sábado, 10 de diciembre de 2016

Forme Hijos a prueba de bravucones


El Hostigamiento en la escuela puede causar graves problemas. He aquí algunas recomendaciones para que usted…

Forme Hijos a prueba de bravucones

Por Elin McCoy

Cuando Owen, que cursaba el primer año de primaria, bajó del autobús escolar, le escurría un hilillo de sangre en la comisura de los labios, que además tenía hinchados, y en la carita se le veían huellas de tierra y lágrimas.
Un “niño malo” lo había golpeado en el autobús, le confió a su padre. En el patio de recreo de la escuela, el mismo chico le había puesto una zancadilla y le había pegado en la nariz. Las maestras no se percataron.
En otro caso, una madre de familia, profesional de servicios sociales, le preguntó a su hija de 13 años, atractiva y destacada jugadora de fútbol soccer, por qué estaba triste. La niña rompió en sollozos y le contó que un compañero de escuela, desde hacía unos seis meses, cada vez que la veía en los pasillos se acercaba a decirle cosas como: “Pareces una ballena”, “una babosa llena de granos”, o “una bruja horrible”. Lo hacía hasta diez veces al día, y empleaba palabras obscenas.
Muchos padres de familia escuchan historias parecidas de boca de sus hijos. “El hostigamiento constituye hoy día uno de los problemas más persistentes y desatendidos en las escuelas de nuestro país”, señala Ronald Stephens, director ejecutivo del Centro Nacional para la Seguridad Escolar, en California, Estados Unidos.
Sin embargo, es muy común que los niños no informen a sus mayores del conflicto; ni siquiera cuando se sienten desesperados. Un padre de familia entró en sospechas de que algo andaba mal cuando su hija, para quedarse en casa, comenzó a quejarse todas las mañanas de dolores de estómago. Entre otras señales reveladoras se cuentan la ropa demasiado sucia, moretones inexplicables, pérdidas de pertenencias, y las peticiones del niño de que se le compren más útiles o se le dé más dinero para el almuerzo;  es decir, más de lo que probablemente le quitan los bravucones.
Las consecuencias psicológicas del hostigamiento pueden ser graves. Los niños que sufren estas agresiones pueden deprimirse y, en ocasiones, convencerse de que no valen nada. Una señora no prestó atención a las quejas de su hijo, que tenía diez años, de que sus compañeros lo molestaban, hasta que las calificaciones del muchacho bajaron y él empezó a comer en exceso para compensar su frustración. Los niños que presencian el hostigamiento de un compañero y ven que no se toma ninguna medida al respecto se llenan de temor: piensan que eso les podría suceder a ellos. “A menos que los padres de familia, los maestros y el personal administrativo de las escuelas intervengan, lo más probables que el acoso continúe”, previene Stephens.
¿Qué pueden hacer los niños y sus padres? He aquí cinco de las mejores estrategias.
  
1. Que el niño no dé al bravucón una satisfacción. Cuando unos muchachos mayores asediaban a Michael, de sexto año de primaria, en el pasillo de la escuela y se burlaban de su gordura, “el niño llegaba a casa terriblemente mortificado”, recuerda su madre. “Le dije que eso era precisamente lo que querían los bravucones”. La señora tenía razón.

“Muchos niños recompensan a su agresor con lágrimas”, dice el psicólogo universitario David Perry. De hecho, los chicos que lloran en cuanto alguien empieza a agredirlos pueden ser objeto después de ataques más graves.

Con un poco de ayuda que le dieron su madre y el director de la escuela, Michael logró conservar la calma y pasar junto a los bravucones sin prestarles atención. Las burlas pronto cesaron. “Desde que él supo que lo apoyábamos cambió por completo la situación”, puntualiza su madre.

2. Que Demuestre Seguridad. A menudo no basta con mostrar indiferencia ante los bravucones, pues ellos siguen fastidiando. Pero muchos niños ignoran cómo defenderse sin pelear. Por ejemplo: a un tímido escolar de primer año de primaria, en un colegio público, tres chicos de segundo año no dejaban de hostigarlo. Entonces el orientador escolar Tip Frank le enseño a mostrar mayor seguridad en sí mismo. “Lo aleccioné para que caminara erguido, mirar a sus agresores a los ojos y les dijera con voz firme que dejaran de importunarlo”, explica.

También hizo que memorizara tres frases: “No hagan eso. No me gusta. Los acusaré si siguen”. Y le aconsejó que después de decirlas se alejara. “Al pequeño le asombró comprobar que le daba resultado”, recuerda Frank.

“Es importante decirle al bravucón que no nos gusta lo que hace, ni cómo nos sentimos por ello”, observa Richard Mills, psicólogo escolar.

3. Que Actúe de Manera Imprevista. Para Eric, de primer año de enseñanza media, la clase de educación física era un suplicio. Había un muchacho que le tiraba su ropa al suelo, le rasgaba las prendas interiores y lo rasguñaba. En una ocasión le dejó marcas en un brazo.

“Finalmente ideamos una solución”, cuenta la madre de Eric. La siguiente vez que el bravucón se le acercó, el chico Eric, con voz sonora y llena de indignación, le espetó: “Quítame tus cochinas manos de encima”. La respuesta desconcertó al agresor, porque todos se volvieron a mirarlo a él. Eric sólo tuvo que reaccionar así dos veces para que cesaran los ataques.

Es importante ensayar estas respuestas agresivas con el objeto de infundir en los niños la seguridad que necesitan para defenderse, asevera el psicólogo escolar Nathaniel Floyd.

Supongamos que un odioso condiscípulo de su hijo de 12años acostumbra a obligarlo a que le ceda su lugar en la fila para comprar el refrigerio escolar. Floyd aconseja escribir frases que su hijo pudiera soltarle al abusón para que lo pensara dos veces, como por ejemplo: “No voy a moverme de aquí, digas lo que digas, así que deja ya de fastidiar”.
Luego, que se turnen para representar los papeles de agresor y de víctima. Permítale a su hijo hacer primero el de bravucón. Esto le dará a usted la oportunidad de enseñarle a hablar de manera convincente, sin mascullar ni bajar la vista, y a romper el contacto visual con el atacante para poner fin al enfrentamiento.

4. Fortalezca las Amistades de su Hijo. A un escolar de tercer año, su padre le aconsejó que no se alejara de sus amigos cuando el provocador lo rondara. El niño hizo algo más: consiguió que cinco compañeros suyos lo ayudaran a enfrentarse a su agresor en el patio de la escuela. “Este es nuestro amigo”, le dijeron. “No está bien que lo molestes a él ni a ningún otro niño”. El bravucón emprendió la retirada. “Un solo chico que tome partido por la víctima puede representar una gran ayuda para detener al agresor”, afirma el psicólogo Ronald Slaby.

Otro psicólogo, Robert Cairns, recomienda a los padres de niños tímidos o poco sociables que los ayuden a hacer amigos invitando a sus compañeros a casa. A los niños mayores, señala, se les puede animar a “practicar algún deporte, tocar un instrumento o emprender cualquier actividad en la que pueden relacionarse con otros chicos”.

5. Pida Ayuda a las Autoridades Escolares. Cuando Grace, de primer año de primaria, estrenó sus anteojos, un chico de quinto año empezó a llamarla “cuatro ojos”. La pequeña puso en práctica todas las tácticas aquí recomendadas. Primero mostró indiferencia. Luego le dijo, sin alterarse y con voz fuerte: “Estás contando mal. Sólo tengo dos”. Nada dio resultado.

Al cabo de una semana, le dijo a una maestra lo que estaba ocurriendo, y la maestra envió al muchacho a la oficina del director. Grace se alegra de haberse quejado. El chico tuvo que pedirle una disculpa, y dejó de hostigarla.

Sin embargo, a casi ningún escolar le gusta que sus compañeros sepan que acusó a alguno de ellos, y muchos padres temen que dar a conocer las agresiones de que son objeto sus hijos signifique inmiscuirse en su vida, o sobreprotegerlos. No es así. Los padres de familia tienen el derecho de exigir que las escuelas tomen medidas enérgicas contra los bravucones.

No llame por teléfono a los padres del agresor, ni hable personalmente con él; eso casi nunca da buenos resultados. Deje que la escuela se encargue del asunto. Si los maestros y el personal administrativo observan la interrelación de ambos chicos, los padres del bravucón no podrán negar que algo pasa.

Los maestros perspicaces pueden idear soluciones sencillas y efectivas. Hubo uno que puso a un hostigador y a su víctima, alumno sobresaliente en matemáticas, en el mismo equipo de trabajo de esa materia. La facilidad del chico agredido para los números lo volvió imprescindible en el equipo, y se convirtió en líder.

A menudo vale más acudir directamente al orientador escolar o al director. Cuando Marjorie Castro, directora de una escuela, se entera de un incidente de hostigamiento, les pide a los profesores que observen con disimulo, o verifica personalmente la denuncia. Después interroga al bravucón sobre lo que ha visto (impidiendo así que tachen al otro de acusón), y le advierte de las consecuencias si continúa: detención después de clases, una entrevista con los padres e incluso la suspensión. Recientemente, cuando dos chicos que habían estado mofándose de otro niño comenzaron a arrojarle piedras, la señora Castro llamó a la estación de policía y pidió que enviaran al agente encargado de menores infractores. El oficial visitó a los bravucones en sus casas y les exigió que se presentaran en el centro juvenil una vez por semana. El hostigamiento cesó de inmediato.

Comoquiera que procedan el director y el resto del personal de la escuela de su hijo, deben crear una atmósfera que en verdad desaliente las agresiones, mediante reglas explícitas y supervisión adecuada. Algunos colegios organizan seminarios para alertar a los maestros sobre el problema y ayudarlos a combatirlo.

La mayoría de los niños son objeto de agresiones en uno u otro momento, y algunos se convierten en víctimas crónicas. La mejor protección que los padres pueden ofrecer consiste en fomentar en sus hijos la independencia y la seguridad en sí mismos, además de estar dispuestos a tomar medidas rápidas  cuando sea preciso. Sólo así formarán hijos a prueba de bravucones.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CV, Número 627, Año 53, Febrero de 1993, págs. 108-111,  Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los Sinlogismos de Sofocleto


Luis Felipe Angell, mejor conocido como Sofocleto, es un escritor peruano, autor de una serie de aforismos y epigramas que bautizó ingeniosamente con el nombre de sinlogismos. Pero, ¿qué son los sinlogismos? Según el autor, “ideas llevadas a la máxima condensación conceptual e idiomática” que rompen “esquemas dando una nueva forma a la verdad”. Pero no debemos dejarnos engañar por esta definición un tanto arrogante.

Los lectores han de saber (porque se lo vamos a decir) que el  tal Sofocleto es un iconoclasta incorregible: para él nada es sagrado, ni existen los tabúes. En consecuencia, los sinlogismos resultan ser, sobre todo, una fina mezcla de irreverencia, frescura, ironía y agudeza, y una fuente inagotable de ingenio y buen humor. Estas breves frases, agudas y brillantes, son portadoras de sonrisas, y como señala el propio Sofocleto, “la sonrisa es la filosofía del que llora sin odios y del que se ríe perdonado. La sonrisa es la hija de la carcajada y de las lágrimas”.

Invitamos a los lectores a comprobarlo con este bocadillo, que esperamos sea sólo el comienzo de un gran banquete.


• El pesimista auténtico cree que, además, él ve las cosas por el lado bueno.

• Nunca subo a una balanza porque sé que me va a pesar.

• Los avaros se mueren sin dar el último suspiro.

• No es que los argentinos bailen tango. Es que no saben dónde llevarse a la pareja.

• La unanimidad es la opinión del que manda.

• Para los verdugos el trabajo es la muerte.

• El piropo es un equilibrio entre la oferta y la demanda.

• No hay guerra civil: todas las guerras son inciviles.

• El suicida se mata porque no confía en su médico.

• Lo peor del farsante es que es auténtico.

• El Decreto es un capricho oficial.

• Los presos políticos son el símbolo de la libertad.

• ¿Cómo harán para vivir los muertos de hambre?

• Los carteros sufren de carteroesclerosis.

• El verdadero drama del teatro es la falta de público.

• Andorra, Mónaco y San Marino, pertenecen al grupo de países accidentales.

• El embarazo es la concepción que confirma la regla.

• Los prólogos en general no explican nada.

• Sólo dan explicaciones los que no tienen razón.

• Aclamar es aplaudir con la garganta.

• La advertencia consiste en amenazar por las buenas.

• En Sodoma y Gomorra inventaron las relaciones públicas.

• La bofetada es un aplauso unilateral.

• En política siempre existe el peligro de pertenecer a las mayorías.

• El bandoneón es la madre de los argentinos huérfanos.

• Los escultores siguen viviendo en la Edad de Piedra.

• El Dogmatismo es el Renacimiento de la Oscuridad.

• Me gustan los reincidentes porque no cambian de idea.

• Los notarios no creen en las sagradas escrituras.

• ¡Es terrible ver cómo se achican los que se van…!

• La monogamia consiste en una sola cosa.

• La flor es la asamblea de los pétalos.

• ¡Debe de haber sido terrible el susto del erizo!

• Las cartas de amor son electrocardiogramas de la ausencia.

• No. Con su sistema la dinamita nunca aprenderá a esculpir.

• La Ciencia consiste en descubrir que las cosas existen

• Sí, ya lo sé. Todos los demás maridos son perfectos...

• Es sólo en el destierro en donde los monarcas pueden darse vida de reyes.

• Para graduarse de otorrinolaringólogo lo principal es aprenderse la palabra.

• Las mujeres celosas no besan al marido; le sellan la boca.

• El director de orquesta vive acusando a los músicos.

• No conozco a nadie que haya volado en T.N.T.

• El hombre regresa cuando ya no es el mismo que se fue.

• Las ventajas del nudismo saltan a la vista.

• A la letra “A” la inventaron los dentistas.

• Las canas ya no se respetan. Se tiñen.

• ¿Y si combatiésemos la superpoblación esterilizando a las cigüeñas…?

• La filosofía consiste en decir refranes con palabras difíciles.

• En estos tiempos se necesita mucho ingenio para cometer un pecado original.

• Sólo quien ha comido ajos puede darnos una palabra de aliento.

• A las cuatro de la mañana nunca se sabe si es demasiado tarde o demasiado temprano.

• Lo malo de la experiencia es que nos enseña a golpes.

• La margarita siempre tiene un pétalo de reserva para los casos desesperados.

• El maleducado cena ejecutando un concierto de sopa.

• Sólo conozco un verbo reflexivo: Pensar.

• El problema de los imparciales es que están sobornados por las dos partes.

• La multitud es el plural de nada.

• Para imponer condiciones hay que tenerlas.

• ¿Y por qué no ejecutan a los malos compositores…?

• Para un erudito debe ser terrible perder el conocimiento.

• El latín es griego para mí.

• Sólo empleamos la Lógica cuando han fracasado todos los sistemas.

• Desde hace cuatrocientos años los países subdesarrollados tienen un gran porvenir.

• La mujer espera un niño cuando el hombre menos lo espera…

• El primer amor se olvida al segundo.



Nota: He unido en lo posible el contenido de dos artículos con estos sinlogismos.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXVIII, N° 468, Año 39, Noviembre de 1979, página 67, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México, D.F., México.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXX, N° 478, Año 40,  Septiembre de 1980, pp. 4-5, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México, D.F., México.




La Réplica Ingeniosa



Hay momentos en que nos hace falta...

Por John Berendt

Qué divertido habría sido que, en la campaña electoral de 1988 en Estados Unidos, el senador republicano Dan Quayle hubiera replicado en forma brillante a la pulla del senador demócrata Lloyd Bentsen:   “Senador, usted no es un John Kennedy”. La respuesta de Quayle  (“Observación realmente innecesaria, senador”) fue tibia. Sólo sirvió para detener el golpe, cuando se necesitaba un contraataque; una combinación de ingenio y veneno. Como la salida de sir Winston Churchill ante Bessie Braddock, miembro del Parlamento inglés, quien le gritó en una cena:

–¡Está usted borracho!

El Primer Ministro repuso:

–Usted, señora está muy fea. Y  yo mañana estaré sobrio.

Tal vez la réplica más aguda del mundo sea la que se atribuye a John Wilkes, periodista y político británico del siglo XVIII. Cuando lord Sandwich le vaticinó que moriría “de viruela o en las galeras”, Wilkes contraatacó:

–Todo depende de que abrace yo a la amante de Vuestra Señoría, o los principios de Vuestra Señoría.

La maravilla de una réplica ingeniosa es que quien la recibe pasa de agresor a víctima. El actor Noel Coward, se encontró una vez con la novelista Edna Ferber, que vestía traje sastre, y le dijo:

–Casi parece hombre.
–También usted –reaccionó ella.

Churchill,el gran maestro de la réplica, tenía la costumbre de darle a la gente una sopa de su propio chocolate. Es ya legendaria la contestación que le dio al dramaturgo Bernard Shaw, quien le envió en cierta ocasión dos boletos para el estreno de una de sus obras de teatro, con el siguiente mensaje: “Uno para usted, y otro para un amigo suyo… si es que lo tiene”. Churchill se disculpó de asistir, pero pidió que le enviara boletos para la siguiente función, añadiendo: “… si es que la hay”.

El absurdo puede resultar demoledor si sabe uno aplicarlo con tino. Cierto duque inglés, molesto por la lentitud del servicio en su club, llamó al camarero y le preguntó con altivez:

–¿Sabe usted quién soy?

–No, señor, no lo sé; pero trataré de averiguarlo y se lo comunicaré de inmediato.

Otro clásico del género es un diálogo que tuvieron la periodista y escritora Dorothy Parker y la diplomática Clara Boothe Luce, ambas norteamericanas, una vez que llegaron al mismo tiempo a una puerta. La señora Luce se hizo a un lado y dijo:

–La edad antes que la belleza.

La señora Parker sin detenerse, asestó:

–Las perlas antes que los cerdos.

Nada de lo anterior sugiere una réplica ingeniosa para el senador Quayle. Pero en vista de lo que se ha sabido sobre el lado oscuro la personalidad de John Kennedy (sus enredos sexuales, la crueldad con que manipulaba a las mujeres) , tal vez Quayle no la necesitaba. Habría bastado quizá decir:

–Favor que usted me hace.


© 1991 por John Berendt. Condensado de  “Esquire” (Octubre de 1991), de Nueva York, Nueva York.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, Número 624, Año 52, Noviembre de 1992, págs 95-96, Reader’s Digest Latinoamérica, Coral Gables, Florida, Estados Unidos,

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Están obsoletas las clases magistrales en las universidades?

Por


Las clases tradicionales siguen siendo, por mucho, la forma más común de la enseñanza en las universidades.
Y todavía lo son pese a que muchos predijeron que a estas alturas la tecnología digital habría acabado con este estilo de educación.

¿Por qué querrías sentarte a que alguien te diga algo, con tanta información disponible al alcance siempre que lo desees?

Pero cuando si te fijas en algunos cursos en línea descubrirás que, en lugar de revolucionar la educación superior, a menudo simplemente han transportado el formato de conferencia clásica a un público de internet.

¿Cuál es la razón de que este modelo perdure?

Déficit de Atención 

No es porque es particularmente eficaz.

La investigación muestra que los estudiantes recuerdan tan sólo el 10% de sus clases pocos días después.

Un estudio de Harvard en 2014 encontró que, en promedio, la asistencia a conferencias cae del 79% al inicio del período al 43% al final.

 Y los estudios sugieren otras formas de enseñanza que son mucho más eficaces en la mejora de los resultados de exámenes y la asistencia.

Dan Butin, decano fundador de la escuela de la educación y la política social en Merrimack College en Massachusetts, dice que las conferencias han sobrevivido porque la investigación, no la enseñanza, determina el éxito de una universidad y sus académicos.

El Estado de la Investigación
 
Los académicos son contratados y promovidos en función de cuántos estudios han hecho y los resultados de las investigaciones juegan un papel importante en el ranking mundial de las universidades.

Así que hay poco incentivo para que los académicos pasen mucho tiempo reinventándose los métodos de enseñanza.

"Ponemos a estos académicos brillantes a cargo de las aulas debido a sus tremendas investigaciones, no porque tengan alguna idea de cómo enseñar", dice Butin.

"Pero, de hecho, la investigación y la enseñanza habilidades son muy diferentes, y la creación de un buen curso es tan difícil como escribir un buen libro", señala.

"Los académicos invierten miles de horas de trabajo en sus libros y mucho menos tiempo en pensar en la eficacia de su estilo de enseñanza".


Un destacado activista en contra de las clases magistrales es el Premio Nobel de Física Carl Wieman.
Se convirtió en entusiasta de la tecnología en la educación hace más de una década, cuando le dieron un dispositivo electrónico de mano para que los estudiantes lo utilizaran en sus conferencias para indicar "sí" o "no" a una pregunta.

Al final de la conferencia, hizo una pregunta a la que le había dado la solución durante la charla. Para su consternación, sólo uno de cada 10 estudiantes recordaron la respuesta.

Llamado a la Actividad
 
Wieman se dio cuenta de que hablarle a los estudiantes y esperar que absorban el conocimiento no los estaba ayudando a aprender.

Así que sustituyó las tradicionales clases magistrales con "aprendizaje activo", donde expone un problema al comienzo de una conferencia, divide a los estudiantes en grupos pequeños y se pasea por el salón para escuchar y guiar sus discusiones.

Parece que funciona; un estudio realizado por el profesor Scott Freeman, de la Universidad de Washington, EE.UU., encontró que el índice de reprobaciones de los estudiantes fue menor cuando cambiaron las clases tradicionales por el aprendizaje activo, y sus resultados en los exámenes mejoró.

Después de una campaña por Wieman y otros físicos, Stanford, MIT y la Universidad de Columbia Británica han introducido el aprendizaje activo en sus cursos de física.

De hecho, muchas universidades han comenzado a experimentar con este tipo de alternativas a las conferencias.

Nuevos colegios de codificación en París y California han abandonado la clase magistral en favor del aprendizaje entre pares y el aprendizaje basado en proyectos, en los que los alumnos trabajan juntos en proyectos del mundo real, como la construcción de un sitio web o un juego de computador.

Relación Calidad-Precio
 
Charles Knight, profesor de gestión de proyectos en la Universidad de Edge Hill, en Lancashire, Reino Unido, ha reemplazado clases con sesiones interactivas en las que los estudiantes usan el software de gestión de proyectos utilizado por empresas de consultoría para administrar su trabajo.

Tras confirmar que las calificaciones de los estudiantes mejoró, la universidad está considerando la posibilidad de incorporar algunas de sus ideas en otros cursos.

 Otra razón práctica que explica que las clases tradicionales perduren es que es una forma relativamente barata de dar a los estudiantes tiempo de contacto con un académico.

Existen enfoques alternativos, pero por lo general tienen a un costo mayor. 

El MIT gastó US$2,5 millones en la reforma de dos salas de conferencias para que los estudiantes se sienten alrededor de pequeñas mesas con pantallas que muestran simulaciones animadas para ayudarles a visualizar los conceptos.

Harvard utilizó una donación de US$40 millones para experimentar con nuevas formas de enseñanza, incluyendo el aprendizaje activo.

A medida que aumenta el costo de la matrícula, más se cuestiona si las clases magistrales valen lo que los estudiantes pagan. 

No pasarán a la Historia
 
Una encuesta del Instituto de Política de Educación Superior de Reino Unido en 2014 mostró que un tercio de los estudiantes en Inglaterra considera que la relación calidad-precio de su grado es "mala" o "muy mala".

Una investigación del Departamento de Educación de Estados Unidos encontró que no hay diferencia en términos de eficacia de aprendizaje si las clases se dictan en el aula o en línea.

 Con el auge de los "cursos masivos abiertos en línea" (Moocs por sus siglas en inglés) y las tecnologías digitales, hay más presión para que las universidades le ofrezcan a los estudiantes una experiencia de aprendizaje que no esté disponible gratuitamente en Internet.

Butin espera que esto anime a más universidades a adoptar con más entusiasmo el aprendizaje activo, basado en proyectos, entre pares y comunitario.

Pero después de haber trabajado con muchas universidades para ver cómo apoyar a los profesores para que utilicen estrategias de aprendizaje más activas, piensa que será un proceso lento y difícil.

"La mayoría de las universidades pueden hablar de la calidad de su enseñanza, pero es más fácil hablar de esos cambios que hacerlos", lamenta. 

"Así que en el futuro previsible, la clase magistral está aquí para quedarse".


 Fuente:


http://www.bbc.com/mundo/noticias-38084513



viernes, 2 de diciembre de 2016

La teoría sobre la velocidad de la luz que quiere probar que Albert Einstein estaba equivocado

Por

En la famosa teoría general de la relatividad de Albert Einstein, que moldeó nuestra visión del cosmos, hay algo que no cuadra.

Si según el laureado físico la velocidad de la luz siempre ha sido constante (casi 300.000 kilómetros por segundo), ¿cómo es posible que el Universo sea tan uniforme por todos lados?

Esto es lo que desde hace décadas los físicos Joao Magueijo, del Imperial College London, y Niayesh Afshordi, del Perimeter Institute en Canadá, vienen cuestionando.

Para los expertos, Einstein se equivocó.
Esta es la cuestión: para que el Universo tenga una densidad homogénea, los rayos de luz tuvieron que llegar a cada rincón del cosmos o, de lo contrario, algunas zonas serían más frías y densas que otras.
Si la luz viaja a 1.000 millones de kilómetros por hora, como lo dijo Einstein hace un siglo, esto no habría sido posible.

Teoría de la Inflación

Un detalle que ya se habían dado cuenta varios físicos, incluido el británico Stephen Hawking, quienes propusieron lo que se conoce como la teoría de la inflación.

Esta teoría sugiere que el Universo pasó por una fase de expansión extremadamente rápida antes de disminuir a su ritmo actual de expansión.

Magueijo y Afshordi proponen una idea más radical: la luz viaja a una velocidad infinita, cuando el llamado Big Bang (o explosión primigenia) generó temperaturas de 10.000 billones de billones de grados centígrados.

"La idea de que la velocidad de la luz podía ser variable fue radical cuando la propusimos por primera vez (en los años 90)", le cuenta a la revista estadounidense Forbes el profesor Magueijo.
"Pero con una predicción numérica, se ha convertido en algo que los científicos pueden poner a prueba", agregó el físico a propósito del estudio publicado esta semana en la revista Physical Review.
Los especialistas aseguran que su teoría se puede comprobar gracias a que cada vez tenemos lecturas más precisas de la radiación de fondo de microondas.

Y la radiación de fondo de microondas es el eco que proviene del inicio del Universo, es decir, lo que queda del Big Bang.

"Podemos decir cómo se verían las fluctuaciones en el universo primitivo, y éstas son las fluctuaciones que crecen para formar planetas, estrellas y galaxias", le dijo Afshordi al diario británico The Guardian.

La teoría de Magueijo y Afshordi predice un patrón claro en las variaciones de la densidad que había en un grumoso Universo temprano.

Es lo que se conoce como "índice espectral", y los físicos predicen que sería exactamente de 0.96478 -y esto es lo que puede probar su modelo de cómo se expandió el cosmos.

"Si las observaciones en el futuro cercano prueban que este número es preciso, modificaría la teoría de la gravedad de Einstein", aseguró Magueijo.

No obstante, esto no sería suficiente.

Si bien significaría una fuerte evidencia en la dirección de su teoría, para desechar completamente la teoría de inflación -y así cambiar irrevocablemente las bases de la física moderna- los científicos tendrían que tener más de una prueba.

Fuente:

http://www.bbc.com/mundo/noticias-38157085



viernes, 18 de noviembre de 2016

¿Por qué necesitamos de las manos -y no sólo la cabeza- cuando tenemos que resolver grandes problemas?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Ciberacoso infantil: "Mi mejor amiga me acosó por internet"

jueves, 3 de noviembre de 2016

El Arte de Ser Prudente

Algunos consejos mejoran con el paso del tiempo

Condensado de Oráculo Manual  y Arte de Prudencia

Por Baltasar Gracián

“Pensar por anticipado”. ”No ser fácil en creer ni en querer”. ”No empeñarse con quien no tiene qué perder”. “No obrar apasionadamente”… Cualquiera juraría que estos consejos fueron tomados de un libro moderno de superación personal. Pero no, Son creación de un jesuita español del siglo XVII.
El ambiente cortesano en que le tocó vivir a Baltasar Gracián -capellán militar, predicador prestigiado y confesor de gente poderosa-, hacía falta mucho ingenio para triunfar. Observador agudísimo y realista implacable, se convenció de que no llega a la meta quien no ve bien dónde  pone cada pie. A esto llama “vivir a lo práctico”.

Con la intención de instruir a sus contemporáneos en ese arte, escribió Oráculo Manual y Arte de Prudencia, libro que resume una rica experiencia y un gran conocimiento de la vida y de los hombres.

De este libro hemos tomado algunas máximas, tan útiles hoy como hace tres siglos. Para facilitar su lectura, simplificamos y adaptamos al español actual algunas palabras o expresiones que, por haber sido escritas en un estilo tan complejo como era el conceptista, tal vez resulten oscuras para el lector de hoy.


No Descubrirse por Completo. El jugar a juego descubierto ni es de utilidad, ni de gusto. El no declararse al punto da lugar a la expectación. Es el recatado silencio refugio de la cordura. Las resoluciones, una vezmanifestadas, quedan expuestas a la crítica; y si no tuvieran éxito, usted será dos veces infeliz.

Conocer su mejor Cualidad. Cultive con especial esmero su principal talento y fomente los demás.
Cualquiera podría triunfar en algo si supiera en qué descuella.

Nunca Exagerar. Los superlativos ofenden la verdad y dan indicio de la cortedad del conocimiento. Anda el cuerdo con pies de plomo, y quiere más pecar de corto que de largo. La exageración es hermana de la mentira y menoscaba su reputación de buen gusto.

Actuar con Moderación. No se ha de emplear en las cosas más esfuerzo delo que es menester. No ande ostentando, que dejará de sorprender a los demás. Siempre ha de haber novedad con qué lucirse: que quien cada día revela más de sí mismo, mantiene siempre la expectación y nunca llegan a descubrirle los límites de su caudal.

Tratar con Gente de la que se pueda Aprender. Haga de los amigos maestros y combine la utilidad del aprendizaje con el gusto de conversar.  Disfrute de lo que usted diga, se le recompensará con aplausos; por lo que oiga con aprendizaje.

No Cansar. La brevedad es agradable y lisonjera. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo.

Prepararse para la Fortuna Adversa en la Próspera. Es de sabios hacer en el estío* provisión para el invierno, y resulta más fácil; son baratos entonces los favores y hay abundancia de amistades. Rodéese de amigos y de agradecidos, que algún día apreciará lo que ahora no parece importante.

*Estío:  Verano

Nunca Hablar de Sí, porque o se ha de alabar, que es vanidad, o se ha de criticar, que es poquedad* de espíritu. Quien habla de sí revela falta de cordura e incomoda a los que oyen.

*Poquedad: Timidez, pusilanimidad. Cortedad, escasez, miseria. Cosa de poco valor.

Haga al Principio el Cuerdo  lo que el necio hace al fin. Sólo hay un método de caer en la cuenta: a tiempo. El necio hace por fuerza lo que pudiera haber hecho de buen grado; en cambio, el discreto pronto ve lo que ha de hacer tarde o temprano, y ejecútalo con gusto, y con ello mejora su reputación.

Nunca Quejarse.  La queja siempre trae descrédito. En vez de compasión, suscita insolencia e induce a los otros a imitar la conducta de aquellos de quienes hay querella. Mejor política es celebrar los favores de unos para ganarse los de otros.

Hacer, y Hacer Parecer. Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo  mostrar es saber dos veces. Un buen exterior es el mejor medio para mostrar la perfección interior.

No Ser de Vidrio. Algunos se quiebran con gran facilidad, descubriendo con ello su poca consistencia.
Llénanse a sí mismos de resentimiento, y a los demás de enfado. Muestran tener la condición más niña que la de los ojos. Están llenos de sí y son esclavos de su gusto.

No Vivir Aprisa. Conocer el momento adecuado de las cosas es saberlas gozar. Muchos querrían devorar en un día lo que apenas podrán digerir en toda la vida. Aun en el querer saber ha de haber cuidado para no saber las cosas mal sabidas. En el gozar, despacio; en el obrar, aprisa.

Retirarse cuando se lleva Ventaja,  es de tahúres de reputación. Tanto importa una bella retirada como una bizarra acometida. Cánsase la fortuna de llevar a uno a cuestas durante largo tiempo.

Al acabar las cosas, es preciso poner cuidado en la felicidad de la salida que en el aplauso de la entrada. Lo primordial no es que le aplaudan cuando llegue, sino que se entristezcan cuando salga.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CV, N° 628, Año 53, Marzo de 1993, págs.  101-102, Selecciones del Reader’s Digest  Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


Las notas en asterisco y algunas negritas son mías (B.A.)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Déles a sus Hijos la Educación que Necesitan


Estas pautas generales no han cambiado con el tiempo

Por Tamara Eberlein

Son tantos los “expertos” que en libros o programas de televisión pregonan consejos novedosos y soluciones mágicas para la crianza de los hijos, que usted, como padre, probablemente ya no quiera oír una palabra al respecto. Entre el cúmulo de recomendaciones hay, sin embargo, algunas que encierran una profunda verdad; son los principios básicos de la educación de los hijos. Aquí les presentamos siete:

1. Que sus Hijos Afronten las Consecuencias de sus Actos

Si su hijo no pasa un examen para el que no estudió; si pierde su suéter favorito porque lo olvidó en la escuela; si se queda sin dinero porque tuvo que pagar una multa de la biblioteca, despreocúpese: éstas son algunas maneras de adquirir sentido de responsabilidad, dice Charles Schaefer, profesor de psicología y coautor de Teach Your Child to Behave (“Enseñe a su hijo a comportarse”).

Desde la edad de tres años su niño es capaz de comprender una relación de causa y efecto. Exprésele en tono desapasionado cuál es la consecuencia probable de determinada conducta suya; por ejemplo: “Si dejas juguetes a la entrada de la cochera, el coche los puede aplastar”. Luego deje que los acontecimientos sigan su marcha normal, pero no eche a perder la lección reponiendo los juguetes que se hayan estropeado. Si se pasa usted la vida evitando que su hijo se caiga, él nunca aprenderá a levantarse.

Si la conducta fuera demasiado peligrosa (por ejemplo, golpear una mesa de cristal con un juguete) o pudiera tener efectos muy costosos (dejar la bicicleta en la calle), entonces establezca usted otras consecuencias que sean razonables, como quitar el juguete al niño o prohibirle usar la bicicleta una semana.

Es un error común establecer consecuencias que nada tienen que ver con la infracción. “Si su hijo se pone a brincar en el sofá mientras ve la televisión, no es lógico prohibirle salir a jugar con sus amigos”, explica Schaefer. “Se trata de hacerle ver la relación entre sus actos y las consecuencias que acarrean; en este caso, lo lógico es apagar la televisión”.

2. Premie las Buenas Conductas
“Sorprenda a su hijo cuando se porta bien (cuando comparte sus juguetes, tiene un gesto de amabilidad o ayuda en los quehaceres de la casa, por ejemplo) y recompénselo con un elogio, una sonrisa o un abrazo”, aconseja el pediatra Barton Schmitt, autor de Your  Child’s Health (“La Salud de su Hijo”). “Para que haya un equilibrio saludable, las muestras de aprobación, sobre todo las que entrañan contacto físico, deben superar en una proporción de tres a uno, por lo menos, a las críticas que se le dirijan al niño en un día dado”.

Sea específico y limite sus elogios a la conducta digna de aprobación; por ejemplo: “Gracias por guardar silencio mientras hablaba por teléfono” o “Estoy orgulloso de ti por como has solucionado el pleito que tenías con tu hermano”.

3. Tenga en cuenta el Temperamento del Niño
Supongamos que su primogénito es muy adaptable y que el menor de sus hijos es muy apegado a usted. Estas diferencias de temperamento son la principal razón por la que no se puede tratar de igual manera a todos los hijos, afirma la psiquiatra infantil Stella Chess, autora del revolucionario libro Know Your Child (“Conozca a su Hijo”), publicado en 1987. Sus hallazgos, basados en la observación de 131 individuos  desde que eran niños, han sido respaldados por recientes descubrimientos que atribuyen causas hereditarias a ciertos rasgos de la personalidad, como la timidez.

“Desde las pocas semanas de nacimiento los niños ya muestran marcadas diferencias de carácter”, señala Chess. El temperamento de un niño determina su grado de actividad, la facilidad con que se distrae, su manera de reaccionar ante las situaciones nuevas y la intensidad con que expresa sus sentimientos.

Actualmente los investigadores saben que tratar de cambiar estas características es tiempo perdido, porque el modo de ser es, en su mayor parte, innato.

Es un error común tratar de cambiar el mundo para que se adapte a su hijo. Si usted tiene un diablillo y lo leva de visita a casa de sus parientes, no pida a éstos que escondan todos los adornos frágiles de la casa. Mejor enseñe primero al niño a comportarse y, si a la hora de la visita necesita desfogar sus energías, llévelo al aire libre.

4. Fije Límites
Como todos los padres, usted quiere que su hijo sea feliz y no le gusta frustrarle sus planes (diciéndole, por ejemplo: “Lo siento, pero no puedes echar agua en el suelo”). Por desgracia, si es usted demasiado condescendiente con él ahora (“Está bien; pero sólo un vaso”), tendrá dificultades más adelante.

De acuerdo con estudios realizados por el Centro para la Educación de los Padres, de Newton, Massachusetts, es posible empezar a malcriar a un niño desde que tiene seis meses. Así pues, cuanto más pronto empiece usted a definir límites, tanto mejor. “Nada impide apartar a un recién nacido del pecho de su madre si al mamar le da por morder”, dice el psicólogo Burton White, director del Centro y autor de Raising Happy, Unspoiled Child (“Cómo criar hijos felices sin mimarlos”). “Aun los niños de edad preescolar son capaces de respetar reglas si éstas se les explican de una manera sencilla y acorde con su edad. La clave está en dejar bien claro que los padres son quienes mandan en la casa”.

Para desenvolverse bien en la vida, un niño debe saber dónde terminan sus derechos y dónde comienzan los de los demás. “Si quiere usted definir esos límites eficazmente, tendrá que aprender a soportar que su hijo sufra y llore de vez en cuando”, dice White.

Una vez que haya decidido dónde está el límite entre una conducta aceptable y una inaceptable, hágaselo saber a su hijo y adviértale lo que le ocurrirá si se pasa de la raya. Sea siempre consecuente con esta manera de obrar.

Tenga cuidado de no exagerar en este punto. Los niños necesitan explorar el mundo y aprender de la propia experiencia, así que no conviene imponer restricciones innecesarias. En vez de reprimir constantemente a un niño que empieza a caminar, por ejemplo, acondicione un espacio para que juegue.

5. No Humille a sus Hijos
Cuando un chico se porta mal es muy fácil reaccionar con una orden (“Recoge este desbarajuste ahora mismo”), una amenaza (“Olvídate de salir si vuelves a llegar tarde”) o, en los momentos más acalorados de una discusión, un insulto (“No has perdido la cabeza sólo porque la tienes pegada al cuello”). “Los mensajes como éstos, formulados en segunda persona, equivalen a señalar al niño con el dedo y lo hacen sentirse no querido o blanco de acusaciones injustas”, explica el psicólogo Thomas Gordon, creador del acreditado Programa de Capacitación para la Eficacia Paterna.

Uno de los principios medulares de este programa consiste en formular los mensajes en primera persona; por ejemplo: “Me molesta ver sucia la cocina cuando acabo de limpiarla”, o “Me preocupo cuando llegas tarde a casa”. Con este método, explica Gordon, ”es menos probable herir los sentimientos de los niños o instigarlos a que se rebelen, porque les hace ver las consecuencias que su conducta acarrea a los demás y se les invita a ser más considerados”.

“Hijo, me molesta oír la televisión tan alto; no puedo hablar con tu papá” es un mensaje mucho más eficaz y productivo que “Baja el volumen de la televisión”.

A menudo se comete el error de enviar a los niños mensajes en segunda persona disfrazados de mensajes en primera persona. Es muy fácil anteponer las palabras “siento que” a un insulto y engañarnos diciéndonos que nos estamos comunicando eficazmente. Sin embargo, decir “Siento que eres un egoísta” tiene el mismo efecto que decir “Eres un egoísta”. En vez de hacer generalizaciones de este tipo, mencione el sentimiento determinado que le inspira una conducta específica del niño; por ejemplo: ”Me siento abrumada de trabajo cuando tengo que hacer los quehaceres que te habías ofrecido a hacer”.

6. Permítales Crecer a su Ritmo
“Algunos padres apresuran a sus hijos para que dejen los pañales, acaben la escuela y se vuelvan independientes”, dice la reconocida psicóloga británica Penelope Leach, autorade Children First (“Los Niños Primero”). “Es un error  muy arraigado suponer que cuanto más deprisa vaya un niño, más lejos llegará”.

Leach advierte que la presión constante de los padres predispone a los hijos al fracaso. “¿Cómo se sentirá un niño al resultar el peor jugador de beisbol de la escuela porque lo inscribieron en el equipo un año antes de lo aconsejable?”, pregunta la experta.

Los chicos sometidos a esta clase de exigencias acaban por darse cuenta de que es imposible complacer a sus mayores. “La muchacha que cree haber decepcionado a sus padres tiene menos incentivos para mantenerse apartada de las drogas, la violencia y la promiscuidad sexual”, añade Leach.

Tenga presente que tampoco hay que llegar al extremo de negar al niño oportunidades de desarrollo por miedo a presionarlo demasiado.

7. Respete los Sentimientos de su Hijo
“¿Cómo puedes decir que tu dibujo es feo? ¡Si es precioso!” “¡No digas que odias a tu papá! No ha sido su intención faltar a tu partido de fútbol”. Aunque la intención de estos comentarios es servir de consuelo, su verdadero efecto es “minimizar el dolor del niño y enseñarle a negar sus sentimientos o a sentirse avergonzado de ellos”, dice la educadora de padres Adele Faber, coautora de How to Talk So Kids Will Listen and Listen So Kids Will Talk (“Cómo hablar para que los chicos escuchen y cómo escuchar para que hablen”). “Además, cortan la comunicación que es esencial para la relación entre padres e hijos”.

Más constructivo resulta comentar sobre los sentimientos que se esconden detrás de las palabras. Un comentario como “¡Caramba! ¡De veras estás enojado con tu papá porque faltó a tu partido!” expresa su comprensión y, al mismo tiempo, enseña a su hijo que es posible estar disgustado con alguien sin dejar de quererlo.

Tampoco es conveniente analizar fríamente la situación. ¿Está su hijo disgustado porque su mejor amigo reveló a otros un secreto que él le había confiado?  “Un comentario frío, como ‘Pareces molesto’ lo hará sentirse como un bicho bajo el microscopio”, advierte Faber. “El comentario de los padres debe estar a tono con los sentimientos del chico: ‘Lo que le dijiste a Luis era estrictamente personal. ¡Con razón estás furioso!’. Esto indica al muchacho que usted realmente lo entiende”.



© Por Tamara Eberlein. Condensado de Child (Octubre de 1995) de Nueva York.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CXIV, Número 685, Año 58, Diciembre de 1997, págs. 62-67, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos