Mostrando las entradas con la etiqueta América del Norte. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta América del Norte. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2026

Quién fue Estevanico, el esclavo africano que se convirtió en el primer gran explorador del actual EE.UU.

 


Por Eliot Stein
BBC Travel


En 1528, un hombre originario de Marruecos llegó a la costa de lo que hoy es Texas más muerto que vivo.

Había pasado el mes anterior a la deriva en el Golfo de México junto a un grupo de marineros españoles, a bordo de una precaria balsa improvisada con troncos de árboles, piel de caballo y los restos de sus ropas desgarradas.

Cuando una tormenta dejó varados a los náufragos en una isla barrera cerca de Galveston, se convirtieron involuntariamente en las primeras personas del Viejo Mundo en adentrarse en el Oeste norteamericano; y al hacerlo, todos ellos estaban hambrientos, exhaustos y desnudos.

En las semanas siguientes, los sobrevivientes del naufragio comenzaron a morir uno a uno.

Muchos sucumbieron al hambre, otros a las inclemencias del tiempo y algunos a los ataques de tribus indígenas.

De los aproximadamente 600 hombres que habían zarpado de España un año antes en aquella desafortunada expedición para conquistar la actual Florida y la costa del Golfo en nombre de la Corona española, solo sobrevivieron cuatro: tres capitanes españoles y, en cierto modo, el marroquí esclavizado.

Durante los ocho años siguientes, aquel hombre se convertiría en el líder de facto del grupo y emprendería una de las travesías de supervivencia más extraordinarias en la historia de la exploración.

Sin embargo, ni siquiera conocemos su verdadero nombre.

Conocido indistintamente como Esteban de Dorantes, Esteban el Moro o —más comúnmente— Estevanico, este enigmático individuo fue uno de los primeros africanos, arabófonos y musulmanes documentados en pisar lo que hoy es Estados Unidos, llegando casi 40 años antes del primer asentamiento europeo.

Entre 1528 y 1536, recorrió a pie unos 3.620 kilómetros hacia el oeste, desde Florida hasta la costa del Pacífico en México, completando lo que se considera ampliamente como la primera travesía registrada de Norteamérica y el Caribe en la historia, casi 300 años por delante de la expedición terrestre de Lewis y Clark hacia la costa de Oregón.

Durante el trayecto, Estevanico fue capturado por nativos americanos, aprendió sus idiomas y se convirtió en sanador, antes de recorrer otros 2.100 kilómetros hacia el sur —junto a los otros tres sobrevivientes del naufragio— desde el Golfo de California hasta la Ciudad de México.

Luego emprendió una odisea independiente de 2.400 kilómetros hacia el norte y se convirtió en la primera persona no nativa americana conocida en adentrarse en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.

Estevanico fue el líder de facto de lo que se considera la primera travesía documentada de Norteamérica y el Caribe en la historia.

 

"Estevanico es una de las figuras más extraordinarias, aunque menos reconocidas, de la historia temprana de lo que llegaría a ser el suroeste de EE.UU.", afirmó Hsain Ilahiane, antropólogo y profesor de la Universidad de Arizona que ha dedicado años a estudiar a este explorador.

"Contribuyó a abrir rutas y senderos, y a generar conocimientos geográficos que más tarde sirvieron de base para las incursiones españolas [en lo que hoy es el oeste de EE.UU.]", agregó.

Sin embargo, la mayoría de la gente nunca ha oído hablar de él, ni siquiera en EE.UU.

Ahora, cuando el país celebra su aniversario 250 y reflexiona sobre sus orígenes, un número creciente de museos, recorridos turísticos y monumentos en todo el territorio nacional está poniendo de relieve su legado, hasta ahora poco conocido.

 

La odisea de Estevanico

 
Dado que Estevanico no dejó registros escritos, los historiadores han reconstruido su vida principalmente a partir de los relatos conservados de los sobrevivientes españoles que viajaron junto a él.

Nacido a principios del siglo XVI en Azamor, fue esclavizado por el noble español Andrés Dorantes de Carranza, quien lo llevó consigo en la expedición de Narváez a América.

Como a los musulmanes se les prohibía viajar al Nuevo Mundo en expediciones oficiales españolas, Dorantes lo bautizó y le dio el nombre de Estevanico.

La expedición, compuesta por cinco barcos y 600 personas, zarpó en junio de 1527 y resultó un desastre desde el principio.

Unos 140 hombres desertaron durante una escala en Santo Domingo y, mientras se abastecían en Cuba, un huracán hundió dos barcos y acabó con la vida de otros 50 marineros.

La tripulación intentó finalmente navegar hacia México, pero las tormentas los desviaron hasta la actual San Petersburgo, Florida, en abril de 1528. 
 
Una placa señala ahora el lugar de San Petersburgo, Florida, donde desembarcaron Estevanico y los demás miembros de la expedición de Narváez.
 
 
El líder de la expedición, Pánfilo de Narváez, ordenó entonces a Estevanico y a varios cientos de hombres marchar hacia el norte para explorar el interior de Florida.

Tras avanzar penosamente unos 500 kilómetros a través de pantanos infestados de mosquitos hasta llegar a lo que hoy es Saint Marks, Florida, y sufrir una emboscada de los nativos apalaches, Estevanico y los españoles sobrevivientes quedaron tan diezmados y desesperados que sacrificaron y se comieron a sus últimos caballos, construyeron cinco balsas improvisadas y navegaron a lo largo de la costa con la esperanza de llegar al actual México.

Mientras los hombres avanzaban a la deriva hacia el oeste, se convirtieron en los primeros viajeros no indígenas en avistar la desembocadura del río Misisipi.

No obstante, las mismas tormentas que acabaron volcando sus balsas cerca de Galveston provocaron la muerte de dos tercios de los españoles restantes, incluido el propio Narváez.

Al igual que muchos de los náufragos, Estevanico fue capturado poco después por nativos americanos.

De algún modo, la persona de menor estatus en el Viejo Mundo logró sobrevivir en el Nuevo Mundo.

"Cuando el orden del Viejo Mundo se desmoronó, Estevanico contó con ciertas ventajas. A diferencia de [los españoles], él estaba acostumbrado a hablar otros idiomas", señaló Laila Lalami, cuya novela The Moor's Account ("El relato del moro", traducción libre) —finalista del premio Pulitzer— se basa en la figura de Estevanico.

"Dado que Azamor era una ciudad amazig controlada por los portugueses, sabemos que probablemente hablaba lenguas amaziges, árabe y portugués", dijo Lalami.

"Y, al haber sido esclavo de un español, también hablaba español", añadió.

Durante los aproximadamente cinco años que pasó haciendo trabajos forzados para los nativos karankawa, Estevanico aprendió su lengua hablada y el lenguaje de señas que compartían otros grupos de la región.

Posteriormente, coordinó en secreto su huida con una tribu rival de los karankawa junto a Dorantes, y ayudó a liberar a los dos españoles restantes.
 
Estevanico y los otros tres sobrevivientes del naufragio caminaron durante ocho años por el Oeste norteamericano.
 
 
El líder del grupo 
 
Durante los dos años siguientes, los cuatro sobrevivientes caminaron desde la costa del Golfo hasta el golfo de California, valiéndose de las habilidades lingüísticas y la adaptabilidad cultural de Estevanico para desplazarse de una comunidad indígena a otra.

"Él era el líder del grupo: el traductor, el mediador, el explorador", señaló Ilahiane. "Se movían por un mundo nuevo sin saber adónde iban, pero Estevanico contaba con una ventaja: información".

En el transcurso de sus viajes, Estevanico conoció a un comerciante indígena y gestionó la estadía en su comunidad.

Estando allí, una mujer enferma se acercó a los visitantes para pedirles que la curaran.

Combinando rituales cristianos de los españoles con prácticas indígenas que Estevanico había observado, los hombres lograron convencer a la mujer de que se había curado.

A medida que se difundía la noticia de los supuestos poderes curativos de aquellos hombres, las comunidades indígenas comenzaron a buscarlos e incluso a seguirlos en su viaje hacia el oeste.

Estevanico se adelantaba a los españoles para anunciar su llegada; a menudo lucía brazaletes de conchas en los brazos y cascabeles en los tobillos, además de llevar una sonaja hecha con una calabaza seca.

"Me recuerda a un sufí rural marroquí con conocimientos de medicina que viaja de aldea en aldea, pero que también adopta aspectos [culturales] de los nativos americanos y los utiliza como vía de acceso a otras tribus durante su recorrido", comentó Ilahiane.

"Al final, eso resultaría un tanto trágico para él", recordó.
 
Estevanico se convirtió en la primera persona del Viejo Mundo en pisar Arizona y Nuevo México.
 
 
Las Siete Ciudades de Oro
 
Tras conquistar a los aztecas en 1521, España había establecido una colonia en lo que hoy es el centro y sur de México.

Cuando los cuatro viajeros se acercaban a Culiacán, en el actual estado de Sinaloa, se encontraron con un grupo de jinetes españoles que los condujeron 2.100 kilómetros hacia el sur, hasta la capital de la Nueva España (hoy Ciudad de México).

Allí, los cuatro sobrevivientes del naufragio relataron historias sobre ciudades doradas situadas en algún lugar del desierto del norte; relatos que las tribus nativas habían compartido con Estevanico, probablemente para lograr que los forasteros siguieran alejándose de sus aldeas.

Decidido a localizar estas llamadas Siete Ciudades de Oro, el virrey de la Nueva España envió a Estevanico en 1539 para guiar a un grupo de frailes españoles hacia el norte, adentrándose en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.

Con joyas de turquesa al cuello y plumas en el cabello, Estevanico caminaba a la vanguardia del grupo, actuando como explorador principal para recabar información sobre estas legendarias ciudades a través de las tribus nativas.

Si la información obtenida era de importancia moderada, enviaba una cruz pequeña a los españoles mediante un mensajero; si era importante, enviaba una cruz de tamaño mediano; y si era de gran importancia, enviaba una cruz grande.

Un día, poco después de convertirse en el primer forastero conocido del Viejo Mundo en entrar en territorio del pueblo zuñi, se dice que Estevanico envió una cruz que, según cuentan, tenía "la altura de un hombre".

Entusiasmados, los españoles se apresuraron a reunirse con él, pero descubrieron que, al intentar entrar en Hawikuh —la más meridional de las supuestas Siete Ciudades de Oro—, los nativos zuñis lo habían matado.

Aunque los españoles nunca encontraron ciudades doradas, el último viaje de Estevanico los condujo a lo que se conocería como la Tierra Nueva, territorio que más tarde resultaría fundamental para la expansión española en el suroeste de EE.UU.

"Estevanico contribuyó a configurar el imaginario geográfico del Imperio español en Norteamérica", afirmó Ilahiane.

"Sus viajes difundieron conocimientos sobre rutas, pueblos y posibilidades de expansión hacia regiones que llegarían a ser Texas, Nuevo México, Arizona y más allá. Esta última incursión en territorio zuñi en 1539 desencadenó la expedición de Coronado de 1540 [que allanó el camino para las expediciones y los asentamientos españoles en todo el suroeste de EE.UU.]", explicó el antropólogo.

Desde la introducción de enfermedades devastadoras y el desplazamiento de poblaciones nativas hasta el establecimiento del catolicismo y de prácticas culturales y culinarias, esta expansión española marcaría profundamente el futuro de la nación venidera.
 
Una estatua de Estevanico, que lo conmemora como el primer africano en el actual territorio de Texas, se encuentra en el Capitolio estatal de Austin.
 
 
"Algo en el medio"

Durante siglos, Estevanico fue poco más que una nota al pie en las crónicas españolas y una figura olvidada entre los estadounidenses.

"Eso se debe a que su exploración no está ligada al mito fundacional de EE.UU.", afirmó Lalami.

"Es una de esas cosas que no encajan del todo en la historia de la fundación del país que se enseña en las escuelas, centrada en las 13 colonias y en personas que huían de la persecución en Inglaterra", indicó.

En la última década, sin embargo, museos, monumentos y recorridos turísticos por todo EE.UU. han comenzado a reconocer cada vez más su papel en la historia temprana del continente.

"Protagonizó uno de los viajes hacia lo desconocido más asombrosos de la historia. Alguien debería hacer ya una película sobre él", comentó David Anderson, propietario de Discover Florida Tours.

Desde 2017, esa empresa organiza visitas guiadas históricas en San Petersburgo —donde desembarcó Estevanico— y relata su épica odisea.

Una estatua de bronce de Estevanico, de 2,15 metros de altura, se erigió en 2016 en el Capitolio Estatal de Texas, en Austin, para conmemorar su papel como el primer africano en pisar suelo texano.

El Museo de Historia de El Paso, en el oeste de Texas, narra desde 2022 la odisea de Estevanico en su muro digital interactivo; asimismo, el explorador ocupa un lugar destacado tanto en el Museo de Historia de Nuevo México, en Santa Fe, como en el Monumento Nacional Coronado, en Arizona.

"Es alguien que concretó una hazaña extraordinaria", señaló Diana Abouali, directora del Museo Nacional Árabe-Estadounidense en Dearborn, Míchigan.

"En el museo, lo presentamos al inicio de nuestra exposición Coming to America ​​('Viniendo a EE.UU.') para mostrar que los hablantes de árabe no son nuevos en este país. La lengua y la cultura árabes han estado presentes en lo que hoy es EE.UU. desde hace muchísimo tiempo", dijo.

Para Lalami, lo que hace que Estevanico sea tan importante no es solo lo que hizo, sino lo que representa.

"Fue el primer africano en cruzar Norteamérica, pero lo que lo hace tan fascinante es su posición", afirmó. "No llegó a EE.UU. como conquistador, ni formaba parte de los pueblos conquistados. Era algo en el medio".
 
 

sábado, 4 de julio de 2026

Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América y quién le dio el nombre

 

 

Por Carlos Chirinos
Especial para BBC News Mundo

 

Algunos dicen que Estados Unidos es un país sin nombre.

Sus ciudadanos lo llaman America (así, sin acento), apropiándose del nombre de todo el continente.

Y en el uso de ese nombre le sigue buena parte del resto del mundo, incluidos, curiosamente, los países que comparten el sur del continente y que también son americanos.

América es un nombre que precede, por siglos, a la formación como país de lo que hoy es Estados Unidos, que este 4 de julio celebra los 250 años de su Declaración de Independencia.

¿De dónde viene entonces el nombre actual? ¿Y se sabe quién lo eligió?

El nombre Estados Unidos de América consta en el acta de independencia firmada hace 250 años.

 

Colonias Unidas

Durante la mayor parte del período de colonización de los siglos XVII y XVIII, las 13 colonias británicas en América del Norte no eran una unidad política.

Eso fue cambiando con la cooperación militar durante la guerra Franco-Indígena (1754-1763), un conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control territorial en el que ambos bandos tuvieron aliados indígenas, y con las posteriores tensiones con la metrópolis en la década de 1770.

Entonces empezó a usarse el término United Colonies (Colonias Unidas) incluso en documentos oficiales del Congreso, como el nombramiento de George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental en 1775.

Algunas interpretaciones históricas aseguran que fue un español, Luís de Unzaga, gobernador de la Luisiana española de la época, quien, en una carta dirigida a un general de los colonos rebeldes, "bautiza" a los Estados Unidos de América como se usa hoy.

Como principal representante del Imperio español en Luisiana, hasta pocos años antes en manos de los franceses, Unzaga tuvo contacto con los colonos rebeldes, a quienes Madrid apoyaba en secreto para dañar los intereses del enemigo histórico británico.

"En su correspondencia con el mayor Charles Lee, en el verano de 1776, Unzaga le dirigió una carta con el tratamiento de 'General de los Estados Unidos Americanos'", indica en un artículo publicado en 2021 en su sitio web el Hispanic Council, un centro de estudios que promueve las relaciones entre España y EE.UU. a través de la investigación y la divulgación histórica.

"Esta era la primera vez que un representante de una potencia europea (...) aceptase así la existencia y nacimiento de la nueva nación norteamericana", añade.

 Luis de Unzaga gobernó Luisiana, que entonces hacía parte del Imperio español, de 1769 a 1777.

 

"Este hecho de gran trascendencia, el primer reconocimiento de EE.UU., le resultó al general Lee tan 'positivo y halagüeño' (...) que se lo transmitió literalmente a Joseph Reed, edecán de George Washington; poco después el propio Washington leyó esa misiva que había llegado a su despacho, creyendo que iba dirigida a él", se afirma en el texto titulado "Luis de Unzaga: el gobernador de Luisiana que bautizó a los Estados Unidos Americanos".

En un artículo biográfico sobre Unzaga que publicó el pasado abril el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, cerca de Madrid, se hace referencia a la misma carta describiéndola como "un hito fundamental" en el reconocimiento de la nueva nación.

El artículo indica que la carta es "la primera vez que un representante europeo usaba esta denominación" que "validó a los combatientes como militares de un país independiente y no como meros rebeldes".

Además, afirma que Unzaga fue "el inspirador del nombre oficial en español de la nación al avalar el término sin anteponer Thirteen o el estatus de colonies a la denominación que aún quedaba como reminiscencia de las colonias inglesas".

 
El acta de independencia de las 13 colonias americanas unidas se firmó en Filadelfia.
 
 
El "mito español" en el bautismo de EE.UU.

Para el historiador español Gonzalo M. Quintero Saravia, todo este debate en torno al aporte de Unzaga "se parece a veces mucho a la película My Big Fat Greek Wedding (traducida como 'Casarse... está en griego' o 'Mi gran boda griega')".

"El protagonista de esa película es el padre de la novia, que es un griego norteamericano que ha emigrado desde Grecia y él siempre dice que es capaz de derivar cualquier palabra en inglés de un origen griego y para él todo es griego", explica Quintero en entrevista con BBC Mundo desde Madrid.

Haciendo una analogía, Quintero considera que en los últimos años se ha dado una tendencia a amplificar "ese mito de que todo lo que pasó en Estados Unidos tiene origen español, algo que contrasta con el 'borrado' que se produjo durante décadas de la contribución española al proceso independentista".

Y añade: "Mucho de lo que ocurrió en Estados Unidos tiene origen español, pero llegar a decir que el nombre de Estados Unidos fue inventado por una carta que escribió un gobernador a George Washington, pues me parece un poco estirar un poco las cosas".

El historiador ha escrito sobre el papel de España en el proceso de independencia estadounidense, particularmente sobre las acciones que tomó el sucesor de Unzaga al frente de Luisiana, Bernardo de Gálvez.

 
España apoyó a las Trece Colonias en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. 
 
 
En su libro "Bernardo de Gálvez: un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica" (publicado originalmente en inglés como Bernardo de Gálvez: Spanish Hero of the American Revolution, por The University of North Carolina Press, 2018), Quintero destaca cómo las campañas militares españolas contra los asentamientos británicos en el río Misisipi fueron cruciales para impedir que Londres dedicara todas sus fuerzas a enfrentar al ejército de Washington.

"La Revolución americana se enmarca dentro de un contexto y el contexto es las guerras entre las potencias europeas por el control americano. Pero incluso antes de que Francia entrase en la guerra (1778) y de que España también lo hiciese en 1779, ya es un conflicto mundial porque tanto Francia como España apoyan a los revolucionarios norteamericanos, que es una tradición muy normal entre imperios", afirma Quintero.

