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miércoles, 1 de julio de 2026

Fútbol, Fútbol

NOTA DEL AUTOR (A modo de exordio):

En 1986, el trío chileno Los Prisioneros sacudió el continente al desnudar la mercantilización de la carne y el instinto en su icónico tema «Sexo». Cuatro décadas después, en este 2026 de pantallas omnipresentes y vaciamiento cultural, el gran fetiche de los mercachifles ha cambiado de forma, pero no de fondo. El nuevo opio de la masa, el nuevo gancho que apela a la imbecilidad y al desfalco del bolsillo popular ya no habita en las alcobas, sino en el césped climatizado de la FILFA.

Lo que sigue no es una copia, sino una paráfrasis satírica y necesaria: hemos tomado el pulso machacón y el cinismo lírico de aquella vieja partitura de Jorge González para diseccionar la histeria colectiva hacia veintidós idiotas corriendo tras un cuero, mientras los Harpagones y Shylocks modernos cuentan los billetes de la desilusión. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

Esta es una paráfrasis satírica del tema Sexo de los Prisioneros y refleja lo que pienso del Centro Comercial, digo, del Mundial de Fútbol.

 

 

FÚTBOL

El mejor gancho comercial
apela a tu imbecilidad,
te trata como un animal,
te vende irracionalidad.
Con estadios llenos de feromonas y alcohol,
y montones de simios celebrando un gol.

FÚTBOL VENDO,
FÚTBOL COMPRO,
fútbol alquilo,
fútbol, fútbol ofrezco.

Ya no hay por qué enrojecer,
cada cuatro años lo ves:
ahora la deportividad
es una cosa de la antigüedad.

Es tu carnet de inmadurez,
tu pasaporte a la estupidez;
el otro equipo no es un competidor,
sino un enemigo al cual despreciar.

FÚTBOL VENDO,
FÚTBOL COMPRO,
fútbol alquilo,
fútbol, fútbol ofrezco.

Y se imprimen millones de figuritas,
y le sigues el juego en las apuestas,
y sueñas con ser millonario,
y luego todo tu dinero lo pierdes...
¡Y me río en tu cara de tu idiotez!

El fútbol es un maldito depresor,
y cuando, frustrado, te amargas,
rompes tu televisor.
El país se hunde en la inflación y la desolación,
y eso no importa
porque viene del mundial la transmisión.
Las deudas te ahogan, los impuestos te asfixian,
pero gastas hasta lo de la comida por alentar.
Histeria colectiva por unas pelotas,
te pones como loco por veintidós idiotas.

Idolatría barata por un muñeco de barro,
falsos altares de tu inútil adoración.
Casas de juego devorando tu sueldo mensual,
barras bravas destrozando el mobiliario vial.
en donde manifiestas tu brutalidad,
en ese trofeo a la desilusión
que viene en cada partido,
que da la ocasión de gritarte
por toda esta sinrazón.

Camarón que se duerme,
se lo lleva la corriente;
camarón que se duerme,
se lo lleva la corriente. 

 

 

Me reclamo poeta satírico; oficio que aprendí de Sofocleto y que hoy ejerzo frente al televisor.