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jueves, 17 de septiembre de 2026

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

 

 

Por Laurie Clarke
BBC Future
 
 
Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

"Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?", reclamó Georgia. "Sí, por supuesto", tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, "No tienes que invitarlas si no quieres".
 
Pero todas sabíamos que sí, sí que tenía.

Probablemente tú tengas recuerdos de tu propia Georgia, una chica popular que podía provocar miedo con una mirada. Tal vez tú eras una Georgia.

Cualquiera sea el caso, los recuerdos están. 
 
Tras hablar a cientos de personas sobre sus experiencias en la secundaria, Mitch Prinstein, profesor de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., encontró que los recuerdos de aquellos que lideraban en los corredores escolares eran curiosamente potentes.

Incluso décadas después de dejar la secundaria, la mayoría de las personas pueden fácilmente recordar el nombre del estudiante más popular de su generación, mucho mejor que los nombres de los profesores y otros compañeros de clase, escribió Prinstein en su libro de 2017 Popular: The Power of Likeability in a Status-Obsessed World ("Popular: El poder de la simpatía en un mundo obsesionado con el estatus").

Y no son sólo los recuerdos los que quedan grabados.

Los estudios señalan que lo popular que fuimos como adolescentes puede influir en nuestras vidas por muchos años en aspectos que van desde cómo entendemos nuestras interacciones sociales hasta la fortaleza de nuestras relaciones amorosas, nuestra satisfacción con la vida e incluso nuestra salud.
 
 
"¿Quién te cae mejor/peor?"

Fue el psicólogo estadounidense John Coie quien cambió la manera en que los investigadores pensaban sobre la popularidad.

En sus ahora influyentes estudios de comienzos de 1980, empezó preguntando a los escolares dos preguntas simples sobre sus compañeros: "¿Quién te cae mejor?", y "¿Quién te cae peor?".

Coie utilizó las respuestas de los chicos para proponer cinco categorías sociales.

Están los "aceptados" y "rechazados", aquellos que fueron ampliamente apreciados o despreciados respectivamente.

Luego se encuentran los "controvertidos", aquellos que recibieron un alto número de "aprecios" y "desprecios", los "abandonados", porque fueron escasamente mencionados de una manera u otra, y los "promedio", es decir, que no se inclinaron extremadamente en ninguna dirección.

Muchos estudios han confirmado la utilidad de estas etiquetas. Generalmente encuentran que 40% de los chicos son "promedio" y 60% caben dentro de las otras cuatro categorías.

Los jóvenes más apreciados tienden a ser percibidos por sus pares como amables, alentadores y serviciales, mientras que los "abandonados" tienden a ser callados y a quedarse aislados.

Los chicos "rechazados" son o bien agresivos o bien víctimas de matoneo. 
 
Los "controvertidos", el grupo más raro, dividen a la gente, y son típicamente percibidos como los payasos de la clase o rebeldes. 
 
En primaria, los valores de los niños suelen alinearse con los de sus supervisores adultos. En la secundaria, eso cambia, alterando el panorama social.
 

Notablemente, Coie encontró que la mayoría de las etiquetas permanecían iguales cuando ingresaban a nuevos grupos de pares.

Y mientras que la investigación inicial fue realizada en nivel escolar, muchos estudios han reproducido los resultados en adolescentes. Uno encontró que casi la mitad de los niños mantuvieron la etiqueta que tuvieron en primaria cinco años después en la secundaria.

"Tuve una experiencia tan mala en la primaria. Siempre recuerdo a mi madre diciendo: 'Las cosas mejorarán cuando entres a secundaria'", cuenta Connie*, otra amiga a quien le pregunté sobre su experiencia.

"Pero creo que una vez que te hicieron bullying o si tienes algo que te hace ver diferente… prácticamente era un blanco fácil", continúa.

Ella, por ejemplo, recibió maltrato en una secundaria y se cambió, pero en la nueva institución se enfrentó a un patrón similar.
 
 
Primaria versus secundaria

Aunque las etiquetas continúan siendo las mismas, la dinámica social cambia dramáticamente entre primaria y secundaria.

En la primaria, los "populares" suelen ser aquellos bien portados y estudiosos, porque en ese período los valores de los chicos normalmente están alineados con los de sus supervisores adultos.

Todo eso cambia en la secundaria. Los adultos y todo lo que representan se vuelven tristemente indeseables. Una persona sobresaliente podría encontrarse relegada al estatus de nerd, mientras que una más ruidosa podría ver su estrellato ascender.

Hablando por teléfono con mi otrora terror del patio escolar y ahora amiga íntima Georgia, le pregunté si ella misma se consideraba popular en la escuela secundaria. Me contesta que no se percibía a sí misma de esa manera.

"'Popular' suena como que le caes bien a la gente y no creo que fuera mi caso", explica. "Tal vez era un poco más parecido a infame… estridente, queriendo llamar la atención".

De adolescente, Georgia personificó el arquetipo de "controvertida". Actuaba agresivamente y se comportaba mal en clase. Y los estudios indican que se equivoca al creer que eso la hacía inelegible para la etiqueta "popular".
 
Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la escuela secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.
 
 
En la secundaria, "empezamos a notar quiénes llaman más la atención, quiénes son más dominantes o cool", indica Prinstein.

Y agrega que también se destacan "los que empiezan a volverse más atractivos físicamente, los que se ajustan a los estándares de sus pares, como los que se visten bien o son buenos deportistas".

El ejercer un comportamiento "pseudomaduro", las acciones asociadas con adolescentes mayores o adultos, es otra vía rápida para adquirir estatus. Los adolescentes que beben alcohol, consumen drogas o están en relaciones amorosas precoces tienen mayor probabilidad de ser considerados populares, por lo menos durante un tiempo.

Alrededor de los 15 años, ese comportamiento cesa de conceder estatus al mismo nivel.

A medida que los estudiantes de secundaria empiezan a madurar, la búsqueda manifiesta de estatus se vuelve socialmente menos inmediata.

Pero las repercusiones de estas experiencias tempranas pueden tener consecuencias.

"Las experiencias que tenemos de chicos, ya sea que caigamos bien, que seamos populares o tengamos una estatus alto parecen tener un efecto duradero aun 40 años después", afirma Prinstein.

Sin embargo, "la simpatía y el estatus tienen efectos bastante opuestos", dice.

"La simpatía es buena. Generalmente conduce a todo tipo positivo de salud, trabajo, resultados psicológicos y académicos. Tener un estatus alto deriva en lo opuesto".
 
 
La cultura del grupúsculo

Los investigadores solían interpretar la cultura de la escuela secundaria como una versión inmadura de la sociedad adulta.

En los 1960, empezaron a entender que esta "cultura de los pares" era algo más extraño, un mundo paralelo animado por sus propias fascinaciones quijotescas y códigos establecidos.

En lugar de una jerarquía simple, el panorama social de la secundaria presenta un sistema dinámico de círculos íntimos. Los arquetipos clave son reflejados en la cultura popular, desde las películas American Pie hasta The Breakfast Club.

En los primeros años de secundaria, las fronteras entre los círculos íntimos tienden a ser rígidas.

"Las personas jóvenes pueden actuar como clan, siendo intolerantes y crueles en la exclusión de los otros que son 'diferentes'", escribió el psicoanalista germano estadounidense Erik Erikson en su libro de 1959, Identity and the Life Cycle ("Identidad y el ciclo de vida").

Esta intolerancia, según Erikson, podría ser "una defensa necesaria" contra la pérdida de identidad que uno sufre en la niñez, combinada con un desconcertante asalto de cambios hormonales, y la naturaleza abrumadora del futuro, con todas sus posibilidades y opciones.

Los adolescentes se ayudan mutuamente durante esa incomodidad, "formando círculos íntimos y estereotipándose", sugirió. 
 
Esa autoclasificación facilita la navegación de los mundos sociales de los adolescentes, porque la "categoría" relativa de cada persona dictamina cómo debería ser tratada.

Sin embargo, una cosa que se pasa por alto en la cultura popular son los grandes sectores de adolescentes que no se adhieren a ninguna subcultura en particular.

Un estudio de 1985 encontró que un 45% de estudiantes de secundaria se definían como simplemente "normales".

Mientras que los chicos populares hablaban de solo verse bien e ir de fiesta, los que se autodefinían como "normales" decían cosas como "simplemente soy un adolescente común y corriente".

Ser "anormal" y sobresalir por las razones equivocadas puede ser socialmente catastrófico.

Connie recuerda llegar a su nueva escuela a los 13 años y encontrar imposible navegar esos grupos.

"Recuerdo intentar ser amiga de niñas nerd. Recuerdo tratar de ser amigas de las chicas cool", cuenta. "Traté de encajar con la gente de música. Empecé a tocar la trompeta".

Pero todo fue inútil. "Creo que sabía en mi corazón que eso simplemente no estaba funcionando", reconoce. "No había un lugar donde cabía. Al final, quedé completamente ignorada por todos".
 
 
Cuando los adolescentes maduran

Hacia el final de la secundaria, la estricta jerarquía social se relaja un poco.

A comienzos de 1990, el investigador David Kinney realizó un proyecto de investigación etnográfica en el que se internó en una secundaria para observar de cerca los cambios de las fronteras de los círculos íntimos.

Encontró, por ejemplo, que los antiguos "nerds" lograron hacer la transición a "normales".

Para muchos de estos con los que Kiney habló, el desarrollo cognitivo significó que pudieron sentirse menos temerosos y rodearse de pares que les daban reconocimiento positivo.

Ser "aceptado" en la escuela secundaria y en general es un fuerte indicativo de un resultado positivo en la vida.
 
 
A medida que los adolescentes maduran, las amarras de conformidad se aflojan.

Los populares podrán incluso enfrentar amenazas de personajes rebeldes alternativos.

El estudio de Kinney encontró que en los años posteriores, los que estaban "más de moda" eran desafiados por estudiantes con "apariencia extravagante y comportamiento pendenciero", que "competían con ellos en popularidad".

Algunos de estos cambios sutiles debieron estar en camino cuando, a los 15 años de edad, Georgia me pidió por primera vez que nos juntáramos, pero todavía recuerdo sentir confusión e incredulidad.

Casi 20 años después le pregunto a Georgia por qué quería ser mi amiga, algo que nunca le había preguntado. "Creo que había una extrañeza que compartíamos", contesta titubeante. "Como si ninguna de nosotras fuera normal".
 
 
La escuela, el ejército y la cárcel

Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.

Cuando Lucy Foulkes, una psicóloga de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y autora de Coming of Age: How Adolescence Shapes Us ("Llegando a la mayoría de edad: cómo la adolescencia nos forma"), compartió un mensaje en las redes sociales sobre "el efecto de la chica mala", recibió un alud de mensajes.

"Muchas personas decían, que no pasa solo en la adolescencia, sino en el lugar de trabajo, con las mamás a las puertas de la escuela", expresa Foulkes.

"Es un fenómeno humano que algunas personas adquieran mayor poder social y dominio sobre otras. Simplemente hay algo particularmente agudo de eso en la adolescencia", agrega.

Foulkes señala que los adolescentes están rodeados de las mismas personas casi todos los días durante años, de una manera "que simplemente no sucede durante la adultez en realidad, a no ser que sea en el ejército o la cárcel. Hay una intensidad en el entorno que va más allá de los que sucede dentro de sus cerebros".

Es esa intensidad que explica en parte por qué estas experiencias moldean cómo le damos sentido a los encuentros sociales incluso muchos años después.

"Esas experiencias de cuando teníamos 14 años se usan como una suerte de lente a través del cual ver el mundo", opina Prinstein. 
 
Apunta a los estudios que sugieren que el modelo mental que usamos para procesar nuestros mundos sociales empieza a formarse en la niñez y que las partes que procesan la memoria en el cerebro están activas cuando las personas piensan sobre el comportamiento social.

"Esos recuerdos están siendo traídos al presente todo el tiempo". 
 
 
¿Dónde están los "chicos cool" ahora?

Muchos de nosotros probablemente nos hemos preguntado qué pasó con los "chicos cool" que conocimos en nuestra adolescencia.

En un estudio de 2015, Joseph Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, EE.UU., se lanzó a estudiarlo. Sus descubrimientos no dan buenos augurios para los otrora jóvenes populares.

Tras hacerles seguimiento a 184 adolescentes en el sureste de EE.UU. de entre 13 y 23 años, Allen encontró que aquellos deseosos de lograr estatus y que practicaban comportamientos "pseudomaduros" a comienzos de su adolescencia estaban en mayor riesgo de tener dificultados a largo plazo.

El gusto temprano por el alcohol y las drogas estaba vinculado a una mayor vulnerabilidad a abusar de sustancias y tener problemas de adicción más tarde en la vida. Y darle foco al estatus a una temprana edad conducía a lazos personales menos estrechos y dificultades manteniendo amistades y relaciones amorosas.

La experiencia de ser rechazado también puede dejar secuelas. La investigación de Prinstein encontró que los estudiantes de secundaria rechazados tenían probabilidad de sufrir más depresión con el paso del tiempo. Planteó la hipótesis de un círculo vicioso en acción, donde la experiencia del rechazo engendra más aislamiento, que a su vez intensifica la sensación de rechazo.

En contraste, la "simpatía", es decir, el ser "aceptado" en la secundaria es uno de los más fuertes indicadores de resultados positivos en la vida, como una carrera exitosa, buena salud y relaciones sólidas, aun más que los factores como la inteligencia y el origen socioeconómico.

Aun así, las personas que experimentan rechazo también pueden desarrollar fortalezas importantes, como el ser más hábil en identificar cómo los otros se sienten o ser más consciente del maltrato de otros. Se ha demostrado que esa inteligencia emocional es útil para navegar las relaciones personales y el entorno laboral.

Y un niño no tiene que ser "aceptado" para gozar de una vida social satisfactoria de adulto. Los estudios han encontrado que tener uno o dos buenos amigos en la adolescencia puede otorgar una efecto protector y fortalecer las relaciones futuras.
 
 
Cambio de libreto

Lo más importante es que tenemos el poder para cambiar cómo nuestras experiencias tempranas nos afectan.

Según Prinstein, los libretos de la secundaria con los que abordamos las interacciones se pueden convertir en una profecía cumplida.

"Cuando entramos en un contexto social, podríamos estar concentrándonos en esos trazos de información que confirman nuestras peores expectativas", expresa. "Entonces nos comportamos en maneras que podrían de hecho fomentar más experiencias negativas".

Por ejemplo, al decidir que un comentario ambiguo probablemente no buscaba molestarnos, podemos ayudarnos a tener experiencias más satisfactorias, explica Prinstein.

Como una adolescente de "alto estatus" que practicaba un comportamiento arriesgado o "pseudomaduro" desde temprana edad, Georgia dice: "Tengo algo de tristeza por mi yo más joven. Nunca viví la experiencia de ser simplemente una chica normal".

Me cuenta que una temprana experiencia de ver a una amiga golpeada, combinada con un comportamiento abusivo en el hogar, la convencieron de actuar agresivamente para proyectar invulnerabilidad.

Se lamenta del hecho de que no recibió más apoyo a esa edad y que, al contrario, fue catalogada por el profesorado como una "chica mala". "Eso moldeó completamente la trayectoria de mi carrera y mi fiero activismo por las personas vulnerables", asegura.

Entretanto, Connie dice que sus experiencias tempranas de rechazo finalmente la condujeron a un patrón de autosabotaje. "Creo que me había dado por vencida de muchas formas y tenía tantos comportamientos autodestructivos que me resultó difícil mantener amistades", reconoce.

Eso culminó en un período de crisis en su adolescencia tardía, sobre lo cual desde entonces ha trabajado para sanar. Más de una década después, ha descubierto lo que ama y afirma que rara vez piensa sobre sus días en la escuela secundaria.

Tanto Connie como Georgia son testimonios del hecho que las etiquetas que una vez portamos durante la secundaria no tienen por qué ser una sentencia de vida.

"Las personas pueden definitivamente darle la vuelta", afirma Prinstein. "El problema es que no invertimos mucho tiempo hablando al respecto, lo que significa que somos más propensos a repetir nuestros patrones".

 
*Los nombres han sido cambiados.

 
Esta es una versión abreviada de un artículo publicado por BBC Future. Si quieres leer el original en inglés, puedes hacerlo aquí.


 
 
 
Nota
 
Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Sinónimos: cliché, tópico, clisé. DLE RAE

domingo, 31 de agosto de 2025

La mujer que supo callar

Drama de la vida real

 

Arriesgó todo por salvar la vida de un oficial cuyo uniforme tenía muchas razones para odiar

 

Por  Janice Keyser Lester



EN UN ESTANTE de mi cocina guardo un antiguo y pequeño molinillo de café. El cajón de su base contiene un trozo de papel con un a escritura descolorida. 
La tinta, hecha con jugo de bayas, sea desvanecido, y el fino papel está frágil porque lo doblaron repetidas veces hasta hacerlo caber dentro de un botón de bronce. Parte del mensaje es todavía legible. Está fechado el 14 de septiembre de 1864, y comienza así:
“Querida Bettie: Aprovecho la oportunidad de enviarte esta nota ocultándola a los yanquis…”

Se trata de una carta remitida por un oficial confederado prisionero a su esposa, joven ojiazul de 20años que vivía sola con un matrimonio de negros, antes esclavos, en el valle de Shenandoah, entonces devastado por la guerra de Secesión. La joven se llamaba Bettie Van Metre, y durante los dos meses siguientes se convirtió en protagonista de uno de los episodios más dramáticos y menos concoidos de esa guerra. Yo lo conozco porque se lo oí muchas veces a la misma Bettie; ella fue mi tía abuela favorita,  y cuando murió tenía más de 80 años.

Siempre que mi familia visitaba a la tía Bettie en su antigua casa de Berryville (Virginia), yo no dejaba tranquila a la anciana hasta que me contaba la historia. Todavía me parece verme sentada en un escabel a la espera de que ella comenzara.
Siempre lo hacía diciendo: “Jamás odié a los yanquis; sólo odiaba la guerra”.

Bettie Van Metre tenía buenas razones para detestarla. Uno de sus hermanos murió en la batalla de Gettysburgo, y otro fue hecho prisionero. Luego, James, su marido, cayó también en poder del enemigo, y su carta hablaba de enfermedad, malos tratos y hambre. 
Bettie ni siquiera sabía dónde se encontraba su marido, pues la parte de la misiva en que había escrito la dirección era ilegible.

Durante más de tres años el hermoso valle de Shenandoah sufrió los azares de la guerra, hasta que quedó convertido en un desierto lleno de granjas abandonadas y de mansiones saqueadas. Los ejércitos rivales aún combatían denodadamente, mientras bandas de desertores y de guerrilleros asesinaban y robaban. Bettie dedicaba buena parte de su jornada a trabajar en el Cuerpo de Costura y Enfermería local, el anciano matrimonio negro la ayudaba y atendía, pero no obstante la afectuosa compañía del tío “tío Dick” Runner y de Jennie, su mujer, las noches resultaban interminables. 

Un bochornoso día de fines de septiembre un convoy yanqui se detuvo frente a una granja situada a unos 750 metros de la casa de los Van Metre. De una de sus ambulancias tiradas por caballos sacaron una camilla ensangrentada donde yacía un hombre. Tres días antes, en una salvaje escaramuza que tuvo lugar antes de la batalla del arroyo Opequon, una granada había estallado junto al teniente de 30años Henry Bedell, de la Compañía D del 11° regimiento de voluntarios de Vermont. Un fragmento se le había incrustado en la mano derecha, y otro le desgarró la pierna izquierda, de tal modo que fue forzoso amputársela por el muslo.

Cuando fue necesario evacuar a los heridos y llevarlos a Harpers Ferry, los médicos decidieron que Bedell no podría resistir el angustioso trayecto de 30 kilómetros. A fin de evitarle sufrimientos inútiles decidieron dejarlo en esa granja, al cuidado de su asistente. La granja, abandonada por sus dueños, estaba ocupada por una mujer zarrapastrosa, la cual aceptó sin comentarios el dinero que le ofrecieron por dar albergue al oficial.

Era Bedell hombre fuerte y valeroso. Antes que sus compañeros lo dejaran solo, les dictó una carta para su esposa, que residía en Westfield (Vermont). Les pidió también que pusieran a su lado su fusil de repetición, diciendo que si llegaban los confederados y él no había perdido la conciencia, lo sabría usar.
Sus camaradas lo ocultaron en el desván, y luego el convoy prosiguió su marcha.

Durante dos días la mujer y el ordenanza se emborracharon y anduvieron de juerga. Nunca subieron a ver al oficial, aunque oían sus lamentos. Aburridos de esperar que se muriera, al tercer día abandonaron el lugar. Pero tío Dick Runner había visto cuando introdujeron al herido en la granja. Y cuando la pareja partió, fue a pedir auxilio a la casa de los Van Metre.

Siempre que la tía Bettie contaba su impresión al ver al hombre demacrado y barbado que yacía en el desván con el uniforme azul manchado de sangre, la indignación le enrojecía el rostro. “Era una pesadilla: ¡esos horribles vendajes, ese espantoso hedor! Así es la guerra, hijita. Ni clarines ni banderas; sólo dolor e inmundicia, futilidad y muerte”.

Para Bettie Van Metre ese hombre no era un enemigo, sino un ser humano que padecía. Le dio de beber y trató de limpiar sus terribles heridas. Luego salió al aire y se apoyó contra la pared de la casa, esforzándose para no vomitar.

Sabía que era su deber dar aviso de la presencia de un oficial yanqui a las autoridades de la Confederación. Pero también sabía que no lo haría. “Me preguntaba si tendría una esposa esperándolo en alguna parte, sin saber dónde se encontraba su marido, como me pasaba a mí. Y me parecía que lo único importante era hacerlo volver a su hogar”.

Lentamente, con paciencia y habilidad, Bettie reanimó la vacilante llama vital  próxima extinguirse en Henry Bedell. Tres veces al día subía al desván para llevarle el alimento que podía encontrar. Carecía casi por completo de de medicamentos, y no estaba dispuesta a sacar ninguno de la escasa provisión del hospital confederado. Pero ya no podía volverse atrás. Bedell le había dicho que no lo apresarían vivo. “Todavía puedo tirar con mi mano izquierda”, agregaba hosco. 

Recuperaba poco a poco sus fuerzas; hablaba con Bettie de su mujer y sus hijos, que habían quedado en Westfield, y escuchaba atentamente cuando ella se refería a sus hermanos y a James. “Yo sabía que su mujer oraba por él, como yo lo hacía por mi marido”, decía la tía Bettie. “Algunas veces me sentía extrañamente cerca de ella”.

En el valle las noches de octubre comenzaron a ser frías. Las heridas de Bedell se volvieron a infectar, y aumentó el riesgo de que muriera de pulmonía en el desván sin calefacción. Entonces Bettie decidió llevarlo a su casa. Con ayuda del tío Dick y de Jennie, lo trasladó durante la noche y lo acostó en una cama puesta en un disimulado entrepiso encima de la cocina. Pero el movimiento y la intemperie afectaron seriamente al debilitado enfermo. A la mañana siguiente amaneció con fiebre alta; a mediodía deliraba, y al anochecer Bettie se dio cuenta de que moriría sin asistencia profesional. Luego de pedir a Dios que la iluminara, escribió una nota al médico de su familia, Dr. Graham Osborne, a quien había conocido desde niña.

El médico no perdió tiempo en recriminaciones. Examinó a Bedell y movió negativamente la cabeza.
Había pocas esperanzas, a menos que pudieran obtenerse remedios apropiados, que ya no había en la Confederación. Pero Bettie no se dio por vencida. “Entonces iré a Harpers Ferry a pedírselos a los yanquis”.

El médico trató de disuadirla. El cuartel enemigo estaba a 30 kilómetros de distancia, y aun en el caso de que consiguiera llegar allí, nadie creería su historia.

“Llevaré una prueba”, arguyó ella. En el cuchitril donde yacía Bedell había encontrado un ensangrentado documento con el sello oficial de la Secretaría de Guerra.  “Es el certificado de su último ascenso. Cuando se lo muestre a los yanquis, tendrán que creerme”.

Obligó al médico a escribir una lista de las medicinas que necesitaba, y al día siguiente partió muy temprano. Viajó durante cinco horas, deteniéndose sólo para que descansara la yegua. En una ocasión un vagabundo se levantó de una zanja y trató de coger la brida. Bettie le asestó un latigazo; el animal, asustado, se encabritó y partió a la carrera, y el hombre no pudo alcanzarlo. Ya se ponía el sol cuando mi tía se encontró por fin con el comandante yanqui, general John Stevenson, quien escuchó a la joven sin disimular su escepticismo.

“Señora”, le dijo,  “el asistente de Bedell nos informó que había muerto”.

“Está vivo”, insistió Bettie. “pero no lo estará mucho tiempo si no me da usted las medicinas de esta lista”.

El general vaciló. “Bueno”, dijo por fin, “no voy a arriesgar las vidas de unos cuantos soldados para descubrir la verdad. Que se entregue a la señora Van Metre lo que pide”, ordenó a su ayudante. Y sin querer escuchar las palabras de agradecimiento de Bettie, ledijo: “Sea o no verdad lo que afirma, es usted una mujer valiente”.

Con los remedios que ella llevó a Berryville, el Dr. Osborne logró detener la infección. Diez días más tarde Bedell andaba con un par de toscas muletas que el tío Dick le había hecho. Pero ya habían comenzado a propagarse rumores de que en la casa de los Van Metre habitaba un forastero, y pronto llegaron a oídos del médico, quien en su próxima visita dijo sin rodeos: “Bettie, usted se encuentra  en una posición peligrosa”.

Bedell estuvo de acuerdo: “Yo no puedo seguir comprometiéndola a usted. Ahora me siento lo suficientemente fuerte para viajar. Y tengo un plan”.

El plan consistía en ponerse de acuerdo con uno de los vecinos, un tal señor Sam, viejo granjero inconsolable por la pérdida de unas mulas que según él le habían robado los yanquis. Le quedaba una, y un carro. Se le propuso que llevara en él a Bedell hasta Harpers Ferry, pues allí probablemente lograría cambiar al inválido oficial por los animales desaparecidos. El anciano se dejó convencer de mala gana. 

Entonces Bedell confió a Bettie el resto de su proyecto: ella debía ir con él. “La guerra ya casi ha terminado”, agregó, “y quizá yo pueda ayudarla a encontrar a su esposo”.
Bettie vacilaba, pero finalmente estuvo de acuerdo.

El tío Dick preparó un arnés doble para enganchar la yegua al carro, junto con la mula de Sam. El oficial se acostó en una canasta vieja llenade heno, el fusil al alcance de su mano, así como también las muletas. El viaje fue largo y lento, y casi terminó trágicamente. Cuando se encontraban a una hora de distancia de los yanquis, aparecieron de pronto dos jinetes. Uno de ellos exigió dinero con una pistola, y el otro derribó del carro a Sam. Mientras Bettie permanecía inmóvil, paralizada de miedo, sonó una detonación detrás de ella, tan cerca que sintió el viento del disparo. El guerrillero de a caballo cayó al suelo, y un segundo tiro derribó a su compañero. Bettie vio como Bedell bajaba el arma y se quitaba las pajas de heno del cabello.
“Sigamos adelante”, dijo él.

Al llegar al campamento yanqui, los soldados no ocultaron su asombro ante la exhausta joven y el viejo labrador. Su sorpresa fue aun mayor cuando vieron levantarse de su cama de heno a un oficial de la Unión con una pierna de menos y la mano mutilada. “Todo cuanto recuerdo”, decía la tía Bettie, “es la expresión del rostro de Henry cuando descubrió su bandera y la saludó con la mano vendada”.

Bedell fue enviado a Washington. Allí contó lo ocurrido a Edwin Stanton, secretario de Guerra, que inmediatamente escribió una carta de agradecimiento a Bettie y firmó la orden de poner en libertad a James. Se concedió a ella un pase especial para los ferrocarriles a fin de que buscara a su marido, y se dispuso que Bedell la acompañara.

La busca no fue fácil. Los registros indicaban que un James Van Metre había sido enviado a una prisión de Ohio, pero cuando se hizo formar ante Bettie a los demacrados y andrajosos prisioneros, James no estaba entre ellos. Visitaron una segunda cárcel. Con el mismo resultado. Bettie luchaba contra el temor de que su marido hubiera muerto. Pero en Fort Delaware (Maryland), cuando se terminaron todos los recursos, un hombre alto, de ojos hundidos en el rostro extenuado, salió de las filas y cayó en brazos de su mujer. Ella lo oprimió contra su pecho, mientras las lágrimas le corrían por la cara. Y Henry Bedell, apoyado en sus muletas, lloró también.

Los tres regresaron por barco a Washington, y luego por ferrocarril a a la casa de Bedell en Vermont.
Una durable y profunda amistad surgió entre ambas familias. Más tarde cuando los Bedell tuvieron otros dos hijos, les dieron el nombre de sus amigos, Bettie y James. 

Poco después de terminada la guerra los Van Metre recibieron a  los Bedell en su plantación de Virginia.
Cincuenta años más tarde ambas familias mantenían aún cordiales relaciones.  Entonces la Legislatura de Vermont aprobó una resolución por la cual se agradecía a Bettie su acto de bondad. Y en 1915, el día del aniversario del nacimiento de Lincoln, el gobernador, Charles Winslow Gates, presidió un banquete ofrecido en Westfield en honor de mi tía, y le entregó un pergamino en el que se recordaba su hazaña.

Todavía puedo ver chispear los ojos azules de Bettie y escuchar su risa. Y en algunas ocasiones, cuando los hechos que ocurren en nuestro tiempo me parecen casi increíbles, tomo el antiguo molinillo de café y saco la frágil carta que James escribió hace más de un siglo. Eso me recuerda que, por oscuro que pueda parecer el porvenir, el amor es todavía más fuerte que el miedo, y que los actos misericordiosos se ven a menudo premiados inesperadamente.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LVIII, N° 349, Diciembre de 1969, págs. 139-144, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México, México.


 

Notas

Guerra de Secesión o Guerra Civil Estadounidense (1861-1865), fue un conflicto entre la Unión (el Norte antiesclavista) y la Confederación (el Sur esclavista y  secesionista).

