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jueves, 5 de noviembre de 2026

Quiénes fueron los millones de europeos que emigraron a América Latina tras la Independencia (y por qué se fomentó su llegada)

Millones de europeos llegaron a América Latina desde mediados del siglo XIX
 

 

Por Gonzalo Cañada

BBC News Mundo

 

Es 11 de agosto de 1883 y el barco mercante 'Mendoza' está entrando en el puerto de Buenos Aires, Argentina. A bordo, cientos de pasajeros se asoman a las barandillas con una mezcla de curiosidad, temor y esperanza.

Hace un mes que salieron desde Nápoles y, a su llegada al puerto, completan el pertinente registro: Francesco Scola, 23 años, jornalero; Nicoleta Calafiori, 31 años, costurera; Giovanni Quaranta, 27 años, herrero,... y así un sinfín de recién llegados.

Los datos de Francesco, Nicoleta o Giovanni, que conocemos gracias al Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), son solo tres ejemplos de los cientos de migrantes que llegaron cada semana, durante ocho décadas, a la capital argentina provenientes del otro lado del Atlántico.

Pero el caso bonaerense no era aislado, ya que, desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, millones de europeos cruzaron el océano con destino a multitud de ciudades por todo el litoral latinoamericano.

"La utilización del pasaporte como instrumento de control fronterizo llegó a raíz de la Primera Guerra Mundial. Antes era un mundo con gran libertad de migración, de movimiento", cuenta a BBC Mundo Chiara Pagnotta, historiadora en la Universidad de Barcelona.

Migrantes italianos llegan al puerto de Buenos Aires, Argentina, alrededor de 1910.
 

Las primeras décadas del siglo XIX trajeron consigo la formación de numerosas repúblicas por toda América Latina en los territorios que hasta entonces habían formado parte de los imperios español y portugués.
 
Una vez establecidos, estos nuevos estados fueron poniendo en marcha sus cimientos políticos, económicos y sociales. Sin embargo, varios de ellos contaban con un obstáculo: no tenían suficiente población para exprimir todo su potencial de crecimiento.


"Gobernar es poblar"

En lugares como Argentina o Uruguay, que contaban con las materias primas necesarias para convertirse en países mucho más prósperos, no existía la fuerza laboral suficiente para llevarlo a cabo. Por lo que la solución de estos nacientes países fue importar población.

Un ejemplo es la famosa expresión "Gobernar es poblar", del intelectual, político y diplomático argentino Juan Bautista Alberdi, quien fue clave en la configuración de la Constitución Argentina de 1853.

Así es como, desde mediados del siglo XIX, infinidad de barcos como el 'Mendoza' fueron llegando a los puertos de toda Latinoamérica cargados de migrantes en busca de un futuro mejor.

"Había grandes facilidades para que los migrantes procedentes de Europa se instalasen en estos países, pero había bastantes menos opciones y posibilidades para que migrantes de países vecinos, sobre todo indígenas y mestizos, pudieran instalarse", cuenta Carlos Malamud, catedrático de Historia de América en la UNED.
 
Una familia italiana de migrantes en Mendoza, Argentina, a principios del siglo XX
 
 
Más concretamente, el perfil buscado por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos eran migrantes de Europa Central y del Norte. Es decir, aquellos provenientes de países como Francia, Alemania o Reino Unido, los cuales se consideraban más avanzados, según los baremos de la época.

Sin embargo, precisamente por las mejores condiciones de vida en aquellos lugares, sus ciudadanos contaban con menos incentivos para migrar. Por lo que los ocupantes de aquellos barcos que cruzaban el Atlántico acabaron siendo mayoritariamente europeos del Sur… es decir, españoles, italianos o portugueses.

Si bien fueron los más numerosos, no solo fueron europeos los que llegaron a las costas de América Latina durante aquellas décadas. En la costa americana del Pacífico, miles de chinos fueron a trabajar en plantaciones, minas o construcciones en países como Perú, Chile o México.

O miles de sirios o libaneses, quienes hasta la Primera Guerra Mundial llegaban a América Latina portando el pasaporte otomano y que eran comúnmente conocidos como "turcos".
 
 
Jóvenes y golondrinas

Más allá de nacionalidades, el perfil entre los recién llegados tenía un denominador común: jóvenes en edad de trabajar, muchos de ellos solteros -aunque los había también que llegaban con la familia al completo- y mayoritariamente de origen rural, básicamente campesinos.

Teniendo en cuenta la realidad actual, puede sorprender a muchos el hecho de que, durante unas ocho décadas, millones de personas dejaran Europa para buscar una vida mejor en América Latina. Pero había razones para ello.

Con el avance de la revolución industrial, el campesinado europeo se fue empobreciendo, sobre todo en los países del Sur. En su búsqueda de mejores salarios y condiciones laborales, América Latina se convirtió en una opción muy atractiva para estos campesinos.

"Los países latinoamericanos entraron en el sistema mundial como países primarios, básicamente de productos agrícolas, productos derivados de la ganadería…", explica Pagnotta. Como Europa demandaba estos productos, América Latina se convirtió en una importante región exportadora.

La misma revolución industrial que perjudicó al campesinado europeo, facilitó, sin embargo, su viaje al otro lado del Atlántico. En aquella época se produjo un enorme desarrollo de los medios de transporte, lo que aceleró los tiempos de llegada hasta América Latina. Un barco mercante con pasajeros tardaba algo más de un mes en cruzar desde Europa.
 
Un grupo de migrantes se entretiene con un juego en el Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires
 
 
Había quienes llegaban con la familia a cuestas y con la convicción de asentarse en los nacientes países latinoamericanos. Otros, sin embargo, viajaban por temporadas y eran conocidos como migrantes golondrina. Generalmente eran italianos y españoles, que iban a América Latina para el periodo de cosecha, ganaban un buen dinero y luego regresaban a Europa. Y algunos repitieron este viaje de ida y vuelta varias veces.

Otra variable que influía en los recién llegados, era si conocían a alguien en el lugar de destino o si, por el contrario, estaban solos. Los primeros tenían la fortuna de que algún amigo o familiar ya había emigrado a ese lugar y podía acogerlos durante los primeros días o semanas.

Los que no contaban con esa ventaja, solían recibir el apoyo del gobierno local. Un ejemplo fue el llamado Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires que asistió a miles de ellos durante las primeras décadas del siglo XX.

Este funcionaba como alojamiento para los recién llegados, mientras encontraban un empleo y un lugar al que desplazarse. Incluso algunos migrantes recibían allí una formación para el trabajo agrario, que era el destino más común para quienes no certificaban tener otro oficio.
 
 
Multiplicar la mano de obra

Aunque los migrantes europeos se repartieron por toda América Latina, algunos países fueron el destino más habitual.

El caso más notable seguramente es el de Argentina. En los ochenta años que engloba este gran proceso migratorio del que hablamos -la segunda mitad del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX-, se instalaron unos cuatro millones de europeos en Argentina.

Tal fue la influencia de su llegada, que si en 1850 tenía una población de 1,1 millones de habitantes, para 1930 había llegado casi a los 12 millones.

Un caso similar es el de Uruguay, donde se instalaron unos 600.000 europeos, pasando en este mismo periodo de 132.000 habitantes a casi 1,6 millones.

O en Brasil, donde se instalaron 2 millones de europeos y su población pasó de 7 a 33 millones. Sin olvidar países como Cuba, República Dominicana o El Salvador, donde la influencia migratoria fue también muy reseñable. 
 

 
Argentina, Brasil, Uruguay o Cuba demandaban mucha mano de obra, porque tenían un gran potencial exportador de materias primas. Azúcar y tabaco en Cuba, café en Brasil, o cereales y carne en Argentina y Uruguay.

Sin embargo, otros países exportadores, como era el caso de México o Perú, no necesitaban tanta mano de obra. Los expertos lo achacan a que estos estados contaban con una gran población de base indígena.

Además, "la política de atracción de mano de obra europea se sitúa en un momento en el que se estaba aboliendo la esclavitud en todos los países latinoamericanos. Por ejemplo, los italianos en el estado de Sao Paulo (Brasil) fueron a sustituir, sobre todo, la mano de obra esclava recién liberada", explica Pagnotta.

Como antes mencionamos, los grupos más numerosos eran los españoles, portugueses e italianos.

La preferencia de los dos primeros por América Latina tiene mucho que ver con el idioma compartido, que hacía más fácil su integración. Sin embargo, el caso de los italianos, es más particular, ya que aunque muchos emigraron también a Estados Unidos, fueron a su vez el grupo de migrantes más numeroso en países como Argentina o Brasil.
 
 
¿Amenaza o 'blanqueamiento'?

La determinación de los gobiernos latinoamericanos por atraer a estos migrantes provocó que se implementaran diferentes políticas que hicieran más fácil su atracción. No solo era importante que llegara mano de obra, sino también que se integrara en aquellas sociedades.

Como se buscaba que muchos de los recién llegados se dedicaran a trabajar el campo, los gobiernos solían poner facilidades para adquirir tierras o, incluso, a veces se les cedían en calidad de "colonos".

Pero como muchos de los deseados migrantes no llegaban solos, era necesario también pensar en sus familias. De ahí que se les prometía una educación libre y gratuita para sus hijos, algo que facilitaba la integración.

Eso sí, la llegada de millones de europeos no fue percibida igual por todos en América Latina.
 
Migrantes italianos juegan al juego de las bochas en Argentina
 
 
"Había sectores más populares que veían la migración como una gran amenaza por la competencia por los puestos de trabajo. Había también sectores mucho más encumbrados, bien cultural o socialmente, que veían en la emigración un riesgo para la homogeneidad de las sociedades, es decir, la homogeneidad étnica, la homogeneidad cultural, etc", explica Malamud a BBC Mundo.

Pero incluso había otros "para los que esto era una gran oportunidad porque, desde un punto de vista racial, veían en la emigración, sobre todo europea, la gran oportunidad de 'blanquear' la sociedad frente al peso que tenían indígenas y mestizos".

Esta última visión fue incluso promovida por varios gobiernos en América Latina.

Es el caso, por ejemplo, de la Constitución argentina de 1853, que incitaba la inmigración específicamente europea. O la ley de inmigración de 1912 en República Dominicana, que manifestaba la preferencia por la "raza caucasiana".
 
 
Poblar las fronteras

Aunque algunos migrantes optaron por quedarse a vivir en las principales ciudades, la mayoría se trasladaron a las zonas rurales para trabajar en el campo.

Y los gobiernos latinoamericanos incentivaron principalmente que estos migrantes se mudaran a las zonas rurales… de las fronteras.

"Las fronteras latinoamericanas se consolidaron concretamente en el siglo XIX. Todas las guerras de frontera, la guerra del Pacífico, la guerra del Chaco, la de la Triple Alianza, son guerras por el control del territorio y de sus recursos. Y en esta batalla, colocar a un 'muro poblacional' en las zonas fronterizas era muy importante", señala Pagnotta.

Aunque en estas regiones limítrofes solían vivir ya poblaciones indígenas, que en muchas ocasiones fueron forzadas a desplazarse hacia el interior del país.
 
Miles de agricultores alemanes migraron a América Latina tras la Primera Guerra Mundial
 
 
El gran periodo migratorio se ralentizó durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), aunque el fin del conflicto incentivó la llegada de algunos grupos. Es el caso, por ejemplo, de miles de agricultores alemanes que migraron a América Latina tras la guerra huyendo de la pobreza.

Pero si hay una fecha con la que puede ponerse el cierre a esta gran etapa migratoria hacia América Latina coincide con la Crisis de 1929 o Gran Depresión.

Esta crisis financiera, que ocasionó un grave deterioro de la economía a escala mundial, provocó también que América Latina redujera su nivel de exportaciones. Mientras que ocho décadas antes la región necesitó de una mayor mano de obra, en la década de 1930 la demanda se redujo considerablemente.

Incluso algunos migrantes acabaron regresando a sus países de origen, como es el caso de los llamados "indianos", españoles que regresaron a su país tras hacer fortuna en América.

A pesar de considerar ese momento como el final del gran periodo migratorio de europeos hacia América Latina, el proceso no se detuvo aquí. Por ejemplo, en los siguientes años, miles de europeos, muchos de ellos judíos, llegaron huyendo del nazismo.

A su vez, tras terminar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), miles de nazis o colaboradores del Tercer Reich también escaparon a Sudamérica, muchos de los cuales nunca fueron llevados ante la justicia.

Los millones de personas que abandonaron Europa desde mediados del siglo XIX acabaron transformando la demografía, la cultura, la lengua y las costumbres de América Latina.

Un proceso repetido a lo largo de la historia por todo el mundo, que simplemente ha ido cambiando el lugar de origen y el de destino, porque, como dice Carlos Malamud, "las migraciones son tan viejas como la humanidad".

 
Mapa por Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo.
 

 

lunes, 22 de junio de 2026

"Cortita y al pie", "pecho frío" y otras expresiones cotidianas que vienen del fútbol

 


Por Alicia Hernández
BBC News Mundo

 

Tener a alguien en el banquillo, que no te paren bola o den pelota, sudar la camiseta, que alguien sea canchero o pecho frío.

Espero no hayas quedado en orsai o fuera de juego con estas expresiones que provienen de un deporte que se practica en casi todos los rincones del mundo: el fútbol.

Desde finales del siglo XIX se empezó a jugar en América Latina y, con su expansión, también se regaron un montón de palabras y expresiones presentes en estos días de locura futbolera por el Mundial, pero también todo el año en general.

La mayoría son préstamos lingüísticos provenientes del inglés, es decir, son anglicismos. Y aunque en su día fueron neologismos -palabras nuevas-, hoy están más que incorporadas en nuestro día a día.

Por ejemplo, la palabra "fútbol" aparece documentada por primera vez en 1902 en un artículo publicado en la revista Los Deportes de Barcelona, según recoge el Diccionario histórico de la lengua española. Es un préstamo lingüístico del inglés "football", que a su vez se registró por primera vez nada más y nada menos que en 1409, escrito "foteballe" en ese entonces.

"Gol" es otro anglicismo. Proviene de "goal" y en la acepción recogida en 1531 se refería al punto final de una carrera o un marcador que indica dicho punto, según aparece en el Oxford English Dictionary.

Otras palabras o expresiones son más complejas para rastrear su origen y, en ocasiones, se dicen y significan prácticamente lo mismo en varios países hispanohablantes.

 

La expansión del deporte y sus expresiones

Hay dos etapas clave para entender cómo los términos del fútbol se han extendido en el habla.

El primero llega precisamente con la popularización de esta práctica deportiva, a finales del siglo XIX.

El que se cree que es el primer club de la región fue el Lima Cricket y Football Club, creado en Perú en 1859, seguido del Montevideo Cricket Club en Uruguay, en 1861, y el Club Mercedes de Argentina, que surgió en 1875.

Todos los nuevos deportes, y en particular el fútbol, "traían consigo toda la terminología ligada a ellos. Cada reglamento introducía nuevos conceptos, que fueron designados con vocablos procedentes de la lengua que introducía el deporte, habitualmente el inglés", explican Alfredo Luis Blanco y Mariano Santacecilia en la investigación "Neologismos en el lenguaje deportivo" publicada en el Instituto Cervantes.

Por ejemplo, lo que conocemos como "juego limpio", que en la vida cotidiana ha derivado en alguien que hace las cosas bien, sin malas mañas, originalmente proviene del "fair play". La expresión pertenece a las llamadas "13 leyes del juego" que en 1863 estableció el abogado victoriano Ebenezer Cobb Morley para reducir la violencia en las canchas.

 
Ebenezer Cobb Morley, creador del concepto "fair play" o "juego limpio". 
 
 
Si de esa época son vocablos como "gol", "córner" o "derbi", de una segunda etapa de expansión -impulsada por las retransmisiones por radio y luego televisión- derivaron expresiones como "tener a alguien en el banquillo" o "ponerse la camiseta" para situaciones de la vida cotidiana.

Más adelante también quedarían otras expresiones que, más que del juego, las dijeron futbolistas o entrenadores y quedaron para siempre en el acervo cultural de los hispanohablantes. Porque, ¿quién no recuerda el famoso "me cortaron las piernas" de Diego Maradona en el Mundial de Estados Unidos de 1994 o el "perdimos porque no ganamos" de Ronaldo?

 

Algunas expresiones en español

A lo largo de toda América Latina y España hay multitud de expresiones que provienen del fútbol. Algunas se dicen igual en casi todos los países, con pequeñas variaciones, y otras son adaptaciones propias.

Son muchísimas, así que aquí recogemos algunas de ellas.

Canchero. Para algunos es una persona hábil, diestra, mientras que para otros es alguien desenvuelto, seguro de sí mismo. Esta palabra viene de "cancha", palabra que designa el terreno de juego y que a su vez viene del vocablo quechua "kancha", que en el imperio inca se usaba para designar a un recinto plano y amplio.

Clavarla al/en el ángulo. Cuando alguien hace algo a la perfección o logra una meta con mucho acierto o contundencia. Por ejemplo, imagina que presentas un proyecto en tu trabajo y lo haces super meticuloso, y tus jefes quedan encantados. Ahí la clavaste al o en el ángulo.

Colarle a alguien un gol por la escuadra. Marcar un gol de este tipo suele ser de los más complicados y necesita precisión, una curvatura específica y, claro, engañar al portero. Y justo de esta última parte deviene la expresión, que se refiere a embaucar a alguien o sacar ventaja de algún tipo de modo astuto, sin que apenas la persona se dé cuenta o que, cuando suceda, ya sea demasiado tarde.

Colgar los botines/botas/tacos/guayos. Es dejar de jugar al fútbol y, en la vida, retirarse o jubilarse de aquel trabajo o actividad que desempeñábamos.

Cortita y al pie. Si no sabes jugar al fútbol -como la que escribe este artículo-, si te hacen un pase de pelota complicado, seguro que pierdes la pelota. Tanto tú como yo necesitamos que nos pasen la pelota cortita y al pie. Es decir, de forma sencilla, directa y segura, como espero haya sido esta explicación.

Dejar a alguien en la banca/el banquillo. El banquillo es ese lugar en el que nadie quiere estar, porque lo chévere es participar y estar activo, tanto en el juego, como en la vida. Puede significar tanto que te dejan apartado como mantenerte en un estado en el que no juegas, pero estás pendiente por si te llaman, estás en un segundo plano. Puede aplicarse en ámbitos laborales y también en relaciones, cuando alguien no está del todo interesado en ti, pero te mantiene ahí, en el banquillo, por si acaso.

Dejarla picando. Es cuando dejas la pelota fácil, solo para que otro jugador aproveche la ocasión y lance para hacer gol. En varios países, como Argentina o España, significa lanzar alguna información para que otra persona lo capte o cuando dejas todo listo y la otra persona solo necesita hacer un pequeño esfuerzo para terminar una tarea.

Echar balones fuera. Imagina esto: un equipo está en su área de juego bajo presión del contrario y quiere salir rápido de esa situación. ¿Qué puede hacer? Lanzar el balón fuera del campo. Se detiene el juego, ganan tiempo, se aleja el peligro de modo temporal y el equipo puede reorganizarse. Pues similar es cuando llegas a alguien, le preguntas por su responsabilidad en un asunto y culpa a otro… Está echando balones fuera.

Meterse un autogol/gol en contra. ¿Qué es lo peor que te puede pasar en un partido? Después de perder, está el colar un gol en propia puerta, un error total. En la vida es eso mismo: alguien que hace algo o toma una decisión que le perjudica. Es similar al "esto es cuchillo pa' mi pescuezo" o "tirarse piedras en su propio tejado".

No cazar un fulbo. Con esta expresión tan rioplatense nos vamos hasta el final del siglo XIX, cuando nace el lunfardo, una jerga popular que hablaban las clases populares de Buenos Aires y Montevideo, mezcla del habla del lugar con lenguas de los migrantes. Así, "fulbo" significa "pelota", por lo que no cazarla era no hacerse con el balón en la cancha. Luego pasó a ser una persona que no entiende nada, lo cual sentirán algunos argentinos y uruguayos más jóvenes que pueden desconocer esta frase, hoy casi en desuso.

No parar bola/dar bola. No estar atento, pero también no prestarle atención a alguien. Aunque en este caso, no está claro si la expresión proviene del fútbol, del béisbol o del billar.

Pecho frío. El término nace en Argentina, pero se dice en otros países, como en Colombia. En origen se usa para referirse a un hincha que no lo da todo para animar a su equipo o a un futbolista sin ganas, que no juega con pasión. Nació cuando en 1987 Jorge Raúl "El Indio" Solari, entonces director técnico del Newell's Old Boys de Rosario, acusó a los aficionados de su propio equipo de ser eso. Si te encuentras con alguien con poca entrega y voluntad, que sepas que estás ante un pecho frío.

Sudar/ponerse la camiseta. Si ves que un jugador durante un partido tiene la camiseta impoluta, puede ser por varios motivos: o tiene anhidrosis -una condición por la que no se suda ni siquiera en altas temperaturas-, o porque no está jugando nada de nada. Así que, si alguien transpira la camiseta es porque se está esforzando en el juego, lo da todo por el equipo. Y eso ocurre en el campo de juego y también, por ejemplo, en el trabajo.

Quedar en orsai/fuera de juego. La primera es una expresión también del lunfardo y proviene de la adaptación del inglés "offside". Posiblemente sea una de las reglas del fútbol que más cuesta entender y explicar, pero basta con decir que es una posición reglamentariamente nula para poder atacar. Así que, cuando fuera de la cancha quedas en orsai o fuera de juego, quiere decir que estás desubicado, fuera de lugar, en situación complicada o apartado.

Un gol de media cancha/campo. Solo imagina lo que es eso. La tremenda audacia que es, desde la mitad del campo de fútbol -que mira si son bien grandes-, meter un gol. Es una acción ventajosísima, un gran éxito, algo inesperado, un acierto que nadie vio venir. Pues exactamente igual cuando te pasa algo en la vida así, sin verlo venir.


Fuente: Cortita y al pie

 

Lunfardo: jerga empleada originalmente por la gente de clase baja de Buenos Aires, parte de cuyos vocablos y locuciones se introdujeron posteriormente en el español popular de la Argentina y Uruguay. DLE RAE