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domingo, 1 de agosto de 2021

Sobreviviendo a la Adversidad

Guía Práctica para Superar los Inevitables Reveses de la Vida

 

Por Colin Perry

 

HACE UNOS AÑOS llevaba yo una vida envidiable: era dueño de una próspera compañía constructora, una casa cómoda, dos coches último modelo y un velero. Además estaba felizmente casado. Lo tenía todo.

Entonces la bolsa dio un bajón, y ya no hubo  compradores para las casas que yo había construido. Después de varios meses de pagar intereses criminales, me quedé sin ahorros. Agobiado por los apuros, pasaba las noches en vela, bañado en sudor frío. Cuando creí que ya no me podía ir peor, mi mujer me pidió el divorcio. 

Sin saber qué hacer, decidí literalmente “navegar hacia la puesta del sol” en mi velero. Primero puse rumbo a Florida siguiendo la costa de Connecticut, pero más adelante me desvié al este, derecho hacia alta mar. Después de varias horas de ir en esa dirección, subí a la borda de popa y me quedé mirando  la estela del barco en las oscuras aguas del Atlántico. ¡Qué fácil sería entregarme al mar para que me tragara!, pensé.

En eso el barco cabeceó bruscamente entre dos olas y me arrojó por la borda. Apenas tuve tiempo de agarrarme a la barandilla, y allí me quedé colgado, arrastrando los pies en el agua helada. Luego, con muchos trabajos, volví a subir a la cubierta. ¿Qué estoy haciendo?, me dije, conmocionado. Yo no quiero morir. En ese momento supe que debía enfocar las cosas desde otro punto de vista. Mi antigua vida se había esfumado, y tendría que forjarme otra como pudiera.

Tarde o temprano todos sufrimos alguna pérdida: un ser querido, la salud, el trabajo. “Es ‘la experiencia del desierto’; una época en que uno se siente privado de toda posiblidad de elección, de toda esperanza”, explica el psicólogo Patrick Del Zoppo. “ Lo importante es no quedarse estancado en el desierto”.

Entonces, ¿es posible sobreponerse a las desgracias? Yo aprendí que sí, que uno mismo puede encargarse de su curación. He aquí cómo: 

Permítase llorar

LOS CONSEJEROS coinciden en que un período de duelo después de la pérdida es esencial.  “No hay nada vergonzoso en llorar”, señala Del Zoppo. “Las lágrimas no indican únicamente que uno se tenga lástima; son expresiones de una profunda tristeza que debe desahogarse”.

No importa si la aflicción tarda un tiempo en manifestarse, siempre y cuando acabe por hacerlo. Tomemos el caso de Donna Kelb, de Nueva York.  Un día de primavera, sus hijos Cliff,  de 16 años, y Jimmy, de 15, se pusieron a lijar su lancha de preparación para la temporada de deportes acuáticos. De repente Donna oyó un grito. Salió corriendo de la casa y encontró a los dos muchachos tendidos en el suelo, junto a la lancha.

Jimmy había ido a nadar y había vuelto mojado. Cuando cogió la lijadora, murió electrocutado en el acto. Cliff también recibió una descarga, aunque no mortal, al tratar de quitarle la máquina a su hermano.

Donna quedó tan aturdida por la tragedia, que no pudo llorar ni en el entierro de su hijo ni durante varias semanas. Por fin un día, ya de vuelta en el trabajo se sintió mareada. “Después de un rato regresé a casa, me encerré en mi cuarto y lloré como una Magdalena”, cuenta. “Sentí que se me quitaba un gran peso de encima”.

Lo que Donna experimentó inmediatamente después de tan trágica pérdida fue lo que Del Zoppo llama “la primera línea de defensa, que protege la conciencia de una realidad sumamente dolorosa”. Donna no pudo iniciar su proceso de curación hasta que la naturaleza le dio suficiente tiempo para asimilar su tragedia.


Encauce su Enojo

CUANDO SE SUFRE una pérdida, “la cólera es un sentimiento natural”, dice el doctor Del Zoppo, “y es posible aprovecharla en beneficio propio”. Bien encauzada, puede contribuir a la recuperación.

El futuro de Candace Bracken era muy prometedor. A sus 25 años, esta coordinadora de servicios de aerolínea, radicada en Miami, tenía una hija recién nacida y acababa de cambiar de empleo. Sin embargo, un día empezó a sufrir hemorragias incontrolables. Le diagnosticaron leucemia aguda y le dijeron que sólo le quedaban dos semanas de vida. Pasada la conmoción inicial, se enfureció. “Siempre me había cuidado y había llevado una vida recta y sobria”, cuenta. “Era inconcebible que esto le pasara a alguien como yo”.

Intimidada por la idea de pronto iba a morir, abandonó toda resistencia. “Me di por vencida”, reconoce. Luego, un médico le aconsejó que hiciera arreglos para que alguien se quedara a cargo de la recién nacida. 

—¡Cómo se le ocurre pedirme que deje a mi hija en manos de otra persona! —replicó ella.

En ese momento comprendió que tenía poderosas razones para vivir. La ira, que hasta entonces la había paralizado, encendió su espíritu de lucha y le dio el coraje que necesitaba para someterse a un trasplante de médula ósea, operación horripilante que, sin embargo, le salvó la vida. 


Afronte la Realidad

LA NEGACIÓN es otro obstáculo en el camino de la salud cuando se ha sufrido una desgracia. En vez de encarar lo que les ha ocurrido, muchas personas “tratan de llenar con alguna forma de evasión el vacío que sienten”, dice el psiquiatra Michael Aronoff. El hombre que rara vez bebía un trago se vuelve esclavo de la botella. La mujer que guardaba la línea empieza a comer de más. Otros, como yo, intentan escapar en el sentido estricto de la palabra.

Así le ocurrió a John Jankowski, de Staten Island, Nueva York. Aunque toda su vida había trabajado a las órdenes de algún jefe, soñaba con abrir su propio negocio: una agencia de bolsa. Un día consiguió el dinero para echarla a andar, y al principio le fue bien. Más tarde, sin embargo, el negocio entró en recesión, y al poco tiempo Jankowski estaba en serios apuros de dinero.

“Fue como si me hubiera estrellado contra un muro  y toda mi vida se hubiera hecho pedazos”, cuenta. Ante la falta de dinero y la presión de una familia que mantener, sus pensamientos se centraron en huir.

Una mañana, mientras se ejercitaba corriendo, cedió al impulso de seguir corriendo sin parar, y así lo hizo por espacio de dos horas. Sin embargo, al cabo de este tiempo dio media vuelta y regresó tambaleante a su casa. “Entendí por fin que no podía escapar de mis problemas. Lo único sensato era coger el toro por los cuernos”, dice.  “Aceptar el fracaso fue lo más difícil, pero tuve que hacerlo para poder empezar de nuevo”.


 Manténgase Ocupado 

“A QUIENES están recuperándose de alguna pérdida yo les insisto en que, pasadas unas semanas reanuden sus actividades habituales o emprendan nuevas”, dice el psiquiatra Bessel van der Kolk. “Es importante que uno se obligue a concentrarse en algo que no sea su dolor”.  Tenga en cuenta las siguientes actividades:

Lea. Cuando pueda usted concentrarse, después del choque inicial, la lectura, sobre todo de libros de superación, puede resultarle inspiradora y relajante.

Lleve un Diario. Muchos encuentran el consuelo que necesitan poniendo por escrito sus experiencias con regularidad. Llevar un diario es, en algunos casos, una terapia eficaz.

Haga Planes. El hecho de tener cosas que hacer en el futuro próximo fortalece la sensación de que uno está comenzando de nuevo. Haga por fin ese viaje que ha venido posponiendo.

Aprenda Algo. Inscríbase en un curso o emprenda algún pasatiempo o deporte. Tiene usted una vida por delante,  y cualquier conocimiento o destreza adicional la enriquecerá. 

Gratifíquese. En épocas de mucha presión, hasta las tareas diarias más sencillas —levantarse de la cama, darse una ducha, preparar algo de comer— parecen imponentes. Considere cada logro, por pequeño que sea, una victoria que debe recompensarse.

Haga Ejercicio. Una actividad física puede resultar especialmente balsámica. Therese Gump, de Chicago, se sentía confundida y a la deriva después del suicidio de su hijo de 21 años. Una amiga la convenció de inscribirse en una clase de baile. “ Sólo se trataba de estirarse y brincar como una quisiera al ritmo de la música”, cuenta Therese,  “pero eso me hizo sentir mejor físicamente y repercutió en mi bienestar emocional”. 

“El ejercicio lo distrae a uno de sí mismo y de sus problemas”, explica Aronoff, “permitiéndole experimentar su cuerpo con los pies bien plantados en el suelo”.

“CON EL TIEMPO, muchas personas que sobreviven a situaciones traumáticas sienten la necesidad de hacer cosas que las trasciendan”, dice van der Kolk. “Pueden fundar agrupaciones, escribir libros o trabajar por el despertar de la conciencia, y al hacerlo descubren que ayudar a los demás es una poderosa manera de ayudarse a sí mismo”.   

No hace falta convertirse en organizador de la noche a la mañana. Irene Roberts, secretaria médica neoyorquina de 68 años, enfermó de cáncer de ovario y de mama,  y tuvo que someterse a una extenuante quimioterapia. En el curso del tratamiento pudo conservar su optimismo  y su buen humor gracias al cariño de su familia y sus amigos, y a la oración.

Su optimismo cautivó al personal hospitalario que terminó confiándole sus problemas. “Yo les escuchaba acostada en mi cama, sin decirles nunca que ellos estaban ayudándome más a mí que yo a ellos”, cuenta guiñando un ojo. “Lo cierto es que pensar en los demás, en vez de pasar  demasiado tiempo pensando en mí, fue lo que más influyó en mi total restablecimiento”.


  Téngase Paciencia 

Las víctimas de pérdidas graves a menudo preguntan: “¿Cuándo dejaré de sentir este horrible dolor” Los especialistas prefieren no señalar plazos rígidos, pero Aronoff dice:  “En término generales, deben transcurrir cuando menos seis meses para empezar a sentir mejoría. En ciertos casos hay que esperar un año y hasta dos. Mucho depende de la disposición de ánimo, la ayuda que se reciba y el esfuerzo que se ponga en ayudarse uno mismo”. 

Así pues, tómelo con calma. Acepte que necesitará tiempo, y que su ritmo de recuperación quizá sea distinto del de otras personas. Además, felicítese por cada paso que dé en el camino a la salud. Dígase: “¡Sigo vivo! ¡He llegado hasta aquí”

 

NAVEGAR es una tarea que lleva tiempo. Yo tardé cinco semanas en llegar a Florida. Lo que empezó como una escapada resultó ser una larga travesía que me dio estructura, la oportunidad de hacer ejercicio intenso al aire libre, y mucho tiempo. Cuando finalmente anclé en Miami seguía dolido, pero estaba listo para volver a probar suerte. En qué, aún no lo sabía.

—¿Por qué no vuelves a escribir, que es para lo que estudiaste? —me propuso mi padre por teléfono.

Tenía razón, y aquí estoy ahora, escribiéndoles a ustedes. ¡Qué gusto haber vuelto!

 

Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Abril de 1997, tomo CXIII, N° 677, págs. 81-85, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


jueves, 3 de noviembre de 2016

El Arte de Ser Prudente

Algunos consejos mejoran con el paso del tiempo

Condensado de Oráculo Manual  y Arte de Prudencia

Por Baltasar Gracián

“Pensar por anticipado”. ”No ser fácil en creer ni en querer”. ”No empeñarse con quien no tiene qué perder”. “No obrar apasionadamente”… Cualquiera juraría que estos consejos fueron tomados de un libro moderno de superación personal. Pero no, Son creación de un jesuita español del siglo XVII.
El ambiente cortesano en que le tocó vivir a Baltasar Gracián -capellán militar, predicador prestigiado y confesor de gente poderosa-, hacía falta mucho ingenio para triunfar. Observador agudísimo y realista implacable, se convenció de que no llega a la meta quien no ve bien dónde  pone cada pie. A esto llama “vivir a lo práctico”.

Con la intención de instruir a sus contemporáneos en ese arte, escribió Oráculo Manual y Arte de Prudencia, libro que resume una rica experiencia y un gran conocimiento de la vida y de los hombres.

De este libro hemos tomado algunas máximas, tan útiles hoy como hace tres siglos. Para facilitar su lectura, simplificamos y adaptamos al español actual algunas palabras o expresiones que, por haber sido escritas en un estilo tan complejo como era el conceptista, tal vez resulten oscuras para el lector de hoy.


No Descubrirse por Completo. El jugar a juego descubierto ni es de utilidad, ni de gusto. El no declararse al punto da lugar a la expectación. Es el recatado silencio refugio de la cordura. Las resoluciones, una vezmanifestadas, quedan expuestas a la crítica; y si no tuvieran éxito, usted será dos veces infeliz.

Conocer su mejor Cualidad. Cultive con especial esmero su principal talento y fomente los demás.
Cualquiera podría triunfar en algo si supiera en qué descuella.

Nunca Exagerar. Los superlativos ofenden la verdad y dan indicio de la cortedad del conocimiento. Anda el cuerdo con pies de plomo, y quiere más pecar de corto que de largo. La exageración es hermana de la mentira y menoscaba su reputación de buen gusto.

Actuar con Moderación. No se ha de emplear en las cosas más esfuerzo delo que es menester. No ande ostentando, que dejará de sorprender a los demás. Siempre ha de haber novedad con qué lucirse: que quien cada día revela más de sí mismo, mantiene siempre la expectación y nunca llegan a descubrirle los límites de su caudal.

Tratar con Gente de la que se pueda Aprender. Haga de los amigos maestros y combine la utilidad del aprendizaje con el gusto de conversar.  Disfrute de lo que usted diga, se le recompensará con aplausos; por lo que oiga con aprendizaje.

No Cansar. La brevedad es agradable y lisonjera. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo.

Prepararse para la Fortuna Adversa en la Próspera. Es de sabios hacer en el estío* provisión para el invierno, y resulta más fácil; son baratos entonces los favores y hay abundancia de amistades. Rodéese de amigos y de agradecidos, que algún día apreciará lo que ahora no parece importante.

*Estío:  Verano

Nunca Hablar de Sí, porque o se ha de alabar, que es vanidad, o se ha de criticar, que es poquedad* de espíritu. Quien habla de sí revela falta de cordura e incomoda a los que oyen.

*Poquedad: Timidez, pusilanimidad. Cortedad, escasez, miseria. Cosa de poco valor.

Haga al Principio el Cuerdo  lo que el necio hace al fin. Sólo hay un método de caer en la cuenta: a tiempo. El necio hace por fuerza lo que pudiera haber hecho de buen grado; en cambio, el discreto pronto ve lo que ha de hacer tarde o temprano, y ejecútalo con gusto, y con ello mejora su reputación.

Nunca Quejarse.  La queja siempre trae descrédito. En vez de compasión, suscita insolencia e induce a los otros a imitar la conducta de aquellos de quienes hay querella. Mejor política es celebrar los favores de unos para ganarse los de otros.

Hacer, y Hacer Parecer. Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo  mostrar es saber dos veces. Un buen exterior es el mejor medio para mostrar la perfección interior.

No Ser de Vidrio. Algunos se quiebran con gran facilidad, descubriendo con ello su poca consistencia.
Llénanse a sí mismos de resentimiento, y a los demás de enfado. Muestran tener la condición más niña que la de los ojos. Están llenos de sí y son esclavos de su gusto.

