lunes, 27 de julio de 2026
"La trampa del Mundial es que nos hacen creer que los futbolistas reflejan una patria"
viernes, 12 de junio de 2026
"El fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium con EE.UU. encima del negocio"
Por Gerardo Lissardy
BBC News Mundo
Juan Pablo Meneses tiene un aviso para darte: lo que has comenzado a ver en estos días está lejos de ser un Mundial de fútbol tal como lo concebimos.
A juicio de este escritor y periodista chileno de 57 años, ahora miramos otro deporte, uno que él ha bautizado como "postfútbol", el título de su último libro publicado en marzo.
El cambio va mucho más allá de lo que ocurre dentro de los campos de juego, argumenta, y lo compara con el negocio del porno y del narco.
"Cuando planteo que el fútbol está muerto", dice Meneses en una entrevista con BBC Mundo, "pensaba que alguien me iba a refutar eso. Pero de repente he notado que no, que la gente efectivamente siente ese malestar".
Lo que sigue es un resumen de la charla telefónica con el autor de otros libros como "Niños futbolistas" y "Una granada para River Plate", que también es profesor de periodismo en la Universidad de Chile.
Has planteado que lo que vemos como fútbol en realidad es otra cosa: el postfútbol. ¿Qué representa este Mundial en ese cambio?
Para mí el Mundial 2026 es la primera gran fiesta del postfútbol, porque se instala definitivamente este nuevo deporte.
El fútbol pertenece a un mundo que ya dejamos atrás y el actual funciona con unos códigos, reglas y estructura que mantiene el nombre del deporte anterior, pero es cada vez más diferente.
Entonces, si no entendemos el postfútbol y que estamos frente a una nueva era del deporte, va a ser difícil que entendamos este Mundial.
¿Puedes dar ejemplos?
Cuando me preguntan cuándo aparece el postfútbol, digo que es cuando el fútbol de alguna manera deja de ser una experiencia colectiva.
Hoy en día, la gente y los chicos sobre todo ya no seguimos equipos; seguimos jugadores o torneos. Ahora podemos comprar activos financieros de los mismos jugadores. Entonces, los jugadores están pensando en sus carreras, no tanto en el equipo.
El fútbol era un deporte colectivo, el postfútbol es un deporte individual.
Por ejemplo, los precios de las entradas del Mundial son una locura: son para ir solo. Nadie puede ir con dos hijos, porque tiene que hipotecar la casa.
Entonces de alguna manera dejamos de tener una experiencia colectiva, sobre todo en América Latina, que siento que es donde pega más fuerte este cambio.
¿Por qué?
Porque en América Latina había dos orgullos muy fuertes sobre el fútbol: que era una gran fiesta popular y que EE.UU. no entraba en esa fiesta por distintas razones, incluso técnicas. Los partidos eran muy largos, entonces a la publicidad no le interesaba.
Y esos dos orgullos latinoamericanos en este Mundial se terminan casi definitivamente.
Increíblemente, frente a nuestros ojos el fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium, y EE.UU. está muy encima del negocio, de la FIFA y de este nuevo deporte.
Hubo problemas con los visados para asistir a los partidos, no solo para los hinchas de una cuarta parte de los países que participan del Mundial, sino incluso para el árbitro somalí Omar Artan, a quien EE.UU. le denegó la entrada por motivos poco claros, pese a que sería uno de los referís del torneo y fue nombrado el mejor árbitro del año pasado en África. ¿Esto es consecuencia de esa transformación que observas?
Este es un Mundial con derecho de admisión. Por sobre la FIFA, por sobre conseguir el cupo como equipo o árbitro, se instala una figura del portero de discoteca que dice: "Tú entras, tú no entras". Tiene mucho que ver con esta fiesta más prémium, más privada en la que se ha convertido el fútbol.
Entonces, las visas terminan siendo otro tema del que hablamos porque pasa algo. Vamos a seguir hablando sobre todo de las cosas que están fuera de la cancha. De la cancha ya no se habla tanto, porque hay millones de partidos todo el tiempo. Y eso también se verá en este Mundial.
¿Cómo vamos a hablar de algún partido si hay seis en un día, porque se ha hecho un tema de inundar la zona? Lo que importa es lo que gira en torno al fútbol, ya sean las apuestas, el consumo de historias, el engagement de las redes sociales.
Y no lo digo de una manera nostálgica, sino que lo veo como un nuevo deporte que además atrae mucho a las nuevas generaciones: les parece con un vértigo y una adrenalina muy fuerte.
