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domingo, 7 de julio de 2024

Orwelliano o Kafkiano: qué significan realmente y cómo eran los escritores detrás de esos populares adjetivos

"Orwelliano" se relaciona con el poder, el control y la vigilancia opresivos; "kafkiano", con situaciones desconcertantes y absurdas en un sistema complejo e irracional.

 

BBC News Mundo

Role, Redacción *

 

Hay grandes autores que, además de contarnos inolvidables historias, logran encapsular filosofías, visiones o situaciones de una forma tan significativa que sus nombres se convierten en adjetivos.

Si algo es espantoso, infernal, pavoroso, es dantesco, por la "Divina Comedia" del poeta italiano Dante Alighieri.

Si alguien actúa con astucia y perfidia para conseguir sus propósitos, es maquiavélico, por los consejos del filósofo político Nicolás Maquiavelo en "El príncipe".

Y si un idealista obra desinteresadamente en las causas que cree justas, puede ser quijotesco, como 'El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha', de Miguel de Cervantes.

Entre estos grandes, y unos otros más, hay dos influyentes autores del siglo XX cuyas ideas resuenan tanto en el mundo actual que los adjetivos derivados de sus apellidos se usan con frecuencia, a veces erróneamente.

Tanto el escritor bohemio Franz Kafka como el británico George Orwell proporcionaron un mapa, un compendio y una advertencia para este siglo.

Predijeron desde Twitter, Zoom y los reality shows hasta los teléfonos inteligentes y la vigilancia permanente, así como la ansiedad inducida por el Estado y una creciente sensación de impotencia frente a fuerzas difíciles de identificar.

Es por eso que un siglo después de la muerte de Kafka y a más de 75 años de la publicación de "1984" de Orwell, los epónimos que emergieron de sus obras son tan apropiados para describir algunos de los peores aspectos de la actualidad.

Sin embargo, tanto los autores como sus distopias son dispares.

Así que, para no confundir lo kafkiano con lo orwelliano, mejor consultar a expertos: Carolin Duttlinger, codirectora del Centro de Investigación Kafka de Oxford, y David J Taylor, autor y biógrafo de Orwell. 

 

Los Epónimos 

Cuando decimos 'kafkiano', estamos hablando de una profunda sensación de que algo no está bien, de culpas y acusaciones incomprensibles que no van a ninguna parte.

"Yo diría que sí. En el extremo más siniestro del espectro, se trata de instituciones invisibles que te rastrean y te persiguen", señala Duttlinger.

"Pero también creo que kafkiano tiene componentes más surrealistas y ligeramente satíricos, de humor negro: el sentido de lo absurdo de la vida cotidiana".

El humor, negro o no, no es tan obvio para quienes no lo leemos en el original alemán.

"Para mí, es una lástima que se piense que Kafka sólo tiene que ver con pesadillas e historias realmente oscuras, porque te pierdes las partes buenas.

"Aunque su humor sea tal vez un gusto adquirido, definitivamente está presente en lo absurdo de un hombre tratando de encontrarle sentido a una situación completamente incomprensible... eso es muy divertido".

En cuanto a Orwell, para Taylor, el problema es que 'orwelliano' "puede significar cualquier cosa que quieras que signifique".

"Orwell es tan omnipresente en nuestro mundo en estos días que la palabra 'orweliano' la puede reclamar prácticamente cualquier persona que tenga algún tipo de queja contra la autoridad.

"El significado preciso que yo le daría es que es un mundo o paisaje en el que cualquier tipo de espíritu individual es rutinariamente suprimido por una autoridad vigilante, que todo lo ve y que está habilitada tecnológicamente".

Eso implica que cuando calificamos algo como orwelliano, no estamos conjurando toda la obra sino dos libros en particular: la sátira antiutópica "Rebelión en la granja", publicada en 1945, y la escalofriante distopía "1984", de 1949.

Miremos "1984", esa advertencia contra el totalitarismo que impresionó tan profundamente a los lectores que entró en el imaginario cultural como muy pocos libros logran hacerlo.

"Orwelliano, aplicado al mundo de 1984, se trata de la negación de la verdad objetiva, de la supresión de la libertad individual por medio de la manipulación del lenguaje y el ojo tecnológico, esa especie de idea miltoniana de abrir una ventana a las mentes de los hombres, quieran o no", puntualiza Taylor.

