BBC Culture*
Después de casi 1.000 años, la icónica obra de arte regresa desde Normandía, Francia, a Inglaterra, donde fue hábilmente confeccionada en la década de 1070, y a partir de septiembre será exhibida en el Museo Británico.
Es una obra que representa una versión medieval de la actual manosfera digital: una ideología y un mundo centrados en la hipermasculinidad y en las experiencias de los hombres. Y un mundo donde el tamaño importa.
Son las contribuciones masculinas las que ocupan el centro de la sociedad del siglo XI que retrata el tapiz. Un tercio de sus hombres están armados, mientras que otros se dedican con vigor a la tala de árboles, la construcción de embarcaciones y la edificación. Un leñador, montado sobre un tronco, prepara su hacha, mientras cazadores agitan grandes garrotes sobre sus cabezas mientras persiguen a su presa.
Todo ello contribuye a transmitir la atmósfera cargada que precede al enfrentamiento entre dos machos alfa: Guillermo, duque de Normandía, y Harold Godwinson.
Esta sugerente exhibición de machismo revela una sociedad medieval hecha por y para hombres, donde la violencia resuelve disputas y el humor de camaradería masculina sirve para sumar puntos políticos. Saqueadores armados arrasan Hastings, y los soldados caídos en el margen inferior son desnudados de sus armaduras, al igual que Harold, muerto encima de ellos, es despojado de su derecho real.
Si hay un motivo recurrente en esta icónica obra, es el pene. En 2018, George Garnett, profesor de historia medieval de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, contó en el tapiz 93 ejemplares, la mayoría en estado de erección. Ochenta y ocho pertenecían a caballos y otros cinco a hombres, mientras que una vaina colgante (que él descarta) provocó un considerable debate en los círculos académicos.
En la historia del tapiz sobre un trono disputado, la virilidad se equipara al poder y el apéndice más grande y orgulloso, señala Ramírez, "pertenece al magnífico semental que le es presentado a Guillermo en la víspera de la batalla".
El segundo lugar corresponde a la montura del rey Harold, "lo que implica que es un rival digno".
"El uso de genitales masculinos, ya sean humanos o equinos", añade, es una "forma abreviada de representar el machismo político en el contexto de la transición al nuevo mundo anglonormando en la Inglaterra medieval".
Si las mujeres desempeñan un papel menor en el tapiz, es principalmente porque "la narrativa gira en torno a la acción masculina", explica a la BBC la doctora Emily Joan Ward, profesora de historia medieval en la Universidad de Edimburgo, en Reino Unido.
"Se trata en gran medida de representaciones de hombres activos militarmente y, en esas escenas de batalla, no esperaríamos ver mujeres".
Si la proporción de una mujer por cada 100 hombres en el tapiz sigue pareciendo desequilibrada, la explicación puede encontrarse en quién fue el destinatario de la obra.
"Los intentos de Guillermo por reforzar la legitimidad de su reclamo al trono a través de la línea femenina podrían haber hecho que el diseñador o el patrocinador (del tapiz) evitaran llamar la atención sobre una reivindicación tan frágil".
Las mujeres que aparecen en la historia central sirven sobre todo para lo que Monk denomina "puntuación emocional". La reina Edith, una figura de gran influencia en la política cortesana, seca sus lágrimas con su velo mientras su esposo, Eduardo el Confesor, da sus últimos suspiros; y una mujer y su hijo huyen mientras gigantescos soldados normandos incendian sin mayor preocupación su hogar.
Más allá de las extrañas expresiones y proporciones, se trata de una escena que nos recuerda, dice Ward, "que la guerra no es solo un acontecimiento dominado por hombres, no es solo lo que ocurre en el campo de batalla".
Ward hace referencia a la historiadora Catherine Karkov, quien señala que las mujeres en la franja principal aparecen en momentos de cambios en las relaciones de poder. "Si lo interpretamos de esa manera", comenta Ward, "les otorga un papel bastante poderoso dentro del tapiz".
En el borde inferior, una mujer se aparta de un agresor sexual, que se cree era su padre. Más adelante, en el borde superior, dos mujeres desnudas que gesticulan hacia hombres desnudos se asocian con las historias de una seductora y una prostituta que utilizaron sus cuerpos para engañar, insinuando así el juramento incumplido de Harold.
Falta la hija de Guillermo, Agatha de Normandía, quien fue ofrecida a Harold como parte de un acuerdo vinculado a la corona. Ward señala que vemos la impresionante nave capitana de Guillermo, el barco más grande y rápido de la flota normanda, llamado Mora, pero no vemos a su formidable esposa, Matilde de Flandes, quien financió la embarcación para facilitar el éxito militar que la convertiría en reina.
Sin embargo, una misteriosa figura encapuchada sí recibe una mención: Aelfgyva. Un sacerdote aparentemente depredador, vestido con una capa verde, extiende la mano hacia su rostro, mientras que en el borde un hombre desnudo con genitales descomunalmente grandes imita su postura. Las teorías sobre quién es ella y por qué está allí son numerosas.
La propuesta del doctor David Musgrove, coautor de The Story of the Bayeux Tapestry (2026 - La historia del tapiz de Bayeux), de que el acoso sexual por parte del sacerdote estaría siendo denunciado en "un momento Me Too medieval", resulta convincente.
Otros han sido más despectivos. Como comentó un historiador del siglo XX: "Como no aporta nada a la historia, salvo un momento de confusión, nos hemos sentido justificados al omitirlo".
Así como los monjes insertaban ilustraciones en los márgenes de los manuscritos, es posible que a las bordadoras se les permitiera cierta libertad creativa para incluir estos comentarios crípticos sobre la historia principal. "Sin duda trabajaban siguiendo un diseño", dice Monk a la BBC. "Pero eso no significa necesariamente que fueran simples ejecutoras de la voluntad de otra persona, ni que cada detalle estuviera dictado".
"Quizás sea imposible responder estas preguntas, pero al menos deberían hacernos reflexionar sobre el hecho de que el tapiz de Bayeux solo existe gracias al trabajo hábil e inteligente de las mujeres".
Fue la sensibilidad victoriana la que finalmente atenuó parte del machismo original del tapiz.
En una réplica fiel, creada en 1885 por un grupo de 35 mujeres pertenecientes a la Leek Embroidery Society (actualmente expuesta en el Museo de Reading), los ejércitos que avanzan siguen estando compuestos por hombres, pero los desproporcionados atributos de los caballos desaparecieron. No sorprende que el hombre desnudo de los bordes que imitaba al sacerdote con sus enormes genitales aparezca en la nueva versión usando pantalones cortos.
Lo más importante, sin embargo, es que al incorporar un borde adicional donde cada bordadora cosió su nombre, la versión de 1885 rindió homenaje a sus creadoras y reafirmó una presencia femenina.
Como señala Ramírez: "Mientras nadie pensaría en hablar de 'La noche estrellada' sin mencionar a Van Gogh… muy pocos comienzan a hablar del tapiz de Bayeux pensando en las mujeres que lo hicieron".