"El siglo XIX es un periodo de construcción norteamericano que mira hacia el anglosajón, teñido un poco de anticatolicismo porque están construyendo un país basado en valores protestantes; España no encajaba como ayuda a la Revolución americana como sí encajaba Francia. No encajaba el apoyo de una monarquía católica a la Revolución americana".

Esa tendencia ha cambiado en las últimas décadas y el aporte español a la independencia estadounidense está siendo redimensionado para ponerlo más a la par del de Francia, mucho más reconocido.

Sin embargo, el historiador Quintero indica que no ha visto prueba documental que respalde la tesis del país "bautizado" por Unzuaga.

"Tendría que verla. Si la hay, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo al día de hoy no conozco ninguna prueba de eso".

 

El nombre de Estados Unidos de América se usa por primera vez

 

El primer uso escrito documentado de Estados Unidos de América se produjo el 2 de enero de 1776, cuando Stephen Moylan, ayudante de Washington, escribió una carta expresando su deseo de viajar a España "con plenos y amplios poderes de los Estados Unidos de América".

La famosa carta de Unzaga está fechada el 4 de septiembre de 1776, lo que ayuda a desmontar la tesis de que Washington adoptó entonces esa definición para el país.

Eso sin contar con que el líder independentista estaba centrado en asuntos militares y no en la creación de estatutos legales.

El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson incluye el nombre en la Declaración de Independencia, documento fundacional del país y de la cual fue el principal redactor.

El texto pasó de decir: "Una Declaración de los Representantes de los Estados Unidos de América…" a "La Declaración unánime de los 13 Estados Unidos de América".

En septiembre de ese año, el Segundo Congreso Continental resolvió cambiar las 'Colonias Unidas' por 'Estados Unidos', con lo que se oficializó el nombre del nuevo país que se usó en los Artículos de la Confederación (1781) y más tarde se incorporaría a la Constitución (1789).

No está probado que George Washington tuviera ninguna vinculación con la elección del nombre de Estados Unidos.

 

Columbia y otros nombres que se propusieron para EE.UU.

 

Pero para algunos, el país debía llamarse de otra manera.

Entre las opciones estuvieron Columbia (para homenajear a Cristóbal Colón); Freedonia o Fredonia, en alusión a la libertad de los nuevos territorios, y nombres de referencia geográfica como Appalachia o Alleghania, que pretendían vincular la identidad del país al paisaje que lo diferenciaba de Europa.

Ninguna prosperó, aunque Columbia fue la más cercana a convertirse en oficial y sobrevivió en nombres como el Distrito de Columbia, de la capital, Washington, y en una decena de ciudades.

Aunque America (sin acento) sea el más popularmente usado dentro y fuera del país, el término Estados Unidos se impuso en documentos oficiales y en el lenguaje político.

Algunos argumentan que Estados Unidos no es estrictamente un nombre, sino una definición administrativa sobre cómo se organiza una nación a partir de una federación de territorios.

De hecho, hay otros Estados Unidos en América: es el caso de México, cuyo nombre es oficialmente Estados Unidos Mexicanos.

Brasil tuvo la misma denominación hasta 1967. En 1953, Venezuela cambió de Estados Unidos a República de Venezuela. Hubo unos Estados Unidos Centroamericanos entre 1821 y 1841. Y Colombia también fue Estados Unidos entre 1863 y 1886.

"Los Estados Unidos se han apropiado del continente desde el principio. El ejército de George Washington se llama ejército continental. El congreso donde se reunían los representantes de las 13 colonias se llama Congreso Continental", indica a BBC Mundo el historiador Quintero.

"Para Estados Unidos, el continente americano es lo que los demás del mundo llamamos Norteamérica. Para cualquier otro, América es desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Pero para Estados Unidos, América es solamente ellos. Y es una apropiación que tiene lugar desde el primer momento en Estados Unidos".


Fuente: Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América