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martes, 3 de enero de 2017

Para Superar la Angustia

¿Le aterroriza tratar con desconocidos, pronunciar un discurso o someter un informe a la consideración de su jefe?  He aquí algunas sugerencias…

Por el Dr. David Burns

Recientemente me invitaron a dictar una conferencia sobre la angustia ante varios cientos de especialistas en salud mental, en Boston, Massachusetts. Mi intervención estaba programada después de las de varios psiquiatras prominentes. Al llegar mi turno, me sentía especialmente nervioso porque el orador que me había precedido había cautivado al público.

Al acercarme al estrado, el corazón me latía con fuerza y yo tenía la boca seca. ¿Qué estoy haciendo aquí?, me pregunté.

Para colmo de males, mi disertación trataba en parte del miedo a hablar en público. Para calmarme, intenté una técnica fuera de lo común, y le pregunté al auditorio: “¿Cuántos de ustedes se sienten nerviosos cuando pronuncian un discurso?” Se levantaron casi todas las manos. “¡Pues precisamente así me siento ahora!”, declaré.

El público reaccionó con risas. Ya sereno inicié mi exposición.

Todos nos vemos  a veces en situaciones que nos ponen nerviosos. Tal vez a usted le asuste la posibilidad de decir tonterías en un coctel, farfullar incoherencias durante una exposición verbal en su trabajo, o quedarse con la mente en blanco en un examen.

En algunos casos, la angustia lega a ser tan intensa, que  incapacita a la persona. En un estudio que hizo en 1984 el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) de Estados Unidos, se calculó que entre 2 y 4 millones de estadounidenses se ven seriamente limitados por fobias sociales en su vida personal y profesional. Aunque el estudio del INSM se concentró en trastornos graves,, casi todo el mundo ha pasado por estados de angustia leves.

A través de los años, mi trabajo con cientos de pacientes me ha enseñado que cualquier persona puede adquirir mayor confianza en sí misma, incluso en las situaciones de mayor estrés. He aquí algunos consejos sencillos, pero útiles:

1. Quítese la Máscara. Cuando nos mudamos de casa, mi hija hizo amistad con una niña que vivía cerca, en una mansión. Cierta noche en que yo vestía pantalones vaqueros y una playera vieja, pasé a recogerla. Sue, la madre de su amiga, vestida como una modelo profesional, me invitó a pasar a un gran vestíbulo atestado de costosas antigüedades y pinturas al óleo.

Me sentía muy incómodo. Notando mi zozobra, Sue me preguntó qué me pasaba. Habría querido ocultar mis emociones, pero le confesé:

–No estoy acostumbrado a estar en casas tan elegantes.

–¡ Vaya! Nunca imaginé que los psiquiatras pudieran sentirse inseguros –observó ella, riendo.

Estoy convencido de que mi sinceridad con esa dama nos relajó a ambos. Si hubiera negado mis sentimientos, habría  agudizado la tensión al grado de parecer falso. Como en la conferencia de Boston, fui sincero respecto a mii inseguridad. Esa franqueza es una buena manera de acercarnos a la gente.

2. Combata sus Temores Uno por Uno. Cuando trabajaban en la Univesidad Estatal de  Pensilvania, el psicólogo Michael Mahoney y el instructor de gimnasia Marshall Avener investigaron los efectos de la angustia sobre los gimnastas en las pruebas que se efectuaron para integrar el equipo olímpico de Estados Unidos, en 1976. ¿Quiénes cree usted que sentían más angustia antes de una competición: los atletas que a la postre ganaban, o los que terminaban perdiendo? Los investigadores descubrieron que ambos grupos presentaban la misma angustia. Lo que diferenciaba a los perdedores de los ganadores era la manera de superarla.

Los atletas menos brillantes rumiaban sus temores y, al imaginarse que su actuación iba a ser desastrosa, creaban en sí mismos una especie de pánico. Los ganadores, por lo general, hacían caso omiso de su angustia, para concentrarse, en cambio, en lo que tenían que hacer: Respira profundamente, o Ahora voy a estirar los brazos y a sujetar la barra. Controlaban sus temores fragmentando el trabajo en una serie de pasos pequeños. Esta técnica da resultados casi en cualquier cosa que uno se proponga realizar.

