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viernes, 12 de junio de 2026

"El fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium con EE.UU. encima del negocio"

"Maradona decía que 'la pelota no se mancha'. Pero ahora la pelota se enchufa", reflexiona Juan Pablo Meneses.

 

Por Gerardo Lissardy
BBC News Mundo

 

Juan Pablo Meneses tiene un aviso para darte: lo que has comenzado a ver en estos días está lejos de ser un Mundial de fútbol tal como lo concebimos.

A juicio de este escritor y periodista chileno de 57 años, ahora miramos otro deporte, uno que él ha bautizado como "postfútbol", el título de su último libro publicado en marzo.

El cambio va mucho más allá de lo que ocurre dentro de los campos de juego, argumenta, y lo compara con el negocio del porno y del narco.

"Cuando planteo que el fútbol está muerto", dice Meneses en una entrevista con BBC Mundo, "pensaba que alguien me iba a refutar eso. Pero de repente he notado que no, que la gente efectivamente siente ese malestar".

Lo que sigue es un resumen de la charla telefónica con el autor de otros libros como "Niños futbolistas" y "Una granada para River Plate", que también es profesor de periodismo en la Universidad de Chile.

 

Has planteado que lo que vemos como fútbol en realidad es otra cosa: el postfútbol. ¿Qué representa este Mundial en ese cambio?

Para mí el Mundial 2026 es la primera gran fiesta del postfútbol, porque se instala definitivamente este nuevo deporte.

El fútbol pertenece a un mundo que ya dejamos atrás y el actual funciona con unos códigos, reglas y estructura que mantiene el nombre del deporte anterior, pero es cada vez más diferente.

Entonces, si no entendemos el postfútbol y que estamos frente a una nueva era del deporte, va a ser difícil que entendamos este Mundial.

¿Puedes dar ejemplos?

Cuando me preguntan cuándo aparece el postfútbol, digo que es cuando el fútbol de alguna manera deja de ser una experiencia colectiva.

Hoy en día, la gente y los chicos sobre todo ya no seguimos equipos; seguimos jugadores o torneos. Ahora podemos comprar activos financieros de los mismos jugadores. Entonces, los jugadores están pensando en sus carreras, no tanto en el equipo.

El fútbol era un deporte colectivo, el postfútbol es un deporte individual.

Por ejemplo, los precios de las entradas del Mundial son una locura: son para ir solo. Nadie puede ir con dos hijos, porque tiene que hipotecar la casa.

Entonces de alguna manera dejamos de tener una experiencia colectiva, sobre todo en América Latina, que siento que es donde pega más fuerte este cambio.

¿Por qué?

Porque en América Latina había dos orgullos muy fuertes sobre el fútbol: que era una gran fiesta popular y que EE.UU. no entraba en esa fiesta por distintas razones, incluso técnicas. Los partidos eran muy largos, entonces a la publicidad no le interesaba.

Y esos dos orgullos latinoamericanos en este Mundial se terminan casi definitivamente.

Increíblemente, frente a nuestros ojos el fútbol ha pasado de ser una fiesta popular a convertirse en un producto prémium, y EE.UU. está muy encima del negocio, de la FIFA y de este nuevo deporte.

Hubo problemas con los visados para asistir a los partidos, no solo para los hinchas de una cuarta parte de los países que participan del Mundial, sino incluso para el árbitro somalí Omar Artan, a quien EE.UU. le denegó la entrada por motivos poco claros, pese a que sería uno de los referís del torneo y fue nombrado el mejor árbitro del año pasado en África. ¿Esto es consecuencia de esa transformación que observas?

Este es un Mundial con derecho de admisión. Por sobre la FIFA, por sobre conseguir el cupo como equipo o árbitro, se instala una figura del portero de discoteca que dice: "Tú entras, tú no entras". Tiene mucho que ver con esta fiesta más prémium, más privada en la que se ha convertido el fútbol.

 
Al somalí Omar Artan le fue impedido el ingreso a EE.UU. para ser uno de los árbitros de la FIFA en el Mundial 2026.

 

Entonces, las visas terminan siendo otro tema del que hablamos porque pasa algo. Vamos a seguir hablando sobre todo de las cosas que están fuera de la cancha. De la cancha ya no se habla tanto, porque hay millones de partidos todo el tiempo. Y eso también se verá en este Mundial.

¿Cómo vamos a hablar de algún partido si hay seis en un día, porque se ha hecho un tema de inundar la zona? Lo que importa es lo que gira en torno al fútbol, ya sean las apuestas, el consumo de historias, el engagement de las redes sociales.

Y no lo digo de una manera nostálgica, sino que lo veo como un nuevo deporte que además atrae mucho a las nuevas generaciones: les parece con un vértigo y una adrenalina muy fuerte.

El otro día conocí la historia de una persona, y después he visto que no es la única, que ve los partidos con cinco pantallas y solo.

¿Cómo?

En una pantalla está el partido, en otra están las reacciones, en otra la apuesta que se hizo, en otra las variaciones bursátiles, porque ahora se pueden comprar derechos de jugadores o capital financiero a partir de cada jugador. Y la quinta pantalla, que es la más loca de todas, es la de ellos mismos, por si tienen una reacción muy disparatada que se pueda transformar en viral.

Un capítulo aparte son los problemas que ha tenido la selección de Irán para participar del Mundial, por ser un país en guerra con EE.UU., que a último momento le concedió visas a sus futbolistas. ¿Recuerdas algo similar que haya ocurrido en un Mundial?

No de esa magnitud. Porque antes se tomaban decisiones con anticipación, justas o injustas. Pero lo de ahora es diferente. Todo lo que genere contenido y nos mantenga en tensión es como que sirve. Y de alguna manera esto que ha pasado con la selección de Irán, que es un despropósito total, genera contenido. No importa qué pasa con los jugadores o con el partido.

¿Crees que se instala un tipo de segregación en los mundiales, como denuncian algunos? ¿O esto es algo excepcional de este Mundial, que escapa a la FIFA?

Escapa a la FIFA todo prácticamente. Siempre existió un negocio y siempre se escribió de esto. Pero en la época del fútbol, la FIFA manejaba el negocio. En la época del postfútbol, el negocio maneja a la FIFA. Entonces vemos que la FIFA acepta y acepta.

En este Mundial se incorporan las "pausas de hidratación" cada 22 minutos en todos los partidos, que por lo tanto estarán divididos en cuatro cuartos como en el baloncesto, en vez de dos mitades como se hacía desde 1897. ¿Cómo ves esto?

