sábado, 10 de diciembre de 2016

El Mejor Legado de un Padre


Haga a sus hijos un regalo del que podrán disfrutar toda la vida

Por Margery Rosen

“De chica, lo que menos deseaba era leer”, recuerda Suzanne Hurley, mujer de 27 años que trabaja en el departamento de personal de un banco. “Creía que resultaba aburrido leer; que era una pérdida de tiempo. Prefería hacer cualquier cosa a tomar un libro”.

Entonces llegó a la ciudad una organización llamada La Lectura Es Fundamental (LLEF. La LLEF es una red de programas regionales que dirigen varios voluntarios en todo Estados Unidos y cuyo propósito es ayudar a los chicos a descubrir el placer por la lectura.

La LLEF regala libros a los que participan en el programa. “En mi escuela ponían libros sobre las mesas y podíamos tomar el que nos gustara”, explica Suzanne. “Recuerdo que escogí Black Beauty (“Belleza Negra”), de Anna Sewell. Esta obra me encantó y me hizo aficionarme a la lectura”.

Anne Richarson, presidenta de LLEF y ex maestra de cuarto año de primaria, asegura que uno de los secretos más importantes para lograr que los niños se aficionen a la lectura es dejarles escoger lo que van a leer.

Muchos niños sienten por los libros la misma aversión que una vez experimentó Suzanne Hurley. Por eso, uno de los mejores regalos que pueden hacer los padres a sus hijos es ayudarles-desde la más tierna infancia hasta la adolescencia- a enamorarse de los libros con un amor perpetuo. He aquí algunos consejos importantes:

Hable con sus Hijos desde que son muy Pequeños. “Los padres que conversan con los niños les ayudan a formarse un vocabulario, y este es uno de los fundamentos de la lectura”, señala Sue Korn, especialista en aprendizaje. Mientras los viste, prepara la comida y compra los víveres, explíqueles lo que hace. Pero no emplee un lenguaje infantil; designe a las personas y a las cosas con su nombre correcto. Los niños aprenden con rapidez el significado de las palabras difíciles por el contexto en que se les presentan.

Léales en Voz Alta con Regularidad. “Esto es lo más importante que pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a leer”, recalca Sue. Y cuanto más chicos sean, tanto mejor. Se ha comprobado que el sonido sedante de la voz materna o paterna puede calmar a los bebés inquietos y entretener a los apacibles. Además, leer juntos propicia una cercanía muy especial.

Hágalos Participar. Pídales que describan las ilustraciones del libro que adivinen lo que va a ocurrir a continuación. Anime a los mayorcitos a leer algo a los más pequeños. Hágalos recitar sus poemas o rimas infantiles favoritas ante una grabadora. Escuchando su voz grabada los niños adquirirán confianza en sí mismos y desarrollarán más fácilmente su lenguaje.

Cuando sus hijos empiecen a reconocer las letras, déles revistas viejas para que las busquen y las recorten. Así reforzará su conocimiento del lenguaje.

Procure que sus Hijos lo Vean Leer. Como en todo lo demás, los niños imitan la conducta paterna: si ven que usted valora la lectura, ellos también lo harán.

“En el terreno de la lectura no caben las precipitaciones, añade la pedagoga Korn. “Los padres pueden hacer mucho para ayudar a sus chicos a aprender a leer, pero a veces resulta contraproducente presionarlos prematuramente. He visto a niños de cinco años llegar hastiados al jardín de niños. Lo que menos desean en esos momentos es leer. Y esto se debe a que sus padres, ansiosos, los presionaron en demasía y antes de tiempo”.

Cada niño aprende a leer en su momento: algunos aprenden desde los cuatro o cinco años; la mayoría a los siete.

A menudo ocurre que el niño lee con regularidad y entusiasmo hasta el cuarto año de primaria, poco más o menos; entonces, de repente y para sorpresa de sus padres, deja de tener tiempo de leer porque le gusta más la televisión.

Los educadores atribuyen a varios factores esta pérdida del interés por la lectura. Ruth Graves, directora general  de LLEF, explica: “Cuando los niños empiezan a usar libros de texto en la escuela primaria, la lectura ya no representa solamente un entretenimiento”. También puede deberse a que los padres los fuerzan en exceso para que obtengan buenas calificaciones, y los niños necesitan un respiro.

No le sorprenda que su hijo diga que aborrece la lectura porque le resulta tediosa o muy difícil. Quizá haya algo de cierto en esto. Pídale a su maestro que le practique algunas pruebas. Cuánto más pronto se identifique el problema, tanto menos tardará el chico en recibir ayuda correctiva.

Si, habiendo llegado su hijo a la adolescencia, usted se percata de que no ha logrado transmitirle el amor a la lectura, no se desaliente. “Siempre hay esperanzas”, asegura la pedagoga Gail Gumora, que trabaja con adolescentes y con sus padres. He aquí algunas sugerencias:

Acepte la Realidad.  Si el joven nunca ha sido un lector ávido, no espere que de la noche a la mañana se ponga a devorar las obras de Shakespeare. Ofrézcale libros cuyo tema le interese, o libros de juegos de palabras y acertijos que lo obliguen a pensar en el lenguaje. Si los audífonos con sonido estereofónico ya se han convertido en parte de su anatomía, cómprele un libro sobre música de rock y déselo sin manifestar mucho entusiasmo. “Vi esto y creí que tal vez te gustaría”, sugiere Gail. Si el tema le interesa, a lo mejor lee el libro… y a lo mejor lee otro.

Ponga el Ejemplo. Si usted enciende el televisor y lo tiene así durante la cena y hasta altas horas de la noche, dudo que pueda convencer al muchacho de que la lectura importa más que la televisión.
Tenga Bastante Material de Lectura en Casa. Las revistas y los periódicos desarrollan la capacidad de leer, y a veces despiertan la inquietud por leer obras más largas. Suscriba a su hijo a una revista que usted considere que será de su agrado. Dado el caso que se siga mostrando renuente, déjelo leer lo que quiera; no juzgue su decisión.

No Se Deje Dominar por el Pánico ni Ejerza Presión. Recuerde que es natural que todos los chicos, en especial los adolescentes, pasen por períodos en que no leen ni una línea.
Si sienta las bases del gusto por la lectura durante los años formativos de sus hijos y consigue que los libros formen parte de la vida familiar, les dejará un regalo perdurable.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CIII, Número 616, Año 52, Marzo de 1992, págs. 40-42,  Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

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