«Vi en el aire un gran cuerpo opaco que tapaba el sol. Era redondo, plano y refulgía al sol. Tomé mi catalejo de bolsillo y pude distinguir claramente a muchas personas que bajaban a tierra por una maroma
Por medio del imán la isla puede elevarse, descender y trasladarse de un lugar a otro. Cuando el imán está vertical y su polo de atracción mira a la tierra, la isla desciende, pero cuando su polo de repulsión mira hacia abajo, la isla sube verticalmente. Cuando el imán está en diagonal, la isla también avanza en dirección diagonal»*
―
*Esta cita y las siguientes han sido traducidas de la versión rusa (Nota de la Redacción).
«Estos científicos pasan la mayor parte de la vida observando los movimientos de los cuerpos celestes. Han descubierto dos pequeñas estrellas o satélites en órbita alrededor de Marte. El más cercano se encuentra del centro de Marte a una distancia equivalente a 3 diámetros del planeta y el más alejado, a una distancia de 5 diámetros».
Uno se pregunta cómo podía conocer Jonathan Swift los satélites de Marte, que fueron descubiertos por los astrónomos sólo un siglo y medio después, en 1877.
Para descifrar las fantasías de Swift, me remití a los mitos, leyendas y crónicas antiguas. Resulta que ya en tiempos inmemoriales los héroes de la epopeya sánscrita Ramayana realizaban vuelos aéreos en ciertas naves. En otras obras antiguas también se habla a menudo de «naves aéreas», al parecer, observadas sobre los territorios de las antiguas Grecia y Roma. Casos similares relatan las crónicas medievales. En el siglo IX, por ejemplo, según un cronista, sobre una ciudad noruega apareció una misteriosa «nave», que luego se alejó suavemente. Un caso análogo describen los Anales Irlandeses del año 956.
No son pocas las notas similares que podía conocer Swift. En general, en ellas se habla de los veleros más corrientes, sólo que vuelan. Sin embargo, la «isla volante» Laputa es un círculo o un disco regular. ¿Por qué el escritor eligió justamente esta figura?
Se puede, claro está, suponer que en parte se debió a la idea corriente que, en la mayoría de los casos, vincula el concepto «isla» con formas redondeadas. Pero me parece que otra explicación se halla más cerca de la verdad.
En estas mismas obras de autores antiguos, antiguos, aparte de las «naves aéreas», se mencionan otros objetos de fuego volante que refulgían como un sol. Fenómenos similares se describen en las crónicas medievales. Se han conservado incluso grabados antiguos que representan extraños discos y objetos esféricos luminosos.
Por eso no carece de lógica la suposición de que las fantasías de Swift, con toda probabilidad, se basaban en materiales de este tipo, independientemente de los fenómenos que observaran en realidad los testigos. Lo más probable es que la información sobre las «naves volantes» se haya originado en los espejismos más corrientes, cuya naturaleza conoce muy bien la ciencia moderna, y los objetos voladores ovalados y luminosos en los rayos esféricos, bólidos de gran tamaño y otros fenómenos naturales, incluyendo los anómalos, cuyo origen aún no ha sido explicado satisfactoriamente.
En cuanto al enigma del motor magnético laputiano, se deben buscar sus raíces en fuentes de otro orden. Poco antes de Los Viajes de Gulliver, el mundo científico había conocido la obra del destacado físico inglés William Gilbert Sobre el imán y los campos magnéticos, donde, en particular, se decía: «Toda la masa de la Tierra no es otra cosa que un inmenso imán; los imanes menores son como pequeñas tierras atraídas por el todo». Partiendo de esta afirmación, no es difícil llegar al «corazón» magnético de Laputa.
Pese a que Siwift pudo basarse en ciertas fuentes de conocimientos, no debemos olvidar que Los Viajes de Gulliver en la clasificación moderna es una obra de ciencia ficción con todos los rasgos propios del género. Y al escritor de ciencia ficción le es dado adivinar intuitivamente. ¿En qué información secreta, se basó Julio Verne cuando escribió que el primer vehículo circunlunar tripulado llevaría a bordo tres personas, despegaría en diciembre de la península de Florida y amarizaría en el Atlántico? ¿O el conocido Alexéi Tolstói, que en su novela El Gran hiperboloide del ingeniero Garin describió detalladamente las propiedades del láser? A propósito, la palabra «robot» apareció por primera vez en un relato de Karel Čapek y sólo después pasó al lenguaje científico. En ese entonces el escritor no sabía nada de cibernética. Un relato de ciencia ficción de Iván Yefrémov dio el impulso necesario para la invención de la holografía. Podría citar muchos otros ejemplos semejantes.
Por lo visto si Swift descubrió los satélites de Marte, fue gracias a su rica fantasía. Pero no sólo a eso. En aquel entonces estaba de moda la teoría conforme a la cual las distancias entre los planetas se subordinan a la progresión geométrica. Los satélites de Júpiter, descubiertos por Galileo, sugerían que como la Tierra tiene un satélite y Júpiter, cuatro, Saturno debe tener 8 y Marte,dos. Además deben ser pequeños y estar situados cerca del planeta, porque en caso contrario ya los hubieran descubierto mucho tiempo atrás.
Así que en Los Viajes de Gulliver no hay nada sobrenatural, que no pueda ser explicado en base a la lógica… En cuanto a las profecías, ahora entre las materias científicas ya establecidas pasa a ocupar su lugar, con pleno derecho, una nueva ciencia, la pronosticación. Y no es un secreto que los pronósticos más acertados contienen gran parte de intuición surgida en las profundidades de la psiquis humana. Sin embargo, siempre nos asombramos cuando el fruto de la fantasía, de la imaginación creadora, se vuelve realidad. Ya me he referido a los personajes de Verne, cuyo vuelo finalizó en las aguas del Océano Atlántico. También concluyó con una amarización el viaje a la Luna contado por Wells, y el capitán Gulliver regresó de su segundo viaje de manera análoga:
«De pronto sentí que caía verticalmente, y a una velocidad tan increíble que se me cortó la respiración. Luego oí un horrible chapoteo que resonó en mis oídos con más fuerza que las cataratas del Niágara. Estuve un minuto sumido en las tinieblas, después mi cámara comenzó a ascender y vi luz en la parte superior de las ventanas. Comprendí que había caído en el mar».
Cualquier astronauta podría haber escrito hoy estas palabras.
Dibujos de Alexéi Tertish
Adaptado de la revista Tejnika-Molodiozhi
Revista Sputnik. Selecciones de la Prensa Soviética, N° 3, Marzo de 1984, págs. 156-160, Agencia de Prensa Nóvosti, Moscú, Rusia
Notas
Vadim Borisóvich Vilinbájov (1924–1982) fue un reconocido historiador, docente y divulgador ruso, especialista en historia militar y en los orígenes del armamento en la antigua Rusia.
Maroma: cuerda gruesa o cable.
—Con esto complementamos lo dicho por el artículo:
1. La progresión geométrica de Kepler: En la astronomía del siglo XVIII estaba muy arraigada la idea de la "armonía de las esferas" y la simetría en el Sistema Solar. Los astrónomos sabían que la Tierra (tercer planeta) tenía 1 luna y que Júpiter (quinto planeta) tenía 4 lunas descubiertas por Galileo. Marte estaba justo en medio (cuarto planeta). La lógica deductiva de la época dictaba que Marte debía tener satélites para mantener la proporción: 2 lunas encajaban a la perfección en la secuencia (1, 2, 4).
2. Las especulaciones de Johannes Kepler y Voltaire: El propio Kepler ya había postulado en 1610 que Marte debía tener dos lunas, basándose en una mala traducción de un anagrama que le envió Galileo sobre los anillos de Saturno. La idea de las dos lunas marcianas flotaba en los círculos académicos ingleses y franceses como una hipótesis no probada. Swift simplemente tomó esa teoría académica y la dio por cierta en su ficción.
3. El cálculo físico de la velocidad orbital: Aquí es donde Swift estuvo brillante. Aplicando la tercera ley de Kepler (que relaciona la distancia de un satélite con el tiempo que tarda en dar una vuelta), dedujo que si Marte era un planeta pequeño y sus lunas no se habían visto con los telescopios de la época, tenían que ser diminutas y estar pegadísimas al planeta. Y por pura física, cuanto más cerca está un satélite, más rápido tiene que girar para no caerse. Por eso calculó con tremenda puntería que la luna interior orbitaba en apenas 10 horas.
Cuando en 1877 Asaph Hall descubrió las dos lunas desde el Observatorio Naval de EE. UU., la sorpresa fue tan monumental que la Unión Astronómica Internacional decidió bautizar dos de los cráteres más grandes de Deimos con los nombres de Swift y Kepler.
—Sobre lo que menciona Vilinbajov sobre Tolstói y Yefrémov en ambos casos tiene un fondo real muy curioso que la historia de la ciencia terminó validando de forma literal:
1. Alexéi Tolstói y el láser: En su novela El hiperboloide del ingeniero Garin (1926–1927), Tolstói describió con un asombroso nivel de acierto técnico un haz de luz concentrado capaz de cortar metal a distancia y fundir objetos, anticipándose décadas a la invención real del lásaer. De hecho, el propio Charles Townes, uno de los padres del láser moderno, reconoció públicamente que su fascinación e inspiración inicial con la idea de la amplificación de luz por emisión estimulada le vino de leer estas historias de ciencia ficción clásica y especulativa.
2. Iván Yefremov y la holografía: Yefremov escribió en 1945 un relato titulado La sombra del pasado (Teni proshlago), donde describía un fenómeno óptico en el que una placa especial grabada por depósitos minerales retenía imágenes tridimensionales del pasado que podían reprojectarse con luz —una descripción conceptual idéntica a la holografía moderna. Años más tarde, el físico soviético Yuri Denisyuk, pionero de la holografía óptica, admitió de manera explícita que se le encendió la bombilla y conceptualizó su invento precisamente tras leer aquel cuento de Yefrémov.
Datos de Bdebooks, Wikipedia, Researchgate, bioslovhist.spbu.ru y otros.
Tuve que poner ambas imágenes de la revista como tal sino el sistema las modificaba más.
Las notas han sido hechas con la ayuda de Gemini, la IA de Google.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
No ponga datos personales porque Internet no es tan confiable y por seguridad tendremos que borrarlos.
Es bienvenido si quiere aportar con datos de las colecciones u otros.
No se preocupe: Algunos títulos no faltan sólo que por razones X no estarán en los listados.