sábado, 29 de octubre de 2016

Anímese a Vencer la Timidez y... Descubra un Mundo Nuevo


Por Carolyn Kitch

La mujer de 43 años vivía en un temor constante de los desconocidos, ya fuera en las fiestas las que asistía con su esposo o en las funciones escolares de sus hijos. “Soportaba esas ocasiones”, recuerda, “manteniéndome lo más callada posible, sin ver a nadie a los ojos y contando los minutos que faltaban para volver a casa. Sentía la mirada de todo el mundo sobre mí”.

Hoy, esta mujer y aprendió a dominar su timidez con técnicas que han dado resultado en muchos casos. Tiene un círculo de amigos y participa activamente en la asociación  de padres y maestros de la escuela. Además, sabe que no es la única persona que carga con este problema.

La TIMIDEZ, que a menudo se considera erróneamente una etapa de la niñez que luego se supera, es un trastorno muy común. Philip Zimbardo, psicólogo y codirector del Instituto de Estudios sobre la Timidez y autor de Shyness:  What It Is, What to Do About It  (La Timidez Qué es y Cómo Vencerla”), entrevistó a más de 10,000 personas durante los años 70 y 80, y concluyó que cerca de 40 por ciento de ellas de ellas se tenías por tímidas.

En otro estudio de 1,600 personas, dirigido por el psicólogo Bernardo Carducci, esa cifra sube a 48 por ciento. Según Zimbardo, otro 15 por ciento de la población está constituida “por individuos que son tímidos sólo en ciertas situaciones de tensión, como hablar en público”. Las investigaciones indican que hombres y mujeres son igualmente tímidos.

Tal vez no exista una cura para este mal, pero los estudiosos están descubriendo algunas formas de superarlo, con la esperanza de que no sea motivo de tanta infelicidad. Aquí presentamos sus mejores consejos:

1. Lleve un diario para llegar a la raíz de sus temores. “Un registro escrito constituye una terapia barata y eficaz”, afirma el psicoterapeuta Christopher McCullough, autor de Always at Ease: Overcoming Anxiety and Shyness in Every Situation ("Siempre Serenos: Como  Vencer la Ansiedad y la Timidez en todas las Situaciones"). “Nos conocemos mejor de lo que creemos, y muchas veces resulta sorprendente lo que sale cuando ponemos por escrito nuestros pensamientos y temores”.

Cierta soltera de unos 35 años a la que hace tiempo trató McCullough, era extremadamente tímida con los hombres. “Entonces anotó todo lo que ocurría durante una cita”, recuerda el especialista: “la llamada telefónica, los arreglos para salir, lo que decían los dos, lo que ella pensaba mientras sucedía todo esto…” Poco a poco la mujer advirtió un tema recurrente: “Temía gustarle a un hombre y que él no le gustara a ella; no sabría entonces qué hacer para zafarse de la relación”.

McCullough y ella conversaron sobre lo que podría decir a los hombres que no deseaba volver a ver. “En cuando se supo en posesión de esas herramientas, las citas le produjeron mucha menos tensión”.

Aunque la mujer sólo era tímida en ese aspecto de su vida -las citas amorosas-, el diario puede ser también útil para aquellos que son cortos de ánimo. De acuerdo con el psicólogo Jonathan Cheek, autor de Conquering Shyness: A Personalized Approach (“Venciendo la Timidez: Un Enfoque Personalizado”), dos terceras partes de la gente  tímida puede identificar sucesos específicos de su vida que dieron lugar al problema. Una vez identificadas las cusas, afirma, ”se puede lidiar con ellas de manera constructiva”


2. Invente un Personaje  -una versión extrovertida de sí mismo- y Ensaye sus propias escenas. Zimbardo cuenta la historia de una mujer de 50 años que encontró la solución a su timidez en la actuación: “Noté que la vergüenza se me quitaba cuando interpretaba un papel en una pieza teatral”, le escribió. ”Después de todo no era yo quien estaba en el escenario, sino un personaje”.

Esta división del yo en “el yo real y el yo que actúa”, agrega Zimbardo, también es común entre los “tímidos extrovertidos”: personas que parecen muy desenvueltas en público, pero que son apocadas en privado. “Algo así como el 15 por ciento de la gente tímida encaja en esta descripción”.

Muchos animadores famosos son tímidos cuando se encuentran en el escenario o frente a las cámaras, dice Zimbardo. Por esta razón, a algunas personas cortas de ánimo les gusta actuar, participar en debates o hacer las veces de maestros de ceremonias. Durante tales actividades pueden “ser” temporalmente el otro, la persona desenvuelta.

Se puede escribir guiones y representar papeles para ensayar cualquier escena de la vida: desde pedir un aumento de sueldo al jefe hasta entrevistarse con los maestros de los hijos. Cuando ensaya usted esos encuentros, sabe lo que va a decir y se siente más seguro.

“Con frecuencia a los tímidos les preocupa que su actuación no refleje su verdadero ser interior”, señala Zimbardo. “Al igual que un actor, tiene usted que aprender a borrar la frontera entre el verdadero yo y el papel que interpreta. Deje usted que sus actuaciones hablen por sí mismas y, a la postre, hablarán por usted”.

3. Haga su Tarea. Bernardo Carducci llama a esta técnica “reconocimiento social”. Si va a ir a una fiesta”, propone,  “averigüe quiénes asistirán, a qué se dedican, qué intereses tienen”. Si va a hacer una presentación de trabajo ante personas que o conoce, entérese de quiénes son y cuál es su campo de actividad. “Tendrá mayor dominio de sí mismo cuando llegue la hora de conversar”, agrega.

Otra cosa que puede hacer es buscar un grupo que comparta intereses con usted. Marjorie Coburn, directora del Centro para el Tratamiento de las Fobias y la Ansiedad, en La Jolla, California, ayudó a una mujer de 43 años que se sentía incómoda en compañía de desconocidos. Coburn se enteró de que la mujer siempre había querido aprender a confeccionar cobertores acolchados, así que le sugirió que se inscribiera en un curso. Allí, la dama pudo charlar con otras personas sobre algo que le interesaba, pese a que le eran desconocidas. Gracias a ello logró trabar algunas amistades y tener vida social fuera del curso. “Por primera vez”, señala Coburn, “disfrutó de la compañía de la gente. Incluso se volvió menos tímida”.

4. Modifique su Lenguaje Corporal. “El tímido envía señales de frialdad o retraimiento, a menudo sin darse cuenta”, dice el psicólogo Arthur Wassmer, autor de Making Contact: A Guide to Overcoming Shyness ("Establezca Contacto: Guía para Superar la Timidez"). “Lo que transmite todo el tiempo es: ‘estoy asustado, tengo miedo, me siento intimidado’”. Por desgracia, los demás no captan esos mensajes. Antes bien, interpretan su lenguaje corporal como indiferencia o desdén y se apartan, con el consiguiente aumento de la inseguridad del tímido.

“De todas las técnicas, prosigue Wassmer, “ésta del lenguaje corporal es la que más sorprende por lo rápido de los resultados. Los pacientes me decían: ‘¡Tuve más conversaciones en la última semana que en todo el año anterior!’”

Wassmer  afirma que son seis las señales corporales que proyectan calidez y simpatía: sonrisa, cuerpo abierto (no cruzar los brazos o las piernas), inclinación hacia delante, contacto físico (estrechar una mano, por ejemplo), contacto visual y asentimiento con la cabeza (confirmación de que se está escuchando y entendiendo). “Al ofrecer al mundo una imagen con todos estos elementos, se gana uno la amabilidad y las respuestas positivas que vuelven menos intimidantes a los desconocidos” asegura Wassmer.

A los tímidos les cuesta trabajo iniciar una conversación; casi nunca hablan porque se pasan el tiempo preocupándose por la impresión que están causando. Los investigadores han observado que, para mantener la fluidez de una charla, las personas desenvueltas utilizan a cada rato, y casi por instinto, frases como “Sí, claro” o “¡Qué interesante!”

Cuando una conversación se apague, haga preguntas que permitan respuestas inesperadas; por ejemplo: “¿Qué la impulsó a dedicarse a la crítica de arte (o  a la organización de congresos o la decoración de interiores)?”. Dice Jonathan Berent, psicoterapeuta y autor de Beyond Shyness: How to Conquer Social Anxieties (“Más Allá de la Timidez: Cómo Vencer la Ansiedad en el Contexto Social”): “Las preguntas que invitan a explayarse mantienen el centro de la atención en la otra persona, no en usted”.

5. Confíe a Alguien su Secreto. En cierta ocasión, Christopher McCullough dio orientación a un hombre a quien le agradaba su trabajo pero le aterraban las reuniones mensuales en las que debía participar. Le preocupaba decir alguna tontería o sufrir un ataque de pánico y tener que salir corriendo de la sala… y, en consecuencia perder su empleo. Por fin confió sus temores a su jefe, quien le aseguró que podía abandonar el recinto si sentía la necesidad de hacerlo, y su puesto no peligraría. “Eso lo tranquilizó”, cuenta McCullough, “y pudo asistir a las reuniones y hasta  participar en ellas”.

Una de las quejas de los tímidos es que su familia, sus amigos e incluso sus médicos no toman en serio el problema. Marjorie  Coburn aconseja buscar gente que pueda aceptar su timidez; no alguien que les diga que deben salir de su caparazón. “Necesitan un amigo a quien confiar sus temores y que no los  enjuicie”, subraya.

6. Póngase en el Peor de los Casos. El doctor Paul Bohn, ex director de la Clínica para el Tratamiento de la Ansiedad Social y de Desempeño, de la Universidad de California en Los Ángeles, pide a sus pacientes que hablen de sus mayores temores frente a otros tímidos.

Por ejemplo, si a alguien le aterra pronunciar un discurso, el grupo podría preguntarle:

-¿A qué se debe su temor?

-La gente se rió de mí cuando era niño.

-¿Cuántas veces ha sucedido esto después?

-Ninguna

-¿Qué es lo peor que podría pasar?

-Que se rieran de mí.

-¿Y qué sucedería entonces?

-O me reiría con ellos, o jamás volvería a hablar ante ese grupo.

Así pues, ni siquiera el peor desenlace representa la catástrofe que la persona había imaginado.

Un temor común que sí suele hacerse realidad es la aparición de los síntomas físicos que en ocasiones acompañan a la timidez: sudoración, temblor de voz, sonrojo… No obstante, las investigaciones demuestran que tales síntomas no son tan notables para los demás como el tímido cree.

7. Avance Poco a Poco.  Así lo hizo Marjorie Coburn para ayudar a una tenedora de libros de 35 años. La mujer deseaba obtener un título de contadora, pero era demasiado tímida para asistir a la universidad. “Le aterrorizaba que le pidieran exponer algún punto”, explica. “Juntas, poco a poco alcanzamos su meta.

Primero se limitó a pasear por el campus universitario. Luego se inscribió en un seminario, se sentó en la última fila del salón y no habló con nadie. En otro seminario conversó con la persona que tenía a su lado.

“Más adelante”, refiere la doctora, “se inscribió en un curso de teneduría de libros”. Cuando el maestro le hacía alguna pregunta, podía responder con facilidad gracias a su dominio de la materia.

Al final se matriculó en contabilidad y se desempeñó tan airosamente que le pidieron que diera clases particulares a otros estudiantes. “Allí terminó de desaparecer su timidez”, observó Coburn.

Si pone todo su empeño, dice Jonathan Cheek, la mayoría de los tímidos consigue superar su problema. “Es un trabajo arduo”, agrega, “pero la batalla puede ganarse”.

“No espere despertar un día transformado en el alma de la fiesta”, sigue diciendo Cheek, “De hecho, quizá siempre lleve la timidez por dentro. Pero de todas maneras se lanzará y establecerá contacto con los demás. Y al hacerlo, dejará de ser tan sólo un espectador de la vida. Ésa es la verdadera victoria”.


Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo CXIII, Número 675, Año 57, Febrero de 1997, págs. 39-43, Reader’s Digest Latinoamérica, S.A., Coral Gables, Florida, Estados Unidos

lunes, 24 de octubre de 2016

Christopher Marlowe, el misterioso escritor a quien acaban de identificar como coautor de tres obras de Shakespeare

domingo, 23 de octubre de 2016

La Fascinante Historia de por qué el Norte queda arriba en los Mapas

domingo, 16 de octubre de 2016

5 señales que indican que no estás consumiendo suficientes proteínas

sábado, 15 de octubre de 2016

Colección Lauro

Colección publicada por Plaza & Janés.


4. Curzio Malaparte. Historia de Mañana 
5. H. R. Trevor Roper. Los Últimos días de Hitler.
10. François Mauriac.Vida de Jesús
11. Curzio Malaparte.Técnica del Golpe de Estado 
14. Earl Mazo. Richard Nixon
15. D. Mackenzie. Oficio: Ladrón
21. M. Thibaldi Chiesa. Vida Romántica de Franz Liszt
22. W. Somerset Maugham. Carnet de un Escritor
23. Groucho Marx. Groucho y Yo
24. Franco Veglani. Malaparte
25. Ernst Wiechert. El Bosque de los muertos
26. W. Somerset Maugham. En un biombo chino
27. Frygies Karinthy. Viajes en torno a mi cráneo
28. Kendal Burt y James Leasor. El Único Evadido
29. Paul de Kruif. Hombres contra la muerte
30. S.S. Pavillard. Doctor Bambú
32. Giovanni Papini. Dante vivo
33. Galeazzo Ciano. Diario 1939-1940, 1ª  Parte
34. Galeazzo Ciano. Diario 1941-1943, 2ª  Parte
35. Harry S.Truman. Mr. Ciudadano
36. André Maurois. Mágicos y Lógicos*
39. Edward R.Stettinius. Roosevelt y los Rusos (Franklin D. Roosevelt. La Conferencia de Yalta)
41. Victoria Sackville-West. Santa Juana de Arco
42. Thomas B. Constain. El Cable de Acero
43. Vittorio G. Rossi. La Fiesta de las Linternas
44. Gordon Young. Las Dos Vidas de Alfried Krupp
45. Alan Moorehead. Eclipse
46. Unto Parvilahti. Los Jardines de Beria
47. Margaret Trouncer. La monja
48. Curzio Malaparte. Malditos toscanos
49. Pierre Lyautey. Las Revoluciones del Cercano Oriente
52. Príncipe Yusupof . El Esplendor Perdido
53. M. Thibaldi Chiesa. Tchaikovsky
54. Emil Ludwig. Otelo
55. F. de Carli. Pío XII y su Tiempo
56. Curzio Malaparte. Sodoma y Gomorra
58. Pierre Lagaillardelle. Se ha hecho trampa con el honor
59. Ana Frank. Diario
60. Stephen Graham. Iván el Terrible
63. Enrique De Angulo. Made in U.S.A.
67. H.S. Hegner. El Tercer Reich
69. Indro Montanelli. Historia de los Griegos
70. Indro Montanelli. Historia de los Romanos
71. John F. Kennedy. Estrategia de la Paz
73.  Curzio Malaparte. Madre marchita
74. Yves Guilbert. El "Infidel" Castro
75. Jean Cau. Las orejas y el rabo
76. Will Berthorld. ¡Hundid el Bismarck!
77. Raquel Mussolini. Benito, mi hombre
78. Heinz Schroter. Stalingrado, hasta la última bala
80. Hadley Cantril. Los dirigentes soviéticos y el hombre
82. André Maurois. Ariel o la Vida de Shelley
84. Giovanni Papini. La Escala de Jacob
85. André Maurois. Adriana (Madame de Lafayette)
86. Joseph Kessel. Alcohólicos Anónimos
87.
89
90
91
92
93
95
96
97
98
99
100
101
102
103

*Biografías de Kipling, H.G. Wells, Bernard Shaw, Chesterton, Conrad, Strachey, Katherine Mansfield, D.H. Lawrence y Aldous Huxley


Continuará



miércoles, 12 de octubre de 2016

Qué es "Space Brain", el fenómeno que puede hacer fracasar las misiones tripuladas a Marte

Por Redacción BBC Mundo

¿Cuánto recordarán los astronautas que viajen a Marte? 

Parece una pregunta tonta, pero es una de las mayores preocupaciones de lo expertos.

Esto se debe a un fenómeno conocido como "Space Brain" y está relacionado con la exposición prolongada a los rayos cósmicos galácticos (GCR, por sus siglas en inglés).
Estos rayos desprenden tanta energía que incluso pueden penetrar el casco de una nave espacial.

Científicos de la Universidad de California en Irvine, EE.UU., descubrieron que la exposición a partículas cargadas de alta energía puede causar daños a largo plazo en el cerebro.

Entre los efectos de este fenómeno están alteraciones cognitivas y demencia.

Hasta ahora se había alertado de los posibles daños de los GCR en el cuerpo, pero se creía que eran de corto plazo.
Sin embargo, en la investigación realizada en ratones, Charles Limoli y su equipo descubrieron que, incluso después de seis meses de exposición, los niveles de inflamación en el cerebro siguen siendo significativos y dañinos para las neuronas.

Y esto afecta el comportamiento, la memoria y el aprendizaje.

"Son malas noticias para los astronautas que se embarquen en un viaje de ida y vuelta a Marte de dos o tres años", comentó Limoli, profesor de radiación y oncología de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Irvine.

"Extinción del miedo"

"El ambiente espacial plantea peligros únicos para los astronautas".

Según el experto, otros de los problemas que pueden ocurrir con "Space Brain" es experimentar una disminución del rendimiento, ansiedad, depresión y alteraciones a la hora de tomar decisiones.

"Muchas de estas consecuencias adversas pueden continuar y progresar al lo largo de la vida", advirtió Limoli.

El estudio no termina aquí.

Los expertos también descubrieron que la radiación afecta la "extinción del miedo", el proceso en el cual el cerebro reprime experiencias desagradables y estresantes del pasado (por ejemplo, cuando alguien sufre una caída de un caballo y logra volver a montar y disfrutar de ello).

"El déficit en la extinción del miedo podría hacerlos propensos a la ansiedad", señaló Limoli.

"Esto podría ser problemático en un viaje de tres años de ida y vuelta a Marte".

Los rayos cósmicos desprenden mucha energía cuando chocan con el cuerpo humano.

Los astronautas de la Estación Espacial Internacional están protegidos de este fenómeno porque se encuentran en la magnetósfera de la Tierra, que actúa como un escudo frente a las radiaciones.

Algo que no tendrán quienes se aventuren al vecino Marte.

Si bien construir naves espaciales con una doble capa protectora puede que no sirva de mucho (nada se resiste a estos rayos), los expertos sugieren desarrollar tratamientos preventivos que protejan el cerebro.

Si lo que dicen los expertos es correcto, es posible que un astronauta que vuelva de Marte tenga dificultades para recordar su experiencia.


Fuente:

http://www.bbc.com/mundo/noticias-37619951

lunes, 10 de octubre de 2016

¿Quiénes somos esta vez?

En la vida real, ella era un pedazo de hielo que no conocía el amor; y él era tan tímido, que no podía hacer o decir nada sin un guión teatral. Pero, juntos sobre un escenario…
  ¿Quiénes somos esta vez?

