domingo, 27 de abril de 2025

El Amigo Braulio

Por Manuel Gonzáles Prada


En ese tiempo era yo interno de San Carlos. Frisaba en los diez y ocho y tenía compuestos algunos centenares de versos, sin que se me hubiera ocurrido publicar ninguno ni confesar a nadie mis aficiones poéticas. Disfrutaba una especie de voluptuosidad en creerme un gran poeta inédito.

Repentinamente nacieron en mí los deseos de ver en letras de molde algunos versos míos. Por entonces se publicaba en Lima una semanario ilustrado que gozaba de mucha popularidad y era leído y comentado los lunes entre los aficionados del colegio: se llamaba El Lima Ilustrado.
Después de leer veinte veces mi composición de poemas, comparar su mérito y rechazar por malísimo lo que ayer había creído muy bueno, concluí por elegir uno, copiarlos en fino papel y con la mejor de mis letras.

Temblando como reo que se dirige al patíbulo, me encaminé un domingo por la mañana a la imprenta de El Lima Ilustrado. Más de una vez quise regresarme; pero una fuerza secreta me impelía.

Con el sombrero en la mano y haciendo mil reverencias penetré en una habitación llena de chivaletes, galeras, cajas, tipos de imprenta.

—¿El Señor Director? — pregunté queriendo mostrar serenidad, pero temblando.

—Soy yo joven.

Me dio la respuesta un coloso de cabellera crespa, color aceitunado, mirada inteligente y modales desembarazados y francos. En mangas de camisa, con un mandil azul, cubierto de sudor y manchado de tinta, se ocupaba en colar fajas y pegar direcciones.
—Me han encargado le entregue a usted una composición de verso.
—Pasemos al escritorio.

Ahí se cala las gafas y sin sentarse ni acordarse de convidarme asiento, se pone a leer con la mayor atención.

Erala primera vez que ojos profanos se fijaban en mis lucubraciones poéticas. Los que no han manejado una pluma no alcanzan a concebir lo que siente un hombre al ver violada, por decirlo así, la virginidad de su pensamiento. Yo seguía,  yo espiaba la fisonomía del director para ir adivinando el efecto que le causaban mis versos: unas veces me parecía que se entusiasmaba, otras que me censuraba acremente.

—Y ¿quién es el autor? me dijo, concluida la lectura.

Me puse a tartamudear, a querer decir algún nombre supuesto, a murmurar palabras ininteligibles, hasta que concluí por enmudecer y tornarme como una granada.
—¿Cómo se llama usted, joven?
—Roque Roca.
—Pues bien: yo publicaré la composición el próximo número y pondré el nombre de usted, porque usted es el autor: se lo conozco en la cara. ¿Verdad?

No pude negarlo, mucho más cuando el buen coloso me daba una palmada en el  hombro, me convidó asiento y se puso a conversar conmigo como si hubiéramos sido amigos de muchos años.
Al salir de la imprenta, yo habría deseado poseer los millones de Rothschild para elevar una estatua de oro al director de El Lima Ilustrado.

II

Cuando el semanario salió a la luz con mis versos, produjo en San Carlos el efecto de una bomba. ¡Poetam habemus!, gritó un muchacho que se acordaba de no haber aprendido latín. En el comedor, en los patios, en el dormitorio y hasta en la capilla escuchaba yo alguna vocecilla tenaz y burlona que entonaba a gritos o me repetía por lo bajo una estrofa, un verso, un hemistiquio, un adjetivo de mi composición.
La insolencia de un condiscípulo mío llegó a tanto que al pedirle el profesor de literatura un ejemplo de versos pareados, indicó los siguientes:

El poeta Roque Roca
Echa flores por la boca.

Con decir que el mismo profesor lanzó una carcajada y me dirigió una pulla, basta para comprender el maravilloso efecto de los dos pareados: a la media hora los sabía de memoria todo el colegio y andaban escritos con lápiz negro en las paredes blancas y con polvos blancos en las pizarras negras. No faltaron variantes:

El poeta Roque Roca
Echa coles por la boca.


El poeta Roque Roca.
Echa sapos por la boca.


Un bardo anónimo, no muy versado en la colocación de los acentos, escribió:

El poeta Roque Roca
Es un inconmensurable alcornoque.


Agotada la paciencia, recurrí a las trompadas; mas como el remedio empeoraba el mal, acabé por  decidir que el partido más cuerdo era no hacerles caso y no volver a publicar una sola línea.

Sólo encontré una voz amiga. Había un muchacho a quien llamábamos el Metafórico, por su manera extraña y alegórica de expresarse. El Metafórico me llamó a un lado y me dijo con la mejor buena fe:
—Mira, no les hagas caso y sigue montando en el Pegaso: el ruiseñor no responde a los asnos; poeta-aurora, desprecia a los hombres-coces.

Las palabras me consolaron, aunque venía de un chiflado. ¡Qué voz no suena dulce y agradablemente cuando se duele de nuestras desgracias y nos sostiene en nuestras horas de flaqueza?

Yo contaba con un amigo de corazón: Braulio  Pérez. Juntos habíamos entrado al colegio, seguíamos las mismas asignaturas y durante cinco años habíamos estudiado en compañía. En cierta ocasión, una enfermedad le retrasó en sus cursos: yo velé dos o tres meses para que no perdiera el año. ¿Quién sino él estaría conmigo? Como ni palabra me había dicho sobre mis versos ni salido a mi defensa, su conducta me pareció extraña y le hablé con la mayor franqueza.
—¿Qué dices de lo que pasa?
—Hombre —me contestó— ¿Por qué publicar los versos sin consultarte con algún amigo?
—De veras.
—Tú sabes que yo…
—Cierto.
—Estoy hasta resentido de tu reserva conmigo.
—Lo hice de pura vergüenza.

Si alguna vez vuelves a publicar algo…
—¿Publicar?, antes me degüellan.

Mantuve mi resolución un mes, y la habría mantenido mil años, si el director de El Lima Ilustrado no se hubiera aparecido en el colegio a decirme que se hallaba escaso de originales en verso  y que me exigía mi colaboración semanal. Quise excusarme; pero el hombre —lisonjero— me comprometió a enviarle cada miércoles una composición en verso.

Ocurrí al amigo Braulio, le conté lo sucedido y le enseñé todo mi cuaderno   para que escogiera los menos malos; pero no logramos quedar de acuerdo: todas mis inspiraciones le parecían flojas, vulgares, indignas de ver la luz pública en un semanario donde colaboraban los primeros literatos de Lima. Imposible sacarle de la frase: ʺTodas están malasʺ. A escondidas del amigo Braulio, copié los versos que me parecieron mejores y se los remití al director de El Lima Ilustrado.

La tormenta se renovó con mi segunda publicación, pero fue amainando con la tercera y la cuarta; a la quinta, las burlas habían disminuido, y sólo de vez en cuando algún majadero me endilgaba los pareados o me dirigía una pulla de mal gusto.

El único implacable era el amigo Braulio, convertido en mi Aristarco severo, todo por amistad, como solía repetírmelo. Apenas recibía el número de El Lima Ilustrado, se instalaba en un rincón solitario y lápiz en mano, se ensañaba en la crítica de mis versos: uno era cojo, el otro patilargo; éste carecía de acentos, aquél los tenía de más. En cuanto al fondo, peor que la forma.

—Mira —me lanzó en una de esas expansiones íntimas que sólo se concibe en la juventud—; mira, el hombre no sólo se deshonra con robar y matar, sino también con escribir malos versos. A ladrones o asesinos nos pueden obligar las circunstancias; pero ¿qué nos obliga a ser poetas ridículos?

III

Hacía dos meses que publicaba yo mis versos, cuando en el mismo semanario apareció un nuevo colaborador que firmaba sus composiciones con el seudónimo de Genaro Latino. Mi amigo Braulio empezó a comparar mis versos con los de Genaro Latino.
—Cuando escribas así, tendrás derecho a publicar —me dijo sin el menor reparo.

Fui constante inmolado en aras de mi rival poético: él era Homero, Virgilio, y Dante, yo, un coplero de mala muerte. Cuando mi nombre desapareció de El Lima Ilustrado para ceder el sitio al de Genaro Latino, muchos de mis condiscípulos me reconocieron el mérito  de haber admitido mi nulidad y sabido retirarme a tiempo. Sin embargo, algunos insinuaron que el director del semanario me había negado la hospitalidad.

Todos creían envenenarme la bilis con leerme los versos de mi rival, figurándose que la envidia me devoraba el corazón. Braulio me atacaba ya de frente, y se le atribuía la paternidad de este nuevo pareado:

Ante Genaro Latino,
Roque Roca es un pollino.


Un día, Braulio, triunfante y blandiendo un papel, se instala sobre una silla, pide la atención de los oyentes y empieza a leer una silva de Genaro Latino, publica da en el último número de El Lima Ilustrado. De pronto, cambia de color, se muerde los labios, estruja el periódico y lo guarda en el bolsillo.

—¿Por qué no sigues leyendo? —le pregunta una voz estentórea—. Era el Metafórico.
—¡Que siga, que siga! —exclamaron algunos.
—Yo seguiré —dijo el Metafórico.

Se encaramó en una silla que el amigo Braulio acababa de abandonar y leyó:

Nota de la Dirección.— Como hay personas que se atribuyen la paternidad de obras ajenas, avisamos al público (a riesgo de herir la modestia del autor) que los versos publicados en El Lima Ilustrado con el seudónimo de Genaro Latino son escritos por nuestro antiguo colaborador el joven estudiante de jurisprudencia don Roque Roca.

El amigo Braulio no volvió a dirigirme la palabra.
 
 
 
Manuel Gonzáles Prada nació en Lima  y falleció en 1918. La influencia del autor de ʺPájinas Libresʺ que ejerció sobre la juventud, comprendió la política, la literatura, la poesía. En ʺEl Tonel de Diógenesʺ, México, Tezontle, 1945, aparecen algunos trozos narrativos de Gonzáles Prada.
 
 
Varios autores, Antología del Cuento. Lima en la Narración Peruana, Presentación y Selección de Elías Taxa Cuádroz, Editorial Continental- Kontinental Verlag, Lima, Perú, 1967, págs. 55-61 
 
 
Notas
 
Chivaletes o  Chibaletes.-  significa un armazón de madera donde se colocan las cajas para componer en imprenta. Proviene del francés "chevalet", que significa caballete. En esencia, es un mueble parecido a un pupitre, usualmente de madera, con cajones (o "cajas") para guardar tipos móviles.

Hemistiquio: Mitad de un verso, especialmente cada una de las dos partes de un verso separadas o determinadas por una cesura. DLE.RAE

Cesura: En la poesía moderna, corte o pausa que se hace en el verso después de cada uno de los acentos métricos reguladores de su armonía. DLE. RAE

Verso pareado: Un pareado es un par de versos consecutivos de poesía que crean una idea o pensamiento completo. Los versos suelen tener patrones silábicos similares, llamados métrica. Si bien la mayoría de los versos riman, no todos lo hacen. Un pareado puede formar parte de un poema más extenso o ser un poema en sí mismo. masterclass.com

Aristarco de Samotracia (c. 217-c. 145 a. C.): Gramático y miembro de la escuela filológica alejandrina. Su nombre llegó a hacerse proverbial como antonomasia del crítico severo. Wikipedia y otros.

Silva: Combinación métrica, no estrófica, en la que alternan libremente versos heptasílabos y endecasílabos. DLE. RAE


jueves, 24 de abril de 2025

Y me arrodillé a sus pies

Drama de la vida real



Durante 30 años la esposa que me dieron mis padres sólo me había inspirado repugnancia, pero un día supe… y me arrodillé a sus pies.

Por Wang Yang


ESTABA YO en mis cinco sentidos cuando el Dr. Chou Taohsiang me hizo un trasplante de córnea. Los médicos habían anestesiado alrededor del ojo enfermo, pero oía perfectamente el choque metálico de los instrumentos y la voz del Dr. Chou.

Cuando ingresé en el Hospital Militar de Taipeh, llevaba más de tres años con el ojo derecho inflamado. Casi no veía con él, y en el izquierdo padecía una fuerte hipermetropía. Los médicos descubrieron, además, además que tenía queratitis (inflamación de la córnea).

—Tal vez se infectó usted con alguna toalla, o en cualquier piscina —me dijeron.
—Soy instructor de natación en una escuela para oficiales del ejército —repuse.
—Pues probablemente fue allí donde se contagió usted —concluyó el Dr. Chou.

Aproximadamente un año después me enteré de que un trasplante de córnea podría devolverme la vista del ojo derecho del cual ya había cegado por completo. Se lo conté a mi esposa, quien con aire resuelto fue a buscar la libreta de la cuenta de ahorros que guardaba en el banco. Había conseguido ahorrar alrededor de 20.000 dólares de Formosa (suma equivalente a 500 dólares norteamericanos) durante muchos años de trabajo agotador.

—Si con esto no basta, trataremos de conseguir algo más —me dijo,  y añadió—: Tú no eres como yo. Un analfabeto es ciego aunque pueda ver. El que sabe leer necesita los dos ojos.

El Dr. Chou había practicado uno de los primeros trasplantes de córnea lo grados en Formosa, y fui a inscribirme en la lista de sus pacientes. Antes de transcurrido un mes me llamó por teléfono para decirme:
—Un chofer sufrió un grave accidente de automóvil. Antes de morir le dijo a su mujer que procurara reunir cuanto pudiera, con la venta de partes de su cadáver, para ayudar con ello al sostenimiento de sus seis chiquillos. ¿Podría usted pagar 10.000?
La operación y los gastos costarían 8000, poco más o menos. Por tanto, acepté, y recibí instrucciones de presentarme en el hospital al día siguiente.
Verdaderamente había corrido con suerte. Conocía yo algunas personas que debieron esperar varios años una córnea disponible, y agradecí a mi esposa la ayuda que me permitiría operarme.

Cuando me sacaban de la sala de operaciones, mi hija Yung, acercándome los labios al oído, me dijo:
—Todo salió bien. Mamá quería venir, pero tuvo miedo.
—Dile que no venga —le contesté—. Pero explícale que estoy perfectamente, y que no se preocupe.
Mi esposa no había ido a verme la primera vez que estuve en el Hospital Militar, y tampoco en esta ocasión quería yo que acudiera.

Tenía 19 años de edad cuando me casé por voluntad de mis padres*. Mi padre y el de mi esposa eran íntimos amigos (los que nosotros llamamos shih-chiao) y se habían comprometido a que, si las esposas daban varón la una y una mujercita la otra, los casarían al llegar a adultos.

Nunca vi a la muchacha que me habían destinado por esposa hasta que la llevaron a nuestra casa en la litera nupcial. Después de las tradicionales genuflexiones ante el cielo y la tierra, la condujeron a mi habitación.

Cuando por fin levanté el rojo brocado del tocado nupcial de mi esposa, no pude reprimir una exclamación de horror. Tenía el rostro cruelmente cubierto de picaduras de viruela, tan profundas como descoloridas. La nariz era deforme y, bajo las escasas cejas, aprecian unos ojos hinchados por las cicatrices que le cubrían los párpados.  A los 19 años de edad, la joven parecía de 40.

Corrí al aposento de mi madre y pasé la noche sollozando. Ella me dijo que debía resignarme a mi sino. Las jóvenes feas traen buena suerte, me aseguraba; las bonitas sólo dan penas.

Nada de lo que mi madre dijo logró atenuar la angustia que me mordía el corazón.  Me negaba a compartir la misma habitación con mi esposa, a quien ni siquiera dirigía la palabra. Me hospedaba en la escuela, y cuando llegaron las vacaciones del verano, no quise volver a casa y fue necesario que mi padre enviara a uno de mis primos a buscarme.

A mi llegada, mi mujer estaba preparando la cena, alzó la cabeza y, al verme, sonrió. Yo pasé junto a ella sin detenerme. Terminada la comida, mi madre me llamó aparte y me dijo:
—Hijo mío, te comportas cruelmente. Tu esposa no tiene un rostro muy atractivo, pero no puede decirse lo mismo de su corazón.
—No. Debe de tener un corazón muy hermoso, tan bello como el de un ángel —exclamé con violencia—. Si no, ¿cómo me habrían obligado a casarme con ella?
Mi madre palideció.
—Es una chica extraordinariamente buena, comprensiva y considerada —me replicó—. Lleva ya más de seis meses en esta casa, y trabaja de la mañana a la noche, en la cocina y en la fábrica. Ella prepara los alimentos y la ropa de tu padre y mía, y no ha proferido ni una queja por la manera como la tratas. Nunca la he visto derramar una sola lágrima. Pero te aseguro que a solas llora amargamente.
”Por diferentes que seamos, cada uno tenemos una sola vida, continuó mi madre. “Si te atiende solícitamente y cuida tan bien de la casa, si no cabe duda de que sabrá educar a tus hijos como es debido. ¿qué más puedes pedirle? ¿Pretendes que lleve la existencia de una viuda teniendo marido? Ponte en su lugar”.

Mi esposa y yo comenzamos a compartir la misma habitación, pero nada podía cambiar mi repudio. Se mantenía agachada y hablaba en voz baja. Si yo la reconvenía, levantaba la cabeza, me sonreía con aire sumiso, y, en seguida se inclinaba de nuevo. Parece una masa informe de algodón, sin voluntad ni carácter, pensaba yo.

Llevamos más de treinta años de casados, y en ese tiempo es raro que haya sonreído a mi mujer y jamás he salido a pasear con ella. Para ser sincero, muchas veces deseé su muerte.
Y a pesar de todo, mi esposa ha demostrado tener más paciencia y mayor capacidad de amar que ninguna otra persona que yo conozca.

Cuando vinimos por primera vez a Formosa, tenía yo un puesto inferior en el ejército y mi sueldo difícilmente alcanzaba para costearnos el alquiler y la comida. Nuestra hija enfermaba con frecuencia, así que, aparte de todo, teníamos que hacer frente a los gastos médicos. En los ratos que sus quehaceres domésticos le dejaban libres, mi mujer tejía sombreros y esteras de paja para aportar a la casa un poco de dinero.
Cuando nos mudamos a un puerto pesquero en la región oriental del país, se dedicaba a remendar redes; y cuando nos trasladamos al norte, aprendió a pintar piezas de cerámica. A menudo me ausentaba de casa, pero sabía que no tenía por qué preocuparme de los niños y la casa, pues mi esposa estaba pendiente de todo.

Nunca habíamos vivido en las casas del ejército, pues lo cierto es que ambos temíamos que tratara a la gente. Cuando me licenciaron del ejército, nos mudamos a una casa modesta y algo apartada. Nuestra hija Yung había terminado sus estudios y hacía un año que daba lecciones. Su hermano, tres años menor que ella, estudiaba con provecho en la Academia Militar. Yo había recomendado a Yung que no le dijera a su hermano  una sola palabra acerca de la operación hasta que todo hubiera pasado, ya que no quería que nada lo distrajera de sus exámenes de fin de curso.

Yung compró un aparato de radio de transistores para que tuviera con qué entretenerme durante las largas horas que debía pasar con los ojos vendados. Pero me sobraba tiempo para reflexionar, y pensaba con frecuencia en mi mujer. No dejaba de sentir cierta vergüenza por haberle ordenado que no fuera a verme.

Dos semanas después de la operación me comunicaron que pronto me quitarían las vendas. Mi alegría era incontenible. Nunca había estado en reclusión forzada, y me decía que recobrarla libertad sería un gran gozo.
—Cuando me restablezca —confié a Yung—, iré  a visitar la tumba del chofer que me cedió su córnea.
Pero me sentía nervioso, pues no ignoraba la posibilidad de que el trasplante fracasara.  Cuando me quitaron la venda que me cubría el ojo derecho, vacilé en abrirlo.
—¿Puede usted ver la luz? —me preguntó el Dr. Chou.
—Sí, encima de mí —contesté parpadeando.
—En efecto, es la lámpara —me dijo el médico, y me dio una palmada en el hombro—. Todo ha salido bien, amigo mío. Dentro de una semana podrá volver a su casa.

Cada día  en el curso de aquella semana, el Dr. Chou exponía a la luz mi ojo derecho. Primero no veía yo más que sombras; luego distinguí los dedos de las manos del médico. El día que debía volver a casa pude enfocar la ventana, la cama, y aun las tazas de té que estaban en la mesa.
—Mamá está preparando tus platos predilectos para darte la bienvenida —me anunció Yung cuando fue por mí.
—Es una esposa excelente y una madre ejemplar —le respondí.
Nunca me había referido a ella en tales términos.

Mi hija y yo tomamos un taxi.  La muchacha guardó un extraño silencio durante el camino.
Al entrar de nuevo en casa, de donde había salido 21 días antes, mi mujer venía de la cocina con un plato de comida. Apenas me vio, agachó la cabeza instintiva y apresuradamente.
—Ya llegaste —murmuró.
—Gracias por haberme devuelto la vista —le dije.
Era la primera vez que yo le agradecía algo.
Ella pasó junto a mí bruscamente y puso el plato en la mesa. Se apoyó luego contra la pared, volviéndome la espalda, y empezó a sollozar.

Yung entró inopinadamente en la habitación y, bañada en lágrimas, exclamó:
—¡Díselo, mamá! ¡Que mi padre sepa que tú le donaste la córnea! —y sacudía a su madre— ¡Díselo, mamá? ¡Anda!
—No hice más que cumplir con mi deber —replicó mi esposa.
La así por los hombros y la miré a los ojos. El iris del izquierdo estaba tan opaco como había tenido yo el derecho.
—¡Flor de Oro! —era la primera vez que pronunciaba yo su nombre— ¿Por qué?... ¿Por qué lo hiciste? —le reclamé, sacudiéndola con violencia.
—Pues… porque eres mi esposo.
Y Flor de Oro ocultó la cabeza en mi hombro. La estreché fuertemente contra mí… y me arrodillé a sus pies.


*El autor se crió por la época en que los padres debían disponer el matrimonio de los hijos, y éstos tenían que obedecer las órdenes paternas. Tales costumbres, ya rara vez practicada por los días en que se casó el autor, actualmente han desaparecido.



Condensado del “Central Daily News” (10 y 11-VII-1973), de Taipeh, (Formosa, Taiwán)

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXVII, Número 401, Año 34, Abril de 1974, págs 95-99, Reader’s Digest México S.A. de C.V., México


Nota:
Siempre me gustó este relato que leí hace años porque aconsejaba No dejarse llevar por las apariencias, que significa el no basar los juicios o decisiones únicamente en la apariencia exterior de las personas o las cosas, sino en su esencia, carácter o comportamiento. Reconocer que lo que vemos no siempre refleja la realidad y que es importante investigar más allá de la superficie. Hay que abandonar los prejuicios, buscar la verdad, no ser tan superficiales y valorar el interior de las personas (bueno, las que valgan la pena conocer porque así con todo hay que ser un tanto selectivos con quienes tengamos compañía).

Durante algún tiempo esta sección de la revista se llamó Dramas de la Vida Cotidiana, luego se la renombró como Drama de la Vida Real.
Sobra explicar la temática.

Si nuevamente cito algunos de estos relatos dramáticos pondré si es de la primera o de la segunda época.


Sino: azar, hado, suerte, fatalidad, ventura, acaso, fortuna, estrella, casualidad, eventualidad
Reconvenir: censurar, reprender, criticar, reprochar, recriminar, etc.
Inopinadamente: de modo inesperado, imprevisto, repentino, súbito, insospechado. RAE y otros.


miércoles, 23 de abril de 2025

Un Día como Hoy en un Libro

Miguel de Cervantes Saavedra

Muerte de Cervantes.  El «Persiles y Sigismunda».

El 23 de abril de 1616 murió Miguel de Cervantes en su casa de la calle del León de Madrid. En la misma fecha moría en Stratford William Shakespeare; en la misma fecha pero no el mismo día, ya que no habiendo adoptado todavía Inglaterra la reforma gregoriana del gregoriano, el 23 de abril corresponde al nuestro de 3 de mayo. Cuatro días antes de morir redactó Cervantes la dedicatoria al Conde de Lemos de su obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda (…)
Fue enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas de la calle de Cantarranas (hoy Lope de Vega), (…)


Aproximación al Quijote, de Martín de Riquer

Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos (y las curiosas reglas de Roma, Atenas y Londres)

 

 
Hay rascacielos, pero Europa es relativamente bajita

 

Por BBC News Mundo
Redacción

 

Los rascacielos son, para algunos, el símbolo definitivo del progreso y la modernidad. Para otros, una fea mancha en el horizonte natural.

Las primeras edificaciones decididamente altas que conocemos fueron los zigurats de adobe cocido de Sumeria, que se alzaban en lo que una vez fue Mesopotamia y hoy es el sur de Irak.

Eran estructuras religiosas forjadas con la fusión de riqueza recién acumulada y la creencia en algo más allá de la existencia material.

Ese deseo de alcanzar el cielo mientras se celebraba tanto la fortuna y poder como a los dioses también dio lugar a las pirámides del antiguo Egipto y, milenios más tarde, a las agujas de las catedrales medievales.

La Gran Pirámide de Guiza, terminada en el 2540 a.C., no tuvo rival, elevándose por encima de todas las demás edificaciones... hasta que se completó la aguja de la Catedral de Lincoln en Inglaterra en 1092.

Pero fue a finales del siglo XIX, cuando las estructuras de acero y los ascensores seguros hicieron que vivir y trabajar a 300 metros de altura fuera una realidad sensata y rentable, que surgieron los rascacielos en Chicago y Nueva York.

Y también fue en esa época cuando se hizo más evidente otra de las principales razones para construir a tal altura: la competencia.

La carrera hacia las nubes empezó en esas dos ciudades estadounidenses, pero con el tiempo otras urbes del mundo las dejaron atrás.

Hoy en día, en la lista de los 100 edificios más altos del planeta del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH), el primero que aparece de EE.UU. es One World Trade Center, de Nueva York.

Está en 7° puesto, y con 541 metros de altura, es 287 metros más bajo que el indiscutible campeón, el Burj Khalifa de Dubái.

De hecho, los primeros puestos en esa lista muestran cómo los estados, reinos y emiratos de Medio Oriente compiten con China, mientras que otros países, deseosos de exhibir su nueva riqueza, se han sumado a este juego de números.

Sin embargo, Europa es una curiosa excepción.

El Centro Lakhta de San Petersburgo, con sus 462 metros, es el más alto de Europa, pero no la edificación más querida de la ciudad. 

Si bien es cierto que en el puesto 16 de esa lista está el Centro Lakhta de San Petersburgo, el primer edificio europeo que hace aparición, y que mucho más abajo aparecen 3 de Moscú y uno de Estambul, no hay ninguno de Europa Occidental.

Es más: solo siete de los 1.000 edificios más altos del mundo se encuentran en la Unión Europea.

El que ostenta el título del rascacielos ocupado más alto de toda la U.E. es el Varso, un edificio de oficinas en el centro de Varsovia, Polonia, pero alcanza apenas el lugar 179º en el ránking global.

El segundo más alto en esa región, la Torre Commerzbank de Frankfurt, Alemania, es el 552°, a pesar de alzarse 259 metros.

Con gran parte del mundo comprometido en una misión para construir su escalera hacia el cielo, ¿por qué Europa ha permanecido tan... bajita?

 

Sin bloquear la vista

No es que en Europa Occidental no haya rascacielos, sobre todo si tienes en cuenta que un edificio es considerado "rascacielos" si tiene una altura mínima de 100 metros.

Incluso tiene de los que se clasifican como rascacielos "altos", que superan los 150 metros, pero muy pocos "super altos", de más de 300 metros, y ninguno "mega alto", cuyo tamaño debe ser de más de 600 metros.

Y siendo un territorio rico con escaso terreno y mucha gente (Alemania, por ejemplo, tiene una densidad de población mayor que los Emiratos Árabes Unidos, obsesionados con los rascacielos), cabría esperar que Europa construyera masivamente hacia arriba.

Pero no ha sido así, y no es por falta de conocimientos ni posibilidades.

¿Recuerdan los avances claves que dispararon la carrera al cielo: las estructuras de acero y los ascensores para acceder a las plantas superiores?

Europa contó desde un principio con todas las habilidades necesarias, como demostraron magistralmente el francés Gustave Eiffel en 1889 y el alemán Werner von Siemens, quien inventó el primer ascensor eléctrico en 1880.

Es por diversos factores, pero uno de los más cruciales es que sencillamente es muy difícil construirlos debido a las complejas regulaciones destinadas a proteger el patrimonio cultural.

 

La Basílica de San Pedro determina la altura máxima en la zona central de Roma.

 

Tomemos a Atenas, por ejemplo.

Sus edificaciones no pueden bloquear las vistas del Partenón.

Están limitadas a solo 12 pisos, a menos de que estén lo suficientemente lejos para que no impidan ver el templo a la protectora de la ciudad, Atenea, la diosa de la sabiduría, la estrategia y la justicia.

De manera similar, en la zona central de Roma, ningún edificio puede superar la altura de la Cúpula de la Basílica de San Pedro, o de lo contrario se enfrentará a la ira de Dios, o del Papa o, al menos, de algunos burócratas de la ciudad.

Ese límite de 136 metros fue roto en el año 2012, cuando se levantó el rascacielos "Torre Eurosky" de 155 metros de altura.

Pero sólo se pudo construir gracias a que estaba por fuera del área de prohibición, en el distrito residencial y comercial EUR.

Y luego está Londres.

La capital británica no es ajena a los rascacielos.

El más alto, The Shard, ocupa el lugar 195 en el ránking global; con sus 306 metros de altura se eleva apenas un metro más que el T.Op Corporativo (Torres Obispado) de Monterrey, México.

Pero aunque hay varios rascacielos, incluso allí no es tan fácil construirlos, en gran parte debido a una ley de 1938 diseñada para proteger la Catedral de San Pablo o al menos una vista de este edificio que alguna vez fue el más alto de Londres, con 111 metros.

No se puede construir nada que tape la vista de la Catedral de San Pablo desde ocho puntos de Londres. 

Hay ocho miradores protegidos que atraviesan Londres, todos los cuales deben preservar una vista de la icónica catedral.

Un obstáculo complicado de sortear para los aspirantes a romper récords. 

 

Los colados (y odiados)

Ahora bien, también es cierto que, con el tiempo, algunos edificios más altos se han colado ocasionalmente.

Pero a menudo, son controvertidos y despreciados.

Pocos más que la famosa estructura alta de París.

No, no la Torre Eiffel, sino la Torre Montparnasse, con 210 metros.

Construida en 1973, fue tan repudiada que rápidamente se introdujo una nueva ley que limitaba todos los edificios nuevos en el centro de París a solo 37 metros.

Solo en el suburbio del distrito comercial de La Défense se levantaron después edificios altos, aunque nunca tanto como los de otras partes del mundo.

Esa es una tendencia en Europa: los rascacielos, a menudo, suelen estar en la periferia.

Ojos que no ven (o que al menos pueden evitar ver), corazón que no siente.

Aunque incluso eso a veces no es satisfactorio.

                                  Uno amado, otro odiado.

 

Hasta el Centro Lakhta de San Petersburgo, sede de la empresa estatal de gas Gazprom, que podría ser motivo de orgullo de todos por ser el rascacielos más alto de Europa, enfrentó una férrea oposición.

La ciudad fue construida por voluntad de Pedro el Grande en el siglo XVIII para que fuera un "antídoto contra Moscú" y su "ventana a Europa".

Y estuvo protegida, hasta la erección de ese rascacielos, por un decreto que prohibía edificios más altos que el Palacio de Invierno.

Durante mucho tiempo, en la silueta que definía la ciudad se destacaban sus tres torres: la Catedral de Pedro y Pablo, el Almirantazgo y la del Castillo de San Miguel.

La aparición del Centro Lakhta irrumpió en el famoso panorama.

                 El Centro Lakhta, a la izquierda, ahora hace parte de la silueta de San Petersburgo.

Organizaciones públicas y los residentes locales descontentos intentaron bloquear su construcción.

La UNESCO amenazó con despojar a la ciudad de su condición de patrimonio histórico.

La indignación pública obligó a que se cambiara la ubicación de la torre a las afueras, sin embargo muchos activistas siguieron viendo ese logro como una derrota.

 

Vista al cielo

Por supuesto, hay otras razones, además del patrimonio cultural y la estricta regulación, que diferencian a los horizontes europeos de sus homólogos del mundo.

La geografía distintiva en ciertas partes de Europa también influye, como señala el articulista Carlemagne en The Economist.

Dada su latitud norte, las vistas desde los penthouse de los rascacielos se obtienen a costa de más oscuridad para el resto.

En Gotemburgo, Suecia, por ejemplo, los 245 metros de altura del Karlatornet proyectan una sombra a media tarde de aproximadamente la misma longitud que la de los 828 metros del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.

Y eso importa mucho en un lugar que recibe, en promedio anual, poco más de 5 horas de luz del Sol al día.

Para algunos, otra razón puede ser la falta de necesidad: los rascacielos imponentes no sólo son símbolos de estatus sino que sirven para darle visibilidad a las ciudades que los alojan.

Ni a París, ni a Roma, ni a Atenas, ni a Praga les hace falta un edificio alto para fijar su lugar en el mapa cultural de la humanidad.

Para otros, es muestra de que el Viejo Continente se ha dado por vencido, y no puede competir con lugares más jóvenes y modernos.

El caso es que, hasta ahora, Europa ha resistido en gran medida la tentación de construir cada vez más alto.

Y hay quienes opinan que, dada la belleza de su histórica arquitectura que no le obstruye a nadie la vista al cielo desde sus plazas y bulevares arbolados, ojalá siga siendo así.

 

Fuente:  Por qué en Europa hay tan pocos edificios altos

 

 

 

jueves, 17 de abril de 2025

Colección Goliat

Editorial Planeta
1949-1974

Varias de las obras fueron publicadas en distintas colecciones de Planeta en la misma época, pero en otros casos en librerías se confunden con el contenido de las colecciones de Planeta como Luyve, Ómnibus o Infinito, etc., y además se les atribuye de estar en col. Goliat lo que sí está publicado por Plaza & Janés (Colección Alcotán) o por Caralt (Colección Gigante).



1. Frank Yerby. Mientras la ciudad duerme
2. Lee Atkins. Esta es mi cosecha
3. Frank Yerby. Pasiones humanas
4. Rosamond Marshalll. Celeste
5. Alexander Key. La ira y el viento
6. Vicki Baum. Vuelo Fatal
7. Peter Bourne. Los Tambores del Destino
8. Anne Miller Downes. Encadenados
9. Edna Lee. La abeja reina
10. Edna Lee. Tela de araña
11. Frank Yerby. Promesa rota
12. Dale Van Every. El secuestro de Marah
13. Rosamond Marshall. Kitty
14. Pearl S. Buck. Peonía
15. Jan Foster. Vida robada
16. Frank Yerby. El Cielo está muy alto
17. Budd Schulberg. ¿Por qué corre Sammy?
18. Oscar Percival. En el paraíso no había ángeles
19. Elizabeth Janeway. Entre el amor y el pecado
20. Nelia Gardner White. El fruto ajeno
21. W.B. Maxwell. Una mujer cruza la calle (“Gabrielle”)
22. Louis Bromfield. La señora Parkington
23. Daphne Du Maurier. Rebeca
24. Louis Bromfield. Noche en Bombay
25. Daphne Du Maurier. La Posada de Jamiaca
26. Pearl S. Buck. La Exilada (La Exiliada)
27. Louis Paul. Destino de Mujer
28. Frank Yerby. El Halcón de Oro
29. John Brophy. Vidas tenebrosas
30. Frank Yerby. Una mujer llamada Fantasía
31. Kate O'Brien. Sin mi capa
32. Zola Ross. Una mujer en Reno
33. Louis Bromfield. El Río Salvaje
34. Daphne Du Maurier. ¡Adelante, Julio!
35. Rosamond Marshall. La mujer deseada
36. José María Souviron. La luz no está lejos
37. Pearl S. Buck. Orgullo de corazón
38. Leslie Wood. Uniforme de dolor
39. Karnett Kane y Victor Lecrerc. Los escándalos de la señora Blackford
40. Louis Bromfield. La Casona
41. Daphne Du Maurier. Nunca volveré a ser joven
42. Diana Gaines. La Esposa del doctor Logan
43. Ketti Frings. Si no amaneciera
44. Vicki Baum. Grand Hotel
45. Dina M. Craik. John Halifax
46. Pearl S. Buck. El Patriota
47. Henry Misrock. Dios tuvo siete días
48. Daphne Du Maurier. Monte Bravo
49. Louis Bromfield. El extraño caso de la señorita Annie Spragg
50. Oakley Hall. Yo la maté
51. Frank G. Slaughter. Sangaree
52. Warwick Deeping. Refugio secreto
53. Garth Hale. Egoísmo matrimonial
54. Louis Bromfield. La Selva (o La Espesura)
56. Frank Yerby. La hoja sarracena
57. Rosamond Marshall. Jane
59. Frank G. Slaughter. Hombres de Blanco
60. Louis Bromfield. Colorado
61. Louis Bromfield. El Mundo en que vivimos
62. Helen Rush y Mary. Sherkanowski. Aves de paso
63. Catherine Gaskin. Todo lo demás es insensatez
64. Hans Werner Richter. Los Vencidos
65. Pearl S. Buck. La flor escondida
66. Vicki Baum. Amor y muerte en Bali
67. Marcia Davenport. Lena Geyer
68. Vicki Baum. Retorno al amanecer
69. Vicki Baum. Una noche en el trópico
70. John Dos Passos. Un Lugar en la Tierra
71. Rosamond Marshall. La Duquesa
72. Vicki Baum. Entreacto
73. Elizabeth Seifert. El Doctor toma esposa
74. Frank G. Slaughter. Nadie debería morir
75. Vicki Baum. Vidas sin misterio
76. Katherine Bellamann. Los Hayven de Demarest
77. Louis Bromfield. Un Héroe moderno
78. Frank G. Slaughter. Cirujano del Aire
79. Louis Bromfield. Kenny
80. Frank G. Slaughter. En un jardín oscuro
81. W.B. Maxwell. Los habitantes de una casa
82. Frank G. Slaughter. Hospital General del Este
83. Louis Bromfield. Veinticuatro Horas
84. Frank G. Slaughter. Fort Everglades
85. Pearl S. Buck. Ven, amado mío (o Ven, amada mía)
86. Hans Fallada. Demasiado íntimo
87. Vicki Baum. La Carrera de Doris Hart
88. Frank Yerby. La risa del diablo
89. Vicki Baum. Camino a Escena
90. Rosamond Marshall. El General
91. Sergiusz Piasecki. Un mundo desconocido
92. Rosamond Marshall. Dólares
93. Sergiusz Piasecki. Nadie se salva
94. Suzanne Butler. Su pecado fue el orgullo
95. Dorothy Worley. El Triunfo del Doctor Brent
96. Frank G. Slaughter. La Dama de Florida
97. Alice Walworth Graham. Indigo Bend
98. Zola Ross. El Amor es más fuerte
99. Mary Deasy. El Caso Coriolí
100. Frank Yerby. La Familia Benton
101. Elswyth Thane. La Moza Tudor
103. Guy Des Cars. El Solitario
104.  Frank G. Slaughter. Tempestad de Pasiones
105. Magdalen King-Hall. La Novia Veneciana
108. Margaret Simpson. Demasiado tarde
109. Marian Castle. Roxana
110. Sheridan Spaearman. Su gran amor
111. Joaquín Paco D’Arcos. El Anticuario
112. Pitigrilli. Lecciones de Amor
113. Pearl S. Buck. La Gran Dama
114. Jacques Companéez. Nagana
115. Pierre Daninos. Los Comentarios del Mayor Thompson
116. Frank Yerby. El Capitán Rebelde
117. Kelvin Lindemann. Las Sombrillas Rojas
118. Clarence Buddington Kelland. Nadie escapa a su destino
119. Anne Miller Downes. El Jinete cautivo
120. Pierre Daninos. El Secreto del Mayor Thompson
121. Florence Jane Somen. El Amor es un personaje solitario
122. Frank Yerby. Roble claro
123. Marjorie McIntyre. La Hechicera del Río
125. Netta Muskett. En otoño no hay primavera
126. Irwin Shaw. El baile de los malditos
127. Guy Des Cars. La Catedral del odio
128. Elizabeth Spencer. Una voz en la puerta trasera
129. Zsolt Harsányi. Sin Amor
130. Christine Brückner. Gabriela
131. David Dodge. A bordo del “Ángel”
132. Charles B. Judah. Cristóbal Humble
133. Virginia Rowans. A Borde del Divorcio
134. Paull Vialar. El chico del ascensor
136. Alfred Slote. Lázaro en Viena
137. Gene Markey. Orgullo de Kentucky
138. Michel Peyramaure. Cleopatra
139. Peter De Polnay. El Puerto
140. Thelma Strabel. Caribe
141. Raymond Dumay. A ti, Corisa
142. Max Shulman. Un casado en apuros
143. Pitigrilli. Diccionario de la Sinceridad
144. John Dos Passos. Manhattan Transfer
146. Jerrard Tickell. Lo Eterno
147. John Dos Passos. El Paralelo 42
149. John Dos Passos. La Primera Catástrofe (o 1919)
150. Nevil Shute. El arco iris y la rosa
151. Pitigrilli. El “Caso” Susana
152. Pierre Boulle. La prueba de los hombres blancos
153. Irwin Shaw. Apuesta por un jockey muerto
154. Art Buchwald. Un regalo de los muchachos
155. Pitigrilli. La Roca de Léucade
156. Frank G. Slaughter. Huida sin retorno
157. S.J. Arbatoff. Vida perdida
158. Pitigrilli. El polo no se come con las manos. Urbanidad moderna
159. Francis Parkinson Keyes. Victorina
160. G.K. Chesterton. Ortodoxia
161. Joaquín Paco D’Arcos. La Corza prisionera
162. Frank Yerby. La Verde Mansión de los Jarrett
163. Pierre Daninos. Un tal señor Blot
164. Joe Lederer. Una chica atolondrada
165. John Jennings. El viento en sus puños
166. Irwin Shaw. Cosas de la vida
167. G.K. Chesterton. El Candor del Padre Brown
168. Joe Lederer. Tres días de amor/Llévame a casa
169. Pierre Benoit. El Comendador
170. Lawrence Bechmann.  Lorelei
171. Saint-Paulien. Los Defensores
172. Frank G. Slaughter. Vuestro Cuerpo y Vuestra Alma
173. Jean Merrien. Valeria Del Mar
174. Victoria Sackville-Wells. No hay signos en el mar
175.JoeLederer. Bajo los manzanos
176. Gerhard Fittkau. A mis treinta tres años
177. Pitigrilli. Los vegetarianos del amor
178. Peter DePolnay. Con las manos vacías
179. Sholom Aleksheim. El sastre embrujado
180. John Dos Passos. El Gran Dinero
181. Richard Powell. A casa, emprendedores
182. Pierre Daninos. Charlatanismo
183. Albert Morgan. Pequeño Milagro
184. Joe Lederer. Un corazón sencillo
185. Marion Kellermann. Amor tras el mostrador
186. Iliá Ehrenburg. Deshielo (El Deshielo)
187. Pierre Benoit. El pájaro de las ruinas
188. Joe Lederer. La última primavera
189. John Richler. Irene Besser
190. Iliá Ehrenburg. Sin Aliento
191. Hans Kades. La Casa de los Bellos Sueños


Sin numeración conocida:
—Manfed Conte. Cassia y el Aventurero. 1952
—Kate O'Brien. Esa Señora. 1952
—Anne Miller Downes. Entre Cielo y Tierra. 1956
—Anne Miller Downes. La Gran Promesa. 1956
—John Steinbeck. Las Praderas del Cielo. 1957
—Clarence Buddington Kelland. Tombstone. 1959
—Norah C. James. Entre marido y mujer. 1960
—Paul Guth. El Ingenuo y los Cuarenta Niños. 1960


Publicadas con cambios en la tapa dura, color y ya sin sobrecubierta ni numeración:
—Carlos Rojas. Azaña. 1974
—Ángel María de Lera. Las últimas banderas
—Ángel María de Lera. Los que perdimos
—Ernest Hemingway. El Viejo y el mar
—Torcuato Luca de Tena. Edad Prohibida
—Torcuato Luca de Tena. La mujer de otro
—Giovanni Guareschi. Don Camilo
— Giovanni Guareschi. La Vuelta de Don Camilo





miércoles, 16 de abril de 2025

Por qué gran parte de los economistas cree que los aranceles no funcionan (y qué argumentan quienes los defienden)

 

  
Trump impuso aranceles sin precedentes en la historia reciente de Estados Unidos.   

 

Por Guillermo D. Olmo

BBC News Mundo

 

Pocas ideas suscitan un acuerdo tan generalizado entre los economistas como que los aranceles son una mala idea.

Pese a que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice estar convencido de que los que anunció la semana pasada provocarán "históricos resultados" que harán a su país "rico de nuevo", la mayoría de los economistas consideran estos aranceles un obstáculo para el progreso.

Trump ha establecido aranceles masivos y los ha convertido en una de las banderas de su segundo mandato.

Pero la mayoría de expertos señalan que resultarán perjudiciales y que los principales damnificados serán probablemente los consumidores y compañías estadounidenses.

¿Cómo ha llegado la ciencia económica a esta conclusión negativa sobre los aranceles


Qué son los aranceles y qué dicen sus partidarios

Los aranceles son impuestos a las importaciones que se pagan en la aduana por los importadores.

Por ejemplo, si una empresa estadounidense quiere importar madera por un valor de US$100 y el gobierno estadounidense ha impuesto un arancel del 10% al país de procedencia, tendrá que pagar US$110.

Durante décadas, los aranceles fueron el instrumento principal de la política económica proteccionista, aplicada en diferentes países por gobiernos que buscaban proteger a la industria local de la competencia exterior.

Los partidarios del proteccionismo creían que la imposición de aranceles favorecería el desarrollo de la industria local, a la que consideraban clave para el desarrollo y veían ahogada por la afluencia de mercaderías extranjeras.

Fue la tesis esgrimida, entre otros, por Alexander Hamilton, uno de los "padres fundadores" de Estados Unidos, que abogó por los aranceles para frenar las importaciones de Gran Bretaña y permitir que la industria de la joven república estadounidense levantara el vuelo.

La teoría proteccionista sostenía que las restricciones a la competencia extranjera ayudarían a la industria nacional, que con menos competidores foráneos podría aumentar sus beneficios y emplear a más trabajadores locales. También compensaría la balanza de pagos y contribuiría a la capitalización del país.

Es la misma visión aparentemente abrazada más de dos siglos después por Trump, que aboga por que los autos de Estados Unidos se fabriquen en factorías en el país y cree que los ingresos por los aranceles compensarán los costes de la gran rebaja de impuestos que ha prometido.

El sector del automóvil puede ser uno de los más afectados cuando se gravan las importaciones.

 

Qué dicen los economistas de hoy sobre los aranceles

Pero desde hace décadas impera el criterio de que los aranceles hacen más mal que bien.

En palabras de Erika York, analista de la Tax Foundation, un centro de análisis de Estados Unidos, "barreras al comercio como los aranceles han demostrado causar más daño económico que beneficio".

"Elevan los previos, reducen la disponibilidad de bienes y servicios, lo que resulta en suma en menores ingresos, reducción del empleo y una menor producción".

La principal preocupación en el contexto actual es que los aranceles tengan como primer efecto un aumento de los precios, precisamente cuando Estados Unidos y el mundo comenzaban a superar la ola inflacionista de los últimos años.

Los aranceles impactan en los márgenes de beneficio de fabricantes e importadores, lo que en muchos casos repercutirá en el precio final, contribuyendo a una potencial caída del consumo y, en consecuencia, del crecimiento económico.

"Cuando un producto es más caro para una compañía, se lo venderá más caro al consumidor, así que el consumidor va a tener que o pagar más o decidir no comprarlo, lo que resultará en una ralentización de la economía", explica Şebnem Kalemli-Özcan, profesora de economía de la Universidad de Brown.

Por eso, el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, advirtió que los aranceles de Trump implican "riesgos elevados de un mayor desempleo y una mayor inflación".

Los expertos también cuestionan la obsesión de ver la balanza de pagos como indicador de prosperidad de un país.

Trump insiste en que el déficit comercial que muestra la estadounidense es la prueba de que el resto del mundo lleva años abusando de su país.

 Pero en realidad la balanza de pagos no es más que un indicador que mide el flujo de bienes y servicios, y el capital, lo que refleja los flujos financieros pero no necesariamente la salud del comercio y la economía.

Un ejemplo sencillo usado por York ilustra bien porque fijarse solo en la balanza de pagos puede llevar a engaño.

Imaginemos que una compañía estadounidense envía un flete valorado en US$100 millones a Francia. Al partir, se registraría esa cantidad como déficit para Estados Unidos. Si tras vender todas sus mercancías allí, ese mismo buque regresa de Francia con productos valorados en US$30 millones para vender en Estados Unidos, la balanza de pagos seguiría registrando un déficit de US$70 millones, pero a la postre esa compañía estadounidense habría vendido US$130 millones en ambos países.

El proteccionismo ha sido también abandonado por la constatación de que, aunque pueda resultar beneficioso a corto plazo para un determinado sector industrial, a la larga acaba siendo perjudicial para la economía en general.

Los agricultores locales, por ejemplo, pueden ampliar sus ventas y su cuota de mercado si no tienen que enfrentar la competencia extranjera, pero a la larga la falta de competencia llevará a un encarecimiento de los precios de los productos y potencialmente a un descenso de su calidad que acabará afectando a todos los consumidores.

"A medida que los consumidores gastan más en los bienes a los que se ha impuesto el arancel, tienen menos para gastar en otros, de manera que se apuntala a una industria en detrimento de todas las demás", según explicó York.

Los aranceles son además un impuesto no progresivo. Se imponen sobre los artículos importados sin importar el nivel de renta de los consumidores, por lo que si derivan en un aumento de los precios, como suele suceder, acaban siendo un lastre mayor para las personas con menos recursos.

Por poner un ejemplo, si los aguacates suben un 15% como resultado de los aranceles, el impacto será mayor para las familias que tienen menos o ningún margen para afrontar esa subida.

 
Los aranceles pretenden proteger a sectores productivos específicos pero con frecuencia acaban siendo dañinos para la economía en general. 
 
 
Qué enseña la historia sobre los aranceles

En realidad, la idea de que el libre comercio es una fuente de prosperidad está presente en economistas clásicos desde hace siglos.

Adam Smith, considerado el padre de la ciencia económica moderna, ya abogaba por él en su libro "La riqueza de las naciones" de 1776.

Smith explicó que el libre comercio permitía a cada país especializarse en los productos que le resultaran más convenientes y con los que obtenía mayores beneficios, en lugar de tener que producir todo aquello que se demandara en su mercado.

Varias experiencias del pasado han llevado a los economistas a la conclusión actualmente vigente sobre los aranceles y el proteccionismo.

Rober Gulotty, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago, recuerda el precedente de la Ley de Embargo de 1807, aprobada en Estados Unidos para castigar el comercio con Gran Bretaña y Francia. "Tuvo como efecto una pronunciada reducción de las importaciones y exportaciones de Estados Unidos, y la expansión del comercio británico en Sudamérica y culminó en la guerra de 1812" entre Estados Unidos y su antigua metrópoli.

Los economistas señalan que las políticas proteccionistas en Estados Unidos agravaron la Gran Depresión de los 1930.

 

El premio Nobel de Economía Joseph S. Stiglitz dijo en una conferencia reciente que el programa proteccionista implantado en Estados Unidos en la década de 1930, cuando el país sufría la grave crisis económica provocada por el crack bursátil de 1929, fue "un factor importante que contribuyó a la Gran Depresión".

"No fue un programa de creación de empleo. Fue uno de destrucción de empleo", dijo Stiglitz, que alertó además que la imposición de aranceles en un país suele desencadenar medidas de represalia en otros, justo lo que lleva años ocurriendo entre Estados Unidos y China, las dos mayores economías del mundo.

"Sabemos que este tipo de guerras comerciales conduce a un descenso de las condiciones de vida", indicó Stiglitz.

Escarmentados por experiencias como la de 1930, los líderes mundiales apostaron tras el final de la Segunda Guerra Mundial por la supresión de las barreras comerciales en todo el mundo, un proceso impulsado decididamente por Estados Unidos.

La firma en 1948 del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) llevó a un sistema de mayor apertura y una supresión generalizada de aranceles que se tradujo en la creación de la Organización Mundial de Comercio en 1995, un legado que es valorado positivamente por la mayoría de economistas.

 

La Unión Europea es un ejemplo de asociación de países que han prosperado mutuamente gracias al libre comercio. 

 

Fue la era de la Globalización, en la que, según Erika York, "el mundo abandonó las políticas comerciales proteccionistas y se desplazó hacia un sistema de comercio abierto basado en reglas", lo que" ha llevado a beneficios generalizados, incluido un aumento de los ingresos, precios más bajos y más opciones para los consumidores".

Tras la Segunda Guerra Mundial, se inició también el proceso de integración que desembocó en la creación de un mercado común europeo, clave para la reconstrucción del viejo continente tras el desastre de la guerra y el desarrollo que ha experimentado Europa desde entonces.

Los estudios disponibles sobre episodios más recientes, como los aranceles impuestos a los productos de China durante la primera presidencia de Trump, también han revelado más perjuicios que beneficios y apuntan a que quienes acabaron pagándolos en mayor medida fueron los consumidores estadounidenses.

 

Fuente: Aranceles que no funcionan

 

lunes, 14 de abril de 2025

Cable roto y virus

Lo que me faltaba en mi colección de imprevistos ocurrió: el cable de Internet se rompió, por lo que no podré poner nada en el blog durante unos días.

Y sobre la situación actual sobra comentar del tremendo manicomio en que estamos y de lo que pasa que indigna en unas cosas y en otras sólo provoca repugnancia, indiferencia y/o sueño zzzzzz. 

P.D. Fue una preocupación ridícula pero en cualquier momento sucederá de verdad.

PD. 2. Ahora fueron los malditos virus de los que está plagado la dichosa Internet. No puedes ver nada porque de cualquier lado te puede caer un troyano que se mata de risa de los antivirus, y otra  vez gastar en reparar la pc.

Qué repugnante el no poder ver casi nada sin que por ahí tenga su virus escondido. Ni siquiera descargas, simplemente entras a un sitio, miras y como sea el virus ataca sin que te des cuenta y luego te friega la vida.

Ni loco hago operaciones bancarias con el celular porque te pueden clonar hasta cómo usas el teclado.

Qué suerte la mía. Con esto voy a terminar endeudado hasta la coronilla y después veré cómo me las arreglo para poder pagar. 

Ahora sí me tiro a la piscina con la bendita publicidad en el blog.

Alea iacta est

Ya regresamos por este mismo canal... cuando podamos.

 

Después de cambiar el disco duro apareció el error 1962 que tienen las computadoras Lenovo. Se arregla y si apagas la pc aparece de nuevo, hay que desenchufarla, enchufarla de nuevo, encenderla otra vez junto a darle a F12 y a MSI y Enter y aparece el Escritorio, entonces existe algún problema pero ya me decidió a que si en el futuro me puedo comprar otra PC ya no será una Lenovo.

 


viernes, 28 de marzo de 2025

Colección El Mundo en Color

Editada por Doré Ogrizek, Pierre Daninos et al

Ediciones Castilla

1950-1962

Cada volumen encuadernado de tapa dura viene con sobrecubierta a colores (si acaso la tiene), un prólogo, textos de varios autores que están acompañados con fotos, mapas y bellas ilustraciones de diversos dibujantes.



Italia

París

Portugal

Estados Unidos

Países Nórdicos. Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia

Benelux. Bélgica, Holanda, Luxemburgo

España

Saber Vivir Internacional (Sabre Vivre). Formas de comportarse en todos los países
 
Gran Bretaña

El Mundo en la Mesa. Guía-Diccionario de la Gastronomía Internacional

África del Norte. Argelia, Túnez, Marruecos Español y Francés, Sáhara, Libia

Francia. Sus Provincias

Suiza

Tierra Santa. Jordania, Siria, Líbano, Israel

Alemania

México/América Central/Antillas

Japón

América del Sur, Tomo I. Brasil. Venezuela, Colombia, Ecuador

América del Sur, Tomo II. Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú

Grecia

África Negra. Etiopía, Madagascar

Yugoslavia

Austria


Un Día como Hoy en un Libro

1889

La madre de Rockefeller había visitado durante los últimos años, con frecuencia, a sus hijos y nietos. Pero pasaba la mayor parte de su tiempo en Cleveland, una ciudad por la que se había encariñado.
Siempre había sido una mujer humilde y modesta, a la que no le gustaba el lujo y que contemplaba con creciente inquietud cómo sus hijos, John y William, iban acumulando riquezas. Pero dado que, en su opinión, aquella acumulación de riquezas correspondía a las vidas que sus dos hijos llevaban, de acuerdo con lo que señalaba el Señor, su admiración iba mezclada con cierto orgullo.
Durante la boda de Bessie ya había tenido que guardar cama. Cuando John llegó a la casa de su hermana, encontró a su madre paralizada de un lado, a causa de un ataque de apoplejía. La mujer ya no estaba en condiciones de hablar, pero sus ojos tenían una expresión clara y serena.
John cogió el libro de rezos y empezó a leer los cánticos y versos sagrados que sabía gustaban muy especialmente a su madre.
Una serena satisfacción iluminaba el rostro de la anciana.
Durante veinticuatro horas se fueron relevando los hermanos en la cabecera de la madre. Eliza Rockefeller murió el 28 de marzo de 1889, a la edad de setenta y seis años.
Siguiendo su deseo, fue enterrada en la tumba familiar de los Rockefeller en Cleveland. Frank, William y John llevaron el ataúd. Aquel día quedó zanjada la discusión familiar entre el hermano menor y el mayor. Sólo uno faltaba en el entierro: el padre.

Rockefeller, de Hans Georg Merten (traducción de Víctor Scholz).




1896

Andrea Chenier. Ópera en cuatro actos, música de Umberto Giordano, libreto de Luigi Illica. Estrenada en La Scala de Milán, el 28 de marzo de 1896.

Almanaque Mundial 1972



 

1936

Mario Vargas Llosa (Jorge Mario Pedro Vargas Llosa)

Notable y fecundo novelista, autor teatral y ensayista nacido en Arequipa el sábado 28 de marzo de 1936.

Distínguesele como uno de los altos exponentes de la Novela Latinoamericana y gran exponente del Boom Hispanoamericano.

Es un narrador prolífico y activo que llegó a tener 7 puestos diferentes al mismo tiempo.

Caracterizan a Vargas Llosa (sobre todo en sus narraciones): ruptura de la unidad de tiempo, en el afán de encontrar la simultaneidad imposible cuando sólo se cuenta con el espacio y no con el tiempo; intervención de lo mágico, de lo fabuloso, de lo inesperado; carácter local de los temas, esto es, un declarado intento de dar vida a una narrativa estrictamente nacional (excepto en La Guerra del Fin del Mundo, cuyo escenario es Brasil); temática urbana o semirrural.

Literatura Española y Peruana, de Walter Fernández Meléndez



 

1962
Argentina. Depuesto el presidente Frondizi por el ejército a raíz de un triunfo electoral de los peronistas (marzo 28).

Almanaque Mundial 1971

Nota.- La sublevación militar estalla el 28 y el derrocamiento fue al día siguiente el 29.



1969
Fallece el ex presidente norteamericano Dwight Eisenhower.

Informatodo 1972


martes, 25 de marzo de 2025

Colección Alternativa

Editorial Argos-Vergara

1980-1982

Algunas de las obras indicadas ya habían sido publicadas antes por la misma editorial.


1. Jesús Torbado y Manuel Leguineche. Los Topos
2. Montserrat Roig. Tiempo de cerezas
3. Justin Scott. El Cazador de Barcos
4. Jesús Fernández Santos. Laberintos
5. Lillian Hellman. Mujer inacabada
6. John Irving. El mundo según Garp
7. Philip Caputo. Un rumor de guerra
8. Juan Antonio Vallejo-Nágera. Locos egregios (biografías)
9. Ramón J. Sender. Ramú y los animales propicios
10. Jesús Fernández Santos. Extramuros
11. Ken Kesey. Alguien voló sobre el nido del cuco (Atrapado sin Salida)
12. Francisco Umbral. Travesía de Madrid
13. Toni Morrison. La canción de Salomón
14. Blaise Cendrars. La mano cortada
15. Montserrat Roig. Ramona, adiós
16. Vladimir Nabokov. Desesperación
17. André Malraux. La Vía Real
18. William Faulkner. ¡Desciende, Moisés!
19. Jesús Fernández Santos. Cabeza rapada
20. Abel Posse. Daimón
21. Andrew Holleran. El danzarín y la danza
22. Marilyn French. Mujeres
23. Manuel Leguineche. El camino más corto
24. Harold Courlander. El Africano
25. Jack-Alain Léger. Monsignore
26. Naomi James. A solas con el mar
27. Christiane F. con Kai Hermann y Horst Rieck. Los Niños de la Estación del Zoo (Christiane F. Los hijos de la droga)
28. Peter Benchley. Isla

29. Lillian Hellman. Pentimento
30. Charles Jackson. Días sin huella
31. Felicidad Blanc. Espejo de sombras
32. Vladimir Nabokov. La Defensa
33. B. Traven. El Tesoro de la Sierra Madre
34. Philip Roth. La visita al maestro
35. Mercedes Salisachs. La Presencia
36. Jerzy Kosinski. El pájaro pintado
37. Daniel Sueiro. Estos son tus hermanos
38. (Dolores/Lola) Salvador Maldonado. El crimen de Cuenca
39. Eric Ambler. Doctor Frigo
40. Alfonso Sastre. Flores rojas para Miguel Servet
41. Fernando G. Delgado. Exterminio en Lastenia
42. Jerzy Kosinski. Cockpit
43. Kingsley Amis. Una chica como tú
44. Christopher Isherwood. Un hombre soltero
45. Christopher Isherwood. Andanzas
46. Ramón Ayerra. Las amables veladas con Cecilia
47. Kingsley Amis. Un inglés gordo

 

 

lunes, 24 de marzo de 2025

Un Día como Hoy en un Libro

1905

A pesar de todo, «sed buenos»

Así es, o se adivina que será, el mundo del que se despide Julio Verne un día de marzo de 1905, el mismo año en que Einstein enuncia la teoría de la relatividad restringida, poniéndonos a todos en el camino de la era atómica. Hasta el último momento, pese a lo avanzado de la diabetes, Julio Verne sigue trabajando; (…)

El fallecimiento de Verne causa un duelo universal, y a su entierro asisten embajadores de diversos estados, hasta un representante del káiser, que ante el genio perdona la germanofobia. Es el escritor más popular del mundo. Es una figura legendaria por todo lo que ha escrito, hasta el punto de que algunos creen en la existencia de «agencia Verne»: dice calumniosamente que Verne emplea a varios «negros» para que le escriban sus novelas, porque no entienden que un solo hombre sea capaz de escribir tanto y saber de tantas cosas.
Su secreto, sin embargo, ha sido simple: una idea clarividente de su mundo y de lo que tenía que hacen él, y una enorme fuerza de voluntad puesta en el estudio y en el trabajo.
Cuando muere, las últimas palabras que les dirige a los íntimos que le rodean, su familia y el hijo de Hetzel, son: «Sed buenos». (…)


Julio Verne y su Tiempo (Cronología)

1905

El 24 de marzo muere Julio Verne.

El Káiser Guillermo II, en viaje a Tánger, envía su pésame a la familia de Julio Verne.
 

Luis Reyes. Julio Verne, Colección Biblioteca Histórica Grandes Personajes, Ediciones Urbión/Hispamérica

 

Nota.- La fecha de la muerte de Verne y el detalle del pésame se encuentran en la cronología puesta al final del libro.

Escritor fantasma o negro literario: Autor contratado para escribir un libro de otro escritor y sin revelar su identidad.