No Vivir Aprisa. Conocer el momento adecuado de las cosas es saberlas gozar. Muchos querrían devorar en un día lo que apenas podrán digerir en toda la vida. Aun en el querer saber ha de haber cuidado para no saber las cosas mal sabidas. En el gozar, despacio; en el obrar, aprisa.

Retirarse cuando se lleva Ventaja,  es de tahúres de reputación. Tanto importa una bella retirada como una bizarra acometida. Cánsase la fortuna de llevar a uno a cuestas durante largo tiempo.

Al acabar las cosas, es preciso poner cuidado en la felicidad de la salida que en el aplauso de la entrada. Lo primordial no es que le aplaudan cuando llegue, sino que se entristezcan cuando salga.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CV, N° 628, Año 53, Marzo de 1993, págs.  101-102, Selecciones del Reader’s Digest  Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


Las notas en asterisco y algunas negritas son mías (B.A.)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Déles a sus Hijos la Educación que Necesitan


Estas pautas generales no han cambiado con el tiempo

Por Tamara Eberlein

Son tantos los “expertos” que en libros o programas de televisión pregonan consejos novedosos y soluciones mágicas para la crianza de los hijos, que usted, como padre, probablemente ya no quiera oír una palabra al respecto. Entre el cúmulo de recomendaciones hay, sin embargo, algunas que encierran una profunda verdad; son los principios básicos de la educación de los hijos. Aquí les presentamos siete:

1. Que sus Hijos Afronten las Consecuencias de sus Actos

Si su hijo no pasa un examen para el que no estudió; si pierde su suéter favorito porque lo olvidó en la escuela; si se queda sin dinero porque tuvo que pagar una multa de la biblioteca, despreocúpese: éstas son algunas maneras de adquirir sentido de responsabilidad, dice Charles Schaefer, profesor de psicología y coautor de Teach Your Child to Behave (“Enseñe a su hijo a comportarse”).

Desde la edad de tres años su niño es capaz de comprender una relación de causa y efecto. Exprésele en tono desapasionado cuál es la consecuencia probable de determinada conducta suya; por ejemplo: “Si dejas juguetes a la entrada de la cochera, el coche los puede aplastar”. Luego deje que los acontecimientos sigan su marcha normal, pero no eche a perder la lección reponiendo los juguetes que se hayan estropeado. Si se pasa usted la vida evitando que su hijo se caiga, él nunca aprenderá a levantarse.

Si la conducta fuera demasiado peligrosa (por ejemplo, golpear una mesa de cristal con un juguete) o pudiera tener efectos muy costosos (dejar la bicicleta en la calle), entonces establezca usted otras consecuencias que sean razonables, como quitar el juguete al niño o prohibirle usar la bicicleta una semana.

Es un error común establecer consecuencias que nada tienen que ver con la infracción. “Si su hijo se pone a brincar en el sofá mientras ve la televisión, no es lógico prohibirle salir a jugar con sus amigos”, explica Schaefer. “Se trata de hacerle ver la relación entre sus actos y las consecuencias que acarrean; en este caso, lo lógico es apagar la televisión”.

2. Premie las Buenas Conductas
“Sorprenda a su hijo cuando se porta bien (cuando comparte sus juguetes, tiene un gesto de amabilidad o ayuda en los quehaceres de la casa, por ejemplo) y recompénselo con un elogio, una sonrisa o un abrazo”, aconseja el pediatra Barton Schmitt, autor de Your  Child’s Health (“La Salud de su Hijo”). “Para que haya un equilibrio saludable, las muestras de aprobación, sobre todo las que entrañan contacto físico, deben superar en una proporción de tres a uno, por lo menos, a las críticas que se le dirijan al niño en un día dado”.

Sea específico y limite sus elogios a la conducta digna de aprobación; por ejemplo: “Gracias por guardar silencio mientras hablaba por teléfono” o “Estoy orgulloso de ti por como has solucionado el pleito que tenías con tu hermano”.

