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sábado, 3 de octubre de 2026

Por qué hay más de un Polo Norte (y lo difícil que es definir cuántos son en total)

 


Redacción
Servicio Mundial de la BBC

 

Todos hemos oído hablar del Polo Norte como una tierra helada de hielo marino, osos polares, auroras boreales y sol a la medianoche.

Pero, ¿sabías que hay más de un Polo Norte y que no es algo fácil de definir?

De hecho, según la exploradora y climatóloga británica Felicity Aston, podría decirse que hay "muchos polos norte en el planeta Tierra".

"Los dos polos norte absolutos, según cualquier definición, son el Polo Norte magnético y el Polo Norte geográfico", apuntó Aston, quien fue entrevistada en el podcast The Infinite Monkey Cage, de la BBC.
 
 
Polo Norte geográfico

El Polo Norte geográfico es, según Aston, "en el que todo el mundo piensa".
 
Imagina la Tierra como una esfera ligeramente inclinada.

Ahora, imagina un palo que la atraviesa por el centro, de arriba a abajo.

Ese palo imaginario es el eje de rotación de la Tierra.
 
El Polo Norte geográfico es el punto donde esa vara imaginaria se cruzaría con la superficie terrestre, que en este caso se encuentra sobre las aguas y el hielo del océano Ártico.

El Polo Sur se ubica en el otro extremo del mismo eje, en la Antártida.
 


El Polo Norte geográfico es "el que se encuentra a 90 grados de latitud norte", explica Aston. Allí es donde convergen todos los meridianos.

Es un punto fijo que no cambia, a diferencia del Polo Norte magnético.
 
 
Polo Norte magnético

La Tierra está rodeada por un campo magnético, generado por corrientes eléctricas en el núcleo externo fundido del planeta.

Este campo nos protege del viento solar y la radiación.

Al igual que un imán estándar, la Tierra tiene dos polos magnéticos: uno en la parte superior y otro en la inferior.

La forma de las líneas del campo magnético alrededor de la Tierra —una herramienta visual que se utiliza para indicar la dirección y la intensidad del campo magnético— también es similar a las líneas de campo que se dibujan alrededor de un imán de barra.

El Polo Norte magnético es el punto de la Tierra donde el campo magnético apunta verticalmente hacia abajo.

Se puede medir con una brújula, que apunta hacia el Norte magnético.

Pero dado que el metal fundido en el núcleo externo de la Tierra se desplaza, también lo hace el campo magnético terrestre.
 

 
"Durante mucho tiempo estuvo presente en las islas de la Reina Isabel, los Territorios del Noroeste y Nunavut, en el norte de Canadá", explica Aston.

"Pero en los últimos 10 años, su movimiento se aceleró notablemente", agrega.

Según la Agencia Espacial Europea, en 2019 se desplazaba a una velocidad de entre 50 y 60 kilómetros al año.

Ahora, el Polo Norte magnético está más cerca de la costa de Siberia, en Rusia, que de Canadá, señala Aston.

En ocasiones, los polos norte y sur pueden incluso invertirse, un fenómeno conocido como inversión geomagnética.

Gracias a los registros paleomagnéticos, sabemos que esto ha ocurrido cientos de veces en los últimos 160 millones de años, la última vez hace unos 780.000 años.
 


Los otros polos norte

Las otras definiciones del Polo Norte se utilizan con menos frecuencia y algunas son más objeto de debate que el magnético y geográfico.

El Polo Norte geomagnético es diferente del Polo Norte magnético.

Este último se basa en el campo magnético real de la Tierra.

En cambio, el Polo Norte geomagnético es una posición calculada a partir de un modelo hipotético y simplificado del campo magnético terrestre.

"Es como un Polo Norte teórico", explica Aston.

"Sería como si la Tierra fuera realmente una especie de imán de barra bien definido, y tuviéramos un campo magnético perfecto, uniforme y homogéneo".

Añade que muchos modelos informáticos utilizan el Polo Norte geomagnético.

Oimiakón, en Siberia, es el lugar habitado más frío de la Tierra, cuenta Aston.


Luego están el Polo Norte del frío y el Polo Norte de la inaccesibilidad.

El primero es el lugar habitado más frío de la Tierra, considerado generalmente como un pueblo en el noreste de Siberia llamado Oimiakón.

El segundo es el punto del océano Ártico que está más alejado de la tierra firme y es más inaccesible desde todas las direcciones.

También existe el Polo Norte celeste, que utilizan los astrónomos.

Es el punto imaginario en el cielo del norte donde el eje de rotación de la Tierra apuntaría directamente hacia el espacio.

Se encuentra en el cielo justo encima del Polo Norte geográfico, muy cerca de Polaris, la estrella polar.
 
La estrella polar, situada en el centro de esta imagen, está muy cerca del polo norte celeste.
 
 
"Si imaginamos que el cielo forma una esfera alrededor de la Tierra, el Polo Norte de esa esfera celeste, al proyectarse sobre la superficie terrestre, daría lugar a lo que algunos consideran otro Polo Norte del planeta", señala Aston.
 
 
 
En busca de los polos norte

Si bien existen muchos tipos diferentes de polos norte, en teoría es bastante fácil ubicarlos a todos.

Pero encontrarlos una vez allí, especialmente al Polo Norte geográfico, es una historia completamente distinta.

"La última vez que esquié hacia el Polo Norte [geográfico], un helicóptero me dejó en la superficie helada del océano Ártico, a unos 80 kilómetros de distancia (…) y tuve que orientarme", recuerda Aston.

"Todas las direcciones se ven exactamente iguales".

"¿Y qué haces? ¿Usas brújula?", se pregunta.
 
El explorador estadounidense Robert Peary se adjudicó a él y a sus compañeros ser los primeros en llegar al Polo Norte geográfico en 1909, aunque esto ha sido cuestionado por algunos.
 
 
 
Pero el problema con una brújula, dice, es que apunta al Polo Norte magnético, en lugar de al geográfico.

Puedes usar la declinación —el ángulo entre el norte geográfico y la dirección a la que apunta la aguja de una brújula— para calcular adónde debes ir.

Pero la declinación "varía según tu ubicación", aclara Aston.

