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lunes, 27 de julio de 2026

"La trampa del Mundial es que nos hacen creer que los futbolistas reflejan una patria"

 



Por Gerardo Lissardy 
BBC News Mundo


Hay ecos del Mundial de fútbol que contrarían al sociólogo argentino Pablo Alabarces, que hace años investiga este deporte como cultura popular.

Por ejemplo, a Alabarces le enoja que en su país hablen de una "campaña anti Argentina" por las críticas a su selección desde el exterior.

Según este profesor de la Universidad de Buenos Aires, lo que hay son estereotipos de argentinos amplificados por las redes sociales.

También rechaza la acusación de que Argentina sea un país racista, lanzada, entre otros, por el actor estadounidense Samuel L. Jackson antes de la final mundialista que España le ganó a la Albiceleste el domingo.

Alabarces disiente además con la idea de que los futbolistas de una selección reflejen una patria: "La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí", dice en una entrevista con BBC Mundo.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo con el autor de libros como "Fútbol y Patria", "Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios" e "Historia mínima del fútbol en América Latina":

"Este fue el Mundial de las redes", dice el sociólogo argentino Pablo Alabarces. "Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor".


¿Qué te llamó más la atención de este Mundial desde tu óptica de sociólogo especializado en cultura popular y fútbol?

Varias cosas. Desde antes tenía una opinión formada de que no debía haberse disputado una Copa en EE.UU. en este momento. Creo que lo mismo dijimos en Rusia y en Qatar, con lo cual uno está un poco resignado a que los negocios de la FIFA son inescrutables.

Había una situación política internacional muy compleja que se manifestó en la Copa en modos previsibles como la expulsión del árbitro somalí o la imposibilidad de que el plantel de Irán durmiera en territorio estadounidense.

A pesar de todo, la FIFA hizo un negocio espléndido.


La mayor polémica fue tal vez la intervención de Trump para que la FIFA le quitara una suspensión al goleador de su país antes de un partido de eliminación...

Eso fue una grosería. Me alegró ver que a Trump lo abuchearon, que a Infantino lo abuchearon, que la pausa de hidratación fue globalmente repudiada y que finalmente esa intervención de Trump también fue globalmente repudiada.

No me sorprende, porque ese tipo de intervenciones van en contra de la cultura futbolística tal como la conocemos globalmente.


Hubo cantidad de controversias extrafutbolísticas, incluso con relatos morales, tribus, teorías conspirativas y pasiones posiblemente exacerbadas por los algoritmos. ¿Ha sido este también el primer Mundial de la rabia?

Puede ser. No recuerdo fenómenos similares.

Estoy muy enojado con muchos de mis colegas y compatriotas, porque salieron a hablar de una campaña anti Argentina.

"No se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica", dice Alabarces.


La última vez que se habló de campaña anti Argentina lo hizo la dictadura, en 1978. Entonces, me duele porque me trae pésimos recuerdos.

Una campaña supone un nivel de deliberación y voluntad conspirativa enorme. Y esas conspiraciones no existen.

Lo que sí ocurre es que, así como en 2022 se empezó a contar la cantidad de espectadores que veían el Mundial en sus pantallas de celular, este fue el Mundial de las redes: la explosión de los posteos como medio de información, debate y discusión. Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor.

Me llamó la atención comprobar que Messi era un ídolo global. Nadie abuchea a Messi.

Por otro lado, y puedo entender esto como fenómeno de redes, hay una lógica mediática que te obliga a fabricar un villano en todo enfrentamiento. Y ese lugar del villano tendía a ser ocupado por Argentina en general y por algunos de sus jugadores en particular.

Enzo Fernández y Paredes en la final cumplieron con lo que se esperaba del villano.

Pero estoy convencido de que no se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica por mil.


¿Esto surge por la idiosincrasia argentina o por la forma en que los argentinos suelen ser vistos en otros países?

Por un lado, la forma como son vistos. Por otro, el estereotipo. Y por otro lado, el modo en el que muchos argentinos se comportan realmente.

En toda América Latina el chiste favorito es el que apunta al narcisismo argentino. Es muy anterior a la Copa.

El estereotipo abunda por un lado en rasgos de personalidad que tienen mucho más que ver con el habitante de Buenos Aires que con todos los argentinos: petulancia, soberbia, etcétera.

Como sociólogo tengo que decir que una cosa es el estereotipo y otra es una realidad social y cultural mucho más compleja.

El estereotipo es una simplificación, pero que está basado en algún tipo de rasgo o de dato. Entiendo por qué se forma ese estereotipo sobre los argentinos.

También creo que influyeron de manera muy negativa las posturas políticas del Estado argentino, asociado a Trump y Netanyahu, por ejemplo. De ahí a concluir que todos los argentinos son partidarios del genocidio palestino hay una distancia enorme que, sin embargo, se transitó.

Tenemos una enorme cantidad de manifestaciones de racismo, especialmente futbolero. Eso no transforma a la Argentina en un país más racista que muchos otros. Por el contrario, es un país más clasista que racista. El insulto "negro" en la Argentina trasluce una relación de clase antes que una relación étnica.

Por cierto, es un país muchísimo menos racista que la mayor parte de Europa occidental y EE.UU.

La ultraderecha europea trabaja sobre la inmigración como el fantasma que debe ser expulsado. En la Argentina, la inmigración no es un problema. Hay voces aisladas, pero no es un problema.


Una pregunta que surgió, sobre todo después de la final con esos mensajes hostiles hacia Argentina en redes, es a qué se debe ese supuesto sentimiento anti argentino. ¿Hay razones de fondo?

No son de fondo. Si uno analiza políticamente aquellas cosas de las cuales han acusado a la Argentina, no tienen sustento.

Hay discriminación, no hay segregación: eso es lo que vuelve a la Argentina un país mucho menos racista.

Lo que ocurre es que las clases populares son morochas. Se dice que en la Argentina no juegan negros. En realidad, para nuestra categoría de negros, la mitad de nuestro seleccionado es negro porque son mestizos, descendientes de aborígenes o afrodescendientes, gente de las provincias especialmente del norte de la Argentina.

Que Samuel L. Jackson diga que la Argentina es el país más racista de la Tierra es absolutamente insostenible viniendo de un afrodescendiente norteamericano bisnieto de esclavos.

Ahora, venimos de incidentes de turistas argentinos en Brasil que terminan presos por hacer gestos racistas. Hay este tipo de gestos menores pero que, en la lógica de las redes, rápidamente se amplifican.


¿Pero descartas que estos gestos que señalas como menores expongan una especie de racismo latente en la sociedad argentina?

Es una sociedad que tiene problemas de racismo. No es un país racista, pero el problema es que tampoco es un país anti racista.

España tiene un problema mayor con el racismo, no me cabe duda.


Algunos ven esta selección de España como reflejo de un éxito de integración de la inmigración…

Pero esto desde 1998 sabemos que es falso: fue el momento en que la pretendida selección multiétnica francesa convalidó la integración exitosa de sus razas colonizadas. Sin embargo, después estallaba París, porque sus presuntos integrados siguen desintegrados y discriminados.

Y en España, donde hay una extrema derecha que propone expulsar inmigrantes, no me pueden decir seriamente que están mejor.


En Argentina hay quienes sostienen que el sentimiento contrario al país surge de una supuesta envidia. El futbolista Rodrigo De Paul escribió tras la final: "Hoy miro cuánta gente esperaba esta caída, instalando durante toda la copa del mundo conspiraciones infundadas para calmar el dolor de otro por no poder vivir lo que todos los argentinos estábamos viviendo, porque nuestras sonrisas molestan". ¿Hay celos por Argentina?

No hay nada de eso. Las conspiraciones planetarias no existen, las envidias mundiales tampoco.

La Argentina tiene una sola cosa por la que puede ser envidiada, entre comillas, en términos futboleros y es que tuvimos a los dos mejores jugadores de todos los tiempos, uno atrás del otro. Se retiró Maradona y apareció Messi.

Eso es un suceso excepcional en una lógica estrictamente futbolística.

Fuera de eso, encuentro muchas cosas por las cuales puedo ser orgulloso de mi sociedad. ¿Pero de ahí a que el mundo nos envidie? Eso es una ridiculez y habla de esa petulancia de la que hablábamos al comienzo.


¿Hay una incomprensión mutua, de argentinos con europeos e incluso con otros latinoamericanos, sobre la forma de entender el fútbol y cómo vivirlo?

No. En todos lados donde haya una cultura futbolística más o menos importante, el fútbol es mucho más que simplemente fútbol.

El fútbol provee narrativas de identidad, se establecen contratos emotivos: no hay un compromiso con un equipo por interés económico.

Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.


Messi gana la Copa del Mundo y lo que se produce en ese momento es un estallido de felicidad muy original. No encuentro movilizaciones de cinco millones de personas ni en los funerales más sonados de la historia.

Pero pasamos 36 años sin ganarla. Ese exceso de entusiasmo se produce como felicidad compensatoria frente a una situación espantosa: este país envidiable, paraíso terrenal y granero del mundo, está hecho mierda.

El impacto de Messi aparece en el momento en que la Argentina deja de autopercibirse como sociedad igualitaria, en crecimiento, de bienestar, y debe reconocer que es una sociedad fracasada. En medio de ese tembladeral socio-político-económico, se gana una Copa del Mundo. Y aparece lo que llamo felicidad compensatoria.


Otra parte de las críticas hacia Argentina apuntan al modo en que su selección jugó la final, de forma defensiva, raspando a los españoles, buscando anular su juego más vistoso. ¿Esto acaso sí implica diferencias sobre cómo concebir el fútbol?

El tema es que la Argentina no jugó siempre así. Jugó muy mal la final. Jugó muy mal contra Suiza. No jugó mal el resto de los juegos.

La media hora final contra Inglaterra y los 15 minutos finales contra Egipto son de un gran equipo, donde además no hay violencia ni cosas por el estilo: es un equipo que se lleva por delante al otro con gran fútbol.

La final la juega muy mal. Pero, salvo esas reacciones intempestivas del final o la tontería de Enzo Fernández haciéndose expulsar, son cuestiones futboleras.

El equipo llega muy cansado, hace un planteo que no le sale, no sabe muy bien cómo cambiarlo, se le lesionan los dos defensores centrales...

España ya había hecho lo mismo con Francia: no dejarlo jugar, presionando desde tu golero en adelante para que nadie pueda recibir la pelota. Me parece fantástico como estilo de juego.


¿Los incidentes cuando terminó la final, con futbolistas argentinos que agredieron a españoles, empañaron algo la imagen que tenía la selección de Scaloni y Messi?

Sí, pero no me sorprende. Porque ahí entra a jugar una lógica moral que organiza la cultura futbolística argentina, y no solo argentina, según la cual si no reaccionas frente a la provocación o a la humillación, no sos macho. Entonces hay que demostrar hombría saliendo a pegar.

"Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación", dice Alabarces.


Pero no fue un comportamiento masivo; tiene individuos muy bien identificados.


Scaloni fue a separar de inmediato...

Sí, por eso también es irritante ese discurso de odio y que no vean la bonhomía, tranquilidad y humildad de un tipo como Scaloni, que es otra cosa totalmente distinta.


¿Algo bueno del Mundial será que ha planteado preguntas sobre cuánto realmente refleja el fútbol lo que somos, qué valores queremos representar, qué nos une más allá de un idioma o una región compartidos?

Disiento con la idea de usar la metáfora del reflejo, porque no hay tal reflejo.

No olvidemos un dato básico: es una selección masculina. La FIFA nombra "copa femenina" a la de las mujeres y "copa", a secas, a la de los hombres.

Los tipos no reflejan una patria. La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí. Y lo que es peor: lo creemos.

Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación mucho más compleja, plural, atravesada por diferencias y desigualdades.

Por el carácter eficaz de la ficción, eso de que no son la patria pero hacemos de cuenta que lo son, es que la Copa del Mundo permite este tipo de discusiones.


Por lo visto estás más cerca de Borges cuando, ya en su época, decía que "el fútbol despierta las peores pasiones. Despierta, sobre todo, lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte"…

Totalmente de acuerdo. Estoy a punto de cancelar mi amor por este juego cuando llegan las Copas del Mundo.

Sin embargo, apuesto a que de todas formas vas a ver el próximo Mundial...

Seguramente sí, aunque espero jubilarme pronto.





La cursiva en el texto es mía.


viernes, 12 de junio de 2026

"El fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium con EE.UU. encima del negocio"

"Maradona decía que 'la pelota no se mancha'. Pero ahora la pelota se enchufa", reflexiona Juan Pablo Meneses.

 

Por Gerardo Lissardy
BBC News Mundo

 

Juan Pablo Meneses tiene un aviso para darte: lo que has comenzado a ver en estos días está lejos de ser un Mundial de fútbol tal como lo concebimos.

A juicio de este escritor y periodista chileno de 57 años, ahora miramos otro deporte, uno que él ha bautizado como "postfútbol", el título de su último libro publicado en marzo.

El cambio va mucho más allá de lo que ocurre dentro de los campos de juego, argumenta, y lo compara con el negocio del porno y del narco.

"Cuando planteo que el fútbol está muerto", dice Meneses en una entrevista con BBC Mundo, "pensaba que alguien me iba a refutar eso. Pero de repente he notado que no, que la gente efectivamente siente ese malestar".

Lo que sigue es un resumen de la charla telefónica con el autor de otros libros como "Niños futbolistas" y "Una granada para River Plate", que también es profesor de periodismo en la Universidad de Chile.

 

Has planteado que lo que vemos como fútbol en realidad es otra cosa: el postfútbol. ¿Qué representa este Mundial en ese cambio?

Para mí el Mundial 2026 es la primera gran fiesta del postfútbol, porque se instala definitivamente este nuevo deporte.

El fútbol pertenece a un mundo que ya dejamos atrás y el actual funciona con unos códigos, reglas y estructura que mantiene el nombre del deporte anterior, pero es cada vez más diferente.

Entonces, si no entendemos el postfútbol y que estamos frente a una nueva era del deporte, va a ser difícil que entendamos este Mundial.

¿Puedes dar ejemplos?

Cuando me preguntan cuándo aparece el postfútbol, digo que es cuando el fútbol de alguna manera deja de ser una experiencia colectiva.

Hoy en día, la gente y los chicos sobre todo ya no seguimos equipos; seguimos jugadores o torneos. Ahora podemos comprar activos financieros de los mismos jugadores. Entonces, los jugadores están pensando en sus carreras, no tanto en el equipo.

El fútbol era un deporte colectivo, el postfútbol es un deporte individual.

Por ejemplo, los precios de las entradas del Mundial son una locura: son para ir solo. Nadie puede ir con dos hijos, porque tiene que hipotecar la casa.

Entonces de alguna manera dejamos de tener una experiencia colectiva, sobre todo en América Latina, que siento que es donde pega más fuerte este cambio.

¿Por qué?

Porque en América Latina había dos orgullos muy fuertes sobre el fútbol: que era una gran fiesta popular y que EE.UU. no entraba en esa fiesta por distintas razones, incluso técnicas. Los partidos eran muy largos, entonces a la publicidad no le interesaba.

Y esos dos orgullos latinoamericanos en este Mundial se terminan casi definitivamente.

Increíblemente, frente a nuestros ojos el fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium, y EE.UU. está muy encima del negocio, de la FIFA y de este nuevo deporte.

Hubo problemas con los visados para asistir a los partidos, no solo para los hinchas de una cuarta parte de los países que participan del Mundial, sino incluso para el árbitro somalí Omar Artan, a quien EE.UU. le denegó la entrada por motivos poco claros, pese a que sería uno de los referís del torneo y fue nombrado el mejor árbitro del año pasado en África. ¿Esto es consecuencia de esa transformación que observas?

Este es un Mundial con derecho de admisión. Por sobre la FIFA, por sobre conseguir el cupo como equipo o árbitro, se instala una figura del portero de discoteca que dice: "Tú entras, tú no entras". Tiene mucho que ver con esta fiesta más prémium, más privada en la que se ha convertido el fútbol.

 
Al somalí Omar Artan le fue impedido el ingreso a EE.UU. para ser uno de los árbitros de la FIFA en el Mundial 2026.

 

Entonces, las visas terminan siendo otro tema del que hablamos porque pasa algo. Vamos a seguir hablando sobre todo de las cosas que están fuera de la cancha. De la cancha ya no se habla tanto, porque hay millones de partidos todo el tiempo. Y eso también se verá en este Mundial.

¿Cómo vamos a hablar de algún partido si hay seis en un día, porque se ha hecho un tema de inundar la zona? Lo que importa es lo que gira en torno al fútbol, ya sean las apuestas, el consumo de historias, el engagement de las redes sociales.

Y no lo digo de una manera nostálgica, sino que lo veo como un nuevo deporte que además atrae mucho a las nuevas generaciones: les parece con un vértigo y una adrenalina muy fuerte.

El otro día conocí la historia de una persona, y después he visto que no es la única, que ve los partidos con cinco pantallas y solo.

¿Cómo?

En una pantalla está el partido, en otra están las reacciones, en otra la apuesta que se hizo, en otra las variaciones bursátiles, porque ahora se pueden comprar derechos de jugadores o capital financiero a partir de cada jugador. Y la quinta pantalla, que es la más loca de todas, es la de ellos mismos, por si tienen una reacción muy disparatada que se pueda transformar en viral.

Un capítulo aparte son los problemas que ha tenido la selección de Irán para participar del Mundial, por ser un país en guerra con EE.UU., que a último momento le concedió visas a sus futbolistas. ¿Recuerdas algo similar que haya ocurrido en un Mundial?

No de esa magnitud. Porque antes se tomaban decisiones con anticipación, justas o injustas. Pero lo de ahora es diferente. Todo lo que genere contenido y nos mantenga en tensión es como que sirve. Y de alguna manera esto que ha pasado con la selección de Irán, que es un despropósito total, genera contenido. No importa qué pasa con los jugadores o con el partido.

¿Crees que se instala un tipo de segregación en los mundiales, como denuncian algunos? ¿O esto es algo excepcional de este Mundial, que escapa a la FIFA?

Escapa a la FIFA todo prácticamente. Siempre existió un negocio y siempre se escribió de esto. Pero en la época del fútbol, la FIFA manejaba el negocio. En la época del postfútbol, el negocio maneja a la FIFA. Entonces vemos que la FIFA acepta y acepta.

En este Mundial se incorporan las "pausas de hidratación" cada 22 minutos en todos los partidos, que por lo tanto estarán divididos en cuatro cuartos como en el baloncesto, en vez de dos mitades como se hacía desde 1897. ¿Cómo ves esto?

Es parte del fin del fútbol. Otra cosa por la que estábamos orgullosos eran nuestros 45 minutos por lado. Eso se termina. Se está cambiando para siempre el relato del fútbol. Se va a pasar publicidad. Y, si es que no se pasa, se corta el partido.

El Mundial se está jugando en el país del show de mediotiempo y el fútbol termina siendo absorbido por eso. Va a haber un show de mediotiempo, pausas de hidratación... Se cambia el partido tal como lo conocimos. Y los técnicos van a tener que pensar otra lógica, como si fuera otro deporte.

Incluso hay cambios en la pelota. Maradona decía que "la pelota no se mancha". Pero ahora la pelota se enchufa. Lo probaron en el Mundial de Qatar, que fue el gran ensayo general del postfútbol. La pelota tiene adentro un cerebro, un detector que conecta con distintas antenas alrededor del estadio, y mide cuántos golpes hay: entre dos mil y tres mil golpes por partido.

Y el hincha, ahora convertido en usuario, va a recibir todos esos datos en directo. Es una nueva forma de apostar. ¿Cuántos golpes hubo en la final del Mundial?

La FIFA dice que las pausas de hidratación buscan el bienestar de los jugadores, aunque no se harán en función de la temperatura que haya en los estadios. Parece que tú estás más de acuerdo con el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que advirtió que pueden cortar un buen momento de un equipo en el partido...

Con la salvedad, que no es menor, que se transmiten las instrucciones (de los técnicos a los futbolistas durante las pausas). El nuevo deporte es muy NBA o fútbol americano, deportes muy reality show, que es lo que yo considero el postfútbol.

Aparecen futbolistas o figuras porque son mediáticos. Duran una temporada y resultaron un muy buen negocio. Eso está pasando ahora también con el fútbol. El neozelandés Tim Payne es la primera gran figura del postfútbol en este Mundial y ya le están ofreciendo contratos a un jugador bastante discreto, cuyo mérito es que se convirtió en viral.

Hay otros cambios de reglas en este Mundial que recuerdan al baloncesto. Por ejemplo, se van a introducir los cinco segundos para saques de banda o tiros de esquina. También va a haber 10 segundos de plazo para sustituir a jugadores... ¿Esto permitirá optimizar el ritmo del juego como se argumenta?

En algún momento puede que haya un hartazgo sobre este tipo de medidas. O por lo menos eso me gustaría que ocurriera en Sudamérica. Que dijéramos: "Váyanse al carajo con todas estas cosas, nosotros queremos jugar fútbol".

También tiene muchas cosas de la Fórmula 1, que se ha transformado en otro espectáculo de adrenalina, tiempo, datos.

Nadie está hablando de quién va a ser el próximo gran 10 del Mundial, porque no va a haber un 10. Porque todos los equipos juegan muy parecido, está todo trabajado en función de datos. Los técnicos están haciendo los equipos con inteligencia artificial y están manejando mucho las métricas y los datos.

¿Eres de los que se preocupa también por el efecto que pueden tener en el Mundial las apuestas deportivas y los mercados de predicción, esas plataformas donde la gente juega dinero tratando de anticipar algo que pueda ocurrir, aunque en EE.UU. generalmente no estén considerados apuestas ni prohibidos como en otros países?

El tema de la prohibición es muy complicado porque muchos hinchas, que en este nuevo deporte son usuarios, miran los partidos con su capital en juego porque apuestan o quieren invertir en algún jugador.

El fútbol no inventó las apuestas. No le podemos pedir a la FIFA que nos dé una solución a la ludopatía juvenil que hay en Latinoamérica.

Pero, por otro lado, se organizan y se generan elementos donde cada vez haya más espacio para apostar o más aspectos en los cuales apostar.

 
Los mercados de apuestas son parte del "nuevo deporte" que vemos en este Mundial, señala Meneses. 

 

Entonces hoy, sobre todo para los más jóvenes, la apuesta no tiene una carga tan fuerte como para las generaciones mayores. Están acostumbrados a apostar, es muy fácil hacerlo desde el teléfono. ¿Y después?

Alguien que apuesta a su equipo que gana, y que por eso además gana dinero, tiene prácticamente un camino sin retorno. Es uno de los grandes temas en los que cambió este deporte.

Recordabas que Maradona decía que "la pelota no se mancha". ¿Crees que esto aún está vigente o que los mercados de apuestas amenazan la propia integridad deportiva, lo que ocurre dentro de la cancha?

Todo es parte de este nuevo deporte, porque hoy para hacer una apuesta no necesitas hablar con todo el equipo. Puedes hablar con un jugador y decirle que en tal momento le saquen una amarilla, o tire un tiro de esquina, porque la apuesta ya es de todo.

Y cuando a un jugador le saquen una amarilla o una roja, muchos van a pensar: "¿No será por las apuestas?". Porque queda todo el espacio de sospecha.

Estamos todos pendientes de este Mundial porque es un Mundial que está bajo sospecha, por muchos aspectos: las apuestas, la seguridad, los visados, los precios de las entradas, qué va a pasar con los hinchas, qué va a pasar si aparece ICE en EE.UU., qué va a pasar en México... Ver el partido es ver algo sospechoso.

Has comparado la transformación del fútbol con la industria del porno. ¿En qué se parecen?

Básicamente en que el porno es una industria que convirtió al espectador en usuario, algo que después hizo el fútbol. El pay per view del porno lo copió el fútbol. Que hoy el hincha vea el partido solo, en su casa, con muchas pantallas, también es una cosa que viene del porno.

Esto fue trabajado en la neurociencia: lo que busca una cabeza que está mirando porno es dopamina, vértigo y novedad. Son los mismos elementos que están llevando al fútbol.

También en la forma en que se consume: nadie ve una película porno desde que se inicia hasta el final. Al fútbol lo estamos consumiendo igual: en reels, en TikTok, en highlights (mejores momentos). No toda la gente va a ver todo el partido.

¿Y por qué lo comparas también al narco?

Con respecto al narco es un cambio estructural, sobre todo en Latinoamérica, en el sentido de que los intermediarios terminaron siendo los grandes capos.

En el fútbol pasa igual: los intermediarios, que eran los representantes, terminaron siendo los grandes dueños del fútbol. Se apoderaron de la industria unos tipos que estaban en la mitad de la cadena y que hoy son dueños de equipos, dueños de todo.

Y, al igual que en el narco, antes estaban los capos más famosos pero hoy cada vez está más diluido quiénes son los dueños de los equipos, dónde hay representantes metidos en equipos. No lo sabemos.

Además, el narco ha sabido penetrar muy fuerte en el fútbol en Latinoamérica.

Cuando lancé "Niños futbolistas" decía que todavía en Latinoamérica hay muchísimos lugares donde los niños tienen que decidir si se van al narco o se van al fútbol. Porque los héroes de sus barrios pobres que ellos ven triunfar son un narco o un futbolista. Y parecería que no hay otro camino.

Algo a favor de los mundiales es que los países no pueden comprar o vender futbolistas como ocurre a nivel de clubes. ¿Eso no vuelve más justa la competencia?

De alguna manera, que no haya una pasarela de negocio lo hace más singular. Es uno de los aspectos en que creo que se mantiene el espíritu del viejo fútbol: que en general sean jugadores nacidos en el país, el orgullo patrio.

 
Algo donde se "mantiene el espíritu del viejo fútbol" es que para los mundiales esté prohibido comprar o vender futbolistas, dice Meneses. 
 
 
Otra excepción que me ha llamado la atención: los álbumes de figuritas. De repente uno ve niños chicos coleccionando con un tipo de 50 años, que está queriendo recordar cómo era el fútbol antes.

Aunque la gente sea consciente de que el fútbol es cada vez más un gran negocio global, tal vez la pelota vuelva a hacer su magia y nos olvidemos de todo eso por un rato. ¿Hay algún partido en particular que te entusiasme en este Mundial?

De la primera ronda quiero ver Uruguay-España en Guadalajara, me parece que es un partidazo. Pero de ese tipo de partidos no va a haber tanto, va a haber más de los dispares.

Ya no se puede circunscribir todo a la pelota. No quiero sonar pesimista, sino tratar de transmitir que estamos frente a un nuevo escenario donde no podemos esperar cosas que no van a ocurrir.

Espero que haya muy buenos partidos. Tengo algunas selecciones que me gustaría que ganaran y voy a ver el Mundial de todas maneras, pero sabiendo un poco que lo que estoy viendo, lo que me va a generar adrenalina, son muchas cosas que están fuera de partido.

Hay una frase que algunos atribuyen a Jorge Valdano y otros a Arrigo Sacchi: "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes". ¿Seguirá siendo así con el postfútbol?

Hay algo muy importante que decir a partir de lo que dices: siento que parte de mi linaje es el fútbol. Soy un tipo completamente atravesado por el fútbol. Soy de esos latinoamericanos que no se acuerdan de la primera vez que fue a la cancha, porque seguramente lo llevaron cuando era muy chico.

Estoy relacionado con el fútbol desde que nací. Haciendo este libro descubrí que mi padre era futbolista. No era profesional, pero todos los domingos se levantaba, se ponía medias y la camiseta, e iba a jugar con 10 tipos más contra otro equipo. Y ahí había fútbol.

Todo esto que hablo no es de alguien que no entienda lo que es el fútbol o no lo quiera; todo lo contrario. Y en ese sentido me parece que es muy importante el papel que cumple hoy este nuevo fútbol para explicarnos un poco lo que estamos viviendo en nuestros días.

En esta conversación empezamos a hablar de fútbol, pero lo que hemos hablado todo el rato ha sido del siglo XXI. De las apuestas, de las visas, del exceso de televisación, de todas nuestras vidas digitales, porque el fútbol también es eso. Nos permite ver eso. Nos atraviesa la vida, pero de alguna manera no somos los mismos y el fútbol tampoco.

¿Ves alguna vuelta atrás en todo esto, para que el fútbol sea como antes?

Parece que en un partido de Estudiantes de La Plata, cuando hubo una pausa de hidratación (en un partido por la copa Libertadores), la gente empezó a silbar. Porque lo que pasa además con todos estos elementos es que arruinan la experiencia de ir a la cancha.

Me tocó ir a la final del Mundial Sub-20 acá en Santiago entre Marruecos y Argentina, y en los primeros 15 minutos hubo tres llamados al VAR. Y dentro del estadio la gente no sabía qué hacer, era tiempo muerto.

Ni sabes qué hacer cuando hay un gol, si pararte a gritarlo o esperar a que lo convaliden…

Tampoco. Entonces, en ese sentido digo que, casi como una causa política, sea de repente decir basta de tanta cosa. Pero lo veo difícil.

Piensa que además en este Mundial está la figura de Donald Trump.

Trump no inventó el postfútbol pero parece muy cómodo en este nuevo deporte, con todo esto que está pasando y con esta idea de que por fin, de alguna manera, EE.UU. logró dominar eso que para los latinoamericanos era un orgullo tan grande, un deporte muy popular en el que EE.UU. no entraba.

De hecho, Trump parece llevarse muy bien con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA…

Claro, cuando digo que hoy el negocio maneja a la FIFA, una parte muy importante del negocio es EE.UU.

Es cierto que hay muchos jeques, que está Arabia Saudita y que los dueños del PSG y Manchester City son de estados petroleros. Pero funcionan en base a fondos de inversiones, muchos de los cuales son de EE.UU. Entonces, EE.UU. está muy metido en el negocio.

No olvidemos que Infantino le dio el "Premio FIFA de la Paz" a Trump…

Por eso digo que, en el fondo, históricamente los presidentes de la FIFA generaban otras cosas.


Fuente: Fútbol como producto prémium

 


 

sábado, 31 de mayo de 2025

"La Doctrina Monroe nunca ha estado más viva": de dónde surge la idea de que América Latina es el patio trasero de EE.UU.

 
Caricatura satírica que apareció en la revista Judge en 1903: la Doctrina Monroe aplicada a Latinoamérica bajo ciertas condiciones.
 
 
Por Vinícius Mendes
BBC News Brasil
 
 
"La Doctrina Monroe está muerta".

Esa sentencia fue dictada en noviembre de 2013, al término de la reunión de ese año de la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrada en Ciudad de Guatemala.

Le siguió un cálido aplauso de un auditorio lleno y que estaba compuesto por representantes de los gobiernos de América Latina y el Caribe.

La frase la dijo John Kerry, entonces secretario de Estado de Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama.

Kerry representaba al país que precisamente había desarrollado la doctrina hacía dos siglos.

Dijo que, en lugar de la antigua relación "intervencionista" de EE.UU., comenzaba una era en la que los países americanos se verían "como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en materia de seguridad y adhiriéndose ya no a una doctrina, sino a decisiones tomadas conjuntamente".

"Pero la Doctrina Monroe nunca ha estado tan viva", observa Carlos Gustavo Poggio, profesor de Ciencias Políticas en el Berea College, en EE.UU., y también en la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (PUC-SP).

"Más aún viendo una Casa Blanca [bajo la administración del republicano Donald Trump] cuya cabeza está en el siglo XIX".

Esta es su reacción a las recientes declaraciones de Pete Hegseth, el actual secretario de Defensa de EE.UU.

En abril, Hegseth dijo en The Will Cain Show de Fox News que Estados Unidos debe recuperar influencia en su "patio trasero perdido" ante China.

Hegseth se refería a la tensión de la actual Casa Blanca con el gobierno de Panamá por el control del canal marítimo que atraviesa el país centroamericano y les ahorra días de viaje a los barcos que necesitan pasar de un lado a otro del continente.

Washington alega que Panamá violó los Tratados Torrijos-Carter cuando se unió a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta, el proyecto masivo de expansión comercial de China conocido como la "Nueva Ruta de la Seda", en 2017.

Se refería a los tratados firmados en la década de 1970 para entregarle el canal a Panamá, construido con fondos estadounidenses entre 1904 y 1914, al país centroamericano a partir de 1999.

El presidente panameño José Raúl Mulino ha reiterado que las decisiones sobre el canal las toma únicamente su país.

Días antes de la entrevista de Hegseth con Fox News, la Autoridad del Canal de Panamá (entidad que administra el paso marítimo) había emitido un comunicado conjunto con el propio secretario reafirmando la soberanía panameña sobre el canal, pero autorizando la intensificación de la presencia militar estadounidense en el país.

En febrero, Mulino recibió la visita del secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, poco después de que el presidente estadounidense dijera que, si fuera necesario, utilizaría la fuerza militar para retomar el canal.

El acuerdo parecía haber salido indemne, pero en los últimos días casi todas las ciudades panameñas han sido tomadas por protestas contra, entre otras cosas, el acuerdo con EE.UU.

Caricatura de 1901 con la leyenda "Europa: ¡No eres el único gallo en Sudamérica! Tío Sam: ¡Lo sabía cuando te encerré!". 

Según un informe de la BBC, China fue responsable de alrededor del 21% de la carga transportada a través del canal entre octubre de 2023 y septiembre de 2024.

El país asiático fue el segundo mayor usuario del paso, solo por detrás de EE.UU.

"Vamos a invertir en lo que impulse los intereses estadounidenses en nuestro patio trasero mientras interrumpimos la influencia china allí", dijo Hegseth a Fox News.

 

El patio

Hablar de "patio trasero" es un legado que dejó la Doctrina Monroe como una forma común de referirse a América Latina y el Caribe desde la perspectiva estadounidense.

Esta doctrina se refiere a la política exterior adoptada por EE.UU. a partir de 1823 y a las diversas redefiniciones que ha sufrido desde entonces.

"Quiere decir, en efecto, que, debido a la proximidad entre los territorios, EE.UU. se considera un guardián", afirma Poggio, autor, entre otros libros, de "El pensamiento neoconservador en la política exterior de Estados Unidos" (Unesp, 2010).

"Dicen: 'Miren, ustedes los latinoamericanos necesitan aprender a comportarse. Hay muchas revoluciones, mucho caos allí, y nosotros, los anglosajones, necesitamos ponerles orden'.

"Esta visión está muy presente en la actual administración de Trump".

Una de las resignificaciones más relevantes de la Doctrina Monroe ocurrió a finales de 1904, durante el período del conservador Theodore Roosevelt.

En su discurso a la nación del 6 de diciembre de ese año, el entonces presidente estadounidense se sintió urgido a hacer una defensa más enérgica de las intervenciones que su país había realizado en Cuba y Puerto Rico poco antes.

Afirmó que no era correcto decir que Estados Unidos sentía "hambre de tierra" y que, por el contrario, su país sólo quiere "vecinos estables, ordenados y prósperos".

Luego sentenció: "La adhesión de EE.UU. a la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea a regañadientes, en casos flagrantes de irregularidades o de incapacidad, a ejercer un poder de policía internacional".

En esta caricatura política, el Tío Sam blande un gran garrote con la inscripción "Doctrina Monroe 1824-1905". El pie de foto dice: "¡Expansión! El largo camino de la patrulla occidental".

 

Para la profesora Marina Gusmão de Mendonça, del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp), se trataba de una forma "sofisticada" de nombrar lo que después se conoció como la política del "gran garrote", que EE.UU. adoptó a partir de entonces.

Ese apelativo venía de una frase que el presidente utilizó al expresar sus ideas sobre política exterior.

Tiene su origen en un dicho africano: "Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos".

Sin embargo, en la historia esta política tuvo otro nombre: Corolario de Roosevelt.

El gran garrote fue una "visión más incisiva de la Doctrina Monroe", señala Mendonça.

Poggio añade: "Sólo actúas así en un lugar que consideras como tu 'patio trasero'".

 

Doctrina Monroe 2.0

Expertos entrevistados por BBC News Brasil coinciden en que, al menos desde el Corolario de Roosevelt, no ha habido un momento en el que la postura de EE.UU. hacia América Latina y el Caribe haya sido tan agresiva como ahora.

Los entrevistados afirman que, si bien el país mantuvo una postura intervencionista en la región a lo largo del siglo XX —como en las ocupaciones de países como Haití (1915-1932) y Nicaragua (1912-1933) o en el apoyo a las dictaduras militares involucradas en la Operación Cóndor, en la Guerra Fría—, EE.UU. siempre buscó legitimar sus acciones cubriéndolas con "valores universales".

"Justificaron sus intervenciones ya sea construyendo un 'mundo libre', defendiendo la libertad o incluso expandiendo la democracia.

"Ahora, nada de eso está sucediendo: Trump claramente planea simplemente retomar la antigua orientación imperial de EE.UU.", explica Fábio Luis Barbosa, profesor del Programa de Posgrado en Integración Latinoamericana de la Universidad de Sao Paulo (Prolam-USP).

Lo hace sin apelar a ningún gran valor universal. Trump dice abiertamente que sólo lo hace por interés.

Poggio suscribe esta lectura, afirmando que Trump retoma la visión estadounidense del siglo XIX.

"Es la idea de zonas de influencia, de poder puro sin ningún criterio moral ni siquiera de derecho internacional", dice.

Sin embargo, destaca que toda la agresividad de la postura estadounidense hasta ahora se limita al ámbito retórico.

"Trump 'habla fuerte'", dice, refiriéndose a la famosa frase de Roosevelt, "pero el garrote aún no ha sido usado".

"No sabemos si lo sacarán", añade.

Para Gusmão, la postura actual de la Casa Blanca hacia la región se puede explicar, curiosamente, por la dependencia que EE.UU. proyecta tener de América Latina y el Caribe a medida que comiencen a sentirse los efectos de la imposición de aranceles comerciales a casi todo el mundo.

En su análisis, la economía estadounidense necesitará recurrir a los países de la región en busca de materias primas para la industria y, al mismo tiempo, explorar mercados de consumo.

Por eso, recuperar el control del "patio trasero" es también una forma de bloquear el acceso chino a las mismas materias primas y mercados potenciales.


La Doctrina Monroe en acción. Tarjeta de 1941 que muestra al Tío Sam estrangulando a Sudamérica. 

 

El gigante asiático es, hoy en día, el principal socio comercial de países como Brasil, Perú, Chile y Venezuela.

EE.UU., a su vez, ocupa este papel entre naciones como México, Guatemala, Colombia y Ecuador.

Entre ellos, Brasil tiene un peso decisivo en esta esfera de influencia global, ya que es el principal socio de vecinos como Argentina, Bolivia y Paraguay.

En este sentido, la declaración de Trump sobre Brasil el día de su investidura -"No los necesitamos, pero ellos nos necesitan"- es todo lo contrario.

"Trump necesita reservar este espacio para posibles reflexiones internas sobre sus políticas económicas. Es un área de disputa con China", afirma Gusmão.

"Lo que nadie sabe es cómo reaccionarán los países ante los ataques", continúa.

 

"América para los americanos"

Una tarde de diciembre de 1823, el entonces presidente de EE.UU., James Monroe, subió al podio del Capitolio, sede del Congreso del país, en Washington, para leer el tradicional discurso presidencial de fin de año.

Nadie esperaba que de allí surgiera una de las posiciones políticas más sólidas y duraderas de la futura superpotencia: la doctrina que lleva su apellido.

Aunque largo, el texto se condensa en casi una sola frase, hacia el final.

Hizo elocuentes elogios a los colonizadores europeos –países como Francia, Inglaterra y España, sobre todo– hasta decir que aquellos sistemas políticos, en cambio, eran diferentes del estadounidense.

Por tanto, sería necesario decirles que "cualquier intento de extender esos sistemas a cualquier porción de este hemisferio sería considerado como un peligro para la paz y la seguridad" de EE.UU.

El mensaje era muy claro: Estados Unidos ya no toleraría la colonización de los países latinoamericanos y caribeños, recién independizados. Por eso, el lema de la doctrina era: "América para los americanos".

De hecho, la Doctrina Monroe estuvo rodeada de movimientos independentistas: Perú había firmado la suya dos años antes, en 1821, y Bolivia lo haría dos años después, en 1825. Uruguay (1828) y Ecuador (1830) seguirían el mismo camino antes de que terminara esa década.

Barbosa reflexiona, sin embargo, que la Doctrina Monroe fue ambigua desde el principio.

Por un lado, expresaba una postura de dominación de un país que aun estaba lejos de ser la potencia global que es hoy. Por otra parte, fue bien recibido por las naciones que, a primera vista, estaban sujetas a las intervenciones previstas en el texto.

"Como todavía eran países débiles, recién independizados, había allí algo emancipador, y lo aprovecharon", analiza.

La satisfacción del Imperio de Brasil con el mensaje de Monroe, que contó con el apoyo de Colombia –de Simón Bolívar– y de México, es un ejemplo de esta postura.

El emperador Don Pedro I incluso propuso una alianza con EE.UU. para llevar a cabo la doctrina.

"Brasil se vio a sí mismo como defensor de esta doctrina en Sudamérica y mantuvo esta postura durante mucho tiempo", apunta Poggio.

De hecho, Brasil se veía a sí mismo como el protector del subsistema regional, Sudamérica, y en cierto modo incluso le preocupaba la influencia de EE.UU. en esta área, explica.

"EE.UU. no contaba con los recursos necesarios para implementar la doctrina, sobre todo porque la Armada chilena era mucho más fuerte que la estadounidense en ese momento".

La Doctrina Monroe fue el tema de una película propagandística de 1896. 

Muchos estudios, sin embargo, señalan que el factor preponderante en el contexto de la Doctrina Monroe fue la Santa Alianza, firmada por Rusia, Prusia (en la actual Alemania), Austria y Reino Unido en Viena, tras la derrota de Napoleón Bonaparte, en 1815.

Había resurgido el deseo de "volver a la situación anterior a la Revolución Francesa", dice Gusmão, en la que las potencias europeas dependían de sus colonias de ultramar.

Para Estados Unidos, eso era problemático.

"Las victorias militares estadounidenses sobre Inglaterra habían generado un desarrollo industrial muy fuerte en el país, que demandaba mercados de consumo y materias primas.

"La América Latina independiente representaba una oportunidad económica que no podía volver a manos europeas".

Pero, en esa misma América Latina independiente, hubo un esfuerzo que iba en otra dirección: el bolivarianismo de Simón Bolívar, que pretendía unir a las naciones independientes en una gran confederación.

La idea cayó derrotada en el Congreso de Panamá, en 1826, según Gusmão, por dos motivos.

"Porque las élites de Hispanoamérica eran muy diferentes entre sí, más allá de las distinciones geográficas.

"Y porque EE.UU. e Inglaterra hicieron todo lo posible para garantizar que esta unión nunca ocurriera", explica, señalando que esta unión habría producido un país lo suficientemente fuerte como para enfrentar las dos potencias.

 

Afirmaciones sobre una verdad demostrada

Desde que fue anunciada por James Monroe, la doctrina ha sufrido varias reinterpretaciones, a la luz de las circunstancias globales y del papel que EE.UU. asumió en esos períodos.

Las reinterpretaciones se llamaron "corolarios" porque, al igual que el significado de la palabra en el diccionario, añadían nuevas afirmaciones a una "verdad ya demostrada". En este caso, a la verdad de la Doctrina Monroe.

En 1845, por ejemplo, el presidente James Polk leyó, desde la misma tribuna, un texto que decía que EE.UU. estaba abierto a anexarse otras regiones.

No fue casualidad que, un año después, declarara la guerra al vecino México, al que le arrebataría dos tercios del territorio. El discurso se conoció como el "Corolario Polk".

Ese mismo año, un periodista daría forma a la idea del "Destino Manifiesto" de EE.UU.: una creencia común de que el país tenía el "derecho moral y la misión divina de expandir sus territorios desde la costa atlántica hasta el Pacífico".

Más de dos décadas después, en 1871, Ulysses Grant, un militar que gobernó EE.UU. durante dos mandatos, también hizo su corolario.

Afirmó que el país no podía permitir que "ningún gobierno independiente, dentro de los confines de América del Norte, pasara de una condición de independencia a una posesión o protectorado bajo una potencia europea".

Fue una justificación para el intento de anexión de la República Dominicana (entonces llamada Santo Domingo), que se venía gestando desde 1870.

Existe también el Corolario Olney, de 1895, que trata de que EE.UU. es "prácticamente soberano en este continente (...) con fuerza de ley para los súbditos que están confinados dentro de su interposición".

Las palabras fueron pronunciadas por Richard Olney, secretario de Estado del gobierno demócrata de Glover Cleveland.

Caricatura publicada en La Silhouette en 1903 sobre la Doctrina Monroe, con Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y el bloqueo venezolano. 

 

Para Barbosa, si bien la Doctrina Monroe tenía, de hecho, cierto carácter emancipador, los corolarios tenían significados opuestos: cada uno reforzaba un poco más los intereses exclusivos de EE.UU. en América Latina y el Caribe.

"Cuando Roosevelt anunció su corolario, el del 'gran garrote', fue como una autorización para intervenir si percibían que sus intereses están siendo perjudicados".

"No es diferente a lo que ocurre ahora en Panamá", explica.

"Es como la Cuba de 1903", continúa Gusmão.

Se refiere a la Enmienda Platt, un conjunto de leyes que EE.UU. logró imponer a la Constitución cubana después de la guerra que independizó a la isla en 1898.

Propuesta por el senador Orville Platt de Connecticut, limitaba al país vecino la posibilidad de realizar negocios y firmar tratados con otras naciones.

También abrió el territorio a los planes militares estadounidenses y autorizó a la Casa Blanca a intervenir cuando fuera necesario "para preservar la independencia cubana".

"La Enmienda Platt no fue una política dirigida únicamente a Cuba. De hecho, reforzó el derecho de EE.UU. a intervenir en Latinoamérica dondequiera que sus intereses políticos y económicos estuvieran en riesgo.

"No es casualidad que entrara en vigor poco después, en la República Dominicana", explica, recordando la invasión militar de la isla vecina en 1904, meses antes del Corolario Roosevelt.

La Doctrina Monroe y sus corolarios posteriores dieron, en la lectura de Barbosa, el tono completo de un complejo balance de las acciones estadounidenses en América Latina.

"A veces se basa más en el consenso, a veces más en la coerción", dice. "Una combinación de momentos donde hay más esfuerzos en una dirección y otros donde los métodos son coercitivos".

El golpe de Estado que depuso y mató al entonces presidente electo de Chile, Salvador Allende, en 1973, fue, por ejemplo, un momento de coerción y violencia explícitas, señala Barbosa, aunque bajo la narrativa de un supuesto valor universal, el anticomunismo.

La implementación de la agenda de ajuste económico estructural, con el objetivo de abrir los mercados de los países latinoamericanos al neoliberalismo, "se hizo sobre la base del consenso y el diálogo".

El regreso del Corolario Roosevelt y su gran garrote significaría, hoy, el posible uso de la fuerza militar para llevar a cabo los planes expansionistas de Trump, principalmente la reanudación del control del Canal de Panamá .

"Si esto realmente sucede, ¿China lo aceptará?", se pregunta Gusmão.

Cuando BBC News Brasil redirige la pregunta, la analista plantea otra que es aún más difícil de responder.

"China no tiene la potencia de fuego para enfrentarse a EE.UU. y está muy lejos de Latinoamérica, lo cual, en una guerra, siempre es importante.

"Pero Rusia sí la tiene. ¿Habría entonces una coalición entre China y Rusia?".

 

Fuente: Doctrina Monroe