El otro día conocí la historia de una persona, y después he visto que no es la única, que ve los partidos con cinco pantallas y solo.
¿Cómo?
En una pantalla está el partido, en otra están las reacciones, en otra la apuesta que se hizo, en otra las variaciones bursátiles, porque ahora se pueden comprar derechos de jugadores o capital financiero a partir de cada jugador. Y la quinta pantalla, que es la más loca de todas, es la de ellos mismos, por si tienen una reacción muy disparatada que se pueda transformar en viral.
Un capítulo aparte son los problemas que ha tenido la selección de Irán para participar del Mundial, por ser un país en guerra con EE.UU., que a último momento le concedió visas a sus futbolistas. ¿Recuerdas algo similar que haya ocurrido en un Mundial?
No de esa magnitud. Porque antes se tomaban decisiones con anticipación, justas o injustas. Pero lo de ahora es diferente. Todo lo que genere contenido y nos mantenga en tensión es como que sirve. Y de alguna manera esto que ha pasado con la selección de Irán, que es un despropósito total, genera contenido. No importa qué pasa con los jugadores o con el partido.
¿Crees que se instala un tipo de segregación en los mundiales, como denuncian algunos? ¿O esto es algo excepcional de este Mundial, que escapa a la FIFA?
Escapa a la FIFA todo prácticamente. Siempre existió un negocio y siempre se escribió de esto. Pero en la época del fútbol, la FIFA manejaba el negocio. En la época del postfútbol, el negocio maneja a la FIFA. Entonces vemos que la FIFA acepta y acepta.
En este Mundial se incorporan las "pausas de hidratación" cada 22 minutos en todos los partidos, que por lo tanto estarán divididos en cuatro cuartos como en el baloncesto, en vez de dos mitades como se hacía desde 1897. ¿Cómo ves esto?
Es parte del fin del fútbol. Otra cosa por la que estábamos orgullosos eran nuestros 45 minutos por lado. Eso se termina. Se está cambiando para siempre el relato del fútbol. Se va a pasar publicidad. Y, si es que no se pasa, se corta el partido.
El Mundial se está jugando en el país del show de mediotiempo y el fútbol termina siendo absorbido por eso. Va a haber un show de mediotiempo, pausas de hidratación... Se cambia el partido tal como lo conocimos. Y los técnicos van a tener que pensar otra lógica, como si fuera otro deporte.
Incluso hay cambios en la pelota. Maradona decía que "la pelota no se mancha". Pero ahora la pelota se enchufa. Lo probaron en el Mundial de Qatar, que fue el gran ensayo general del postfútbol. La pelota tiene adentro un cerebro, un detector que conecta con distintas antenas alrededor del estadio, y mide cuántos golpes hay: entre dos mil y tres mil golpes por partido.
Y el hincha, ahora convertido en usuario, va a recibir todos esos datos en directo. Es una nueva forma de apostar. ¿Cuántos golpes hubo en la final del Mundial?
La FIFA dice que las pausas de hidratación buscan el bienestar de los jugadores, aunque no se harán en función de la temperatura que haya en los estadios. Parece que tú estás más de acuerdo con el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que advirtió que pueden cortar un buen momento de un equipo en el partido...
Con la salvedad, que no es menor, que se transmiten las instrucciones (de los técnicos a los futbolistas durante las pausas). El nuevo deporte es muy NBA o fútbol americano, deportes muy reality show, que es lo que yo considero el postfútbol.
Aparecen futbolistas o figuras porque son mediáticos. Duran una temporada y resultaron un muy buen negocio. Eso está pasando ahora también con el fútbol. El neozelandés Tim Payne es la primera gran figura del postfútbol en este Mundial y ya le están ofreciendo contratos a un jugador bastante discreto, cuyo mérito es que se convirtió en viral.
Hay otros cambios de reglas en este Mundial que recuerdan al baloncesto. Por ejemplo, se van a introducir los cinco segundos para saques de banda o tiros de esquina. También va a haber 10 segundos de plazo para sustituir a jugadores... ¿Esto permitirá optimizar el ritmo del juego como se argumenta?
En algún momento puede que haya un hartazgo sobre este tipo de medidas. O por lo menos eso me gustaría que ocurriera en Sudamérica. Que dijéramos: "Váyanse al carajo con todas estas cosas, nosotros queremos jugar fútbol".
También tiene muchas cosas de la Fórmula 1, que se ha transformado en otro espectáculo de adrenalina, tiempo, datos.
