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lunes, 20 de julio de 2026

Cuán posible es que algo ocurra cuando te dicen que es probable que suceda

 
¿Qué significan realmente?
 
 
Por Dalia Ventura
BBC News Mundo
 
 
Si te dijera que el triunfo de tu equipo preferido en la final de un campeonato es posible, ¿te alegrarías? ¿O preferirías que te dijera que es probable? Qué tal si te digo que muy posible... ¿es mejor que 'probable'?

Cuando escuchas o lees las noticias, a menudo te encuentras con palabras que tienen como objetivo comunicar la probabilidad de que algo suceda.

Un ataque terrorista que es "plausible", la propagación de una determinada cepa de virus que es "altamente probable", o si es "casi seguro" que suban los tipos de interés...

Pero, ¿sabes realmente qué tan probable es "probable"?

En algunos casos, es posible que no lo sepas. 
 
Y eso es algo que le llamó la atención al epidemiólogo matemático Adam Kucharski, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, quien es especialista en modelar cómo se propagan las enfermedades infecciosas, y asesora a gobiernos sobre cómo anticipar y controlar epidemias.

Cuando trabajó en la respuesta a la pandemia de Covid notó que, aunque se publicaban datos científicos que él suponía suficientes para que la gente entendiera lo que ocurría, las pruebas no siempre bastan para persuadir a los demás.

La duda puede volverse especialmente tóxica, "sustituyendo una realidad consensuada por una que se disputa eternamente", escribió en su libro "Proof, the Uncertain Science of Certainty" (Prueba: la ciencia incierta de la certeza). 
 
La experiencia lo dejó obsesionado con el problema de comunicar probabilidades.

Se pueden expresar con porcentajes o con palabras que, idealmente, coinciden de alguna manera. Pero no siempre es así.

"Un ejemplo muy destacado de este tipo de problema ocurrió en 1951, cuando el equipo de un analista de la CIA llamado Sherman Kent escribió un informe que decía que una agresión armada de la Unión Soviética contra Yugoslavia era seriamente posible ese mismo año", le contó Kucharski al programa More or Less de la BBC*.
 
Días después, se topó con un alto mando del Departamento de Estado quien le preguntó qué significaba exactamente "seriamente posible". Kent le respondió que estimaba las probabilidades en un 65%. El funcionario se escandalizó y le confesó que en los comités de la Casa Blanca pensaron que era mucho menor. 
 
"Kent entró en pánico y le preguntó a miembros de su equipo -que habían estado escribiendo decenas de informes- cuál era su interpretación. Se dio cuenta de que incluso ellos tenían números muy diferentes en mente para el lenguaje que usaban".

 
De Yugoslavia a Cuba
 
Sherman Kent trabajó durante 17 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante la Guerra Fría, y fue pionero en muchos de los métodos de análisis de inteligencia.
 

Una década después, el presidente de EE.UU. John F. Kennedy recibió una evaluación de una invasión planeada de Cuba. El Estado Mayor Conjunto le dijo que tenía una "probabilidad razonable" de éxito.

A Kennedy eso le sonó como una buena señal, como explicaría después, así que le dio el visto bueno a la operación, que resultó un fiasco: la invasión de Bahía de Cochinos.

Más tarde, quien escribió sobre esa "probabilidad razonable" reveló que tenía en mente probabilidades de 3 a 1 en contra del éxito.

Para intentar solucionar ese tipo de problemas, Kent publicó en 1964 su ensayo histórico Words of Estimative Probability ("Términos de probabilidad estimativa", publicado por el Center for the Study of Intelligence de la CIA).

Incluyó la primera tabla de la historia moderna para que los redactores vincularan las palabras con un porcentaje.  

A Kennedy eso le sonó como una buena señal, como explicaría después, así que le dio el visto bueno a la operación, que resultó un fiasco: la invasión de Bahía de Cochinos.

Más tarde, quien escribió sobre esa "probabilidad razonable" reveló que tenía en mente probabilidades de 3 a 1 en contra del éxito.

Para intentar solucionar ese tipo de problemas, Kent publicó en 1964 su ensayo histórico Words of Estimative Probability ("Términos de probabilidad estimativa", publicado por el Center for the Study of Intelligence de la CIA).

Incluyó la primera tabla de la historia moderna para que los redactores vincularan las palabras con un porcentaje.  
 

Su propuesta original tenía estas categorías fijas:


• Casi seguro: 93% (con un margen de ±6%)

• Probable: 75% (con un margen de ±12%)

• Posibilidades parejas: 50% (con un margen de ±5%)

• Improbable: 30% (con un margen de ±10%)

• Casi imposible: 7% (con un margen de ±5%)

Argumentó además que las "palabras ambiguas" como "podría" y "sugerir" eran "expresiones que suenan bien, pero que, al reflexionar sobre ellas, casi carecen de significado".

Desde entonces se ha seguido intentando depurar el lenguaje de grados de duda, para poder comunicar riesgos serios y evitar catástrofes por malinterpretaciones.

En Reino Unido, por ejemplo, tras la guerra de Irak, influenciada por información de inteligencia dudosa, se introdujo un "criterio de probabilidad" para las evaluaciones de inteligencia.
 
De casi imposible a casi seguro hay muchas posibilidades.


El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, por su parte, empezó a notar en los años 90 que si decían que el aumento del nivel del mar era "probable", los políticos de algunos países lo entendían como "un riesgo menor" y otros como "inminente".

Crearon entonces una guía de lenguaje estandarizado que se fue afinando hasta que quedó blindada en 2010 con la Nota de Orientación sobre Incertidumbres.

La escala obliga a sus científicos a que si usan, por ejemplo, la palabra "probable" en un informe, el fenómeno debe tener matemáticamente más de dos tercios de posibilidades de ocurrir, y va de "prácticamente seguro" con más de 99% de probabilidad, a "excepcionalmente improbable", con menos del 1% de probabilidad.

Pero resulta que la gente no anda por ahí con un manual de interpretación, entonces ¿qué entendemos cuando oímos esas palabras?
 

La posibilidad de que algo sea posible


Aunque manuales de enseñanza del español ordenan estas palabras en escalas lógicas del discurso (Seguramente —> Probablemente —> Posiblemente —> Difícilmente), el cerebro humano no es un algoritmo.

Mezclamos la probabilidad lingüística con nuestras emociones.

En la era digital, experimentos basados en las ideas del analista de la CIA Sherman Kent, empezaron a ser replicados masivamente en varios estudios.

Al solicitarle a miles de personas que le asignaran un porcentaje a distintas palabras, se descubrieron fenómenos interesantes, como lo que ocurre con la palabra "posible".
 
Mientras que "Probable" suele concentrarse en la mente del público de manera estable entre el 60% y el 80%, la palabra "Posible" desata el caos total.

El porqué de esta variabilidad es puramente matemático: cualquier evento cuya probabilidad sea estrictamente mayor que el 0% y menor que el 100% califica técnicamente como "posible".

Al no tener un anclaje natural, su significado queda a merced de lo que cada individuo decida imaginar.

Por eso, para algunas personas decir "es posible que gane la lotería", aunque signifique una probabilidad infinitesimal, cercana al 0%, es algo viable, mientras que ante un "es posible que vaya a cenar", nuestro cerebro lo ancla intuitivamente cerca de un 50%.

Estadísticamente, "Posible" es la palabra con mayor desviación estándar; es decir, es la que peor comunica un número real.

No sólo eso: el contexto también entra en juego.
 
Si te dijera que es probable que tu equipo gane, ajustándome al criterio de probabilidad para las evaluaciones de inteligencia de las agencias británicas, el rango de posibilidad de que ocurriera sería entre 55% y 75%.
 

Si un médico te dice "Es posible que esta operación tenga efectos secundarios", tu cerebro lo interpreta como una probabilidad alta, de un 40% o 50%, encendiendo las alarmas. Si un meteorólogo dice "Es posible que caiga un meteorito", sueles quedarte tranquilo.

La palabra es la misma, el nivel de catástrofe altera la matemática mental.

Eso sin contar lo que sucede con la expresión "posibilidad realista", que a menudo se usa en titulares para reportar riesgos de eventos.

Kucharski, quien hizo su propia investigación con un quiz en línea con miles de respuestas, encontró que fue la que dio lugar a las interpretaciones más dispares.

Las interpretaciones de probabilidad oscilaban entre el 10 y el 100%: algunos participantes la entendían como un desenlace bastante probable; otros, simplemente como un escenario plausible.

Muchas directrices oficiales sobre el significado de frases valoran una "posibilidad realista" como equivalente a entre el 40% y el 50%.

Y ahí no termina la confusión. 

 
 
Grados de Probabilidad
 
 
En su quiz, Kucharski, además de pedirle al público que le asignara un porcentaje a diferentes frases o términos, también pidió que se comparara palabras de probabilidad una al lado de la otra para ver si se usaba la probabilidad de forma consistente.

Si te pregunto: ¿Cuál es más probable que ocurra: algo muy improbable o muy probable?, la respuesta es fácil.

Pero qué responderías a: ¿Cuál es más probable: algo que podría pasar o algo que tal vez pase?

Resulta que los juicios sobre estas comparaciones son poco consistentes.

Y con frases como:

• Es poco probable que ocurra.

• Es improbable que ocurra.

Muchos creen que son equivalentes; otros perciben "improbable" como más tajante.

Pero no es solo cuestión de grados.

Investigaciones recientes sugieren que estas expresiones hacen algo más que transmitir una probabilidad: también orientan nuestra forma de pensar.

Imagina dos médicas.

Una dice: "Es posible que el paciente sobreviva".

La otra: "Es poco probable que el paciente muera".

Aunque ambas describen la misma probabilidad, no producen el mismo efecto psicológico. La primera dirige nuestra atención hacia la supervivencia; la segunda, hacia la muerte.

Los estudios indican que ese encuadre influye en la forma en que las personas interpretan la información, la recuerdan y toman decisiones.

¿Cuál porcentaje le asignarías tú a términos como "quizás, podría ser, incluso o acaso"?