 Cuento

Por Kurt Vonnegut, hijo

El Club de Máscaras y  Pelucas de North Crawford, una sociedad de teatro de aficionados a la que pertenezco, determinó poner en escena la obra de Tennessee Williams A Streetcar Named Desire (“Un Tranvía llamado Deseo”) en la temporada de primavera. Doris Sawyer, que siempre es la que nos dirige, nos informó que no podría hacerlo esa vez porque su madre estaba muy enferma.

Así que me vi comprometido a dirigir la obra, si bien puse antes una serie de condiciones. La primera fue que Harry Nash, el único actor verdadero del grupo, asumiera el papel de Marlon Brando (Stanley Kowalski). Para dar una idea de lo polifacético de Harry, cabe decir que en dos años había sido el Capitán Queeg, Abrahán Lincoln y Enrique VIII.

Harry no se encontraba en la reunión para poder decir si aceptaba el papel o no. Él nunca asistía a las reuniones. Era demasiado tímido. No estaba casado, no salía con mujeres ni tenía ningún amigo íntimo. No sabía qué hacer o decir sin un guión por delante.

Fui entonces a la ferretería de Miller, donde trabajaba Harry, y de paso me detuve en la compañía de teléfonos para protestar por una cuenta de una llamada a Honolulú. Nunca en mi vida había llamado a Honolulú.

Y allí estaba una hermosa muchacha a la que no había visto jamás detrás del mostrador. Me explicó que la empresa había instalado una máquina automática pero que todavía no habían logrado que funcionara sin errores. Así que borró de mi factura la cantidad que no correspondía, y yo le pregunté si ella era de los alrededores de North Crawford. Repuso que no, que había llegado con la máquina nueva para enseñar su uso a las empleadas de la población. Después, agregó, se iría a otra parte con otra máquina. Ella misma parecía una máquina automática de cortesía.

-¿Cuánto tiempo permanecerá en North Crawford? –le pregunté.

-Paso ocho semanas en cada ciudad, señor.

Tenía unos lindos ojos azules, pero ciertamente no había mucha esperanza o curiosidad en ellos. Me contó que había estado viajando de ciudad en ciudad durante dos años, siempre como una extraña.

Y a mí se me metió en la cabeza que podía ser una buena Stella para la obra. Stella era la esposa del personaje de Marlon Brando, el que yo quería que interpretara Harry.

Pareció sorprenderse y se animó un poco.  “¿Sabe?, observó algo animada. “Es la primera vez que alguien me invita a participar en alguna actividad de la comunidad”.

Me dijo que se llamaba Helene Shaw y que tal vez iría.

Se podría pensar que North Crawford estuviese harto de Harry Nash después de todos los personajes que había interpretado; pero el hecho  es que la gente  hubiera podido seguirlo admirando para siempre, porque nunca era el mismo en escena. Cuando se levantaba el telón era, en cuerpo y alma, exactamente lo que el director y el guión le indicaban.

Cuando le informé que me habían designado director y que quería que él actuara en la obra, me preguntó lo que siempre preguntaba -y, bien pensado era un poco triste: “¿Quién soy esta vez?”

Empecé los ensayos donde siempre se realizaban: en el segundo piso de la biblioteca. Doris Sawyer fue a aportar los beneficios de su experiencia. Nos sentamos arriba, mientras los aspirantes esperaban abajo. Los hacíamos subir de uno en uno.

Pedimos a Harry Nash que leyera la escena donde le pega a su esposa. A sus 65 kilos y 1,73 agregó 20 kilos y 10 centímetros en el momento en que tomó el libreto. Tenía puesto un saquito corto, como para graduación de escuela primaria, y una pequeña corbata roja, con una cabeza de caballo bordada. Se quitó el saco y la corbata, se desabrochó el cuello y se puso de espaladas a Beatriz y a mí.

Cuando se volvió, era enorme, guapo, arrogante, cruel. Doris, que tiene 74 años, leyó la parte de Stella, la esposa, y Harry la hostigó hasta hacerla creer que era una dulce jovencita embarazada, casada con un atractivo gorila que le iba a hacer saltar los sesos a golpes. Me lo hizo creer a mí también. Leí la parte de Blanche, hermana de ella en la obra, y miento si digo que Harry no me hizo sentir como una licenciosa ajada y borracha.

Y luego, mientras Doris y yo nos recuperábamos de nuestra experiencia emocional, como alguien  que sale de la anestesia, Harry dejó el libreto, se puso el saco y la corbata, y se convirtió otra vez en el descolorido empleado de ferretería.

Resulta que Helene Shaw asistió a los ensayos, y nos llevamos una gran desilusión. Creíamos que el Club de Máscaras y Pelucas de North Crawford finalmente iba a tener una muchacha hermosa y realmente joven en el escenario, en lugar de las cuarentonas que normalmente teníamos que poner a interpretar papeles juveniles.

Pero no sabía actuar. No importa lo que le diéramos a leer, era siempre la misma muchacha y su sonrisa la misma con que atendía cualquier reclamación sobre las facturas en la compañía de teléfonos.

-¿Has estado enamorada alguna vez? -inquirió Doris- te lo pregunto porque el recuerdo  de algún viejo amor podría prestar calidez a tu actuación.

-¿Vale alguna estrella de cine? No quiero decir en la vida real, sino en la pantalla.
Doris me miró y puso los ojos en blanco.

-“Bien;  gracias, señorita Shaw”, intervine. “Vaya abajo y espere. Ya le avisaremos”.

En balde intentamos pensar en otra Stella. Por fin decidimos poner a Harry frente a Helene Shaw. “Es probable que logre conmoverla”, comenté.

Cuando la chica subió, notamos que había llorado.

-Oh, querida  -preguntó Doris- ¿qué sucede?

-Estuve muy mal, ¿verdad? –contestó Helene al tiempo que inclinaba la cabeza.

Doris dijo lo único que en una sociedad de actores aficionados cabe decir cuando alguien llora:

-De ninguna manera. Estuviste maravillosa.

- No, no es cierto; soy un bloque de hielo ambulante.

- Pues nadie que te viera diría tal cosa.

-En cuanto me conozcan lo dirán. Cuando la gente me conoce, eso es lo que dicen –el llanto se hizo peor-. No quiero ser como soy, sólo que no puedo remediarlo. Las únicas experiencias que he tenido, han sido sueños locos con estrellas de cine. Cuando me encuentro con alguien en la vida real, me siento como si estuviera dentro de una botella, como si no pudiera tocar a esa persona, no importa cuántos esfuerzos haga –y empujó el aire como si hubiera una gran botella alrededor de ella-. Yo, yo, yo… - y las lágrimas no la dejaron continuar.

Se oyeron unos pasos fuertes en la escalera de la biblioteca. Sonaban como los de un explorador de las profundidades del mar. Era Harry Nash, que se convertía en Marlon Brando. Allí entró, tan posesionado de su papel, que la vista de una mujer llorando lo hizo sonreír burlonamente.

-Helene, si usted obtiene el papel de Stella, Harry Nash será su marido en la obra.

Él se inclinó hacia ella y la desnudó con la mirada. Las lágrimas cesaron al punto.

-Me gustaría que representaran la escena de la pelea -continué- y luego la de la reconciliación.

-Seguro –aprobó Harry, con los ojos todavía sobre ella-, si Stella está dispuesta.

-¿Qué? –preguntó Helene, roja como una fresa.

-Stell… Stella; ésa  eres  tú. Stell mi mujer.

Le di a cada uno un libreto. Harry me lo arrancó de la mano sin siquiera dar las gracias. Las manos de Helene no estaban muy firmes así que le ayudé a sostenerlo.

-Muy bien, nena –anunció Harry entrecerrando los párpados. Estaba a punto de pasar algo más emocionante que la carrera de cuadrigas de Ben Hur-. ¡En sus marcas!, ¡listos!, ¡fuera!

Cuando acabó la escena Helene estaba más blanda que la cera. Se sentó, boquiabierta y con la cara hacia un lado. Había salido de la botella.

-¿Me dan el papel o no? –me espetó Harry.

-Sí, señor.

-Te veré pronto, Stella –dijo, y al salir dio un portazo.

-Helene…  ¿Señorita Shaw?

-¿Yo?

-El papel de Stella es suyo. ¡Estuvo magnífica!

-Tenías fuego dentro, querida -comentó Doris.

-¿Fuego?

La chica no sabía a ciencia cierta dónde estaba.


Comenzamos los ensayos en el teatro de la escuela.  Y Harry y Helene iban a tal paso que el equipo de producción estaba medio loco de emoción. Las cosas marchaban tan bien que tuve que decirles, después de una escena de amor: “Reserven un poco para la presentación, ¿quieren? Se van a consumir”.
En el cuarto o quinto ensayo, Lydia Miller, que representaba a Blanche, se sentó a mi lado. En la vida real, es la esposa de Verne Miller, patrono de Harry.

-Lydia –observé-, va a salir bien la obra.

-Sí, seguro.

Capté enseguida el  reproche.

-¿Qué quieres decir?

-¿Sabes que esa muchacha está enamorada de Harry? -preguntó.

-¿En la obra?

-¿Cuál obra? No hay ninguna obra aquí –y dejó escapar una risita triste-. Piensa qué sucederá cuando descubra lo que Harry es realmente –se corrigió-. Lo que Harry no es realmente.
Una noche incluso trató de hacer algo y se dirigió a Helene:

-¿Sabes?, una vez representé a Ann Rutledge* y Harry a Abrahán Lincoln.

-¡Debe de haber sido divino! –respondió batiendo palmas.

-Lo fue en cierto modo. A veces me entusiasmaba tanto que lo amaba como hubiera amado a Abrahán Lincoln. Tenía que volver a poner los pies en la tierra y recordarme que él nunca iba a liberar a los esclavos, que era un simple empleado de ferretería.

-¿De qué está hablando?

-Una vez que acaba la función –continuó Lydia-, cualquier cosa que uno piensa de Harry se evapora.

-¿Por  qué me lo dice a mí? –Helene se había enfadado- Aun si fuera verdad, ¿qué me importa?

Lydia se echó atrás, y después de eso nadie volvió a abrir la boca, ni siquiera cuando se supo que Helene había comunicado a la compañía de teléfonos que ya no quería ser trasladada.

*Ann Rutledge (1813-1835) fue el supuesto primer amor de Abrahán Lincoln.


Por fin llegó el momento de la función. La presentamos durante tres noches y el público se conmovió.

Creyeron cuanto se dijo en escena; y, cuando cayó el telón, estaban todos listos para ir al manicomio junto con Blanche.

Cada noche Harry desaparecía al caer el telón. El sábado, cuando cayó por última vez deseaba irse, pero Helene no le soltaba la mano.

-¿No me invitas a  la fiesta que da el elenco?

Él se sonrojó:

-Me temo que no sirvo para fiestas.

Todo lo que tenía de Marlon Brando había desaparecido. Se le trababa la lengua del susto.

-Bueno, te dejaré ir si prometes  quedarte aquí hasta que traiga tu regalo.

Harry asintió. Era la única forma de conseguir que le soltara la mano. Y allí se quedó, sintiéndose muy desgraciado, hasta que Helene volvió del camarín con el obsequio: un librito azul con una gran cinta roja como señalador. Era un ejemplar de Romeo y Julieta. Harry se avergonzó mucho.

-Gracias -fue cuanto dijo.

- El señalador está en mi escena favorita.

-Hum

-¿No quieres ver cuál es mi escena favorita?

Tuvo que abrir el libro en la cinta roja. Helene se acercó y leyó un párrafo de Julieta: “Y dime: ¿cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte, considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera”.

Luego señaló el párrafo siguiente:

-Lee ahora lo que dice Romeo.

Harry se aclaró la garganta. No quería leer, pero se veía obligado.

-"Con ligeras alas de amor franqueé estos muros –leyó con su voz de todos los días; pero luego un cambio lo invadió-, pues no hay cerca capaz de atajar el amor -continuó leyendo y se enderezó, y se hizo ocho años más joven, y valiente y alegre- y lo que el amor puede hacer, aquello que el amor se atreve a intentar. Por tanto tus parientes no me importan"

-¡Te asesinarán si te encuentran! -replicó Helene, y comenzó a llevarlo hacia un costado del escenario.

-¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos!

Lo guió hacia la salida posterior del escenario:

-¡Por cuánto vale el mundo, no quisiese que te viesen aquí!

Salieron los dos y se fueron. No asistieron a la fiesta. Una semana más tarde se casaron.

Parecen bastante felices, aunque actúan en forma extraña de cuando en cuando, dependiendo de la obra  que estén leyendo. El otro día pasé por la oficina de teléfonos y le pregunté a Helene qué obras habían estado leyendo últimamente.

-“La semana pasada, respondió, estuve casada con Otelo, fui amada por Fausto y raptada por Paris. ¿No le parece que he sido la muchacha más afortunada del pueblo”.

Repuse que sí y le conté que me habían pedido dirigir otra obra. Le pregunté si ella y su marido estarían dispuestos a formar parte del elenco. Me dirigió una gran sonrisa y preguntó:  ”¿Quiénes somos esta vez?”


Condensado del “Saturday Evening Post” (Diciembre de 1961). © 1961 por The Curtis Publishing Co., Indianápolis (Indiana).

Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXVIII, N° 468, Noviembre de 1979, pp. 79-84, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México D.F., México.

-Existe una película de 1982 dirigida por Jonathan Demme y está basada en este cuento de Vonnegut.

-Se puede leer el cuento en español en la colección de relatos Bienvenidos a la Casa del Mono (traducción de Welcome to the monkey house), Extemporáneos, México, 1974

-La nota sobre Ann Rutledge es mía.



La Ventana Abierta


Se hundieron en un pantano y sus cadáveres nunca fueron encontrados, dijo la muchacha

Cuento

Por Saki (H.H. Munro)

-Mi tía bajará en seguida, señor Nuttel –explicó una serena joven de 15 años-. Mientras tanto, usted tendrá que soportarme.

Framton Nuttel  encontró las palabras precisas para halagar a la sobrina sin menoscabar a la tía. En su interior dudó más que nunca que ese tipo de visitas formales a personas extrañas fueran de utilidad para la cura de sus nervios; razón por la cual se encontraba en aquel sitio rural de descanso.

“Te daré cartas de presentación para toda la gente que ahí conozco” le había dicho su hermana. ”De otra manera te aislarás y no hablarás con nadie provocando que tu sistema nervioso empeore a causa de la melancolía”.

-¿Conoce a mucha gente por aquí? –preguntó la sobrina cuando juzgó que ya habían tenido suficiente comunión silenciosa.

-A nadie en absoluto –respondió Framton-. Mi hermana estuvo de visita aquí hace cuatro años y me ha dado algunas cartas de presentación.

-¿Entonces usted no sabe nada acerca de mi tía?

-Sólo su nombre y dirección.

-Su gran tragedia ocurrió hace tres años, es decir, después de haber partido su hermana.

-¿Su tragedia?- inquirió Framton-.

 La sola mención de una desgracia parecía algo fuera de lugar en aquel ambiente de sosiego.

-Se extrañará usted de que mantengamos abierta esa puerta-ventana en esta época del año -observó la sobrina al mismo tiempo que señalaba la puerta en cuestión-. A través de ella, hace exactamente tres años, el esposo y los dos jóvenes hermanos de mi tía partieron para realizar sus prácticas de tiro. Al cruzar cierto terreno yermo se hundieron en un traicionero pantano. Sus cadáveres nunca fueron encontrados.

La voz de la muchacha tembló por un instante, pero continuó:

-Mi pobre tía todavía cree que volverán algún día, junto con el pequeño perro perdiguero que desapareció con ellos. Piensa que entrarán por esa puerta-ventana y por eso la mantiene abierta todos los días hasta el atardecer. Me ha contado muchas veces cómo se marcharon, cómo iba su esposo con su impermeable blanco doblado sobre un brazo. A veces, en las tardes tranquilas como esta, me asalta el escalofriante presentimiento de que todos aparecerán por esa ventana…
Interrumpió su relato con un ligero temblor. Fue un alivio para Framton la llegada de la tía con una retahíla de disculpas por su tardanza.

-Espero que no le moleste la ventana abierta –dijo la mujer-. Mi esposo y hermanos regresarán de su jornada de caza y siempre entran por allí.

Discurrió animadamente sobre la caza de patos en invierno. Framton hizo un esfuerzo desesperado por desviar la conversación a un tema menos horripilante, consciente de que su anfitriona sólo le prestaba parte de su atención y de que la mirada de la misma se apartaba de él para fijarse en la venta abierta.

-Los médicos me han ordenado un reposo absoluto con abstención de excitación mental  y ejercicios físicos –informó Framton, dejándose llevar por el mito de que las personas desconocidas se desviven por enterarse hasta del menor detalle de nuestras enfermedades.

-¿Oh, sí? -comentó la señora Sappleton con tono indiferente-.

De pronto su actitud cambió por una de alerta, pero no se debía precisamente a la conversación de Framton.

-¡Aquí están por fin, a tiempo para el té! –exclamó.

El hombre sintió un leve escalofrío y volvió su mirada hacia la sobrina como para comunicarle su comprensión solidaria. La muchacha tenía la vista fija en la ventana con una expresión de horror en el rostro, y Framton giró para mirar en la misma dirección.

En las sombras del crepúsculo, tres figuras humanas acompañadas por un perro de aspecto cansado andaban sobre el prado sin producir sonido alguno. Los tres llevaban escopetas yuno de ellos traía un impermeable blanco sobre el hombro.

Framton tomó su bastón y se retiró con gran prisa cruzando la puerta del salón y el camino de grava del frente.

-Aquí estamos, querida –dijo el hombre del impermeable blanco al entrar por la ventana -. ¿Quién era ese individuo que salió corriendo cuando veníamos?

-Un tal señor Nuttel –respondió la mujer-, que se marchó a la carrera sin decir palabra cuando ustedes llegaron. Tal parece que hubiera visto un fantasma.

-Yo diría que fue culpa del perro –explicó con calma la sobrina-. Me dijo que le infundían pánico. En cierta ocasión, una jauría de estos animales lo persiguió en un cementerio de la ribera del Ganges y tuvo que pasar la noche en una tumba recién excavada mientras las bestias gruñían  y echaban espuma encima de él. Situación que hace perder el valor  a cualquiera.

La novela al instante era su especialidad.


Condensado del libro  ”Great  Short  Stories of the World”. ©1972 por The Reader’s Digest Association,  Inc.

Hector Hugh Munro, célebre por su gran ingenio y conciso en sus cuentos cortos, nació en Birmania en 1870 y vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra. Al estallar la Primera Guerra Mundial se incorporó al Real  Cuerpo de Fusileros. Fue enviado a Francia en 1915 y murió en acción en Beaumont-Hamel al año siguiente.