3. Tenga en cuenta el Temperamento del Niño
Supongamos que su primogénito es muy adaptable y que el menor de sus hijos es muy apegado a usted. Estas diferencias de temperamento son la principal razón por la que no se puede tratar de igual manera a todos los hijos, afirma la psiquiatra infantil Stella Chess, autora del revolucionario libro Know Your Child (“Conozca a su Hijo”), publicado en 1987. Sus hallazgos, basados en la observación de 131 individuos  desde que eran niños, han sido respaldados por recientes descubrimientos que atribuyen causas hereditarias a ciertos rasgos de la personalidad, como la timidez.

“Desde las pocas semanas de nacimiento los niños ya muestran marcadas diferencias de carácter”, señala Chess. El temperamento de un niño determina su grado de actividad, la facilidad con que se distrae, su manera de reaccionar ante las situaciones nuevas y la intensidad con que expresa sus sentimientos.

Actualmente los investigadores saben que tratar de cambiar estas características es tiempo perdido, porque el modo de ser es, en su mayor parte, innato.

Es un error común tratar de cambiar el mundo para que se adapte a su hijo. Si usted tiene un diablillo y lo leva de visita a casa de sus parientes, no pida a éstos que escondan todos los adornos frágiles de la casa. Mejor enseñe primero al niño a comportarse y, si a la hora de la visita necesita desfogar sus energías, llévelo al aire libre.

4. Fije Límites
Como todos los padres, usted quiere que su hijo sea feliz y no le gusta frustrarle sus planes (diciéndole, por ejemplo: “Lo siento, pero no puedes echar agua en el suelo”). Por desgracia, si es usted demasiado condescendiente con él ahora (“Está bien; pero sólo un vaso”), tendrá dificultades más adelante.

De acuerdo con estudios realizados por el Centro para la Educación de los Padres, de Newton, Massachusetts, es posible empezar a malcriar a un niño desde que tiene seis meses. Así pues, cuanto más pronto empiece usted a definir límites, tanto mejor. “Nada impide apartar a un recién nacido del pecho de su madre si al mamar le da por morder”, dice el psicólogo Burton White, director del Centro y autor de Raising Happy, Unspoiled Child (“Cómo criar hijos felices sin mimarlos”). “Aun los niños de edad preescolar son capaces de respetar reglas si éstas se les explican de una manera sencilla y acorde con su edad. La clave está en dejar bien claro que los padres son quienes mandan en la casa”.

Para desenvolverse bien en la vida, un niño debe saber dónde terminan sus derechos y dónde comienzan los de los demás. “Si quiere usted definir esos límites eficazmente, tendrá que aprender a soportar que su hijo sufra y llore de vez en cuando”, dice White.

Una vez que haya decidido dónde está el límite entre una conducta aceptable y una inaceptable, hágaselo saber a su hijo y adviértale lo que le ocurrirá si se pasa de la raya. Sea siempre consecuente con esta manera de obrar.

Tenga cuidado de no exagerar en este punto. Los niños necesitan explorar el mundo y aprender de la propia experiencia, así que no conviene imponer restricciones innecesarias. En vez de reprimir constantemente a un niño que empieza a caminar, por ejemplo, acondicione un espacio para que juegue.

5. No Humille a sus Hijos
Cuando un chico se porta mal es muy fácil reaccionar con una orden (“Recoge este desbarajuste ahora mismo”), una amenaza (“Olvídate de salir si vuelves a llegar tarde”) o, en los momentos más acalorados de una discusión, un insulto (“No has perdido la cabeza sólo porque la tienes pegada al cuello”). “Los mensajes como éstos, formulados en segunda persona, equivalen a señalar al niño con el dedo y lo hacen sentirse no querido o blanco de acusaciones injustas”, explica el psicólogo Thomas Gordon, creador del acreditado Programa de Capacitación para la Eficacia Paterna.

Uno de los principios medulares de este programa consiste en formular los mensajes en primera persona; por ejemplo: “Me molesta ver sucia la cocina cuando acabo de limpiarla”, o “Me preocupo cuando llegas tarde a casa”. Con este método, explica Gordon, ”es menos probable herir los sentimientos de los niños o instigarlos a que se rebelen, porque les hace ver las consecuencias que su conducta acarrea a los demás y se les invita a ser más considerados”.

“Hijo, me molesta oír la televisión tan alto; no puedo hablar con tu papá” es un mensaje mucho más eficaz y productivo que “Baja el volumen de la televisión”.

A menudo se comete el error de enviar a los niños mensajes en segunda persona disfrazados de mensajes en primera persona. Es muy fácil anteponer las palabras “siento que” a un insulto y engañarnos diciéndonos que nos estamos comunicando eficazmente. Sin embargo, decir “Siento que eres un egoísta” tiene el mismo efecto que decir “Eres un egoísta”. En vez de hacer generalizaciones de este tipo, mencione el sentimiento determinado que le inspira una conducta específica del niño; por ejemplo: ”Me siento abrumada de trabajo cuando tengo que hacer los quehaceres que te habías ofrecido a hacer”.

6. Permítales Crecer a su Ritmo
“Algunos padres apresuran a sus hijos para que dejen los pañales, acaben la escuela y se vuelvan independientes”, dice la reconocida psicóloga británica Penelope Leach, autorade Children First (“Los Niños Primero”). “Es un error  muy arraigado suponer que cuanto más deprisa vaya un niño, más lejos llegará”.

Leach advierte que la presión constante de los padres predispone a los hijos al fracaso. “¿Cómo se sentirá un niño al resultar el peor jugador de beisbol de la escuela porque lo inscribieron en el equipo un año antes de lo aconsejable?”, pregunta la experta.

Los chicos sometidos a esta clase de exigencias acaban por darse cuenta de que es imposible complacer a sus mayores. “La muchacha que cree haber decepcionado a sus padres tiene menos incentivos para mantenerse apartada de las drogas, la violencia y la promiscuidad sexual”, añade Leach.

Tenga presente que tampoco hay que llegar al extremo de negar al niño oportunidades de desarrollo por miedo a presionarlo demasiado.

7. Respete los Sentimientos de su Hijo
“¿Cómo puedes decir que tu dibujo es feo? ¡Si es precioso!” “¡No digas que odias a tu papá! No ha sido su intención faltar a tu partido de fútbol”. Aunque la intención de estos comentarios es servir de consuelo, su verdadero efecto es “minimizar el dolor del niño y enseñarle a negar sus sentimientos o a sentirse avergonzado de ellos”, dice la educadora de padres Adele Faber, coautora de How to Talk So Kids Will Listen and Listen So Kids Will Talk (“Cómo hablar para que los chicos escuchen y cómo escuchar para que hablen”). “Además, cortan la comunicación que es esencial para la relación entre padres e hijos”.

Más constructivo resulta comentar sobre los sentimientos que se esconden detrás de las palabras. Un comentario como “¡Caramba! ¡De veras estás enojado con tu papá porque faltó a tu partido!” expresa su comprensión y, al mismo tiempo, enseña a su hijo que es posible estar disgustado con alguien sin dejar de quererlo.

Tampoco es conveniente analizar fríamente la situación. ¿Está su hijo disgustado porque su mejor amigo reveló a otros un secreto que él le había confiado?  “Un comentario frío, como ‘Pareces molesto’ lo hará sentirse como un bicho bajo el microscopio”, advierte Faber. “El comentario de los padres debe estar a tono con los sentimientos del chico: ‘Lo que le dijiste a Luis era estrictamente personal. ¡Con razón estás furioso!’. Esto indica al muchacho que usted realmente lo entiende”.



© Por Tamara Eberlein. Condensado de Child (Octubre de 1995) de Nueva York.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CXIV, Número 685, Año 58, Diciembre de 1997, págs. 62-67, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos