viernes, 7 de octubre de 2016

¡Todos a “La Laguna”, chicas!


Por Luis Felipe Angell (Sofocleto)

Las desgracias en el Perú terminarán cuando le ganemos al otro equipo.

Poderosa como un sindicato invisible, la Hermandad de los Guindones ve crecer sus efectivos de un día para otro y cuenta con tal número de locas en los registros que Lima parece un gigantesco manicomio donde ya no se puede echar piropos a nadie sin correr el riesgo de irse en caldo*, porque la gringuita que se nos descuelga en la esquina resulta ser Otto Fugentriken, químico recibido, y la morenaza que nos entusiasma por sus caídas de ojos es un zambo relleno de algodones, a quien no queda otro recurso que regarlo con una lluvia de patadas:

-¡Sal de aquí, mariposón!
-¡Cobarde,  por qué no se mete con un hombre, so pedazo de bestiucha!

Los hay blancos, negros, grandes, chicos, gordos, flacos, ricos, pobres. En los salones y en las barriadas, en las instituciones y sociedades, de todos los partidos, los credos y las razas. Hasta los japoneses, que siempre fueron tan serios y dedicados a María, tienen también su representante café con leche en la persona de Kadera Loca que de día trabaja como honrado peluquero miraflorino y de noche es la geisha de medio pelo que se pasea por Surquillo peinada con raya al medio y cantando bajito el bolero “Tú me acostumbraste”. Como los hongos, aparecen de noche y llenan los parques en pequeños grupos que intercambian confidencias, refuerzan esperanzas, rajan de las amigas y hacen proyectos para el futuro, suspirando como Julietas huachafas* mientras se acomodan la faja o se desmayan al paso de un ratón. Algunas son de lo más de lo más sensibles:

-¿Y por qué no te gusta Jimmy?
-Porque últimamente se ha vuelto muy ahombrado.

El zambo con peluca parece como si tuviera un felpudo en el cerebro, pero se pasea muy orondo junto al cholo engominado que luce la cadera estrecha en uno de esos pantalones al cuete* que es necesario ponerse con calzador. Cuando yo era chico, el firulete* era una rara avis a quien señalábamos en la calle, diciendo con el entusiasmo que despiertan los espectáculos inusitados: ”Ese es”. Ahora en cambio, es todo  lo contrario porque a los hombres hay que diferenciarlos aclarando que “ese no es”. Dicen que esto es el progreso. Y debe ser porque en la Avenida Progreso tiene su local el club “Vive como Quieras” que en forma tan brillante ha iniciado este año las fiestas de Carnaval, organizando en “La Laguna” un estupendo baile de promoción, respaldado por la policía y en un ambiente que ha merecido la atención de todos los diarios capitalinos.

-¡Ay, hijas, pero qué regio les queda estar delgadas…!
-Sí, es que estamos a dieta y nos favorece el régimen.*

A la once de la noche comenzaron a llegar las parejas invitadas, despertando la curiosidad del vecindario barranquino el hecho de que casi todas las damas concurrentes tenían músculos y pelos por todo el  cuerpo; amén de que algunas estaban  sin afeitar y otras hablaban con una voz de barítono que desconcertaba. Las primeras en hacer su aparición fueron dos gatitas, una tigresa, tres bailarinas orientales, una princesa, un conejito, un  osito, siete bikinis y una tapada, que se abrieron paso entre el público lanzando coquetonamente pica y pica y serpentinas, y recibiendo a cambio una andanada de piedras como consecuencia de la cual tuvo la tapada que cambiarse la manta de sitio porque un cascotazo le había hinchado el único ojo disponible. Entusiasmada por el juego, la gente metió a las dos gatitas en el agua y desnudó a una bikini que resultó ser el ingeniero agrónomo Camilo de la Poltrona, según se identificó a la policía cuando ésta le pidió sus papeles. Mientras tanto, el alcalde barranquino estaba prendido de un teléfono público llamando al Director de Gobierno, al Prefecto de Lima, al Comisario de Barranco y a la Carabina de Ambrosio*  para que suspendieran la fiesta. El Comisario se negó a intervenir, alegando que estaba resfriado. La discusión crecía:

-¿Y a usted como le consta que esta dama es hombre?
-Porque esta dama es el contador de mi oficina y se llama Teodoro.

Al señor Alcalde  le subió la presión a cuarenta, las palpitaciones a ciento ochenta, el pulso a doscientos y el dólar a veintisiete, pero todo fue inútil y la fiesta siguió adelante entre un mar de chisguetes, serpentinas, fotografías y mambos, con diálogos que por acción del eco llegaban hasta la multitud:

-¿Bailamos, señora?
-Señorita, si me hace el favor…

A la una de la madrugada eligieron reina, saliendo elegida Camucha I, que en la vida real es boticario de Magdalena y tesorero (porque cuida los tesoritos) del Comité de Damas y Señoritas Lima N° 1, en cuyo nombre se había solicitado el local para la fiesta. Lloró de emoción y fue necesario hacerla respirar una gaseosa para que volviera. Mientras tanto, al señor Alcalde lo tenían amarrado entre ocho para que no entrara con su garrote a matar libélulas y el público hacía los más diversos comentarios:

-Barranco se ha desbarrancado…
-¿Qué dirá el elefante del zoo que apenas ve estos espectáculos?

Eran las cuatro de la mañana y adentro las parejas hacían cadenita con el huayno que dice: “Todas las noches me tienes como pato en la laguna” cuando la policía disolvió el jolgorio por orden del Prefecto. Algunas se privaron, otras salieron corriendo, tres o cuatro cayeron al agua. La orquesta Villanueva se convirtió en Villadiego* y los jóvenes barranquinos que estaban afuera repartieron entre las damas diversos puñetes de pronóstico reservado. Total, una porquería sin nombre que las autoridades tienen la obligación de poner en claro. Si el comisario de Barranco es culpable, debe ser dado de baja porque su actitud lo descalifica para llevar el uniforme cuyo honor es su divisa*. Según he sabido no es la primera vez que se realizan tales fiestas y esto hace más urgente una represión enérgica. En nombre de quienes tienen hijos y quieren para ellos un camino limpio en la vida exigimos que se castigue a los que han intervenido en esta  inmundicia. Al organizador, quien alega que estas fiestas se han hecho en Río y que aparece en la revista “Cruzeiro” podemos preguntarle qué le parecería si lo hacen fusilar, porque estas cosas las hacen en Cuba y aparece en la revista “Bohemia”.
¡Zamarro! ¡Zamarro!* ¡Con la falta de hombres que sufrimos en este país!
 

Fuente:
Luis Felipe Angell, Sofocleto en Dos Columnas, Primera Edición, Ediciones Myself, Lima, Perú, 1960, pp. 13-16

Las cursivas son del autor.
 

Notas. - Agrego esto para que se entienda mejor el texto.

*Irse en caldo: perder la paciencia. Se entendería como llevarse un chasco y por ello encolerizarse.
*Huachafas: cursis
*Al cuete: Pantalones apretados o ajustados. Pitillo.
*Firulete: Adorno superfluo y de mal gusto.
*Podría comprenderse como un chiste en doble sentido para referirse a la dieta y al gobierno.
*De la frase Ser una cosa la Carabina de Ambrosio: No servir para nada.
*De la frase Coger o tomar las de Villadiego: huir de un riesgo o compromiso.
*Lema de la policía peruana.
*Zamarro/a: Adjetivo Perú. Referido a persona, que no tiene vergüenza ni honestidad y sólo busca su propio beneficio. Diccionario de Americanismos ASALE

Las notas son mías.



Hermosura no es Ventura

¿Será cierto que «la suerte de la fea la bonita la desea»,  y que «el hombre y el oso mientras más feo más hermoso»?

Por James F. Bender.
Director de National Institute For Human Relations


¿Vive usted descontento de su figura y desearía poder cambiarla por la de alguna persona bien parecida a la que admira? De ser así, deje de compadecerse a sí mismo, y compadezca en cambio a los que envidia por sus atractivos físicos. Son esas personas, y precisamente por ser hermosas, las que están más expuestas a que las maltrate la vida.

No ha de negarse que una buena presencia da momentáneas ventajas a quien la posee: abre muchas puertas, conquista muchas admiraciones. Más por lo mismo que allana el camino en los años juveniles, suele reducir el incentivo de cultivar las propias aptitudes. De ellos resultan frecuentemente individuos de personalidad endeble o poco simpática, hombres y mujeres que cuentan con menos reservas espirituales que los sostengan en las pruebas a que nos someta la vida.

Las personas «favorecidas» por la naturaleza con atractivos físicos son por regla general las que menos adelantan en sus estudios. Dos catedráticos de la Universidad de California clasificaron a 600 alumnas, primero en cuanto a la belleza; en seguida por su aprovechamiento como estudiantes. El grado de aprovechamiento de las bonitas fue inferior en 14 puntos al de las «feas». Los catedráticos llegaron a la conclusión de que «las beldades son más propensas a dejarse distraer por la vida social», gastan tanto tiempo en fiestas y visiteos*, que nunca llegan a adquirir verdaderos hábitos de estudio. Las jóvenes que no brillan por su belleza, y los jóvenes de figura desgarbada*, tratan generalmente de compensar la falta de atractivos naturales cultivando sus prendas* de carácter o su inteligencia

No hace mucho tuve mis propios dolores de cabeza con beldades engreídas e indolentes. Un matrimonio de Filadelfia acudió a mí para que viese si había manera de lograr que su hija -hermosísima rubia de tipo nórdico- «le cobrase afición a algo». La joven había fracasado en dos colegios. No tardé en advertir que estaba muy pagada de sí misma* y falta de estímulo para todo. Pasaba horas lánguidamente entregada a la compostura* de su persona, y se enfurecía si trataban de sacarla de su ensimismamiento.

Esta joven es hoy egoísta, desarreglada y ofrece muy pocas probabilidades de dicha al hombre que la tome por esposa.

Recientemente conté entre mis casos el de dos hermanas. En las pruebas demostraron tener igual cociente de inteligencia. Sin embargo, una de ellas, que adolece de cierto defecto físico bastante notorio es más ingeniosa, agradable, asentada* y parece más inteligente que la otra. Hay en ella una brillantez de la que su hermana carece en absoluto.

Es significativo que las grandes actrices hayan sido, casi sin excepciones, mujeres a quienes la naturaleza no concedió el don de la hermosura. Algunas consiguieron crear en el público la ilusión de que eran hermosas. 

Más acaso ni una sola de ellas figuró en su adolescencia entre las beldades. Todas compensaron con su talento su poco o ninguna belleza.

Los padres se inclinan a enorgullecerse de sus hijos mejor parecidos y a mostrarse demasiado solícitos* con ellos.  Debieran entender que a la buena suerte de haber tenido niños hermosos  se añade la obligación de cuidar de que crezcan en un ambiente normal, propicio a la formación del carácter y contrario a la tentación de atenerse principalmente a sus buenas prendas* físicas.

He aquí algunas indicaciones concretas de las que convendrías tomasen nota los padres de hijos excepcionalmente agraciados:

Procuren darles a entender que conceden escasa importancia a la sola belleza física. Es cosa adjetiva, que la naturaleza otorga a unos y niega a otros. Enderecen las ambiciones del niño a metas y empeños en que la buena presencia cuente por poco.

Al niño o a la niña bien parecidos hay que exigirles que saquen en la escuela mejores calificaciones que las que se exigirían de no mediar tal circunstancia.

Hay que tratar de colocarlos en situaciones que los obliguen a desarrollar en alto grado la confianza en sí mismos y la iniciativa.

Debe acostumbrárseles a vestir con sencillez, y combatir en ellos toda propensión a conceder demasiada importancia al traje.

Veamos algunas ventajas delas personas faltas de belleza  o cuyo físico es común y corriente:
Cuentan con mayores probabilidades de éxito en sus empleos. Por ser comúnmente propensos a la egolatría e inclinados a juzgar se acreedores a más de lo que merecen, los jóvenes (que son) buenos mozos resisten menos las asperezas que hallan al principiar a ganarse la vida.

Tienen mayores posibilidades de felicidad matrimonial. Benjamín Franklin aconsejó a un joven que al casarse eligiese una fea, porque una mujer así dedicaría más tiempo a tratar de ser buena esposa. Las probabilidades de formar un hogar bien avenido y dichoso son 25 por ciento menos para la mujer que nació bonita que para la de tipo común y corriente.

El atractivo principal, lo que hace duradero el afecto de un matrimonio, es la voluntad de dar, el deseo de agradar. Y la mujer o el hombre bien parecidos se han visto admirados y obsequiados por tanto tiempo, que poca ocasión tuvieron de cultivar esas cualidades.

A las personas notoriamente hermosas se les dificultan las diarias relaciones con los demás. La presencia de una beldad suele desconcertar a los hombres; y a las mujeres no les entusiasma la compañía de la que, al atraer todas las miradas, acaso las eclipse a ellas. En cuanto al buen mozo, los demás hombres lo calificarán de «barbilindo»*, «Tenorio» o «Adonis» y les será por regla general poco simpático a aquellos con quienes sus ocupaciones lo relacionan.

La persona de físico común y corriente suele tener una ancianidad más atractiva. Sócrates llamó a la belleza corporal «una efímera tiranía»*. La beldad que empieza a perder los encantos a que debió ese dominio tiende a volverse desagradable en la vejez. Le es duro conformarse con la realidad que traen los años, y no hay en su espíritu recursos para superarla.

Una alta empleada de una importante asociación femenina me hablaba de la sorpresa que experimentó al asistir a una reunión de las que habían sido sus condiscípulas hacía 40 años. «Las jóvenes a quienes envidié por bonitas –me dijo- eran ahora unas viejas gruñonas y fastidiosas. En cambio, otras cuya figura me inspiró cierta compasión entonces, me parecían las más interesantes, despiertas y simpáticas».

Las contingencias a que se halla expuesta la persona que nació agraciada no existen para la que supo hacerse atractiva. Conozco una señora de 35 años que goza fama de ser una de las personas más hechiceras* de su ciudad. En los retratos sus tiempos de colegiala parece desgarbada e insignificante. Si hoy todos la hallan encantadora, se debe a que es una mujer de buen corazón, generosa, inteligente, y que ha sabido desarrollar un gusto exquisito para ataviarse en forma impresionante a la par que atractiva.

La única belleza digna de ser ambicionada es, en definitiva, la que proviene de la llama interior alimentada por una combinación de la fortaleza de carácter y la actitud generosa ante la vida. Quien lleve en sí tal llama, no la verá palidecer con los años. La belleza juvenil se desvanece. Y antes de desvanecerse puede engendrar en nosotros dañinas ilusiones. Encender en nuestro pecho la noble llama nos prestará la mejor «hermosura»: aquella que no depende de nuestra edad ni de nuestro físico.
 

Condensado de « The American Magazine»

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo XX, N° 121, Diciembre 1950, pp. 45-47, Selecciones del Reader’Digest S.A, Habana, Cuba


Notas
*Visiteos: acción de hacer o recibir muchas visitas.
*Desgarbada: Falta de garbo, atractivo, gallardía.
*Prendas: cualidades
*Pagada: ufana, orgullosa, engreída
*Compostura: Arreglo del aspecto de una persona o cosa.
*Asentada: sentada, juiciosa, sesuda, inteligente. Sensata, prudente.
*Solícito: Diligente, cuidadoso, atento.
*Barbilindo: Joven bello y bien parecido.
* O «dictadura de corta duración».
*Hechicera: cautivante, fascinante, seductora.

Las notas son mías

Comentario Personal: 
Parece mentira que después de tantos años que se publicó esto exista el hecho que la gente siga cometiendo la misma clase de errores en la educación de sus hijos sean o no bonitos. Los vuelven groseros, malagradecidos, cretinos, vanidosos, ignorantes, racistas discriminadores y chismosos.

Muchas personas que son atractivas con los años no mejoran su personalidad ni educación personal y se conforman en seguir en la gris mediocridad.

Para remate hay hasta prejuicios contra la gente que es atractiva y preparada en su trabajo. Se descalifica a los que cuidan su apariencia y entrenan. Ojo, no hablo de exagerados con su arreglo personal ni vigoréxicos.

Se da el caso de hombres que tienen fobia a las mujeres hermosas.

Ni hablar de los comentarios negativos contra los que son solteros... 

Muchos individuos que son feos y/o desgarbados no tratan ni se esfuerzan en compensar sus carencias físicas ni en desarrollar su personalidad sino que tienen pésimo carácter, son maleducados y terriblemente antipáticos.

Hay de todo como en botica o en la Viña del Señor.

Un mundo de locos.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Es tu cerebro masculino o femenino?

Por BBC Wonder

Hay quienes te dirían que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus

Aunque los comportamientos típicos femeninos y masculinos efectivamente se reproducen en nuestra vida cotidiana, numerosos estudios han demostrado ningún género tiene una mejor aptitud para una u otra tarea cognitiva.

Entonces, ¿será que las diferencias entre hombres y mujeres nacen con nosotros, derivadas de la cognición de nuestro cerebro, o son comportamientos aprendidos?

¿Qué hay en un cerebro?

Si bien es cierto que las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres son mínimas, hay diferencias en la forma en que responden a la enfermedad y el tratamiento.
  • Derrames
Los hombres son menos propensos a tener derrames fatales.

Los derrames afectan a las mujeres con más severidad que a los hombres, particularmente después de la menopausia.

Las células cerebrales de las mujeres mueren más rápido tras un derrame debido a los cambios hormonales.
  • La enfermedad de Alzheimer
Las mujeres de 60 años y más tienen el doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que los hombres.

La investigación sobre las diferencias en el cerebro entre los géneros podría cambiar la forma en que tratamos las enfermedades de Huntington, de Alzheimer y trastornos psiquiátricos como el bipolar.

  • El dolor
Los hombres y las mujeres experimentan dolor de manera diferente.

Las mujeres experimentan más dolor durante sus vidas, al sufrir por ejemplo 40% más dolor por osteoporosis que los hombres.

Eso puede alterar la manera en la que tratamos el dolor.
  • Heridas en la cabeza
Las mujeres se recuperan de lesiones en la cabeza más rápido debido a los altos niveles de progesterona.

Un estudio con ratas de 2010 mostró que la hormona menstrual progesterona mejoraba las posibilidades de supervivencia. 

¿El Tamaño Importa? 

Un estudio de 2014 de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, confirmó que el cerebro promedio de los hombres es 10% más grande que el de las mujeres. 

Pero más grande no significa necesariamente mejor

Es sorpresivamente difícil vincular las diferencias en el comportamiento con la anatomía", le dice a la BBC la anatomista Alice Roberts, mientras observa una bandeja con cerebros humanos. 

"Hay mucho debate sobre los cerebros de ambos géneros pero hay una cosa en la que todo el mundo está de acuerdo: los cerebros de los hombres tienden a ser más grandes que los de las mujeres".

No obstante, señala, no podemos olvidar que hay una enorme variedad entre los cerebros de ambos géneros, de manera que no es raro encontrar femeninos grandes y masculinos pequeños.

Y, a pesar de esa diferencia de 10% en promedio, los científicos no han encontrado ninguna diferencia en los niveles de inteligencia.

En pruebas de coeficiente intelectual, los hombres y las mujeres obtienen más o menos las mismas calificaciones.

"Además de las diferencias de tamaño, se ha dicho que hay diferencias en las estructuras en el interior del cerebro", explica Roberts. 

"Una de ellas es la conexión entre el sistema y las hormonas, la parte del cerebro que se comunica con los testículos y los ovarios. Pero eso no se ha podido demostrar".

"Otra área que algunos sospechan puede ser distinta es el hipocampo, que está vinculado a la memoria. Tiende a ser más grande en los cerebros de las mujeres. Pero en las pruebas de memoria, tampoco se ha encontrado ningún vínculo... ninguna diferencia".

"Así que aunque podemos ver algunas diferencias en la estructura, eso no se traduce necesariamente en diferencias obvias en el comportamiento", concluye la anatomista.

Por Vìas Diferentes 

Entonces, ¿cuál es la causa de las diferencias entre el cerebro promedio de los hombres y mujeres?

Un equipo de científicos en Filadelfia (EE.UU.), dirigidos por el Dr. Verma Ragini, mapeó las conexiones neurológicas en el cerebro de los hombres y las mujeres. 

Encontraron diferencias de género en los patrones de conexión o "vías" entre los dos hemisferios del cerebro.

Las mujeres muestran vías más fuertes entre los hemisferios derecho e izquierdo de sus cerebros.
Las vías en los hombres conectan el frente y la parte posterior del cerebro. 

El equipo observó que esta divergencia no existe en los niños, sólo se desarrolla en la adolescencia.

¿Naturaleza o Crianza? 

Puede ser tentador pensar que los cerebros de los dos sexos están "integrados" de diferentes maneras.
Pero el cerebro es muy plástico, y se desarrolla en respuesta a cómo se usa.

Es por ello que cualquier diferencia en las conexiones podría surgir debido a factores sociales y culturales, incluidos los estereotipos de género.

Es probable que los niños y los hombres puedan desarrollar mejores habilidades espaciales, ya que siempre se les ha animado a hacer deporte. 

Las mujeres pueden ser mejores para ponerse en el lugar de otros y ayudar, porque eso es lo que la sociedad espera de ellas. 

A pesar de que es fascinante poder trazar la arquitectura del cerebro vivo, la verdad es que las diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos son muy pocas y pequeñas.


Fuente:


jueves, 21 de julio de 2016

Sí es posible vencer la depresión

¿Se siente a la altura del suelo?
Levante el ánimo y entérese:

Sí es posible vencer la depresión

Por William Thomas Buckley

La Depresión Psíquica –cuyos síntomas pueden variar desde insomnio, fatiga y falta de concentración hasta parálisis emocional y pensamientos suicidas- siempre se ha considerado una enfermedad de los años medios o finales de la vida humana; pero los médicos están informando ahora que entre la gente joven ha aumentado en forma considerable y sorprendente el número de casos.

¿Por qué está presentándose la depresión psíquica a edad más temprana y con mayor frecuencia? Nadie conoce la causa exacta, pero el doctor Robert Hirschfeld, jefe de investigación de Trastornos del Estado de Ánimo, Angustia y Personalidad del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos señala los extraordinarios cambios sociales que han ocurrido en los últimos 20 años. Entre estos figuran la modificación de los papeles sociales del hombre y de la mujer, la incorporación masiva de la mujer a la fuerza de trabajo y la aceleración d la movilidad en el ámbito geográfico, que separa a las personas del apoyo de sus familiares y amigos.

Los expertos advierten que la “depresión clínica”, que puede ser muy grave, requiere de la atención de un médico o psicólogo especializados en el tratamiento de este trastorno. Si su estado de ánimo deprimido persiste alternadamente un día sí y un día no, semana tras semana, o si empeora hasta convertirse en negro desánimo, debe usted acudir a ver a su médico.

Pero también es posible que se ayude a sí mismo. He aquí cinco enfoques, recomendados por reconocidos especialistas en la  materia:

1. Haga algo constructivo. La depresión se nutre de la inercia, y la acción es su enemigo natural, asevera el psiquiatra David Burns, del Centro Médico Presbiteriano de Filadelfia. Cuanto menos haga usted, menos deseará hacer. Para combatir la inercia –aconseja este experto-, escriba un plan de acción diario: desde que se levante hasta que apague la luz para dormir. Incluya en su lista de acción todo lo que piense hacer, hasta la ducha y las comidas, porque si de veras se siente profundamente deprimido, incluso las pequeñas tareas pueden parecerle enormes. Divida la actividades complejas en pequeños pasos; así le parecerán más factibles.

Si aún la elaboración del plan le resulta un proyecto imposible, siga el consejo del doctor Burns, en el sentido que la acción, a menudo, debe preceder a la motivación, lo cual significa que no debe usted esperar a tener ganas de empezar a actuar, pues mientras la persona esté deprimida, quizá nunca se decida a actuar. En vez de esperar a tener ganas de hacer algo, conviene “cebar la bomba” dando un pequeño paso para empezar a actuar.

2. Ayude a alguien. El altruismo está ganando rápida aceptación entre los médicos como un magnífico método para ayudarse a sí mismo a mejorar la salud mental. El trabajo voluntario, el servicio a la comunidad, o un gesto de buen vecino, como hacer las compras para un anciano recluido en casa, pueden ejercer en el ánimo efecto terapéutico.

“Así se da uno cuenta de que tiene compasión y entiende a los demás”, afirma    la reverenda Florence Pett, quien, como ministra de la Iglesia Colegiada Marble, de la ciudad de Nueva York, trabaja con voluntarios. “Se dice uno: Puedo hacer algo; no soy inútil. Además, como aislarse del trato con la gente es una causa importante de depresión, el contacto humano se convierte en elemento curativo.

3. Programe su alegría. Muchas personas deprimidas se privan de los pasatiempos que más les gustan, lo cual empeora su situación. Para enderezar la vida, incluya en su agenda de cada día actividades placenteras. Haga vida social; sobre todo acuda a reuniones con amigos; proyecte actividades que le den la sensación de ser competente, como dominar una nueva habilidad; programe también eventos placenteros, tales como salir a cenar a un restaurante o ir a ver una película.
También trate de sonreír. Muchas investigaciones demuestran que la conducta da forma a nuestras emociones, explica el psicólogo James Laird, de la Universidad Clark, en Massachussets. Si se siente usted triste, no adopte una postura desgarbada; siéntese erguido; no arrastre los pies al andar; camine con garbo; y no frunza el entrecejo; sonría. Aun el mero intento de tener un porte dinámico puede subirle el ánimo. “Las acciones que acompañan a sentirse feliz –las expresiones faciales, las posturas, los movimientos corporales- pueden hacer que se sienta usted feliz”, explica Laird.

4. Haga ejercicio con regularidad. Sharon, casada, y madre de dos hijos, corre regularmente para combatir la depresión. “Si corro, empiezo a sentirme bien, aunque sea por la única razón de que estoy logrando algo”, asegura. “Por más desanimada que me sienta antes de correr, después me siento mejor”.
Los científicos piensan que el ejercicio aeróbico –actividades como la marcha a paso vivo, correr, nadar y montar en bicicleta- quizá induzca mayor confianza en uno mismo, mejore la sensación de bienestar y sea vigorizante. Por otra parte, en la medida en que nos ayudan relajarnos, estas actividades pueden disminuir la tensión y la angustia que coadyuvan la depresión.

5. Ilumine el día. Ángela, escritora de éxito, siempre había procurado vivir en lugares bien iluminados, hasta que en un invierno tuvo que trabajar en un sitio con poca luz. Se sentía letárgica y no podía terminar un libro que se había propuesto escribir. Ángela sufría de “trastorno afectivo estacional”, una depresión por sensibilidad a la falta de luz en que las bajas repentinas en el estado de ánimo coinciden con los meses de oscuridad del invierno.

Las investigaciones han demostrado que la exposición a la luz –solar o artificial- puede contribuir a superar la depresión estacional, que afecta a un número relativamente pequeño de personas. Especialistas como el psiquiatra Norman Rosenthal, del Instituto Nacional de Salud Mental, han demostrado que pueden ayudar dispositivos luminosos especiales, pero que estos no deben usarse sin la supervisión de un médico. Usted puede aumentar la luminosidad de su hogar creando un ambiente interior más alegre. Y al elegir una actividad diurna, como caminar o correr, puede aprovechar la luz natural.

Antes de embarcarse en la autoterapia por lo que sospecha usted es una leve depresión, acuda a que le hagan un reconocimiento general para cerciorarse de que goza usted de buena salud. A continuación, fíjese una meta de dos semanas. Si para entonces todavía no se siente bien, o se siente peor, o si en cualquier momento tiene pensamientos suicidas, hable con su médico. Y no eche en saco roto este sabio consejo del doctor David Burns: “La decisión de ayudarse a sí mismo es la clave para sentirse mejor”.

Fuente:

Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo C, Número 596, Julio de 1990, Reader’s Digest Latinoamérica, págs 109-111


Nota: Hay información más reciente sobre la depresión que está disponible pero me pareció interesante este artículo y por eso quise compartirlo en el blog.


En la Hora más Oscura


Por Robert O’Brien
 
Parecía como si todos los males se hubieran dado cita para llegar al mismo tiempo. Una reducción de gastos en el diario en que trabajaba me dejó cesante en momentos en que mi familia necesitaba más de mi ayuda. Andaba yo buscando empleo inútilmente cuando el padre de Mary cayó enfermo de gravedad. Tendría ella que permanecer a su lado por tiempo indefinido, consagrada a cuidarlo. Semanas antes nos sonreía la vida; habíamos estado haciendo planes para nuestra boda. ¿Ahora? Ahora nos hallábamos frente al desastre.
Invierno en la tierra… y también en nuestros corazones.
Multitud de veces me había tocado enterarme de los infortunios ajenos. En mi calidad de reportero debía tomar nota de casos como la pérdida del empleo, la enfermedad repentina, el accidente grave, que dejaban atribulada a una familia hasta entonces dichosa. Mi oficio era escribir acerca de esos casos… impersonalmente. Pero este caso me hería en lo más vivo:el atribulado era yo mismo.
Al final de una tarde plomiza y desapacible, bien abrigado con un grueso jersey, salí de casa y llamé a Mary por teléfono desde la botica de la esquina.
-Salgamos a dar una vuelta y a respirar al aire libre-le dije.
-Vayamos a la playa-propuso Mary-. No sé por qué siento deseos de ver el mar.
Al poco rato se hundían nuestras pisadas en la arena de la playa envuelta en las últimas claridades del atardecer. Las olas claras y frías se estrellaban en la orilla con tumultuoso hervor. Detrás de ellas iba extendiéndose la bruma.
Sentados en un madero que el oleaje había dejado en seco, empezamos a hablar. A nuestra espalda, más allá del alto malecón, se veía el paseo por el que no transitaba un alma. Estábamos solos en el mundo… solos con nuestras penas.
-Todo tiene arreglo en esta vida -me dijo Mary tomando mi mano entre las suyas-. Podemos trabajar y esperar hasta que cambie la suerte.
Trataba de mostrarse valerosa y confiada. Sacudí tristemente la cabeza, consciente de que debíamos arrostrar la realidad, y le dije:
-Las cosas no siempre se resuelven a la medida de nuestros deseos. Cuando la vida se revuelve contra uno, no hay modo de cambiar su curso. He visto fracasar a muchos. Nosotros no somos distintos. La vida no hace excepciones con nadie.
Me quedé mirándola. Tenía la vista perdida en la arena y el semblante velado de tristeza.
-Mary –seguí diciéndole- estamos en un callejón sin salida. Empeñarnos en seguir como vamos será hundirnos juntos. Tu padre no puede valerse sin ti. Yo no tengo con qué mantenerte. Tú tienes que quedarte y yo debo irme. Sí, debo marcharme a buscar trabajo donde lo haya. Tal vez será mejor que trates de olvidarme.
Ella calló. En realidad, nada había que decir.
En la helada brisa nocturna flotó la voz lamentosa de una sirena de nieblas. El frío era cada vez más intenso. Mary empezó a tiritar. Nos levantamos y echamos a andar por la playa desierta, oprimidos de silencio y pesadumbre los corazones.
-¡Mira!
Miré hacia donde señalaba Mary. Al principio vi solamente la perezosa sucesión de las olas. Luego distinguí algo. Parecía un madero, juguete del mar. Sin embargo, Mary y yo sentimos que no era eso. Echamos a correr. El agua nos penetraba de su frialdad al arremolinársenos en las rodillas, en la cintura. Al fin llegamos. Era una mujer. Estaba completamente vestida. La agarramos cada uno por un brazo.
-¡Déjenme!-dijo tratando de soltarse- ¿Déjenme!
Forcejeamos con ella  en medio de la oscuridad y la niebla, entorpecidos nuestros movimientos por el oleaje y lo empapada que teníamos la ropa. Logramos al cabo ganar un sitio donde el agua era poco profunda. Entonces se desmadejó la mujer y quedó hincada de rodillas.
Era bien parecida y no representaba arriba de 25 años. El bolso de mano flotaba cerca de ella, sujeto al brazo por la larga correa del asa.
La mujer levantó la cabeza y nos miró. Tenía hundidos y apagados los ojos, sin color las mejillas. Un temblor le agitaba los hombros endebles. Las olas rompían en torno nuestro y trataban de arrastrarnos; la arena nos restregaba los tobillos.
Medio en vilo, medio arrastrándonos, sacamos a la mujer a la playa. A pocos metros de la orilla se nos escurrió de entre las manos. Arrodillándonos de espaldas al viento, le frotamos enérgicamente las piernas y los brazos. Empezó a respirar lenta y entrecortadamente.
-Voy a pedir auxilio-dije.
-Corre-contestó Mary.
A un kilómetro del malecón había un merendero. El viejo de blanco delantal que estaba ocupado en hacer café me miró de hito en hito. Debía de ser curiosa mi facha con la ropa chorreando agua. Fui al teléfono y llamé a la policía. Cuando iba marcharme se me acercó el viejo.
-Aquí tiene-dijo entregándome una jarra de humeante café y unos vasos de papel. Rehusó con un ademán el pago.
Tropezando aquí y allá en la arenosa playa envuelta en la oscuridad corrí hacia Mary. Quería hallarme a su lado cuanto antes, en el caso que la mujer falleciese.
-Aún tiene pulso-dijo Mary.
-Ya viene la policía.
Viendo que la mujer era incapaz de tomar ni un sorbo de café, seguimos friccionándole piernas y brazos. Nos pareció que era lo único que podíamos hacer por ella. En la sombra nocturna resonaba distante, lento y avasallador el ritmo del mar.
A poco rasgó la niebla el haz de un reflector que desde el malecón recorría la playa. Apenas nos enfocó permaneció fijo en nosotros. Llegaron corriendo dos policías.
Uno de ellos examinó el contenido del bolso de mano. Un billete de 20 dólares. Un pase de automovilista. A la luz de la linterna leyó: «Judith Snow, edad 28 años».
La mujer estaba ahora completamente inmóvil. Era imposible notar si respiraba o no.
-Creo que ha muerto-me dijo uno de los policías.
-No. Todavía se le siente el pulso-dijo Mary.
Rasgó el aire la sirena de una ambulancia. Surgieron de la niebla dos camilleros que corrían hacia nosotros. Rápida y suavemente colocaron a la mujer en la camilla. Vimos dibujarse sobre nuestras cabezas varios rostros a los que servía de fondo el telón de la niebla. Allá arriba, en el borde del malecón, un grupo de gente miraba hacia la playa como miran al redondel los espectadores de un circo.
Triste era la procesión que formábamos al subir por la rampa del malecón los camilleros, los policías, Mary y yo. Al salir de la rampa nos envolvió en fugaz y cegadora claridad el fogonazo de la bombilla de un fotógrafo de periódico que estaba acechando nuestra llegada. Los camilleros deslizaron cuidadosamente a la mujer en el interior de la ambulancia, que acto seguido se alejó a toda velocidad.
Mary y yo tomamos asiento en el auto patrullero de la policía. Uno de los agente apuntó nuestros nombres y direcciones. Le contamos lo que había dicho Judith Snow y cómo habíamos tratado de salvarla. El agente se nos quedó mirando desde la penumbra del fondo del coche. Era joven, y su rostro cobró una expresión preocupada cuando nos dijo:
-Si tardan ustedes unos minutos más, habría muerto sin remedio. ¿Qué tal se siente uno al saber que ha salvado una vida?
Mary me estrechó la mano y no dijo nada. Yo tampoco hallé nada que decir.
Esa misma noche, a hora bastante avanzada telefoneamos al hospital. En mis andanzas nocturnas de reportero había hecho muchas llamadas parecidas; pero esta vez no se trataba de una llamada de rutina.
-¿Quién habla?-preguntó con sequedad la enfermera.
Le di nuestros nombres y agregué:
-Somos los que salvamos a la señorita Snow en la playa del malecón.
El tono de la enfermera se hizo cordial al decirme:
-La señorita Snow no se ha repuesto aún de su estado de postración nerviosa, pero hay en ella voluntad de vivir… y vivirá.
Al otro día por la tarde recibimos una carta por correo expreso. Venía dirigida a Mary y a mí.La letra era clara y firme.
«Me sentía completamente sola en el mundo, y lo veía todo negro, y me dio miedo -decía la carta-. Ignoro por qué Dios se apiadó de mí. Él me hizo ver anoche que no estaba tan sola ni tan abandonada. Para mí será siempre un milagro de Dios que ustedes acertaran a estar por esos lados… dos personas extrañas, y sin embargo, dos amigos.
«Nunca volveré a sentirme sola en el mundo. Ahora sé que Dios ilumina con su presencia el lugar más oscuro y más solitario de la Tierra. Les estoy muy agradecida a ustedes y doy gracias a Dios, que por mediación de ustedes me ha dado una nueva vida y un mundo nuevo. Judith Snow».
Mientras Mary y yo leíamos la carta cruzaban por mi imaginación el viejo del merendero con su espontánea caridad; el joven policía con su cariñosa preocupación; los camilleros con su diligente solicitud; la enfermera con su voz afectuosa… y Judith Snow. Todos, personas extrañas; pero todos seres humanos; todos prójimos nuestros.
Ante un mundo que súbitamente aparecía a nuestros ojos acogedor y cordial, Mary y yo hallamos respuesta a la pregunta: ¿Qué tal se siente uno al saber que ha salvado una vida? Porque si a Judith Snow se le había deparado en la hora más negra de su existencia una nueva vida y un mundo nuevo, a nosotros se nos deparó también igual beneficio.
Nunca más volvimos ni volveremos a sentirnos abandonados y solos en el mundo. Una fe renovadas nos ha dado la fuerza necesaria para transformar las dificultades en fuente de estímulos vitales. Gracias a los solícitos cuidados de su hija, el padre de Mary mejoró en forma tal que dejó pasmados a los médicos. Para la primavera estaba en franca convalecencia. En cuanto a mí, la pérdida del empleo fue en realidad una fortuna: me libró de haberme pasado la vida vegetando. Al enfrentarme a la necesidad de abrirme paso en un nuevo campo, empecé a ganar en breve lo suficiente para sostener un hogar.
Una tarde de junio, al retirarnos Mary y yo del altar después de haber recibido la bendición nupcial, nuestros corazones rebosaban de gratitud.
-Gracias -murmuré al oído de Mary.
-Gracias -murmuró ella sonriendo.
Alimentamos la esperanza de que Judith Snow haya podido oírnos, sea cual sea el lugar donde se encuentre.

Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Enero de 1954, tomo XXVII, N° 158, págs. 44-48, Selecciones del Reader’s Digest, S.A., La Habana, Cuba