En el caso de Kafka, tomémos su novela "El proceso", publicada póstumamente en 1925, contiene la esencia de lo kafkiano.

Se convirtió en sinónimo de las ansiedades, de la sensación de alienación de la era moderna y de la lucha de una persona común contra una autoridad irracional e irrazonable.

Antes de seguir, un resumen rápido de la trama de cada novela, en caso de que la hayas olvidado o aún no las hayas leído.

"El proceso" sigue la historia de un hombre llamado Joseph K, que vive en Praga, y es arrestado y juzgado por un crimen desconocido en un sistema legal absurdo y pesadillesco.

"1984" está ambientada en el futuro en Oceanía, un estado totalitario que le ha lavado el cerebro de la población para que obedezca irreflexivamente al Gran Hermano de su líder.

La novela sigue al protagonista Winston Smith mientras intenta rebelarse en secreto contra el régimen opresivo que todo lo ve.

 

El Fracaso 

Claramente, no debemos asumir que el personaje principal de "1984", Winston Smith, es de alguna manera similar a su creador George Orwell.

Pero, ¿hay algo de Orwell mismo que pueda ayudarnos a entender su visión orwelliana?

"Orwell creía profundamente en el concepto de fracaso, en su propio fracaso personal y en el fracaso de quienes se atrevían a cuestionar al Estado y a las reverencias del Estado, y por eso todas sus novelas, incluso las realistas de la década de 1930, tratan sobre personas que fracasan.

"Tienen al héroe rebelándose contra el sistema y, por un rato, y el sistema absorbe un poco de esas rebeliones, pero luego lo aplasta", responde Taylor.

"En '1984', Winston Smith es simplemente sometido por el sistema".

"Lo que Orwell quiere mostrar es la absoluta inutilidad de pensar que se puede lograr algo. Y creo que desde el principio el lector sabe que es una rebelión condenada al fracaso".

El final es particularmente deprimente pues no hay un gran drama: Smith sencillamente termina en la cafetería donde empezó.

"Como siempre sucede en la ficción de Orwell, ha habido un pequeño reajuste. Han pasado cosas, pero esencialmente llegas más o menos de vuelta a donde estabas", explica el experto.

"Y, para darle ese toque biográfico, concuerda con la visión que Orwell tenía de sí mismo.

"Una vez produjo un epigrama inmensamente deprimente, diciendo que la vida humana, en general, es una sucesión de fracasos, y que solo los muy jóvenes o los muy tontos creen lo contrario.

"Así que la psicología de los estados totalitarios de Orwell está, creo, íntimamente relacionada con su propia psicología personal".

Eso a pesar de haber sido muy exitoso, no sólo con la literatura.

Cuando trabajó en la BBC, fue aclamado como un programador innovador y muy querido.

Renunció para volver a escribir.

En el documento oficial de su partida, su jefe escribió:

"Es imposible exagerar la calidad de su carácter o de sus logros. La suya es una dignidad moral única. Su gusto literario y artístico es infalible.

"Se va a petición propia, para el pesar de todo el departamento".

Tres meses despues ya había terminado el primer borrador de "Rebelión en la granja".

 

El Éxito

Si hablamos de Kafka, ¿habrá algo de él en Joseph K, el desconcertado protagonista de "El proceso"?

A juzgar por algunas de las cartas que le escribió a su prometida Felice Bauer, la visión que tenía de sí mismo no era muy halagadora.

Se describió a sí mismo como "irritable, triste, taciturno, insatisfecho, enfermizo".

"Un hombre que -y esto te parecerá similar a la locura- está encadenado por cadenas invisibles a una invisible literatura y grita cuando alguien se le acerca porque piensa que está tocando esas cadenas".

¿Estaba siendo demasiado duro consigo mismo?

"Esas cartas son muy interesantes, pero no son evidencia fiable", afirma Duttlinger.

"Si las lees todas verás que él pasa de venderse a sí mismo -siendo de verdad un hombre muy atractivo, en el sentido de que la escucha, se preocupa por ella, la alienta en sus diversas actividades- a decidir que ella no es la persona indicada para él.

"Pero en lugar de romper el compromiso, comienza a pintarse a sí mismo de esa forma increíblemente desfavorable".

Kafka escribió sus obras durante los últimos días del imperio de los Habsburgo, siendo un agente de seguros enredado en una gran burocracia y parte de una familia relativamente próspera, con un padre autoritario.