Fuente:
Revista Selecciones del Reader’s Digest, Tomo LXXXII, N° 492, Noviembre de 1981, pp. 110-112, Reader’s Digest México, S.A. de C.V., México D.F., México

El Misterio de La Gioconda


Por Luis Felipe Angell (Sofocleto)

El Louvre es un museo francés donde uno puede ver las obras maestras del turismo norteamericano.
Delante de cada tela hay un racimo de gringos multicolores, especie de naturaleza muerta frente al arte clásico, que admira por catálogos y se hace una cultura renacentista en media hora, con sólo seguir el derrotero del guía y digerir sin complicaciones las más fabulosas mentiras de un cicerone empeñado en deslumbrarlos para multiplicar su propina. Enseñar o describir no basta. Hay que condimentar el show con algún detalle amazing* que dé prestigio al relato en Kansas City con algunos detalles íntimos del Tiziano o ciertas informaciones confidenciales sobre Rubens, conseguidas de un experto al precio de tres dólares, discretamente abonados en un rincón de la sala:

-You knows, fellows, that guy Velásquez used to paint with only one hand?*
-Oh, really*

*¿Sabían, ustedes, que este tipo Velásquez solía pintar con una sola mano?
*Oh, en serio
*Amazing: increíble

El guía es un déspota entre burlón y cínico, que aprovecha la ignorancia ajena para no aburrirse diciendo todos los días la misma cosa. A cada pintor le inventa un pasaje anecdótico, a cada cuadro una historia y a cada corredor un fantasma. Su imaginación crece en razón directa con el analfabetismo cultural de sus oyentes y responde con un silencio cargado del más hondo desprecio las preguntas que Harry, Butch o Jimmy le hacen para ejercitar el derecho señalado en la cartilla turística, que dice: “El cicerone responderá cualquier pregunta de tipo artístico”. A veces, Lo que quiere saber Betty es donde han puesto el bath room* los franceses pero no se atreve y prefiere seguir el resto de la jornada caminando despacito y sin hacer movimientos inútiles. Jamás he visto mayor docilidad que la del turista ultramarino frente a un guía de museo:

-A ver, ustedes tiene tres minutos para admirar este cuadro que es muy bueno. Comiencen a admirar que yo cuento…
-Qué beatiful paisaje is that…!
-Allá no, zonzo. Esa es una ventana  abierta. Mira acá.

*Bath room: baño

De todos los cuadros reunidos en el Louvre tal vez sea “La Gioconda” el más conocido y buscado por los visitantes. Dicen que es el mejor cuadro del mundo, pero nadie lo ha visto porque siempre hay una muchedumbre delante, tomando fotos, mascando chicle o preguntándose, como se pregunta la humanidad desde hace varios siglos, ¿por qué diablos sonríe Monalisa?, esposa dil Giocondo a quien todo hace pensar que un amigo de la familia le aplicó dos perchas de medio metro en la frente, porque la señora será todo lo angelical que quieran, pero la historia demuestra que tenía su buena foja de servicios al hombro. Contra lo que muchos suponen, Monalisa no fue una guayaquileña lisurienta, sino la esposa de un comerciante floreciente o florentino, inmortalizada por Leonardo Da Vinci, un viejo sumamente precoz que hizo cañones, submarinos, esculturas, dibujos, buques, aviones y moneda falsa, invento éste último que le trajo algunas dificultades y terminó por desprestigiarlo:

-Dice il Leonardo que está con il cólico miserere…
-Son inventos suyos.

En las últimas semanas se ha levantado una polémica acerca de la verdadera identidad de Monalisa. Unos dicen que es hombre, otros que es mujer y otros que ambas cosas al mismo tiempo, lo cual no tiene nada de particular en esos siglos también había esta clase de coleópteros. Sin embargo, la pregunta fundamental es la relacionada con su sonrisa. ¿Se reía o estaba triste? Chi lo sa*. Uno también puede reírse con pena, como ocurre cuando oye a los payasos de circo el mismo chiste que ya escuchamos en 1930, pero las opiniones están divididas en la siguiente forma. La Gioconda se ríe porque:

1.-Leonardo le acaba de contar un chiste de loros.
2.- Le estaban haciendo cosquillas en el dedo gordo.
3. Pensaba en los spaguetti del almuerzo.
4.-Le daba la gana de reírse, y
5.-Por cualquier razón.

*Chi lo sa: en italiano, ¿Quién (lo) sabe?.

La cosa es que se ríe y como ocurre con la hiena, nadie sabe por qué lo hace. Hay quienes adjudican a la magia de Leonardo el milagro de producir esa sonrisa indefinida pero real que aparece en “La Gioconda”. Hay quienes dicen que le salió de pura chele* y los que se inclinan por creer que Monalisa tenía su trompita torcida porque le dolía una muela. En mi opinión, no hay ningún misterio. Todas las mujeres son iguales y basta mirar una fotografía en que aparezca el planeta, la enamorada, la novia, la señora o la viuda, para que uno no sepa a qué atenerse ni qué pensar de lo que dicen sus labios. A veces el equívoco es de quitarse el hat*:

-Qué ternura hay en la sonrisa de esta señora. ¿La fotografiaron el día de su santo*?
-No. El día que ahorcaron a su marido.


*De pura leche: O de Chiripa: suerte fácil, casualidad favorable.
*Hat: sombrero
*Santo: cumpleaños

Las notas son mías.




Fuente:
Luis Felipe Angell, Sofocleto en Dos Columnas, Primera Edición, Ediciones Myself, Lima, Perú, 1960, pp. 17-20

viernes, 7 de octubre de 2016

¡Todos a “La Laguna”, chicas!


Por Luis Felipe Angell (Sofocleto)

Las desgracias en el Perú terminarán cuando le ganemos al otro equipo.

Poderosa como un sindicato invisible, la Hermandad de los Guindones ve crecer sus efectivos de un día para otro y cuenta con tal número de locas en los registros que Lima parece un gigantesco manicomio donde ya no se puede echar piropos a nadie sin correr el riesgo de irse en caldo*, porque la gringuita que se nos descuelga en la esquina resulta ser Otto Fugentriken, químico recibido, y la morenaza que nos entusiasma por sus caídas de ojos es un zambo relleno de algodones, a quien no queda otro recurso que regarlo con una lluvia de patadas:

-¡Sal de aquí, mariposón!
-¡Cobarde,  por qué no se mete con un hombre, so pedazo de bestiucha!

