerte de millones de personas en África.
Pero a
medida que esto ocurre, surgen de modo inevitable preguntas sobre cuál
es el límite entre lo aceptable e inaceptable como obras en memoria
pública de alguien, o cuánto se puede lograr con este movimiento.
"Puedes
derribar todos los monumentos del mundo, pero eso no cambia
necesariamente lo que ocurrió. Aún estamos obligados a aprender ese
pasado", advierte David Blight, profesor de Historia en la Universidad
de Yale experto en la Guerra Civil, la Reconstrucción y estudios
afroamericanos, durante una entrevista con BBC Mundo.
Blight se lanzó al debate al apoyar la remoción de monumentos a los
confederados en EE.UU., por entender que intentaron destruir el país al
lanzar una guerra de secesión en 1861 para mantener la esclavitud en el
sur, pero se opuso al retiro de un monumento a la Emancipación que él
mismo dice que proyecta una imagen racista.
Lo que sigue es una
síntesis del diálogo telefónico con Blight, quien en 2019 ganó el premio
Pulitzer en Historia por su biografía del abolicionista
afroestadounidense Frederick Douglass y la semana pasada firmó una carta
abierta junto a unos 150 intelectuales y artistas advirtiendo sobre un
debilitamiento del "libre intercambio de información e ideas".
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¿Cómo observa, como historiador, el debate actual sobre los monumentos?
Surgió
en el momento inmediato de la resistencia y la protesta contra la
brutalidad policial y los asesinatos policiales en las calles
estadounidenses.
Estas protestas han sido tan grandes que gente en
nuestro país, e incluso el extranjero, ha decidido que los símbolos del
pasado que de alguna manera representan la esclavitud y el racismo en
el caso de EE.UU. deberían derribarse.
Esa es una categoría muy amplia.
Pero debe entenderse que este gran debate y lucha en EE.UU. sobre los
monumentos confederados y toda la ideología confederada de la causa
perdida transcurre desde hace cinco años.
Comenzó con la masacre
de nueve afroestadounidenses en una iglesia negra de Charleston, en
junio de 2015. Fue a raíz de eso que en Carolina del Sur se bajó
oficialmente la bandera confederada.
Después hubo muchos intentos de cuestionar o eliminar monumentos confederados en todo el país. Algunos comenzaron a concretarse.
Y
en 2017 hubo esa marcha de supremacistas blancos en Charlottesville,
Virginia, supuestamente por la amenaza de derribar otra estatua de
Robert E. Lee.
Este debate ha tenido lugar durante cinco años.
Pero nada tan raudo y agresivo como lo que estamos experimentando ahora y
básicamente en el último mes.
Al referirse recientemente sobre este debate, usted advirtió que "no podemos purificar la historia". ¿Puede explicar esta idea?
Lo
que quiero decir es que a veces tenemos que tener cuidado con nuestras
creencias, nuestras actitudes y nuestros sentimientos de hoy sobre el
pasado.
Yo no estoy a favor de preservar los monumentos confederados.
Hay algunos monumentos que habré defendido, como el Memorial de
Freedmen, una estatua de Lincoln de pie y un esclavo arrodillado en
Washington D.C.
Pero no podemos purificar el pasado. Y lo que
quiero decir con eso es que no puedes volver atrás y simplemente hacer
del pasado algo que sea más aceptable y que se ajuste mejor a nuestros
deseos de hoy.
Ni siquiera puedes purificar la memoria pública de eso.
Los seres humanos siguen siendo seres humanos. La condición humana todavía existe.
Y nuestra historia, como la historia de todos los demás, está llena de tragedia y buenos finales.
Ya
sea aquí o en cualquier otro lugar del mundo, tenemos derecho a debatir
cómo queremos que nos represente nuestro paisaje conmemorativo público.
Esas decisiones siempre se toman en un tiempo presente, a menudo relacionado con la política.
Pero quienes creen que pueden tener una mejor historia o un mejor
sentido de la memoria por abolir ciertos tipos de monumentos y, con
suerte, imaginar nuevos, eso no va a purificar el pasado.
Puedes derribar todos los monumentos del mundo, pero eso no cambia necesariamente lo que ocurrió.
Aún estamos obligados a aprender ese pasado.
¿Ve un riesgo acerca de este movimiento por la remoción de estatuas históricas?
Hay
riesgos. Nuestra propia indignación justificada contra la brutalidad
policial, o contra el poder que la trata de esclavos representó con el
tiempo... Podemos deshacernos justificadamente de algunos de esos
símbolos. Pero la justificación sola no es suficiente.
Tenemos
que aprender esa historia y estar preparados para imaginar un nuevo
paisaje conmemorativo. Tal vez no serán estatuas, sino otras
representaciones.
Sí, creo que hay un riesgo.
Las personas pueden derribar 100
monumentos en un mes. ¿Pero qué haces después? ¿Qué planeas ahora como
forma de decir, "eso no es lo que somos"? Bueno, ¿quiénes somos
entonces?
Ese es un proceso desordenado.
Mi recomendación
es que una comisión podría comenzar imaginando formas de conmemorar la
Emancipación de los esclavos en EE.UU., reemplazando la conmemoración
confederada.
¿Existe una frontera clara entre lo que debe ser aceptado y removido como monumentos en nuestras sociedades de hoy?
Es una gran pregunta y depende de a quién la formules.
A
veces las personas reaccionan a un monumento en un nivel de moralidad. A
veces en un nivel de estética. A veces reaccionan con emoción: se
conmueven u ofenden. Y luego está la política.
En otras palabras, hay muchas fronteras diferentes.
Pero necesitas un proceso deliberativo. No podemos simplemente dejar que las turbas derriben monumentos.
Va a suceder y ha sucedido a lo largo de la historia: cuando los regímenes caen, generalmente sus monumentos caerán con ellos.
Turbas, multitudes o protestas: como sea que queramos llamarlos, hemos derribado muchos monumentos en las últimas semanas.
Pero
es mucho mejor tener algún tipo de proceso deliberativo, ya sea en la
legislatura, un consejo municipal, un grupo de trabajo.
Y debería
haber algunos principios aplicados según los cuales decidimos eliminar,
mantener, contextualizar, o cualquiera que sea la decisión final.
Pero,
por ejemplo, en EE.UU. algunos monumentos a George Washington y Thomas
Jefferson se volvieron parte de la controversia, porque esos
expresidentes eran dueños de esclavos. ¿Deberían también ser eliminados o
esto sería una afrenta a la historia, como señalan otros?
Estos
son algunos de los más difíciles. Washington y Jefferson, o incluso
James Madison, fueron personas que literalmente fundaron el país, la
república, el gobierno que salió de la revolución.
Eran
esclavistas, virginianos, y eso no se puede separar. Ambas cosas son
ciertas. Estos hombres, a través de su coraje y su experiencia
filosófica, lograron crear una república americana. Y también escribir
esa Constitución que era cómplice con la esclavitud.
Ahora, la
diferencia entre esos fundadores y los líderes de la Confederación unos
80 años después, es que estos intentaron derrocar a esa república,
destruirla, dividirla y entablar una guerra civil para ello.
Washington, Jefferson, Madison y otros que fundaron EE.UU. salieron
de un siglo en el que la tenencia de esclavos no solo era legal, sino
ampliamente aceptada.
Eran criticados aún en los comienzos del
abolicionismo. Pero este es un caso en el que no se puede separar la
historia en partes que nos gustan y que no nos gustan.
Sin
Washington, Jefferson, Madison y otros, no habría habido un EE.UU.
Fundaron el gobierno y, por lo tanto, son honrados de la manera más
grande posible.
Personalmente, no creo que los monumentos de
Jefferson y Washington de alguna manera deban ser derribados o sacados
de nuestro paisaje conmemorativo.
Lo que hemos hecho es escribir historias profundas, fascinantes y serias de estas personas.
Podemos aprender acerca de ellas, tanto su genio como sus terribles defectos, sin dejar de recordarlos.
Otro ejemplo que viene de Europa: Cristóbal Colón…
¿Alguien ha contado cuántas estatuas de Cristóbal Colón hay en EE.UU.? Debe haber una en cada estado al menos…
En toda América…
Bueno,
esa es otra difícil en cierto sentido. Esto no tiene casi nada que ver
con el hombre en sí mismo, pero el símbolo de Colón obviamente se ha
asociado con la conquista de los pueblos indígenas de América.
Por lo tanto, toda celebración de Colón es resentida por los americanos nativos y muchos otros.
Es
posible que hayamos exagerado al celebrar a Colón, pero eso tiene más
que ver con los italoamericanos y sus afirmaciones de ser
estadounidenses a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Por lo que entiendo, muchos de esos monumentos de Colón fueron
promovidos por italoamericanos que intentaban declarar cuán
estadounidenses eran en comparación con los anglosajones.
No estaban conmemorando la conquista de los americanos nativos, ese fue un resultado de Colón y todos esos otros exploradores.
Otra
cosa que se pierde en este debate es que cualquier navegante que navegó
en el Atlántico en el siglo XV para tratar de descubrir nuevos lugares
lo hacía para explotar esos lugares. Eso es lo que hacen los imperios.
Y
el hecho de que él vino y encontró las islas del Caribe, y por lo tanto
las Américas, lo supiera o no, fue un resultado natural de la
exploración.
Ahora, ¿deberíamos estar hablando del heroísmo de un
explorador? No, deberíamos estar hablando de sus consecuencias a lo
largo del tiempo, a qué condujo.
Pero es imposible ir atrás e incluso sugerir que de alguna manera los europeos no debería haber salido.
Todos los pueblos se aventuraron si tuvieron la oportunidad y eso conduce a violencia, conflictos.
Por lo tanto, no culpo a algunas personas por estar molestos con tantos monumentos de Colón.
Pero culpar a Cristóbal Colón por la explotación de las Américas por parte de los europeos es un poco ridículo.
Es todo el proyecto del imperio que terminó conduciendo a esta conquista.
Entonces, tal vez sea el imperio en sí mismo del que debes tener cuidado al conmemorar de alguna manera.
Usted ha escrito sobre el monumento a la Emancipación
en Washington (que representa al expresidente Lincoln parado y a un
hombre negro arrodillado con las cadenas rotas), concordando en que es
una imagen racista, pero argumentó en contra de su remoción. ¿No es
contradictorio?
Parece que sí, pero no creo que lo sea.
Sí,
esa para mí es una imagen racista. El esclavo arrodillado al lado del
Lincoln casi divino, visualmente, sin ningún contexto, es una imagen
racista. Lo acepto.
Pero para mí, el monumento en sí es lo
suficientemente importante como para preservar y mantener su ubicación,
debido a quién lo creó, y las circunstancias en las que fue creado y se
inauguró (en 1876).
El dinero para construir un monumento, 20.000
dólares, fue recaudado casi en su totalidad entre estadounidenses
negros, exesclavos.
El evento de inauguración de ese monumento fue liderado y promulgado por afroamericanos.
El día comenzó con un gran desfile de personas negras en el Distrito de Columbia.
Frederick
Douglass fue el orador y ese discurso es una obra maestra de honestidad
por la forma en que describió cómo los afroamericanos habían visto a
Lincoln durante el comienzo de la Guerra Civil.
Douglass dice: sin embargo, los métodos y la forma en que nos
liberamos tuvieron mucho que ver con el liderazgo de Lincoln, la
precaución, el proceso paso a paso para llegar a la Emancipación...
Así que digo que el monumento debería permanecer allí representando el tiempo, que es la Reconstrucción.
Al
inaugurarse en abril de 1876, Douglass tenía a todo el gobierno sentado
a su frente: el presidente, el gabinete, los jueces de la Corte Suprema
y miembros del Congreso.
Lo que he defendido es que debería haber
un monumento adicional construido junto a ese, conmemorando ese día y
también la historia de la Emancipación de forma creativa.
Otras personas pueden estar en desacuerdo. Para eso tenemos democracia.
Quienes
promueven la eliminación de este tipo de monumentos argumentan que
fueron creados para proyectar una imagen de supremacía blanca, son
símbolos actuales de colonialismo y racismo, y es precisamente por eso
que deben eliminarse como forma de opresión continua. ¿Cuál es su
respuesta?
Entiendo el argumento.
Por otro lado, ese argumento evita totalmente la comprensión de las personas que lo crearon.
Sí, la mayoría de los negros de la época probablemente no hubieran preferido la imagen del esclavo arrodillado.
Pero en el siglo XIX ese era el símbolo más extendido de la abolición, de la antiesclavitud.
Viene de un contexto que no debe ser olvidado.