Abraham Lincoln (12 de febrero de 1809-15 de abril de 1865).- Político y abogado estadounidense. Fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865).

Valle de Shenandoah.- Valle situado principalmente  en el estado de Virginia y en parte del de Virginia Occidental (Estados Unidos).

Jugo.- Zumo, concentrado, néctar, caldo, etc. 

Ilegible.- Que no puede leerse. Sinónimos: indescifrable, ininteligible, incomprensible.

Escaramuza.- Refriega de poca importancia sostenida especialmente por las avanzadas de los ejércitos. Lucha, contienda, enfrentamiento,  pleito, disputa, pelea. etc.

Zarrapastroso/sa.- Desaseado, andrajoso, desaliñado y roto.  Desaseado, desaliñado, andrajoso, desastrado, astroso, harapiento, sucio, descuidado, adán.

Ordenanza.- Milicia.  Soldado que está a las órdenes de un oficial o de un jefe para los asuntos del servicio.

Demacrado.-Que muestra demacración (Acción y efecto de demacrarse). Consumido, macilento, enfermizo, delgado, pálido, flaco, descolorido, mustio, etc..

Entrepiso.- Piso que se construye quitando parte de la altura de uno, entre este y el superior. Entreplanta, altillo. DLE RAE


martes, 13 de mayo de 2025

5 formas para evitar ser un amigo tóxico y por qué es importante celebrar los éxitos de los demás

Nuestras acciones irreflexivas lastiman a las personas que amamos.

 

Por David Robson*
BBC Future

Los seres humanos somos a menudo incapaces de reconocer nuestros errores. Podemos quejarnos de la arrogancia, la ignorancia o la estupidez de otra persona, sin siquiera considerar los enormes defectos que nuestro carácter puede albergar.

Este punto ciego se vuelve evidente en cada una de nuestras relaciones de amistad. Sin tener nunca la intención de hacer daño, nuestras acciones irreflexivas lastiman a las personas que amamos. Me refiero a una crueldad casual más que deliberada, aunque las consecuencias de estos errores son igualmente perjudiciales.

Mientras escribía mi reciente libro (The Laws Of Connection) sobre la ciencia de la conexión social, descubrí que las "relaciones ambivalentes" (personas que se sienten a la vez cálidas y frías) pueden causar incluso más daño al bienestar que las figuras puramente rencorosas que, como es de esperar, resultan desagradables.

Afortunadamente, los hallazgos de la investigación pueden ayudarnos a desarrollar estrategias simples pero poderosas para identificar nuestros peores hábitos y mitigar su daño.

Aquí están mis 5 lecciones favoritas para evitar ser un enemigo accidental.

 

1. Ser consistente

A nadie le gusta verse en un estado de incertidumbre, un hecho que se puede comprobar en las respuestas de las personas al dolor físico.

Archy de Berker y sus colegas del Instituto de Neurología del University College de Londres en Reino Unido pidieron a un grupo de personas que jugaran un juego de computadora que aplicaba una leve descarga eléctrica cada vez que encontraban una serpiente escondida debajo de una roca virtual.

Para examinar los efectos de la incertidumbre en la respuesta al estrés, los investigadores variaron la probabilidad de que una roca escondiera una serpiente a lo largo del experimento y midieron los signos fisiológicos de la ansiedad, como el sudor y la dilatación de las pupilas.

Sorprendentemente, los participantes mostraron la tendencia a reportar una respuesta de estrés más acentuada cuando solo había 50% de probabilidad de recibir una descarga eléctrica, en comparación con escenarios en los que sabían con certeza que el dolor se avecinaba.

El comportamiento de ser amigo sólo en las buenas puede poner a la gente que nos rodea en un estado similar de anticipación.

En estudios que investigan amistades impredecibles, los científicos piden a los participantes que se imaginen acudiendo a un amigo en busca de consejo, comprensión o un favor. Les piden que respondan a las siguientes preguntas en una escala del 1 (nada) al 6 (extremadamente):

• ¿Qué tan útil es tu conexión?

• ¿Qué tan perturbadora es tu conexión?

Cualquiera que responda 2 o más en ambas preguntas se considera una "conexión ambivalente", y la duda inherente sobre la reacción puede ser una fuente grave de estrés.

En un estudio, el simple hecho de saber que los amigos ambivalentes estaban sentados en la habitación de al lado fue suficiente para elevar la presión arterial de los participantes.

Es posible que no siempre podamos brindar el apoyo que nuestros amigos necesitan, pero podemos intentar ser un poco más confiables en nuestras respuestas. Podríamos aprender a gestionar mejor nuestro mal humor, por ejemplo, para no atacar si nuestros amigos se acercan a nosotros en el momento equivocado, en lugar de dejarlos al capricho de nuestro clima emocional.

Ser un amigo impredecible puede ser más estresante que ser consistentemente malo. 

 
2. Evitar la ilusión de transparencia

Cada uno de nosotros está atrapado en su propia mente, pero sobreestimamos qué tan bien los demás pueden leer nuestro estado emocional, un fenómeno que a veces se conoce como ilusión de transparencia.

Esto puede resultar evidente en las entrevistas de trabajo: asumimos que los nervios se reflejan en nuestro rostro, pero los sentimientos de ansiedad suelen ser mucho más difíciles de percibir de lo que creemos. Este error cognitivo común también puede impedirnos compartir nuestro aprecio por los demás, dándoles la impresión de que los descuidamos y los subvaloramos.

Amit Kumar, de la Universidad de Texas en Austin, y Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, pidieron a grupos de participantes que escribieran cartas de agradecimiento a personas importantes en sus vidas. Utilizando encuestas para medir las expectativas de quienes escriben las cartas y las reacciones reales de los destinatarios, los investigadores descubrieron que las personas subestimaban constantemente cuán sorprendida estaría la otra persona al recibir sus amables palabras y lo bien que les haría sentir. Asumieron que la otra persona ya sabía lo agradecida que estaba.

Por supuesto, es posible que nuestro lenguaje corporal transmita nuestra calidez y aprecio a los demás, pero no podemos confiar en ello, lo que significa que a menudo haríamos mucho mejor si expresamos esos sentimientos con palabras.

 

3. Validar los sentimientos de los demás (y animar al amigo a considerar nuevas perspectivas)

Cuando alguien está pasando por un momento difícil, a menudo buscará naturalmente la comprensión de los demás. 

Una respuesta empática puede validar los sentimientos, lo que alivia parte del estrés. Un amigo tóxico puede ser muy desdeñoso o crítico acerca de tus sentimientos, lo que resulta en una sensación de rechazo que sólo aumenta la carga emocional de la persona.

Cuando un amigo se "desahoga", simplemente estar de acuerdo con él no siempre ayuda. 

 
Sin embargo, el hecho de que sintamos empatía por el dolor de alguien no significa que tengamos que estar totalmente de acuerdo con su interpretación de la situación. Las ofertas de apoyo emocional más eficaces a menudo incluirán aliento o consejos que les ayuden a ver sus problemas desde una nueva perspectiva.

De hecho, un creciente conjunto de investigaciones psicológicas sugiere que simplemente alentar a alguien a desahogarse, sin ningún intento de replantear sus problemas, sólo puede fomentar la reflexión y amplificar su angustia a largo plazo.

Esta tendencia, que se parece a la de un buitre que se alimenta de las emociones de los demás sin ayudarles a cambiar su situación, constituye otra forma de toxicidad en las amistades.

Una conversación constructiva necesita mucha sensibilidad y tacto, pero un artículo de Ethan Kross de la Universidad de Michigan y sus colegas ofrece algunas preguntas que pueden ayudar a alguien a ver sus problemas desde una perspectiva más amplia. Por ejemplo:

• Al evaluar la situación, ¿podrías decirme por qué este evento fue estresante para ti?

¿Has aprendido algo de esta experiencia? Si es así, ¿te importaría compartirlo conmigo?

• Si miras el "panorama general", ¿eso te ayuda a darle sentido a esta experiencia? ¿Por qué sí o por qué no?

Después de considerar los diferentes puntos de vista, los participantes en el estudio tendieron a sentir un mayor cierre sobre un evento doloroso, en comparación con aquellos que habían contado los detalles concretos de la situación y los sentimientos que había producido.

 

4. Celebrar los éxitos de los demás (y practicar la felicidad compartida)

La empatía es igualmente importante al compartir emociones positivas. La compasión, que deriva del latín "dolor compartido", es bien aceptada como fundamento de la amistad, pero la importancia de la felicidad compartida es mucho menos conocida.

La falta de atención a este aspecto se ha arraigado en la investigación científica.

Cuando Shelly Gable de la Universidad de California en Santa Bárbara, y Harry Reis de la Universidad de Rochester en Nueva York, examinaron la literatura sobre psicología en 2010, descubrieron que el número de artículos enfocados en acontecimientos negativos de la vida superaba a los que se centraban en los positivos en más de siete a uno.

El concepto de felicidad compartida es mucho menos conocido que su contraparte para dolor compartido (empatía).

Esto está cambiando ahora, con múltiples estudios que revelan que nuestras conversaciones sobre buenas noticias pueden ser tan importantes como la compasión para el desarrollo y mantenimiento de relaciones saludables.

Un amigo comprensivo debe responder de manera activa y constructiva: pidiendo más información, discutiendo las implicaciones y expresando su propia alegría u orgullo.

Sin embargo, muchas personas responden de manera demasiado pasiva (cambiando rápidamente de tema, por ejemplo), mientras que algunas son activamente destructivas y hacen comentarios que intentan minimizar la importancia de los acontecimientos.

Envueltos en las distracciones de la vida diaria, podemos olvidar darle a estos momentos la atención que merecen, pero si queremos ser un buen amigo, debemos tomarnos el tiempo y el esfuerzo para celebrar los éxitos de nuestros amigos, por pequeños o grandes que sean.

También podríamos pensar más detenidamente en la forma en que compartimos nuestra propia felicidad.

Puede que nos preocupe parecer jactanciosos o arrogantes y, por lo tanto, optemos por mantener nuestros éxitos en secreto, pero esta estrategia puede resultar contraproducente, según una serie de experimentos realizados por Annabelle Roberts de la Universidad de Texas en Austin, Emma Levine de la Universidad de Chicago y Övül Sezer de la Universidad de Cornell.

En sus investigaciones descubrieron que las personas tienden a sentirse muy ofendidas cuando ocultamos información como promociones laborales a las personas que nos rodean. Ven este comportamiento como paternalista, que establece frialdad en lugar de calidez y conexión.

 

5. Ser el primero en pedir perdón

Todo el mundo comete errores, pero pocos se disculpan libremente, lo que induce a que el resentimiento se instale en nuestros vínculos sociales hasta mucho después de que se haya cometido la ofensa.

La investigación psicológica sugiere que existen cuatro obstáculos principales para disculparse de manera efectiva: no apreciamos el daño que hemos causado, asumimos que el acto de disculparse será demasiado doloroso y vergonzoso, creemos que la disculpa hará poco para reparar la relación; y, finalmente, es posible que no entendamos qué constituye una buena disculpa, por lo que no decimos las palabras que serán necesarias para la sanación.

El primer punto, la falta de valoración sobre el daño, depende claramente de los detalles del desacuerdo. Pero las dos preocupaciones siguientes sobre el costo de pedir disculpas o subestimar su efecto, al igual que muchas de nuestras suposiciones sobre las relaciones, son en gran medida infundadas y, por lo tanto, imponen barreras innecesarias a la conexión social.

En general, la gente siente alivio al enmendar sus malas acciones y es posible que podamos reconstruir los puentes rotos mejor de lo que esperábamos, siempre que nuestras disculpas se presenten de la manera correcta.

Para garantizar que su disculpa sea efectiva, debe darle a la otra persona suficiente tiempo para expresar su dolor por lo ocurrido. Luego debe reconocer la responsabilidad por la infracción, expresar arrepentimiento o tristeza (genuino), ofrecerse a reparar el daño y explicar cómo evitará volver a cometer un error similar.

Cada relación tendrá sus altibajos: esa es la naturaleza del comportamiento humano y la complejidad de nuestra vida social. Sin embargo, al aplicar estos cinco sencillos consejos para lograr una conexión más sólida, podrá evitar fácilmente los errores más comunes y asegurarse que es el tipo de amigo que le gustaría tener.

*Científico y escritor. Autor del libro The Laws of Connection, en el que examina 13 estrategias basadas en la ciencia para transformar su vida social, publicado por Canongate (Reino Unido y Commonwealth) y Pegasus (EE.UU. y Canadá). Es @davidarobson en Instagram y Threads.

 

Fuente: 5 formas para evitar ser un amigo tóxico


 

domingo, 11 de mayo de 2025

5 recomendaciones que un libro de 400 años de antigüedad ofrece sobre la melancolía

 

Redacción
BBC News Mundo

 

En 1621, Robert Burton publicó "Anatomía de la Melancolía", el primer intento en el mundo occidental moderno por comprender y categorizar las causas, los síntomas y los tratamientos de esta experiencia humana universal.

Burton, quien era erudito y profesor de la Universidad de Oxford, Inglaterra, se inspiró en los escritos de otros y también en sus propias experiencias.

Pero ¿cuánto de esta obra fundamental de Burton se sostiene hoy en día con lo que sabemos de la depresión y los trastornos del estado de ánimo?

Para encontrar la respuesta, la escritora británica Amy Liptrop analiza a continuación 5 de las teorías de Burton.

 

1. Identificación de patrones

Para quien la padece, la depresión puede parecer inconexa, pero nuestros estados de ánimo a menudo siguen patrones bastante similares. Burton teorizó que la melancolía era una "enfermedad hereditaria" y buscó patrones de enfermedad mental en familias y entre generaciones.

Puede que no estuviera tan equivocado: hoy en día se ha descubierto que la depresión tiene un componente tanto genético como ambiental.

La doctora Frances Rice, que trabaja con familias para abordar los trastornos depresivos, explica: "Cuando un padre o madre padece depresión grave, me gustaría ver un servicio de salud donde tanto el niño como su familia puedan participar juntos y la familia también pueda recibir esa atención".

Los patrones genéticos no sólo son útiles para predecir enfermedades mentales; también podemos estudiar patrones en nuestro comportamiento.

El estudio de Robert Burton sobre la melancolía no se centra solo en los momentos más bajos, sino que también lleva al lector a las vertiginosas alturas de sus propias emociones.

Con los avances en nuestra comprensión de los trastornos del estado de ánimo, académicos contemporáneos han sugerido que los altibajos extremos de Burton podrían haber sido, de hecho, síntomas de trastorno bipolar.

Burton tenía una comprensión sorprendente de su propio estado de ánimo en constante cambio y de las circunstancias que lo afectaban.

Hoy en día, esta conciencia puede considerarse una herramienta vital para el manejo de una enfermedad mental.

Si podemos observar patrones en nuestros estados de ánimo y comportamientos, podemos empezar a gestionar los factores externos que contribuyen a ellos.

 

2. Los beneficios de un baño frío

En su libro, Burton recopiló una amplia gama de ideas y textos escritos por otros. El beneficio de bañarse al aire libre "en ríos frescos y agua fría" fue una de las teorías que incluyó, ya que se decía que era recomendable para cualquiera que deseara vivir una larga vida. Puede que tuviera razón.

400 años después, el doctor Mike Tipton, director de investigación del Laboratorio de Entornos Extremos de la Universidad de Portsmouth, Inglaterra, respalda esta idea.

La atribuye a algo llamado adaptación cruzada: "A medida que uno se acostumbra al estrés del agua fría y logra gestionarlo mejor a nivel fisiológico y celular, también reduce la respuesta inflamatoria a otros tipos de estrés que pueden provocar trastornos como la depresión".

 

3. Estar en contacto con la naturaleza

Para Burton, la naturaleza era clave para aliviar los síntomas de la melancolía. Ensalzaba las virtudes de hierbas y flores como la borraja y el eléboro para despejar la mente, purificar las venas de la melancolía y alegrar el corazón.

Según el profesor Simon Hiscock, director del Jardín Botánico de Oxford, plantas como la borraja se han utilizado para tratar la melancolía, la ansiedad y la depresión desde la época clásica.

No solo se creía que esta modesta hierba traía alegría, también se dice que se administraba a los soldados romanos con vino para infundir valor en la batalla.

Burton señaló que los efectos "regocijantes" de la naturaleza no se limitaban a las plantas comestibles.

También era un ferviente defensor de la jardinería, cavando y arando para revitalizar el cuerpo.

Para Monty Don, jardinero y locutor británico, esto sigue siendo cierto hoy en día. Don describe la "poderosa medicina" que surge al conectarse físicamente con las plantas, manipular la tierra y sentir el crecimiento del follaje que se ha plantado.

Monty Don ha experimentado los beneficios del ejercicio en sus propias experiencias con la depresión: "Suelo pensar que el mejor ejercicio es cuando se combina con algún tipo de función", afirma.

Pasear al perro, por ejemplo, proporciona ejercicio, propósito y una conexión con la naturaleza.

Las creencias de Burton sobre el poder de salir al aire libre ya han sido reconocidas formalmente e incluso se han incorporado en los tratamientos del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido.

 

4. Un problema compartido

"La mejor manera de encontrar consuelo es compartir nuestra tristeza con un amigo, no reprimirla en nuestro propio pecho", escribió Burton hace 400 años.

La introspección y el aislamiento son comportamientos comunes entre quienes sufren depresión. Si bien esto rara vez mejora la situación, contrarrestar estos impulsos socializando puede parecer casi imposible.

La doctora Rice sugiere programar actividades placenteras como parte del plan de tratamiento.

Programar actividades proporciona un impulso para llevarlas a cabo, aumentando las posibilidades de que el paciente obtenga sus beneficios, incluso si esto es lo contrario de lo que siente que desea hacer.

Al acudir al médico de cabecera por bajo estado de ánimo, es probable que le receten antidepresivos, pero los médicos ahora también pueden recetar medicamentos sociales, como clases de arte o grupos de caminata.

 
"La mejor manera de encontrar consuelo es compartir nuestra tristeza con un amigo, no reprimirla en nuestro propio pecho", escribió Burton
 

Si la soledad, en lugar de una enfermedad mental grave, está causando anhedonia (la pérdida del gozo con las actividades que eran placenteras), una receta social podría ser mucho más útil que la medicación.

La comunidad es clave. Burton, por lo tanto, tenía razón cuando sugirió "recurre a amigos... cuyas bromas y alegrías pueden alegrarte".

 

5. Equilibrio entre vida laboral y personal

Bueno, "equilibrio entre vida laboral y personal" no es la terminología exacta que Burton habría usado.

El escritor optó por el término mucho más poético de "amor por aprender" en lugar de "estudiar excesivamente".

Su teoría era que pasar demasiado tiempo encorvado leyendo y escribiendo significaba no dedicar suficiente tiempo a otras prácticas que sabemos que son buenas para la salud mental, como el ejercicio, el sueño y la socialización.

Aquí es donde entra en juego el equilibrio: cuando nuestras mentes están inquietas y agitadas, estudiar nos proporciona una distracción bienvenida, un enfoque positivo y un sentido de propósito.

Sin embargo, estudiar demasiado nos hace sedentarios y solitarios, descuidando las demás actividades que nutren una mente sana.

Puede que Burton escribiera su obra hace 400 años, pero su colección de teorías sobre las causas, los síntomas y los tratamientos de la melancolía sigue siendo útil y relevante hoy en día.

Es claro que su comprensión de la fisiología está hoy completamente desactualizada, pero Burton, y aquellos a quienes estudió, tenían un entendimiento innato de cómo aliviar mejor nuestros síntomas melancólicos.

Si la autoconciencia, la natación, la naturaleza, la comunidad y la lectura funcionaron para ellos, ¿por qué no para nosotros?

 

Fuente: Anatomía de la Melancolía

jueves, 21 de noviembre de 2024

Qué hacer cuando una amistad termina (y por qué no es necesariamente malo)

Por Molly Gorman

BBC Future

 

En la primavera de 2019 rompí por primera vez una amistad. Terminó con una discusión amarga, lágrimas, frustración y no hemos vuelto a hablarnos desde entonces. Durante mucho tiempo lamenté la pérdida de esa amistad. Incluso ahora, más de cinco años después, a veces me descubro soñando con ella y me pregunto si alguna vez volveremos a conectarnos. Sin embargo, también he hecho las paces con la ambigüedad: fue una gran amistad durante el tiempo que duró.

Por coincidencia, mi primera relación romántica terminó cinco meses después. Me resultó mucho más fácil hablar de ello: años de música, películas y libros sobre el desamor me habían preparado bien.

Desde entonces, he descubierto que la disolución de una amistad es un tema menos discutido que el fin de una relación romántica.

Históricamente, las amistades han recibido menos atención de los investigadores que otros tipos de relaciones, a pesar de estar asociadas con beneficios a largo plazo para la salud , el bienestar y la satisfacción vital.

Grace Vieth, investigadora en psicología social de la Universidad de Minnesota, estudia la disolución de la amistad .

"La gente quizá se sorprenda de que los investigadores recién comencemos a considerar cómo pueden terminar las amistades. El trabajo de campo sobre esto realmente recién está comenzando", dice.

Al ser un tema menos comentado, Vieth apunta que la gente puede sentirse más insegura en las rupturas de amistades, no saben cómo manejarlas, ni las emociones que generan.

"No hay guiones normativos sobre cómo terminar una amistad".

 

¿Amigos para siempre? 

Nuestro primer vínculo son nuestros padres o las personas que nos crían, pero, al entrar en la adolescencia, son nuestros iguales, dando mayor prioridad a la aceptación social y a la posición social, dice Kaitlin Flannery, profesora adjunta de psicología en el State University of New York College, Cortland.

"Los amigos nos ayudan a dar forma a nuestra identidad a lo largo de nuestra vida. Son una suerte de espejo y de guía. A la vez, queremos su validación. Y ahí es donde las amistades empiezan a convertirse en fuentes esenciales de apoyo social, pero también de diversión y compañerismo", apunta.

Vieth señala que en sus etapas iniciales, la amistad se construye sobre la similitud y la proximidad.

Gran parte de la investigación sobre la ruptura de amistades se ha centrado en niños y adolescentes, una edad en la que es bastante común que las amistades se rompan.

En la investigación de Flannery, que analizó una muestra de 354 estudiantes de secundaria (normalmente de entre 11 y 14 años), el 86% dijo que recientemente habían terminado una amistad.

La mayoría lo atribuyó a un conflicto o una traición a la confianza. Otros, a la falta de apoyo de los amigos, o que sentían que no estaban recibiendo lo que necesitaban de sus amigos, por ejemplo, compañía, o que ya no se divertían juntos.

Según se informa, las rupturas de amistades provocaron emociones complejas en los estudiantes de secundaria, incluida la tristeza, pero también la felicidad y el alivio, dependiendo de por qué se produjo la disolución, cómo terminó y quién "rompió".

En algunos casos, las amistades simplemente se "degradan" de la condición de mejores amigos a "buenos" amigos.

"Creo que es importante reconocer que las rupturas de amistades son parte de la vida y algo muy natural", dice Vieth. "No se trata de la cantidad de amigos que tengas, sino de la cercanía y la receptividad de esos amigos".

No todas las rupturas de amistades son dolorosas y dramáticas. A veces, el vínculo puede simplemente desvanecerse.

En un estudio de la década de 1980 sobre 90 adultos de entre 20 y 28 años, las cinco razones más comunes citadas para el final de una amistad del mismo sexo fueron: menor proximidad física; ya no gustarle el amigo; menor interacción; interferencia de otras relaciones, como una cita o un matrimonio; y amistades que se esfuman de forma natural.

La proximidad afectó más a las amistades casuales, mientras que las amistades cercanas y las mejores amistades tenían más probabilidades de terminar por una menor interacción o interferencia de otras relaciones.

Pero las amistades sólidas pueden sobrevivir y adaptarse a esos cambios de la vida, según muestran las investigaciones.

"Siempre que analizo la disolución de una amistad, lo que saco en claro es que hay ciertos aspectos de la vida que pueden afectar a las amistades, pero también hay muchos ejemplos de amistades que han podido soportar esos cambios de la vida y volverse más cercanas", afirma Vieth.

 

La desventaja de los mejores amigos para siempre 

El género también influye en lo que esperamos de nuestras amistades y por qué pueden terminar.

Las encuestas realizadas a adultos estadounidenses revelan que la mayoría (66%) dice que todos o la mayoría de sus amigos cercanos son del mismo género que ellos, aunque las mujeres son más propensas a decir esto que los hombres (71% frente a 61%).

En la escuela secundaria, la amistad entre chicas tiende a intensificarse en torno al apoyo psicológico y la cercanía, mientras que las amistades entre chicos tienden a basarse en aspectos recreativos.

Otra gran diferencia de género es el contexto en que se forman las amistades: en parejas o en grupos.

Las mujeres suelen tener múltiples amistades íntimas, individuales. Los amigos hombres tienden a tener una red más densa, donde todos sus amigos son amigos entre sí. Las amistades masculinas tienden a formarse como parte de grupos.

Por ello, el mantenimiento de la amistad puede variar entre los hombres, mientras que a las mujeres les cuesta más energía mantener amistades individuales, dice Flannery.

Esto también genera que los conflictos en amistades entre mujeres puedan ser más problemáticos.

"Tienden a exigir a sus amigas estándares más altos en términos de lealtad y apoyo emocional... Y suelen decir que se sienten más tristes, más solas, reflexionaban más y estaban más estresadas después de la disolución de una amistad que los niños", dice Flannery.

Las investigaciones sobre resolución de conflictos sugieren que las mujeres tardan más que los hombres en reconciliarse con sus amigos después de una discusión y que el enojo que sienten tarda más en disiparse.

Las razones por las que terminan las amistades también pueden ser diferentes para hombres y mujeres.

En un estudio de estudiantes de la Universidad del Medio Oeste de Estados Unidos, la separación física tenía más probabilidades de provocar la disolución de las amistades de los hombres, mientras que las citas o el matrimonio tenían más probabilidades de interferir en las amistades de las mujeres.


Cuando terminar una amistad puede ser algo bueno

Entonces, ¿debemos aferrarnos a nuestros viejos amigos, confiando en que algún día volveremos a ser cercanos a ellos? No necesariamente, dicen Vieth y Flannery.

A veces, puede ser mejor dejar ir.

Por ejemplo, terminar una amistad tóxica puede mejorar nuestro bienestar.

"A veces, realmente idealizamos demasiado las amistades y no todas ayudan de manera positiva. La mayoría tienen grandes beneficios, pero debemos elegir amigos que nos ayuden”, explica Flannery.

Hay amistades que pueden hacernos sentir bien; otras nos dejan cansados y agotados.

Pero terminar una amistad de modo consciente puede traer otro desafío: cómo dejarla ir sin lastimarla.

Un método controvertido pero común es el ghosting, ya conocido en el mundo de las citas y que consiste en desaparecer para evitar la confrontación. Ahora se ha convertido en una herramienta común para terminar amistades.

En un estudio realizado con jóvenes de entre 18 y 25 años se preguntó a la gente los motivos para dejar de lado a un amigo.

Las motivaciones fueron: amistad tóxica, pérdida de interés, encontrarlo molesto, autoconservación y haber sobrepasado unos límites.

A pesar de que la duración de la amistad era importante en muchos casos, esto nos les impedía convertirse en una suerte de "fantasmas graduales", es decir, se alejaban poco a poco de esta amistad, en lugar de tener un final abrupto.

La táctica dejó a los amigos rechazados con una sensación de "tristeza, frustración y dolor".

Sin embargo, quienes la llevaron a cabo, lo sintieron como un mecanismo de defensa contra una mala amistad y no sintieron que una confrontación pudiera ayudar.

Vieth sugiere otro camino, quizás mejor, a seguir: aprender lo que se necesita para mantener y mejorar una amistad, y cómo lidiar con los conflictos y la confrontación.

"Creo que muchas personas tienen la mentalidad de estar dispuestas a resolver los conflictos en las relaciones románticas, porque es algo que todos reconocemos que es inevitable", afirma.

Pero cuando se trata de amistades, queremos que todo se resuelva de modo natural y nos damos por vencidos si no es así.

"Mucha gente piensa que las relaciones deberían ser fáciles y aportar mucha alegría, diversión y risas. Y eso es cierto, pero esto tal vez lleve a la idea de que a veces no vale la pena resolver los conflictos".

Relaciones románticas y amistades comparten beneficios emocionales similares, como la calidez y la alegría. Pero también una diferencia clave: la relación romántica tiene a una expectativa de monogamia, si bien esto difiere en culturas y personas.

En las amistades "no existe esa expectativa de monogamia, lo que en algunos casos lo hace más complicado porque vemos celos en la amistad", remarca Flannery.

Las amistades no siempre son mutuamente excluyentes. Y puede hacernos sentir incómodos que un amigo muy cercano tenga otra amistad cercana.

Aquí, puede ser útil recordar que se puede tener otros amigos y que eso no tiene que amenazar nuestra amistad.

Aunque la investigación sobre la psicología de la amistad es aún incipiente, estas relaciones ocupan mucha atención y energía en nuestra vida cotidiana.

Según una reciente encuesta del Pew Research Center, el 61% de los adultos estadounidenses participantes afirmaron que tener amigos íntimos es extremadamente o muy importante para vivir una vida plena.

Durante gran parte de nuestra vida, los amigos pueden brindarnos la estabilidad y el apoyo que antes nos brindaba el matrimonio.

En las relaciones románticas no es raro que las parejas se separen y luego, después de reflexionar un poco, vuelvan a estar juntas.

¿Deberíamos considerar también eso con nuestros examigos: una reconciliación y un segundo intento? Una vez más, depende de la naturaleza de la amistad, dice Flannery.

"Creo que habrá situaciones diferentes en las que esa amistad se recupere y otras en las que tal vez sea mejor dejar que se produzca la disolución", apunta.

"Y, de nuevo, puede depender de varias cosas. ¿Te sientes aliviado de que la amistad haya terminado? ¿Esa amistad agregó beneficios positivos a tu vida? Si todavía sientes que realmente la extrañas, tal vez valga la pena repararla".

 

Fuente: Cuando una amistad termina