lunes, 26 de octubre de 2026

¡Vaya con la lógica inglesa!

Incomprensible para la mayoría, allá para todos es irrefutable
 
 
 
Por Roy Pearson

 
 
EN CUANTO desembarqué en Inglaterra, me sentí mareado. Rara vez obtenía respuestas a mis preguntas o, lo que era peor, las que me daban no las entendía yo. 

Veamos, por ejemplo, la cuestión del café. Todo el mundo sabe que en Inglaterra la gente civilizada toma té, pero a mí me gusta el café, de modo que cierta tarde el corazón empezó a latirme apresuradamente cuando en una fonda divisé un  letrero que decía: ”Té y café”.
―Un café, por favor ―le dije a la camarera.
―Lo lamento, señor ―me contestó― pero sólo servimos té.  El café de sirve a las once de la mañana. 
Como tenía a la vista, sobre una mesa contigua, un frasco de café “instantáneo”, insistí.
―¿No es café lo que está allí? Y el frasco está abierto, ¿no? Y tendrán ustedes agua caliente para hacer el té, ¿verdad? ¿Por qué no puedo poner una cucharadita de café en una taza de agua hirviendo y servírmelo?
―¡Ah, no, señor! El café es para las once de la mañana. ¡A las cuatro de la tarde se sirve té!

Durante varios días me consolé, confuso, con la idea de que se trataba sencillamente de una camarera algo rara. Mas una mañana leí en el periódico la carta siguiente: 

Almorzando en un restaurante de Glasgow, pedí que me sirvieran una compota de manzanas sin las natillas con que la anunciaba el menú, pero la camarera me respondió: “Perdón, señor, pero el plato consiste en compota de manzanas con natillas”.
Le indiqué que no debía ser muy complicado el dejar de agregar las natillas a la compota, y la camarera fue a la cocina a consultar. Cuando volvió, me dijo que lo que yo pedía era imposible, ya manera de explicación añadió: “El cocinero dice que si le vamos a servir a cada uno lo que se le antoje, a donde iríamos a parar”.


Sin embargo, fue en un pueblecito de la región de los lagos donde encontré una muestra de lógica británica imposible de refutar. Poco antes de la una llegamos a un restaurante y encontramos la puesta cerrada con llave. Vi a un sujeto parado en la acera y le pregunté la razón de que el restaurante no estuviera abierto a esa hora. 
―Es muy sencillo ―repuso, con el tono del padre que contesta a la pregunta ingenua de su hijito―. Para que las camareras puedan ir a almorzar a su casa. 

Uno de los problemas más enojoso de Inglaterra es de saber a qué hora estará abierto un establecimiento público. Después de haber pasado tres veranos en Edimburgo, sólo tengo una noción muy vaga de las probabilidades con que contaré de hallar una tienda cuyo propietario esté dispuesto a atenderme. Los lunes por la tarde están cerradas las pescaderías y los martes las tiendas de paños. La mayoría de las casas de comercio de la calle George cierran los sábados por la tarde, en tanto que las de la calle Princes lo hacen los martes por la tarde, además de los sábados.  El domingo estarán casi todas cerradas y el viernes casi todas abiertas, ¡pero el miércoles hay muchas tiendas de todos los ramos que están abiertas y muchas otras que están cerradas!

Tampoco me resulta fácil saber cuándo puedo visitar un edificio público No es que falte información, ni tampoco que yo no sepa leer: por el contrario es lo que leo, precisamente. He aquí parte de la descripción del castillo de Edimburgo, según la guía oficial: 

CASTILLO DE EDIMBURGO. Mapa 10, NT/27. Abierto: días ordinarios, 10 a 4 (dom. 11 a 4), nov 1° a ene. 31: días ordinarios, 10 a 5 (dom. 11 a 5), feb 1° a jun. 1°; días ordinarios, 9:30 a 6 (dom. 11 a 6), jun. 2 a set. 13. (A reserva de circunstancias imprevistas entre ago. 22 y set. 10) Dom., Sólo están abiertos los recintos y el monumento a los muertos en la guerra, excepto entre jun. y set.


Es extraño que yo me sienta tan confundido en Gran Bretaña, pues lo que allí sucede parece comprensible para todos los demás. En un hotel cuyos clientes en su mayoría eran montañistas que cada tarde regresaban de sus excursiones llenos de sudor y barro, encontraba yo el cuarto de baño cerrado con triple llave hasta después de terminada la cena. Ante mi asombro, el dueño me explicó pacientemente:
―Usted comprenderá, señor, que después de todo, si el cuarto estuviera abierto  antes de la cena, todo el mundo querría bañarse.

A quien se le ocurra pedir en un restaurante de categoría  un poco de mantequilla para untarla en el pan se le  dirá que es imposible, pues la mantequilla sólo se sirve con queso… y no para tomarla con el pan, sino con bollos. Y si no quiere uno tomar una taza de té en la cama antes del desayuno, será mejor que se prepare de una vez para una ruda lucha, pues en Inglaterra el no tomar té en la cama es peor que faltar el respeto a la madre.  Cuando yo lo rechacé, el ama de llaves se irguió en toda su pequeña estatura y observó:  
―Me temo que usted no se da cuenta, señor, de que en Inglaterra todos los caballeros (aquí una pausa significativa) toman el té antes de levantarse. 

Recuerdo muy bien  un barbero de Oxford que me explicó con toda solemnidad su método infalible para pronosticar el tiempo: si por la mañana temprano había niebla, haría día claro; si la mañana era despejada, el día sería lluvioso.
―Salvo ―añadió tranquilo― que algunas mañanas de niebla se convierten en días lluviosos y algunas mañanas despejadas en días despejados.



Condensado del “Herald Tribune”, de Nueva York

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Junio de 1963, Tomo XLV, N° 271, págs. 73-75, Reader’s Digest International, Inc., Nueva York


 
Nota
 
El subtítulo original decía: Incomprensible para los más, es allá para todos irrefutable.

Visto desde la gramática tradicional, "los más" funciona aquí como sinónimo de "la mayoría" (un calco del latín multi o del francés les plus). Por lo tanto, la frase significa: "Incomprensible para la mayoría, es allí para todos irrefutable".

Sin embargo, a los oídos de hoy en día (y en el español corriente), "los más" suena un poco forzado, arcaico o ambiguo, porque parece que faltara un sustantivo al lado (¿los más qué?). 

Cambiarlo por "la mayoría" elimina de golpe cualquier sombra de duda y suena natural para cualquier lector de hoy.






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