Me enviaron a Penny tres días antes de que presentara su primer examen final en la escuela de Derecho. “Estoy tan asustada, que no entiendo ni la primera frase de los textos”, me dijo. “Estoy segura de que voy a fracasar. Tal vez sería mejor abandonar los estudios”.

La angustia crea el mito de que no podemos desempeñarnos bien. Penny necesitaba aprender que, aun sometida a presión, podía actuar eficazmente. El primer paso consistió en lograr que el examen le pareciera menos amenazador. Como temía que su mente se acelerara tanto que se le dificultar a entender incluso las instrucciones, convino en leer todo palabra por palabra. Si tropezaba con alguna pregunta difícil procuraría interpretarla.

Algo más importante aún: la convencí de que, por muy nerviosa que se sintiera, no dejara de escribir durante las dos horas del examen. Le indiqué que no podía perder el tiempo en vacilaciones.

–¿Y si no consigo pensar en nada coherente? –me preguntó.

 –Escribe cualquier cosa –contesté–; aunque sea un galimatías.

Dos semanas después, Penny vino a enseñarme su calificación: le habían dado un “excelente”. Su caso demuestra la importancia vital de no rendirse cuando se está nervioso. Escriba usted esa primera oración del informe o dé esa primera brazada en la justa de natación. En cuanto empiece, advertirá que la tarea le sale mejor de lo que creía.

3.  Imite a los Entrevistadores Profesionales. Muchos tenemos que hablar con gente en situaciones incómodas. Quizá se trate de conversar con su nuevo jefe en una fiesta de la empresa, o de conocer a sus futuros suegros. ¿Qué decir cuando se queda la mente en blanco?

Haga de la otra persona el tema de la conversación. Los entrevistadores profesionales sacan a relucir lo mejor de sus invitados, haciéndoles hablar de sí mismos. Puede usted emplear ese método formulando unas cuantas preguntas; por ejemplo: “¿Cómo se interesó usted por tal o cual cosa?” o, “¿Podría comentar algo más sobre este tema?”.

Lo único que desea la mayoría de la gente es que se le preste atención. Los psiquiatras y los psicólogos se ganan bastante bien la vida escuchando comprensivamente y haciendo algunas preguntas pertinentes. Si ellos pudieron salirse con la suya, ¿por qué usted no?

4. Convierta la Angustia en Energía. Todos nos sentimos nerviosos antes de actuar en público, ya sea para hacer una exposición de trabajo o para intervenir en una función de teatro escolar. La clave estriba en lograr que sus nervios colaboren con usted.

Muchas veces me han entrevistado en la televisión y, antes, estas situaciones me ponían nerviosísimo. Una paciente comentó, sorprendida, lo rígido y torpe que me veía. En cuanto entrábamos al aire, me congelaba y perdía la espontaneidad. Cuanto más intentaba tranquilizarme, tanto más nervioso estaba.

Al cabo, encontré la solución.  En un programa de entrevistas, el productor había arreglado un debate entre otro psiquiatra y yo. Durante la primera parte, mi colega sugirió que yo era sólo un “autor de libros”, no un investigador. Encolerizado por aquel ultraje, resolví dejar de preocuparme por ser un invitado cortés y encantador, y me concentré en presentar mis ideas con la fuerza y la convicción que merecían. Me sentí súbitamente cargado de energía y empecé a disfrutar cada minuto del programa.

Los psicoterapeutas llaman a esto “reformulación positiva”, lo que significa analizar un problema desde un ángulo diferente (considerándolo “bueno” en vez de “malo”, por ejemplo). Podemos mitigar la angustia si creemos en nosotros mismos y tenemos el valor de expresar nuestros sentimientos. En cuanto utilicé mi nerviosismo–esa dosis adicional de adrenalina– como una forma de energía, pude intervenir con vigor y “pegar duro”.

5.  Deje de Compararse. Uno de los mayores obstáculos en nuestra vida social es el temor de no estar a la altura de las circunstancias. Tal vez sienta usted que no impresionará a otras personas porque estas tienen mayor seguridad en sí mismas o son más brillantes, inteligentes o atractivas que usted. Esta es una manera errónea de pensar. El secreto para llevarse bien con lo demás radica en que cada quien se acepte tal como es.

Cuando estudiaba yo en la universidad llevaba un diario lleno de recuerdos personales. Algunos eran dolorosas evocaciones de mi niñez; ocasiones en que me sentí lastimado, confuso, solo e inseguro. Allí describí fragmentos de mis sueños, y también sentimientos muy íntimos de ira y odio, además de lo que me encantaba, como las tiendas de artículos para magos y prestidigitadores  y los comercios numismáticos.
Entonces, ocurrió algo terrible. Una noche, después de cenar, me di cuenta de que había dejado mi diario en un guardarropa, junto al comedor de la universidad. Aterrorizado de que alguien lo leyera y descubriera la verdad sobre mí, regresé corriendo, sólo para comprobar que había desaparecido.

Pasaron varias semanas. Al cabo, abandoné la esperanza de recuperarlo. Un día, mientras colgaba mi chaqueta en aquel mismo lugar, vi mi gastado diario de color café… precisamente donde lo había dejado.
Nervioso, lo hojeé y descubrí que unas manos extrañas habían escrito esto: “¡Que Dios te bendiga! Me parezco mucho a ti, pero yo no llevo un diario, y me da gusto saber que hay otros como yo. ¡Ojalá todo te salga bien!!

Se me arrasaron los ojos. Nunca se me había ocurrido que alguien pudiera reconocer mis sentimientos íntimos y aun así apreciarme.

No Importa cómo sea usted –rico o pobre, genial o del montón, atractivo o anodino–, siempre habrá gente a la que inspirará simpatía, y gente a la que le resultará indiferente. Nadie es aceptado por todo el mundo; pero si usted se acepta, atraerá a muchas más personas.


Condensado de “The Feeling Good Handbook”, © 1989,  y de “Intimate Connections”,  © 1985 por David Burns. Publicado por William Morrow & Co., Inc. de Nueva York, Nueva York.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CI, Número 602, Año 51, Enero de 1991, págs. 69-72, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

lunes, 12 de diciembre de 2016

Ayude a sus Hijos a Vencer la Timidez

Dos de cada cinco niños son tímidos, y las huellas que esto les deja pueden durar toda la vida. Sin embargo, usted puede hacer muchas cosas al respecto…

Por Edwin Kiester  y Sally Valente Kiester

Ellen Steiner aún se estremece al recordar la timidez que la caracterizó en su infancia, y que en la adolescencia le paralizaba la lengua cuando se hallaba ante un muchacho. Recién egresada de la escuela de enseñanza media superior, se casó con su primer novio porque así no tendría que salir de casa y enfrentarse al mundo. Terminó divorciándose. Años después contrajo nuevas nupcias, y poco a poco fue saliendo de su capullo. Con el apoyo de su segundo esposo, inició la carrera de terapeuta. Así y todo, todavía resiente las cicatrices de la timidez.

Según el psicólogo Philip Zimbardo, autor de Shymes: What It Is, What To Do About It (La Timidez: Qué Es y Qué Puede Hacerse Para  vencerla”) y pionero en la investigación de esta problemática, muchos adultos que se consideran tímidos pueden hallar el origen de ello en su infancia. Es una condición que prevalece la vida entera si los padres no ayudan a sus hijos.

Los estudios de Zimbardo indican que a menudos los niños tímidos obtienen bajas calificaciones, y que no participan en actividades ajenas a la escuela ni en el intercambio de experiencias que normalmente se da entre los niños. Estos chicos pueden pasar su adolescencia en total aislamiento. Muchas personas apocadas no contraen matrimonio, o lo hacen tardíamente; otras como Ellen Steiner se casan demasiado pronto.

Con frecuencia las personas tímidas perciben ingresos relativamente escasos y ocupan puestos de trabajo que no implican mucha responsabilidad. Aun aquellas que poseen habilidades tropiezan con obstáculos en la vida profesional a causa de su dificultad para tratar con la gente. Y en algunos casos echan mano del alcohol y de la droga como mecanismos de defensa. Esto lo afirma Jonathan Cheek, profesor de psicología y autor de Conquering Shyness (“Superación de la Timidez”).

Algunas de estas personas son tan introvertidas que necesitan ayuda profesional. En la mayoría de los casos, empero, el problema se resuelve con la intervención responsable de los padres. He aquí lo que recomiendan los expertos:

Observe y Escuche. Cierta vez, mientras visitaba una escuela primaria, le comentaron a Zimbardo que allí había uno o dos niños tímidos. Sin embargo, el psicólogo halló más.

Varios estudios indican que dos de cada cinco lo son. Los padres y los maestros no suelen percatarse de ello.

Estos chicos ocultan su cortedad manteniéndose al margen de las discusiones escolares y de los juegos, además, ríen sólo cuando los demás lo hacen. “Quisieran confundirse con el estampado del papel tapiz”, comenta Zimbardo.

A veces, los niños cortos aparentan todo lo contrario. Se sorprendería usted si supiera que muchos de los niños más traviesos de la escuela –y también muchos delos adultos enérgicos y jactanciosos– en el fondo son apocados, según Zimbardo. Un pequeñín se pasaba el día paliqueando en el jardín de niños, y cuando no charlaba era porque estaba golpeando a sus compañeritos. Años después, siendo ya adolescente aquel niño, sus padres comprendieron que el muchacho era tímido y que su agresividad era una máscara.

No Estigmatice. Decir “Mi hijo es tímido”, o “Fulano es el apocado de la familia”, puede resultar contraproducente. Los amigos lo tratarían de una manera diferente y así le confirmarían la sensación de que algo anda mal con su personalidad.

Una alumna del profesor Cheek recuerda que, cuando tenía siete años de edad, su madre le decía que era demasiado rechoncha para vestirse con prendas de ciertos estilos. En la actualidad está mucho más delgada y, sin embargo, sigue sintiéndose insegura de su apariencia. 

Merlin Olsen, jugador profesional de fútbol americano y comentarista deportivo, no quería practicar en la escuela el deporte en el cual años después destacaría tanto, porque en la primaria  sus compañeros lo habían tildado de torpe. Hasta los más pequeños lo molestaban.    

Sus padres lo instaron a rechazar el estigma y a defender su dignidad. Un día, Merlin no soportó más y persiguió a uno de sus hostigadores. Para sorpresa de ambos, le dio alcance. “Entonces no supe qué hacer”, recuerda, “y no se me ocurrió otra cosa que sentarme encima de él” A raíz de eso ya no lo mortificaron tanto y su inseguridad se corrigió en gran medida.  

Sea Comprensivo, No Crítico.  El niño tímido es objeto de constantes críticas, si no de los demás, de su fuero interno. “Nadie juzga a estas personas con más severidad que ellas mismas”, observa Cheek. Cuando sus relaciones sociales fallan, lo atribuyen a alguna falla suya, agrega la psicóloga Lynne Henderson.
De ahí la importancia de alentar a los hijos. Una madre le preguntó a su niña de nueve años qué sentía por ser tímida, y obtuvo esta respuesta: “Es como si me hubieran hechizado; como si estuviera congelada”. Refiriéndose a la manera como sus padres podría prestarle ayuda, la pequeña pidió:   “Díganme que están seguros de que puedo lograr lo que voy a hacer”. Y dice que cuando una persona mayor la estimula, “es como si llegara un príncipe a romper el hechizo”.     

Sea Equitativo. A veces hay niños extrovertidos que sobresalen en las conversaciones y actividades familiares, mientras que otros son todo lo contrario. Para compensar este desequilibrio, cierta familia en la que hay tres chicos practica un juego de mesa llamado “Buenas Noticias”. Cada cual, tanto los padres como los hijos, habla de algo bueno que le haya ocurrido durante el día, mientras los demás escuchan y comentan. No se admiten quejas de unos respecto a los otros Todos tienen la oportunidad de expresarse y de ser escuchados. Así, el pequeño que era tímido participa aho ra plenamente.

Fomente la Autoestima de su Hijo. Los niños inseguros suelen valorarse poco y necesitan casi siempre ayuda especial para afrontar los rechazos. A estos chicos les sirve de mucho que sus padres hablen con entusiasmo de sus cualidades.

Una mujer estaba preocupada por su hija de 12 años, que se resistía a tratar con chicos de su edad y sólo contaba con unas cuantas amigas. Sin embargo, era de natural amable, trataba con especial cariño a los niños más pequeños, y era una excelente estudiante.

La madre sacó partido de las cualidades de su hija consiguiendo que cuidar al niño de un vecino. Al poco tiempo, la muchacha empezó a ayudar a otros chicos en sus estudios. El éxito y el respeto que se ganó entre ellos afirmaron su orgullo y su confianza en sí misma.

Solicite Ayuda. La escuela es casi siempre el lugar donde comienza a manifestarse la timidez, y el mejor lugar, por lo mismo, para corregirla. Ahora bien, los maestros se encuentran a veces muy ocupados con los alumnos que se portan mal, y no prestan atención a los que permanecen en la sombra. De todos modos, usted debe obtener la ayuda del profesor para conseguir que su hijo salga de su concha.

No se trata de llamar la atención de la clase hacia la timidez de la criatura. Mejor pídale al maestro que propicie su participación. Infórmele de los temas que a su hijo le interesan más y sobre los cuales conviene preguntarle. Sugiérale que preste especial atención a los trabajos escritos, en los cuales la timidez no influye.

El psicólogo Tom Quinn recuerda a una maestra que tuvo de niño, la cual notó su timidez y supo explotar sus cualidades. Al principio, ella le hacía preguntas sólo cuando estaba segura de que sabía la respuesta y, por tanto, no se cohibiría ante el grupo. Poco a poco fue alentándolo a correr riesgos y a responder más espontáneamente. “¡Le agradezco a Dios que haya puesto en mi camino a la señora Brockman!”, exclama él.

Aproveche la Ventaja de Estar en Casa. Haga que los compañeros de juegos de su hijo vayan a su casa, en vez de mandarlo a él a las casas de ellos. Procure que él conteste el teléfono y tome recados, pues así tratará  con extraños sin tener que mirarlos a los ojos.

Anímelo a tratar a otros chicos de menor edad, los cuales posiblemente lo vean como líder a pesar su timidez. O bien, como recomienda Lynn Henderson, “consiga una mamá gallina”; es decir, un niño de buen carácter y no demasiado impetuoso, que proteja al suyo.

Realice Ensayos. Una queja que los adolescentes retraídos expresan es: “¡No sé de qué hablar!” Ayude a su hijo a romper el hielo ensayando formas de desenvolverse en distintas situaciones sociales. Escríbale algunas “frases introductorias”; redáctele incluso un “guión”. Anímelo a practicar frente a un espejo y a mirar a la “otra persona” a los ojos.

Con objeto  de que se sobrepusieran a la cortedad, Zimbardo encargó a algunos de sus estudiantes que realizaran una encuesta telefónica. “Una vez que se les asignaba un papel que representar, se olvidaban de su timidez”, dice.

Haga que participen en Actividades No Escolares. Los clubes y las organizaciones afines a los intereses de los muchachos sirven para sacarlos de su retraimiento, pues entre sus miembros se establecen vínculos. Lo mismo da que elija usted una actividad artística, artesanal o deportiva. Cerciórese, eso sí, de que todos participen y que no se haga a un lado a los tímidos. 

Tenga Paciencia. Contrarrestar la inseguridad del niño requiere paciencia para comprender, paciencia para apoyar y paciencia para no exigir resultados grandiosos; pero los adultos que han dejado atrás su timidez se cuentan por millones. Con la ayuda de padres amorosos, los niños que ahora se sienten atados por la timidez pueden liberarse, y así disfrutar plenamente de los dones de la vida.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, Número 624, Año 52, Noviembre de 1992, págs 114-118, Reader’s Digest Latinoamérica, Coral Gables, Florida, Estados Unidos,

sábado, 29 de octubre de 2016

Anímese a Vencer la Timidez y... Descubra un Mundo Nuevo


Por Carolyn Kitch

La mujer de 43 años vivía en un temor constante de los desconocidos, ya fuera en las fiestas las que asistía con su esposo o en las funciones escolares de sus hijos. “Soportaba esas ocasiones”, recuerda, “manteniéndome lo más callada posible, sin ver a nadie a los ojos y contando los minutos que faltaban para volver a casa. Sentía la mirada de todo el mundo sobre mí”.

Hoy, esta mujer y aprendió a dominar su timidez con técnicas que han dado resultado en muchos casos. Tiene un círculo de amigos y participa activamente en la asociación  de padres y maestros de la escuela. Además, sabe que no es la única persona que carga con este problema.

La TIMIDEZ, que a menudo se considera erróneamente una etapa de la niñez que luego se supera, es un trastorno muy común. Philip Zimbardo, psicólogo y codirector del Instituto de Estudios sobre la Timidez y autor de Shyness:  What It Is, What to Do About It  (La Timidez Qué es y Cómo Vencerla”), entrevistó a más de 10,000 personas durante los años 70 y 80, y concluyó que cerca de 40 por ciento de ellas de ellas se tenías por tímidas.

En otro estudio de 1,600 personas, dirigido por el psicólogo Bernardo Carducci, esa cifra sube a 48 por ciento. Según Zimbardo, otro 15 por ciento de la población está constituida “por individuos que son tímidos sólo en ciertas situaciones de tensión, como hablar en público”. Las investigaciones indican que hombres y mujeres son igualmente tímidos.

Tal vez no exista una cura para este mal, pero los estudiosos están descubriendo algunas formas de superarlo, con la esperanza de que no sea motivo de tanta infelicidad. Aquí presentamos sus mejores consejos:

1. Lleve un diario para llegar a la raíz de sus temores. “Un registro escrito constituye una terapia barata y eficaz”, afirma el psicoterapeuta Christopher McCullough, autor de Always at Ease: Overcoming Anxiety and Shyness in Every Situation ("Siempre Serenos: Como  Vencer la Ansiedad y la Timidez en todas las Situaciones"). “Nos conocemos mejor de lo que creemos, y muchas veces resulta sorprendente lo que sale cuando ponemos por escrito nuestros pensamientos y temores”.

Cierta soltera de unos 35 años a la que hace tiempo trató McCullough, era extremadamente tímida con los hombres. “Entonces anotó todo lo que ocurría durante una cita”, recuerda el especialista: “la llamada telefónica, los arreglos para salir, lo que decían los dos, lo que ella pensaba mientras sucedía todo esto…” Poco a poco la mujer advirtió un tema recurrente: “Temía gustarle a un hombre y que él no le gustara a ella; no sabría entonces qué hacer para zafarse de la relación”.

McCullough y ella conversaron sobre lo que podría decir a los hombres que no deseaba volver a ver. “En cuando se supo en posesión de esas herramientas, las citas le produjeron mucha menos tensión”.

Aunque la mujer sólo era tímida en ese aspecto de su vida -las citas amorosas-, el diario puede ser también útil para aquellos que son cortos de ánimo. De acuerdo con el psicólogo Jonathan Cheek, autor de Conquering Shyness: A Personalized Approach (“Venciendo la Timidez: Un Enfoque Personalizado”), dos terceras partes de la gente  tímida puede identificar sucesos específicos de su vida que dieron lugar al problema. Una vez identificadas las cusas, afirma, ”se puede lidiar con ellas de manera constructiva”


2. Invente un Personaje  -una versión extrovertida de sí mismo- y Ensaye sus propias escenas. Zimbardo cuenta la historia de una mujer de 50 años que encontró la solución a su timidez en la actuación: “Noté que la vergüenza se me quitaba cuando interpretaba un papel en una pieza teatral”, le escribió. ”Después de todo no era yo quien estaba en el escenario, sino un personaje”.

Esta división del yo en “el yo real y el yo que actúa”, agrega Zimbardo, también es común entre los “tímidos extrovertidos”: personas que parecen muy desenvueltas en público, pero que son apocadas en privado. “Algo así como el 15 por ciento de la gente tímida encaja en esta descripción”.

Muchos animadores famosos son tímidos cuando se encuentran en el escenario o frente a las cámaras, dice Zimbardo. Por esta razón, a algunas personas cortas de ánimo les gusta actuar, participar en debates o hacer las veces de maestros de ceremonias. Durante tales actividades pueden “ser” temporalmente el otro, la persona desenvuelta.

Se puede escribir guiones y representar papeles para ensayar cualquier escena de la vida: desde pedir un aumento de sueldo al jefe hasta entrevistarse con los maestros de los hijos. Cuando ensaya usted esos encuentros, sabe lo que va a decir y se siente más seguro.

“Con frecuencia a los tímidos les preocupa que su actuación no refleje su verdadero ser interior”, señala Zimbardo. “Al igual que un actor, tiene usted que aprender a borrar la frontera entre el verdadero yo y el papel que interpreta. Deje usted que sus actuaciones hablen por sí mismas y, a la postre, hablarán por usted”.

3. Haga su Tarea. Bernardo Carducci llama a esta técnica “reconocimiento social”. Si va a ir a una fiesta”, propone,  “averigüe quiénes asistirán, a qué se dedican, qué intereses tienen”. Si va a hacer una presentación de trabajo ante personas que o conoce, entérese de quiénes son y cuál es su campo de actividad. “Tendrá mayor dominio de sí mismo cuando llegue la hora de conversar”, agrega.

Otra cosa que puede hacer es buscar un grupo que comparta intereses con usted. Marjorie Coburn, directora del Centro para el Tratamiento de las Fobias y la Ansiedad, en La Jolla, California, ayudó a una mujer de 43 años que se sentía incómoda en compañía de desconocidos. Coburn se enteró de que la mujer siempre había querido aprender a confeccionar cobertores acolchados, así que le sugirió que se inscribiera en un curso. Allí, la dama pudo charlar con otras personas sobre algo que le interesaba, pese a que le eran desconocidas. Gracias a ello logró trabar algunas amistades y tener vida social fuera del curso. “Por primera vez”, señala Coburn, “disfrutó de la compañía de la gente. Incluso se volvió menos tímida”.

4. Modifique su Lenguaje Corporal. “El tímido envía señales de frialdad o retraimiento, a menudo sin darse cuenta”, dice el psicólogo Arthur Wassmer, autor de Making Contact: A Guide to Overcoming Shyness ("Establezca Contacto: Guía para Superar la Timidez"). “Lo que transmite todo el tiempo es: ‘estoy asustado, tengo miedo, me siento intimidado’”. Por desgracia, los demás no captan esos mensajes. Antes bien, interpretan su lenguaje corporal como indiferencia o desdén y se apartan, con el consiguiente aumento de la inseguridad del tímido.

“De todas las técnicas, prosigue Wassmer, “ésta del lenguaje corporal es la que más sorprende por lo rápido de los resultados. Los pacientes me decían: ‘¡Tuve más conversaciones en la última semana que en todo el año anterior!’”

Wassmer  afirma que son seis las señales corporales que proyectan calidez y simpatía: sonrisa, cuerpo abierto (no cruzar los brazos o las piernas), inclinación hacia delante, contacto físico (estrechar una mano, por ejemplo), contacto visual y asentimiento con la cabeza (confirmación de que se está escuchando y entendiendo). “Al ofrecer al mundo una imagen con todos estos elementos, se gana uno la amabilidad y las respuestas positivas que vuelven menos intimidantes a los desconocidos” asegura Wassmer.

A los tímidos les cuesta trabajo iniciar una conversación; casi nunca hablan porque se pasan el tiempo preocupándose por la impresión que están causando. Los investigadores han observado que, para mantener la fluidez de una charla, las personas desenvueltas utilizan a cada rato, y casi por instinto, frases como “Sí, claro” o “¡Qué interesante!”

Cuando una conversación se apague, haga preguntas que permitan respuestas inesperadas; por ejemplo: “¿Qué la impulsó a dedicarse a la crítica de arte (o  a la organización de congresos o la decoración de interiores)?”. Dice Jonathan Berent, psicoterapeuta y autor de Beyond Shyness: How to Conquer Social Anxieties (“Más Allá de la Timidez: Cómo Vencer la Ansiedad en el Contexto Social”): “Las preguntas que invitan a explayarse mantienen el centro de la atención en la otra persona, no en usted”.

5. Confíe a Alguien su Secreto. En cierta ocasión, Christopher McCullough dio orientación a un hombre a quien le agradaba su trabajo pero le aterraban las reuniones mensuales en las que debía participar. Le preocupaba decir alguna tontería o sufrir un ataque de pánico y tener que salir corriendo de la sala… y, en consecuencia perder su empleo. Por fin confió sus temores a su jefe, quien le aseguró que podía abandonar el recinto si sentía la necesidad de hacerlo, y su puesto no peligraría. “Eso lo tranquilizó”, cuenta McCullough, “y pudo asistir a las reuniones y hasta  participar en ellas”.

Una de las quejas de los tímidos es que su familia, sus amigos e incluso sus médicos no toman en serio el problema. Marjorie  Coburn aconseja buscar gente que pueda aceptar su timidez; no alguien que les diga que deben salir de su caparazón. “Necesitan un amigo a quien confiar sus temores y que no los  enjuicie”, subraya.

6. Póngase en el Peor de los Casos. El doctor Paul Bohn, ex director de la Clínica para el Tratamiento de la Ansiedad Social y de Desempeño, de la Universidad de California en Los Ángeles, pide a sus pacientes que hablen de sus mayores temores frente a otros tímidos.

Por ejemplo, si a alguien le aterra pronunciar un discurso, el grupo podría preguntarle:

-¿A qué se debe su temor?

-La gente se rió de mí cuando era niño.

-¿Cuántas veces ha sucedido esto después?

-Ninguna

-¿Qué es lo peor que podría pasar?

-Que se rieran de mí.

-¿Y qué sucedería entonces?

-O me reiría con ellos, o jamás volvería a hablar ante ese grupo.

Así pues, ni siquiera el peor desenlace representa la catástrofe que la persona había imaginado.

Un temor común que sí suele hacerse realidad es la aparición de los síntomas físicos que en ocasiones acompañan a la timidez: sudoración, temblor de voz, sonrojo… No obstante, las investigaciones demuestran que tales síntomas no son tan notables para los demás como el tímido cree.

7. Avance Poco a Poco.  Así lo hizo Marjorie Coburn para ayudar a una tenedora de libros de 35 años. La mujer deseaba obtener un título de contadora, pero era demasiado tímida para asistir a la universidad. “Le aterrorizaba que le pidieran exponer algún punto”, explica. “Juntas, poco a poco alcanzamos su meta.

Primero se limitó a pasear por el campus universitario. Luego se inscribió en un seminario, se sentó en la última fila del salón y no habló con nadie. En otro seminario conversó con la persona que tenía a su lado.

“Más adelante”, refiere la doctora, “se inscribió en un curso de teneduría de libros”. Cuando el maestro le hacía alguna pregunta, podía responder con facilidad gracias a su dominio de la materia.

Al final se matriculó en contabilidad y se desempeñó tan airosamente que le pidieron que diera clases particulares a otros estudiantes. “Allí terminó de desaparecer su timidez”, observó Coburn.

Si pone todo su empeño, dice Jonathan Cheek, la mayoría de los tímidos consigue superar su problema. “Es un trabajo arduo”, agrega, “pero la batalla puede ganarse”.

“No espere despertar un día transformado en el alma de la fiesta”, sigue diciendo Cheek, “De hecho, quizá siempre lleve la timidez por dentro. Pero de todas maneras se lanzará y establecerá contacto con los demás. Y al hacerlo, dejará de ser tan sólo un espectador de la vida. Ésa es la verdadera victoria”.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CXIII, Número 675, Año 57, Febrero de 1997, págs. 39-43, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos