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viernes, 26 de junio de 2026

¿Por qué es imposible predecir el momento preciso de un terremoto?

 

Ilustración del Anillo de Fuego del Pacífico, donde se producen una gran parte de los terremotos en el mundo.

 

Por Alejandra Martins
BBC News Mundo

 

Cada año el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) detecta y localiza unos 20.000 terremotos en todo el mundo, es decir, aproximadamente 55 al día.

Algunos son leves. Otros, como el doblete sísmico que sacudió Venezuela este 24 de junio, causan numerosas víctimas fatales y hacen colapsar edificios enteros a lo largo de kilómetros.

De acuerdo a registros que abarcan desde aproximadamente 1900, se prevé que ocurran unos 16 terremotos de gran magnitud en un año cualquiera. La cifra incluye 15 terremotos de magnitud en el rango de 7 y uno de magnitud 8 o superior, según el USGS.

En el caso de otros desastres como los huracanes, las predicciones permiten evacuar con antelación zonas que podrían verse afectadas y salvar vidas.

Cuando se trata de terremotos, en cambio, no es posible hacer pronósticos precisos. 

Los fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela ocurrieron con 39 segundos de diferencia, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

¿Qué impide a los científicos predecir con certeza cuándo ocurrirán?

 

Tensión que se libera súbitamente

Los terremotos se producen por la liberación repentina de tensión que se va acumulando gradualmente debido a los movimientos de placas tectónicas a lo largo de una falla geológica.

Predecir un terremoto implicaría saber tres variables: dónde tendrá lugar, su magnitud y el momento en que se producirá, señala a BBC Mundo Antonio Morales Esteban, catedrático de ingeniería del terreno de la Universidad de Sevilla y especialista en ingeniería sísmica. 

"Podemos conocer con cierta exactitud dos de esos parámetros", dice. Se trata de los primeros.

Luego explica: "El terremoto se produce en fallas que se han estudiado geológicamente y en función de su tamaño, de la velocidad en la que se desplazan y una serie de características podemos inferir la magnitud máxima que esas fallas son capaces de producir. Aparte hay otra serie de parámetros que podemos saber, como el número de terremotos anuales, por ejemplo".

"¿Por qué es muy difícil conocer el instante? Por la propia naturaleza de los terremotos, que se producen por el contacto entre dos placas en una falla. Esas fallas acumulan tensión. Es como si yo juntase dos dos puños, las aprieto, las deslizo una contra otro. Estoy acumulando esfuerzo entre ellos, hay un rozamiento y no se produce nada hasta que de repente, de una manera impredecible, se produce un deslizamiento súbito", detalla.

Los científicos saben entonces que la tensión se está acumulando en las grandes fallas durante décadas, pero no hay forma de descifrar en qué momento se cruzará un umbral de resistencia y se liberará esa tensión.

 

"Las fuerzas tectónicas son permanentes, siempre están empujando con diferentes niveles, con diferentes velocidades", explica a BBC Mundo el profesor Arturo Belmonte, experto en sismología en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción en Chile.

"Las rocas tienen la capacidad de resistir esta acumulación de carga hasta que efectivamente se supera un umbral de resistencia", agrega.

Y pone un ejemplo: "Es como quien rompe un lápiz de madera. El lápiz no se rompe inmediatamente sino que yo tengo que aumentar o eventualmente seguir insistiendo hasta que se va doblando y de pronto esto supera cierto umbral y se quiebra. Acá básicamente ocurre lo mismo".

Los científicos pueden saber que esa liberación de tensión ocurre cada cierto periodo, que puede ser de decenas o centenares de años.

"En zonas sísmicas como la chilena los terremotos en general tienen períodos de retorno, de recurrencia. En terremotos con magnitud mayor a 8, el periodo puede ser 80 años, 90 años, 100 años. Pero no es posible saber exactamente cuándo va a ocurrir".

"Lo que sí hoy día se definen son gaps sísmicos o lagunas sísmicas. Una de ellas es la zona de Atacama, la zona de Copiapó. El último terremoto ocurrió en 1922, el 11 de noviembre. Por tanto, en esa perspectiva de muy largo plazo con un error que puede tener diez, veinte años, aunque no es una predicción, uno tiene una idea de cuáles son las zonas que están por así decirlo aguantando y en las que no se ha liberado esa energía que se acumula durante estos largos períodos de tiempo", dice.

"Pero poder decir este sábado a las tres de la tarde va a haber un evento de tal magnitud en tal lugar no es posible", aclara.

Un lápiz de madera no se rompe de golpe, sino que va acumulando tensión. Así también pasa con las placas tectónicas. 

 

Límites en el conocimiento 

La imposibilidad de predecir el instante de un terremoto tiene que ver también con los límites de los instrumentos y modelos científicos actuales.

Morales Esteban daba antes el ejemplo didáctico de dos puños que presionan uno contra el otro y acumulan tensión.

"Ahora imaginemos que eso sucede en una falla que tiene decenas y cientos de kilómetros de longitud con materiales diferentes, con ángulos diferentes, con una estructura complejísima", dice. 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante es imposible. Necesitaríamos conocer la tensión acumulada y la resistencia al material en cada punto para poder hacer un modelo, lo cual ahora mismo está muy lejano".

La resistencia, agrega, es una variable importante que influye en la magnitud del sismo.

"Si el material de contacto, la roca que hay en la falla, es muy resistente, se acumulará mucha tensión antes de que haya esa rotura o ese deslizamiento", explica.

"Sin embargo, si el material es muy blando, pues se van produciendo terremotos pequeños y no se producen terremotos grandes como los de ahora en Venezuela".

"Por ejemplo, aquí en España, donde yo vivo es muy raro que haya terremotos superiores a 6 porque el material es más blando. Pero en la zona sur, en la falla Azores-Gibraltar, se llegan a producir terremotos de más de 8, porque ahí el material es muy resistente", cuenta.

 
Cientos de edificios en Venezuela quedaron destrozados o colapsaron.
 
 
Belmonte explica a BBC Mundo que los equipos actuales no permiten medir qué ocurre a grandes profundidades.

"En términos muy simples… estos eventos ocurren en zonas donde la presión y temperatura son extremas. No podemos observar directamente el fenómeno como los meteorólogos observan el movimiento de las nubes de los frentes de mal tiempo, lo que sabemos lo inferimos de las ondas sísmicas", señala el experto chileno.

"Por ejemplo, el ser humano no ha bajado hasta más de cuatro kilómetros de profundidad en las minas, y un pozo que se hizo durante la Unión Soviética alcanzó 12 km de profundidad, pero el radio terrestre tiene 6.370 km. O sea, no tenemos acceso a las profundidades donde está ocurriendo una sismicidad tal vez precursora".

Los modelos científicos actuales, añade, no permiten hacer predicciones exactas.

"Las fallas geológicas no son un continuo homogéneo. Y los datos disponibles también en el tiempo son relativamente limitados. La placa de Nazca, por ejemplo, subduce (se hunde por debajo de otra) hace más o menos 23 millones de años. Pero nosotros tenemos información de los últimos 500 años".

 

 

Desde animales a gases:¿hay señales que avisan? 

En el pasado se ha hablado de signos ante la inminencia de un terremoto, como cambios en el comportamiento de algunos animales.

"Hay quien dice que los perros ladraban, que las aves volaban, que tel animal se comportaba de una manera extraña antes del terremoto. La verdad es que nunca se ha encontrado ninguna causalidad", señala Morales Esteban.

"Además es que no tiene sentido, porque al final es una tensión acumulada a decenas, cientos de kilómetros. Y que yo sepa, los animales no tienen capacidad de detectar cuándo esa tensión se va a liberar".

Por otra parte, las señales que se han apuntado no son sistemáticas, afirma Belmonte.

"En China en el año 75 ocurrió un evento sísmico importante y se observaron cambios en el gas radón, por ejemplo, y variaciones de la conductividad eléctrica", cuenta.

Además, "se observó que había un comportamiento extraño de animales como serpientes, perros, y ciertos micro temblores previos, eventos muy chiquititos. Ese año todo esto parecía ser un elemento que abría la puerta a la predicción de terremotos. Se evacuó una ciudad en China y ocurrió luego el evento sísmico".

"Pero un año después, en el 76, nada de esto se pudo observar y ocurrió uno de los eventos más catastróficos a nivel mundial, en el que se cree que fallecieron más de 200.000 personas. Entonces uno puede decir que esos precursores no son consistentes y además también aparecen sin que haya un terremoto".

El experto chileno relata que habló con muchos pobladores tras un devastador sismo en su país que dejó más de 500 muertos.

"Un poco anecdóticamente, de manera no sistemática, a mí me tocó recorrer toda la costa chilena después del terremoto del 2010. Los pescadores observaron que el mar estaba muy tranquilo esa noche, o la gente tenía la sensación de que la temperatura estaba más alta que lo normal", cuenta.

"Pero no es información sistemática como para poder decir: 'Miren, el 27 de febrero a tal hora va a ocurrir tal evento'".

 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante de un terremoto es imposible".

 

Inteligencia artificial 

Algunas investigaciones actuales procuran buscar con herramientas de inteligencia artificial qué cosas se repiten antes de un temblor, debido a la enorme cantidad de datos que esta tecnología es capaz de procesar.

Belmonte relata que actualmente hay proyectos en la zona de Atacama que están instalando instrumentos en el fondo oceánico. También se monitorean por GPS cambios en la corteza terrestre.

Con estas tecnologías, dice "uno podría imaginar que uno se pueda acercar un poquito a la idea de observar precursores", aclarando: "Pero no me atrevería a decir que podamos acercarnos a la idea de predecir exactamente un evento sísmico".

Morales Esteban y su equipo investigaron en el pasado el uso de redes neuronales, midiendo la magnitud de los sismos y el tiempo transcurrido entre ellos.

Una red neuronal es un modelo computacional de inteligencia artificial inspirado en el cerebro humano. Está compuesta por miles o millones de nodos interconectados (llamados "neuronas artificiales") que procesan datos y aprenden a reconocer patrones complejos por sí mismos.

"Lo que intentábamos medir era esa tensión que se va acumulando, a través sobre todo de un parámetro que se llama el 'B value', que es la relación entre los tamaños de los terremotos".

"Encontramos que había ciertas relaciones, de manera que podíamos inferir ciertas probabilidades. Pero no era una predicción".

Morales Esteban señala que la inteligencia artificial es muy útil y permite procesar muchísima información, pero se necesitan también otras herramientas.

"Tenemos que aumentar el conocimiento en cuanto a conocer la estructura de las fallas, la resistencia del material, en cuanto a ser capaces de hacer ensayos que son difíciles de realizar a presiones y temperaturas muy elevadas. Es un tema muy complejo y sinceramente a corto o medio plazo predecir como nos gustaría, o sea, decir mañana a las 8 de la tarde va a haber un terremoto de tal magnitud, lo veo complicado. Nos falta conocimiento básico".

"Por ejemplo, en Japón -un país en que la preocupación por la sismicidad y el conocimiento de sus científicos es elevado- el terremoto de 2011 se produjo en una zona que llevaba cientos de años inactiva, donde se pensaba que no había sismicidad, y de repente se produjo ese terremoto que fue muy devastador", afirma.

Edificios colapsados en el estado de La Guaira, uno de los más afectados por los terremotos en Venezuela.

 

"La clave está en la vulnerabilidad"

Belmonte señala que si bien hay modelos de probabilidad de sismos a largo plazo, dado que las predicciones exactas "lamentablemente no existen", lo único que queda es prevenir.

"Y ahí aparecen los informes de peligro sísmico, sistemas de alerta temprana, normas antisísmicas y todo eso".

Morales Esteban apunta que "al final la clave hoy día está en la vulnerabilidad", en "cómo nosotros construimos las cosas y cómo estamos preparados como sociedad para que, si hay un terremoto, produzca los mínimos daños posibles y remontemos lo antes posible".

Para el experto español, si los mismos terremotos de Venezuela se hubiesen producido en Chile o en Japón, la pérdida de vidas y los daños materiales habrían sido mucho menores.

"Porque su sociedad está preparada. Los edificios están preparados. Todo está preparado. En Chile y en Japón hay una normativa sísmica muy estricta que se cumple", sostiene.

En el caso de Venezuela, agrega, "los geólogos seguro conocían qué magnitud se puede producir en esa zona y también las fallas, lo que se llama la peligrosidad sísmica".

"El problema viene por la otra parte de la ecuación: la vulnerabilidad, que ha demostrado que era muy elevada. Entonces ahí se junta una peligrosidad sísmica con una vulnerabilidad elevada, con lo cual el riesgo es muy elevado y lo que ha sucedido es desastroso", afirma.

Por otra parte, el impacto de dos grandes terremotos consecutivos fue devastador.

"Cuando tú tienes un terremoto grande se han dañado las estructuras o ya han colapsado, y luego tienes otro terremoto todavía mayor. Las estructuras dañadas que a lo mejor simplemente se hubiesen quedado dañadas han podido pasar al colapso".

 

Fuente: ¿Por qué es imposible predecir un terremoto

 

Nota: Con 75 y 76 se refiere a los años 1975 y 1976.



 

 

 

 

miércoles, 24 de julio de 2024

Un Día como Hoy en un Libro

1823

Venezuela
Entre tanto, restaurada la monarquía española bajo Fernando VII, éste había enviado al general Pablo Morillo,  “el Pacificador”, con 10.000 veteranos del as guerras napoleónicas a consolidar el dominio hispano.
Bolívar desembarcó en la isla Margarita y pasó al continente. En los años 1817-18 batió a los realistas con la ayuda del general José Antonio Páez y sus “llaneros”, libertando nuevamente la mayor parte de Venezuela, cuya capital se estableció provisionalmente en Angostura (hoy Ciudad Bolívar). Comprendiendo que estos triunfos serían  también efímeros mientras los españoles dominaran la Nueva Granada, llevó a cabo una audaz campaña en la que, atravesó la Cordillera de los Andes y derrotó decisivamente a los realistas en el Puente de Boyacá (7 de agosto, 1819). En diciembre de ese año el Congreso de Angostura proclamó la constitución de la Gran Colombia, según la cual los antiguos Virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela constituyeron un solo estado, al que se incorporó la actual presidencia de Quito.
En junio 24, 1821, los patriotas ganaron la batalla de Carabobo, con la cual se consolidó la libertad de Venezuela, y el 24 de julio, 1823 ganaron la batalla naval del Lago de Maracaibo, librada entre la escuadra republicana mandada por el Contralmirante José Padilla y la realista mandada por el Capitán de Navío Ángel Laborde.
 
Almanaque Mundial 1981
 

 

1895

Tras muchas penalidades, divisaron tierra el 24 de julio. Contaron que tardarían tres días en alcanzarla, pero tardaron trece, durante los cuales viose Nansen paralizado por un fortísimo ataque de lumbago. Pero, ¡al fin!, llegaron ante la superficie del mar y quedaron atrás todas las penalidades. Ataron los dos kayaks y colocaron los trineos atravesados sobre ellos, una vez todo arreglado, se deslizaron hacia tierra y llegaron a una pequeña isla que Nansen bautizó con el nombre de Eva, en recuerdo de su esposa. Después de dejar atrás varias islas del grupo de  la Tierra de Hvidten, bordearon otras de la Tierra de Zichy, finalmente decidieron invernar en la Tierra de Francisco José. Excavaron un hoyo y plantaron un recio tronco que sostenía algunas pieles de morsa que hacían las veces de tejado; la grasa de morsa les proporcionaba luz y calor.
Pasaron la larga noche polar procurando dormir lo más posible ―días hubo en que durmieron 20 horas—, y cuando legó el mes de marzo se prepararon para partir, recomponiendo su vestuario, reparando los objetos esenciales para el viaje y repasando el abrigo y la comida.

La Conquista de la Tierra, de Juan Maluquer de Motes et al




1911

Hiram Bingham
Viajero norteamericano (1875-1956). Antropólogo de la Universidad de Yale, Estados Unidos. Descubrió ayudado por guías lugareños, en 1911, Vilcapampa la Vieja, la ciudad perdida e ignorada por los exploradores y arqueólogos, y cuyo emplazamiento fue desconocido por siglos. La bautizó con  el nombre de Machu Picchu (“pico viejo”) denominación antigua de la cumbre en que se encontró al lado de otra  (conocida como Huayna Picchu “pico joven”). Exploró toda la  región en sucesivas expediciones de 1911, 1912 y 1915.


¿Cómo  descubrí Machu Picchu?

Se recordará que en julio de 1911 comencé la búsqueda de la última capital incaica. Acompañado por un querido amigo, el profesor Harry Ward Foote, de la Universidad de Yale que era nuestro naturalista, y de mi compañero de clases el Dr. Wm. G. Erving, cirujano de la expedición, entré en el maravilloso cañón del Urubamba bajo la fortaleza de Torontoy. (…)

El amanecer del 24 de julio fue de una helada llovizna. Arteaga tiritaba y se mostraba inclinado a permanecer en su choza. Le ofrecí remunerarle bien si me mostraba las ruinas a lo cual objetó que era muy pesado el trayecto ascendente en un día tan húmedo. Pero cuando descubrió que yo estaba dispuesto a pagarle un sol, o sea, tres o cuatro veces el salario que se pagaba en las vecindades, consintió finalmente venir. Cuando le preguntamos dónde estaban las ruinas, señaló rectamente hacia lo alto de la montaña. Nadie supuso que serían especialmente interesantes, ni tampoco alguno mostró interés en acompañarme. El naturalista dijo que había… “¡más mariposas cerca del río!” y que tenía la razonable certeza de poder coleccionar algunas nuevas variedades. El cirujano declaró que iba a lavar y a remendar su ropa. En todo caso, era mi trabajo investigar cualquier informe sobre ruinas y tratar de encontrar la capital incaica.
Por eso acompañado del sargento Carrasco,  dejé la tienda a la diez de la mañana. Arteaga nos llevó por alguna distancia corriente arriba. (…)
Después de una caminata de tres cuartos de hora, Arteaga abandonó el camino principal y se internó en la selva hasta la ribera del río. Aquí había un puente primitivo que cruzaba la corriente rugidora en su parte más angosta, en donde el arroyo se veía obligado a deslizarse entre dos peñascos. (…)

Dejando el arroyo, luchamos por abrirnos camino a través de una densa espesura, y a los pocos minutos llegamos hasta la base de una ladera muy abrupta. Durante una hora  y veinte minutos tuvimos una dificultosa ascensión, buena parte de la cual hubimos de hacerla a gatas y  a veces sosteniéndonos con las uñas. (…)

Poco después de mediodía, cuando estábamos completamente agotados, llegamos a un pequeño cobertizo cubierto de nieve a dos mil pies  sobre el río, en donde varios bondadosos indios, agradablemente sorprendidos con nuestro inesperado arribo, nos recibieron con goteantes calabazas llenas de agua fresca. En seguida nos sirvieron unos cuantos camotes* cocinados. Parece que dos hacendados indios, Richarte y Álvarez, habían escogido estos nidos de águila para instalar sus reales. Encontraban aquí bastantes terrazas para sus cosechas. Admitieron riendo que disfrutaban al sentirse libres de visitas inoportunas, funcionarios que buscaban “voluntarios” para el ejército y cobradores de  impuestos (…)

Nos hablaron de dos sendas hacia el mundo exterior, una de las cuales era la que habíamos recorrido; la otra, “todavía más difícil” consistía en un peligroso sendero hacia la ladera exterior de un rocoso precipicio, en el  otro lado de la cadena. Eran las únicas vías de salida durante la época húmeda, en la que el primitivo puente sobre el cual cruzamos nosotros no se podía transitar. (…)

Sin la más leve esperanza de encontrar algo más interesante que las ruinas de dos o tres casas tales como las que vimos en distintos sitios a lo largo del camino entre Ollantaytambo y Torontoy, abandoné finalmente la fresca sombra de la choza y trepé hacia la cresta en torno a un pequeño promontorio. Melchor Arteaga había estado allí una vez, así es que decidió quedarse para descansar y chismorrear con Richarte y Álvarez.  Conmigo fue un muchacho pequeño para que me sirviera de “guía”. El sargento estaba obligado a seguirme, pero creo que debe haber sentido muy poca curiosidad por lo que había que ver.

Apenas abandonamos la cabaña y dimos vuelta al promontorio, nos encontramos con un inesperado espectáculo: un gran trecho escalonado de terrazas hermosamente construidas con sostenes de piedra. Había quizás un ciento de ellas, cada una de unos cien de largo por diez de alto. Se veían recientemente rescatadas de la selva por los indios.  Un verdadero bosque de grandes árboles que crecieron en las terrazas durante siglos fueron derribados y en gran parte quemados para despejarlas con propósitos agrícolas. La tarea resultó demasiado grande para los dos indios, de modo que los árboles quedaron como habían caído y sólo se les pudo despojar de algunas ramas. Pero el antiguo suelo, cuidadosamente cultivado por los incas, era capaz todavía de producir ricas cosechas de maíz y de papas.
No existía, sin embargo, nada que pudiera entusiasmarnos. Conjunto similares de terrazas bien construidas se pueden ver en la parte superior del valle del Urubamba en Pisac y Ollantaytambo, como también en un sitio tan opuesto como Torontoy. Por eso seguimos pacientemente al menudo guía a lo largo  de una de las terrazas más anchas, en la cual una vez hubo un pequeño conducto para el agua, y nos abrimos camino al interior de una selva virgen que seguía inmediatamente. De pronto me encontré ante los muros de casas en ruinas construidas con el trabajo de piedra más fino que hicieran los incas. Era difícil verlas, porque estaban en parte cubiertas por árboles y musgo, crecimiento de siglos, pero en la densa sombra, escondidos entre espesuras de bambúes y lianas enredadas, aparecían aquí y allá muros de bloques de granito cuidadosamente cortados y exquisitamente encajados. Nos arrastramos a través de la espesura trepando las paredes de las terrazas y rompiendo los velos de los bambúes, en lo que nuestro guía se desempeñaba más fácilmente que yo. De repente, sin ninguna advertencia, bajo una enorme saliente colgante, el muchacho me mostró una cueva forrada con la más fina piedra, que, sin duda, habría sido un mausoleo real. En lo alto de esta saliente se encontraba un edificio semicircular, cuya pared externa, en suave pendiente y ligeramente curva, mostraba un parecido sorprendente con el Templo del Sol en el Cuzco. Este podía ser otro. Seguía la curvatura natural de la roca y estaba empotrado en ella por uno de los más finos ejemplos de albañilería que yo hubiese visto. Además, amarraba en otra hermosa muralla hecha de bloques de muy cuidadosamente aparejados de puro granito blanco que habían sido escogidos por su fina apariencia. (…) Por la belleza  del blanco granito esta estructura sobrepasaba en atractivo a los mejores muros del Cuzco que habían maravillado a los viajeros durante cuatros siglos. (…)

Realmente me quedé sin aliento. ¿Cuál podía ser este lugar? ¿Por qué nadie nos dio idea alguna de él? Hasta Melchor Arteaga se mostró sólo moderadamente interesado y no apreció la importancia de las ruinas que Richarte y Álvarez habían adoptado como terrenos para su hacienda. (…)

Esta podía ser la “ciudad principal” de Manco y sus hijos, esa Vilcapampa en que estaba la Universidad de la Idolatría, a la cual Fray Marcos y Fray Diego trataron de llegar.
Pero a esas ruinas se les llamó Machu Picchu, porque cuando las descubrimos nadie sabía en qué otra forma nombrarlas y ese nombre se aceptó y se continuará usando, aunque nadie discute que este era el nombre de la antigua Vilcapampa.

(Tomado de Hiram Bingham, La Ciudad Perdida de los Incas, Santiago de Chile, Editorial Zig Zag, 1949)



El Perú Visto Por Viajeros, Tomo II La Sierra  ― La Selva, prólogo, recopilación, y selección de Estuardo Núñez, Ediciones Peisa, Lima, págs. 100-108

*Camote: tubérculo también llamado apichu, batata, papa o patata dulce, boniato, chaco.

Nota.- El lugar que Bingham bautizó como Machu Picchu no era Vilcabamba la Vieja como se creyó durante un tiempo, sino que este último nombre corresponde a otro sitio dentro del mismo departamento del Cuzco.
He puesto sólo una parte del texto porque es más entendible cuando tantos detalles pueden hallarse dentro de  un libro y a su vez no es tan práctico cuando se colocan en Internet.




 

1969

16/24 julio, 1969. Apolo 11. Primera exploración humana de la Luna. Armstrong y Aldrin permanecieron 2 horas 30 minutos fuera del módulo lunar antes de reunirse con Collins, que permaneció en órbita en el módulo de mando, y regresar a la Tierra.

Almanaque Mundial 1980



 

1974

Julio
24. El Tribunal Supremo de Estados Unidos decide que el presidente Nixon no puede invocar los privilegios del poder ejecutivo y debe obedecer el mandato judicial que le conmina a entregar diversos documentos y grabaciones relacionados con el caso Watergate.

Almanaque Mundial 1976