Los hay blancos, negros, grandes, chicos, gordos, flacos, ricos, pobres. En los salones y en las barriadas, en las instituciones y sociedades, de todos los partidos, los credos y las razas. Hasta los japoneses, que siempre fueron tan serios y dedicados a María, tienen también su representante café con leche en la persona de Kadera Loca que de día trabaja como honrado peluquero miraflorino y de noche es la geisha de medio pelo que se pasea por Surquillo peinada con raya al medio y cantando bajito el bolero “Tú me acostumbraste”. Como los hongos, aparecen de noche y llenan los parques en pequeños grupos que intercambian confidencias, refuerzan esperanzas, rajan de las amigas y hacen proyectos para el futuro, suspirando como Julietas huachafas* mientras se acomodan la faja o se desmayan al paso de un ratón. Algunas son de lo más de lo más sensibles:

-¿Y por qué no te gusta Jimmy?
-Porque últimamente se ha vuelto muy ahombrado.

El zambo con peluca parece como si tuviera un felpudo en el cerebro, pero se pasea muy orondo junto al cholo engominado que luce la cadera estrecha en uno de esos pantalones al cuete* que es necesario ponerse con calzador. Cuando yo era chico, el firulete* era una rara avis a quien señalábamos en la calle, diciendo con el entusiasmo que despiertan los espectáculos inusitados: ”Ese es”. Ahora en cambio, es todo  lo contrario porque a los hombres hay que diferenciarlos aclarando que “ese no es”. Dicen que esto es el progreso. Y debe ser porque en la Avenida Progreso tiene su local el club “Vive como Quieras” que en forma tan brillante ha iniciado este año las fiestas de Carnaval, organizando en “La Laguna” un estupendo baile de promoción, respaldado por la policía y en un ambiente que ha merecido la atención de todos los diarios capitalinos.

-¡Ay, hijas, pero qué regio les queda estar delgadas…!
-Sí, es que estamos a dieta y nos favorece el régimen.*

A la once de la noche comenzaron a llegar las parejas invitadas, despertando la curiosidad del vecindario barranquino el hecho de que casi todas las damas concurrentes tenían músculos y pelos por todo el  cuerpo; amén de que algunas estaban  sin afeitar y otras hablaban con una voz de barítono que desconcertaba. Las primeras en hacer su aparición fueron dos gatitas, una tigresa, tres bailarinas orientales, una princesa, un conejito, un  osito, siete bikinis y una tapada, que se abrieron paso entre el público lanzando coquetonamente pica y pica y serpentinas, y recibiendo a cambio una andanada de piedras como consecuencia de la cual tuvo la tapada que cambiarse la manta de sitio porque un cascotazo le había hinchado el único ojo disponible. Entusiasmada por el juego, la gente metió a las dos gatitas en el agua y desnudó a una bikini que resultó ser el ingeniero agrónomo Camilo de la Poltrona, según se identificó a la policía cuando ésta le pidió sus papeles. Mientras tanto, el alcalde barranquino estaba prendido de un teléfono público llamando al Director de Gobierno, al Prefecto de Lima, al Comisario de Barranco y a la Carabina de Ambrosio*  para que suspendieran la fiesta. El Comisario se negó a intervenir, alegando que estaba resfriado. La discusión crecía:

-¿Y a usted como le consta que esta dama es hombre?
-Porque esta dama es el contador de mi oficina y se llama Teodoro.

Al señor Alcalde  le subió la presión a cuarenta, las palpitaciones a ciento ochenta, el pulso a doscientos y el dólar a veintisiete, pero todo fue inútil y la fiesta siguió adelante entre un mar de chisguetes, serpentinas, fotografías y mambos, con diálogos que por acción del eco llegaban hasta la multitud:

-¿Bailamos, señora?
-Señorita, si me hace el favor…

A la una de la madrugada eligieron reina, saliendo elegida Camucha I, que en la vida real es boticario de Magdalena y tesorero (porque cuida los tesoritos) del Comité de Damas y Señoritas Lima N° 1, en cuyo nombre se había solicitado el local para la fiesta. Lloró de emoción y fue necesario hacerla respirar una gaseosa para que volviera. Mientras tanto, al señor Alcalde lo tenían amarrado entre ocho para que no entrara con su garrote a matar libélulas y el público hacía los más diversos comentarios:

-Barranco se ha desbarrancado…
-¿Qué dirá el elefante del zoo que apenas ve estos espectáculos?

Eran las cuatro de la mañana y adentro las parejas hacían cadenita con el huayno que dice: “Todas las noches me tienes como pato en la laguna” cuando la policía disolvió el jolgorio por orden del Prefecto. Algunas se privaron, otras salieron corriendo, tres o cuatro cayeron al agua. La orquesta Villanueva se convirtió en Villadiego* y los jóvenes barranquinos que estaban afuera repartieron entre las damas diversos puñetes de pronóstico reservado. Total, una porquería sin nombre que las autoridades tienen la obligación de poner en claro. Si el comisario de Barranco es culpable, debe ser dado de baja porque su actitud lo descalifica para llevar el uniforme cuyo honor es su divisa*. Según he sabido no es la primera vez que se realizan tales fiestas y esto hace más urgente una represión enérgica. En nombre de quienes tienen hijos y quieren para ellos un camino limpio en la vida exigimos que se castigue a los que han intervenido en esta  inmundicia. Al organizador, quien alega que estas fiestas se han hecho en Río y que aparece en la revista “Cruzeiro” podemos preguntarle qué le parecería si lo hacen fusilar, porque estas cosas las hacen en Cuba y aparece en la revista “Bohemia”.
¡Zamarro! ¡Zamarro!* ¡Con la falta de hombres que sufrimos en este país!
 

Fuente:
Luis Felipe Angell, Sofocleto en Dos Columnas, Primera Edición, Ediciones Myself, Lima, Perú, 1960, pp. 13-16

Las cursivas son del autor.
 

Notas. - Agrego esto para que se entienda mejor el texto.

*Irse en caldo: perder la paciencia. Se entendería como llevarse un chasco y por ello encolerizarse.
*Huachafas: cursis
*Al cuete: Pantalones apretados o ajustados. Pitillo.
*Firulete: Adorno superfluo y de mal gusto.
*Podría comprenderse como un chiste en doble sentido para referirse a la dieta y al gobierno.
*De la frase Ser una cosa la Carabina de Ambrosio: No servir para nada.
*De la frase Coger o tomar las de Villadiego: huir de un riesgo o compromiso.
*Lema de la policía peruana.
*Zamarro/a: Adjetivo Perú. Referido a persona, que no tiene vergüenza ni honestidad y sólo busca su propio beneficio. Diccionario de Americanismos ASALE

Las notas son mías.