lunes, 16 de junio de 2025

Recuerdos de El Cairo

Por Naguib Mahfouz

LA AZOTEA es un reino bendecido por una libertad absoluta, bajo los cielos de las cuatro estaciones, con todos sus mudables colores. Un panorama interminable de domos, de minaretes, enmarca La torre de al-Husssein, semejante a una novia en su magnífica estatura. Los polluelos se acurrucan al pie de la cerca; el cloqueo de las gallinas se escucha por debajo de la puerta de madera. 
Tú colectas huevos en la falda de tu túnica. Una vieja silla de mimbre se convierte en un tren, tu tranvía, tu coche o tu avión…, se convierte en lo que tú quieras, con la velocidad de una imaginación anhelosa. Este cubo de agua se transforma en un lago, la escala de madera en una vía de tren.

En la azotea, él observa un avión que se eleva en el espacio, con su resplandeciente fuselaje de juguete. Ve la Luna en la noche y ansía contemplarla en la Noche del Poder, cuando Alá le reveló el Corán al profeta Mahoma, para que le bendiga con buena suerte y felicidad. Ve a las muchachas mugrientas pelear como animales salvajes, y columbra la historia en las marchas de protesta de hombres combativos. Escucha sus proclamas, y es testigo del momento en que sus inmisericordes enemigos abren fuego sobre ellos.

Había noches maravillosas en las que su medre extendía un vellón bajo el jacinto y lo sentaba ahí, a la luz de una linterna, para narrarle cuentos sobre hombres y y genios. La mayor parte de su tiempo transcurre en soledad, mas no en silencio. Entabla s interminables diálogos con los pollos, las gallinas y los conejos, y también con los objetos inanimados, como la silla, el cubo, la escala. Va incluso más allá, y se comunica con los sueños y los espíritus. La azotea es a menudo lugar de encuentro de la familia y de los vecinos, lugar de agradables charlas vespertinas y de dulces canciones.

 UNA DE LAS CELEBRACIONES más festivas es la del Día de Difuntos.
¿Acaso no es la fiesta de las flores, los pastelillos y la albahaca? Y ¿acaso  no va en procesión, acompañado de sus padres, en un desfile de hombres, mujeres y niños? Las puertas del patio se abren; la entrada se rocía de arena y agua. En el cuarto de las limosnas hay cestos, y todos se apresuran a cubrir la tumba con flores.
Esta aguarda a los visitantes, inmersa en el silencio y el misterio. Él se asoma desde su pedestal para ver si saldrá lo que hay dentro. Sus padres dirigen extrañas palabras a la tumba, como si le hablaran a un ser vivo. 
Están recitando el Corán y dando limosnas a los pobres. Él sale subrepticiamente y se reúne con sus compañeros de juegos, absortos en la narración de historias. Todo ello lo llena de felicidad. ¿Por qué rebosan sus ojos de lágrimas?  

EL CORAZÓN ansía el Ramadán y las dos fiestas mayores, y cuenta los días que faltan para su llegada. Él anhela ayunar, pero su madre rehúsa despertarlo para que tome el suhhour, la última comida, que se sirve antes del amanecer. Le permite ayunar las pocas horas que él soporta, y lo acostumbra poco a poco, hasta que el hambre comienza a castigarle de verdad a las 7 de la mañana, y luego a la hora de la oración. Su madre le mitiga el hambre con incontables delicias. El suhhour, el iftar o primera comida tras la puesta del sol, las linternas, los juegos entre la plaza y la mezquita de al-Hussein, las canciones que ella canturrea. Su padre lo lleva a Jaquelle & Gustar y le compra un atuendo y zapatos nuevos. Él los reserva para la mañana del día de la fiesta, oliendo con pasión epicúrea el aroma de la piel y la tela nuevas.
Le dan un baño y le cortan el pelo, lo visten con todas sus galas y parten al escenario de las celebraciones, de las flautas y los columpios. Pastel, pastas, regalos, visitas a parientes y amigos queridos, el Cine del Club Egipcio, Charlie Chaplin y Mary Pickford. En la Ceremonia del Sacrificio, se renueva su amistad con el cordero, y luego se siente traicionado en el ocaso del día prometido. En el iftar le dan carne asada; de refrigerio, postre de frutas y buñuelos. En esos días, el amor a Dios conmovía su corazón en no menos medida que el amor por las vecinas hermosas, los caramelos y el turrón de pistache.

YO ADMIRABA en toda su inmensidad el exótico mundo de las antigüedades, antes incluso de que pusiera un pie en la escuela. Era un mundo de maravillas cuyos emblemas se hallaban grabados en mi corazón y en mi imaginación. El primer paso lo di con mi padre; luego, mi madre también cayó bajo su hechizo, y esa admiración se trocó en uno de sus ritos. Los sarcófagos, las antiguas mezquitas, las iglesias y los monasterios sufíes, las pirámides, lo faraónico. Los museos de antigüedades islámicas y coptas…, ¿cómo acicateaban mi imaginación!
Mi madre y yo pasábamos la mayor parte del tiempo en la sala de las momias.
Ella se inclina sobre un sarcófago, con una actitud triste y humilde.
—¿Están vivas? —le pregunto.
—Hace mucho que murieron. 
—Nuestros parientes que están e la tumba, ¿son como ellas?
Me responde con gravedad:
—Sólo Dios sabe cómo son.
—¿Todos tenemos que morir, mamá? —le pregunto seriamente.
—Después de una larga, larga vida —contesta, y me sonríe.
Su respuesta me tranquiliza.

LA AMISTAD es una de las mayores bendiciones de la vida. Siempre había un amigo en la azotea, y primos procedentes del campo que iban de paso y se quedaban con nosotros. Jugábamos encasa y fuera de ella. Yo era su guía en al-Hussein. Caminaban detrás de mí, como turistas, mascando fruta. Mirábamos boquiabiertos a los lunáticos de Bab al-Akhdar.
Nuestros huéspedes a menudo salían, y caminaban o trotaban tras los carros que rociaban agua, o narraban historias y entonaban canciones. Ninguna salida concluía sin un encuentro con los chicos de la calle, los cuales, a pesar de sus andrajos y sus pies descalzos, solían ser joviales y encantadores. Cantaban canciones escandalosas, que por instinto nosotros sabíamos que condenarían al fuego eterno a quienquiera que las aprendiera. Sin embargo, no podía pasar un día sin ver a esos muchachos o sin escuchar sus voces.

UN PERIODO FUGAZ… A los ojos de un soñador, el primer paso en un camino sin fin. Un paso inicial, continuado por la escuela y la niñez, la juventud, la edad adulta y la vejez. 
La vida en todas sus dimensiones.
Pero pausadamente.
Un corto periodo, mas preñado de innumerables posibilidades embrionarias. Testigo de perennes interrogantes, del amor, el sexo, la amistad, el honor, la vida, la gloriosa presencia del Todopoderoso. Temas básicos que se desarrollan y se diversifican con la vida. Y todo ello aún nos depara anhelos y meditaciones, y nunca nos abandona el eterno deseo de descubrir la antorcha que iluminará la senda de nuestro sino.


Naguib Mahfouz (1911-2006), nacido en El Cairo, escribió más de 30 novelas y un número superior a 300 relatos. En 1988 se convirtió en el primer escritor árabe galardonado con el Premio Nobel de Literatura.


Condensado de “The Cradle”, por Naguib Mahfouz. Publicado por primera vez en árabe en 1990 como “Al-Mahd”. Versión inglesa © 1992 por Peter Theroux. Esta versión  se publicó mediante convenio traductor y la Imprenta de la Universidad Norteamericana de El Cairo.

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CVII, N° 643, Año 54, Junio de 1994, páginas 31-33, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos



Notas
Actualicé la breve reseña biográfica de la revista sobre el autor egipcio en lengua árabe.

Anhelosa: que tiene o siente anhelo. Anhelante, ansiosa, ávida, ambiciosa, etc. deseosa, afanosa, etc. DLE. RAE
Escala: escalera, gradilla, brandal, tablazón, etc. DLE. RAE
Columbrar: barruntar, conjeturar, deducir, entrever, imaginar, intuir, otear, sospechar, suponer, etc. Wordreference.com
Subrepticiamente.- de manera subrepticia: Que se hace o se produce a escondidas. DLE.RAE
Acicatear: estimular, incitar, animar, incentivar, fomentar, etc. DLE.RAE
Sino: hado, destino, azar, fortuna, suerte, albur, casualidad, acaso, etc. DLE. RAE

jueves, 12 de junio de 2025

Colección Marabú

Editorial Bruguera

1963-1964

Hubo otra colección también llamada Marabú Zas con temas como hogar, la salud, historia, urbanidad, curiosidades y sin que faltara la pseudociencia.

Esta colección se dividió en 4 series o temas: General, Juvenil, Suspense y Oeste.

Varios de los libros se incluyeron o incluirían, como ya era costumbre en Bruguera, en muchas de sus otras colecciones.

Curiosamente entre los años 50 y 70 existió una colección belga llamada Marabout (Marabú) de la editorial del mismo nombre, en donde se publicó la serie escrita por René Philippe de las Aventuras de Sylvie o Sylvia en español. Hubo otra colección, Marabout Junior, de donde se tradujeron varias de las Aventuras de Bob Morane, de Henry Vernes.

No incluimos alguna obra de terror que se puede ver aquí.

Una que otra numeración es dudosa aunque nos hemos guiado por la información de varios catálogos.



1. Henry Vernes. Thule, Base Polar. Una Aventura de Bob Morane
2. René Philippe. Sylvia, azafata
3. Zane Grey. Un Jinete forastero
4. Americo Faria. Diez Mujeres decapitadas (Ana Bolena, Juana Grey, María Estuardo, María Antonieta, etc.)
5. León Uris. Éxodo, tomo primero
6. León Uris. Éxodo, tomo segundo
7. René Philippe. Sylvia, estrella de cine
8. Alfred Hitchcock presenta… Henry Slesar. ʺSuspenseˮ. 17 relatos que turban el sueño
9. Henry Vernes. Operación Atlántida. Una Aventura de Bob Morane
10. René Philippe. Sylvia ha desaparecido
11. Zane Grey. Al Oeste del Pecos
12. Americo Faria. Diez Tragedias Marítimas (Titanic, Lusitania, Andrea Doria, etc.)
13. Morton Thompson. No serás un extraño, tomo I
14. Morton Thompson. No serás un extraño, tomo II
15. Corín Tellado. Los ambiciosos
16. Patricia Highsmith. A Pleno Sol
17. Michel Duino. Los Secretos de Scotland Yard
18. René Philippe. Sylvia interviene
19. Zane Grey. Meseta Negra
20. Americo Faria. Diez regicidios
21. Ronald V. Cassill. Tempestad
22. Corín Tellado. Misterio inexistente
23. Sir Arthur Conan Doyle. Estudio en Escarlata
24. Otis H. Gaylord. ʺLegsˮ Diamond. Ascenso y caída de un rey del crimen
25. Henry Vernes. Los diablos de las cataratas. Una Aventura de Bob Morane
26. Dominique Forel. Las Señoritas de Versalles
27. Zane Grey. La Montaña del Trueno
28. Americo Faria. Diez monarcas infelices
29. Nicolai Gogol. Taras Bulba
30. Charles B. Judah. Tom Bone
31. Jeremy York (John Creasey). Muerte a la vista
32. Corín Tellado. Un consuelo para ti
33. Jacques Seyr. El hacha de la guerra
35. Corín Tellado. No te engañé
36. Zane Grey. El Clan de Arizona
37. Jeremy York. La semilla del crimen
38. Ronald V. Cassill. Los Bucaneros
39. E. Phillips Oppenheimer. ¡Pobres millonarios!
40. Sir Arthur Conan Doyle. El Perro de los Baskerville
41. Henry Vernes. La Ciudad del Desierto. Una Aventura de Bob Morane
42. René Philippe. Sylvia se casa 
43. Corín Tellado. No debo casarme contigo
44. Zane Grey. La Caravana perdida
45. Patricia Highsmith. El cuchillo
46. Americo Faria. Diez locos geniales. De Leonardo a Van Gogh    
47. Bernard Glemser. Su grata compañía
48. León Tolstoi. Resurrección
49. Henry Vernes. El Signo de Kali. Una Aventura de Bob Morane
50. Marie de Vivier. La Dama de la lámpara (biografía novelada de Florence Nightingale)  
51. Corín Tellado. ¿Qué quieres de mí?
52. Zane Grey. Un Pueblo enterrado
53. Jeremy York. El precio de la muerte
54. John B. Allan. Elizabeth Taylor (biografía)
56. Sir Arthur Conan Doyle. Las Aventuras de Sherlock Holmes. Primera Serie
57. Michel Duino. Stanley (biografía de Henry Morton Stanley)
58. René Philippe. Sylvia y los españoles
59. Corín Tellado. El pasado no es nuestro
60. Zane Grey. Senda de Héroes
61. Patricia Highsmith. El juego de la muerte
62. Louis L'Amour. La Conquista del Oeste
63. Americo Faria. Diez Grandes Amores 
64. Abate Prevost. Manon Lescaut
65. Henry Vernes. Jaque a la Mano Negra. Una Aventura de Bob Morane
66. René Philippe. Sylvia en Hong-Kong
67. Corín Tellado. Déjame decírtelo
68. Zane Grey. La Colina de los caballos
69. Jeremy York. La horca espera
70. Fiódor Dostoievski. Los Hemanos Karamazov
71. Theodore Sturgeon. Viaje al fondo del mar
72. Harold Q. Masur. Falta otro ataúd
73. Henry Vernes. La Flor del Sueño. Una Aventura de Bob Morane
74. René Philippe. Sylvia y el niño perdido
75. Corín Tellado. El destino la esperaba
76. Zane Grey. Senderos gemelos
77. Patricia Highsmith. Encuentro en el tren (Strangers on a train, Extraños en un tren)
78. Americo Faria. Diez Cataclismos
79. Frank Diamond. Las tinieblas del miedo
81. Burt Athur. Peligroso
82. René Philippe. Sylvia y la exposición
83. Corín Tellado. No debo quererte
84. Zane Grey. Ruta de forajidos
85. Jeremy York. Viaje tenebroso
86. Samuel Edwards. 55 días en Pekín
88. Sir Athur Conan Doyle. El Signo de los Cuatro
89. Henry Vernes. Crucero diabólico. Una Aventura de Bob Morane
90. Nelson C. Nye. Ley sin Justicia
91. Corín Tellado. El secreto de Ana
92. Zane Grey. Espíritu de Conquista
93. Patricia Highsmith. Aguas profundas
94. Charlotte Armstrong. Un trago de veneno
95. Americo Faria. Diez Ases del Espionaje
96. David Westheimer. Días de vino y rosas
97. René Philippe. Sylvia tiene razón
98. Gordon D. Shirreffs. La Emboscada 
99. Zane Grey. El valle de los caballos salvajes
100. Sir Arthur Conan Doyle. Las Aventuras de Sherlock Holmes. Segunda Serie
101. Jeremy York. La senda del crimen
102. Americo Faria. Diez enigmas del mar
103. Henry Vernes. Los monstruos del espacio. Una Aventura de Bob Morane
104. Kermit Welles. Sangre en la colina
105. Zane Grey. A Orillas del Río Rogue
106. Ronald Seth. Petiot. Víctima del azar
107. Jeremy York. Sentencia de muerte
108. Joseph R. Eagle. Soraya (biografía)
109. René Philippe. Sylvia y el comisario
110. Henry Vernes. Tiburones de Acero. Una Aventura de Bob Morane
111. Zane Grey. Una Sombra en el Camino
112. Sir Arthur Conan Doyle. El Valle del Terror
113. Jeremy York. Trágico Safari
114. Americo Faria. Diez embaucadores célebres. Magos, diplomáticos, ministros… enigmas vivientes

 

 


 

miércoles, 11 de junio de 2025

JOMO, el antídoto para dejar de estar constantemente conectado a las redes sociales

 

La conexión constante a la vida virtual puede llegar a producir ansiedad en algunas personas

 

Por Oliver Serrano León

The Conversation*

 

En un mundo cada vez más interconectado, donde las notificaciones constantes y la necesidad de estar siempre presente en las redes sociales parecen dominar la vida cotidiana, surge un fenómeno que invita a la reflexión: el JOMO, siglas de joy of missing out (la alegría de perderse las cosas).

Este concepto, que se postula como la contrapartida del FOMO (fear of missing out o miedo a perderse algo), es una respuesta a la presión de estar constantemente al día con cada evento, tendencia o experiencia social que surge a nuestro alrededor.

En lugar de sentir ansiedad por no participar, el JOMO propone abrazar la desconexión intencionada y disfrutar de los beneficios de estar ausentes de ciertos momentos.

Antes de profundizar en el JOMO, es importante entender su reverso. Desde que las redes sociales comenzaron a formar parte de nuestra vida cotidiana, el FOMO ha sido un término que ha resonado con fuerza, particularmente entre las generaciones más jóvenes.

Este miedo a perderse eventos o experiencias sociales, alimentado en gran parte por las publicaciones y actualizaciones incesantes en plataformas como Instagram, Facebook, X o TikTok, genera una sensación de incomodidad, insuficiencia e incluso ansiedad.

Un estudio de 2013 ya señalaba que el FOMO está profundamente arraigado en las necesidades psicológicas de pertenencia y autoafirmación. Las personas sienten que, al no estar presentes en ciertos eventos, se están quedando excluidas de experiencias significativas o valiosas para su vida.

Esta sensación se exacerba cuando observan a sus amigos o conocidos participando activamente en dichas actividades.

Según otra investigación, publicada en Computers in Human Behavior, el uso excesivo de las redes sociales –particularmente entre los jóvenes– está estrechamente relacionado con la vivencia del FOMO y sus efectos negativos en la salud mental, como la baja autoestima y la ansiedad.

 

Perderse algo como fuente de satisfacción 

Frente a esta presión social, surge el JOMO, un movimiento que defiende la idea de que no estar presente o “perderse algo” no solo es aceptable, sino que puede convertirse en una fuente de satisfacción y bienestar personal.

Una de las primeras menciones destacadas del concepto la hizo la escritora canadiense Christina Crook en su libro de 2014 The Joy of Missing Out: Finding Balance in a Wired World.

Aunque no era un término nuevo: dos años antes, el empresario Anil Dash ya lo había acuñado para reflexionar sobre la tranquilidad de no participar en todo. Desde entonces, ha tomado cada vez más fuerza como una filosofía que promueve la calma y el disfrute del momento presente.

Es, en definitiva, una invitación a la desconexión intencionada de las redes sociales, las notificaciones y los eventos sociales con el fin de reenfocarse en la creatividad y la tranquilidad mental.

 

Los beneficios del JOMO 

Optar por el JOMO en lugar de sucumbir al FOMO tiene una serie de beneficios tangibles que pueden mitigar los efectos adversos del uso excesivo de las redes sociales. Estos incluyen:

  • Reducción del estrés y la ansiedad. La constante comparación con los demás generada por el FOMO puede llevar a sentir que la propia vida es insuficiente o menos gratificante. El JOMO permite liberarse de esta presión.

Así lo comprobaron los autores de una investigación realizada los días posteriores al 4 de octubre de 2021, cuando se cayeron los servicios digitales de la compañía Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) durante varias horas. Aunque algunos usuarios fueron presa del FOMO, otros muchos confesaron haber sentido un reconfortante alivio.

  • Mayor tiempo para la introspección. Al desconectarse del ruido externo, las personas pueden reenfocarse en sí mismas, lo que fomenta la autoexploración, el desarrollo personal y una mayor claridad sobre lo que realmente importa en sus vidas.
  • Fomento de la creatividad. El tiempo libre y la tranquilidad permiten que la mente se relaje y divague. Diversos estudios han demostrado que el “aburrimiento” o la desconexión pueden ser catalizadores de nuevas ideas.
  • Mejora de las relaciones personales. Al optar por el JOMO, las personas tienden a priorizar los encuentros cara a cara y las conexiones significativas sobre las interacciones, a menudo superficiales, on-line.

 

Cómo incorporar el JOMO en nuestra vida diaria

Apuntarse al JOMO no significa renunciar completamente a la tecnología o las interacciones sociales. Más bien, implica encontrar un equilibrio saludable entre la conectividad y la desconexión.

Algunas formas de integrarlo incluyen las siguientes pautas:

  • Establecer límites digitales. Definir horarios específicos para revisar las redes sociales o responder a mensajes puede ayudar a reducir el tiempo frente a la pantalla y promover una relación más sana con la tecnología.
  • Implementar el minimalismo digital. Este concepto implica usar solo aquellas plataformas y herramientas tecnológicas que verdaderamente agreguen valor a nuestra vida.
  • Priorizar el tiempo personal. Dedicar tiempo a actividades que nutran el bienestar físico y mental, como leer, hacer ejercicio, meditar o, simplemente, descansar.

En definitiva, adoptar el JOMO no implica una renuncia definitiva al mundo digital o a las interacciones sociales, sino una toma de conciencia sobre cómo y cuándo es mejor estar conectados.

*Oliver Serrano León es director del Máster de Psicología General Sanitaria y profesor del Grado Online de Psicología en la Universidad Europea de Canarias (España). Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

 

Fuente: JOMO

martes, 10 de junio de 2025

Por qué muchos consideran al brasileño Alberto Santos Dumont el "verdadero padre de la aviación" (y no a los hermanos Wright)

 


Por Camila Veras Mota
BBC News Brasil

 

El brasileño Alberto Santos Dumont realizó el primer vuelo de la historia aprobado por la Federación Aeronáutica Internacional.

El 12 de noviembre de 1906, ante una multitud en París , cruzó el campo de Bagatelle a bordo del 14-bis, confirmando que un aparato más pesado que el aire era efectivamente capaz de volar.

Para entonces, ya era reconocido como pionero de la aviación en Europa.

Pasó su tiempo sobrevolando París en globo aerostático, ganó un premio por volar un dirigible alrededor de la Torre Eiffel y apareció en la portada de un periódico.

Entonces, es natural decir que él fue quien inventó el avión, ¿verdad? 

No es tan sencillo.

La polémica dura más de un siglo: Brasil considera a Santos Dumont el padre de la aviación, mientras Estados Unidos defiende —y difunde al mundo— que el título pertenece a los estadounidenses Orville y Wilbur Wright, los hermanos Wright.

¿Quién tiene razón?

BBC News Brasil planteó esta pregunta a ocho expertos en aviación de cuatro países, quienes explicaron los argumentos de ambas partes y acabaron llevando el informe por un camino inesperado.

 

Santos Dumont: el primer vuelo público

La capital francesa no fue escenario del vuelo del 14-bis por casualidad.

París, en aquel entonces, era el centro palpitante de la modernidad que marcó el ritmo de finales del siglo XIX y principios del XX.

Tenía buenas escuelas de ingeniería y concentraba suficiente capital para financiar investigaciones en metalurgia, mecánica, física y química.

Con el desarrollo de nuevos tipos de materiales y de motores cada vez más potentes, la sensación en aquel momento era que sólo sería cuestión de tiempo antes de que alguien consiguiera volar con una máquina más pesada que el aire, afirma el historiador Jean-Pierre Blay.

Fue ese ambiente el que llevó a Santos Dumont a París en 1892.

Santos Dumont ya era un célebre pionero de la aviación para cuando hizo su histórico vuelo. Esta es una postal celebrando su triunfo con su dirigible en una competencia, en 1901.

 

El brasileño siempre había estado fascinado por las máquinas voladoras, y decidió dejar Brasil y cruzar el Atlántico después de recibir un anticipo de su herencia de su padre, que era hijo de un joyero francés y había hecho su fortuna en Minas Gerais plantando café.

Jean-Pierre Blay, que investiga a Santos Dumont desde hace dos décadas, dijo que se integró fácilmente a la vida parisina.

"Ya hablaba francés con fluidez y, gracias a su fortuna, no tuvo dificultades para adaptarse a la vida de París", afirma el historiador.

Fue uno de los primeros miembros del club de vuelo francés y entabló amistad con celebridades de la época, como el joyero Louis-Cartier, con quien frecuentaba el legendario restaurante Maxim's.

En París, Santos Dumont pasó años experimentando con globos y dirigibles hasta que finalmente llegó al 14-bis.

Y fue con ese avión que, el 12 de noviembre de 1906, en el campo de Bagatelle, voló 220 metros frente al público, en lo que fue registrado por la Federación Aeronáutica Internacional como el primer récord de vuelo de la historia.

Al año siguiente, Santos Dumont lanzó otro modelo de avión, llamado Demoiselle, el primer ultraligero y el primer avión producido en masa del mundo.

 

Los hermanos Wright: de Ohio a Europa

Fue después de todo esto, en 1908, cuando aparecieron Orville y Wilbur Wright afirmando haber volado antes que el brasileño, en 1903.

La comunidad aeronáutica francesa inicialmente los vio con escepticismo.

Se sabía por la correspondencia entre miembros de clubes de vuelo de Europa y Estados Unidos que los hermanos Wright -quienes regentaban una tienda de bicicletas antes de convertirse en inventores autodidactas- también participaban en la carrera por desarrollar el primer avión.

Pero durante cuatro años no habían enviado noticias de sus avances.

Santos-Dumont piloteó su avión en el Bois du Boulogne, París, en el que fue el primer vuelo de un avión a motor en Europa en noviembre de 1906, como informó "Le Petit Journal".

 

La justificación que dieron fue que estaban esperando la aprobación de la patente y no querían correr el riesgo de que alguien les robara sus ideas.

Según ellos, el Flyer habría permanecido en el aire durante 59 segundos y recorrido 260 metros el 17 de diciembre de 1903 en Kitty Hawk, Carolina del Norte.

La falta de pruebas irrefutables sobre lo que ocurrió exactamente ese día lo convierte en el primer gran punto de antagonismo entre quienes defienden el espíritu pionero de Wright y quienes apoyan a Santos Dumont.

Se cree que solo cinco personas vieron el avión en el aire, tres de ellas socorristas que trabajaban en una estación cercana.

Entre las pocas pruebas del incidente se encuentran un telegrama, algunas fotografías y el diario de Orville Wright.

Voces como la del físico Henrique Lins de Barros, experto en la vida y obra de Santos Dumont, dicen que el propio relato de Orville proporciona munición para cuestionar el primer vuelo del Flyer.

En el acta de ese día, el estadounidense escribió que el viento soplaba a unos 40 km/h, lo que, según el científico brasileño, sería suficiente para levantar el avión.

"La potencia del motor no fue suficiente, sólo se despegó por el viento", argumenta el ex director del Museo de Astronomía y Ciencias Afines.

Quienes defienden a los Wright contrarrestan esta crítica al Flyer argumentando que pusieron en el aire versiones mejoradas del mismo incluso antes de que el 14-bis cruzara los cielos de París, en 1904 y 1905.

"Lo que sucedió esa mañana [en 1903]: fue la primera vez que los hermanos Wright volaron lo suficientemente bien como para convencerse, en su corazón, de que habían resuelto el problema", dice Tom Crouch, curador emérito del Museo Nacional del Aire y el Espacio, parte del Instituto Smithsoniano, y autor de varios libros sobre los Wright.

"Todavía tenían que hacer muchos ajustes, pero habían construido un avión y había volado", añade.

En 1905, según el historiador estadounidense, ambos ya contaban con un avión "funcional", capaz de despegar, mantenerse en el aire y aterrizar con seguridad.

Todos estos vuelos también se realizaron en secreto, sin vista del público, en las praderas del estado de Ohio, donde vivían.

Tres años después, los Wright hicieron todo lo posible para que se les reconociera como los primeros.

 

"Por la conquista del aire": esta litografía de 1908, que muestra a Wilbur Wright y Santos Dumont, ilustra la lucha por el título de "primer vuelo". 

 

Viajaron a Europa en una especie de gira, realizando más de 200 vuelos de demostración en Francia e Italia entre 1908 y 1909, recorriendo casi 100 kilómetros en algunos de ellos.

El paso de ambos por el continente se convirtió en una especie de espectáculo, dice Blay.

En un momento dado, miembros de la aristocracia europea -inglesa, belga, italiana, española- incluso pidieron sentarse en el Flyer y volar junto a Wilbur Wright.

"Era un honor. Era un espectáculo", dice.

Es en este ambiente que figuras como el capitán Ferdinand Ferber, pionero de la aviación francesa, comienzaron a abrazar la defensa de los Wright, argumentando que todo esto no podría haberse inventado de la noche a la mañana.

 

La catapulta

El ex mecánico de aviación Lito Sousa, creador del canal Aviões e Música en YouTube, está entre los que creen que el avión de los hermanos estadounidenses tenía sustentación.

Sin embargo, argumenta que "la hazaña de Santos Dumont es mucho mayor" porque el 14-bis, "con sus ruedas de bicicleta, despegó del suelo por la fuerza del propio motor, sin ayuda externa".

 

El británico Paul Jackson, que fue editor jefe durante 25 años de una de las publicaciones de aviación más importantes del mundo, Jane's All the World's Aircraft, está con quienes critican la catapulta usada por los hermanos Wright.

Para él, es una prueba de que el avión que los Wright presentaron al mundo en 1908, aunque "manejable", era "incompatible con el uso y funcionalidad de un avión".

"A los hermanos Wright sólo les importaba lo que pudieran demostrar en sus aviones que fuera patentable. Estaban ahí por el dinero", afirma.

"Fueron de los últimos aviadores en poner ruedas a sus aviones y permitirles aterrizar en cualquier pista, despegar de cualquier pista y regresar al punto de despegue", añade.

 

Una construcción colectiva

Sin embargo, Jackson no está en ninguno de los dos bandos de la contienda.

Entró en ella por casualidad en 2013, cuando se convirtió en blanco de fuertes ataques tras publicar un editorial sobre otro pionero de la aviación, Gustav Weisskopf, un alemán residente en Estados Unidos que se dice que voló en 1901, antes que los hermanos Wright.

"Recibí una lluvia de insultos de gente que apoyaba a los hermanos Wright, que me decía: '¡Cómo te atreves a decir que alguien podría volar antes que los hermanos Wright!'", cuenta.

Santos Dumont y los hermanos Wright no son los únicos que se atribuyen el estatus de pioneros.

Además de Gustav Albin Weisskopf —o Whitehead, en la versión adoptada al emigrar de Alemania a EE.UU.—, está el neozelandés Richard Pearse, en un vuelo en marzo de 1903, entre otros.

Así que para Jackson, toda la discusión sobre quién inventó el avión es prácticamente inútil.

"No hubo ninguna 'invención'. Nadie se despertó un día, dibujó y dijo: 'Oh, este es el avión que funcionará'", argumenta. "Fue un esfuerzo colectivo de muchísimas personas, todas trabajando juntas".

El británico no es el único que piensa esto.

En una docena de entrevistas, BBC News Brasil escuchó este punto de vista más de una vez, incluyendo de boca del aviador Lito Sousa.

"Fue un proceso que se transmitió de generación en generación, en el que uno construía sobre lo que el otro había descubierto", señala Sousa, quien destaca el trabajo del alemán Otto Lilienthal, quien en el siglo XIX perfeccionó la aerodinámica de los planeadores.

 

Por el bien público vs el personal

Sostiene, sin embargo, que Santos Dumont fue "el verdadero padre de la aviación", realizando una contribución fundamental al sector con el Demoiselle, que acabó siendo el primer avión producido en serie en el mundo.

"Es prácticamente un avión, un ultraligero, que despega y aterriza solo", dice el aviador.

Santos Dumont pilotea un monoplano Demoiselle hacia el castillo de Wideville, Francia. Lo creó en 1909, y se convirtió en uno de los favoritos de los pilotos deportivos.

 

El brasileño publicó todas las especificaciones del avión para quien quisiera reproducirlo o mejorarlo, una especie de "aviación de código abierto", explica Sousa, tomando prestada la expresión utilizada actualmente en el mundo de la tecnología para un software cuyo código fuente es puesto a disposición por los desarrolladores.

La postura es diametralmente opuesta a la de los hermanos Wright, quienes después de esa estancia en Europa pasaron años enredados en disputas de patentes.

"Lo único que la aviación obtuvo de los hermanos Wright fueron órdenes judiciales de sus abogados", afirma Jackson.

Uno de los objetivos de estas demandas fue el pionero de la aviación Glenn Hammond Curtiss, quien formó parte de un grupo de investigación financiado por Alexander Graham Bell, la Asociación de Experimentos Aéreos, con el objetivo de desarrollar aviones y fue acusado de infringir una patente de Wright.

"Desde el principio odiaron a Curtiss porque los había precedido en un vuelo público en 1908", dice Marcia Cummings, familiar del aviador. El 4 de julio de ese año, Curtiss voló ante más de mil personas en Hammondsport, Nueva York, durante una competición.

Ella, Paul Jackson y el ingeniero aeronáutico Joe Bullmer tienen un blog en el que, entre otros temas, cuestionan una serie de puntos sobre el vuelo de los Wright del 17 de diciembre de 1903, destacando que los relatos de los pocos testigos presentes a menudo contradicen el de los propios hermanos.

Además, junto a otros familiares de pioneros de la aviación, Cummings se ha dedicado en los últimos años a recopilar documentos que prueban, según ella, que los hermanos trabajaron para borrar de la historia a importantes figuras de la aviación.

Amanda Wright Lane, pariente de los Wright y responsable del legado de sus tíos abuelos, desestima la acusación y afirma que no cree que Orville (Wilbur falleció en 1912) "perseguiría intencionalmente a alguien para hacerles daño".

"Pero sí defendía lo que él y Wilbur hicieron, y la verdad de lo que hicieron", añade.

 

La ciencia del reconocimiento

Toda esta discusión aún se limita a unos pocos círculos, básicamente fanáticos de la aviación.

Los niños estadounidenses siguen aprendiendo en la escuela la versión de la historia donde sólo los hermanos Wright son los protagonistas, una narrativa que se reproduce en varios otros países.

 
Hay un grupo de expertos que luchan para que se reconozca la que aseguran es la verdad.
 
 
Durante más de una década, personas como Marcia Cummings, Paul Jackson, Joe Bullmer y el historiador de la aviación John Brown, autor de un libro sobre Gustav Weisskopf, se han sumergido en fuentes primarias como fotografías, cartas y documentos con la esperanza de sacar a la luz lo que ellos consideran la verdad.

En opinión de Jackson, su trabajo es uno de los muchos que en las últimas décadas han arrojado luz sobre figuras poco apreciadas en la historia de la ciencia, que suele recompensar con reconocimiento a quienes están "en el lugar correcto en el momento correcto y saben cómo venderse a sí mismos".

"El crédito todavía se le da a la gente con nombres y abogados mejor pagados", opina.

"Si nos fijamos en la mayoría de los inventos de los siglos XX y XIX, normalmente se atribuyen a las personas equivocadas", argumenta el experto en aviación.

"[Guglielmo] Marconi no inventó la radio, [Alexander Graham] Bell no inventó el teléfono."

En el caso de Bell, el clamor tuvo efecto, e incluso el Congreso estadounidense reconoció, en 2002, que aunque Bell había patentado el teléfono, el dispositivo en realidad había sido inventado por Antonio Meucci: el estadounidense había robado las ideas del inventor italiano.

"Creo que se necesita un flujo constante de información y gente como yo y mis amigos que nos indique la dirección correcta", reflexiona, diciendo que espera "vivir lo suficiente" para ver a los pioneros de la aviación que han sido borrados de la historia recibir el debido reconocimiento por sus contribuciones.

 

El epílogo de Santos Dumont

 
A Santos Dumont le horrorizó que sus creaciones se usaran para matar.
 
 

En el caso de Santos Dumont, un detalle importante de su biografía permaneció desconocido para el gran público durante mucho tiempo, pero por otras razones.

Durante muchos años se creyó que había muerto de un "colapso cardíaco", como decía su certificado de defunción.

Fue recién en 1944 que se hizo público que el brasileño se suicidó en una habitación del Hotel de La Plage, en Guarujá, en el litoral de São Paulo, el 23 de julio de 1932.

El aviador no dejó ninguna nota explicando por qué decidió quitarse la vida.

Una hipótesis es que se deprimió tras ver su invento convertido en una máquina de matar en la Primera Guerra Mundial y posteriormente en Brasil durante la Revolución Constitucionalista de 1932, que se desarrollaba cuando viajó a la costa de São Paulo.

En un artículo, Henrique Lins de Barros cita el libro "Las luchas de Gloria y Martírio de Santos Dumont", que relata cómo, al enterarse del conflicto, Santos Dumont se desahogó por teléfono con su amigo, el profesor José de Oliveira Orlandi.

"¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Es que no hay manera de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos? ¿Por qué creé este invento que, en lugar de contribuir al amor entre los hombres, se convierte en un arma de guerra maldita? Me horrorizan estos aviones que sobrevuelan Santos constantemente", lamentó.

 

Fuente: Padre de la Aviación