Es parte del fin del fútbol. Otra cosa por la que estábamos orgullosos eran nuestros 45 minutos por lado. Eso se termina. Se está cambiando para siempre el relato del fútbol. Se va a pasar publicidad. Y, si es que no se pasa, se corta el partido.

El Mundial se está jugando en el país del show de mediotiempo y el fútbol termina siendo absorbido por eso. Va a haber un show de mediotiempo, pausas de hidratación... Se cambia el partido tal como lo conocimos. Y los técnicos van a tener que pensar otra lógica, como si fuera otro deporte.

Incluso hay cambios en la pelota. Maradona decía que "la pelota no se mancha". Pero ahora la pelota se enchufa. Lo probaron en el Mundial de Qatar, que fue el gran ensayo general del postfútbol. La pelota tiene adentro un cerebro, un detector que conecta con distintas antenas alrededor del estadio, y mide cuántos golpes hay: entre dos mil y tres mil golpes por partido.

Y el hincha, ahora convertido en usuario, va a recibir todos esos datos en directo. Es una nueva forma de apostar. ¿Cuántos golpes hubo en la final del Mundial?

La FIFA dice que las pausas de hidratación buscan el bienestar de los jugadores, aunque no se harán en función de la temperatura que haya en los estadios. Parece que tú estás más de acuerdo con el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que advirtió que pueden cortar un buen momento de un equipo en el partido...

Con la salvedad, que no es menor, que se transmiten las instrucciones (de los técnicos a los futbolistas durante las pausas). El nuevo deporte es muy NBA o fútbol americano, deportes muy reality show, que es lo que yo considero el postfútbol.

Aparecen futbolistas o figuras porque son mediáticos. Duran una temporada y resultaron un muy buen negocio. Eso está pasando ahora también con el fútbol. El neozelandés Tim Payne es la primera gran figura del postfútbol en este Mundial y ya le están ofreciendo contratos a un jugador bastante discreto, cuyo mérito es que se convirtió en viral.

Hay otros cambios de reglas en este Mundial que recuerdan al baloncesto. Por ejemplo, se van a introducir los cinco segundos para saques de banda o tiros de esquina. También va a haber 10 segundos de plazo para sustituir a jugadores... ¿Esto permitirá optimizar el ritmo del juego como se argumenta?

En algún momento puede que haya un hartazgo sobre este tipo de medidas. O por lo menos eso me gustaría que ocurriera en Sudamérica. Que dijéramos: "Váyanse al carajo con todas estas cosas, nosotros queremos jugar fútbol".

También tiene muchas cosas de la Fórmula 1, que se ha transformado en otro espectáculo de adrenalina, tiempo, datos.

Nadie está hablando de quién va a ser el próximo gran 10 del Mundial, porque no va a haber un 10. Porque todos los equipos juegan muy parecido, está todo trabajado en función de datos. Los técnicos están haciendo los equipos con inteligencia artificial y están manejando mucho las métricas y los datos.

¿Eres de los que se preocupa también por el efecto que pueden tener en el Mundial las apuestas deportivas y los mercados de predicción, esas plataformas donde la gente juega dinero tratando de anticipar algo que pueda ocurrir, aunque en EE.UU. generalmente no estén considerados apuestas ni prohibidos como en otros países?

El tema de la prohibición es muy complicado porque muchos hinchas, que en este nuevo deporte son usuarios, miran los partidos con su capital en juego porque apuestan o quieren invertir en algún jugador.

El fútbol no inventó las apuestas. No le podemos pedir a la FIFA que nos dé una solución a la ludopatía juvenil que hay en Latinoamérica.

Pero, por otro lado, se organizan y se generan elementos donde cada vez haya más espacio para apostar o más aspectos en los cuales apostar.

 
Los mercados de apuestas son parte del "nuevo deporte" que vemos en este Mundial, señala Meneses. 

 

Entonces hoy, sobre todo para los más jóvenes, la apuesta no tiene una carga tan fuerte como para las generaciones mayores. Están acostumbrados a apostar, es muy fácil hacerlo desde el teléfono. ¿Y después?

Alguien que apuesta a su equipo que gana, y que por eso además gana dinero, tiene prácticamente un camino sin retorno. Es uno de los grandes temas en los que cambió este deporte.

Recordabas que Maradona decía que "la pelota no se mancha". ¿Crees que esto aún está vigente o que los mercados de apuestas amenazan la propia integridad deportiva, lo que ocurre dentro de la cancha?

Todo es parte de este nuevo deporte, porque hoy para hacer una apuesta no necesitas hablar con todo el equipo. Puedes hablar con un jugador y decirle que en tal momento le saquen una amarilla, o tire un tiro de esquina, porque la apuesta ya es de todo.

Y cuando a un jugador le saquen una amarilla o una roja, muchos van a pensar: "¿No será por las apuestas?". Porque queda todo el espacio de sospecha.

Estamos todos pendientes de este Mundial porque es un Mundial que está bajo sospecha, por muchos aspectos: las apuestas, la seguridad, los visados, los precios de las entradas, qué va a pasar con los hinchas, qué va a pasar si aparece ICE en EE.UU., qué va a pasar en México... Ver el partido es ver algo sospechoso.

Has comparado la transformación del fútbol con la industria del porno. ¿En qué se parecen?

Básicamente en que el porno es una industria que convirtió al espectador en usuario, algo que después hizo el fútbol. El pay per view del porno lo copió el fútbol. Que hoy el hincha vea el partido solo, en su casa, con muchas pantallas, también es una cosa que viene del porno.

Esto fue trabajado en la neurociencia: lo que busca una cabeza que está mirando porno es dopamina, vértigo y novedad. Son los mismos elementos que están llevando al fútbol.

También en la forma en que se consume: nadie ve una película porno desde que se inicia hasta el final. Al fútbol lo estamos consumiendo igual: en reels, en TikTok, en highlights (mejores momentos). No toda la gente va a ver todo el partido.

¿Y por qué lo comparas también al narco?

Con respecto al narco es un cambio estructural, sobre todo en Latinoamérica, en el sentido de que los intermediarios terminaron siendo los grandes capos.

En el fútbol pasa igual: los intermediarios, que eran los representantes, terminaron siendo los grandes dueños del fútbol. Se apoderaron de la industria unos tipos que estaban en la mitad de la cadena y que hoy son dueños de equipos, dueños de todo.

Y, al igual que en el narco, antes estaban los capos más famosos pero hoy cada vez está más diluido quiénes son los dueños de los equipos, dónde hay representantes metidos en equipos. No lo sabemos.

Además, el narco ha sabido penetrar muy fuerte en el fútbol en Latinoamérica.

Cuando lancé "Niños futbolistas" decía que todavía en Latinoamérica hay muchísimos lugares donde los niños tienen que decidir si se van al narco o se van al fútbol. Porque los héroes de sus barrios pobres que ellos ven triunfar son un narco o un futbolista. Y parecería que no hay otro camino.

Algo a favor de los mundiales es que los países no pueden comprar o vender futbolistas como ocurre a nivel de clubes. ¿Eso no vuelve más justa la competencia?

De alguna manera, que no haya una pasarela de negocio lo hace más singular. Es uno de los aspectos en que creo que se mantiene el espíritu del viejo fútbol: que en general sean jugadores nacidos en el país, el orgullo patrio.

 
Algo donde se "mantiene el espíritu del viejo fútbol" es que para los mundiales esté prohibido comprar o vender futbolistas, dice Meneses. 
 
 
Otra excepción que me ha llamado la atención: los álbumes de figuritas. De repente uno ve niños chicos coleccionando con un tipo de 50 años, que está queriendo recordar cómo era el fútbol antes.

Aunque la gente sea consciente de que el fútbol es cada vez más un gran negocio global, tal vez la pelota vuelva a hacer su magia y nos olvidemos de todo eso por un rato. ¿Hay algún partido en particular que te entusiasme en este Mundial?

De la primera ronda quiero ver Uruguay-España en Guadalajara, me parece que es un partidazo. Pero de ese tipo de partidos no va a haber tanto, va a haber más de los dispares.

Ya no se puede circunscribir todo a la pelota. No quiero sonar pesimista, sino tratar de transmitir que estamos frente a un nuevo escenario donde no podemos esperar cosas que no van a ocurrir.

Espero que haya muy buenos partidos. Tengo algunas selecciones que me gustaría que ganaran y voy a ver el Mundial de todas maneras, pero sabiendo un poco que lo que estoy viendo, lo que me va a generar adrenalina, son muchas cosas que están fuera de partido.

Hay una frase que algunos atribuyen a Jorge Valdano y otros a Arrigo Sacchi: "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes". ¿Seguirá siendo así con el postfútbol?

Hay algo muy importante que decir a partir de lo que dices: siento que parte de mi linaje es el fútbol. Soy un tipo completamente atravesado por el fútbol. Soy de esos latinoamericanos que no se acuerdan de la primera vez que fue a la cancha, porque seguramente lo llevaron cuando era muy chico.

Estoy relacionado con el fútbol desde que nací. Haciendo este libro descubrí que mi padre era futbolista. No era profesional, pero todos los domingos se levantaba, se ponía medias y la camiseta, e iba a jugar con 10 tipos más contra otro equipo. Y ahí había fútbol.

Todo esto que hablo no es de alguien que no entienda lo que es el fútbol o no lo quiera; todo lo contrario. Y en ese sentido me parece que es muy importante el papel que cumple hoy este nuevo fútbol para explicarnos un poco lo que estamos viviendo en nuestros días.

En esta conversación empezamos a hablar de fútbol, pero lo que hemos hablado todo el rato ha sido del siglo XXI. De las apuestas, de las visas, del exceso de televisación, de todas nuestras vidas digitales, porque el fútbol también es eso. Nos permite ver eso. Nos atraviesa la vida, pero de alguna manera no somos los mismos y el fútbol tampoco.

¿Ves alguna vuelta atrás en todo esto, para que el fútbol sea como antes?

Parece que en un partido de Estudiantes de La Plata, cuando hubo una pausa de hidratación (en un partido por la copa Libertadores), la gente empezó a silbar. Porque lo que pasa además con todos estos elementos es que arruinan la experiencia de ir a la cancha.

Me tocó ir a la final del Mundial Sub-20 acá en Santiago entre Marruecos y Argentina, y en los primeros 15 minutos hubo tres llamados al VAR. Y dentro del estadio la gente no sabía qué hacer, era tiempo muerto.

Ni sabes qué hacer cuando hay un gol, si pararte a gritarlo o esperar a que lo convaliden…

Tampoco. Entonces, en ese sentido digo que, casi como una causa política, sea de repente decir basta de tanta cosa. Pero lo veo difícil.

Piensa que además en este Mundial está la figura de Donald Trump.

Trump no inventó el postfútbol pero parece muy cómodo en este nuevo deporte, con todo esto que está pasando y con esta idea de que por fin, de alguna manera, EE.UU. logró dominar eso que para los latinoamericanos era un orgullo tan grande, un deporte muy popular en el que EE.UU. no entraba.

De hecho, Trump parece llevarse muy bien con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA…

Claro, cuando digo que hoy el negocio maneja a la FIFA, una parte muy importante del negocio es EE.UU.

Es cierto que hay muchos jeques, que está Arabia Saudita y que los dueños del PSG y Manchester City son de estados petroleros. Pero funcionan en base a fondos de inversiones, muchos de los cuales son de EE.UU. Entonces, EE.UU. está muy metido en el negocio.

No olvidemos que Infantino le dio el "Premio FIFA de la Paz" a Trump…

Por eso digo que, en el fondo, históricamente los presidentes de la FIFA generaban otras cosas.


Fuente: Fútbol como producto prémium

 


 

sábado, 26 de julio de 2025

"La historia de EE.UU. ha sido desde el primer momento una historia de deportaciones"

Una manifestante con una pancarta que dice: "Los inmigrantes construyeron Estados Unidos", en una movilización de junio en Los Ángeles.

 

Por Margarita Rodríguez
BBC News Mundo

 

"¿Qué significa ser una tierra de inmigrantes?"

Esta parece ser una pregunta recurrente en la historia de Estados Unidos y que resuena ahora con más fuerza desde el retorno al poder de Donald Trump con sus restrictivas políticas migratorias.

Precisamente con esa interrogante, Daniel Greene, profesor adjunto de Historia en la Universidad de Northwestern, en Illinois, tituló un artículo publicado en el Servicio Público de Radiodifusión de ese país (PBS, por sus siglas en inglés).