"Sus progenitores eran increíblemente trabajadores.

"Su padre había crecido en la pobreza extrema en un pueblo bohemio, y con su madre se abrieron camino.

"Se mudaron unas cinco o seis veces en los primeros años de la vida de Kafka, hasta que, en Praga, tuvieron su propia tienda, en la que ambos trabajaban seis días a la semana.

"Casi nunca estaban en casa, pero es ese tipo de espíritu de esfuerzo el que Kafka encarna en gran medida y que también se ve en su personaje, Joseph K", señala la experta.

Para ella, "es interesante que hayamos hablado del fracaso en relación con Orwell, pues creo que Kafka, en cierto sentido, está obsesionado con esta noción de éxito".

¿Y cómo es ese éxito?

"Joseph K es un joven en ascenso. No está en la cima, pero está cómodamente por encima del medio y le gusta usar su poder: hace esperar a los clientes en el pasillo, hay juegos de poder con su jefe inmediato y así.

"En gran medida, 'El proceso' es también una novela sobre esa psicología moderna, tal vez masculina, de rivalidad y de ocupar tu lugar, etc.".

 

La Verdad

Ha llegado el momento de la verdad para los expertos: ¿qué opinan de los adjetivos 'kafkiano' y 'orwelliano'?

"No suelo usar ninguno de los dos", admite Duttlinger.

Sin embargo, le parece interesante que la gente lo haga: "claramente son una buena forma para comunicar un estado de ánimo o una experiencia particular sucintamente, y en ese sentido son muy útiles".

En el caso de Orwell, apunta Taylor, el adjetivo se usa tanto porque "como las frases tienen una difusión tan amplia -tenemos programas de televisión sobre la habitación 101 y Gran Hermano-, hay una conciencia colectiva sobre él que trasciende cualquier obra que haya escrito.

"Sociedades enteras conocen a Orwell de segunda mano, y si lo nombras alguien medianamente educado sabe de quién hablas, incluso sin haber leído el libro".

Para Duttlinger, "otra cosa que ha hecho que Kafka tenga tanto éxito es la increíble simplicidad de su estilo, la gran claridad con la que escribe".

Ese tipo de prosa directa, que transmite el mensaje de la manera más transparente, también se asocia con Orwell.

Además, las visiones de los dos autores pueden considerarse complementarias.

Pero no debemos olvidar que...

En un sistema kafkiano, la verdad, celosamente guardada, no puede alcanzarse, y se establecen múltiples obstáculos para impedir el acceso a los hechos.

Un personaje kafkiano puede pasar toda su vida envuelto en tareas inútiles que debe completar hacia un objetivo indefinido.

Los gobiernos u organizaciones kafkianos son tan cómicamente ineptos que parecen casi fantásticos.

En una sociedad orwelliana, la verdad es manipulada en pos de poder.

Un personaje orwelliano es constantemente vigilado, tanto física y socialmente, como emocional e intelectualmente.

Los regímenes orwellianos son entes poderosos e invisibles que imponen un control riguroso y falsifican la realidad convirtiendo el libre albedrío en una ilusión.

Así el líder, aunque nefasto, es amado.

Lo kafkiano es absurdo; lo orwelliano, falaz.

 

* Gran parte de este artículo es una adaptación del episodio "La batalla de los adjetivos" de la serie de la BBC "Orwell vs Kafka"

 

Fuente:

Orwelliano o Kafkiano


 

viernes, 7 de julio de 2023

"La gente piensa que España colonizó América, pero la conquista fue pactada entre indígenas y españoles: el 95% de los conquistadores eran indígenas"

Por José Carlos Cueto

BBC News Mundo

 


 

 "El Descubrimiento de Europa" es un libro que cambia nociones.

Su autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.

Y es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo cambiaron para siempre.

El libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber participado en la conquista. 

O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas. 

BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.

 

Es un libro detallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.

Cuando escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para ser creíble.

El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.

La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.

¿Quién se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista Tahuantinsuyo con 2.000.000 km2? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos, conquista la federación mexica?

La conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y jefaturas.

De hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos, extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y mantener sus privilegios.

Muchos de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.

En España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos nobiliarios.

Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.

Mucha de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

Esa es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas. 

 

No parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la historia.

En la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.

Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.

He trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.

Hay una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes contar más que sobre el genocidio, pero también están los rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los salvajes.

El mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores, magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.

En el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.

La historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos lados.

