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viernes, 31 de julio de 2026

Por qué Ceuta y Melilla pertenecen a España si están en África

 

 

Por José Carlos Castro*
BBC News Mundo

 

Son los únicos territorios de la Unión Europea en el África continental y sus fronteras han sido foco de numerosas crisis migratorias y disputas diplomáticas.

Hablamos de Ceuta y Melilla, dos ciudades que pertenecen a España desde hace más de 500 años, pero que Marruecos ha estado reivindicando como suyas prácticamente desde que consiguió su independencia en 1956.

La ley internacional no las considera colonias y la Organización de Naciones Unidas (ONU) respalda que son provincias españolas.

En los últimos días, miles de migrantes cruzaron la frontera de Marruecos hacia Ceuta, lo que provocó que el gobierno español enviara al ejército a controlar la situación.

En 2025 hubo roces entre ambos países por las reivindicaciones marroquíes sobre el territorio, que llegaron después de tres años de calma.

A esa paz se había llegado después de que el gobierno socialista de Pedro Sánchez aceptara el proyecto de Marruecos sobre la autonomía del Sáhara Occidental, otra disputa territorial que durante años avivó esta complicada relación.

Pero, ¿por qué estas ciudades en el norte de África pertenecen a España?

Una valla muestra la separación entre la ciudad marroquí de Nador (arriba) y la española Melilla (abajo).

 

Cómo Ceuta y Melilla se volvieron españolas
 

Melilla pertenece a España desde el siglo XV. Ceuta desde el XVII.

En 1415, Ceuta era uno de los principales puertos económicos y estratégicos del mundo islámico y durante siglos estuvo controlada por varias dinastías bereberes y árabes.

Pero ese mismo año fue conquistada por Portugal, en medio del proceso de reconquista cristiana que años más tarde acabaría con los reinos islámicos que durante 700 años habían dominado la Península Ibérica.

Más de un siglo después, en 1580, Portugal y España se unieron en una dinastía conjunta conocida como la Unión Ibérica, por lo que Ceuta también pasó a formar parte del dominio español. Una vez disuelta la Unión, en 1640, España se quedó con Ceuta.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, España consiguió reconquistar la península derrotando al último de los reinos musulmanes en Granada.

 

Por su parte, Melilla fue conquistada por la corona de Castilla en 1497. Por mandato de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, una flota acudió a esta otra ciudad portuaria como parte de la reconquista española durante la que, apenas cinco años antes, habían derrotado al último reino musulmán de la península en Granada.

Para muchos musulmanes, Ceuta y Melilla son un doloroso recuerdo de derrota y humillación frente a las potencias europeas cristianas.

 

Por qué Ceuta y Melilla son clave para España 

 

La presencia en estos territorios en el norte africano fue fundamental para las pretensiones expansionistas de España.


Para esta nación, controlar la entrada al mar Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar era una prioridad estratégica.

"Ceuta y Melilla adquirieron mucho valor por su cercanía a la península y la capacidad que brindaban para controlar el paso por el estrecho de Gibraltar", explicó a BBC Mundo el historiador Manuel Torres Soriano, de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en España.

Ceuta, justo al otro lado del estrecho y apenas a 14 kilómetros de la costa peninsular, servía como una especie de cabeza del flujo comercial y de personas entre ambas orillas.


"Melilla, por otro lado, atendió a la necesidad de contar con un puerto y una base desde la cual sostener la lucha contra la piratería. Este era un problema enorme para la seguridad de España", añadió Torres.

Desde entonces, y tras cinco siglos de presencia ininterrumpida, España considera a esas dos ciudades como parte integral de su territorio.

"Ahora, con una población estable, Ceuta y Melilla son tan españolas como cualquier otro territorio de la península", dijo Torres.

La posición estratégica de estos enclaves fue útil para luchar contra la piratería y proteger el comercio marítimo.

 

Vínculo militar

En la primera mitad del siglo XX, la geografía estratégica de Ceuta y Melilla volvería a ser clave para los objetivos militares de España.

Entre 1912 y 1956, España y Francia tuvieron a su cargo un protectorado en el norte de África que incluía grandes zonas del actual Marruecos.

A España le correspondió la zona norte y sur del país. Pero de este protectorado quedaron excluidas Ceuta y Melilla, que mantuvieron su estatus de territorios españoles.

"Ambas ciudades se convirtieron en el epicentro de la administración colonial de España en el actual Marruecos. Eran la base administrativa y militar para controlar ese protectorado", explicó Torres.

No es casualidad que la Guerra Civil española estallara en 1936 a raíz de un levantamiento militar en Melilla. 

En Ceuta y Melilla se produjo el levantamiento militar que dio paso a la Guerra Civil española. En Melilla hubo una estatua del dictador Francisco Franco hasta 2021 (foto de 1987).

 

Tanto allí como a Ceuta, el Ejército español enviaba a las que probablemente eran sus mejores tropas.

"Todo esto influyó en que las guarniciones aquí destinadas se mostraran afines al levantamiento y llevaran la iniciativa en el estallido de la Guerra Civil", dijo Torres.

La Guerra Civil española culminó en 1939 con la victoria de las tropas franquistas sobre el bando republicano.

El protectorado español en el norte de África no terminaría hasta 1956, cuando Marruecos consiguió su independencia y surgió como el Estado que hoy conocemos. Una zona en el sur le fue entregada a Marruecos en 1958.

Pero Ceuta y Melilla siguieron siendo españolas.

 

Por qué Marruecos las reclama como suyas


Prácticamente desde el logro de la independencia, Marruecos ha reclamado frecuentemente el fin de lo que ellos han considerado una ocupación española en Ceuta y Melilla.

Sus reivindicaciones forman parte de la idea del Gran Marruecos, por la que los marroquíes reclaman la soberanía sobre estas y otras zonas del territorio norafricano, incluido el Sáhara Occidental.

Pero cuando Marruecos presentó el caso de Ceuta y Melilla ante Naciones Unidas como territorios no autónomos pendientes por descolonizar, este fue desestimado.

Marruecos reclama Ceuta y Melilla como suyas a pesar de que cuando España las conquistó, este país africano no estaba constituido como Estado.


Samir Bennis, analista político marroquí, explicó que, tras la independencia de España y Francia, Marruecos actuó de buena fe, asumiendo que la cuestión de Ceuta y Melilla se resolvería de forma amistosa en el futuro.

Actualmente, España se niega categóricamente a mantener cualquier negociación sobre estas dos ciudades e insiste en que han sido españolas durante más de cinco siglos y que son parte integral del Estado español.

Sin embargo, Bennis cuestiona la postura española desde un punto de vista histórico.

"Durante la mayor parte de la historia, estos dos enclaves no fueron considerados como dos ciudades españolas completamente establecidas. Su estatus ha variado entre fortalezas militares y presidios al aire libre a los que enviaban personas a cumplir sentencias para mantenerlas alejadas de la península", dijo Bennis a la BBC.

 

Qué dice la ley internacional
 

Expertos consultados por BBC Mundo argumentaron que hay mucha política alrededor de las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla, y que no se trata solo de un tema legal.

De hecho, estas dos ciudades no son los únicos territorios que han enfrentado a España y Marruecos. 


Cerca de costas marroquíes, España también controla el peñón de Vélez de la Gomera, el peñón de Alhucemas, las islas Chafarinas y el islote de Perejil.

En julio de 2002, manifestantes marroquíes se pararon en la costa de Marruecos frente al islote de Perejil con un cartel que decía: "Demandamos la liberación de Ceuta y Melilla y todos los otros territorios marroquíes ocupados".

 

A diferencia de Ceuta y Melilla, no hay civiles en estos territorios. Vélez de la Gomera alberga una base militar, pero sin población civil.

"Eso es muy importante. Para Marruecos siempre sería más fácil reclamar territorios sin habitantes que Ceuta y Melilla", explicó a BBC Mundo Jamie Trinidad, experto en ley internacional de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido.

"La defensa legal de España es que esos territorios se convirtieron en españoles mucho antes de que Marruecos se convirtiera en un Estado. Y, bajo la ley, estos territorios no son considerados colonias porque están perfectamente integrados como entes autónomos dentro de la Constitución española", añadió el experto.

Bajo la ley internacional, es muy difícil que Ceuta y Melilla a pasen a formar parte de Marruecos.

 

"En términos legales, que esos territorios son españoles es algo que está bastante claro. Para Marruecos va a ser muy difícil cambiar ese estatus, aunque creo que mantendrá sus reclamaciones vivas como estrategia política", dijo Trinidad.

El académico opina que para Marruecos es mucho más importante el Sáhara Occidental que sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla, y aunque cuentan con el apoyo de organismos como la Unión Africana, se deben más a un tema emotivo al tratarse de "los dos últimos territorios europeos en el África continental". 


Cómo se vive en Ceuta y Melilla

 
Como ciudades autónomas, Ceuta y Melilla cuentan con competencias similares a las de otras autonomías de España como Cataluña, el País Vasco o Andalucía. Pero su régimen es más bien un híbrido entre un ayuntamiento local y una comunidad autónoma.

"Tienen un estatus específico para ambas ciudades que no se contempla para ningún otro territorio. Tienen muchas más competencias que un ayuntamiento pero no llega al nivel de autonomía y recursos que puede llegar a tener una comunidad autónoma", explicó Torres.

El Estado español reconoce de esta forma el carácter único de estas dos ciudades y les otorga mucho más peso político del que hubiesen tenido si fueran dos meros municipios.

A pesar del origen marroquí de muchos de sus habitantes y del crecimiento del islam, Torres explicó que hasta el momento no se ha generalizado un problema de identidad nacional.


"De hecho, los españoles ceutíes y melillenses con ascendencia marroquí se sienten más reafirmados en esa identidad española por una situación de bienestar material y de acceso a derecho y libertades que no se tienen al otro lado de la frontera", dijo Torres.

"Desde la visión mayoritaria de esas ciudades, las reivindicaciones de Marruecos se han sentido como una amenaza, no como algo planteable", añadió.

Sin embargo, en ocasiones ambas ciudades se sienten abandonadas por el Estado español. Ambas figuran como las dos últimas en nivel de riqueza per cápita del país, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas.

Su posición peculiar las hace muy vulnerables a lo que sucede en Marruecos y la economía de sus habitantes depende en gran medida del comercio sumergido y del contrabando que ha fluido a ambos lados de la frontera durante décadas.

Además, son el único punto de entrada terrestre a la UE desde África, lo que convierte a estas ciudades en el objetivo de miles de migrantes cada año.

Una situación que algunos consideran ha sido utilizada por Marruecos como arma política.
 
 
 
En la primavera de 2021, unos 8.000 migrantes cruzaron la frontera en un solo día. Entonces, se especuló con que guardias marroquíes habían hecho la vista gorda para abrirles paso. El incidente desembocó en una grave crisis diplomática entre España y Marruecos, provocando que el gobierno español enviara refuerzos a sus fronteras.

Casi un año más tarde, al menos 23 inmigrantes murieron y otros resultaron heridos cuando una gran multitud intentó cruzar a Melilla, aunque organizaciones de derechos humanos elevaron la cifra de fallecidos a 37.

El incidente se produjo cuando un amplio dispositivo de fuerzas marroquíes intentó detener a los migrantes con porras, gases lacrimógenos y pelotas de goma.

En marzo de 2020, las fronteras marroquíes se cerraron con estas dos ciudades por la pandemia del coronavirus y no reabrieron hasta dos años después. Durante las restricciones, la economía de sus vecinos sufrió y se evidenció aún más su dependencia del país africano.

El Observatorio de Ceuta y Melilla ha estado pidiendo al gobierno español medidas contundentes para cambiar el modelo económico de estas ciudades, disminuir la dependencia con Marruecos e impedir crisis futuras.

"Melilla y Ceuta se encuentran ante una crisis de extraordinaria seriedad, agravada en grado sumo por su dependencia económica de Marruecos. Algunos analistas de prestigio estiman que, bajo ciertas circunstancias, la no sostenibilidad de Melilla y Ceuta supone un riesgo para los intereses de España", concluyó uno de los informes del Observatorio.


¿Una nueva etapa?


Con el reconocimiento español del plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental a fines de marzo de 2022, la relación entre ambos países dio un giro considerable.

Esta estratégica región en el noroeste de África fue colonia española hasta 1975 y lleva desde entonces inmersa en un conflicto por definir su estatus. Por un lado, el pueblo saharaui pide ser un país independiente y, por otro, Marruecos considera que este territorio le pertenece.

Naciones Unidas estableció en 1991 la Minurso, una misión especial con el objetivo de celebrar un referéndum en el que el pueblo saharaui pueda elegir entre la independencia o la adhesión a Marruecos. Sin embargo, hasta la fecha no ha sido posible organizar la consulta.

Por primera vez en muchos años, España rompió su neutralidad sobre la situación de este territorio, ganándose críticas internas y abriendo a su vez otro enredo diplomático con Argelia, un rival histórico de Marruecos que defiende la alternativa saharaui al conflicto.

 

La posición de España ha supuesto una mejora indudable en su relación con Marruecos que para muchos también podría alivianar el reclamo marroquí sobre Ceuta y Melilla.

Aunque Carlos Echeverría, director del Observatorio de Ceuta y Melilla y profesor de relaciones internacionales en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, opina que "esa situación no cambia en absoluto".

"Aunque el mensaje de las autoridades españolas vaya en la dirección contraria, que Marruecos renuncie al reclamo sobre Ceuta y Melilla no se ha dejado por escrito en ningún sitio", dijo Echeverría a BBC Mundo.

 

*Este artículo fue publicado originalmente en mayo de 2022 y actualizado en julio de 2026 a raíz de una masiva ola de migrantes que cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta.

 

Fuente: Por qué Ceuta y Melilla pertenecen a España si están en África  

 

 



jueves, 18 de septiembre de 2025

¿Quién no cumplió la cita?

  


 

Por Robert Zacks

 

El amigo de cuyos labios oí esta historia ya murió;  por eso me consideró en libertad de relatarla.

 