"Si bien Estados Unidos ha acogido a millones de inmigrantes, la historia del país también está llena de ejemplos de restricciones a la inmigración", señaló en "What does it mean to be a land of immigrants?".

En 1958, el entonces senador y futuro presidente John F. Kennedy escribió el ensayo "A Nation of Immigrants" (Una nación de inmigrantes), en el cual resaltaba el rol fundamental de los inmigrantes en la conformación del país y planteaba la necesidad de reformar su política migratoria.

La frase "Una nación de inmigrantes" se ha popularizado a lo largo de los años en diferentes ámbitos de la sociedad estadounidense.

"Nos contamos historias como una nación. Una de ellas es que somos una tierra de inmigrantes. Pero, en momentos de crisis, a menudo nos resulta difícil cumplir las promesas hechas en esas historias", escribió Greene.

"De hecho, como dice el historiador Peter Hayes en 'Estados Unidos y el Holocausto', mantener a los inmigrantes fuera del país ha sido 'tan estadounidense como el pastel de manzana'".

Entonces, ¿ha sido Estados Unidos realmente un país abierto a la migración? ¿Es tan inusual la dura política actual de Trump?

 

Un debate de siglos

De acuerdo con Greene, casi desde la fundación del país, los estadounidenses "han debatido quiénes deberían ser incluidos o excluidos".

"Ya en 1798, las Leyes de Extranjería y Sedición buscaban deportar a inmigrantes y cerrar algunas imprentas que eran propiedad de inmigrantes por temor a que difundieran ideas amenazantes".

Aviva Chomsky, profesora de Historia y coordinadora de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Estatal de Salem, en Massachusetts, escribió en 2016 en Le Monde Diplomatique que "desde sus primeros momentos, la historia estadounidense ha sido una historia de deportación".

John Trumbull pintó a los padres fundadores de EE.UU. al presentar su borrador de la Declaración de Independencia al Congreso, en 1776. Plasmaron que "todos los hombres son creados iguales".

 

"Estados Unidos fue fundado por un grupo de británicos que fue un ejemplo del colonialismo inglés de un tipo muy específico: el colonialismo de asentamiento", le dice a BBC Mundo.

En el colonialismo tradicional, explica la historiadora, normalmente el propósito de los imperialistas era enviar a "un pequeño grupo de burócratas para establecer su poder sobre una población nativa", pero en el colonialismo de asentamiento el objetivo de los colonizadores era "eliminar la población nativa y formar un nuevo país, uno hecho por los colonizadores".

Y así, señala, la lucha por la independencia no fue realmente una lucha anticolonial, sino una que buscaba fortalecer el poder de quienes llegaron como colonizadores.

Muchos de los que lideraron la causa independentista eran terratenientes y también hubo especuladores de la tierra que buscaban aumentar sus terrenos.

"Después de conseguir la independencia, siguieron con el proyecto colonial, con su expansión, con la esclavitud, con la deportación de las poblaciones indígenas y el genocidio contra ellas".

"En el colonialismo de asentamiento, las primeras deportaciones fueron de la población nativa para blanquear el país y hacer un país blanco en una tierra donde la mayoría de la población era nativa y negra".

La idea era construir "un país para algunos y ese algunos es un concepto racializado, un concepto blanco".

 

Las diferencias

Para la profesora Chomsky, "cuando la gente dice que Estados Unidos siempre le ha dado la bienvenida a los inmigrantes, se oculta la realidad de quiénes fueron bienvenidos, en qué condiciones y por qué".

Y es que -explica- en los países en los que hubo colonialismo de asentamiento "se les dio la bienvenida a los inmigrantes colonizadores" para que ayudaran a poblar al país.

"Hasta la Guerra Civil, se le dio la bienvenida a los africanos, que fueron traídos a la fuerza y sin derechos".

Una manifestación, celebrada el 8 de junio en Texas, contra las políticas migratorias del gobierno de Trump.

 

La primera gran ley para prohibir la inmigración a Estados Unidos se dio cuando el Congreso aprobó la Ley de Exclusión de los Chinos, con la que se suspendió la inmigración de trabajadores chinos por diez años.

Esa legislación y "las restricciones que le siguieron congelaron a la comunidad china en 1882 y le impidieron progresar y asimilarse en la sociedad estadounidense como sí lo pudieron hacer los grupos de inmigrantes europeos", indica el reportaje "Inmigration" del sitio en internet de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Expertos ven en esa legislación un punto de partida para entender muchos aspectos de la política migratoria estadounidense a lo largo de la historia.

Para Gordon Chang, profesor de la Universidad de Stanford, el legado de esas restricciones es que fueron "las primeras dirigidas a una etnia específica y confirmó la idea de que Estados Unidos era una tierra en las que unas razas son preferidas y otras no".

"La idea de que Estados Unidos es una tierra para todos los inmigrantes siempre ha sido una ficción, aunque muy popular y afectuosa", señaló Chang en un artículo de BBC Mundo de 2017.

 

Una batalla judicial

En esa llamada "era de la exclusión" es que el caso de un cocinero de padres chinos fue clave para que el derecho a la ciudadanía por nacimiento se consolidara como una ley en Estados Unidos.

La XIV Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que había sido ratificada en 1868, establecía que todas las personas nacidas o naturalizadas en ese país eran ciudadanos.

Esta caricatura de 1882 refleja a un inmigrante chino al que se le impide la entrada por la "Puerta dorada de la libertad". A su lado dice: "Bienvenidos comunistas, nihilistas, socialistas, fenianos y matones, pero no hay entrada para los chinos". Y abajo dice: "El único excluido".

 

Con esa enmienda se buscaba acabar con la discriminación que los afroamericanos sufrían en varios estados que les negaban la condición de ciudadanos.

Al regreso de un viaje, al cocinero Wong Kim Ark, quien había nacido en 1873 en San Francisco, le prohibieron la entrada a Estados Unidos y lo dejaron detenido en el barco.

Un grupo de abogados presentó un recurso judicial para denunciar que sus derechos como estadounidense estaban siendo violados.

El caso llegó a la Corte Suprema que, en un fallo histórico de 1898, declaró que Wong era ciudadano estadounidense por nacimiento, independientemente del estatus migratorio u origen de sus padres.

Ese veredicto representó el triunfo de un principio crucial para garantizar la integración social y la igualdad de los hijos de inmigrantes.

El derecho a la ciudadanía por nacimiento está siendo desafiado actualmente por el gobierno de Trump.

Expertos como Chomsky ven una conexión entre el establecimiento del derecho a la ciudadanía por nacimiento y el inicio de medidas para limitar la llegada de algunos inmigrantes.

 

Un camino de restricciones

Para Ana Raquel Minian, profesora adjunta de Historia en la Universidad de Stanford, la Ley de Exclusión de los Chinos "amenazó los cimientos mismos de la ciudadanía estadounidense" como estaba definida en la XIV Enmienda.

Además, la prohibición de inmigrantes chinos sentó las bases para nuevas restricciones a la inmigración.

Un grupo de guatemaltecos llegando a su país, en enero de 2025, tras su deportación de EE.UU.

 

Así lo escribió en "America Is a Nation of Immigrants That Has Not Lived Up to Its Promise" (Estados Unidos es una nación de inmigrantes que no ha cumplido su promesa), ensayo publicado en The New York Times.

"A finales del siglo XIX, un número creciente de europeos del este y del sur comenzó a llegar a Estados Unidos. Los legisladores estadounidenses temían que estos recién llegados, considerados racialmente inferiores, mancharan el linaje racial del país".

Ante esa preocupación el Congreso aprobó la Ley de Inmigración de 1924, con la que se introdujeron cuotas de inmigrantes según su país de origen "que dieron preferencia a los europeos del norte y del oeste y prohibía casi por completo la entrada a los asiáticos".

Ese sistema de cuotas llegó a su fin con la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965, pero también introdujo otras medidas restrictivas, como las cuotas para los inmigrantes de países del hemisferio occidental.

 

Historia reciente

Ciento veintisiete años después del fallo histórico en el caso del cocinero Wong, el presidente Trump considera que los hijos de los extranjeros no residentes en Estados Unidos nacidos en el país no deberían recibir automáticamente la ciudadanía estadounidense.

Trump ha prometido "mantener a los estadounidenses seguros", "proteger la patria" y luchar contra la inmigración irregular. Seis meses después de su regreso a la Casa Blanca, el gobierno afirma que ha "restaurado la ley y el orden" en el sistema de inmigración.

En su campaña electoral, el republicano habló de impulsar la "mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos".

La profesora Chomsky plantea que si bien el mandatario puede "diferir de otros políticos al manifestar abiertamente su antipatía hacia cierto tipo de inmigrantes", sus políticas no son nuevas y para entenderlo debemos, en parte, remontarnos a dos gobiernos demócratas.

En 1996, el presidente Bill Clinton firmó la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y Responsabilidad de los Inmigrantes.

"Esa reforma migratoria promovió la narrativa de los inmigrantes como criminales y sucedió en una década en la que en Estados Unidos se dieron muchas reformas en el sistema de justicia penal que impulsaron un encarcelamiento masivo", indica la historiadora.

"La criminalización de los inmigrantes es la clave y el hilo conductor desde Clinton hasta Obama y Trump, en relación a la idea de que 'los inmigrantes son peligrosos y necesitamos una estructura legal para proteger a la población de estos inmigrantes criminales'".

Durante el gobierno de Bill Clinton se aprobó la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y Responsabilidad de los Inmigrantes.

 

La experta también evoca algunas declaraciones de Obama sobre su programa insignia DACA (por sus siglas en inglés: Acción Diferida para los Llegados en la Infancia).

"Al anunciarlo, Obama enfatizó que esos jóvenes habían sido traídos a Estados Unidos por sus padres y que estaban aquí 'sin culpa propia'. Decir eso fue una manera de criminalizar a los padres".

Otra frase la dijo en el contexto de las deportaciones y la experta recuerda que Obama elevó las tasas de deportación a niveles nunca antes vistos.

En esta protesta de 2013, durante el gobierno de Barack Obama, un grupo de manifestantes desplegó una pancarta que decía: "Deportador en jefe".

 

"Dijo que sólo se estaban deportando criminales. Dijo: 'Queremos deportar a delincuentes, no a familias'. El término delincuente y el término criminal son tácticas de miedo. ¿Qué significan realmente? Cruzar la frontera sin papeles una vez no es un delito grave, pero cruzar la frontera sin papeles dos veces sí lo es".

"En el contexto migratorio, ¿qué hace a alguien un criminal? Es una palabra alarmista, que infunde miedo, que solo promueve el sentimiento antiinmigrante".

En 2014, una movilización se dirigió a la Casa Blanca para pedirle al presidente Obama que detuviera las deportaciones y las separaciones de familias. 

 

Entre mitos, la necesidad

En 2012, Chomsky publicó el libro "They Take Our Jobs!" ("¡Nos quitan nuestros trabajos!"), en el que desmonta 21 de los mitos más extendidos sobre la inmigración y los inmigrantes.

En su investigación encontró que hay mitos que están interconectados y que "encajan en la narrativa general" que apunta a que los inmigrantes les quitan los empleos a los estadounidenses, no pagan sus impuestos y usan los servicios públicos.

"Curiosamente, algunos de estos mitos son contradictorios: ¿están los inmigrantes trabajando o se quedan de brazos cruzados, no trabajan y solo utilizan los servicios sociales?".

Este inmigrante indocumentado era preparado para un vuelo de deportación desde Arizona, en 2011.

 

Esos mitos han llevado a algunos a creer que "la inmigración es mala para la economía" y que la llegada de inmigrantes empeora la situación de quienes viven en Estados Unidos.

"Ahora está más claro que cuando escribí el libro: la población de Estados Unidos está envejeciendo, pero no solo pasa aquí, sino en la mayoría de los países receptores de inmigrantes, que también son los países más ricos, los beneficiarios del colonialismo y la industrialización".

Dichos países "tratan de averiguar cómo lograr que la gente tenga más hijos porque necesitan más jóvenes y la única respuesta es la inmigración".

"Y somos muy afortunados de que esté ocurriendo simultáneamente, eso es lo que mantiene nuestra economía en marcha, nuestras escuelas abiertas".

"¿Quién va a contribuir a la Seguridad Social? ¿Quién va a cuidar de esta población que envejece si la población se reduce tan rápidamente?"

"Considero que deberíamos entender los flujos migratorios como parte de la historia de la humanidad y comprender que existe una necesidad de trabajadores en Estados Unidos".

"La gente debe entender que, ahora mismo, los países que están experimentando una inmigración grande necesitan a esos inmigrantes para sobrevivir y, en lugar de criminalizarlos y explotarlos, deberíamos estar agradecidos con ellos".

