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Un genio, por lo tanto, pero uno que —según los expertos— quizás nunca existió.
Cada vez más, los investigadores contemporáneos creen que Homero, como autor de estas dos obras fundamentales, no fue un individuo histórico. Su nombre sería la personificación de un colectivo de poetas y editores, de generaciones que recopilaron tradiciones orales y las plasmaron por escrito.
"No hay pruebas de que haya existido un autor llamado Homero, al menos no como creador de dos grandes clásicos de la literatura universal", afirma el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).
"Lo más probable es que sea una tradición posterior la que vincule estas dos obras, 'La Ilíada' y 'La Odisea', a un único autor llamado Homero".
"Podemos suponer que estos Homeros, en plural, eran los editores que revisaron y copiaron estas obras en sus versiones escritas mientras la tradición oral seguía existiendo", comenta Justi.
Así, se define a Homero mucho más como "una tradición de autores" que como una persona en sí misma.
"Aportó una visión muy equilibrada del problema. Dijo que Homero fue el poeta que escribió 'La Ilíada' y 'La Odisea', pero que esto no era una afirmación histórica, sino más bien un juicio estético", comenta Cornelli.
"No tiene sentido buscar al Homero histórico. Nos corresponde comprender a Homero como autor estético, como autor literario".
El profesor Cornelli sitúa las obras atribuidas a Homero, junto con los textos de la Biblia judía, como "los pilares que sustentan nuestra cultura occidental".
"Ya en el siglo V a.C., los jóvenes estudiantes atenienses tenían que aprenderse de memoria [los textos atribuidos a] Homero, e incluso ser capaces de comentar algunas de las palabras más difíciles", dice Cornelli.
Fue durante este período, explica el experto, cuando muchos estudiantes comenzaron a notar discrepancias estilísticas en algunos de los textos atribuidos a Homero y a marcar los pasajes que consideraban de dudosa autenticidad.
Pero el debate tardó mucho en resurgir con la misma fuerza.
La conclusión se extrajo después de que Wolf observara que poemas de esa extensión "no podrían haber sido compuestos y conservados por escrito" en aquella época, explica el filósofo Dennys García Xavier, profesor de la Universidad Federal de Uberlândia (UFU).
"Partiendo de esta premisa, concluyó que las epopeyas debían entenderse como el resultado de una larga transmisión oral, habiendo sido recopiladas y fijadas solo posteriormente".
Wolf concluyó que el texto solo podía ser el resultado de una reorganización de composiciones orales, lo cual, según la valoración de Cornelli, era fundamental para el debate, "porque desplazó la cuestión principal a si existe algún rastro de originalidad por parte del autor Homero o de los autores homéricos, o si estos fueron simplemente compiladores de tradiciones orales anteriores", afirma.
Otro problema que surge, según Cornelli, es que el griego usado es "una mezcla muy artificial, hasta el punto de que, con cierta exageración, existen varios dialectos diferentes".
Pero Xavier señala que Wolf no pretendía demostrar que Homero nunca existió. "Su principal objetivo era la concepción tradicional de un único poeta que escribió, solo y de una sola vez, los poemas tal como nos han llegado".
La tradición griega antigua incluía poetas cantores -los aedos- que actuaban en público, viajando de pueblo en pueblo. Lo más probable es que estas historias se transmitieran de esta manera, a través de la tradición oral.
Con el tiempo, grupos de escribas comenzaron a recopilarlos, en un esfuerzo colectivo que debió durar generaciones, con revisiones, ediciones y adiciones.
"Se trataba de historias que ya circulaban, eran ampliamente conocidas y que de alguna manera se sistematizaron alrededor del siglo VIII o VII a.C.", señala Chevitarese.
Según el historiador, lo que existía era una escuela de aedos, los poetas cantores de la época, que debían de estar ocupados recopilando las obras que circulaban en ese contexto.
Chevitarese añade que todo indica que "La Ilíada" y "La Odisea" ni siquiera fueron escritas por las mismas personas.
"Se trata de dos relatos completamente diferentes, situados geográficamente en lugares distintos. Lo que tienen en común es que tratan sobre tradiciones orales que se han transformado y transmitido por escrito a lo largo de un extenso período de tiempo", analiza.
En su libro "La autora de La Odisea", argumenta que la obra fue escrita por una autora femenina, mientras que "La Ilíada" fue escrita por un hombre.
Dinucci afirma que la arquitectura y la narrativa coherentes de la obra permiten ver la forma final como el resultado de una "planificación sofisticada".
"Pero se entiende que tanto 'La Ilíada' como 'La Odisea' provienen de una larga tradición oral transmitida a lo largo de los siglos. Y que el texto que ha llegado hasta nosotros es una especie de cristalización de esa tradición", dice.
El profesor Xavier presenta algunas hipótesis interesantes que podrían arrojar luz sobre el nombre Homero, en caso de que fuera inventado. Según él, la etimología más inmediata alude al sustantivo griego "rehén".
"En ese caso, el nombre podría haber significado literalmente 'el rehén', 'el entregado como garantía' o 'la prenda'", explica.
Puede interpretarse que este es el nombre elegido para salvaguardar los valiosos elementos de esa tradición oral, como garantía de que permanecerían en un lugar seguro —el registro escrito— mientras que la versión oral podría perderse.
"Las biografías antiguas buscaban explicar los nombres famosos mediante episodios narrativos, construyendo una circunstancia biográfica a partir de una similitud léxica. Este procedimiento se conoce como etimología biográfica o narrativa: se parte del nombre para inventar u organizar una historia que parezca justificarlo", afirma Xavier.
"En el caso específico de Homero, aún queda mucho por explicar", añade.
Menciona que existe un antiguo relato biográfico de Homero que dice que el poeta se llamaba originalmente Melesígenes, y que pasó a llamarse Homero después de perder la vista.
"Esta explicación ejerció una enorme influencia en la imagen tradicional de Homero", afirma el profesor. "El poeta ciego se convirtió en una figura canónica del arte, la literatura y la historiografía de la antigüedad".
Sin embargo, Chevitarese no descarta que el nombre Homero sea una referencia al compilador más famoso de aquella época.
"Aunque es algo mucho más teórico que algo que podamos demostrar", señala.
Dada la falta de registros, es muy probable que la existencia de Homero como figura histórica nunca pueda ser probada.
"La respuesta más rigurosa que la buena ciencia puede ofrecer es: no hay pruebas directas de que Homero existiera, pero tampoco hay pruebas irrefutables que nos permitan concluir que nunca existió", afirma el profesor Xavier.
La opinión predominante entre los expertos evita ambos extremos.
"Homero sigue siendo una figura históricamente posible, aunque su existencia no puede demostrarse utilizando los criterios que normalmente exige la investigación historiográfica moderna", continúa Xavier.
"No tenemos inscripciones, documentos oficiales, correspondencia, dedicatorias, monedas, tumbas identificables ni ningún testimonio contemporáneo que mencione a un poeta llamado Homero".
Así, pues, lo que queda es la literatura que se le atribuye. Y esta sigue siendo inagotable.




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