domingo, 16 de octubre de 2016

5 señales que indican que no estás consumiendo suficientes proteínas

sábado, 15 de octubre de 2016

Colección Lauro

Colección publicada por Plaza & Janés.


4. Curzio Malaparte. Historia de Mañana 
5. H. R. Trevor Roper. Los Últimos días de Hitler.
10. François Mauriac.Vida de Jesús
11. Curzio Malaparte.Técnica del Golpe de Estado 
14. Earl Mazo. Richard Nixon
15. D. Mackenzie. Oficio: Ladrón
21. M. Thibaldi Chiesa. Vida Romántica de Franz Liszt
22. W. Somerset Maugham. Carnet de un Escritor
23. Groucho Marx. Groucho y Yo
24. Franco Veglani. Malaparte
25. Ernst Wiechert. El Bosque de los muertos
26. W. Somerset Maugham. En un biombo chino
27. Frygies Karinthy. Viajes en torno a mi cráneo
28. Kendal Burt y James Leasor. El Único Evadido
29. Paul de Kruif. Hombres contra la muerte
30. S.S. Pavillard. Doctor Bambú
32. Giovanni Papini. Dante vivo
33. Galeazzo Ciano. Diario 1939-1940, 1ª  Parte
34. Galeazzo Ciano. Diario 1941-1943, 2ª  Parte
35. Harry S.Truman. Mr. Ciudadano
36. André Maurois. Mágicos y Lógicos*
39. Edward R.Stettinius. Roosevelt y los Rusos (Franklin D. Roosevelt. La Conferencia de Yalta)
41. Victoria Sackville-West. Santa Juana de Arco
42. Thomas B. Constain. El Cable de Acero
43. Vittorio G. Rossi. La Fiesta de las Linternas
44. Gordon Young. Las Dos Vidas de Alfried Krupp
45. Alan Moorehead. Eclipse
46. Unto Parvilahti. Los Jardines de Beria
47. Margaret Trouncer. La monja
48. Curzio Malaparte. Malditos toscanos
49. Pierre Lyautey. Las Revoluciones del Cercano Oriente
52. Príncipe Yusupof . El Esplendor Perdido
53. M. Thibaldi Chiesa. Tchaikovsky
54. Emil Ludwig. Otelo
55. F. de Carli. Pío XII y su Tiempo
56. Curzio Malaparte. Sodoma y Gomorra
58. Pierre Lagaillardelle. Se ha hecho trampa con el honor
59. Ana Frank. Diario
60. Stephen Graham. Iván el Terrible
63. Enrique De Angulo. Made in U.S.A.
67. H.S. Hegner. El Tercer Reich
69. Indro Montanelli. Historia de los Griegos
70. Indro Montanelli. Historia de los Romanos
71. John F. Kennedy. Estrategia de la Paz
73.  Curzio Malaparte. Madre marchita
74. Yves Guilbert. El "Infidel" Castro
75. Jean Cau. Las orejas y el rabo
76. Will Berthorld. ¡Hundid el Bismarck!
77. Raquel Mussolini. Benito, mi hombre
78. Heinz Schroter. Stalingrado, hasta la última bala
80. Hadley Cantril. Los dirigentes soviéticos y el hombre
82. André Maurois. Ariel o la Vida de Shelley
84. Giovanni Papini. La Escala de Jacob
85. André Maurois. Adriana (Madame de Lafayette)
86. Joseph Kessel. Alcohólicos Anónimos
87.
89
90
91
92
93
95
96
97
98
99
100
101
102
103

*Biografías de Kipling, H.G. Wells, Bernard Shaw, Chesterton, Conrad, Strachey, Katherine Mansfield, D.H. Lawrence y Aldous Huxley


Continuará



miércoles, 12 de octubre de 2016

Qué es "Space Brain", el fenómeno que puede hacer fracasar las misiones tripuladas a Marte

Por Redacción BBC Mundo

¿Cuánto recordarán los astronautas que viajen a Marte? 

Parece una pregunta tonta, pero es una de las mayores preocupaciones de lo expertos.

Esto se debe a un fenómeno conocido como "Space Brain" y está relacionado con la exposición prolongada a los rayos cósmicos galácticos (GCR, por sus siglas en inglés).
Estos rayos desprenden tanta energía que incluso pueden penetrar el casco de una nave espacial.

Científicos de la Universidad de California en Irvine, EE.UU., descubrieron que la exposición a partículas cargadas de alta energía puede causar daños a largo plazo en el cerebro.

Entre los efectos de este fenómeno están alteraciones cognitivas y demencia.

Hasta ahora se había alertado de los posibles daños de los GCR en el cuerpo, pero se creía que eran de corto plazo.
Sin embargo, en la investigación realizada en ratones, Charles Limoli y su equipo descubrieron que, incluso después de seis meses de exposición, los niveles de inflamación en el cerebro siguen siendo significativos y dañinos para las neuronas.

Y esto afecta el comportamiento, la memoria y el aprendizaje.

"Son malas noticias para los astronautas que se embarquen en un viaje de ida y vuelta a Marte de dos o tres años", comentó Limoli, profesor de radiación y oncología de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Irvine.

"Extinción del miedo"

"El ambiente espacial plantea peligros únicos para los astronautas".

Según el experto, otros de los problemas que pueden ocurrir con "Space Brain" es experimentar una disminución del rendimiento, ansiedad, depresión y alteraciones a la hora de tomar decisiones.

"Muchas de estas consecuencias adversas pueden continuar y progresar al lo largo de la vida", advirtió Limoli.

El estudio no termina aquí.

Los expertos también descubrieron que la radiación afecta la "extinción del miedo", el proceso en el cual el cerebro reprime experiencias desagradables y estresantes del pasado (por ejemplo, cuando alguien sufre una caída de un caballo y logra volver a montar y disfrutar de ello).

"El déficit en la extinción del miedo podría hacerlos propensos a la ansiedad", señaló Limoli.

"Esto podría ser problemático en un viaje de tres años de ida y vuelta a Marte".

Los rayos cósmicos desprenden mucha energía cuando chocan con el cuerpo humano.

Los astronautas de la Estación Espacial Internacional están protegidos de este fenómeno porque se encuentran en la magnetósfera de la Tierra, que actúa como un escudo frente a las radiaciones.

Algo que no tendrán quienes se aventuren al vecino Marte.

Si bien construir naves espaciales con una doble capa protectora puede que no sirva de mucho (nada se resiste a estos rayos), los expertos sugieren desarrollar tratamientos preventivos que protejan el cerebro.

Si lo que dicen los expertos es correcto, es posible que un astronauta que vuelva de Marte tenga dificultades para recordar su experiencia.


Fuente:

http://www.bbc.com/mundo/noticias-37619951

lunes, 10 de octubre de 2016

¿Quiénes somos esta vez?

En la vida real, ella era un pedazo de hielo que no conocía el amor; y él era tan tímido, que no podía hacer o decir nada sin un guión teatral. Pero, juntos sobre un escenario…
  ¿Quiénes somos esta vez?

 Cuento

Por Kurt Vonnegut, hijo

El Club de Máscaras y  Pelucas de North Crawford, una sociedad de teatro de aficionados a la que pertenezco, determinó poner en escena la obra de Tennessee Williams A Streetcar Named Desire (“Un Tranvía llamado Deseo”) en la temporada de primavera. Doris Sawyer, que siempre es la que nos dirige, nos informó que no podría hacerlo esa vez porque su madre estaba muy enferma.

Así que me vi comprometido a dirigir la obra, si bien puse antes una serie de condiciones. La primera fue que Harry Nash, el único actor verdadero del grupo, asumiera el papel de Marlon Brando (Stanley Kowalski). Para dar una idea de lo polifacético de Harry, cabe decir que en dos años había sido el Capitán Queeg, Abrahán Lincoln y Enrique VIII.

Harry no se encontraba en la reunión para poder decir si aceptaba el papel o no. Él nunca asistía a las reuniones. Era demasiado tímido. No estaba casado, no salía con mujeres ni tenía ningún amigo íntimo. No sabía qué hacer o decir sin un guión por delante.

Fui entonces a la ferretería de Miller, donde trabajaba Harry, y de paso me detuve en la compañía de teléfonos para protestar por una cuenta de una llamada a Honolulú. Nunca en mi vida había llamado a Honolulú.

Y allí estaba una hermosa muchacha a la que no había visto jamás detrás del mostrador. Me explicó que la empresa había instalado una máquina automática pero que todavía no habían logrado que funcionara sin errores. Así que borró de mi factura la cantidad que no correspondía, y yo le pregunté si ella era de los alrededores de North Crawford. Repuso que no, que había llegado con la máquina nueva para enseñar su uso a las empleadas de la población. Después, agregó, se iría a otra parte con otra máquina. Ella misma parecía una máquina automática de cortesía.

-¿Cuánto tiempo permanecerá en North Crawford? –le pregunté.

-Paso ocho semanas en cada ciudad, señor.

Tenía unos lindos ojos azules, pero ciertamente no había mucha esperanza o curiosidad en ellos. Me contó que había estado viajando de ciudad en ciudad durante dos años, siempre como una extraña.

Y a mí se me metió en la cabeza que podía ser una buena Stella para la obra. Stella era la esposa del personaje de Marlon Brando, el que yo quería que interpretara Harry.

Pareció sorprenderse y se animó un poco.  “¿Sabe?, observó algo animada. “Es la primera vez que alguien me invita a participar en alguna actividad de la comunidad”.

Me dijo que se llamaba Helene Shaw y que tal vez iría.

Se podría pensar que North Crawford estuviese harto de Harry Nash después de todos los personajes que había interpretado; pero el hecho  es que la gente  hubiera podido seguirlo admirando para siempre, porque nunca era el mismo en escena. Cuando se levantaba el telón era, en cuerpo y alma, exactamente lo que el director y el guión le indicaban.

Cuando le informé que me habían designado director y que quería que él actuara en la obra, me preguntó lo que siempre preguntaba -y, bien pensado era un poco triste: “¿Quién soy esta vez?”

Empecé los ensayos donde siempre se realizaban: en el segundo piso de la biblioteca. Doris Sawyer fue a aportar los beneficios de su experiencia. Nos sentamos arriba, mientras los aspirantes esperaban abajo. Los hacíamos subir de uno en uno.

Pedimos a Harry Nash que leyera la escena donde le pega a su esposa. A sus 65 kilos y 1,73 agregó 20 kilos y 10 centímetros en el momento en que tomó el libreto. Tenía puesto un saquito corto, como para graduación de escuela primaria, y una pequeña corbata roja, con una cabeza de caballo bordada. Se quitó el saco y la corbata, se desabrochó el cuello y se puso de espaladas a Beatriz y a mí.

Cuando se volvió, era enorme, guapo, arrogante, cruel. Doris, que tiene 74 años, leyó la parte de Stella, la esposa, y Harry la hostigó hasta hacerla creer que era una dulce jovencita embarazada, casada con un atractivo gorila que le iba a hacer saltar los sesos a golpes. Me lo hizo creer a mí también. Leí la parte de Blanche, hermana de ella en la obra, y miento si digo que Harry no me hizo sentir como una licenciosa ajada y borracha.

Y luego, mientras Doris y yo nos recuperábamos de nuestra experiencia emocional, como alguien  que sale de la anestesia, Harry dejó el libreto, se puso el saco y la corbata, y se convirtió otra vez en el descolorido empleado de ferretería.

Resulta que Helene Shaw asistió a los ensayos, y nos llevamos una gran desilusión. Creíamos que el Club de Máscaras y Pelucas de North Crawford finalmente iba a tener una muchacha hermosa y realmente joven en el escenario, en lugar de las cuarentonas que normalmente teníamos que poner a interpretar papeles juveniles.

Pero no sabía actuar. No importa lo que le diéramos a leer, era siempre la misma muchacha y su sonrisa la misma con que atendía cualquier reclamación sobre las facturas en la compañía de teléfonos.

-¿Has estado enamorada alguna vez? -inquirió Doris- te lo pregunto porque el recuerdo  de algún viejo amor podría prestar calidez a tu actuación.

-¿Vale alguna estrella de cine? No quiero decir en la vida real, sino en la pantalla.
Doris me miró y puso los ojos en blanco.

-“Bien;  gracias, señorita Shaw”, intervine. “Vaya abajo y espere. Ya le avisaremos”.

En balde intentamos pensar en otra Stella. Por fin decidimos poner a Harry frente a Helene Shaw. “Es probable que logre conmoverla”, comenté.

Cuando la chica subió, notamos que había llorado.

-Oh, querida  -preguntó Doris- ¿qué sucede?

-Estuve muy mal, ¿verdad? –contestó Helene al tiempo que inclinaba la cabeza.

Doris dijo lo único que en una sociedad de actores aficionados cabe decir cuando alguien llora:

-De ninguna manera. Estuviste maravillosa.

- No, no es cierto; soy un bloque de hielo ambulante.

- Pues nadie que te viera diría tal cosa.

-En cuanto me conozcan lo dirán. Cuando la gente me conoce, eso es lo que dicen –el llanto se hizo peor-. No quiero ser como soy, sólo que no puedo remediarlo. Las únicas experiencias que he tenido, han sido sueños locos con estrellas de cine. Cuando me encuentro con alguien en la vida real, me siento como si estuviera dentro de una botella, como si no pudiera tocar a esa persona, no importa cuántos esfuerzos haga –y empujó el aire como si hubiera una gran botella alrededor de ella-. Yo, yo, yo… - y las lágrimas no la dejaron continuar.

Se oyeron unos pasos fuertes en la escalera de la biblioteca. Sonaban como los de un explorador de las profundidades del mar. Era Harry Nash, que se convertía en Marlon Brando. Allí entró, tan posesionado de su papel, que la vista de una mujer llorando lo hizo sonreír burlonamente.

-Helene, si usted obtiene el papel de Stella, Harry Nash será su marido en la obra.

Él se inclinó hacia ella y la desnudó con la mirada. Las lágrimas cesaron al punto.

-Me gustaría que representaran la escena de la pelea -continué- y luego la de la reconciliación.

-Seguro –aprobó Harry, con los ojos todavía sobre ella-, si Stella está dispuesta.

-¿Qué? –preguntó Helene, roja como una fresa.

-Stell… Stella; ésa  eres  tú. Stell mi mujer.

Le di a cada uno un libreto. Harry me lo arrancó de la mano sin siquiera dar las gracias. Las manos de Helene no estaban muy firmes así que le ayudé a sostenerlo.

-Muy bien, nena –anunció Harry entrecerrando los párpados. Estaba a punto de pasar algo más emocionante que la carrera de cuadrigas de Ben Hur-. ¡En sus marcas!, ¡listos!, ¡fuera!

Cuando acabó la escena Helene estaba más blanda que la cera. Se sentó, boquiabierta y con la cara hacia un lado. Había salido de la botella.

-¿Me dan el papel o no? –me espetó Harry.

-Sí, señor.

-Te veré pronto, Stella –dijo, y al salir dio un portazo.

-Helene…  ¿Señorita Shaw?

-¿Yo?

-El papel de Stella es suyo. ¡Estuvo magnífica!

-Tenías fuego dentro, querida -comentó Doris.

-¿Fuego?

La chica no sabía a ciencia cierta dónde estaba.


Comenzamos los ensayos en el teatro de la escuela.  Y Harry y Helene iban a tal paso que el equipo de producción estaba medio loco de emoción. Las cosas marchaban tan bien que tuve que decirles, después de una escena de amor: “Reserven un poco para la presentación, ¿quieren? Se van a consumir”.
En el cuarto o quinto ensayo, Lydia Miller, que representaba a Blanche, se sentó a mi lado. En la vida real, es la esposa de Verne Miller, patrono de Harry.

-Lydia –observé-, va a salir bien la obra.

-Sí, seguro.

Capté enseguida el  reproche.

-¿Qué quieres decir?

-¿Sabes que esa muchacha está enamorada de Harry? -preguntó.

-¿En la obra?

-¿Cuál obra? No hay ninguna obra aquí –y dejó escapar una risita triste-. Piensa qué sucederá cuando descubra lo que Harry es realmente –se corrigió-. Lo que Harry no es realmente.
Una noche incluso trató de hacer algo y se dirigió a Helene:

-¿Sabes?, una vez representé a Ann Rutledge* y Harry a Abrahán Lincoln.

-¡Debe de haber sido divino! –respondió batiendo palmas.

-Lo fue en cierto modo. A veces me entusiasmaba tanto que lo amaba como hubiera amado a Abrahán Lincoln. Tenía que volver a poner los pies en la tierra y recordarme que él nunca iba a liberar a los esclavos, que era un simple empleado de ferretería.

-¿De qué está hablando?

-Una vez que acaba la función –continuó Lydia-, cualquier cosa que uno piensa de Harry se evapora.

-¿Por  qué me lo dice a mí? –Helene se había enfadado- Aun si fuera verdad, ¿qué me importa?

Lydia se echó atrás, y después de eso nadie volvió a abrir la boca, ni siquiera cuando se supo que Helene había comunicado a la compañía de teléfonos que ya no quería ser trasladada.

*Ann Rutledge (1813-1835) fue el supuesto primer amor de Abrahán Lincoln.


Por fin llegó el momento de la función. La presentamos durante tres noches y el público se conmovió.

Creyeron cuanto se dijo en escena; y, cuando cayó el telón, estaban todos listos para ir al manicomio junto con Blanche.

Cada noche Harry desaparecía al caer el telón. El sábado, cuando cayó por última vez deseaba irse, pero Helene no le soltaba la mano.

-¿No me invitas a  la fiesta que da el elenco?

Él se sonrojó:

-Me temo que no sirvo para fiestas.

Todo lo que tenía de Marlon Brando había desaparecido. Se le trababa la lengua del susto.

-Bueno, te dejaré ir si prometes  quedarte aquí hasta que traiga tu regalo.

Harry asintió. Era la única forma de conseguir que le soltara la mano. Y allí se quedó, sintiéndose muy desgraciado, hasta que Helene volvió del camarín con el obsequio: un librito azul con una gran cinta roja como señalador. Era un ejemplar de Romeo y Julieta. Harry se avergonzó mucho.

-Gracias -fue cuanto dijo.

- El señalador está en mi escena favorita.

-Hum

-¿No quieres ver cuál es mi escena favorita?

Tuvo que abrir el libro en la cinta roja. Helene se acercó y leyó un párrafo de Julieta: “Y dime: ¿cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte, considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera”.

Luego señaló el párrafo siguiente:

-Lee ahora lo que dice Romeo.

Harry se aclaró la garganta. No quería leer, pero se veía obligado.

-"Con ligeras alas de amor franqueé estos muros –leyó con su voz de todos los días; pero luego un cambio lo invadió-, pues no hay cerca capaz de atajar el amor -continuó leyendo y se enderezó, y se hizo ocho años más joven, y valiente y alegre- y lo que el amor puede hacer, aquello que el amor se atreve a intentar. Por tanto tus parientes no me importan"

-¡Te asesinarán si te encuentran! -replicó Helene, y comenzó a llevarlo hacia un costado del escenario.

-¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos!

Lo guió hacia la salida posterior del escenario:

-¡Por cuánto vale el mundo, no quisiese que te viesen aquí!

Salieron los dos y se fueron. No asistieron a la fiesta. Una semana más tarde se casaron.

Parecen bastante felices, aunque actúan en forma extraña de cuando en cuando, dependiendo de la obra  que estén leyendo. El otro día pasé por la oficina de teléfonos y le pregunté a Helene qué obras habían estado leyendo últimamente.

-“La semana pasada, respondió, estuve casada con Otelo, fui amada por Fausto y raptada por Paris. ¿No le parece que he sido la muchacha más afortunada del pueblo”.

Repuse que sí y le conté que me habían pedido dirigir otra obra. Le pregunté si ella y su marido estarían dispuestos a formar parte del elenco. Me dirigió una gran sonrisa y preguntó:  ”¿Quiénes somos esta vez?”


Condensado del “Saturday Evening Post” (Diciembre de 1961). © 1961 por The Curtis Publishing Co., Indianápolis (Indiana).

Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXVIII, N° 468, Noviembre de 1979, pp. 79-84, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México D.F., México.

-Existe una película de 1982 dirigida por Jonathan Demme y está basada en este cuento de Vonnegut.

-Se puede leer el cuento en español en la colección de relatos Bienvenidos a la Casa del Mono (traducción de Welcome to the monkey house), Extemporáneos, México, 1974

-La nota sobre Ann Rutledge es mía.



La Ventana Abierta


Se hundieron en un pantano y sus cadáveres nunca fueron encontrados, dijo la muchacha

Cuento

Por Saki (H.H. Munro)

-Mi tía bajará en seguida, señor Nuttel –explicó una serena joven de 15 años-. Mientras tanto, usted tendrá que soportarme.

Framton Nuttel  encontró las palabras precisas para halagar a la sobrina sin menoscabar a la tía. En su interior dudó más que nunca que ese tipo de visitas formales a personas extrañas fueran de utilidad para la cura de sus nervios; razón por la cual se encontraba en aquel sitio rural de descanso.

“Te daré cartas de presentación para toda la gente que ahí conozco” le había dicho su hermana. ”De otra manera te aislarás y no hablarás con nadie provocando que tu sistema nervioso empeore a causa de la melancolía”.

-¿Conoce a mucha gente por aquí? –preguntó la sobrina cuando juzgó que ya habían tenido suficiente comunión silenciosa.

-A nadie en absoluto –respondió Framton-. Mi hermana estuvo de visita aquí hace cuatro años y me ha dado algunas cartas de presentación.

-¿Entonces usted no sabe nada acerca de mi tía?

-Sólo su nombre y dirección.

-Su gran tragedia ocurrió hace tres años, es decir, después de haber partido su hermana.

-¿Su tragedia?- inquirió Framton-.

 La sola mención de una desgracia parecía algo fuera de lugar en aquel ambiente de sosiego.

-Se extrañará usted de que mantengamos abierta esa puerta-ventana en esta época del año -observó la sobrina al mismo tiempo que señalaba la puerta en cuestión-. A través de ella, hace exactamente tres años, el esposo y los dos jóvenes hermanos de mi tía partieron para realizar sus prácticas de tiro. Al cruzar cierto terreno yermo se hundieron en un traicionero pantano. Sus cadáveres nunca fueron encontrados.

La voz de la muchacha tembló por un instante, pero continuó:

-Mi pobre tía todavía cree que volverán algún día, junto con el pequeño perro perdiguero que desapareció con ellos. Piensa que entrarán por esa puerta-ventana y por eso la mantiene abierta todos los días hasta el atardecer. Me ha contado muchas veces cómo se marcharon, cómo iba su esposo con su impermeable blanco doblado sobre un brazo. A veces, en las tardes tranquilas como esta, me asalta el escalofriante presentimiento de que todos aparecerán por esa ventana…
Interrumpió su relato con un ligero temblor. Fue un alivio para Framton la llegada de la tía con una retahíla de disculpas por su tardanza.

-Espero que no le moleste la ventana abierta –dijo la mujer-. Mi esposo y hermanos regresarán de su jornada de caza y siempre entran por allí.

Discurrió animadamente sobre la caza de patos en invierno. Framton hizo un esfuerzo desesperado por desviar la conversación a un tema menos horripilante, consciente de que su anfitriona sólo le prestaba parte de su atención y de que la mirada de la misma se apartaba de él para fijarse en la venta abierta.

-Los médicos me han ordenado un reposo absoluto con abstención de excitación mental  y ejercicios físicos –informó Framton, dejándose llevar por el mito de que las personas desconocidas se desviven por enterarse hasta del menor detalle de nuestras enfermedades.

-¿Oh, sí? -comentó la señora Sappleton con tono indiferente-.

De pronto su actitud cambió por una de alerta, pero no se debía precisamente a la conversación de Framton.

-¡Aquí están por fin, a tiempo para el té! –exclamó.

El hombre sintió un leve escalofrío y volvió su mirada hacia la sobrina como para comunicarle su comprensión solidaria. La muchacha tenía la vista fija en la ventana con una expresión de horror en el rostro, y Framton giró para mirar en la misma dirección.

En las sombras del crepúsculo, tres figuras humanas acompañadas por un perro de aspecto cansado andaban sobre el prado sin producir sonido alguno. Los tres llevaban escopetas yuno de ellos traía un impermeable blanco sobre el hombro.

Framton tomó su bastón y se retiró con gran prisa cruzando la puerta del salón y el camino de grava del frente.

-Aquí estamos, querida –dijo el hombre del impermeable blanco al entrar por la ventana -. ¿Quién era ese individuo que salió corriendo cuando veníamos?

-Un tal señor Nuttel –respondió la mujer-, que se marchó a la carrera sin decir palabra cuando ustedes llegaron. Tal parece que hubiera visto un fantasma.

-Yo diría que fue culpa del perro –explicó con calma la sobrina-. Me dijo que le infundían pánico. En cierta ocasión, una jauría de estos animales lo persiguió en un cementerio de la ribera del Ganges y tuvo que pasar la noche en una tumba recién excavada mientras las bestias gruñían  y echaban espuma encima de él. Situación que hace perder el valor  a cualquiera.

La novela al instante era su especialidad.


Condensado del libro  ”Great  Short  Stories of the World”. ©1972 por The Reader’s Digest Association,  Inc.

Hector Hugh Munro, célebre por su gran ingenio y conciso en sus cuentos cortos, nació en Birmania en 1870 y vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra. Al estallar la Primera Guerra Mundial se incorporó al Real  Cuerpo de Fusileros. Fue enviado a Francia en 1915 y murió en acción en Beaumont-Hamel al año siguiente.


Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXXII, N° 492, Noviembre de 1981, pp. 110-112, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México D.F., México

El Misterio de La Gioconda


Por Luis Felipe Angell (Sofocleto)

El Louvre es un museo francés donde uno puede ver las obras maestras del turismo norteamericano.
Delante de cada tela hay un racimo de gringos multicolores, especie de naturaleza muerta frente al arte clásico, que admira por catálogos y se hace una cultura renacentista en media hora, con sólo seguir el derrotero del guía y digerir sin complicaciones las más fabulosas mentiras de un cicerone empeñado en deslumbrarlos para multiplicar su propina. Enseñar o describir no basta. Hay que condimentar el show con algún detalle amazing* que dé prestigio al relato en Kansas City con algunos detalles íntimos del Tiziano o ciertas informaciones confidenciales sobre Rubens, conseguidas de un experto al precio de tres dólares, discretamente abonados en un rincón de la sala:

-You knows, fellows, that guy Velásquez used to paint with only one hand?*
-Oh, really*

*¿Sabían, ustedes, que este tipo Velásquez solía pintar con una sola mano?
*Oh, en serio
*Amazing: increíble

El guía es un déspota entre burlón y cínico, que aprovecha la ignorancia ajena para no aburrirse diciendo todos los días la misma cosa. A cada pintor le inventa un pasaje anecdótico, a cada cuadro una historia y a cada corredor un fantasma. Su imaginación crece en razón directa con el analfabetismo cultural de sus oyentes y responde con un silencio cargado del más hondo desprecio las preguntas que Harry, Butch o Jimmy le hacen para ejercitar el derecho señalado en la cartilla turística, que dice: “El cicerone responderá cualquier pregunta de tipo artístico”. A veces, Lo que quiere saber Betty es donde han puesto el bath room* los franceses pero no se atreve y prefiere seguir el resto de la jornada caminando despacito y sin hacer movimientos inútiles. Jamás he visto mayor docilidad que la del turista ultramarino frente a un guía de museo:

-A ver, ustedes tiene tres minutos para admirar este cuadro que es muy bueno. Comiencen a admirar que yo cuento…
-Qué beatiful paisaje is that…!
-Allá no, zonzo. Esa es una ventana  abierta. Mira acá.

*Bath room: baño

De todos los cuadros reunidos en el Louvre tal vez sea “La Gioconda” el más conocido y buscado por los visitantes. Dicen que es el mejor cuadro del mundo, pero nadie lo ha visto porque siempre hay una muchedumbre delante, tomando fotos, mascando chicle o preguntándose, como se pregunta la humanidad desde hace varios siglos, ¿por qué diablos sonríe Monalisa?, esposa dil Giocondo a quien todo hace pensar que un amigo de la familia le aplicó dos perchas de medio metro en la frente, porque la señora será todo lo angelical que quieran, pero la historia demuestra que tenía su buena foja de servicios al hombro. Contra lo que muchos suponen, Monalisa no fue una guayaquileña lisurienta, sino la esposa de un comerciante floreciente o florentino, inmortalizada por Leonardo Da Vinci, un viejo sumamente precoz que hizo cañones, submarinos, esculturas, dibujos, buques, aviones y moneda falsa, invento éste último que le trajo algunas dificultades y terminó por desprestigiarlo:

-Dice il Leonardo que está con il cólico miserere…
-Son inventos suyos.

En las últimas semanas se ha levantado una polémica acerca de la verdadera identidad de Monalisa. Unos dicen que es hombre, otros que es mujer y otros que ambas cosas al mismo tiempo, lo cual no tiene nada de particular en esos siglos también había esta clase de coleópteros. Sin embargo, la pregunta fundamental es la relacionada con su sonrisa. ¿Se reía o estaba triste? Chi lo sa*. Uno también puede reírse con pena, como ocurre cuando oye a los payasos de circo el mismo chiste que ya escuchamos en 1930, pero las opiniones están divididas en la siguiente forma. La Gioconda se ríe porque:

1.-Leonardo le acaba de contar un chiste de loros.
2.- Le estaban haciendo cosquillas en el dedo gordo.
3. Pensaba en los spaguetti del almuerzo.
4.-Le daba la gana de reírse, y
5.-Por cualquier razón.

*Chi lo sa: en italiano, ¿Quién (lo) sabe?.

La cosa es que se ríe y como ocurre con la hiena, nadie sabe por qué lo hace. Hay quienes adjudican a la magia de Leonardo el milagro de producir esa sonrisa indefinida pero real que aparece en “La Gioconda”. Hay quienes dicen que le salió de pura chele* y los que se inclinan por creer que Monalisa tenía su trompita torcida porque le dolía una muela. En mi opinión, no hay ningún misterio. Todas las mujeres son iguales y basta mirar una fotografía en que aparezca el planeta, la enamorada, la novia, la señora o la viuda, para que uno no sepa a qué atenerse ni qué pensar de lo que dicen sus labios. A veces el equívoco es de quitarse el hat*:

-Qué ternura hay en la sonrisa de esta señora. ¿La fotografiaron el día de su santo*?
-No. El día que ahorcaron a su marido.


*De pura leche: O de Chiripa: suerte fácil, casualidad favorable.
*Hat: sombrero
*Santo: cumpleaños

Las notas son mías.




Fuente:
Luis Felipe Angell, Sofocleto en Dos Columnas, Primera Edición, Ediciones Myself, Lima, Perú, 1960, pp. 17-20

viernes, 7 de octubre de 2016

¡Todos a “La Laguna”, chicas!


Por Luis Felipe Angell (Sofocleto)

Las desgracias en el Perú terminarán cuando le ganemos al otro equipo.

Poderosa como un sindicato invisible, la Hermandad de los Guindones ve crecer sus efectivos de un día para otro y cuenta con tal número de locas en los registros que Lima parece un gigantesco manicomio donde ya no se puede echar piropos a nadie sin correr el riesgo de irse en caldo*, porque la gringuita que se nos descuelga en la esquina resulta ser Otto Fugentriken, químico recibido, y la morenaza que nos entusiasma por sus caídas de ojos es un zambo relleno de algodones, a quien no queda otro recurso que regarlo con una lluvia de patadas:

-¡Sal de aquí, mariposón!
-¡Cobarde,  por qué no se mete con un hombre, so pedazo de bestiucha!

Los hay blancos, negros, grandes, chicos, gordos, flacos, ricos, pobres. En los salones y en las barriadas, en las instituciones y sociedades, de todos los partidos, los credos y las razas. Hasta los japoneses, que siempre fueron tan serios y dedicados a María, tienen también su representante café con leche en la persona de Kadera Loca que de día trabaja como honrado peluquero miraflorino y de noche es la geisha de medio pelo que se pasea por Surquillo peinada con raya al medio y cantando bajito el bolero “Tú me acostumbraste”. Como los hongos, aparecen de noche y llenan los parques en pequeños grupos que intercambian confidencias, refuerzan esperanzas, rajan de las amigas y hacen proyectos para el futuro, suspirando como Julietas huachafas* mientras se acomodan la faja o se desmayan al paso de un ratón. Algunas son de lo más de lo más sensibles:

-¿Y por qué no te gusta Jimmy?
-Porque últimamente se ha vuelto muy ahombrado.

El zambo con peluca parece como si tuviera un felpudo en el cerebro, pero se pasea muy orondo junto al cholo engominado que luce la cadera estrecha en uno de esos pantalones al cuete* que es necesario ponerse con calzador. Cuando yo era chico, el firulete* era una rara avis a quien señalábamos en la calle, diciendo con el entusiasmo que despiertan los espectáculos inusitados: ”Ese es”. Ahora en cambio, es todo  lo contrario porque a los hombres hay que diferenciarlos aclarando que “ese no es”. Dicen que esto es el progreso. Y debe ser porque en la Avenida Progreso tiene su local el club “Vive como Quieras” que en forma tan brillante ha iniciado este año las fiestas de Carnaval, organizando en “La Laguna” un estupendo baile de promoción, respaldado por la policía y en un ambiente que ha merecido la atención de todos los diarios capitalinos.

-¡Ay, hijas, pero qué regio les queda estar delgadas…!
-Sí, es que estamos a dieta y nos favorece el régimen.*

A la once de la noche comenzaron a llegar las parejas invitadas, despertando la curiosidad del vecindario barranquino el hecho de que casi todas las damas concurrentes tenían músculos y pelos por todo el  cuerpo; amén de que algunas estaban  sin afeitar y otras hablaban con una voz de barítono que desconcertaba. Las primeras en hacer su aparición fueron dos gatitas, una tigresa, tres bailarinas orientales, una princesa, un conejito, un  osito, siete bikinis y una tapada, que se abrieron paso entre el público lanzando coquetonamente pica y pica y serpentinas, y recibiendo a cambio una andanada de piedras como consecuencia de la cual tuvo la tapada que cambiarse la manta de sitio porque un cascotazo le había hinchado el único ojo disponible. Entusiasmada por el juego, la gente metió a las dos gatitas en el agua y desnudó a una bikini que resultó ser el ingeniero agrónomo Camilo de la Poltrona, según se identificó a la policía cuando ésta le pidió sus papeles. Mientras tanto, el alcalde barranquino estaba prendido de un teléfono público llamando al Director de Gobierno, al Prefecto de Lima, al Comisario de Barranco y a la Carabina de Ambrosio*  para que suspendieran la fiesta. El Comisario se negó a intervenir, alegando que estaba resfriado. La discusión crecía:

-¿Y a usted como le consta que esta dama es hombre?
-Porque esta dama es el contador de mi oficina y se llama Teodoro.

Al señor Alcalde  le subió la presión a cuarenta, las palpitaciones a ciento ochenta, el pulso a doscientos y el dólar a veintisiete, pero todo fue inútil y la fiesta siguió adelante entre un mar de chisguetes, serpentinas, fotografías y mambos, con diálogos que por acción del eco llegaban hasta la multitud:

-¿Bailamos, señora?
-Señorita, si me hace el favor…

A la una de la madrugada eligieron reina, saliendo elegida Camucha I, que en la vida real es boticario de Magdalena y tesorero (porque cuida los tesoritos) del Comité de Damas y Señoritas Lima N° 1, en cuyo nombre se había solicitado el local para la fiesta. Lloró de emoción y fue necesario hacerla respirar una gaseosa para que volviera. Mientras tanto, al señor Alcalde lo tenían amarrado entre ocho para que no entrara con su garrote a matar libélulas y el público hacía los más diversos comentarios:

-Barranco se ha desbarrancado…
-¿Qué dirá el elefante del zoo que apenas ve estos espectáculos?

Eran las cuatro de la mañana y adentro las parejas hacían cadenita con el huayno que dice: “Todas las noches me tienes como pato en la laguna” cuando la policía disolvió el jolgorio por orden del Prefecto. Algunas se privaron, otras salieron corriendo, tres o cuatro cayeron al agua. La orquesta Villanueva se convirtió en Villadiego* y los jóvenes barranquinos que estaban afuera repartieron entre las damas diversos puñetes de pronóstico reservado. Total, una porquería sin nombre que las autoridades tienen la obligación de poner en claro. Si el comisario de Barranco es culpable, debe ser dado de baja porque su actitud lo descalifica para llevar el uniforme cuyo honor es su divisa*. Según he sabido no es la primera vez que se realizan tales fiestas y esto hace más urgente una represión enérgica. En nombre de quienes tienen hijos y quieren para ellos un camino limpio en la vida exigimos que se castigue a los que han intervenido en esta  inmundicia. Al organizador, quien alega que estas fiestas se han hecho en Río y que aparece en la revista “Cruzeiro” podemos preguntarle qué le parecería si lo hacen fusilar, porque estas cosas las hacen en Cuba y aparece en la revista “Bohemia”.
¡Zamarro! ¡Zamarro!* ¡Con la falta de hombres que sufrimos en este país!
 

Fuente:
Luis Felipe Angell, Sofocleto en Dos Columnas, Primera Edición, Ediciones Myself, Lima, Perú, 1960, pp. 13-16

Las cursivas son del autor.
 

Notas. - Agrego esto para que se entienda mejor el texto.

*Irse en caldo: perder la paciencia. Se entendería como llevarse un chasco y por ello encolerizarse.
*Huachafas: cursis
*Al cuete: Pantalones apretados o ajustados. Pitillo.
*Firulete: Adorno superfluo y de mal gusto.
*Podría comprenderse como un chiste en doble sentido para referirse a la dieta y al gobierno.
*De la frase Ser una cosa la Carabina de Ambrosio: No servir para nada.
*De la frase Coger o tomar las de Villadiego: huir de un riesgo o compromiso.
*Lema de la policía peruana.
*Zamarro/a: Adjetivo Perú. Referido a persona, que no tiene vergüenza ni honestidad y sólo busca su propio beneficio. Diccionario de Americanismos ASALE

Las notas son mías.



Hermosura no es Ventura

¿Será cierto que «la suerte de la fea la bonita la desea»,  y que «el hombre y el oso mientras más feo más hermoso»?

Por James F. Bender.
Director de National Institute For Human Relations


¿Vive usted descontento de su figura y desearía poder cambiarla por la de alguna persona bien parecida a la que admira? De ser así, deje de compadecerse a sí mismo, y compadezca en cambio a los que envidia por sus atractivos físicos. Son esas personas, y precisamente por ser hermosas, las que están más expuestas a que las maltrate la vida.

No ha de negarse que una buena presencia da momentáneas ventajas a quien la posee: abre muchas puertas, conquista muchas admiraciones. Más por lo mismo que allana el camino en los años juveniles, suele reducir el incentivo de cultivar las propias aptitudes. De ellos resultan frecuentemente individuos de personalidad endeble o poco simpática, hombres y mujeres que cuentan con menos reservas espirituales que los sostengan en las pruebas a que nos someta la vida.

Las personas «favorecidas» por la naturaleza con atractivos físicos son por regla general las que menos adelantan en sus estudios. Dos catedráticos de la Universidad de California clasificaron a 600 alumnas, primero en cuanto a la belleza; en seguida por su aprovechamiento como estudiantes. El grado de aprovechamiento de las bonitas fue inferior en 14 puntos al de las «feas». Los catedráticos llegaron a la conclusión de que «las beldades son más propensas a dejarse distraer por la vida social», gastan tanto tiempo en fiestas y visiteos*, que nunca llegan a adquirir verdaderos hábitos de estudio. Las jóvenes que no brillan por su belleza, y los jóvenes de figura desgarbada*, tratan generalmente de compensar la falta de atractivos naturales cultivando sus prendas* de carácter o su inteligencia

No hace mucho tuve mis propios dolores de cabeza con beldades engreídas e indolentes. Un matrimonio de Filadelfia acudió a mí para que viese si había manera de lograr que su hija -hermosísima rubia de tipo nórdico- «le cobrase afición a algo». La joven había fracasado en dos colegios. No tardé en advertir que estaba muy pagada de sí misma* y falta de estímulo para todo. Pasaba horas lánguidamente entregada a la compostura* de su persona, y se enfurecía si trataban de sacarla de su ensimismamiento.

Esta joven es hoy egoísta, desarreglada y ofrece muy pocas probabilidades de dicha al hombre que la tome por esposa.

Recientemente conté entre mis casos el de dos hermanas. En las pruebas demostraron tener igual cociente de inteligencia. Sin embargo, una de ellas, que adolece de cierto defecto físico bastante notorio es más ingeniosa, agradable, asentada* y parece más inteligente que la otra. Hay en ella una brillantez de la que su hermana carece en absoluto.

Es significativo que las grandes actrices hayan sido, casi sin excepciones, mujeres a quienes la naturaleza no concedió el don de la hermosura. Algunas consiguieron crear en el público la ilusión de que eran hermosas. 

Más acaso ni una sola de ellas figuró en su adolescencia entre las beldades. Todas compensaron con su talento su poco o ninguna belleza.

Los padres se inclinan a enorgullecerse de sus hijos mejor parecidos y a mostrarse demasiado solícitos* con ellos.  Debieran entender que a la buena suerte de haber tenido niños hermosos  se añade la obligación de cuidar de que crezcan en un ambiente normal, propicio a la formación del carácter y contrario a la tentación de atenerse principalmente a sus buenas prendas* físicas.

He aquí algunas indicaciones concretas de las que convendrías tomasen nota los padres de hijos excepcionalmente agraciados:

Procuren darles a entender que conceden escasa importancia a la sola belleza física. Es cosa adjetiva, que la naturaleza otorga a unos y niega a otros. Enderecen las ambiciones del niño a metas y empeños en que la buena presencia cuente por poco.

Al niño o a la niña bien parecidos hay que exigirles que saquen en la escuela mejores calificaciones que las que se exigirían de no mediar tal circunstancia.

Hay que tratar de colocarlos en situaciones que los obliguen a desarrollar en alto grado la confianza en sí mismos y la iniciativa.

Debe acostumbrárseles a vestir con sencillez, y combatir en ellos toda propensión a conceder demasiada importancia al traje.

Veamos algunas ventajas delas personas faltas de belleza  o cuyo físico es común y corriente:
Cuentan con mayores probabilidades de éxito en sus empleos. Por ser comúnmente propensos a la egolatría e inclinados a juzgar se acreedores a más de lo que merecen, los jóvenes (que son) buenos mozos resisten menos las asperezas que hallan al principiar a ganarse la vida.

Tienen mayores posibilidades de felicidad matrimonial. Benjamín Franklin aconsejó a un joven que al casarse eligiese una fea, porque una mujer así dedicaría más tiempo a tratar de ser buena esposa. Las probabilidades de formar un hogar bien avenido y dichoso son 25 por ciento menos para la mujer que nació bonita que para la de tipo común y corriente.

El atractivo principal, lo que hace duradero el afecto de un matrimonio, es la voluntad de dar, el deseo de agradar. Y la mujer o el hombre bien parecidos se han visto admirados y obsequiados por tanto tiempo, que poca ocasión tuvieron de cultivar esas cualidades.

A las personas notoriamente hermosas se les dificultan las diarias relaciones con los demás. La presencia de una beldad suele desconcertar a los hombres; y a las mujeres no les entusiasma la compañía de la que, al atraer todas las miradas, acaso las eclipse a ellas. En cuanto al buen mozo, los demás hombres lo calificarán de «barbilindo»*, «Tenorio» o «Adonis» y les será por regla general poco simpático a aquellos con quienes sus ocupaciones lo relacionan.

La persona de físico común y corriente suele tener una ancianidad más atractiva. Sócrates llamó a la belleza corporal «una efímera tiranía»*. La beldad que empieza a perder los encantos a que debió ese dominio tiende a volverse desagradable en la vejez. Le es duro conformarse con la realidad que traen los años, y no hay en su espíritu recursos para superarla.

Una alta empleada de una importante asociación femenina me hablaba de la sorpresa que experimentó al asistir a una reunión de las que habían sido sus condiscípulas hacía 40 años. «Las jóvenes a quienes envidié por bonitas –me dijo- eran ahora unas viejas gruñonas y fastidiosas. En cambio, otras cuya figura me inspiró cierta compasión entonces, me parecían las más interesantes, despiertas y simpáticas».

Las contingencias a que se halla expuesta la persona que nació agraciada no existen para la que supo hacerse atractiva. Conozco una señora de 35 años que goza fama de ser una de las personas más hechiceras* de su ciudad. En los retratos sus tiempos de colegiala parece desgarbada e insignificante. Si hoy todos la hallan encantadora, se debe a que es una mujer de buen corazón, generosa, inteligente, y que ha sabido desarrollar un gusto exquisito para ataviarse en forma impresionante a la par que atractiva.

La única belleza digna de ser ambicionada es, en definitiva, la que proviene de la llama interior alimentada por una combinación de la fortaleza de carácter y la actitud generosa ante la vida. Quien lleve en sí tal llama, no la verá palidecer con los años. La belleza juvenil se desvanece. Y antes de desvanecerse puede engendrar en nosotros dañinas ilusiones. Encender en nuestro pecho la noble llama nos prestará la mejor «hermosura»: aquella que no depende de nuestra edad ni de nuestro físico.
 

Condensado de « The American Magazine»

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo XX, N° 121, Diciembre 1950, pp. 45-47, Selecciones del Reader’Digest S.A, Habana, Cuba


Notas
*Visiteos: acción de hacer o recibir muchas visitas.
*Desgarbada: Falta de garbo, atractivo, gallardía.
*Prendas: cualidades
*Pagada: ufana, orgullosa, engreída
*Compostura: Arreglo del aspecto de una persona o cosa.
*Asentada: sentada, juiciosa, sesuda, inteligente. Sensata, prudente.
*Solícito: Diligente, cuidadoso, atento.
*Barbilindo: Joven bello y bien parecido.
* O «dictadura de corta duración».
*Hechicera: cautivante, fascinante, seductora.

Las notas son mías

Comentario Personal: 
Parece mentira que después de tantos años que se publicó esto exista el hecho que la gente siga cometiendo la misma clase de errores en la educación de sus hijos sean o no bonitos. Los vuelven groseros, malagradecidos, cretinos, vanidosos, ignorantes, racistas discriminadores y chismosos.

Muchas personas que son atractivas con los años no mejoran su personalidad ni educación personal y se conforman en seguir en la gris mediocridad.

Para remate hay hasta prejuicios contra la gente que es atractiva y preparada en su trabajo. Se descalifica a los que cuidan su apariencia y entrenan. Ojo, no hablo de exagerados con su arreglo personal ni vigoréxicos.

Se da el caso de hombres que tienen fobia a las mujeres hermosas.

Ni hablar de los comentarios negativos contra los que son solteros... 

Muchos individuos que son feos y/o desgarbados no tratan ni se esfuerzan en compensar sus carencias físicas ni en desarrollar su personalidad sino que tienen pésimo carácter, son maleducados y terriblemente antipáticos.

Hay de todo como en botica o en la Viña del Señor.

Un mundo de locos.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Es tu cerebro masculino o femenino?

Por BBC Wonder

Hay quienes te dirían que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus

Aunque los comportamientos típicos femeninos y masculinos efectivamente se reproducen en nuestra vida cotidiana, numerosos estudios han demostrado ningún género tiene una mejor aptitud para una u otra tarea cognitiva.

Entonces, ¿será que las diferencias entre hombres y mujeres nacen con nosotros, derivadas de la cognición de nuestro cerebro, o son comportamientos aprendidos?

¿Qué hay en un cerebro?

Si bien es cierto que las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres son mínimas, hay diferencias en la forma en que responden a la enfermedad y el tratamiento.
  • Derrames
Los hombres son menos propensos a tener derrames fatales.

Los derrames afectan a las mujeres con más severidad que a los hombres, particularmente después de la menopausia.

Las células cerebrales de las mujeres mueren más rápido tras un derrame debido a los cambios hormonales.
  • La enfermedad de Alzheimer
Las mujeres de 60 años y más tienen el doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que los hombres.

La investigación sobre las diferencias en el cerebro entre los géneros podría cambiar la forma en que tratamos las enfermedades de Huntington, de Alzheimer y trastornos psiquiátricos como el bipolar.

  • El dolor
Los hombres y las mujeres experimentan dolor de manera diferente.

Las mujeres experimentan más dolor durante sus vidas, al sufrir por ejemplo 40% más dolor por osteoporosis que los hombres.

Eso puede alterar la manera en la que tratamos el dolor.
  • Heridas en la cabeza
Las mujeres se recuperan de lesiones en la cabeza más rápido debido a los altos niveles de progesterona.

Un estudio con ratas de 2010 mostró que la hormona menstrual progesterona mejoraba las posibilidades de supervivencia. 

¿El Tamaño Importa? 

Un estudio de 2014 de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, confirmó que el cerebro promedio de los hombres es 10% más grande que el de las mujeres. 

Pero más grande no significa necesariamente mejor

Es sorpresivamente difícil vincular las diferencias en el comportamiento con la anatomía", le dice a la BBC la anatomista Alice Roberts, mientras observa una bandeja con cerebros humanos. 

"Hay mucho debate sobre los cerebros de ambos géneros pero hay una cosa en la que todo el mundo está de acuerdo: los cerebros de los hombres tienden a ser más grandes que los de las mujeres".

No obstante, señala, no podemos olvidar que hay una enorme variedad entre los cerebros de ambos géneros, de manera que no es raro encontrar femeninos grandes y masculinos pequeños.

Y, a pesar de esa diferencia de 10% en promedio, los científicos no han encontrado ninguna diferencia en los niveles de inteligencia.

En pruebas de coeficiente intelectual, los hombres y las mujeres obtienen más o menos las mismas calificaciones.

"Además de las diferencias de tamaño, se ha dicho que hay diferencias en las estructuras en el interior del cerebro", explica Roberts. 

"Una de ellas es la conexión entre el sistema y las hormonas, la parte del cerebro que se comunica con los testículos y los ovarios. Pero eso no se ha podido demostrar".

"Otra área que algunos sospechan puede ser distinta es el hipocampo, que está vinculado a la memoria. Tiende a ser más grande en los cerebros de las mujeres. Pero en las pruebas de memoria, tampoco se ha encontrado ningún vínculo... ninguna diferencia".

"Así que aunque podemos ver algunas diferencias en la estructura, eso no se traduce necesariamente en diferencias obvias en el comportamiento", concluye la anatomista.

Por Vìas Diferentes 

Entonces, ¿cuál es la causa de las diferencias entre el cerebro promedio de los hombres y mujeres?

Un equipo de científicos en Filadelfia (EE.UU.), dirigidos por el Dr. Verma Ragini, mapeó las conexiones neurológicas en el cerebro de los hombres y las mujeres. 

Encontraron diferencias de género en los patrones de conexión o "vías" entre los dos hemisferios del cerebro.

Las mujeres muestran vías más fuertes entre los hemisferios derecho e izquierdo de sus cerebros.
Las vías en los hombres conectan el frente y la parte posterior del cerebro. 

El equipo observó que esta divergencia no existe en los niños, sólo se desarrolla en la adolescencia.

¿Naturaleza o Crianza? 

Puede ser tentador pensar que los cerebros de los dos sexos están "integrados" de diferentes maneras.
Pero el cerebro es muy plástico, y se desarrolla en respuesta a cómo se usa.

Es por ello que cualquier diferencia en las conexiones podría surgir debido a factores sociales y culturales, incluidos los estereotipos de género.

Es probable que los niños y los hombres puedan desarrollar mejores habilidades espaciales, ya que siempre se les ha animado a hacer deporte. 

Las mujeres pueden ser mejores para ponerse en el lugar de otros y ayudar, porque eso es lo que la sociedad espera de ellas. 

A pesar de que es fascinante poder trazar la arquitectura del cerebro vivo, la verdad es que las diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos son muy pocas y pequeñas.


Fuente:


jueves, 21 de julio de 2016

Sí es posible vencer la depresión

¿Se siente a la altura del suelo?
Levante el ánimo y entérese:

Sí es posible vencer la depresión

Por William Thomas Buckley

La Depresión Psíquica –cuyos síntomas pueden variar desde insomnio, fatiga y falta de concentración hasta parálisis emocional y pensamientos suicidas- siempre se ha considerado una enfermedad de los años medios o finales de la vida humana; pero los médicos están informando ahora que entre la gente joven ha aumentado en forma considerable y sorprendente el número de casos.

¿Por qué está presentándose la depresión psíquica a edad más temprana y con mayor frecuencia? Nadie conoce la causa exacta, pero el doctor Robert Hirschfeld, jefe de investigación de Trastornos del Estado de Ánimo, Angustia y Personalidad del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos señala los extraordinarios cambios sociales que han ocurrido en los últimos 20 años. Entre estos figuran la modificación de los papeles sociales del hombre y de la mujer, la incorporación masiva de la mujer a la fuerza de trabajo y la aceleración d la movilidad en el ámbito geográfico, que separa a las personas del apoyo de sus familiares y amigos.

Los expertos advierten que la “depresión clínica”, que puede ser muy grave, requiere de la atención de un médico o psicólogo especializados en el tratamiento de este trastorno. Si su estado de ánimo deprimido persiste alternadamente un día sí y un día no, semana tras semana, o si empeora hasta convertirse en negro desánimo, debe usted acudir a ver a su médico.

Pero también es posible que se ayude a sí mismo. He aquí cinco enfoques, recomendados por reconocidos especialistas en la  materia:

1. Haga algo constructivo. La depresión se nutre de la inercia, y la acción es su enemigo natural, asevera el psiquiatra David Burns, del Centro Médico Presbiteriano de Filadelfia. Cuanto menos haga usted, menos deseará hacer. Para combatir la inercia –aconseja este experto-, escriba un plan de acción diario: desde que se levante hasta que apague la luz para dormir. Incluya en su lista de acción todo lo que piense hacer, hasta la ducha y las comidas, porque si de veras se siente profundamente deprimido, incluso las pequeñas tareas pueden parecerle enormes. Divida la actividades complejas en pequeños pasos; así le parecerán más factibles.

Si aún la elaboración del plan le resulta un proyecto imposible, siga el consejo del doctor Burns, en el sentido que la acción, a menudo, debe preceder a la motivación, lo cual significa que no debe usted esperar a tener ganas de empezar a actuar, pues mientras la persona esté deprimida, quizá nunca se decida a actuar. En vez de esperar a tener ganas de hacer algo, conviene “cebar la bomba” dando un pequeño paso para empezar a actuar.

2. Ayude a alguien. El altruismo está ganando rápida aceptación entre los médicos como un magnífico método para ayudarse a sí mismo a mejorar la salud mental. El trabajo voluntario, el servicio a la comunidad, o un gesto de buen vecino, como hacer las compras para un anciano recluido en casa, pueden ejercer en el ánimo efecto terapéutico.

“Así se da uno cuenta de que tiene compasión y entiende a los demás”, afirma    la reverenda Florence Pett, quien, como ministra de la Iglesia Colegiada Marble, de la ciudad de Nueva York, trabaja con voluntarios. “Se dice uno: Puedo hacer algo; no soy inútil. Además, como aislarse del trato con la gente es una causa importante de depresión, el contacto humano se convierte en elemento curativo.

3. Programe su alegría. Muchas personas deprimidas se privan de los pasatiempos que más les gustan, lo cual empeora su situación. Para enderezar la vida, incluya en su agenda de cada día actividades placenteras. Haga vida social; sobre todo acuda a reuniones con amigos; proyecte actividades que le den la sensación de ser competente, como dominar una nueva habilidad; programe también eventos placenteros, tales como salir a cenar a un restaurante o ir a ver una película.
También trate de sonreír. Muchas investigaciones demuestran que la conducta da forma a nuestras emociones, explica el psicólogo James Laird, de la Universidad Clark, en Massachussets. Si se siente usted triste, no adopte una postura desgarbada; siéntese erguido; no arrastre los pies al andar; camine con garbo; y no frunza el entrecejo; sonría. Aun el mero intento de tener un porte dinámico puede subirle el ánimo. “Las acciones que acompañan a sentirse feliz –las expresiones faciales, las posturas, los movimientos corporales- pueden hacer que se sienta usted feliz”, explica Laird.

4. Haga ejercicio con regularidad. Sharon, casada, y madre de dos hijos, corre regularmente para combatir la depresión. “Si corro, empiezo a sentirme bien, aunque sea por la única razón de que estoy logrando algo”, asegura. “Por más desanimada que me sienta antes de correr, después me siento mejor”.
Los científicos piensan que el ejercicio aeróbico –actividades como la marcha a paso vivo, correr, nadar y montar en bicicleta- quizá induzca mayor confianza en uno mismo, mejore la sensación de bienestar y sea vigorizante. Por otra parte, en la medida en que nos ayudan relajarnos, estas actividades pueden disminuir la tensión y la angustia que coadyuvan la depresión.

5. Ilumine el día. Ángela, escritora de éxito, siempre había procurado vivir en lugares bien iluminados, hasta que en un invierno tuvo que trabajar en un sitio con poca luz. Se sentía letárgica y no podía terminar un libro que se había propuesto escribir. Ángela sufría de “trastorno afectivo estacional”, una depresión por sensibilidad a la falta de luz en que las bajas repentinas en el estado de ánimo coinciden con los meses de oscuridad del invierno.

Las investigaciones han demostrado que la exposición a la luz –solar o artificial- puede contribuir a superar la depresión estacional, que afecta a un número relativamente pequeño de personas. Especialistas como el psiquiatra Norman Rosenthal, del Instituto Nacional de Salud Mental, han demostrado que pueden ayudar dispositivos luminosos especiales, pero que estos no deben usarse sin la supervisión de un médico. Usted puede aumentar la luminosidad de su hogar creando un ambiente interior más alegre. Y al elegir una actividad diurna, como caminar o correr, puede aprovechar la luz natural.

Antes de embarcarse en la autoterapia por lo que sospecha usted es una leve depresión, acuda a que le hagan un reconocimiento general para cerciorarse de que goza usted de buena salud. A continuación, fíjese una meta de dos semanas. Si para entonces todavía no se siente bien, o se siente peor, o si en cualquier momento tiene pensamientos suicidas, hable con su médico. Y no eche en saco roto este sabio consejo del doctor David Burns: “La decisión de ayudarse a sí mismo es la clave para sentirse mejor”.

Fuente:

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo C, Número 596, Julio de 1990, Reader’s Digest Latinoamérica, págs 109-111


Nota: Hay información más reciente sobre la depresión que está disponible pero me pareció interesante este artículo y por eso quise compartirlo en el blog.


En la Hora más Oscura


Por Robert O’Brien
 
Parecía como si todos los males se hubieran dado cita para llegar al mismo tiempo. Una reducción de gastos en el diario en que trabajaba me dejó cesante en momentos en que mi familia necesitaba más de mi ayuda. Andaba yo buscando empleo inútilmente cuando el padre de Mary cayó enfermo de gravedad. Tendría ella que permanecer a su lado por tiempo indefinido, consagrada a cuidarlo. Semanas antes nos sonreía la vida; habíamos estado haciendo planes para nuestra boda. ¿Ahora? Ahora nos hallábamos frente al desastre.
Invierno en la tierra… y también en nuestros corazones.
Multitud de veces me había tocado enterarme de los infortunios ajenos. En mi calidad de reportero debía tomar nota de casos como la pérdida del empleo, la enfermedad repentina, el accidente grave, que dejaban atribulada a una familia hasta entonces dichosa. Mi oficio era escribir acerca de esos casos… impersonalmente. Pero este caso me hería en lo más vivo:el atribulado era yo mismo.
Al final de una tarde plomiza y desapacible, bien abrigado con un grueso jersey, salí de casa y llamé a Mary por teléfono desde la botica de la esquina.
-Salgamos a dar una vuelta y a respirar al aire libre-le dije.
-Vayamos a la playa-propuso Mary-. No sé por qué siento deseos de ver el mar.
Al poco rato se hundían nuestras pisadas en la arena de la playa envuelta en las últimas claridades del atardecer. Las olas claras y frías se estrellaban en la orilla con tumultuoso hervor. Detrás de ellas iba extendiéndose la bruma.
Sentados en un madero que el oleaje había dejado en seco, empezamos a hablar. A nuestra espalda, más allá del alto malecón, se veía el paseo por el que no transitaba un alma. Estábamos solos en el mundo… solos con nuestras penas.
-Todo tiene arreglo en esta vida -me dijo Mary tomando mi mano entre las suyas-. Podemos trabajar y esperar hasta que cambie la suerte.
Trataba de mostrarse valerosa y confiada. Sacudí tristemente la cabeza, consciente de que debíamos arrostrar la realidad, y le dije:
-Las cosas no siempre se resuelven a la medida de nuestros deseos. Cuando la vida se revuelve contra uno, no hay modo de cambiar su curso. He visto fracasar a muchos. Nosotros no somos distintos. La vida no hace excepciones con nadie.
Me quedé mirándola. Tenía la vista perdida en la arena y el semblante velado de tristeza.
-Mary –seguí diciéndole- estamos en un callejón sin salida. Empeñarnos en seguir como vamos será hundirnos juntos. Tu padre no puede valerse sin ti. Yo no tengo con qué mantenerte. Tú tienes que quedarte y yo debo irme. Sí, debo marcharme a buscar trabajo donde lo haya. Tal vez será mejor que trates de olvidarme.
Ella calló. En realidad, nada había que decir.
En la helada brisa nocturna flotó la voz lamentosa de una sirena de nieblas. El frío era cada vez más intenso. Mary empezó a tiritar. Nos levantamos y echamos a andar por la playa desierta, oprimidos de silencio y pesadumbre los corazones.
-¡Mira!
Miré hacia donde señalaba Mary. Al principio vi solamente la perezosa sucesión de las olas. Luego distinguí algo. Parecía un madero, juguete del mar. Sin embargo, Mary y yo sentimos que no era eso. Echamos a correr. El agua nos penetraba de su frialdad al arremolinársenos en las rodillas, en la cintura. Al fin llegamos. Era una mujer. Estaba completamente vestida. La agarramos cada uno por un brazo.
-¡Déjenme!-dijo tratando de soltarse- ¿Déjenme!
Forcejeamos con ella  en medio de la oscuridad y la niebla, entorpecidos nuestros movimientos por el oleaje y lo empapada que teníamos la ropa. Logramos al cabo ganar un sitio donde el agua era poco profunda. Entonces se desmadejó la mujer y quedó hincada de rodillas.
Era bien parecida y no representaba arriba de 25 años. El bolso de mano flotaba cerca de ella, sujeto al brazo por la larga correa del asa.
La mujer levantó la cabeza y nos miró. Tenía hundidos y apagados los ojos, sin color las mejillas. Un temblor le agitaba los hombros endebles. Las olas rompían en torno nuestro y trataban de arrastrarnos; la arena nos restregaba los tobillos.
Medio en vilo, medio arrastrándonos, sacamos a la mujer a la playa. A pocos metros de la orilla se nos escurrió de entre las manos. Arrodillándonos de espaldas al viento, le frotamos enérgicamente las piernas y los brazos. Empezó a respirar lenta y entrecortadamente.
-Voy a pedir auxilio-dije.
-Corre-contestó Mary.
A un kilómetro del malecón había un merendero. El viejo de blanco delantal que estaba ocupado en hacer café me miró de hito en hito. Debía de ser curiosa mi facha con la ropa chorreando agua. Fui al teléfono y llamé a la policía. Cuando iba marcharme se me acercó el viejo.
-Aquí tiene-dijo entregándome una jarra de humeante café y unos vasos de papel. Rehusó con un ademán el pago.
Tropezando aquí y allá en la arenosa playa envuelta en la oscuridad corrí hacia Mary. Quería hallarme a su lado cuanto antes, en el caso que la mujer falleciese.
-Aún tiene pulso-dijo Mary.
-Ya viene la policía.
Viendo que la mujer era incapaz de tomar ni un sorbo de café, seguimos friccionándole piernas y brazos. Nos pareció que era lo único que podíamos hacer por ella. En la sombra nocturna resonaba distante, lento y avasallador el ritmo del mar.
A poco rasgó la niebla el haz de un reflector que desde el malecón recorría la playa. Apenas nos enfocó permaneció fijo en nosotros. Llegaron corriendo dos policías.
Uno de ellos examinó el contenido del bolso de mano. Un billete de 20 dólares. Un pase de automovilista. A la luz de la linterna leyó: «Judith Snow, edad 28 años».
La mujer estaba ahora completamente inmóvil. Era imposible notar si respiraba o no.
-Creo que ha muerto-me dijo uno de los policías.
-No. Todavía se le siente el pulso-dijo Mary.
Rasgó el aire la sirena de una ambulancia. Surgieron de la niebla dos camilleros que corrían hacia nosotros. Rápida y suavemente colocaron a la mujer en la camilla. Vimos dibujarse sobre nuestras cabezas varios rostros a los que servía de fondo el telón de la niebla. Allá arriba, en el borde del malecón, un grupo de gente miraba hacia la playa como miran al redondel los espectadores de un circo.
Triste era la procesión que formábamos al subir por la rampa del malecón los camilleros, los policías, Mary y yo. Al salir de la rampa nos envolvió en fugaz y cegadora claridad el fogonazo de la bombilla de un fotógrafo de periódico que estaba acechando nuestra llegada. Los camilleros deslizaron cuidadosamente a la mujer en el interior de la ambulancia, que acto seguido se alejó a toda velocidad.
Mary y yo tomamos asiento en el auto patrullero de la policía. Uno de los agente apuntó nuestros nombres y direcciones. Le contamos lo que había dicho Judith Snow y cómo habíamos tratado de salvarla. El agente se nos quedó mirando desde la penumbra del fondo del coche. Era joven, y su rostro cobró una expresión preocupada cuando nos dijo:
-Si tardan ustedes unos minutos más, habría muerto sin remedio. ¿Qué tal se siente uno al saber que ha salvado una vida?
Mary me estrechó la mano y no dijo nada. Yo tampoco hallé nada que decir.
Esa misma noche, a hora bastante avanzada telefoneamos al hospital. En mis andanzas nocturnas de reportero había hecho muchas llamadas parecidas; pero esta vez no se trataba de una llamada de rutina.
-¿Quién habla?-preguntó con sequedad la enfermera.
Le di nuestros nombres y agregué:
-Somos los que salvamos a la señorita Snow en la playa del malecón.
El tono de la enfermera se hizo cordial al decirme:
-La señorita Snow no se ha repuesto aún de su estado de postración nerviosa, pero hay en ella voluntad de vivir… y vivirá.
Al otro día por la tarde recibimos una carta por correo expreso. Venía dirigida a Mary y a mí.La letra era clara y firme.
«Me sentía completamente sola en el mundo, y lo veía todo negro, y me dio miedo -decía la carta-. Ignoro por qué Dios se apiadó de mí. Él me hizo ver anoche que no estaba tan sola ni tan abandonada. Para mí será siempre un milagro de Dios que ustedes acertaran a estar por esos lados… dos personas extrañas, y sin embargo, dos amigos.
«Nunca volveré a sentirme sola en el mundo. Ahora sé que Dios ilumina con su presencia el lugar más oscuro y más solitario de la Tierra. Les estoy muy agradecida a ustedes y doy gracias a Dios, que por mediación de ustedes me ha dado una nueva vida y un mundo nuevo. Judith Snow».
Mientras Mary y yo leíamos la carta cruzaban por mi imaginación el viejo del merendero con su espontánea caridad; el joven policía con su cariñosa preocupación; los camilleros con su diligente solicitud; la enfermera con su voz afectuosa… y Judith Snow. Todos, personas extrañas; pero todos seres humanos; todos prójimos nuestros.
Ante un mundo que súbitamente aparecía a nuestros ojos acogedor y cordial, Mary y yo hallamos respuesta a la pregunta: ¿Qué tal se siente uno al saber que ha salvado una vida? Porque si a Judith Snow se le había deparado en la hora más negra de su existencia una nueva vida y un mundo nuevo, a nosotros se nos deparó también igual beneficio.
Nunca más volvimos ni volveremos a sentirnos abandonados y solos en el mundo. Una fe renovadas nos ha dado la fuerza necesaria para transformar las dificultades en fuente de estímulos vitales. Gracias a los solícitos cuidados de su hija, el padre de Mary mejoró en forma tal que dejó pasmados a los médicos. Para la primavera estaba en franca convalecencia. En cuanto a mí, la pérdida del empleo fue en realidad una fortuna: me libró de haberme pasado la vida vegetando. Al enfrentarme a la necesidad de abrirme paso en un nuevo campo, empecé a ganar en breve lo suficiente para sostener un hogar.
Una tarde de junio, al retirarnos Mary y yo del altar después de haber recibido la bendición nupcial, nuestros corazones rebosaban de gratitud.
-Gracias -murmuré al oído de Mary.
-Gracias -murmuró ella sonriendo.
Alimentamos la esperanza de que Judith Snow haya podido oírnos, sea cual sea el lugar donde se encuentre.

Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Enero de 1954, tomo XXVII, N° 158, págs. 44-48, Selecciones del Reader’s Digest, S.A., La Habana, Cuba