"Deberíamos estar agradecidos de que, a medida que nuestras poblaciones envejecen y disminuyen, haya gente que quiera venir aquí".

 

Un "activo" enorme

Pero los mitos sobre la inmigración persisten y en muchos casos son fomentados por el oportunismo político.

Así lo creen los profesores Ran Abramitzky, de la Universidad de Stanford, y Leah Boustan, de la Universidad de Princeton, autores de "Streets of Gold: America's Untold Story of Immigrant Success" (Calles de Oro: La historia no contada del éxito de los inmigrantes en Estados Unidos).

Un texto sobre ese libro apareció en la revista Time, en 2022, con el título "Why the Children of Immigrants Are the Ones Getting Ahead in America" (Por qué los hijos de inmigrantes son los que están saliendo adelante en Estados Unidos) y fue firmado por ambos catedráticos.

"Utilizando millones de registros de familias inmigrantes de 1880 a 1940 y de 1980 a la actualidad descubrimos que, en el pasado y aún hoy, los hijos de inmigrantes superan a sus padres y ascienden en la escala económica. Si este es el Sueño Americano, entonces los inmigrantes lo alcanzan a lo grande".

Independientemente del lugar de donde provengan o del tipo de destrezas o recursos con los que llegan, los inmigrantes aportan "un activo enormemente beneficioso para la economía estadounidense: sus hijos".

Los datos recopilados en su investigación, dicen, deberían disipar los temores que muchas veces se oyen sobre el futuro de los inmigrantes pobres y la posibilidad de que sus hijos "queden atrapados en trabajos poco remunerados" y se vuelvan dependientes de la ayuda gubernamental.

Si bien los investigadores destacan los obstáculos para progresar que enfrentan los niños que llegan sin documentos a Estados Unidos, reconocen que con solo "un plumazo", los políticos pueden cambiar esa situación.

 

La ironía

Y es precisamente la importancia de las familias en la integración de los inmigrantes lo que varios expertos resaltan.

Hiroshi Motomura, experto en legislación migratoria y profesor en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), considera que una constante en la historia de la inmigración a Estados Unidos ha sido el rol clave de las familias en el proceso que lleva a los inmigrantes a convertirse en miembros productivos de la sociedad.

En esta foto de 2017, se observa a un grupo que participó en una manifestación contra las medidas migratorias del entonces presidente Donald Trump. La marcha fue convocada bajo el lema: "Los Inmigrantes Hacen Grande a Estados Unidos".

 

"Muchas de las 'historias de éxito de inmigrantes' que tenemos son de personas que llegaron con relativamente pocos recursos, o no necesariamente con un nivel educativo estereotípicamente alto, pero que triunfaron gracias al apoyo de una familia".

Eso lo planteó en 2018 en una entrevista con la Radio Pública estadounidense (NPR), titulada "What Does It Mean To Be A 'Nation Of Immigrants'?" (¿Qué significa ser 'Una nación de inmigrantes?').

En su opinión, "el arco de la historia estadounidense ha sido una de generosidad hacia los inmigrantes, alternada con periodos de retroceso, de represión total. Esa ha sido la dinámica".

El experto hizo notar cómo algunas de las personas que se oponen con dureza a la inmigración, en épocas anteriores habrían sido los discriminados.

"Uno puede verlo como hipocresía o ironía, pero lo cierto es que también es una señal de que este país avanza. Y quienes discriminamos en generaciones anteriores se han vuelto tan estadounidenses que incluso pueden discriminar a otros".

Para Motomura, "Estados Unidos es, y seguirá siendo, una nación de inmigrantes", es parte de su carácter.

Pero lamenta que muchas de las extraordinarias contribuciones de los inmigrantes a veces pasen desapercibidas, lo que en algunos casos ha llevado a una miopía extrema "respecto a lo que ha hecho grande a este país".

 

Fuente: La historia de EE.UU. y las deportaciones 

 

Nota: Algunas negritas en el texto son mías para resaltar algunas ideas.

miércoles, 11 de junio de 2025

JOMO, el antídoto para dejar de estar constantemente conectado a las redes sociales

 

La conexión constante a la vida virtual puede llegar a producir ansiedad en algunas personas

 

Por Oliver Serrano León

The Conversation*

 

En un mundo cada vez más interconectado, donde las notificaciones constantes y la necesidad de estar siempre presente en las redes sociales parecen dominar la vida cotidiana, surge un fenómeno que invita a la reflexión: el JOMO, siglas de joy of missing out (la alegría de perderse las cosas).

Este concepto, que se postula como la contrapartida del FOMO (fear of missing out o miedo a perderse algo), es una respuesta a la presión de estar constantemente al día con cada evento, tendencia o experiencia social que surge a nuestro alrededor.

En lugar de sentir ansiedad por no participar, el JOMO propone abrazar la desconexión intencionada y disfrutar de los beneficios de estar ausentes de ciertos momentos.

Antes de profundizar en el JOMO, es importante entender su reverso. Desde que las redes sociales comenzaron a formar parte de nuestra vida cotidiana, el FOMO ha sido un término que ha resonado con fuerza, particularmente entre las generaciones más jóvenes.

Este miedo a perderse eventos o experiencias sociales, alimentado en gran parte por las publicaciones y actualizaciones incesantes en plataformas como Instagram, Facebook, X o TikTok, genera una sensación de incomodidad, insuficiencia e incluso ansiedad.

Un estudio de 2013 ya señalaba que el FOMO está profundamente arraigado en las necesidades psicológicas de pertenencia y autoafirmación. Las personas sienten que, al no estar presentes en ciertos eventos, se están quedando excluidas de experiencias significativas o valiosas para su vida.

Esta sensación se exacerba cuando observan a sus amigos o conocidos participando activamente en dichas actividades.

Según otra investigación, publicada en Computers in Human Behavior, el uso excesivo de las redes sociales –particularmente entre los jóvenes– está estrechamente relacionado con la vivencia del FOMO y sus efectos negativos en la salud mental, como la baja autoestima y la ansiedad.

 

Perderse algo como fuente de satisfacción 

Frente a esta presión social, surge el JOMO, un movimiento que defiende la idea de que no estar presente o “perderse algo” no solo es aceptable, sino que puede convertirse en una fuente de satisfacción y bienestar personal.

Una de las primeras menciones destacadas del concepto la hizo la escritora canadiense Christina Crook en su libro de 2014 The Joy of Missing Out: Finding Balance in a Wired World.

Aunque no era un término nuevo: dos años antes, el empresario Anil Dash ya lo había acuñado para reflexionar sobre la tranquilidad de no participar en todo. Desde entonces, ha tomado cada vez más fuerza como una filosofía que promueve la calma y el disfrute del momento presente.

Es, en definitiva, una invitación a la desconexión intencionada de las redes sociales, las notificaciones y los eventos sociales con el fin de reenfocarse en la creatividad y la tranquilidad mental.

 

Los beneficios del JOMO 

Optar por el JOMO en lugar de sucumbir al FOMO tiene una serie de beneficios tangibles que pueden mitigar los efectos adversos del uso excesivo de las redes sociales. Estos incluyen:

  • Reducción del estrés y la ansiedad. La constante comparación con los demás generada por el FOMO puede llevar a sentir que la propia vida es insuficiente o menos gratificante. El JOMO permite liberarse de esta presión.

Así lo comprobaron los autores de una investigación realizada los días posteriores al 4 de octubre de 2021, cuando se cayeron los servicios digitales de la compañía Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) durante varias horas. Aunque algunos usuarios fueron presa del FOMO, otros muchos confesaron haber sentido un reconfortante alivio.

  • Mayor tiempo para la introspección. Al desconectarse del ruido externo, las personas pueden reenfocarse en sí mismas, lo que fomenta la autoexploración, el desarrollo personal y una mayor claridad sobre lo que realmente importa en sus vidas.
  • Fomento de la creatividad. El tiempo libre y la tranquilidad permiten que la mente se relaje y divague. Diversos estudios han demostrado que el “aburrimiento” o la desconexión pueden ser catalizadores de nuevas ideas.
  • Mejora de las relaciones personales. Al optar por el JOMO, las personas tienden a priorizar los encuentros cara a cara y las conexiones significativas sobre las interacciones, a menudo superficiales, on-line.

 

Cómo incorporar el JOMO en nuestra vida diaria

Apuntarse al JOMO no significa renunciar completamente a la tecnología o las interacciones sociales. Más bien, implica encontrar un equilibrio saludable entre la conectividad y la desconexión.

Algunas formas de integrarlo incluyen las siguientes pautas:

  • Establecer límites digitales. Definir horarios específicos para revisar las redes sociales o responder a mensajes puede ayudar a reducir el tiempo frente a la pantalla y promover una relación más sana con la tecnología.
  • Implementar el minimalismo digital. Este concepto implica usar solo aquellas plataformas y herramientas tecnológicas que verdaderamente agreguen valor a nuestra vida.
  • Priorizar el tiempo personal. Dedicar tiempo a actividades que nutran el bienestar físico y mental, como leer, hacer ejercicio, meditar o, simplemente, descansar.

En definitiva, adoptar el JOMO no implica una renuncia definitiva al mundo digital o a las interacciones sociales, sino una toma de conciencia sobre cómo y cuándo es mejor estar conectados.

*Oliver Serrano León es director del Máster de Psicología General Sanitaria y profesor del Grado Online de Psicología en la Universidad Europea de Canarias (España). Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

 

Fuente: JOMO

viernes, 6 de diciembre de 2024

"Quería probar que los seres humanos son capaces de algo más grande que la guerra, los prejuicios y el odio": Abraham Maslow, el hombre que revolucionó la psicología


 

Por Margarita Rodríguez

BBC News Mundo

 

Abraham Maslow tuvo una visión cuando conducía su automóvil.

Vio a unas personas, sentadas alrededor de una mesa, que hablaban sobre “la naturaleza humana y el odio, la guerra y la paz, y la hermandad”.

Sucedió después del ataque a Pearl Harbor, en 1941, cuando Japón bombardeó la base naval estadounidense en Hawái.

“Yo era demasiado mayor para entrar en el ejército. Fue en ese momento que me di cuenta de que el resto de mi vida debía dedicarse a descubrir una psicología para la mesa de la paz. Ese momento cambió toda mi vida”.

De repente, el psicólogo estadounidense sintió que “debía intentar salvar al mundo y evitar las guerras horribles”.

“Quería demostrar que los humanos son capaces de algo más grande que la guerra, los prejuicios y el odio”.

Esa visión se la contó, en 1968, a Mary Harrington Hall de la revista Psychology Today.

Dos años después, a los 62 años, Maslow moriría tras sufrir un ataque cardiaco.

Su legado, aseguran los estudiosos de su obra, no solo ha perdurado, sino que en tiempos convulsos es una fuente de esperanza.

 

El Innovador 

Maslow nació en 1908 en Nueva York. Sus padres, judíos, tuvieron que huir de Rusia y emigraron a Estados Unidos.

“Con la infancia que tuve, es un milagro que no sea un psicótico. Era el pequeño niño judío en un vecindario no judío”, contó en la entrevista con Psychology Today.

 

 
 Maslow vivió la Gran Depresión, la crisis económica que desató el desplome de la bolsa de Nueva York, el 29 de octubre de 1929.
 
 
Decía que había crecido sin amigos, en bibliotecas, entre libros, y encontró en la psicología su pasión.

Desarrolló su carrera en ese campo, le intrigaba entender cómo alguien capaz de ser un ángel, podía ser un asesino.

Para Edward Hoffman, autor de “Abraham Maslow: Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista”, Maslow estuvo adelantado a su época.

“En muchos sentidos, sigue adelantado a nuestro tiempo”, le indica a BBC Mundo el profesor de psicología de la Universidad Yeshiva.

Y es que sus ideas fueron novedosas.

Aunque es más conocido por su teoría sobre la jerarquía de las necesidades, de la cual surgió la famosa pirámide de Maslow, hay aspectos de su trabajo que “realmente fueron revolucionarios”, le dice a BBC Mundo Margie Lachman, profesora de la Universidad Brandeis, en Massachusetts.

Allí, precisamente, Maslow fundó el departamento de Psicología.

 

Otro Camino

Maslow siguió una dirección diferente a las corrientes que existían en psicología, principalmente la psicoanalítica (de Sigmund Freud) y la conductual.

Freud teníauna visión muy pesimista de la naturaleza humana”, dice Hoffman.

El enfoque freudiano nos habla del peso de los impulsos inconscientes, incontrolables, en nuestras vidas, mientras que desde la tradición conductual se refuerza la idea de que respondemos a factores externos.

Recordemos que muchos de los estudios de los conductistas se hicieron con animales en laboratorios.

“La psicología en el tiempo de Maslow era muy determinista”, le indica a BBC Mundo David Baker, director emérito del Centro Cummings para la historia de la psicología y profesor emérito de psicología de la Universidad de Akron, en Estados Unidos.

“Te comportas como resultado de todas las fuerzas que te afectan y no hay mucho que puedas hacer al respecto”.

Pero “la originalidad” de Maslow fue ver “cosas que no estaban ahí”.

“Y eso fue algo bastante increíble en la psicología estadounidense del siglo XX”.

“Maslow vivió dos guerras mundiales, tiempos de migración masiva, opresión terrible, pobreza aplastante, pero logró trascender eso y ver algo más”.

Y lo que vio fue el potencial humano.

“Ante el conflicto, el odio, la violencia, hizo una evaluación realista y dijo: ‘Hay algo más. Hay cosas que todos están pasando por alto, tanto la psicología como la sociedad, y es que podemos ser mejores personas’”.

“Fue un punto de vista optimista, una nueva dirección”.

Maslow apostó por un enfoque humanista, que, señala Lachman, hizo énfasis en la capacidad de las personas para “hacer cosas buenas en el mundo”.

"Creía que los seres humanos son, por naturaleza, buenos y bien intencionados".

 

Toda la Vida 

A diferencia de las otras corrientes, Maslow afirmó que las personas actuaban en función de sus necesidades y motivaciones y que tenían el potencial de crecer y desarrollarse a lo largo de toda la vida.

“Y es que teóricos anteriores, especialmente Freud y algunos de sus contemporáneos, pensaban que el desarrollo (de la personalidad) básicamente terminaba cuando se llegaba a la adolescencia”, dice Lachman.

La académica aclara que, aunque algunos psicoanalistas como Carl Jung o Erik Erikson también creían en el desarrollo en el transcurso de la vida, Maslow realmente enfatizó “la importancia de pensar en el potencial para crecer a lo largo de la vida”.

Además, señala la experta, mientras algunos de los primeros teóricos se centraron más en individuos con, por ejemplo, neurosis o problemas psicológicos, lo cual fue muy importante, Maslow se interesó en “las personas a las que les iba bien”.

Y que al irles mejor, al darse cuenta de su creatividad, de su potencial, promovían no solo su propio crecimiento, sino que eso les permitía “hacer bien en el mundo”.

Centrarse en personas saludables como una manera de entender el comportamiento y optimizar el bienestar, fue un cambio muy significativo en la disciplina.

“Maslow defendió el valor de enfocarse en lo que está bien en la persona en lugar de concentrarse en lo que está mal”, escribió la profesora en un artículo de la Universidad Brandeis.

 

La Motivación

En 1954, Maslow publicó el libro “Motivación y personalidad”, en el que planteó su teoría de la jerarquía de las necesidades, que ya había explorado, en 1943, en el ensayo "Una teoría para la motivación humana".

El psicólogo explicó que cuando nuestras necesidades más básicas -fisiológicas y de seguridad- están satisfechas, desarrollamos otras necesidades y deseos que, al estar motivados, buscamos cubrir, como el aprecio y el reconocimiento.

En su trabajo original sobre la jerarquía de las necesidades, Maslow no incluyó pirámides ni triángulos. Sin embargo, otros investigadores llevaron a que su teoría se ilustrara en forma de pirámide.



En la cúspide está la autorrealización, algo que él sabía era muy difícil de lograr.

“Todos tenemos la capacidad de conseguirla, pero tenemos que ser capaces de trascender nuestra situación y esforzarnos por alcanzar nuestro potencial”, indica Baker.

Para Maslow se trataba de un proceso continuo, que dura toda la vida, en el que era importante generar situaciones que fuesen meaningful, significativas para nosotros.

“En su visión optimista, si alcanzamos la autorrealización, seremos más felices y, por ende, haremos más cosas buenas en el mundo”.

Pero a Maslow realmente no le preocupaba el tema de la felicidad, su interés estaba enfocado en el crecimiento personal y en su conexión con nuestra capacidad para hacer buenas cosas.

Hoffman nos habla de la eupsiquia, un término que Maslow acuñó para describir “la mejor sociedad posible”, una orientada en potenciar el crecimiento de sus miembros.

“Maslow era realista, sabía que ningún ser humano puede ser perfecto, que todos tenemos defectos”, sin embargo vio la posibilidad de esa sociedad ideal, la eupsiquia.

“Es un concepto muy importante porque creo que los jóvenes, en parte por la obsesión con las redes sociales, con internet, están atrapados en el momento. Pero Maslow era el pensador del largo plazo, de lo que los seres humanos son capaces de lograr a largo plazo”.

 

El Legado

Maslow siempre estuvo abierto a la investigación científica, sin embargo hay quienes cuestionan que no ofreció evidencia empírica para sustentar su teoría.

De hecho, hubo científicos que criticaron que en sus últimos años se convirtió más en un filósofo.

Pero lo cierto es que dejó un importante legado en su disciplina.

“Muchos de los esfuerzos más recientes en psicología se han basado en el trabajo de Maslow: él sentó las bases de lo que llamamos la psicología positiva”, señala Lachman.

Ese movimiento se centra en cómo las personas pueden vivir una vida positiva y encontrar un propósito.

“Y, al usar su propia creatividad y sabiduría, pueden ayudar a otras personas y marcar una diferencia en el mundo”.


El Mensaje

En ese proceso continuo de crecimiento que Maslow planteaba hay un punto de partida:

“Mirar dentro de nosotros y descubrir qué nos da una sensación de alegría, incluso en momentos pequeños. ¿Qué comidas nos gustan? ¿De qué temas nos gusta hablar? ¿Qué música nos hace sentir con más energía o felices? El punto de partida debe venir de comprendernos y conocernos a nosotros mismos”, indica Hoffman.

Para Baker, gran parte del legado de Maslow es “ver lo que está ahí y también lo que no está”.

“Todavía hay bondad, decencia, gente que se esfuerza por hacer lo correcto y eso es fácil de olvidar, como también es fácil sentirse abrumado por las noticias negativas, de odio, de violencia”.

“Pero era lo mismo en el tiempo de Maslow, la gente sentía el mismo nivel de miedo, desesperanza, ansiedad, depresión, pero ahí está su legado: ver más allá de eso y decir que hay algo mejor”.

Siempre he sentido que es un mensaje de esperanza”.

 

 Fuente: Abraham Maslow