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viernes, 14 de agosto de 2026

Quién fue Estevanico, el esclavo africano que se convirtió en el primer gran explorador del actual EE.UU.

 


Por Eliot Stein
BBC Travel


En 1528, un hombre originario de Marruecos llegó a la costa de lo que hoy es Texas más muerto que vivo.

Había pasado el mes anterior a la deriva en el Golfo de México junto a un grupo de marineros españoles, a bordo de una precaria balsa improvisada con troncos de árboles, piel de caballo y los restos de sus ropas desgarradas.

Cuando una tormenta dejó varados a los náufragos en una isla barrera cerca de Galveston, se convirtieron involuntariamente en las primeras personas del Viejo Mundo en adentrarse en el Oeste norteamericano; y al hacerlo, todos ellos estaban hambrientos, exhaustos y desnudos.

En las semanas siguientes, los sobrevivientes del naufragio comenzaron a morir uno a uno.

Muchos sucumbieron al hambre, otros a las inclemencias del tiempo y algunos a los ataques de tribus indígenas.

De los aproximadamente 600 hombres que habían zarpado de España un año antes en aquella desafortunada expedición para conquistar la actual Florida y la costa del Golfo en nombre de la Corona española, solo sobrevivieron cuatro: tres capitanes españoles y, en cierto modo, el marroquí esclavizado.

Durante los ocho años siguientes, aquel hombre se convertiría en el líder de facto del grupo y emprendería una de las travesías de supervivencia más extraordinarias en la historia de la exploración.

Sin embargo, ni siquiera conocemos su verdadero nombre.

Conocido indistintamente como Esteban de Dorantes, Esteban el Moro o —más comúnmente— Estevanico, este enigmático individuo fue uno de los primeros africanos, arabófonos y musulmanes documentados en pisar lo que hoy es Estados Unidos, llegando casi 40 años antes del primer asentamiento europeo.

Entre 1528 y 1536, recorrió a pie unos 3.620 kilómetros hacia el oeste, desde Florida hasta la costa del Pacífico en México, completando lo que se considera ampliamente como la primera travesía registrada de Norteamérica y el Caribe en la historia, casi 300 años por delante de la expedición terrestre de Lewis y Clark hacia la costa de Oregón.

Durante el trayecto, Estevanico fue capturado por nativos americanos, aprendió sus idiomas y se convirtió en sanador, antes de recorrer otros 2.100 kilómetros hacia el sur —junto a los otros tres sobrevivientes del naufragio— desde el Golfo de California hasta la Ciudad de México.

Luego emprendió una odisea independiente de 2.400 kilómetros hacia el norte y se convirtió en la primera persona no nativa americana conocida en adentrarse en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.

Estevanico fue el líder de facto de lo que se considera la primera travesía documentada de Norteamérica y el Caribe en la historia.

 

"Estevanico es una de las figuras más extraordinarias, aunque menos reconocidas, de la historia temprana de lo que llegaría a ser el suroeste de EE.UU.", afirmó Hsain Ilahiane, antropólogo y profesor de la Universidad de Arizona que ha dedicado años a estudiar a este explorador.

"Contribuyó a abrir rutas y senderos, y a generar conocimientos geográficos que más tarde sirvieron de base para las incursiones españolas [en lo que hoy es el oeste de EE.UU.]", agregó.

Sin embargo, la mayoría de la gente nunca ha oído hablar de él, ni siquiera en EE.UU.

Ahora, cuando el país celebra su aniversario 250 y reflexiona sobre sus orígenes, un número creciente de museos, recorridos turísticos y monumentos en todo el territorio nacional está poniendo de relieve su legado, hasta ahora poco conocido.

 

La odisea de Estevanico

 
Dado que Estevanico no dejó registros escritos, los historiadores han reconstruido su vida principalmente a partir de los relatos conservados de los sobrevivientes españoles que viajaron junto a él.

Nacido a principios del siglo XVI en Azamor, fue esclavizado por el noble español Andrés Dorantes de Carranza, quien lo llevó consigo en la expedición de Narváez a América.

Como a los musulmanes se les prohibía viajar al Nuevo Mundo en expediciones oficiales españolas, Dorantes lo bautizó y le dio el nombre de Estevanico.

La expedición, compuesta por cinco barcos y 600 personas, zarpó en junio de 1527 y resultó un desastre desde el principio.

Unos 140 hombres desertaron durante una escala en Santo Domingo y, mientras se abastecían en Cuba, un huracán hundió dos barcos y acabó con la vida de otros 50 marineros.

La tripulación intentó finalmente navegar hacia México, pero las tormentas los desviaron hasta la actual San Petersburgo, Florida, en abril de 1528. 
 
Una placa señala ahora el lugar de San Petersburgo, Florida, donde desembarcaron Estevanico y los demás miembros de la expedición de Narváez.
 
 
El líder de la expedición, Pánfilo de Narváez, ordenó entonces a Estevanico y a varios cientos de hombres marchar hacia el norte para explorar el interior de Florida.

Tras avanzar penosamente unos 500 kilómetros a través de pantanos infestados de mosquitos hasta llegar a lo que hoy es Saint Marks, Florida, y sufrir una emboscada de los nativos apalaches, Estevanico y los españoles sobrevivientes quedaron tan diezmados y desesperados que sacrificaron y se comieron a sus últimos caballos, construyeron cinco balsas improvisadas y navegaron a lo largo de la costa con la esperanza de llegar al actual México.

Mientras los hombres avanzaban a la deriva hacia el oeste, se convirtieron en los primeros viajeros no indígenas en avistar la desembocadura del río Misisipi.

No obstante, las mismas tormentas que acabaron volcando sus balsas cerca de Galveston provocaron la muerte de dos tercios de los españoles restantes, incluido el propio Narváez.

Al igual que muchos de los náufragos, Estevanico fue capturado poco después por nativos americanos.

De algún modo, la persona de menor estatus en el Viejo Mundo logró sobrevivir en el Nuevo Mundo.

"Cuando el orden del Viejo Mundo se desmoronó, Estevanico contó con ciertas ventajas. A diferencia de [los españoles], él estaba acostumbrado a hablar otros idiomas", señaló Laila Lalami, cuya novela The Moor's Account ("El relato del moro", traducción libre) —finalista del premio Pulitzer— se basa en la figura de Estevanico.

"Dado que Azamor era una ciudad amazig controlada por los portugueses, sabemos que probablemente hablaba lenguas amaziges, árabe y portugués", dijo Lalami.

"Y, al haber sido esclavo de un español, también hablaba español", añadió.

Durante los aproximadamente cinco años que pasó haciendo trabajos forzados para los nativos karankawa, Estevanico aprendió su lengua hablada y el lenguaje de señas que compartían otros grupos de la región.

Posteriormente, coordinó en secreto su huida con una tribu rival de los karankawa junto a Dorantes, y ayudó a liberar a los dos españoles restantes.
 
Estevanico y los otros tres sobrevivientes del naufragio caminaron durante ocho años por el Oeste norteamericano.
 
 
El líder del grupo 
 
Durante los dos años siguientes, los cuatro sobrevivientes caminaron desde la costa del Golfo hasta el golfo de California, valiéndose de las habilidades lingüísticas y la adaptabilidad cultural de Estevanico para desplazarse de una comunidad indígena a otra.

"Él era el líder del grupo: el traductor, el mediador, el explorador", señaló Ilahiane. "Se movían por un mundo nuevo sin saber adónde iban, pero Estevanico contaba con una ventaja: información".

En el transcurso de sus viajes, Estevanico conoció a un comerciante indígena y gestionó la estadía en su comunidad.

Estando allí, una mujer enferma se acercó a los visitantes para pedirles que la curaran.

Combinando rituales cristianos de los españoles con prácticas indígenas que Estevanico había observado, los hombres lograron convencer a la mujer de que se había curado.

A medida que se difundía la noticia de los supuestos poderes curativos de aquellos hombres, las comunidades indígenas comenzaron a buscarlos e incluso a seguirlos en su viaje hacia el oeste.

Estevanico se adelantaba a los españoles para anunciar su llegada; a menudo lucía brazaletes de conchas en los brazos y cascabeles en los tobillos, además de llevar una sonaja hecha con una calabaza seca.

"Me recuerda a un sufí rural marroquí con conocimientos de medicina que viaja de aldea en aldea, pero que también adopta aspectos [culturales] de los nativos americanos y los utiliza como vía de acceso a otras tribus durante su recorrido", comentó Ilahiane.

"Al final, eso resultaría un tanto trágico para él", recordó.
 
Estevanico se convirtió en la primera persona del Viejo Mundo en pisar Arizona y Nuevo México.
 
 
Las Siete Ciudades de Oro
 
Tras conquistar a los aztecas en 1521, España había establecido una colonia en lo que hoy es el centro y sur de México.

Cuando los cuatro viajeros se acercaban a Culiacán, en el actual estado de Sinaloa, se encontraron con un grupo de jinetes españoles que los condujeron 2.100 kilómetros hacia el sur, hasta la capital de la Nueva España (hoy Ciudad de México).

Allí, los cuatro sobrevivientes del naufragio relataron historias sobre ciudades doradas situadas en algún lugar del desierto del norte; relatos que las tribus nativas habían compartido con Estevanico, probablemente para lograr que los forasteros siguieran alejándose de sus aldeas.

Decidido a localizar estas llamadas Siete Ciudades de Oro, el virrey de la Nueva España envió a Estevanico en 1539 para guiar a un grupo de frailes españoles hacia el norte, adentrándose en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.

Con joyas de turquesa al cuello y plumas en el cabello, Estevanico caminaba a la vanguardia del grupo, actuando como explorador principal para recabar información sobre estas legendarias ciudades a través de las tribus nativas.

Si la información obtenida era de importancia moderada, enviaba una cruz pequeña a los españoles mediante un mensajero; si era importante, enviaba una cruz de tamaño mediano; y si era de gran importancia, enviaba una cruz grande.

Un día, poco después de convertirse en el primer forastero conocido del Viejo Mundo en entrar en territorio del pueblo zuñi, se dice que Estevanico envió una cruz que, según cuentan, tenía "la altura de un hombre".

Entusiasmados, los españoles se apresuraron a reunirse con él, pero descubrieron que, al intentar entrar en Hawikuh —la más meridional de las supuestas Siete Ciudades de Oro—, los nativos zuñis lo habían matado.

Aunque los españoles nunca encontraron ciudades doradas, el último viaje de Estevanico los condujo a lo que se conocería como la Tierra Nueva, territorio que más tarde resultaría fundamental para la expansión española en el suroeste de EE.UU.

"Estevanico contribuyó a configurar el imaginario geográfico del Imperio español en Norteamérica", afirmó Ilahiane.

"Sus viajes difundieron conocimientos sobre rutas, pueblos y posibilidades de expansión hacia regiones que llegarían a ser Texas, Nuevo México, Arizona y más allá. Esta última incursión en territorio zuñi en 1539 desencadenó la expedición de Coronado de 1540 [que allanó el camino para las expediciones y los asentamientos españoles en todo el suroeste de EE.UU.]", explicó el antropólogo.

Desde la introducción de enfermedades devastadoras y el desplazamiento de poblaciones nativas hasta el establecimiento del catolicismo y de prácticas culturales y culinarias, esta expansión española marcaría profundamente el futuro de la nación venidera.
 
Una estatua de Estevanico, que lo conmemora como el primer africano en el actual territorio de Texas, se encuentra en el Capitolio estatal de Austin.
 
 
"Algo en el medio"

Durante siglos, Estevanico fue poco más que una nota al pie en las crónicas españolas y una figura olvidada entre los estadounidenses.

"Eso se debe a que su exploración no está ligada al mito fundacional de EE.UU.", afirmó Lalami.

"Es una de esas cosas que no encajan del todo en la historia de la fundación del país que se enseña en las escuelas, centrada en las 13 colonias y en personas que huían de la persecución en Inglaterra", indicó.

En la última década, sin embargo, museos, monumentos y recorridos turísticos por todo EE.UU. han comenzado a reconocer cada vez más su papel en la historia temprana del continente.

"Protagonizó uno de los viajes hacia lo desconocido más asombrosos de la historia. Alguien debería hacer ya una película sobre él", comentó David Anderson, propietario de Discover Florida Tours.

Desde 2017, esa empresa organiza visitas guiadas históricas en San Petersburgo —donde desembarcó Estevanico— y relata su épica odisea.

Una estatua de bronce de Estevanico, de 2,15 metros de altura, se erigió en 2016 en el Capitolio Estatal de Texas, en Austin, para conmemorar su papel como el primer africano en pisar suelo texano.

El Museo de Historia de El Paso, en el oeste de Texas, narra desde 2022 la odisea de Estevanico en su muro digital interactivo; asimismo, el explorador ocupa un lugar destacado tanto en el Museo de Historia de Nuevo México, en Santa Fe, como en el Monumento Nacional Coronado, en Arizona.

"Es alguien que concretó una hazaña extraordinaria", señaló Diana Abouali, directora del Museo Nacional Árabe-Estadounidense en Dearborn, Míchigan.

"En el museo, lo presentamos al inicio de nuestra exposición Coming to America ​​('Viniendo a EE.UU.') para mostrar que los hablantes de árabe no son nuevos en este país. La lengua y la cultura árabes han estado presentes en lo que hoy es EE.UU. desde hace muchísimo tiempo", dijo.

Para Lalami, lo que hace que Estevanico sea tan importante no es solo lo que hizo, sino lo que representa.

"Fue el primer africano en cruzar Norteamérica, pero lo que lo hace tan fascinante es su posición", afirmó. "No llegó a EE.UU. como conquistador, ni formaba parte de los pueblos conquistados. Era algo en el medio".
 
 

viernes, 31 de julio de 2026

Por qué Ceuta y Melilla pertenecen a España si están en África

 

 

Por José Carlos Castro*
BBC News Mundo

 

Son los únicos territorios de la Unión Europea en el África continental y sus fronteras han sido foco de numerosas crisis migratorias y disputas diplomáticas.

Hablamos de Ceuta y Melilla, dos ciudades que pertenecen a España desde hace más de 500 años, pero que Marruecos ha estado reivindicando como suyas prácticamente desde que consiguió su independencia en 1956.

La ley internacional no las considera colonias y la Organización de Naciones Unidas (ONU) respalda que son provincias españolas.

En los últimos días, miles de migrantes cruzaron la frontera de Marruecos hacia Ceuta, lo que provocó que el gobierno español enviara al ejército a controlar la situación.

En 2025 hubo roces entre ambos países por las reivindicaciones marroquíes sobre el territorio, que llegaron después de tres años de calma.

A esa paz se había llegado después de que el gobierno socialista de Pedro Sánchez aceptara el proyecto de Marruecos sobre la autonomía del Sáhara Occidental, otra disputa territorial que durante años avivó esta complicada relación.

Pero, ¿por qué estas ciudades en el norte de África pertenecen a España?

Una valla muestra la separación entre la ciudad marroquí de Nador (arriba) y la española Melilla (abajo).

 

Cómo Ceuta y Melilla se volvieron españolas
 

Melilla pertenece a España desde el siglo XV. Ceuta desde el XVII.

En 1415, Ceuta era uno de los principales puertos económicos y estratégicos del mundo islámico y durante siglos estuvo controlada por varias dinastías bereberes y árabes.

Pero ese mismo año fue conquistada por Portugal, en medio del proceso de reconquista cristiana que años más tarde acabaría con los reinos islámicos que durante 700 años habían dominado la Península Ibérica.

Más de un siglo después, en 1580, Portugal y España se unieron en una dinastía conjunta conocida como la Unión Ibérica, por lo que Ceuta también pasó a formar parte del dominio español. Una vez disuelta la Unión, en 1640, España se quedó con Ceuta.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, España consiguió reconquistar la península derrotando al último de los reinos musulmanes en Granada.

 

Por su parte, Melilla fue conquistada por la corona de Castilla en 1497. Por mandato de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, una flota acudió a esta otra ciudad portuaria como parte de la reconquista española durante la que, apenas cinco años antes, habían derrotado al último reino musulmán de la península en Granada.

Para muchos musulmanes, Ceuta y Melilla son un doloroso recuerdo de derrota y humillación frente a las potencias europeas cristianas.

 

Por qué Ceuta y Melilla son clave para España 

 

La presencia en estos territorios en el norte africano fue fundamental para las pretensiones expansionistas de España.


Para esta nación, controlar la entrada al mar Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar era una prioridad estratégica.

"Ceuta y Melilla adquirieron mucho valor por su cercanía a la península y la capacidad que brindaban para controlar el paso por el estrecho de Gibraltar", explicó a BBC Mundo el historiador Manuel Torres Soriano, de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en España.

Ceuta, justo al otro lado del estrecho y apenas a 14 kilómetros de la costa peninsular, servía como una especie de cabeza del flujo comercial y de personas entre ambas orillas.


"Melilla, por otro lado, atendió a la necesidad de contar con un puerto y una base desde la cual sostener la lucha contra la piratería. Este era un problema enorme para la seguridad de España", añadió Torres.

Desde entonces, y tras cinco siglos de presencia ininterrumpida, España considera a esas dos ciudades como parte integral de su territorio.

"Ahora, con una población estable, Ceuta y Melilla son tan españolas como cualquier otro territorio de la península", dijo Torres.

La posición estratégica de estos enclaves fue útil para luchar contra la piratería y proteger el comercio marítimo.

 

Vínculo militar

En la primera mitad del siglo XX, la geografía estratégica de Ceuta y Melilla volvería a ser clave para los objetivos militares de España.

Entre 1912 y 1956, España y Francia tuvieron a su cargo un protectorado en el norte de África que incluía grandes zonas del actual Marruecos.

A España le correspondió la zona norte y sur del país. Pero de este protectorado quedaron excluidas Ceuta y Melilla, que mantuvieron su estatus de territorios españoles.

"Ambas ciudades se convirtieron en el epicentro de la administración colonial de España en el actual Marruecos. Eran la base administrativa y militar para controlar ese protectorado", explicó Torres.

No es casualidad que la Guerra Civil española estallara en 1936 a raíz de un levantamiento militar en Melilla. 

En Ceuta y Melilla se produjo el levantamiento militar que dio paso a la Guerra Civil española. En Melilla hubo una estatua del dictador Francisco Franco hasta 2021 (foto de 1987).

 

Tanto allí como a Ceuta, el Ejército español enviaba a las que probablemente eran sus mejores tropas.

"Todo esto influyó en que las guarniciones aquí destinadas se mostraran afines al levantamiento y llevaran la iniciativa en el estallido de la Guerra Civil", dijo Torres.

La Guerra Civil española culminó en 1939 con la victoria de las tropas franquistas sobre el bando republicano.

El protectorado español en el norte de África no terminaría hasta 1956, cuando Marruecos consiguió su independencia y surgió como el Estado que hoy conocemos. Una zona en el sur le fue entregada a Marruecos en 1958.

Pero Ceuta y Melilla siguieron siendo españolas.

 

Por qué Marruecos las reclama como suyas


Prácticamente desde el logro de la independencia, Marruecos ha reclamado frecuentemente el fin de lo que ellos han considerado una ocupación española en Ceuta y Melilla.

Sus reivindicaciones forman parte de la idea del Gran Marruecos, por la que los marroquíes reclaman la soberanía sobre estas y otras zonas del territorio norafricano, incluido el Sáhara Occidental.

Pero cuando Marruecos presentó el caso de Ceuta y Melilla ante Naciones Unidas como territorios no autónomos pendientes por descolonizar, este fue desestimado.

Marruecos reclama Ceuta y Melilla como suyas a pesar de que cuando España las conquistó, este país africano no estaba constituido como Estado.


Samir Bennis, analista político marroquí, explicó que, tras la independencia de España y Francia, Marruecos actuó de buena fe, asumiendo que la cuestión de Ceuta y Melilla se resolvería de forma amistosa en el futuro.

Actualmente, España se niega categóricamente a mantener cualquier negociación sobre estas dos ciudades e insiste en que han sido españolas durante más de cinco siglos y que son parte integral del Estado español.

Sin embargo, Bennis cuestiona la postura española desde un punto de vista histórico.

"Durante la mayor parte de la historia, estos dos enclaves no fueron considerados como dos ciudades españolas completamente establecidas. Su estatus ha variado entre fortalezas militares y presidios al aire libre a los que enviaban personas a cumplir sentencias para mantenerlas alejadas de la península", dijo Bennis a la BBC.

 

Qué dice la ley internacional
 

Expertos consultados por BBC Mundo argumentaron que hay mucha política alrededor de las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla, y que no se trata solo de un tema legal.

De hecho, estas dos ciudades no son los únicos territorios que han enfrentado a España y Marruecos. 


Cerca de costas marroquíes, España también controla el peñón de Vélez de la Gomera, el peñón de Alhucemas, las islas Chafarinas y el islote de Perejil.

En julio de 2002, manifestantes marroquíes se pararon en la costa de Marruecos frente al islote de Perejil con un cartel que decía: "Demandamos la liberación de Ceuta y Melilla y todos los otros territorios marroquíes ocupados".

 

A diferencia de Ceuta y Melilla, no hay civiles en estos territorios. Vélez de la Gomera alberga una base militar, pero sin población civil.

"Eso es muy importante. Para Marruecos siempre sería más fácil reclamar territorios sin habitantes que Ceuta y Melilla", explicó a BBC Mundo Jamie Trinidad, experto en ley internacional de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido.

"La defensa legal de España es que esos territorios se convirtieron en españoles mucho antes de que Marruecos se convirtiera en un Estado. Y, bajo la ley, estos territorios no son considerados colonias porque están perfectamente integrados como entes autónomos dentro de la Constitución española", añadió el experto.

Bajo la ley internacional, es muy difícil que Ceuta y Melilla a pasen a formar parte de Marruecos.

 

"En términos legales, que esos territorios son españoles es algo que está bastante claro. Para Marruecos va a ser muy difícil cambiar ese estatus, aunque creo que mantendrá sus reclamaciones vivas como estrategia política", dijo Trinidad.

El académico opina que para Marruecos es mucho más importante el Sáhara Occidental que sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla, y aunque cuentan con el apoyo de organismos como la Unión Africana, se deben más a un tema emotivo al tratarse de "los dos últimos territorios europeos en el África continental". 


Cómo se vive en Ceuta y Melilla

 
Como ciudades autónomas, Ceuta y Melilla cuentan con competencias similares a las de otras autonomías de España como Cataluña, el País Vasco o Andalucía. Pero su régimen es más bien un híbrido entre un ayuntamiento local y una comunidad autónoma.

"Tienen un estatus específico para ambas ciudades que no se contempla para ningún otro territorio. Tienen muchas más competencias que un ayuntamiento pero no llega al nivel de autonomía y recursos que puede llegar a tener una comunidad autónoma", explicó Torres.

El Estado español reconoce de esta forma el carácter único de estas dos ciudades y les otorga mucho más peso político del que hubiesen tenido si fueran dos meros municipios.

A pesar del origen marroquí de muchos de sus habitantes y del crecimiento del islam, Torres explicó que hasta el momento no se ha generalizado un problema de identidad nacional.


"De hecho, los españoles ceutíes y melillenses con ascendencia marroquí se sienten más reafirmados en esa identidad española por una situación de bienestar material y de acceso a derecho y libertades que no se tienen al otro lado de la frontera", dijo Torres.

"Desde la visión mayoritaria de esas ciudades, las reivindicaciones de Marruecos se han sentido como una amenaza, no como algo planteable", añadió.

Sin embargo, en ocasiones ambas ciudades se sienten abandonadas por el Estado español. Ambas figuran como las dos últimas en nivel de riqueza per cápita del país, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas.

Su posición peculiar las hace muy vulnerables a lo que sucede en Marruecos y la economía de sus habitantes depende en gran medida del comercio sumergido y del contrabando que ha fluido a ambos lados de la frontera durante décadas.

Además, son el único punto de entrada terrestre a la UE desde África, lo que convierte a estas ciudades en el objetivo de miles de migrantes cada año.

Una situación que algunos consideran ha sido utilizada por Marruecos como arma política.
 
 
 
En la primavera de 2021, unos 8.000 migrantes cruzaron la frontera en un solo día. Entonces, se especuló con que guardias marroquíes habían hecho la vista gorda para abrirles paso. El incidente desembocó en una grave crisis diplomática entre España y Marruecos, provocando que el gobierno español enviara refuerzos a sus fronteras.

