lunes, 7 de julio de 2025

El Obispo Chicheñó

 

Por Ricardo Palma

 

Lima, como todos los pueblos de la tierra, ha tenido (y tiene) un gran surtido de tipos extravagantes, locos mansos y cándidos. A esta categoría pertenecieron, en los tiempos de la República, Bernardino, Basilio Yegua, Manongo Moñón, Bofetada del Diablo, Saldamando, Cogoy, el Príncipe, Adefesios en misa de una, Felipa la Cochina, y pongo punto por no hacer interminable la nomenclatura.

Por los años de 1780 comía pan en esta ciudad de los Reyes un bendito de Dios, a quien pusieron en la pila bautismal el nombre de Ramón. Era éste un pobrete de solemnidad, mantenido por la caridad pública y el hazmerreír delos muchachos  y gente ociosa. Hombre de pocas palabras, pues para complemento de desdicha era tartamudo, a todo contestaba con un sí, señor, que al pasar por su desdentada boca se convertía en chí, cheñó.

El pueblo llegó a olvidar que nuestro hombre se llamaba Ramoncito, y todo Lima lo conocía por Chicheñó, apodo que se ha generalizado después aplicándolo a las personas de carácter benévolo y complaciente que no tienen hiel para proferir una negativa rotunda. Diariamente, y aun tratándose de ministros de Estado, oímos decir en la conversación familiar:
—¿Quién? ¿Fulano? ¡Si ese hombre no tiene calzones! Es un Chicheñó.

En el año que hemos apuntado llegaron  a Lima con procedencia directa de Barcelona, dos acaudalados comerciantes catalanes trayendo un valioso cargamento. Consistía éste en sedería  de Manila, paño de San Fernando, alhajas, casullas de lana y brocado, mantos para imágenes y lujosos paramentos de iglesia. Arrendaron un vasto almacén en la calle de Bodegones, adornando una de las vidrieras de pectorales y cruces de brillantes, cálices de oro, con incrustaciones de piedras preciosas, anillos, arracadas y otras prendas de rubíes, ópalos, zafiros, perlas y esmeraldas. Aquella vidriera fue pecadero de las limeñas y tenaz conflicto para el bolsillo de padres, maridos y galanes.
Ocho días llevaba abierto el elegante almacén cuando tres andaluces, que vivían en Lima más pelados que ratas de colegio, idearon la manera de apropiarse de parte de las alhajas, y para ello ocurrieron al originalísimo expediente que voy a referir.

Después de proveerse de un traje completo de obispo, vistieron con él a Ramoncito, y dos de ellos se plantaron sotana, solideo y sombrero de clérigo.
Acostumbraban los miembros de la Audiencia ir a las diez de la mañana a Palacio en coche de cuatro mulas, según lo dispuesto en una real pragmática.

El Conde de Pozos Dulces don Melchor Ortiz Rojano era, a la sazón, regente de la Audiencia, y tenía por cochero a un negro, devoto del aguardiente, quien después de dejar a su amo en Palacio fue seducido por los andaluces, que le regalaron media pelucona, a fin de que pusiese el carruaje a disposición de ellos. Acababan de sonar las diez, hora de almuerzo para nuestros antepasados, y las calles próximas a la Plaza Mayor estaban casi solitarias, pues los comerciantes cerraban las tiendas a las nueve y media y seguidos de sus dependientes iban a almorzar en familia. El comercio se reabría a las once.

Los catalanes de Bodegones se hacían llevar con un criado el almuerzo a la trastienda del almacén e iban ya a sentarse cuando un lujoso carruaje se detuvo a la puerta. Un paje de aristocrática librea, que iba a la zaga del coche, abrió la portezuela y bajó el estribo, descendiendo dos clérigos y tras ellos un obispo.

Penetraron los tres en el almacén. Los comerciantes se deshicieron en cortesías, besaron el anillo pastoral y pusieron junto al mostrador silla para su Ilustrísima. Uno de los familiares tomó la palabra y dijo:
—Su señoría el señor obispo de Huamanga, de quien soy su humilde capellán y secretario, necesita algunas alhajitas para decencia de su persona y de su santa Catedral, y sabiendo que todo lo que ustedes han traído de España es de última moda, ha querido darles la preferencia.

Los comerciantes hicieron, como es de práctica, apología de sus artículos, garantizando bajo palabra de honor que ellos no daban gato por liebre y añadiendo que el señor Obispo no tendría que arrepentirse por la distinción con que los honraba.
—En primer lugar —continuó el secretario—, necesitamos un cáliz de todo lujo para las fiestas solemnes. Su señoría no se para en precios, que no es ningún roñoso.
—¿No es así, ilustrísmo señor?
Chí, cheñó —contestó el obispo.

Los catalanes sacaron a lucir cálices de primoroso trabajo artístico. Tras los cálices vinieron cruces y pectorales de brillantes, cadenas de oro, anillos, alhajas para la Virgen de no sé qué advocación y regalos para las monjitas de Huamanga. La factura subió a quince mil duros mal contados.

Cada prenda que escogían los familiares la enseñaban a su superior, preguntándole:
—¿Le gusta a su señoría ilustrísima?
Chí, cheñó —contestaba el obispo.
—Pues al coche.
Y el pajecito cargaba con la alhaja, a la vez que uno de los catalanes apuntaba el precio en un papel.

 Llegado el   momento del pago dijo el secretario:
—Iremos por las talegas al palacio arzobispal, que  es donde está alojado su señoría, y él nos esperará aquí. Cuestión de quince minutos. ¿No le parece a su señoría ilustrísima?
Chí, cheñó —respondió el obispo.

Quedando en rehenes tan caracterizado personaje, los comerciantes no tuvieron ni asomo de desconfianza, amén que aquellos no eran tiempos de bancos y papel-manteca en que quince mil duros no hacen peso en el bolsillo.

Marchados los familiares, pensaron los comerciantes en el desayuno, y  acaso por llenar fórmula de etiqueta, dijo uno de ellos:
—¿Nos hará su señoría ilustrísima el honor de acompañarnos a almorzar?
Chí, cheñó.

Los catalanes enviaron a las volandas al fámulo por algunos platos extraordinarios, y sacaron sus dos mejores botellas de vino para agasajar al príncipe de la Iglesia, que no sólo les dejaba fuerte ganancia en la compra de alhajas sino que les aseguraba algunos centenares de indulgencias valederas en el otro mundo.

Sentáronse a almorzar, y no les dejó de parecer chocante  que el obispo no echase su bendición al pan, ni rezase en latín, ni por más que ellos se esforzaran en hacerlo  conversar, pudieran arrancarle otras palabras que chí, cheñó.

El obispo tragó como un Heliogábalo.

Y entretanto pasaron  dos horas, y los familiares con las quince talegas no daban acuerdo de sus personas.
—Para una cuadra que distamos de aquí al palacio arzobispal ya es mucha la tardanza —dijo, al fin, amoscado uno de los comerciantes—. ¡Ni que hubieran ido a Roma por bulas! ¿Le parece a su señoría que vaya a buscar a sus familiares?
Chí, cheñó.

Y calándose el sombrero, Salió el catalán desempedrando la calle.

En el palacio arzobispal supo que allí no había huésped mitrado y que el obispo de Huamanga estaba muy tranquilo en su diócesis cuidando de su rebaño.

El hombre echó a correr vociferando como un loco, alborotóse la calle de Bodegones, el almacén se llenó de curiosos para quienes Ramoncito era antiguo conocido, descubrióse el pastel, y por vía de anticipo mientras llegaban los alguaciles, la emprendieron los catalanes a mojicones con el obispo de pega.

De ene es añadir fue a chirona; pero reconocido por tonto de capirote, la justicia lo puso pronto en la calle.

En cuanto a los ladrones, hasta hoy (y ya hace un siglo) que yo sepa, no se ha tenido de ellos noticia.

 

Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas, Ediciones Libertadores de América S.RL., Lima, Perú, 1982, págs. 60-64



Notas

Chicheñó.- Perú. Persona complaciente, sin carácter e incapaz de opinar por sí misma. Diccionario de Americanismos ASALE

Los demás conceptos son del diccionario de la RAE o de otra fuente.

Cándido.- Ingenuo, que no tiene malicia ni doblez. Ingenuo, que no tiene malicia ni doblez. Candoroso, ingenuo, crédulo, incauto, inocente, párvulo, sencillo, simple, panoli, candelejón.

Hazmerreír.- Persona que por su figura ridícula y porte extravagante sirve de diversión a los demás.

Tener alguien bien puestos los calzones, o tener alguien muchos calzones.- Ser de carácter fuerte y decidido.
 
Casulla.- Vestidura que se pone el sacerdote sobre las demás para celebrar la misa, consistente en una pieza alargada, con una abertura en el centro para pasar la cabeza.

Brocado.- Dicho de una tela: Entretejida con oro o plata. Tela de seda entretejida con oro o plata, de modo que el metal forme en la cara superior flores o dibujos briscados. Bordado, briscado.

Paramento.- Adorno o atavío con que se cubre algo. Vestiduras y demás adornos que usan los sacerdotes para celebrar misa y otros divinos oficios. Adornos del altar.

Calle de Bodegones.- Actual calle Carabaya, cuadra VI, en Lima.

Arracada: Arete con adorno colgante.

Real Pragmática o Pragmática: Disposición dada por el rey en virtud de su poder legislativo.
En Castilla se promulgaron pragmáticas sobre temas muy diversos con la fórmula «como si hubieran sido dadas en Cortes», en el sentido de ser consideradas con rango superior. Fue la forma habitual de legislar, desprendiéndose de las Cortes, a partir del siglo XIV o principios del siglo XV. En la Corona de Aragón las podía promulgar tanto el rey como su lugarteniente o gobernador y versaban sobre las materias no reservadas a las Cortes. Se denominan a veces reales provisiones o cartas de provisión. Diccionario Panhispánico del español jurídico, RAE, ASALE

Pelucona.-
El término "pelucona" deriva, como bien indica el diccionario, de "peluca". Esto se debe a la representación del busto del rey en las monedas, que solía mostrar una ostentosa peluca, símbolo de la moda y el estatus social de la época. Estas pelucas, grandes y elaboradas, se convirtieron en un rasgo distintivo de la nobleza y la realeza, y por extensión, de las monedas que llevaban su imagen. De ahí que la moneda, por metonimia, recibiera el nombre popular de "pelucona". bibliatodo.com
Onza de oro, y especialmente cualquiera de las acuñadas con el busto de uno de los reyes de la casa de Borbón, hasta Carlos IV inclusive. 

Apología.- Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo. Alabanza, elogio, panegírico, ensalzamiento, loa, bombo, encomio, etc.  

Dar gato por liebre.-  Esta expresión significa que se ha engañado con mala fe, es decir, que se ha producido un engaño a propósito. Se dice especialmente cuando se quiere vender algo a alguien por una cantidad superior a la que realmente tiene.


Roñoso.- Miserable, mezquino, tacaño, agarrado, etc.

Talega.- Saco o bolsa anchos y cortos, de lienzo basto u otra tela, que sirven para llevar o guardar las cosas.

A las volandas.- Rápidamente, en un instante.

Fámulo.- Criado doméstico. Sirviente, camarero, mozo, lacayo, etc.

Heliogábalo.- Marco Aurelio Antonino Augusto, emperador romano (203-222), conocido también como Heliogábalo.
Por las costumbres y excentricidades que practicó este emperador se denomina heliogábalo a una persona que está dominada por la gula.

No dar acuerdo de su persona.- Reaparecer luego de una ausencia prolongada.

Amoscado.- De amoscar: recelar, desconfiar, escamar, mosquear, enfadar, enojar, irritar, cabrear, etc. wordreference.com

Chirona.- Cárcel, prisión, presidio, penal, cana, calabozo, etc.

Capirote.- Capucha antigua con falda que caía sobre los hombros y a veces llegaba a la cintura. 

Tonto de capirote.- Locución adjetiva coloquial. Pospuesto a un adjetivo despectivo como tonto, se usa para enfatizar el significado de este. RAE

Más detalles: ser un tonto de capirote.

Mojicón.- Golpe que se da en la cara con la mano.

De ene.- Se puede entender como que sobra, que está de más decirlo.



jueves, 3 de julio de 2025

El Señor snob

Por Jacinto Grau

El señor o la señora snob vienen a ser lo mismo, sin que se cuente la diferencia de sexo, porque el snobismo es una condición puramente espiritual, un estado psíquico común a ambos sexos y a todas las condiciones sociales, salvo el estado llano o el pueblo, menestrales, trabajadores manuales y campesinos, es decir, la gran masa social sobre el que descansa lo más duro del trabajo humano. Esa gran masa no tiene tiempo de ser snob.

El snobismo propiamente dicho no es, como creen algunos europeos superficiales de observación somera, un fenómeno americano, de países nuevos, en formación. Es un fenómeno europeo extendido a América y a todos los continentes, y su desarrollo es tanto mayor cuantas más instituciones de enseñanza, centros culturales, prensa y centros artísticos hay en esas capitales. Su exponente cuantitativo corre parejo con la mayor civilización externa.

En provincias chicas, en regiones apartadas de grandes movimientos y pulimento urbanos y en los pueblos reducidos no puede arraigar el snobismo. Así, en tiempos normales, sin guerras ni estados revolucionarios o prerrevolucionarios, el snobismo subsiste con la misma pujanza y distintas manifestaciones lo mismo en Londres, París, Madrid que en Buenos Aires. No es, pues, un fenómeno peculiar de determinados países, y en América, como tantas cosas, ha sido importado de Europa.

El buen señor snob —extiéndase a la señora semejantes características— es un hombre, por elevada que sea su posición social, sin apoyos propios para caminar por la vida. Falto de vigorosa personalidad determinante, sin visión ni emoción directas ante el mundo, se alimenta de la opinión ajena, sin ánimos, ni tiempo, ni capacidad para aquilatarla. Además, tampoco se lo propone, ni se inquieta por ello. Lo que le importa es el brillo, la notoriedad o la seudo notoriedad que en determinado momento alcance resonancia. Cuanto más flamante y nueva sea, al igual que la moda, más fervorosamente la acata. El snobismo, como los sastres, modistas y demás expendedores atavíos y aderezos, necesita estar siempre al último grito. Como la prensa, se alimenta primordialmente de actualidad, pero de una actualidad de relumbre y algo insólita. Cuanto más insólita mejor.


Pero así como las raras modas innovadoras, que cambian para siempre el carácter general de una indumentaria, no se adoptan dócilmente, al revés que las corrientes y molientes, y producen resistencia y protestas, así los ademanes y modos intelectuales, que ofrecen una nueva profundidad a las artes o a la filosofía, tampoco placen al señor snob, que trueca su prurito de novedad por un horror a lo verdaderamente nuevo. El señor snob necesita novedades burguesas, de fácil comprensión o acceso, que, además, vayan acompañadas de rebullicio de grupo o escuela, condición que no suelen lograr las verdaderas renovaciones transmutadoras de valores.

El snobismo, pues, sólo vive en zonas de burguesía o clases sociales elegantes, para las cuales la verdadera inteligencia no suele ser simpática ni familiar, porque el señor snob, perteneciente habitualmente a lo que se ha llamado hasta ahora “buena sociedad”, toma todas las disciplinas y actividades del arte y de la mente como toma un adorno más, de buen gusto, en la casa, en el tocado o en el tren de vida.
 

Por eso, las contadísimas veces que un verdadero grande hombre, ya casi viejo siempre, está en moda, los snobs elegantes, que son los más genuinos snobs, al tratarlo de cerca, se escandalizan y  alborotan de sus salidas, ocurrencias y boutades, y acaban por acribillarlo a murmuraciones, porque para varias damas y caballeros del mundo elegante, un eminente sabio o un gran artista debe ser un personaje domesticado, educado, dicen ellos, que se resigne a constituirse en un objeto más  de deleite de ese mundo internacional, hacendado y de buen tono: algo así cual una cerámica de mérito, un tití raro, o un perrillo de muy pura raza en auge.

Entre el diverso mundo de los snobs, pues también los hay de posición más moderada, se encuentran algunos más inteligentes que otros, como pasa en todos los mundos; pero los mejor dotados, los que poseen más avisado el espíritu, acostumbran a diferenciarse del mundo chic, puramente frívolo, teniendo más respeto por el grande hombre en boga, con tal que éste tenga la bastante humanidad e indulgencia para disimular las diferencias de carácter y condición que lo separan del montón, por dorado e intelectual que sea ese montón… Si el grande hombre tiene el prurito de la espontaneidad y se le da un ardite el efecto que produce, también concluye por desasombrar y enriquecer su anécdota pintoresca personal.

Mas, este fenómeno del verdadero grande en moda, porque lo sólito, lo normal es que el individuo que nace, acontecimiento humano, no se divulgue y esté en el candelero hasta después de muerto, y que sus obras, de la índole que sean, hayan encontrado o indiferencia y silencio u hosca hostilidad.  Y en el orden científico, donde parece más fácil convencer y propalar, porque se basa en hechos y cálculos, cercanas está aún vidas gloriosas, como la de Pasteur, cuya lucha contra muchos colegas no lerdos, y contra la ciencia oficial, no todos los hombres tendrían el temple de soportar.

Si se trata de arte o de pensamiento, el asunto es más arduo. Cuando Kant publica su famosa “Crítica de la razón pura”, apenas si se entiende y se comenta el libro; cuando Nietzche edita su “edición príncipe” de “Zarathustra”, de muy corta cantidad de ejemplares, su reducido número de admiradores se queda fríamente desencantado, y sólo uno o dos amigos, no muy convencidos tampoco, parecen dispuestos a comprender. Años antes, Schopenhauer, a los sesenta años, sorprende a unos cuantos buenos ciudadanos de Francfort con una celebridad tardía. Esos hombres, relativamente modernos, convivieron o estuvieron cerca de snobs intelectuales, subespecie que también abunda en el dilatado gremio snobista… Y fueron totalmente inadvertidos. 

Tal como los aplicados eruditos clásicos, que sólo se interesan por el documento, los snobs sólo fijan su atención en los éxitos de ruido, si en tierras extranjeras mejor, sin que influya para nada la calidad de la obra en sí. Por eso, Ibsen necesita tantos años para que se enteren coetáneos de la profunda dimensión de su teatro. Hebbel sufre hasta la madurez el desdén y olvido de sus tímidos éxitos, llevando una vida de miseria, y Pirandello —cuya importancia en el teatro y la literatura es mucho mayor de lo que creen algunos, y cuya obra se agrandará y valorará mucho más en el tiempo—, hasta muy pasados los sesenta, no alcanza ganancias y universalidad de fama, que decrece para el señor snob, después de desaparecido el autor, porque el snobismo necesita el vistoso escaparate del hoy ruidoso. 

Se nace destinado a ser snob, cuyas características principales son la satisfacción de la vanidad inmediata. El auténtico snob, desde estudiante, permanece ajeno a todo verdadero esfuerzo mental y sus emociones se confinan en lo personal. Aprender, con menor trabajo posible, aquello que pueda dar más próxima ganancia o nombradía, simulando el conocimiento, porque entregarse de ver a él embarga una vida. Ese fingimiento no impide la comedia del entusiasmo, y como el snob tiene también su mística, cuando hay que elogiar lo que está de moda, autor u obra, se despliega en una serie de gestos y posturas de admiración que constituye todo un rito vivo y transmitido, de grupo a grupo de iniciados, que dicen odiar al vulgo y se gozan en su condición de selectos, según tácito convenio entre sí.

El señor snob se contenta con campo limitado para alimentar su vanidad, unido al resplandor ajeno, en el cual se apoya. Él se sabe, fatalmente destinado a corista distinguido, y saca partido de esa distinción, procurando extraerle todo el jugo posible, en la forma que sea.

Pero cuando el señor snob está dotado de talento, que puede ser brillante, pero siempre moderado, porque si no dejaría de ser snob; cuando el señor snob desempeña algún papel importante en el país que sea, padece un creciente afán de exhibicionismo, multiplica su elegante apostolado intelectual y procura contarnos o recordarnos siempre sus selectas amistades del planeta, que son también las más ruidosas o cotizadas en la estima de las minorías. Si el señor snob trata a algún amigo, o compatriota vecino, poco conocido o considerado, jamás fijara en él su atención, aunque ese compatriota resultara un genio ingente, porque el snob es glacial ante todo lo que no tenga fama estrepitosa o muy distinguida, o no caiga dentro de su muy limitado campo emocional o intelectual.

Todas las épocas suelen ir cargadas de literatura snob…, que apenas si dura una generación.



De “Estampas”, Buenos Aires.

Revista Versiones Mundiales, Empresa Editora Zig-Zag, S.A., Santiago de Chile, págs. 95-98
El ejemplar que tengo está un tanto deteriorado y falta el dato del número pero por lo visto en contenido y averiguado correspondería al año 1, que sería entre 1945 y 1946.


Notas
Jacinto Grau Delgado: Dramaturgo, ensayista y escritor español (Barcelona, 1877- Buenos Aires, 1958)

Snob.- Una persona con un respeto exagerado por la alta posición social o la riqueza que busca asociarse con superiores sociales y le desagradan las personas o actividades consideradas de clase baja. Oxford Languages
Esnob.- Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos. Pedante, jactancioso, presumido, cheto, afectado, sofisticado, orgulloso, altanero, altivo. DLE RAE 


Varias citas a continuación son del mismo diccionario de la RAE.

Menestral.- Persona que tiene un oficio mecánico. Persona que tiene un oficio manual. Artesano, obrero, operario.

Prurito.- Deseo persistente y excesivo de hacer algo de la mejor manera posible. Anhelo, deseo, ansia, afán, etc.

Rebullicio:  Bullicio grande. Alboroto, agitación, etc.

Boutade (butade): Intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar. Salida extravagante e ingeniosa, de intención a menudo provocadora. Humorada, salida, ocurrencia, genialidad; exabrupto, grosería, dislate, disparate, etc.  wordreference.com

Tocado: Peinado, adorno, aderezo, avío, ornamento, ornato, atavío, decorado, afeite, arreglo, compostura, realce, acicalamiento, etc. wordreference.com

Hacendado.- Que tiene hacienda en bienes raíces. Que tiene muchos bienes raíces. Propietario, terrateniente, latifundista, estanciero; rico, adinerado, millonario, acaudalado, potentado, etc

Tití.- Especie de pequeños monos, oriundos de la selva amazónica sudamericana. También es llamado mono pigmeo o de bolsillo por ser los más pequeños entre los primates. Wikipedia y otros.

Ardite: Moneda de poco valor que hubo en Castilla. 
[No] Dar(le) o Importarle un ardite: No importarle en absoluto; serle completamente indiferente. expresiones.info

Chic: Elegante, distinguido, a la moda. 

Desasombrar.- No está en el diccionario de la RAE. Aunque no sea una palabra reconocida oficialmente, se puede entender como reducir o eliminar el efecto de asombro o sorpresa de algo o de alguien.

Sólito.- Acostumbrado, que se suele hacer ordinariamente. Ordinario, habitual, corriente, normal, común, etc.

Lerdo.- Lento y torpe para comprender o ejecutar algo. Torpe, lento, memo, tonto, necio, etc. 

Temple.- Fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos.

Ingente.- Muy grande. Enorme, inmenso, colosal, monumental, descomunal, gigantesco, titánico, grandioso.


Cómo fue el legendario Imperio persa, la primera superpotencia de la historia que sólo pudo derrotar Alejandro Magno

 

Lo que se ha ido descubriendo es espectacular. (Detalle de un friso que representa arqueros, del palacio aqueménida de Darío I en Susa, Irán).

 

BBC News Mundo
Redacción

 

A mediados del siglo VI a.C., los persas eran una desconocida tribu de las montañas de la región de Persis, en el suroeste de la meseta iraní.

Pero surgió un fabuloso líder y, en cuestión de una sola generación, arrasó Medio Oriente, conquistando antiguos reinos, asaltando ciudades famosas y construyendo un imperio que llegaría a ser el más grande que se había visto jamás.

Gobernaba más del 44% de la población mundial, abarcando desde los Balcanes y Egipto en el oeste, la mayor parte de Asia occidental y de Asia central en el noreste, y el valle del Indo en el sur de Asia en el sureste.

Los gobernantes de su dinastía serían los más poderosos del planeta. Sus recursos, tan asombrosos que parecerían ilimitados.

La velocidad y la escala sin precedentes de sus conquistas les otorgarían un aura de invencibilidad.

Hasta que llegó otro líder fabuloso que conquistó a los conquistadores y se quedó con sus conquistas.

Esta es una historia que comenzó en 559 a.C., con el ascenso de Ciro el Grande, una de las figuras más notables del mundo antiguo, y terminó 230 años después, a manos del gigante macedonio Alejandro Magno.

Como suele suceder, en ella se mezclan lo fidedigno con lo fantasioso, pero el primer triunfo notable de quien se consagraría como el fundador del primer imperio de los persas fue vencer al rey de los vecinos medos.

Habiendo extendido su dominio por la meseta central de Irán y gran parte de Mesopotamia, se enfrentó al poderoso reino de Lidia en Asia Menor, capturando su rica capital, Sardis, y abriendo el camino para apoderarse de otras ciudades importantes a lo largo de la costa jónica.

Pero su gran victoria llegó cuando Ciro lanzó un ataque contra el imperio neobabilónico, centrado en Mesopotamia, y entró en la culturalmente sofisticada y fabulosamente rica Babilonia.

Conquistó la ciudad en el año 539 a.C., y lo sabemos porque los arqueólogos hallaron uno de los primeros ejemplos de propaganda política de la historia que tenemos.

Se lo conoce como el Cilindro de Ciro y tiene, inscrito en diminutas líneas de escritura cuneiforme, una descripción sobre cómo "el rey del mundo" había vencido, no por medio de la violencia, sino de la tolerancia

Encontrado en Babilonia en 1879, el Cilindro de Ciro es uno de los descubrimientos más célebres del mundo antiguo.

 

Una liberación de los pueblos

El cilindro fue escrito por orden de Ciro para ser enterrado en los cimientos de la muralla de la ciudad de Babilonia, cumpliendo con una tradición de la región para asegurar el favor divino y registrar los logros de un gobernante para la posteridad.

Relata que el anterior rey, Nabonido, había pervertido los cultos de los dioses babilónicos, incluyendo a Marduk, el dios de la ciudad de Babilonia, e impuesto el trabajo forzoso a su población libre, que se quejó a los dioses.

Marduk buscó a un paladín que restaurara las antiguas costumbres, detalla el Museo Británico de Londres, que alberga el antiguo documento.

El dios eligió a Ciro, lo declaró rey del mundo y le ordenó marchar sobre Babilonia, donde el pueblo aceptó con alegría su reinado.

Luego la voz cambia a primera persona:

"Soy Ciro, rey del mundo, el gran rey, el poderoso rey, rey de Babilonia, rey de Sumer y Acad, rey de los cuatro puntos cardinales (del mundo)...

"Mi vasto ejército marchó a Babilonia en paz. No permití que nadie asustara a la gente y procuré el bienestar de Babilonia y todos sus lugares sagrados".

Ciro se presenta como un adorador de Marduk que luchó por la paz en la ciudad y, además de restaurar las tradiciones religiosas, permitió que quienes habían sido deportados regresaran a sus asentamientos.

"Todo el pueblo de Babilonia bendijo con insistencia mi reinado, y me aseguré de que todos los países vivieran en paz".

El texto fue también reproducido en tabletas, que los expertos piensan eran leídas en público.

Lo que había sido una conquista, se presentó como una liberación de los pueblos.

 
La reina Tomiris con la cabeza de Ciro el Grande, de Luca Ferrari.
 
 
La campaña publicitaria parece que funcionó.

Desde tiempos antiguos, Ciro ha sido considerado un gobernante benévolo y noble, incluso por sus enemigos.

Quizás haya sido cierto, pero lo importante es que, como dice el dicho, no basta con ser, hay que parecer.

Y el Cilindro de Ciro sirvió para diseminar esa imagen, consiguiendo afectar la opinión sobre el forjador del Imperio persa durante generaciones.

El historiador griego Jenofonte (~430–354 a.C.) lo presentó como un líder ideal en su "Ciropedia", mientras que textos del Antiguo Testamento elogiaban a Ciro por poner fin al exilio judío en Babilonia y permitir su regreso a casa en Jerusalén para reconstruir su templo.

Así, a lo largo de los siglos ha sido admirado como el epítome de las grandes cualidades que se esperaban de un gobernante en la antigüedad, y asumió rasgos heroicos como un conquistador tolerante y magnánimo, además de valiente y audaz.

Y, en tiempos modernos, su cilindro hasta ha sido referenciado como la primera declaración de derechos humanos, ya que parece fomentar la libertad de culto y la tolerancia.

No obstante, los expertos advierten que esos conceptos necesariamente resonarían en el siglo VI a.C., cuando el ambiente era politeísta y a los conquistadores -antes y después de Ciro- les convenía no pasar por alto a los dioses de los lugares que tomaban bajo control.

Como le dijo a la BBC Mateen Arghandehpour, investigador del Proyecto Invisible East de la Universidad de Oxford, "cuando hablamos del mundo antiguo, la religión no era como la entendemos ahora, una entidad organizada".

"Alguien de Babilonia que adoraba a Marduk, tal vez también adoraba a otros dioses. Entonces, ¿libertad religiosa? Sí. Ciro no obligó a nadie a ir contra la religión, pero no mucha gente lo hacía en ese entonces".

 
Alejandro en la tumba de Ciro el Grande (Artista: Pierre Henri de Valenciennes, 1796).
 
 
"Yo, el rey Ciro, un aqueménida"

Poco se sabe poco sobre los últimos años de la vida de Ciro, y existen varias versiones contradictorias sobre su muerte.

Falleció mientras hacía campaña en la frontera oriental de su imperio.

Heródoto ofrece un relato de su caída en el que muere intentado conquistar a un grupo nómada, y la reina, a cuyo hijo Ciro había asesinado, ordenó que le cortaran la cabeza.

Sin embargo, el mismo Heródoto aclara que esa es solo una de las varias versiones de los hechos que escuchó.

La tumba, en cualquier caso, estaba en Pasargada, el lugar donde Ciro hizo su capital.

Yacía en el centro de un enorme jardín amurallado formal, rodeado de exuberante vegetación y aguas que fluían, una declaración del poder civilizador de Ciro contra el desierto salvaje más allá.

Ahora todo lo que sobrevive es su tumba, aparentemente modesta para el fundador no solo del Imperio Persa, sino también del sentido de identidad nacional de su pueblo.

Una simple inscripción tallada en escritura persa antigua, elamita y acadia proclama: "Yo, el rey Ciro, un aqueménida".

Es una declaración de que el nuevo y vasto imperio de Ciro el Grande estaba bajo el dominio de los aqueménidas, una dinastía real persa.

 

Otro grande

Ciro el Grande pudo haber forjado el primer Imperio persa, que sus dos siguientes sucesores expandieron, pero fue Darío I quien lo consolidó.

El ascenso de quien rivalizaría con Ciro como el más consumado de todos los gobernantes persas y presidiría el imperio en su cenit se dio por medio de la fuerza bruta.

Le arrebató el poder al hijo de Ciro, Bardiya, en un sangriento golpe de Estado, y fue despiadado cuando el imperio fue sacudido por una ola de revueltas.

En poco más de un año, derrotó, capturó y ejecutó a los líderes rebeldes, y durante el resto de su reinado de 36 años nunca más fue amenazado con un levantamiento.

Pero su formidable reputación no se basó sólo en el poderío militar.

Darío, en pocas palabras, organizó el imperio.

Creó un sistema postal, introdujo pesos y medidas estandarizados, y también la acuñación de monedas.

Para lidiar con el enorme desafío logístico de presidir tan vasto imperio, dividió los territorios en provincias o satrapías, e introdujo impuestos.

En los cargos más altos, nombraba a un pequeño grupo salido exclusivamente de los escalones más altos de la aristocracia persa.

Además, se aseguró de que se implementaran proyectos de ingeniería y construcción en todo el imperio, entre ellos un canal en Egipto entre el Nilo y el mar Rojo.

Con dominios tan extensos, se requerían vías que conectaran los principales centros con el núcleo imperial.

Y las tenían: las carreteras eran excelentes y dotadas de estaciones de servicio para facilitar los largos viajes.

Según estudiosos, la calidad de la infraestructura del Imperio persa fue un factor que le dio una ventaja competitiva crítica.

Fue ese genio administrativo el que le valió el título de Darío el Grande.

Y otra genialidad lo hizo resplandecer: la fundación de la joya de la corona del Imperio: la legendaria ciudad de Persépolis.

Apadana en Persépolis: procesión de las delegaciones de las naciones vasallas del Imperio aqueménida con ofrendas.

 

Persépolis

Incluso hoy en día, las ruinas del monumental complejo no dejan lugar a dudas sobre el esplendor del lugar que reflejaba la grandiosidad del Imperio.

Las magníficas terrazas con edificios y columnas de hasta de 20 metros, algunas de ellas con sus capiteles en la parte superior en los que aún se ven pájaros, leones y toros.

En los muros exquisitos relieves muestran escenas y personajes de ese mundo perdido.

En los de las escaleras que conducen a la plataforma donde se encuentra el gran salón del trono o Apadana, quedaron inmortalizadas delegaciones de los 23 pueblos súbditos llevándole tributos al rey.

Por el increíble detalle en sus rostros y trajes nacionales, se puede ver que vienen de todas partes, desde el sureste de Europa hasta India, trayendo polvo de oro, especias, textiles, joyas, colmillos de elefante, animales y hachas de batalla.

Ingresarían por la imponente Puerta de Todas las Naciones que estaba protegida por toro y criaturas mitológicas llamadas lamassus, unos hombres-toro originarios de Babilonia y Asiria que los persas habían adoptado, para ahuyentar el mal.

Y es que, en la arquitectura y en el arte aqueménida también se refleja la inmensidad del imperio.

Era esencialmente una mezcla ecléctica de estilos y motivos extraídos de diferentes partes, pero fusionados para producir una apariencia distintiva y armoniosa que era claramente persa.

Persépolis fue una obra maestra de la arquitectura imperial.

Y se podría suponer que se construyó explotando a un vasto ejército de esclavos.

Pero los arqueólogos hicieron un descubrimiento sorprendente.

Encontraron las Tablillas de la Fortaleza y las del Tesoro de Persépolis, un conjunto de documentos administrativos escritos en arcilla, que muestran un cuidadoso mantenimiento de registros y tasas de cambio para pagos en especie.

Incluyen numerosos datos de transacciones, relacionadas principalmente con la distribución de víveres, la gestión de rebaños y el aprovisionamiento de trabajadores y viajeros.

Entre otras cosas, hablan de grandes operaciones para el transporte de diversos productos básicos de un lugar a otro según las necesidades económicas, y de la emisión de plata y alimentos a los trabajadores de la economía real en Persépolis y sus alrededores.

Así, revelan quiénes eran los habitantes de la ciudad, dónde vivían, qué hacían y hasta qué comían.

Venían de todas partes del Imperio aqueménida a trabajar en la ciudad, y recibían salarios.

Una pista de cómo llegaban allá está en una inscripción de Susa, una de las ciudades más importantes del antiguo Medio Oriente, donde Darío habla de su deseo de construir un salón del trono.

Les asigna a los pueblos del Imperio la tarea de reunir diferentes bienes necesarios.

Así, por ejemplo, a los asirios se les dice que traigan madera de cedro, y a los afganos, turquesas y lapislázuli; a los babilonios les pide que vayan a producir ladrillos; de Egipto se requerían orfebres y trabajadores del marfil.

De esa manera, además de los tributos e impuestos, llegaban las riquezas de esos "cuatro puntos cardinales" que regían los aqueménidas al corazón del imperio.

 
La Copa de Oro de Jerjes, rey del Imperio persa aqueménida.
 
  
Persépolis floreció durante casi dos siglos y era conocida como la ciudad más rica bajo el Sol.

Y no era solo la arquitectura la que proyectaba la riqueza y la cultura aqueménida.

Hermosos objetos decorativos y joyas, hechas de oro macizo y plata, con piedras preciosas y semipreciosas, la confirmaba lujosamente.

Persépolis se convirtió en objeto de deseo, particularmente para un lugar que los persas nunca lograron conquistar: Grecia.

 

Un rey con el imperio en la mira

El intento de subyugar a Grecia de Darío el Grande había terminado sangrientamente en la batalla de Maratón en 490 a.C.

Darío murió cuatro años después y la tarea de expandir el imperio quedó en manos de su hijo Jerjes.

Aunque capturó Atenas en el 480 a.C., sus fuerzas sufrieron serias derrotas ante los griegos tanto en el mar (Salamina) como en tierra (Platea y Micale).

Ante la realidad de que Grecia nunca se incorporaría a su imperio, Jerjes desistió.

Durante el siguiente siglo y medio hubo rebeliones internas, se perdió y reconquistó Egipto y se sofocó una revuelta en Sidón (en el actual Líbano).

A pesar de todas esas crisis, la primacía de Persia continuó sin ser cuestionada, hasta que, en la antigua Macedonia, surgió un rey que desde su ascenso al trono, tenía en su mira al Imperio persa.

Había crecido con esa idea. Además, necesitaba la riqueza del enemigo de Grecia para mantener su ejercito y continuar con sus conquistas.

Pasaría a la historia como Alejandro Magno, y derribaría todo el edificio aqueménida en unos pocos años.

En el año 330 a.C., invadió Persia.

A Persépolis la saqueó, y se dice que se llevó 200 vagones de oro y plata.

En lo que aún se considera uno de los mayores actos de vandalismo de la historia, luego la incendió.

No se sabe a ciencia cierta por qué. 

 
Alejandro Magno construiría un imperio que eclipsaría incluso al de los persas. 
  
 
La razón de la destrucción

El destacado intelectual iraní Al-Biruni, en su "Cronología de las naciones antiguas", del año 1000, dio una razón con la que varias fuentes concuerdan.

"[Alejandro] quemó toda Persépolis como venganza contra los persas, pues al parecer el rey persa Jerjes había incendiado la ciudad griega de Atenas hacía unos 150 años. Se dice que, incluso en la actualidad, se pueden ver rastros del fuego en algunos lugares".

Otros, creen que fue para anunciarle a Oriente el fin del Imperio aqueménida.

O porque quería borrar la cultura y la identidad persa, y hacer desaparecer la memoria de los reyes que una vez vivieron allá.

De ser así, de cierta forma lo consiguió: mucho desapareció por completo de la historia.

Siglos más tarde, cuando los visitantes deambulaban por las ruinas y se encontraban con estatuas de extrañas bestias fantásticas, imaginaban que reyes míticos, no los aqueménidas, habían gobernado el Imperio persa.

En el siglo X, el poeta persa Abul-Qasem Ferdousí recopiló esas fábulas y las incluyó en su gran obra Shāhnāmé o "El libro de los Reyes".

Ni Ciro, ni Darío, ni Jerjes eran mencionados en ese épico libro, que ocupa un lugar central en el sentido de identidad iraní.

En Occidente, sus historias se contaban desde el punto de vista de los antiguos griegos y romanos.

Las ruinas de Persépolis permanecieron sin identificar hasta 1620.

Numerosos viajeros y académicos europeos visitaron y describieron el lugar en los siglos XVIII y XIX.

Pero no fue sino hasta 1924, cuando el gobierno iraní le encargó al erudito alemán Ernst Herzfeld (1879-1948), especialista en arqueología, historia y lenguas de Irán, que fuera a explorar el inmenso complejo palaciego aqueménida que su historia empezó a desenterrarse.

Desde entonces, cada vez es más posible contarla con las voces de esos antiguos persas, y los hallazgos arqueológicos continúna afinándola.

Así, esta historia que empezó y terminó con dos "grandes" conquistadores se sigue escribiendo.

* Principales fuentes: BBC serie "In Our Own Time", episodios "Cyrus the Great" y "Persepolis"; BBC serie "Art of Persia".

 

Fuente: Imperio Persa

 

 

 

martes, 1 de julio de 2025

Colección Infinito

Editorial Planeta

1965-1977

El número 23 tiene dos obras distintas publicadas en el mismo año.

La editorial  terminaba una colección- digamos, Goliat- y volvía (y vuelve) a poner muchos de los mismos libros en sus otras colecciones o aparecieron en las de Plaza & Janés, en Círculo de Lectores o en varias más, aunque una buena cantidad de obras ya no han sido publicadas nuevamente.

Ya que hay una confusión entre las diferentes colecciones de Planeta como Goliat, Infinito, etc., más adelante pondré otras colecciones como Luyve, Omnibus y alguna que otra más.  



1. Frank Yerby. La risa de los viejos dioses
2. Phyllis Gordon Demarest. Los Ángeles
3. Chinguiz Aitmátov. Tierra Madre
4. Máximo Gorki. Los Artamónov
5. Rumer Godden. La batalla de Villa Fiorita
6. Boris N. Polevoi. Un Hombre de verdad
7. Alexandr Bek. La Carretera de Volokolamsk 
8. Christine Arnothy. El cardenal prisionero
9. Alexandr Bek. Unos Días
10. Irwin Shaw. Al Estilo Francés
11. Alexandr Bek. La Reserva del General Panfilov
13. Margery Lawrence. La Madona de las Siete Lunas
14. Phyllis A. Whitney. Ámbar Negro
15. Joseph Hayes. El Tercer Día
16. Flora Sandstrom. Otros inviernos, otras primaveras
17. Sinclair Lewis. Cárceles de Mujeres [Ann Vickers. (Cárceles de Mujeres)]
18. C.B. Gilford. En busca de inocencia
20. Manohar Malgonkar. Los Príncipes
22. Hans Hellmut Kirst. La Última Consecuencia [La Noche de los Generales (La Última Consecuencia)]
23. John Dos Passos. El Paralelo 42 (Paralelo 42)
23. Yuri Kazakov. La Pequeña Estación
25. A.E. Johann. En la linde de los vientos
26. Frank G. Slaughter. Sangaree
27. Russsell  Foreman. La carne humana
28. Vicki Baum. Grand Hotel
29. Willi Heinrich. Vacaciones en el otro lado
31. Pierre Daninos. Snobissimo (o el deseo de parecer)
32. Frank Yerby. La verde mansión de los Jarrett
33. Vasili Axiónov. Colegas
34. Pitigrilli. El farmacéutico a  caballo
35. Ben Ames Williams. Todos los hermanos fueron valientes
36. Edna Lee. La Abeja Reina
37. Vasili Axiónov. Billete para las estrellas
39. Phyllis A. Whitney. “Jade del Mar”
40. Pitigrilli. Lecciones de Amor
41. Lidia Bogdanovich. Diario de un Psiquiatra
42. Frank Yerby. El Cielo está muy alto
43. Ben Ames Williams. El Valle hostil
44. Pearl S. Buck. Orgullo de Corazón
45. Chinguiz Aitmátov. Mi pequeño álamo
46. Pearl S. Buck. El Patriota
47.  Phyllis A. Whitney. Skye Cameron
48. Frank G. Slaughter. La Venus del cuadro
49. Ben Ames Williams. Un Pirata moderno
50. Frank G. Slaughter. La punta del bisturí
51. Konstantin A. Fedin. Sanatorio Arktur
52. Guy Des Cars. Tres noches
54.  François Mauriac. El misterio Frontenac
57. Victoria Holt. Menfreya al amanecer
58. Frank Yerby. La Novia de la libertad
60. Frank G. Slaughter. Hombres de blanco
61. Christine Arnothy. El jardín negro
62. John Dos Passos. La Primera Catástrofe (1919)
63. Mary Ellin Barrett. Amor en las dunas
64. Pearl S. Buck. Peonía
65. Nikos Athanassiadis. Una muchacha desnuda
66. Frank Yerby. Roble Claro
67. Betty Smith. Alegría por la mañana
69. François Mauriac. El Río de fuego
70. Dorothy Daniels. Danza en la oscuridad
71. Valentín Kataiev. Cacería en la estepa
72. C.Y. Lee. La Tierra de la Montaña Dorada
73. Marie Louise Fischer. Falsa Coartada
74. Ernest Hemingway. Muerte en la tarde
75. Pearl S. Buck. Puente de paso
76. A.J. Cronin. Aventuras en Dos Mundos
77. Frank G. Slaughter. Hospital de sangre
78. Giovanni Guareschi. Don Camilo. Un mundo pequeño
79. Pitigrilli. Los vegetarianos del amor
80. Giovanni Guareschi. La Vuelta de Don Camilo
81. Frank G. Slaughter. Vuestro Cuerpo y vuestra Alma
82. Valentín Katáiev. Los Malversadores
83. A.J. Cronin. El Jardinero español
84. Frank Yerby. El halcón de oro
85.  John Steinbeck. Llama Viva
86. Henry Cecil. Una Mujer llamada Anne
87. Frank Yerby. Pasiones humanas
90. Frank Yerby. Mientras la ciudad duerme
92. Pierre Daninos. Un tal señor Blot
93. Vicki Baum.  Vidas sin misterio
94. Ernest Hemingway. El Viejo y el Mar
95. Pitigrilli. La Roca de Léucade
96. Vicki Baum. Retorno al amanecer
97. Anne Edwards. Los Sobrevivientes
98. John Dos Passos. Manhattan Transfer
100. Rosemary  Harris. Todos enemigos
101. Frank Yerby. El Tesoro del Valle Feliz
102. Ernest Hemingway. Al otro lado del río y entre los árboles
104. Guy Des Cars. El Solitario
105. Rudyard Kipling. Kim
106. Stephen Gilbert. Diario del Hombre-rata
107. Frank Yerby. Mayo fue el fin del mundo
109. Peter De Polnay. Toda una Fortaleza
110. Victoria Wolff. Madre e Hija
111. Guy Des Cars. La alcahueta
112. Clyde Ware. Los Inocentes
113. Frank Yerby. Gillian
118. Henry Cecil. Se busca a un hombre
120. Frank G. Slaughter. Cirujano del Aire
124. Carlo Coccioli. El Cielo y la Tierra
125. Pitigrlli. El oficio más viejo del mundo
126. Pierre  Daninos. Nuevos comentarios del mayor Thompson
127. Máximo Gorki. La vida de un hombre inútil
128. E.M. Forster. La Mansión (Howards End)
129. Pascal Lainé. La Irrevolución
131. Geneviéve Dormann. Te traeré borrascas
132. James herbert. La invasión de las ratas
133. Iván Efrémov. La Nebulosa de Andrómeda
135. E.M. Forster. Habitación con vistas
136. Barbara y Manfred Grunert. Tu Amor no es Amor (Psicograma de un matrimonio)
137. Guy Des Cars. Una Especie de Mujer
140. Aleksandr Grin. Velas Rojas (El Velero Rojo, Velas Escarlatas)


Sin numeración conocida:

—Pearl S. Buck. Carta de Pequín (Carta de Pekín)
—Beverly Nichols. Un Caso de Servidumbre Humana. La Historia Íntima de Somerset Maugham: un verdadero caso de Servidumbre Humana
—Vicki Baum. Vuelo Fatal
—Ketti Frings. Si no amaneciera
—Max Shulman. Un casado en apuros
—Frank Yerby. Una mujer llamada Fantasía
—Vicki Baum. Una noche en el trópico
—George Orwell. 1984
—Ben Ames Williams. Una noche tenebrosa
—Pierre Daninos. Los Comentarios del mayor Thompson
—Emmanuel Roblès. Una primavera en Italia
—Umberto Simonetta. El desvergonzado
—George Orwell. Rebelión en la Granja
—G.K. Chesterton. El Hombre que fue jueves
—Chinguiz Aitmátov. La Nave Blanca
—Frank Yerby. La risa del diablo





miércoles, 25 de junio de 2025

Colección Libro Práctico Bruguera

Editorial Bruguera
1966-1985

Para acabar en parte con la confusión entre las colecciones Libro Amigo, Libro Clásico y Libro Práctico de Bruguera, pues aquí tienen esta última colección que tenía la letra P en las portadas aunque no en todas las obras publicadas.

Los títulos dentro de esta colección estarán aquí para poder diferenciar el conjunto de obras en las colecciones indicadas porque la confusión y el error no terminan hasta ahora, y además de obras aunque ya estén superadas modernamente en sus temáticas y hay algunas con consejos e ideas prácticas que siempre son útiles o quedan como curiosidades que llaman la atención del lector.

Hubo cambios en las cubiertas de los libros en las distintas ediciones siguiendo el mismo formato como en otras colecciones de Bruguera. Existe alguno que otro detalle curioso en la númeración y/o en los títulos de los libros incluidos como en el número 2 o el 58. En varios casos no se indica a los autores.

No se incluyen las obras de pseudociencia como espitirismo o de astrología u otras como las que mencionan juegos de cartas y azar porque apoyamos la lucha contra la ludopatía.
Uno tiene que ser coherente en palabras y hechos.
 
 
Revisión 2025 
 

1. Genoveva Bernard de Ferrer. Un menú para cada día
2. John A. Schindler. Cómo vivir 365 días al año
2. Fausto Turell. Crucigramas
3. John Henderson. Guía médica de urgencia
5. Walter C. Álvarez. Viva en Paz con sus Nervios
6. Harry Lorayne. Cómo adquirir una supermemoria
7. Dr. Clement G. Martin. Cómo vivir Cien Años
9. André Lemaire. Los secretos del doctor   
10. Justine Glass. Coma bien
11. G. Stuart Nutley. Conversar y convencer 
12. F.A. Hornibrook. Vigile su cintura
13. Herman S. Schwartz. El arte de descansar
14. Fernande Harlin. Maternidad feliz
15. G. de Corbie. Cómo equipar y conservar la casa
16. Elmer L. Winter. Como ser una secretaria eficiente
17. Enrique Revilla. Físico-Culturismo: la moderna técnica del superdesarrollo muscular
18. José Repollés. La Educación física a su alcance
19. Pedro Riera. Conozca el Fiat- Seat 850
20. Joseph W. y Lois Bird. La libertad en el amor sexual. Educación sexual
24. Israel Albert Horowitz y Fred Reinfeld. Primer libro de Ajedrez 
25. Dr. A. Marchal y O.J. de Méro. Paternidad responsable
26. Fred Reinfeld. Segundo libro de Ajedrez
27. Luis Castellón. Primer libro de Crucigramas 1
28. Luis Ribó Durán. Las Deudas y la Ley
29. Fred Reinfeld. Tercer libro de Ajedrez
30. Luis Ribó Durán. El Código Civil y usted
31. Fred Reinfeld. Cuarto libro de Ajedrez
32. Luis Ribó Durán. El Contrato y la Ley
33. Fausto Turell. Diccionario Auxiliar del Crucigramista
34. Fermín de Urmeneta. El Código Penal y usted
36. Dr. Frederik Koning. Tendremos un hijo
38. Marius Audier. La vida de los cardíacos. Sistema cardiovascular, enfermedades, tratamiento
39. Enrique Revilla. Manual de cultura física para la mujer
40. Dr. Frederik Koning. Educación e Higiene sexual
41. Enrique Revilla. Manual de cultura física para niños y adolescentes
42. Leonora Ramírez “Nora”. Cocina para dos
43. Luis Ribó Durán. Las Sociedades Anónimas y la Ley
44. J. A. Martí Mercadal. Práctica de Primeros Auxilios: Manual del Socorrista
45. Oswalt Kolle. Tu marido, ese desconocido
46. Fermín de Urmeneta. Testamentos y Herencias
47. Fausto Turell. Segundo libro de Crucigramas 2
48. Oswalt Kolle. Tu mujer, esa desconocida
49. Fermín de Urmeneta. Delitos contra el Estado
50. Oswalt Kolle. Tu hijo, ese desconocido
51. Diccionario Inglés/Español-Spanish/English Dictionary
52. Luis Ribó Durán. El Trabajador y la Ley
53. Dr. Frederik Koning. Hombre y Mujer: los riesgos sexuales del matrimonio
54. Ángeles Cardona. Manual de Ortografía Moderna 
55. Fausto Turell. Crucigramas 3
56. Napoleon Hill. Piense y hágase rico
57. Fausto Turell. Crucigramas 4
58. José Repollés. La Filatelia (en 1972) o Como Coleccionar Sellos (en 1982)  
59. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales I: las sendas torcidas del amor
60. Napoleon Hill. La clave de la riqueza
61. Ubaldina Gonzáles Pastor. La gran cocina en el hogar
62. Fausto Turell. Crucigramas 5
63. Lorenzo Ponce Sala. Campeonato del Mundo de Ajedrez: Spassky-Fischer
64. Luis Ribó Durán. Las Cooperativas y la Ley
65. Fausto Turell. Crucigramas 6
66. Fred Reinfeld. Las Estratagemas en Ajedrez
67. Peter J. Steincrohn. Cómo dormir mejor
68. Fausto Turell. Crucigramas 7
69. P.H. Clarke. Cien Miniaturas Rusas. Ajedrez
70. Luis Ribó Durán. La Justicia en España
71. Fausto Turell. Crucigramas 8
72. Fred Reinfeld. 1001 Sacrificios y Combinaciones Brillantes. Ajedrez
73. Leonora Ramírez “Nora”. La Cocina de Nora
74. Fausto Turell. Crucigramas 9
75. Gerald Abrahams. La Técnica en Ajedrez
76. Fermín de Urmeneta. Los Derechos de la Familia
77. Fausto Turell. Crucigramas 10
78. Fred Reinfeld. 1001 combinaciones de Mate. Ajedrez
80. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales II: las extravagancias del amor
81. Fausto Turell. Crucigramas 11
82. Román Torán. Problemas de Ajedrez, volumen 1: 180 remates de partidas magistrales
83. Fausto Turell. Crucigramas 12 
84. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales III: las obsesiones
85. Fernando Corripio Pérez. Diccionario Etimológico Abreviado
86. Román Torán. Problemas de Ajedrez, volumen 2
87. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales IV: transtornos de la virilidad
88. Fausto Turell. Crucigramas 13
89. Diccionario Español-Francés/Dictionnaire Espagnol-Français
90. Román Torán. Problemas de Ajedrez, volumen 3
91. Máximo Borrell. Aperturas Abiertas. Ajedrez
92. Máximo Borrell. Aperturas Semiabiertas
93. Máximo Borrell. Aperturas Cerradas.
94. Máximo Borrell. Aperturas Semicerradas 
95. Máximo Borrell. Aperturas de Flanco
96. Máximo Borrell. Ajedrez Brillante. Historias, anécdotas, curiosidades
97. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales V: la frigidez
98. Urbano Torrijos. Cómo se resuelve un Jeroglífico. Pasatiempos
99. Dr. Frederik Koning. Los Errores Sexuales VI: erotomanías y neurosis
100. Robert Heller. El ejecutivo al desnudo. Administración, negocios
101. Luis Ribó Durán. El Propietario y la Ley
102.Román Torán. Problemas de Ajedrez, volumen 4
103. Ana María Calera. Cocina de Régimen
105. Francesc Soler y Joan Dedeu. Plantas de interior
106. Carmen Lázaro. Plantas de terraza y balcón. Jardinería
107. Brigitte Kiemann y Nuria Sansano. Juegos para niños
108. Diccionario Básico de la Lengua Castellana
109. Enciclopedia Básica Bruguera
110. Diccionario Enciclopédico Abreviado
111. Carlo Frabetti y María Gorgues. La buena cocina vegetariana
112. Dr. I. Newton Kugelmass. El niño de hoy. Infancia, cuidados, desarrollo
113. Leonora Ramírez “Nora”. Cocina rápida
114. La Cocina de la A a la Z
115. Consumer Guide (redacción). Footing: en forma todo el año
116. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Carnes y aves
117. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Pescados y mariscos
118. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Postres y repostería
119. Dr. Manuel R. Blancafort. Puericultura Actual. Problemas más inmediatos de los niños
120. O. y C. Pomerleau. Como dejar de fumar
121. Leonora Ramírez “Nora”. Comidas para niños
122. Jorge Zentner. Cócteles, vinos y licores
123. Tau Beiroa. La secretaria eficiente
124. Jesús Borràs y Antoni Colomer. Arte y Técnica de Filmar
125. Mary Ellen Pinkham. Ideas prácticas para todo. Sugerencias para resolver diversos problemas domésticos
126. Lavada Weir. Skatebord
127. Carlo Frabetti. Juegos de ingenio. Enigmas, pasatiempos y juegos lógicos
130. Domingo Pastor Petit. Seguridad y Autoprotección
131. Frederic Larreula. Diccionari Catalá-Castella, Castellano-Catalán
133. Peter Firth. Primer libro de la Fotografía
134. Ascensión Carmona. Manual de la buena cocina
135. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Sopas y Entrantes
136. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Guarniciones y Salsas
137. Ignacio Doménech. Las mejores recetas de Ignacio Doménech: Huevos y Arroces
139. Fernando Corripio. Diccionario abreviado de Sinónimos
140. James Hewitt. Jogging. Salud y Bienestar
141. Fausto Turell. Crucigramas 18
143. Carmen Lázaro. Plantas de jardín. Jardinería
144. Ricardo Santos. Cómo conseguir un Empleo
146. Huay Tat (Mina Tong). Invitación a la cocina china
147. Mario Tau. El ABC de la Psicología Infantil
148. Fausto Turell. Crucigramas 19
149. Ana Giusti. Métodos prácticos anticonceptivos
150. Ignacio J. Merino. Como cuidar y adiestrar a su perro
151. Santiago Pey. Manual del Bricolaje, tomo 1
152. Santiago Pey. Manual del Bricolaje, tomo 2
153. Paul Brown y Carolyn Faulden. Como mejorar su vida sexual
154. Martín Blay. Pájaros domésticos
155. Ángel Martín y Lincoln Maiztegui. Informador Ajedrez 1980
156. Salud y Belleza
160. M. D. Robert. Como vencer el Insomnio
161. Jo Mesegens. Guía de plantas medicinales
163. Ascensión Carmona. Primer Libro de la Cocina
164. Antonio J. Bilbao. Cómo pagar menos Impuestos
165. Ana María Calera. Las mejores recetas de la cocina regional española: Cocina Catalana
166. Ana María Calera. Las mejores recetas de la cocina regional española: Cocina Castellana
167. Ana María Calera. Las mejores rectas de la cocina regional española: La Cocina Vasca
168. Ana María Calera. Las mejores recetas de la cocina regional española: La Cocina Gallega
170. Paul Innerhofer. Educar es Fácil
171. Vicente Ema. Trabajos Manuales: Bricolaje para jóvenes
172. Leonora Ramírez. La buena cocina del pescado
173. Gayelord Hauser. Mi método dietético
174. Frances Moore Lappé. Dietas para la salud
175. Howard I. Shapiro. Anticonceptivos. Control de la natalidad
176. Carlo Frabetti. Problemas de Ingenio. Matemática recreativa
177. Juana Barría. Cocina pobre. Cocina. Recetas de platos baratos y populares
178. Frank Katch, William McArdle y Brian Boylan. Manténgase en forma
179. Ignacio Doménech. El Gran Libro de la Cocina
180. Piero Angela. Tu hijo, de cero a tres años
181. Asunción Durante. Conservas caseras
182. Andrea Barelli. Pastas y Pizzas
183. Mario Tau. La Adopción
184. Dr. Manuel R. Blancaflort. Niño sano, Niño enfermo
185. Leonora Ramírez. Cocina al aire libre
186. Robert Eagle. Alergia y Alimentación
189. M.D. Rasnikov. Impotencia y Afrodísiacos
193. Esteban Ferrer Garriga. Tests: pruebas psicotécnicas de autovaloración


domingo, 22 de junio de 2025

Colección Novela Histórica Salvat

Salvat Editores

1994-1995

La ponemos aquí como Colección Novela Histórica Salvat para distinguirla de otras colecciones que se llaman igual.

Lo que está entre paréntesis es un poco de información sobre el contenido del libro sin destripar nada importante.


1. Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano
2. Amin Maalouf. León El Africano
3. John Steinbeck. Los Hechos del Rey Arturo y sus Nobles Caballeros
4. Pauline Gedge. La Dama del Nilo (Reina Hatshepsut)
5. Mary Renault. Fuego del Paraíso (Alejandro Magno)
6. Vladimir Bartol. Alamut (Persia, siglo XI)
7. Kate O'Brien.Esa Dama. (Ana Hurtado de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli)
8. Robert Graves. El Conde Belisario. El último general romano (Flavio Belisario, 505-565)
9. Arthur Koestler. Espartaco. La rebelión de los gladiadores
10. Gore Vidal. Juliano el Apóstata
11. Guy Rachet. Ciro, el Sol de Persia (Ciro el Grande)
12. Gisbert Haefs. Aníbal. Primera Parte
13. Gisbert Haefs. Aníbal. Segunda Parte
14. Pauline Gedge. El Faraón (Akhenatón)
15. Allan Massie. Tiberio
16. Robert Nye. Las Memorias de Lord Byron
17. Mary Renault. El muchacho persa (Época de Alejandro Magno)
18. Gore Vidal. Creación. Primera Parte (Imperio aqueménida, siglos VI-V a. C.)
19. Gore Vidal. Creación. Segunda Parte
20. Robert Graves. Yo, Claudio
21. Lourdes Ortiz. Urraca (Urraca I de León, 1081-1126)
22. Frank Baer. El Puente de Alcántara. Primera Parte (España, siglo XI)
23. El Puente de Alcántara. Segunda Parte
24. Cecelia Holland. La muerte de Atila
25. Shusaku Endo. El Samurai ( Japón, Europa, siglo XVII
26. Robert Graves. El Vellocino de Oro. Primera Parte (Jasón y los Argonautas)
27. Robert Graves. El Vellocino de Oro. Segunda Parte
28. Pauline Gedge. El Papiro de Saqqara (Antiguo Egipto)
29. Mary Renault. Juegos funerarios (última parte de la trilogía sobre Alejandro Magno)
30. Rex Warner. El Joven César (Julio César)
31. Salvador de Madariaga. El corazón de piedra verde. Primera Parte (España, México, siglos XV-XVI)
32. Salvador de Madariaga. El corazón de piedra verde. Segunda Parte
33. Pierre Grimal. Memorias de Agripina. La Roma de Nerón
34. JoseÁntonioGabrile y Galán. El Bobo ilustrado (Guerra de Independencia española, 1808)
35. Robert Graves. Claudio el dios y su esposa Mesalina. Primera Parte
36. Robert Graves. Claudio el dios y su esposa Mesalina. Segunda Parte
37. J.-H. Rosny, Aîné. La guerra del fuego
38. Mary Renault. Alexias de Atenas. Una juventud en la Grecia Clásica (publicada antes como El último vino)
39. Rex Warner. César Imperial (continuación de El Joven César)
40. Hella S. Haasse. El bosque de la larga espera. Primera Parte (Guerra de los Cien Años)
41. Hella S. Haasse. El bosque de la larga espera. Segunda Parte
42. Tariq Alí. A la sombra del granado. Una novela de la España musulmana
43. John Steinbeck. La Taza de Oro (Henry Morgan)
44. Thornton Wilder. Los Idus de Marzo (Julio César)
45. Luis Gómez-Acebo, duque de Badajoz. A la sombra de un destino (Europa, siglos XIV-XV)
46. Hubert Monteilhet. Nerópolis I (Nerón)
47. Hubert Monteilhet. Nerópolis II
48. Boris de Rachewiltz y Valentí Gómez i Oliver. El ojo del Faraón
49. Robert Graves.  Rey Jesús
50. Irving Stone. La Agonía y el Éxtasis Vida de Miguel Ángel. Primera Parte
51. Irving Stone. La Agonía y el Éxtasis Vida de Miguel Ángel. Segunda Parte
52. Michael Bentine. El Templario
53. John Banville. Copérnico
54. Thomas Keneally. El Arca de Schinler. (Oscar Schindler, Segunda Guerra Mundial, Holocausto)
55. Gore Vidal. En busca del Rey (Inglaterra, siglo XII)
56.Arturo Uslar Pietri. La visita en el tiempo (España, siglo XVI)
57. Guillem Vidalot. Juana la Loca
58. Mary Renault. El rey debe morir (Teseo)
59. Pauline Gedge. Águilas y Cuervos. Primera Parte (Britania, siglo I d. C.
60. Pauline Gedge. Águilas y Cuervos. Segunda Parte
61. Cecelia Holland. El cinturón de oro (Imperio bizantino, siglo VIII)
62. Hella S. Haasse. La ciudad escarlata (Europa, siglo XVI)
63. Philipp Vanderberg. El divino Augusto (César Augusto)
64. Colin Falconer. Harem. Volumen I (Solimán el Magnífico, 1494-1566)
65. Colin Falconer. Harem. Volumen II
66. Pierre Montlaur. José, el judío del Nilo
67. Violaine Vanoyeke y Guy Rachet. Mesalina. Emperatriz y esclava del placer 
68. Nikos Kazantzakis. El pobre de Asís (San Francisco de Asís, 1181/1182-1226)
69. Franco Cuomo. Gunter de Amalfi, caballero templario (El caballero Templario Gunter de Amalfi)
70. Michael Ennis. La Duquesa de Milán (Italia, siglo XV)




viernes, 20 de junio de 2025

La Fuerza de la Palabra

El intruso era peligroso, pero el joven estadounidense estaba dispuesto, y aun ansioso, para el combate.
Entonces, un sabio anciano les dio una lección inolvidable.

 

Por Terry Dobson

EL TREN rechinaba y traqueteaba al atravesar los suburbios de Tokio esa soñolienta tarde de primavera. Nuestro vagón estaba relativamente vacío: unas cuantas amas de casa con sus hijos, algunas personas mayores que habían salido de compras. Yo contemplaba con aire ausente las deslustradas casas y las polvorosas hileras de arbustos.

En una estación se abrieron las puertas, y de pronto un hombre que profería maldiciones violentas e ininteligibles rompió la quietud de la tarde. El individuo se precipitó al interior de nuestro carro. Vestía como obrero; era fuerte y estaba borracho y sucio. Vociferando, se abalanzó sobre una mujer que sostenía a su niño, y la envió tambaleante sobre los regazos de una pareja de ancianos. Fue un milagro que el pequeño saliera ileso.

Aterrada, la pareja se puso de pie como accionada por un resorte y se escabulló hasta el otro extremo del carro. El individuo intentó patear por detrás a la anciana, pero ella se escurrió con rapidez a un lugar más seguro. Esto enfureció de tal manera al borracho que se asió del poste de metal en el centro del carro y trató de zafarlo de su lugar. Pude ver que una de sus manos estaba cortada y sangrante. El tren seguía su camino con los pasajeros helados de terror. Yo me levanté de mi asiento.

Era joven entonces, hace alrededor de 20 años, y tenía muy buena condición física. En los tres años anteriores había recibido un sólido entrenamiento de aikido, casi todos los días durante ocho horas. Me gustaba arremeter y luchar cuerpo a cuerpo, y me creía muy fuerte. La única dificultad era que mis aptitudes marciales nunca habían sido puestas a prueba en un combate real. Como estudiantes de aikido, no se nos permitía pelear.

“El aikido”, nos repetía una y otra vez nuestro profesor, “es el arte de la reconciliación. Cualquiera que abrigue en su mente la idea de pelear ha roto su contacto con el universo. Si ustedes intentan dominar a otras personas, ya están derrotados de antemano. Nosotros estudiamos para resolver un conflicto, no para iniciarlo”*.
Yo escuchaba sus palabras y hacía esfuerzos sinceros por seguir sus orientaciones, llegando al extremo de cruzar la calle para evitar a los chimpira, vagos malvivientes del billar, quienes se apostaban cerca de las estaciones ferroviarias. Estaba orgulloso de mis antepasados. Me sentía fuerte y sagrado. Sin embargo, en lo más íntimo de mi ser, deseaba una oportunidad completamente legítima de salvar a los inocentes, destruyendo a los culpables.

¡Aquí la tengo!, me dije al levantarme. Estas personas están en peligro, y si no procedo con rapidez, posiblemente alguien resulte lesionado.

Al ver que me levantaba, el borracho vio la oportunidad de enfocar su ira. “¡Ajá!”, gritó. “¡Un extranjero! ¡Lo que usted necesita es que le dé una lección de modales japoneses!”

Me cogí levemente a la correa de cuero que se encontraba arriba del asiento y le arrojé una lenta mirada de disgusto y desprecio. Había decidido hacer pedazos al tipo, pero tenía que ser él quien hiciera el primer movimiento. Deseaba sacarlo de sus casillas, así que curvé mis labios y le arrojé un beso insolente.

“¡Muy bien! ¡Tendrás tu merecido”, dijo. Se centró un momento en sí mismo para arrojarse sobre mí.

Un segundo antes de que hiciera el primer movimiento, alguien le gritó: “¡Hey!” El sonido de la voz nos llegó al tímpano. Recuerdo el tono extrañamente alegre y regocijado, como si el lector y un amigo hubieran estado buscando algo con diligencia y de repente lo hubieran encontrado. “¡Hey!”

Giré a mi izquierda y el borracho a su derecha. Nuestra mirada tuvo que descender para localizar a un pequeño anciano japonés. En mi opinión este frágil caballero, sentado allí con su quimono inmaculado, frisaba bien los 70 años de edad. Él ni siquiera se fijó en mí, sino que dedicó su atención al trabajador, como si hubieran tenido entre los dos el secreto más importante que compartir.
—Venga acá —dijo el anciano con un acento local, llamando a su lado al borracho—. Venga acá para que hablemos.

Ondeó la mano con suavidad. El hombrón lo obedeció, como si en ella llevara una cuerda. Plantó sus pies con aire beligerante frente al anciano, y gritó con una voz que opacó el ruido del traquetear de las ruedas:
—¿Por qué diablos tengo que hablar con usted?

El borracho me daba ahora la espalda. Si movía un milímetro algún codo, caería sobre el tipo a golpes. 

El anciano continuó dirigiéndose al ebrio: 
—¿Qué es lo que ha estado bebiendo? —le preguntó con interés.
—He estado bebiendo sake —replicó con acritud el individuo—, y además, ¡no le importa!
—¡Oh, eso es magnífico!, ¡completamente delicioso!  Verá usted, a mí también me encanta el sake. Todas las tardes, mi esposa y yo (ella tiene 76 años) calentamos una botellita de sake y la llevamos al jardín, adonde nos sentamos en una vieja banca de madera. Contemplamos la puesta del Sol y vemos cómo se encuentra nuestro árbol placaminero. Mi bisabuelo lo plantó y estamos preocupados por saber si se salvará de las tormentas de nieve que azotaron durante el último invierno. Creemos que está reaccionando bien, teniendo en cuenta la mala calidad del suelo.  Nos produce mucha satisfacción sacar nuestra botella al jardín y disfrutar de la tarde, ¡aunque llueva!

A medida que hacía esfuerzos para seguir la conversación del anciano, la cara del borracho empezó a suavizarse. Sus puños se aflojaron.
—Sí —replicó el hombre—; a mí también me encantan los árboles placamineros.
Su voz bajó de tono.
—Y bien —dijo el anciano sonriendo—, estoy seguro de que usted tiene una hermosa mujer.
—No, mi esposa murió —de manera suave, acorde al movimiento del tren, el hombrón empezó a  sollozar—. No tengo esposa, ni casa, ni trabajo. Me siento tan avergonzado de mí mismo.
Las lágrimas se escurrieron por sus mejillas. Su cuerpo se convulsionó con un espasmo de dolor.

Ahora me tocaba a mí. Parado ahí, con mi ingenuidad juvenil pura y mi idea de la justicia para hacer más seguro el mundo en la democracia, de pronto, me sentí más sucio que él.

Finalmente el tren llegó a mi parada. Mientras se abrían las puertas, escuché al anciano decir con simpatía:
—Vaya, vaya, de veras se encuentra usted en una situación difícil. Siéntese cerca de mí y cuéntemelo todo.

Volví la cabeza para echar una última ojeada. El hombre se había dejado caer como un fardo en el asiento, reclinando la cabeza en el regazo del anciano, quien le daba golpecitos en la cabeza sucia y enmarañada.
 
Vi cómo se alejaba el tren y me senté en una banca. Lo que había deseado hacer con los músculos se obtuvo con palabras amables. En el suceso yo sólo percibí una ocasión de poner a prueba el aikido en un combate, y la esencia era el amor.
Tendría que practicar el arte con un espíritu diferente.
Pasaría mucho tiempo antes de que pudiera hablar de la solución del conflicto.

 

*El aikido es un arte japonés de defensa personal por medio de llaves, técnica que se parece al judo y al jiujitsu.



© 1981 por Terry Dobson. Condensado de “The Graduate Review” (Marzo y Abril de 1981), de San Francisco (California).


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXXIII, Año 41, N° 497, Abril de 1982, págs. 63-66, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México D.F., México.


Notas

Polvorosa: polvorienta.

Acritud: brusquedad, aspereza, dureza, agresividad, mordacidad, acrimonia, rudeza, etc. Wordreference.com

Sake: Bebida alcohólica obtenida de la fermentación del arroz.


Proverbios 15:1: La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo. (Versión Reina-Valera Contemporánea.). 

miércoles, 18 de junio de 2025

Colección Grandes Éxitos RBA

RBA Editores

1993-1995

La ponemos como Colección Grandes Éxitos RBA para diferenciarla de otras que se llaman igual.

Entre 1995 y 1998 RBA publicó otras 2 colecciones llamadas nuevamente Grandes Éxitos, en tapa dura y blanda, con distinta numeración y diferente portada, y con muchos de los mismos títulos y añadiendo otros que no figuraron en la que citamos. Me puedo equivocar pero creo estar seguro de lo que digo luego de  revisar todos los títulos de este listado, numeración, portadas, contraportadas y otros detalles.

Se nota que aprovecharon el tirón de las películas de la época de los 90 para saber qué títulos incluir en la colección junto con varios más muy conocidos.

Lo de dos títulos en los números 1, 3, 8 no es raro y además confirma lo anterior. Hubo además dos títulos con el número 20 como el de Fallaci y uno de terror, y en el número 85 con Stephen King y Robin Cook.

No incluimos los títulos de terror que se pueden ver aquí .

Tampoco están los que tengan pseudociencia o espiritismo. 




1. Thomas Harris. El silencio de los corderos
1. Jack Engelhard. Una propuesta indecorosa
2. Mario Puzo. El Padrino
3. Michael Blake. Bailando con Lobos (Baila con Lobos)
3. Tom Clancy. Juego de Patriotas
4. Margaret Mitchell. Lo que el viento se llevó
6. Alberto Vázquez-Figueroa. Tuareg
7. Ken Kesey. Alguien voló sobre el nido del cuco
8. John Le Carré. La Casa Rusia
8. Gary Jennings. Azteca
9. Tom Clancy. La Caza del Octubre Rojo
10. Scott Turow. Presunto Inocente
11. Robert Graves. Yo, Claudio
12. Alice Walker. El Color Púrpura
13. Dominique Lapierre. La Ciudad de la Alegría
14. Frederick Forsyth. El Negociador
15. Colleen McCullough. El pájaro espino (o El pájaro canta hasta morir)
16. Paul Scott. La Joya de la Corona (El Cuarteto del Raj 1)
17. Mika Waltari. Sinuhé, El Egipcio
18. Henri Charrière. Papillon
19. Betty Macmoody y William Hoffer. No sin mi hija
20. Oriana Fallaci. Inshallah
21. Dominique Lapierre y Larry Collins. El Quinto Jinete
22. Frederick Forsyth. Chacal (o El Día del Chacal)
24. John Fowles. La Mujer del Teniente francés
26. Harold Robbins. Avenida del Parque 79 
27. Alexandra Ripley. Scarlett I*
28. Alexandra Ripley, Scarlett II
30. Alberto Vázquez-Figueroa. Ébano
31. Leonore Fleischer. Rain Man
32. Paul Scott. El día del escorpión (El Cuarteto del Raj 2)
33. Scott Turow. El peso de la prueba
34. Paul Theroux. La Costa de los Mosquitos
36. Richard Osborne. Instinto Básico
37. Harold Robbins. El descenso de Xanadú
38. Ken Follet. La Isla de las tormentas
39. Elizabeth McNeill. Nueve semanas y media
40. Richard Condon. La Familia Prizzi
41. Dominique Lapierre y Larry Collins. Oh, Jerusalén I
42. Dominique Lapierre y Larry Collins. Oh, Jerusalén II
43. Robin Cook. En Coma (Coma)
44. Alberto Vázquez-Figueroa. Sicario
45. Frederick Forsyth. El Cuarto Protocolo
46. John Grisham. La Tapadera (o La Firma, The Firm)
47. Irving Wallace. El Séptimo Secreto
48. Paul Scott. Las Torres de Silencio (El Cuarteto del Raj 3)
49. Ken Follet. El valle de los leones
51. Larry Collins. Juego Mortal
52. Harold Robbins. Pirañas
54. Frank G. Slaughter. Trasplante
55. Alex Haley. Raíces (I)
56. Alex Haley. Raíces (II)
57. John Le Carré. Un Espía Perfecto
58. Jack Higgins. Ha llegado el águila
59. Lawrence Sanders. El Séptimo Mandamiento
60. Frederick Forsyth. La alternativa del diablo
61. Fernando Sánchez Dragó. El camino del corazón
62. Robin Cook. El falso dios (o Como si fuera dios)
63. Harold Robbins. Betsy
64. Victoria Holt. La isla del paraíso
65. Noah Gordon. Chamán (I)
66. Noah Gordon. Chamán (II)
67. Ken Follet. Noche sobre las aguas
68. Martin Cruz Smith. El Parque Gorki
70. Danielle Steel. Vidas cruzadas
71. Dominique Lapierre. Más Grandes que el Amor
72. John Irving. El mundo según Garp
73. Mario Puzo. El Siciliano (o Salvatore Giuliano El Siciliano)
74. John Grisham. El Informe Pelícano
75. Robert Ludlum. El Caso Bourne (I)
76. Robert Ludlum. El Caso Bourne (II)
77. Nora Ephron. Se acabó el pastel
80. Tom Wolfe. Elegidos para la Gloria (o Elegidos para la Gloria. Lo que hay que tener, The Right Stuff)
82. Robert Graves. Claudio el dios y su esposa Mesalina
83. Noah Gordon. El Rabino
84. Danielle Steel. Álbum de Familia
85. Robin Cook. Terminal
87. Irving Wallace. La isla de las tres sirenas
88. Robert Ludlum. … Y nada más que la Verdad
90. Lawrence Sanders. El Chantaje de Sullivan
91. Fernando Vízcaíno Casas. Niñas… ¡Al Salón!
93. Erica Jong. Canción triste de cualquier mujer
94. Barbara Wood. Constantes Vitales
96. Dan Simmons. Hyperion
97. Noah Gordon. El Médico (I)
98. Noah Gordon. El Médico (II)
99. Paul Scott. Reparto de Despojos (El Cuarteto del Raj 4)**


*Continuación de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell.
 
**Raj: La India británica constituyó el régimen colonial instaurado por el Imperio británico en el subcontinente indio desde 1858 hasta 1947. Este periodo también es conocido bajo el nombre de Raj británico. Wikipedia