Estaba yo, en compañía de mi padre haciendo un viaje mixto de negocios y recreo por Dinamarca y naturalmente, aprovechábamos todas nuestras horas libres para divertirnos. Ocurrió que un día entramos a echar un vaso de cerveza en una de esas pintorescas fondas danesas frecuentadas por los turistas.
―Es una lástima que no haya podido venir tu madre ―dijo papá― Hubiera sido encantador enseñarle todo esto.
En su juventud mi padre había visitado a Dinamarca.
―¿Cuánto tiempo hace que anduviste por aquí? ―le pregunté.
―Oh, cerca de 30 años… Y si mal no recuerdo estuve en esta misma fonda.
Miró en derredor como queriendo refrescar su memoria:
―Hermosos tiempos aquellos cuando…
Se detuvo súbitamente y observé que palidecía. Seguí la dirección de su mirada y vi que tenía los ojos clavados en una mujer que al otro lado del salón estaba sirviendo a un grupo de clientes. 
Debió de haber sido bella en otro tiempo pero ahora estaba muy metida en carnes y el desaliño del cabello le hacía poco favor.
―¿La conoces? —pregunté a mi padre.
—La conocí hace mucho…
La mujer se acercó a nuestra mesa y preguntó con brusquedad:
—¿Qué van a beber?
—Tomaremos cerveza —contesté.
La mujer hizo un gesto de asentimiento y volvió la espalda.
—¡Cómo ha cambiado! ¡Gracias a Dios no me reconoció! —dijo mi padre en voz baja enjugándose la frente con el pañuelo― La conocí antes de conocer a tu madre ―prosiguió― Yo hacía entonces una excursión de estudiante. Era una muchacha adorable, llena de gracia. Me enamoré de ella como un loco y ella de mí.
―¿Y mamá lo sabe? —interrumpí sorprendido.
—Naturalmente —repuso con afable expresión mi padre.
Noté que me miraba con cierta turbación y temí haber sido indiscreto.
—Papá —le dije— no es necesario que me expliques…
―Al contrario, hijo. Quiero contártelo todo para no dejar nada a tu imaginación.
El padre de la muchacha se opuso a nuestro noviazgo. Yo era un extranjero, no tenía carrera y dependía por completo de mi padre. Cuando escribí a éste que deseaba contraer matrimonio, me cortó la pensión. Tuve que regresar a casa. Pero me entrevisté con la muchacha una vez más y le dije que iba a volverme a América, pedir prestado bastante dinero para casarnos y regresar en su busca al cabo de unos meses.
—Sabíamos ―continuó― que su padre podía interceptar una carta y por lo tanto convinimos que yo me limitaría a enviarle por el correo un trozo de papel con una fecha escrita. En esa fecha ella me encontraría en determinado lugar y luego nos casaríamos. Bueno,  regresé a casa, obtuve el préstamo y le envié el papel con la fecha.
―¿Y qué pasó? ―pregunté.
―Ella recibió el papel y me contestó: «Estaré allá». Pero no estuvo. Entonces me enteré de que se había casado dos semanas antes con un mesonero de la localidad. No había esperado.
Hizo una breve pausa y añadió:
―Gracias a Dios que no esperó. Volví a la patria, conocí a tu madre y hemos sido verdaderamente dichosos. Con frecuencia bromeamos sobre aquel tonto amorío de mi juventud.
La mujer trajo la cerveza.
―¿Usted es norteamericano? —me preguntó.
—Sí.
—¡Hermosa tierra Norteamérica! —dijo con alegre expresión.
—Sí, muchos compatriotas suyos han ido allí. ¿Ha pensado usted en ir alguna vez?
—No. Digo, ahora no. Pensé ir hace muchos años. Pero me quedé aquí. Estoy mejor aquí.
Bebimos la cerveza y nos marchamos.

Una vez en la calle pregunté a mi padre:
―¿Cómo escribiste la fecha?
―Así ―me dijo― 12/11/13 que por supuesto era diciembre 11 de 1913.
―¡No! ―exclamé— ¡No en Dinamarca ni en ningún otro país europeo! Aquí se escribe en primer término el día. ¡Por consiguiente la fecha que tú escribiste no fue el 11 de diciembre sino el 12 de noviembre!
Mi padre se pasó la mano por la frente.
―¡De modo que estuvo esperándome ―exclamó― y se casó porque no acudí a la cita…
Guardó silencio como si aquella súbita revelación lo hubiera anonadado momentáneamente. Luego comentó:
―Bueno… deseo que sea feliz. Parece serlo.
Cuando reanudamos el paseo exclamé:
―Fue suerte que ocurriera así. De otro modo no hubieras conocido a mamá.
Me echó el brazo sobre el hombro y me dijo sonriendo cariñosamente:
―La suerte fue doble, muchacho, porque de otro modo tampoco te hubiera conocido a ti.

 

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo XV, N° 91, Junio de 1948, págs. 51-52, Selecciones del Reader’s Digest S.A, La Habana, Cuba

 

Notas

La foto de la ilustración en la página 51 es mía.

Pintoresca/co.- Dicho de algo como un país, una escena, un tipo o una costumbre: Que presenta una imagen peculiar.
Sinónimos: típico, característico.

Enjugar.-
Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc.
Sinónimos: secar, escurrir, enjutar.
Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. Sinónimo: Limpiar. DLE RAE

Metida/o en carnes.- Dicho de una persona: Algo gruesa, sin llegar a la obesidad. Diccionario Abierto de Español. significadode.org

Turbación: intranquilidad, desconcierto, aturdimiento, perplejidad, desasosiego, etc.

domingo, 8 de junio de 2025

El Mercader de Herat

Su estrategia de vendedor era tan irresistible, que me siguió los pasos por medio mundo.
 

Por James Michener


UNA VEZ viajé a la antigua ciudad de Herat, en Afganistán, y me alojé en un hotel que en otro tiempo había sido una mezquita y cuyos pisos eran de tierra. Apenas instalado, entró en mi habitación un hombre muy delgado, de negra cabellera, un tanto larga, y una sonrisa imborrable. De inmediato comenzó a arrojar al suelo 20 o 30 de las alfombras persas más encantadoras que jamás había visto.
Los diseños, por sí mismos, eran milagrosos: urdimbres intrincadas de símbolos coránicos enmarcados de grecas geométricas que hacían bailar los ojos. Y sus colores eran una auténtica delicia: rojos, amarillos, verdes y azules oscuros de una calidad radiante.
Supuse que se trataba de uno de los servicios que ofrecía el hotel, pero entonces el hombre me tendió un pedazo de papel donde estaba escrito a lápiz: Muhammad Zaqir, Mercader de Alfombras, Herat.
—¡No, no! —protesté—. ¡No quiero comprar alfombras!
—Yo dejarlas aquí —respondió sin dejar de sonreír—. Usted estudiarlas y aprender a que le gusten.
Antes de que pudiera renovar mis protestas, el hombre ya se alejaba con su camello.