Y
no debe olvidarse que, a pesar de lo que piensen de esa imagen ahora,
las personas que la crearon estaban orgullosas de lo que Douglass llamó
el primer monumento nacional en cuya creación realmente participaron
estadounidenses negros.
Si lo quitamos y lo dejamos en la esquina de un museo como curiosidad, no creo que la gente se entere de eso.
Los monumentos fueron destinados a estar al aire libre.
Y
ese sigue siendo un monumento a la libertad negra que, incluso si nos
ofende hoy, deberíamos mantenerlo donde está por la forma en que lo
crearon.
Voy a perder ese argumento, probablemente porque hay mucho sentimiento para eliminarlo.
Quién sabe. Estoy a favor de derribar los monumentos confederados. Pero no ese.
Es la trágica historia de la que
todo el mundo conoce el final: el Titanic se hunde. Sus últimas horas se
han convertido en material para crear un mito, alimentado por las
distintas versiones de las películas sobre la historia.
Hace 106
años, el colosal barco chocó contra un iceberg a toda velocidad. Dos
horas y medio más tarde, se hundió en el fondo del Atlántico y por ello murieron más de 1.500 hombres, mujeres y niños.
La tragedia ha inspirado una serie de películas, documentales y teorías conspiratorias.
La película "Titanic" dirigida por el estadounidense James
Cameron, original de 1997 y reeditada en 3D en 2012, nos recuerda que lo
que mucha gente sabe de los acontecimientos de 14 de abril 1912 no proviene de un hecho histórico, sino de la pantalla grande.
¿Insumergible?
En la cinta, la madre de la protagonista mira hacia el barco desde el
muelle de Southampton, una ciudad del sur de Inglaterra, y señala: "Así
que este es el barco que dicen que es imposible de hundir".
Pero este es quizás el más grande mito que rodea al Titanic,
dice Richard Howells, profesor de sociología cultural del King's
College London, una universidad con sede en la capital británica.
"No es cierto que todo el mundo pensaba eso. Es un mito retrospectivo y genera una mejor historia".
Contrario a la interpretación popular, su propietaria, la naviera White Star Line, nunca hizo una declaración contundente de que el Titanic fuera insumergible.
Y, en realidad, nadie habló de que el barco era imposible de hundir hasta después del evento, sostiene Howells.
Aunque el hundimiento apareció mucho en los noticieros del cine mudo de la época, había muy poco material de archivo de la propia nave.
Esto porque el Titanic no fue una gran noticia antes de hundirse.
Su
buque gemelo, el Olympic, le robó protagonismo en su viaje inaugural
desde Southampton a Nueva York en 1911. Tenía el mismo capitán que el
Titanic, recorrió el mismo camino, tenían las mismas instalaciones de
seguridad y el mismo número de botes salvavidas, o los mismos faltantes.
"La
historia se convirtió en mito en cuestión de horas y, obviamente, a
días del hundimiento", asegura el profesor del King's College.
La Última Canción de la Banda
Una
de las más bellas imágenes que ofrecen en muchas de las películas sobre
el Titanic es de la banda tocando mientras el barco se hunde.
La leyenda dice que los músicos permanecieron en cubierta
en un intento de mantener en alto la moral de los pasajeros, y que la
última melodía que tocaron fue el himno "Más cerca, mi Dios, a ti". También que ninguno de ellos sobrevivió y se convirtieron en héroes.
Simon
McCallum, curador del archivo del British Film Institute, dice que los
testimonios relatan que la banda tocó en la cubierta, pero hay un debate acerca de cuál fue la canción final.
"El
pasajero que recordó ese himno en particular fue lo suficientemente
afortunado para salir mucho tiempo antes de que el trasatlántico se
hundiera. En realidad nunca sabremos si los siete músicos murieron, pero es una licencia poética", dice McCallum.
Paul
Louden-Brown, miembro de la Sociedad Histórica del Titanic que trabajó
como consultor en la película de Cameron, dice que la escena de los
músicos en la película de 1958 A Night To Remember era tan maravillosa que el director decidió repetirla.
La muerte del capitán Smith
Poco
se sabe sobre las últimas horas del capitán Edward J. Smith, pero se le
recuerda como el héroe, a pesar de aparentemente no haber atendido las
advertencias y no frenar la nave cuando se le informó que había hielo en su camino.
"Él sabía cuántos pasajeros había en el barco y el número de espacios
en los botes salvavidas y permitió que salieran parcialmente llenos",
dice Louden-Brown, a quien no le gustan las representaciones excesivamente benévolas del capitán en el cine.
Se dice que el primer bote salvavidas, con una capacidad de 65 personas, contenía tan sólo 27 personas. Muchos de estos barcos salvavidas se fueron medio vacíos y no regresaron a recoger a los sobrevivientes.
"Smith es el responsable último de todas las fallas de la estructura de mando a bordo. Nadie más puede tener la culpa", añade Louden-Brown.
El
capitán Smith no emitió una orden general de "abandonar el barco", lo
que significa que muchos pasajeros no se dieron cuenta de que el Titanic
estaba en peligro inminente. No había ningún plan para una evacuación ordenada, ni se hicieron simulacros de emergencia con antelación.
John Graves, del Museo Nacional Marítimo de Londres, está de acuerdo en que en esa fatídica noche "Smith parece haberse desvanecido en el éter". Él piensa que el capitán puede haberse traumatizado cuando se dio cuenta que no había botes salvavidas suficientes.
El empresario malvado
Las
historias que rodean a J. Bruce Ismay, el presidente de la compañía que
construyó el Titanic, son muchas pero casi todas se centran en las
denuncias acerca de su supuesta cobardía al escapar del barco que se
hundía, mientras que los demás pasajeros, especialmente mujeres y niños,
fueron abandonados a su suerte.
Todos los guiones retratan a Ismay como un cobarde que intimidó al capitán para que condujera más rápido el barco y después salvó su propio pellejo al saltar al primer lugar disponible en un bote salvavidas.
"Cada cineasta ha encontrado que la traición es demasiado deliciosa para no incorporarla en su película", dice Paul Louden-Brown.
"Si
nos remontamos adonde comenzó todo, llegamos hasta William Randolp
Hearst, el magnate de los diarios en Estados Unidos. Él e Ismay habían
roto relaciones cuando el segundo no cooperó con la prensa en relación a un accidente en otro barco de la White Star Line".
Ismay fue casi universalmente condenado en EE.UU. y Hearst orquestó una campaña contra él, tildándolo de "el bruto". Publicaron la lista de todos aquellos que murieron y en la columna de los sobrevivientes se leía un sólo nombre: Ismay.
Algunos sobrevivientes dijeron que subió al primer bote salvavidas,
otros que pidió a su propia tripulación que se lo llevaran y el barbero
del barco contó fue el propio oficial jefe el que lo puso en un barco.
Sin embargo, Lord Mersey, quien dirigió la investigación británica
sobre el hundimiento en 1912, llegó a la conclusión de que Ismay había ayudado a muchos otros pasajeros antes de encontrar un lugar para sí mismo en el último bote salvavidas que salió de estribo
"Si no hubiera saltado en él simplemente se hubiera añadido una vida más a las que se perdieron", dijo.
Louden-Brown cree que retratar a Ismay como el villano es injusto y así lo planteó cuando trabajaba como asesor de Cameron.
"Una cosa que me dijeron fue 'esto es lo que el público espera ver'", asegura.
Ismay nunca superó la vergüenza de saltar a un bote salvavidas y se retiró de la White Star Line en 1913.
Frances
Wilson, autor de "Cómo sobrevivir al Titanic: El hundimiento del J.
Bruce Ismay", dice que siente simpatía por él y lo ve como "un hombre común atrapado en circunstancias extraordinarias".
"Su
desconcertante comportamiento en el Titanic se debió a la confusión en
torno a su condición: ¿era un pasajero normal, como afirmaba, o como las
investigaciones sugieren un "súper capitán"? Las personas a bordo
actúan de acuerdo con su rango e Ismay no tenía ni idea de cual era el
suyo".
Los pasajeros de tercera
Una de las escenas más emotivas de la película de Cameron retrata a los pasajeros de tercera clase retenidos bajo cubierta contra su voluntad, sin que se les permitiese llegar a los botes salvavidas.
Richard Howells argumenta que no existe ninguna evidencia histórica para apoyar esto.
Existían rejas que separaban a los pasajeros de tercera clase de los demás.
Pero esto no era en previsión de un naufragio, sino en cumplimiento de
las leyes de inmigración de Estados Unidos y la temida propagación de
enfermedades infecciosas.
Los pasajeros de tercera clase incluían armenios, chinos, holandeses, italianos, rusos, escandinavos, sirios y británicos, quienes embarcaron en busca de una nueva vida en EE.UU.
"En virtud de la legislación estadounidense vigente, los inmigrantes tenían que ser mantenidos por separado.
De manera que, antes de que atracara en Manhattan, el Titanic habría
tenido que detenerse en la isla de Ellis, para que estos fueran
sometidos a controles sanitarios y a los controles de inmigración", dice
Howell.
Cada clase tenía acceso a su propia cubierta y a botes salvavidas asignados.
Aunque el factor crucial es que en la sección misma de tercera clase del barco no fueron almacenados botes salvavidas.
Los
pasajeros de tercera clase tenían que encontrar su camino a través de
un laberinto de pasillos y escaleras para llegar a la cubierta del
barco. Los pasajeros de primera y segunda clase tenían más probabilidades de llegar a los botes salvavidas situados en la cubierta del barco.
El informe que se elaboró tras la investigación británica reveló que
el Titanic estaba en conformidad con la ley de inmigración
estadounidense en vigor en el momento y que las acusaciones de que los pasajeros de tercera clase fueron encerrados bajo cubierta eran falsas.
Mersey
señaló que muchos pasajeros de tercera clase fueron "reacios" a
abandonar el barco y a "desprenderse de su equipaje" y que tuvieron
dificultades para llegar a los botes salvavidas.
Ninguna de las pruebas presentadas señaló alguna mala intención de obstruir a los pasajeros de tercera clase, sino más bien un descuido provocado por la obediencia ciega a las normas, aunque los resultados siguen siendo fatales.
Cuando
los botes salvavidas finalmente se bajaron, los oficiales dieron la
orden de que "las mujeres y los niños" debían ir primero. Así, se
registró que 115 hombres de primera clase y 147 de segunda dieron un paso atrás para hacer espacio y como resultado murieron.
Ningún
pasajero de tercera clase ofreció testimonio en la investigación
británica, pero estuvieron representados por un abogado, W. D.
Harbinson.
Éste llegó a la conclusión de que "no se dio ninguna
evidencia en el curso de este caso para fundamentar una acusación de que
se realizara algún intento para contener a los pasajeros de tercera
clase".
Sin embargo, la clase hizo una diferencia: menos de un tercio de los pasajeros de tercera sobrevivieron.
Aunque
las mujeres y los niños lo hicieron en mayor número en todas las
clases, ya que se les dio prioridad en los botes salvavidas.
Titanic en la pantalla grande
Saved from the Titanic (EE.UU., 1912).
Protagonizada por la sobreviviente Dorothy Gibson, supuestamente con el
mismo vestido con el que había sido rescatada.
Atlantic (Reino Unido, 1929). La primera película sonora
realizada sobre el desastre. No se refiere explícitamente al Titanic. La
White Star Line lo prohibió.
Titanic(Alemania, 1943). El conocido como el "Titanic nazi", fue
encargado por Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y
Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945. En la película se
asegura que el trasatlántico trató de establecer un récord de velocidad
para manipular el precio de las acciones de la White Star Line. Se
ignora la advertencia de un oficial alemán.
Titanic(EE.UU., 1953). Fue la primera historia de Hollywood sobre
el barco. Su trama se centra en una pareja en el viaje inaugural del
Titanic.
A Night To Remember (Reino Unido, 1958). Este docudrama fue durante mucho tiempo considerada la más exacta de las películas sobre el tema.
Raise the Titanic (EE.UU., 1980). Durante la Guerra Fría, un
grupo de estadounidenses con experiencia en reflotar barcos hundidos es
contratado por el gobierno estadounidense para sacar el famoso
transatlántico del fondo del Atlántico, ya que un mineral raro en la
cubierta podría ser utilizado para evitar la entrada de misiles en el
espacio aéreo de EE.UU.
Titanic(EE.UU., 1997). Esta epopeya romántica se convirtió en uno
de los filmes más caros de la historia. Los amantes Jack y Rose,
interpretados por el estadounidense Leonardo DiCaprio y la británica
Kate Winslet, son ficticios, pero otros están basados en personajes
históricos.
*Este artículo fue publicado originalmente en 2012, a propósito de los 100 años del hundimiento del Titanic.