El famoso pintor Pablo Picasso tenía invitados a comer en su casa del sur de Francia. Uno de ellos, mirando a su alrededor, comentó:
—Veo que no tienes Picassos en las paredes, Pablo. ¿No te gustan?
—Todo lo contrario —contestó el pintor— me gustan muchísimo. Lo que pasa es que no puedo darme el gusto de tenerlos. Resultan demasiado caros.
—¿Se refiere usted a todos los altos funcionarios de la embajada, señor embajador?
—A todo el mundo—respondió el diplomático.
—Es decir los altos funcionarios y el resto del personal administrativo ¿no? —insitió el ayudante.
—Cuando digo todo el mundo, quiero decir todo el mundo —vociferó Hill.
Cuatro días después, más de 500 empleados, electricistas, choferes y taquígrafas alternaban con los altos funcionarios y agregados diplomáticos y se divertían de lo lindo en la fiesta de la embajada.
—¿Cómo encontró usted la carne? —le preguntó el camarero a un cliente que cenaba en el distinguido restaurante.
—Por casualidad, cuando retiré la ensalada.
Parábola de la Educación
Parábola que relató William Cunningham, consejero del gobernador de California, George Deukmejian.
Iba un hombre caminando por el desierto, cuando oyó una voz que le dijo: “Levanta algunos guijarros, mételos en tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento”.
Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo: a la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas. Y se sintió feliz y triste. Feliz, por haber cogido guijarros; triste, por no haber cogido más.
Lo mismo ocurre con la educación.
Una mujer se ocupaba en llevar su propio divorcio en un tribunal. El juez revisó con ella la petición de divorcio, punto por punto, y anotaba la información que ella no había incluido. Todo fue bien hasta que llegaron a un espacio en blanco.
—¿Está usted embarazada? —preguntó el juez.
—No.
—No se preocupe usted. También solucionaré eso.
En mi trabajo como ayudante de un pediatra, suelo desvestir y pesar a los niños para que el médico los examine. Un día, llegó acompañado de su madre un niño como de cinco años. El pequeño se aferraba con una mano a la de su madre, pero, con el auxilio de ella, logré que tomara mi mano y lo llevé de la sala de espera al consultorio y le dije:
—Ahora, nos quitaremos la ropa y veremos cuánto pesamos.
El muchachito soltó mi mano y se quedó inmóvil, al tiempo que replicaba:
—Empiece usted. Yo no quiero.
Algo es Algo
Mi amiga y su esposo, Marvin, estaban de visita en casa de la madre de él. La señora empezó a hacer reminiscencias de su boda, celebrada hacía 50 años y, muy orgullosa, les mostró los regalos que recibió en aquella ocasión y que había conservado desde entonces.
—¡Es asombroso!, comentó mi amiga. ¡Lo único que me queda de mi boda es Marvin!
Conversación entre dos amigas:
—Cuando mi esposo trabaja deja a todo el mundo con la boca abierta.
—¿De veras? ¿A qué se dedica?
—Es dentista.
El Verdadero Motivo
Dos vecinas mías tomaban una taza de café.
—El otro día —dijo una— le comenté a mi marido que aun después de veinte años de matrimonio tu esposo sigue siendo un caballero. Siempre lo veo salir del auto, dar la vuelta hasta tu lado y abrirte la portezuela.
—Lo que ignoras es que, cada vez que lo hace, promete que al día siguiente mandará reparar la maldita manija de la portezuela, aunque sea lo último que haga en la vida.
Definiciones que no están en el Diccionario
Absurdo: Opinión que manifiestamente se opone a la nuestra. —Ambrose Bierce
Crédito: El sistema que nos permite vivir como viviríamos si pudiéramos. —Doug Larson
Humildad: Cualidad que perdemos en cuanto creemos tenerla. —E.D. Hulse
Paciencia: La virtud que más se necesita precisamente cuando se agota. —Alfredo La Mont.
Reloj: Instrumento para conocer la magnitud de nuestra impuntualidad. —Pedro F. Miret
Cuando entre los créditos de la película Land of Pharaohs (Tierra de Faraones), de Howard Hawks, apareció el prestigiado nombre de William Faulkner, los cinéfilos se preguntaron cuál habría sido la participación del gran escritor norteamericano. En su libro Hollywood on the Nile (Hollywood en el Nilo), Noel Howard, que era ayudante de dirección de Hawks, dice que fue una bagatela:
Una mañana, Faulkner, tras cuatro meses de trabajo, le dio al guionista Harry Kurnitz una hoja de papel. En la mitad de la página había escrito: “La construcción de la pirámide de Keops ha tardado 15 años. El faraón al visitarla, llama al capataz y le pregunta: Bueno, amigo, ¿cómo va la obra?”.
Liberátion (París)
Un turista preguntaba a un campesino si era posible alcanzar el tren de las 3 tomando un atajo en el campo.
—Sí, claro. Y si el toro lo ve, quizá hasta alcance el expreso de las 2.
Hablan dos padres amigos:
—¿Qué carrera me aconseja para mi hijo? ¡Es un muchacho lleno de promesas!
—En ese caso, dedíquelo a hacer propaganda electoral.
El Caribe, Santo Domingo
Al salir del Teatro Royal Shakespeare en Strafford-on-Avon después de una representación de As You Like It (Como Gustéis), oí una voz entre un grupo de visitantes extranjeros:
—Magnífica, ¿no te pareció? Y me dicen que fue escrita por un tipo de aquí.
—Normal —respondió Hannah.
—S.L.
Una zapatería en Texas ofrecía un bistec gratis a cualquier dama que fuera capaz de elegir su calzado en sólo diez minutos.
Regla Gastronómica
Regla de Oro al leer la minuta en un restaurante: Lo que no puedes pronunciar, no lo podrás pagar.
A la hija de unos amigos nuestros, que anda por los 10 años, le pidieron en la escuela redactar una composición sobre “Lo que quiero ser de grande”. Ella escribió: “Quisiera tener dos hijos y casarme con un hombre muy guapo”.
Al devolverle el ejercicio, se encontró con una anotación de la profesora: “Procura que los acontecimientos vayan en su debido orden”.
Después de llevar cuatro días atendiendo a los pasajeros que volaban de Nueva York a Florida, dos azafatas mostraban señales de cansancio. Un pasajero entusiasta les pidió:
—Sonrían, por favor.
A pesar del cansancio, una de ellas respondió amablemente:
—Sonría usted.
Y el pasajero obedeció, pero su expresión cambió cuando la joven añadió:
—Ahora, quédese así durante doce horas.
El mariscal de campo lord Montgomery era una de las pocas personas que podían encararse con un taxista londinense. Una tarde detuvo un coche de alquiler que pasaba.
—¡A Waterloo! —ordenó.
—¿La estación? —preguntó impertinentemente el chofer.
—¡Por supuesto! —replicó Monty echando una ojeada a su reloj— Ya es un poco tarde para la batalla.
—J.A.
La mariposa ocupa el segundo lugar entre las cosas aladas más bellas. El primero corresponde al dinero. —O.C.C.
Oficio Peligroso
Estaba yo en fila ante una ventanilla de la oficina de correos, y trabé conversación con un sujeto que venía a mis espaldas. Me preguntó en qué trabajaba, y le contesté que era apicultor.
—Pero, ¿cómo puede usted desempeñar un oficio tan peligroso —inquirió—; ¿no tiene miedo de que las abejas lo maten?
Me reí, y le dije que la apicultura no era más peligrosa que cualquier otra ocupación. Después en el curso de la conversación, me contó que venía con el circo recién llegado a la población.
—Y en el circo ¿qué hace usted?
—Soy el domador de los leones.
La adolescente, a una amiga: “No sólo me ha roto el corazón y ha arruinado mi vida, sino que me echó a perder la fiesta”.
—G.B.
Clare Boothe Luce relató la ocasión en que la sobrepasaron en ingenio:
Cuando mi obra teatral The Women (Las Mujeres) fue todo un éxito en Londres, me atreví a pedir a un amigo mío que me presentara a George Bernard Shaw, a quien mucho admiraba. Repasé mentalmente lo que le diría, pero, al entrar yo en el estudio del famoso escritor, hizo caso omiso de mi persona tanto tiempo, que olvidé mi preparado discurso. Sólo acerté a decirle nerviosamente:
—Señor Shaw, si no fuera por usted... pues... no estaría yo aquí.
El dramaturgo me miró a los ojos y replicó:
—¿De veras? Y su madre, ¿cómo se llamaba?
—S.B.C.
—Está al teléfono un señor que desea entrevistarlo sobre el secreto de su éxito —avisa la secretaria a su jefe por el altavoz.
Largo silencio; luego, el funcionario pregunta:
—¿Periodista, o policía?
—N.S.
Así, Sí
En la junta de padres de padres de familia y maestros de la secundaria de mi hijo, no pude dejar de oír a una madre, que, frente a mí, hablaba de su hija. Los comentarios del maestro acerca de la muchacha eran favorables, pero terminó observando que le costaba trabajo hacer que ella hablara en clase. Después de reflexionar un momento, comentó la madre:
—Supongo que no hay manera de colocarle cerca un teléfono.
Respóndame a Esto
—¿De qué sirve traer a casa el pan, si la familia quiere comer fuera todo el tiempo? —Orben's Current Comedy
—Si alguien escribe un libro titulado Cómo Fracasar y la obra fracasa, ¿debe considerársele un éxito?. —Ron Luciano y David Fisher, en The Fall of the Roman Umpire
—¿Por qué los hijos parecen crecer tan de prisa y marcharse de casa con tanta lentitud? —Orben's Current Comedy
Saludo y Despedida
En la Legión Extranjera Francesa un inglés se despedía de un legionario que regresaba a Europa después de haber cumplido su plazo de enganche.
—Cuando llegues a Londres —le decía— hazme el favor de llamar por teléfono a Joanne Littlefield, cuyo número es REgent 7-5677. Dile que la he olvidado.
—¿Qué edad tiene usted? —pregunta el juez—. Recuerde que ha jurado decir la verdad.
—Veintiún años y algunos meses —contesta la dama.
—¿Cuántos meses?
—Ciento ocho.
El director, a uno de los participantes en un programa de preguntas y respuestas:
—En 15 segundos nombre todos los objetos que usted recuerde, de los que se hacen en pares.
—Medias, zapatos, guantes,... ¡sostenes!
—L.W. en Chicago Tribune
Mi Querida Abi: Abigail Van Buren (1918–2013), fue una columnista quien en varios periódicos publicaba una sección de preguntas y respuestas, en que absolvía con las más ocurrentes soluciones las consultas de sus atribulados corresponsales.
Mi Querida Abi:
Reconozco que soy un tipo que todo lo tiene. Las mujeres me encuentran irresistible: se pasan alabando mi físico y mi personalidad, pero en realidad esto me está aburriendo un poco. ¿Qué puedo hacer para desanimar a estas pobres muchachas esperanzadas? —C. W.
Mi Querida Abi: Tengo 44 años. Me gustaría conocer a un hombre de mi edad que no tenga vicios. Rosa
Mi Querida Abi: Soy casada y tengo siete hijos, el mayor de 12 años. Hace poco he comenzado a trabajar en un hospital donde tengo que ver con los rayos X. He oído decir que este oficio podría hacerme estéril. ¿Es cierto esto? —Silvia
«Después de un día muy difícil con los niños», dice una madre joven, «me gusta salir a dar un paseo en automóvil. Me agrada tener en las manos algo que yo pueda dominar». —L.P.F.
En una feria de caridad, la escritora George Sand atendía en uno de los quioscos. Pasó por allí el barón Jacob de Rothschild, que estuvo examinando los objetos que había para la venta, y dijo luego:
—No veo nada que me guste, fuera de la sonrisa de usted. ¿No quisiera venderme su autógrafo?
En un trozo de papel escribió George Sand: “Recibido del barón Jacob de Rothschild: la suma de 5000 francos, para obras de beneficencia”.
Con un suspiro el barón pagó.
—Agence Parisienne de Presse
Respuestas Acertadas
Un joven campesino estaba llenando un cuestionario de solicitud para el empleo de reparador de líneas telefónicas. Después de haber contestado las preguntas principales llegó al espacio destinado a «Comentarios». Un buen rato estuvo pensando y al cabo escribió laboriosamente: «Hace un día muy, muy lindo». —Commercial News
A la pregunta «¿Ha sido usted detenido alguna vez?» que aparecía en el formulario de solicitud de empleo, el solicitante contestó: «No». A la pregunta siguiente: «Por qué?» contestó: «Nunca me pescaron». —D.W.
El poeta estadounidense Carl Sandburg, a instancias repetidas de algunos amigos, asistió al último ensayo de una obra muy seria escrita por un joven y aventajado dramaturgo, pero por desgracia se quedó dormido, y dormido siguió durante la mayor parte de la representación. El dramaturgo, ofendido, lo increpó días después.
—¿Cómo pudo usted dormirse sabiendo lo que me interesaba su opinión?
A lo cual Sandburg respondió:
—Joven, quedarse dormido es una manera de opinar.
Compás de Espera
Los pacientes de cierto médico tenían que hacer siempre una larga antesala para ver al facultativo, pero les sorprendió mucho que un día las revistas de la sala de espera fueran reemplazadas por novelas completas.
Una cama de hospital es un taxi estacionado, con el taxímetro en funcionamiento. —Groucho Marx
Nota.- Desde aquí ya pongo la autoría de una parte de de las anécdotas. En próximos artículos pondré la bibliografía básica de las revistas o libros porque en los primeros escritos transcritos con anécdotas olvidé colocar ese detalle.