Aquella noche regresó a mi habitación, alumbrada por la luz vacilante de una lámpara.
—¿Haber visto alfombras más bellas? —me preguntó—. Aquella ser de un amigo que vive en Mashlad; esas dos ser de Bukhara, y esta, de Samarkanda.

Volvió a la mañana siguiente, poco antes del mediodía. 
—Michener-sahib. ¿Un nombre alemán? —me preguntó.
Le expliqué mi procedencia, y entonces dijo:
—Tres, cuatro, quizás cinco de mis alfombras verse preciosas en su casa de Pensilvania.
—Mire, no necesito ni quiero alfombras para mi casa.
—¿No verse bien las alfombras en Pensilvania? —replicó.
Con la punta del pie apartó las que se habían quedado encima, a fin de revelar las desbordantes maravillas de las demás.
—Es grande, blanca y dorada, gustar a usted. Seiscientos dólares —prosiguió.
Al advertir mi asombro, se dio maña para tapar la grande con otras de menor tamaño.
—¡Ah, Michener-sahib! Usted debe tener buen ojo —dijo—. Esa ser de China. Ser de seda y lana; mirar los finos nudos.
Acto seguido me dio una conferencia sobre el arte de tejer alfombras: disertó sobre diseños, sobre variedades de nudos y sobre colores deslumbrantes. Era fascinante oírlo.

El tercer día, mientras bebíamos té, fue echando por tierra, una tras otras, todas mis objeciones:
—¿No poder llevarlas? Yo enviarlas. Salir en camello; en Karachi subir al barco; en tren salir de Nueva York; y luego en camión, hasta su casa en Pensilvania.
Me enseñó una libreta con las direcciones, en muchas partes del mundo, de compradores de sus alfombras. Su mercancía procedía de sitios tan remotos como Mashhad en Irán, o Bukhara, en Uzbekistán.
Al parecer, Muhammad Zaqir viajaba mucho con su camello de carga. 
En la libreta, a un lado de las direcciones de envío, estaban pegadas cartas en la que los clientes declaraban que las alfombras habían llegado a sus manos.
—Michener-sahib, yo dar precio especial. Yo dejar estas cuatro alfombras en 450 dólares. Nunca volver a encontrar ganga igual.
—No tengo dólares.
Al oír esto, Muhammad enumeró con rapidez las divisas que podía aceptar en sus transacciones: moneda británica, india, iraní, pakistaní, afgana…
—Amigo Muhammad —lo interrumpí—, no tengo dinero de ninguna clase.
—Yo saber, yo saber —gimió—. Pero usted ser honrado y yo aceptar su cheque personal.
Afligido, repuse:
—No tengo ni un solo cheque en blanco.
—Yo creerle —aseguró Muhammad—. Entonces, dibujar uno.
Me tendió una hoja de papel ordinario y, por primera vez en mi vida, dibujé un cheque. Se lo entregué, y a continuación Muhammad Zaqir enrolló las cuatro alfombras que yo había comprado, montó en su camello y se marchó.

De regreso en mi casa de Pensilvania, empecé a recibir dos clases de cartas. La primera era más o menos del siguiente tenor:
Soy su agente de embarques de Estambul. Recientemente llegó un carguero procedente de Karachi, con un paquete grande dirigido a usted. Cuando reciba su cheque por 19.50 dólares norteamericanos le remitiré el paquete.

Durante tres años recibí un flujo ininterrumpido de cartas procedentes de Karachi, de Estambul, de Trieste y de Marsella. Invariablemente solicitaban una suma inferior a 20 dólares, de manera que me inclinaba a pensar: Puesto que ya he invertido tanto en esto, bien podría arriesgar un poco más.

La segunda clase de cartas eran parecidas a esta: 
Soy el embajador de Italia en Kabul.
Hace poco estuve en Herat, donde un mercader de alfombras me mostró ese extraño cheque que usted le dio. Me preguntó si se lo pagarían cuando deseara hacerlo efectivo, y yo le aseguré que no habría inconveniente. A mi vez, le pregunté por qué no lo había presentado todavía para su cobro, y contestó: “Michener-sahib ser un hombre famoso. Yo mostrar su cheque a gente como usted, y vender muchas alfombras”.


Recibí cartas de viajantes de comercio franceses, de exploradores ingleses, de comerciantes indios, de toda la variedad imaginable de personas que acudieron a la ex  mezquita de Herat.

Un día, llegaron las alfombras, como me había prometido Muhammad Zaqir, junto con una cantidad tal de documentos de embarque que por sí mismos podían figurar en la colección de un museo. Al cabo de cinco años, el cheque que yo había dibujado y que había servido como propaganda llegó al banco, y este pagó su importe.

