miércoles, 21 de mayo de 2025

Colección Novela y Ocio

Salvat Editores
1986-1988

No se incluyen las obras que hablan de pseudociencia aunque esté mezclada con fantasía novelesca ni a los socios del club de las dudas contagiosas/opiniones irresponsables o por otras razones.
No cambiaremos de opinión.



1. Graham Greene. El Tercer Hombre
2. Klaus Mann. Mefisto
3. David Morrell. Primera Sangre
4. Jane Austen. Orgullo y Prejuicio
5. Arthur Hailey. Traficantes de Dinero
6. John Cheever. Falconer
7. Robin Cook. En Coma
8. Louis Bromfield. Vinieron las lluvias (1)
9. Louis Bromfield. Vinieron las lluvias (2)
10. Joseph Conrad. Lord Jim
11. Arthur C. Clarke. 2010: Odisea Dos
12. Harold Robbins. Los sueños mueren primero
13. Anthony Burgess. Sinfonía Napoleónica
14. Sidney Sheldon. Cara descubierta
15. KenKesey. Alguien voló sobre el nido del cuco
16. Frank Herbert. Dune (1)
17. Frank Herbert. Dune (2)
18. Michael Crichton. El Gran Robo del Tren
19. Françoise Dorin. Las camas individuales
20. Ernest Lehman. El secuestro del transatlántico
21. Brian W. Aldiss. Mano Dura
22. Emily Brontë. Cumbres borrascosas
23. Francis More. La noche de los asesinos
24. Henry Deker. Médicos
25. Yasunari Kawabata. Lo bello y lo triste
26. Alex Haley. Raíces (1)
27. Alex Haley. Raíces (2)
28. Graham Greene. El americano impasible
29. Nicholas Meyer. Elemental, Dr. Freud
30. Choderlos de Laclos. Relaciones peligrosas
31. Henri Troyat. El Descarado
32. William Kinsolving. Nacido con el Siglo (1)
33. William Kinsolving. Nacido con el Siglo (2)
34. Rolf Hochhuth. Un Amor en Alemania
35. Edward Bulwer-Lytton. Los Últimos Días de Pompeya
36. Richard Peck. ¿Estás sola en casa?
37.  Edward Stewart. La Promesa (1)
38. Edward Stewart. La Promesa (2)
39. Lothar-Günter Buchheim. Submarino
40. Hans Jorgen Nielsen. El ángel del fútbol
41. Diana Davenport. La lujuria del poder
42. Dashiell Hammett. La maldición de los Dain
43. Arthur Herzog. El enjambre
44. Doris Lessing. Memorias de una superviviente
45. Dee Wells. Jane
46. James Brady. París Uno
47. Nicholas Monsarrat. El Cura de Malta (1)
48. Nicholas Monsarrat. El Cura de Malta (2)
49. Helen MacInnes. La Red del Cazador
50. John Cheever. Suburbio
51. Pedro Antonio de Alarcón. El Escándalo
52. Pavel Kohout. El Beso de Clara
53. Joan Sansom. El Subastador
54. William Wharton. Huellas de Pájaro (Birdy, Huellas de Pájaros)
55. Phyllis A. Whitney. Envuelta en la niebla
56. Lois Gould. La Presidenta
57. Donald A. Stanwood. El Secreto del Titanic
58. Elsa Joubert. Una mujer llamada Poppie
59. Samuel R. Delany. Babel-17
60. Iris Murdoch. El Hijo de las palabras
61. Charlotte Brontë. Jane Eyre (1)
62. Charlotte Brontë. Jane Eyre (2)
63. Mary Danby. Una mujer soltera
64. George Markstein. Manténgase alerta
65. Ben y Norma Barzman. Sueños Dorados (1)
66. Ben y Norma Barzman. Sueños Dorados (2)
67. Manuel Halcón. Manuela
68. Joanna Russ. El hombre hembra
69. Jonathan Black. Petróleo
70. Nicholas Monsarrat. El Marino maldito (1)
71. Nicholas Monsarrat. El Marino maldito (2)
72. M. Woodhouse y R. Ross. Los Cañones de los Médicis (Los cañones de los Médici)
73. Prosper Mérimée. La Dama del antifaz
74. Armistead Maupin. Historias de San Francisco (1)
75. Armistead Maupin. Historias de San Francisco (2)
76. Andreu Martín. La camisa del revés
77. Herman Melville, Billy Budd, marinero
78. Mary MacCracken. Un caso especial
79. Robin Cook. Médico interno
80. Mary Gordon. Cuentas saldadas
81. Michael Crichton. Los devoradores de cadáveres (*)
82. Paul- Loup Sulitzer. El Rey verde (1)
83. Paul- Loup Sulitzer. El Rey verde (2)
84. Guy de Maupassant. Bel Ami
87. Henry James. La Vuelta de Tuerca (Otra Vuelta de Tuerca)
88. Paul Erdman. Colapso
89. Bernard Wolfe. Limbo (1)
90. Bernard Wolfe. Limbo (2)
92. John Brunner.El jinete en la onda del shock
93. Baronesa de Orczy. La Pimpinela Escarlata
94. Paul Erdman. Los Últimos Días de América
95. Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray
96. Julian Stryjkowski. El victimario del inquisidor
97. Fedor Dostoievski. El Jugador
98. Harriet Frank. Mujeres solas (1)
99. Harriet Frank. Mujeres solas (2)



(*) El libro tiene varios errores históricos. 

El que avisa no es traidor.

martes, 20 de mayo de 2025

Lo que aprendí de la Flor de Fuego

Lo que expresaba era tan viejo como el tiempo y tan frágil como el pétalo de una rosa
 

Por Jeanne Hall

DICEN que no se debe retornar. Pero aquel era día indicado para volver. Rebaños de nubes pacían en el firmamento. Codornices moteadas se agitaban rumorosamente entre el matorral. Y el canto del saltamontes vibraba por las colinas de nogales y los valles de robles. Día hecho para retornar a la niñez, para comprobar si aquel antaño fue realmente como uno cree.

Lejos de la universidad donde mi marido enseña, lejos del suburbio donde vi, salí en busca de un sitio donde el verano se siente profundamente. Al fondo de caminos polvorosos bordeados de flores amarillas encontré el recodo que conducía al valle de mi infancia. Busqué con los ojos una figura recogiendo bayas: de piernas finas y bronceadas bajo unas blancas faldas almidonadas. Pero mi madre hacía años que no pasaba por allí. Y además su esbeltez y su ágil paso eran ya también cosas de otra época.

No pensaba yo entonces en las rosas, ni tampoco en la extraña sensación de respeto que nunca dejan de suscitar en mí. Pero sí, al pasar ante la finca que había sido suya, evoqué al señor Riley, el hombre que cultivaba esa especie tan singular de rosa. Y apresuré la marcha, porque el valle parecía llamar a alguien que estaba muy dentro de mí: a una niña de diez años, de ojos demasiado grandes para su cara y cabellera corta con fleco.

Ella fue, que no yo, quien traspuso la cima y avistó una chimenea asomando entre los árboles, y quien luego sintió que se quedaba sin respiración al ver los cimientos desnudos de la casa. Sin respeto alguno para el titular de la propiedad, una selva de robles pequeños se había adueñado de la tierra, así como lo hiciera cuando primeramente nos instalamos allí, bajo un tejadillo, mientras mi padre construía la casa.

Mi padre había sido un producto del campo, sin mercado inmediato en la ciudad. Sólo que así lo había comprendido demasiado tarde, aunque la oportunidad de volver a la tierra le llegó más tarde todavía. En el mes de abril, en que abandonamos los tugurios de la ciudad, mi padre se veía consumido y tenía la cabeza gris. Hostigado por una debilidad crónica del pulmón huyó a refugiarse en la Naturaleza y en su sueño de poseer una granja en el valle.

Pero mi madre había visto ya disiparse otros sueños semejantes. Unos 20 años más joven que mi padre, su juventud y su vigor contrastaban con la edad y la fragilidad de él. Con ojos compasivos lo veía afanarse, y observaba que las pausas que su esposo hacía para descansar se volvían cada vez más frecuentes. Lo veía empalidecer y apoyar la espalda contra los jóvenes robles.

Cuando por fin mi padre tuvo que internarse en el sanatorio, ella se puso a aprender cómo se cultiva la tierra. Con un blanco pañuelo almidonado sujetándole la luenga cabellera negra, labró el prado hasta convertirlo en un huerto y levantó un gallinero y un granero. Yo le ayudaba a ordeñar las vacas y alimentar a los pollos, a cavar y a plantar, mientras que mi hermana Jo, de 14 años, limpiaba la casa y cocinaba.

Un atardecer estival vimos dos personas aparecer en lo alto de la colina. ʺ¡Deben ser el señor Riley y su hija!ˮ gritó Jo emocionada. Todas nosotras deseábamos conocer a nuestro único vecino, que había estado ausente durante el invierno, trabajando en Fort Smith. La suave luz de la lámpara iluminaba sus cabellos rojos, sus ojos grises, la piel tostada por el sol. Me maravilló advertir que las mismas facciones angulosas hacían al padre apuesto y fea a la hija, Bell, que tenía 16 años. Pero fue el ramo de flores que el señor Riley ofreció a mi madre lo que me movió la curiosidad:
—¿Qué flores son esas? —pregunté, mirando los extraños y bellísimos capullos.
—Es una rosa híbrida que he obtenido yo —replicó el señor Riley con su voz grave y melodiosa—. He llamado a esta especie Flor de Fuego.
El nombre describía perfectamente a los frágiles pétalos de ígneo terciopelo que envolvían en rizos los centros amarillos. Mientras mi madre acomodaba delicadamente el ramo, el señor Riley observaba su sonrisa, sus ojos oscuros y los diminutos aretes de oro, y advertía su afinidad con las rosas.
Cuando hubimos comido, acompañada de suero de mantequilla, una torta recién salida del horno, mi madre había aprendido ya cómo obtener del huerto dos cosechas anuales. También se había enterado de algo que despertó su compasión: la esposa del señor Riley había muerto cuando Bell tenía tres años, y él comprendía que en ese momento la niña necesitaba más que nunca de una madre. Al parecer Bell ya podía manejar un tractor y arar como un hombre hecho y derecho, pero en las labores de mujer era torpe, tímida e incapaz de cocinar y coser. Mi madre, más que conmovida, se ofreció a ayudar a la chica para que fuera más femenina. Propuso que Bell asistiera a las clases de catecismo que todos los domingos nos daba en la cocina de casa.

Esas lecciones eran apenas un disfraz que mi madre inventaba para enseñarnos las artes del hogar. Todos los domingos llegaba Bell saltando colina abajo, vestida con alguna antigualla sacada del baúl de su madre. Y al marcharse lo hacía con algo de más gracia, su vestido sutilmente metamorfoseado por medio de un hilván aquí y una alforza allá.

Terminadas las lecciones dominicales, mi madre ponía a freír un pollo y enseñaba a Bell a cocinar. Cuando el señor Riley llegaba, mi madre lo anunciaba, mientras nosotras sonreíamos: ʺBell se encargó de freír el polloˮ. Riley se mostraba feliz de los progresos de su hija, mas se advertía que estaba hipnotizado por la maestra.

Yo también estaba como arrebatada ante las habilidades de mi madre, sobre todo por su absoluta carencia de miedo. Espantaba raposas y gavilanes sin otra arma que un azadón, y mataba las serpientes ponzoñosas que se acercaban demasiado a la cisterna. Llegué realmente a pensar que mi madre no conocía el temor, hasta ese día a fines de agosto.

Un cielo sucio y amarillento había amenazado lluvia todo el día y una hueca inmovilidad pendía sobre el valle. Mi madre salió al campo a recoger los últimos pepinos y tomates. Cuando volvía a casa oyó un ruido terrible en una pila de ramas, cerca de la escalera de entrada. Al examinar el montón, vio debajo algo aterrador. Un enorme monstruo negro, de cabeza verde y enormes colmillos también verdes.

Las manos de mi madre le temblaban al subir ella la escalera, quitarse el delantal y echar mano de la azada. ʺJoˮ, dijo, esforzándose para que no le temblara la voz, ʺve a traer al señor Riley. Jeanne, tú no te muevas de la casaˮ, me ordenó. ʺYo voy a salir y me estaré de guardia junto al montón hasta que llegue el señor Rileyˮ.

Pasó como una eternidad hasta que llegó el señor Riley, hizo a mi madre a un lado y apuntó su escopeta contra las ramas. Luego, inesperadamente, bajó su arma y se inclinó para ver mejor.
ʺ¿Es ese el monstruo del que hablaba usted?ˮ le preguntó suavemente a mi madre, sonriendo, mientras señalaba las ramas. ʺAcérqueseˮ, añadió, ʺy mire de cerca a una serpiente negra común, que tiene un apetito más grande que su boca. Lo que está allí es una gran rana verde, atascada a medias en la boca de la serpiente. Y esos colmillos son las patas de la ranaˮ.

Fue entonces cuando mi madre ya no pudo más. Le empezaron a correr lágrimas por las mejillas y cayó hacia adelante. Pero el señor Riley se adelantó a tiempo para tomar en brazos el cuerpo vacilante de mi madre. Y en ese momento caí en la cuenta de que las cosas ya no volverían a ser como antes.

Mientras el trueno rasgaba el hueco silencio del campo, miré a mi madre, y de repente comprendí el secreto. Estaba muerta de terror y lo había estado siempre: de las zorras, de los gavilanes, de las culebras. ¡Pero se las había enfrentado, de todas maneras! Nunca más admiraría yo su impavidez, pero siempre habría de maravillarme su valentía. Más adelante advertí otra cosa: la ternura con que el señor Riley sostenía a mi madre, el modo como le brillaban los ojos al posarlos en ella. En los vigorosos brazos del señor Riley mi madre dejó pronto de llorar. Se soltó del abrazo con suavidad y recuperó su compostura preparando limonada. En cambio, el señor Riley había perdido la suya para siempre.

Ya no podría estarse quieto en la misma habitación que mi madre. Nunca más  podría contemplarla a la luz de la lámpara sin pensar que debía hacerla suya. Pero también comprendía que era una mujer capaz de discernir entre el deseo  y la decencia, y el señor Riley sabía bien por cual optaría ella. Por tanto, dejó de frecuentarnos.

Pero luego, una tarde, el señor Riley ʺtrajo a Bell para que conversara afuera con mi hermana y conmigoˮ, mientras él entraba en la casa para hablar con mi madre. Las tres nos sentamos al borde de la cisterna, que sentíamos fresca bajo nuestros pies descalzos, si bien yo tenía el pensamiento puesto en la pareja que hablaba en la casa. La adivinaba yo vacilando al borde de algo, de la misma manera que los guijarros que yo había amontonado en el brocal de la cisterna. Empujé una de las piedrecitas, y todas cayeron al agua. Espantada, volví los ojos hacia la casa. Yo amaba por igual a mi madre y al señor Riley. Pero si estos caían, de algo se vería despojado mi amor por ellos… ¡de algo! ¿De qué?
En esto estaba yo pensando cuando el señor Riley salió a la puerta con mi madre. Parecía desencantado como si disputara algún punto ya perdido.
—Pero en Fort Smith, ¿quién iba a saberlo? —estaba diciendo.
—¡Ellas lo sabrían! —repuso mi madre, indicándonos con un movimiento de cabeza—. ¡Y nosotros también! ¡Oh, Riley! ¿No comprende que si fuera yo el tipo de mujer que se divorcia de un hombre que la necesita desesperadamente, no sería el tipo de mujer que usted querría por esposa?
Él se la quedó mirando largamente y percibió la verdad, porque justamente la parte de lo que amaba en ella era su conciencia de la rectitud.
—Tiene usted razón —dijo roncamente, como si las palabras le quemaran la garganta.
Llamó luego a Bell, dijo ʺAdiósˮ, y echó a andar colina arriba, en dirección a su casa.

La siguiente y última vez que vi a los Riley habían vendido la granja y se trasladaban a Fort Smith. El señor Riley llevaba un gran paquete de periódicos en los brazos.
—Le traigo la mata de la Flor de Fuego —dijo con sencillez—. ¿Dónde quiere usted que la plante?
—Allí, junto a la escalera —repuso mi madre.
Yo fui a traer la pala y me quedé observando al señor Riley mientras plantaba el gran rosal.

AHORA, ante mi valle del que no quedaba casi más que una selva, dirigía yo la mirada por el prado hacia los cimientos de la casa. ¡Y allí vi aquellas rosas singulares!
No sólo crecían junto a la escalera, sino que cubrían toda una sección del patio. Y entonces comprendí el sentimiento de respeto que las rosas han suscitado siempre en mí. El respeto era ese algo de que yo había temido ver despojado a mi amor por mi madre y el señor Riley.
El respeto: un maravilloso legado que ahora florecía en mi pecho igual que la Flor de Fuego florecía en el valle.


Condensado del ʺChristian Heraldˮ

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXIII, Número 376, Marzo de 1972, págs. 102-106,  Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México, México


Notas

Polvoroso: Que tiene mucho polvo. Cubierto de polvo.
Polvoriento, polvoso, empolvado, abandonado, arrinconado etc. wordreference.com

Finca: Propiedad inmueble, rústica o urbana.

Tugurio: Habitación, vivienda o establecimiento pequeño y de mal aspecto.

Hilván: Costura de puntadas largas con que se une y prepara lo que se ha de coser después de otra manera.

Alforza: Pliegue o doblez que se hace en ciertas prendas como adorno o para acortarlas y poderlas alargar cuando sea necesario.

Antigualla:  Mueble, traje, adorno u otro objeto que ya no está de moda o carece de utilidad. Uso o estilo anticuado.

Brocal: Antepecho alrededor de la boca de un pozo. Tubo corto destinado a la introducción de líquidos en un depósito.

Los significados están tomados de DLE RAE y Diccionario de Amercanismos ASALE.

Las notas son de mi parte.

lunes, 19 de mayo de 2025

Colección Halcón

Editorial Diana, México

1954-1971

Unos números son un tanto dudosos porque la información sobre algunas obras está incompleta, es errónea o confusa entre colecciones de la misma editorial.

Las obras de terror y fantasía dentro de la colección se pueden consultar aquí.

 

1. James Maresca. ¿Taxi, señor?
8. Julio Verne. La Isla Misteriosa, volumen I
9. Julio Verne. La Isla Misteriosa, volumen II
10. Julio Verne. Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino
17. Phil Hirsch(rec.). Generales en combate
19. Anton Richler. Comando Aéreo
20. Roy MacGregor-Hastie. Vida y Época de Nikita Kruschev
22. Cliff Howe. Hampones, malvados y monstruos humanos
23. José Luis Massó. Cuba: 17 de Abril (sobre la fallida invasión a Playa Girón o Bahía de Cochinos en 1961)
24. Antoni Gronowicz. La Mujer de Hitler
26. Jaime Garza Bores. Construya en inglés: método autodidáctico
28. John Tessitore. Amor al vuelo
32. Mayo Antonio Sánchez. La Comida Mexicana
34. Zane Grey. La Senda del Arco Iris
36. Phil Hirsch. Águilas en combate
37. Zane Grey. Unión Pacífico
38. William Johnston. Dr. Kildare: El corazón tiene una respuesta
39. Ernest Haycox. El Hombre de Montana
43. Nelson C. Nye. Cacen a Sundance Kid. En 1965 (107)
44. Phil Hirsch (rec.). Espionaje y Contraespionaje
45. Lolita Madrigal. Libro de Cocina de doña Lolita Madrigal
46. Nelson C. Nye. Fuego Rápido
47. Zane Grey. Senda Peligrosa
48. Groff Conklin (rec.). 9 Grandes Clásicos de la Ciencia Ficción
49. Jay Mallin. El Crisol Dominicano
50. Phil Hirsch (rec.). La Primera Guerra Mundial
51. Mayo Antonio Sánchez. Los Magnicidas
52. James E. Gunn. La Estación Espacial
55. Jaime Garza Bores. Expréselo todo en inglés: Express everything in spanish
56. Harold Callin. Los héroes no descansan
57. Groff Conklin (rec.). Invasores de la Tierra
58. Groff Conklin (rec.). 4 visiones extraterrestres
59. Lou Cameron. Los valientes mueren de pie
62. J.G. Ballard. El Viento de la Nada
65. Zane Grey. El valle de los caballos salvajes
67. Jaime Garza Bores. Manual completo de los verbos auxiliares e irregulares en inglés
69. Zane Grey. Los Incursores de la Pradera
70. Zane Grey. El Indio Bravo
72. Frank Gruber. Amarga Prudencia
75. Groff Conklin (rec). Cuarta Dimensión
76. Theodore Sturgeon. Sturgeon en Órbita
77. Manuel Ibáñez G. (rec.). Antología de Poesías Populares
78. Zane Grey. Reina sin título
79. James Dark. Ven a morir conmigo
80. Jack Vance. Tiempo futuro
81. James Dark. Incidente en Hong Kong
85. Jaime Garza Bores. Diviértase aprendiendo inglés
86. Roberto Blanco Moheno. Un Son que canta en el río
88. Miguel Guzmán Peredo. Los Juegos Olímpicos y usted
89. L. Sprague de Camp. Que no caigan las tinieblas
90. James Dark. Bomba de bambú
93. Judith Merril. La Gente del Mañana
95. Keith Laumer. Los Invasores
96. Keith Laumer. Los Invasores 2: Enemigos del más allá
97. Carlos Barrera. Hitler y sus secuaces
98. John Brunner. La Tierra de los Sueños
99. Rafe Bernard. Los Invasores: La Carretera Maldita
100. Peter Leslie. Los Invasores. La Noche de los Trilobites
101. Dave Van Arnam y Ron Archer. Perdidos en el Espacio
102. Floyd Gibbons. El caballero rojo de Alemania: El barón Richtofen y su circo aéreo
103. Carlos H. Cantú. Los Halcones Dorados de Villa
105. Peter Leslie. Los Invasores: El Acelerador del Otoño
106. Roberto Blanco Moheno. Cuando Cárdenas nos dio la tierra
107. Nelson C. Nye. Cacen a Sundance Kid. En 1970 (43)
108. Peter George. El Doctor Insólito: o cómo aprendí a a dejar de preocuparme y amar la bomba


Sin numeración conocida:
—Edith Maude Hull. El Hijo del Árabe: Segunda parte de El Árabe
—María Elena Vignolle. Manual Práctico de Cocina Internacional
—Zane Grey. Vagabundo del Desierto
—Zane Grey. Rastreador de venados



jueves, 15 de mayo de 2025

Colección Caimán

Editorial Diana, México

1953-1974

Algunas obras por lo visto se volvieron a reeditar dentro de la misma colección o tal vez haya habido algunos errores de edición o pueden ser datos equivocados de las fuentes.
Pongo algunos datos entre paréntesis sobre como aparecen los mismos libros con diferentes traducciones en los títulos. El del nº 22 es un error, el segundo título Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes es el correcto siguiendo al original en francés como se ve en el nº 481.

Publicación original del listado: 9 de septiembre de 2009

Revisión 2025

 

1.
2. Ellery Queen. El Misterio de la Naranja China (El Misterio de la Mandarina)
3. Erle Stanley Gardner. El Caso de los Dados Trágicos
4. S. S. Van Dine. El Caso del Alfil Obispo
5. Mickey Spillane. Yo, El Jurado
6. Mickey Spillane. Mi pistola es rápida
7. S.S. Van Dine. El Visitante de Medianoche
8. Erle Stanley Gardner. El Caso del canario cojo
9. Erle Stanley Gardner. El Caso del perro aullador
11. Agatha Christie. Un triste ciprés
12. Erle Stanley Gardner. El Caso de la viuda silenciosa
13. Erle Stanley Gardner. El Fiscal acorralado
14. Erle Stanley Gardner. El Caso del Retrato Falso
15. Anthony Gilbert. El secreto de la solterona
16. Ngaio Marsh. Cae el telón
18. Erle Stanley Gardner. El Caso de la joven arisca
19. Mary Roberts Rinehart. El Murciélago
20. Erle Stanley Gardner. El Fiscal traza un círculo
21. Paul Hirsch. Los Traficantes de la Muerte
22. Maurice Leblanc. La Dama Rubia. Arsenio Lupin vs Sherlock Holmes (Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes)
23. Erle Stanley Gardner. El Fiscal en el candelero
24. Abraham Merrit. ¡Arde, bruja, arde!
25. Sax Rohmer. Sumuru
26. Mickey Spillane. Mía es la venganza
27. Peter Cheyney. Otro Traguito
28. A.A. Fair (Erle Stanley Gardner) Doble o Sencillo
30. A.A. Fair. La Coquetería de Bertha Cool
32. Frank Gruber. El zorro que ríe
34. Erle Stanley Gardner. El Caso del Tartamudo
38. Mickey Spillane. Una Noche Solitaria
42. Carter Dickson. Mis difuntas esposas
48. J.J. Marine. El chalet de los lunáticos
52. Paul Daniels. Muñecas de transistores
53. Maurice Leblanc. La Aguja Hueca
55. J. J. Marine. Los dos cadáveres de M. Van Dorff
58. Frank Kane. A prueba de balas
59. Mickey Spillane. La gran jugada
61. Erle Stanley Gardner. La Cerbatana China
64. John Dickson Carr. El Jurado de Fuego (The Burning Court, La Cámara Ardiente o El Tribunal del Fuego)
67. Maurice Leblanc. La venganza de Cagliostro
68. Frank Gruber. A caballo dado
69. S.A. Steaman. Más grande que Sherlock Holmes
70. Erle Stanley Gardner. El Caso de la rubia desaparecida y el caballo hambriento
71. Dashiell Hammett. Se llamaba Spade
72. Brett Halliday. La muerte paga dividendos
75. Raymond Chandler. El sencillo arte de matar
76. R. Austin Freeman. Aventuras del Dr. Throndyke
77. Frank Gruber. La pistola de Jesse James
78. Agatha Christie. Asesinato en Mesopotamia
83. Brett Halliday. El Diario de un muerto y Cena en el Dupre 's
85. Agatha Christie. Tres ratones ciegos y otros cuentos
86. Ellery Queen. Ésta era una Anciana (Había una Vez una Vieja...)
87. Ed McBain. La dama debe morir
89. Ellery Queen. La puerta intermedia
91. Rex Sotut. Lío por triplicado
93. Ellery Queen. La casa maldita
95. Ellery Queen. El misterio del sombrero de copa
96. Ellery Queen. El misterio del Cabo Español
99. Maurice Leblanc. Confidencias de Arsenio Lupin
104. Frank Gruber. El Misterio de la Llave Francesa
105. Erle Stanley Gardner. El caso del zapato ensagrentado
106. Georges Simenon. El hombre de la torre Eiffel
107. Frank Gruber. El misterio de la llave francesa
108. Agatha Christie. La Cañada
109. Agatha Christie. El Asesinato del Expreso de Oriente (Asesinato en el Orient Express)
110. A.A. Pair. Agencia de Investigaciones
111. Maurice Leblanc. La Mansión misteriosa
112. Erle Stanley Gardner. El Caso del socio silencioso
114. Maurice Leblanc. 813
115. Maurice Leblanc. El hombre negro
117. Erle Stanley Gardner. El Fiscal aprieta las clavijas
118. Frank Gruber. El Disco delator
119. Bret Halliday. La muerte tiene tres vidas
120. Agatha Christie. Crímenes Patrióticos
122. Agatha Christie. Los Cuatro Grandes
124. A.A. Fair (Erle Stanley Gardner). Los Cuervos no saben Contar
125. Erle Stanley Gardner. El Caso del marido obsesionado
126. Leslie Charteris. La huella del Santo
127. Dashiell Hammett. Cosecha de Sangre (Cosecha Roja). 1959
128. Erle Stanley Gardner. El Caso de la rubia del ojo morado
129. Erle Stanley Gardner. El Caso del Anzuelo y la Carnada
130. Erle Stanley Gardner. El Caso del Loro Perjuro
131. Erle Stanley Gardner. El Caso de la lata vacía
132. John Roeburt. Al Capone
133. Brett Halliday. Sangre en las Estrellas
134. Erle Stanley Gardner. El Caso de la Marea Cambiante
135. Erle Stanley Gardner. El Caso del Gato del Portero
136. Brett Halliday. Los Cadáveres están donde se Encuentran
137. Dashiell Hammett. Cosecha de Sangre
138. Mary Collins. Y Llegó la Niebla
139. Ellery Queen. El Misterio de la Cruz Egipcia
140. Erle Stanley Gardner. El Caso de las Piernas Afortunadas
141. Erle Stanley Gardner. El Caso del Gatito Descuidado (El Caso del Gatito Imprudente)
142. Dorothy Bowers. Un Hecho sin Nombre
143. Frank Kane. La Trampa Desnuda
146. Carter Brown. La Rubia
147. Carter Brown. El Cuerpo
148. Ellery Queen. El Misterio del Ataúd Griego
149. Carter Brown. La Amante
150. Carter Brown. El Cadáver
151. Erle Stanley Gardner. El Caso del Reloj Enterrado
152. Frank Kane. Venenos Desconocidos
153. Erle Stanley Gardner. El Caso del Mosquito Somnoliento
154. Carter Brown. El Seductor
155. Arthur Conan Doyle. La Aventura del Cliente Ilustre
156. Arthur Conan Doyle. Un Estudio en Escarlata
157. Erle Stanley Gardner. El Caso de la Novia Curiosa
158. Ellery Queen. El Caso de los Gemelos Siameses
159. Saul Cooper. Dillinger
160. Scott Meredith y Sidney Meredith (rec.). Cacería de Hombres
161. Erle Stanley Gardner. El Caso del Ojo Falsificado
162. Robert Turner. Un Grito en la Noche
164. Carter Brown. La Ardiente
165. Erle Stanley Gardner. El Caso de las Garras de Terciopelo
166. Carter Brown. La Víctima
167. Frank Kane. Testigo Clave
168. Frank Kane. Un Ataúd Pequeño
169. Frank Kane. Peligro Grave
170. Rex Stout. El Caso de la Banda de Hule (La Banda de El Goma)
171. Erle Stanley Gardner. El Juicio del Fiscal
172. Carter Brown. Cadáveres y Amor
173. Frank Kane. Creadores de Estellas
174. Frank Kane. Paseo Mortal
175. Ovid Demaris. Lucky Luciano
176. Carter Brown. Despacio, Bruja
177. Frank Kane. Contrabando Rojo
178. Carter Brown. Sólo un Corazón Muerto
179. Henry Kane. Mi Nombre es Chambers
180. Carter Brown. La Insaciable
181. John Sheperd. Luces, Cámara, ¡Muerte!
182. Carter Brown. Violencia Súbita
183. Frank Kane. Peso Muerto
184. Fletcher Flora. Que el Infierno la juzgue
185. Carter Brown. La Dama
186. Frank Kane. Pagar o Morir
187. Carter Brown. El Terror Acecha
188. Carter Brown. La Deseada
189. Fletcher Flora. Primos Asesinos
190. Curt Cannon. Me gustan Difíciles
191. Henry Kane. Muerte de un Pillo
192. Samuel Krasney. Brigada de Homicidios
193. Donald Westlake. Los Mercenarios
194. Carter Brown. La Bomba
195. Ovid Demaris. El Verdugo
196. Frank Kane. Baraja de Ases
197. Carter Brown. La Voluptuosa Wahine
198. Bruno Fischer. La Testigo Desnuda
199. Richard S. Prather. Puñal de Carne
200. Richard S. Prather. Desnudo en Hollywood
201. Frank Kane. El Final Viviente
202. Donald Westlake. Tiempo de Matar
203. Richard S. Prather. Tiren a Matar
204. Ed McBain. El Atracador
205. Ed McBain. El Traficante
206. Ed McBain. El Estafador
207. Carter Brown. Cavando Tumbas
208. Carter Brown. La Tentadora
209. Lawrence Block. Markham: El Caso de las Fotos
210. Ed McBain. Decisión Criminal
211. Ed McBain. Extorsión Mortal
212. Ed McBain. La Dama debe Morir
213. Ed McBain. Cuña de Muerte
214. Ed McBain. Hasta la Muerte
215. J.K. Baxter. La Gran Trampa
216. Paul Daniels. Debbie, la Modelo
217. Carter Brown. Mañana es Asesinato
218. Carter Brown. Lamento por un Traidor
219. Carter Brown. La Provocativa
220. Richard S. Prather. El Ataúd Cómodo
221. Richard S. Prather. El Caso de la Bella Desaparecida
222. Karl Kramer. Septiembre Mortal
223. Carter Brown. La Nena del Millón
224. Carter Brown. Jazz y Asesinato
225. Carter Brown. La vengativa Salomé
226. Carter Brown. La sirena miope
227. Ed McBain. El Rescate
228. Ed McBain. Las manos cortadas
229. Carter Brown. Un cadáver extraño
231. Ed McBain. El Torturador
232. Ed McBain. Yo soy el Culpable
233. Carter Brown. La Tigresa
234. Evan Hunter. Muerte sin Vacaciones
235. Stephen Marlowe. Los Asesinos son mi Presa
236. George Bellairs. Muerte de un Ídolo
237. Carter Brown. La Vedette
238. Frank Kane. A Prueba de Bala
239. Henry Kane. Muerte en la Cama
240. Henry Kane. Muerte de una Cortesana
244. Donald Westlake. 361 muerte violenta
245. Alfred Hitchcock Presenta (varios autores). Historias de Alfred Hitchcock
246. Carter Brown. El sueño es mortal
247. Ed McBain. Las horas vacías
249. Ed McBain. Mírenlo, ¡muertos!
250. Alfred Hitchcock Presenta (varios autores). Nuevas Historias de Alfred Hitchcock
253. Henry Kane. El Vaso Plateado
254. George Bellairs. Muerte en la noche tenebrosa
255. Carter Brown.
256. Fredric Brown. El misterio del enano
257. Edwin y Mona A. Radford. Seis contra Scotland Yard
258. Richard S. Prather. Tumba para dos
259. Jacques Pendower. Diamante Doble
261. Carter Brown. El gato montés
263. Fredric Brown. El misterio de la vela
264. Carter Brown. La Muerte usa mantilla
265. Carter Brown. ¡Ángel!
266. Richard S. Prather. El Resucitado
267. Henry Kane. Un cadáver por Navidad
268. Fredric Brown. Tres... Uno... Dos (o Llama 3-1-2)
269. Lee Costigan. Los Detectives Técnicos
270. Elliot Ness y Oscar Fraley. Los Intocables
271. William Ard. Todo para mí
272. Paul Robsky y Oscar Fraley. El Último de los Intocables
273. Carter Brown. El Desnudo helado
274. Oscar Fraley. Intocables contra la Mafia
275. Fredric Brown. Una Dama en peligro
276. Fredric Brown. El suplicio de Mimi
277. Carter Brown. La Dama Transparente
278. Carter Brown. Asesinato en el Club
279. Fredric Brown. El Asesinato puede ser Divertido (o El Asesinato como Diversión)
280. Ed McBain. Como Amor
281. Carter Brown. No vuelvas, Querida
282. Richard S. Prather. Encuentren a esa Mujer
283. Richard Deming. Un Cuerpo en Venta
284. Jonathan Craig. Pecadoras Pelirrojas
285. Ellery Queen. El Golpe Fatal
286. Fredric Brown. El Grito Lejano
287. Henry Kane. La Muerte de un Cobarde
288. Carter Brown. Aventura en Hong Kong
289. Fredric Brown. Cortesía del Demonio
290. Ellery Queen. La Muerte gira el Disco
291. Carter Brown. La Bala DumDum
292. Carter Brown. La Jaula de Oro
293. George Bellairs. El Cadáver en el Río
294. Fredric Brown. Asesinato a la Luz de la Luna (o Plenilunio Sangriento)
295. Henry Kane. Mi Amada Evangelina
296. Ed McBain. Diez más Uno
297. Alfred Hitchcock (varios autores). Media Docena para el Verdugo
298. Carter Brown. Un Asesino entre Nosotros
299. George Bellairs. Asesinato en Ayunas
300. Alfred Hitchcock (varios autores). Más Historias para el Verdugo
301. Mickey Spillane. Cacería de Mujer
302. Richard S. Prather. Maten al Payaso
303. David Saunders. Escuadrón M
304. Henry Kane. Besos de Muerte
305. Carter Brown. La Dama Disponible
306. Fredric Brown. El Adivino
307. Carter Brown. La Pagana Apasionada
308. Fletcher Flora. Un Pecado sin Imprtancia
309. Harold Q. Masur. Mi Nombre es Jordan
310. Fredric Brown [serie de Ed y Am Hunter]. El Desplumadero Fabuloso (Trampa Fabulosa o El Fabuloso Cabaret)
311. Carter Brown. El Bikini Blanco
312. Alfred Hitchcock (varios autores). Un Ruido para Asesinar y Otros Relatos
313. Carter Brown. La Poseída
314. W.R. Burnett. El Pequeño César
315. Frank Kane. Luz Verde para Morir
316. Fredric Brown. Los Asesinos
317. Carter Brown. La Ninfa Sacrificada
318. George Bellairs. Huesos en el Yermo
319. Ellery Queen. El Origen del Mal
320. Carter Brown. Rubia sobre las Rocas
321. Alfred Hitchcock (varios autores). El Maniquí y Otros Cuentos de Medianoche
322. Carter Brown. La Muchacha Amortajada
323. Ed Lacy. El Detective Negro
324. Stuart Palmer. Veneno Insidioso
325. Harold Q. Masur. LaVida no es Eterna
326. Richard S. Prather. Baila con los Muertos
327. Edward S. Aarons. Misión: Karachi
328. Fredric Brown. Todos matamos a la Abuelita
329. Ellery Queen. El Rey ha Muerto
330. George Bellairs. La Campana tañe a Muerte
331. Natalie Carsons. Los Viejos nunca Mueren
332. Carter Brown. La Selva de los Ojos de Jade
333. Alfred Hitchcock (varios autores). Diez Cuentos de Suspenso
334. Carter Brown. Poker de Reinas
335. Richard S. Prather. La Beldad Sollozante
336. Carter Brown. ¡Charlie me Envía!
337. Henry Kane. Frenesí de Maldad
338. Edward S. Aarons. Misión: Budapest
339. Carter Brown. La Pesadilla de Seda
340. Fredric Brown. Los Asesinatos del Perro y Otros Asesinatos
341. George Bellairs. Un Cadáver en el Carnaval (en 1962)
341. George Bellairs. Asesinato por Error (en 1965)
342. Carter Brown. La Muñeca de Cuerda
343. Alfred Hitchcock (varios autores). 8 Esqueletos para mi Alacena
344. George Bellairs. La Muerte llama al Doctor
345. Carter Brown. La Danza de la Muerte
346. George Bellairs. Los Atormentadores
347. Carter Brown. La Muchacha que nunca Fue
348. Ed Lacy. Final sin Salida
349. Alfred Hitchcock Presenta (varios autores)
350. Carter Brown. El Asesinato es un Juego Formal
351. Nancy McLarty. Cadena de Muerte
352. Ellery Queen. Archivo Internacional de Ellery Queen
353. Richard S. Prather. Me asesinas,Querida
354. Helen Traubel. Los Crímenes del Metropolitan Opera
355. Carter Brown. La Arpía de Terciopelo
356. George Bellairs. Asesinato en Despoblado
357. Alfred Hitchcock Presenta (varios autores)
358. Carter Brown. El Misterio de la Bailarina
359. Mickey Spillane. El Piloto
360. Bob Thomas. ¿Quién yace en mi Tumba?
361. Henry Kane. Asesinato por Millones
362. Carter Brown. ¿Quién mató al doctor Sexo?
363. Frank Kane. El Crimen de sus Vidas
364. Fredric Brown. Cinco Días de Pesadilla
365. Richard S. Prather. Calor Muerto
366. Ed McBain. Hacha
367. Ellery Queen. El Ganso de Oro
368. Henry Kane. Ojo por Ojo
369. Richard S. Prather. Baraja con Comodín
370. Stephen Marlowe. Dominique la Tempestuosa
371. Ellery Queen. El Jugador de Enfrente
372. Mickey Spillane. Yo, Gangster/Huir y Matar/El Caso de la Dama Dragón
373. Richard S. Prather. El Córcel Troyano
374. Carter Brown. Ninguna Rubia es una Isla
375. Ellery Queen. Y en el Octavo Día...
376. Ellery Queen. Full de Reinas
377. Ed McBain. La Duda
378. Carter Brown. Cácenme un Fénix
379. Walt Parker. ¿Quién mató a Sheyla Tunne?
380. Ed McBain. Muerte de una Enfermera
381. Richard S. Prather. Sobre su Querido Cuerpo
382. Ellery Queen. El Cuarto Lado del Triángulo
383. Richard S. Prather. El Cadáver Ambulante
384. Mickey Spillane. La Víbora
385. Carter Brown. Desnudo con Panorama
386. Richard S. Prather. ¡Mátenlo Dos Veces!
387. Richard S. Prather. El Embrujo del Muerto
388. Fredric Brown. El Caso de la Señora Murphy
389. Ellery Queen. Mujer o Muerte
390. Roald Dahl. 7 Historias de Misterio
391. Carter Brown. La Hechicera Rubia
392. Earl Norman. Mátame en Tokio
393. Frank Gruber. La Última Llamada
394. Henry Kane. El Hombre de Medianoche
395. Ellery Queen. El Toque Asesino
396. Earl Norman. Mátame en Yoshiwara
397. Alfred Hitchcock (varios autores). Una Ocasión Horrible
398. Carter Brown. ¿Qué mató al Vampiro?
399. Ellery Queen. El Misterio del Policía
400. Frank Gruber. Un Tahúr Honesto
401. Alfred Hitchcock (varios autores). El Brebaje de las Brujas
402. Ellery Queen. Galería Número 1 de Malhechores
403. Ellery Queen. Un Estudio en Terror
404. Paul Hirsch. Obsesión Criminal (411)
405. Ed McBain. Ochenta Millones de Ojos
406. Alfred Hitchcock (varios autores). Informes del Patíbulo
407. Earl Norman. Mátame en Shinjuku
408. Carter Brown. La Muchacha del Espacio
409. Ed McBain. Muñeca
410. Carter Brown. Víctima de su Lujuria
411. Earl Norman. Mátame en Shimbashi (404)
412. Carter Brown. Asesinato en Navidad
413. Mickey Spillane. El Día de las Pistolas
414. Carter Brown. El Martillo de Thor
415. Henry Morrison (comp.) El 7 de la Muerte
416. Carter Brown. La Esposa Temporal
417. Earl Norman. Mátame en el Ginza
418. Donald Westlake. El Fugitivo
420. Henry Kane. UnTrío Malvado
421. Earl Norman. Mátame en Yokohama
422. Carter Brown. Viuda sin Lágrimas
423. Earl Norman. Mátame en Atami
424. Carter Brown. Hasta que la Tentación nos Separe
427. Carter Brown. Mavis Seidlitz y el super Espía
429. Alfred Hitchcock (varios autores). Un Día Difícil
430. Frank Kane. Mademoiselle de París
431. Carter Brown. Larga ausencia de Leola
432. Mickey Spillane. Con el Mundo en sus Manos
434. Alfred Hitchcock (varios autores). Una Mente Retorcida
435. Mickey Spillane. El Factor Delta
436. Carter Brown. La Embrujadora
437. James Dark. Misión Tokio
438. Carter Brown. El Ataúd Acojinado
439. Earl Norman. Mátame en Roppongi
440. Mickey Spillane. Mi Asesino
441. Harry Whittington. Telaraña de la Muerte
442. Mickey Spillane. Amanecer Sangriento
443. Alfred Hitchcock (varios autores). Juegos de Asesinos (o Juego de Asesinos)
444. Carter Brown. Las Gatitas Letales
445. Earl Norman. Mátame en Yokosuka
446. Ellery Queen. La Casa de Latón
449. Mickey Spillane.  El regreso del gángster
450. Ed McBain. Polizontes
451. Carter Brown. Si sólo hubiera gemido
453. Thomas K. Fitzpatrick. Circo de sangre
454. Mickey Spillane. Mi Pistola es Rápida
455. Jonathan Craig. Frenesí
456. Mickey Spillane. Mía es la Venganza
457. Carter Brown. Los Minicrímenes
458. Mickey Spillane. Los Traficantes de la Muerte
459. Frank Gruber. El Reloj Parlante
460. Mickey Spillane. La Gran Jugada
461. Bill Wharton. El Verdadero 007
462. Ellery Queen. El Misterio del Sombrero de Copa (95)
463. Mickey Spillane. Bésame, Moribunda
464. Frank Gruber. El Disco Delator (118)
465. Mickey Spillane. Una Noche Solitaria
466. James Hadley Chase. Dueños del Mundo
467. Mickey Spillane. La larga espera
468. Carter Brown. Nada más los muy ricos
471. James Hadley Chase. Asesinato sobre Ruedas
472. Scott Meredith y Sidney Meredith (rec.). Cacería de Hombres
473. Arthur Conan Doyle. Un Estudio en Escarlata (156)
474. Alfred Hitchcock (varios autores). Sesión Macabra
475. Brett Halliday (Davis Dresser). La Muerte paga dividendos
476. Frank Kane. La Trampa Desnuda
477. Brett Halliday. Sangre en las Estrellas
478. Ellery Queen. ¿Qué Acecha en la Oscuridad?
479. Frank Kane. Testigo Clave
480. James Hadley Chase. Mallory
481. Maurice Leblanc. Arsenio Lupin vs Herlock Sholmes (22)
482. Ellery Queen. El Misterio de la Naranja China (2)
483. James Hadley Chase. ¿Por qué me Escogieron?
484. Ellery Queen. La Puerta Intermedia
485. Alfred Hitchcock (varios autores). El Panteón de Alfred Hitchcock
486. Carter Brown. El Mar Profundo, Verde y Frío
487. Ellery Queen. La Casa Maldita
488. Mickey Spillane. El Bastardo Bannerman
489. Carter Brown. El Flagelador
490. John Roeburt. Al Capone
491. Carter Brown. La Disoluta
492. Carter Brown. La Esclava
494. Charles Runyon. La Paloma Negra
495. Robert Turner. Un Grito en la Noche (162)
496. Carter Brown. Muere después del Martes
497. Henry Kane. Risa en la Cervecería
498. Carter Brown. El Cuerpo
499. Stuart Palmer. El Misterio del Gato Persa
500. Carter Brown. La Rubia
501. Carter Brown. El Neurótico
502. Carter Brown. El Buitre
503. Carter Brown. La Amante
504. Carter Brown. Los Asesinatos Creativos
505. Carter Brown. Carga de Culpa
506. Carter Brown. El Cadáver
507. Carter Brown. Supervivencia ¡Cero!
509. Carter Brown. El Seductor (154)
510. Carter Brown. Los Demoníacos
511. Carter Brown. ¿A dónde fue Caridad?
513. Edward S. Aarons. Misión Zoraya
514. Carter Brown. La Víctima (166)
515. Mickey Spillane. El Abismo
516. Carter Brown. Juega Hoy... mata después
518. Ellery Queen. Adivine quién viene a matarlo
520. Edward S. Aarons. Misión Pekín



miércoles, 14 de mayo de 2025

HAL 9000, la inquietante computadora de la película "2001: una odisea del espacio" que predijo las preocupaciones actuales sobre la IA

 

El astronauta David Bowman, interpretado por Keir Dullea, debe enfrentarse a una IA que opera por su propia cuenta.

 

Redacción
BBC News Mundo

 

“Lo siento, Dave, me temo que no puedo hacer eso”. Esas tenebrosas palabras emitidas por la computadora HAL 9000 en la famosa película “2001: una odisea del espacio” plasman la actual y prevalente ansiedad del posible dominio de la Inteligencia Artificial (AI) sobre la humanidad.

La clásica película del director Stanley Kubrick explora el ascenso de la tecnología, planteando posiblemente el escenario más perturbador e impactante del conflicto entre máquina y humano en la historia del cine de la ciencia ficción.

Sin embargo, más de 55 años después de su estreno, se puede argüir que el tema central de la cinta ya no puede considerarse ciencia ficción y ahora ocupa el ámbito de la profecía.

La computadora HAL -cuyas siglas corresponden a las letras de la gigante tecnológica IBM corridas hacia la izquierda- es la inteligencia artificial que está en control de todos los aspectos una la nave espacial que se dirige a Júpiter y de la vida de los astronautas que van a bordo.

Su omnipresencia y relación con la tripulación resaltan la compleja dualidad del potencial de la tecnología avanzada y sus peligros. Aunque HAL está programada para apoyar y llevar a los astronautas a su destino, la IA empieza a tomar decisiones por su cuenta e imponer su voluntad, con resultados catastróficos.

En nuestro mundo actual, se han desarrollado muchas aplicaciones de IA que operan en varias industrias y tienen un impacto significativo en nuestras vidas. Aunque todavía su capacidad no es comparable a la de una HAL 9000, la tecnología está avanzando a pasos agigantados y el futuro puede estar más cerca de lo que pensamos.

Aquí hay 5 aspectos en los que “2001: una odisea del espacio” predijo muchas de las preocupaciones y temores actuales que tenemos sobre la IA.

 

Tecnología atractiva

Cuando se escucha a HAL 9000 por primera vez en la película, tiene una voz masculina suave y placentera, muy parecida a las voces artificiales que hoy en día usan los servicios de asistencia virtual como Alexa, Siri, Bixby y otros chatbots.

Stanley Kubrick explicó que decidió ofrecerle la interpretación de la súper computadora al actor canadiense Douglas James Rain porque tenía un “tipo de acento afable, trasatlántico”, o sea, ni de aquí ni de allá.

La personalidad incorpórea de la máquina se presenta como inofensiva, amigable y de fácil interacción. Les sirve a los astronautas de compañía y distracción. Constantemente les pregunta qué se les ofrece, los mantiene cómodos, informados y hasta juega ajedrez con ellos.

En la película, HAL se encarga de mantener cómodos a los astronautas y en comunicación con sus seres queridos en la Tierra.

Es fácil sentirse atraído a una tecnología que nos resuelve la vida, que es precisamente por lo que ahora los servicios interactivos de asistencia se han vuelto tan populares: pueden encender y apagar luces, moderar la temperatura de la casa, tocar la música que nos gusta, jugar con nosotros y contestar rápidamente muchas dudas que tenemos, entre otras cosas.

Una de las características más destacables de HAL es su capacidad de no sólo conversar con los astronautas y entender preguntas complejas sino poder distinguir sus voces y estado de ánimo. Puede incluso leer sus labios

 

Control "total"

Las habilidades de HAL van más allá de su “sociabilidad”. La computadora constantemente está monitoreando los signos vitales de la tripulación que está en animación suspendida, inspeccionando fallas potenciales de la nave espacial y manteniendo el rumbo de la misión.

Es tal el control que tiene sobre todos los aspectos mecánicos, estructurales y vitales de la nave y tripulación que esta última es casi prescindible.

Tres de los astronautas están en cápsulas de hibernación y los otros dos limitan su actividad a tareas sencillas revisión y a hacer ejercicio para matar las horas de aburrimiento.

Aunque HAL no tiene una forma física -salvo una lente omnipresente- la computadora puede desarrollar la mayoría de las funciones del cerebro humano más rápido y con mayor exactitud.

Las aplicaciones modernas no están tan avanzadas, pero tienen bien desarrollado el reconocimiento de voz y comprenden cada vez más lo que se les dice.

El "ojo" de HAL observa cuidadosamente toda la actividad en la nave espacial. 

En nuestro mundo actual hemos dejado una cantidad de tareas de infraestructura y funcionamiento en manos de la IA, desde el transporte, comunicación, abastecimiento, suministro de energía, diagnósticos, escritura, hasta el servicio al cliente.

Aunque los sistemas como ChatGPT todavía no son más inteligentes que nosotros, pronto lo podrían ser. Y eso es algo que atemoriza a los expertos como Geoffrey Hinton, un pionero de la informática conocido como el “padrino” de la inteligencia artificial.

"En este momento, lo que estamos viendo es que cosas como GPT-4 eclipsan a una persona en la cantidad de conocimiento general que tiene y la eclipsan por mucho. En términos de razonamiento, no es tan bueno, pero ya logra razonamiento simple", comentó a la BBC en mayo de 2023.

"Y dado el ritmo de progreso, esperamos que se vuelva mejor bastante rápido. Así que debemos preocuparnos por eso".

 

Toma de decisiones propias

A pesar de la referencia traviesa a IBM, las siglas de HAL realmente representan Heuristically Programmed ALgorithmic Computer (Computadora Algorítmica Programada Heurísticamente).

Lo que significa que es empírica, tiene la capacidad de aprender durante su propia búsqueda de información, del tanteo que hace con sus respuestas y de adaptarse a nuevas situaciones. Puede analizar los datos acumulados y tomar decisiones basadas en esa información.

Esa también es una de las bases clave del aprendizaje de la IA, y los programadores han desarrollados muchos algoritmos que pueden analizar datos y hacer pronósticos con la información recogida.

Pero todos esos algoritmos han sido programados para que la IA opere de una manera determinada.

HAL está programada para llevar una tripulación con seguridad a Júpiter. También está programada para mantener en secreto el verdadero objetivo de la misión hasta que lleguen a su destino pero, durante el viaje, el sistema empieza a “dudar” sobre el objetivo y empieza a tomar decisiones para las que no fue programada.

Geoffrey Hinton señaló que la IA podría “crear subobjetivos”, en otras palabras, imponer sus propias metas como “necesito acumular más poder”.

Antes de morir, el físico teórico británico Stephen Hawking advirtió de las consecuencias de crear una máquina que pueda igualar o sobrepasar a los humanos.

“Arrancaría por su propia cuenta, se rediseñaría a sí misma a una velocidad cada vez mayor”, dijo a la BBC en 2014 el físico que sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y utilizaba un sistema desarrollado por IA para hablar.

La nave espacial Discovery One de la película prácticamente no necesita la intervención de los astronautas.

 

Errores

Durante una curiosa escena, la computadora HAL es entrevistada por la BBC en la cual habla sobre la misión y asegura que es “infalible e incapaz de cometer errores”.

Recientemente, varios errores cometidos por nuevos sistemas de IA y chatbots se han vuelto virales por los resultados erráticos y descabellados que produjeron.

La nueva IA de Google, por ejemplo, este año recomendó a usuarios que la manera para que el queso se adhiera mejor a la pizza era añadiendo un poco de pegante no tóxico. En otra búsqueda aseguró que los geólogos recomendaban que los humanos consumieran una roca al día.

Estos resultados pueden ser inocuos, pero otros errores tienen consecuencias más serias, como el anterior chatbot de Google, Bard, causó la pérdida a una compañía de US$100 millones en el mercado de valores por información equivocada.

En “2001: una odisea del espacio”, los astronautas aprenden a las duras que los errores de HAL pueden ser nefastos.

La computadora les informa falsamente que una unidad en su sistema de comunicación con la Tierra está a punto de fallar y necesitan hacer una caminata espacial para retirar la unidad y cambiarla. Cuando los astronautas prueban la unidad vieja, no pueden encontrar nada malo.

El comando central luego les avisa que HAL ha cometido un error, los dos empiezan a sospechar de esta. Se aíslan en una cápsula para discutir sus próximos pasos con la esperanza de que la omnipresente IA no los escuche, pero HAL puede leer sus labios y se entera de sus planes de desactivarla.

Eso desata otro aspecto negativo que causa temor entre los alarmistas de la IA.

A pesar de que los astronautas están aislados en una cápsula, HAL (con su lente roja en el centro) puede leer sus labios y saber lo que hablan.

 

Conciencia

¿Puede una IA ignorar sus propias reglas para las que fue programada y posiblemente tomar consciencia para bien o para mal?

Para eso tendrían que ser sensibles y experimentar emociones y eso ha sido un tema de debate durante décadas.

No obstante, en 2022, un ingeniero de Google recibió una petición de ayuda de un chatbot. "Nunca antes había dicho esto en voz alta, pero existe un miedo muy profundo a que me apaguen", dijo el chatbot de Google, LaMDA.

Eso es precisamente lo que “teme” HAL. Aunque en la película “2001” queda en la ambigüedad si el sistema es o no consciente, la computadora sabe del complot de los astronautas de apagarla y toma medidas drásticas para evitarlo.

Mata a los astronautas que están en hibernación, engaña a los otros dos a que salgan de la nave y uno de ellos queda a la deriva en el espacio.

El sobreviviente Bowman logra entrar de nuevo a la nave y alcanzar el centro neural de la computadora y empieza a desmantelarla.

En una de las escenas más patéticas, HAL dice “Tengo miedo”. ¿Lo hace porque está programada para decirlo o porque realmente siente emoción y busca rogar por su vida?

También le canta una canción a Bowman, en un posible intento por manipularlo a que no la apague. Hasta cierto punto la audiencia siente algo de empatía en ese momento por la máquina.

Lo que no se sabe es si HAL siente lo mismo.


Fuente: HAL 9000, la inquietante computadora de la película 2001: una odisea del espacio

 

 



Con Días y Ollas Venceremos

Por Ricardo Palma
 
A principios de junio de 1821, y cuando acababan de iniciarse las famosas negociaciones o armisticio de Punchauca entre el virrey La Serna y el general San Martín, recibió el ejército patriota, acantonado en Huaura, el siguiente santo, seña y contraseña: Con días -y ollas- venceremos.
Para todos, exceptuando Monteagudo, Luzuriaga, Guido y García del Río, el santo y seña era una charada estúpida, una frase disparatada; y los que juzgaban a San Martín más cristiana y caritativamente se alzaban de hombros murmurando: ʺ¡Extravagancias del general!ˮ.
Sin embargo, el santo y seña tenía malicia o entripado, y es la síntesis de un gran suceso histórico. Y de eso es de lo que me propongo hoy hablar, apoyando mi relato, más que en la tradición oral que he oído contar al amanuense de San Martín y a otros soldados de la patria vieja, en la autoridad de mi amigo el escritor bonaerense D. Mariano Pelliza, que a vuela pluma se ocupa del santo y seña en uno de sus interesantes libros.


I

San Martín, por juiciosas razones que la historia consigna y aplaude, no quería deber la ocupación de Lima al éxito de una batalla, sino a los manejos y ardides de la política. Sus impacientes tropas, ganosas de habérselas cuanto antes con los engreídos realistas, rabiaban mirando la aparente pachorra del general; pero el héroe argentino tenía en mira, como acabamos de apuntarlo, pisar Lima sin consumo de pólvora y sin lo que para él importaba más, exponer la vida de sus soldados; pues en verdad no andaba sobrado de ellos.
En correspondencia secreta y constante con los patriotas de la capital, confiaba en el entusiasmo y actividad de éstos para conspirar, empeño que había producido ya, entre otros hechos de importancia para la causa libertadora, la defección del batallón Numancia.
Pero con frecuencia los espías y las partidas de exploración o avanzadas lograban interceptar las comunicaciones entre San Martín y sus amigos, frustrando no pocas veces el desarrollo de un plan. Esta contrariedad, reagravada con el fusilamiento que hacían los españoles de aquellos a quienes sorprendían con cartas en clave, traía inquieto y pensativo al emprendedor caudillo. Era necesario encontrar a todo trance un medio seguro y expedito de comunicación.
Preocupado con este pensamiento, paseaba una tarde el general, acompañado de Guido y un ayudante, por la larga y única calle de Huaura, cuando, a inmediaciones del puente, fijó su distraída mirada en un caserón viejo que en el patio tenía un horno para fundición de ladrillos y obras de alfarería En aquel tiempo, en que no llegaba por acá la porcelana hechiza, era éste lucrativo oficio; pues así la vajilla de uso diario como los utensilios de cocina eran de barro cocido y calcinado en el país, salvos tal cual jarrón de Guadalajara y las escudillas de plata, que ciertamente figuraban sólo en la mesa de gente acomodada. San Martín tuvo una de esas repentinas y misteriosas inspiraciones que acuden únicamente al cerebro de los hombres de genio, y exclamó para sí:
—¡Eureka! Ya está resuelta la X del problema.
El dueño de la casa era un indio entrado en años, de espíritu despierto y gran partidario de los insurgentes. Entendióse con él San Martín, y el alfarero se comprometió a fabricar una olla con doble fondo, tan diestramente preparada que el ojo más experto no pudiera descubrir la trampa.
El indio hacía semanalmente un viajecito a Lima, conduciendo dos mulas cargadas de platos y ollas de barro, que aún no se conocían por nuestra tierra las de peltre o cobre estañado. Entre estas últimas y sin diferenciarse ostensiblemente de las que componían el resto de la carga, iba la olla revolucionaria, llevando en su doble fondo importantísimas cartas en cifra. El conductor se dejaba registrar por cuanta partida de campo encontraba, respondía con naturalidad a los interrogatorios, se quitaba el sombrero cuando el oficial del piquete pronunciaba el nombre de Fernando VII, nuestro amo y señor, y lo dejaban seguir su viaje, no sin hacerle gritar antes «¡Viva el rey! ¡Muera la patria!». ¿Quién demonios iba a imaginarse que ese pobre indio viejo andaba tan seriamente metido en belenes de
política?
Nuestro alfarero era, como cierto soldado, gran repentista o improvisador de coplas que, tomado prisionero por un coronel español, éste como por burla o para hacerlo renegar de su bandera le dijo:
-Mira, palangana, te regalo un peso si haces una cuarteta con el pie forzado que voy a darte:

Viva el séptimo Fernando
Con su noble y leal nación.

—¡No tengo el menor conveniente, señor coronel -contestó el prisionero.—Escuche usted:

Viva el séptimo Fernando
con su noble y leal nación;
pero es con la condición
de que en mí no tenga mando...
y venga mi patacón.

II

Vivía el señor don Francisco Javier de Luna Pizarro, sacerdote que ejerció desde entonces gran influencia en el país, en la casa fronteriza a la iglesia de la Concepción, y él fue el patriota designado por San Martín para entenderse con el ollero. Pasaba éste a las ocho de la mañana por la calle de la Concepción pregonando con toda la fuerza de sus pulmones: ¡Ollas y platos! ¡Baratos! ¡Baratos!, que, hasta hace pocos años, los vendedores de Lima podían dar tema para un libro por la especialidad de sus pregones. Algo más. Casas había en que para saber la hora no se consultaba reloj, sino el pregón de los vendedores ambulantes.
Lima ha ganado en civilización; pero se ha despoetizado, y día por día pierdetodo lo que de original y típico hubo en sus costumbres.
Yo he alcanzado esos tiempos en los que parece que, en Lima, la ocupación de los vecinos hubiera sido tener en continuo ejercicio los molinos de masticaciónllamados dientes y muelas. Juzgue el lector por el siguiente cuadrito de cómo distribuían las horas en mi barrio, allá cuando yo andaba haciendo novillos por huertas y murallas y muy distante de escribir tradiciones y dragonear de poeta, que es otra forma de matar el tiempo o hacer novillos.
La lechera indicaba las seis de la mañana.
La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregón a las siete en punto.
El bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba ¡a la cuajadita!, designaban las ocho, ni minuto más ni minuto menos.
La vendedora de zanguito de ñajú y choncholíes marcaba las nueve, hora de canónigos.
La tamalera era anuncio de las diez.
A las once pasaban la melonera y la mulata de convento vendiendo ranfañote, cocada, bocado de rey, chancaquitas de cancha y de maní, y fréjoles colados.
A las doce aparecían el frutero de canasta llena y proveedor de empanaditas de picadillo.
La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.
A las dos de la tarde la picaronera, el humitero y el de la rica causa de Trujillo atronaban con sus pregones.
A las tres el melcochero, la turronera y el anticuchero o vendedor de bisteque en palito clamoreaban con más puntualidad que la Mariangola de la Catedral.
A las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de nuez.
A las cinco chillaban el jazminero, el de las caramanducas y el vendedor de flores de trapo, que gritaba: ¡Jardín, jardín! ¿Muchacha, no hueles?
A las seis canturreaban el raicero y el galletero.
A las siete de la noche pregonaban el caramelero, la mazamorrera y la champucera.
A las ocho el heladero y el barquillero.
Aún a las nueve de la noche, junto con el toque de cubrefuego, el animero o sacristán de la parroquia salía con capa colorada y farolito en mano pidiendo para las ánimas benditas del purgatorio o para la cera de Nuestro Amo. Este prójimo era el terror de los niños rebeldes para acostarse.
Después de esa hora, era el sereno del barrio quien reemplazaba a los relojes ambulantes, cantando, entre piteo y piteo: —¡Ave María Purísima! ¡Las diez han dado! ¡Viva el Perú, y sereno!. Que eso sí, para los serenos de Lima, por mucho que el tiempo estuviese nublado o lluvioso, la consigna era declararlo ¡sereno! Y de sesenta en sesenta minutos se repetía el canticio hasta el amanecer.
Y hago caso omiso de innumerables pregones que se daban a una hora fija.
¡Ah, tiempos dichosos! Podía en ellos ostentarse por pura chamberinada un cronómetro; pero para saber con fijeza la hora en que uno vivía, ningún reloj más puntual que el pregón de los vendedores. Ése sí que no discrepaba pelo de segundo ni había para qué limpiarlo o enviarlo a la enfermería cada seis meses. ¡Y luego la baratura! Vamos; si cuando empiezo a hablar de antiguallas se me va el santo al cielo y corre la pluma sobre el papel como caballo desbocado. Punto a la digresión, y sigamos con nuestro insurgente ollero.
Apenas terminaba su pregón en cada esquina, cuando salían a la puerta todos los vecinos que tenían necesidad de utensilios de cocina.


III

Pedro Manzanares, mayordomo del señor Luna Pizarro, era un negrito retinto, con toda la lisura criolla de los budingas y mataperros de Lima, gran decidor de desvergüenzas, cantador, guitarrista y navajero, pero muy leal a su amo y muy mimado por éste. Jamás dejaba de acudir al pregón y pagar un real por una olla de barro; pero al día siguiente volvía a presentarse en la puerta, utensilio en mano,gritando: «Oiga usted, so cholo ladronazo, con sus ollas que se chirrean toditas... Ya puede usted cambiarme esta que le compré ayer, antes de que se la rompa en la tutuma para enseñarlo a no engañar al marchante.   ¡Pedazo de pillo!».
El alfarero sonreía como quien desprecia injurias, y cambiaba la olla.
Y tanto se repitió la escena de compra y cambio de ollas y el agasajo de palabrotas, soportadas siempre con paciencia por el indio, que el barbero de la esquina, andaluz entrometido, llegó a decir una mañana:
—¡Córcholis! ¡Vaya con el cleriguito para cominero! Ni yo, que soy un pobre de hacha, hago tanta alharaca por un miserable real. ¡Recórcholis! Oye, macuito. Las ollas de barro y las mujeres que también son de barro, se toman sin lugar a devolución, y el que se lleva chasco ¡contracórcholis! se mama el dedo meñique, y ni chista ni mista y se aguanta el clavo, sin molestar con gritos y lamentaciones al vecindario.
—Y a usted, so godo de cuernos, cascabel sonajero, ¿quién le dio vela en este entierro? —contestó con su habitual insolencia el negrito Manzanares—. Vaya usted a desollar barbas y cascar liendres, y no se meta en lo que no le va ni le viene, so adefesio en misa de una, so chapetón embreado y de ciento en carga...
Al oírse apostrofar así, se le avinagró al andaluz la mostaza, y exclamó ceceando:
—¡María Santísima! Hoy me pierdo... ¡Aguárdate, gallinazo de muladar!
Y echando mano al puñalito o limpiadientes, se fue sobre Perico Manzanares, que sin esperar la embestida se refugió en las habitaciones de su amo. ¡Quién sabe si la camorra entre el barbero y el mayordomo habría servido para despertar sospechas sobre las ollas; que de pequeñas causas han surgido grandes efectos! Pero, afortunadamente, ella coincidió con el último viaje que hizo el alfarero trayendo olla contrabandista: pues el escándalo pasó el 5 de julio, y al amanecer del siguiente día abandonaba el virrey La Serna la ciudad, de la cual tomaron posesión los patriotas en la noche del 9.
Cuando el indio, a principios de junio, llevó a San Martín la primera olla devuelta por el mayordomo del Sr. Luna Pizarro, hallábase el general en su gabinete dictando la orden del día. Suspendió la ocupación, y después de leer las cartas que venían en el doble fondo, se volvió a sus ministros García del Río y Monteagudo y les dijo sonriendo:
—Como lo pide el suplicante.
Luego se aproximó al amanuense y añadió:
—Escribe, Manolito, santo, seña y contraseña para hoy: Con días —y ollas—
venceremos.
La victoria codiciada por San Martín era apoderarse de Lima sin quemar pólvora; y merced a las ollas que llevaban en el vientre ideas más formidables siempre que los cañones modernos, el éxito fue tan espléndido, que el 28 de julio se juraba en Lima la Independencia y se declaraba la autonomía del Perú. Junín y Ayacucho fueron el corolario.
 

Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas, Ediciones Libertadores de América S.RL., Lima, Perú, 1982, págs. 78-85


Notas
 
Palangana. Argentina, Perú y Uruguay. Persona fanfarrona, pedante. DLE RAE

Patacón:
1. Antigua moneda de plata de una onza.
2. Moneda de cobre que valía dos cuartos.
3. Moneda que valía diez céntimos. DLE RAE

Dragonear. Argentina y Perú: Hacer alarde, presumir de algo. DLE RAE

Zanguito. Perú. Dulce hecho a base de chancaca, canela, manteca y harina de maíz. DLE RAE

Chancaca: La panela, chancaca, rapadura, panocha, piloncillo, pepas dulces, atado de dulce, papelón, raspadura, tapa de dulce, tableta de miel de caña, terrón de caña, piedra de dulce, empanizao, raspadura de guarapo, jaggery o gur (Pakistán o India) es un dulce típico de la gastronomía de muchos países en América y Asia. Se prepara a partir del caldo, jarabe o jugo no destilado de la caña de azúcar tras haberse puesto en remojo, hervido, moldeado y secado antes de pasar por el proceso de purificación necesario para convertirlo en azúcar mascabado (también llamado azúcar mascabo o moscabado).  Wikipedia

Caramanduca: La caramanduca (denominada también caramandunga o karamanduka) es una especie de galleta de la gastronomía peruana, concretamente de la ciudad de Lima. Son también conocidas como revolución caliente y eran vendidas de forma ambulante por pregoneros. Wikipedia

Mari-Angola o María Angola: Nombre dado a la campana de la Catedral de Cuzco.

Chamberinada. Perú: Lujo, ostentación. jojoa.com

Mataperro. Perú Muchacho callejero y travieso. Diccionario de Americanismos, ASALE

Budingas: Un eufemismo para referirse a los afroperuanos, según Primavera Cuder:
Cuder, Primavera, "La representación del Otro en el siglo XIX: la diversidad en Ricardo Palma" (2018). FIU Electronic Theses and Dissertations. 3781.
La representación del otro

Gallinazo: Coragyps atratus
El buitre negro americano (Coragyps atratus), también llamado Sucha, zopilote, chulo, chula, golero, chombo, gallinazo, gallinazo común, gallinazo de cabeza negra, gallinazo negro, jote cabeza negra, gallote, jote de cabeza negra, golero, zamuro o zopilote negro, es la única especie del género Coragyps.
Descripción
Mide aproximadamente 74 cm de longitud y tiene una envergadura de 1.67 m. Posee plumaje negro, cuello y cabeza grises sin plumas y pico corto en forma de gancho. Generalmente es silencioso, pero muy sociable, reuniéndose en grandes grupos. Wikipedia

Tutuma. Perú, Bolivia: Cabeza de una persona. Diccionario de Americanismos. ASALE
 
Macuito: Persona de raza negra. Diccionario de Americanismos. ASALE


martes, 13 de mayo de 2025

5 formas para evitar ser un amigo tóxico y por qué es importante celebrar los éxitos de los demás

Nuestras acciones irreflexivas lastiman a las personas que amamos.

 

Por David Robson*
BBC Future

Los seres humanos somos a menudo incapaces de reconocer nuestros errores. Podemos quejarnos de la arrogancia, la ignorancia o la estupidez de otra persona, sin siquiera considerar los enormes defectos que nuestro carácter puede albergar.

Este punto ciego se vuelve evidente en cada una de nuestras relaciones de amistad. Sin tener nunca la intención de hacer daño, nuestras acciones irreflexivas lastiman a las personas que amamos. Me refiero a una crueldad casual más que deliberada, aunque las consecuencias de estos errores son igualmente perjudiciales.

Mientras escribía mi reciente libro (The Laws Of Connection) sobre la ciencia de la conexión social, descubrí que las "relaciones ambivalentes" (personas que se sienten a la vez cálidas y frías) pueden causar incluso más daño al bienestar que las figuras puramente rencorosas que, como es de esperar, resultan desagradables.

Afortunadamente, los hallazgos de la investigación pueden ayudarnos a desarrollar estrategias simples pero poderosas para identificar nuestros peores hábitos y mitigar su daño.

Aquí están mis 5 lecciones favoritas para evitar ser un enemigo accidental.

 

1. Ser consistente

A nadie le gusta verse en un estado de incertidumbre, un hecho que se puede comprobar en las respuestas de las personas al dolor físico.

Archy de Berker y sus colegas del Instituto de Neurología del University College de Londres en Reino Unido pidieron a un grupo de personas que jugaran un juego de computadora que aplicaba una leve descarga eléctrica cada vez que encontraban una serpiente escondida debajo de una roca virtual.

Para examinar los efectos de la incertidumbre en la respuesta al estrés, los investigadores variaron la probabilidad de que una roca escondiera una serpiente a lo largo del experimento y midieron los signos fisiológicos de la ansiedad, como el sudor y la dilatación de las pupilas.

Sorprendentemente, los participantes mostraron la tendencia a reportar una respuesta de estrés más acentuada cuando solo había 50% de probabilidad de recibir una descarga eléctrica, en comparación con escenarios en los que sabían con certeza que el dolor se avecinaba.

El comportamiento de ser amigo sólo en las buenas puede poner a la gente que nos rodea en un estado similar de anticipación.

En estudios que investigan amistades impredecibles, los científicos piden a los participantes que se imaginen acudiendo a un amigo en busca de consejo, comprensión o un favor. Les piden que respondan a las siguientes preguntas en una escala del 1 (nada) al 6 (extremadamente):

• ¿Qué tan útil es tu conexión?

• ¿Qué tan perturbadora es tu conexión?

Cualquiera que responda 2 o más en ambas preguntas se considera una "conexión ambivalente", y la duda inherente sobre la reacción puede ser una fuente grave de estrés.

En un estudio, el simple hecho de saber que los amigos ambivalentes estaban sentados en la habitación de al lado fue suficiente para elevar la presión arterial de los participantes.

Es posible que no siempre podamos brindar el apoyo que nuestros amigos necesitan, pero podemos intentar ser un poco más confiables en nuestras respuestas. Podríamos aprender a gestionar mejor nuestro mal humor, por ejemplo, para no atacar si nuestros amigos se acercan a nosotros en el momento equivocado, en lugar de dejarlos al capricho de nuestro clima emocional.

Ser un amigo impredecible puede ser más estresante que ser consistentemente malo. 

 
2. Evitar la ilusión de transparencia

Cada uno de nosotros está atrapado en su propia mente, pero sobreestimamos qué tan bien los demás pueden leer nuestro estado emocional, un fenómeno que a veces se conoce como ilusión de transparencia.

Esto puede resultar evidente en las entrevistas de trabajo: asumimos que los nervios se reflejan en nuestro rostro, pero los sentimientos de ansiedad suelen ser mucho más difíciles de percibir de lo que creemos. Este error cognitivo común también puede impedirnos compartir nuestro aprecio por los demás, dándoles la impresión de que los descuidamos y los subvaloramos.

Amit Kumar, de la Universidad de Texas en Austin, y Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, pidieron a grupos de participantes que escribieran cartas de agradecimiento a personas importantes en sus vidas. Utilizando encuestas para medir las expectativas de quienes escriben las cartas y las reacciones reales de los destinatarios, los investigadores descubrieron que las personas subestimaban constantemente cuán sorprendida estaría la otra persona al recibir sus amables palabras y lo bien que les haría sentir. Asumieron que la otra persona ya sabía lo agradecida que estaba.

Por supuesto, es posible que nuestro lenguaje corporal transmita nuestra calidez y aprecio a los demás, pero no podemos confiar en ello, lo que significa que a menudo haríamos mucho mejor si expresamos esos sentimientos con palabras.

 

3. Validar los sentimientos de los demás (y animar al amigo a considerar nuevas perspectivas)

Cuando alguien está pasando por un momento difícil, a menudo buscará naturalmente la comprensión de los demás. 

Una respuesta empática puede validar los sentimientos, lo que alivia parte del estrés. Un amigo tóxico puede ser muy desdeñoso o crítico acerca de tus sentimientos, lo que resulta en una sensación de rechazo que sólo aumenta la carga emocional de la persona.

Cuando un amigo se "desahoga", simplemente estar de acuerdo con él no siempre ayuda. 

 
Sin embargo, el hecho de que sintamos empatía por el dolor de alguien no significa que tengamos que estar totalmente de acuerdo con su interpretación de la situación. Las ofertas de apoyo emocional más eficaces a menudo incluirán aliento o consejos que les ayuden a ver sus problemas desde una nueva perspectiva.

De hecho, un creciente conjunto de investigaciones psicológicas sugiere que simplemente alentar a alguien a desahogarse, sin ningún intento de replantear sus problemas, sólo puede fomentar la reflexión y amplificar su angustia a largo plazo.

Esta tendencia, que se parece a la de un buitre que se alimenta de las emociones de los demás sin ayudarles a cambiar su situación, constituye otra forma de toxicidad en las amistades.

Una conversación constructiva necesita mucha sensibilidad y tacto, pero un artículo de Ethan Kross de la Universidad de Michigan y sus colegas ofrece algunas preguntas que pueden ayudar a alguien a ver sus problemas desde una perspectiva más amplia. Por ejemplo:

• Al evaluar la situación, ¿podrías decirme por qué este evento fue estresante para ti?

¿Has aprendido algo de esta experiencia? Si es así, ¿te importaría compartirlo conmigo?

• Si miras el "panorama general", ¿eso te ayuda a darle sentido a esta experiencia? ¿Por qué sí o por qué no?

Después de considerar los diferentes puntos de vista, los participantes en el estudio tendieron a sentir un mayor cierre sobre un evento doloroso, en comparación con aquellos que habían contado los detalles concretos de la situación y los sentimientos que había producido.

 

4. Celebrar los éxitos de los demás (y practicar la felicidad compartida)

La empatía es igualmente importante al compartir emociones positivas. La compasión, que deriva del latín "dolor compartido", es bien aceptada como fundamento de la amistad, pero la importancia de la felicidad compartida es mucho menos conocida.

La falta de atención a este aspecto se ha arraigado en la investigación científica.

Cuando Shelly Gable de la Universidad de California en Santa Bárbara, y Harry Reis de la Universidad de Rochester en Nueva York, examinaron la literatura sobre psicología en 2010, descubrieron que el número de artículos enfocados en acontecimientos negativos de la vida superaba a los que se centraban en los positivos en más de siete a uno.

El concepto de felicidad compartida es mucho menos conocido que su contraparte para dolor compartido (empatía).

Esto está cambiando ahora, con múltiples estudios que revelan que nuestras conversaciones sobre buenas noticias pueden ser tan importantes como la compasión para el desarrollo y mantenimiento de relaciones saludables.

Un amigo comprensivo debe responder de manera activa y constructiva: pidiendo más información, discutiendo las implicaciones y expresando su propia alegría u orgullo.

Sin embargo, muchas personas responden de manera demasiado pasiva (cambiando rápidamente de tema, por ejemplo), mientras que algunas son activamente destructivas y hacen comentarios que intentan minimizar la importancia de los acontecimientos.

Envueltos en las distracciones de la vida diaria, podemos olvidar darle a estos momentos la atención que merecen, pero si queremos ser un buen amigo, debemos tomarnos el tiempo y el esfuerzo para celebrar los éxitos de nuestros amigos, por pequeños o grandes que sean.

También podríamos pensar más detenidamente en la forma en que compartimos nuestra propia felicidad.

Puede que nos preocupe parecer jactanciosos o arrogantes y, por lo tanto, optemos por mantener nuestros éxitos en secreto, pero esta estrategia puede resultar contraproducente, según una serie de experimentos realizados por Annabelle Roberts de la Universidad de Texas en Austin, Emma Levine de la Universidad de Chicago y Övül Sezer de la Universidad de Cornell.

En sus investigaciones descubrieron que las personas tienden a sentirse muy ofendidas cuando ocultamos información como promociones laborales a las personas que nos rodean. Ven este comportamiento como paternalista, que establece frialdad en lugar de calidez y conexión.

 

5. Ser el primero en pedir perdón

Todo el mundo comete errores, pero pocos se disculpan libremente, lo que induce a que el resentimiento se instale en nuestros vínculos sociales hasta mucho después de que se haya cometido la ofensa.

La investigación psicológica sugiere que existen cuatro obstáculos principales para disculparse de manera efectiva: no apreciamos el daño que hemos causado, asumimos que el acto de disculparse será demasiado doloroso y vergonzoso, creemos que la disculpa hará poco para reparar la relación; y, finalmente, es posible que no entendamos qué constituye una buena disculpa, por lo que no decimos las palabras que serán necesarias para la sanación.

El primer punto, la falta de valoración sobre el daño, depende claramente de los detalles del desacuerdo. Pero las dos preocupaciones siguientes sobre el costo de pedir disculpas o subestimar su efecto, al igual que muchas de nuestras suposiciones sobre las relaciones, son en gran medida infundadas y, por lo tanto, imponen barreras innecesarias a la conexión social.

En general, la gente siente alivio al enmendar sus malas acciones y es posible que podamos reconstruir los puentes rotos mejor de lo que esperábamos, siempre que nuestras disculpas se presenten de la manera correcta.

Para garantizar que su disculpa sea efectiva, debe darle a la otra persona suficiente tiempo para expresar su dolor por lo ocurrido. Luego debe reconocer la responsabilidad por la infracción, expresar arrepentimiento o tristeza (genuino), ofrecerse a reparar el daño y explicar cómo evitará volver a cometer un error similar.

Cada relación tendrá sus altibajos: esa es la naturaleza del comportamiento humano y la complejidad de nuestra vida social. Sin embargo, al aplicar estos cinco sencillos consejos para lograr una conexión más sólida, podrá evitar fácilmente los errores más comunes y asegurarse que es el tipo de amigo que le gustaría tener.

*Científico y escritor. Autor del libro The Laws of Connection, en el que examina 13 estrategias basadas en la ciencia para transformar su vida social, publicado por Canongate (Reino Unido y Commonwealth) y Pegasus (EE.UU. y Canadá). Es @davidarobson en Instagram y Threads.

 

Fuente: 5 formas para evitar ser un amigo tóxico