jueves, 21 de noviembre de 2024

Qué hacer cuando una amistad termina (y por qué no es necesariamente malo)

Por Molly Gorman

BBC Future

 

En la primavera de 2019 rompí por primera vez una amistad. Terminó con una discusión amarga, lágrimas, frustración y no hemos vuelto a hablarnos desde entonces. Durante mucho tiempo lamenté la pérdida de esa amistad. Incluso ahora, más de cinco años después, a veces me descubro soñando con ella y me pregunto si alguna vez volveremos a conectarnos. Sin embargo, también he hecho las paces con la ambigüedad: fue una gran amistad durante el tiempo que duró.

Por coincidencia, mi primera relación romántica terminó cinco meses después. Me resultó mucho más fácil hablar de ello: años de música, películas y libros sobre el desamor me habían preparado bien.

Desde entonces, he descubierto que la disolución de una amistad es un tema menos discutido que el fin de una relación romántica.

Históricamente, las amistades han recibido menos atención de los investigadores que otros tipos de relaciones, a pesar de estar asociadas con beneficios a largo plazo para la salud , el bienestar y la satisfacción vital.

Grace Vieth, investigadora en psicología social de la Universidad de Minnesota, estudia la disolución de la amistad .

"La gente quizá se sorprenda de que los investigadores recién comencemos a considerar cómo pueden terminar las amistades. El trabajo de campo sobre esto realmente recién está comenzando", dice.

Al ser un tema menos comentado, Vieth apunta que la gente puede sentirse más insegura en las rupturas de amistades, no saben cómo manejarlas, ni las emociones que generan.

"No hay guiones normativos sobre cómo terminar una amistad".

 

¿Amigos para siempre? 

Nuestro primer vínculo son nuestros padres o las personas que nos crían, pero, al entrar en la adolescencia, son nuestros iguales, dando mayor prioridad a la aceptación social y a la posición social, dice Kaitlin Flannery, profesora adjunta de psicología en el State University of New York College, Cortland.

"Los amigos nos ayudan a dar forma a nuestra identidad a lo largo de nuestra vida. Son una suerte de espejo y de guía. A la vez, queremos su validación. Y ahí es donde las amistades empiezan a convertirse en fuentes esenciales de apoyo social, pero también de diversión y compañerismo", apunta.

Vieth señala que en sus etapas iniciales, la amistad se construye sobre la similitud y la proximidad.

Gran parte de la investigación sobre la ruptura de amistades se ha centrado en niños y adolescentes, una edad en la que es bastante común que las amistades se rompan.

En la investigación de Flannery, que analizó una muestra de 354 estudiantes de secundaria (normalmente de entre 11 y 14 años), el 86% dijo que recientemente habían terminado una amistad.

La mayoría lo atribuyó a un conflicto o una traición a la confianza. Otros, a la falta de apoyo de los amigos, o que sentían que no estaban recibiendo lo que necesitaban de sus amigos, por ejemplo, compañía, o que ya no se divertían juntos.

Según se informa, las rupturas de amistades provocaron emociones complejas en los estudiantes de secundaria, incluida la tristeza, pero también la felicidad y el alivio, dependiendo de por qué se produjo la disolución, cómo terminó y quién "rompió".

En algunos casos, las amistades simplemente se "degradan" de la condición de mejores amigos a "buenos" amigos.

"Creo que es importante reconocer que las rupturas de amistades son parte de la vida y algo muy natural", dice Vieth. "No se trata de la cantidad de amigos que tengas, sino de la cercanía y la receptividad de esos amigos".

No todas las rupturas de amistades son dolorosas y dramáticas. A veces, el vínculo puede simplemente desvanecerse.

En un estudio de la década de 1980 sobre 90 adultos de entre 20 y 28 años, las cinco razones más comunes citadas para el final de una amistad del mismo sexo fueron: menor proximidad física; ya no gustarle el amigo; menor interacción; interferencia de otras relaciones, como una cita o un matrimonio; y amistades que se esfuman de forma natural.

La proximidad afectó más a las amistades casuales, mientras que las amistades cercanas y las mejores amistades tenían más probabilidades de terminar por una menor interacción o interferencia de otras relaciones.

Pero las amistades sólidas pueden sobrevivir y adaptarse a esos cambios de la vida, según muestran las investigaciones.

"Siempre que analizo la disolución de una amistad, lo que saco en claro es que hay ciertos aspectos de la vida que pueden afectar a las amistades, pero también hay muchos ejemplos de amistades que han podido soportar esos cambios de la vida y volverse más cercanas", afirma Vieth.

 

La desventaja de los mejores amigos para siempre 

El género también influye en lo que esperamos de nuestras amistades y por qué pueden terminar.

Las encuestas realizadas a adultos estadounidenses revelan que la mayoría (66%) dice que todos o la mayoría de sus amigos cercanos son del mismo género que ellos, aunque las mujeres son más propensas a decir esto que los hombres (71% frente a 61%).

En la escuela secundaria, la amistad entre chicas tiende a intensificarse en torno al apoyo psicológico y la cercanía, mientras que las amistades entre chicos tienden a basarse en aspectos recreativos.

Otra gran diferencia de género es el contexto en que se forman las amistades: en parejas o en grupos.

Las mujeres suelen tener múltiples amistades íntimas, individuales. Los amigos hombres tienden a tener una red más densa, donde todos sus amigos son amigos entre sí. Las amistades masculinas tienden a formarse como parte de grupos.

Por ello, el mantenimiento de la amistad puede variar entre los hombres, mientras que a las mujeres les cuesta más energía mantener amistades individuales, dice Flannery.

Esto también genera que los conflictos en amistades entre mujeres puedan ser más problemáticos.

"Tienden a exigir a sus amigas estándares más altos en términos de lealtad y apoyo emocional... Y suelen decir que se sienten más tristes, más solas, reflexionaban más y estaban más estresadas después de la disolución de una amistad que los niños", dice Flannery.

Las investigaciones sobre resolución de conflictos sugieren que las mujeres tardan más que los hombres en reconciliarse con sus amigos después de una discusión y que el enojo que sienten tarda más en disiparse.

Las razones por las que terminan las amistades también pueden ser diferentes para hombres y mujeres.

En un estudio de estudiantes de la Universidad del Medio Oeste de Estados Unidos, la separación física tenía más probabilidades de provocar la disolución de las amistades de los hombres, mientras que las citas o el matrimonio tenían más probabilidades de interferir en las amistades de las mujeres.


Cuando terminar una amistad puede ser algo bueno

Entonces, ¿debemos aferrarnos a nuestros viejos amigos, confiando en que algún día volveremos a ser cercanos a ellos? No necesariamente, dicen Vieth y Flannery.

A veces, puede ser mejor dejar ir.

Por ejemplo, terminar una amistad tóxica puede mejorar nuestro bienestar.

"A veces, realmente idealizamos demasiado las amistades y no todas ayudan de manera positiva. La mayoría tienen grandes beneficios, pero debemos elegir amigos que nos ayuden”, explica Flannery.

Hay amistades que pueden hacernos sentir bien; otras nos dejan cansados y agotados.

Pero terminar una amistad de modo consciente puede traer otro desafío: cómo dejarla ir sin lastimarla.

Un método controvertido pero común es el ghosting, ya conocido en el mundo de las citas y que consiste en desaparecer para evitar la confrontación. Ahora se ha convertido en una herramienta común para terminar amistades.

En un estudio realizado con jóvenes de entre 18 y 25 años se preguntó a la gente los motivos para dejar de lado a un amigo.

Las motivaciones fueron: amistad tóxica, pérdida de interés, encontrarlo molesto, autoconservación y haber sobrepasado unos límites.

A pesar de que la duración de la amistad era importante en muchos casos, esto nos les impedía convertirse en una suerte de "fantasmas graduales", es decir, se alejaban poco a poco de esta amistad, en lugar de tener un final abrupto.

La táctica dejó a los amigos rechazados con una sensación de "tristeza, frustración y dolor".

Sin embargo, quienes la llevaron a cabo, lo sintieron como un mecanismo de defensa contra una mala amistad y no sintieron que una confrontación pudiera ayudar.

Vieth sugiere otro camino, quizás mejor, a seguir: aprender lo que se necesita para mantener y mejorar una amistad, y cómo lidiar con los conflictos y la confrontación.

"Creo que muchas personas tienen la mentalidad de estar dispuestas a resolver los conflictos en las relaciones románticas, porque es algo que todos reconocemos que es inevitable", afirma.

Pero cuando se trata de amistades, queremos que todo se resuelva de modo natural y nos damos por vencidos si no es así.

"Mucha gente piensa que las relaciones deberían ser fáciles y aportar mucha alegría, diversión y risas. Y eso es cierto, pero esto tal vez lleve a la idea de que a veces no vale la pena resolver los conflictos".

Relaciones románticas y amistades comparten beneficios emocionales similares, como la calidez y la alegría. Pero también una diferencia clave: la relación romántica tiene a una expectativa de monogamia, si bien esto difiere en culturas y personas.

En las amistades "no existe esa expectativa de monogamia, lo que en algunos casos lo hace más complicado porque vemos celos en la amistad", remarca Flannery.

Las amistades no siempre son mutuamente excluyentes. Y puede hacernos sentir incómodos que un amigo muy cercano tenga otra amistad cercana.

Aquí, puede ser útil recordar que se puede tener otros amigos y que eso no tiene que amenazar nuestra amistad.

Aunque la investigación sobre la psicología de la amistad es aún incipiente, estas relaciones ocupan mucha atención y energía en nuestra vida cotidiana.

Según una reciente encuesta del Pew Research Center, el 61% de los adultos estadounidenses participantes afirmaron que tener amigos íntimos es extremadamente o muy importante para vivir una vida plena.

Durante gran parte de nuestra vida, los amigos pueden brindarnos la estabilidad y el apoyo que antes nos brindaba el matrimonio.

En las relaciones románticas no es raro que las parejas se separen y luego, después de reflexionar un poco, vuelvan a estar juntas.

¿Deberíamos considerar también eso con nuestros examigos: una reconciliación y un segundo intento? Una vez más, depende de la naturaleza de la amistad, dice Flannery.

"Creo que habrá situaciones diferentes en las que esa amistad se recupere y otras en las que tal vez sea mejor dejar que se produzca la disolución", apunta.

"Y, de nuevo, puede depender de varias cosas. ¿Te sientes aliviado de que la amistad haya terminado? ¿Esa amistad agregó beneficios positivos a tu vida? Si todavía sientes que realmente la extrañas, tal vez valga la pena repararla".

 

Fuente: Cuando una amistad termina

lunes, 4 de noviembre de 2024

Colección Edibolsillo Paperback

Ediciones Grijalbo
1970-1993

Muchas de las obras indicadas también aparecieron en la colección Bestsellers y en otras publicadas por Grijalbo y en distintas colecciones de otros sellos editoriales.

Este listado no incluye las obras de pseudociencia e hice una sola excepción con el Almanaque de lo Insólito de Irving Wallace que mezcla datos sobre deportes y curiosidades con otros que pertenecen más al terreno de la superstición.

Los títulos de terror en la colección se pueden ver aquí.

1. Mario Puzo. El Padrino
1. Ruth Beebe Hill. Hanta Yo. Las Raíces de los Indios. En 1980
2. Jacqueline Susann. La máquina del amor
3. Jacqueline Susann. El valle de las muñecas
5. Franz Mehring. Carl Marx, historia de una vida
6. Jack Lynn. El Profesor (El Profesor. Los Hijos de la Mafia)
7. Herman Wouk. Vientos de Guerra 1. Natalie
8. Herman Wouk. Vientos de Guerra 2. Pamela
11. Irving Wallace. El Hombre
12. Irving Wallace. El Premio Nobel
13. Irving Wallace. El Complot. En 1972
13. Irving Wallace. Fan Club. En 1974
16. Jacqueline Susann. Una vez no basta. En 1973
17. Jacqueline Susann. Todas las noches, Josephine
18. Hugh Mills. Prudencia, Prudencia
19. Robin Lee y Derek T. Gill. La Travesía del «Dove»: La vuelta al mundo de un navegante solitario
21. Ben Dan. El espía que vino de Israel
24. George Fox y Mario Puzo. Terremoto
25. Anónimo. Berlinguer y el profesor
28. Isser Harel. La Casa de la calle Garibaldi
29. Leonore Fleischer.  Funny Lady
31. Marvin H. Albert. La Conspiración de la Gárgola
32. María Isabel Barreno. Nuevas Cartas Portuguesas
33. Dr. Alberto Merani. Carta a los Consumidores de Psicología
34. Nigel Nicolson. Retrato de un Matrimonio
35. Cecil Saint-Laurent. La Burguesa
38. Taylor Caldwell. La Plaza Fuerte
39. Gerald A. Browne. Hazard
40. John Burke. Buffalo Bill. El Rostro Pálido más Noble
42. Tom Wicker. Frente a los leones
43. Allen Drury. Norteamérica en peligro
44. Peter Maas. Serpico
47. Max Ehrlich. Edicto Siglo XXI
48. Louis Auchincloss. Los Socios
50. James Herriot. Todas las Cosas Brillantes y Hermosas
51. Nicole Gerard. Siete años de cárcel
52. Dr. Thomas A. Harris. Yo estoy bien, Tú estás bien
53. Patrick Cauvin. Mi amor ciego
55. Norman Mailer. El Combate
56. John Epler. Cóndor, el espía de Rommel
57. David Osborn. Temporada de caza
59. Gérard de Villiers. La irresistible ascensión del Sha
60. Joseph Joffo. Anna y su orquesta
61. Jacqueline Susann. Dolores
62 George F. Gilder. Suicidio Sexual
63. Mary Renault. El muchacho persa
64. John Hejinian. Sala de Urgencias
65. Russell L. Rhodes. El hombre en forma
67. Irving Wallace. El Documento R
68. Irwin Shaw. Turno de Noche
69. Sylvia Wallace. Las Fuentes
70. David Chandler. Los Gangsters
72. Gerald Seymour. El Juego de Harry
74. William Manchester. Gloria y Ensueño. Una Historia Narrativa de Estados Unidos (1932-1972), 4 tomos
76. Dr. Meyer Friedman y Dr. Ray Rosenman. Conducta Tipo «A» y su corazón
77. James Michener. La Saga de Colorado, 2 tomos (Centennial «La Saga de Colorado»)
78. Elliot Roosevelt y James Brough. Los Roosevelt de Hyde Park
79. Rumer Godden. El Río
80. Taylor Caldwell. Dinastía de la Muerte
83. Susan Agnelli. Vestíamos de marinero
84. Taylor Caldwell. Melissa
85. Victoria Holt. El Señor de Far Island
86. Denis Diderot. La Religiosa
87. Gore Vidal. Myron
89. Dr. Herbert Fensterheim y Jean Baer. No diga Sí cuando quiera decir No
91. Martin J. Smith. Cuando digo No, me siento culpable
93. Taylor Caldwell. Las águilas se reúnen
94. Jack Lynn. El Tránsfuga
96. Michael M. Mooney. Hinderburg
97. Alvah Bessie. El Símbolo
98. Anthony Sampson. Las Siete Hermanas. Las grandes compañías petroleras y el mundo que han creado
99. R. Lance Hill. Muerte en Vancouver
101. Taylor Caldwell. Perdidos para el Amor
102. Taylor Caldwell. Este lado de la inocencia
103. Richard Hooker. Mash
105. Norman Hartley. Operación Viking
106. Jacqueline Susann. Una vez no basta. En 1979
107. Ira Levin. Un Beso antes de morir
108. Joseph Joffo. Un saco de canicas
111. Eric Berne. ¿Qué dice usted después de decir «Hola»?
112. Taylor Caldwell. La Hora Final
113. Henri Baruk. Hombres como nosotros. Memorias de un Neuropsiquiatra
114. Kurt Vonnegut. Guampeteros, Formas y Granfalunes
115. Kurt Vonnegut. La Pianola
117. Taylor Caldwell. La Tierra es del Señor
118. Irving Wallace. Los pecados de Philip Fleming
120. Ángel Ossorio y Gallardo. Mujeres
121. Taylor Caldwell. La Familia Turnbull
122. David B. Tinnin y Dag Christensen. Escuadrón de Castigo. «La Venganza de Munich»
123. Walter Lord. La Última Noche del “Titanic״
124. W. Jensen. El Delirio y los sueños en Gradiva
125. Meyer Levin. Compulsión
127. Robert Ludlum. El Cofre de Constantina
128. Sam Cohen. Landru. El asesino muy amado
129. Miklós Mészöly. Saúl o la Puerta de las Ovejas
130. Taylor Caldwell y Jess Stearn. La Leyenda de Atlántida
131. Taylor Caldwell. Hubo un Tiempo
132. Taylor Caldwell. El brazo y la oscuridad
133. Norman Thomas Di Giovanni. 1900. Novecento
134.  Thomas Wiseman. Operación Amanecer
135. James Phelan. Howard Hughes. Los Años Ocultos
136. Taylor Calwell. La Casa Grande
137.Michel Clerc. Bakchich
138. Patrick Cauvin. Monsieur papa
139. Donald Bain. La manipulación de Candy Jones
140. Oliver Gillie. ¿Quién cree usted que es? Hombre o superhombre. La controversia genética
144. Suzanne Chantal. Un amor de André Malraux
147. Ferdinand Lundberg. Nelson y los otros Rockefeller
149. Dr. Ronald Fieve. Humor Alternante. La tercera revolución en Psiquiatría
150. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 1
151. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 2
152. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 3
153. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 4
154. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 5
155. Irving Wallace y David Wallechinsky.Almanaque de lo Insólito, volumen 6
156. Irving Wallace y David Wallechinsky.Almanaque de lo Insólito, volumen 7
157. Irving Wallace y David Wallechinsky. Almanaque de lo Insólito, volumen 8
158. Wayne Dyer. Tus Zonas Erróneas
159. Louis Auchincloss. El Pacto de los Winthrop
164. Philip Van Rjndt. La Colección Tetramachus
165. Maria Talwick. La Torre Inclinada
166. luisa Isabel Álvarez de Toledo. La Cacería
167. Taylor Caldwell.  La Columna de Hierro. El Gran Tribuno (novela sobre Cicerón y Roma)
169. Robert Katz. El Puente de Casandra
171. Harold Robbins. Los sueños mueren primero
172. Henry Miller. El Libro de mis Amigos
174. Taylor Caldwell. Capitanes y Reyes
176. John Gordon Davies. Leviatán
178. Thomas McCann. Una Empresa Norteamericana. La tragedia de United Fruit
180. Harry Minetree. Cooley: Experiencias de un gran Cardiocirujano (Dr. Denton A. Cooley, 1920-2016)
182. Steven Spielberg. Encuentros en la Tercera Fase
185. María Teresa March. Los Inocentes
187. Thomas Pynchon. El Arco Iris de la Gravedad, 2 tomos
189. Joan Didion. Réquiem por una burguesa
190. Taylor Caldwell. Ángel malvado
191. Taylor Caldwell. El Gran León de Dios. Novela sobre la vida de san Pablo
192. Victoria Holt. El orgullo del pavo real
193. Rex Malik. La IBM por dentro y mañana… ¿el mundo?
198. Irving y Amy Wallace. Los Siameses
199. Dolores Palá. Tormenta para una ciudad amurallada
201. Tom Wicker. Asalto Mortal
203. James McLendon. Pena de muerte
204. Tom Robbins. También las vaqueras sienten melancolía
206. Charlotte Curtis. Los Ricos y otras atrocidades
208. Allen Drury. En busca de la Paz
209. Joel Marie Teutsch y Champion K. Teutsch. Hacia una mayor felicidad
210. Anthony Sampson. El Bazar de las Armas
211. Robert J. Ringer. Sea el Número 1
212. Philip Roth. El profesor del deseo
213. Willie Hamilton M.P. Mi Reina y Yo
214. Steve Shagan. Destino fatal
216. Richard Gardner. Las aventuras de don Juan
217. Edwin Fadiman Jr. El Profesional
223. Neil Simon y Robert Grossbach. La chica del adiós
225. Walker Percy. La Confesión de Lancelot
228. Ron Goulart. Capricornio Uno
229. Carol DeChellis Hills. Una mujer descasada
230. Ron de Christofo. Brillantina (Grease, Vaselina)
231. Thomas Gifford. El Hombre de Lisboa
233. Eileen Lottman. El Griego de Oro
235. H.R. Haldeman y Joseph DiMona. La Agonía del Poder
236. Régis Debray. La nieve quema
237. Victoria Luisa, princesa de Prusia. La Hija del Káiser (memorias)
238. Gabriel Jackson. En ese ayer casi olvidado y mudo
239. Victoria Holt. El jinete del diablo
240. Erica Jong. Poesías
241. Irwin Shaw. Lucy Crown
242. Paddy Chayefsky. Estados Alterados
244. Bari Wood y John Geasland. Los gemelos
245. Max Ehrlich. El salvaje anda suelto
246. Brown Meggs. Aria
247. Dora Russell. Autobiografía
248. Sara Davidson. Tres mujeres de los años Sesenta
250. Hsia Chin-Yen. El invierno más frío de Pekín
251. George Arnaud. Carga Maldita. «El salario del miedo» (El salario del Miedo)
252. Elliot Maggin. Superman, el último hijo de Krypton
253. Og Mandino. El vendedor más grande del mundo
254. Dr. Pierre Fournier. Más Salud, Más Belleza
255. Dr. George Sheehan. Correr es Salud
256. Arrigo Petaco. El Prefecto de hierro



Obras dentro de la colección sin numeración

ꟷBob Randall. El Admirador
ꟷRoderick Macleisch. El hombre que nunca existió
ꟷStephen King. Verano de Corrupción
ꟷGiovanni Jervis. El Reeducador
ꟷDavid Wallechinsky, Irving y Amy Wallace. El Libro de las Listas, 3 tomos
ꟷNeil Simon y Robert Grossbach. California Suite
ꟷIrving Wallace. La Creación de una novela
ꟷVictoria Holt. La máscara de la hechicera
ꟷPierre Salinger y Leonard Gross. El Expediente
ꟷBarbara Wood. Domina
ꟷJohn Trenhaile. Intriga en el Kremlin
ꟷCarlos Romero. El puente de los olvidados
ꟷDr. Georges Mathé. Dossier Cáncer
ꟷStephen Sheppard. Los Cuatrocientos
ꟷnorma Meacock. La muchacha que pensaba demasiado
ꟷJames Michener. El Manantial, 2 tomos
ꟷIrving Wallace. La Segunda Dama
ꟷTaylor Caldwell. Responde como un Hombre
ꟷTaylor Caldwell. Una tierna y apacible victoria
ꟷHerman Wouk.  El Motín del «Caine»
ꟷJorge Martínez Reverte. Terroristas. El Mensajero
ꟷHerman Wouk. El Chico de la ciudad
ꟷJosé Luis Aguilar. El Hijo de Hitler
ꟷCharlotte Brontë ꟷy otra Damaꟷ. Emma
ꟷMax Ehrlich. Los peces gordos
ꟷAnaïs Nin. En una campana de cristal/Invierno de artificio
ꟷAnatoli Ribakov. La Arena Pesada
ꟷWilliam E. Barrett. La Amazona (o Una Amazona)
ꟷGeorge Woodcock. Gandhi
ꟷHerman Wouk. Una Muchacha de nuestro tiempo
ꟷDavid Wallechinsky, Irving y Amy Wallace. Almanaque Popular, 3 tomos
ꟷJoyce Carol Oates. Matrimonios e Infidelidades (relatos)
ꟷIrving Wallace. El Todopoderoso
ꟷMax Ehrlich. Shaitan
ꟷVictoria Holt. La Herencia Landower
ꟷDanielle Steel. La Mansión
ꟷIrving Wallace. La Isla de las tres Sirenas
ꟷE.L. Doctorow. El Libro de Daniel
ꟷDanielle Steel. La rueda del deseo
ꟷDanielle Steel. Encuentro decisivo
ꟷJeffrey Archer. La hija pródiga
ꟷJeffrey Archer. Ni un centavo más, ni un centavo menos
ꟷJeffrey Archer. La Carrera hacia el Poder
ꟷDanielle Steel. Vidas cruzadas
ꟷMichael Blake. Bailando con lobos (Baila con lobos)
ꟷBarbara Wood. Constantes Vitales
ꟷDanielle Steel. El precio del amor
ꟷDanielle Steel. Calidoscopio
ꟷLen Deighton. Adiós, Mickey Mouse
ꟷBarbara Wood. El fuego de la vida
ꟷAnaïs Nin. La seducción del minotauro
ꟷTaylor Caldwell. El Abogado del diablo
ꟷSylvia Bourdon. El Amor es una fiesta
ꟷStephen King. El Cuerpo
ꟷJacqueline Susann. Yargo
ꟷIrving Wallace. El Caballero de los domingos
ꟷIrving Wallace. Argumentos fabulosos
ꟷTaylor Caldwell. Ceremonia de los Inocentes
ꟷTaylor Caldwell. La espléndida corriente
ꟷTaylor Caldwell. Testimonios de dos hombres
ꟷMario Puzo. La Mamma
ꟷMax Ehrlich. La secta
ꟷSally Carrighar. Los Mares del crepúsculo
ꟷMargaret Drabble. La edad de hielo
ꟷWayne Dyer. Evite ser Utilizado
ꟷAnaïs Nin. Hijos del albatros
ꟷAnaïs Nin. Corazón cuarteado
ꟷGene Thompson. Lupe
ꟷDr. Samuel Dunkell. Posiciones durante el sueño. El Lenguaje nocturno del cuerpo
ꟷPaul Kramer. Pu Yi, el último emperador
ꟷIrving Wallace y David Wallechinsky. Nuevo Almanaque, 2 tomos
ꟷIrving Walllace. ¡Qué tiempos aquellos! Recuerdos de Hollywood
ꟷMario Puzo. Los tontos mueren
ꟷIrving Wallace. Los Disconformes
ꟷHerbert Le Porier. El Violín de Cremona
ꟷNorman Mailer. Genio y Figura: un recorrido a través de las principales obras de Henry Miller
ꟷTimothy Harris. Un gigoló americano
ꟷSilvia Tennenbaum. Raquel, la esposa del rabino
ꟷIrving Wallace. El Fabuloso Empresario. La vida y la época de P.T. Barnum
ꟷSol Yurick. Los Amos de la noche
ꟷJ. Paul Getty. A mi manera. Autobiografía
ꟷPeggy Anderson. Enfermera
ꟷMilton y Rose Friedman. La Libertad de elegir
ꟷTaylor Caldwell. Ni vencedores, ni vencidos
ꟷ Irving, Amy y Sylvia Wallace y David Wallechinsky. Vidas Íntimas de Gente Famosa
ꟷIrmgard Keun. Gilgi, una de nosotras
ꟷDavid A. Yallop. Líbranos del Mal. El destripador de York
ꟷAnaïs Nin. Escaleras hacia el fuego/Una espía en la casa del amor
ꟷMario Puzo. El Siciliano
ꟷVictoria Holt. Mi enemiga la Reina
ꟷGérard Walter. Lenin
ꟷJames Herriot. Un veterinario en la RAF
ꟷJames Herriot. Un Veterinario en apuros
ꟷJames Herriot. Todas las Criaturas Grandes y Pequeñas
ꟷA.M. Scott. Proceso a Gaddafi
ꟷDr. Herbert Fensterheim y Jane Baer. Viva sin Temores
ꟷHenry Kyemba. Un Estado Sangriento. La Historia Íntima de Idi Amin
ꟷHerman Wouk. Tormentas de Guerra, 3 tomos
ꟷVictoria Holt. El Salto del Tigre
ꟷLuis Alfredo Béjar. El Coleccionista de Agujeros
ꟷWilliam Diehl. La Máquina de Sharky



domingo, 3 de noviembre de 2024

Colección Selecciones de Biblioteca Oro

Editorial Molino
1940-1961-1998

Publicación original del listado: 4 de julio de 2012

Revisión 2024

Estoy verificando nuevos datos en esta y en otras colecciones.

Viendo lo que existe es posible que lo que falte en el listado sean algunos de los mismos títulos que se publicaron antes o después.

 

No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. Eclesiastés 12:12. Versión Reina-Valera

 

1. Rex Stout. La Liga de los Asustados
2. James Hilton. Horizontes Perdidos
3. Mabel Seely. Trágica murmuración
4. Rex Beach. El camino de hierro
5. Agatha Christie. Asesinato en el Orient Express
6. H. Woodward y F. Amherts. Dos horas en blanco
7. Edison Marshall. La canción de la flecha
8. Raymond Chandler. Detective por correspondencia (o Adios, Muñeca, Fareweell , my lovely)
9. Ernest Haycox. El camino del oro
10. Charlotte Murray Russell. Toque de difuntos
11. J.P. Marquand. El imperturbable señor Moto
12. Gentry Nyland. Detective sin Licencia
12. Amelia Reynolds Long. Crimen en el sur (edición argentina)
13. Agatha Christie. El Asesinato de Roger Ackroyd
14. Stuart Palmer. El enigma de los estudios Mammoth
14. James O. Hanlon. Suicidio o asesinato (edición argentina)
15. Agatha Christie. Diez Negritos (o Y no quedó ninguno)
16. Rex Beach. Los caprichos del azar
17. Isabel Garland. Crimen en la noche
17. Erle Stanley Gardner. El caso de la novia curiosa (edición argentina)
18. Earl Derr Biggers. El Criado Chino
18. Amelia Reynolds Long. Sangre que mata (edición argentina)
19. Mignon B. Eberhart. La casa en la azotea
20. Charles Nordhoff y James N. Hall. Huracán
20. Owen Fox Jerome. El crimen del club de golf (edición argentina)
21. Max Brand. El joven Doctor Kildare
21. Agatha Christie. El misterio de la guía de ferrocarriles (edición argentina)
22. A.E.W. Mason. El zafiro
23. Stewart Edward White. Oro
23. E. Philips Oppenheim. El malvado pastor (edición argentina)
24. Ruth Gilbert Cochran. Victoria Pruitt viene a la ciudad
24. A. B.Cunningham.  La extraña muerte (edición argentina)
25. Capitán H. Shaw. La hija del Viking
26. Agatha Christie. Cianuro Espumoso
27. Humphrey Jordan. El Comandante Gaunt
27. Agatha Christie. Navidades trágicas (edición argentina)
28. Ngaio Marsh. Un hombre muerto
29. Agatha Christie. Cita con la muerte
30. Leslie Edgley. Pesadilla
30. Ann T. Smith. Muerte en los naipes (edición argentina)
31. Vereen Bell. El pantano de la muerte
32. Milton M. Raison. El alegre propietario de la funeraria (edición española y argentina, 1948)
33. Earl Derr Biggers. Cincuenta velas
34. Margaret Scherf. Al muerto le crece la barba
35. Anne Hocking. Los buitres se reúnen
36. E.Ph. Oppenheim. Nick de Nueva York
37. Agatha Christie. El Misterio del Tren Azul
38. Anne Hocking. Muerte en la boda
39. Rex Beach. Hombres de las Islas
40. S.S.Van Dine. El Asesinato del Casino
41. P.P. Muir y E.D.H. Tollemache. Heridas sin cicatrizar
42. Earl Derr Biggers. El Loro Chino
43. Agatha Christie. Un Triste Ciprés
44. Erle Stanley Gardner. El caso de las garras de terciopelo
45. Dorothy L. Sayers. El cadáver con lentes
46. Agatha Cristie. Maldad bajo el sol
47. James B. Hendrix. Juan el Negro
48. Agatha Christie. El enigmático Mr. Quin
49. Earl Derr Biggers. La casa sin llaves
49. Mignon B. Eberhart. La cacatúa blanca (edición argentina)
50. Frank Gruber. El burro de plata
51. Anne Hocking. La pincelada final
52. Agatha Christie. Un cadáver en la Biblioteca
53. Earl Derr Biggers. Cincuenta velas. Edición en 1948
53. H. Birney. Ana Carmeny. Edición en 1950
54. E.Ph. Oppenheim. El Hombre sin nervios
55. Milton M. Raison. El alegre propietario de la funeraria (edición española, 1950)
56. Rex Beach. La barrera
57. Erle Stanley Gardner. El Caso de las Piernas Bonitas. En 1950
58. Agatha Cristie. Cinco Cerditos
59. E.Ph. Oppenheim. La sonrisa de Moran
60. Anne Hocking. Malas acciones realizadas
61. Valentin Williams. El verdugo espera
62. Anne Hocking. La muerte visita "Los cedros"
65. S.S.Van Dine. El caso del secuestro
66. Rex Stout. Demasiados Cocineros
67. S.S.Van Dine. El misterio del café Domdaniel
68. Sam Merwin Jr.. Un cuchillo en mi espalda
69. Edgard Wallace. La banda de la «Rana»
70. Owen Fox Jerome. El crimen del club de golf
71. Theodora Du Bois. El caso de la tachuela verde
72. Ellery Queen. El Misterio de la Mandarina (o El Misterio de la Naranja China)
73. Rex Stout. La Segunda Confesión
74. E.Ph. Oppenheim. Siete tabernas de Marsella
75. Agatha Christie. Matrimonio de Sabuesos
77. Edward Lee. El misterio de la lubina
78. S.S.Van Dine. El visitante de medianoche
79. Agatha Christie. La muerte visita al dentista
80. A. A. Fair (Erle Stanley Gardner). Berta, la tetera y el gato (192)
81. Earl Derr Biggers. Eran Trece
82. Rex Stout. Los Amores de Goodwin (o El conferenciante silencioso o La voz del muerto)
83. Anne Hocking. Tal para cual
84. Erle Stanley Gardner. El caso de la novia curiosa. En 1953
85. Anne Hocking. El secreto del coronel Fielding
86. A.A. Fair. Los Tontos mueren en viernes. En 1952, 1953
87. E.Ph. Oppenheim. El tesoro de Martin Hews
88. Helen Reillly. El cuarto azul de Arroways
89. Valentin Williams. La respuesta de la muerte
90. John Dow. El crimen de los parásitos
91. E.Ph. Oppenheim. Ídolos robados
92. Agatha Christie. Intriga en Bagdad
94. John Evans. Nimbo de sangre
95. Hammond Innes. La isla de Maddon
96. Thorne Lee. El monstruo de Lazy Hook
97. Miles Burton. Pánico en la villa
98. Olivier Sechan e Igor B. Maslowsky. ¿Quiere usted morir conmigo?
99. Agatha Christie. Navidades Trágicas
100. Wade Miller. El espectador culpable
101. Erle Stanley Gardner.  El Caso del Gato del Portero
102. Gerard Fairlie. El ganador se lo lleva todo
103. Hammond Innes. El hielo azul
104. Erle Stanley Gardner. El caso del sonámbulo
105. Henry Wade. Cúmplase la ley
106. Richard S. Prather. Todos tenían una pistola
107. Agatha Christie. El misterio de Sittaford
108. Anthony Gilbert. Reptil en acecho
109. The Gordons. Negro es mi pasado
110. Stuart Palmer. Un Sherlock Holmes con faldas
111. Henry Holt. No hay premio para el crimen
112. Erle Stanley Gardner. El fiscal en candelero
113. Cleve F. Adams. Smith y la pelirroja
114. John Newton Chance. El caballero rojo-BO-
114. Stuart Palmer. La señorita Withers lo lamenta
116. Agatha Christie. Un puñado de centeno
117. Doris Miles Disney. La última gota
118. Erle Stanley Gardner. El fiscal traza un círculo
119. Margaret Erskine. La muerte recorre las calles
120. William Almon Wolff. El proceso de Mary Dugan
121. Bruce Graeme. La Huida
122. Agatha Christie. Carta sobre la mesa
123. Josephine Bell. Por causas naturales
124. Agatha Christie. La muerte de Lord Edgwware
125. Michael Gilbert. Cánticos y explosiones
126. Agatha Christie. La señora McGinty ha muerto
127. Rae Foley. La muerte y mister Potter
128. Agatha Christie. Se anuncia un asesinato
129. Leslie Ford. El baluarte del diablo
130. Agatha Christie. Asesinato en Bardsley News
131. David Alexander. La ciudad en negro
132. Agatha Christie. Después del funeral
133. Ellery Queen. Oficina de Investigación de Queen
134. Agatha Christie. Tres ratones ciegos
135. Brigid Maxwell. El caso de los seis amores
136. Agatha Christie. Pleamares de la Vida
137. D.B. Olsen. El corazón de Paul
138. Agatha Christie. Sangre en la piscina
139. Leslie Ford. El árbol de Judas
140. Agatha Christie. Asesinato en Mesopotamia
141. Rae Foley. Herencia peligrosa
142. Agatha Christie. El Testigo Mudo
143. Francis Didelot. Seis horas de angustia
144. Agatha Christie. El misterio de la guía de ferrocarriles
145. Agatha Christie. El truco de los espejos
146. Agatha Christie. Poirot en Egipto
147. Agatha Cristie. El hombre del traje color castaño
148. Agatha Christie. Muerte en las nubes
149. Agatha Christie. Destino desconocido
150. Agatha Christie. Matar es fácil
151. Agatha Christie. La venganza de Nofret
152. Agatha Christie. Trayectoria de boomerang
153. Agatha Christie. El misterioso Sr. Brown (o El adversario secreto)
154. Agatha Christie. Peligro inminente
155. Agatha Christie. Tragedia en tres actos
156. Agatha Christie. El secreto de Chimneys
157. Agatha Christie. El misterioso caso de Styles
158. Agatha Cristie. Muerte en la vicaría
159. Agatha Christie. Hacia Cero (Hora Cero)
160. Agatha Christie. Poirot investiga
161. Agatha Christie. El misterio de las siete esferas
162. Agatha Christie. Los trabajos de Hércules
163. Agatha Christie. Ocho casos de Poirot
164. Agatha Christie. Señorita Marple y Trece Problemas
165. Erle Stanley Gardner. El caso de la viuda peligrosa
166. Agatha Christie. Parker Pyne investiga
167. Erle Stanley Gardner. El caso del canario cojo
168. Edgar Wallace. El Intérprete
169. S.S. Van Dine. El caso Rexon
170. Erle Stanley Gardner. El caso del anzuelo con cebo
171. Erle Stanley Gardner. El caso del loro perjuro
172. Erle Stanley Gardner. El caso del socio silencioso
173. Erle Stanley Gardner. El caso de la novia curiosa. En 1962
174. Erle Stanley Gardner. El caso del gato del portero
175. Erle Stanley Gardner. El caso del ojo de cristal
176. Erle Stanley Gardner. El caso de la cleptómana
177. Erle Stanley Gardner. El caso de la joven arisca
178. Erle Stanley Gardner. El caso de las piernas bonitas
179. Erle Stanley Gardner. El caso de los dados falsos
180. Erle Stanley Gardner. El caso del perro aullador
181. Erle Stanley Gardner. El caso de las garras de terciopelo
182. Erle Stanley Gardner. El caso del tartamudo
183. Erle Stanley Gardner. El caso del sonámbulo
184. Erle Stanley Gardner. El caso del retrato falso
185. Erle Stanley Gardner. El fiscal acorralado
186. Erle Stanley Gardner. El fiscal en candelero
187. Erle Stanley Gardner. El fiscal traza un círculo
188. Erle Stanley Gardner. El fiscal desconcertado
189. Erle Stanley Gardner. El fiscal salva el escollo
190. A. A. Fair (seudónimo de Erle Stanley Gardner). Agencia de detectives
191. A. A. Fair. Donald Lam detective
192. A. A. Fair. Berta, la tetera y el gato
193. A. A. Fair. Doble o sencilllo
194. A. A. Fair. El ciego y el murciélago
195. A. A. Fair. El profesor de gimnasia
196. A. A. Fair. Hay que cerrar las ventanas
197. A. A. Fair. La coquetería de Berta Cool
198. A. A. Fair. Las lechuzas lo ven todo
199. A. A. Fair. Los cuervos no saben contar
200. A. A. Fair. Los tontos mueren en viernes
201. A. A. Fair. Un accidente que trae cola
202. Erle Stanley Gardner. La cerbatana china
203. S.S. Van Dine. Matando en la sombra
204. S.S. Van Dine. El asesino fantasma
205. S.S. Van Dine. El escarabajo sagrado
206. S.S. Van Dine. El caso Garden
207. S.S. Van Dine. El dragón del estanque
208. Earl Derr Biggers. Las siete llaves
209. G.K. Chesterton. La Sabiduría del Padre Brown (o La Sagacidad del Padre Brown)
210. Rex Stout. La bombonera roja
211. Rex Stout. El toro campeón
212. Rex Stout. Fer-de-lance
213. Rex Stout. La dama del velo
214. Rex Stout. Sobre mi cadáver
215. Rex Stout. Orquídeas negras
216. Max Brand. El secreto del doctor Kildare
217. Rex Stout. La banda de «El Goma»
218. Rex Stout. La mano en el guante
220. Rex Stout. No estaba bastante muerta (o No lo suficientemente muerta)/La Trampa
221. Rex Stout. ¡Igual sería estar muerto!
222. Edgar Wallace. El jeroglífico
223. Edgar Wallace. El misterio de los tres robles
224. Edgar Wallace. La celda de la muerte
225. Leslie Charteris. El Santo en Nueva York
226. Leslie Charteris. El Santo juega con fuego
228. Peter Cheyney. ¡Otro traguito!
229. Edgar Wallace. El astuto Mr. Reeder
230. Edgar Wallace. Las hijas de la noche
231. Frank Gruber. La moneda de oro
232. Agatha Christie. La casa torcida
233. Agatha Christie. Asesinato en la calle Hickory
234. Dorothy L. Sayers. ¿Muerte natural?
235. John Dickson Carr. El hombre que explicaba milagros
236. Stanley Ellin. El método Blessington y otros extraños relatos
237. Fredric Brown. ¡No mires atrás!
238. Robert Van Gulik. El jarrón chino
239. Margaret Echard. Crímenes en mi camino
240. Roderic Jeffries. El abogado enfrenta la muerte
241. Arthur Conan Doyle. Reaparece Sherlock Holmes
242. Arthur Conan Doyle. Sherlock Holmes no ha muerto (o Aventuras de Sherlock Holmes o El Regreso de Sherlock Holmes)
243. Arthur Conan Doyle. Memorias de Sherlock Holmes
244. Arthur Conan Doyle. Sherlock Holmes sigue en pie
245. Arthur Conan Doyle. El Archivo de Sherlock Holmes
246. Arthur Conan Doyle. El Último Saludo de Sherlock Holmes
247. Stuart Palmer. El gato persa
248. John Dickson Carr. El rincón de la bruja
249. Erle Stanley Gardner. El caso de la modelo asustada
250. Erle Stanley Gardner. El caso de la "mina" rubia
251. Erle Stanley Gardner. El caso de las manos heladas
252. Erle Stanley Gardner. El caso de las muñecas semejantes
253. Erle Stanley Gardner. El caso del secreto de la hijastra
254. Erle Stanley Gardner. El caso de la tía enamorada
255. Erle Stanley Gardner. El caso de la divorciada atrevida
256. Erle Stanley Gardner. El caso de la fortuna fantasma
257. Erle Stanley Gardner. El caso de los herederos asustados
258. Erle Stanley Gardner. El caso del tutor en apuros
259. Erle Stanley Gardner. El caso de la bella pordiosera
260. Erle Stanley Gardner. El caso de la camarera preocupada
261. Agatha Christie. El pudding de Navidad
262. Robert Van Gulik. El fantasma del templo
263. Agatha Christie. El espejo se rajó de parte a parte (o El espejo se rajó de lado a lado o El espejo roto)
264. Agatha Christie. Un gato en el palomar
265. Agatha Christie. Asesinato en el campo de golf
266. Agatha Christie. En el hotel Bertram
267. Agatha Christie. El tren de las 4,50
268. Erle Stanley Gardner. El caso de la vela torcida
269. Erle Stanley Gardner. El caso del patito que se ahogaba
270. Erle Stanley Gardner. El caso del gatito imprudente
271. Erle Stanley Gardner. El caso de la lata vacía
272. Erle Stanley Gardner. El caso del reloj enterrado
273. Agatha Christie. El misterio de Listerdale
274. Agatha Christie. Tercera muchacha
275. Agatha Christie. Misterio en el Caribe
276. Agatha Christie. Noche eterna
277. Agatha Christie. Inocencia trágica
278. Agatha Christie. Los relojes
279. Agatha Christie. El templete de Nasse House
280. Agatha Christie. Poirot infringe la ley
281. Agatha Christie. El misterio de Sans Souci
282. Arthur Conan Doyle. El Signo de los Cuatro
283. Arthur Conan Doyle. El Valle del Terror
284. Agatha Christie. Los cuatro grandes
284. Dorothy L. Sayers. Cinco pistas falsas
285. Agatha Christie. Problema en Pollensa
285. Dorothy L. Sayers. Lord Peter descubre el delito
286. Dorothy L. Sayers. Los nueve sastres
287. Dorothy L. Sayers. El caso del bailarín barbudo (o Un cadáver para Harriet Vane)
288. Agatha Christie. Las manzanas
289. Agatha Christie. El Cuadro
290. Agatha Christie. Los elefantes pueden recordar (o Los elefantes jamás olvidan)
291. Agatha Christie. Pasajero para Francfort
292. Arthur Conan Doyle. El Sabueso de los Baskerville (El Perro o El Mastín de los...)
293. Agatha Christie. Primeros casos de Poirot
294. Agatha Christie. Némesis
295. Agatha Christie. Testigo de cargo
296. Agatha Christie. El caso de los anónimos
297. Agatha Christie. Telón: último caso de Poirot
298. Agatha Christie. El misterio de Pale Horse
299. Agatha Christie. Un crimen dormido
300. Agatha Christie. La puerta del destino

Continuará

La Granja de mis Sueños

¿Cómo llegué a convertirme en una preparadora de ensaladas para criaturas inútiles, yo, que soy una mujer de la ciudad?

  

Por Laura Cunningham


MI ESPOSO y yo siempre habíamos soñado con producir nuestros propios alimentos.
Antes de que adquiriéramos la granja, me imaginaba a mí misma pasando en la mesa unos platones de verdura fresca al tiempo que decía con cierto dejo de modestia: “Son de nuestra cosecha״. Hoy, ambos nos tambaleamos bajo el peso de los sacos de forraje de 25 kilos, destinados a alimentar a un hato de 45 bestias obesas, cuya existencia puede transcurrir en perpetuo éxtasis digestivo. ¿Cómo llegué a convertirme en una preparadora de ensaladas para criaturas inútiles, yo, que soy una mujer de la ciudad?

Empezamos por poner nuestro propio huerto, desastre del que no aprendimos nada. Después de pasarnos toda una temporada trabajando con la cultivadora rotatoria, fertilizando, levantando cercas y haciéndonos trizas la espalda, logramos cosechar “el tomate de los 700 dólares״. Era un hermoso tomate: el único al que le perdonaron la vida las marmotas, las cuales dejaron sus huellas dentales en todos los demás.

Luego vinieron las cabras. Siempre nos había gustado el queso de estos animales, y pensábamos que unas cuantas cabras lecheras finas nos proveerían de exquisito queso y al mismo tiempo harían las veces de traviesas y adorables mascotas. Así pues, adquirí dos cabras chifladas: Lulú y Lulubella.

Si bien no esperaba yo que, de la noche a la mañana, mis cabras me entregaran, ya envueltas, unas hermosas e inmaculadas barras de queso Montrachet, ignoraba que todo ganadero caprino tiene que habérselas con plataformas de ordeño, enfermedades de las ubres y, más que nada, con aventuras sexuales. Las cabras no producen leche a menos que se hayan apareado y, en nuestro pueblo, el único macho cabrío disponible era Bucky, galán cornudo, de largas patillas y hediondo a más no poder. En su primera visita conyugal, Bucky y “las muchachas״ armaron tal jaleo, que causaron daños por más de 2000 dólares al corral, y eso sin contar con que se comieron los antepechos de las ventanas.

Ahora Lulú y Lulubella nos divierten de vez en cuando retozando por el jardín, dándose de topes y ejecutando varias evoluciones coreográficas que evocan algún rito dionisíaco. Pero casi todo el tiempo se concretan simplemente a triscar y a satisfacer sus necesidades fisiológicas.

Luego se presentó el sueño de los huevos frescos, recogidos aún tibios por la mañana, un sueño que se materializó en 38 gallinas iracundas.
Después de invertir varios cientos de dólares en alimento para aves, por fin encontré una mañana un huevo ꟷrojo, sedoso y tibioꟷ, oculto debajo de una gallina que casi me despedazó la mano a picotazos cuando quise cogerlo.
Pronto descubrí que las gallinas son criaturas caprichosas. Hasta el gallo nos ha decepcionado. Mi esposo y yo esperábamos que nos despertara en las mañanas con su orgulloso canto. Sin embargo, en la Granja Ficticia (así bautizamos nuestra heredad), nosotros tenemos que zarandear al gallo al mediodía para que despierte.

Junto con los pollos vinieron los gansos, cuya adquisición constituyó nuestro más craso error. Los ordenamos sin pensarlo dos veces, pues nos sedujo el anuncio de “Gansitos de Tolosa״ del catálogo avícola.

Entre graznidos y comilonas, mis cinco polluelos de pelusa color verde pálido se transformaron al poco tiempo en unas bolas de sebo de nueve kilos. Durante un tiempo abrigué la ilusión de que emigrarían al sur para pasar allí el invierno. Había visto un documental: El increíble vuelo de los gansos blancos de Canadá, y se me ocurrió que podría filmar el de mis gansos con una cámara de video. Por desgracia, mis protegidos vuelan casi tan bien como yo: se deslizan aleteando un par de metros hasta su piscina infantil de plástico.

Me resigné, pues, a administrar un balneario para gansos, pero mi esposo tenía otros planes. “Ya se acerca la Navidad, y la oca está engordando״, susurró con un brillo malévolo en los ojos. Me horroricé.
¿Cómo podía él pensar siquiera en asar un animal que me consideraba su madre?

Los gansitos me habían seguido hasta un estanque cercano, donde unos vecinos me habían asegurado que podía reubicarlos. “En cuanto se metan en el agua, jamás querrán salir de ella״, me habían dicho. Pero no fue así: cuando me alejé, los cinco gansos me siguieron en fila india. Me volví a verlos y alcancé a distinguir sus ridículas cabecitas grises, que buscaban afanosamente mis huellas por encima de la maleza.

Aquello me conmovió, y para siempre. Mis gansos, que ya soltaron la pelusa y tienen la voz ronca, se han convertido en mascotas un tanto grotescas. El único macho, Arnold, incluso se tomó la libertad de picotearme las posaderas en una ocasión en que le di la espalda.
Lo peor es que llegan a vivir más de 30 años…

Actualmente compro “productos frescos de granja״. Escojo mi ganso en una carnicería de primera, y me surto de huevos “recién puestos״ y de queso de cabra en un almacén de alimentos selectos. Debo pagar 2.50 dólares por media docena de huevos, pero aun así resultan más baratos que los míos, que cuestan 300 dólares cada uno si incluimos en el precio ciertas pequeñeces, como los gallineros.

Pero lo mejor de todo es que puedo asar un ganso, enlardarlo y disfrutar de su aroma con la conciencia tranquila, pues sé que no es Arnold.  Mientras tanto, Arnold está allá afuera, en la piscina infantil de plástico, en plenas relaciones incestuosas con sus hermanas.

© 1991 por Laura Cunningham. Condensado del Suplemento Dominical del “Times״ de Nueva York (12-V-1991) de Nueva York, Nueva York.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIII, Número 615, Febrero de 1992, págs 142-144, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos 




Notas
Hato: Grupo de ganado. Americanismo: Hacienda destinada a la cría de ganado. RAE

Queso Montrachet: Fabricado en el departamento borgoñon de Saône-et-Loire, zona de muchas vacas, es un queso de cabra moldeado en forma de pequeños cilindros entre 75g. y 200g. que madura entre 2 a 4 semanas, ya sea metido en vino o envuelto en hojas de castaño, que es también la forma en que se comercializa. mundoquesos.com


Dionisiaco: Perteneciente o relativo al dios griego Dioniso. RAE
Dioniso o Dionisio: Dios del vino, la diversión y el teatro en la mitología griega, también conocido como Baco entre los romanos.

Triscar:  Enredar, mezclar algo con otra cosa. Torcer alternativamente y a uno y otro lado los dientes de la sierra para que la hoja corra sin dificultad por la hendidura. Hacer ruido con los pies o dando patadas. Retozar, travesear. RAE

Enlardar: Poner grasa en un alimento para cocinarlo. Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse

Las notas son mías. R.S.

lunes, 14 de octubre de 2024

Lima: Coplas y Guitarras

Por José Diez-Canseco


Es una calle cuando el alba no asoma todavía.
En la sombra húmeda de la esquina despereza un policía el trasnochado cansancio de su ineficacia. Un gallo enarca su clarín sin brillo y en el cielo teorizan las estrellas una inenarrable melodía de guiños. No se sabe de dónde llegarán dos voces rotas que valsan una queja en el din-dón de unas vihuelas próceres. Es una jarana.

Es una jarana y es toda la expresión de Lima.
Ninguno de sus poetas, ninguno de los que hicieron del lirismo una expresión limeña, pudo jamás decir lo que una jarana dice. No es la fiesta que sintetiza apasionado jiro afroperuano, sino la expresión auténtica de la ciudad. Por esas voces que el aguardiente rompe, por esas guitarras que retozan y por ese cajón que ríe, Lima dice lo más auténtico que en su alma queda: la lírica querella y, sobre todo, porque es lírica, es absoluta y deliciosamente limeña. 

Y también porque es popular. La jarana nace en el callejón húmedo y oscuro, en el santo de un compadre calvatrueno. Desde el día anterior llegan, junto con los saludos engreidores, las botellas de pisco y chicha y las viandas que son siempre las mismas: arroz con pato de la cena y chilcano lechucero. Ya se apalabraron, donde el italiano de la esquina, los tres o cuatro más íntimos para la serenata y para parar el baile en casa del festejado. En esa casa humilde —lamparín de kerosén, carátulas de revistas, postales y el retrato de un caudillo de cualquier partido―, se han arrinconado el lecho de los críos y el catre cónyuge. Y la comadre, con las greñas anudadas entre los dientes escasos de una peina, ha barrido y regado el piso de tierra pura. Luego, ha ordenado al mayor de los muchachos:
—Norberto, and’a comprarme un paquete de velas donde don Nicola…
El marido ha ido al camal, cuando camal había por el corazón de buey y las tripas del choncholí. 

Esta jarana ha sido la preocupación de la semana. Días antes, cuando el hombre rendido de trabajo llegaba al refugio del hogar miserable, la compañera le recordaba con regocijada pertinacia la fecha prócer:
―Pa’l sábado son tus días…
Y ahora que hemos pasado por la calle hasta la que llegan los ecos de las vihuelas y las voces quejumbrosas:

perjura juiste, mujer
por ti murió m’ilusión…!

podemos atisbar desde la puerta del callejón el brillo de la fiesta que está que arde…

Entremos: Somos viejos amigos del compadre del cuñado del primo del amigo del festejado… Es más que suficiente este largo título para que, desde nuestro arribo, el dueño de la fiesta alargue copa y botella y, sin perder respetos, ofrezca con fiera hospitalidad amiga:
—Con usted, don Pepe…
E insinué luego, señalando a la más linda de las mozas de canela, una invitación que no se desaira nunca:
―Una güertecita, don Pepe…

Y no será una. Serán mil vueltas las que valsarán al compás de esas guitarras y de esas voces que tienen siempre como tema de sus canciones la queja excesiva de los desencantos. Toda la noche, en la sala que fue dormitorio, aquello compadres de la tira, hábiles en el briscán y eruditos de aguardiente, cantarán sin descanso.

Hasta que llega la hora lechucera del chilcano.
Se apaciguará un instante el festejo rojo mientras sirven el guiso inefable y ardiente, y en este espacio de tiempo se comentará el brillo de la fiesta que viene rodando desde las nueve de la noche. Y ya para terminar, sin que nadie lo haya pedido sino por espontánea eclosión de criollo-trascendente, la melodía se hará quizás más triste en la efusión norteña de un tondero:

Quién te dio la cinta verde,
zamba como no
quién te dio la barriguita,
que te dé la colorada…
paisana,
que te mantenga en la cama!

Ah, como no invitar entonces a una zambita que, de fijo, se llama Zoraida, o a esa otra china mimosa y que ríe con los ojos rasgados, por la boquita carnosa, que es tierna y ágil y que nos ha dicho a medianoche:
—Rosa Adela Gómez, una servidora…

Allí, sobre la tierra del suelo, purita tierra, allí se van a tejer los encajes de la danza peruanísima.

Allí, en medio del corro enardecido de los compadres pendencieros y de las hembras encandiladas, aquella moza va a ondular como una zacuarita alegre. Toda la gloria juvenil de su carne va a decir el ritmo exultante del tondero y va luego a arrancarse con una fuga como Dios manda, aunque yo no sé si estas cosas las manda Dios… Ella va a bailar con la gracia leve y fácil con que una golondrina vuela. Nadie le enseñó el arte difícil de los dengues ni el encanto sutil de la sonrisa. Todo esto aprendió aquí, lo aprendió en el galpón limeño, viendo a su madre y recordando a su abuela. Ella no hace sino moverse con una gracia que heredara como una capellanía de encantamiento. Y allí está.

¿La veis? Si es Rosa Adela. No turbéis con una voz insólita el rubor de la moza que se siente contemplada. Esperad. Este es el preludio de las guitarras y las voces no dicen todavía el sonriente piropo ni el desencanto sonriente. Allí también espera con la gravedad de un rito inolvidable el prieto que tiene el cajón entre las piernas y el pañuelo negro en el cuello. Ahora, ahora es cuando.

Ella avanza con una timidez de paloma que se engríe a sí misma. El mozo la recibe en la mitad de la sala y ella fuga al otro extremo en donde se deja contemplar con un mal disimulado rubor en las mejillas y una aturdida sonrisa entre los labios. Y gira en la danza y se contonea con la morbidez sensual de una voz que no halla respuesta. Es Lima, es la ciudad cuatrocientos años vieja y eternamente joven.

Es Lima, toda la alegría típica y el dengue disforzado de la ciudad eminente. En ella, en esa Rosa Adela que quizá nunca más veremos, está toda la gracia de esa ciudad campanera y revoltosa que puso en jícaras de mozas-malas y en ritmos locos de congas toda la trifulca de su vida.

Ella baila. El seno lindo se alza con la efusión agitada del baile. En las orejitas morenas brillan las dormilonas de oro viejo y la cabecita se ladea dulcemente sobre el hombro cálido. Los pies brillan en la asimetría de sus dibujos perfectos y hasta la calle, luego, llegan los aplausos encendidos y el júbilo de las voces exigentes:
―¡Una sin otra no vale!

Un poeta, que de estas cosas conocía, escribió un libro de nostalgias: “Una Lima que se va…” No. Lima no se ha ido, Lima no se está yendo, es muy difícil que Lima se vaya… Siempre quedará en la miseria de un callejón sombroso un compadre que “cumpla sus días” y una tropa alegre de amigotes que festeje el natalicio. Si algunos se perdieron en el cono oscuro del recuerdo, otros surgen por las barriadas de la leyenda con el mismo afán exultante de jaranas y la misma intención guitarrera. Lima no se ha ido. ¡Qué se va a ir! Aquí está la vieja ciudad del sahumerio, de los hermanos del Señor de los Milagros.

Aquí está Lima con sus mismos jazmines y sus mozas, con sus turrones y sus gallos, con sus piropos y sus lirismos, poniendo siempre en cada cuerda de sus violas y en cada palabra de sus coplas, la misma intención de nostalgia y de sonrisa, de una nostalgia que no se confiesa y de una sonrisa que no abre, porque los criollos del Perú conocen la orgullosa delectación del silencio.

Otras cosas se marcharon definitivamente. Otras cosas que eran simples matices, pero jamás la esencia. Porque aquello que es el espíritu de Lima, aquello que es la médula de la ciudad voluble, eso está permanente, definitiva, eternamente instalado en el alma retozona de los zambos.

Vayamos por sus viejas calles por las transcurre la sombra veneranda de Ricardo Palma, volteriano Comendador de la Sonrisa. Aquí quedan las sombras que se mueven en el júbilo de las Tradiciones ¡oh patriarca admirable de lo pícaro limeño! Quizás en este momento en que se habla de homenaje y a mí se me piden estas líneas, la sombra del viejo tradicionista estará sonriendo de un Olimpo absolutamente criollo, en donde flotan las sombras de Francisco de Carvajal y santa Rosa, de Modesto Gavilán y la “Nariz de Camello״, del Licenciado Paja-Larga y don Dimas de la Tijereta, el tremendo escribano que supo jugársela al propio diablo, tan señor nuestro...

Ya no sé qué homenaje se podrá hacer a Lima en este cuarto centenario que no tiene importancia en la cronología y que es banal en nuestro sentimiento. Que es banal porque los que en Lima nacimos, aun cuando nuestro espíritu haya fugado a otros a otros territorios sentimentales, siempre guardamos como una saudade mínima la cálida efusión de su alegría y la burlesca inquietud de sus azahares. Y así, da lo mismo repetirá hora, que todos los días, las mismas palabras con que arrulla nuestro cariño a la vieja ciudad montonera y jaranista.

He vuelto a Lima, después de una ausencia que mi nostalgia hacía más grande. He vuelto a Lima con otra inquietud y otro anhelo. Pero he aquí que tuve la compensación pronta en el gesto insignificante de dos amigos que de mí no podrán esperar nada, de dos amigos humildes: dos vendedores de periódicos.

En la esquina de Judíos y la Plaza de Armas, en las gradas del atrio de la Basílica, hay un puesto de vendedores de periódicos y lotería. En esa esquina me detuve para tomar un vehículo cuando me sorprendió una voz que mi ausencia no ha podido hacerme olvidar:
—¡Don Pepe!

Era una mujer todavía joven, y su marido. El abrazo con que ambos me saludaron tuvo una efusión fraterna. Y sin esperar más, con la confianza de una amistad y de un compañerismo de no sé cuántos años, los mismos que ellos venden y yo escribo periódicos, me instaron con dulce y cálida llaneza:
―¡Vamos a tomarnos un pisco!

En la taberna sórdida de un japonés dulcero nos sirvieron un brebaje de kerosene y alcohol. Sin un gesto, de un estoicismo del que me enorgullezco, brindé con los dos compadres:
—Salud, Domingo…
―Salud, Don Pepe…

Bebimos. La mujer de Domingo me asediaba a preguntas. Un rato se prolongó esta charla que me punzaba con cierta nostalgia por mis primeros años de escritor para el público, cuando medio en broma y medio en serio yo creía que mi palabra sin trascendencia podría tener importancia en un país en en que nada es importante…

Y me marché. Me despedí de aquellos dos seres que tan franca, alegre, cariñosamente me invitaban el veneno del japonés tremendo. Me marché con cierta pena por las cosas que ya no son, pero con la certidumbre alegre de saber que aquí, en esta tierra adorable y criolla, la ausencia tampoco tiene importancia…

Y ahora que escribo estas líneas recuerdo el consuelo que tuve al encontrar en mi tierra pequeña y jocunda a estos dos amigos que después del abrazo estruendoso me hicieron la guaragua del rito:
ꟷ¡Con usted, Don Pepe!

(De Lima: Coplas y Guitarras)


Varios autores. Festival de Lima Edición Antológica, Volumen VI Crónica, Concejo Provincial de Lima, Lima, Perú, 1959, págs. 147-153



Notas

José Diez-Canseco Pereyra: Escritor y periodista peruano (1904-1949). Autor de novelas, libros de cuentos, poesías, ensayos y artículos periodísticos.

Jiro: Referido a un gallo de pelea, que tiene las plumas de la golilla y las alas de color amarillo, y las del cuerpo negras. RAE 

Afroperuano: Término que designa a la cultura de los descendientes de las diversas etnias africanas subsaharianas que llegaron a Perú durante el Virreinato, logrando cierta uniformidad cultural. Wikipedia

Calvatrueno: Hombre alocado, atronado, poco cuerdo. RAE, Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse

Chilcano: Caldo de pescado.

Lechucero: Persona que trasnocha o le gusta hacerlo. RAE

Kerosén: Keroseno, kerosene, querosén,  queroseno, querosene. Líquido inflamable usado como combustible para lámparas, al igual que para calentar y cocinar.

Greña: Cabellera revuelta y mal compuesta. Usado más en plural. RAE

Peina: peineta o peinecillo.

Choncholí: o chinchulín o tripas, se refiere al intestino delgado del ganado vacuno.

Tira: Policía, detective.

Briscán: Juego de cartas, naipes o barajas que se asemeja a la brisca española.

Zacuarita: El texto lo dice así pero debe referirse a la Tacuarita que es una especie de ave que vive en una gran parte de América.

Dengue: Melindre que consiste en afectar delicadezas, males y, a veces, disgusto de lo que más se quiere o desea. Afectación, remilgo. RAE

Galpón: Casa grande de una planta. Cobertizo de gran tamaño.

Una Lima que se va (1921): se refiere a la obra escrita por el poeta y escritor José Gálvez Barrenechea (1885-1957), en donde habla de la Lima de antaño con sus tradiciones y costumbres.

Moza-mala: baile típico en festividades peruanas.

Dormilonas: pendientes, aretes de oro. Se les llama "dormilonas" porque, debido a su comodidad, muchas personas las llevan puestas incluso al dormir.

Nariz de Camello, don Dimas, etc: se refiere a personajes que figuran en las tradiciones del autor Ricardo Palma.

Guaragua: Circunloquio, rodeo innecesario al hablar. Diccionario de Americanismos ASALE

Saudade. Del portugués saudade. Soledad, nostalgia, añoranza. Sinónimos: nostalgia, añoranza, soledad, melancolía, morriña. RAE

Azahar: Flor blanca, y por antonomasia, la del naranjo, limonero y cidro. RAE

Calle de Judíos: Cuadra 2 del actual jirón Huallaga en Lima.

Jocunda: Plácida, alegre, agradable, risueña, amena, apacible, etc.

 

Las notas son un añadido de mi parte.

martes, 8 de octubre de 2024

Sacrilegio en el Reino del Buen Comer

Para mí, era la realización de un sueño; para los gastrónomos franceses, algo inconcebible.

Por Tom Higgins

 

ANTIGUA CAPITAL de la Galia, centro cultural en el medievo, foco de ciencia, erudición y medicina… La ciudad de Lyon es famosa por muchas razones; pero, ¿la recordamos por sus logros científicos, artísticos o literarios?
No, la recordamos por su cocina y sus restaurantes. Todos los franceses la consideran un paraíso gastrónomico. “¿Va usted a Lyon? Vous allez très bien manguer״, dicen.

*Vouz allez très bien manguer: Comerás muy bien

Y es verdad. Lyon se precia de ser la capital gastronómica de Francia y, por ende, del mundo. En la ciudad hay cientos de restaurantes. Es difícil encontrar una calle sin cafés, tabernas, mesones y otros establecimientos para comer; en algunos barrios casi ocupan manzanas enteras.

Todos los lioneses, criados en ese feudo de gourmets, saben muy bien cómo tiene que ser un restaurante, lo cual quizá debí tener en cuenta antes de profanar su santuario sibarítico.
¿Qué podía aportar un inglés al universo culinario de Lyon? ¿Qué podía enseñar a los franceses sobre cómo administrar un restaurante? ¿Tenían la más mínima necesidad de sus servicios? Pero no me hice estas preguntas cuando decidí abrir un restaurante en Lyon, pues para mí era la realización de un sueño, y los sueños no suelen afincarse en la razón.

Para ser francos, si algo no necesita Lyon es otro restaurante. En ningún sitio hay tantos chefs dispuestos a sacrificarse por su arte, pues aunque les fascina comer, no les gusta pagar mucho por una comida, y sus restaurantes son de los más baratos de Francia. Ser dueño de uno allí es un apostolado que exige absoluta devoción; pero convertir esta misión espiritual en un negocio rentable no es nada fácil; casi todos los días quiebra algún restaurante nuevo.

En vista de esto, ¿era sensato abrir un restaurante en Lyon? ¿Ponerle el nombre de Mister Higgins y ofender los refinados paladares franceses con platos de una cocina que detestan? No, no lo era, pero la cordura era algo que nos faltaba un poco a mí y a mi esposa, Sue.

Mi amigo Alain Ville nos hizo ver lo disparatado de nuestro propósito.
Un día, cuando le comenté que sus demás amigos estaban locos de remate y que nosotros éramos los únicos cuerdos, dijo con sarcasmo:
ꟷ¡Ajá, y pretenden abrir un restaurante inglés en Lyon!

¿Qué nos movía a Sue y a mí para acometer una empresa tan irracional?

Yo había trabajado un tiempo como traductor en Ginebra, mientras ella concluía sus estudios de medicina en Inglaterra. Aunque me las arreglaba para ir a verla con regularidad, no estábamos cumpliendo con un precepto del matrimonio, que es vivir juntos.
Necesitábamos hallar una ciudad que estuviera cerca de Ginebra (para no viajar yo tan lejos) y dentro de la Comunidad Europea, para que Sue pudiera ejercer su profesión, lo que no era posible en Suiza. Así pues, cuando Alain nos ofreció su casa en Lyon, nos pareció el sitio ideal.

Cierta noche, ya mudados allí, invitamos a cenar a unos amigos. Cuando probaron nuestro delicioso pastel de carne, dijeron entusiasmados:
ꟷDeberían abrir un restaurante y servir platos como éste.
ꟷSí, claro ꟷrepusimos, riendoꟷ. Podríamos abrir uno cualquier día.

Manos a la obra
A partir de entonces cambió el destino del pastel de carne… y el nuestro. Aunque teníamos poca experiencia en el ramo, ambos éramos buenos en la cocina. Yo había trabajado en varios restaurantes como camarero y cocinero, de modo que sabía comprar y preparar alimentos en cantidades grandes. Incluso traté de abrir un restaurante, pero no fue posible por falta de fondos.

Me obsesioné con la idea. La casa que habitábamos alguna vez había sido panadería, y me pareció que nos imploraba que la convirtiéramos en restaurante. Pues bien, al poco tiempo fui a ver a monsieur Faure, de la Cámara de Comercio de Lyon. Él me proporcionó los detalles de los trámites de rigor: a quién había que acudir, cuánto tendría que pagar, qué documentos debía presentar. A los cinco minutos de hablar con él me sentí exhausto. Cuando salí de su oficina, luego de media hora de conversación, ya me sentía propietario de restaurante, si bien uno muy cansado.

Lo primero que monsieur Faure me aconsejó fue comprar un libro titulado Créer et gérer son restaurant (“Cómo abrir y administrar un restaurant propio״). En la cubierta venía un dibujo de un cocinero con gorro y tres pares de manos que se movían con tal rapidez, que no parecían estar unidas al cuerpo. Tanto me desanimó ver la ilustración, que ya no me atreví a leer el libro. Hasta el día de hoy ignoro de qué se trata.

Después fui al Banco Popular de Lyon. Monsieur Dufour, el gerente, parecía una persona muy razonable.
Por ejemplo, no le dio un ataque de risa cuando le dije que quería abrir un restaurante inglés a la vuelta de la esquina. El banco, me dijo, estudiaría con interés mi solicitud de préstamo, si bien dejó en claro que tendríamos que presentar una breve descripción del proyecto, un cálculo de gastos para un periodo de tres años realizado por un contador, un estudio de mercado, varios documentos legales y presupuestos de reforma de la construcción. Por cierto, ¿había comprado ya un ejemplar de Créer et gérer son restaurant?
Le dije que lo tenía en mi cabecera.

El trámite más engorroso de todos era inscribir el proyecto en el Registro de Comercio, para lo cual debía tomar por asalto los bastiones de los aguerridos burócratas franceses, quienes al igual que los ingleses, se niegan a dar respuestas inteligibles por teléfono y exigen un “máximum de documentación״. Pero por más documentos que yo llevaba, siempre faltaba algo.

Al final monsieur Faure arregló todo. Se cumplieron las formalidades administrativas y mi expediente quedó listo. Aprendí dos cosas sobre la presentación de documentos: primera, que se trata en realidad de una prueba de fuego para ver si el solicitante tiene la fuerza de voluntad para no desistir; y segunda, que el aspecto del expediente es esencial. Pasé tanto tiempo buscando el material adecuado en las papelerías, que al final el legajo se veía tan bonito que ya no quería presentarlo al banco, sino quedarme con él para admirarlo.

Los preparativos
La primera vez que fui al banco fue en junio, y a fines de septiembre recibieron allí una copia de mi expediente. Monsieur Dufour me entregó el dinero y cierta mañana de noviembre, armados de taladros, mazos, sierras y palancas, mi amigo Jean Lextrait y yo hicimos pedazos la planta baja de la casa. Al vernos sacar carretadas de cascajo, los transeúntes se detenían a preguntarnos qué estábamos construyendo.

“Un restaurant anglais?, repetían.
“C'est pas possible!״ En la taberna de enfrente, el Café du Commerce, los parroquianos cruzaban apuestas sobre cuánto tiempo duraríamos, si es que llegábamos a abrir.

*Un restaurant anglais… c'est pas possible: Un restaurante inglés... no es posible.

La reforma de la casa duró dos meses y medio. Gran parte de ese tiempo estuve trabajando en Ginebra, mientras la pobre de Sue la pasó en una covacha sucia y llena de obreros. Uno de los primeros que se presentaron fue el electricista, monsieur Reymond, al que elegimos porque su taller estaba en la misma calle y porque parecía una persona seria y responsable.

Colgó festones de cables en las paredes y el techo y dijo algo incomprensible acerca de lo que él llamaba monophasé y triphasé. Yo no tenía la menor idea de a qué se refería, pero, siguiendo su consejo, opté por lo segundo, pues creí entender que significaba más potencia. Al parecer, la comisión de electricidad de Francia era muy celosa de sus amperios (que al fin y al cabo son un invento francés) y no los suministraba sino a regañadientes.
Y como el local iba a tener un montón de bombillas de halógeno, calefacción eléctrica y aire acondicionado, sin duda necesitaríamos mucha energía.

Como no sabíamos cuándo estaría listo el restaurante, seguí trabajando en Ginebra para poder costear las obras. Incluso una vez terminadas, la cautela me aconsejó quedarme allí un poco más. Luego, unas semanas antes de la inauguración, me senté a tratar de encontrar un nombre apropiado para el establecimiento. El que elegimos, Higgins, quizá hoy parezca obvio, pero no se nos ocurrió hasta que descartamos muchos otros.
Es breve, fácil de recordar y sólo tiene una letra ꟷla hacheꟷ que a los franceses les cuesta trabajo pronunciar. Y lo más importante, dado que servimos comida británica, es que se trata de un nombre francamente anglosajón, aunque respeta la tradición francesa de poner a los restaurantes los nombres de sus dueños: Paul Bocuse, Pic, Troisgros… ¡y desde ese día, Higgins!

Inicio incierto
A la fiesta de inauguración invitamos a mucha gente. Amigos, británicos que residían en la ciudad, albañiles. De hecho, invité a cuanta persona pasó por la calle los días previos. El local estaba tan atestado de gente feliz de poder beber vino gratis, que era casi imposible moverse. Fue una lástima verlos partir, pues nos recordó que en adelante tendríamos que atraerlos de otra manera.

Al fin llegó el primer día. Luego de una semana tranquila, el viernes y el sábado Higgins se llenó de gente que había asistido a la inauguración. Estábamos muy contentos. Al principio nos sentimos cansados, pero luego nos acostumbramos al trabajo o, mejor dicho, a estar rendidos.

El primer año estuvo lleno de sucesos curiosos. Cierto día en que no abrimos el local, un grupo de transeúntes se dio cuenta de que era un restaurante inglés. Cuando uno dijo: “No hay muchos clientes; es más, no hay ni uno״, otro comentó que eso se debía a “l’horreur du pudding anglais״, y se alejaron muertos de risa.
En otra ocasión en que tuvimos que hacer esperar a una pareja porque no había lugar, la mujer, enfurecida, protestó: “Un restaurante inglés, y ¿hay que hacer reservaciones? ¡Esto es el colmo!״

*L’horreur du pudding anglais: El horror del pudín inglés.

Hacia el final de ese año empezó a hacer un frío terrible y yo comencé a premiar con una bebida, por su estoicismo, a los pocos clientes que teníamos. Mientras esperábamos muy  nerviosos que el contador dictaminara si podíamos seguir en el negocio, miré el medidor de electricidad que giraba desenfrenadamente, y maldije nuestro costoso y deficiente sistema  de calefacción.
Le résultat ꟷanunció por fin el contadorꟷ n’est pas magnifique.

*Le résultat n’est pas magnifique: El resultado no es magnífico.

En todo el año habíamos ganado 1539 francos, lo cual significaba que nuestro salario semanal había sido de unas dos libras (o tres dólares) cada uno. ¿Cómo habíamos podido vivir con tan poco dinero? La verdad es que vivíamos de lo que yo había ganado con una de mis traducciones. Reconozco que no fue un comienzo muy promisorio, pero el negocio iba mejorando y pensé que no debíamos perder el optimismo.

Bon appétit!
Desde el principio y hasta el presente nuestro restaurante fue una curiosidad y, dicho sea en reconocimiento de los lioneses, nuestros clientes tuvieron la osadía de probar una cocina que desde niños aprenden a despreciar y, tras su primera visita a Mister Higgins, de admitir que quizá sí tiene algo que ofrecer. Después de todo, Lyon es una “gastrocracia״, y nuestro meatloaf en croûte, en particular, pasó a formar parte de la mitología del restaurante. Los clientes que traen a sus amigos por primera vez les hablan de este plato asombroso: “Le meatloaf ꟷvraiment délicieuxꟷ très fin…״, sin percatarse de que calificar de refinado el pastel de carne es hasta cierto punto una contradicción.

*Meatloaf en croûte: Pastel de carne en corteza o costra.

Le meatloaf ꟷvraiment délicieuxꟷ très fin: El pastel de carne ꟷrealmente deliciosoꟷ muy fino.

En todos estos años hemos disfrutado del inmenso placer de ofrecer un servicio que la gente aprecia. Muchos de nuestros clientes de la primera semana ya son para nosotros como los firmantes de la Declaración de Independencia. “Somos de los primeros clientes asiduos״, dicen con orgullo.  
Hoy en día, los clientes ya no se muestran reacios a hacer reservaciones, e incluso reconocen que la comida que servimos es buena, si bien algunos no pueden creer que sea británica. “Très bon״, dicen, “mais pas très anglais״.
He aquí la lógica de su razonamiento: la comida inglesa es mala; esto no es malo:  por lo tanto, no puede ser comida inglesa. Viniendo de los lioneses es casi un cumplido.

*Très bon… mais pas très anglais:  Muy buena, pero no muy inglesa.


Condensado de Plat Du Jour:  An English Restaurant in Lyons. ©1994 por Tom Higgins, publicado por Aurum Press, Ltd., de Londres. Reimpreso mediante convenio con Jennifer Kavanagh Literary Agency, de Londres.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CXIII, Número 679, Junio de 1997, págs 29-33, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

Las palabras en cursiva son del autor.

Las notas con asterisco son un añadido de mi parte.

viernes, 4 de octubre de 2024

Colección Cinco Estrellas



Editorial Bruguera

1976-1986

Varias obras fueron coeditadas por un acuerdo con la editorial Emecé.

Los títulos de terror en la colección se pueden ver aquí.

Distintos libros indicados se pueden ubicar en diversas colecciones publicadas por Círculo de Lectores, Bruguera, Emecé, etc.

Lo que está en el listado es lo que se puede hallar en librerías y bibliotecas. 



1. Uwe Bahsen y James P. O'Donnell. El Bunker (Alemania, Segunda Guerra Mundial)
2. Vincent Bugliosi y Curt Gentry. Manson. Retrato de una 'Familia'
3. León Uris. Trinidad. Una novela sobre Irlanda
4. Dr. Frederick Koning. El Sexo en la Historia
5. Johannes Mario Simmel. Nadie es una isla
6. Johannes Mario Simmel. Querida Patria
7. Johannes Mario Simmel. Y Todos los Hombres serán Hermanos
8. Johannes Mario Simmel. Hasta el amargo final
9. Jack Hoffenberg. Cosecha de Lágrimas
10. Robert Payne. Mao Tse-Tung
11. Homero Alsina Thevenet. Chaplin. Todo sobre un mito
12. Abel Paz. Durruti
13. Dr. Frederick Koning. Historia de la pornografía
14. Malachi Martin.  El Cónclave
15. Vincent Charles Teresa. El Acoso
16. John D. MacDonald. Donde terminan los sueños
17. Robert Ackworth. Los Conquistadores
18. Susan Howatch. Los ricos son diferentes
19. Helen Van Slyke. El Mejor Lugar
20. Lawrence Sanders. Muerte de un Actor
21. León Uris. QB VII
22. Erich Segal. Un hombre, una mujer, un hijo
23. Avery Corman. Kramer contra Kramer
24. Frances Moore Lappé. Dietas para la salud
25. Hans Jørgen Lembourn. 40 Días con Marilyn (Marilyn Monroe)
26.  James Jones. Silbido
28. Susan Isaacs. En posición comprometida
29. Darcy O'Brien. Vivir el momento
30. Elmore Leonard. El Desconocido N° 89
31.Robert Payne. La Gran Garbo (Greta Garbo)
32. Johannes Mario Simmel. ¡Hurra, estamos vivos!
34. James Jones. De Aquí a la Eternidad
35. Vncent Bugliosi y Kenneth L. Horwitz. Hasta que la muerte nos separe
36. Ken Follet. Triple
38. Garson Kanin. Moviola
39. A.E. Hotchner. Sofía. Vivir y Amar (Sofía Loren)
40. Burton Wohl. El Síndrome de China
41. James Clavell. Tai-Pan
42. Ken Follet. La Isla de las Tormentas
43. James Jones. Morir o Reventar (o La Delgada Línea Roja, The Thin Red Line)
44. Doris Grumbach. Música de Cámara
45. Christopher Moore. Moonraker
46. Harold Robbins. El Líder
47. Eleuterio Sánchez «El Lute». Mañana seré libre
48. Arthur Hailey. Apagón
49. Richard Adams. Los Perros Perseguidos
50. Carlo Fruttero y Franco Lucentini. La noche del gran mafioso
53. John Ralston Paul. Muerte de un General
55. Joseph Heller. Tan bueno como el oro
56. Len Deighton. SS-GB. Los nazis en Gran Bretaña
57. Tony Chiu. El Pollo de Port Arthur
58. Mario Soldati. Adiós, querida Amelia
59. Mario Soldati. La esposa americana
60. Arthur Hailey. Ruedas
61. Arthur Hailey. Aeropuerto
62. Eleuterio Sánchez «El Lute». Una pluma entre rejas
63. Isaac Asimov. Civilizaciones Extraterrestres
64. Johannes Mario Simmel. Veintidós centímetros de ternura
66. Enrique Tierno Galván. Cabos Sueltos (memorias)
67. Fernando Díaz-Plaja. Viajes por la Europa roja
69. Sidney Sheldon. Venganza de Ángeles
70. Harold Robbins. Adiós, Janette
71. Sloan Wilson. Hermanos de Hielo
72. Ken Follet. La Clave está en Rebeca
73. Jim Harrison. Leyendas de Otoño
74. Joseph DiMona. El Nido del Águila
75. Robert Wilson. Pánico en el Bosque
76. Johannes Mario Simmel. Debéis Confiar
77. Robert S. Elegant. Manchú
78. Françoise D´Eaubonne. La Emperatriz Roja (Yo, Yiang Quing, viuda de Mao)
79. Avery Corman. El Viejo Barrio
80. Dee Brown. Mary, la Creek
81. Garson Kanin. Apoteosis
82. Nicholas Fraser y Marysa Navarro. Eva Perón. La verdad de un mito
83. Gabriel García Márquez. El Olor de la Guayaba. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza
83. Beth Guthcheon. Orden de Búsqueda (Secuestrado)
85. Eliseo Bayo. El Día de los Jueces
88. Ken Follet. El Hombre de San Petersburgo
89. Joyce Rebeta-Burditt. Trillizos. Julie, John y Jill
91.. Thomas Harris. El dragón rojo
92. Eleuterio Sánchez «El Lute». Entre sombras y silencios
93. A. J. Quinnell. El Guardaespaldas
94. Henry Denker. Error de Diagnóstico
95. Wilbur Smith. Cuando comen los leones
96. Harold Robbins. El Predicador
97. Robert Ludlum. El Enigma de Parsifal
98. Wilbur Smith. Retumba el trueno
99. Martha Mercader. Solamente Ella
100. Isaac Asimov. Los Límites de la Fundación
101. Tennessee Williams. Memorias
102. Robin Cook. Fiebre
103. Ken Follet. Las Alas del Águila
104. Nelson De Mille. Rehenes en la Catedral
105. Enrique Lafourcade. Adiós al Führer
107. David Bischoff. Juegos de Guerra
108. Joyce Fielding. Decidle adiós a Mamá
109. Wilbur Smith. Muere el Gorrión
110. Lawrence Sanders. El Caso de Lucy Bending
112. John D. MacDonald. Piel Canela
113. A. J. Quinnell. El Mahdi (o El Falso Mahdi)
114. Wilbur Smith. Justicia salvaje
115. James Hadley Chase. Buenas noches, querida
116. Henry Denker. Ultraje
117. Alistair MacLean. El Río de la Muerte
118. Jonathan Black. Los Saqueadores
120. Helen Van Slyke. Sonrisas Públicas, Lágrimas Privadas
121. David Quammen. La Configuración Zolta
122. Isaac Asimov. Los Robots del Amanecer
123.  John Ralston Paul. Baraka
124. Johannes Mario Simmel. Volver a Vivir
125. Caroline Blackwood. El Destino de Mary Rose
127. Luis R. Nogueras. Nosotros, los sobrevivientes
128. Julyan Simons. La Desaparición de Annabel Lee
129. Martha Mercader. Decir que No. En 1983
129. Frédéric Dard. Crimen en la hierba. En 1985
130. Elaine Jackson. Madre de alquiler
151. Jorge Masciángoli. Buenaventura nunca más
163. Luisa Valenzuela. Cola de lagartija
167. Francisco Zamora. Bisiesto viene de golpe
172. Horacio Cabral-Mgnaco. El Bastión

 

 

domingo, 29 de septiembre de 2024

¿Por qué la mayoría de las personas son diestras y no zurdas?

  

 

 


Por Idefonso Alonso Tinoco, A. Victoria de Andrés Fernández y Paul Palmqvist Barren

*The Conversation

 

Es curioso que la mayoría de los humanos seamos diestros, pero ¿es algo azaroso o es consecuencia de la selección natural?

En general, lo derecho se asocia con destreza, competencia y corrección, mientras que lo izquierdo está cargado de connotaciones negativas.

De hecho, zurdo, según la RAE, es sinónimo de maligno, siniestro, perverso o amenazador, consideración presente desde tiempos remotos.

Sin ir más lejos, en las representaciones paleocristianas del Juicio Final los justos se sitúan a la derecha de Dios Padre, mientras que los condenados eternamente se ubican a su izquierda. 

En culturas orientales se encuentran valoraciones similares y en el mundo islámico se reserva la mano izquierda para funciones escatológicas.

En cualquier caso, lo siniestro ha incorporado culturalmente un estigma negativo, asociándose con “rarezas sospechosas” y marginando a sus portadores.

Algo similar a lo que sucede con otras anomalías, como el albinismo en el África negra.

 

¿A qué se debe esta distintiva valoración?

La explicación intuitiva es que lo más frecuente, estadísticamente, es tener más habilidad en el brazo derecho que en el izquierdo.

Aunque hay variaciones entre distintos pueblos (China: <5 % de zurdos, Occidente: 10-12 %), la opción diestra siempre es mayoritaria.

No obstante, lo frecuente no tiene por qué ser lo mejor en términos adaptativos, pudiendo obedecer a una contingencia aleatoria.

Entonces, ¿por qué somos mayoritariamente diestros? ¿Qué es lo que subyace biológicamente a este fenómeno?

 

Primera hipótesis: naturaleza genética ligada al sexo

Se sabe que los zurdos tienen una probabilidad ligeramente menor de sobrevivir hasta edades avanzadas y su porcentaje es superior en los hombres, por lo que se ha relacionado con los niveles de testosterona.

La condición zurda se fija en torno a la pubertad y se asocia con mayor frecuencia de enfermedades inmunes, migrañas y desórdenes cognitivos durante el aprendizaje y la maduración.

¿Está entonces la condición zurda codificada genéticamente en los cromosomas sexuales?

En el cromosoma Y desde luego que no, puesto que hay mujeres zurdas. Entonces, ¿se localizaría este supuesto gen en el cromosoma X?

En tal caso, la condición hemicigótica masculina (XY) haría más frecuente tales fenotipos si fuese un carácter recesivo.

No obstante, esta propuesta tampoco sería satisfactoria, puesto que no explica que la condición zurda sea más frecuente en mellizos, neonatos prematuros e individuos que han soportado estrés o condiciones de hipoxia fetales.

De hecho, tales circunstancias ocasionan también una prevalencia de la condición zurda en los chimpancés, nuestros parientes vivos más próximos.

Tampoco las frecuencias de aparición responderían a una herencia mendeliana típica ligada al sexo, pues entonces sería esperable que un 50 % de los hombres fuesen zurdos y sólo el 25 % de las mujeres.

De tener, pues, una naturaleza genética, se trataría de algo más complejo.

 

Segunda hipótesis: la ventaja adaptativa de los diestros 

Aunque ambas manos pueden, potencialmente, desarrollar la misma fuerza y destreza, la realidad es que no lo hacen.

Esta asimetría morfológica podría evidenciar procesos anatómicos internos que sufren desarrollos diferenciales en ambos lados del cuerpo.

Las primeras etapas embrionarias de los mamíferos responden a un desarrollo de órganos y sistemas de clara simetría bilateral. No obstante, el aparato digestivo manifiesta asimetrías muy tempranas en el posicionamiento de sus órganos.

También aparecen en la configuración diferencial de los pulmones (dos lóbulos en el izquierdo frente a tres en el derecho).

Igualmente, el vaso circulatorio primigenio se curva, retuerce, compartimenta y crece diferencialmente, generando un mayor desarrollo del arco aórtico izquierdo (en mamíferos, porque en aves el dominante es el derecho).

El resultado es que el órgano vital por antonomasia, el corazón, se sitúa desplazado hacia el hemitórax izquierdo, al igual que la aorta.

Reflexionemos sobre este hecho. Dado que cualquier lesión potencial revestirá más peligrosidad en el tórax que en el abdomen, y más en el hemitórax izquierdo que en el derecho, los humanos hemos tendido siempre a proteger esta zona.

La bipedestación aumentó la exposición y vulnerabilidad de nuestro tórax. Esto nos llevaría a pensar que la condición diestra es potencialmente más “adaptativa”, por implicar una mayor tasa de supervivencia.

Aunque ambas manos pueden, potencialmente, desarrollar la misma fuerza y destreza, la realidad es que no lo hacen.

Los ejércitos de diferentes culturas han desarrollado escudos que, portados con el brazo izquierdo, protegen el hemitórax de este lado del cuerpo.

Con ello, dejan libre para atacar la mano derecha. Ahora bien, en biología evolutiva hay que tener en cuenta que, en ciertas características, se da una selección inversamente dependiente de la frecuencia.

En otras palabras, los zurdos tienen ventajas de cara al combate individual en un mundo de diestros.

No obstante, esta razón se descarta porque integrar zurdos en formaciones militares cerradas acarrea más problemas de coordinación con los diestros que ventajas individuales.

Además, esta explicación no afecta a las mujeres, que no han participado masivamente en formaciones militares.

Para intentar contrastar esta hipótesis necesitaríamos conocer si las primeras manifestaciones de lo zurdo son anteriores a la aparición, relativamente reciente, de escudos y espadas.

Efectivamente es así, pues las poblaciones de cazadores-recolectores actuales, con un género de vida similar al del Paleolítico y que no usan escudos, son también predominantemente diestras.

Estimaciones tempranas de la condición zurda las tenemos en la argentina cueva de las Manos, cuyos motivos más antiguos se han datado en el octavo milenio a. e. c.

En ella, las 829 impresiones negativas de manos izquierdas, frente a tan solo 31 derechas, nos hablan de que sus pobladores eran mayoritariamente diestros.

Las manos estampadas con técnicas parecidas en cuevas españolas, francesas e italianas reflejan una condición similar en poblaciones europeas más antiguas: el caso de las 57 manos izquierdas impresas de la cacereña cueva de Maltravieso (quizás de neandertales por su cronología, estimada en más de 64 000 años) o las 275 de la santanderina cueva del Castillo, la mayoría de mujeres.

Otra forma de conocer la naturaleza zurda o diestra de las poblaciones primigenias sería el análisis de la lateralidad en marcas y ralladuras producidas con útiles líticos sobre los huesos de sus presas o sobre su propia dentición.

En la población de la Sima de los Huesos de Atapuerca, con más de 450 000 años de antigüedad, se ha descubierto así que los Homo heidelbergensis eran ya predominantemente diestros.

Otras especies más antiguas de nuestro linaje evolutivo muestran en sus moldes cerebrales evidencias de dominancia diestra.

Según lo expuesto, pues, no queda definitivamente clara la causa del predominio de la condición diestra.

En cualquier caso, y considerando que la esperanza de vida de los zurdos es algo menor que la de la población general, podría considerarse que esta condición sigue entrañando “mala suerte”.

 

* Idefonso Alonso Tinoco, A. Victoria de Andrés Fernández y Paul Palmqvist Barrena son profesores de la Universidad de Málaga.

Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

 

 Fuente: Diestros y zurdos