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lunes, 13 de julio de 2026

La erupción volcánica que produjo el sonido más fuerte que se haya registrado en la historia

 
La erupción del volcán Krakatoa causó la muerte de más de 36.000 personas.


Por Daisy Stephens
Servicio Mundial de la BBC



Según medios locales, una isla volcánica en Indonesia entró en erupción esta semana, lanzando columnas de ceniza de hasta 250 metros de altura.

Según los informes, que citan a la agencia geológica del país, el Anak Krakatau entró en erupción una vez el martes y dos veces el miércoles, aunque un grupo de monitoreo de la actividad volcánica en la zona afirmó que no existía una amenaza inmediata para las comunidades cercanas.

El Krakatau se formó en 1927 a partir de un gran cráter submarino, conocido como caldera, que quedó tras la erupción del volcán Krakatoa, la segunda erupción más mortífera de la historia.

De hecho, Anak Krakatau se traduce como "Hijo del Krakatoa".

La erupción de 1883 causó la muerte de más de 36.000 personas y arrasó 165 aldeas, todo ello en menos de 48 horas. 
 
También produjo el que se considera el sonido más fuerte jamás registrado, que pudo oírse a miles de kilómetros de distancia, y generó tanta ceniza que provocó un descenso de las temperaturas en todo el mundo durante años.

La BBC repasa uno de los peores desastres naturales de la historia. 


"No podías ver ni una mano delante de tu cara"

Según los Centros Nacionales de Información Ambiental de Estados Unidos (NCEI, por sus siglas en inglés), fue en mayo de 1883 cuando se observaron los primeros indicios del desastre que se venía.

El capitán de un buque de guerra alemán pasaba por la zona cuando vio nubes de ceniza y polvo que salían del Krakatoa.

Hasta entonces, la isla volcánica había permanecido inactiva durante unos 200 años.

Durante los meses siguientes, buques mercantes y otras embarcaciones realizaron avistamientos similares.

El 26 de agosto comenzaron las erupciones catastróficas.

La primera erupción colosal del Krakatoa produjo una serie de flujos de lava, piedra pómez y ceniza que se precipitaron al mar y provocaron un maremoto que se dirigió hacia el norte y mató a miles de personas.

En el plazo de una hora, la columna de ceniza alcanzó los 48 kilómetros de altura y se extendía en todas direcciones.

En su punto álgido, la columna se extendería 80 kilómetros hacia el cielo, cubriendo 778.000 kilómetros cuadrados y sumiendo la zona en la oscuridad durante más de dos días, según los NCEI.

En su punto álgido, la nube de ceniza alcanzó los 80 kilómetros de altura y bloqueó el sol en la zona durante dos días.


Sidney Baker presenció la erupción siendo niño, desde el barco de su padre y recordó ese momento hacia el final de su vida.

"El aire parecía estar lleno de polvo, tanto que temíamos asfixiarnos", le dijo a la BBC en 1946.

"Se puso tan negro que no se veía ni una mano delante de la cara. Empezó a caer ceniza alrededor del barco, sobre él y en el agua, y había quizás seis o siete pulgadas de ceniza por toda la embarcación".

Describió el ruido de las explosiones como "increíble".

"Los adjetivos no alcanzan para describir el alboroto y la confusión", dijo.

Simon Winchester, autor del libro Krakatoa: The Day the World Exploded (Krakatoa: El día en que el mundo explotó), aseguró que el 27 de agosto se escucharon varios ruidos explosivos antes de una "explosión titánica" a las 10:02 de la mañana. Según los NCEI, el ruido se oyó incluso en Australia y la isla Mauricio, a más de 4.600 kilómetros de distancia.

"Toda la isla, seis millas cúbicas de roca, se vaporizó esencialmente en una explosión que lanzó piedra pómez y ceniza a 17 o 18 millas de altura, y la isla desapareció", declaró en el podcast Witness History de la BBC en 2010.

"Durante unos segundos, dejó un enorme agujero en el mar, que luego se volvió a llenar con miles de millones de toneladas de agua que, debido al intenso calor que hacía allí abajo, se evaporó instantáneamente y se convirtió en vapor, lo que provocó una serie de enormes tsunamis".


Desastre mortal

Anak Krakatau también entró en erupción en 2018.

Esos tsunamis fueron la parte más mortífera del desastre, causando 34.000 de las 36.000 muertes que se le adjudican. Baker recordó cómo él y su padre se dirigieron a Anjer, en la costa oeste de Banten, una provincia de Indonesia.

"Esta ciudad quedó completamente sumergida", dijo.

"He oído decir a mi padre que el hotel en el que se había alojado estaba tan inundado que podía navegar con el barco por encima y echar el ancla por la chimenea".

Algunas personas lograron sobrevivir a los tsunamis y huir a las montañas.

Pero si bien allí estaban a salvo del agua, no estaban completamente protegidos de los flujos piroclásticos —avalanchas rápidas y a ras de suelo de gases volcánicos calientes, ceniza y fragmentos de roca— que llegaron después.

No hubo respiro de los efectos del Krakatoa durante esas 48 horas. La ceniza se dispersó por todo el mundo, creando un halo alrededor de la Luna y el Sol, y actuando como filtro de radiación. Disminuyó las temperaturas globales hasta en 0,5 °C, un cambio que tardó cinco años en normalizarse, según los NCEI.

Las partículas en la atmósfera también provocaron amaneceres y atardeceres rojos en todo el mundo, ya que dispersaban la luz de forma diferente a la que estamos acostumbrados; un fenómeno que se puede apreciar en pinturas de la época.

Algunos incluso creen que el cielo rojo de "El Grito" de Edvard Munch se inspiró en este evento.


Lecciones

Algunos creen que los atardeceres rojos del Krakatoa inspiraron el cielo en "El Grito" de Edvard Munch.


A pesar de toda la destrucción que causó, la erupción nos enseñó algo fundamental sobre nuestro planeta.

Antes de la erupción, nadie conocía las corrientes en chorro: corrientes de aire invisibles en las capas superiores de la atmósfera que desempeñan un papel fundamental en nuestro clima. Ver la magnitud de los efectos atmosféricos del Krakatoa cambió eso.

"Fue el primer acontecimiento del que la humanidad, con conciencia científica, se dio cuenta de que afectaba al mundo entero", dijo Winchester.

"Y así comenzó la comprensión de que el mundo entero era una entidad interconectada, y cosas que ahora damos por sentadas, como la percepción del calentamiento global y el aumento del nivel del mar... todas ellas tuvieron su origen en la comprensión de que el mundo es un lugar interconectado. Eso nació con la erupción del Krakatoa".




sábado, 11 de julio de 2026

La "Isla del Ayer", la "Isla del Mañana" y otras islas con fronteras curiosas que comparten varios países

 
Hay menos de una veintena de islas con más de un soberano 
 
 
Por Dalia Ventura
BBC News Mundo

 

En la Tierra, existe un número incalculable de islas marinas... no porque no se haya intentado contarlas, sino porque no hay un recuento único universalmente acordado.

No obstante, la gran mayoría -por no decir todas- tiene dueño, pues casi cada metro cuadrado de la superficie del planeta cae bajo la soberanía de algún Estado.

El caso de Japón es ilustrativo y curioso. En 2023 descubrió que tenía el doble de islas de lo que creía: una encuesta de la Autoridad de Información Geoespacial del país elevó la cifra de 6.852 a 14.125, gracias a los avances en tecnología de cartografía.

Pero es Suecia la que encabeza la lista de países con más islas: 267.570, según el sitio web de geografía WorldAtlas. Y una de estas forma parte de un grupo muy reducido: el de las islas marítimas que tienen más de un dueño.

Entre ellas, Borneo es la única repartida entre tres países: Indonesia ocupa la mayor parte de la isla, que solía ser colonia neerlandesa; la zona norte, que fue dominio británico, pasó a Malasia en 1963; y el pequeño sultanato de Brunei, que se independizó en 1984.

Varias de las otras islas también reflejan divisiones heredadas de antiguas potencias coloniales, con fronteras que siguen vigentes a pesar del colapso de aquellos imperios, como La Española, dividida entre Haití, en el lado francés, y la República Dominicana, en el lado español.

En algunos casos, como Irlanda y Chipre, la separación política de esos territorios generó conflictos, pero en otros se llegó a acuerdos pacíficamente, como ocurrió con la Isla Grande de Tierra del Fuego, uno de los confines más australes del mundo que Chile y Argentina decidieron compartir en 1881, trazando una línea imaginaria.

Pero hay un puñado de islas con historias llamativas, a menudo inesperadas y en ocasiones sorprendentes.

 

Märket

La pequeña isla tiene un faro y varias marcas en el terreno indicando por dónde está la singular frontera. 

 

Hay islas que se dividieron por guerras, por tratados o por caprichos coloniales. Märket se dividió por un faro.

El peñasco en el mar Báltico, de unos 350 metros de largo y 150 de ancho -tan pequeño que cuesta encontrarlo en el mapa-, lleva repartido entre Suecia y Finlandia desde 1809, cuando esta última nación estaba bajo el dominio de Rusia.

El Tratado de Fredrikshamn estableció que la frontera pasaría justo por el centro del islote. Durante décadas, la línea fue recta y nadie le prestó mayor atención.

El problema llegó en 1885, cuando el Gran Ducado de Finlandia decidió construir un faro en el punto más alto de la isla, lo cual era razonable, salvo por un detalle: ese punto estaba en territorio sueco. A los rusos eso no les molestó, y los suecos nunca reclamaron. Simplemente coexistieron con esa anomalía durante 100 años.

En 1985, cuando Finlandia ya era independiente, los dos países resolvieron el entuerto con elegancia: redibujaron la frontera de modo que el faro quedara en suelo finlandés, pero sin que ninguno ganara ni perdiera un centímetro de costa, para no alterar los derechos de pesca de ninguna de las partes.

El resultado es una línea fronteriza con una curva en S que no existe en ningún otro lugar del mundo, trazada para rodear un faro.

 

Siendo la isla marítima más pequeña dividida entre dos naciones, cada una con su huso horario, al cruzar esa frontera -cosa que haces a menudo si la recorres- pasas en segundos de estar oficialmente una hora "antes" a una "después", y visceversa.

Hoy Märket no tiene población permanente, pero cuenta con entusiastas que la visitan, atraidos no sólo por su peculiar frontera, sino también por el histórico faro, ahora automatizado, y por su entorno remoto y salvaje en pleno mar Báltico.

Para los radioaficionados, es un destino prestigioso, ya que es un lugar muy poco habitual desde el que transmitir y, por tanto, especialmente codiciado para establecer contactos. 

 

Usedom 

Si hay una isla que concentra más historia por kilómetro cuadrado que cualquier otra de esta lista, esa es Usedom.

Esta isla báltica de 445 km², frente a las costas del noreste de Alemania, fue durante mucho tiempo un tranquilo destino de veraneo.

La burguesía prusiana la frecuentaba desde el siglo XIX, y los kaiseres dejaron su huella en los elegantes balnearios de Ahlbeck, Heringsdorf y Bansin, que todavía conservan sus fachadas blancas y sus largos muelles de madera.

Pero durante la Segunda Guerra Mundial, una punta de la isla albergó uno de los proyectos más secretos y ambiciosos de la historia.

Usedom es una isla turística, con playas paradisíacas, villas palaciegas y una rica historia real y cultural.

 

En la década de 1930, Hitler ordenó la construcción de una fábrica clandestina de armas y un centro de investigación en la costa norte, en el pueblo pesquero de Peenemünde.

En ese laboratorio militar se inventaron instrumentos de la guerra moderna.

Fue allá donde el ingeniero mecánico y aeroespacial alemán Wernher von Braun y su equipo desarrollaron el cohete V-2, el primer artefacto fabricado por el hombre en alcanzar el espacio.

Lo que se probó allí anticipó tanto el terror de los bombardeos sobre Londres como, años más tarde, la carrera espacial.

Al acabar la guerra, en la Conferencia de Potsdam de 1945 se decidió que la punta oriental de la isla -incluyendo su ciudad más grande, el puerto de Swinemünde- pasara a formar parte de Polonia. Los habitantes alemanes fueron expulsados. La ciudad se rebautizó como Świnoujście, y la isla quedó dividida en dos: el 80% para Alemania, y el 20% restante, con la mayoría de la población, para Polonia.

Durante décadas, la frontera fue incómoda para los dos países del bloque comunista. Fue solo con la entrada de Polonia en el espacio Schengen en 2007 que el muro invisible desapareció.

Hoy el paseo marítimo que une el balneario alemán de Ahlbeck con la ciudad polaca de Świnoujście es el más largo de Europa: 12 kilómetros que cruzan una frontera sin que nadie lo note.

Tan completa ha sido la transformación que académicos de la Universidad de Varsovia y de instituciones alemanas la estudiaron como un caso de manual: una frontera que pasó de separar a unir (ScienceDirect, 2021).

 

San Martin / Sint Marteen 

Esta pequeña isla caribeña forma parte de las Antillas Menores, en el este del mar Caribe.

Con apenas 87 km², puedes cruzarla en auto en apenas una hora. Sin embargo, fue muy importante para los grandes imperios europeos... y tiene una historia de división muy pintoresca. 

 
Casas coloniales coloridas de Marigot, en la parte francesa de la isla.
 
 
Se cree que estaba habitada por el pueblo arawak, y que los caribes llegaron alrededor de dos siglos antes de que, en 1493, Cristóbal Colón se topara con ella, y empezara a pasar de mano en mano.

En 1631, estaba en las de los holandeses, a quienes les servía de útil escala entre sus colonias de Nueva Ámsterdam (Nueva York) y Nueva Holanda (en el noreste de Brasil).

Dos años después, los españoles los expulsaron, en medio de la Guerra de los Ochenta Años en Europa por la independencia de los Países Bajos del dominio español.

En 1648, cuando la Corona española se vio obligada a reconocer su soberanía, sus súbditos abandonaron San Martín.

Neerlandeses y franceses establecieron asentamientos, y dividieron la isla en dos mediante el Tratado de Concordia, que hoy se mantiene como uno de los más antiguos que siguen en vigor. 

Y aquí viene lo divertido.
 
Antiguo letrero de calle en el paisaje urbano también colorido en Philipsburg, en la parte neerlandesa. 
 
 
Según la leyenda, llegaron a ese acuerdo de mediante una carrera, pues querían hacerlo civilizadamente.

Un representante de cada nación partió en sentido opuesto siguiendo la costa; donde se encontraran, se trazaría la línea divisoria. Cada uno eligió la bebida que tomaría en el camino: el francés, una botella de vino tinto; el holandés, una de ginebra.

Al parecer, calmar la sed con ginebra tenía un impacto mucho más negativo en el rendimiento atlético que beber vino, y es por eso que los franceses se quedaron con el 60% de la isla y los neerlandeses con el 40%.

Más allá de la leyenda, la frontera se modificó más de una docena de veces hasta que, tras el fin de las Guerras Napoleónicas en 1815 y la consiguiente estabilización europea, la línea divisoria dejó de fluctuar.

En 2023, Francia y los Países Bajos resolvieron la última disputa pendiente: la soberanía de Oyster Pond, una pequeña ensenada en el extremo oriental de la frontera.

Hoy ambas partes son administradas por las dos naciones europeas, pero solo el lado francés forma parte de la Unión Europea. El lado neerlandés, autónomo, tiene su propio gobierno. Así, la frontera de la isla es también, en sentido estricto, una frontera exterior de la UE.
 
 
Hans 

Pocas disputas territoriales de la historia reciente han sido tan largas, tan pacíficas y tan entretenidas como la que durante casi 50 años enfrentó a Canadá y Dinamarca por un peñasco ártico sin árboles, sin habitantes y sin ningún recurso conocido.

La isla Hans tiene 1,3 km², está cubierta de roca y hielo, y se alza en el estrecho de Nares, allí donde el archipiélago canadiense y Groenlandia se acercan desde lados opuestos del mar.

Técnicamente, puede pertenecer a cualquiera de los dos países.

En 1973, cuando ambos negociaron la frontera marítima de la zona, simplemente se saltaron la isla y prometieron retomar el asunto más tarde.

Tardaron décadas en hacerlo, y mientras tanto la disputa adquirió un tono que difícilmente se repite en la geopolítica mundial. 
 
Imagen satelital del epicentro de la graciosa guerra... ¿la ves?


En 1984, Canadá hizo una apuesta audaz por la propiedad, cuando desembarcó tropas en la roca, que procedieron a plantar su bandera de hoja de arce y enterraron una botella de whisky canadiense, antes de regresar a casa.

El ministro danés de Asuntos del Ártico de Dinamarca no podía permitir que tal provocación se mantuviera. Semanas más tarde partió hacia Hans, donde reemplazó los símbolos canadienses con una bandera danesa y una botella del mejor schnapps de Copenhague.

Y fue un paso más allá, dejando con orgullo una nota que decía: "Bienvenido a la isla danesa".

Así comenzó lo que la prensa bautizó como la Guerra del Whisky.

Durante años, el ritual se repitió periódicamente: una patrulla llegaba, encontraba la bandera del otro, la reemplazaba por la propia y dejaba su respectiva botella de bebida alcohólica. No hubo disparos, ni heridos, ni siquiera palabras duras.

Los visitantes de la isla describían un mar de banderas y notas dejadas en el lugar.

El desenlace llegó en 2022, cuando Canadá y Dinamarca acordaron dividir la isla siguiendo su cresta natural.

La isla Hans pasó a ser la más reciente de las islas marítimas del mundo compartidas por dos países, y la Guerra del Whisky pasó a la historia como uno de los conflictos más civilizados que se recuerdan.


Diómedes

La Gran Diomedes se ve desde la Pequeña Diomedes, en el centro del estrecho de Bering. En invierno, la capa de hielo es tan gruesa que se puede cruzar caminando de EE.UU. a Rusia sin mojarse los pies.


Con esta una última historia, para ser honestos, nos salimos del libreto: no vamos a hablar de una frontera que divide a una isla sino una que separa a dos islas... pero es que es irresistible.

En el estrecho de Bering, donde el océano Pacífico y el Ártico se encuentran, y donde Rusia y Alaska se miran a apenas 80 kilómetros de distancia, hay dos pequeñas islas: la Gran Diómedes, en el lado ruso, y la Pequeña Diómedes, en el lado estadounidense.

Entre ellas hay apenas 3,8 kilómetros de mar abierto, una distancia corta que separa ambas orillas casi como si fueran vecinas.

Lo especial de la situación es que por ahí pasa la línea internacional de cambio de fecha: una línea imaginaria del planeta que marca el "salto" de calendario entre un día y el siguiente.

Al cruzarla, no solo cambia la hora, sino también la fecha.

Eso significa que la Gran Diómedes y la Pequeña Diómedes están separadas no solo por una frontera internacional, sino por un día entero: cuando en la isla rusa son las 9 de la mañana del lunes, en la isla estadounidense todavía es aproximadamente la misma hora, pero del domingo.

Por eso se las conoce como la 'Isla del Mañana' y la 'Isla del Ayer': desde la Gran Diómedes puede verse, en cierto sentido, el futuro.

Durante siglos, los Yupik vivieron en ambas islas y cruzaban el estrecho -a veces congelado- con total normalidad. Pero la Guerra Fría convirtió esos 3,8 kilómetros en una de las fronteras más impermeables del planeta.

La Unión Soviética evacuó por la fuerza a los habitantes de la Gran Diómedes en 1948, y la "Cortina de Hielo", como llegaron a llamar al estrecho, separó familias durante décadas.

Hoy la Gran Diómedes tiene solo una base militar rusa. La Pequeña Diómedes sigue habitada por unas 80 personas, que viven del mar y que, en los días más claros, pueden ver las costas de Rusia.

E incluso asomarse, por así decirlo, al día de mañana.
 
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Mapa: Daniel Arce-Lopez, del equipo de periodismo visual de BBC News Mundo.
 
 


 

 

sábado, 4 de julio de 2026

Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América y quién le dio el nombre

 

 

Por Carlos Chirinos
Especial para BBC News Mundo

 

Algunos dicen que Estados Unidos es un país sin nombre.

Sus ciudadanos lo llaman America (así, sin acento), apropiándose del nombre de todo el continente.

Y en el uso de ese nombre le sigue buena parte del resto del mundo, incluidos, curiosamente, los países que comparten el sur del continente y que también son americanos.

América es un nombre que precede, por siglos, a la formación como país de lo que hoy es Estados Unidos, que este 4 de julio celebra los 250 años de su Declaración de Independencia.

¿De dónde viene entonces el nombre actual? ¿Y se sabe quién lo eligió?

El nombre Estados Unidos de América consta en el acta de independencia firmada hace 250 años.

 

Colonias Unidas

Durante la mayor parte del período de colonización de los siglos XVII y XVIII, las 13 colonias británicas en América del Norte no eran una unidad política.

Eso fue cambiando con la cooperación militar durante la guerra Franco-Indígena (1754-1763), un conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control territorial en el que ambos bandos tuvieron aliados indígenas, y con las posteriores tensiones con la metrópolis en la década de 1770.

Entonces empezó a usarse el término United Colonies (Colonias Unidas) incluso en documentos oficiales del Congreso, como el nombramiento de George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental en 1775.

Algunas interpretaciones históricas aseguran que fue un español, Luís de Unzaga, gobernador de la Luisiana española de la época, quien, en una carta dirigida a un general de los colonos rebeldes, "bautiza" a los Estados Unidos de América como se usa hoy.

Como principal representante del Imperio español en Luisiana, hasta pocos años antes en manos de los franceses, Unzaga tuvo contacto con los colonos rebeldes, a quienes Madrid apoyaba en secreto para dañar los intereses del enemigo histórico británico.

"En su correspondencia con el mayor Charles Lee, en el verano de 1776, Unzaga le dirigió una carta con el tratamiento de 'General de los Estados Unidos Americanos'", indica en un artículo publicado en 2021 en su sitio web el Hispanic Council, un centro de estudios que promueve las relaciones entre España y EE.UU. a través de la investigación y la divulgación histórica.

"Esta era la primera vez que un representante de una potencia europea (...) aceptase así la existencia y nacimiento de la nueva nación norteamericana", añade.

 Luis de Unzaga gobernó Luisiana, que entonces hacía parte del Imperio español, de 1769 a 1777.

 

"Este hecho de gran trascendencia, el primer reconocimiento de EE.UU., le resultó al general Lee tan 'positivo y halagüeño' (...) que se lo transmitió literalmente a Joseph Reed, edecán de George Washington; poco después el propio Washington leyó esa misiva que había llegado a su despacho, creyendo que iba dirigida a él", se afirma en el texto titulado "Luis de Unzaga: el gobernador de Luisiana que bautizó a los Estados Unidos Americanos".

En un artículo biográfico sobre Unzaga que publicó el pasado abril el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, cerca de Madrid, se hace referencia a la misma carta describiéndola como "un hito fundamental" en el reconocimiento de la nueva nación.

El artículo indica que la carta es "la primera vez que un representante europeo usaba esta denominación" que "validó a los combatientes como militares de un país independiente y no como meros rebeldes".

Además, afirma que Unzaga fue "el inspirador del nombre oficial en español de la nación al avalar el término sin anteponer Thirteen o el estatus de colonies a la denominación que aún quedaba como reminiscencia de las colonias inglesas".

 
El acta de independencia de las 13 colonias americanas unidas se firmó en Filadelfia.
 
 
El "mito español" en el bautismo de EE.UU.

Para el historiador español Gonzalo M. Quintero Saravia, todo este debate en torno al aporte de Unzaga "se parece a veces mucho a la película My Big Fat Greek Wedding (traducida como 'Casarse... está en griego' o 'Mi gran boda griega')".

"El protagonista de esa película es el padre de la novia, que es un griego norteamericano que ha emigrado desde Grecia y él siempre dice que es capaz de derivar cualquier palabra en inglés de un origen griego y para él todo es griego", explica Quintero en entrevista con BBC Mundo desde Madrid.

Haciendo una analogía, Quintero considera que en los últimos años se ha dado una tendencia a amplificar "ese mito de que todo lo que pasó en Estados Unidos tiene origen español, algo que contrasta con el 'borrado' que se produjo durante décadas de la contribución española al proceso independentista".

Y añade: "Mucho de lo que ocurrió en Estados Unidos tiene origen español, pero llegar a decir que el nombre de Estados Unidos fue inventado por una carta que escribió un gobernador a George Washington, pues me parece un poco estirar un poco las cosas".

El historiador ha escrito sobre el papel de España en el proceso de independencia estadounidense, particularmente sobre las acciones que tomó el sucesor de Unzaga al frente de Luisiana, Bernardo de Gálvez.

 
España apoyó a las Trece Colonias en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. 
 
 
En su libro "Bernardo de Gálvez: un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica" (publicado originalmente en inglés como Bernardo de Gálvez: Spanish Hero of the American Revolution, por The University of North Carolina Press, 2018), Quintero destaca cómo las campañas militares españolas contra los asentamientos británicos en el río Misisipi fueron cruciales para impedir que Londres dedicara todas sus fuerzas a enfrentar al ejército de Washington.

"La Revolución americana se enmarca dentro de un contexto y el contexto es las guerras entre las potencias europeas por el control americano. Pero incluso antes de que Francia entrase en la guerra (1778) y de que España también lo hiciese en 1779, ya es un conflicto mundial porque tanto Francia como España apoyan a los revolucionarios norteamericanos, que es una tradición muy normal entre imperios", afirma Quintero.

"El siglo XIX es un periodo de construcción norteamericano que mira hacia el anglosajón, teñido un poco de anticatolicismo porque están construyendo un país basado en valores protestantes; España no encajaba como ayuda a la Revolución americana como sí encajaba Francia. No encajaba el apoyo de una monarquía católica a la Revolución americana".

Esa tendencia ha cambiado en las últimas décadas y el aporte español a la independencia estadounidense está siendo redimensionado para ponerlo más a la par del de Francia, mucho más reconocido.

Sin embargo, el historiador Quintero indica que no ha visto prueba documental que respalde la tesis del país "bautizado" por Unzuaga.

"Tendría que verla. Si la hay, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo al día de hoy no conozco ninguna prueba de eso".

 

El nombre de Estados Unidos de América se usa por primera vez

 

El primer uso escrito documentado de Estados Unidos de América se produjo el 2 de enero de 1776, cuando Stephen Moylan, ayudante de Washington, escribió una carta expresando su deseo de viajar a España "con plenos y amplios poderes de los Estados Unidos de América".

La famosa carta de Unzaga está fechada el 4 de septiembre de 1776, lo que ayuda a desmontar la tesis de que Washington adoptó entonces esa definición para el país.

Eso sin contar con que el líder independentista estaba centrado en asuntos militares y no en la creación de estatutos legales.

El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson incluye el nombre en la Declaración de Independencia, documento fundacional del país y de la cual fue el principal redactor.

El texto pasó de decir: "Una Declaración de los Representantes de los Estados Unidos de América…" a "La Declaración unánime de los 13 Estados Unidos de América".

En septiembre de ese año, el Segundo Congreso Continental resolvió cambiar las 'Colonias Unidas' por 'Estados Unidos', con lo que se oficializó el nombre del nuevo país que se usó en los Artículos de la Confederación (1781) y más tarde se incorporaría a la Constitución (1789).

No está probado que George Washington tuviera ninguna vinculación con la elección del nombre de Estados Unidos.

 

Columbia y otros nombres que se propusieron para EE.UU.

 

Pero para algunos, el país debía llamarse de otra manera.

Entre las opciones estuvieron Columbia (para homenajear a Cristóbal Colón); Freedonia o Fredonia, en alusión a la libertad de los nuevos territorios, y nombres de referencia geográfica como Appalachia o Alleghania, que pretendían vincular la identidad del país al paisaje que lo diferenciaba de Europa.

Ninguna prosperó, aunque Columbia fue la más cercana a convertirse en oficial y sobrevivió en nombres como el Distrito de Columbia, de la capital, Washington, y en una decena de ciudades.

Aunque America (sin acento) sea el más popularmente usado dentro y fuera del país, el término Estados Unidos se impuso en documentos oficiales y en el lenguaje político.

Algunos argumentan que Estados Unidos no es estrictamente un nombre, sino una definición administrativa sobre cómo se organiza una nación a partir de una federación de territorios.

De hecho, hay otros Estados Unidos en América: es el caso de México, cuyo nombre es oficialmente Estados Unidos Mexicanos.

Brasil tuvo la misma denominación hasta 1967. En 1953, Venezuela cambió de Estados Unidos a República de Venezuela. Hubo unos Estados Unidos Centroamericanos entre 1821 y 1841. Y Colombia también fue Estados Unidos entre 1863 y 1886.

"Los Estados Unidos se han apropiado del continente desde el principio. El ejército de George Washington se llama ejército continental. El congreso donde se reunían los representantes de las 13 colonias se llama Congreso Continental", indica a BBC Mundo el historiador Quintero.

"Para Estados Unidos, el continente americano es lo que los demás del mundo llamamos Norteamérica. Para cualquier otro, América es desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Pero para Estados Unidos, América es solamente ellos. Y es una apropiación que tiene lugar desde el primer momento en Estados Unidos".


Fuente: Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América


 

viernes, 26 de junio de 2026

¿Por qué es imposible predecir el momento preciso de un terremoto?

 

Ilustración del Anillo de Fuego del Pacífico, donde se producen una gran parte de los terremotos en el mundo.

 

Por Alejandra Martins
BBC News Mundo

 

Cada año el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) detecta y localiza unos 20.000 terremotos en todo el mundo, es decir, aproximadamente 55 al día.

Algunos son leves. Otros, como el doblete sísmico que sacudió Venezuela este 24 de junio, causan numerosas víctimas fatales y hacen colapsar edificios enteros a lo largo de kilómetros.

De acuerdo a registros que abarcan desde aproximadamente 1900, se prevé que ocurran unos 16 terremotos de gran magnitud en un año cualquiera. La cifra incluye 15 terremotos de magnitud en el rango de 7 y uno de magnitud 8 o superior, según el USGS.

En el caso de otros desastres como los huracanes, las predicciones permiten evacuar con antelación zonas que podrían verse afectadas y salvar vidas.

Cuando se trata de terremotos, en cambio, no es posible hacer pronósticos precisos. 

Los fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela ocurrieron con 39 segundos de diferencia, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

¿Qué impide a los científicos predecir con certeza cuándo ocurrirán?

 

Tensión que se libera súbitamente

Los terremotos se producen por la liberación repentina de tensión que se va acumulando gradualmente debido a los movimientos de placas tectónicas a lo largo de una falla geológica.

Predecir un terremoto implicaría saber tres variables: dónde tendrá lugar, su magnitud y el momento en que se producirá, señala a BBC Mundo Antonio Morales Esteban, catedrático de ingeniería del terreno de la Universidad de Sevilla y especialista en ingeniería sísmica. 

"Podemos conocer con cierta exactitud dos de esos parámetros", dice. Se trata de los primeros.

Luego explica: "El terremoto se produce en fallas que se han estudiado geológicamente y en función de su tamaño, de la velocidad en la que se desplazan y una serie de características podemos inferir la magnitud máxima que esas fallas son capaces de producir. Aparte hay otra serie de parámetros que podemos saber, como el número de terremotos anuales, por ejemplo".

"¿Por qué es muy difícil conocer el instante? Por la propia naturaleza de los terremotos, que se producen por el contacto entre dos placas en una falla. Esas fallas acumulan tensión. Es como si yo juntase dos dos puños, las aprieto, las deslizo una contra otro. Estoy acumulando esfuerzo entre ellos, hay un rozamiento y no se produce nada hasta que de repente, de una manera impredecible, se produce un deslizamiento súbito", detalla.

Los científicos saben entonces que la tensión se está acumulando en las grandes fallas durante décadas, pero no hay forma de descifrar en qué momento se cruzará un umbral de resistencia y se liberará esa tensión.

 

"Las fuerzas tectónicas son permanentes, siempre están empujando con diferentes niveles, con diferentes velocidades", explica a BBC Mundo el profesor Arturo Belmonte, experto en sismología en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción en Chile.

"Las rocas tienen la capacidad de resistir esta acumulación de carga hasta que efectivamente se supera un umbral de resistencia", agrega.

Y pone un ejemplo: "Es como quien rompe un lápiz de madera. El lápiz no se rompe inmediatamente sino que yo tengo que aumentar o eventualmente seguir insistiendo hasta que se va doblando y de pronto esto supera cierto umbral y se quiebra. Acá básicamente ocurre lo mismo".

Los científicos pueden saber que esa liberación de tensión ocurre cada cierto periodo, que puede ser de decenas o centenares de años.

"En zonas sísmicas como la chilena los terremotos en general tienen períodos de retorno, de recurrencia. En terremotos con magnitud mayor a 8, el periodo puede ser 80 años, 90 años, 100 años. Pero no es posible saber exactamente cuándo va a ocurrir".

"Lo que sí hoy día se definen son gaps sísmicos o lagunas sísmicas. Una de ellas es la zona de Atacama, la zona de Copiapó. El último terremoto ocurrió en 1922, el 11 de noviembre. Por tanto, en esa perspectiva de muy largo plazo con un error que puede tener diez, veinte años, aunque no es una predicción, uno tiene una idea de cuáles son las zonas que están por así decirlo aguantando y en las que no se ha liberado esa energía que se acumula durante estos largos períodos de tiempo", dice.

"Pero poder decir este sábado a las tres de la tarde va a haber un evento de tal magnitud en tal lugar no es posible", aclara.

Un lápiz de madera no se rompe de golpe, sino que va acumulando tensión. Así también pasa con las placas tectónicas. 

 

Límites en el conocimiento 

La imposibilidad de predecir el instante de un terremoto tiene que ver también con los límites de los instrumentos y modelos científicos actuales.

Morales Esteban daba antes el ejemplo didáctico de dos puños que presionan uno contra el otro y acumulan tensión.

"Ahora imaginemos que eso sucede en una falla que tiene decenas y cientos de kilómetros de longitud con materiales diferentes, con ángulos diferentes, con una estructura complejísima", dice. 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante es imposible. Necesitaríamos conocer la tensión acumulada y la resistencia al material en cada punto para poder hacer un modelo, lo cual ahora mismo está muy lejano".

La resistencia, agrega, es una variable importante que influye en la magnitud del sismo.

"Si el material de contacto, la roca que hay en la falla, es muy resistente, se acumulará mucha tensión antes de que haya esa rotura o ese deslizamiento", explica.

"Sin embargo, si el material es muy blando, pues se van produciendo terremotos pequeños y no se producen terremotos grandes como los de ahora en Venezuela".

"Por ejemplo, aquí en España, donde yo vivo es muy raro que haya terremotos superiores a 6 porque el material es más blando. Pero en la zona sur, en la falla Azores-Gibraltar, se llegan a producir terremotos de más de 8, porque ahí el material es muy resistente", cuenta.

 
Cientos de edificios en Venezuela quedaron destrozados o colapsaron.
 
 
Belmonte explica a BBC Mundo que los equipos actuales no permiten medir qué ocurre a grandes profundidades.

"En términos muy simples… estos eventos ocurren en zonas donde la presión y temperatura son extremas. No podemos observar directamente el fenómeno como los meteorólogos observan el movimiento de las nubes de los frentes de mal tiempo, lo que sabemos lo inferimos de las ondas sísmicas", señala el experto chileno.

"Por ejemplo, el ser humano no ha bajado hasta más de cuatro kilómetros de profundidad en las minas, y un pozo que se hizo durante la Unión Soviética alcanzó 12 km de profundidad, pero el radio terrestre tiene 6.370 km. O sea, no tenemos acceso a las profundidades donde está ocurriendo una sismicidad tal vez precursora".

Los modelos científicos actuales, añade, no permiten hacer predicciones exactas.

"Las fallas geológicas no son un continuo homogéneo. Y los datos disponibles también en el tiempo son relativamente limitados. La placa de Nazca, por ejemplo, subduce (se hunde por debajo de otra) hace más o menos 23 millones de años. Pero nosotros tenemos información de los últimos 500 años".

 

 

Desde animales a gases:¿hay señales que avisan? 

En el pasado se ha hablado de signos ante la inminencia de un terremoto, como cambios en el comportamiento de algunos animales.

"Hay quien dice que los perros ladraban, que las aves volaban, que tel animal se comportaba de una manera extraña antes del terremoto. La verdad es que nunca se ha encontrado ninguna causalidad", señala Morales Esteban.

"Además es que no tiene sentido, porque al final es una tensión acumulada a decenas, cientos de kilómetros. Y que yo sepa, los animales no tienen capacidad de detectar cuándo esa tensión se va a liberar".

Por otra parte, las señales que se han apuntado no son sistemáticas, afirma Belmonte.

"En China en el año 75 ocurrió un evento sísmico importante y se observaron cambios en el gas radón, por ejemplo, y variaciones de la conductividad eléctrica", cuenta.

Además, "se observó que había un comportamiento extraño de animales como serpientes, perros, y ciertos micro temblores previos, eventos muy chiquititos. Ese año todo esto parecía ser un elemento que abría la puerta a la predicción de terremotos. Se evacuó una ciudad en China y ocurrió luego el evento sísmico".

"Pero un año después, en el 76, nada de esto se pudo observar y ocurrió uno de los eventos más catastróficos a nivel mundial, en el que se cree que fallecieron más de 200.000 personas. Entonces uno puede decir que esos precursores no son consistentes y además también aparecen sin que haya un terremoto".

El experto chileno relata que habló con muchos pobladores tras un devastador sismo en su país que dejó más de 500 muertos.

"Un poco anecdóticamente, de manera no sistemática, a mí me tocó recorrer toda la costa chilena después del terremoto del 2010. Los pescadores observaron que el mar estaba muy tranquilo esa noche, o la gente tenía la sensación de que la temperatura estaba más alta que lo normal", cuenta.

"Pero no es información sistemática como para poder decir: 'Miren, el 27 de febrero a tal hora va a ocurrir tal evento'".

 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante de un terremoto es imposible".

 

Inteligencia artificial 

Algunas investigaciones actuales procuran buscar con herramientas de inteligencia artificial qué cosas se repiten antes de un temblor, debido a la enorme cantidad de datos que esta tecnología es capaz de procesar.

Belmonte relata que actualmente hay proyectos en la zona de Atacama que están instalando instrumentos en el fondo oceánico. También se monitorean por GPS cambios en la corteza terrestre.

Con estas tecnologías, dice "uno podría imaginar que uno se pueda acercar un poquito a la idea de observar precursores", aclarando: "Pero no me atrevería a decir que podamos acercarnos a la idea de predecir exactamente un evento sísmico".

Morales Esteban y su equipo investigaron en el pasado el uso de redes neuronales, midiendo la magnitud de los sismos y el tiempo transcurrido entre ellos.

Una red neuronal es un modelo computacional de inteligencia artificial inspirado en el cerebro humano. Está compuesta por miles o millones de nodos interconectados (llamados "neuronas artificiales") que procesan datos y aprenden a reconocer patrones complejos por sí mismos.

"Lo que intentábamos medir era esa tensión que se va acumulando, a través sobre todo de un parámetro que se llama el 'B value', que es la relación entre los tamaños de los terremotos".

"Encontramos que había ciertas relaciones, de manera que podíamos inferir ciertas probabilidades. Pero no era una predicción".

Morales Esteban señala que la inteligencia artificial es muy útil y permite procesar muchísima información, pero se necesitan también otras herramientas.

"Tenemos que aumentar el conocimiento en cuanto a conocer la estructura de las fallas, la resistencia del material, en cuanto a ser capaces de hacer ensayos que son difíciles de realizar a presiones y temperaturas muy elevadas. Es un tema muy complejo y sinceramente a corto o medio plazo predecir como nos gustaría, o sea, decir mañana a las 8 de la tarde va a haber un terremoto de tal magnitud, lo veo complicado. Nos falta conocimiento básico".

"Por ejemplo, en Japón -un país en que la preocupación por la sismicidad y el conocimiento de sus científicos es elevado- el terremoto de 2011 se produjo en una zona que llevaba cientos de años inactiva, donde se pensaba que no había sismicidad, y de repente se produjo ese terremoto que fue muy devastador", afirma.

Edificios colapsados en el estado de La Guaira, uno de los más afectados por los terremotos en Venezuela.

 

"La clave está en la vulnerabilidad"

Belmonte señala que si bien hay modelos de probabilidad de sismos a largo plazo, dado que las predicciones exactas "lamentablemente no existen", lo único que queda es prevenir.

"Y ahí aparecen los informes de peligro sísmico, sistemas de alerta temprana, normas antisísmicas y todo eso".

Morales Esteban apunta que "al final la clave hoy día está en la vulnerabilidad", en "cómo nosotros construimos las cosas y cómo estamos preparados como sociedad para que, si hay un terremoto, produzca los mínimos daños posibles y remontemos lo antes posible".

Para el experto español, si los mismos terremotos de Venezuela se hubiesen producido en Chile o en Japón, la pérdida de vidas y los daños materiales habrían sido mucho menores.

"Porque su sociedad está preparada. Los edificios están preparados. Todo está preparado. En Chile y en Japón hay una normativa sísmica muy estricta que se cumple", sostiene.

En el caso de Venezuela, agrega, "los geólogos seguro conocían qué magnitud se puede producir en esa zona y también las fallas, lo que se llama la peligrosidad sísmica".

"El problema viene por la otra parte de la ecuación: la vulnerabilidad, que ha demostrado que era muy elevada. Entonces ahí se junta una peligrosidad sísmica con una vulnerabilidad elevada, con lo cual el riesgo es muy elevado y lo que ha sucedido es desastroso", afirma.

Por otra parte, el impacto de dos grandes terremotos consecutivos fue devastador.

"Cuando tú tienes un terremoto grande se han dañado las estructuras o ya han colapsado, y luego tienes otro terremoto todavía mayor. Las estructuras dañadas que a lo mejor simplemente se hubiesen quedado dañadas han podido pasar al colapso".

 

Fuente: ¿Por qué es imposible predecir un terremoto

 

Nota: Con 75 y 76 se refiere a los años 1975 y 1976.