domingo, 8 de junio de 2025

El Mercader de Herat

Su estrategia de vendedor era tan irresistible, que me siguió los pasos por medio mundo.
 

Por James Michener


UNA VEZ viajé a la antigua ciudad de Herat, en Afganistán, y me alojé en un hotel que en otro tiempo había sido una mezquita y cuyos pisos eran de tierra. Apenas instalado, entró en mi habitación un hombre muy delgado, de negra cabellera, un tanto larga, y una sonrisa imborrable. De inmediato comenzó a arrojar al suelo 20 o 30 de las alfombras persas más encantadoras que jamás había visto.
Los diseños, por sí mismos, eran milagrosos: urdimbres intrincadas de símbolos coránicos enmarcados de grecas geométricas que hacían bailar los ojos. Y sus colores eran una auténtica delicia: rojos, amarillos, verdes y azules oscuros de una calidad radiante.
Supuse que se trataba de uno de los servicios que ofrecía el hotel, pero entonces el hombre me tendió un pedazo de papel donde estaba escrito a lápiz: Muhammad Zaqir, Mercader de Alfombras, Herat.
—¡No, no! —protesté—. ¡No quiero comprar alfombras!
—Yo dejarlas aquí —respondió sin dejar de sonreír—. Usted estudiarlas y aprender a que le gusten.
Antes de que pudiera renovar mis protestas, el hombre ya se alejaba con su camello.

Aquella noche regresó a mi habitación, alumbrada por la luz vacilante de una lámpara.
—¿Haber visto alfombras más bellas? —me preguntó—. Aquella ser de un amigo que vive en Mashlad; esas dos ser de Bukhara, y esta, de Samarkanda.

Volvió a la mañana siguiente, poco antes del mediodía. 
—Michener-sahib. ¿Un nombre alemán? —me preguntó.
Le expliqué mi procedencia, y entonces dijo:
—Tres, cuatro, quizás cinco de mis alfombras verse preciosas en su casa de Pensilvania.
—Mire, no necesito ni quiero alfombras para mi casa.
—¿No verse bien las alfombras en Pensilvania? —replicó.
Con la punta del pie apartó las que se habían quedado encima, a fin de revelar las desbordantes maravillas de las demás.
—Es grande, blanca y dorada, gustar a usted. Seiscientos dólares —prosiguió.
Al advertir mi asombro, se dio maña para tapar la grande con otras de menor tamaño.
—¡Ah, Michener-sahib! Usted debe tener buen ojo —dijo—. Esa ser de China. Ser de seda y lana; mirar los finos nudos.
Acto seguido me dio una conferencia sobre el arte de tejer alfombras: disertó sobre diseños, sobre variedades de nudos y sobre colores deslumbrantes. Era fascinante oírlo.

El tercer día, mientras bebíamos té, fue echando por tierra, una tras otras, todas mis objeciones:
—¿No poder llevarlas? Yo enviarlas. Salir en camello; en Karachi subir al barco; en tren salir de Nueva York; y luego en camión, hasta su casa en Pensilvania.
Me enseñó una libreta con las direcciones, en muchas partes del mundo, de compradores de sus alfombras. Su mercancía procedía de sitios tan remotos como Mashhad en Irán, o Bukhara, en Uzbekistán.
Al parecer, Muhammad Zaqir viajaba mucho con su camello de carga. 
En la libreta, a un lado de las direcciones de envío, estaban pegadas cartas en la que los clientes declaraban que las alfombras habían llegado a sus manos.
—Michener-sahib, yo dar precio especial. Yo dejar estas cuatro alfombras en 450 dólares. Nunca volver a encontrar ganga igual.
—No tengo dólares.
Al oír esto, Muhammad enumeró con rapidez las divisas que podía aceptar en sus transacciones: moneda británica, india, iraní, pakistaní, afgana…
—Amigo Muhammad —lo interrumpí—, no tengo dinero de ninguna clase.
—Yo saber, yo saber —gimió—. Pero usted ser honrado y yo aceptar su cheque personal.
Afligido, repuse:
—No tengo ni un solo cheque en blanco.
—Yo creerle —aseguró Muhammad—. Entonces, dibujar uno.
Me tendió una hoja de papel ordinario y, por primera vez en mi vida, dibujé un cheque. Se lo entregué, y a continuación Muhammad Zaqir enrolló las cuatro alfombras que yo había comprado, montó en su camello y se marchó.

De regreso en mi casa de Pensilvania, empecé a recibir dos clases de cartas. La primera era más o menos del siguiente tenor:
Soy su agente de embarques de Estambul. Recientemente llegó un carguero procedente de Karachi, con un paquete grande dirigido a usted. Cuando reciba su cheque por 19.50 dólares norteamericanos le remitiré el paquete.

Durante tres años recibí un flujo ininterrumpido de cartas procedentes de Karachi, de Estambul, de Trieste y de Marsella. Invariablemente solicitaban una suma inferior a 20 dólares, de manera que me inclinaba a pensar: Puesto que ya he invertido tanto en esto, bien podría arriesgar un poco más.

La segunda clase de cartas eran parecidas a esta: 
Soy el embajador de Italia en Kabul.
Hace poco estuve en Herat, donde un mercader de alfombras me mostró ese extraño cheque que usted le dio. Me preguntó si se lo pagarían cuando deseara hacerlo efectivo, y yo le aseguré que no habría inconveniente. A mi vez, le pregunté por qué no lo había presentado todavía para su cobro, y contestó: “Michener-sahib ser un hombre famoso. Yo mostrar su cheque a gente como usted, y vender muchas alfombras”.


Recibí cartas de viajantes de comercio franceses, de exploradores ingleses, de comerciantes indios, de toda la variedad imaginable de personas que acudieron a la ex  mezquita de Herat.

Un día, llegaron las alfombras, como me había prometido Muhammad Zaqir, junto con una cantidad tal de documentos de embarque que por sí mismos podían figurar en la colección de un museo. Al cabo de cinco años, el cheque que yo había dibujado y que había servido como propaganda llegó al banco, y este pagó su importe.

Aprecio mucho mis magníficas alfombras y estoy muy contento de tenerlas; pero quizás  disfruto más mis recuerdos del honrado mercader que durante cuatro días hizo gala de ingenio para persuadirme a comprarlas.


Condensado  de “The World Is My Home: A Memoir”, © 1992 por James A. Michener. Publicado por Random House, Inc., de Nueva York, Nueva York.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, N° 624, Año 52, Noviembre de 1992, páginas 111-113, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


Notas
Greca: Adorno consistente en una faja más o menos ancha en que se repite la misma combinación de elementos decorativos, y especialmente la compuesta por líneas que forman ángulos rectos. DLE. RAE

Sahib: Señor, amo. Se usaba especialmente entre los habitantes nativos de la India colonial cuando se dirigían o hablaban de un europeo de algún estatus social u oficial. Diccionario Merriam-Webster

Tenor: Contenido literal de un escrito u oración
A tenor, a este tenor: Locución adverbial.-  Por el mismo estilo, de la misma manera. DLE. RAE

Karachi: Ciudad más poblada, y centro financiero y portuario de Pakistán. Wikipedia

Trieste: Ciudad en el norte de Italia, a orillas del Mar Adriático.

Kabul: Ciudad más poblada y capital de Afganistán.

sábado, 7 de junio de 2025

Colección Literatura Contemporánea Seix Barral

Editorial Seix Barral

1984-1986

El número 9 tiene dos títulos distintos.
Lo mismo en los números 12, y el 34 que se publicó incluso como 88.
El Túnel de Ernesto Sabato apareció publicado como número 1, 2 y 35 como se ve en las portadas de los ejemplares.
El 72 también se publicó como n° 25.
El 85 salió igualmente como número 6.

Creo que primero salieron publicados así con el primer número e insertó como pudo más obras en la colección —me inclino a esto— y/o es error de impresión en algunos ejemplares (se les confundió la numeración con tanto libro que sacaban), pero la editorial no se complicó la vida y siguió editando la colección.
Viendo los casos de tantas otras colecciones no sorprende nada.


Algunos de los libros como los de Henry Miller tienen nueva traducción.


1. Camilo José Cela. Mazurca para dos muertos. En 1984
1. Ernesto Sabato. El Túnel (y n° 2 en 1984)
2. Miguel Delibes. Los santos inocentes
3. Mario Vargas llosa. La Guerra del Fin del Mundo
4. Julio Cortázar. Rayuela
5. Graham Greene. El Factor Humano
6. Manuel Vázquez Montalbán. La Rosa de Alejandría
7. Patricia Highsmith. Extraños en un tren
8. Ernesto Sabato. Abaddón el exterminador
9. Rosa Montero. Te trataré como una reina. En 1984
9. Vicente Leñero. Los albañiles. En 1985 (Seix Barral México)
10. Pablo Neruda. Confieso que he vivido (Memorias)
11. Lorenzo Villalonga. Bearn o La sala de las muñecas
12. Juan Benet. El aire de un crimen. En 1984
12. Juan José Arreola. La feria. En 1985
13. Henry Miller. Sexus
14. Eduardo Mendoza. La verdad sobre el caso Savolta
15. John Dos Passos. Manhattan Transfer
16. Juan Carlos Onetti. Dejemos hablar al viento
17. Manuel Puig. Boquitas pintadas
18. Camilo José Cela. Oficio de tinieblas 5
19. James Joyce. Ulises I
20. James Joyce. Ulises II
21. Alejo Carpentier. El Acoso
22. Luis Goytisolo. Las Afueras
23. Mario Vargas Llosa. Pantaleón y las visitadoras
24. Jorge Amado. Gabriela, clavo y canela
25. Juan García Hortelano. Tormenta de verano
26. Gonzalo Torrente Ballester. Las sombras recobradas
27. Rosa Chacel. Memorias de Leticia Valle
28. José Luis Sampedro. Octubre, Octubre I
29. José Luis Sampedro. Octubre, Octubre II
30. Malcolm Lowry. Bajo el volcán
31. Aldous Huxley. Nueva Visita a un Mundo Feliz
32. Juan Goytisolo. Señas de identidad
33. Simone de Beauvoir. La sangre de los otros
34. Horacio Quiroga. Cuentos de la selva
34. Ernest Hemingway. El Viejo y el mar
35. Ernesto Sabato. El Túnel. En 1985 (1 y 2)
36. Juan Carlos Onetti. Tan triste como ella
37. Manuel Mujica Láinez. Bomarzo I
38. Manuel Mujica Láinez. Bomarzo II
39. Dylan Thomas. Retrato del artista cachorro
40. William Faulkner. Santuario
41. Manuel Vázquez Montalbán. Los pájaros de Bangkok
42. Heinrich Böll. Opiniones de un payaso
43. Camilo José Cela. Rol de cornudos
44. Ernest Hemingway. Muerte en la tarde
45. Jorge Semprún. La segunda muerte de Ramón Mercader
46. Francisco Umbral. Trilogía de Madrid (Memorias)
47. Giorgio Bassani. El jardín de los Finzi-Contini
48. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Cuentos de H. Bustos Domeq
49. Camilo José Cela. Viaje a la Alcarria
50. Mario Vargas Llosa. La Tía Julia y el Escribidor
51. George Orwell. Homenaje a Cataluña
52. Horacio Quiroga. Cuentos de amor, de locura y de muerte
53. Henry Miller. Nexus
54. Pablo Neruda. Para nacer he nacido
55. Rosa Chacel. Desde el amanecer
56. Graham Greene. El Doctor Fischer de Ginebra
57. Yukio Mishima. Confesiones de una máscara
58. José Donoso. Casa de campo I
59. José Donoso. Casa de campo II
60. Mario Vargas Llosa. La Ciudad y los perros
61. Patricia Highsmith. Once
62. Manuel Puig. Pubis angelical
63. Adolfo Bioy Casares. El héroe de las mujeres
64. Henry Miller. Plexus I
65. Henry Miller. Plexus II
66. Manuel Mujica Láinez. El unicornio
67. Mario Vargas Llosa. Historia de Mayta
68. Pere Pimferrer. Fortuny
69. Adolfo Bioy Casares. La Invención de Morel
70. Alberto Moravia. Cuentos Romanos I
71. Alberto Moravia. Cuentos Romanos II
72. Louis Ferdinand Céline. Viaje al fin de la noche (25)
73. Baltasar Porcel. Los Argonautas
74. Heinrich Böll. Acto de servicio
75. John Dos Passos. Paralelo 42
76. Alejo Carpentier. Ecue-Yamba-O
78. Manuel Mujica Láinez. Misteriosa Buenos Aires
79. Ernesto Sabato. Sobre Héroes y tumbas I
80. Ernesto Sabato. Sobre Héroes y tumbas II
81. Fernando Pessoa. Libro del desasosiego
82. Alejo Carpentier. El reino de este mundo
83. Truman Capote. Un árbol de noche y otros relatos
84. Mario Vargas Llosa. La Casa Verde
85. Osvaldo Soriano. No habrá más penas ni olvido (6)
86. Adolfo Bioy Casares. Plan de evasión
87. Juan Perucho. Las aventuras del caballero Kosmas
88. Ernest Hemingway. El Viejo y el mar (34)
89. Francisco Umbral. La belleza convulsa
90. Boris Vian. La espuma de los días
91. Horacio Quiroga. El Simún y otros relatos
92. Truman Capote. Desayuno en Tiffany's (Desayuno con diamantes)
93. Camilo José Cela. Del Miño al Bidasoa
94. Christopher Isherwood. Adiós a Berlín
95. Jorge Semprún. Aquel domingo
96. Ernest Hemingway. Por quién doblan las campanas I
97. Ernest Hemingway. Por quién doblan las campanas II
98. Terenci Moix. La torre de los vicios capitales
99. Evelyn Waugh. Los seres queridos
100. Heinrich Böll. Y no dijo ni una palabra


viernes, 6 de junio de 2025

¿Cuál es el mínimo de ejercicio que podemos hacer para mejorar nuestra salud?

 

 

Por James Gallagher
Presentador de BBC Radio 4

 

¿Cuánto ejercicio puedo lograr hacer realmente?

Esa fue la pregunta que se hizo el periodista James Gallagher, presentador del programa Inside Health (Salud Interior) de BBC Radio 4. Para responderla se sometió a una serie de pruebas científicas y habló con varios expertos.

El resultado de su experimento resultó esperanzador, sobre todo para quienes, como él, no tienen mucho tiempo y quizás muchas ganas de hacer ejercicio de manera formal cada semana.

Lo que sigue es su testimonio en primera persona.

En un universo paralelo: prácticamente vivo en la piscina, voy en bicicleta a todas partes y participo en carreras de 10 km solo por diversión.

Pero en el mundo real: trabajo, tengo familia y soy cuidador, así que mi visita semanal a la piscina se siente como todo un logro.

Aunque es recomendable hacer casi dos horas y media (150 minutos) de ejercicio con intensidad moderada cada semana, alrededor de una cuarta parte de la población ni siquiera se ejercita durante media hora.

Entonces, ¿hay algo más fácil a lo que podamos aspirar? ¿Cuál es la menor cantidad de ejercicio que podría mejorar nuestra salud?

Si hay alguien que desea que los consejos sobre ejercicio sean menos intimidantes, esa es la doctora Zoe Saynor, profesora asistente de fisiología clínica del ejercicio en la Universidad de Portsmouth, quien además es jugadora de rugby de élite retirada.

Ella me va a ayudar a buscar una respuesta. Para lograrlo acepté usar un rastreador de actividad durante una semana.

La doctora Zoe Saynor me invitó a su laboratorio en la Universidad de Portsmouth.

Los resultados fueron aterradores. Logré solo un minuto de ejercicio vigoroso (equivalente a correr) todos los días y 16 minutos de ejercicio moderado (algo así como una caminata rápida)

"Esa es una imagen que vemos una y otra vez en muchas personas que viven en la sociedad moderna", dice Saynor.

Así que cualquiera que sea el estado en el que se encuentre mi cuerpo, va a depender en buena parte de esa única hora de natación que hago la mayoría de los fines de semana.

 

¿Andar más rápido o ir más lejos?

Si deseo pasar menos tiempo haciendo ejercicio, pero aún así lograr altos resultados, entonces la única opción es trabajar más duro.

"Existe evidencia clara de que si desea hacer sesiones de ejercicio más cortas, deben ser de mayor intensidad",explica Saynor.

En la guía oficial, la alternativa a hacer 150 minutos de actividad moderada es hacer 75 minutos de forma intensa.

El entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT por sus siglas en inglés), que implica episodios de actividad cortos pero de alta intensidad, llama mucho la atención.

Sin embargo, la doctora Saynor dice que la mayoría de las personas no pueden apegarse a él porque el HIIT requiere ejercicio a niveles muy vigorosos.

 
Mi cara habla por si sola, luego de correr en una caminadora.
 
 
 ¿Cuál es el mínimo aceptable?

Cuando se trata de la cantidad mínima de ejercicio que las personas debemos hacer, la doctora Saynor cree firmemente que de 5.000 a 6.000 pasos por día.

Y aunque es fácil burlarse de consejos como: bajarse del autobús una parada antes o dar un paseo durante la hora del almuerzo, parece que estos pueden marcar la diferencia.

Un estudio de casi 80.000 personas publicado en la revista especializada JAMA Internal Medicine (JAMA medicina interna) mostró que caminar un poco más todos los días reducía el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares o una muerte prematura.

Ese patrón continúa hasta llegar a unos 10.000 pasos al día, pero, de nuevo, los pasos más rápidos valen más que los lentos.

"Si no tiene tiempo para hacer de repente 10.000 pasos diarios, ¿puede entonces hacer 5.000 más rápido? Eso mostraría una mejora en su salud", dice Saynor.

Ni siquiera es necesario hacer ejercicio formal como salir a correr, ir al gimnasio o nadar para ver un beneficio notable en la salud.

Un estudio publicado en la revista Nature Medicine (Medicina Natural), analizó a 25.000 personas que no "hacen ejercicio" formalmente, pero realizan pequeños episodios intensos de actividad en la vida cotidiana.

Son actividades que podrían parecer poco extraordinarias: correr hacia un tren, empujar la aspiradora, jugar con los niños o los perros, cargar las compras pesadas o subir las escaleras.

 

La investigación mostró que hacer entre tres y cuatro minutos de actividad intensa corta en ráfagas, durante el día, tuvo un profundo beneficio para la salud.

"Las personas que realizan esa actividad intermitente pueden reducir el riesgo de enfermedades importantes como fallas cardíacas y cáncer, hasta en un 50%", me dice Mark Hamer, profesor de medicina del deporte y el ejercicio en la Universidad College London.

"Durante la última década, las pautas se han alejado lentamente del mensaje de 30 minutos más al día hacia el mensaje de 'cualquier cosa cuenta', y creo que estos resultados respaldan ese mensaje", agrega.

 

¿Sumergirse en el agua y ponerse en forma?

Si el tiempo sigue siendo escaso para lograrlo, puede haber otra manera que además suena mucho más agradable.

¿Qué tal un baño, un jacuzzi o una sauna?

Me puse mis shorts de baño favoritos y me sumergí en una especie de piscina de agua muy caliente.

 

Este es un experimento controlado con precisión, por lo que no pude simplemente saltar al agua. El investigador Thomas James tuvo que arrastrarme a una piscina de agua a 40 grados centígrados para que solo mi cabeza y mi cuello quedaran fuera del agua.

Lo clave es que los 40 grados son más altos que la temperatura central de mi cuerpo (37 grados centígrados), así que todo el tiempo que estuve ahí mi cuerpo estaba trabajando duro para perder calor.

Muy rápidamente pude sentir el sudor cayendo sobre mi frente, pero el resto de mi cuerpo simplemente estaba mojado y no era refrescante.

"El agua caliente es particularmente letal en este sentido", explica James.

Si pasaba demasiado tiempo ahí metido, me sobrecalentaría y moriría de un golpe de calor. Mi corazón bombeaba con más fuerza y rapidez mientras trataba de perder calor acercando la sangre a la superficie de mi piel.

"Tu corazón trabajará duro, similar a lo que verías con un ejercicio de intensidad ligera", dice.

"Estamos viendo reducciones en la presión arterial, incluso en personas sanas".

 La gran idea es mejorar el ejercicio.

"Esta es una muy buena manera de imitar algunos de los beneficios que obtienes del ejercicio, pero la evidencia es bastante clara en mostrar que el ejercicio es lo mejor y que los dos juntos obtienen mayores beneficios para la salud", dice James, y agrega: "Creo que esto realmente jugará un papel importante en el futuro".

Entonces, si vas al gimnasio y luego vas a la sauna o al jacuzzi, es posible que obtengas un gran resultado.

Sin embargo, el equipo de Portsmouth advierte a las personas que sigan las recomendaciones.

"No digas, 'Me quedaré aquí todo el tiempo que pueda'". Hazlo para disfrutarlo", dice James.

La recomendación suele ser entre 10 y 20 minutos, dependiendo del tipo de instalaciones, así que es muy importante verificar antes.

Obviamente, todos deberíamos tratar de hacer la cantidad recomendada de ejercicio pero, dado que a muchos de nosotros nos resulta imposible, es muy reconfortante saber que se pueden obtener beneficios significativos simplemente haciendo un poco más de lo que ya estamos haciendo.

El programa Inside Health es producido por Erika Wright. 

 

Fuente: Ejercicio y Mejora de la Salud 

 


jueves, 5 de junio de 2025

Colección Círculo Azul

Editorial Bruguera

1962-1970

Algunos de los libros incluidos volvieron a ser puestos dentro de las colecciones como  Libro Amigo o Libro Blanco y también fueron publicados en Círculo de Lectores.



—Frederic Morton. Los Rothschild. Retrato de una familia

—Walter Lord. El Álamo (Estados Unidos, historia)

—Francis Mossiker. El Enigma del collar (Luis XVI, Francia, historia)

—Jacques Picard.  Profundidad 11,000 metros. La conquista de los abismos marinos

—Hans-Georg Merten, Rockefeller (John D. Rockefeller, 1839-1937)

—Carlo Maria Franzero. Teodora (sobre la emperatriz de Bizancio)

—Jean-Jacques Thierry. Vaticano secreto

—Dieter K. Kuzel. La Ruta del Espacio. Introducción de Wernher Von Braun

—Joel J. Heydecker y Johannes Leeb. El Proceso de Nuremberg

—Jacques Duchemin. Historia del FLN (Frente de Liberación Nacional, Argelia, historia)

—Barbara Tuchman. Los Cañones de Agosto (Primera Guerra Mundial)

—André Castelot. Grandes Amores de la Historia. Cincuenta pasiones… cincuenta aspectos del corazón humano

—Virginia Cowles. El Último Káiser (Guillermo II)

—Gerald Clark. América en llamas (historia)

—Cajus Bekker. La Luftwaffe. Historia del arma secreta alemana en la Segunda Guerra Mundial

—Françoise Gilot y Carlton Lake. Vida con Picasso

—Helmuth G. Dahms. La Segunda Guerra Mundial

—John Toland. Los Últimos 100 Días (S.G.M.)

—Ivar Lissner. Civilizaciones Enigmáticas (civilizaciones antiguas)

—Ladislas Farago. El Sello Roto (sobre el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941)

—Helmut Heiber. Conversaciones militares de Hiter. Fragmentos de las actas de las conferencias militares de Hitler de 1942-1945

—Nerin E. Gun. Hitler y Eva Braun. Un amor maldito

—Gordon Rattray Taylor. La Revolución Biológica (biología, genética humana)

—Nerin E. Gun. Dachau. Testimonio de un superviviente

—Philip Knightley. La Vida Secreta de Lawrence de Arabia


Colección Serie Club

 

Editorial Bruguera

1968

Esta pequeña colección tiene el mismo formato que las colecciones Libro Amigo, Libro Clásico y Libro Práctico de Bruguera.

Se identifica en la portada con la letra N: Novela.

La pongo para ordenar lo publicado dentro del laberinto entre las colecciones de Bruguera y así se pueda saber qué libro corresponde a cuál colección.

Aunque no haya la numeración al revisar datos creo que no debe haber pasado de los 11 títulos publicados que son los que figuran aquí. Ninguna biblioteca o librería menciona más obras.



6. Abate Prevost. Manon Lescaut
7. Stefan Amberg. Años locos
8. León Tolstoi. Resurrección
10. Nikolai Gogol. Taras Bulba/El Retrato
11. Augusto Gotti Lega. Martas Cibelinas


Sin numeración conocida

—Charlotte Brontë. Jane Eyre
—Stanley Ellin. Castillo de naipes. 
—Francis Clifford. Atrapado
—Harry Kemelman. El rabino tuvo hambre el sábado
—Emily Brontë. Cumbres borrascosas
—Antón Chejov. Los Campesinos/Mi Vida



miércoles, 4 de junio de 2025

De edificios emblemáticos a avances en la medicina: grandes ideas que nacieron garabateadas en servilletas

 

 
Hay servilletas que han hecho historia.
 
 
Por Dalia Ventura
BBC News Mundo
 
 
"¡Servilletas de papel! ¡Quién ha oído semejante disparate! ¿Para qué sirven?".

Eso exclamaban "muchas buenas amas de casa" al enterarse que estaban a la venta, contó en 1896 Helen Thompson, de la revista Brooklyn Magazine.

Poco a poco, sin embargo, irían conquistando espacios públicos hasta que en la década de 1950 empezaron a recibir el sello de aprobación de los rectores de la etiqueta, y a volverse ubicuas.

Desde entonces, muchos arquitectos o sus allegados les responderían a esas amas de casa que las servilletas de papel servían para verter ideas. 

Incontables diseños de edificios de todo el mundo empezaron esbozados en esos trozos de papel producidos para limpiarse al beber o comer, incluidos varios famosos, como el Museo Guggenheim Bilbao.

El influyente arquitecto Frank Gehry contó que cuando fue nominado para diseñarlo, estuvo una noche en un bar cercano y comenzó a esbozar un diseño en una servilleta de cóctel, sin levantar el bolígrafo del papel para lograr un diseño fluido.

La práctica es tan valorada en la arquitectura que hay subastas de servilletas, y la frase "boceto en servilleta" es sinónimo del momento de la génesis conceptual.

Pero también fuera de ese círculo, hay servilletas que han hecho historia.

Probablemente no reconocerías el nombre David H. Shepard.

Ni tampoco el de su creación, a pesar de que seguramente la has visto, y a menudo.

Shepard fue el inventor de una de las primeras máquinas que leía recibos de tarjetas de crédito.

Su Corporación de Investigación de Máquinas Inteligentes desarrolló y vendió los primeros sistemas de reconocimiento óptico de caracteres a empresas como AT&T, First National City Bank, Reader's Digest y la mayoría de las principales petroleras.

Sin embargo, detectó un problema.

Como el reconocimiento óptico de caracteres se implementó por primera vez en las gasolineras, cuando la gente usaba tarjetas para pagar, los recibos inevitablemente se manchaban de grasa, aceite y otras sustancias.

Necesitaba idear la forma de combatir esa contaminación de los datos financieros.

Y lo hizo, en una servilleta, durante una cena con su esposa en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, en 1952.

Buscando las formas más simples y abiertas posibles, lo que dibujó fueron esos números rectilíneos que aparecen en muchas tarjetas de crédito.

Para que el reconocimiento de los datos fuera más fiable, Shepard decidió crear una fuente solo para dígitos.

 

La fuente numérica Farrington B se transmitía con claridad al usar los dispositivos de procesamiento de tarjetas analógicos de mediados del siglo XX.

Hoy en día, las compañías de tarjetas de crédito pueden usar cualquier fuente para el número de cuenta, pues toda la información pertinente se obtiene de la banda magnética o del chip EMV.

Pero esos distintivos dígitos se siguen usando con frecuencia pues Farrington B es casi una tradición.

 

La imagen de tus órganos

A principios de la década de 1970, el químico estadounidense Paul Lauterbur ya era uno de los principales especialistas en espectroscopia de resonancia magnética nuclear (RMN).

La técnica se basa en las propiedades magnéticas del hidrógeno presente en el agua, que constituye aproximadamente dos tercios del cuerpo humano.

Cuando los átomos de hidrógeno se ponen en un potente campo magnético y se bombardean con ondas de radio, emiten señales que proporcionan información sobre su entorno local.

Los químicos utilizaban RMN para determinar la estructura de las moléculas orgánicas.

Pero hasta entonces a nadie se le había ocurrido que podía llegar a ser una herramienta que los médicos podrían usar para crear imágenes detalladas de órganos internos.

De una servilleta a un premio Nobel: Lauterbur lo recibió de manos del rey Carlos Gustavo Suecia en Estocolmo en 2003. 

 

La idea se engendró tras un encuentro furtivo de Lauterbur con un investigador en el verano de 1971.

Le habló sobre un estudio de tejidos cancerosos con ratas que intentaba ver si con RMN se podía detectar tumores.

Lauterbur quedó impresionado, pero le pareció "demasiado desagradable" el que se tuvieran que sacrificar animales para investigar: debería ser posible obtener la misma información de forma no invasiva desde fuera de un cuerpo vivo, pensó.

Esa misma noche, se fue a comer al restaurante Eat'n Park Big Boy de Pittsburgh, y mientras reflexionaba garabateó ideas en una servilleta de papel.

Esas ideas, concebidas entre bocados de hamburguesa, propiciaron el nacimiento de la resonancia magnética, o IRM.

Más de 30 años después recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina (2003) por darle a los médicos la capacidad de mirar dentro del cuerpo humano sin utilizar radiación dañina.

 

Los datos invisibles

Quizás resulte curioso que en el campo de la tecnología, que ha creado tantas herramientas para reemplazar al lápiz y papel, el boceto en servilleta también haya jugado un rol.

Sin embargo, ha ocurrido en más de una ocasión.

La más legendaria tiene que ver con la creación de Ethernet, el sistema para conectar dispositivos que precededió al ahora omnipresente Wi-Fi.

Y se sigue usando, porque enviar datos por cable es más rápido, fiable y seguro que enviarlos mediante ondas de radio.

El nombre "Ethernet" proviene de la referencia histórica al éter luminífero, una teoría del siglo XIX sobre una sustancia que se creía que transportaba ondas electromagnéticas.

 

El sistema fue creado inicialmente en 1973 por un grupo de ingenieros del Centro de Investigación Xerox Palo Alto (PARC).

Uno de ellos era Robert Metcalfe, quien era especialista en comunicaciones.

Le encomendaron la tarea de diseñar y construir la red que uniera unas computadoras llamadas Alto, que ya disponían de capacidades gráficas y ratón, y serían consideradas los primeros ordenadores personales.

La idea, que ahora parece obvia pero era revolucionaria, era conectarlas para poder compartir información e imprimir documentos. 

Metcalfe realizó el primer boceto conceptual en una servilleta, dibujando un diagrama para conectar varias computadoras en una red de área local.

Y lo etiquetó con una palabra: "¡ETHER!".

 

Una curva económica

En uno de los momentos icónicos de la economía moderna, un joven profesor dibujó un sencillo gráfico en una servilleta en 1974, y trazó una nueva dirección para el Partido Republicano de EE.UU.

Los detalles de la reunión en la que Laffer dibujó su curva son confusos, la servilleta de papel ya no existe, y una de tela que fue exhibida en el Smithsonian es de dudosa procedencia. Pero la curva de Laffer sigue surgiendo en el discurso público.

El profesor era el economista Arthur Laffer y la legendaria reunión fue con Dick Cheney, en un restaurante en Washington DC.

Cheney era en ese entonces el segundo al mando de Donald H. Rumsfeld, jefe de gabinete del presidente Gerald R. Ford, quien había subido los impuestos para controlar la inflación.

Laffer quería mostrarle por qué el gobierno federal debía bajarlos.

Aunque sonara contrasentido, aseguraba, la rebaja se pagaría sola pues se incrementaría la recaudación fiscal y aumentaría la actividad económica.

Esbozó una curva para ilustrar su argumento de que existe una tasa impositiva óptima que maximiza los ingresos del gobierno.

Pero que, después de ese punto, el aumento de impuestos conlleva una disminución de los ingresos públicos.

Alegaba que las tasas impositivas altas eran contraproducentes pues desincentivaban la actividad económica y fomentaban la evasión fiscal al punto que en realidad reducían los ingresos del gobierno.

La más tarde denominada Curva de Laffer se hizo famosa; el Partido Republicano se convirtió en el partido de los recortes de impuestos.

La curva sirvió para justificar las políticas económicas del presidente Ronald Reagan, pero sus recortes de impuestos no se amortizaron por sí solos y provocaron un aumento de la deuda pública.

Aunque la teoría ha sido desacreditada por varios economistas, sigue teniendo defensores y su atractivo es perdurable entre quienes abogan por contribuir menos a las arcas de los Estados. 

 

Una legendaria lluvia de ideas

"En el verano de 1994, yo, John Lasseter, Pete Docter y Joe Ranft nos sentamos a almorzar", contó el cineasta Andrew Stanton en uno de los tráilers de la película animada "WALL-E" de Pixar.

Stanton, Lesseter, Docter y Ranft (quien murió en un accidente en 2005) eran cuatro de los principales directores del que se convertiría en uno de los más exitosos estudios de animación del mundo.

Casi todas sus películas serían nominadas y muchas galardonadas con premios Óscar.

Pero eso aún estaba por venir: desde su creación en 1986, hasta el estreno de "Toy Story" en 1995, pocos sabían de su existencia.

El adorable robot de WALL-E fue la última idea que surgió durante un almuerzo memorable hace tres décadas. 

 

El almuerzo que recordó Stanton fue en el Hidden City Cafe, cerca de los estudios Pixar en Point Richmond, California, y tuvo lugar cuando "Toy Story estaba casi terminada", relató.

"Pensamos: '¡Caramba! Si vamos a hacer otra película, tenemos que empezar ya'".

Y empezó una lluvia de ideas realmente fabulosa.

"Barajamos un montón de ideas que finalmente se convirtieron en 'A Bugs Life' (Bichos: Una aventura en miniatura), 'Monsters, Inc.', 'Finding Nemo' (Buscando a Nemo) y la última que comentamos ese día fue la historia de un robot llamado Wally".

Los cuatro comensales dibujaron bocetos de personajes en las servilletas del café.

El robot se convirtiría en el protagonista de "WALL-E".

En las notas de producción de esa cinta animada, Stanton dijo: "Una de las cosas que recuerdo que surgió de esto fue la idea de un pequeño robot dejado en la Tierra".

"No teníamos una historia. Era una especie de pequeño personaje tipo Robinson Crusoe: ¿qué pasaría si la humanidad tuviera que abandonar la Tierra y alguien olvidara apagar el último robot, y no supiera que podía dejar de hacer lo que está haciendo?".

WALL-E se estrenó en 2008 y, aunque fue un riesgo para el estudio pues no había muchos diálogos, como todas las demás películas ideadas durante ese almuerzo, enamoró al público y fue aclamada por los críticos.

El Hidden City Cafe ya no existe, pero aparece en una escena de "Monsters, Inc.".

 

Fuente: Grandes ideas garabateadas en servilletas 


 

 

Colección La Vuelta al Mundo en Ochenta Libros

Editorial Plaza & Janés

1964-1981

No se llegó a los 80 libros planeados en la colección y sólo se publicó una parte de ellos.

La explicación no se encuentra a la mano: ¿fue por pago por los derechos de autor, problemas en la economía española durante la época de la Transición, cambios de planes en la editorial, etc.?

Como se dice: Averígüelo Vargas.

Lo cierto es que la editorial no se hacía problemas y siguió publicando, y una y otra vez incluyó antes, durante y después varios de los mismos libros en sus diferentes colecciones.



—Evelyn Waugh. Un Turista por África (Kenia, Tanganika, las dos Rodesias)

—Alexander Ramati. Israel hoy

—Rupert Croft-Cooke. De la Mano de Don Quijote (lugares y paisajes de España)

—Francis Mazière. Fantástica Isla de Pascua

—José María Gironella. En Asia se muere bajo las estrellas (Tailandia, Vietnam, Formosa-Taiwán-, Filipinas, Hong Kong, Camboya y la India)

—Pearl S. Buck. Gente del Japón

—Enrico Altavilla. Suecia, infierno y paraíso

—Leonid Vladimirov. Los Rusos de hoy

— Enrico Altavilla. Europa, pecado y virtud

—Hugo Portisch. La China que he visto

—Alberto Vázquez-Figueroa. Viaje al Fin del Mundo: Galápagos

—Jean Lartéguy. Viaje al Fin de la Guerra (Guerra de Vietnam)

—Hugo Portisch. La Siberia que he visto

—François de Combret. Las Tres Caras de Brasil

—Harry Golden. Los Israelíes. Retrato de un Pueblo

—Anthony Glyn. Los Británicos

—Sanche de Gramont. Los Franceses. Retrato de un Pueblo

—Ramón Carnicer. Nueva York. Nivel de vida, nivel de muerte

—Fernando Díaz-Plaja. El Mundo de Colores (Culturas alrededor del mundo)

—Pierre Ivanoff. En el País de los Mayas

—Alberto Moravia. ¿A que tribu perteneces? (África negra)

—José María Gironella. El Mediterráneo es un hombre disfrazado de mar

—Jean Lartéguy. El Oro del Diablo. Guerra, petróleo y terrorismo en el Cercano Oriente

—Jean Raspail. Diario Piel Roja (Un viaje por las reservas indias de Estados Unidos)

—Ramón Carnicer. Gracia y Desgracias de Castilla la Vieja

—Jack Beeching. La Guerra del Opio (China, historia)

—Saul Bellow. Jerusalén, Ida y Vuelta. Un relato personal

—Jean Lartéguy y Tila Bréaud. FIU. Tahití, la piragua y la bomba

—André Brugiroux. La Tierra es un solo país. 400.000 km alrededor del mundo en autostop

—Enrico Altavilla. Las Mecas del pecado

—Enrique Rubio. De Pretoria a Moscú. Los Paraísos del blanco y del rojo. Apuntes de un reportero (Sudáfrica, Unión Soviética)

—Fernando Díaz-Plaja. Los Brasiles. Una visión amena, desenfadada y culta de los pueblos del Brasil

—Paul Theroux. El Gran Bazar del Ferrocarril. En tren a través de Asia

— Fernando Díaz-Plaja. Las Ínsulas Extrañas. Viaje por las Cinco Partes del Mundo

— A.E. Maxwell e Ivar Rudd. Allí, el día dura un año. Relato de un año en la región ártica

—Guillermo Díaz-Plaja. China en su laberinto

—Ramón Conde Obregón. Las Murallas de Roma y otras historias de la urbe

—Guillermo Díaz-Plaja. El Encanto de Europa. Viajes y Meditaciones



domingo, 1 de junio de 2025

Cómo tener una conversación difícil sobre algo que te afecta (y por qué conviene no evitarla)

 

 

Si la idea de tener que expresar lo que sientes te revuelve el estómago, la psicóloga Kimberley Wilson tiene un plan. 

 

Serie "What's Up Docs?"
BBC, Radio 4

 

¿Cómo le dices a tu amigo que algo que ha estado haciendo te duele? ¿O cómo hablas con tu madre sobre algo espinoso? ¿O pides un aumento de sueldo? ¿O incluso le pides a tu pareja que pruebe algo nuevo en la cama?

Todos, en algún momento, hemos tenido o tendremos algún conflicto, tensión, preocupación o incomodidad que preferiríamos borrar de nuestras vidas.

En muchos casos, lo que se requiere es una buena conversación... y algunas son difíciles.

La naturaleza de la conversación difícil es que no sabes lo que va a pasar, y podría ser malo: te puede hacer sentir vulnerable y expuesto, y es posible que obtengas información que no quieres.

Es por eso que tratamos de evadirlas.

Si sólo pensar en este tipo de conversaciones te revuelve el estómago, no estás solo.

La mayoría evitamos momentos como esos, pero ¿qué tan importante es afrontar nuestros problemas interpersonales de frente?

"Hay una gran cantidad de situaciones difíciles, ¿verdad? Si quieres un ascenso, si estás en una relación y tal vez tu vida sexual ya no es tan buena, si tienes un amigo y las cosas se están poniendo un poco raras o distantes o algo ha cambiado y no sabes qué es, si tu mamá está constantemente criticando tu cuerpo...", le dice a la BBC la psicóloga colegiada Kimberley Wilson.

"Necesitas tener una conversación difícil con esa persona, quien quiera que sea, para que la situación cambie: todo lo que quieres está al otro lado de esa conversación.

"Pero a veces creemos que, si ignoramos el problema, simplemente desaparecerá.

"No es así".

Y eso trae repercusiones.

Cuando no hay honestidad, la relación deja de ser profunda, y al mantener el silencio, se acumula el resentimiento.

El resultado puede ser un estallido, lo cual es mucho más destructivo que una conversación, o un adormecimiento de la relación, pues terminas simplemente dejándola ir.

Eso es una pena, particularmente porque hablar podría cambiarlo todo.

Si la idea de tener esas conversaciones difíciles te repele y estás a punto de dejar de leer, Kimberley Wilson tiene un plan para ayudarte a enfrentarlas.

 

Paso a paso

El plan tiene 10 pasos, y "los primeros tres son de preparación".

"No se trata de lanzarse directamente, sino de cómo nos preparamos psicológicamente.

"El primer paso es pensar en los costos reales del statu quo:

  • Hasta qué punto siento que evitar la conversación está mellando mis valores de honestidad y autenticidad.
  • Cómo el evitar la conversación está afectando otras cosas en mi vida.
  • Cómo al no demostrarme coraje a mí mismo, me estoy impidiendo crecer y ser más valiente de otras maneras".

Piensa que al no expresar lo que sientes, de cierta manera estás diciéndote que no eres una persona valiosa, que no consideras que vale la pena defender tus sentimientos, ni valoras la honestidad, o tus metas, o a ti mismo.

En otras palabras, la incomodidad imaginada de la conversación es más importante que el malestar real que estás sintiendo. 

¿Cómo hacerlo? Planeando, preparándose y concientizándose de los beneficios, incluso si las cosas no resultan bien. 

 

"El paso #2 es: Haz lo contrario. Piensa en los beneficios: ¿Qué podrías lograr con esa conversación?", plantea Wilson.

"Ten en cuenta que los beneficios puede que sean solo para ti. Eso es muy importante, porque a menudo una de las razones por las que posponemos estas conversaciones es que pensamos que no tiene sentido porque no puedes cambiar a la otra persona.

"El secreto es que ese no es el punto.

"El propósito importante de la gran conversación es demostrarte a ti mismo que eres alguien a quien vale la pena defender. Tal vez no consigas lo que quieres de la otra persona, pero sí lo que quieres de ti mismo.

"Posiblemente te quedará la sensación de que efectivamente puedes hacer cosas difíciles: tuviste la conversación que te parecía imposible, y si pudiste hacer eso, ¿de qué más serás capaz?

"Y a menudo, incluso si la otra persona no puede o no está dispuesta a cambiar, te respetará más por ser tú mismo", indica la psicóloga.

El paso #3 es hacer un análisis del costo-beneficio.

"Mira tus dos listas y piensa si vale la pena", explica.

"No hace falta que vayas por el mundo teniendo todas y cada una de las conversaciones difíciles.

"Tenemos una cantidad finita de energía y tenemos una cantidad finita de relaciones, y la idea es poner el esfuerzo donde tiene que ir".

Si decides que, al fin y al cabo, no vale la pena, perfecto.

Si consideras que es necesario hablar, hay otros 7 pasos que te pueden ayudar. 

 

Tenemos que hablar

El paso #4 es pedir apoyo.

"Habla con un amigo u otro ser querido y dile: 'Estoy a punto de hacer esto que me parece realmente aterrador o desalentador. ¿Puedo contar con tu apoyo?'.

"Es bueno saber que hay alguien a tu lado".

El siguiente paso es iniciar la conversación.

 

 
Recuerda que si tú estás nervioso, la otra persona también.
 
  
"Es el más difícil", apunta Wilson.

"De hecho, hay varios ejemplos de gente haciéndolo muy mal, a menudo usando la que podría ser una de las peores frases del lenguaje humano: 'Tenemos que hablar'".

Da hasta escalofríos, así como "necesito decirte algo".

"Te provoca una sensación horrible porque está repleta de ambigüedad, y a la mente humana no le gusta la ambigüedad", sostiene la experta.

Ese vacío de certeza tendemos a rellenarlo con nuestros peores miedos: me van a gritar, me odian, se viene alguna catástrofe.

"Así que nunca, nunca, nunca empieces una conversación con frases como esas".

La psicóloga sugiere aprovechar la tecnología moderna.

"Ayuda, porque puedes enviar un mensaje, diciendo algo como: 'He estado pensando en nuestra relación, y realmente quiero estar lo más cerca posible. ¿Estarías dispuesto a conversar? ¿Cuándo funcionaría para ti en la próxima semana?'.

"Así que le estás dando a la persona un aviso, estás pidiendo un tiempo en un futuro cercano, y les estés dando una opción.

"Y en ese momento pueden decir que no. Pueden decir que en realidad no están interesados en hablar".

Pero si se niegan a hablar contigo, ¿no es algo terrible?

"No tanto", opina Wilson, "porque si dicen que no, entonces todavía puedes decirte a ti mismo algo realmente importante: 'lo intenté. Di ese paso'. En todo caso, obtienes los beneficios del coraje y el esfuerzo.

"Y luego puedes hacer la pregunta de seguimiento: ¿Por qué no? Y si te dicen que sencillamente no pueden o quieren hacerlo, no hay problema, pues al menos ya saben que algo está pasando".

La ventaja es que no tienes que seguir fingiendo.

Así no se dé la charla, "hay un poco más de realidad y un poco más de honestidad en lo que está pasando".

Y puedes reevaluar la relación y tomar una decisión.

"¿Continúo dirigiendo mi energía, mi inversión y mi afecto hacia esta persona, o puedo redirigirla hacia quienes están más interesados en tener una relación real conmigo?

"El solo intentar tener la conversación te da opciones".

Ahora, si la persona está dispuesta a hablar contigo... 

 
El consejo de la psicóloga: escribir. 
 
 
Paso #6: prepararse.

"Cuando estamos en una situación emocionalmente tensa, es probable que nos sintamos ansiosos y cuando nos invade la ansiedad, la parte de nuestro cerebro que controla los impulsos, la planificación, el pensamiento y la razón, se apaga.

"Tienes que prepararte para eso".

Wilson señala que algo muy útil en estas situaciones es escribir lo que quieres decir, y no sólo como guía en caso de que te sientas abrumado y pierdas el hilo, sino como una carta que le podrías dar a la otra persona.

"Tenemos que tener en cuenta los sentimientos de la otra persona. Puede que también esté nerviosa e incluso que la hayas tomado por sorpresa, pues no tenía ni idea de lo que estabas sintiendo".

Si le puedes dar lo que escribiste, esa persona puede leerlo cuando esté más tranquila, y tener tiempo para asimilar y procesar todo.

Y así, inexorablemente, llegamos al momento de tener la conversación.

 

El temido paso #7

Ahora sí vas a tener la conversación, y la psicóloga sugiere que sea en persona, si es posible.

"Una de las razones por las que tenemos rostros tan expresivos es porque la comunicación no verbal es muy importante, y gran parte de los matices y la ternura se pueden perder cuando están escritos".

Recomienda además volver a hablar del tema.

"No esperes resolver todo en una sesión de media hora.

"Cuando la adrenalina baja, ambos pueden asimilar lo dicho, y tienen la oportunidad de darle sentido a lo que está sucediendo. Así que siempre sugiero tener una semana entre la parte 1 y la parte 2 de la conversación.

"Esencialmente, esos son los últimos pasos, es decir, 8, 9 y 10", que son... 

Hay unas conversaciones difíciles muy delicadas, como aquellas en las que lo que quieres expresar es tu preocupación por el bienestar de un ser querido. 

 

#8. Dale tiempo a la otra persona para pensar y responder.

Puede que la otra persona no supiera que te sentías así o que estuviera abrumada por las emociones. Aunque quieras respuestas o explicaciones, es justo complacerla. Muestra curiosidad por su punto de vista.

#9. Recuperar y regular

Las emociones afectan físicamente al cuerpo y es probable que esta sea una conversación intensamente emotiva. No planees hacer nada después. Despeja tu agenda y haz espacio para actividades que te ayuden a reducir tus niveles de estrés y emoción, como caminar por la naturaleza, escribir en un diario o simplemente dormir.

#10. Retoma la conversación

No esperes resolver tu problema en una sola sesión. La otra persona sentirá muchas emociones y también necesitará tiempo para recuperarse y procesar la conversación.

Quizás podrías esperar una semana y luego enviarle un mensaje como: "¿Te parece bien que tengamos otra conversación?".

Entonces, no se trata de buscar conflictos en tu vida, perseguir retazos de antagonismo, confrontar a cada persona que se oponga a ti de alguna manera.

Pero hay relaciones que realmente importan, y resolver asuntos problemáticos requiere tiempo, esfuerzo y, en algunos casos, comprensión.

Unas de las más delicadas de esas conversaciones difíciles son las que tienes con seres queridos que de alguna manera se están haciendo daño a sí mismos.

"Si estuviera preocupada por alguien, esencialmente seguiría los mismos pasos. La diferencia es que necesitas más paciencia porque puede ser que en ese momento no sean capaces de tolerar o siquiera escuchar lo que tienes que decir.

"Lo importante es que eso se alojará en el fondo de sus mentes para cuando estén listos, y entonces sabrán que te preocupas por ellos y que los quieres tanto que tuviste la valentía de hablarles para decirles básicamente que los amas.

"No hay soledad más grande que sufrir y pensar que nadie se ha dado cuenta".

Hablar de lo que nos preocupa "puede acercarnos de una manera mucho más real, y eso se convierte en una base para un poco más de honestidad, un poco más de autenticidad, un poco más de introspección, y tal vez un poco más de generosidad si esas situaciones se vuelven a presentar", concluye Kimberley Wilson.

"Ese es el poder de la conversación difícil".

 

*Este artículo es una adaptación del episodio Difficult Conversations de la serie What's Up Docs de la BBC. Si quieres escucharlo, haz clic aquí

 

Fuente: Conversación Difícil