Aprecio mucho mis magníficas alfombras y estoy muy contento de tenerlas; pero quizás  disfruto más mis recuerdos del honrado mercader que durante cuatro días hizo gala de ingenio para persuadirme a comprarlas.


Condensado  de “The World Is My Home: A Memoir”, © 1992 por James A. Michener. Publicado por Random House, Inc., de Nueva York, Nueva York.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIV, N° 624, Año 52, Noviembre de 1992, páginas 111-113, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos


Notas
Greca: Adorno consistente en una faja más o menos ancha en que se repite la misma combinación de elementos decorativos, y especialmente la compuesta por líneas que forman ángulos rectos. DLE. RAE

Sahib: Señor, amo. Se usaba especialmente entre los habitantes nativos de la India colonial cuando se dirigían o hablaban de un europeo de algún estatus social u oficial. Diccionario Merriam-Webster

Tenor: Contenido literal de un escrito u oración
A tenor, a este tenor: Locución adverbial.-  Por el mismo estilo, de la misma manera. DLE. RAE

Karachi: Ciudad más poblada, y centro financiero y portuario de Pakistán. Wikipedia

Trieste: Ciudad en el norte de Italia, a orillas del Mar Adriático.

Kabul: Ciudad más poblada y capital de Afganistán.

miércoles, 23 de abril de 2025

Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos (y las curiosas reglas de Roma, Atenas y Londres)

 

 
Hay rascacielos, pero Europa es relativamente bajita

 

Por BBC News Mundo
Redacción

 

Los rascacielos son, para algunos, el símbolo definitivo del progreso y la modernidad. Para otros, una fea mancha en el horizonte natural.

Las primeras edificaciones decididamente altas que conocemos fueron los zigurats de adobe cocido de Sumeria, que se alzaban en lo que una vez fue Mesopotamia y hoy es el sur de Irak.

Eran estructuras religiosas forjadas con la fusión de riqueza recién acumulada y la creencia en algo más allá de la existencia material.

Ese deseo de alcanzar el cielo mientras se celebraba tanto la fortuna y poder como a los dioses también dio lugar a las pirámides del antiguo Egipto y, milenios más tarde, a las agujas de las catedrales medievales.

La Gran Pirámide de Guiza, terminada en el 2540 a.C., no tuvo rival, elevándose por encima de todas las demás edificaciones... hasta que se completó la aguja de la Catedral de Lincoln en Inglaterra en 1092.

Pero fue a finales del siglo XIX, cuando las estructuras de acero y los ascensores seguros hicieron que vivir y trabajar a 300 metros de altura fuera una realidad sensata y rentable, que surgieron los rascacielos en Chicago y Nueva York.

Y también fue en esa época cuando se hizo más evidente otra de las principales razones para construir a tal altura: la competencia.

La carrera hacia las nubes empezó en esas dos ciudades estadounidenses, pero con el tiempo otras urbes del mundo las dejaron atrás.

Hoy en día, en la lista de los 100 edificios más altos del planeta del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH), el primero que aparece de EE.UU. es One World Trade Center, de Nueva York.

Está en 7° puesto, y con 541 metros de altura, es 287 metros más bajo que el indiscutible campeón, el Burj Khalifa de Dubái.

De hecho, los primeros puestos en esa lista muestran cómo los estados, reinos y emiratos de Medio Oriente compiten con China, mientras que otros países, deseosos de exhibir su nueva riqueza, se han sumado a este juego de números.

Sin embargo, Europa es una curiosa excepción.

El Centro Lakhta de San Petersburgo, con sus 462 metros, es el más alto de Europa, pero no la edificación más querida de la ciudad. 

Si bien es cierto que en el puesto 16 de esa lista está el Centro Lakhta de San Petersburgo, el primer edificio europeo que hace aparición, y que mucho más abajo aparecen 3 de Moscú y uno de Estambul, no hay ninguno de Europa Occidental.

Es más: solo siete de los 1.000 edificios más altos del mundo se encuentran en la Unión Europea.

El que ostenta el título del rascacielos ocupado más alto de toda la U.E. es el Varso, un edificio de oficinas en el centro de Varsovia, Polonia, pero alcanza apenas el lugar 179º en el ránking global.

El segundo más alto en esa región, la Torre Commerzbank de Frankfurt, Alemania, es el 552°, a pesar de alzarse 259 metros.

Con gran parte del mundo comprometido en una misión para construir su escalera hacia el cielo, ¿por qué Europa ha permanecido tan... bajita?

 

Sin bloquear la vista

No es que en Europa Occidental no haya rascacielos, sobre todo si tienes en cuenta que un edificio es considerado "rascacielos" si tiene una altura mínima de 100 metros.

Incluso tiene de los que se clasifican como rascacielos "altos", que superan los 150 metros, pero muy pocos "super altos", de más de 300 metros, y ninguno "mega alto", cuyo tamaño debe ser de más de 600 metros.

Y siendo un territorio rico con escaso terreno y mucha gente (Alemania, por ejemplo, tiene una densidad de población mayor que los Emiratos Árabes Unidos, obsesionados con los rascacielos), cabría esperar que Europa construyera masivamente hacia arriba.

Pero no ha sido así, y no es por falta de conocimientos ni posibilidades.

¿Recuerdan los avances claves que dispararon la carrera al cielo: las estructuras de acero y los ascensores para acceder a las plantas superiores?

Europa contó desde un principio con todas las habilidades necesarias, como demostraron magistralmente el francés Gustave Eiffel en 1889 y el alemán Werner von Siemens, quien inventó el primer ascensor eléctrico en 1880.

Es por diversos factores, pero uno de los más cruciales es que sencillamente es muy difícil construirlos debido a las complejas regulaciones destinadas a proteger el patrimonio cultural.

 

La Basílica de San Pedro determina la altura máxima en la zona central de Roma.

 

Tomemos a Atenas, por ejemplo.

Sus edificaciones no pueden bloquear las vistas del Partenón.

Están limitadas a solo 12 pisos, a menos de que estén lo suficientemente lejos para que no impidan ver el templo a la protectora de la ciudad, Atenea, la diosa de la sabiduría, la estrategia y la justicia.

De manera similar, en la zona central de Roma, ningún edificio puede superar la altura de la Cúpula de la Basílica de San Pedro, o de lo contrario se enfrentará a la ira de Dios, o del Papa o, al menos, de algunos burócratas de la ciudad.

Ese límite de 136 metros fue roto en el año 2012, cuando se levantó el rascacielos "Torre Eurosky" de 155 metros de altura.

Pero sólo se pudo construir gracias a que estaba por fuera del área de prohibición, en el distrito residencial y comercial EUR.

Y luego está Londres.

La capital británica no es ajena a los rascacielos.

El más alto, The Shard, ocupa el lugar 195 en el ránking global; con sus 306 metros de altura se eleva apenas un metro más que el T.Op Corporativo (Torres Obispado) de Monterrey, México.

Pero aunque hay varios rascacielos, incluso allí no es tan fácil construirlos, en gran parte debido a una ley de 1938 diseñada para proteger la Catedral de San Pablo o al menos una vista de este edificio que alguna vez fue el más alto de Londres, con 111 metros.

No se puede construir nada que tape la vista de la Catedral de San Pablo desde ocho puntos de Londres. 

Hay ocho miradores protegidos que atraviesan Londres, todos los cuales deben preservar una vista de la icónica catedral.

Un obstáculo complicado de sortear para los aspirantes a romper récords. 

 

Los colados (y odiados)

Ahora bien, también es cierto que, con el tiempo, algunos edificios más altos se han colado ocasionalmente.

Pero a menudo, son controvertidos y despreciados.

Pocos más que la famosa estructura alta de París.

No, no la Torre Eiffel, sino la Torre Montparnasse, con 210 metros.

Construida en 1973, fue tan repudiada que rápidamente se introdujo una nueva ley que limitaba todos los edificios nuevos en el centro de París a solo 37 metros.

Solo en el suburbio del distrito comercial de La Défense se levantaron después edificios altos, aunque nunca tanto como los de otras partes del mundo.

Esa es una tendencia en Europa: los rascacielos, a menudo, suelen estar en la periferia.

Ojos que no ven (o que al menos pueden evitar ver), corazón que no siente.

Aunque incluso eso a veces no es satisfactorio.

                                  Uno amado, otro odiado.

 

Hasta el Centro Lakhta de San Petersburgo, sede de la empresa estatal de gas Gazprom, que podría ser motivo de orgullo de todos por ser el rascacielos más alto de Europa, enfrentó una férrea oposición.

La ciudad fue construida por voluntad de Pedro el Grande en el siglo XVIII para que fuera un "antídoto contra Moscú" y su "ventana a Europa".

Y estuvo protegida, hasta la erección de ese rascacielos, por un decreto que prohibía edificios más altos que el Palacio de Invierno.

Durante mucho tiempo, en la silueta que definía la ciudad se destacaban sus tres torres: la Catedral de Pedro y Pablo, el Almirantazgo y la del Castillo de San Miguel.

La aparición del Centro Lakhta irrumpió en el famoso panorama.

                 El Centro Lakhta, a la izquierda, ahora hace parte de la silueta de San Petersburgo.

Organizaciones públicas y los residentes locales descontentos intentaron bloquear su construcción.

La UNESCO amenazó con despojar a la ciudad de su condición de patrimonio histórico.

La indignación pública obligó a que se cambiara la ubicación de la torre a las afueras, sin embargo muchos activistas siguieron viendo ese logro como una derrota.

 

Vista al cielo

Por supuesto, hay otras razones, además del patrimonio cultural y la estricta regulación, que diferencian a los horizontes europeos de sus homólogos del mundo.

La geografía distintiva en ciertas partes de Europa también influye, como señala el articulista Carlemagne en The Economist.

Dada su latitud norte, las vistas desde los penthouse de los rascacielos se obtienen a costa de más oscuridad para el resto.

En Gotemburgo, Suecia, por ejemplo, los 245 metros de altura del Karlatornet proyectan una sombra a media tarde de aproximadamente la misma longitud que la de los 828 metros del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.

Y eso importa mucho en un lugar que recibe, en promedio anual, poco más de 5 horas de luz del Sol al día.

Para algunos, otra razón puede ser la falta de necesidad: los rascacielos imponentes no sólo son símbolos de estatus sino que sirven para darle visibilidad a las ciudades que los alojan.

Ni a París, ni a Roma, ni a Atenas, ni a Praga les hace falta un edificio alto para fijar su lugar en el mapa cultural de la humanidad.

Para otros, es muestra de que el Viejo Continente se ha dado por vencido, y no puede competir con lugares más jóvenes y modernos.

El caso es que, hasta ahora, Europa ha resistido en gran medida la tentación de construir cada vez más alto.

Y hay quienes opinan que, dada la belleza de su histórica arquitectura que no le obstruye a nadie la vista al cielo desde sus plazas y bulevares arbolados, ojalá siga siendo así.

 

Fuente:  Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos

 

 

 

viernes, 28 de marzo de 2025

Colección El Mundo en Color

Editada por Doré Ogrizek, Pierre Daninos et al

Ediciones Castilla

1950-1962

Cada volumen encuadernado de tapa dura viene con sobrecubierta a colores (si acaso la tiene), un prólogo, textos de varios autores que están acompañados con fotos, mapas y bellas ilustraciones de diversos dibujantes.



Italia

París

Portugal

Estados Unidos

Países Nórdicos. Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia

Benelux. Bélgica, Holanda, Luxemburgo

España

Saber Vivir Internacional (Sabre Vivre). Formas de comportarse en todos los países
 
Gran Bretaña

El Mundo en la Mesa. Guía-Diccionario de la Gastronomía Internacional

África del Norte. Argelia, Túnez, Marruecos Español y Francés, Sáhara, Libia

Francia. Sus Provincias

Suiza

Tierra Santa. Jordania, Siria, Líbano, Israel

Alemania

México/América Central/Antillas

Japón

América del Sur, Tomo I. Brasil. Venezuela, Colombia, Ecuador

América del Sur, Tomo II. Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú

Grecia

África Negra. Etiopía, Madagascar

Yugoslavia

Austria


viernes, 7 de julio de 2023

"La gente piensa que España colonizó América, pero la conquista fue pactada entre indígenas y españoles: el 95% de los conquistadores eran indígenas"

Por José Carlos Cueto

BBC News Mundo

 


 

 "El Descubrimiento de Europa" es un libro que cambia nociones.

Su autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.

Y es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo cambiaron para siempre.

El libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber participado en la conquista. 

O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas. 

BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.

 

Es un libro detallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.

Cuando escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para ser creíble.

El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.

La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.

¿Quién se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista Tahuantinsuyo con 2.000.000 km2? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos, conquista la federación mexica?

La conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y jefaturas.

De hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos, extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y mantener sus privilegios.

Muchos de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.

En España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos nobiliarios.

Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.

Mucha de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

Esa es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas. 

 

No parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la historia.

En la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.

Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.

He trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.

Hay una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes contar más que sobre el genocidio, pero también están los rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los salvajes.

El mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores, magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.

En el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.

La historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos lados.

Los de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media, acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas también me critican.

Claro que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como fueron y ya está.

Había eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.

Ni siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su idolatría y fuera del evangelio.

De las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero. 

 

Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.

España descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después, en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando americanos a Europa y descubriéndola.

Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.

Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.

 La cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.

En los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos fueron marcados para registrar su propiedad.

Aquí hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los capturados en guerra justa.

Después, en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que luego sirvan de esclavos.

Abolir la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros, aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una política de Estado, sino acciones individuales.

Hubo mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los esclavos indígenas en España desde 1542.

Aunque siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de Castilla. 

 

Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.

Es verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.

Aunque también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias. La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su proyecto.

Se da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de esclavos y venderlos en los mercados europeos.

No pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América a Europa. 

 

¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?

En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.

Primero, genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra realidad.

Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.

Culturalmente, ¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena? Tiburón, piña, tomate... un porcentaje muy alto de las palabras del castellano procede de los distintos idiomas indígenas.

A nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.

Muchas veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo indígena. 

También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.

El Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas del Colegio de San José de los Naturales en México.

No se sabía que muchos de los cruficados devotos españoles proceden del mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede creer.

Hay inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.

Cuando le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre española corre sangre indígena.

Es lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y nos influyeran remueve conciencias.

 

¿Puede esto tener algo que ver con racismo?

 No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.

A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.

El mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España, se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en Madrid.

Los mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que habitan y no existía problema racial.

Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.

Si eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al igual que en el siglo XVI.

 

Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro

Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.

Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.

La visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba, porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.

Si venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera, les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la atención la extrema pobreza.

Ellos venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa miseria entre sus miembros.

Muchas sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles. Destruyeron grandes civilizaciones.

 

En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.

Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.

Es interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas, en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.

Como indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.

Hay un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.

Y ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos conociendo todo el corpus legal español.

Incluso, los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban mucho.

El libro también rompe con ese estereoptipo del indígena ingenuo y permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de España.

Una cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así era la mentalidad de la época. 

 

¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?

Difícil. Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores. Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.

Muchos otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.

En 1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.

Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.

Es importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con cartas.

Si un español cualquiera quería verse con el rey lo tenía difícil.

Pero este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión directa. 

 

Fuente:

Conquista Pactada