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jueves, 15 de octubre de 2026

Qué es la "depresión sonriente" y cómo puedes identificarla

 
La "depresión sonriente" no es un diagnóstico reconocido oficialmente, pero las búsquedas del término en internet han aumentado un 50% en los últimos cinco años.
 

 

Por Isabel Shaw
Equipo de salud global, Servicio Mundial de la BBC

 

Cuando piensas en alguien con depresión, probablemente te lo imagines luchando por levantarse de la cama.

Tal vez llora mucho, se aísla de sus amigos o apenas tiene energía para afrontar el día.

Probablemente no te imaginas a esa misma persona contando chistes en la cena, llevando una ajetreada vida social y destacando en el trabajo.

Pero para las personas que padecen la llamada "depresión sonriente", puede que sea exactamente así.

Y a veces la persona engañada no es un amigo, tu pareja o tu compañero de trabajo, sino tú mismo.


¿Qué es la depresión sonriente?
 
Según la OMS, unos 322 millones de personas en todo el mundo padecen depresión.

 
 
La "depresión sonriente" no es un diagnóstico reconocido oficialmente, pero las búsquedas del término en internet han aumentado un 50% en los últimos cinco años.

"[Significa] aparentar felicidad por fuera, mientras que por dentro te sientes deprimido y desanimado", afirma la doctora Olivia Remes, investigadora en salud mental de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido.

Todos nos sentimos decaídos de vez en cuando. Pero para 322 millones de personas en todo el mundo, esos sentimientos se convierten en depresión, según la Organización Mundial de la Salud.
 
Esto ocurre cuando síntomas como la tristeza persistente o la pérdida de interés y disfrute duran semanas o meses, y afectan el trabajo, las relaciones, el sueño y la vida cotidiana.

Pero la depresión no siempre se manifiesta como cabría esperar. De hecho, algunos estudios sugieren que hasta el 40% de las personas con depresión experimentan una forma "atípica" en la que los síntomas se desvían de los estereotipos.

Por ejemplo, una persona podría dormir o comer más de lo habitual, en lugar de menos, y puede que su estado de ánimo mejore temporalmente cuando sucede algo bueno o emocionante.

También, hay evidencia de que las personas con depresión pueden tratar de ocultar camuflando o enmascarando ciertos rasgos o emociones para pasar desapercibidas.
 
 
¿Por qué la gente oculta su depresión?

Algunas personas con "depresión sonriente" ni siquiera se dan cuenta de que están deprimidas, así que tampoco saben que lo están ocultando.

"Podrían pensar que sus síntomas son simplemente un efecto secundario de llevar una vida ajetreada y estresante", dice Remes.

Es particularmente común en personas perfeccionistas y meticulosas querer evitar que los demás se den cuenta.

"Tienen altas expectativas de sí mismos y puede que no quieran admitir, ni a sí mismos ni a los demás, que están pasando por dificultades", afirma.

Algunas personas temen el estigma y ser una carga para los demás. Algunos estudios demuestran que otras pueden preocuparse por ser juzgadas o por tener consecuencias en el trabajo o en sus relaciones personales.

Las expectativas culturales o familiares también pueden hacer más difícil hablar abiertamente.

Sentirse más sensible al rechazo o a las críticas de lo normal puede ser un signo de depresión.

 
 
¿Cuáles son los riesgos de ocultar la depresión?

Los expertos afirman que guardar las apariencias puede ser peligroso.

"La depresión nos aísla y nos hace sentir solos, y a menudo uno de los mejores antídotos contra el bajo estado de ánimo es conectar con los demás", afirma el profesor Barney Dunn, psicólogo clínico de la Universidad de Exeter.

Ocultar la depresión también puede implicar que las personas no reciban la ayuda que necesitan.

"Los primeros síntomas, si no se tratan, pueden convertirse en algo crónico y grave, y aumentar el riesgo de suicidio", afirma Remes.
 
 
 
Siete señales de depresión que pasan inadvertidas fácilmente
 
Algunos cambios pueden pasar inadvertidos fácilmente, pero ser señales de que las cosas no están bien.

1. Dejar de disfrutar de las cosas

Si las cosas que normalmente esperas con ilusión, como ver a tus amigos, ir al gimnasio o incluso tu programa de televisión favorito, empiezan a parecerte una obligación, quizás valga la pena indagar un poco más a fondo.

"Es fácil atribuir la falta de placer o interés en los pasatiempos habituales al ajetreo y al ritmo de vida acelerado", dice Remes.

2. Sentir los brazos o las piernas inusualmente pesados

Conocida como "parálisis plumbea", esta sensación de pesadez en las extremidades que hace que los movimientos cotidianos resulten más difíciles puede ser un signo de depresión atípica.

3. Cancelar planes una y otra vez

A veces puedes aparentar estar bien cuando estás con otras personas, pero cancelas tus planes cuando tu estado de ánimo decae y ya no puedes disimular cómo te sientes.

4. Dormir más, pero aún sentirse agotado

Es posible que sigas realizando todas tus actividades normales, pero te sientas cada vez más agotado.

"Las tardes pueden ser especialmente difíciles", dice Remes, "ya que las personas con esta afección pueden sentirse peor al final del día y necesitar dormir más de lo habitual".

5. Ser más sensible a las críticas o al rechazo

Un comentario casual de tu jefe o la cancelación de planes por parte de un amigo pueden dolerte mucho más de lo habitual.

Según Remes, una mayor sensibilidad a las críticas o al rechazo, que también es algo que pueden experimentar las personas con TDAH, es una característica de la depresión atípica.

6. Ser siempre el gracioso o el servicial

Una persona que lucha contra la depresión no siempre se aísla. A menudo, puede acabar haciendo lo contrario, como convertirse en el alma de la fiesta, volcarse en el trabajo o desvivirse por ayudar a los demás.

7. Tu monólogo interior es constantemente negativo

Puede que aparentes seguridad en ti mismo, aunque internamente seas mucho más crítico contigo mismo.

La inseguridad, los sentimientos de inutilidad y los pensamientos de vacío son posibles señales de alerta.
 
Los expertos señalan que la depresión no siempre cumple con la imagen estereotípica de una persona que no se para de la cama.


 
¿Qué puede ayudar?

El término "depresión sonriente" no está exento de críticas.

Si bien puede ayudar a las personas a reconocer y nombrar lo que están experimentando, también puede "simplificar demasiado" una experiencia compleja, afirma Remes.

"La palabra 'sonreír' te hace pensar en alegría y felicidad", dice, "pero la característica principal de esta condición es en realidad la desesperanza, el vacío y la falta de valía".

El profesor Dunn sugiere empezar poco a poco, compartiendo brevemente cómo te sientes con alguien de confianza.

"A menudo, las personas se sorprenden de que esto pueda fortalecer sus relaciones con los demás, ayudarlas a sentirse conectadas y darse cuenta de que no están solas", afirma.

Y si estás sufriendo, recomienda que hables con tu médico.

"Existen pruebas sólidas de que hablar, los fármacos [antidepresivos] y las terapias sociales pueden ser eficaces", afirma.


 

viernes, 9 de octubre de 2026

4 comportamientos que acaban con una relación de pareja y 2 señales que indican que aún hay esperanza de salvarla








Por Sophie Hardach
BBC Future*



Si estás en una relación infeliz, es posible que te duela el corazón; literalmente.

Las discusiones acaloradas pueden provocar problemas de sueño y hasta dolor cardíaco y muscular.

Pueden hacer que todos los miembros de la familia, incluidos los niños, sean más vulnerables a problemas de salud física y mental.

Una relación feliz puede mejorar tu salud e incluso prolongar tu vida. Una relación infeliz puede tener el efecto contrario, aumentando el riesgo de muerte prematura al deteriorar tu salud.

De hecho, las relaciones de mala calidad se consideran un factor de riesgo para la salud igual o mayor que el tabaquismo o la falta de ejercicio. Y luego, por supuesto, está el dolor de corazón en sentido figurado: el sufrimiento que conlleva el desmoronamiento de una relación amorosa.

Entonces, ¿cómo transformar una relación infeliz en una feliz? ¿Es siquiera posible?

Un creciente número de investigaciones revela respuestas sorprendentes y ofrece esperanzas a las parejas decididas a cambiar el rumbo de su relación.


Por qué discuten las parejas



 
Si empiezas una relación nueva y la primera discusión que tienes con tu pareja es sobre platos sucios, es posible que estés vislumbrando un futuro lejano: las investigaciones sugieren que los temas sobre los que discuten las parejas permanecen bastante constantes a lo largo de la relación.
 
Estos problemas recurrentes se conocen como problemas perpetuos o estancados.

"Esas cuestiones estancadas podrían tener que ver con las finanzas, la crianza de los hijos, la vida sexual o cómo negocian el poder en la relación", dice Carrie Cole, psicóloga y directora de investigación del Instituto Gottman de terapia de pareja en Seattle, EE.UU.

Pero también puede tratarse de cuestiones aparentemente menores, como la limpieza.

En un estudio longitudinal, el psicólogo John Gottman y su equipo observaron los desacuerdos de las parejas en una evaluación inicial y después, nuevamente, cuatro años después.

Descubrieron que el 69% de las veces las parejas seguían discutiendo sobre el mismo tipo de temas que habían debatido cuatro años antes.

Otros estudios han revelado un patrón similar, con ciertas cuestiones centrales, como el dinero, que surgen en conflictos en hogares e incluso en ciertas culturas.


Los desacuerdos sobre el dinero, en particular, causan las disputas más persistentes y acaloradas. La división desigual de las tareas domésticas es otra causa de tensiones y puede aumentar la probabilidad de divorcio.

En sí mismo, el desacuerdo no es necesariamente una mala señal. Puede ser simplemente una parte natural de aprender a comprender y responder a las necesidades de los demás. Y tanto las parejas felices como las infelices discuten.

La diferencia crucial entre parejas felices e infelices es cómo se comportan sus integrantes, sugiere la investigación, durante y también fuera de las discusiones.




4 comportamientos que acaban con una relación



La evasión es un problema que puede terminar llevando hasta la ruptura.


Cole cita cuatro comportamientos específicos que podrían indicar que una relación puede estar a punto de romperse, según los estudios: la crítica, el desprecio, una actitud defensiva y la evasión (lo que significa retirarse de un conflicto negándose a participar).

"Esos cuatro comportamientos acabarán con una relación", dice Cole. Pero, añade, "son reparables, si la pareja quiere solucionarlos". (Sigue leyendo para obtener consejos específicos).

De hecho, no es sólo la relación la que está en riesgo: investigaciones independientes han demostrado que las críticas persistentes de la pareja predicen significativamente una muerte más temprana.

Las discusiones que involucran este tipo de comportamientos, junto con agresión y hostilidad, se conocen como destructivas y, en última instancia, pueden aumentar el riesgo de divorcio.

Sin embargo, las discusiones constructivas, que se centran en resolver problemas mutuamente con respeto, curiosidad y amabilidad, pueden fortalecer la relación.
 
Un factor clave es la capacidad de respuesta: la sensación de que tu pareja te escucha, te apoya y te comprende.

Experimentar que tu pareja responde no solo se asocia con una mayor satisfacción conyugal, sino que incluso puede amortiguar la inflamación y mejorar la salud física y la longevidad.

La bondad y la cooperación también pueden generar buena voluntad a largo plazo. Un estudio de 20 años de parejas casadas mostró que la toma de decisiones compartida y las tareas domésticas igualmente compartidas se asociaban con una mayor felicidad conyugal y menor conflicto.

La forma en la que las parejas discuten puede incluso afectar su sueño: las discusiones destructivas se asocian con un mal sueño, mientras que las constructivas se asocian con un buen sueño, según una investigación.


Reconstruir la empatía


 
La ayuda de un terapeuta puede ser la clave para convertir las discusiones de problemáticas en constructivas.



Si estás en medio de una relación infeliz, puede parecer casi imposible pasar de discusiones amargas y hostiles a discusiones amables y solidarias.

Pero una gran cantidad de evidencia demuestra que es posible, por ejemplo, con la ayuda de la terapia.

Las investigaciones sugieren que la terapia de pareja tiene un impacto positivo en el 70% de las parejas que la llevan a cabo.

Puede ayudar a mejorar los problemas de relación, aumentar la satisfacción sobre la misma y prevenir la angustia, fortaleciendo la intimidad emocional y ayudando a mejorar los problemas de salud física o emocional individuales.

"En la mayoría de las parejas que llegan al punto de la terapia, la empatía casi se ha evaporado", dice Jay Lebow, terapeuta de pareja y profesor clínico de psicología en el Instituto Familiar de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois (EE.UU.).

Lebow, quien es coautor de un estudio que encontró que la terapia de pareja es efectiva, añade que un desafío es cómo reconstruir la empatía.



Los psicólogos se fijan en ciertas actitudes y comportamientos para entender qué relaciones tienen mayores probabilidades de sobrevivir al conflicto.



Hay una serie de señales que sugieren que la terapia está funcionando, afirma.
 
"Una de ellas es que [los clientes mejoren su] habla y escucha. Eso suena bastante fácil, pero cuando estás en una relación angustiosa, se vuelve muy difícil escuchar", dice.
 
Trabajar en la relación también se trata de "poder dar un paso atrás y preguntarnos qué está pasando entre nosotros, en lugar de cuáles son los problemas que tengo con mi pareja", dice.


Dos señales para la esperanza

Hay dos señales específicas que le dan esperanza a Cole en sus sesiones con parejas.

Una es cuando un miembro de la pareja le dice al otro: "Puedo ver por qué te sientes así". Para Cole, esto es una señal de que la pareja está "aceptando la influencia" del otro. "Con esto quiero decir que pueden considerar válida la perspectiva de cada uno, aunque pueda ser diferente a la suya", explica.

La otra señal reveladora es: "¿Sienten curiosidad el uno por el otro? Si la sienten, hay algo de esperanza", dice. Incluso si no están de acuerdo con lo que dice el otro, "dirían algo como: 'Cuéntame más sobre eso, ¿cómo llegaste a creer eso?'".

Si las personas trabajan en sus problemas, "la evidencia de que se obtienen buenos resultados es bastante sólida", dice Lebow.


Compartiendo sueños

Cuando se trata de resolver un conflicto estancado, comprender los sueños y objetivos de cada uno puede ayudar, dice Cole.

Pone el ejemplo de una pareja que acudió a terapia por discusiones recurrentes por dinero.

Ambos habían crecido en la pobreza. Pero esto los había moldeado de maneras muy diferentes. El objetivo de la esposa era tener seguridad e independencia financiera, mediante el ahorro y una cuidadosa elaboración de presupuestos.

El marido quería gastar el dinero que tanto le costó ganar en cosas bonitas y disfrutar de la sensación de integrarse al resto de la sociedad y no estar más aislado por la pobreza.

Esto llevó a interminables disputas sobre el gasto.

"Peleaban por esas cosas todo el tiempo. Y nunca llegaban a entender el motivo por el que peleaban", dice Cole.

En terapia, se escucharon hablar mutuamente sobre sus dolorosas experiencias habiendo crecido en la pobreza y cómo esto había moldeado sus objetivos en la vida. Aprendieron a llegar a acuerdos y acordaron cuánto dinero iban a reservar para el ahorro y cuánto serían libres de gastar.

"Lo resolvieron. Pero tenían que entender qué era importante para cada uno de ellos, antes de poder estar abiertos a aceptar la influencia mutua y trabajar hacia un compromiso que incluyera los sueños de ambos", dice Cole.

Lebow también destaca otro factor: "La motivación de los clientes es muy importante", afirma. "Puedes tener al mejor terapeuta de pareja del mundo, con las personas menos motivadas, y es poco probable que el resultado sea bueno. Puedes tener los clientes más motivados con el peor terapeuta, pero aún así podrías hacerlo bien. Eso marca una gran diferencia".


 
Compartir sueños e ilusiones ayuda a fortalecer el vínculo de la pareja, según investigaciones.


Terminando mejor

Incluso las parejas que se separan pueden beneficiarse de la terapia, dice Lebow.

Puede ayudarles a afrontar la separación en sí y su posible impacto en la salud mental. Puede hacer que el proceso sea menos hostil y también ayudar a la pareja a apoyar la salud mental de sus hijos, si los tienen, dice.

Y aunque una ruptura o un divorcio pueden ser increíblemente dolorosos, "estos son momentos en los que realmente puedes aprender algo sobre ti mismo", afirma. "Es un momento en el que mucha gente aprende cosas que son muy valiosas para ellos y para el resto de sus vidas".

Pero Lebow añade que trabajar habilidades como la escucha y la empatía no sólo ayuda a las parejas en dificultades: "Incluso las personas que tienen buenas relaciones pueden mejorar su relación".


Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Future. Si quieres leer la versión original, en inglés, haz clic aquí.



Fuente: 4 comportamientos que acaban con una relación de pareja y 2 señales que indican que aún hay esperanza de salvarla



miércoles, 30 de septiembre de 2026

La gente pronuncia cada vez menos palabras y eso es una mala noticia, según los expertos


 

Redacción
BBC News Mundo 

 

Quizás no lo hayas notado, pero los números lo demuestran: cada año la gente habla menos.

O al menos eso está ocurriendo en las culturas "occidentales e individualistas", según un estudio revisado por pares publicado en la revista Perspectives on Psychological Science.

Sus autores analizaron cuándo hablaban al día unos 2.000 participantes de todas las edades en varios países, incluidos EE.UU., México, Australia y algunos de Europa.

Y luego de revisar los datos de un periodo de 17 años, encontraron una tendencia clara hacia la pérdida de palabras: las personas dejaban de pronunciar más de 300 palabras cada día.

Si se suman, son casi 110.000 palabras al año, lo cual equivale al contenido de una novela corta.

Aunque los científicos Valeria Pfeifer y Matthias Mehl aseguran que las muestras no se enfocaron en encontrar las causas, la rápida expansión del uso de celulares, internet y las redes sociales en las últimas décadas podrían tener un impacto en cuánto la gente dejó de comunicarse.

Y luego vino la pandemia de covid-19, que obligó a muchos al aislamiento social, seguida del trabajo remoto y la expansión de las tecnologías "sin contacto".

Mehl, sin embargo, reconoce que hay culturas que son "colectivistas", que no encajarían en los resultados obtenidos entre las más de 2.000 personas analizadas.

La forma de contrarrestar esto y combatir la "epidemia de soledad" que se vive en muchos países, según Mehl, es algo tan simple como atreverse a hablar con "extraños", que pueden ser tan cercanos como los vecinos.

El científico habló sobre su investigación con la corresponsal especial de la BBC Katty Kay.

Matthias Mehl conversó con Katty Kay en el podcast "New Normal" de la BBC


¿Cómo llegaste al hallazgo de que la gente habla cada vez menos cada año?

En 2007 habíamos publicado un estudio sobre la ausencia relativa de diferencias de género en el uso diario de palabras [hombres y mujeres pronunciaban un número similar de palabras]. Y a la gente le preocupaba que nuestra muestra fuera limitada.

Así que, 17 años después, volvimos con una muestra aproximadamente cuatro veces mayor, con más de 2.000 personas. La doctora Pfeiffer dijo: "Tengo los resultados y son como 12.000 palabras".

Y le dije: "Eso debe estar mal, no puede ser. Tienen que ser unas 16.000, porque eso fue lo que encontramos en ese entonces".

Y ella revisó los números y los tenía correctos desde el principio. Así que nos sorprendió mucho ver que había una pérdida de unas 4.000 palabras en prácticamente 17 años.


La primera suposición que hago es que el celular ha reemplazado nuestra habla, que estamos usando más los pulgares y enviando más mensajes y hablando menos. ¿Es eso lo que han encontrado?

No lo analizamos directamente en el estudio. Pero creo firmemente que hemos cambiado muchas de las palabras habladas por las escritas.

De hecho, ni siquiera me sorprendería que nuestro volumen total de palabras superara el de entonces, porque escribimos muchísimo en correos electrónicos, mensajes de texto y redes sociales.

Pero lo más interesante y lo más importante es que, si perdemos estas palabras por nuestros dispositivos digitales, entonces la pregunta es si los nativos digitales, la generación más joven, habrían perdido más de esas palabras.

Y eso lo pudimos comprobar. Así que dividimos nuestra muestra en dos: en un grupo con participantes menores de 25 años y en otro con mayores de 25. Y, efectivamente, como era de esperarse, descubrimos que la pérdida era mayor en el grupo más joven.

En promedio, fueron 338 palabras al día. Los participantes más jóvenes, menores de 25 años, perdieron 451 palabras. Y los participantes de mayor edad, por otro lado, perdieron 314 palabras.

Esto indica que estamos perdiendo vocabulario debido a estos dispositivos.

La pérdida de conversaciones es una tendencia de las culturas "occidentales e individualistas", señala Matthias Mehl.


¿Sabes algo más sobre las palabras específicas que estamos perdiendo y los tipos de conversaciones que podríamos estar perdiendo?

Es mucho más probable que lo que hayamos perdido sea una buena cantidad de esas pequeñas conversaciones casuales que solíamos tener.

Porque la infraestructura social ha cambiado de tal manera que ahora hay muchas menos oportunidades de intercambiar unas palabras con lo que los científicos llamarían "vínculos débiles".

Son esas personas con las que nos cruzamos aquí y allá, que no desempeñan un papel particularmente importante en nuestras vidas, pero con las que nos encontramos una y otra vez, y con las que solíamos tener una conexión.

Claro, ahora cuando saco a pasear a mi perro por la mañana, suelo usar mis audífonos para ponerme al día con las noticias y no saludo a mi vecino. O cuando voy al supermercado y en la fila para pagar estoy escuchando un podcast, ya no charlo con la persona que me está cobrando. ¿Es ese el tipo de interacción casual a la que te refieres?

Eso es exactamente lo que tenía en mente. Y estamos ampliando los límites aún más.

Ahora puedes pagar la cuenta en el restaurante acercando tu celular a la factura, escaneando el código de barras y pagando a través de él. Así que ya ni siquiera tienes que hablar con el mesero.

Y lo mismo ocurre, por supuesto, a la hora de pedir direcciones. No sé quién pide direcciones hoy en día cuando no sabes adónde ir, si tienes tu celular.

Estas son precisamente las conversaciones que creo que estamos perdiendo. Y es interesante preguntarse: ¿eso importa?

Hace que nuestras vidas sean más eficientes, ¿no? Tienes la oportunidad de escuchar podcasts mientras paseas a tus perros. Así que creo que nuestra búsqueda de la eficiencia nos ha hecho perder esas conversaciones espontáneas.

Tenemos una panadería aquí en la ciudad; yo soy originario de Alemania, ahora vivo en Arizona [EE.UU.], y esta es una panadería realmente buena, una panadería local. Y voy ahí, y la persona me dice: "Hola, Matthias".

Y yo pienso: "Vaya, me reconoce".

Interacciones como las de pedir a alguien indicaciones en la calle se han perdido.

Y creo que lo que también estamos perdiendo son esos micromomentos de pertenencia que tenemos con esas conversaciones espontáneas. En los momentos en que paseábamos a nuestros perros y saludábamos al vecino, te sentías reconocido, te sentías visto, sentías un micromomento de pertenencia.

No es esa gran sensación de pertenencia que se tiene con la familia y cosas por el estilo, pero te hace sentir bien. Y creo que en estos tiempos en los que la gente ha dicho que estamos atravesando una epidemia de soledad, el aislamiento social es realmente importante. Creo que esos micromomentos de ser visto, de ser reconocido, de sentir un poquito de tu valor, creo que pueden significar mucho.

Tus datos se detienen en 2019, lo cual obviamente es justo antes de la pandemia y antes del trabajo remoto. ¿Tienes alguna idea, sin embargo, de lo que ha pasado desde la pandemia, si esto se ha acelerado o disminuido, o qué ha pasado con nuestras conversaciones?

Tenemos estudios en curso ahora que, en unos años, podremos analizar. Así que no contamos con datos directos, pero no tengo motivos para creer que esa tendencia se haya detenido, ya que la pandemia fue una experiencia que generó mucho aislamiento.

Fue una experiencia en la que no pudimos tener precisamente esas conversaciones espontáneas porque era necesario mantener el distanciamiento social.

Al salir de la pandemia, muchas personas reportaron una cierta inercia social, como si interactuar socialmente se hubiera vuelto más difícil, y que recibir visitas de amigos o salir se hubiera vuelto más complicado.

Así que creo que tal vez nos hayamos recuperado un poco de ese bajón de la pandemia, pero, en general, me sorprendería mucho que hubiéramos logrado frenar seriamente esa tendencia.

La pandemia trajo más aislamiento social, incluido el teletrabajo que ha perdurado años después.

¿Tienes alguna idea sobre cómo podríamos revertir esta tendencia?

No tengo una gran solución, pero sí he hablado de estos dos científicos, Gillian Sandström y Nicholas Epley, quienes han escrito dos libros: Once Upon a Stranger (Érase una vez un extraño, traducción libre) y A Little More Social (Un poco más social, traducción libre), y los he leído, inspirado por nuestro propio descubrimiento de que estamos perdiendo estas palabras.

Se pueden resumir en: simplemente hazlo, ten unas cuantas interacciones más. Así que me he fijado esa meta: cada vez que pienso 'Creo que podría hablar con esta persona ahora mismo', simplemente lo hago.

Hay un elemento que creo que me tomó un tiempo comprender: hablamos de esos micromomentos de pertenencia y eso es lo que yo obtengo de estas conversaciones, pero creo que la sociedad puede sacar aún más provecho de estas conversaciones.

Así que, en el momento en que voy a saludar al vecino en la calle y le digo "Hola", siento un pequeño instante de "Soy parte de este vecindario". Pero, al mismo tiempo, este tipo de microinteracciones también son, en cierto modo, tranquilizadoras.

Te dicen: "Mira, te veo, no te deseo nada malo".

Y creo que en nuestros tiempos, en los que no solo tenemos una epidemia de aislamiento social, sino que también enfrentamos el desafío de la polarización, de una fuerte polarización, creo que esto podría incluso ser una oportunidad para acercarnos un poco más.


Aquí puedes ver la entrevista en inglés 


Fuente: La gente pronuncia cada vez menos palabras




 



jueves, 17 de septiembre de 2026

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

 

 

Por Laurie Clarke
BBC Future
 
 
Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

"Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?", reclamó Georgia. "Sí, por supuesto", tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, "No tienes que invitarlas si no quieres".
 
Pero todas sabíamos que sí, sí que tenía.

Probablemente tú tengas recuerdos de tu propia Georgia, una chica popular que podía provocar miedo con una mirada. Tal vez tú eras una Georgia.

Cualquiera sea el caso, los recuerdos están. 
 
Tras hablar a cientos de personas sobre sus experiencias en la secundaria, Mitch Prinstein, profesor de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., encontró que los recuerdos de aquellos que lideraban en los corredores escolares eran curiosamente potentes.

Incluso décadas después de dejar la secundaria, la mayoría de las personas pueden fácilmente recordar el nombre del estudiante más popular de su generación, mucho mejor que los nombres de los profesores y otros compañeros de clase, escribió Prinstein en su libro de 2017 Popular: The Power of Likeability in a Status-Obsessed World ("Popular: El poder de la simpatía en un mundo obsesionado con el estatus").

Y no son sólo los recuerdos los que quedan grabados.

Los estudios señalan que lo popular que fuimos como adolescentes puede influir en nuestras vidas por muchos años en aspectos que van desde cómo entendemos nuestras interacciones sociales hasta la fortaleza de nuestras relaciones amorosas, nuestra satisfacción con la vida e incluso nuestra salud.
 
 
"¿Quién te cae mejor/peor?"

Fue el psicólogo estadounidense John Coie quien cambió la manera en que los investigadores pensaban sobre la popularidad.

En sus ahora influyentes estudios de comienzos de 1980, empezó preguntando a los escolares dos preguntas simples sobre sus compañeros: "¿Quién te cae mejor?", y "¿Quién te cae peor?".

Coie utilizó las respuestas de los chicos para proponer cinco categorías sociales.

Están los "aceptados" y "rechazados", aquellos que fueron ampliamente apreciados o despreciados respectivamente.

Luego se encuentran los "controvertidos", aquellos que recibieron un alto número de "aprecios" y "desprecios", los "abandonados", porque fueron escasamente mencionados de una manera u otra, y los "promedio", es decir, que no se inclinaron extremadamente en ninguna dirección.

Muchos estudios han confirmado la utilidad de estas etiquetas. Generalmente encuentran que 40% de los chicos son "promedio" y 60% caben dentro de las otras cuatro categorías.

Los jóvenes más apreciados tienden a ser percibidos por sus pares como amables, alentadores y serviciales, mientras que los "abandonados" tienden a ser callados y a quedarse aislados.

Los chicos "rechazados" son o bien agresivos o bien víctimas de matoneo. 
 
Los "controvertidos", el grupo más raro, dividen a la gente, y son típicamente percibidos como los payasos de la clase o rebeldes. 
 
En primaria, los valores de los niños suelen alinearse con los de sus supervisores adultos. En la secundaria, eso cambia, alterando el panorama social.
 

Notablemente, Coie encontró que la mayoría de las etiquetas permanecían iguales cuando ingresaban a nuevos grupos de pares.

Y mientras que la investigación inicial fue realizada en nivel escolar, muchos estudios han reproducido los resultados en adolescentes. Uno encontró que casi la mitad de los niños mantuvieron la etiqueta que tuvieron en primaria cinco años después en la secundaria.

"Tuve una experiencia tan mala en la primaria. Siempre recuerdo a mi madre diciendo: 'Las cosas mejorarán cuando entres a secundaria'", cuenta Connie*, otra amiga a quien le pregunté sobre su experiencia.

"Pero creo que una vez que te hicieron bullying o si tienes algo que te hace ver diferente… prácticamente era un blanco fácil", continúa.

Ella, por ejemplo, recibió maltrato en una secundaria y se cambió, pero en la nueva institución se enfrentó a un patrón similar.
 
 
Primaria versus secundaria

Aunque las etiquetas continúan siendo las mismas, la dinámica social cambia dramáticamente entre primaria y secundaria.

En la primaria, los "populares" suelen ser aquellos bien portados y estudiosos, porque en ese período los valores de los chicos normalmente están alineados con los de sus supervisores adultos.

Todo eso cambia en la secundaria. Los adultos y todo lo que representan se vuelven tristemente indeseables. Una persona sobresaliente podría encontrarse relegada al estatus de nerd, mientras que una más ruidosa podría ver su estrellato ascender.

Hablando por teléfono con mi otrora terror del patio escolar y ahora amiga íntima Georgia, le pregunté si ella misma se consideraba popular en la escuela secundaria. Me contesta que no se percibía a sí misma de esa manera.

"'Popular' suena como que le caes bien a la gente y no creo que fuera mi caso", explica. "Tal vez era un poco más parecido a infame… estridente, queriendo llamar la atención".

De adolescente, Georgia personificó el arquetipo de "controvertida". Actuaba agresivamente y se comportaba mal en clase. Y los estudios indican que se equivoca al creer que eso la hacía inelegible para la etiqueta "popular".
 
Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la escuela secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.
 
 
En la secundaria, "empezamos a notar quiénes llaman más la atención, quiénes son más dominantes o cool", indica Prinstein.

Y agrega que también se destacan "los que empiezan a volverse más atractivos físicamente, los que se ajustan a los estándares de sus pares, como los que se visten bien o son buenos deportistas".

El ejercer un comportamiento "pseudomaduro", las acciones asociadas con adolescentes mayores o adultos, es otra vía rápida para adquirir estatus. Los adolescentes que beben alcohol, consumen drogas o están en relaciones amorosas precoces tienen mayor probabilidad de ser considerados populares, por lo menos durante un tiempo.

Alrededor de los 15 años, ese comportamiento cesa de conceder estatus al mismo nivel.

A medida que los estudiantes de secundaria empiezan a madurar, la búsqueda manifiesta de estatus se vuelve socialmente menos inmediata.

Pero las repercusiones de estas experiencias tempranas pueden tener consecuencias.

"Las experiencias que tenemos de chicos, ya sea que caigamos bien, que seamos populares o tengamos una estatus alto parecen tener un efecto duradero aun 40 años después", afirma Prinstein.

Sin embargo, "la simpatía y el estatus tienen efectos bastante opuestos", dice.

"La simpatía es buena. Generalmente conduce a todo tipo positivo de salud, trabajo, resultados psicológicos y académicos. Tener un estatus alto deriva en lo opuesto".
 
 
La cultura del grupúsculo

Los investigadores solían interpretar la cultura de la escuela secundaria como una versión inmadura de la sociedad adulta.

En los 1960, empezaron a entender que esta "cultura de los pares" era algo más extraño, un mundo paralelo animado por sus propias fascinaciones quijotescas y códigos establecidos.

En lugar de una jerarquía simple, el panorama social de la secundaria presenta un sistema dinámico de círculos íntimos. Los arquetipos clave son reflejados en la cultura popular, desde las películas American Pie hasta The Breakfast Club.

En los primeros años de secundaria, las fronteras entre los círculos íntimos tienden a ser rígidas.

"Las personas jóvenes pueden actuar como clan, siendo intolerantes y crueles en la exclusión de los otros que son 'diferentes'", escribió el psicoanalista germano estadounidense Erik Erikson en su libro de 1959, Identity and the Life Cycle ("Identidad y el ciclo de vida").

Esta intolerancia, según Erikson, podría ser "una defensa necesaria" contra la pérdida de identidad que uno sufre en la niñez, combinada con un desconcertante asalto de cambios hormonales, y la naturaleza abrumadora del futuro, con todas sus posibilidades y opciones.

Los adolescentes se ayudan mutuamente durante esa incomodidad, "formando círculos íntimos y estereotipándose", sugirió. 
 
Esa autoclasificación facilita la navegación de los mundos sociales de los adolescentes, porque la "categoría" relativa de cada persona dictamina cómo debería ser tratada.

Sin embargo, una cosa que se pasa por alto en la cultura popular son los grandes sectores de adolescentes que no se adhieren a ninguna subcultura en particular.

Un estudio de 1985 encontró que un 45% de estudiantes de secundaria se definían como simplemente "normales".

Mientras que los chicos populares hablaban de solo verse bien e ir de fiesta, los que se autodefinían como "normales" decían cosas como "simplemente soy un adolescente común y corriente".

Ser "anormal" y sobresalir por las razones equivocadas puede ser socialmente catastrófico.

Connie recuerda llegar a su nueva escuela a los 13 años y encontrar imposible navegar esos grupos.

"Recuerdo intentar ser amiga de niñas nerd. Recuerdo tratar de ser amigas de las chicas cool", cuenta. "Traté de encajar con la gente de música. Empecé a tocar la trompeta".

Pero todo fue inútil. "Creo que sabía en mi corazón que eso simplemente no estaba funcionando", reconoce. "No había un lugar donde cabía. Al final, quedé completamente ignorada por todos".
 
 
Cuando los adolescentes maduran

Hacia el final de la secundaria, la estricta jerarquía social se relaja un poco.

A comienzos de 1990, el investigador David Kinney realizó un proyecto de investigación etnográfica en el que se internó en una secundaria para observar de cerca los cambios de las fronteras de los círculos íntimos.

Encontró, por ejemplo, que los antiguos "nerds" lograron hacer la transición a "normales".

Para muchos de estos con los que Kiney habló, el desarrollo cognitivo significó que pudieron sentirse menos temerosos y rodearse de pares que les daban reconocimiento positivo.

Ser "aceptado" en la escuela secundaria y en general es un fuerte indicativo de un resultado positivo en la vida.
 
 
A medida que los adolescentes maduran, las amarras de conformidad se aflojan.

Los populares podrán incluso enfrentar amenazas de personajes rebeldes alternativos.

El estudio de Kinney encontró que en los años posteriores, los que estaban "más de moda" eran desafiados por estudiantes con "apariencia extravagante y comportamiento pendenciero", que "competían con ellos en popularidad".

Algunos de estos cambios sutiles debieron estar en camino cuando, a los 15 años de edad, Georgia me pidió por primera vez que nos juntáramos, pero todavía recuerdo sentir confusión e incredulidad.

Casi 20 años después le pregunto a Georgia por qué quería ser mi amiga, algo que nunca le había preguntado. "Creo que había una extrañeza que compartíamos", contesta titubeante. "Como si ninguna de nosotras fuera normal".
 
 
La escuela, el ejército y la cárcel

Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.

Cuando Lucy Foulkes, una psicóloga de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y autora de Coming of Age: How Adolescence Shapes Us ("Llegando a la mayoría de edad: cómo la adolescencia nos forma"), compartió un mensaje en las redes sociales sobre "el efecto de la chica mala", recibió un alud de mensajes.

"Muchas personas decían, que no pasa solo en la adolescencia, sino en el lugar de trabajo, con las mamás a las puertas de la escuela", expresa Foulkes.

"Es un fenómeno humano que algunas personas adquieran mayor poder social y dominio sobre otras. Simplemente hay algo particularmente agudo de eso en la adolescencia", agrega.

Foulkes señala que los adolescentes están rodeados de las mismas personas casi todos los días durante años, de una manera "que simplemente no sucede durante la adultez en realidad, a no ser que sea en el ejército o la cárcel. Hay una intensidad en el entorno que va más allá de los que sucede dentro de sus cerebros".

Es esa intensidad que explica en parte por qué estas experiencias moldean cómo le damos sentido a los encuentros sociales incluso muchos años después.

"Esas experiencias de cuando teníamos 14 años se usan como una suerte de lente a través del cual ver el mundo", opina Prinstein. 
 
Apunta a los estudios que sugieren que el modelo mental que usamos para procesar nuestros mundos sociales empieza a formarse en la niñez y que las partes que procesan la memoria en el cerebro están activas cuando las personas piensan sobre el comportamiento social.

"Esos recuerdos están siendo traídos al presente todo el tiempo". 
 
 
¿Dónde están los "chicos cool" ahora?

Muchos de nosotros probablemente nos hemos preguntado qué pasó con los "chicos cool" que conocimos en nuestra adolescencia.

En un estudio de 2015, Joseph Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, EE.UU., se lanzó a estudiarlo. Sus descubrimientos no dan buenos augurios para los otrora jóvenes populares.

Tras hacerles seguimiento a 184 adolescentes en el sureste de EE.UU. de entre 13 y 23 años, Allen encontró que aquellos deseosos de lograr estatus y que practicaban comportamientos "pseudomaduros" a comienzos de su adolescencia estaban en mayor riesgo de tener dificultados a largo plazo.

El gusto temprano por el alcohol y las drogas estaba vinculado a una mayor vulnerabilidad a abusar de sustancias y tener problemas de adicción más tarde en la vida. Y darle foco al estatus a una temprana edad conducía a lazos personales menos estrechos y dificultades manteniendo amistades y relaciones amorosas.

La experiencia de ser rechazado también puede dejar secuelas. La investigación de Prinstein encontró que los estudiantes de secundaria rechazados tenían probabilidad de sufrir más depresión con el paso del tiempo. Planteó la hipótesis de un círculo vicioso en acción, donde la experiencia del rechazo engendra más aislamiento, que a su vez intensifica la sensación de rechazo.

En contraste, la "simpatía", es decir, el ser "aceptado" en la secundaria es uno de los más fuertes indicadores de resultados positivos en la vida, como una carrera exitosa, buena salud y relaciones sólidas, aun más que los factores como la inteligencia y el origen socioeconómico.

Aun así, las personas que experimentan rechazo también pueden desarrollar fortalezas importantes, como el ser más hábil en identificar cómo los otros se sienten o ser más consciente del maltrato de otros. Se ha demostrado que esa inteligencia emocional es útil para navegar las relaciones personales y el entorno laboral.

Y un niño no tiene que ser "aceptado" para gozar de una vida social satisfactoria de adulto. Los estudios han encontrado que tener uno o dos buenos amigos en la adolescencia puede otorgar una efecto protector y fortalecer las relaciones futuras.
 
 
Cambio de libreto

Lo más importante es que tenemos el poder para cambiar cómo nuestras experiencias tempranas nos afectan.

Según Prinstein, los libretos de la secundaria con los que abordamos las interacciones se pueden convertir en una profecía cumplida.

"Cuando entramos en un contexto social, podríamos estar concentrándonos en esos trazos de información que confirman nuestras peores expectativas", expresa. "Entonces nos comportamos en maneras que podrían de hecho fomentar más experiencias negativas".

Por ejemplo, al decidir que un comentario ambiguo probablemente no buscaba molestarnos, podemos ayudarnos a tener experiencias más satisfactorias, explica Prinstein.

Como una adolescente de "alto estatus" que practicaba un comportamiento arriesgado o "pseudomaduro" desde temprana edad, Georgia dice: "Tengo algo de tristeza por mi yo más joven. Nunca viví la experiencia de ser simplemente una chica normal".

Me cuenta que una temprana experiencia de ver a una amiga golpeada, combinada con un comportamiento abusivo en el hogar, la convencieron de actuar agresivamente para proyectar invulnerabilidad.

Se lamenta del hecho de que no recibió más apoyo a esa edad y que, al contrario, fue catalogada por el profesorado como una "chica mala". "Eso moldeó completamente la trayectoria de mi carrera y mi fiero activismo por las personas vulnerables", asegura.

Entretanto, Connie dice que sus experiencias tempranas de rechazo finalmente la condujeron a un patrón de autosabotaje. "Creo que me había dado por vencida de muchas formas y tenía tantos comportamientos autodestructivos que me resultó difícil mantener amistades", reconoce.

Eso culminó en un período de crisis en su adolescencia tardía, sobre lo cual desde entonces ha trabajado para sanar. Más de una década después, ha descubierto lo que ama y afirma que rara vez piensa sobre sus días en la escuela secundaria.

Tanto Connie como Georgia son testimonios del hecho que las etiquetas que una vez portamos durante la secundaria no tienen por qué ser una sentencia de vida.

"Las personas pueden definitivamente darle la vuelta", afirma Prinstein. "El problema es que no invertimos mucho tiempo hablando al respecto, lo que significa que somos más propensos a repetir nuestros patrones".

 
*Los nombres han sido cambiados.

 
Esta es una versión abreviada de un artículo publicado por BBC Future. Si quieres leer el original en inglés, puedes hacerlo aquí.


 
 
 
Nota
 
Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Sinónimos: cliché, tópico, clisé. DLE RAE

lunes, 14 de septiembre de 2026

"Tengo pacientes obsesionados con el ejercicio que pasan 5 o 6 horas al día en el gimnasio": por qué cada vez más niños y jóvenes quieren ganar masa muscular

 

 

Por Katty Kay
BBC World News

 

En las últimas décadas, la mayoría de la gente ha aprendido a detectar las señales cuando generalmente una adolescente desarrolla una relación poco saludable con su cuerpo.

Por lo general, esto tiene que ver con que ese cuerpo se vuelva más delgado.

Pero hace poco hablé con el doctor Roberto Olivardia, un médico que lleva más de 30 años estudiando los problemas de imagen corporal, y él considera que la sociedad no es tan eficaz a la hora de detectar los problemas que surgen en los varones.

Para muchos niños y adolescentes la obsesión no gira en torno a adelgazar, sino a ganar masa muscular. Eso puede hacer que el problema sea mucho más difícil de detectar, porque hacer ejercicio y ganar fuerza suelen ser considerados señales de disciplina y salud.

Y aunque la mayoría de los jóvenes deportistas no desarrollarán ningún trastorno, Olivardia afirma que esta tendencia de problemas de imagen corporal entre los varones está empeorando.

De hecho, recientemente ha atendido en su consulta a niños de tan solo 10 años y afirma que las redes sociales son una de las principales razones de ello.

"Después de dedicarme a este trabajo durante tanto tiempo y haber visto cómo era antes de la llegada de las redes sociales y después de ellas, puedo decir que hoy estamos ante un fenómeno completamente distinto", afirma.

Mucha gente ya es consciente de cómo se ve una adolescente extremadamente delgada y entiende cuándo las cosas empiezan a ir mal. Pero creo que no pasa lo mismo en el caso de los varones con los músculos. ¿Necesitamos ahora una conversación similar sobre cómo es un cuerpo en forma en el caso de ellos?

Totalmente, con los chicos es diferente. Tenemos estudios que se remontan al siglo XVII sobre los mensajes opresivos que las mujeres han recibido en torno a la delgadez y la femineidad.

Con los hombres ha sido un poco distinto. Según las investigaciones que hemos realizado, este fenómeno empezó a incorporarse realmente a la cultura popular a finales de los años 70 y comienzos de los 80, cuando comenzamos a ver una mayor proliferación de cuerpos musculosos.

No es casualidad que Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone fueran las mayores estrellas de taquilla de la época. En muchos sentidos, sus cuerpos eran su principal activo.

Tal como hablamos con niñas y mujeres de que su cuerpo no define quiénes son, esas conversaciones se han ignorado en gran medida con los varones.

Quienes tienen más músculos son percibidos como los más masculinos. Y eso es algo que hoy se promueve de forma evidente, probablemente como nunca antes, en las redes sociales y especialmente en la llamada "manosfera".

Katty Kay entrevistó a Roberto Olivardia sobre lo que él bautizó como dismorfia muscular.

 

Volvamos a la década de 1990, cuando usted y sus colegas acuñaron por primera vez el término "dismorfia muscular". ¿Qué le preocupaba entonces de este trastorno?

A mediados de los años 90, cuando investigaba los trastornos alimentarios en niños, adolescentes y hombres, recibía muchas llamadas de personas interesadas en participar en nuestros estudios.

Muchos hombres me decían: "Antes padecía anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. Ya no tengo ese problema, pero estoy inmerso en esta búsqueda obsesiva de desarrollar más musculatura. La diferencia es que ahora esa obsesión está, de algún modo, socialmente aceptada".

De hecho, en lugar de ser cuestionados, muchas veces reciben elogios. Les dicen: "Tienes muchísima disciplina", "qué fuerza de voluntad".

Tendemos a no pensar que un hombre musculoso pueda tener una patología y la mayoría de los hombres musculosos, por supuesto, no la tienen.

Pero estos son hombres que, pese a ser corpulentos y musculosos, e incluso ser considerados por muchas personas como personas con el cuerpo ideal, siguen creyendo que son demasiado pequeños.

Viven con el temor de que al día siguiente puedan verse enclenques de repente.

Estos hombres piensan constantemente en el tamaño de su cuerpo y en su apariencia, hasta el punto de que esa preocupación termina afectando de manera significativa distintos aspectos de su vida.

"Tal como hablamos con niñas y mujeres de que su cuerpo no define quiénes son, esas conversaciones se han ignorado en gran medida con los varones."

 

¿Qué está viendo hoy en su consulta que no veía hace 5 o 10 años?

Bueno, en primer lugar, las redes sociales han creado una cultura en la que todo el mundo es un experto.

Entonces, cuando un influencer difunde determinadas ideas sin ningún tipo de respaldo científico, como psicólogo clínico veo que mi opinión, la de un médico o la de cualquier especialista en un tema, o bien se descarta por completo o, al menos, se pone al mismo nivel que la de esa persona. 

 

¿Que la de un influencer de TikTok, por ejemplo?

Exacto. La de un influencer de TikTok, simplemente porque tiene 10 millones de seguidores. Es como si eso le otorgara credibilidad de forma automática.
 

Como profesional de la salud, debe de ser desesperante.

Sin duda. Y no por una cuestión de ego, sino porque hay gente está sufriendo las consecuencias por la información que recibe.

Hace años, cuando apareció internet, nos preocupaban todos esos grupos que promovían los trastornos de la conducta alimentaria. Pero, de algún modo, aquello parecía un fenómeno más contenido.

Esto está en otro nivel completamente distinto.

Tendemos a no pensar que un hombre musculoso pueda tener una patología y la mayoría de los hombres musculosos, por supuesto, no la tienen."


Hace 10 años, si hubiera conocido a un joven que se golpea la cara con un martillo, como vemos que promueven algunos de estos influencers del looksmaxxing, ese comportamiento se habría considerado casi psicótico, porque era algo extremadamente inusual.

Incluso personas con una obsesión por su imagen corporal, que quizá no hubieran llegado tan lejos, habrían dicho: "Eso ya es demasiado".

Pero cuando estás expuesto constantemente a ese contenido estas conductas terminan normalizándose.

Hay que tener en cuenta que yo trabajo con niños de tan solo 10 años que tienen problemas de imagen corporal, así como con adolescentes muy vulnerables que buscan lo mismo que queremos todos: aceptación y conexión.

Y estas conductas se están normalizando porque hay influencers que reciben muchísima atención, ganan mucho dinero, disfrutan de sus 15 minutos de fama y acumulan millones de seguidores, lo que de algún modo les otorga credibilidad.

Ellos son los que le dicen a estos jóvenes: "Si haces esto, tendrás acceso a las mujeres, al poder, al respeto y a todo lo demás".
 
Yo veo a un paciente durante 50 minutos a la semana, mientras que él puede estar escuchando a un influencer entre 10 y 15 horas semanales."


Háblenos de cómo cada vez son más jóvenes las personas que presentan esta dismorfia muscular y esta obsesión por desarrollar al máximo la musculatura. ¿A qué cree que se debe?

La edad ha ido disminuyendo. Creo que, en parte, se debe a que hay personas que dirigen su mensaje específicamente a ese público y a que los jóvenes tienen acceso a esas voces a través de las redes sociales.

Una de las primeras preguntas que hago a mis pacientes varones cuando abordamos este tema es: "¿A quién sigues en redes sociales?".

A muchos de esos influencers ya los conozco y, cuando no, reviso el contenido que publican.

Porque yo veo a ese paciente durante 50 minutos a la semana, mientras que él puede estar escuchando a esa otra persona entre 10 y 15 horas semanales.

Esa es la realidad a la que nos enfrentamos los padres, los profesionales de la salud mental y los médicos.

"Hacer ejercicio es bueno, pero diez horas de ejercicio no son necesariamente mejores que una."
 

Existe una línea muy fina entre practicar ejercicio de forma saludable y hacerlo de manera poco sana, y no siempre es fácil distinguirla. ¿Qué les diría a los padres o a los entrenadores para ayudarles a identificar esa diferencia?

Hace 25 años escribí, junto con un colega, el libro The Adonis Complex ("El complejo de Adonis") y recuerdo que a veces recibíamos críticas como: "Entonces ustedes están en contra del ejercicio y de comer sano". Y no es así en absoluto.

Sabemos que existen graves problemas de salud que también afectan a los jóvenes, como la obesidad, la falta de actividad física y la privación del sueño.

Cuando pienso en esa línea que separa lo saludable de lo problemático, hay un par de aspectos que considero fundamentales.

El primero es: ¿la persona se percibe a sí misma de forma realista? Si usted es padre o entrenador y su hijo, alumno o deportista dice: "Dios mío, estoy muy gordo", cuando no lo está, o "estoy demasiado delgado", cuando en realidad tiene una musculatura considerable, eso ya es una señal de alerta.

El segundo aspecto es hasta qué punto esa conducta está afectando otras áreas de su vida.

Tengo pacientes obsesionados con hacer ejercicio que pasan cinco o seis horas al día en el gimnasio y están completamente agotados. Cualquiera lo estaría si levantara pesas durante cinco o seis horas diarias.

Al final no les queda tiempo para nada más y terminan atrapados en un círculo vicioso.

Y, por supuesto, también es importante prestar atención a conductas peligrosas, como el consumo de esteroides u otras sustancias. 

Tengo muchos pacientes que terminan desarrollando adicción a los opioides debido al dolor que sufren por el exceso de entrenamiento en el gimnasio.

En definitiva, no estoy en contra de promover una alimentación saludable, hacer ejercicio o dormir bien.

Hacer ejercicio es bueno, pero diez horas de ejercicio no son necesariamente mejores que una. Dormir ocho horas es excelente, pero si alguien duerme 15, probablemente algo no esté funcionando bien. 


 

 Las cursivas al final son mías.