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sábado, 4 de julio de 2026

Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América y quién le dio el nombre

 

 

Por Carlos Chirinos
Especial para BBC News Mundo

 

Algunos dicen que Estados Unidos es un país sin nombre.

Sus ciudadanos lo llaman America (así, sin acento), apropiándose del nombre de todo el continente.

Y en el uso de ese nombre le sigue buena parte del resto del mundo, incluidos, curiosamente, los países que comparten el sur del continente y que también son americanos.

América es un nombre que precede, por siglos, a la formación como país de lo que hoy es Estados Unidos, que este 4 de julio celebra los 250 años de su Declaración de Independencia.

¿De dónde viene entonces el nombre actual? ¿Y se sabe quién lo eligió?

El nombre Estados Unidos de América consta en el acta de independencia firmada hace 250 años.

 

Colonias Unidas

Durante la mayor parte del período de colonización de los siglos XVII y XVIII, las 13 colonias británicas en América del Norte no eran una unidad política.

Eso fue cambiando con la cooperación militar durante la guerra Franco-Indígena (1754-1763), un conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control territorial en el que ambos bandos tuvieron aliados indígenas, y con las posteriores tensiones con la metrópolis en la década de 1770.

Entonces empezó a usarse el término United Colonies (Colonias Unidas) incluso en documentos oficiales del Congreso, como el nombramiento de George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental en 1775.

Algunas interpretaciones históricas aseguran que fue un español, Luís de Unzaga, gobernador de la Luisiana española de la época, quien, en una carta dirigida a un general de los colonos rebeldes, "bautiza" a los Estados Unidos de América como se usa hoy.

Como principal representante del Imperio español en Luisiana, hasta pocos años antes en manos de los franceses, Unzaga tuvo contacto con los colonos rebeldes, a quienes Madrid apoyaba en secreto para dañar los intereses del enemigo histórico británico.

"En su correspondencia con el mayor Charles Lee, en el verano de 1776, Unzaga le dirigió una carta con el tratamiento de 'General de los Estados Unidos Americanos'", indica en un artículo publicado en 2021 en su sitio web el Hispanic Council, un centro de estudios que promueve las relaciones entre España y EE.UU. a través de la investigación y la divulgación histórica.

"Esta era la primera vez que un representante de una potencia europea (...) aceptase así la existencia y nacimiento de la nueva nación norteamericana", añade.

 Luis de Unzaga gobernó Luisiana, que entonces hacía parte del Imperio español, de 1769 a 1777.

 

"Este hecho de gran trascendencia, el primer reconocimiento de EE.UU., le resultó al general Lee tan 'positivo y halagüeño' (...) que se lo transmitió literalmente a Joseph Reed, edecán de George Washington; poco después el propio Washington leyó esa misiva que había llegado a su despacho, creyendo que iba dirigida a él", se afirma en el texto titulado "Luis de Unzaga: el gobernador de Luisiana que bautizó a los Estados Unidos Americanos".

En un artículo biográfico sobre Unzaga que publicó el pasado abril el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, cerca de Madrid, se hace referencia a la misma carta describiéndola como "un hito fundamental" en el reconocimiento de la nueva nación.

El artículo indica que la carta es "la primera vez que un representante europeo usaba esta denominación" que "validó a los combatientes como militares de un país independiente y no como meros rebeldes".

Además, afirma que Unzaga fue "el inspirador del nombre oficial en español de la nación al avalar el término sin anteponer Thirteen o el estatus de colonies a la denominación que aún quedaba como reminiscencia de las colonias inglesas".

 
El acta de independencia de las 13 colonias americanas unidas se firmó en Filadelfia.
 
 
El "mito español" en el bautismo de EE.UU.

Para el historiador español Gonzalo M. Quintero Saravia, todo este debate en torno al aporte de Unzaga "se parece a veces mucho a la película My Big Fat Greek Wedding (traducida como 'Casarse... está en griego' o 'Mi gran boda griega')".

"El protagonista de esa película es el padre de la novia, que es un griego norteamericano que ha emigrado desde Grecia y él siempre dice que es capaz de derivar cualquier palabra en inglés de un origen griego y para él todo es griego", explica Quintero en entrevista con BBC Mundo desde Madrid.

Haciendo una analogía, Quintero considera que en los últimos años se ha dado una tendencia a amplificar "ese mito de que todo lo que pasó en Estados Unidos tiene origen español, algo que contrasta con el 'borrado' que se produjo durante décadas de la contribución española al proceso independentista".

Y añade: "Mucho de lo que ocurrió en Estados Unidos tiene origen español, pero llegar a decir que el nombre de Estados Unidos fue inventado por una carta que escribió un gobernador a George Washington, pues me parece un poco estirar un poco las cosas".

El historiador ha escrito sobre el papel de España en el proceso de independencia estadounidense, particularmente sobre las acciones que tomó el sucesor de Unzaga al frente de Luisiana, Bernardo de Gálvez.

 
España apoyó a las Trece Colonias en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. 
 
 
En su libro "Bernardo de Gálvez: un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica" (publicado originalmente en inglés como Bernardo de Gálvez: Spanish Hero of the American Revolution, por The University of North Carolina Press, 2018), Quintero destaca cómo las campañas militares españolas contra los asentamientos británicos en el río Misisipi fueron cruciales para impedir que Londres dedicara todas sus fuerzas a enfrentar al ejército de Washington.

"La Revolución americana se enmarca dentro de un contexto y el contexto es las guerras entre las potencias europeas por el control americano. Pero incluso antes de que Francia entrase en la guerra (1778) y de que España también lo hiciese en 1779, ya es un conflicto mundial porque tanto Francia como España apoyan a los revolucionarios norteamericanos, que es una tradición muy normal entre imperios", afirma Quintero.

"El siglo XIX es un periodo de construcción norteamericano que mira hacia el anglosajón, teñido un poco de anticatolicismo porque están construyendo un país basado en valores protestantes; España no encajaba como ayuda a la Revolución americana como sí encajaba Francia. No encajaba el apoyo de una monarquía católica a la Revolución americana".

Esa tendencia ha cambiado en las últimas décadas y el aporte español a la independencia estadounidense está siendo redimensionado para ponerlo más a la par del de Francia, mucho más reconocido.

Sin embargo, el historiador Quintero indica que no ha visto prueba documental que respalde la tesis del país "bautizado" por Unzuaga.

"Tendría que verla. Si la hay, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo al día de hoy no conozco ninguna prueba de eso".

 

El nombre de Estados Unidos de América se usa por primera vez

 

El primer uso escrito documentado de Estados Unidos de América se produjo el 2 de enero de 1776, cuando Stephen Moylan, ayudante de Washington, escribió una carta expresando su deseo de viajar a España "con plenos y amplios poderes de los Estados Unidos de América".

La famosa carta de Unzaga está fechada el 4 de septiembre de 1776, lo que ayuda a desmontar la tesis de que Washington adoptó entonces esa definición para el país.

Eso sin contar con que el líder independentista estaba centrado en asuntos militares y no en la creación de estatutos legales.

El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson incluye el nombre en la Declaración de Independencia, documento fundacional del país y de la cual fue el principal redactor.

El texto pasó de decir: "Una Declaración de los Representantes de los Estados Unidos de América…" a "La Declaración unánime de los 13 Estados Unidos de América".

En septiembre de ese año, el Segundo Congreso Continental resolvió cambiar las 'Colonias Unidas' por 'Estados Unidos', con lo que se oficializó el nombre del nuevo país que se usó en los Artículos de la Confederación (1781) y más tarde se incorporaría a la Constitución (1789).

No está probado que George Washington tuviera ninguna vinculación con la elección del nombre de Estados Unidos.

 

Columbia y otros nombres que se propusieron para EE.UU.

 

Pero para algunos, el país debía llamarse de otra manera.

Entre las opciones estuvieron Columbia (para homenajear a Cristóbal Colón); Freedonia o Fredonia, en alusión a la libertad de los nuevos territorios, y nombres de referencia geográfica como Appalachia o Alleghania, que pretendían vincular la identidad del país al paisaje que lo diferenciaba de Europa.

Ninguna prosperó, aunque Columbia fue la más cercana a convertirse en oficial y sobrevivió en nombres como el Distrito de Columbia, de la capital, Washington, y en una decena de ciudades.

Aunque America (sin acento) sea el más popularmente usado dentro y fuera del país, el término Estados Unidos se impuso en documentos oficiales y en el lenguaje político.

Algunos argumentan que Estados Unidos no es estrictamente un nombre, sino una definición administrativa sobre cómo se organiza una nación a partir de una federación de territorios.

De hecho, hay otros Estados Unidos en América: es el caso de México, cuyo nombre es oficialmente Estados Unidos Mexicanos.

Brasil tuvo la misma denominación hasta 1967. En 1953, Venezuela cambió de Estados Unidos a República de Venezuela. Hubo unos Estados Unidos Centroamericanos entre 1821 y 1841. Y Colombia también fue Estados Unidos entre 1863 y 1886.

"Los Estados Unidos se han apropiado del continente desde el principio. El ejército de George Washington se llama ejército continental. El congreso donde se reunían los representantes de las 13 colonias se llama Congreso Continental", indica a BBC Mundo el historiador Quintero.

"Para Estados Unidos, el continente americano es lo que los demás del mundo llamamos Norteamérica. Para cualquier otro, América es desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Pero para Estados Unidos, América es solamente ellos. Y es una apropiación que tiene lugar desde el primer momento en Estados Unidos".


Fuente: Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América


 

domingo, 17 de mayo de 2026

Qué fue la Revolución Cultural de Mao Zedong y cómo marcó la historia de China hace 60 años

 

"El mensaje de Mao era: 'Rebélense contra su profesor, contra su maestro, contra su dirigente del partido, su superior, los jefes de fábrica. La rebelión está justificada'".

 

Redacción
BBC News Mundo

 

La Revolución Cultural, de cuyo inicio se cumplen seis décadas, fue una de las etapas más oscuras de la historia de China.

En 1966, el líder comunista Mao Zedong ordenó una campaña nacional para purgar elementos considerados contrarrevolucionarios, influencias capitalistas y pensamiento burgués en el gobierno, la educación y el arte.

Mao estaba declarando la guerra al pasado, a las "viejas ideas" y a las "viejas costumbres".

Y la batalla no sería librada principalmente por la policía o los organismos de seguridad, sino por ciudadanos comunes —especialmente jóvenes— contra sus propios conciudadanos.

"El mensaje de Mao era: 'Rebélense contra su profesor, contra su maestro, contra su dirigente del partido, su superior, los jefes de fábrica. La rebelión está justificada'", explica el historiador Yafeng Xia, profesor de la Universidad de Long Island en EE.UU.

La campaña, que oficialmente duró hasta 1976, transformó completamente la sociedad china y dejó profundas huellas políticas y culturales que aún siguen presentes en el país.

 

El ascenso de Mao y el fracaso del Gran Salto Adelante

 La campaña del Gran Salto Adelante de Mao movilizó a millones de trabajadores y campesinos en condiciones extremas, lo que causó una catástrofe económica y humanitaria.
 
 

Mao llegó al poder en 1949 tras derrotar a las tropas nacionalistas del Kuomintang e instaurar la República Popular China, inspirada en el marxismo.

Tras siglos de dinastías imperiales, China había entrado en el siglo XX con un profundo atraso económico y marcada por las invasiones de potencias extranjeras.

Las desigualdades entre ricos y pobres, entre el campo y la ciudad y entre hombres y mujeres eran enormes.

Mao lanzó en 1958 el llamado Gran Salto Adelante, un ambicioso programa destinado a industrializar rápidamente la economía agraria china y alcanzar a Occidente en pocos años.

La agricultura fue colectivizada y se impusieron objetivos considerados inalcanzables junto con erráticas políticas económicas que terminaron siendo contraproducentes.

A comienzos de los años 1960, la economía y la agricultura chinas se habían hundido.

La situación, combinada con varios desastres naturales, desembocó en una de las mayores hambrunas de la historia, en la que se calcula que murieron entre 20 y 40 millones de personas.

 El Gran Salto Adelante dejó imágenes de campesinos exhaustos y hambrientos.
 
 
"Mao sabía que había habido enormes errores políticos", afirma Yafeng Xia.

Según explica el historiador, en 1961 el dirigente dio un paso atrás y otros líderes, como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, quedaron al frente de la recuperación económica.

Para 1964, la economía china parecía mejorar.

Pero Mao nunca aceptó plenamente haber cometido errores.

Según Xia, el líder temía además que sus sucesores lo responsabilizaran del fracaso del Gran Salto Adelante y de la gran hambruna.

En 1965 comenzó a preparar su regreso político señalando a dirigentes como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping (quién fue destituido y enviado a trabajar en una fábrica de tractores) como "seguidores del capitalismo", una acusación extremadamente grave dentro de la retórica comunista china.

 

El inicio de la Revolución Cultural

El 16 de mayo de 1966, Mao promulgó una directiva destinada a deshacerse de sus oponentes políticos y, al mismo tiempo, revitalizar ideológicamente a la sociedad.

Según el historiador, Mao creía que muchos funcionarios del gobierno central, provincial y local se habían corrompido y ya no servían al pueblo, o los consideraba seguidores de los líderes que él había purgado previamente.

"Mao realmente pensaba que estaba haciendo una nueva revolución comunista, que debía existir una revolución política constante", señala el historiador.

 Campesinos chinos recitan pasajes del Libro Rojo de Mao antes de comenzar su jornada.
 
 
La movilización fue masiva: campesinos, trabajadores y especialmente estudiantes fueron llamados a rebelarse contra sus superiores y contra cualquiera que ocupara posiciones de autoridad.

Todo ello ocurría, además, bajo una masiva campaña de culto a la personalidad de Mao.

Las imágenes de miles de jóvenes reunidos en la plaza de Tiananmén en Pekín levantando el "Libro Rojo" de Mao son uno de los símbolos de aquella época.

 

La Guardia Roja y la destrucción de los "Cuatro Viejos"

El movimiento juvenil más emblemático de la Revolución Cultural fue la Guardia Roja, integrada por millones de estudiantes de secundaria y universitarios que surgieron por todo el país para hacer cumplir las enseñanzas de Mao.

"Para esos jóvenes, el presidente Mao era el Dios. Todo lo que decía era correcto", explica Xia.

 
El régimen chino adoctrinó a los jóvenes para idolatrar a Mao.
 
 
La campaña se dirigió contra lo que el régimen llamó los "Cuatro Viejos": las viejas ideas, la vieja cultura, las viejas costumbres y los viejos hábitos.

Los guardias rojos recorrieron China con el objetivo de destruir las tradiciones consideradas incompatibles con la revolución.

Maestros, intelectuales y personas señaladas como enemigas del Estado eran sacadas de sus casas, atadas, interrogadas, humilladas públicamente y golpeadas, a veces hasta la muerte.

Durante casi una década las universidades quedaron paralizadas y los hospitales funcionaron parcialmente.

También fueron destruidos templos, tiendas, viviendas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino.

La violencia alcanzó también a familias comunes: Xia recuerda que sus padres trabajaban para una empresa estatal en una pequeña localidad de la provincia de Jiangsu.

Según relata, personas que no simpatizaban con su madre la denunciaron y ella pasó dos años en prisión.

Su padre, que inicialmente había respondido al llamado revolucionario de Mao, terminó siendo perseguido después de 1968.

 Desfile de miembros dela Guardia Roja en 1967

 

El caos y el envío masivo al campo

En el año 1968 el movimiento se había salido de control y China estaba inmersa en un ambiente de violencia y caos que algunos comparaban con una guerra civil.

Se estima que cientos de miles de personas murieron en purgas y luchas de poder.

Mao terminó concluyendo que la situación era insostenible y decidió frenar a la Guardia Roja.

Muchos de esos jóvenes eran estudiantes urbanos que recorrían el país sin realizar trabajo productivo, explica Xia.

La solución de Mao fue enviarlos al campo para que trabajaran como agricultores y "aprendieran de los campesinos".

 
Campesinos chinos en 1970

 

Alrededor de 16 millones de jóvenes fueron trasladados a zonas rurales, lo que permitió que las ciudades recuperaran cierta calma.

Aunque la historia oficial china considera que la Revolución Cultural se prolongó desde 1966 hasta 1976, los tres primeros años fueron los más radicales y violentos.

A partir de 1969, Mao continuó purgando a miembros del gobierno y del ejército, y reforzó su poder apoyándose en figuras consideradas radicales, como su esposa, Jiang Qing.

Junto con Zhang Chunqiao, Wang Hongwen y Yao Wenyuan, Jiang integró el grupo que más tarde sería conocido como la "Banda de los Cuatro".

 

La muerte de Mao y el legado de la Revolución Cultural

Mao Zedong murió en septiembre de 1976.

Tras su muerte, el Partido Comunista chino lo presentó como un "gran héroe" e intentó desvincularlo de los excesos y horrores de la Revolución Cultural, considerada catastrófica en el país.

Los nuevos dirigentes procesaron a quienes consideraban responsables intelectuales de las atrocidades, especialmente a la Banda de los Cuatro, cuyos miembros fueron condenados a cadena perpetua.

Según Xia, el Partido Comunista no podía permitirse una condena total de Mao porque eso habría puesto en cuestión la legitimidad misma del régimen.

Por eso, los sucesores de Mao sostuvieron que el dirigente estaba anciano y enfermo, y que había sido manipulado en sus últimos años.

Con el paso del tiempo, sin embargo, fueron reconocidos oficialmente algunos errores del líder.

Deng Xiaoping (ya rehabilitado) resumió esa visión con una frase que se volvería célebre: Mao "acertó en un 70% y erró en un 30%".

Deng, quien se convirtió en el líder supremo en 1978, impulsó un cambio de rumbo que ayudaría a moldear la China contemporánea.

El aparato represivo del Estado se mantuvo, pero el país comenzó a acercar dos ideas que habían dividido el mundo durante gran parte del siglo XX: el comunismo político y la apertura económica capitalista.

En un país gobernado por un partido comunista, el capitalismo dejó de verse como una contradicción.

Décadas después, la figura de Mao continúa generando divisiones en China.

Según Xia, muchos ciudadanos siguen idealizando aquella época y consideran que durante el maoísmo "los funcionarios por lo general no eran corruptos".

"Más del 50% de los chinos todavía creen que Mao fue un gran líder", afirma el historiador.

Sin embargo, puntualiza, "las personas más educadas saben lo que ocurrió durante la Revolución Cultural".



 

 

 

 

sábado, 20 de septiembre de 2025

El Principio de Peter: Jerarquiología y Política

La historia de la Humanidad es un inmenso mar de errores en el que, de vez en cuando, pueden encontrarse unas cuantas verdades.

Cesare Beccaria

 

Hemos visto cómo funciona el Principio de Peter en algunas jerarquías sencillas, sistemas escolares, fábricas, talleres de reparación de automóviles, etc. Examinemos ahora las jerarquías, más complejas, de la política y el Gobierno.

Durante una de mis conferencias, un estudiante latinoamericano, César Inocente, dijo: 
—Profesor Peter, me temo que la respuesta a lo que yo quiero saber no la pueden dar mis estudios. No sé si el mundo esta gobernado por hombres inteligentes que no están engañando o por imbéciles que no se recatan de serlo.
La pregunta de Inocente compendia los pensamientos y sentimientos que muchos han expresado. Las ciencias sociales   suministrar respuestas consistentes.

Hasta el presente, ningún politicólogo ha analizado satisfactoriamente el funcionamiento de los Gobiernos, ni ha predicho con exactitud el futuro político. Los marxistas han errado en análisis tanto como los teóricos capitalistas. Mis estudios sobre jerarquiología comparada han puesto de manifiesto que los sistemas capitalista, socialista y comunista se caracterizan por la misma acumulación de personal superfluo e incompetente. Aunque mi investigación se halla todavía incompleta, presento a continuación los resultados de la misma a manera de informe provisional. Si consigo los fondos necesarios, completaré mi investigación sobre la jerarquiología comparada. Realizado esto, me propongo estudiar la jerarquiología universal.

 

INFORME PROVISIONAL

En toda crisis política o económica, una cosa es segura. Muchos ilustres expertos prescribirán muchos remedios diferentes.
El presupuesto no se nivela; A dice: «Elevad los impuestos». B clama: «Reducid los impuestos».

Hay disturbios en las calles. E propone que se concedan subvenciones para ayuda de los pobres; F pide la adopción de medidas favorables a los ricos.
Otra potencia hace gestos amenazadores. G dice: «Desafiadla». H dice: «Apaciguadla».

 

¿Por qué la confusión?

1) Muchos de los expertos han alcanzado en la actualidad su nivel de incompetencia: su consejo es desatinado e irrelevante.
2) Algunos de ellos tienen teorías  válidas, pero son incapaces de llevarlas a la práctica.
3) En cualquier caso, ni las propuestas sensatas ni las insensatas pueden ser puestas eficientemente en práctica, debido a que la  maquinaria de gobierno es una vasta serie de entrecruzadas jerarquías, surcadas de incompetencia en todas direcciones.

Consideremos dos de las ramas de Gobierno: el Parlamento, que crea las leyes, y el Ejecutivo que, por medio de su ejército de funcionarios, trata de hacerlas cumplir.



EL PARLAMENTO

La mayoría de los Parlamentos modernos —aun en los países  no democráticos— son elegidos  por voto popular.
Cabría pensar que los votantes, por su propio interés, reconocerían y elegirían a los estadistas   para que los representasen en la capital. Ésa es, en efecto la teoría simplificada del Gobierno representativo. En realidad, el proceso es algo más complicado.
En la actualidad la política se halla dominada por el sistema de partidos. Hay países que solamente tienen un único partido oficial; otros tienen dos; otros tienen varios. El partido político suele ser ingenuamente descrito como un grupo de personas de ideas semejantes que cooperan en promover sus intereses comunes. Esto ya no es válido. Esa función se halla hoy día enteramente desarrollada por los pasillos, y hay tantos pasillos como intereses especiales.
El partido político existe hoy primariamente como aparato para la selección de candidatos y para conseguir su elección.

 

Una raza a extinguir

Desde luego, de vez en cuando  un candidato «independiente» resulta elegido gracias a su propio esfuerzo, sin contar con el apoyo de ningún partido. Pero debido al enorme gasto de las campañas políticas este fenómeno es muy raro en los niveles local y regional, y desconocido en las elecciones nacionales. Puede decirse que, en la política moderna, compete a  los partidos la selección de candidatos.

 

La jerarquía del partido

Todo partido, como cualquier miembro de ellos sabe, es una jerarquía. Cierto que la mayoría de sus miembros trabajan sin percibir remuneración alguna a cambio, y que, incluso, pagan por  ese privilegio, pero existe, no obstante, una bien delineada estructura de grados y un definido sistema de ascenso de un grado a otro.
He expuesto el Principio de Peter en su aplicación a los trabajadores a sueldo. A continuación verá usted que también es válido en este tipo de jerarquías.
En un partido político, como en una fábrica o en un ejército, la competencia en un grado es requisito para el ascenso al siguiente.  Un competente captador de votos a domicilio resulta elegible para el ascenso; puede que se le permita organizar un equipo de captadores de votos.
El captador ineficaz o antipático continúa llamando  a las puertas y alienando votantes.
Un rápido rellenador de sobres puede esperar llegar a jefe de un equipo de rellenadores de sobres; un incompetente rellenador de sobres continuará rellenando sobres lenta y torpemente, metiendo dos octavillas en unos, ninguna en otros, doblándolas mal, dejándolas caer al suelo, etc., tanto tiempo como permanezca en el partido.
Un competente recaudador de fondos puede ser ascendido a miembro del comité que designa al candidato.
Aun siendo un buen pedigüeño, tal vez no sea competente para juzgar a los hombres como legisladores y tal vez apoye a un candidato incompetente.
Aunque la mayoría de los miembros del comité de designación se componga de competentes jueces de hombres, este comité seleccionará al candidato, no por su potencial sabiduría como legislador, ¡sino por su presunta capacidad para ganar las elecciones!

 

El gran paso: candidato a legislador

En pasados tiempos, cuando las grandes concentraciones de masas decidían los resultados de las elecciones, y la oratoria era un noble arte, un orador fogoso podía ser nombrado candidato por un partido, y el mejor orador de todos los candidatos podía obtener el escaño. 
Pero, naturalmente, la capacidad de hechizar, de divertir, de inflamar a una multitud de diez mil votantes con los gestos y con la voz no llevaba consigo la capacidad de pensar juiciosamente, de deliberar serenamente y de votar sabiamente sobre los asuntos de la nación.
Con el desarrollo de las campañas electrónicas, un partido puede nombrar como candidato al hombre que mejor aspecto ofrezca en la televisión. Pero la capacidad de dar ―con ayuda del maquillaje y la iluminación— una imagen atractiva en una pantalla fluorescente no constituye garantía alguna de una competente actuación en el Parlamento.
Muchos hombres, bajos los antiguos y los nuevos sistemas, han dado el paso ascendente de candidato a legislador, sólo para alcanzar su nivel de incompetencia.



Incompetencia  en el Parlamento

El parlamento mismo es una jerarquía. Un representante elegido que se revela incompetente como parlamentario no obtendrá ningún ascenso.
Pero un legislador ordinario competente es elegible a un puesto de mayor poder, miembro de un importante comité, presidente de comité o, en ciertos sistemas, ministro del Gobierno. También en cualquiera de estos grados el ascendido puede ser incompetente.
Vemos, pues, que el Principio de Peter controla todo el brazo legislativo del Gobierno, desde el miembro más humilde del partido hasta los que ocupan los más elevados puestos electivos. Cada uno tiende a elevarse hasta su nivel, y cada puesto tiende, con el tiempo, a ser ocupado por alguien incompetente para desempeñar sus deberes.

 

EL EJECUTIVO

Le parecerá ya a usted evidente que el Principio se aplica también a la rama ejecutiva: departamentos ministeriales, direcciones generales, agencias y delegaciones a nivel nacional, regional y local. Todos, desde las fuerzas de Policía hasta las Fuerzas Armadas, son rígidamente jerarquías de empleados a sueldo, y todas se hallan necesariamente sobrecargadas de incompetentes que no pueden realizar su trabajo, no pueden ser ascendidos, pero no pueden ser excluidos.
Cualquier gobierno, sea una democracia, una dictadura o una burocracia comunista o de libre empresa, caerá cuando su jerarquía alcance un intolerable estado de madurez ¹.


1. La eficiencia de una jerarquía es inversamente proporcional a su cociente de madurez, C.M.

CM =  (N° total de empleados en nivel de incompetencia x 100)/(N° total de empleados en la jerarquía)

Evidentemente, cuando CM sea igual a 100, no se realizará ningún trabajo útil.


Igualitarismo e imcompetencia

La situación es peor en la actualidad que cuando los nombramientos de funcionarios civiles y militares se efectuaban por favoritismo. Esto tal parezca herético en una era de igualitarismo, pero permítanme explicarlo.
Consideremos un país imaginario llamado Cabezovia, en el que son totalmente desconocidos los exámenes para acceso a la Administración, la igualdad de oportunidades y el ascenso por mérito. Cabezovia tiene un rígido sistema de clases, y los grados elevados de todas las jerarquías ―el Gobierno, la industria, las Fuerzas Armadas, la Iglesia— se hallan reservados a los miembros de la clase dominante.
Observará usted que evito la expresión «clase alta»; ese término tiene desafortunadas connotaciones. Se le considera generalmente referido a una clase que es dominante por razón de nacimiento o noble.
Pero mis conclusiones se aplican también a sistemas en los que la clase dominante se halla separada de la clase subordinada por diferencias de religión, estructura, raza, idioma, dialecto o afiliación política.

No importa cuál de todos éstos sea el criterio de Cabezovia: el hecho importante es que el país tiene una clase dominante y una clase subordinada.    Este diagrama representa una jerarquía típica cabezoviana que tiene la clásica estructura piramidal:

 


Los grados inferiores ―la zona designada CS— se hallan ocupados por empleados de la clase subordinada. Por muy brillante que cualquiera de ellos pueda ser, ninguno es elegible para elevarse por encima de BC, la barrera de clase.Los grados superiores ―la zona designada CD― se hallan ocupados por empleados de la clase dominante. No comienzan sus carreras en la base de  la jerarquía, sino en el nivel de la barrera de clase.

Ahora bien, en la zona CS, es evidente que muchos empleados nunca podrán elevarse a una altura suficiente para alcanzar su nivel de incompetencia, porque ello se lo impide la barrera de clase. Pasarán toda su carrera trabajando en tareas que son capaces de desempeñar bien. Nadie es ascendido fuera de la zona CS, por lo que esta zona conserva, y utiliza continuamente, a sus empleados competentes. 
Evidentemente, pues, en los grados inferiores de una jerarquía el mantenimiento de una barrera de clase garantiza un nivel de eficiencia mayor que el que podría existir sin tal barrera.

Contemplemos ahora la zona CD, situada por encima de la barrera de clase. Como ya hemos visto, las perspectivas de un empleado de alcanzar su nivel de incompetencia son directamente proporcionales al número de grados existentes en la jerarquía; cuantos más grados, más incompetencia. A todos los efectos prácticos, la zona CD forma una jerarquía cerrada de unos pocos grados. Evidentemente, pues, muchos de sus empleados nunca alcanzarán su nivel de incompetencia.
Además, la perspectiva de comenzar desde un punto próximo a la cúspide de la pirámide atraerá a la jerarquía a un grupo de brillantes empleados que jamás habrían acudido allá si se hubieran visto obligados a comenzar desde la base.

Examinemos la situación de otro modo. En el capítulo IX, consideraré los estudios de eficiencia y demostraré que la única forma eficaz de incrementar la eficiencia en una jerarquía consiste en la infusión de sangre nueva en sus niveles superiores. En la mayoría de los sistemas actuales tal infusión tiene lugar a intervalos, después de una reorganización, por ejemplo, o en períodos de de rápida expansión. Pero en las jerarquías cabezovianas es un proceso continuo: nuevos empleados están entrando regularmente a un alto nivel, por encima de la barrera de clase.
Evidentemente, pues, en las zonas CS y CD, por debajo y por encima de la barrera de clase, las jerarquías cabezovianas son más eficientes que las de una sociedad sin clases o igualitaria.


UN SISTEMA DE CLASES CONTEMPORÁNEO

Antes de que se me acuse de recomendar el establecimiento de un sistema de clases, permítaseme señalar que ya tenemos uno. Sus clases se basan, no en el nacimiento, sino en el prestigio de la Universidad a que uno ha asistido. Por ejemplo, al hablar de un graduado de Harvard se dice que es «un hombre de Harvard», pero no se menciona para nada la Universidad cuando es otra carente de renombre. En algunas jerarquías, el graduado de la Universidad desconocida —por competente que sea— no tiene las mismas oportunidades de ascenso que el graduado de la institución prestigiosa.
La situación está cambiando. Existe una acusada tendencia a hacer del título universitario requisito previo para  poder ocupar cada vez más puestos, aun en los grados más bajos de ciertas jerarquías. Esto debería aumentar el potencial de ascenso de todos los titulados y, por consiguiente, disminuir el valor de clase del título prestigiado.
Mis estudios personales sobre este fenómeno, debido a esa lamentable escasez de fondos, son incompletos, pero aventuraré la predicción de que, con el paso de los años, cada graduado universitario irá teniendo más oportunidades de alcanzar su nivel de incompetencia, ya sea al servicio de empresas privadas o del Gobierno.


Dr. Lawrence Peter y Raymond Hull, El Principio de Peter. Tratado sobre la incompetencia o por qué las cosas van siempre .lɐɯ, traducción de Adolfo Martín, Ediciones Orbis, S.A., Barcelona, España, 1985, págs 89-100

 

Notas

La foto de la ilustración en la página 94 y la ilustración de la página 97 son de mi parte. 

Es un problema poner imágenes u operaciones matemáticas porque Word y otros programas hacen trabajar de más y hay que colocarlas como buenamente se pueda.

 

Recatar.- Mostrar recelos en tomar una resolución. Sinónimos: contenerse, moderarse dominarse,, refrenarse, reportarse.


Politicólogo.- Sinónimo: Polítólogo.- Especialista en politología:  Disciplina que estudia la teoría política. 

Superfluo.- No necesario, que está de más.
Sinónimos: innecesario, prescindible, supervacáneo, sobrante, inútil, etc.

Alienar.- Sinónimos: enloquecer, trastornar, desequilibrar, alienar, delirar, chiflarse, ensimismar, abstraerse, desatinar; vender, transferir, ceder, etc.; embelesar,  fascinar, producir asombro; Desposeerse, privarse de algo. Apartarse del trato que se tenía con alguien, por haberse entibiado la relación de amistad.

Pedigüeño.- Que pide con frecuencia e importunidad. Sinónimos: sablista, sableador, sacacuartos, garronero, pedilón, pedinche, pediche, pidiche. DLE RAE


miércoles, 4 de junio de 2025

Colección La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros

Editorial Plaza & Janés

1964-1981

No se llegó a los 80 libros planeados en la colección y sólo se publicó una parte de ellos.

La explicación no se encuentra a la mano: ¿fue por pago por los derechos de autor, problemas en la economía española durante la época de la Transición, cambios de planes en la editorial, etc.?

Como se dice: Averígüelo Vargas.

Lo cierto es que la editorial no se hacía problemas y siguió publicando, y una y otra vez incluyó antes, durante y después varios de los mismos libros en sus diferentes colecciones.



—Evelyn Waugh. Un Turista por África (Kenia, Tanganika, las dos Rodesias)

—Alexander Ramati. Israel hoy

—Rupert Croft-Cooke. De la Mano de Don Quijote (lugares y paisajes de España)

—Francis Mazière. Fantástica Isla de Pascua

—José María Gironella. En Asia se muere bajo las estrellas (Tailandia, Vietnam, Formosa-Taiwán-, Filipinas, Hong Kong, Camboya y la India)

—Pearl S. Buck. Gente del Japón

—Enrico Altavilla. Suecia, infierno y paraíso

—Leonid Vladimirov. Los Rusos de hoy

— Enrico Altavilla. Europa, pecado y virtud

—Hugo Portisch. La China que he visto

—Alberto Vázquez-Figueroa. Viaje al Fin del Mundo: Galápagos

—Jean Lartéguy. Viaje al Fin de la Guerra (Guerra de Vietnam)

—Hugo Portisch. La Siberia que he visto

—François de Combret. Las Tres Caras de Brasil

—Harry Golden. Los Israelíes. Retrato de un Pueblo

—Anthony Glyn. Los Británicos

—Sanche de Gramont. Los Franceses. Retrato de un Pueblo

—Ramón Carnicer. Nueva York. Nivel de vida, nivel de muerte

—Fernando Díaz-Plaja. El Mundo de Colores (Culturas alrededor del mundo)

—Pierre Ivanoff. En el País de los Mayas

—Alberto Moravia. ¿A que tribu perteneces? (África negra)

—José María Gironella. El Mediterráneo es un hombre disfrazado de mar

—Jean Lartéguy. El Oro del Diablo. Guerra, petróleo y terrorismo en el Cercano Oriente

—Jean Raspail. Diario Piel Roja (Un viaje por las reservas indias de Estados Unidos)

—Ramón Carnicer. Gracia y Desgracias de Castilla la Vieja

—Jack Beeching. La Guerra del Opio (China, historia)

—Saul Bellow. Jerusalén, Ida y Vuelta. Un relato personal

—Jean Lartéguy y Tila Bréaud. FIU. Tahití, la piragua y la bomba

—André Brugiroux. La Tierra es un solo país. 400.000 km alrededor del mundo en autostop

—Enrico Altavilla. Las Mecas del pecado

—Enrique Rubio. De Pretoria a Moscú. Los Paraísos del blanco y del rojo. Apuntes de un reportero (Sudáfrica, Unión Soviética)

—Fernando Díaz-Plaja. Los Brasiles. Una visión amena, desenfadada y culta de los pueblos del Brasil

—Paul Theroux. El Gran Bazar del Ferrocarril. En tren a través de Asia

— Fernando Díaz-Plaja. Las Ínsulas Extrañas. Viaje por las Cinco Partes del Mundo

— A.E. Maxwell e Ivar Rudd. Allí, el día dura un año. Relato de un año en la región ártica

—Guillermo Díaz-Plaja. China en su laberinto

—Ramón Conde Obregón. Las Murallas de Roma y otras historias de la urbe

—Guillermo Díaz-Plaja. El Encanto de Europa. Viajes y Meditaciones



viernes, 23 de mayo de 2025

"Incluso cuando hayas perdido un hijo o a tu esposa, nada te exime de tu responsabilidad de ser feliz": Richard Ford

 

 
Richard Ford nació en Mississippi, Estados Unidos, en 1944.
 
 
Por Ayelén Oliva
BBC News Mundo@Centroamérica Cuenta
@ayelenoliva
 
 
A Richard Ford no le incomoda que lo definan como un escritor político, aunque Estados Unidos no sea más que el telón de fondo delante del cual se mueven los personajes de sus novelas.

"Todo lo que ocurre en la vida íntima, incluso a pequeña escala, refleja algo que sucede en la esfera pública", le dice a BBC Mundo desde Montana y adelanta que su próximo libro será un ensayo sobre la escritura política.

Nacido en Jackson, Mississippi, en 1944, Ford es una figura indiscutida de las letras, que integra la tradición de la gran novela americana del siglo XX. A través de sus historias, se dedica a encontrar cierta esperanza racional en el futuro en medio del declive lento de Estados Unidos.

Ganador del Pulitzer y el PEN/Faulkner a la Ficción por "El día de la Independencia" (1996) y del Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2016, ha publicado nueve novelas, un libro de memorias y varios cuentos. 

También ha sido profesor en el Williams College de Massachusetts y en las universidades de Princeton, Harvard, Northwestern y Michigan, además de ser miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. 

Frank Bascombe, su emblemático personaje de ficción que hizo su aparición en "El periodista deportivo" (1986) y se ha convertido en mucho más que en el protagonista predilecto de sus novelas, se despide en su último libro "Sé mía" (2024).

BBC Mundo habló con Ford en el marco del festival Centroamérica Cuenta, que se realiza entre el 19 y el 24 de mayo en Guatemala.

 

Su última novela, "Sé mía", empieza pensando en la idea de la felicidad y termina de la misma manera, incluso en momentos de mucho dolor para el protagonista como puede ser la muerte de un hijo. ¿Por qué la felicidad?

Frank Bascombe, sobre todo después de la muerte de su hijo Paul, está mayor y se queda bastante solo. Por eso creo que, a pesar de todo, trata de encontrar la manera de ser feliz.

Ya hablando como Richard, y no como Frank, diría que de lo que se trata es de tener la obligación de buscar la manera de que cada día importe, incluso cuando hayas perdido mucho, como puede ser a un hijo, a tu esposa o no te lleves bien con tu hija.

Eso no te exime de tu responsabilidad, si es que decides asumirla, de ser feliz en este mundo.

¿Cree que a veces perdemos de vista esa búsqueda?

Bueno, al menos en Estados Unidos, se suponía que debíamos vivir en libertad la búsqueda de la felicidad, pero si miras a tu alrededor en estos días, en este país no ves tanta libertad ni tanta felicidad.

Entonces, hice lo que la ficción mejor sabe hacer: tomé la convención social y la di vuelta, para que la felicidad sea algo real que uno pueda alcanzar por uno mismo.

En lugar de andar siempre con una especie de angustia existencial sobre la vida –que es una actitud que uno siempre tiene al alcance de la mano y que es muy fácil de adoptar– quizá lo que deberíamos hacer es intentar ser felices.

No estúpidamente felices, sino consciente e intelectualmente felices, si es posible. Puede que sea imposible, no sé, pero en una novela, tienes la opción de ir en contra de las convenciones.

Su escritura tiene la habilidad poco usual de combinar una mirada crítica sobre el estado de las cosas y, a su vez, optimista. ¿Cómo trabaja ese registro?

Tanto en la literatura como en la vida, la felicidad y la tristeza, las dos caras del drama, van casi siempre de la mano. Y eso me parece que representa la expresión más plena de la vida.

A veces estamos tristes y a veces felices. A veces estamos tristes y reímos, a veces estamos contentos y lloramos. Estas cosas son las que crean un buen drama, porque realmente son estados que coexisten en nuestra vida cotidiana.

Hay una frase del escritor y crítico literario estadounidense Henry James que dice que no hay tema más humano que aquel que refleja, desde la confusión de la vida, la estrecha conexión entre la felicidad y la tristeza, entre las cosas que ayudan con las cosas que duelen.

Y eso me lo tomo muy literal porque creo que el drama, que es lo que impulsa una novela dramática, es más rico cuando logra combinar estas dos caras de maneras inesperadas.

 

En su última novela, así como en muchos de sus libros, Estados Unidos aparece como telón de fondo mientras en un primer plano se mueven los personajes en sus vidas íntimas. ¿Cómo cree que se relaciona la vida privada con lo que pasa allá afuera?

Bueno, actualmente estoy escribiendo un ensayo sobre la escritura política porque pienso que soy un escritor político, aunque no escriba sobre política directamente.

Creo que todo lo que ocurre en la vida íntima, incluso a pequeña escala, refleja algo que sucede en la esfera pública.

Si lees a Aristóteles, verás que siempre dice que el Estado –sea lo que sea eso– es un reflejo de la comunidad, de la vida íntima de quienes viven en un nivel imperceptible dentro de él.

Para mí es axiomático que lo que digo cuando hablo, aquello que me preocupa, aquello que amo se encontrará en gran medida en las altas esferas del Gobierno, de la política y de la diplomacia de este país.

Lo que intento es recordarle al lector que esta vida que vivimos en nuestras calles, en nuestros jardines y en nuestras casas tiene, en última instancia, una dimensión política.

Y la razón por la que quiero recordárselo es porque, de esa manera, podría prestarle más atención a su propio comportamiento y eso lo llevaría a entender por qué puede sentirse alejado de la política aunque no podrá estarlo por completo.

Porque lo que cada persona hace en su casa se refleja en la política.

 

La vida en los suburbios de Estados Unidos ocupa un lugar central en las novelas de Ford.

Ya en "Entre ellos", un libro de memorias bellísimo, usted puso a dialogar la idea de un Estados Unidos en decadencia que contrasta con la calidez de una pareja, el amor de una familia, como aquello que parece ser lo único que mantiene a las partes unidas...

Ese libro relata el momento en que vivía con mis padres en los dramáticos años 1950, que no se suelen pensar como una época dramática pero en el sur del país sí lo fueron en términos raciales.

Aquellas tensiones, las alegrías, las preocupaciones y los conflictos de esa sociedad nos afectaron también a pequeña escala, y pensé que sería mejor escribir sobre mis padres sin ir por estos grandes problemas sociales.

Pensé que sería mejor si lo hacía de esa manera, porque si intentaba contrastarlo con las tensiones de la historia, terminaría por vaciar y debilitaría lo que intentaba decir sobre ellos, sobre nosotros, que sobrevivimos juntos, como una pequeña entidad de tres, en una época complicada.

¿Es el mundo íntimo el lugar seguro en tiempos complicados?

Ese es el tema sobre el que estoy escribiendo el ensayo.

Me temo que la respuesta es sí y no: sí, a diario y a gran escala, pero no creo que podamos escapar de la política, en este momento, en Estados Unidos.

Estamos todos agotados, pero eventualmente, con el tiempo, el agotamiento tendrá que ser superado por un sentido de responsabilidad cívica.

Además, será que estoy viejo, pero me temo que las generaciones más jóvenes y hasta quizá incluso la mía si vivo mucho tiempo, tendrán que volver a involucrarse en la política.

 

Si uno mira Estados Unidos, así como otras partes del continente, parece haber una parte de la opinión pública y de la política que se recuesta en los dogmas, en los eslóganes, que va en contra al pensamiento crítico. ¿Le preocupa eso?

Aunque vivamos tiempos en que a los ciudadanos se les quiera quitar la responsabilidad del pensamiento, simplemente no podrán hacerlo. Eso nunca va a funcionar.

Puedes suprimirlo por un tiempo, castigarlo por un tiempo, pero la gente va a pensar. Finalmente, mirará lo que está frente a ellos y lo identificará.

No lo sé, pero es difícil para mí pensar que el impulso supresor perdure mucho tiempo.

Parece que si criticas algo de Estados Unidos, estás en contra de este país...

Eso no es nuevo. Ya se ha escuchado decir: "O estás con nosotros o contra nosotros". Bueno, lo siento, pero simplemente no es así: a veces puedo estar a favor, a veces en contra.

Yo estoy a favor de este país, a pesar de que este país tiene todo tipo de imperfecciones.

Tan solo tienes que ser lo suficientemente libre como para decir: "Me gusta este país. Creo que vale la pena preservarlo, pero necesita ayuda, necesita mejorar, necesita estar mejor".

A principios de 1990 usted fue muy crítico con lo que más tarde se llamó la "cultura de la cancelación" de los sectores de izquierda. ¿Por qué?

Hace solo unos años, algunos sectores de la izquierda intentaban suprimir el derecho de otros a expresarse. En otras palabras, era el mismo tipo de impulso represivo, de impulso desautorizado, que normalmente asociamos con la derecha.

A mí no me gusta eso. No me gusta cuando la gente dice que si no eres negro, no puedes escribir sobre gente negra. Ni me gusta cuando dices: si no eres gay, no puedes escribir sobre gente gay.

Mi opinión es que si estás fuera de un grupo, a veces puedes ver dentro de ese él con cierta claridad. No debes permitir que te silencien. 

"Quizá lo que deberíamos hacer es intentar ser felices. No estúpidamente felices, sino consciente e intelectualmente felices", dice Ford.

 

 ¿Cree que ahora vemos una respuesta conservadora bajo la consigna "anti-woke" a esas posturas liberales o de izquierda?

Ya no sé qué es lo woke.

Cuando surgió como expresión pensé que tenía muchas cosas buenas que decir. Y así lo era. No era otra cosa que una fuerza positiva que básicamente decía: "Despierten, miren a su alrededor".

Por ejemplo, si se están prohibiendo libros: "¡Despierten!".

Pero, por desgracia, como suele ocurrir en la izquierda, toda esa posición ha sido tomada por la gente de menor inteligencia.

En consecuencia, la derecha le robó la narrativa y se apoderó de lo que significaba la cultura progresista y le atribuyó todo tipo de cosas desagradables y malvadas, cuado lo que intentaba decir era: "Despierten. Presten atención".

Por estos días, escuchamos la idea del pasado como un "lugar mejor", algo que algunos autores han llamado "retrotopía", un anhelo de vuelta al pasado...

Por eso es importante el pensamiento crítico. Hay que mirar al pasado para ver qué ocurría realmente.

Por ejemplo, la Guerra Civil sucedió por la esclavitud. Esa es la verdad. Ahora podemos escuchar decir que en verdad era por la economía pero no, era por la esclavitud. Por eso, hay que pensar por uno mismo.

Yo no creo que el futuro sea menos atractivo que el pasado.

Por último, usted ha dicho que su último libro es la despedida de Frank Bascombe, personaje que protagonizó gran parte de sus novelas. Además del ensayo sobre la escritura política, ¿cuáles son sus próximos pasos?

Mira, poco después de publicar "Sé mía", me tomé un largo tiempo libre, algo que suelo hacer pero esta vez me ha llevado más tiempo del habitual.

Así que, si vivo lo suficiente, me gustaría escribir una novelita cómica porque creo que todos necesitamos aprender a reír de nuevo.

 

Fuente: Richard Ford