El lenguaje que usamos para expresar probabilidades es, sencillamente, muy ambiguo, así que es importante tener en cuenta lo que se transmite al usarlo.

Expresiones o palabras como: cabe la posibilidad, tal vez, quizás, seguro, probable, podría ser, acaso, hay indicios, parece, sin duda, con certeza, y tantas otras, en la vida cotidiana pueden provocar desde situaciones casi cómicas hasta consecuencias indeseables.

Pero cuando se trata de advertir a la población sobre riesgos importantes, requieren atención especial.

Para Kucharski, una de las claves es asegurarse de que quienes comunican esos riesgos -ya sean científicos, políticos o periodistas- sean conscientes de ese problema.

"Lo fundamental es garantizar que lo que la persona que emite una estimación cree estar comunicando sea realmente lo que entiende quien la recibe".

La segunda clave es más incómoda: animar a quienes calculan los riesgos para que no se escuden en palabras ambiguas que les permitan justificarse después si el pronóstico falla.

"Creo que todos nos beneficiaríamos si nos obligáramos a formular estimaciones que después puedan contrastarse y preguntarnos honestamente si acertamos o no".

Es algo que ya inquietaba a Kent en la CIA, quien describió el impulso de buscar "una expresión que transmita un significado preciso, pero que al mismo tiempo nos exima por completo de la responsabilidad".

Usar frases engañosas puede hacer que el lenguaje suene autoritario pero también dificultar la toma de decisiones.

A Kucharski, la pandemia le confirmó el valor de la claridad. Hay momentos en que la realidad no es cuestión de opinión, y dudarlo puede poner en peligro a los demás.

¿Y la final de un Mundial? Si alguien te dice que tu equipo "puede" ganar, tal vez sea momento de preguntar: ¿puede como en un 5%, o puede como en un 50%?

Fuente:  Posible y Probable


Nota: Hay un problema con el editor y cambia el tipo de letra. 

lunes, 13 de julio de 2026

La erupción volcánica que produjo el sonido más fuerte que se haya registrado en la historia

 
La erupción del volcán Krakatoa causó la muerte de más de 36.000 personas.


Por Daisy Stephens
Servicio Mundial de la BBC



Según medios locales, una isla volcánica en Indonesia entró en erupción esta semana, lanzando columnas de ceniza de hasta 250 metros de altura.

Según los informes, que citan a la agencia geológica del país, el Anak Krakatau entró en erupción una vez el martes y dos veces el miércoles, aunque un grupo de monitoreo de la actividad volcánica en la zona afirmó que no existía una amenaza inmediata para las comunidades cercanas.

El Krakatau se formó en 1927 a partir de un gran cráter submarino, conocido como caldera, que quedó tras la erupción del volcán Krakatoa, la segunda erupción más mortífera de la historia.

De hecho, Anak Krakatau se traduce como "Hijo del Krakatoa".

La erupción de 1883 causó la muerte de más de 36.000 personas y arrasó 165 aldeas, todo ello en menos de 48 horas. 
 
También produjo el que se considera el sonido más fuerte jamás registrado, que pudo oírse a miles de kilómetros de distancia, y generó tanta ceniza que provocó un descenso de las temperaturas en todo el mundo durante años.

La BBC repasa uno de los peores desastres naturales de la historia. 


"No podías ver ni una mano delante de tu cara"

Según los Centros Nacionales de Información Ambiental de Estados Unidos (NCEI, por sus siglas en inglés), fue en mayo de 1883 cuando se observaron los primeros indicios del desastre que se venía.

El capitán de un buque de guerra alemán pasaba por la zona cuando vio nubes de ceniza y polvo que salían del Krakatoa.

Hasta entonces, la isla volcánica había permanecido inactiva durante unos 200 años.

Durante los meses siguientes, buques mercantes y otras embarcaciones realizaron avistamientos similares.

El 26 de agosto comenzaron las erupciones catastróficas.

La primera erupción colosal del Krakatoa produjo una serie de flujos de lava, piedra pómez y ceniza que se precipitaron al mar y provocaron un maremoto que se dirigió hacia el norte y mató a miles de personas.

En el plazo de una hora, la columna de ceniza alcanzó los 48 kilómetros de altura y se extendía en todas direcciones.

En su punto álgido, la columna se extendería 80 kilómetros hacia el cielo, cubriendo 778.000 kilómetros cuadrados y sumiendo la zona en la oscuridad durante más de dos días, según los NCEI.

En su punto álgido, la nube de ceniza alcanzó los 80 kilómetros de altura y bloqueó el sol en la zona durante dos días.


Sidney Baker presenció la erupción siendo niño, desde el barco de su padre y recordó ese momento hacia el final de su vida.

"El aire parecía estar lleno de polvo, tanto que temíamos asfixiarnos", le dijo a la BBC en 1946.

"Se puso tan negro que no se veía ni una mano delante de la cara. Empezó a caer ceniza alrededor del barco, sobre él y en el agua, y había quizás seis o siete pulgadas de ceniza por toda la embarcación".

