Mostrando las entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2026

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

 

 

Por Laurie Clarke
BBC Future
 
 
Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

"Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?", reclamó Georgia. "Sí, por supuesto", tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, "No tienes que invitarlas si no quieres".
 
Pero todas sabíamos que sí, sí que tenía.

Probablemente tú tengas recuerdos de tu propia Georgia, una chica popular que podía provocar miedo con una mirada. Tal vez tú eras una Georgia.

Cualquiera sea el caso, los recuerdos están. 
 
Tras hablar a cientos de personas sobre sus experiencias en la secundaria, Mitch Prinstein, profesor de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., encontró que los recuerdos de aquellos que lideraban en los corredores escolares eran curiosamente potentes.

Incluso décadas después de dejar la secundaria, la mayoría de las personas pueden fácilmente recordar el nombre del estudiante más popular de su generación, mucho mejor que los nombres de los profesores y otros compañeros de clase, escribió Prinstein en su libro de 2017 Popular: The Power of Likeability in a Status-Obsessed World ("Popular: El poder de la simpatía en un mundo obsesionado con el estatus").

Y no son sólo los recuerdos los que quedan grabados.

Los estudios señalan que lo popular que fuimos como adolescentes puede influir en nuestras vidas por muchos años en aspectos que van desde cómo entendemos nuestras interacciones sociales hasta la fortaleza de nuestras relaciones amorosas, nuestra satisfacción con la vida e incluso nuestra salud.
 
 
"¿Quién te cae mejor/peor?"

Fue el psicólogo estadounidense John Coie quien cambió la manera en que los investigadores pensaban sobre la popularidad.

En sus ahora influyentes estudios de comienzos de 1980, empezó preguntando a los escolares dos preguntas simples sobre sus compañeros: "¿Quién te cae mejor?", y "¿Quién te cae peor?".

Coie utilizó las respuestas de los chicos para proponer cinco categorías sociales.

Están los "aceptados" y "rechazados", aquellos que fueron ampliamente apreciados o despreciados respectivamente.

Luego se encuentran los "controvertidos", aquellos que recibieron un alto número de "aprecios" y "desprecios", los "abandonados", porque fueron escasamente mencionados de una manera u otra, y los "promedio", es decir, que no se inclinaron extremadamente en ninguna dirección.

Muchos estudios han confirmado la utilidad de estas etiquetas. Generalmente encuentran que 40% de los chicos son "promedio" y 60% caben dentro de las otras cuatro categorías.

Los jóvenes más apreciados tienden a ser percibidos por sus pares como amables, alentadores y serviciales, mientras que los "abandonados" tienden a ser callados y a quedarse aislados.

Los chicos "rechazados" son o bien agresivos o bien víctimas de matoneo. 
 
Los "controvertidos", el grupo más raro, dividen a la gente, y son típicamente percibidos como los payasos de la clase o rebeldes. 
 
En primaria, los valores de los niños suelen alinearse con los de sus supervisores adultos. En la secundaria, eso cambia, alterando el panorama social.
 

Notablemente, Coie encontró que la mayoría de las etiquetas permanecían iguales cuando ingresaban a nuevos grupos de pares.

Y mientras que la investigación inicial fue realizada en nivel escolar, muchos estudios han reproducido los resultados en adolescentes. Uno encontró que casi la mitad de los niños mantuvieron la etiqueta que tuvieron en primaria cinco años después en la secundaria.

"Tuve una experiencia tan mala en la primaria. Siempre recuerdo a mi madre diciendo: 'Las cosas mejorarán cuando entres a secundaria'", cuenta Connie*, otra amiga a quien le pregunté sobre su experiencia.

"Pero creo que una vez que te hicieron bullying o si tienes algo que te hace ver diferente… prácticamente era un blanco fácil", continúa.

Ella, por ejemplo, recibió maltrato en una secundaria y se cambió, pero en la nueva institución se enfrentó a un patrón similar.
 
 
Primaria versus secundaria

Aunque las etiquetas continúan siendo las mismas, la dinámica social cambia dramáticamente entre primaria y secundaria.

En la primaria, los "populares" suelen ser aquellos bien portados y estudiosos, porque en ese período los valores de los chicos normalmente están alineados con los de sus supervisores adultos.

Todo eso cambia en la secundaria. Los adultos y todo lo que representan se vuelven tristemente indeseables. Una persona sobresaliente podría encontrarse relegada al estatus de nerd, mientras que una más ruidosa podría ver su estrellato ascender.

Hablando por teléfono con mi otrora terror del patio escolar y ahora amiga íntima Georgia, le pregunté si ella misma se consideraba popular en la escuela secundaria. Me contesta que no se percibía a sí misma de esa manera.

"'Popular' suena como que le caes bien a la gente y no creo que fuera mi caso", explica. "Tal vez era un poco más parecido a infame… estridente, queriendo llamar la atención".

De adolescente, Georgia personificó el arquetipo de "controvertida". Actuaba agresivamente y se comportaba mal en clase. Y los estudios indican que se equivoca al creer que eso la hacía inelegible para la etiqueta "popular".
 
Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la escuela secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.
 
 
En la secundaria, "empezamos a notar quiénes llaman más la atención, quiénes son más dominantes o cool", indica Prinstein.

Y agrega que también se destacan "los que empiezan a volverse más atractivos físicamente, los que se ajustan a los estándares de sus pares, como los que se visten bien o son buenos deportistas".

El ejercer un comportamiento "pseudomaduro", las acciones asociadas con adolescentes mayores o adultos, es otra vía rápida para adquirir estatus. Los adolescentes que beben alcohol, consumen drogas o están en relaciones amorosas precoces tienen mayor probabilidad de ser considerados populares, por lo menos durante un tiempo.

Alrededor de los 15 años, ese comportamiento cesa de conceder estatus al mismo nivel.

A medida que los estudiantes de secundaria empiezan a madurar, la búsqueda manifiesta de estatus se vuelve socialmente menos inmediata.

Pero las repercusiones de estas experiencias tempranas pueden tener consecuencias.

"Las experiencias que tenemos de chicos, ya sea que caigamos bien, que seamos populares o tengamos una estatus alto parecen tener un efecto duradero aun 40 años después", afirma Prinstein.

Sin embargo, "la simpatía y el estatus tienen efectos bastante opuestos", dice.

"La simpatía es buena. Generalmente conduce a todo tipo positivo de salud, trabajo, resultados psicológicos y académicos. Tener un estatus alto deriva en lo opuesto".
 
 
La cultura del grupúsculo

Los investigadores solían interpretar la cultura de la escuela secundaria como una versión inmadura de la sociedad adulta.

En los 1960, empezaron a entender que esta "cultura de los pares" era algo más extraño, un mundo paralelo animado por sus propias fascinaciones quijotescas y códigos establecidos.

En lugar de una jerarquía simple, el panorama social de la secundaria presenta un sistema dinámico de círculos íntimos. Los arquetipos clave son reflejados en la cultura popular, desde las películas American Pie hasta The Breakfast Club.

En los primeros años de secundaria, las fronteras entre los círculos íntimos tienden a ser rígidas.

"Las personas jóvenes pueden actuar como clan, siendo intolerantes y crueles en la exclusión de los otros que son 'diferentes'", escribió el psicoanalista germano estadounidense Erik Erikson en su libro de 1959, Identity and the Life Cycle ("Identidad y el ciclo de vida").

Esta intolerancia, según Erikson, podría ser "una defensa necesaria" contra la pérdida de identidad que uno sufre en la niñez, combinada con un desconcertante asalto de cambios hormonales, y la naturaleza abrumadora del futuro, con todas sus posibilidades y opciones.

Los adolescentes se ayudan mutuamente durante esa incomodidad, "formando círculos íntimos y estereotipándose", sugirió. 
 
Esa autoclasificación facilita la navegación de los mundos sociales de los adolescentes, porque la "categoría" relativa de cada persona dictamina cómo debería ser tratada.

Sin embargo, una cosa que se pasa por alto en la cultura popular son los grandes sectores de adolescentes que no se adhieren a ninguna subcultura en particular.

Un estudio de 1985 encontró que un 45% de estudiantes de secundaria se definían como simplemente "normales".

Mientras que los chicos populares hablaban de solo verse bien e ir de fiesta, los que se autodefinían como "normales" decían cosas como "simplemente soy un adolescente común y corriente".

Ser "anormal" y sobresalir por las razones equivocadas puede ser socialmente catastrófico.

Connie recuerda llegar a su nueva escuela a los 13 años y encontrar imposible navegar esos grupos.

"Recuerdo intentar ser amiga de niñas nerd. Recuerdo tratar de ser amigas de las chicas cool", cuenta. "Traté de encajar con la gente de música. Empecé a tocar la trompeta".

Pero todo fue inútil. "Creo que sabía en mi corazón que eso simplemente no estaba funcionando", reconoce. "No había un lugar donde cabía. Al final, quedé completamente ignorada por todos".
 
 
Cuando los adolescentes maduran

Hacia el final de la secundaria, la estricta jerarquía social se relaja un poco.

A comienzos de 1990, el investigador David Kinney realizó un proyecto de investigación etnográfica en el que se internó en una secundaria para observar de cerca los cambios de las fronteras de los círculos íntimos.

Encontró, por ejemplo, que los antiguos "nerds" lograron hacer la transición a "normales".

Para muchos de estos con los que Kiney habló, el desarrollo cognitivo significó que pudieron sentirse menos temerosos y rodearse de pares que les daban reconocimiento positivo.

Ser "aceptado" en la escuela secundaria y en general es un fuerte indicativo de un resultado positivo en la vida.
 
 
A medida que los adolescentes maduran, las amarras de conformidad se aflojan.

Los populares podrán incluso enfrentar amenazas de personajes rebeldes alternativos.

El estudio de Kinney encontró que en los años posteriores, los que estaban "más de moda" eran desafiados por estudiantes con "apariencia extravagante y comportamiento pendenciero", que "competían con ellos en popularidad".

Algunos de estos cambios sutiles debieron estar en camino cuando, a los 15 años de edad, Georgia me pidió por primera vez que nos juntáramos, pero todavía recuerdo sentir confusión e incredulidad.

Casi 20 años después le pregunto a Georgia por qué quería ser mi amiga, algo que nunca le había preguntado. "Creo que había una extrañeza que compartíamos", contesta titubeante. "Como si ninguna de nosotras fuera normal".
 
 
La escuela, el ejército y la cárcel

Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.

Cuando Lucy Foulkes, una psicóloga de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y autora de Coming of Age: How Adolescence Shapes Us ("Llegando a la mayoría de edad: cómo la adolescencia nos forma"), compartió un mensaje en las redes sociales sobre "el efecto de la chica mala", recibió un alud de mensajes.

"Muchas personas decían, que no pasa solo en la adolescencia, sino en el lugar de trabajo, con las mamás a las puertas de la escuela", expresa Foulkes.

"Es un fenómeno humano que algunas personas adquieran mayor poder social y dominio sobre otras. Simplemente hay algo particularmente agudo de eso en la adolescencia", agrega.

Foulkes señala que los adolescentes están rodeados de las mismas personas casi todos los días durante años, de una manera "que simplemente no sucede durante la adultez en realidad, a no ser que sea en el ejército o la cárcel. Hay una intensidad en el entorno que va más allá de los que sucede dentro de sus cerebros".

Es esa intensidad que explica en parte por qué estas experiencias moldean cómo le damos sentido a los encuentros sociales incluso muchos años después.

"Esas experiencias de cuando teníamos 14 años se usan como una suerte de lente a través del cual ver el mundo", opina Prinstein. 
 
Apunta a los estudios que sugieren que el modelo mental que usamos para procesar nuestros mundos sociales empieza a formarse en la niñez y que las partes que procesan la memoria en el cerebro están activas cuando las personas piensan sobre el comportamiento social.

"Esos recuerdos están siendo traídos al presente todo el tiempo". 
 
 
¿Dónde están los "chicos cool" ahora?

Muchos de nosotros probablemente nos hemos preguntado qué pasó con los "chicos cool" que conocimos en nuestra adolescencia.

En un estudio de 2015, Joseph Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, EE.UU., se lanzó a estudiarlo. Sus descubrimientos no dan buenos augurios para los otrora jóvenes populares.

Tras hacerles seguimiento a 184 adolescentes en el sureste de EE.UU. de entre 13 y 23 años, Allen encontró que aquellos deseosos de lograr estatus y que practicaban comportamientos "pseudomaduros" a comienzos de su adolescencia estaban en mayor riesgo de tener dificultados a largo plazo.

El gusto temprano por el alcohol y las drogas estaba vinculado a una mayor vulnerabilidad a abusar de sustancias y tener problemas de adicción más tarde en la vida. Y darle foco al estatus a una temprana edad conducía a lazos personales menos estrechos y dificultades manteniendo amistades y relaciones amorosas.

La experiencia de ser rechazado también puede dejar secuelas. La investigación de Prinstein encontró que los estudiantes de secundaria rechazados tenían probabilidad de sufrir más depresión con el paso del tiempo. Planteó la hipótesis de un círculo vicioso en acción, donde la experiencia del rechazo engendra más aislamiento, que a su vez intensifica la sensación de rechazo.

En contraste, la "simpatía", es decir, el ser "aceptado" en la secundaria es uno de los más fuertes indicadores de resultados positivos en la vida, como una carrera exitosa, buena salud y relaciones sólidas, aun más que los factores como la inteligencia y el origen socioeconómico.

Aun así, las personas que experimentan rechazo también pueden desarrollar fortalezas importantes, como el ser más hábil en identificar cómo los otros se sienten o ser más consciente del maltrato de otros. Se ha demostrado que esa inteligencia emocional es útil para navegar las relaciones personales y el entorno laboral.

Y un niño no tiene que ser "aceptado" para gozar de una vida social satisfactoria de adulto. Los estudios han encontrado que tener uno o dos buenos amigos en la adolescencia puede otorgar una efecto protector y fortalecer las relaciones futuras.
 
 
Cambio de libreto

Lo más importante es que tenemos el poder para cambiar cómo nuestras experiencias tempranas nos afectan.

Según Prinstein, los libretos de la secundaria con los que abordamos las interacciones se pueden convertir en una profecía cumplida.

"Cuando entramos en un contexto social, podríamos estar concentrándonos en esos trazos de información que confirman nuestras peores expectativas", expresa. "Entonces nos comportamos en maneras que podrían de hecho fomentar más experiencias negativas".

Por ejemplo, al decidir que un comentario ambiguo probablemente no buscaba molestarnos, podemos ayudarnos a tener experiencias más satisfactorias, explica Prinstein.

Como una adolescente de "alto estatus" que practicaba un comportamiento arriesgado o "pseudomaduro" desde temprana edad, Georgia dice: "Tengo algo de tristeza por mi yo más joven. Nunca viví la experiencia de ser simplemente una chica normal".

Me cuenta que una temprana experiencia de ver a una amiga golpeada, combinada con un comportamiento abusivo en el hogar, la convencieron de actuar agresivamente para proyectar invulnerabilidad.

Se lamenta del hecho de que no recibió más apoyo a esa edad y que, al contrario, fue catalogada por el profesorado como una "chica mala". "Eso moldeó completamente la trayectoria de mi carrera y mi fiero activismo por las personas vulnerables", asegura.

Entretanto, Connie dice que sus experiencias tempranas de rechazo finalmente la condujeron a un patrón de autosabotaje. "Creo que me había dado por vencida de muchas formas y tenía tantos comportamientos autodestructivos que me resultó difícil mantener amistades", reconoce.

Eso culminó en un período de crisis en su adolescencia tardía, sobre lo cual desde entonces ha trabajado para sanar. Más de una década después, ha descubierto lo que ama y afirma que rara vez piensa sobre sus días en la escuela secundaria.

Tanto Connie como Georgia son testimonios del hecho que las etiquetas que una vez portamos durante la secundaria no tienen por qué ser una sentencia de vida.

"Las personas pueden definitivamente darle la vuelta", afirma Prinstein. "El problema es que no invertimos mucho tiempo hablando al respecto, lo que significa que somos más propensos a repetir nuestros patrones".

 
*Los nombres han sido cambiados.

 
Esta es una versión abreviada de un artículo publicado por BBC Future. Si quieres leer el original en inglés, puedes hacerlo aquí.


 
 
 
Nota
 
Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Sinónimos: cliché, tópico, clisé. DLE RAE

martes, 4 de agosto de 2026

9 tipos de personas que procrastinan y cómo solucionarlo ahora (no después)

 

 

Por Michelle Roberts
Editora de salud digital, BBC News

 

Lo haré más tarde, esto puede esperar, tal vez un breve descanso primero...

Todos hemos pasado por eso: posponer ciertas tareas y luego quedarnos con entregas de última hora, montones de mensajes sin leer y esa puesta en orden del dormitorio que nunca se realiza.

Una quinta parte de nosotros somos culpables de procrastinar con regularidad, pero el tipo de procrastinador que somos puede revelar algo más profundo sobre nosotros, según los investigadores.

¿Eres un soñador o un rebelde? ¿Hedonista o buscador de emociones fuertes? ¿Qué significa todo esto y puedes cambiarlo? 

 
 
9 tipos propensos
 
La causa puede estar oculta o enterrada, afirma el doctor Itamar Shatz, profesor de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) que recién ha publicado un libro sobre el tema.
 
Según él, comprender qué tipo de procrastinador eres puede ser de gran ayuda. Y las personas pueden ser de cualquiera de nueve tipos, a veces simultáneamente.

Los soñadores, por ejemplo, fantasean demasiado con el futuro, mientras que los rebeldes sienten una falta de control y, por lo tanto, su procastinación es una forma de protestar contra esa situación.

Los hedonistas se preocupan demasiado por el placer inmediato; los buscadores de emociones fuertes disfrutan de los plazos de entrega que estén bajo su propio riesgo; y los inconstantes cambian de tarea con demasiada frecuencia.
 
Los otros tipos también hacen honor a sus nombres: personas preocupadas, pesimistas, perfeccionistas y personas agotadas, que están cansadas de trabajar demasiado.
 

 
El psicólogo laboral Ian MacRae, de la Sociedad Británica de Psicología, afirma que las etiquetas están bien, siempre y cuando la gente entienda que no son rasgos de carácter permanentes.

"Recomendaría a la gente que piense más en términos de 'Hoy estoy actuando como un perfeccionista' en lugar de pensar 'Soy un perfeccionista'".

La profesora Fuschia Sirois, reconocida experta en la materia de la Universidad de Durham (Reino Unido), rechaza las categorías y afirma que la principal razón para procrastinar suele ser la misma: evitar los malos sentimientos.

"No estamos postergando la tarea, sino evitando las emociones desagradables asociadas a ella", explica.

Según la experta, los estudios sobre la actividad cerebral realizados con personas que tienden a procrastinar revelan diferencias notables en las áreas relacionadas con la regulación de las emociones.
 
"En cuanto percibimos una amenaza, la amígdala se activa, y ese sensor de amenazas es más rápido que el tiempo de respuesta de la parte racional de nuestro cerebro, la corteza prefrontal, que nos dice que no será tan malo", explica.
 
Las etiquetas sobre personalidad que tiende a la dilación no son compartidas por algunos expertos.
 
 
Cómo solucionarlo

Sirois y Shatz tienen las siguientes sugerencias:
 
• El primer paso es reconocer y nombrar la emoción negativa, y luego buscar su origen. ¿Proviene de una mentalidad perfeccionista o de una autocrítica excesiva? 
Un ejemplo clásico: ¿anticipas que realizar esta tarea será muy difícil, desafiante o estresante?

• A continuación, aprende cómo romper el ciclo de la ansiedad, utilizando técnicas como la respiración y la atención plena para relajarte.
    
• No existe una solución única para todos, pero estrategias como controlar la culpa y ser más amable contigo mismo pueden ayudar.

• Elimina las distracciones y divide las tareas abrumadoras en pasos manejables, comenzando además con "victorias fáciles".

Pero MacRae afirma que, a veces, la procrastinación puede ser algo bueno: algunos problemas se resuelven solos, sin que tengamos que apresurarnos a actuar.

¿Y qué pasa con esas tareas tediosas e imprescindibles?

El mayor obstáculo suele ser simplemente empezar. Concéntrate en pasar a la acción en lugar de buscar motivación.

Según MacRae, la motivación vendrá después, y añade: "Puede que lo que necesites sea el impulso de empezar y continuar".
 
 
 
 
Las cursivas y negritas son mías.  

 

jueves, 30 de abril de 2026

Por qué los chatbots de IA pueden estar volviéndote más tonto

 

 
 
 
Por Melissa Hogenboom
BBC Culture*
 
 
Varios investigadores advierten que a medida que los grandes modelos de lenguaje asuman más tareas cognitivas, habrá un costo que pagar por esta externalización mental.

Cuando la investigadora Nataliya Kosmyna estuvo buscando pasantes, notó que las cartas de presentación que estaba recibiendo eran sospechosamente similares. Eran extensas, pulidas y, tras las presentaciones iniciales, a menudo saltaban a establecer una conexión abstracta y arbitraria con su trabajo.

Le resultó evidente que los candidatos estaban utilizando grandes modelos de lenguaje (LLM) -una forma de inteligencia artificial que impulsa a chatbots como ChatGPT, Google Gemini y Claude- para redactar sus cartas.

Al mismo tiempo, durante las clases en el campus del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Kosmyna -quien estudia la interacción entre los humanos y los computadores- empezó a observar que varios estudiantes estaban olvidando los contenidos más fácilmente de lo que ocurría hace unos años atrás.

Ante la creciente dependencia que hay de los LLM, la profesora tuvo la intuición de que podrían estar afectando la cognición de sus estudiantes y decidió profundizar en el asunto para entenderlo mejor.

La preocupación

La preocupación de investigadores como Kosmyna es que, si llegamos a depender de la IA en exceso, se podría afectar el lenguaje que utilizamos e incluso nuestra capacidad para realizar tareas cognitivas básicas.

Actualmente existe un creciente conjunto de investigaciones que sugieren que esta "descarga cognitiva" hacia la IA puede tener un efecto corrosivo en nuestras capacidades mentales. Las consecuencias podrían ser alarmantes e incluso contribuir al deterioro cognitivo.

Es bien sabido que las herramientas que utilizamos pueden modificar nuestra forma de pensar.

Con la llegada de Internet, por ejemplo, tareas que antaño requerían una investigación exhaustiva podían resolverse simplemente introduciendo una consulta sencilla en un cuadro de búsqueda.

A medida que se intensificó el uso de los motores de búsqueda, diversas investigaciones revelaron que nuestra propensión a recordar detalles disminuía; un fenómeno que se ha bautizado como "el efecto Google". (Algunos, no obstante, sostienen que Internet actúa también como un sistema de memoria externa que libera a nuestro cerebro para dedicarse a otras tareas).

Sin embargo, actualmente hay una creciente inquietud ante la posibilidad de que, a medida que delegamos una parte cada vez mayor de nuestro pensamiento a los grandes modelos lingüísticos (LLM) y otras formas de inteligencia artificial, los efectos sobre nuestra memoria y nuestra capacidad para resolver problemas puedan agravarse.

Las herramientas de inteligencia artificial son capaces de componer poesía convincente, ofrecer asesoramiento financiero e incluso brindar compañía.

Asimismo, los estudiantes están delegando cada vez más sus propias tareas a estas herramientas de IA.

Diversos estudios han demostrado ya que los jóvenes podrían ser especialmente vulnerables a los efectos negativos que el uso de la IA puede ejercer sobre habilidades cognitivas fundamentales, tales como el pensamiento crítico.

Kosmyna, sin embargo, quiso profundizar aún más en el análisis de estos posibles efectos.

 

Esfuerzo mental reducido

Ella y sus colegas del MIT Media Lab reclutaron a 54 estudiantes para redactar ensayos breves y los dividieron en tres grupos.

A uno se le indicó que utilizara ChatGPT. Un segundo grupo podía usar el buscador de Google, con los resúmenes generados por IA desactivados. El tercero no utilizó tecnología alguna. Se midieron las ondas cerebrales de cada estudiante mientras realizaban la tarea.

Los temas de los ensayos se plantearon deliberadamente de forma abierta, lo que significaba que la tarea requería muy poca investigación; las consignas incluían preguntas relacionadas con la lealtad, la felicidad o las decisiones que tomamos en nuestra vida cotidiana.

Los resultados aún no se han publicado en una revista científica, pero, no obstante, resultaron reveladores, según Kosmyna.

Aquellos que recurrieron únicamente a su propia mente mostraron un cerebro que estaba "en llamas", evidenciando una actividad generalizada en muchas de sus áreas, según dijo la experta.

El grupo que solo utilizó el buscador mostró una actividad intensa en las zonas visuales del cerebro; sin embargo, el grupo que empleó ChatGPT presentó una actividad cerebral notablemente inferior: se redujo hasta en un 55 %.

"El cerebro no se quedó dormido, pero hubo mucha menos activación en las áreas correspondientes a la creatividad y al procesamiento de la información", señala Kosmyna.

ChatGPT también afectó la memoria de los participantes. Tras entregar sus ensayos, los integrantes del grupo que utilizó la IA fueron incapaces de citar fragmentos de sus propios textos, y varios de ellos sintieron que no tenían ningún sentido de autoría sobre el trabajo realizado.

Otros estudios también han demostrado que las personas pierden capacidad para retener y recordar información cuando utilizan herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT.

 

Los investigadores tienen cada vez más inquietudes sobre los daños que la rápida adopción de la IA podría estar causando.

 

Si bien los hallazgos aún se encuentran en fase de revisión por pares, guardan similitud con los de otros estudios.

Una investigación realizada por expertos de la Universidad de Pensilvania sugiere que algunas personas experimentan lo que denominan "rendición cognitiva" al utilizar chatbots de inteligencia artificial generativa.

Esto implica que tienden a aceptar lo que la IA les dice con un escrutinio mínimo, e incluso permiten que esta interpretación prevalezca sobre su propia intuición.

Es posible observar efectos similares fuera del ámbito de los chatbots de IA, incluso en situaciones de vida o muerte.

Un equipo de investigación multinacional descubrió recientemente que los profesionales médicos que utilizaron una herramienta de IA para el cribado del cáncer de colon durante tres meses mostraron, posteriormente, una menor capacidad para detectar tumores sin la ayuda de la herramienta.

Delegar el trabajo a la IA conlleva también el riesgo de perder gran parte de la creatividad que genera obras originales, advierte Kosmyna.

Los ensayos que los estudiantes de su estudio redactaron con ChatGPT resultaron ser muy similares entre sí y fueron calificados por los profesores que los evaluaron como "carentes de alma", al carecer de originalidad y profundidad, señala Kosmyna.

"Uno de los profesores llegó a preguntar si los estudiantes se habían sentado uno al lado del otro, dado lo sumamente parecidos que eran los ensayos".

Si bien estudios como este ilustran los efectos a corto plazo que los modelos lingüísticos grandes (LLM) pueden tener en el cerebro, sus repercusiones a largo plazo resultan mucho menos claras.

El estudio realizado por Kosmyna y sus colegas ofrece un primer atisbo al respecto.

Cuatro meses después del estudio inicial, pidieron a los estudiantes que redactaran otro ensayo; sin embargo, en esta ocasión, se indicó a aquellos que habían utilizado ChatGPT que trabajaran sin el apoyo de un LLM.

La conectividad neuronal en sus cerebros resultó ser inferior a la de aquellos que habían realizado la transición en sentido inverso, lo cual podría sugerir que, en un primer momento, no se habían involucrado adecuadamente con los temas tratados.

Deterioro cognitivo

Se desconoce cuáles puedan ser los efectos que pueda tener el uso excesivo de LLM a largo plazo en las capacidades cognitivas.
 
 
Los grandes modelos de lenguaje (LLM) pueden ser una herramienta positiva para estimular el pensamiento, pero sólo si no dependemos de ellos delegando nuestras tareas mentales en el proceso, asegura la neurocientífica computacional Vivienne Ming, autora de "Robot Proof".

No obstante, le preocupa que esta no sea la forma en que la mayoría de las personas interactúa con esta tecnología.

Su razonamiento se basa en una investigación que llevó a cabo para su libro, durante la cual Ming le pidió a un grupo de estudiantes de la Universidad de Berkeley que predijeran resultados del mundo real, como el precio del petróleo.

Descubrió que la mayoría de los participantes simplemente había acudido a la IA y copiado la respuesta.

Midió la actividad de las ondas gamma en sus cerebros -un indicador del esfuerzo cognitivo- y se dio cuenta que mostraba una activación muy escasa.

Vale la pena reiterar que su investigación aún no ha sido publicada; sin embargo, a Ming le inquieta que, si sus hallazgos se ven confirmados por estudios posteriores, esto podría tener implicaciones a largo plazo.

Otras investigaciones, por ejemplo, han vinculado una actividad débil de las ondas gamma con el deterioro cognitivo en etapas avanzadas de la vida.

"Eso es realmente preocupante", afirma Ming. "Si ese se convierte en el modo natural en que las personas interactúan con estos sistemas -y estamos hablando de chicos inteligentes-, es algo negativo".

El pensamiento profundo, sostiene, es nuestro superpoder.

"Si no lo ejercitamos, las implicaciones a largo plazo para la salud cognitiva son sumamente significativas".

Esto se debe a que, cuando dependemos de los LLM, se requiere muy poco esfuerzo cognitivo, pero Ming añade que precisamente lo que un cerebro sano necesita es esfuerzo cognitivo.

 
Los expertos dicen que se puede moderar la manera en la que usamos la IA para evitar que afecte nuestra cognición.
 
 
Sin embargo, un pequeño subconjunto de participantes -menos del 10 %- trabajó de manera diferente y utilizó la IA como herramienta para recopilar datos que luego ellos mismos analizaron.

Estos individuos realizaron predicciones más precisas que los demás participantes y mostraron también una mayor activación cerebral.

Hace casi dos décadas, Ming predijo que, en un plazo de 20 a 30 años, íbamos a poder ver un aumento estadísticamente significativo en las tasas de demencia, directamente relacionado con nuestra excesiva dependencia de Google Maps.

"Mi intención era ser provocadora", afirma Ming. "Si no tienes que pensar en cómo orientarte, entonces se producirá algún efecto detectable".

Si bien no disponemos de datos sobre esta predicción exacta, el uso cada vez mayor del GPS se ha vinculado con un deterioro de la memoria espacial a lo largo del tiempo, según un estudio realizado con 13 personas a lo largo de tres años.

Además, una deficiente navegación espacial podría ser un posible predictor de la enfermedad de Alzheimer, de acuerdo con otro estudio.

Resulta evidente que, cuanto más activo se mantiene nuestro cerebro, mayor es su protección frente al deterioro cognitivo.

Por consiguiente -señala Ming-, los grandes modelos de lenguaje (LLM) no solo podrían mermar la creatividad, sino también perjudicar la cognición y, potencialmente, aumentar el riesgo de padecer demencia.

A medida que aumenta el uso de herramientas de IA, debemos trabajar con ellas de una manera que nos beneficie en lugar de perjudicarnos.

Ming sugiere que, en última instancia, el objetivo podría ser una forma de "inteligencia híbrida" en la que humanos y máquinas "aborden las tareas difíciles" de manera conjunta.

Con esto, ella quiere decir que primero debemos pensar por nuestra cuenta y utilizar las herramientas posteriormente para que nos desafíen, en lugar de simplemente permitir que respondan a nuestras preguntas.

Kosmyna coincide con este planteamiento y sugiere aprender las distintas materias sin recurrir a herramientas de IA en una primera etapa -a fin de sentar unas bases sólidas- para, solo entonces, considerar el uso de los grandes modelos de lenguaje (LLM).

Ming recomienda emplear lo que ella denomina la "instrucción némesis" para poner a prueba el razonamiento propio.

Este método consiste en pedirle a la IA que asuma el rol de un "enemigo acérrimo" o némesis y, a continuación, pedirle que explique detalladamente por qué nuestras ideas son erróneas y cómo podríamos corregirlas; de este modo, nos vemos obligados a defender y perfeccionar nuestros argumentos, en lugar de limitarnos a aceptar las respuestas que la herramienta nos ofrece.

Otra técnica que ella propone consiste en priorizar la "fricción productiva", solicitando a la IA que se limite a proporcionar contexto y plantearnos preguntas, en lugar de facilitarnos las respuestas directamente.

Al poner a prueba este método -mediante la configuración de un bot de IA para que se abstuviera de dar soluciones-, observó que los usuarios mostraban un mayor grado de implicación y participación.

En definitiva, todos deberíamos mantenernos alerta ante los atajos cognitivos, algo que -tal como señala Kosmyna- "a nuestro cerebro le encanta".

Evidentemente, para garantizar la salud cerebral a largo plazo, resulta indispensable que sigamos planteándonos desafíos constantes.

En este proceso, nuestra mente, nuestra creatividad y nuestra salud cognitiva saldrán beneficiadas.

Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente por BBC Culture. Para leer la versión en inglés, haz clic aquí.

 

Fuente: Chatbots de IA 

jueves, 14 de agosto de 2025

La Inseguridad Intelectual (no le gustaba leer)

(…) cuando Betty Madden, una mujer de treinta y tres años, y muy hermosa, vino a verme, me dijo: «Estoy tristísima. No tengo más que el título de la escuela superior y mi marido es un intelectual. Todos nuestros amigos son universitarios. No puedo hablar de todo lo que ellos hablan. Me siento inferior». Esta inseguridad intelectual la había convertido en una esposa insegura y en una madre posesiva en exceso (se sentía «segura» con sus tres hijos pequeños, así que prefería su compañía a la de los adultos).

Al principio de nuestras sesiones comprendí que los problemas de Betty surgían del hecho de que ahora no leía; además, aunque en otro tiempo había tocado bien el violín, ahora carecía de intereses culturales, de intereses que le elevaran la mente. Trabajando juntos fijamos un programa con estas metas: convertirse en una persona «informada» mediante (a) la lectura y (b) la capitalización de los intereses artísticos que poseía pero jamás había desarrollado.

(a) Betty se matriculó en un curso no oficial de lengua inglesa en el que daba suma importancia a la construcción del vocabulario y que se impartía en una escuela cercana.
Su falta de comprensión de las palabras clave era una de las razones principales de que no le gustara leer. Como corolario del curso yo le asigné estas dos tareas diarias.

Leer dos columnas del periódico, buscar en el diccionario las palabras que no entendiera y escribir las definiciones. Había de leer cada columna dos veces, y si era necesario una tercera, hasta que comprendiera por completo el contenido.

Tomar una grabadora y, con sus propias palabras, resumir el significado de cada columna. Después debía repetirlo empezando con la frase: «Estoy de acuerdo» o «No estoy de acuerdo», y explicar por qué. Terminado todo, debía escucharse a sí misma y comprobar qué tal le parecía.

(b) Empezó a tocar el violín de nuevo. Pero en esto fracasó. «Es demasiado difícil, con la casa y los niños», me dijo sinceramente, así que lo sustituimos por un ejercicio de discos. Cada mañana, mientras limpiaba la casa, ponía un disco de música clásica, el mismo durante cinco mañanas consecutivas. A la semana siguiente se pasaba a un nuevo disco. Mientras llevaba a cabo esta campaña para mejorarse en temas musicales, Betty estudiaba con atención los anuncios de prensa para ver en qué conciertos interpretaban la música que había escuchado. Además, asistió a un curso de arte, de trece semanas, organizado por una escuela superior de la localidad.

Todo ese estudio le rindió beneficios. Empezó a leer por su cuenta las revistas Time y Newsweek. Me informó que había empezado a leer libros. Cuando tropezaba con uno que le resultaba demasiado difícil, lo confesaba y se pasaba a otro. 

A los seis meses de tratamiento, con esa meta de autoeducación, Betty era una persona mucho más satisfecha que empezaba a comprender gran variedad de temas. Un día me dijo: «Durante este fin de semana estuvimos hablando de política con algunos amigos que no presentaban unos hechos demasiado claros. Así que les mostré con discreción en qué se equivocaban y los cuatro, incluido mi marido, acabaron por decirme que yo tenía razón. ¡Imagínese! ¡Corregir yo a todos esos graduados de la universidad!».


Herbert Fensterheim y Jean Baer, No diga Sí cuando quiera decir NO, Colección Edibolsillo Paperback n° 89, traducción de Amparo García Burgos, Ediciones Grijalbo, Barcelona, España, 1979, págs. 81-83

 

Comentario.-

El título sale del propio contenido del libro. 

La negrita en el texto es mía. 

Si tenemos discos de música podemos hacer como dice el libro y también ahora como, por ejemplo, se pueden ver conciertos o escuchar música clásica en Youtube (no todos podemos ir a conciertos). Claro, debemos escuchar a un volumen aceptable y sin que los vecinos tengan que enterarse.

Lo de escuchar continuamente se refiere a desarrollar más el gusto musical (artístico) y aprender a reconocer a los compositores y sus obras.

Podemos ir a exposiciones de arte y además visitar los museos y los lugares de interés histórico.

A la autoeducación también se le llama autodidactismo: aprender de forma autónoma sin necesidad de tener un profesor o asistir a una institución educativa.

Aunque uno tenga trabajo, hijos y otras responsabilidades no debe dejar de tener aficiones físicas (deportes) e intelectuales. Aburrirse constantemente por no tener aficiones útiles no es una opción y las excusas son muy pobres como esa de nunca tengo tiempo. 

Quienes piensan que no tienen tiempo para hacer ejercicio, tarde o temprano tendrán que hallar tiempo para enfermarse. —Edward Stanley. Político inglés (1799-1869).

La Lectura es más que una afición, es parte de la necesidad llamada Educación. 

Hace años en una feria de libros un conocido que era estudiante universitario me comentó que había empezado con el gusto por la lectura muy tarde como a a los 22 años de edad y que se sentía mal por ello, lo miré, pensé un momento y le recomendé: Olvídate de que comenzaste tarde y sigue leyendo. 

 



miércoles, 18 de septiembre de 2024

Cómo entrenar tu cerebro para recordar nombres, fechas y otros datos de memoria

 Por Claudia Poch y Jorge González Alonso*

 The Conversation


Solemos referirnos a la memoria como si de una entidad unitaria se tratara.

Sin embargo, tenemos claro que algunas personas son nefastas para reconocer rostros familiares, pero en cambio tienen una capacidad sobresaliente para adquirir una lengua.

O que hay personas con una habilidad extraordinaria para recordar acontecimientos del pasado, a pesar de que no son capaces de retener un número de teléfono durante un breve periodo.

Estas aparentes contradicciones en las manifestaciones de la memoria se deben a que esta no es unidimensional, sino que existen distintos sistemas de memoria, apoyados por sustratos y mecanismos neurobiológicos parcialmente diferentes.

 

Tipos de Memoria para Tipos de Conocimientos

En la escuela, los conocimientos y habilidades que han de adquirirse son de distinto tipo y, por tanto, son sustentados por distintos sistemas de memoria

La adquisición de una nueva lengua, por ejemplo, no requiere los mismos mecanismos ni procesos que la adquisición del conocimiento semántico necesario en ciencias naturales.

Aprender diferentes materias o destrezas utiliza distintos sistemas de memoria.

Como el aprendizaje de distintas materias y destrezas no hace uso de la memoria de la misma manera, es difícil generalizar sobre qué hace más o menos eficaz una estrategia de memoria en el entorno educativo.

En este artículo nos centraremos sólo en la adquisición de conocimiento declarativo, sustentado por un tipo de memoria que es explícita, y a la que podemos acceder conscientemente.

Datos, fechas, nombres, hechos pasados, conceptos, y otros elementos similares son el contenido habitual de la memoria declarativa.

 

Estrategias Memorísticas y Mnemotecnia 

Por los estudios con expertos memoristas (personas capaces de recordar cantidades ingentes de información) sabemos que, aunque la genética explica gran parte de nuestras diferencias a la hora de ser mejores o peores recordando datos, hay personas que desarrollan una capacidad excepcional para recordar mediante el uso de estrategias que han practicado durante largos periodos.

Las técnicas mnemotécnicas más empleadas están basadas en la creación de imágenes mentales o en estrategias verbales que normalmente requieren de mucho entrenamiento.

El método de los lugares, por ejemplo, consiste en asociar a lugares concretos los elementos que se quiere recordar.

Por ejemplo, a la hora de recordar la lista de la compra, podemos trazar mentalmente el recorrido al trabajo dejando los elementos de la lista en distintos lugares del camino.

De esta manera, cuando queramos recordarlos sólo tendríamos que recorrer mentalmente nuestro camino al trabajo.

Este método es empleado habitualmente por memoristas expertos, y los datos de neuroimagen muestran que, durante las tareas de memorización, los expertos tienen mayor activación en las áreas cerebrales encargadas de procesar nuestro entorno visoespacial.

 

Relación, Ruta y Práctica 

La eficacia de las distintas estrategias mnemotécnicas está basada en tres principios fundamentales:

  • Es necesario relacionar la información que queremos aprender con nuestro conocimiento previo.
  • Para que el proceso de recuperación de la información sea eficaz debemos almacenar la ruta de acceso a la información junto con la información que queremos aprender.
  • La eficacia y la agilidad con las que realicemos los dos procesos anteriores va a depender de la práctica repetida de la estrategia. 

 

Uso limitado en la Escuela 

Las investigaciones con expertos memoristas hacen suponer que, si alguien puede entrenar estrategias de memoria para llegar a recordar 67.890 dígitos del número Pi, será posible también desarrollar estrategias más eficaces que incrementen la adquisición de conocimientos en la escuela.

Aunque se ha demostrado la elevada eficacia de las técnicas mnemotécnicas basadas en la creación de imágenes mentales o las mnemotecnias verbales, el uso real que podemos hacer de ellas en la vida cotidiana es limitado.

En la escuela, es posible utilizar estos métodos para el aprendizaje de listas, como los planetas o los elementos químicos, pero es muy difícil hacerlo con materiales o conocimientos más complejos.

Es más fácil aprender algo cuando lo asociamos a un conocimiento previo.

 

Codificación y redes de conocimientos

Debido a estas limitaciones, parece más razonable intentar mejorar la memoria por otros medios, centrándose en trabajar algunos de los elementos que participan en los procesos de memoria.

Aplicando los mismos principios que determinan la eficacia de las estrategias mnemotécnicas, podemos influir en la forma de crear conocimiento nuevo en el entorno escolar.

La creación de una huella de memoria se inicia con la codificación de la información, que sería su registro de entrada.

Sabemos que el factor más importante para aprender información nueva, mucho más que la intención de aprender en sí misma, es qué hacemos con el contenido que queremos aprender.

La elaboración profunda de la información, relacionándola con conocimiento previo, es la mejor manera de facilitar su memorización.

Por lo tanto, al repasar un contenido con intención de memorizarlo es mucho más eficaz relacionarlo con cosas que ya sabemos en lugar de limitarnos a repetir esa información mentalmente.

Es fundamental, por tanto, crear redes ricas de conocimiento en las que integrar y organizar el conocimiento nuevo.

De este modo, recordar el año en que fue escogido el primer presidente estadounidense resultará mucho más fácil si lo integramos y organizamos en torno al conocimiento que ya poseemos sobre la revolución francesa, generando de este modo lo que los investigadores denominan una codificación significativa.

 

La Importancia de la Ruta de Acceso

Tan importante como el proceso de la codificación es el proceso de la recuperación.

Muchas veces tenemos almacenada información a la que no podemos acceder, por ejemplo, cuando sabemos que conocemos el nombre de una persona, pero se nos queda en la punta de la lengua sin poder recuperarlo.

Por esto, para que la memoria sea eficaz, debemos almacenar, junto con la información que queremos aprender, las claves con las que vamos a acceder posteriormente a ella.

Su ruta de acceso, su estructura de recuperación.

Por último, la práctica repetida de estas estrategias es imprescindible para que la memorización se produzca de manera más eficiente y rápida.

 

Conocer la Propia Memoria

La intervención más eficaz en la escuela no es aquella que se limita a enseñar técnicas de memorización, sino la que ayuda a los alumnos a conocer cómo funciona su propia memoria.

Como regla general, cuántos más conocimientos tengamos y más tiempo practiquemos estrategias efectivas de memorización, menos nos costará adquirir nuevos conocimientos.

Es fundamental enseñar a los escolares cuáles son las estrategias de estudio más eficaces para cada tipo de contenido y de evaluación, y marcarse como principal objetivo que sean capaces de aplicarlas flexiblemente.

*Claudia Poch es coordinadora del Doctorado en Educación y Procesos Cognitivos en la Universidad Nebrija, en España, y Jorge González Alonso es investigador sénior en el Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) de la Facultad de Lenguas y Educación de la Universidad Nebrija.

Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la publicación original.

 

Fuente:Cómo entrenar tu cerebro

martes, 30 de julio de 2024

Noche de monstruos

¿Por qué el mundo distrae tanto a nuestro hijo a la hora de dormir?

Por Dave Barry
 

Los niños constituyen el recurso de la naturaleza para controlar la natalidad. A fin de ilustrar la forma en que cumplen con esta función, veamos cómo mi esposa y yo acostamos a nuestro hijo de seis años, Robert, en una noche cualquiera. Con la esperanza de tener algún tiempo entre nosotros, tratamos de que esté en la cama a  las 8 de la noche. Para ello, iniciamos la labor de convencimiento una hora antes.

7 de la noche: Anunciamos: “Robert, es hora de que te prepares para dormir”.

7:04, 7.09, 7:12, 7:14, 7:17, 7:18, 7:22, 7:24, 7:25, 7:26 y 7:27: Le advertimos a Robert que Ahora Sí debe prepararse para ir a la cama y que esta vez Va en Serio.

7:28: Robert se dirige a su habitación y comienza, realmente, a prepararse para dormir. 

7:29: Nuestro hijo no encuentra a Godzilla, su monstruo de hule. Nadie se explica cómo advierte la ausencia del muñeco en un cuarto que contiene unos 78,500 juguetes; pero así es. Y, desde luego, debemos suspender todas las actividades hasta que resolvamos este asunto, porque sería verdaderamente imperdonable que  un chiquillo tuviera que irse a la cama sin su Godzilla de hule.

7:43: Encontramos a Godzilla y Robert empieza a quitarse la ropa. Esto es algo que puede hacer Por Sí Mismo.

9:27: Hasta ahora  se ha quitado Por Sí Mismo la  camisa y un zapato. Acudo a  ayudarlo.

9:30: Ya en pijama, Robert se deja cepillar los dientes, la señal esperada para anunciar que tiene hambre. Le respondemos que la culpa es suya porque no se terminó la cena, que ya no es hora de comer nada, no señor, de ninguna manera, que ni lo imagine, que ya es tiempo de que aprenda su lección, etcétera.

9:57: Robert se termina un  plato de pasta, y se somete de nuevo al cepillado de los dientes.

10:02: Para que se duerma, le leemos el cuento Horton empolla un  huevo, del doctor Seuss. Esto resulta tardado porque debemos examinar cuidadosamente todas y cada una de las páginas por si hay algún detallito que se nos pudiera haber escapado las 267 noches consecutivas en que se lo hemos leído.

10:43, 10:47, 10:51, 10:54, 10:56, y 10:59: Le advertimos que Ahora Sí es hora de irse a la cama y que esta vez Va en Serio.

11.03: Robert se mete en la cama. Lo cobijamos, le damos el beso de las buenas noches, salimos sigilosamente de la habitación: por fin solos.

11.17: Nuestro hijo se queda dormido, pero lo despierta una terrible pesadilla, provocada por compartir su cama con Godzilla, su   monstruo de hule. Se lo quitamos.

11:28: Le damos a Robert el beso de las buenas noches y salimos de la habitación: por fin solos.

11:32: Al escuchar ruidos procedentes de la habitación del pequeño, regresamos y lo encontramos llorando a moco tendido. Casi sin poder articular las palabras, nos explica que la mamá pájaro de Horton empolla un huevo pierde a su cría al final, y que, aunque ella fue muy mala, probablemente ahora esté arrepentida y se sienta muy sola. Intentamos explicarle que esa no es la moraleja de la historia; pero Robert está inconsolable. Acabamos accediendo a que se meta en la cama con nosotros… solamente un minuto.

2:47 de la madrugada: Llevamos a Robert a su cuarto, le damos el beso de las buenas noches y salimos de puntillas de la habitación: por fin solos.

3:14, 3:58, 4:26, 5:11, y 5.43: La casa entra en Alerta Roja conforme se suceden diversas pesadillas de rutina, cada una de las cuales nos obliga a cruzar el pasillo tambaleantes y medio dormidos.

6:12: Amanece.

Cuando leo en el periódico algún artículo sobre matrimonios que tienen, por ejemplo, nueve hijos, nunca me pregunto cómo se las arreglan para cuidar de todos ellos, sino cuándo tuvieron tiempo para concebirlos.


Condensado de “Dave Barry’s Guide To Marriage And/Or Sex”, © 1987 por Dave Barry, publicado por Rodale Press, Inc., de Emmaus, Pensilvania.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CII, N° 608, Año 51, Julio de 1991, páginas 19-20, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

lunes, 3 de junio de 2024

Cómo prepararte mejor para un examen si sólo tienes tiempo de estudiar en el último momento

 Por Jonathan Firth Role,

 The Conversation*

 

Si estás en la escuela o la universidad y te ha llegado el momento de prepararte para los exámenes, es posible que te encuentres tratando de memorizar información que aprendiste hace mucho tiempo y que has olvidado por completo, o que no aprendiste en primer lugar de manera efectiva.

Desafortunadamente, tratar de absorber mucha información en poco tiempo es una forma muy ineficiente de aprender adecuadamente.

Pero, a veces, es necesario para aprobar un examen.

Por eso puedes incorporar lo que sabemos sobre cómo funciona el aprendizaje al repasar, para que sea más efectivo.

Una gran cantidad de evidencia de investigaciones sobre cómo funciona la memoria a lo largo del tiempo muestra que al principio olvidamos nueva información muy rápidamente, y después el proceso de olvido se ralentiza.

En la práctica esto significa que los tiempos de estudio muy comprimidos causan una cantidad catastrófica de olvidos.

Una mejor opción es espaciar el aprendizaje de un tema en particular de manera más gradual y durante un período más largo. Esto se denomina "efecto de memoria espaciada" o "repetición espaciada" y hace que las habilidades y los conocimientos se retengan mejor y durante más tiempo.

Investigaciones han descubierto que recordamos mejor la información cuando dejamos un espacio de tiempo entre estudiar algo por primera vez y volver a visitarlo, en lugar de hacerlo de inmediato.

Esto funciona incluso en períodos de tiempo cortos: un retraso de unos segundos cuando se intenta aprender una cantidad pequeña de información, como un par de palabras, por ejemplo. Y también funciona cuando el retraso entre sesiones de estudio es mucho mayor.

En el aula, espaciar la práctica podría significar revisar y practicar el material al día siguiente, o retrasar la tarea un par de semanas, en lugar de repasarla lo antes posible.

Como regla general, los psicólogos han sugerido que el mejor momento para reestudiar el material es cuando está a punto de ser olvidado: no antes, pero tampoco después.

Pero no es así como se aprenden las cosas durante el año escolar. Cuando los estudiantes llegan a la época de exámenes, han olvidado gran parte de lo que han estudiado antes.

 

Cómo maximizar tu tiempo 

Cuando se trata de aprender realmente -ser capaz de recordar información a largo plazo y aplicarla a situaciones nuevas-, tratar de estudiar mucho en un plazo corto no funciona.

Difícilmente podamos llamarlo "aprendizaje" si la información se olvida un mes después.

Pero si necesitas aprobar un examen, estudiar en poco tiempo puede generar un aumento temporal en el rendimiento.

Es más, puedes incorporar el efecto de repetición espaciada en tu preparación para hacerla más eficiente.

Es mejor espaciar la práctica del conocimiento de un tema a lo largo de las semanas, por lo que si tienes algo de tiempo antes de un examen clave, planifica tu cronograma de repaso para cubrir los temas más de una vez.

En lugar de asignar un bloque de dos horas a un tema en particular, estúdialo durante una hora esta semana y luego otra hora dentro de una semana aproximadamente.

Si no tienes tanto tiempo, vale la pena incorporar intervalos más pequeños entre las sesiones de práctica.

Si tu examen es mañana, practica los temas clave hoy por la mañana y luego nuevamente por la noche.

El aprendizaje también es más eficaz si recuperas activamente información de tu memoria, en lugar de volver a leer o subrayar tus notas.

Una buena forma de hacerlo, incorporando el efecto de memoria espaciada, es haciendo pruebas prácticas. Revisa un tema de tus apuntes o libro de texto, tómate un descanso de media hora y luego haz un examen de práctica sin la ayuda de tus libros.

Una técnica aún más sencilla es la llamada brain dump en inglés, que consiste en estudiar y tomar un descanso, y luego escribir todo lo que puedas recordar sobre el tema en una hoja de papel en blanco sin revisar tus apuntes.

 

Cambiar la forma en que enseñamos

Quizás sea necesario un cambio en las prácticas docentes para evitar que los alumnos tengan que estudiar material que sólo recuerdan a medias antes de los exámenes.

Pero mi investigación sugiere que los profesores tienden a estar de acuerdo con la idea de que la consolidación de un tema debería ocurrir lo antes posible, en vez de espaciar la práctica de maneras que en realidad son más efectivas.

Los profesores están sobrecargados y hacen esfuerzos heroicos con el tiempo que tienen. Pero incorporar el efecto de memoria espaciada en la enseñanza no requiere necesariamente cambios radicales en la forma en que se manejan los docentes.

A menudo, es tan sencillo como hacer lo mismo en un horario diferente.

Las investigaciones han demostrado que la forma más eficaz de combinar las pruebas de práctica y el efecto de memoria espaciada es realizar estas pruebas en la clase inicial, seguidas de al menos tres oportunidades de práctica en intervalos ampliamente espaciados.

Y esto es muy factible dentro del patrón típico del año escolar.

Por ejemplo, después de la primera clase, la práctica adicional podría realizarse con una tarea después de unos días, y luego algún tipo de prueba o examen simulado después de un intervalo de tiempo adicional.

El período de repaso antes de los exámenes sería entonces la tercera oportunidad de consolidación.

Incorporar a la educación la autoevaluación efectiva y la práctica retrasada significaría menos estrés y también tener que estudiar menos material a última hora, lo cual resulta ineficiente.

La época de exámenes sería para consolidar, en lugar de volver a aprender cosas que se han olvidado.

El resultado sería una mejor retención de conocimientos y habilidades importantes a largo plazo.

Como ventaja adicional, los estudiantes también obtendrían una mejor comprensión de cómo estudiar de forma eficaz.

 

*Jonathan Firth es Profesor titular de Educación, Universidad de Strathclyde, Reino Unido

*Este artículo fue publicado en The Conversation.
 
Fuente: