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miércoles, 30 de septiembre de 2026

La gente pronuncia cada vez menos palabras y eso es una mala noticia, según los expertos


 

Redacción
BBC News Mundo 

 

Quizás no lo hayas notado, pero los números lo demuestran: cada año la gente habla menos.

O al menos eso está ocurriendo en las culturas "occidentales e individualistas", según un estudio revisado por pares publicado en la revista Perspectives on Psychological Science.

Sus autores analizaron cuándo hablaban al día unos 2.000 participantes de todas las edades en varios países, incluidos EE.UU., México, Australia y algunos de Europa.

Y luego de revisar los datos de un periodo de 17 años, encontraron una tendencia clara hacia la pérdida de palabras: las personas dejaban de pronunciar más de 300 palabras cada día.

Si se suman, son casi 110.000 palabras al año, lo cual equivale al contenido de una novela corta.

Aunque los científicos Valeria Pfeifer y Matthias Mehl aseguran que las muestras no se enfocaron en encontrar las causas, la rápida expansión del uso de celulares, internet y las redes sociales en las últimas décadas podrían tener un impacto en cuánto la gente dejó de comunicarse.

Y luego vino la pandemia de covid-19, que obligó a muchos al aislamiento social, seguida del trabajo remoto y la expansión de las tecnologías "sin contacto".

Mehl, sin embargo, reconoce que hay culturas que son "colectivistas", que no encajarían en los resultados obtenidos entre las más de 2.000 personas analizadas.

La forma de contrarrestar esto y combatir la "epidemia de soledad" que se vive en muchos países, según Mehl, es algo tan simple como atreverse a hablar con "extraños", que pueden ser tan cercanos como los vecinos.

El científico habló sobre su investigación con la corresponsal especial de la BBC Katty Kay.

Matthias Mehl conversó con Katty Kay en el podcast "New Normal" de la BBC


¿Cómo llegaste al hallazgo de que la gente habla cada vez menos cada año?

En 2007 habíamos publicado un estudio sobre la ausencia relativa de diferencias de género en el uso diario de palabras [hombres y mujeres pronunciaban un número similar de palabras]. Y a la gente le preocupaba que nuestra muestra fuera limitada.

Así que, 17 años después, volvimos con una muestra aproximadamente cuatro veces mayor, con más de 2.000 personas. La doctora Pfeiffer dijo: "Tengo los resultados y son como 12.000 palabras".

Y le dije: "Eso debe estar mal, no puede ser. Tienen que ser unas 16.000, porque eso fue lo que encontramos en ese entonces".

Y ella revisó los números y los tenía correctos desde el principio. Así que nos sorprendió mucho ver que había una pérdida de unas 4.000 palabras en prácticamente 17 años.


La primera suposición que hago es que el celular ha reemplazado nuestra habla, que estamos usando más los pulgares y enviando más mensajes y hablando menos. ¿Es eso lo que han encontrado?

No lo analizamos directamente en el estudio. Pero creo firmemente que hemos cambiado muchas de las palabras habladas por las escritas.

De hecho, ni siquiera me sorprendería que nuestro volumen total de palabras superara el de entonces, porque escribimos muchísimo en correos electrónicos, mensajes de texto y redes sociales.

Pero lo más interesante y lo más importante es que, si perdemos estas palabras por nuestros dispositivos digitales, entonces la pregunta es si los nativos digitales, la generación más joven, habrían perdido más de esas palabras.

Y eso lo pudimos comprobar. Así que dividimos nuestra muestra en dos: en un grupo con participantes menores de 25 años y en otro con mayores de 25. Y, efectivamente, como era de esperarse, descubrimos que la pérdida era mayor en el grupo más joven.

En promedio, fueron 338 palabras al día. Los participantes más jóvenes, menores de 25 años, perdieron 451 palabras. Y los participantes de mayor edad, por otro lado, perdieron 314 palabras.

Esto indica que estamos perdiendo vocabulario debido a estos dispositivos.

La pérdida de conversaciones es una tendencia de las culturas "occidentales e individualistas", señala Matthias Mehl.


¿Sabes algo más sobre las palabras específicas que estamos perdiendo y los tipos de conversaciones que podríamos estar perdiendo?

Es mucho más probable que lo que hayamos perdido sea una buena cantidad de esas pequeñas conversaciones casuales que solíamos tener.

Porque la infraestructura social ha cambiado de tal manera que ahora hay muchas menos oportunidades de intercambiar unas palabras con lo que los científicos llamarían "vínculos débiles".

Son esas personas con las que nos cruzamos aquí y allá, que no desempeñan un papel particularmente importante en nuestras vidas, pero con las que nos encontramos una y otra vez, y con las que solíamos tener una conexión.

Claro, ahora cuando saco a pasear a mi perro por la mañana, suelo usar mis audífonos para ponerme al día con las noticias y no saludo a mi vecino. O cuando voy al supermercado y en la fila para pagar estoy escuchando un podcast, ya no charlo con la persona que me está cobrando. ¿Es ese el tipo de interacción casual a la que te refieres?

Eso es exactamente lo que tenía en mente. Y estamos ampliando los límites aún más.

Ahora puedes pagar la cuenta en el restaurante acercando tu celular a la factura, escaneando el código de barras y pagando a través de él. Así que ya ni siquiera tienes que hablar con el mesero.

Y lo mismo ocurre, por supuesto, a la hora de pedir direcciones. No sé quién pide direcciones hoy en día cuando no sabes adónde ir, si tienes tu celular.

Estas son precisamente las conversaciones que creo que estamos perdiendo. Y es interesante preguntarse: ¿eso importa?

Hace que nuestras vidas sean más eficientes, ¿no? Tienes la oportunidad de escuchar podcasts mientras paseas a tus perros. Así que creo que nuestra búsqueda de la eficiencia nos ha hecho perder esas conversaciones espontáneas.

Tenemos una panadería aquí en la ciudad; yo soy originario de Alemania, ahora vivo en Arizona [EE.UU.], y esta es una panadería realmente buena, una panadería local. Y voy ahí, y la persona me dice: "Hola, Matthias".

Y yo pienso: "Vaya, me reconoce".

Interacciones como las de pedir a alguien indicaciones en la calle se han perdido.

Y creo que lo que también estamos perdiendo son esos micromomentos de pertenencia que tenemos con esas conversaciones espontáneas. En los momentos en que paseábamos a nuestros perros y saludábamos al vecino, te sentías reconocido, te sentías visto, sentías un micromomento de pertenencia.

No es esa gran sensación de pertenencia que se tiene con la familia y cosas por el estilo, pero te hace sentir bien. Y creo que en estos tiempos en los que la gente ha dicho que estamos atravesando una epidemia de soledad, el aislamiento social es realmente importante. Creo que esos micromomentos de ser visto, de ser reconocido, de sentir un poquito de tu valor, creo que pueden significar mucho.

Tus datos se detienen en 2019, lo cual obviamente es justo antes de la pandemia y antes del trabajo remoto. ¿Tienes alguna idea, sin embargo, de lo que ha pasado desde la pandemia, si esto se ha acelerado o disminuido, o qué ha pasado con nuestras conversaciones?

Tenemos estudios en curso ahora que, en unos años, podremos analizar. Así que no contamos con datos directos, pero no tengo motivos para creer que esa tendencia se haya detenido, ya que la pandemia fue una experiencia que generó mucho aislamiento.

Fue una experiencia en la que no pudimos tener precisamente esas conversaciones espontáneas porque era necesario mantener el distanciamiento social.

Al salir de la pandemia, muchas personas reportaron una cierta inercia social, como si interactuar socialmente se hubiera vuelto más difícil, y que recibir visitas de amigos o salir se hubiera vuelto más complicado.

Así que creo que tal vez nos hayamos recuperado un poco de ese bajón de la pandemia, pero, en general, me sorprendería mucho que hubiéramos logrado frenar seriamente esa tendencia.

La pandemia trajo más aislamiento social, incluido el teletrabajo que ha perdurado años después.

¿Tienes alguna idea sobre cómo podríamos revertir esta tendencia?

No tengo una gran solución, pero sí he hablado de estos dos científicos, Gillian Sandström y Nicholas Epley, quienes han escrito dos libros: Once Upon a Stranger (Érase una vez un extraño, traducción libre) y A Little More Social (Un poco más social, traducción libre), y los he leído, inspirado por nuestro propio descubrimiento de que estamos perdiendo estas palabras.

Se pueden resumir en: simplemente hazlo, ten unas cuantas interacciones más. Así que me he fijado esa meta: cada vez que pienso 'Creo que podría hablar con esta persona ahora mismo', simplemente lo hago.

Hay un elemento que creo que me tomó un tiempo comprender: hablamos de esos micromomentos de pertenencia y eso es lo que yo obtengo de estas conversaciones, pero creo que la sociedad puede sacar aún más provecho de estas conversaciones.

Así que, en el momento en que voy a saludar al vecino en la calle y le digo "Hola", siento un pequeño instante de "Soy parte de este vecindario". Pero, al mismo tiempo, este tipo de microinteracciones también son, en cierto modo, tranquilizadoras.

Te dicen: "Mira, te veo, no te deseo nada malo".

Y creo que en nuestros tiempos, en los que no solo tenemos una epidemia de aislamiento social, sino que también enfrentamos el desafío de la polarización, de una fuerte polarización, creo que esto podría incluso ser una oportunidad para acercarnos un poco más.


Aquí puedes ver la entrevista en inglés 


Fuente: La gente pronuncia cada vez menos palabras




 



miércoles, 23 de septiembre de 2026

El dramático desahucio de la anciana Maricarmen a los 87 años que expone la gravedad de la crisis de vivienda en España

 


Por Atahualpa Amerise, BBC News Mundo y Guy Hedgecoe, BBC News, Madrid


El desahucio de una mujer de 87 años del apartamento donde residía alquilada desde hace siete décadas ha puesto el foco sobre la gravedad de la crisis de la vivienda en España.

Maricarmen, inquilina de un piso de 92 metros cuadrados en el acomodado barrio de Retiro, en el centro de Madrid, fue desalojada este miércoles al no poder hacer frente a la subida de alquiler exigida por la empresa de inversión propietaria del inmueble.

Después de un litigio de varios años en el que la justicia falló a favor de la empresa propietaria del inmueble, la comisión judicial ejecutó el desahucio al cuarto intento.

Maricarmen, que tiene movilidad reducida y una discapacidad del 50%, salió de la vivienda en camilla, fue trasladada al hospital y, tras una revisión médica, decidió alojarse con familiares.

Frente a la puerta del edificio, decenas de activistas se concentraron para intentar impedir el desahucio, mostrar su apoyo a la mujer y protestar contra la situación del mercado inmobiliario en España, marcada por un acceso cada vez más difícil a la vivienda y el encarecimiento de los alquileres.

Beatriz Duro, abogada de Maricarmen, criticó: "Aquí se van pasando la pelota y nadie asume la responsabilidad y todo el mundo dice que es el de al lado".

El caso de Maricarmen también ha puesto en el foco los llamados contratos de renta antigua, firmados hace décadas y sujetos a normas especiales sobre el precio del alquiler y su transmisión a los familiares del inquilino.

Maricarmen salió de la casa en silla de ruedas.


Qué ha ocurrido

La octogenaria vivió en el piso de la calle Alcalde Sainz de Baranda durante siete décadas, desde 1956, cuando su padre firmó el contrato de alquiler.

Tras la muerte del padre, su esposa pasó a ocupar su lugar como inquilina; y, cuando esta murió en 2005, el contrato pasó a su hija Maricarmen.

Maricarmen residía en la vivienda como inquilina bajo un contrato que pertenecía al régimen conocido en España como renta antigua: alquileres firmados durante la dictadura franquista (1939-1975) que después conservaron condiciones diferentes a las de los contratos nuevos, incluida una renta históricamente baja.

Pagaba 500 euros al mes de alquiler (unos US$573), una cantidad muy inferior al precio actual de mercado, especialmente teniendo en cuenta el tamaño del apartamento y su localización en uno de los barrios más privilegiados de Madrid.

Con el paso del tiempo, la ley permitió que algunos contratos antiguos de alquiler siguieran vigentes, y cambió las reglas sobre cómo podía actualizarse la renta y qué familiares podían continuar el contrato cuando fallecía el inquilino.

Por eso, el hecho de que el piso cambiara de dueño no ponía fin automáticamente al alquiler: primero había que determinar si el contrato de Maricarmen seguía vigente.

Según la interpretación del Tribunal Supremo, en el caso de Maricarmen el contrato no podía prolongarse indefinidamente por tratarse de una segunda sucesión.

Los voluntarios ayudaron a empacar las pertenencias de Marcarmen


En 2018, la familia propietaria vendió el edificio a la empresa Renta Corporación, que dos años después ofreció a Maricarmen comprar el piso por 247.000 euros (US$282.000), pero ella alegó que no podía asumir el precio.

Tras rechazar la oferta, el mismo año 2020 Renta Corporación vendió la vivienda a Urbagestión, la actual propietaria.

Urbagestión reclamó inicialmente a la inquilina 2.650 euros (US$3018) mensuales y después planteó aceptar 1.650 euros (US$1879).

Esa última suma superaba en 300 euros (US$341) la pensión mensual de 1.350 euros (US$1537) que recibe Maricarmen.

Según su abogada, Maricarmen siguió pagando la renta que venía abonando y nunca se negó a pagar.

La empresa, por su parte, defendía que el contrato antiguo había terminado y reclamaba la cantidad actualizada.

La anciana fue sacada de su vivienda en una camilla


El desahucio y la protesta

Los tribunales aplazaron tres fechas anteriores para ejecutar el desahucio y el último intento quedó fijado para este miércoles 23 de septiembre.

A primera hora del día la comisión judicial entró en la vivienda y ejecutó el desalojo.

Maricarmen, que tiene dificultades para caminar y vivía en un sexto piso, salió en camilla y fue trasladada en ambulancia al hospital Gregorio Marañón, donde se le practicó una revisión médica.

La octogenaria, que rechazó alojarse en una residencia temporal de la Comunidad de Madrid, se trasladó a casa de unos familiares.

Activistas y simpatizantes de Maricarmen acamparon frente al edificio la noche anterior al desahucio, entre ellos algunas figuras públicas como el actor Carlos Bardem —hermano de Javier Bardem— y la cantante Ana Belén.

En la mañana, cientos de personas se congregaron para intentar impedir el desalojo, bloqueando el portal y las escaleras del edificio y coreando consignas como "Maricarmen se queda".

Los manifestantes se congregaron el martes frente al edificio bajo el lema "Maricarmen se queda".


En un video publicado en redes sociales, Maricarmen agradeció emocionada a quienes habían acudido a apoyarla en "una lucha tan cruel de unas personas que quieren ganar dinero".

La policía acordonó un tramo de la calle y retiró a manifestantes y periodistas de la entrada, donde hubo cargas policiales contra algunos de los activistas, que denunciaron golpes y el uso de gas pimienta.

La Delegación del Gobierno afirmó que los agentes actuaban por mandato judicial.

En junio, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU pidió que se paralizara el desahucio mientras examinaba el caso o que se ofreciera a Maricarmen una alternativa de vivienda adecuada.

Según medios españoles, una conocida escritora se ofreció desde el anonimato a cubrir la diferencia entre los 500 euros que pagaba Maricarmen y los 2.650 euros reclamados por la empresa, además de cualquier deuda que se le exigiera.

Sin embargo, según la abogada de Maricarmen, la empresa rechazó la oferta y el desahucio siguió adelante.

El Ministerio de Vivienda afirmó también que CASA 47, la entidad pública de vivienda, había ofrecido comprar el piso y que Urbagestión rechazó la propuesta.

La BBC intentó ponerse en contacto con la empresa.


La crisis de la vivienda en España

La escasez de viviendas disponibles en grandes ciudades como Madrid o Barcelona se plantea como la principal causa de la subida de los alquileres.

En Madrid, los precios medios del alquiler anunciados en Idealista, el portal más usado para compraventa y alquiler de inmuebles, alcanzaron 23,3 euros (US$26,5) por metro cuadrado en agosto de 2026, un 5,1% más que un año antes.

En agosto de 2016 el promedio del alquiler era de 12,8 euros (US$14,5) por metro cuadrado, por lo que el aumento acumulado en diez años fue de alrededor de más del 80%

El Banco de España calcula que, entre 2021 y 2025, se construyeron 750.000 viviendas menos de las necesarias para atender la demanda.

La brecha se vio con claridad en 2025: ese año se formaron unos 240.000 hogares nuevos, cada uno con necesidad de vivienda, pero solo se incorporaron al mercado unas 92.000 viviendas nuevas.

Aunque la diferencia no explica por sí sola cada subida del alquiler, ofrece un dato relevante sobre la presión entre la demanda de vivienda y la oferta disponible.

La ministra española de Vivienda, Isabel Rodríguez, calificó la jornada del desahucio de Maricarmen como "un día muy triste y dramático" y habló de las consecuencias de la especulación.

El gobierno de coalición liderado por el socialista Pedro Sánchez ha culpado en repetidas ocasiones a las empresas de inversión inmobiliaria de la situación en el mercado de la vivienda.

En contraste, algunos expertos sostienen que es necesario construir más viviendas y advierten de que la inseguridad jurídica bajo las leyes actuales —los procesos de desahucio por impago u ocupación ilícita pueden durar años— disuade a muchos propietarios a la hora de poner sus pisos en alquiler.





Comentario

Otro caso de lo más indignante cuando el formalismo patrimonial gana por goleada y no interesan los derechos humanos... 

En todas partes se cuecen habas y en la mía, a calderadas.




jueves, 17 de septiembre de 2026

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

 

 

Por Laurie Clarke
BBC Future
 
 
Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

"Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?", reclamó Georgia. "Sí, por supuesto", tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, "No tienes que invitarlas si no quieres".
 
Pero todas sabíamos que sí, sí que tenía.

Probablemente tú tengas recuerdos de tu propia Georgia, una chica popular que podía provocar miedo con una mirada. Tal vez tú eras una Georgia.

Cualquiera sea el caso, los recuerdos están. 
 
Tras hablar a cientos de personas sobre sus experiencias en la secundaria, Mitch Prinstein, profesor de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., encontró que los recuerdos de aquellos que lideraban en los corredores escolares eran curiosamente potentes.

Incluso décadas después de dejar la secundaria, la mayoría de las personas pueden fácilmente recordar el nombre del estudiante más popular de su generación, mucho mejor que los nombres de los profesores y otros compañeros de clase, escribió Prinstein en su libro de 2017 Popular: The Power of Likeability in a Status-Obsessed World ("Popular: El poder de la simpatía en un mundo obsesionado con el estatus").

Y no son sólo los recuerdos los que quedan grabados.

Los estudios señalan que lo popular que fuimos como adolescentes puede influir en nuestras vidas por muchos años en aspectos que van desde cómo entendemos nuestras interacciones sociales hasta la fortaleza de nuestras relaciones amorosas, nuestra satisfacción con la vida e incluso nuestra salud.
 
 
"¿Quién te cae mejor/peor?"

Fue el psicólogo estadounidense John Coie quien cambió la manera en que los investigadores pensaban sobre la popularidad.

En sus ahora influyentes estudios de comienzos de 1980, empezó preguntando a los escolares dos preguntas simples sobre sus compañeros: "¿Quién te cae mejor?", y "¿Quién te cae peor?".

Coie utilizó las respuestas de los chicos para proponer cinco categorías sociales.

Están los "aceptados" y "rechazados", aquellos que fueron ampliamente apreciados o despreciados respectivamente.

Luego se encuentran los "controvertidos", aquellos que recibieron un alto número de "aprecios" y "desprecios", los "abandonados", porque fueron escasamente mencionados de una manera u otra, y los "promedio", es decir, que no se inclinaron extremadamente en ninguna dirección.

Muchos estudios han confirmado la utilidad de estas etiquetas. Generalmente encuentran que 40% de los chicos son "promedio" y 60% caben dentro de las otras cuatro categorías.

Los jóvenes más apreciados tienden a ser percibidos por sus pares como amables, alentadores y serviciales, mientras que los "abandonados" tienden a ser callados y a quedarse aislados.

Los chicos "rechazados" son o bien agresivos o bien víctimas de matoneo. 
 
Los "controvertidos", el grupo más raro, dividen a la gente, y son típicamente percibidos como los payasos de la clase o rebeldes. 
 
En primaria, los valores de los niños suelen alinearse con los de sus supervisores adultos. En la secundaria, eso cambia, alterando el panorama social.
 

Notablemente, Coie encontró que la mayoría de las etiquetas permanecían iguales cuando ingresaban a nuevos grupos de pares.

Y mientras que la investigación inicial fue realizada en nivel escolar, muchos estudios han reproducido los resultados en adolescentes. Uno encontró que casi la mitad de los niños mantuvieron la etiqueta que tuvieron en primaria cinco años después en la secundaria.

"Tuve una experiencia tan mala en la primaria. Siempre recuerdo a mi madre diciendo: 'Las cosas mejorarán cuando entres a secundaria'", cuenta Connie*, otra amiga a quien le pregunté sobre su experiencia.

"Pero creo que una vez que te hicieron bullying o si tienes algo que te hace ver diferente… prácticamente era un blanco fácil", continúa.

Ella, por ejemplo, recibió maltrato en una secundaria y se cambió, pero en la nueva institución se enfrentó a un patrón similar.
 
 
Primaria versus secundaria

Aunque las etiquetas continúan siendo las mismas, la dinámica social cambia dramáticamente entre primaria y secundaria.

En la primaria, los "populares" suelen ser aquellos bien portados y estudiosos, porque en ese período los valores de los chicos normalmente están alineados con los de sus supervisores adultos.

Todo eso cambia en la secundaria. Los adultos y todo lo que representan se vuelven tristemente indeseables. Una persona sobresaliente podría encontrarse relegada al estatus de nerd, mientras que una más ruidosa podría ver su estrellato ascender.

Hablando por teléfono con mi otrora terror del patio escolar y ahora amiga íntima Georgia, le pregunté si ella misma se consideraba popular en la escuela secundaria. Me contesta que no se percibía a sí misma de esa manera.

"'Popular' suena como que le caes bien a la gente y no creo que fuera mi caso", explica. "Tal vez era un poco más parecido a infame… estridente, queriendo llamar la atención".

De adolescente, Georgia personificó el arquetipo de "controvertida". Actuaba agresivamente y se comportaba mal en clase. Y los estudios indican que se equivoca al creer que eso la hacía inelegible para la etiqueta "popular".
 
Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la escuela secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.
 
 
En la secundaria, "empezamos a notar quiénes llaman más la atención, quiénes son más dominantes o cool", indica Prinstein.

Y agrega que también se destacan "los que empiezan a volverse más atractivos físicamente, los que se ajustan a los estándares de sus pares, como los que se visten bien o son buenos deportistas".

El ejercer un comportamiento "pseudomaduro", las acciones asociadas con adolescentes mayores o adultos, es otra vía rápida para adquirir estatus. Los adolescentes que beben alcohol, consumen drogas o están en relaciones amorosas precoces tienen mayor probabilidad de ser considerados populares, por lo menos durante un tiempo.

Alrededor de los 15 años, ese comportamiento cesa de conceder estatus al mismo nivel.

A medida que los estudiantes de secundaria empiezan a madurar, la búsqueda manifiesta de estatus se vuelve socialmente menos inmediata.

Pero las repercusiones de estas experiencias tempranas pueden tener consecuencias.

"Las experiencias que tenemos de chicos, ya sea que caigamos bien, que seamos populares o tengamos una estatus alto parecen tener un efecto duradero aun 40 años después", afirma Prinstein.

Sin embargo, "la simpatía y el estatus tienen efectos bastante opuestos", dice.

"La simpatía es buena. Generalmente conduce a todo tipo positivo de salud, trabajo, resultados psicológicos y académicos. Tener un estatus alto deriva en lo opuesto".
 
 
La cultura del grupúsculo

Los investigadores solían interpretar la cultura de la escuela secundaria como una versión inmadura de la sociedad adulta.

En los 1960, empezaron a entender que esta "cultura de los pares" era algo más extraño, un mundo paralelo animado por sus propias fascinaciones quijotescas y códigos establecidos.

En lugar de una jerarquía simple, el panorama social de la secundaria presenta un sistema dinámico de círculos íntimos. Los arquetipos clave son reflejados en la cultura popular, desde las películas American Pie hasta The Breakfast Club.

En los primeros años de secundaria, las fronteras entre los círculos íntimos tienden a ser rígidas.

"Las personas jóvenes pueden actuar como clan, siendo intolerantes y crueles en la exclusión de los otros que son 'diferentes'", escribió el psicoanalista germano estadounidense Erik Erikson en su libro de 1959, Identity and the Life Cycle ("Identidad y el ciclo de vida").

Esta intolerancia, según Erikson, podría ser "una defensa necesaria" contra la pérdida de identidad que uno sufre en la niñez, combinada con un desconcertante asalto de cambios hormonales, y la naturaleza abrumadora del futuro, con todas sus posibilidades y opciones.

Los adolescentes se ayudan mutuamente durante esa incomodidad, "formando círculos íntimos y estereotipándose", sugirió. 
 
Esa autoclasificación facilita la navegación de los mundos sociales de los adolescentes, porque la "categoría" relativa de cada persona dictamina cómo debería ser tratada.

Sin embargo, una cosa que se pasa por alto en la cultura popular son los grandes sectores de adolescentes que no se adhieren a ninguna subcultura en particular.

Un estudio de 1985 encontró que un 45% de estudiantes de secundaria se definían como simplemente "normales".

Mientras que los chicos populares hablaban de solo verse bien e ir de fiesta, los que se autodefinían como "normales" decían cosas como "simplemente soy un adolescente común y corriente".

Ser "anormal" y sobresalir por las razones equivocadas puede ser socialmente catastrófico.

Connie recuerda llegar a su nueva escuela a los 13 años y encontrar imposible navegar esos grupos.

"Recuerdo intentar ser amiga de niñas nerd. Recuerdo tratar de ser amigas de las chicas cool", cuenta. "Traté de encajar con la gente de música. Empecé a tocar la trompeta".

Pero todo fue inútil. "Creo que sabía en mi corazón que eso simplemente no estaba funcionando", reconoce. "No había un lugar donde cabía. Al final, quedé completamente ignorada por todos".
 
 
Cuando los adolescentes maduran

Hacia el final de la secundaria, la estricta jerarquía social se relaja un poco.

A comienzos de 1990, el investigador David Kinney realizó un proyecto de investigación etnográfica en el que se internó en una secundaria para observar de cerca los cambios de las fronteras de los círculos íntimos.

Encontró, por ejemplo, que los antiguos "nerds" lograron hacer la transición a "normales".

Para muchos de estos con los que Kiney habló, el desarrollo cognitivo significó que pudieron sentirse menos temerosos y rodearse de pares que les daban reconocimiento positivo.

Ser "aceptado" en la escuela secundaria y en general es un fuerte indicativo de un resultado positivo en la vida.
 
 
A medida que los adolescentes maduran, las amarras de conformidad se aflojan.

Los populares podrán incluso enfrentar amenazas de personajes rebeldes alternativos.

El estudio de Kinney encontró que en los años posteriores, los que estaban "más de moda" eran desafiados por estudiantes con "apariencia extravagante y comportamiento pendenciero", que "competían con ellos en popularidad".

Algunos de estos cambios sutiles debieron estar en camino cuando, a los 15 años de edad, Georgia me pidió por primera vez que nos juntáramos, pero todavía recuerdo sentir confusión e incredulidad.

Casi 20 años después le pregunto a Georgia por qué quería ser mi amiga, algo que nunca le había preguntado. "Creo que había una extrañeza que compartíamos", contesta titubeante. "Como si ninguna de nosotras fuera normal".
 
 
La escuela, el ejército y la cárcel

Dadas sus peculiaridades, es notable cuánto usamos la secundaria como marco de referencia para las interacciones adultas.

Cuando Lucy Foulkes, una psicóloga de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y autora de Coming of Age: How Adolescence Shapes Us ("Llegando a la mayoría de edad: cómo la adolescencia nos forma"), compartió un mensaje en las redes sociales sobre "el efecto de la chica mala", recibió un alud de mensajes.

"Muchas personas decían, que no pasa solo en la adolescencia, sino en el lugar de trabajo, con las mamás a las puertas de la escuela", expresa Foulkes.

"Es un fenómeno humano que algunas personas adquieran mayor poder social y dominio sobre otras. Simplemente hay algo particularmente agudo de eso en la adolescencia", agrega.

Foulkes señala que los adolescentes están rodeados de las mismas personas casi todos los días durante años, de una manera "que simplemente no sucede durante la adultez en realidad, a no ser que sea en el ejército o la cárcel. Hay una intensidad en el entorno que va más allá de los que sucede dentro de sus cerebros".

Es esa intensidad que explica en parte por qué estas experiencias moldean cómo le damos sentido a los encuentros sociales incluso muchos años después.

"Esas experiencias de cuando teníamos 14 años se usan como una suerte de lente a través del cual ver el mundo", opina Prinstein. 
 
Apunta a los estudios que sugieren que el modelo mental que usamos para procesar nuestros mundos sociales empieza a formarse en la niñez y que las partes que procesan la memoria en el cerebro están activas cuando las personas piensan sobre el comportamiento social.

"Esos recuerdos están siendo traídos al presente todo el tiempo". 
 
 
¿Dónde están los "chicos cool" ahora?

Muchos de nosotros probablemente nos hemos preguntado qué pasó con los "chicos cool" que conocimos en nuestra adolescencia.

En un estudio de 2015, Joseph Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, EE.UU., se lanzó a estudiarlo. Sus descubrimientos no dan buenos augurios para los otrora jóvenes populares.

Tras hacerles seguimiento a 184 adolescentes en el sureste de EE.UU. de entre 13 y 23 años, Allen encontró que aquellos deseosos de lograr estatus y que practicaban comportamientos "pseudomaduros" a comienzos de su adolescencia estaban en mayor riesgo de tener dificultados a largo plazo.

El gusto temprano por el alcohol y las drogas estaba vinculado a una mayor vulnerabilidad a abusar de sustancias y tener problemas de adicción más tarde en la vida. Y darle foco al estatus a una temprana edad conducía a lazos personales menos estrechos y dificultades manteniendo amistades y relaciones amorosas.

La experiencia de ser rechazado también puede dejar secuelas. La investigación de Prinstein encontró que los estudiantes de secundaria rechazados tenían probabilidad de sufrir más depresión con el paso del tiempo. Planteó la hipótesis de un círculo vicioso en acción, donde la experiencia del rechazo engendra más aislamiento, que a su vez intensifica la sensación de rechazo.

En contraste, la "simpatía", es decir, el ser "aceptado" en la secundaria es uno de los más fuertes indicadores de resultados positivos en la vida, como una carrera exitosa, buena salud y relaciones sólidas, aun más que los factores como la inteligencia y el origen socioeconómico.

Aun así, las personas que experimentan rechazo también pueden desarrollar fortalezas importantes, como el ser más hábil en identificar cómo los otros se sienten o ser más consciente del maltrato de otros. Se ha demostrado que esa inteligencia emocional es útil para navegar las relaciones personales y el entorno laboral.

Y un niño no tiene que ser "aceptado" para gozar de una vida social satisfactoria de adulto. Los estudios han encontrado que tener uno o dos buenos amigos en la adolescencia puede otorgar una efecto protector y fortalecer las relaciones futuras.
 
 
Cambio de libreto

Lo más importante es que tenemos el poder para cambiar cómo nuestras experiencias tempranas nos afectan.

Según Prinstein, los libretos de la secundaria con los que abordamos las interacciones se pueden convertir en una profecía cumplida.

"Cuando entramos en un contexto social, podríamos estar concentrándonos en esos trazos de información que confirman nuestras peores expectativas", expresa. "Entonces nos comportamos en maneras que podrían de hecho fomentar más experiencias negativas".

Por ejemplo, al decidir que un comentario ambiguo probablemente no buscaba molestarnos, podemos ayudarnos a tener experiencias más satisfactorias, explica Prinstein.

Como una adolescente de "alto estatus" que practicaba un comportamiento arriesgado o "pseudomaduro" desde temprana edad, Georgia dice: "Tengo algo de tristeza por mi yo más joven. Nunca viví la experiencia de ser simplemente una chica normal".

Me cuenta que una temprana experiencia de ver a una amiga golpeada, combinada con un comportamiento abusivo en el hogar, la convencieron de actuar agresivamente para proyectar invulnerabilidad.

Se lamenta del hecho de que no recibió más apoyo a esa edad y que, al contrario, fue catalogada por el profesorado como una "chica mala". "Eso moldeó completamente la trayectoria de mi carrera y mi fiero activismo por las personas vulnerables", asegura.

Entretanto, Connie dice que sus experiencias tempranas de rechazo finalmente la condujeron a un patrón de autosabotaje. "Creo que me había dado por vencida de muchas formas y tenía tantos comportamientos autodestructivos que me resultó difícil mantener amistades", reconoce.

Eso culminó en un período de crisis en su adolescencia tardía, sobre lo cual desde entonces ha trabajado para sanar. Más de una década después, ha descubierto lo que ama y afirma que rara vez piensa sobre sus días en la escuela secundaria.

Tanto Connie como Georgia son testimonios del hecho que las etiquetas que una vez portamos durante la secundaria no tienen por qué ser una sentencia de vida.

"Las personas pueden definitivamente darle la vuelta", afirma Prinstein. "El problema es que no invertimos mucho tiempo hablando al respecto, lo que significa que somos más propensos a repetir nuestros patrones".

 
*Los nombres han sido cambiados.

 
Esta es una versión abreviada de un artículo publicado por BBC Future. Si quieres leer el original en inglés, puedes hacerlo aquí.


 
 
 
Nota
 
Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Sinónimos: cliché, tópico, clisé. DLE RAE

lunes, 27 de julio de 2026

"La trampa del Mundial es que nos hacen creer que los futbolistas reflejan una patria"

 



Por Gerardo Lissardy 
BBC News Mundo


Hay ecos del Mundial de fútbol que contrarían al sociólogo argentino Pablo Alabarces, que hace años investiga este deporte como cultura popular.

Por ejemplo, a Alabarces le enoja que en su país hablen de una "campaña anti Argentina" por las críticas a su selección desde el exterior.

Según este profesor de la Universidad de Buenos Aires, lo que hay son estereotipos de argentinos amplificados por las redes sociales.

También rechaza la acusación de que Argentina sea un país racista, lanzada, entre otros, por el actor estadounidense Samuel L. Jackson antes de la final mundialista que España le ganó a la Albiceleste el domingo.

Alabarces disiente además con la idea de que los futbolistas de una selección reflejen una patria: "La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí", dice en una entrevista con BBC Mundo.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo con el autor de libros como "Fútbol y Patria", "Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios" e "Historia mínima del fútbol en América Latina":

"Este fue el Mundial de las redes", dice el sociólogo argentino Pablo Alabarces. "Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor".


¿Qué te llamó más la atención de este Mundial desde tu óptica de sociólogo especializado en cultura popular y fútbol?

Varias cosas. Desde antes tenía una opinión formada de que no debía haberse disputado una Copa en EE.UU. en este momento. Creo que lo mismo dijimos en Rusia y en Qatar, con lo cual uno está un poco resignado a que los negocios de la FIFA son inescrutables.

Había una situación política internacional muy compleja que se manifestó en la Copa en modos previsibles como la expulsión del árbitro somalí o la imposibilidad de que el plantel de Irán durmiera en territorio estadounidense.

A pesar de todo, la FIFA hizo un negocio espléndido.


La mayor polémica fue tal vez la intervención de Trump para que la FIFA le quitara una suspensión al goleador de su país antes de un partido de eliminación...

Eso fue una grosería. Me alegró ver que a Trump lo abuchearon, que a Infantino lo abuchearon, que la pausa de hidratación fue globalmente repudiada y que finalmente esa intervención de Trump también fue globalmente repudiada.

No me sorprende, porque ese tipo de intervenciones van en contra de la cultura futbolística tal como la conocemos globalmente.


Hubo cantidad de controversias extrafutbolísticas, incluso con relatos morales, tribus, teorías conspirativas y pasiones posiblemente exacerbadas por los algoritmos. ¿Ha sido este también el primer Mundial de la rabia?

Puede ser. No recuerdo fenómenos similares.

Estoy muy enojado con muchos de mis colegas y compatriotas, porque salieron a hablar de una campaña anti Argentina.

"No se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica", dice Alabarces.


La última vez que se habló de campaña anti Argentina lo hizo la dictadura, en 1978. Entonces, me duele porque me trae pésimos recuerdos.

Una campaña supone un nivel de deliberación y voluntad conspirativa enorme. Y esas conspiraciones no existen.

Lo que sí ocurre es que, así como en 2022 se empezó a contar la cantidad de espectadores que veían el Mundial en sus pantallas de celular, este fue el Mundial de las redes: la explosión de los posteos como medio de información, debate y discusión. Y lo que organiza las redes es el odio, mucho más que el amor.

Me llamó la atención comprobar que Messi era un ídolo global. Nadie abuchea a Messi.

Por otro lado, y puedo entender esto como fenómeno de redes, hay una lógica mediática que te obliga a fabricar un villano en todo enfrentamiento. Y ese lugar del villano tendía a ser ocupado por Argentina en general y por algunos de sus jugadores en particular.

Enzo Fernández y Paredes en la final cumplieron con lo que se esperaba del villano.

Pero estoy convencido de que no se trata de una campaña anti Argentina, sino que la lógica del odio en las redes toma un estereotipo y lo multiplica por mil.


¿Esto surge por la idiosincrasia argentina o por la forma en que los argentinos suelen ser vistos en otros países?

Por un lado, la forma como son vistos. Por otro, el estereotipo. Y por otro lado, el modo en el que muchos argentinos se comportan realmente.

En toda América Latina el chiste favorito es el que apunta al narcisismo argentino. Es muy anterior a la Copa.

El estereotipo abunda por un lado en rasgos de personalidad que tienen mucho más que ver con el habitante de Buenos Aires que con todos los argentinos: petulancia, soberbia, etcétera.

Como sociólogo tengo que decir que una cosa es el estereotipo y otra es una realidad social y cultural mucho más compleja.

El estereotipo es una simplificación, pero que está basado en algún tipo de rasgo o de dato. Entiendo por qué se forma ese estereotipo sobre los argentinos.

También creo que influyeron de manera muy negativa las posturas políticas del Estado argentino, asociado a Trump y Netanyahu, por ejemplo. De ahí a concluir que todos los argentinos son partidarios del genocidio palestino hay una distancia enorme que, sin embargo, se transitó.

Tenemos una enorme cantidad de manifestaciones de racismo, especialmente futbolero. Eso no transforma a la Argentina en un país más racista que muchos otros. Por el contrario, es un país más clasista que racista. El insulto "negro" en la Argentina trasluce una relación de clase antes que una relación étnica.

Por cierto, es un país muchísimo menos racista que la mayor parte de Europa occidental y EE.UU.

La ultraderecha europea trabaja sobre la inmigración como el fantasma que debe ser expulsado. En la Argentina, la inmigración no es un problema. Hay voces aisladas, pero no es un problema.


Una pregunta que surgió, sobre todo después de la final con esos mensajes hostiles hacia Argentina en redes, es a qué se debe ese supuesto sentimiento anti argentino. ¿Hay razones de fondo?

No son de fondo. Si uno analiza políticamente aquellas cosas de las cuales han acusado a la Argentina, no tienen sustento.

Hay discriminación, no hay segregación: eso es lo que vuelve a la Argentina un país mucho menos racista.

Lo que ocurre es que las clases populares son morochas. Se dice que en la Argentina no juegan negros. En realidad, para nuestra categoría de negros, la mitad de nuestro seleccionado es negro porque son mestizos, descendientes de aborígenes o afrodescendientes, gente de las provincias especialmente del norte de la Argentina.

Que Samuel L. Jackson diga que la Argentina es el país más racista de la Tierra es absolutamente insostenible viniendo de un afrodescendiente norteamericano bisnieto de esclavos.

Ahora, venimos de incidentes de turistas argentinos en Brasil que terminan presos por hacer gestos racistas. Hay este tipo de gestos menores pero que, en la lógica de las redes, rápidamente se amplifican.


¿Pero descartas que estos gestos que señalas como menores expongan una especie de racismo latente en la sociedad argentina?

Es una sociedad que tiene problemas de racismo. No es un país racista, pero el problema es que tampoco es un país anti racista.

España tiene un problema mayor con el racismo, no me cabe duda.


Algunos ven esta selección de España como reflejo de un éxito de integración de la inmigración…

Pero esto desde 1998 sabemos que es falso: fue el momento en que la pretendida selección multiétnica francesa convalidó la integración exitosa de sus razas colonizadas. Sin embargo, después estallaba París, porque sus presuntos integrados siguen desintegrados y discriminados.

Y en España, donde hay una extrema derecha que propone expulsar inmigrantes, no me pueden decir seriamente que están mejor.


En Argentina hay quienes sostienen que el sentimiento contrario al país surge de una supuesta envidia. El futbolista Rodrigo De Paul escribió tras la final: "Hoy miro cuánta gente esperaba esta caída, instalando durante toda la copa del mundo conspiraciones infundadas para calmar el dolor de otro por no poder vivir lo que todos los argentinos estábamos viviendo, porque nuestras sonrisas molestan". ¿Hay celos por Argentina?

No hay nada de eso. Las conspiraciones planetarias no existen, las envidias mundiales tampoco.

La Argentina tiene una sola cosa por la que puede ser envidiada, entre comillas, en términos futboleros y es que tuvimos a los dos mejores jugadores de todos los tiempos, uno atrás del otro. Se retiró Maradona y apareció Messi.

Eso es un suceso excepcional en una lógica estrictamente futbolística.

Fuera de eso, encuentro muchas cosas por las cuales puedo ser orgulloso de mi sociedad. ¿Pero de ahí a que el mundo nos envidie? Eso es una ridiculez y habla de esa petulancia de la que hablábamos al comienzo.


¿Hay una incomprensión mutua, de argentinos con europeos e incluso con otros latinoamericanos, sobre la forma de entender el fútbol y cómo vivirlo?

No. En todos lados donde haya una cultura futbolística más o menos importante, el fútbol es mucho más que simplemente fútbol.

El fútbol provee narrativas de identidad, se establecen contratos emotivos: no hay un compromiso con un equipo por interés económico.

Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.Con Messi, Argentina ganó el Mundial 2022 durante un "tembladeral socio-político-económico" en el país y generó "felicidad compensatoria", dice Alabarces.


Messi gana la Copa del Mundo y lo que se produce en ese momento es un estallido de felicidad muy original. No encuentro movilizaciones de cinco millones de personas ni en los funerales más sonados de la historia.

Pero pasamos 36 años sin ganarla. Ese exceso de entusiasmo se produce como felicidad compensatoria frente a una situación espantosa: este país envidiable, paraíso terrenal y granero del mundo, está hecho mierda.

El impacto de Messi aparece en el momento en que la Argentina deja de autopercibirse como sociedad igualitaria, en crecimiento, de bienestar, y debe reconocer que es una sociedad fracasada. En medio de ese tembladeral socio-político-económico, se gana una Copa del Mundo. Y aparece lo que llamo felicidad compensatoria.


Otra parte de las críticas hacia Argentina apuntan al modo en que su selección jugó la final, de forma defensiva, raspando a los españoles, buscando anular su juego más vistoso. ¿Esto acaso sí implica diferencias sobre cómo concebir el fútbol?

El tema es que la Argentina no jugó siempre así. Jugó muy mal la final. Jugó muy mal contra Suiza. No jugó mal el resto de los juegos.

La media hora final contra Inglaterra y los 15 minutos finales contra Egipto son de un gran equipo, donde además no hay violencia ni cosas por el estilo: es un equipo que se lleva por delante al otro con gran fútbol.

La final la juega muy mal. Pero, salvo esas reacciones intempestivas del final o la tontería de Enzo Fernández haciéndose expulsar, son cuestiones futboleras.

El equipo llega muy cansado, hace un planteo que no le sale, no sabe muy bien cómo cambiarlo, se le lesionan los dos defensores centrales...

España ya había hecho lo mismo con Francia: no dejarlo jugar, presionando desde tu golero en adelante para que nadie pueda recibir la pelota. Me parece fantástico como estilo de juego.


¿Los incidentes cuando terminó la final, con futbolistas argentinos que agredieron a españoles, empañaron algo la imagen que tenía la selección de Scaloni y Messi?

Sí, pero no me sorprende. Porque ahí entra a jugar una lógica moral que organiza la cultura futbolística argentina, y no solo argentina, según la cual si no reaccionas frente a la provocación o a la humillación, no sos macho. Entonces hay que demostrar hombría saliendo a pegar.

"Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación", dice Alabarces.


Pero no fue un comportamiento masivo; tiene individuos muy bien identificados.


Scaloni fue a separar de inmediato...

Sí, por eso también es irritante ese discurso de odio y que no vean la bonhomía, tranquilidad y humildad de un tipo como Scaloni, que es otra cosa totalmente distinta.


¿Algo bueno del Mundial será que ha planteado preguntas sobre cuánto realmente refleja el fútbol lo que somos, qué valores queremos representar, qué nos une más allá de un idioma o una región compartidos?

Disiento con la idea de usar la metáfora del reflejo, porque no hay tal reflejo.

No olvidemos un dato básico: es una selección masculina. La FIFA nombra "copa femenina" a la de las mujeres y "copa", a secas, a la de los hombres.

Los tipos no reflejan una patria. La trampa del Mundial consiste en que nos hacen creer que sí. Y lo que es peor: lo creemos.

Es imposible pensar que 26 muchachos bien alimentados, sobreentrenados, con cuentas bancarias millonarias, representan a una nación mucho más compleja, plural, atravesada por diferencias y desigualdades.

Por el carácter eficaz de la ficción, eso de que no son la patria pero hacemos de cuenta que lo son, es que la Copa del Mundo permite este tipo de discusiones.


Por lo visto estás más cerca de Borges cuando, ya en su época, decía que "el fútbol despierta las peores pasiones. Despierta, sobre todo, lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte"…

Totalmente de acuerdo. Estoy a punto de cancelar mi amor por este juego cuando llegan las Copas del Mundo.

Sin embargo, apuesto a que de todas formas vas a ver el próximo Mundial...

Seguramente sí, aunque espero jubilarme pronto.





La cursiva en el texto es mía.


viernes, 24 de julio de 2026

La abuela jubilada que resuelve asesinatos con muestras de ADN y árboles genealógicos

 

Las plataformas de genealogía gratuitas como GEDmatch estaban ganando popularidad en el momento en que Press promovía su idea.


Outlook
Servicio Mundial de la BBC


"Es desgarrador pasar año tras año con la proverbial silla vacía en la mesa durante las fiestas, sin saber. Es un dolor abrumador para las familias".

En todo Estados Unidos, miles de cuerpos permanecen sin identificar y sin reclamar. Muchos han sido víctimas de delitos. Y por cada cuerpo, suele haber una familia esperando noticias.

Esta es la historia de cómo una mujer tuvo una idea brillante que la llevó a utilizar una técnica pionera para desentrañar los casos sin resolver más difíciles.

Es el año 2017 y Margaret Press se relaja leyendo la novela policial "Q de Quién".

Está basada en el caso de una mujer no identificada —conocida como Jane Doe— hallada muerta en una cantera de California casi 50 años antes.

Press se había jubilado recientemente de su trabajo como programadora informática y dedicaba más tiempo a su afición por la genealogía con la investigación de su árbol genealógico.

Mientras leía, tuvo una revelación: ¿y si pudiera combinar el rápido avance de la tecnología del ADN con la investigación genealógica para identificar a las víctimas de asesinato?

Esto desencadenó una larga serie de consultas: a la autora del libro, Sue Grafton, quien la animó a investigar el caso; a la Oficina del Sheriff de Santa Bárbara, que no respondió; y a las empresas de análisis de ADN, que rechazaron su solicitud de añadir ADN de cuerpos no identificados a sus bases de datos.

Pero Press había encontrado su misión y no iba a rendirse.

En cambio, contactó a expertos y asistió a conferencias en las que le explicaba a cualquiera que quisiera escucharla cómo creía tener la solución a este problema.

La investigación de Margaret utiliza una combinación de ADN de código abierto y registros públicos.


Hasta que Colleen Fitzpatrick, una genealogista forense experimentada que tenía contactos judiciales, vio el potencial de su idea y accedió a ayudarla.

Las técnicas de toma de muestras y procesamiento de ADN estaban bajando drásticamente de precio, y estas mujeres estaban dispuestas a usar sus propios ahorros para demostrar que el método funcionaba.

Finalmente, gracias a la reputación y los contactos de Fitzpatrick, un agente federal de Ohio accedió a enviarles una muestra de ADN relacionada con un caso de hacía 15 años. Ya había intentado todo lo demás sin éxito.

Press recuerda el momento como surrealista. "Aquí estoy, una abuela jubilada... y un agente federal me pregunta: ¿adónde envío el ADN restante?".



Resolver el primer caso

Robert Ivan Nichols vivió durante dos décadas como Joseph Newton Chandler III.


El caso giraba en torno a un hombre conocido como Joseph Newton Chandler III, que había sido hallado muerto en 2002.

La policía esperaba una resolución sencilla, pero al intentar localizar a su familia, se encontraron con un misterio.

El verdadero Joseph Newton Chandler III era en realidad un niño de 8 años que había fallecido en un accidente automovilístico en 1945.

Este hombre había robado su identidad y la policía no pudo encontrar ninguna coincidencia en sus bases de datos de ADN.

Era el reto que las mujeres necesitaban y, con la ayuda de una decena de voluntarios, utilizaron su método para reconstruir su árbol genealógico mediante pruebas de ADN.

Les llevó aproximadamente un año, pero una noche, a las 2 de la madrugada, dieron con él: Robert Ivan Nichols.

Incluso después de que esta identificación se confirmara mediante una prueba de ADN que coincidía con el hijo de Nichols, aún quedaban muchas preguntas.

¿Por qué Nichols había abandonado repentinamente a su familia décadas atrás?

¿Por qué adoptó un nombre diferente?

Hasta la fecha, nadie ha encontrado una respuesta definitiva, pero este primer éxito significó que Press y su equipo fueran tomados en serio, lo que abrió la posibilidad de nuevos casos, y en octubre de 2017 las mujeres fundaron el Proyecto DNA Doe como una organización sin fines de lucro.

Los voluntarios se reúnen en campamentos especiales donde trabajan en casos.


La organización cuenta ahora con unos 100 voluntarios, a quienes Press llama su "tribu".

Entre ellos hay varios policías jubilados, pero provienen de diversos ámbitos y todos comparten un interés común.

"Nos encanta indagar en busca de respuestas. Nos encanta decir: 'Aquí hay una pista'. Pero, aún más importante, la pasión que impulsa nuestra misión es que todo el mundo merece que se sepa quién es cuando muere. Todas las familias necesitan saber dónde están sus seres queridos".


La muchacha de gamuza

Apodada "Muchacha de gamuza", fue identificada como Marcia King, una joven de 21 años que había abandonado su hogar meses antes de su muerte.


Pronto siguieron otros casos a medida que se extendía la reputación del equipo.

La "muchacha de gamuza" era una joven que fue encontrada asesinada junto a una carretera en Ohio en 1981, vestida con un distintivo poncho de piel de venado con flecos.

Utilizando muestras de sangre conservadas, el equipo de Press la identificó como Marcia King, una joven de 21 años que había abandonado su casa en Arkansas meses antes de ser asesinada.

Según Press, este tipo de casos eran difíciles para las autoridades en la época anterior a internet: "Solo contábamos con los periódicos locales. No había forma de dar con los informes de personas desaparecidas, que en aquel entonces se publicaban en papel, procedentes de otros estados".

La madre de Marcia había esperado noticias durante casi 40 años, manteniendo el mismo número de teléfono y sin mudarse de casa, "esperando a que su hija entrara por la puerta".

Por lo tanto, su identificación generó sentimientos encontrados en todos los involucrados.

"Es una noticia agridulce para los familiares, ya que al mismo tiempo obtienen la respuesta, pero no la que esperaban", dice Press.


La masacre racial de Tulsa

Los sobrevivientes de la masacre de Tulsa buscan entre los edificios destruidos.


Press afirma que cuando se enteró por primera vez de la masacre racial de Tulsa de 1921, reaccionó con "conmoción y horror" y preguntó: "¿Por qué nunca nos contaron esto?".

A pesar de ser la mayor masacre racial en la historia de Estados Unidos —donde una turba blanca asesinó a cientos de personas y destruyó un próspero distrito comercial conocido como Black Wall Street—, Press no aprendió sobre ello en la escuela.

Eso mismo le sucedió a muchos otros estadounidenses blancos.

"Nunca oímos hablar de ello", asegura Press y añade que mucha gente negó que hubiera ocurrido.

"¿Qué sabes? ¿Dónde están los cuerpos? ¿Dónde están las víctimas?", cuestionaban.

La ciudad de Tulsa ha emprendido la Investigación de Tumbas de 1921 para localizar, exhumar e identificar los cuerpos de las personas que se cree que murieron en la masacre.

El Proyecto DNA Doe se encuentra entre varias organizaciones que han ayudado con la investigación y, en julio de 2024, el alcalde de la ciudad anunció la primera identificación de una víctima: CL Daniel, un veterano de la Primera Guerra Mundial que viajaba a casa de su madre en Georgia, Estados Unidos.

"Fue un momento muy emotivo", indica Press. "Ahora hay que reconocer su memoria, porque aquí está su nombre y vamos a decirlo en voz alta".


Un nuevo tipo de trabajo detectivesco


En tan solo unos años, el trabajo de Press ha pasado de recibir correos electrónicos sin respuesta a que las autoridades soliciten activamente su ayuda.

Al mirar para atrás, Press afirma: "No se me da muy bien la jubilación".

De hecho, el retiro definitivo parece estar muy lejos, ya que el equipo trabaja actualmente en cientos de casos más, incluida la historia de "Q de Quién" que lo inició todo.

"Se sentía... como cerrar el círculo", dice Press.

Le entristece que la autora, Sue Grafton, quien en su momento la animó a seguir su teoría, ya no esté viva para ver cómo aborda el caso.

Pero está segura de que le habría fascinado conocer el impacto que ha tenido la nueva tecnología. "Creo que le habría encantado".

Este artículo está basado en un episodio del programa radial Outlook, del Servicio Mundial de la BBC. Puesescucharlo en inglés aquí.