Describió el ruido de las explosiones como "increíble".

"Los adjetivos no alcanzan para describir el alboroto y la confusión", dijo.

Simon Winchester, autor del libro Krakatoa: The Day the World Exploded (Krakatoa: El día en que el mundo explotó), aseguró que el 27 de agosto se escucharon varios ruidos explosivos antes de una "explosión titánica" a las 10:02 de la mañana. Según los NCEI, el ruido se oyó incluso en Australia y la isla Mauricio, a más de 4.600 kilómetros de distancia.

"Toda la isla, seis millas cúbicas de roca, se vaporizó esencialmente en una explosión que lanzó piedra pómez y ceniza a 17 o 18 millas de altura, y la isla desapareció", declaró en el podcast Witness History de la BBC en 2010.

"Durante unos segundos, dejó un enorme agujero en el mar, que luego se volvió a llenar con miles de millones de toneladas de agua que, debido al intenso calor que hacía allí abajo, se evaporó instantáneamente y se convirtió en vapor, lo que provocó una serie de enormes tsunamis".


Desastre mortal

Anak Krakatau también entró en erupción en 2018.

Esos tsunamis fueron la parte más mortífera del desastre, causando 34.000 de las 36.000 muertes que se le adjudican. Baker recordó cómo él y su padre se dirigieron a Anjer, en la costa oeste de Banten, una provincia de Indonesia.

"Esta ciudad quedó completamente sumergida", dijo.

"He oído decir a mi padre que el hotel en el que se había alojado estaba tan inundado que podía navegar con el barco por encima y echar el ancla por la chimenea".

Algunas personas lograron sobrevivir a los tsunamis y huir a las montañas.

Pero si bien allí estaban a salvo del agua, no estaban completamente protegidos de los flujos piroclásticos —avalanchas rápidas y a ras de suelo de gases volcánicos calientes, ceniza y fragmentos de roca— que llegaron después.

No hubo respiro de los efectos del Krakatoa durante esas 48 horas. La ceniza se dispersó por todo el mundo, creando un halo alrededor de la Luna y el Sol, y actuando como filtro de radiación. Disminuyó las temperaturas globales hasta en 0,5 °C, un cambio que tardó cinco años en normalizarse, según los NCEI.

Las partículas en la atmósfera también provocaron amaneceres y atardeceres rojos en todo el mundo, ya que dispersaban la luz de forma diferente a la que estamos acostumbrados; un fenómeno que se puede apreciar en pinturas de la época.

Algunos incluso creen que el cielo rojo de "El Grito" de Edvard Munch se inspiró en este evento.


Lecciones

Algunos creen que los atardeceres rojos del Krakatoa inspiraron el cielo en "El Grito" de Edvard Munch.


A pesar de toda la destrucción que causó, la erupción nos enseñó algo fundamental sobre nuestro planeta.

Antes de la erupción, nadie conocía las corrientes en chorro: corrientes de aire invisibles en las capas superiores de la atmósfera que desempeñan un papel fundamental en nuestro clima. Ver la magnitud de los efectos atmosféricos del Krakatoa cambió eso.

"Fue el primer acontecimiento del que la humanidad, con conciencia científica, se dio cuenta de que afectaba al mundo entero", dijo Winchester.

"Y así comenzó la comprensión de que el mundo entero era una entidad interconectada, y cosas que ahora damos por sentadas, como la percepción del calentamiento global y el aumento del nivel del mar... todas ellas tuvieron su origen en la comprensión de que el mundo es un lugar interconectado. Eso nació con la erupción del Krakatoa".




jueves, 9 de julio de 2026

Cómo 5 minutos de ejercicio al día pueden mejorar y alargar nuestras vidas


Por Melissa Hogenboom*
Corresponsal senior de Salud de la BBC

 

Unos pequeños aumentos en la actividad física como parte de nuestra vida cotidiana pueden aportar beneficios a largo plazo para nuestra salud.

Algunas mañanas me cuesta mucho salir a correr, pero me obligo a hacerlo porque sé que me sentará bien.

El efecto protector que el ejercicio puede tener no solo en el cuerpo, sino también en nuestro cerebro, la memoria y el bienestar general es algo de lo que he hablado mucho con los investigadores últimamente.

Pero lo que también ha quedado claro es que no necesitamos hacer entrenamientos intensos para ver los beneficios.

Una nueva investigación muestra que incluso pequeños aumentos en la actividad pueden tener un impacto poderoso en la salud y la longevidad.

Sólo cinco minutos de actividad moderada al día —como caminar a paso ligero, montar en bicicleta o subir escaleras— podrían prevenir alrededor de una de cada diez muertes prematuras, lo que podría ayudar a millones de personas a vivir más tiempo.

Aunque esto no significa que con solo cinco minutos de ejercicio sea suficiente para garantizar que te mantengas sano, sí es un indicio de que, en comparación con no hacer nada, este pequeño aumento de la actividad física puede aportar mejoras a la salud general.

Para quienes ya son bastante activos o están relativamente en forma, hacer cinco minutos más de ejercicio tendrá un efecto menor.