"Y estás intentando hacer eso mientras el hielo sobre el que estás parado también se mueve de forma errática, no siempre a la misma velocidad ni en la misma dirección".

El GPS podría ser otra opción. Pero, según ella, estos sistemas suelen funcionar con baterías y las mismas se agotan muy rápidamente a bajas temperaturas, por lo que no siempre se puede confiar en ellas.

Mientras tanto, los dispositivos de navegación más antiguos, como el sextante, dependen del Sol, lo cual resulta complicado cuando está muy nublado, añade Aston.
 
"Todos estos métodos diferentes para llegar al Polo Norte tienen sus desventajas inherentes, por lo que uno termina utilizando una especie de mezcla de todos ellos", indica.

"Es todo un poco como un juego de adivinanzas".
 
 
Basado en un episodio de The Infinite Monkey Cage. haciendo clic aquí (en inglés). Reporte adicional de Daisy Stephens.
 
 
 
 
 

miércoles, 17 de septiembre de 2025

James Clerk Maxwell, el Einstein olvidado que predijo la existencia de las ondas electromagnéticas cruciales para la actual tecnología

 
James Clerk Maxwell es uno de los grandes científicos menos conocidos.
 
 
Por Anne McNaught
BBC Discovery
 
 
"Una época científica terminó y otra empezó con James Clerk Maxwell", sentenció Albert Einstein.

Heinrich Hertz le llamaba "Maestro Maxwell".

Como muchos otros científicos, ambos pensaban que el escocés era un genio.

Aun así es uno de los grandes científicos más desconocidos.

Eso a pesar de que su trabajo pionero sobre la naturaleza de la luz cruzó fronteras del conocimiento que hicieron posibles tecnologías de las que dependemos en la actualidad, desde teléfonos celulares y wifi hasta escáneres y hornos microondas, sin olvidar la radio y la televisión.

Además, su fascinación por el color resultó en la creación de la primera foto a color de la historia.

Pero ¿quién era y por qué es tan admirado por sus pares?

Su historia empezó en Escocia en el siglo XIX, más precisamente en Edimburgo, donde nació en 1831.

Desde pequeño era tan curioso que su tía decía que "era humillante que un niño preguntara tantas cosas que uno no podía responder".

Ese afán por saber y un talento especial para resolver complicados acertijos hizo que empezara a sorprender a sus contemporáneos desde que era joven, como señala Howie Firth, un científico que conoce muy bien la vida de Maxwell.

"En su tiempo libre experimentaba con las curvas que podía dibujar, usando lápices, alfileres e hilos. Así descubrió una nueva regla sobre el tipo de patrones. Presentó el resultado de ese experimento en la Sociedad Real de Edimburgo (la Academia nacional de ciencias y letras) cuando tenía 14 años".

Cuando terminó la escuela fue a la universidad, donde su padre quería que estudiara Derecho, pues en esa época la ciencia no era considerada como una profesión.

Por fortuna, el sistema de educación escocesa de entonces estaba diseñado para que los estudiantes pudieran desarrollar todo su potencial.

 

Los anillos de Saturno

La ciencia en esa época estaba muy influida por la obra de Isaac Newton, quien un siglo y medio antes había formulado sus tres leyes de movimiento y una teoría unificada de la gravedad, que explicaba tanto lo que sucedía en la Tierra como en los cielos.

Maxwell las absorbió y, unos años más tarde, las usó para resolver un gran enigma sobre el planeta Saturno.

 
¿Cómo podía haber anillos alrededor de un planeta?
 

"Se sabía que Saturno tenía anillos y que eran muy delgados, pero no se sabía de qué estaban hechos", le cuenta a la BBC Martin Hendry, de la Universidad de Glasgow.

Sin una nave espacial que pudiera ir a ver, las posibilidades de saberlo eran casi nulas. Pero se abrió una competencia para revelar el misterio y Maxwell decidió intentarlo.

"Lo que hizo fue tratar de entenderlo matemáticamente: si los anillos fueran sólidos, ¿podrían existir o los destruiría la fuerza de la gravedad? Así pudo demostrar que lo último era verdad, que la gravedad no permitiría que un cuerpo tan delgado orbitara Saturno... se partiría", explica Hendry.

"Lo que realmente predijo es que los anillos estaban compuestos de enormes cantidades de pequeñas partículas individuales que flotaban alrededor del planeta, y que aparentaban ser anillos sólidos sólo al observarlos desde tan lejos", agrega.

Su cálculo dejó a todo el mundo impresionado.

George Biddell Airy, un astrónomo y matemático de Inglaterra, lo describió como "una de las aplicaciones de matemáticas a la física más extraordinarias que jamás he visto".

Hoy en día, estamos seguros de que su respuesta fue la correcta gracias al viaje de la nave espacial Voyager, que sobrevoló Saturno.

Y lo más impresionante es que las imágenes que confirmaron que lo que Maxwell había dicho hace tanto era cierto sólo pudieron llegar a la Tierra gracias a su descubrimiento más trascendental: las ondas electromagnéticas.

 

Dos grandes rompecabezas

El magnetismo y la electricidad eran en ese entonces grandes desconocidos.

En Londres, otro científico, Michael Faraday, estaba haciendo todos los experimentos posibles para explorarlos.

Había desarrollado aplicaciones prácticas como el dínamo y el motor, y logró entender detalladamente ambos fenómenos, aportando mucho a la manera en la que los concebimos.

Impresión Vivex a color realizada a partir de lo que se cree que fue el primer conjunto de negativos con separación tricolor, realizado por el físico escocés James Clerk Maxwell entre 1859 y 1862. 

 

"Él enfocó la atención no tanto en el imán sino en el espacio que lo rodea. Dijo que no era sólo un pedazo de hierro, sino algo más complejo: es el centro de un sistema de invisibles tentáculos curvos que se extienden para atraer o rechazar otros imanes o metales. A ese sistema lo llamó 'campo'", explica Firth.

En la actualidad, estamos acostumbrados a la idea de que haya campos, o campos de fuerza, gracias a historias de ciencia ficción como Doctor Who o "Viaje a las estrellas". Pero en el siglo XIX era un concepto totalmente radical.

Lo que Faraday decía era que lo que parecía un espacio vacío, tenía algo adentro.

Y agregó que lo mismo ocurría con la electricidad: si se estaba viajando por un cable, habría un campo de fuerza alrededor.

Así, entendió que el magnetismo y la electricidad tenían que estar conectados de alguna manera, pues descubrió que se alteraban mutuamente y que cuando se les unía, los dos campos se combinaban y vibraban con energía.

Esa vibración creaba ondas, a las que llamó electromagnéticas, que se propagaban en el espacio como al tirar una piedra al agua.

 

¡Se necesita otro genio!

Pero Faraday no pudo ir más lejos. Como era autodidacta había llegado al límite de sus capacidades: sencillamente, no contaba con los conocimientos académicos necesarios.

 
Ilustración de Maxwell investigando magnetismo y luz.
 
"Faraday dio un paso gigante para hacer por la electricidad y el magnetismo lo que Newton había hecho por la gravedad. Lo que faltaba era matemáticas. El contacto con Maxwell se desarrolló primero por correspondencia y Faraday estaba muy contento por haber encontrado a un matemático tan extraordinario; Maxwell aceptó el reto, hizo varios modelos en su mente y encontró la respuesta", indica Firth.

Y la respuesta fue magnífica.

Maxwell redujo toda la información a unas pocas líneas matemáticas que mostraban cómo la electricidad y el magnetismo estaban conectados, y que los dos juntos -electromagnetismo- podían crear diferentes tipos de ondas que iban a la misma velocidad, la velocidad de la luz.

Reveló también que la luz que los humanos podemos detectar -la que llamamos "visible"- es sólo una parte de la gama de ondas electromagnéticas, que incluyen ondas de radio, microondas, rayos X, rayos Gamma.

Un enorme salto en el conocimiento... en apenas cuatro cortas ecuaciones que muchos consideran una obra de arte matemático.

 

Pasarían décadas...

"Pasó mucho tiempo antes de que los otros científicos aceptaran que era una buena idea. Era demasiado radical", señala Hendry.

"Tomó casi 15 años antes de que alguien pudiera mostrar que ese concepto matemático era algo físico que se podía medir y producir en un laboratorio", dice Claire Quigley, tecnóloga del Centro de Ciencia de Glasgow.

"El científico Heinrich Hertz (el de los hercios) produjo ondas de radio, tal como Maxwell predijo, las midió y confirmó que iban a la velocidad de la luz. Pero, aunque se complació por haber probado que Maxwell estaba en lo cierto, cuando le preguntaron cuáles eran las ramificaciones, respondió que ninguna", añade Quigley.

No obstante, apunta Hendry, "abrió el camino para que un científico realmente brillante, Einstein, tomara las ideas de Maxwell y las desarrollara hasta llegar a su teoría de la relatividad".

"Y unos 150 años después -agrega- en la física de partículas hablamos del 'campo de Higgs', que tiene que ver con entender las propiedades fundamentales de las partículas del Universo. Así que esa idea de un 'campo' sigue abriendo caminos".

 

Fuente: James Clerk Maxwell 

 

Nota

El artículo trae dos fotos de Maxwell, así que por razón práctica sólo puse una de las dos. 

lunes, 4 de agosto de 2025

El libro que puso en riesgo la publicación de "Principia Mathematica", la revolucionaria obra de Isaac Newton que sentó los principios de la física moderna

BBC News Mundo
Redacción

 

En el siglo XVII hubo un afán por parte de ciertos intelectuales de corregir el conocimiento humano.

Había mucho saber acumulado valioso, pero en ciertas áreas estaba mezclado con leyendas e inexactitudes.

Así que consideraron necesarias revisiones para tratar de depurar y establecer datos constatados, basados en la observación y la clasificación.

Dos de los que se dedicaron a tal tarea fueron los británicos John Ray, un distinguido botánico, y su alumno Francis Willughby, ornitólogo e ictiólogo.

Ambos acordaron reformar el estudio de la historia natural.

La primera parte del plan fue embarcarse en un viaje para recoger especímenes, participar en estudios y comprar libros e ilustraciones.

Entre 1663 y 1666 recorrieron Europa juntos, y regresaron a Inglaterra cargados de información.

Se pusieron en la tarea de procesarla, primero para una publicación de un colega, y luego para obras propias.

Pero en 1672 Willughby murió, dejando sin terminar dos libros.

Ray, en un acto de amistad, tomó la pluma y los completó.

El primero, Ornithologiae Libri Tres, fue publicado con dinero de la viuda de Willughby.

El segundo no contó con ese respaldo, pero sí con el auspicio de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural.

Un grupo élite la había fundado en 1660 para dedicarse a la filosofía natural, lo que hoy llamaríamos ciencia, recopilando información, observando el mundo, realizando experimentos, debatiendo sus resultados y publicándolos.

La prestigiosa sociedad se comprometió de lleno con la obra de Ray que completaría el trabajo de Willughby; la cual, como apunta la historiadora de ciencia Sachiko Kusukawa, tenía sus méritos.

Aunque la obra en la que apareció este pez es hoy prácticamente olvidada, se consideró pionera en su momento.
 
 
Con ella, el botánico esperaba ofrecer una nueva historia natural de los peces.

Según él, la historia natural adolecía de una multiplicación de especies, debido a descripciones vagas o incompletas que resultaban en que un solo animal apareciera como si fuera muchos distintos.

Para remediarlo, buscó marcas características y se apartó de la definición tradicional de pez, que solía ser animal acuático o cualquier animal que vive en el agua.

Su definición era descriptiva: animales que tenían piel sin pelo y aletas, que no tenían pies y que no eran capaces de vivir libremente o por mucho tiempo sin agua.

Así, criaturas como el cocodrilo y el hipopótamo, que habían sido clasificados como peces, dejaban de serlo.

Esa no era la única innovación.

Su fuerte énfasis en la morfología la diferenciaba de otras obras anteriores, que versaban más bien sobre los usos terapéuticos de los peces, y detallaban cómo pescarlos y cocinarlos para comérselos o convertirlos en medicinas. 

 

Grandes expectativas

Cuando Ray terminó el texto en 1684, empezó el trabajo con la Real Sociedad, que no sólo invirtió recursos económicos, sino también intelectuales.

Numerosos miembros contribuyeron a revisar, correguir y suplementar durante meses hasta afinar cada detalle, no sólo de la información escrita sino también de la visual.

Y es que la obra Historia Piscium, o "Historia de los peces", fue profusamente ilustrada con suntuosos -y sumamente costosos- grabados, todos financiados gracias a los esfuerzos de los miembros de la Real Sociedad.

Ray estaba muy complacido con las imágenes, y convencido de que la "belleza y elegancia" de los 189 grabados atraerían compradores.

Y, aunque mucho se ha dicho que la formidable inteligencia de los miembros de la Real Sociedad no era garantía de un buen criterio empresarial, para ser justos, tenían razones para creerlo.

Unas décadas antes, una extraordinaria obra había demostrado lo que se podía lograr con grabados exquisitos. 

 
Una de las muchas exquisitas imágenes de Hortus Eystettensis.
 
 
Hortus Eystettensis, del médico y botánico Basilius Besler, era un monumental libro sobre plantas bellamente ilustrado que había revolucionado la botánica elevándola a nuevas alturas artísticas y científicas.

Cuando el libro salió a la venta en 1613, tras 16 años de investigación y producción, tuvo tanto éxito que Besler ganó suficiente dinero como para comprarse una casa en un barrio elegante de Núremberg por tan solo cinco ejemplares, eso sí, de la edición especial coloreada a mano.

Así que soñar con que un libro pionero científicamente sobre peces y bellamente ilustrado sería bien recibido no parecía ser tan desatinado.

 

Entretanto...

Mientras algunas de esas mentes destacadas de la Real Sociedad estaban concentradas en lo había bajo el agua, a otras les inquietaban lo que ocurría en los cielos.

El astrónomo Edmond Halley estaba en pos de una solución a una cuestión que cambiaría la historia.

Había surgido en medio de una conversación que sostuvo a principios de 1664 con el científico Robert Hooke y el arquitecto Sir Christopher Wren, como cuenta Gale Christianson, autor de "Isaac Newton y la revolución científica" (Oxford, 1996).

Halley había sugerido que la fuerza de atracción entre los planetas y el Sol disminuye en proporción inversa al cuadrado de la distancia entre ellos.

De ser cierto, la órbita de cada planeta debería tener la forma de la elipse de Kepler, que es similar a un balón de fútbol, ​​aunque algo más redondeada.

Concordaron en que podía ser así, pero que el problema era encontrar los medios matemáticos para demostrarlo.

Tras meses de elucubración sin solución, Halley decidió consultar al ermitaño Isaac Newton.

Newton vivía aislado en esa época, y se la pasaba absorto en sus pensamientos (Retrato de Isaac Newton, 1689). 

 

En esa época, Newton vivía en Cambridge y se había convertido en el modelo perfecto del profesor despistado.

Olvidaba comer, dormía poco, no peinaba su larga cabellera, rara vez salía de su despacho y no hacía más que trabajar.

Pero para sorpresa de Halley, se alegró con su visita, y cuando le reveló el motivo de ella, recibió una respuesta certera.

Al preguntarle qué tipo de curva describirían los planetas suponiendo que la fuerza de atracción hacia el Sol fuera recíproca al cuadrado de su distancia a él, Newton le respondió, sin dudarlo, que sería un elipse.

"Lo he calculado", le dijo.

Eso era precisamente lo que se necesitaba: la demostración matemática.

Desafortunadamente, Newton no pudo encontrar sus apuntes en ese momento, pero prometió rehacerlos y enviárselos a Halley.

Tardó más de lo esperado pues, en lugar de recrear lo ya calculado, resolvió el problema empleando un método matemático distinto al anterior.

Pero tres meses después llegó a Londres un manuscrito de 9 páginas titulado De Motu Corporum in Gyrum (Sobre el movimiento de los cuerpos en rotación).

Halley, consciente de que se trataba de la base matemática de una ciencia general de la dinámica, se apresuró a preguntarle a Newton si podía presentarlo ante la Real Sociedad, y publicarlo.

Tras enterarse por boca de Halley de las buenas nuevas, los miembros de la sociedad instaron a que se publicara la breve obra lo antes posible.

Pero para entonces, Newton ya concebía a De Motu como el germen de su obra maestra, y prefirió ahondar en el asunto antes de publicar. 

 

"Ya que me estoy ocupando de este tema", le escribió Newton a Halley, "me gustaría llegar al fondo del asunto antes de publicar mis artículos". Al hacerlo, creó Principia.

 

Tras 18 meses de intenso trabajo, en abril de 1686, Newton presentó y dedicó a la Royal Society el primer tercio de Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural).

La orden de imprimirlo se dio en el plazo de un mes.

 

Sólo que...

El entusiasmo por la obra de Newton se estrelló contra un gran obstáculo.

El mismo mes en el que Principia llegó a la Real Sociedad, Historia Piscium estuvo listo para publicación y salió al mercado, a un precio de alrededor de US$270 actuales.

Reflejaba el alto costo de la producción y, entonces como ahora, era un artículo de lujo, uno en el que muy pocos estuvieron interesados.

Decir que fue un fracaso de ventas es quedarse corto.

Ni siquiera el hecho de que unos meses después los precios se redujeron sustancialmente ayudó.

La Real Sociedad se quedó con tantos tomos sin vender que empezó a usarlos como moneda de pago. 

A pesar de su fracaso comercial, hoy en día es un recurso valioso no solo para los historiadores de peces, sino para quienes aprecian sus excelentes ilustraciones.

 

Al borde de la bancarrota, no pudo cumplir con la promesa de apoyar la publicación de la obra de Newton, en la que este científicio había logrado un hito:

Al proyectar la gravedad a través del vacío, unió la física y la astronomía en una sola ciencia de la materia en movimiento, cumpliendo los sueños de Pitágoras, Copérnico, Kepler, Galileo e innumerables otros, como señala Christianson.

Afortunadamente Halley logró recaudar los fondos para asegurar que ese libro fundamental para la ciencia moderna viera la luz en 1687, poniendo la mayor parte del dinero de su propio bolsillo, pues era hijo de un rico fabricante de jabón.

Su admiración por el autor quedó plasmada en la primera edición de Principia, que incluyó su "Oda a Newton", en la que invitaba "a celebrar conmigo en cántico el nombre de Newton, querido por las Musas; pues él desveló los tesoros ocultos de la Verdad".

Termina afirmando: "Ningún mortal puede acercarse más a los dioses".

A pesar de cuán fundamental fue Halley para la publicación de Principia, poco después del lanzamiento, la Real Sociedad se vio obligada a suspender su cargo de secretario.

No podía pagar su salario anual, tampoco reembolsarle el dinero por financiar el libro de Newton.

Al menos no con dinero.

Le pagaron lo que le debían con ejemplares sobrantes de Historia Piscium.

 
El Gran Cometa de 1532 que fue observado durante 119 días. Al estudiar sus movimientos en el cielo, Halley concluyó éste y otro de 1661 eran el mismo cometa. 
 
 
Cabe anotar que Principia tampoco fue un éxito de ventas inmediato.

Como todos los libros científicos de la época, estaba escrito en latín, y no era de lectura fácil.

Se cuenta que tras su publicación, Newton se cruzó en la calle con un estudiante que comentó: "Ahí va el hombre que escribió un libro que ni él ni nadie entiende".

Para deshacerse de algunos de los muchos ejemplares sin vender, Newton recurrió a donarlos a bibliotecas de universidades y colegios.

No obstante, una investigación, publicada en 2020, descubrió que la primera edición del libro logró una distribución sorprendentemente amplia en todo el mundo culto.

Eso indica que probablemente tuvo un impacto más fuerte en la ciencia de la Ilustración del que se pensaba.

En cualquier caso, llegaría a convertirse en un coloso científico, por decifrar el Universo con el descubrimiento de la gravedad y las leyes del movimiento planetario, y establecer un método de investigación que se convirtió en el estándar de oro.

Halley, por su parte, utilizaría más tarde las leyes del movimiento de Newton para calcular por primera vez la órbita de un cometa que posteriormente recibiría su nombre.

E Historia Piscium caería casi en el olvido, recordándose de vez en cuando como el libro que casi impide la publicación de Principia. 

 

Fuente: Principia Mathematica 


 


 

jueves, 17 de julio de 2025

Sombra de Duda

Una clásica defensa criminal


Por Fulton Oursler


HACE 41 años, un tahúr de Omaha fue sometido a juicio por haber tratado de volar en pedazos a su peor enemigo. Ello fue causa de un inusitado revuelo en el tribunal y constituyó un ejemplo clásico de defensa criminal y de ingeniosidad para salvar el caso cuando ya parecía perdido.

El lunes 23 de mayo de 1910, John O. Yeiser, abogado de Omaha, leyó en el periódico de la mañana la noticia de un atentado contra la vida de uno de los más poderosos políticos de la población. Llamémosle Jack Plenister. Antiguo empresario de juegos en la frontera, ahora era el amo de una camarilla política, y se decía que cobraba un porcentaje de las utilidades a todo juego de suerte y azar que funcionaba a 800 kilómetros a la redonda de Omaha.

Precisamente a las 2 y 50 minutos de la tarde anterior, Jack Plenister, que regresaba de dar un paseo, vio una maleta en el porche principal de su casa. Ya iba a recogerla cuando descubrió una cuerda que iba desde la cerradura de la maleta hasta la baranda del porche. Plenister telefoneó a la policía.
Los detectives cortaron la tapa de la maleta y pusieron a la vista un revólver con la cuerda amarrada al gatillo y colocado sobre un nido de tacos de dinamita.

Aquella información no acababa de satisfacer a John Yeiser. ¿Por qué un artificio tan fácil de descubrir como una cuerda blanca extendida a través del porche? Las dudas del abogado aumentaron cuando vio en los diarios de la tarde que ya había un sospechoso detenido.
¿Quién era el autor de la criminal maquinación y qué causas lo movían? El prisionero era Frank Erdman, un insignificante tipo pegadizo del grupo de jugadores del pueblo.
Hacía poco, había reñido con Plenister lo cual fue causa de que la pandilla lo sacara a puntapiés.
«Un compinche enfurecido en busca de venganza», fue la teoría policial del crimen.

Aquella noche John Yeiser se presentó en la cárcel y ofreció a Erdman sus servicios gratuitos de abogado. Pero Erdman sacudió malhumorado la cabeza.
―No hay para qué. Todo está contra mí. Claro, yo odio a Plenister. Y, peor todavía, no puedo probar la coartada; permanecí en mi cuarto hasta las últimas horas de la tarde de ayer, pero nadie me vio allí.
No tengo amigos, no tengo testigos, no tengo dinero para dar fianza de excarcelación. Esto es todo un plan para sacarme de en medio. Mejor es que no pierda su tiempo conmigo.
A pesar de todo Yeiser se convirtió en el abogado de Erdman, y cuando el caso llegó altribunal dijo a su cliente que estaba seguro de poder, por lo menos, poner en desacuerdo al jurado.
―No tienen las pruebas suficientes para declararlo a usted culpable «sin sombra de duda».

No perdió la confianza ni aun después que siete testigos, uno tras otro, juraron a haber visto a Erdman cerca de la casa de Plenister poco antes que la maleta de viaje fuese encontrada. Al repreguntarles, Yeiser obligó a cada uno de los siete testigos a reconocer que tenía relaciones con el sindicato de tahúres, y que por consiguiente tenían intereses directos en el caso.

El fiscal llamó entones a sus dos testigos principales: dos jóvenes hermanas.
Todo el mudo en la sala había estado haciendo conjeturas sobre esas chicas, porque los siete testigos decían haberlas visto, vestidas de blanco, pasar frente a la casa de Plenister. Y la declaración de las hermanitas fue sencilla, directa y especialmente dañina.

El domingo 22 de mayo las habían confirmado. Después de los servicios religiosos en la iglesia, regresaron a pie a su hogar, pasando por el frente de la casa de Plenister a las 2 y 15 de la tarde. Eran precisas en la hora y enfáticas en sus declaraciones. Habían visto a Erdman entrar por una callejuela situada detrás de la casa, y recordaban su cojera, su traje a cuadros y su gorra.
Al otro lado de la sala estaba el prisionero, con un vestido a cuadros. Cuando se le ordenó que se acercara al jurado, caminó cojeando. Cuando le pusieron en la cabeza una gorra a cuadros, reconoció que era la suya.

Un tanto alicaído, Yeiser se enfrentó con la chica mayor. Lo más que un defensor podía hacer con un testigo tan notoriamente veraz era explorar en busca de contradicciones con la esperanza de hacer vacilar la fe del jurado en su testimonio.
—¿Qué hicieron usted y su hermana cuando salieron de la iglesia?
―Nos hicimos retratar.
―¿Y a dónde fueron con tal objeto?
―A ninguna parte. Una amiga tomó la fotografía; nosotras no hicimos sino pararnos en las gradas de la iglesia.
―¿Tiene usted la fotografía?
― Sí, señor Yeiser. Aquí mismo en mi bolso.

En ese momento el juez declaró un receso de dos horas. Con la instantánea en el bolsillo, John Yeiser se dirigió a un restaurante vecino. 
Solo en una mesa estuvo cavilando mientras almorzaba. El testimonio de las muchachas había hecho casi invulnerable la tesis del fiscal.
Ahí estaba la instantánea que mostraba las gradas de la iglesia y de pie en ellas, con  sus largos trajes blancos de confirmación, a las dos pequeñas testigos. Nada había que pudiera darle esperanza alguna.
¿O quizás sí…? Un indefinible presentimiento surgió de pronto en la subsconciencia de Yeiser. ¿Qué era lo que estaba empezando a bullir en su mente? ¿Alguna pista no observada antes? ¿Algún detalle que pasó inadvertido? ¿Podría ser la sombra?
Había una sombra en la instantánea. Una sombra que cubría un amplio sector a la derecha, una mancha de forma irregular. ¡Qué exasperante tener algo que le revoloteaba en la mente sin que pudiera atraparlo!

De pronto le asaltó una idea. 
Dejó sin concluir el almuerzo, y pocos minutos después estaba en las gradas de la iglesia. Frente a él se alzaba la torre del campanario, cuyo reloj en ese momento dio una nota metálica. Rápidamente tomó un taxi, y 15 minutos después se bajaba frente al observatorio de la Universidad de Creighton. Golpeó a la puerta y dijo a quien salió a recibirlo: «Quisiera ver al astrónomo».

A LA mañana siguiente la sala del tribunal estaba repleta. Había volado la noticia de que John Yeiser iba a presentar una sorpresa. La tarde anterior había obtenido el aplazamiento del proceso, alegando que acababa de descubrir nuevas pruebas.

El primer testigo llamado fue un hombre bajito con sotana de sacerdote jesuita, el reverendo William Ridge, quien ocupó su asiento en el estrado manteniendo el sombrero eclesiástico sobre las rodillas.
—¿Es usted el profesor de astronomía de Creighton?
—Sí, señor.
—Voy a enseñarle una instantánea. ¿Es posible, mirándola, que usted nos diga a qué hora fue tomada?
―Sí —contestó el sacerdote—. Puedo decirles la hora con aproximación de un minuto.
―¿Y cómo puede estar seguro?
—Por el ángulo que arroja la sombra del campanario sobre la fotografía.
—¿A qué hora fue tomada?
—A las 3 y 20 de la tarde, si fue tomada el 22 de mayo.

El significado de esta declaración asombró al juez y a los jurados y confundió al fiscal del distrito. Ahí tenían la declaración de un experto que arrojaba duda sobre las aseveraciones de siete testigos, y la memoria de dos niñas de blanco. Si realmente habían visto a Erdman, entonces tenía que haber sido media hora después de encontrada la maleta.

Inmediatamente se derrumbó toda la acusación contra Erdman. El fiscal con sus preguntas no pudo hacer vacilar los cálculos del astrónomo. Durante toda la noche había estado entregado a hacer números, y por la mañana había trabajado con inspectores especiales en el sitio de la fotografía, entusiasmado con la idea de salvar del presidio a un hombre inocente.

Aunque el jurado declaró libre a Erdman, todavía quedaban gentes dudosas. Nadie, sostenían los escépticos, puede señalar la hora simplemente por la sombra de una instantánea. Pero un año después, y luego al cumplirse los dos años, el mismo día y a la misma hora, el jefe de detectives, el astrónomo y otros interesados en el caso, se reunieron en el atrio de la iglesia y se hicieron fotografiar allí. Y cuando se imprimió el negativo la sobra de la torre del campanario caía sobre ellos exactamente en el mismo ángulo de la instantánea original.


Condensado de «True Detective»

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Noviembre de 1951, Tomo XXII, N° 132, págs. 38-41, Selecciones del Reader’s Digest, S.A., La Habana, Cuba


Charles Fulton Oursler (1893-1952) periodista, dramaturgo, editor y novelista estadounidense. Escribió novelas policíacas usando el seudónimo de Anthony Abbot.



Notas

Me he tomado la libertad con algunos pequeños detalles como la tildación o la conjugación para que el texto citado se vea más apegado a las reglas gramaticales actuales y se entienda mejor. 

Defensa Penal o Criminal.- Es una rama del derecho penal que se centra en proteger los derechos de las personas acusadas de cometer un delito. Este proceso busca garantizar que todo acusado tenga un juicio justo y una representación legal adecuada, conforme a lo establecido en la Constitución y las leyes aplicables.
Ya sea que una persona enfrente cargos menores o graves, la defensa criminal desempeña un papel crucial en el sistema de justicia, equilibrando el poder entre el acusado y el Estado, que generalmente cuenta con recursos significativos para procesar los casos.
Implica una serie de pasos y estrategias legales diseñadas para refutar o mitigar las acusaciones presentadas contra una persona. Su objetivo principal es garantizar que los derechos del acusado no sean violados y que reciba un tratamiento justo durante el proceso legal. alejolugolaw.com

Tahúr.- Jugador, ludópata. Fullero, tramposo, trilero, ventajista, cubiletero, etc.

Camarilla.- Conjunto de personas que influyen subrepticiamente en los asuntos de Estado o en las decisiones de alguna autoridad superior. Pandilla, banda, conciliábulo, conventículo, argolla, piña, rosca, etc.

Porche.- Espacio cubierto adosado a la fachada de un edificio.

Coartada.- Argumento de inculpabilidad de un reo por hallarse en el momento del crimen en otro lugar. Pretexto, disculpa, estratagema, excusa, justificación, pretexto, subterfugio, etc. 

Fianza.- Cantidad de dinero o bien material que se entrega como garantía del cumplimiento de una obligación. Aval, garantía, prenda, depósito. DLE RAE

Fianza (Estados Unidos).- La fianza es el dinero que paga el acusado como garantía de su comparecencia ante el tribunal en una fecha posterior . Si no se presenta, se activa la obligación de fianza y el tribunal puede retener el dinero entregado como garantía. law.cornell.edu

Receso.- Pausa, descanso, suspensión, interrupción. RAE

Universidad de Creighton .- Universidad privada, católica, de la Compañía de Jesús, situada en Omaha, Nebraska.

sábado, 15 de marzo de 2025

Cómo los eclipses han cambiado el rumbo de la historia: desde antiguas guerras hasta Cristóbal Colón

 

Cristóbal Colón usó un almanaque para predecir un eclipse lunar y logró engañar a los habitantes de Jamaica para que ayudaran a su tripulación. 

 

Por Richard Fisher
BBC Future
    

De vez en cuando, un eclipse como el lunar total que tuvo lugar esta madrugada del 14 de marzo en Norteamérica y la mayoría de Sudamérica, cambia el rumbo de eventos históricos cruciales, para bien y para mal.

En una de las primeras novelas extensamente leídas sobre los viajes en el tiempo, publicada en 1889, Mark Twain escribió sobre un hombre cuya vida fue salvada por un eclipse.

En el libro de Twain "Un yanqui en la corte del Rey Arturo", el protagonista Hank Morgan queda inconsciente y despierta en la Inglaterra del siglo VI.

Hank pronto se encuentra en aprietos y es condenado a morir quemado en la hoguera.

Para su fortuna, su ejecución queda programada para el mismo día de un eclipse.

Sabiendo que se acerca el día, Morgan engaña al rey y a su gente haciéndoles creer que él controla el Sol y la Luna.

Su conocimiento anticipado lo absuelve de la pena.

Es una historia ficticia, pero podría haberse inspirado en eventos del mundo real. 

 

Influencia histórica

Cristóbal Colón una vez hizo algo similar y eso pudo haberle salvado la vida.

De hecho, a lo largo de la historia, varios eclipses han ocurrido en momentos cruciales, influenciando las decisiones de las personas, cambiando el resultado de batallas e incluso transformando lo que alguna vez creíamos sobre la naturaleza del universo.

Los eclipses han influido en la humanidad de muchas maneras, convirtiéndose en parte de innumerables culturas, sistemas de creencias y mitologías.

A lo largo de los siglos, las personas han asociado estos eventos cósmicos con dioses, fuerzas trascendentales, demonios y una sorprendente variedad de animales.

En Asia occidental, por ejemplo, se veía como un dragón devorando el Sol; en Perú, como un puma. Algunos nativos americanos hablaban de un oso hambriento y los vikingos veían a un par de lobos celestiales.

Pero, en ocasiones, un eclipse realmente puede cambiar el rumbo de eventos históricos.

 

Mark Twain involucró al protagonista de una de sus novelas con el efecto de un eclipse.

 

Los relatos de Heródoto

Uno de los ejemplos más antiguos conocidos de un eclipse que provocase un cambio sucedió durante una batalla hace más de 2.000 años, según explica el escritor Mark Littmann, de la Universidad de Tennessee, quien coescribió el libro "Totality".

En un escrito del año 430 a.C., el historiador griego Heródoto relató una guerra entre los lidios, quienes ocupaban regiones de la actual Turquía, y los medos, un antiguo pueblo iraní.

Después de seis años de lucha, con empates, victorias y derrotas a ambos lados, los oponentes se encontraron nuevamente.

Sin embargo, esta vez, "el día se convirtió de repente en noche", escribió Heródoto.

"Los medos y los lidios, cuando observaron el cambio, dejaron de luchar y estuvieron ansiosos por llegar a un acuerdo de paz".

En el siglo XIX, los astrónomos determinaron que Heródoto debió estar describiendo el eclipse solar del 28 de mayo del 585 a.C., según afirma Littman.

 

Las consultas de Jerjes

Otro relato de Heródoto describe cómo Jerjes, líder del ejército persa, presenció un eclipse antes de invadir Grecia.

No está claro qué eclipse podría haber visto ese año, según Littmann, pero si el relato de Heródoto es confiable, Jerjes tuvo que haberse alarmado lo suficiente como para consultar a sus sacerdotes zoroastrianos.

Supuestamente, estos le dijeron que Dios estaba advirtiendo a los griegos sobre la inminente destrucción de sus ciudades.

"'El Sol les pronostica a ellos y la Luna a nosotros'", habrían sugerido estos sacerdotes.

"Jerjes, instruido de esta manera, continuó su camino con gran alegría en el corazón", escribió Heródoto.

Pero resultó ser un consejo terrible. Jerjes atacó con éxito Atenas, pero después de que su armada fuera destruida, no tuvo otro remedio que retirarse.

A su regreso, sus ejércitos fueron derrotados. Luego, en el 465 a.C., fue asesinado.

Sin embargo, no sería esta la última vez que un eclipse resultaría crucial.

 
Pese a las recomendaciones, Jerjes preparó su barcos para invadir Grecia.

 

Los líos de Colón en Jamaica

Avancemos más de 1.000 años, y nos encontramos con Cristóbal Colón en su último viaje.

En 1503, encalló sus barcos -que se hundían en Jamaica con sus tripulaciones desesperadas - habiendo perdido la mayoría de sus anclas y con las naves carcomidas lo suficiente como para estar "llenas de agujeros como un panal", según un biógrafo.

Temiendo tanto la inanición como el conflicto, Colón prohibió a su tripulación abandonar su base y tentativamente intercambió baratijas y joyas españolas por alimentos y agua con los locales.

El peligro siempre estaba presente: uno de sus grupos de exploradores fue reducido y capturado por lugareños hostiles cuando estaba explorando el punto más al este de Jamaica.


Para empeorar las cosas, en enero de 1504, algunos miembros de la tripulación se amotinaron y huyeron a la isla.

Abusaron y se burlaron de los habitantes de la isla, robaron provisiones y "cometieron todo tipo de excesos", escribió el biógrafo de Colón.

Después de semanas con esta situación, los habitantes locales perdieron su paciencia. La tolerancia dio paso al desprecio y al odio, y el comercio de alimentos se detuvo.

Colón y la tripulación restante se enfrentaron a la inminente inanición.

Pero mientras se acercaba el fin, Colón recordó que se aproximaba un evento astronómico: un eclipse lunar.

El 1 de marzo, reunió a líderes de las comunidades locales, les reprochó el haber retirado las provisiones y les advirtió: "El Dios que me protege los castigará... Esta misma noche la Luna cambiará de color y perderá su luz, en testimonio de los males que les serán enviados desde los cielos".

Y funcionó. Los temerosos locales cedieron y proporcionaron alimentos nuevamente. Colón prometió realizar un rito que los "perdonaría".

Cristóbal Colón se valió de un calendario para poder controlar a los habitantes de Jamaica en su última expedición al Caribe.

Desde la perspectiva moderna, es una historia inquietante.

Es probable que los pueblos indígenas tuvieran todo el derecho a evitar a los europeos saqueadores, y ciertamente no fue diplomacia ética el usar el conocimiento científico y amenazas falsas para salirse con la suya.


No obstante, plantea la pregunta de qué habría sucedido con Colón si el eclipse lunar no hubiera ocurrido ese marzo, puesto que el rescate no llegaría hasta junio.

Tal vez habría sido mejor para su reputación si hubiera muerto en Jamaica.

El resto de su vida no fue precisamente glorioso: regresó a España con una salud física y mental deteriorada, luchando por obtener reconocimiento oficial y dinero.

Sus patrocinadores dudaron de su estado mental e ignoraron sus peticiones.

Cristóbal Colón vivió infelizmente hasta su muerte en 1506.

De manera intrigante, los eclipses lunares como el de Colón parecen influir más en momentos cruciales que los eclipses solares, según Littmann.

¿Por qué?

Esto se debe a la cantidad de personas que pueden verlos. Aunque hay más eclipses solares, los eclipses lunares duran más tiempo y son visibles para más de la mitad de la Tierra.

"Es más fácil que influyan en la historia", explica.

 

El eclipse de Tecumseh

Sin embargo, un eclipse solar sí desempeñó un papel importante en la historia de Estados Unidos.

En el siglo XIX, el líder nativo americano Shawnee Tecumseh y su hermano, un autoproclamado profeta, buscaban unir a su pueblo y preservar sus tradiciones ancestrales.

El gobernador designado del territorio, William Henry Harrison, quien luego se convertiría en presidente de Estados Unidos, tenía otras ideas y comenzó a persuadir a los líderes indígenas para que entregaran sus tierras.

Él sabía que Tecumseh y su hermano se interponían en su camino, así que, con la esperanza de desacreditarlos, les pidió una señal: si el profeta era tan poderoso, ¿por qué no detiene el Sol en el cielo?

Los nativos norteamericanos también acudieron a sus cálculos astronómicos para tomar decisiones importantes.

Pero la estrategia le salió mal a Harrison.

El hermano de Tecumseh anunció que el Sol se detendría el 16 de abril de 1806.

"En el momento adecuado, salió con su vestimenta completa, señaló al Sol y dijo: 'Oscurécete'", según relata Littmann.

No está claro cómo Tecumseh y su hermano sabían que habría un eclipse ese día.

Sin embargo, fue efectivo y fortaleció la influencia y reputación de los hermanos entre su pueblo.

Lamentablemente, cuentan los libros de historia que la consecuencia a largo plazo fue un retorno a la guerra. 

 

Beneficios relativos

Sin embargo, para Littmann, el eclipse más importante en la historia ocurrió a principios del siglo XX: el de 1919, que confirmó que Albert Einstein tenía razón en su Teoría de la Relatividad General y lo convirtió en uno de los científicos más famosos del mundo.

"En mi opinión, este eclipse fue determinante en la historia del mundo. Ese fue un punto de inflexión, en términos de ciencia, en términos de nuestra comprensión del universo y las actitudes de las personas", afirma Littmann.

"El universo es mucho más difícil de entender de lo que suponíamos en la época de la física newtoniana".

En pocas palabras, el eclipse solar de 1919 permitió a los científicos observar que el campo gravitacional del Sol desvía la luz de las estrellas, una predicción clave de la teoría de Einstein.

Un eclipse en 1919 habría sido clave en la confirmación de la teoría más famosa de Albert Einstein. (Foto de archivo) 

 

Coincidencias cósmicas

Aceptamos los eclipses totales de Sol como parte de la vida en este planeta, pero si el Sistema Solar se hubiera formado de manera diferente, no ocurrirían.

El Sol tiene un diámetro 400 veces mayor que el de la Luna y, al mismo tiempo, está situado a una distancia 400 veces mayor de la Tierra, lo que hace que ambos parezcan del mismo tamaño en el cielo. Es realmente una coincidencia notable.

En su libro "Totality", Mark Littmann señala que si la Luna tuviera un diámetro apenas 273 km (169 millas) más pequeño o estuviera más lejos, las personas nunca verían un eclipse solar total como el que se vio por última vez el 8 de abril de 2024.

 

¿Dónde y cuándo serán los próximos eclipses?

El eclipse lunar total que tuvo lugar esta madrugada del viernes 14 de marzo se vio sobre Norteamérica y gran parte de Sudamérica.

También se caracterizó por ser una "Luna de Sangre", llamada así por el color rojizo que adoptó el satélite debido al fenómeno de filtración de la luz solar por la atmósfera.

En cuanto a un eclipse solar total, el próximo gran evento que podrá ser visto desde el continente americano ocurrirá en 2033, pero solo será visible desde Alaska.

Sin embargo, en los años intermedios, se podrán ver una serie de eclipses solares parciales y anulares desde la región . España tendrá uno total en 2027.

Y Australia correrá con la mayor suerte, ya que disfrutará de cuatro eclipses entre 2028 y 2038.

Esta nota fue publicada originalmente en BBC Future y BBC Mundo en octubre de 2023. Puedes ver la nota original en inglés haciendo clic aquí.

 

Fuente:  Eclipses que cambiaron el rumbo de la historia