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Yo Debí Haber Ganado Ese Certamen


Por Michael Wetmore

Un vistazo entre bastidores a lo que sucede en realidad en una prueba física desde el punto de vista de los jueces y también del competidor. Si alguna vez has participado en una prueba culturista, tendrás que ver con este artículo.

El culturismo es uno de los deportes más subjetivos del mundo y juzgar una competición es una tarea muy difícil ya que no hay un patrón exacto para valorar todos los tipos de cuerpos. Aunque hay unas líneas de guía para el jurado,en el análisis final, a menudo acaba valorándose lo que personalmente les gusta o no les gusta a los jueces en lo que se refiere a tipos de físico, especialmente en las decisiones muy igualadas. Comprensiblemente, entre los concursantes las reacciones ante un físico son siempre muy variadas.

Los ganadores están seguros de que se hizo justicia. Los perdedores pueden darse cuenta de que necesitan trabajar más y convertir la derrota en una victoria a su experiencia de aprendizaje.

Pero con más frecuencia, se sienten menospreciados e incluso discriminados por lo que ellos creen una pobre actuación oficial.

Michael Wetmore ha enfocado el tema desde ambos lados del escenario. Él es un culturista competitivo y juez nacional de la NPC. Durante diez años Michael actuó como vicepresidente del Cómite Nacional de USA.

En su artículo conocerás lo que los jueces buscan. Wetmore te familiazará con los misterios del arte de ganar un certamen -¡lo que conecta y lo que desconecta el papel del jurado!

Wetmore nos muestra lo que es un competidor de primera en un certamen y examina «la agonía de la derrota» con una inteligente conclusión filosófica. ¡Esta es una historia que tenéis que ver muchos de los que habéis estado allí!



El olor a aceite de coco y almendra mezclado con un sudor fresco pesa en el ambiente tanto como un press de banca de ocho discos grandes. El ruido metálico del hierro y las explosiones de una agitad respiración llenaban mis oídos. Algunos estaban sentados tan inmóviles como estatuas romanas. Como en un estado de trance, sólo el movimiento de sus ojos traicionaba su serenidad.

Rápidas miradas de reojo buscaban en sus oponentes la tan-esperada-debilidad. Otros eran una confusión de movimiento paseándose y congestionando y posando y rezando-. Rezando para que ocurra el milagro en esta última hora. 

«Cinco minutos» gritó el presentador dando la tercera llamada de los últimos quince minutos. Yo terminé lo que de verdad esperaba que fuera mi última congestión. Ya sentía el sabor de langostas de sudor en mis labios. Mejor dicho su falta de sabor. Había desaparecido el fuerte sabor salado de los duros entrenamientos del gimnasio.
Sólo quedaba un ligero sabor a aceite, lo que suavemente me recordaba que «llegó la hora de la prueba». Me siento bien. Creo que puedo ganar esta vez. Midiendo a los competidores, sólo hay en realidad un chico que me preocupa. No... ni siquiera él me preocupa.

Mire a mi alrededor y me hacía preguntas sobre los otros competidores. ¿No les había dicho nadie el aspecto que tenían? La mayoría tenían un buen aspecto aunque yo no habría competido si hubiera tenido un cuerpo como el de ellos. Ellos habían venido a competir, no a ganar. Había varios que habían venido a ganar, pero pude ver por la mirada de sus rostros cuando me vieron que ellos sabía que no era su día. Excepto aquel chico... Él es un presumido S.O.B... Admito que parece preparado pero no es tan grande como yo. Y creo que también estoy en mejor forma.

«¡Alinéense!» Gritó el presentador haciendo estallar mis pensamientos en mil pedazos.
Caminamos sobre el escenario y nos ponemos de cara a los jueces. Yo intento no mirar hacia la cruel iluminación del escenario, esa iluminación que pondrá de relieve todos los defectos. La grandeza o casi grandeza ,de los que competimos también se pondrá de relieve bajo esas mismas luces.
Yo me esfuerzo por mantener una posición de frente en la alineación.

Espero que todos estas semanas de régimen y horas de duro entrenamiento tengan su recompensa. Veo los ojos de los jueces moverse de un lado a otro de la fila. Se detienen un momento y toman notas en sus hojas de puntuación. Yo intento leer algún tipo de aprobación en sus miradas, en vano. Siento el dolor de mis dorsales. Me concentro para mantenerlos tan abiertos como puedo. Aguanto también mis abdominales. Permaneced tensos, pienso. ¡Mis cuadríceps están ardiendo! ¡Los flexiono con la dureza de una vaca! Los mantengo así hasta que... «un cuarto de giro a la izquierda», dice el juez. Tomo rápidamente un trago de aire fresco mientras paso a una postura de costado. Mantengo el pecho erguido. La caja torácica totalmente ensanchada.

Estoy frente a frente con un competidor. Uno de nosotros ha girado en sentido equivocado. Por un segundo dudo de mí; entonces el juez dice al número 17 que gire hacia el otro lado. Los dos comprobamos nuestros números. Rápidamente un compañero gira para colocarse en la posición correcta.

El jefe del jurado continúa con la alineación de espalda, del otro lado, y vuelta a la posición de frente.

No puedo creer lo cansado que me encuentro. Salimos del escenario. No puedo explicar mi sensación de cansancio. Empiezo a congestionar otra vez, preparando mi rutina de pose individual. Sesenta segundos... años de duro entrenamiento me han llevado hasta aquí. Este es mi momento de posar solo.Todos los ojos estarán puestos en mí. Entro al escenario. Hago mi primera pose, un duro doble bíceps. «Nadie me va a ganar en esta pose me digo a mí mismo. Paso a un imponente lado de pecho total. Intento visualizar la famosa pose de espalda de Arnold mientras ejecuto la mía. Oigo a una multitud empezando a interesarse. Oigo a mis compañeros de entreno gritar "despacio". Mi madre dice "¡Ese es mi hijo!" "Gracias mamá" pienso para mí. "Diez segundos", advierte el jefe de jurado. "Voy bien de tiempo" me digo a mí mismo. "Tiempo" anuncia el jefe de jueces. Ataco con entusiasmo una pose super musculada y la congestiono con todas mis fuerzas. "Gracias" dice el juez secamente, haciéndome saber que había usado todo el tiempo que me correspondía»

Estoy de nuevo entre bastidores. Empiezo otra rápida congestión. Acepto modestamente unos cuantos cumplidos de algunos competidores. Volvemos al escenario. Ahora tienen lugar las comparaciones. Los jueces comparan primero los grupos del final y del medio. Yo tengo buen cuidado de colocarme bien enfocado. «Ponte bien prieto», me digo a mí mismo una y otra vez.

Finalmente llaman al mejor grupo. Se nos compara con cinco o seis poses. Los jueces nos mueven de un lugar a otro. Ahora estoy colocado junto al chico que es mi más estrecho competidor. Estoy contento; ahora verán los jueces que yo soy el mejor. Ataco cada pose dándole todo. La multitud se vuelve loca. El jefe del jurado les dice que «¡se calmen!» porque no podemos oír cuando anuncia la siguiente pose. Pose tras pose, vamos luchando. Ya no queda nada. 

¡Esto es todo! Mi boca está tan seca como una toalla caliente. Mi lengua la siento de un modo parecido. Ahora les toca el turno a las aspiraciones y expiraciones profundas. Estoy preparado para luchar hasta el final, sin embargo, finalmente dice el jefe del jurado "Gracias señores, tengan la bondad de volver a colocarse por orden numérico».
Los jueces echarán un último vistazo para comprobar los números. El jefe anuncia «Los veremos esta noche a las siete».

El tiempo que transcurre entre el pre campeonato y la prueba de la noche es el limbo del culturista. Me alegro de que el pre campeonato haya terminado. Estoy deseando que llegue la exhibición de la noche. La rutina que he estado preparando seguro que va a gustar a los espectadores. La música comienza de forma suave y va creciendo hasta llegar a un intenso final. He pasado horas perfeccionando mis evoluciones y ejecutando mis poses para sacar ventaja de los acordes musicales.

Aunque estoy tan seguro de que he ganado, todavía bailan en mi mente pequeñas dudas. Yo las ahuyento considerándolas simple flaqueza humana. Decido concentrarme en el lado positivo. Tengo que ser positivo. Creo que he ganado la prueba; sin embargo, nunca se sabe «hasta que cante la dama gorda».

MÁS TARDE

Esto fue todo, la gran prueba. Mi rutina había salido precisa como un reloj. Recibí una ovación de la multitud en pie -decididamente la mejor respuesta de los fans. Los jueces tenían la palabra.

Yo estaba en pie junto a los otros finalistas. Estábamos esperando que el maestro de ceremonias anunciara el fallo. Yo veía las bonitas chicas escudriñando la mesa de los trofeos. Se estaban asegurando que tenían el trofeo correcto para el puesto correcto. El maestro de ceremonias esperó anunciando el quinto puesto. Yo estaba seguro de que había ganado, pero en cierto modo uno contiene la respiración por la incertidumbre de que pudiera prevalecer la insensatez.

Respiré con alivio cuando anunciaron el quinto puesto. Repetí el mismo proceso, un poco más intensamente según iban subiendo las calificaciones -4º puesto... 3º puesto. Ahora habíamos llegado a los dos finalistas.

La victoria estaba tan cerca que podía saborearla. ¡Qué gran sensación! Las luces brillantes, el murmullo de la multitud -merecía la pena. Yo sabía que saborearía este momento para siempre. 

Oí al maestro de ceremonias comenzar su último y dramático anuncio «...El ganador... del Best Bodybuilder Contest... de 1988 en la categoría de pesos pesados ligeros... es... (parecía durar una eternidad) el número 22 Joe.....».

¡Unnghh! Fue como la coz de una mula. Sabía bien donde se sentaban los burros que habían lanzado las coces. Se sentaban en la mesa del jurado. ¡No puedo haber perdido este certamen! ¡¡No puede ser!!
Sentí náuseas; mi cabeza flotaba. La multitud estaba todavía abucheando la decisión
La chica del trofeo me estaba ofreciendo el trofeo del 2º puesto. "Voy a hacer pedazos este trofeo. ¡Esto es una aberración! ¡Esto es una locura! ¡Yo no entrené para ser el segundo! No puedo creer que esto me suceda a mí... Tengo que controlarme. Tengo que controlar mi disgusto. No quiero parecerme a otros tontos que he visto a veces. ¡Yo tengo más clase que todo eso, pero ahora sé como se sienten!» El ganador Joe se vuelve hacia mí, me tiende la mano y sonríe.

¡Eso es todo! ¡¡Aquí termina todo!! El brillo de la sonrisa de Joe se desvanece un poco cuando las piernas de plástico de mi trofeo crujen bajo el enfurecido apretón de mi mano. ¡¡Wheeeco!!

«Contente» pensé mientras daba la mano a Joe. Luché por por mantener el trofeo intacto con mi otra mano. En realidad no es culpa de Joe, han sido los malditos jueces.

Ahora estaba saliendo entre bastidores. Mi familia y mis amigos se me acercaron. Todos hablaban a la vez. «Te han robado. Debiste haber ganado ese concurso».

«Es todo política» «Está todo arreglado».
Había ruido y furor por todas partes. Mi madre dijo que iba a »decir un par de cosas a los jueces». Yo miraba ferozmente a los jueces según iban pasando por mi lado.
Ellos miraban al suelo o a otro lado. Estaban evitando mi mirada deliberadamente.
Eso lo confirmaba. Sabía que me habían robado.
Ni siquiera pude dormir aquella noche.
Todo el mundo me decía lo mismo. «Tenías que haber ganado este certamen».


LA SEMANA SIGUIENTE

Fui al gimnasio una semana después. Todavía estaba resentido por haber perdido un certamen que debería haber ganado.

No me apetecía hablar de ello, pero lo primero que me decían los demás era «debiste haber ganado este certamen».

Parece ser que todos lo sabían menos los jueces.

Entonces vi a uno que estaba en la máquina de piernas. «Miren quien está aquí», «el juez número tres». Hasta la semana anterior yo había creído que este chico era un juez bastante bueno. Decidí tener unas palabras con él. Y me descolgué con un «yo debí haber ganado este certamen».

El respondió: «Hablemos de ello»,mientras me alejaba de la gente que estaba empezando a amontonarse. El juez número tres dijo «estoy de acuerdo, tú debiste haber ganado aquel certamen». «Bien, entonces ¿por qué no lo hice?» dije bruscamente. «Yo voté por ti así como otros dos jueces» dijo el juez número tres.

«Desgraciadamente para ti los otros cuatro jueces votaron por Joe, el número 22».

Yo me sentía tan ultrajado con la conclusión del certamen que no había comprobado los resultados finales. Me sentí un poco mejor al saber que al menos tres jueces tenían algo de sentido.

«Siéntate», dijo el juez número tres.
«Aquella exhibición estuvo muy reñida», el juez continuó, «especialmente durante el precampeonato. Tú eres más grande y estabas en mejor forma. Tu torso es mejor. Las piernas de Joe son mejores que las tuyas, así como sus abdominales».

«Un momento» protesté. «Los abdominales de Joe puede que sean un poco mejores pero sus piernas no».

«Espera», dijo el juez número tres, «¡En mi opinión tus piernas son más voluminosas pero las de Joe tienen más detalle y definición; las inserciones de Joe también son mejores!».

El juez continuó, «yo no te puse a ti en primer lugar hasta el final del precampeonato. La cosa estaba entre tu superior forma y tamaño y el físico de Joe ligeramente más pequeño pero más recortado. Tú empezaste a destacar según el precampeonato iba avanzando»

«Otra cosa que puede haber estado en contra tuya», dijo el juez, «es que Joe ha ganado los dos últimos concursos en que ha participado. Se le considera un ganador. El culturismo es un deporte subjetivo; hay un elemento precedente de inclinarse a favor del campeón en las decisiones más reñidas. Yo no digo que esté bien», siguió el juez, «pero esa es la verdad».

El juez continuó, «ahora llega llega la exhibición de la noche. Ha desaparecido todo el agua de tu piel. Tienes un aspecto estupendo. Joe ha pasado ahora su apogeo. Su definición está ligeramente borrosa. Joe tiene que esforzarse para tener su mejor aspecto. La multitud reacciona según lo que ven; tú estás mejor. Lo que vi como casi un triunfo para ti en el pre campeonato, es ahora un claro triunfo en la prueba de la noche. ¡Pero es demasiado tarde! Para entonces las puntuaciones ya se han contado».

Yo tuve que preguntar al juez: «¿Y qué hay del hecho de que los jueces ni siquiera me mirasen después del concurso?» Yo pensé que pasaba algo.

El juez respondió:« Tú estabas decepcionado después de la prueba -visiblemente agitado-. No creo que nadie quisiera hablar contigo después del incidente del trofeo. Sí», continuó el juez. «Yo vi la expresión de la estatuilla. Me alegro que no fueras más lejos».

«Después de la prueba de la noche« dijo el juez, «Yo hablé con algunos de los otros jueces. Me dijeron que ellos hubieran votado por ti; si hubieras tenido tan buen aspecto durante el pre campeonato».

«Ya sé lo que quieres decir» dije yo, «pero todos mis amigos piensan que yo debería haber ganado. Ellos estuvieron en el pre campeonato».

El juez respondió: «Yo nunca he oído un incidente donde la gente se acercara a un competidor en una exhibición reñida y dijera:«tú deberías haber perdido ese concurso». Esto sencillamente no sucede. Tus amigos y tu familia tienden a ser parciales».

El juez continuó: «tu potencial es ilimitado; me gustaría verte sacarle partido. Mejora tus piernas y preséntate más recortado la próxima vez».

Me sentí un poco mejor después de hablar con el juez. Todavía me gustaría haber ganado ese concurso tan reñido.

Dos meses después miré algunas fotos del pre campeonato. Vi donde podía haber estado mejor. La próxima vez no voy a dejar ni una sombra de duda en las mentes de los jueces. Voy a presentarme en mi mejor forma. Lo voy a hacer por mí en primer lugar y por los jueces en el segundo. De todos modos no hay garantía de que mi idea de un físico perfecto sea igual que el concepto de los jueces.

Todavía puedo oír lo último que el juez me dijo. «Si compites en este deporte el tiempo suficiente, te van a suceder dos cosas. ¡Vas a ganar un certamen que tal vez no deberías haber ganado. Y vas a perder un certamen que tal vez deberías haber ganado!».


Revista Musclemag nº 4, marzo, páginas 89-92.


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