Pero demuestra el poder que tiene realizar incluso sólo algunas formas muy básicas de ejercicio.

"La actividad física es algo realmente beneficioso para prevenir altos índices de estrés y de agotamiento", dice Nicole Logan, profesora adjunta de kinesiología de la Universidad de Rhode Island en Estados Unidos.

"Sabemos que la función física, la fuerza muscular, la calidad muscular y la fortaleza ósea son predictores realmente fiables de la mortalidad en etapas avanzadas de la vida", afirma.

"Por lo tanto, se trata de vivir más tiempo y de vivir de forma más sana durante más tiempo".

Las actividades de fortalecimiento muscular son beneficiosas para nuestra salud y longevidad.

 

Aumentar la esperanza de vida

La nueva investigación consistió en un análisis a gran escala de datos de 150.000 adultos de Reino Unido, Estados Unidos y Escandinavia.

"Fue sorprendente ver que cambios tan pequeños en la actividad física, de tan solo cinco minutos al día, pudieran tener un impacto tan grande en la reducción del riesgo de mortalidad prematura", dice Ulf Ekelund, autor principal de la investigación y profesor de actividad física y salud en la Escuela Noruega de Deporte.

Ekelund señala que los resultados revelan los beneficios para la salud de hacer cinco minutos de ejercicio en el conjunto de la población, más que a nivel individual.

Los adultos deben seguir esforzándose por cumplir la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana, indica Ekelund.

Pero el estudio muestra que quienes tengan dificultades para ir al gimnasio o apuntarse a un club deportivo pueden beneficiarse igualmente de incorporar más movimiento a sus vidas.

También se descubrió que reducir la inactividad es beneficioso.

Reducir el tiempo diario que se pasa sentado en 30 minutos se asoció a una reducción del 7% de la mortalidad prematura en toda la población.

Esto es especialmente importante porque la inactividad física es una de las principales causas de enfermedades crónicas y muerte prematura.

Ekelund afirma que la constancia es clave. "Empieza poco a poco y aumenta gradualmente la cantidad", aconseja.

"La actividad debe adaptarse a las preferencias y capacidades de cada persona".

Las sesiones breves de ejercicio pueden repartirse a lo largo del día como parte de tu rutina habitual.

 

Pequeñas dosis de ejercicio 

El estudio se suma a muchos otros que demuestran que los beneficios a largo plazo del ejercicio para la salud no requieren que cambiemos radicalmente nuestro estilo de vida.

El simple hecho de incorporar el movimiento a nuestra vida diaria puede tener un efecto de gran impacto.

También se ha demostrado que las actividades de fortalecimiento muscular son beneficiosas.

Un estudio estadounidense demostró que las personas de entre 60 y 70 años que combinan el ejercicio aeróbico con actividades de fortalecimiento muscular viven más tiempo y tienen un menor riesgo de muerte en comparación con aquellas que no hacen ejercicio.

Otros trabajos recientes muestran que "el ejercicio en pequeñas dosis", que consiste en breves ráfagas de actividad repartidas a lo largo del día, puede mejorar la salud cardíaca.

Un amplio análisis de las investigaciones existentes reveló que, entre los adultos mayores, también contribuye a la resistencia muscular.

La aceptación fue elevada, ya que más del 82% de los participantes continuaron participando, probablemente porque el ejercicio breve es fácil de "integrar en las rutinas diarias", señalan los autores.

A diferencia de una sesión de gimnasio, estas pequeñas sesiones pueden repartirse a lo largo del día como parte de tu rutina habitual.

Esto puede incluir cualquier actividad que acelere tu ritmo cardíaco, ya sea pasar la aspiradora enérgicamente, bailar al son de una canción en la cocina o subir y bajar las escaleras más rápido de lo normal.

Como explicó Marie Murphy, profesora de ejercicio y salud en la Universidad de Ulster (Reino Unido), en el pódcast Just One Thing de la BBC, las pequeñas dosis de ejercicio aumentan la frecuencia con la que estimulamos nuestro metabolismo.

"Al terminar de hacer ejercicio, nuestro metabolismo sigue funcionando un poco más rápido mientras nos recuperamos", explica. "El motor metabólico sigue en marcha".

 
Lo ideal es sumar cualquier actividad que acelere el ritmo cardíaco.
 
 
Beneficios del hábito 
 
Las investigaciones muestran que las personas responden positivamente cuando se hacen más conscientes de los beneficios para la salud de los ejercicios en pequeñas dosis, y que esto podría ayudar a superar las barreras para hacer ejercicio.

Unas simples indicaciones pueden marcar la diferencia. Los carteles que animan a la gente a subir por las escaleras en lugar de usar el ascensor o la escalera mecánica, por ejemplo, pueden hacer que más personas lo hagan.

Según Amanda Daley, profesora de medicina conductual en la Universidad de Loughborough, en Reino Unido, son estos pequeños cambios los que generan un cambio significativo con el tiempo.

"Tenemos formas inconscientes de hacer las cosas que hacen que seamos más propensos a realizarlas", dice. "Subes por las escaleras porque es lo que has aprendido. Es un hábito".

Del mismo modo, Daley sugiere que una forma sencilla de reducir el sedentarismo es estacionar el auto al menos a cinco minutos de tu destino.

Llama a este tipo de enfoque "actividad en pequeñas dosis".

Ella y sus colegas descubrieron en un pequeño estudio que los participantes se mostraban receptivos a la idea, ya que les resultaba más fácil de poner en práctica que sesiones de ejercicio más prolongadas.

Tomemos como ejemplo caminar. Podemos beneficiarnos de dar menos pasos al día de lo que se suele creer, tal y como ha informado anteriormente la BBC.

Un estudio sobre el recuento de pasos reveló que dar entre 2.517 y 2.735 pasos al día reduce el riesgo cardiovascular en 11%, en comparación con dar sólo 2.000 pasos.

En cuanto a cómo hacer ejercicio, hay numerosas opciones.

Podrías practicar escalada, apuntarte a una clase de baile o probar algo un poco más vigoroso, como el entrenamiento por intervalos de alta intensidad, que puede mejorar el control de la glucemia y la presión arterial, además de reducir la grasa corporal.

A mí, desde luego, me han dolido los brazos al llevar la compra a casa en lugar de tomar el auto. Pero parece que ese malestar puede merecer la pena.

Así que la próxima vez que estés esperando a que hierva la pasta o viendo la tele, quizá podrías incluir una serie de sentadillas, patadas o flexiones.

Estas pequeñas dosis de ejercicio suman. Sin duda, son "bocados" de ejercicio por los que nunca tendrás que sentirte culpable.

*Melissa Hogenboom es autora de Breadwinners (2025) y The Motherhood Complex. En Instagram es melissa_hogenboom.

 

Fuente: 5 minutos de ejercicio 

 

 

viernes, 26 de junio de 2026

¿Por qué es imposible predecir el momento preciso de un terremoto?

 

Ilustración del Anillo de Fuego del Pacífico, donde se producen una gran parte de los terremotos en el mundo.

 

Por Alejandra Martins
BBC News Mundo

 

Cada año el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) detecta y localiza unos 20.000 terremotos en todo el mundo, es decir, aproximadamente 55 al día.

Algunos son leves. Otros, como el doblete sísmico que sacudió Venezuela este 24 de junio, causan numerosas víctimas fatales y hacen colapsar edificios enteros a lo largo de kilómetros.

De acuerdo a registros que abarcan desde aproximadamente 1900, se prevé que ocurran unos 16 terremotos de gran magnitud en un año cualquiera. La cifra incluye 15 terremotos de magnitud en el rango de 7 y uno de magnitud 8 o superior, según el USGS.

En el caso de otros desastres como los huracanes, las predicciones permiten evacuar con antelación zonas que podrían verse afectadas y salvar vidas.

Cuando se trata de terremotos, en cambio, no es posible hacer pronósticos precisos. 

Los fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela ocurrieron con 39 segundos de diferencia, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

¿Qué impide a los científicos predecir con certeza cuándo ocurrirán?

 

Tensión que se libera súbitamente

Los terremotos se producen por la liberación repentina de tensión que se va acumulando gradualmente debido a los movimientos de placas tectónicas a lo largo de una falla geológica.

Predecir un terremoto implicaría saber tres variables: dónde tendrá lugar, su magnitud y el momento en que se producirá, señala a BBC Mundo Antonio Morales Esteban, catedrático de ingeniería del terreno de la Universidad de Sevilla y especialista en ingeniería sísmica. 

"Podemos conocer con cierta exactitud dos de esos parámetros", dice. Se trata de los primeros.

Luego explica: "El terremoto se produce en fallas que se han estudiado geológicamente y en función de su tamaño, de la velocidad en la que se desplazan y una serie de características podemos inferir la magnitud máxima que esas fallas son capaces de producir. Aparte hay otra serie de parámetros que podemos saber, como el número de terremotos anuales, por ejemplo".

"¿Por qué es muy difícil conocer el instante? Por la propia naturaleza de los terremotos, que se producen por el contacto entre dos placas en una falla. Esas fallas acumulan tensión. Es como si yo juntase dos dos puños, las aprieto, las deslizo una contra otro. Estoy acumulando esfuerzo entre ellos, hay un rozamiento y no se produce nada hasta que de repente, de una manera impredecible, se produce un deslizamiento súbito", detalla.

Los científicos saben entonces que la tensión se está acumulando en las grandes fallas durante décadas, pero no hay forma de descifrar en qué momento se cruzará un umbral de resistencia y se liberará esa tensión.

 

"Las fuerzas tectónicas son permanentes, siempre están empujando con diferentes niveles, con diferentes velocidades", explica a BBC Mundo el profesor Arturo Belmonte, experto en sismología en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción en Chile.

"Las rocas tienen la capacidad de resistir esta acumulación de carga hasta que efectivamente se supera un umbral de resistencia", agrega.

Y pone un ejemplo: "Es como quien rompe un lápiz de madera. El lápiz no se rompe inmediatamente sino que yo tengo que aumentar o eventualmente seguir insistiendo hasta que se va doblando y de pronto esto supera cierto umbral y se quiebra. Acá básicamente ocurre lo mismo".

Los científicos pueden saber que esa liberación de tensión ocurre cada cierto periodo, que puede ser de decenas o centenares de años.

"En zonas sísmicas como la chilena los terremotos en general tienen períodos de retorno, de recurrencia. En terremotos con magnitud mayor a 8, el periodo puede ser 80 años, 90 años, 100 años. Pero no es posible saber exactamente cuándo va a ocurrir".

"Lo que sí hoy día se definen son gaps sísmicos o lagunas sísmicas. Una de ellas es la zona de Atacama, la zona de Copiapó. El último terremoto ocurrió en 1922, el 11 de noviembre. Por tanto, en esa perspectiva de muy largo plazo con un error que puede tener diez, veinte años, aunque no es una predicción, uno tiene una idea de cuáles son las zonas que están por así decirlo aguantando y en las que no se ha liberado esa energía que se acumula durante estos largos períodos de tiempo", dice.

"Pero poder decir este sábado a las tres de la tarde va a haber un evento de tal magnitud en tal lugar no es posible", aclara.

Un lápiz de madera no se rompe de golpe, sino que va acumulando tensión. Así también pasa con las placas tectónicas. 

 

Límites en el conocimiento 

La imposibilidad de predecir el instante de un terremoto tiene que ver también con los límites de los instrumentos y modelos científicos actuales.

Morales Esteban daba antes el ejemplo didáctico de dos puños que presionan uno contra el otro y acumulan tensión.

"Ahora imaginemos que eso sucede en una falla que tiene decenas y cientos de kilómetros de longitud con materiales diferentes, con ángulos diferentes, con una estructura complejísima", dice. 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante es imposible. Necesitaríamos conocer la tensión acumulada y la resistencia al material en cada punto para poder hacer un modelo, lo cual ahora mismo está muy lejano".

La resistencia, agrega, es una variable importante que influye en la magnitud del sismo.

"Si el material de contacto, la roca que hay en la falla, es muy resistente, se acumulará mucha tensión antes de que haya esa rotura o ese deslizamiento", explica.

"Sin embargo, si el material es muy blando, pues se van produciendo terremotos pequeños y no se producen terremotos grandes como los de ahora en Venezuela".

"Por ejemplo, aquí en España, donde yo vivo es muy raro que haya terremotos superiores a 6 porque el material es más blando. Pero en la zona sur, en la falla Azores-Gibraltar, se llegan a producir terremotos de más de 8, porque ahí el material es muy resistente", cuenta.

 
Cientos de edificios en Venezuela quedaron destrozados o colapsaron.
 
 
Belmonte explica a BBC Mundo que los equipos actuales no permiten medir qué ocurre a grandes profundidades.

"En términos muy simples… estos eventos ocurren en zonas donde la presión y temperatura son extremas. No podemos observar directamente el fenómeno como los meteorólogos observan el movimiento de las nubes de los frentes de mal tiempo, lo que sabemos lo inferimos de las ondas sísmicas", señala el experto chileno.

"Por ejemplo, el ser humano no ha bajado hasta más de cuatro kilómetros de profundidad en las minas, y un pozo que se hizo durante la Unión Soviética alcanzó 12 km de profundidad, pero el radio terrestre tiene 6.370 km. O sea, no tenemos acceso a las profundidades donde está ocurriendo una sismicidad tal vez precursora".

Los modelos científicos actuales, añade, no permiten hacer predicciones exactas.

"Las fallas geológicas no son un continuo homogéneo. Y los datos disponibles también en el tiempo son relativamente limitados. La placa de Nazca, por ejemplo, subduce (se hunde por debajo de otra) hace más o menos 23 millones de años. Pero nosotros tenemos información de los últimos 500 años".

 

 

Desde animales a gases:¿hay señales que avisan? 

En el pasado se ha hablado de signos ante la inminencia de un terremoto, como cambios en el comportamiento de algunos animales.

"Hay quien dice que los perros ladraban, que las aves volaban, que tel animal se comportaba de una manera extraña antes del terremoto. La verdad es que nunca se ha encontrado ninguna causalidad", señala Morales Esteban.

"Además es que no tiene sentido, porque al final es una tensión acumulada a decenas, cientos de kilómetros. Y que yo sepa, los animales no tienen capacidad de detectar cuándo esa tensión se va a liberar".

Por otra parte, las señales que se han apuntado no son sistemáticas, afirma Belmonte.

"En China en el año 75 ocurrió un evento sísmico importante y se observaron cambios en el gas radón, por ejemplo, y variaciones de la conductividad eléctrica", cuenta.

Además, "se observó que había un comportamiento extraño de animales como serpientes, perros, y ciertos micro temblores previos, eventos muy chiquititos. Ese año todo esto parecía ser un elemento que abría la puerta a la predicción de terremotos. Se evacuó una ciudad en China y ocurrió luego el evento sísmico".

"Pero un año después, en el 76, nada de esto se pudo observar y ocurrió uno de los eventos más catastróficos a nivel mundial, en el que se cree que fallecieron más de 200.000 personas. Entonces uno puede decir que esos precursores no son consistentes y además también aparecen sin que haya un terremoto".

El experto chileno relata que habló con muchos pobladores tras un devastador sismo en su país que dejó más de 500 muertos.

"Un poco anecdóticamente, de manera no sistemática, a mí me tocó recorrer toda la costa chilena después del terremoto del 2010. Los pescadores observaron que el mar estaba muy tranquilo esa noche, o la gente tenía la sensación de que la temperatura estaba más alta que lo normal", cuenta.

"Pero no es información sistemática como para poder decir: 'Miren, el 27 de febrero a tal hora va a ocurrir tal evento'".

 

"Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante de un terremoto es imposible".

 

Inteligencia artificial 

Algunas investigaciones actuales procuran buscar con herramientas de inteligencia artificial qué cosas se repiten antes de un temblor, debido a la enorme cantidad de datos que esta tecnología es capaz de procesar.

Belmonte relata que actualmente hay proyectos en la zona de Atacama que están instalando instrumentos en el fondo oceánico. También se monitorean por GPS cambios en la corteza terrestre.

Con estas tecnologías, dice "uno podría imaginar que uno se pueda acercar un poquito a la idea de observar precursores", aclarando: "Pero no me atrevería a decir que podamos acercarnos a la idea de predecir exactamente un evento sísmico".

Morales Esteban y su equipo investigaron en el pasado el uso de redes neuronales, midiendo la magnitud de los sismos y el tiempo transcurrido entre ellos.

Una red neuronal es un modelo computacional de inteligencia artificial inspirado en el cerebro humano. Está compuesta por miles o millones de nodos interconectados (llamados "neuronas artificiales") que procesan datos y aprenden a reconocer patrones complejos por sí mismos.

"Lo que intentábamos medir era esa tensión que se va acumulando, a través sobre todo de un parámetro que se llama el 'B value', que es la relación entre los tamaños de los terremotos".

"Encontramos que había ciertas relaciones, de manera que podíamos inferir ciertas probabilidades. Pero no era una predicción".

Morales Esteban señala que la inteligencia artificial es muy útil y permite procesar muchísima información, pero se necesitan también otras herramientas.

"Tenemos que aumentar el conocimiento en cuanto a conocer la estructura de las fallas, la resistencia del material, en cuanto a ser capaces de hacer ensayos que son difíciles de realizar a presiones y temperaturas muy elevadas. Es un tema muy complejo y sinceramente a corto o medio plazo predecir como nos gustaría, o sea, decir mañana a las 8 de la tarde va a haber un terremoto de tal magnitud, lo veo complicado. Nos falta conocimiento básico".

"Por ejemplo, en Japón -un país en que la preocupación por la sismicidad y el conocimiento de sus científicos es elevado- el terremoto de 2011 se produjo en una zona que llevaba cientos de años inactiva, donde se pensaba que no había sismicidad, y de repente se produjo ese terremoto que fue muy devastador", afirma.

Edificios colapsados en el estado de La Guaira, uno de los más afectados por los terremotos en Venezuela.

 

"La clave está en la vulnerabilidad"

Belmonte señala que si bien hay modelos de probabilidad de sismos a largo plazo, dado que las predicciones exactas "lamentablemente no existen", lo único que queda es prevenir.

"Y ahí aparecen los informes de peligro sísmico, sistemas de alerta temprana, normas antisísmicas y todo eso".

Morales Esteban apunta que "al final la clave hoy día está en la vulnerabilidad", en "cómo nosotros construimos las cosas y cómo estamos preparados como sociedad para que, si hay un terremoto, produzca los mínimos daños posibles y remontemos lo antes posible".

Para el experto español, si los mismos terremotos de Venezuela se hubiesen producido en Chile o en Japón, la pérdida de vidas y los daños materiales habrían sido mucho menores.

"Porque su sociedad está preparada. Los edificios están preparados. Todo está preparado. En Chile y en Japón hay una normativa sísmica muy estricta que se cumple", sostiene.

En el caso de Venezuela, agrega, "los geólogos seguro conocían qué magnitud se puede producir en esa zona y también las fallas, lo que se llama la peligrosidad sísmica".

"El problema viene por la otra parte de la ecuación: la vulnerabilidad, que ha demostrado que era muy elevada. Entonces ahí se junta una peligrosidad sísmica con una vulnerabilidad elevada, con lo cual el riesgo es muy elevado y lo que ha sucedido es desastroso", afirma.

Por otra parte, el impacto de dos grandes terremotos consecutivos fue devastador.

"Cuando tú tienes un terremoto grande se han dañado las estructuras o ya han colapsado, y luego tienes otro terremoto todavía mayor. Las estructuras dañadas que a lo mejor simplemente se hubiesen quedado dañadas han podido pasar al colapso".

 

Fuente: ¿Por qué es imposible predecir un terremoto

 

Nota: Con 75 y 76 se refiere a los años 1975 y 1976.