Los de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media, acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas también me critican.

Claro que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como fueron y ya está.

Había eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.

Ni siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su idolatría y fuera del evangelio.

De las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero. 

 

Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.

España descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después, en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando americanos a Europa y descubriéndola.

Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.

Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.

 La cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.

En los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos fueron marcados para registrar su propiedad.

Aquí hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los capturados en guerra justa.

Después, en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que luego sirvan de esclavos.

Abolir la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros, aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una política de Estado, sino acciones individuales.

Hubo mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los esclavos indígenas en España desde 1542.

Aunque siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de Castilla. 

 

Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.

Es verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.

Aunque también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias. La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su proyecto.

Se da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de esclavos y venderlos en los mercados europeos.

No pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América a Europa. 

 

¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?

En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.

Primero, genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra realidad.

Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.

Culturalmente, ¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena? Tiburón, piña, tomate... un porcentaje muy alto de las palabras del castellano procede de los distintos idiomas indígenas.

A nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.

Muchas veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo indígena. 

También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.

El Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas del Colegio de San José de los Naturales en México.

No se sabía que muchos de los cruficados devotos españoles proceden del mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede creer.

Hay inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.

Cuando le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre española corre sangre indígena.

Es lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y nos influyeran remueve conciencias.

 

¿Puede esto tener algo que ver con racismo?

 No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.

A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.

El mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España, se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en Madrid.

Los mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que habitan y no existía problema racial.

Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.

Si eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al igual que en el siglo XVI.

 

Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro

Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.

Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.

La visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba, porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.

Si venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera, les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la atención la extrema pobreza.

Ellos venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa miseria entre sus miembros.

Muchas sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles. Destruyeron grandes civilizaciones.

 

En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.

Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.

Es interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas, en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.

Como indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.

Hay un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.

Y ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos conociendo todo el corpus legal español.

Incluso, los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban mucho.

El libro también rompe con ese estereoptipo del indígena ingenuo y permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de España.

Una cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así era la mentalidad de la época. 

 

¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?

Difícil. Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores. Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.

Muchos otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.

En 1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.

Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.

Es importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con cartas.

Si un español cualquiera quería verse con el rey lo tenía difícil.

Pero este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión directa. 

 

Fuente:

Conquista Pactada

sábado, 10 de diciembre de 2016

El Mejor Legado de un Padre


Haga a sus hijos un regalo del que podrán disfrutar toda la vida

Por Margery Rosen

“De chica, lo que menos deseaba era leer”, recuerda Suzanne Hurley, mujer de 27 años que trabaja en el departamento de personal de un banco. “Creía que resultaba aburrido leer; que era una pérdida de tiempo. Prefería hacer cualquier cosa a tomar un libro”.

Entonces llegó a la ciudad una organización llamada La Lectura Es Fundamental (LLEF. La LLEF es una red de programas regionales que dirigen varios voluntarios en todo Estados Unidos y cuyo propósito es ayudar a los chicos a descubrir el placer por la lectura.

La LLEF regala libros a los que participan en el programa. “En mi escuela ponían libros sobre las mesas y podíamos tomar el que nos gustara”, explica Suzanne. “Recuerdo que escogí Black Beauty (“Belleza Negra”), de Anna Sewell. Esta obra me encantó y me hizo aficionarme a la lectura”.

Anne Richarson, presidenta de LLEF y ex maestra de cuarto año de primaria, asegura que uno de los secretos más importantes para lograr que los niños se aficionen a la lectura es dejarles escoger lo que van a leer.

Muchos niños sienten por los libros la misma aversión que una vez experimentó Suzanne Hurley. Por eso, uno de los mejores regalos que pueden hacer los padres a sus hijos es ayudarles-desde la más tierna infancia hasta la adolescencia- a enamorarse de los libros con un amor perpetuo. He aquí algunos consejos importantes:

Hable con sus Hijos desde que son muy Pequeños. “Los padres que conversan con los niños les ayudan a formarse un vocabulario, y este es uno de los fundamentos de la lectura”, señala Sue Korn, especialista en aprendizaje. Mientras los viste, prepara la comida y compra los víveres, explíqueles lo que hace. Pero no emplee un lenguaje infantil; designe a las personas y a las cosas con su nombre correcto. Los niños aprenden con rapidez el significado de las palabras difíciles por el contexto en que se les presentan.