Casi un año más tarde, al menos 23 inmigrantes murieron y otros resultaron heridos cuando una gran multitud intentó cruzar a Melilla, aunque organizaciones de derechos humanos elevaron la cifra de fallecidos a 37.

El incidente se produjo cuando un amplio dispositivo de fuerzas marroquíes intentó detener a los migrantes con porras, gases lacrimógenos y pelotas de goma.

En marzo de 2020, las fronteras marroquíes se cerraron con estas dos ciudades por la pandemia del coronavirus y no reabrieron hasta dos años después. Durante las restricciones, la economía de sus vecinos sufrió y se evidenció aún más su dependencia del país africano.

El Observatorio de Ceuta y Melilla ha estado pidiendo al gobierno español medidas contundentes para cambiar el modelo económico de estas ciudades, disminuir la dependencia con Marruecos e impedir crisis futuras.

"Melilla y Ceuta se encuentran ante una crisis de extraordinaria seriedad, agravada en grado sumo por su dependencia económica de Marruecos. Algunos analistas de prestigio estiman que, bajo ciertas circunstancias, la no sostenibilidad de Melilla y Ceuta supone un riesgo para los intereses de España", concluyó uno de los informes del Observatorio.


¿Una nueva etapa?


Con el reconocimiento español del plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental a fines de marzo de 2022, la relación entre ambos países dio un giro considerable.

Esta estratégica región en el noroeste de África fue colonia española hasta 1975 y lleva desde entonces inmersa en un conflicto por definir su estatus. Por un lado, el pueblo saharaui pide ser un país independiente y, por otro, Marruecos considera que este territorio le pertenece.

Naciones Unidas estableció en 1991 la Minurso, una misión especial con el objetivo de celebrar un referéndum en el que el pueblo saharaui pueda elegir entre la independencia o la adhesión a Marruecos. Sin embargo, hasta la fecha no ha sido posible organizar la consulta.

Por primera vez en muchos años, España rompió su neutralidad sobre la situación de este territorio, ganándose críticas internas y abriendo a su vez otro enredo diplomático con Argelia, un rival histórico de Marruecos que defiende la alternativa saharaui al conflicto.

 

La posición de España ha supuesto una mejora indudable en su relación con Marruecos que para muchos también podría alivianar el reclamo marroquí sobre Ceuta y Melilla.

Aunque Carlos Echeverría, director del Observatorio de Ceuta y Melilla y profesor de relaciones internacionales en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, opina que "esa situación no cambia en absoluto".

"Aunque el mensaje de las autoridades españolas vaya en la dirección contraria, que Marruecos renuncie al reclamo sobre Ceuta y Melilla no se ha dejado por escrito en ningún sitio", dijo Echeverría a BBC Mundo.

 

*Este artículo fue publicado originalmente en mayo de 2022 y actualizado en julio de 2026 a raíz de una masiva ola de migrantes que cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta.

 

Fuente: Por qué Ceuta y Melilla pertenecen a España si están en África  

 

 



lunes, 27 de julio de 2026

"La trampa del Mundial es que nos hacen creer que los futbolistas reflejan una patria"

 



Por Gerardo Lissardy 
BBC News Mundo


Hay ecos del Mundial de fútbol que contrarían al sociólogo argentino Pablo Alabarces, que hace años investiga este deporte como cultura popular.

Por ejemplo, a Alabarces le enoja que en su país hablen de una "campaña anti Argentina" por las críticas a su selección desde el exterior.

Según este profesor de la Universidad de Buenos Aires, lo que hay son estereotipos de argentinos amplificados por las redes sociales.

También rechaza la acusación de que Argentina sea un país racista, lanzada, entre otros, por el actor estadounidense Samuel L. Jackson antes de la final mundialista que España le ganó a la Albiceleste el domingo.

Alabarces disiente además con la idea de que los futbolistas de una selección reflejen una patria: "La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí", dice en una entrevista con BBC Mundo.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo con el autor de libros como "Fútbol y Patria", "Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios" e "Historia mínima del fútbol en América Latina":

"Este fue el Mundial de las redes", dice el sociólogo argentino Pablo Alabarces. "Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor".


¿Qué te llamó más la atención de este Mundial desde tu óptica de sociólogo especializado en cultura popular y fútbol?

Varias cosas. Desde antes tenía una opinión formada de que no debía haberse disputado una Copa en EE.UU. en este momento. Creo que lo mismo dijimos en Rusia y en Qatar, con lo cual uno está un poco resignado a que los negocios de la FIFA son inescrutables.

Había una situación política internacional muy compleja que se manifestó en la Copa en modos previsibles como la expulsión del árbitro somalí o la imposibilidad de que el plantel de Irán durmiera en territorio estadounidense.

A pesar de todo, la FIFA hizo un negocio espléndido.


La mayor polémica fue tal vez la intervención de Trump para que la FIFA le quitara una suspensión al goleador de su país antes de un partido de eliminación...

Eso fue una grosería. Me alegró ver que a Trump lo abuchearon, que a Infantino lo abuchearon, que la pausa de hidratación fue globalmente repudiada y que finalmente esa intervención de Trump también fue globalmente repudiada.

No me sorprende, porque ese tipo de intervenciones van en contra de la cultura futbolística tal como la conocemos globalmente.


Hubo cantidad de controversias extrafutbolísticas, incluso con relatos morales, tribus, teorías conspirativas y pasiones posiblemente exacerbadas por los algoritmos. ¿Ha sido este también el primer Mundial de la rabia?

Puede ser. No recuerdo fenómenos similares.

Estoy muy enojado con muchos de mis colegas y compatriotas, porque salieron a hablar de una campaña anti Argentina.

"No se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica", dice Alabarces.


La última vez que se habló de campaña anti Argentina lo hizo la dictadura, en 1978. Entonces, me duele porque me trae pésimos recuerdos.

Una campaña supone un nivel de deliberación y voluntad conspirativa enorme. Y esas conspiraciones no existen.

Lo que sí ocurre es que, así como en 2022 se empezó a contar la cantidad de espectadores que veían el Mundial en sus pantallas de celular, este fue el Mundial de las redes: la explosión de los posteos como medio de información, debate y discusión. Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor.

Me llamó la atención comprobar que Messi era un ídolo global. Nadie abuchea a Messi.

Por otro lado, y puedo entender esto como fenómeno de redes, hay una lógica mediática que te obliga a fabricar un villano en todo enfrentamiento. Y ese lugar del villano tendía a ser ocupado por Argentina en general y por algunos de sus jugadores en particular.

Enzo Fernández y Paredes en la final cumplieron con lo que se esperaba del villano.

Pero estoy convencido de que no se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica por mil.


¿Esto surge por la idiosincrasia argentina o por la forma en que los argentinos suelen ser vistos en otros países?

Por un lado, la forma como son vistos. Por otro, el estereotipo. Y por otro lado, el modo en el que muchos argentinos se comportan realmente.

En toda América Latina el chiste favorito es el que apunta al narcisismo argentino. Es muy anterior a la Copa.

El estereotipo abunda por un lado en rasgos de personalidad que tienen mucho más que ver con el habitante de Buenos Aires que con todos los argentinos: petulancia, soberbia, etcétera.

Como sociólogo tengo que decir que una cosa es el estereotipo y otra es una realidad social y cultural mucho más compleja.

El estereotipo es una simplificación, pero que está basado en algún tipo de rasgo o de dato. Entiendo por qué se forma ese estereotipo sobre los argentinos.

También creo que influyeron de manera muy negativa las posturas políticas del Estado argentino, asociado a Trump y Netanyahu, por ejemplo. De ahí a concluir que todos los argentinos son partidarios del genocidio palestino hay una distancia enorme que, sin embargo, se transitó.

Tenemos una enorme cantidad de manifestaciones de racismo, especialmente futbolero. Eso no transforma a la Argentina en un país más racista que muchos otros. Por el contrario, es un país más clasista que racista. El insulto "negro" en la Argentina trasluce una relación de clase antes que una relación étnica.

Por cierto, es un país muchísimo menos racista que la mayor parte de Europa occidental y EE.UU.

La ultraderecha europea trabaja sobre la inmigración como el fantasma que debe ser expulsado. En la Argentina, la inmigración no es un problema. Hay voces aisladas, pero no es un problema.


Una pregunta que surgió, sobre todo después de la final con esos mensajes hostiles hacia Argentina en redes, es a qué se debe ese supuesto sentimiento anti argentino. ¿Hay razones de fondo?

No son de fondo. Si uno analiza políticamente aquellas cosas de las cuales han acusado a la Argentina, no tienen sustento.

Hay discriminación, no hay segregación: eso es lo que vuelve a la Argentina un país mucho menos racista.

Lo que ocurre es que las clases populares son morochas. Se dice que en la Argentina no juegan negros. En realidad, para nuestra categoría de negros, la mitad de nuestro seleccionado es negro porque son mestizos, descendientes de aborígenes o afrodescendientes, gente de las provincias especialmente del norte de la Argentina.

Que Samuel L. Jackson diga que la Argentina es el país más racista de la Tierra es absolutamente insostenible viniendo de un afrodescendiente norteamericano bisnieto de esclavos.

Ahora, venimos de incidentes de turistas argentinos en Brasil que terminan presos por hacer gestos racistas. Hay este tipo de gestos menores pero que, en la lógica de las redes, rápidamente se amplifican.


¿Pero descartas que estos gestos que señalas como menores expongan una especie de racismo latente en la sociedad argentina?

Es una sociedad que tiene problemas de racismo. No es un país racista, pero el problema es que tampoco es un país anti racista.

España tiene un problema mayor con el racismo, no me cabe duda.


Algunos ven esta selección de España como reflejo de un éxito de integración de la inmigración…

Pero esto desde 1998 sabemos que es falso: fue el momento en que la pretendida selección multiétnica francesa convalidó la integración exitosa de sus razas colonizadas. Sin embargo, después estallaba París, porque sus presuntos integrados siguen desintegrados y discriminados.

Y en España, donde hay una extrema derecha que propone expulsar inmigrantes, no me pueden decir seriamente que están mejor.


En Argentina hay quienes sostienen que el sentimiento contrario al país surge de una supuesta envidia. El futbolista Rodrigo De Paul escribió tras la final: "Hoy miro cuánta gente esperaba esta caída, instalando durante toda la copa del mundo conspiraciones infundadas para calmar el dolor de otro por no poder vivir lo que todos los argentinos estábamos viviendo, porque nuestras sonrisas molestan". ¿Hay celos por Argentina?

No hay nada de eso. Las conspiraciones planetarias no existen, las envidias mundiales tampoco.

La Argentina tiene una sola cosa por la que puede ser envidiada, entre comillas, en términos futboleros y es que tuvimos a los dos mejores jugadores de todos los tiempos, uno atrás del otro. Se retiró Maradona y apareció Messi.

Eso es un suceso excepcional en una lógica estrictamente futbolística.

Fuera de eso, encuentro muchas cosas por las cuales puedo ser orgulloso de mi sociedad. ¿Pero de ahí a que el mundo nos envidie? Eso es una ridiculez y habla de esa petulancia de la que hablábamos al comienzo.


¿Hay una incomprensión mutua, de argentinos con europeos e incluso con otros latinoamericanos, sobre la forma de entender el fútbol y cómo vivirlo?

No. En todos lados donde haya una cultura futbolística más o menos importante, el fútbol es mucho más que simplemente fútbol.

El fútbol provee narrativas de identidad, se establecen contratos emotivos: no hay un compromiso con un equipo por interés económico.

Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.


Messi gana la Copa del Mundo y lo que se produce en ese momento es un estallido de felicidad muy original. No encuentro movilizaciones de cinco millones de personas ni en los funerales más sonados de la historia.

Pero pasamos 36 años sin ganarla. Ese exceso de entusiasmo se produce como felicidad compensatoria frente a una situación espantosa: este país envidiable, paraíso terrenal y granero del mundo, está hecho mierda.

El impacto de Messi aparece en el momento en que la Argentina deja de autopercibirse como sociedad igualitaria, en crecimiento, de bienestar, y debe reconocer que es una sociedad fracasada. En medio de ese tembladeral socio-político-económico, se gana una Copa del Mundo. Y aparece lo que llamo felicidad compensatoria.


Otra parte de las críticas hacia Argentina apuntan al modo en que su selección jugó la final, de forma defensiva, raspando a los españoles, buscando anular su juego más vistoso. ¿Esto acaso sí implica diferencias sobre cómo concebir el fútbol?

El tema es que la Argentina no jugó siempre así. Jugó muy mal la final. Jugó muy mal contra Suiza. No jugó mal el resto de los juegos.

La media hora final contra Inglaterra y los 15 minutos finales contra Egipto son de un gran equipo, donde además no hay violencia ni cosas por el estilo: es un equipo que se lleva por delante al otro con gran fútbol.

La final la juega muy mal. Pero, salvo esas reacciones intempestivas del final o la tontería de Enzo Fernández haciéndose expulsar, son cuestiones futboleras.

El equipo llega muy cansado, hace un planteo que no le sale, no sabe muy bien cómo cambiarlo, se le lesionan los dos defensores centrales...

España ya había hecho lo mismo con Francia: no dejarlo jugar, presionando desde tu golero en adelante para que nadie pueda recibir la pelota. Me parece fantástico como estilo de juego.


¿Los incidentes cuando terminó la final, con futbolistas argentinos que agredieron a españoles, empañaron algo la imagen que tenía la selección de Scaloni y Messi?

Sí, pero no me sorprende. Porque ahí entra a jugar una lógica moral que organiza la cultura futbolística argentina, y no solo argentina, según la cual si no reaccionas frente a la provocación o a la humillación, no sos macho. Entonces hay que demostrar hombría saliendo a pegar.

"Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación", dice Alabarces.


Pero no fue un comportamiento masivo; tiene individuos muy bien identificados.


Scaloni fue a separar de inmediato...

Sí, por eso también es irritante ese discurso de odio y que no vean la bonhomía, tranquilidad y humildad de un tipo como Scaloni, que es otra cosa totalmente distinta.


¿Algo bueno del Mundial será que ha planteado preguntas sobre cuánto realmente refleja el fútbol lo que somos, qué valores queremos representar, qué nos une más allá de un idioma o una región compartidos?

Disiento con la idea de usar la metáfora del reflejo, porque no hay tal reflejo.

No olvidemos un dato básico: es una selección masculina. La FIFA nombra "copa femenina" a la de las mujeres y "copa", a secas, a la de los hombres.

Los tipos no reflejan una patria. La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí. Y lo que es peor: lo creemos.

Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación mucho más compleja, plural, atravesada por diferencias y desigualdades.

Por el carácter eficaz de la ficción, eso de que no son la patria pero hacemos de cuenta que lo son, es que la Copa del Mundo permite este tipo de discusiones.


Por lo visto estás más cerca de Borges cuando, ya en su época, decía que "el fútbol despierta las peores pasiones. Despierta, sobre todo, lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte"…

Totalmente de acuerdo. Estoy a punto de cancelar mi amor por este juego cuando llegan las Copas del Mundo.

Sin embargo, apuesto a que de todas formas vas a ver el próximo Mundial...

Seguramente sí, aunque espero jubilarme pronto.





La cursiva en el texto es mía.


sábado, 4 de julio de 2026

Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América y quién le dio el nombre

 

 

Por Carlos Chirinos
Especial para BBC News Mundo

 

Algunos dicen que Estados Unidos es un país sin nombre.

Sus ciudadanos lo llaman America (así, sin acento), apropiándose del nombre de todo el continente.

Y en el uso de ese nombre le sigue buena parte del resto del mundo, incluidos, curiosamente, los países que comparten el sur del continente y que también son americanos.

América es un nombre que precede, por siglos, a la formación como país de lo que hoy es Estados Unidos, que este 4 de julio celebra los 250 años de su Declaración de Independencia.

¿De dónde viene entonces el nombre actual? ¿Y se sabe quién lo eligió?

El nombre Estados Unidos de América consta en el acta de independencia firmada hace 250 años.

 

Colonias Unidas

Durante la mayor parte del período de colonización de los siglos XVII y XVIII, las 13 colonias británicas en América del Norte no eran una unidad política.

Eso fue cambiando con la cooperación militar durante la guerra Franco-Indígena (1754-1763), un conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control territorial en el que ambos bandos tuvieron aliados indígenas, y con las posteriores tensiones con la metrópolis en la década de 1770.

Entonces empezó a usarse el término United Colonies (Colonias Unidas) incluso en documentos oficiales del Congreso, como el nombramiento de George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental en 1775.

Algunas interpretaciones históricas aseguran que fue un español, Luís de Unzaga, gobernador de la Luisiana española de la época, quien, en una carta dirigida a un general de los colonos rebeldes, "bautiza" a los Estados Unidos de América como se usa hoy.

Como principal representante del Imperio español en Luisiana, hasta pocos años antes en manos de los franceses, Unzaga tuvo contacto con los colonos rebeldes, a quienes Madrid apoyaba en secreto para dañar los intereses del enemigo histórico británico.

"En su correspondencia con el mayor Charles Lee, en el verano de 1776, Unzaga le dirigió una carta con el tratamiento de 'General de los Estados Unidos Americanos'", indica en un artículo publicado en 2021 en su sitio web el Hispanic Council, un centro de estudios que promueve las relaciones entre España y EE.UU. a través de la investigación y la divulgación histórica.

"Esta era la primera vez que un representante de una potencia europea (...) aceptase así la existencia y nacimiento de la nueva nación norteamericana", añade.

 Luis de Unzaga gobernó Luisiana, que entonces hacía parte del Imperio español, de 1769 a 1777.

 

"Este hecho de gran trascendencia, el primer reconocimiento de EE.UU., le resultó al general Lee tan 'positivo y halagüeño' (...) que se lo transmitió literalmente a Joseph Reed, edecán de George Washington; poco después el propio Washington leyó esa misiva que había llegado a su despacho, creyendo que iba dirigida a él", se afirma en el texto titulado "Luis de Unzaga: el gobernador de Luisiana que bautizó a los Estados Unidos Americanos".

En un artículo biográfico sobre Unzaga que publicó el pasado abril el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, cerca de Madrid, se hace referencia a la misma carta describiéndola como "un hito fundamental" en el reconocimiento de la nueva nación.

El artículo indica que la carta es "la primera vez que un representante europeo usaba esta denominación" que "validó a los combatientes como militares de un país independiente y no como meros rebeldes".

Además, afirma que Unzaga fue "el inspirador del nombre oficial en español de la nación al avalar el término sin anteponer Thirteen o el estatus de colonies a la denominación que aún quedaba como reminiscencia de las colonias inglesas".

 
El acta de independencia de las 13 colonias americanas unidas se firmó en Filadelfia.
 
 
El "mito español" en el bautismo de EE.UU.

Para el historiador español Gonzalo M. Quintero Saravia, todo este debate en torno al aporte de Unzaga "se parece a veces mucho a la película My Big Fat Greek Wedding (traducida como 'Casarse... está en griego' o 'Mi gran boda griega')".

"El protagonista de esa película es el padre de la novia, que es un griego norteamericano que ha emigrado desde Grecia y él siempre dice que es capaz de derivar cualquier palabra en inglés de un origen griego y para él todo es griego", explica Quintero en entrevista con BBC Mundo desde Madrid.

Haciendo una analogía, Quintero considera que en los últimos años se ha dado una tendencia a amplificar "ese mito de que todo lo que pasó en Estados Unidos tiene origen español, algo que contrasta con el 'borrado' que se produjo durante décadas de la contribución española al proceso independentista".

Y añade: "Mucho de lo que ocurrió en Estados Unidos tiene origen español, pero llegar a decir que el nombre de Estados Unidos fue inventado por una carta que escribió un gobernador a George Washington, pues me parece un poco estirar un poco las cosas".

El historiador ha escrito sobre el papel de España en el proceso de independencia estadounidense, particularmente sobre las acciones que tomó el sucesor de Unzaga al frente de Luisiana, Bernardo de Gálvez.

 
España apoyó a las Trece Colonias en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. 
 
 
En su libro "Bernardo de Gálvez: un héroe español en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica" (publicado originalmente en inglés como Bernardo de Gálvez: Spanish Hero of the American Revolution, por The University of North Carolina Press, 2018), Quintero destaca cómo las campañas militares españolas contra los asentamientos británicos en el río Misisipi fueron cruciales para impedir que Londres dedicara todas sus fuerzas a enfrentar al ejército de Washington.

"La Revolución americana se enmarca dentro de un contexto y el contexto es las guerras entre las potencias europeas por el control americano. Pero incluso antes de que Francia entrase en la guerra (1778) y de que España también lo hiciese en 1779, ya es un conflicto mundial porque tanto Francia como España apoyan a los revolucionarios norteamericanos, que es una tradición muy normal entre imperios", afirma Quintero.

"El siglo XIX es un periodo de construcción norteamericano que mira hacia el anglosajón, teñido un poco de anticatolicismo porque están construyendo un país basado en valores protestantes; España no encajaba como ayuda a la Revolución americana como sí encajaba Francia. No encajaba el apoyo de una monarquía católica a la Revolución americana".

Esa tendencia ha cambiado en las últimas décadas y el aporte español a la independencia estadounidense está siendo redimensionado para ponerlo más a la par del de Francia, mucho más reconocido.

Sin embargo, el historiador Quintero indica que no ha visto prueba documental que respalde la tesis del país "bautizado" por Unzuaga.

"Tendría que verla. Si la hay, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo al día de hoy no conozco ninguna prueba de eso".

 

El nombre de Estados Unidos de América se usa por primera vez

 

El primer uso escrito documentado de Estados Unidos de América se produjo el 2 de enero de 1776, cuando Stephen Moylan, ayudante de Washington, escribió una carta expresando su deseo de viajar a España "con plenos y amplios poderes de los Estados Unidos de América".

La famosa carta de Unzaga está fechada el 4 de septiembre de 1776, lo que ayuda a desmontar la tesis de que Washington adoptó entonces esa definición para el país.

Eso sin contar con que el líder independentista estaba centrado en asuntos militares y no en la creación de estatutos legales.

El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson incluye el nombre en la Declaración de Independencia, documento fundacional del país y de la cual fue el principal redactor.

El texto pasó de decir: "Una Declaración de los Representantes de los Estados Unidos de América…" a "La Declaración unánime de los 13 Estados Unidos de América".

En septiembre de ese año, el Segundo Congreso Continental resolvió cambiar las 'Colonias Unidas' por 'Estados Unidos', con lo que se oficializó el nombre del nuevo país que se usó en los Artículos de la Confederación (1781) y más tarde se incorporaría a la Constitución (1789).

No está probado que George Washington tuviera ninguna vinculación con la elección del nombre de Estados Unidos.

 

Columbia y otros nombres que se propusieron para EE.UU.

 

Pero para algunos, el país debía llamarse de otra manera.

Entre las opciones estuvieron Columbia (para homenajear a Cristóbal Colón); Freedonia o Fredonia, en alusión a la libertad de los nuevos territorios, y nombres de referencia geográfica como Appalachia o Alleghania, que pretendían vincular la identidad del país al paisaje que lo diferenciaba de Europa.

Ninguna prosperó, aunque Columbia fue la más cercana a convertirse en oficial y sobrevivió en nombres como el Distrito de Columbia, de la capital, Washington, y en una decena de ciudades.

Aunque America (sin acento) sea el más popularmente usado dentro y fuera del país, el término Estados Unidos se impuso en documentos oficiales y en el lenguaje político.

Algunos argumentan que Estados Unidos no es estrictamente un nombre, sino una definición administrativa sobre cómo se organiza una nación a partir de una federación de territorios.

De hecho, hay otros Estados Unidos en América: es el caso de México, cuyo nombre es oficialmente Estados Unidos Mexicanos.

Brasil tuvo la misma denominación hasta 1967. En 1953, Venezuela cambió de Estados Unidos a República de Venezuela. Hubo unos Estados Unidos Centroamericanos entre 1821 y 1841. Y Colombia también fue Estados Unidos entre 1863 y 1886.

"Los Estados Unidos se han apropiado del continente desde el principio. El ejército de George Washington se llama ejército continental. El congreso donde se reunían los representantes de las 13 colonias se llama Congreso Continental", indica a BBC Mundo el historiador Quintero.

"Para Estados Unidos, el continente americano es lo que los demás del mundo llamamos Norteamérica. Para cualquier otro, América es desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Pero para Estados Unidos, América es solamente ellos. Y es una apropiación que tiene lugar desde el primer momento en Estados Unidos".


Fuente: Por qué EE.UU. se llama Estados Unidos de América