Nadie está hablando de quién va a ser el próximo gran 10 del Mundial, porque no va a haber un 10. Porque todos los equipos juegan muy parecido, está todo trabajado en función de datos. Los técnicos están haciendo los equipos con inteligencia artificial y están manejando mucho las métricas y los datos.
¿Eres de los que se preocupa también por el efecto que pueden tener en el Mundial las apuestas deportivas y los mercados de predicción, esas plataformas donde la gente juega dinero tratando de anticipar algo que pueda ocurrir, aunque en EE.UU. generalmente no estén considerados apuestas ni prohibidos como en otros países?
El tema de la prohibición es muy complicado porque muchos hinchas, que en este nuevo deporte son usuarios, miran los partidos con su capital en juego porque apuestan o quieren invertir en algún jugador.
El fútbol no inventó las apuestas. No le podemos pedir a la FIFA que nos dé una solución a la ludopatía juvenil que hay en Latinoamérica.
Pero, por otro lado, se organizan y se generan elementos donde cada vez haya más espacio para apostar o más aspectos en los cuales apostar.
Entonces hoy, sobre todo para los más jóvenes, la apuesta no tiene una carga tan fuerte como para las generaciones mayores. Están acostumbrados a apostar, es muy fácil hacerlo desde el teléfono. ¿Y después?
Alguien que apuesta a su equipo que gana, y que por eso además gana dinero, tiene prácticamente un camino sin retorno. Es uno de los grandes temas en los que cambió este deporte.
Recordabas que Maradona decía que "la pelota no se mancha". ¿Crees que esto aún está vigente o que los mercados de apuestas amenazan la propia integridad deportiva, lo que ocurre dentro de la cancha?
Todo es parte de este nuevo deporte, porque hoy para hacer una apuesta no necesitas hablar con todo el equipo. Puedes hablar con un jugador y decirle que en tal momento le saquen una amarilla, o tire un tiro de esquina, porque la apuesta ya es de todo.
Y cuando a un jugador le saquen una amarilla o una roja, muchos van a pensar: "¿No será por las apuestas?". Porque queda todo el espacio de sospecha.
Estamos todos pendientes de este Mundial porque es un Mundial que está bajo sospecha, por muchos aspectos: las apuestas, la seguridad, los visados, los precios de las entradas, qué va a pasar con los hinchas, qué va a pasar si aparece ICE en EE.UU., qué va a pasar en México... Ver el partido es ver algo sospechoso.
Has comparado la transformación del fútbol con la industria del porno. ¿En qué se parecen?
Básicamente en que el porno es una industria que convirtió al espectador en usuario, algo que después hizo el fútbol. El pay per view del porno lo copió el fútbol. Que hoy el hincha vea el partido solo, en su casa, con muchas pantallas, también es una cosa que viene del porno.
Esto fue trabajado en la neurociencia: lo que busca una cabeza que está mirando porno es dopamina, vértigo y novedad. Son los mismos elementos que están llevando al fútbol.
También en la forma en que se consume: nadie ve una película porno desde que se inicia hasta el final. Al fútbol lo estamos consumiendo igual: en reels, en TikTok, en highlights (mejores momentos). No toda la gente va a ver todo el partido.
¿Y por qué lo comparas también al narco?
Con respecto al narco es un cambio estructural, sobre todo en Latinoamérica, en el sentido de que los intermediarios terminaron siendo los grandes capos.
En el fútbol pasa igual: los intermediarios, que eran los representantes, terminaron siendo los grandes dueños del fútbol. Se apoderaron de la industria unos tipos que estaban en la mitad de la cadena y que hoy son dueños de equipos, dueños de todo.
Y, al igual que en el narco, antes estaban los capos más famosos pero hoy cada vez está más diluido quiénes son los dueños de los equipos, dónde hay representantes metidos en equipos. No lo sabemos.
Además, el narco ha sabido penetrar muy fuerte en el fútbol en Latinoamérica.
Cuando lancé "Niños futbolistas" decía que todavía en Latinoamérica hay muchísimos lugares donde los niños tienen que decidir si se van al narco o se van al fútbol. Porque los héroes de sus barrios pobres que ellos ven triunfar son un narco o un futbolista. Y parecería que no hay otro camino.
Algo a favor de los mundiales es que los países no pueden comprar o vender futbolistas como ocurre a nivel de clubes. ¿Eso no vuelve más justa la competencia?
De alguna manera, que no haya una pasarela de negocio lo hace más singular. Es uno de los aspectos en que creo que se mantiene el espíritu del viejo fútbol: que en general sean jugadores nacidos en el país, el orgullo patrio.
Aunque la gente sea consciente de que el fútbol es cada vez más un gran negocio global, tal vez la pelota vuelva a hacer su magia y nos olvidemos de todo eso por un rato. ¿Hay algún partido en particular que te entusiasme en este Mundial?
De la primera ronda quiero ver Uruguay-España en Guadalajara, me parece que es un partidazo. Pero de ese tipo de partidos no va a haber tanto, va a haber más de los dispares.
Ya no se puede circunscribir todo a la pelota. No quiero sonar pesimista, sino tratar de transmitir que estamos frente a un nuevo escenario donde no podemos esperar cosas que no van a ocurrir.
Espero que haya muy buenos partidos. Tengo algunas selecciones que me gustaría que ganaran y voy a ver el Mundial de todas maneras, pero sabiendo un poco que lo que estoy viendo, lo que me va a generar adrenalina, son muchas cosas que están fuera de partido.
Hay una frase que algunos atribuyen a Jorge Valdano y otros a Arrigo Sacchi: "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes". ¿Seguirá siendo así con el postfútbol?
Hay algo muy importante que decir a partir de lo que dices: siento que parte de mi linaje es el fútbol. Soy un tipo completamente atravesado por el fútbol. Soy de esos latinoamericanos que no se acuerdan de la primera vez que fue a la cancha, porque seguramente lo llevaron cuando era muy chico.
Estoy relacionado con el fútbol desde que nací. Haciendo este libro descubrí que mi padre era futbolista. No era profesional, pero todos los domingos se levantaba, se ponía medias y la camiseta, e iba a jugar con 10 tipos más contra otro equipo. Y ahí había fútbol.
Todo esto que hablo no es de alguien que no entienda lo que es el fútbol o no lo quiera; todo lo contrario. Y en ese sentido me parece que es muy importante el papel que cumple hoy este nuevo fútbol para explicarnos un poco lo que estamos viviendo en nuestros días.
En esta conversación empezamos a hablar de fútbol, pero lo que hemos hablado todo el rato ha sido del siglo XXI. De las apuestas, de las visas, del exceso de televisación, de todas nuestras vidas digitales, porque el fútbol también es eso. Nos permite ver eso. Nos atraviesa la vida, pero de alguna manera no somos los mismos y el fútbol tampoco.
¿Ves alguna vuelta atrás en todo esto, para que el fútbol sea como antes?
Parece que en un partido de Estudiantes de La Plata, cuando hubo una pausa de hidratación (en un partido por la copa Libertadores), la gente empezó a silbar. Porque lo que pasa además con todos estos elementos es que arruinan la experiencia de ir a la cancha.
Me tocó ir a la final del Mundial Sub-20 acá en Santiago entre Marruecos y Argentina, y en los primeros 15 minutos hubo tres llamados al VAR. Y dentro del estadio la gente no sabía qué hacer, era tiempo muerto.
Ni sabes qué hacer cuando hay un gol, si pararte a gritarlo o esperar a que lo convaliden…
Tampoco. Entonces, en ese sentido digo que, casi como una causa política, sea de repente decir basta de tanta cosa. Pero lo veo difícil.
Piensa que además en este Mundial está la figura de Donald Trump.
Trump no inventó el postfútbol pero parece muy cómodo en este nuevo deporte, con todo esto que está pasando y con esta idea de que por fin, de alguna manera, EE.UU. logró dominar eso que para los latinoamericanos era un orgullo tan grande, un deporte muy popular en el que EE.UU. no entraba.
De hecho, Trump parece llevarse muy bien con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA…
Claro, cuando digo que hoy el negocio maneja a la FIFA, una parte muy importante del negocio es EE.UU.
Es cierto que hay muchos jeques, que está Arabia Saudita y que los dueños del PSG y Manchester City son de estados petroleros. Pero funcionan en base a fondos de inversiones, muchos de los cuales son de EE.UU. Entonces, EE.UU. está muy metido en el negocio.
No olvidemos que Infantino le dio el "Premio FIFA de la Paz" a Trump…
Por eso digo que, en el fondo, históricamente los presidentes de la FIFA generaban otras cosas.
Fuente: Fútbol como producto prémium
sábado, 31 de mayo de 2025
"La Doctrina Monroe nunca ha estado más viva": de dónde surge la idea de que América Latina es el patio trasero de EE.UU.
BBC News Brasil
Esa sentencia fue dictada en noviembre de 2013, al término de la reunión de ese año de la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrada en Ciudad de Guatemala.
Le siguió un cálido aplauso de un auditorio lleno y que estaba compuesto por representantes de los gobiernos de América Latina y el Caribe.
La frase la dijo John Kerry, entonces secretario de Estado de Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama.
Kerry representaba al país que precisamente había desarrollado la doctrina hacía dos siglos.
Dijo que, en lugar de la antigua relación "intervencionista" de EE.UU., comenzaba una era en la que los países americanos se verían "como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en materia de seguridad y adhiriéndose ya no a una doctrina, sino a decisiones tomadas conjuntamente".
"Pero la Doctrina Monroe nunca ha estado tan viva", observa Carlos Gustavo Poggio, profesor de Ciencias Políticas en el Berea College, en EE.UU., y también en la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (PUC-SP).
"Más aún viendo una Casa Blanca [bajo la administración del republicano Donald Trump] cuya cabeza está en el siglo XIX".
Esta es su reacción a las recientes declaraciones de Pete Hegseth, el actual secretario de Defensa de EE.UU.
En abril, Hegseth dijo en The Will Cain Show de Fox News que Estados Unidos debe recuperar influencia en su "patio trasero perdido" ante China.
Hegseth se refería a la tensión de la actual Casa Blanca con el gobierno de Panamá por el control del canal marítimo que atraviesa el país centroamericano y les ahorra días de viaje a los barcos que necesitan pasar de un lado a otro del continente.
Washington alega que Panamá violó los Tratados Torrijos-Carter cuando se unió a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta, el proyecto masivo de expansión comercial de China conocido como la "Nueva Ruta de la Seda", en 2017.
Se refería a los tratados firmados en la década de 1970 para entregarle el canal a Panamá, construido con fondos estadounidenses entre 1904 y 1914, al país centroamericano a partir de 1999.
El presidente panameño José Raúl Mulino ha reiterado que las decisiones sobre el canal las toma únicamente su país.
Días antes de la entrevista de Hegseth con Fox News, la Autoridad del Canal de Panamá (entidad que administra el paso marítimo) había emitido un comunicado conjunto con el propio secretario reafirmando la soberanía panameña sobre el canal, pero autorizando la intensificación de la presencia militar estadounidense en el país.
En febrero, Mulino recibió la visita del secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, poco después de que el presidente estadounidense dijera que, si fuera necesario, utilizaría la fuerza militar para retomar el canal.
El acuerdo parecía haber salido indemne, pero en los últimos días casi todas las ciudades panameñas han sido tomadas por protestas contra, entre otras cosas, el acuerdo con EE.UU.
Caricatura de 1901 con la leyenda "Europa: ¡No eres el único gallo en Sudamérica! Tío Sam: ¡Lo sabía cuando te encerré!".Según un informe de la BBC, China fue responsable de alrededor del 21% de la carga transportada a través del canal entre octubre de 2023 y septiembre de 2024.
El país asiático fue el segundo mayor usuario del paso, solo por detrás de EE.UU.
"Vamos a invertir en lo que impulse los intereses estadounidenses en nuestro patio trasero mientras interrumpimos la influencia china allí", dijo Hegseth a Fox News.
El patio
Hablar de "patio trasero" es un legado que dejó la Doctrina Monroe como una forma común de referirse a América Latina y el Caribe desde la perspectiva estadounidense.
Esta doctrina se refiere a la política exterior adoptada por EE.UU. a partir de 1823 y a las diversas redefiniciones que ha sufrido desde entonces.
"Quiere decir, en efecto, que, debido a la proximidad entre los territorios, EE.UU. se considera un guardián", afirma Poggio, autor, entre otros libros, de "El pensamiento neoconservador en la política exterior de Estados Unidos" (Unesp, 2010).
"Dicen: 'Miren, ustedes los latinoamericanos necesitan aprender a comportarse. Hay muchas revoluciones, mucho caos allí, y nosotros, los anglosajones, necesitamos ponerles orden'.
"Esta visión está muy presente en la actual administración de Trump".
Una de las resignificaciones más relevantes de la Doctrina Monroe ocurrió a finales de 1904, durante el período del conservador Theodore Roosevelt.
En su discurso a la nación del 6 de diciembre de ese año, el entonces presidente estadounidense se sintió urgido a hacer una defensa más enérgica de las intervenciones que su país había realizado en Cuba y Puerto Rico poco antes.
Afirmó que no era correcto decir que Estados Unidos sentía "hambre de tierra" y que, por el contrario, su país sólo quiere "vecinos estables, ordenados y prósperos".
Luego sentenció: "La adhesión de EE.UU. a la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea a regañadientes, en casos flagrantes de irregularidades o de incapacidad, a ejercer un poder de policía internacional".
En esta caricatura política, el Tío Sam blande un gran garrote con la inscripción "Doctrina Monroe 1824-1905". El pie de foto dice: "¡Expansión! El largo camino de la patrulla occidental".
Para la profesora Marina Gusmão de Mendonça, del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp), se trataba de una forma "sofisticada" de nombrar lo que después se conoció como la política del "gran garrote", que EE.UU. adoptó a partir de entonces.
Ese apelativo venía de una frase que el presidente utilizó al expresar sus ideas sobre política exterior.
Tiene su origen en un dicho africano: "Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos".
Sin embargo, en la historia esta política tuvo otro nombre: Corolario de Roosevelt.
El gran garrote fue una "visión más incisiva de la Doctrina Monroe", señala Mendonça.
Poggio añade: "Sólo actúas así en un lugar que consideras como tu 'patio trasero'".
Doctrina Monroe 2.0
Expertos entrevistados por BBC News Brasil coinciden en que, al menos desde el Corolario de Roosevelt, no ha habido un momento en el que la postura de EE.UU. hacia América Latina y el Caribe haya sido tan agresiva como ahora.
Los entrevistados afirman que, si bien el país mantuvo una postura intervencionista en la región a lo largo del siglo XX —como en las ocupaciones de países como Haití (1915-1932) y Nicaragua (1912-1933) o en el apoyo a las dictaduras militares involucradas en la Operación Cóndor, en la Guerra Fría—, EE.UU. siempre buscó legitimar sus acciones cubriéndolas con "valores universales".
"Justificaron sus intervenciones ya sea construyendo un 'mundo libre', defendiendo la libertad o incluso expandiendo la democracia.
"Ahora, nada de eso está sucediendo: Trump claramente planea simplemente retomar la antigua orientación imperial de EE.UU.", explica Fábio Luis Barbosa, profesor del Programa de Posgrado en Integración Latinoamericana de la Universidad de Sao Paulo (Prolam-USP).
Lo hace sin apelar a ningún gran valor universal. Trump dice abiertamente que sólo lo hace por interés.
Poggio suscribe esta lectura, afirmando que Trump retoma la visión estadounidense del siglo XIX.
"Es la idea de zonas de influencia, de poder puro sin ningún criterio moral ni siquiera de derecho internacional", dice.
Sin embargo, destaca que toda la agresividad de la postura estadounidense hasta ahora se limita al ámbito retórico.
"Trump 'habla fuerte'", dice, refiriéndose a la famosa frase de Roosevelt, "pero el garrote aún no ha sido usado".
"No sabemos si lo sacarán", añade.
Para Gusmão, la postura actual de la Casa Blanca hacia la región se puede explicar, curiosamente, por la dependencia que EE.UU. proyecta tener de América Latina y el Caribe a medida que comiencen a sentirse los efectos de la imposición de aranceles comerciales a casi todo el mundo.
En su análisis, la economía estadounidense necesitará recurrir a los países de la región en busca de materias primas para la industria y, al mismo tiempo, explorar mercados de consumo.
Por eso, recuperar el control del "patio trasero" es también una forma de bloquear el acceso chino a las mismas materias primas y mercados potenciales.
La Doctrina Monroe en acción. Tarjeta de 1941 que muestra al Tío Sam estrangulando a Sudamérica.
El gigante asiático es, hoy en día, el principal socio comercial de países como Brasil, Perú, Chile y Venezuela.
EE.UU., a su vez, ocupa este papel entre naciones como México, Guatemala, Colombia y Ecuador.
Entre ellos, Brasil tiene un peso decisivo en esta esfera de influencia global, ya que es el principal socio de vecinos como Argentina, Bolivia y Paraguay.
En este sentido, la declaración de Trump sobre Brasil el día de su investidura -"No los necesitamos, pero ellos nos necesitan"- es todo lo contrario.
"Trump necesita reservar este espacio para posibles reflexiones internas sobre sus políticas económicas. Es un área de disputa con China", afirma Gusmão.
"Lo que nadie sabe es cómo reaccionarán los países ante los ataques", continúa.
"América para los americanos"
Una tarde de diciembre de 1823, el entonces presidente de EE.UU., James Monroe, subió al podio del Capitolio, sede del Congreso del país, en Washington, para leer el tradicional discurso presidencial de fin de año.
Nadie esperaba que de allí surgiera una de las posiciones políticas más sólidas y duraderas de la futura superpotencia: la doctrina que lleva su apellido.
Aunque largo, el texto se condensa en casi una sola frase, hacia el final.
Hizo elocuentes elogios a los colonizadores europeos –países como Francia, Inglaterra y España, sobre todo– hasta decir que aquellos sistemas políticos, en cambio, eran diferentes del estadounidense.
Por tanto, sería necesario decirles que "cualquier intento de extender esos sistemas a cualquier porción de este hemisferio sería considerado como un peligro para la paz y la seguridad" de EE.UU.
El mensaje era muy claro: Estados Unidos ya no toleraría la colonización de los países latinoamericanos y caribeños, recién independizados. Por eso, el lema de la doctrina era: "América para los americanos".
De hecho, la Doctrina Monroe estuvo rodeada de movimientos independentistas: Perú había firmado la suya dos años antes, en 1821, y Bolivia lo haría dos años después, en 1825. Uruguay (1828) y Ecuador (1830) seguirían el mismo camino antes de que terminara esa década.
Barbosa reflexiona, sin embargo, que la Doctrina Monroe fue ambigua desde el principio.
Por un lado, expresaba una postura de dominación de un país que aun estaba lejos de ser la potencia global que es hoy. Por otra parte, fue bien recibido por las naciones que, a primera vista, estaban sujetas a las intervenciones previstas en el texto.
"Como todavía eran países débiles, recién independizados, había allí algo emancipador, y lo aprovecharon", analiza.
La satisfacción del Imperio de Brasil con el mensaje de Monroe, que contó con el apoyo de Colombia –de Simón Bolívar– y de México, es un ejemplo de esta postura.
El emperador Don Pedro I incluso propuso una alianza con EE.UU. para llevar a cabo la doctrina.
"Brasil se vio a sí mismo como defensor de esta doctrina en Sudamérica y mantuvo esta postura durante mucho tiempo", apunta Poggio.
De hecho, Brasil se veía a sí mismo como el protector del subsistema regional, Sudamérica, y en cierto modo incluso le preocupaba la influencia de EE.UU. en esta área, explica.
"EE.UU. no contaba con los recursos necesarios para implementar la doctrina, sobre todo porque la Armada chilena era mucho más fuerte que la estadounidense en ese momento".
La Doctrina Monroe fue el tema de una película propagandística de 1896.Muchos estudios, sin embargo, señalan que el factor preponderante en el contexto de la Doctrina Monroe fue la Santa Alianza, firmada por Rusia, Prusia (en la actual Alemania), Austria y Reino Unido en Viena, tras la derrota de Napoleón Bonaparte, en 1815.
Había resurgido el deseo de "volver a la situación anterior a la Revolución Francesa", dice Gusmão, en la que las potencias europeas dependían de sus colonias de ultramar.
Para Estados Unidos, eso era problemático.
"Las victorias militares estadounidenses sobre Inglaterra habían generado un desarrollo industrial muy fuerte en el país, que demandaba mercados de consumo y materias primas.
"La América Latina independiente representaba una oportunidad económica que no podía volver a manos europeas".
Pero, en esa misma América Latina independiente, hubo un esfuerzo que iba en otra dirección: el bolivarianismo de Simón Bolívar, que pretendía unir a las naciones independientes en una gran confederación.
La idea cayó derrotada en el Congreso de Panamá, en 1826, según Gusmão, por dos motivos.
"Porque las élites de Hispanoamérica eran muy diferentes entre sí, más allá de las distinciones geográficas.
"Y porque EE.UU. e Inglaterra hicieron todo lo posible para garantizar que esta unión nunca ocurriera", explica, señalando que esta unión habría producido un país lo suficientemente fuerte como para enfrentar las dos potencias.
Afirmaciones sobre una verdad demostrada
Desde que fue anunciada por James Monroe, la doctrina ha sufrido varias reinterpretaciones, a la luz de las circunstancias globales y del papel que EE.UU. asumió en esos períodos.
Las reinterpretaciones se llamaron "corolarios" porque, al igual que el significado de la palabra en el diccionario, añadían nuevas afirmaciones a una "verdad ya demostrada". En este caso, a la verdad de la Doctrina Monroe.
En 1845, por ejemplo, el presidente James Polk leyó, desde la misma tribuna, un texto que decía que EE.UU. estaba abierto a anexarse otras regiones.
No fue casualidad que, un año después, declarara la guerra al vecino México, al que le arrebataría dos tercios del territorio. El discurso se conoció como el "Corolario Polk".
Ese mismo año, un periodista daría forma a la idea del "Destino Manifiesto" de EE.UU.: una creencia común de que el país tenía el "derecho moral y la misión divina de expandir sus territorios desde la costa atlántica hasta el Pacífico".
Más de dos décadas después, en 1871, Ulysses Grant, un militar que gobernó EE.UU. durante dos mandatos, también hizo su corolario.
Afirmó que el país no podía permitir que "ningún gobierno independiente, dentro de los confines de América del Norte, pasara de una condición de independencia a una posesión o protectorado bajo una potencia europea".
Fue una justificación para el intento de anexión de la República Dominicana (entonces llamada Santo Domingo), que se venía gestando desde 1870.
Existe también el Corolario Olney, de 1895, que trata de que EE.UU. es "prácticamente soberano en este continente (...) con fuerza de ley para los súbditos que están confinados dentro de su interposición".
Las palabras fueron pronunciadas por Richard Olney, secretario de Estado del gobierno demócrata de Glover Cleveland.
Caricatura publicada en La Silhouette en 1903 sobre la Doctrina Monroe, con Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y el bloqueo venezolano.
Para Barbosa, si bien la Doctrina Monroe tenía, de hecho, cierto carácter emancipador, los corolarios tenían significados opuestos: cada uno reforzaba un poco más los intereses exclusivos de EE.UU. en América Latina y el Caribe.
"Cuando Roosevelt anunció su corolario, el del 'gran garrote', fue como una autorización para intervenir si percibían que sus intereses están siendo perjudicados".
"No es diferente a lo que ocurre ahora en Panamá", explica.
"Es como la Cuba de 1903", continúa Gusmão.
Se refiere a la Enmienda Platt, un conjunto de leyes que EE.UU. logró imponer a la Constitución cubana después de la guerra que independizó a la isla en 1898.
Propuesta por el senador Orville Platt de Connecticut, limitaba al país vecino la posibilidad de realizar negocios y firmar tratados con otras naciones.
También abrió el territorio a los planes militares estadounidenses y autorizó a la Casa Blanca a intervenir cuando fuera necesario "para preservar la independencia cubana".
"La Enmienda Platt no fue una política dirigida únicamente a Cuba. De hecho, reforzó el derecho de EE.UU. a intervenir en Latinoamérica dondequiera que sus intereses políticos y económicos estuvieran en riesgo.
"No es casualidad que entrara en vigor poco después, en la República Dominicana", explica, recordando la invasión militar de la isla vecina en 1904, meses antes del Corolario Roosevelt.
La Doctrina Monroe y sus corolarios posteriores dieron, en la lectura de Barbosa, el tono completo de un complejo balance de las acciones estadounidenses en América Latina.
"A veces se basa más en el consenso, a veces más en la coerción", dice. "Una combinación de momentos donde hay más esfuerzos en una dirección y otros donde los métodos son coercitivos".
El golpe de Estado que depuso y mató al entonces presidente electo de Chile, Salvador Allende, en 1973, fue, por ejemplo, un momento de coerción y violencia explícitas, señala Barbosa, aunque bajo la narrativa de un supuesto valor universal, el anticomunismo.
La implementación de la agenda de ajuste económico estructural, con el objetivo de abrir los mercados de los países latinoamericanos al neoliberalismo, "se hizo sobre la base del consenso y el diálogo".
El regreso del Corolario Roosevelt y su gran garrote significaría, hoy, el posible uso de la fuerza militar para llevar a cabo los planes expansionistas de Trump, principalmente la reanudación del control del Canal de Panamá .
"Si esto realmente sucede, ¿China lo aceptará?", se pregunta Gusmão.
Cuando BBC News Brasil redirige la pregunta, la analista plantea otra que es aún más difícil de responder.
"China no tiene la potencia de fuego para enfrentarse a EE.UU. y está muy lejos de Latinoamérica, lo cual, en una guerra, siempre es importante.
"Pero Rusia sí la tiene. ¿Habría entonces una coalición entre China y Rusia?".
Fuente: Doctrina Monroe