Léales en Voz Alta con Regularidad. “Esto es lo más importante que pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a leer”, recalca Sue. Y cuanto más chicos sean, tanto mejor. Se ha comprobado que el sonido sedante de la voz materna o paterna puede calmar a los bebés inquietos y entretener a los apacibles. Además, leer juntos propicia una cercanía muy especial.

Hágalos Participar. Pídales que describan las ilustraciones del libro que adivinen lo que va a ocurrir a continuación. Anime a los mayorcitos a leer algo a los más pequeños. Hágalos recitar sus poemas o rimas infantiles favoritas ante una grabadora. Escuchando su voz grabada los niños adquirirán confianza en sí mismos y desarrollarán más fácilmente su lenguaje.

Cuando sus hijos empiecen a reconocer las letras, déles revistas viejas para que las busquen y las recorten. Así reforzará su conocimiento del lenguaje.

Procure que sus Hijos lo Vean Leer. Como en todo lo demás, los niños imitan la conducta paterna: si ven que usted valora la lectura, ellos también lo harán.

“En el terreno de la lectura no caben las precipitaciones, añade la pedagoga Korn. “Los padres pueden hacer mucho para ayudar a sus chicos a aprender a leer, pero a veces resulta contraproducente presionarlos prematuramente. He visto a niños de cinco años llegar hastiados al jardín de niños. Lo que menos desean en esos momentos es leer. Y esto se debe a que sus padres, ansiosos, los presionaron en demasía y antes de tiempo”.

Cada niño aprende a leer en su momento: algunos aprenden desde los cuatro o cinco años; la mayoría a los siete.

A menudo ocurre que el niño lee con regularidad y entusiasmo hasta el cuarto año de primaria, poco más o menos; entonces, de repente y para sorpresa de sus padres, deja de tener tiempo de leer porque le gusta más la televisión.

Los educadores atribuyen a varios factores esta pérdida del interés por la lectura. Ruth Graves, directora general  de LLEF, explica: “Cuando los niños empiezan a usar libros de texto en la escuela primaria, la lectura ya no representa solamente un entretenimiento”. También puede deberse a que los padres los fuerzan en exceso para que obtengan buenas calificaciones, y los niños necesitan un respiro.

No le sorprenda que su hijo diga que aborrece la lectura porque le resulta tediosa o muy difícil. Quizá haya algo de cierto en esto. Pídale a su maestro que le practique algunas pruebas. Cuánto más pronto se identifique el problema, tanto menos tardará el chico en recibir ayuda correctiva.

Si, habiendo llegado su hijo a la adolescencia, usted se percata de que no ha logrado transmitirle el amor a la lectura, no se desaliente. “Siempre hay esperanzas”, asegura la pedagoga Gail Gumora, que trabaja con adolescentes y con sus padres. He aquí algunas sugerencias:

Acepte la Realidad.  Si el joven nunca ha sido un lector ávido, no espere que de la noche a la mañana se ponga a devorar las obras de Shakespeare. Ofrézcale libros cuyo tema le interese, o libros de juegos de palabras y acertijos que lo obliguen a pensar en el lenguaje. Si los audífonos con sonido estereofónico ya se han convertido en parte de su anatomía, cómprele un libro sobre música de rock y déselo sin manifestar mucho entusiasmo. “Vi esto y creí que tal vez te gustaría”, sugiere Gail. Si el tema le interesa, a lo mejor lee el libro… y a lo mejor lee otro.

Ponga el Ejemplo. Si usted enciende el televisor y lo tiene así durante la cena y hasta altas horas de la noche, dudo que pueda convencer al muchacho de que la lectura importa más que la televisión.
Tenga Bastante Material de Lectura en Casa. Las revistas y los periódicos desarrollan la capacidad de leer, y a veces despiertan la inquietud por leer obras más largas. Suscriba a su hijo a una revista que usted considere que será de su agrado. Dado el caso que se siga mostrando renuente, déjelo leer lo que quiera; no juzgue su decisión.

No Se Deje Dominar por el Pánico ni Ejerza Presión. Recuerde que es natural que todos los chicos, en especial los adolescentes, pasen por períodos en que no leen ni una línea.
Si sienta las bases del gusto por la lectura durante los años formativos de sus hijos y consigue que los libros formen parte de la vida familiar, les dejará un regalo perdurable.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIII, Número 616, Año 52, Marzo de 1992, págs. 40-42,  Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos