viernes, 13 de mayo de 2016

El hombre que ayuda a los estudiantes a hacer trampa

jueves, 12 de mayo de 2016

Por qué levantar pesas puede ser más beneficioso de lo que uno piensa

sábado, 2 de abril de 2016

Por qué tendemos a creernos todo lo que nos dicen

Por


i alguna vez necesitas pruebas de la credulidad del ser humano, permíteme hablarte del "ataque de las bananas come-carne".

En enero de 2000, una cadena de correos electrónicos comenzó a reportar que bananas importadas estaban afectando a quienes las comían con una "fascitis necotrizante", una rara enfermedad por la cual la piel se brotaba de burbujas color púrpura antes de desintegrarse y dejar expuestos los músculos y los huesos.

Según la cadena de emails, la FDA (el organismo de control de alimentos en Estados Unidos) estaba tratando de ocultar la epidemia para evitar el pánico.

El texto exhortaba a los lectores a regar la voz entre sus familiares y amigos.

Se trataba de algo sin ninguna clase de sentido, por supuesto. Pero para el 28 de enero, la preocupación se había vuelto lo suficientemente grande como para que el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) emitiera una declaración desmintiendo el rumor.

¿Eso ayudó? Ni por casualidad. Más bien le echó leña al fuego.

En unas pocas semanas, el CDC estaba recibiendo tantas llamadas de personas angustiadas que tuvo abrir una línea especial para el tema de las bananas.

Los hechos fueron distorsionados de tal forma que, eventualmente, la gente comenzó a decir que el CDC era la fuente del rumor.

Incluso hoy variantes del mito vuelven a avivar temores de vez en cuando.

Puede que esto nos cause risa; tanto como otros mitos urbanos, incluida la teoría según la cual Paul McCartney, Miley Cirus y Megan Fox fueron, de hecho, asesinados y reemplazados por dobles.

Pero las mismas grietas en nuestra lógica que dan cabida a estas ideas son las que permiten la propagación de otras más peligrosas, tales como la creencia de que el VIH es inocuo, que los suplementos vitamínicos pueden curar el sida, que los ataques del 11 de septiembre fueron obra del propio gobierno estadounidense o que el papel aluminio impide que el FBI te lea el pensamiento.

¿Por qué tantas creencias falsas persisten cuando hay evidencia dura que las desmiente?

¿Y por qué tratar de negarlas sólo alimenta el molino de los rumores?

No es cuestión de inteligencia; incluso premios Nobel han caído por inocentes con ciertas teorías sin ninguna base.

Pero una serie de avances psicológicos pueden ofrecer algunas respuestas, mostrando cuán fácil es construir un rumor que burle los filtros contra el engaño del cerebro.
 Ahorro de tiempo y energìa

Una explicación algo aleccionadora es que todos somos unos "tacaños cognitivos". Es decir, para ahorrar tiempo y energía, nuestro cerebro utiliza la intuición en vez del análisis.
A manera de ejemplo simple, responde rápidamente a las siguientes preguntas:
  • ¿Cuántos animales de cada tipo iban en el Arca de Moisés?
  • ¿De qué país fue presidenta Margaret Thatcher?
Entre el 10% y el 50% de quienes participaron en un estudio en el que se formulaban estas dos preguntas no notaron que fue Noé, y no Moisés, quien construyó el Arca, y que Margaret Thatcher fue primera ministra -no presidenta-, aún cuando se les había pedido explícitamente que se fijaran en detalles inexactos.

 Conocido como la "Ilusión de Moisés", este despiste ilustra cuán fácilmente dejamos pasar los detalles de una afirmación, favoreciendo la impresión general que nos deja en lugar de lo específico.

En este sentido, normalmente juzgamos si algo se "siente" bien o mal antes de aceptar o rechazar un mensaje.

"Incluso si 'sabemos' que deberíamos prestar atención de los hechos y la evidencia, simplemente nos asimos de los sentimientos", dice Eryn Newman, investigadora de la Universidad del Sur de California, cuyo próximo trabajo recoge la investigación más reciente en materia de desinformación.

Basada en los estudios hasta la fecha, Newman sugiere que nuestras reacciones instintivas giran alrededor de cinco preguntas simples:
  • ¿Proviene el dato de una fuente creíble?
  • ¿Otras personas creen en él?
  • ¿Hay suficiente evidencia para apoyarlo?
  • ¿Es compatible con lo que creo?
  • ¿Cuenta una buena historia?

Crucialmente, nuestras respuestas a cada uno de estos puntos pueden verse afectadas por detalles frívolos que no tienen nada que ver con la verdad.

Opinadores de Oficio

Considera por un momento la cuestión de si otros creen en una afirmación o no, así como el tema de si la fuente es creíble.

Tendemos a confiar en personas que nos son familiares, lo que significa que mientras más vemos a un opinador de oficio, más rápido comenzamos a creer en lo que dice.

"El hecho de que no se trata de un experto no entra en nuestra ponderación de la verdad", indica Newman.

Aun más, no llevamos la cuenta de cuántas personas apoyan una visión.

Cuando ese opinador de oficio repite la idea en incontables programas (de radio o televisión), crea la ilusión de que la opinión es más popular de lo que realmente es. De nuevo, el resultado es que tendemos a aceptarlo como si fuera la verdad.

Fluidez Cognitiva

Luego está la "fluidez cognitiva" de una afirmación: esencialmente, si cuenta una historia buena y coherente que es fácil de imaginar.

"Si algo se siente fácil de procesar, por defecto tendemos a esperar que sea verdad", dice Newman.
Esto es particularmente cierto si un mito calza o se ajusta sin problemas a nuestras expectativas.

Si algo se siente fácil de procesar, por defecto tendemos a esperar que sea verdad"
Eryn Newman, investigadora
"Tiene que ser pegajoso, una frase o una cita que se vincule con lo que sabes, que reafirme lo que crees", añade Stephan Lewandowsky, de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, quien ha examinado la psicología de quienes niegan el cambio climático.

Una presentación pulida eleva instantáneamente la fluidez cognitiva de una afirmación, incrementado su credibilidad.

En un estudio reciente, Newman le mostró a los participantes un artículo (falso) que decía que un conocido cantante de rock había muerto.

Era más probable que las personas lo creyeran si el artículo aparecía junto a una foto del cantante, simplemente porque era más fácil traerlo a la mente, elevando la fluidez cognitiva de la afirmación.

De manera similar, escribir en un tipo de letra fácil de leer o hablar con buena enunciación incrementan la fluidez cognitiva.

De hecho, Newman ha demostrado que algo aparentemente sin consecuencias como el sonido del nombre de una persona puede hacer que nos inclinemos hacia un lado: mientras más fácil sea pronunciarlo, más probable es que aceptemos sus opiniones.

 A la luz de estos descubrimientos puede entenderse por qué el temor a las bananas come-carne era tan contagioso.

Por un lado, la cadena de emails venía de personas en las que las personas confiabans inherentemente -sus amigos-, incrementando la credibilidad de la afirmación y haciéndola parecer más popular.

El concepto mismo era vívido y fácil de imaginar (tenía fluidez cognitiva). Y si por casualidad la persona no confiaba en la FDA o en el gobierno, la idea de un ocultamiento hubiera calzado fácilmente en la visión que tenía del mundo.

Contraproducente

Esa avaricia cognitiva también puede ayudar a explicar por qué los esfuerzos por corregir un mito han sido contraproducentes de manera espectacular, como descubrió el CDC en carne propia.

Experimentos de laboratorio confirmaron que ofrecer evidencia que contradice la afirmación sólo fortalece la convicción de la persona.

 En apenas 30 minutos puedes ver un efecto de rebote, en el que la gente está aun más dispuesta a creer que la afirmación original es verdad", dice Newman.

El problema, dice, surge de nuestras memorias profundamente imperfectas.

Corregir los hechos "funcionaría muy bien si pudiéramos rebobinar y recordar cosas como si fueran videos, pero años de investigación demuestran que la memoria no es perfecta, que llenamos los vacíos y que perdemos información", señala.

Còmo reparar el daño

Como consecuencia de estas flaquezas, nos vemos atraídos instantáneamente por los detalles más jugosos de una historia -el mito original-, mientras que olvidamos el pequeño hecho de que se ha demostrado que es falsa.

Todavía peor, al repetir el mito original, la corrección incrementa la familiaridad de la afirmación.

Y, como ya hemos visto, la familiaridad engendra credibilidad. En vez de desterrar el mito, la bien intencionada corrección simplemente lo enraiza más.

Un mito desmentido puede dejar un agujero incómodo en la mente.

Lewadowsky explica que nuestras creencias están integradas en nuestros "modelos mentales" de cómo funciona el mundo: cada idea está interrelacionada con nuestras otras visiones.

Es como un libro muy bien empastado: una vez que arrancas una página, otras pueden comenzar a despegarse.

Terminas con un agujero negro en tu representación mental, y a la gente no le gusta eso", señala el especialista.

Para evitar la incomodidad, preferimos aferrarnos al mito a que todo nuestro sistema de creencias se desmorone.

Afortunadamente, hay formas más efectivas de corregir errores y hacer que la verdad prevalezca.
Para empezar, debes evitar repetir la historia original (en lo posible)y tratar de crear toda una alternativa para remendar la ruptura en el modelo mental.

"Si te digo que la Luna no está hecha de queso, te será difícil abandonar la creencia. Pero si te digo que no es de queso sino de roca, te dejaré con una idea de cómo es la Luna (en vez de con un vacío)", explica Lewandosky.

Newman coincide en que se trata de una estrategia útil.

Por ejemplo, en el caso de los temores a las vacunas supuestamente vinculadas con el autismo, sugiere construir una narrativa alrededor del fraude científico que dio lugar al miedo, en vez de escribir el típico artículo "desmintiendo el mito" que, sin quererlo, refuerza el estado de desinformación.

Andrew Wakefield manipuló elementos de investigación que apuntaron, erróneamente, a un vínculo entre vacunas y autismo.

Cualquiera sea la historia que elijas, debes incrementar la fluidez cognitiva con un lenguaje claro, imágenes y una buena presentación.

Y repetir el mensaje, solo un poco pero con frecuencia, ayudará a mantenerlo fresco en la mente.

 Pronto comenzará a sentirse tan familiar y cómodo como el mito, y la ola de opinión debería comenzar a cambiar de sentido.

Como mínimo, mantenerse consciente de estos fallos en el pensamiento te ayudará a identificar cuándo te han engañado.

Siempre vale la pena preguntarse si has pensado cuidadosamente en las cosas que escuchas y lees.

¿O estas siendo un tacaño cognitivo, persuadido por sentimientos subjetivos más que los hechos?

Algunas de tus opiniones más establecidas podrían no tener más sustancia que el gran fraude de las bananas de 2000.


Fuente:

http://www.bbc.com/mundo/especial/vert_fut/2016/04/160329_vert_ciencia_por_que_somos_credulos_yv



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lunes, 28 de marzo de 2016

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jueves, 31 de diciembre de 2015

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sábado, 26 de diciembre de 2015

Qué hacer y qué no hacer en el gimnasio

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Intrincado Origen de los Signos de Puntuación

Por Keith Houston

Estamos acostumbrados a leer y a escribir y, por tanto, los signos de puntuación nos son familiares.

La coma, los dos puntos y el punto y el coma, así como sus parientes ortográficos, son partes integrales de la escritura.

Destacan las estructuras gramaticales y ayudan a transformar las letras en palabras e imágenes mentales.

Así que estaríamos perdidos sin ellos. O, al menos, muy confundidos.

Y aun así, los primeros lectores y escritores se las apañaron sin contar con ellos durante miles de años.

Entonces, ¿qué fue lo que hizo que cambiaran de opinión?

Sinespacionipuntuación

En el siglo III antes de Cristo, en la ciudad heleno-egipcia de Alejandría, un bibliotecario llamado Aristófanes estaba harto.

Era el encargado de personal en la famosa biblioteca que albergaba cientos de miles de manuscritos.
Pero era frustrante cuánto tiempo tomaba leerlos.

Y es que los griegos practicaban la scriptio continua; esto es, escribían sus textos de tal forma que nohabíaespacionipuntuación entre las palabras, y no hacían distinción alguna entre mayúsculas y minúsculas.

Era responsabilidad del lector escoger el camino entre la masa de letras, distinguir en ella cada palabra y cada frase, y adivinar dónde terminaba una y empezaba la siguiente.

Y aun así, la falta de puntuación o espacio entre letras no se consideraba un problema.

 En las primeras democracias, como Grecia o Roma, donde los representantes electos debatían para promover sus puntos de vista, un discurso elocuente y persuasivo era más importante que cualquier texto escrito.

Así que sabían que antes de poder recitar el contenido del pergamino en público tendrían que estudiarlo minuciosamente.

Comprender un texto en una primera lectura era algo inaudito.

Por ello, cuando en el siglo II d. C. al escritor Aulo Gelio le pidieron que leyera en voz alta un documento que le era desconocido, protestó.

Argumentó que destrozaría su contenido y que no enfatizaría las palabras de forma correcta.

Y ante su negativa, cuando un espectador se dispuso a leer el texto, fue eso, precisamente, lo que terminó haciendo.

Unir los Puntos 

El avance de Aristófanes fue sugerir a los lectores que hicieran anotaciones y aliviaran así la ininterrumpida corriente de texto con puntos de tinta arriba, en medio o abajo de cada línea (comma, colon y periodus).

Así, con cada posición indicabarían la entonación de lectura: alta, media o baja.

Sin embargo, en aquel momento no todos estaban convencidos de la utilidad de su invención.

Cuando los romanos tomaron el relevo a los griegos como el más prominente imperio del mundo antiguo, abandonaron el sistema de puntos de Aristófanes sin pensarlo dos veces.

Y aunque en el siglo II probaron a separar las palabras con puntos, también abandonaron ese experimento.

Existía todo un culto hacia el hablar en público, y era de tal magnitud que toda la lectura se hacía en voz alta.

Y la mayoría de los estudiosos coinciden en que los griegos y los romanos hacían frente a la falta de puntuación precisamente de esa forma.

La Puntuación, Cuestión de Fe 

Pero fue otro tipo de culto el que hizo resucitar la incursión de Aristófanes en la puntuación.

En los últimos años del imperio los paganos de Roma se vieron a ellos mismos perdiendo la batalla contra una nueva religión, llamado Cristianismo.

Mientras los paganos habían transmitido sus tradiciones y su cultura de forma oral, de boca en boca, los cristianos preferían escribir salmos y evangelios para difundir mejor la palabra de Dios.

Así que los libros se convirtieron en una parte integral de la identidad cristiana.

Y, por consiguiente, empezaron a incluir en ellos letras decoradas y signos de párrafo (Γ, ¢, 7, ¶, etre otros).

Algunos volúmenes fueron incluso profusamente ilustrados con pan de oro e intrincados dibujos.

La fe se extendió por toda Europa y adoptó una rejuvenecida puntuación en la escritura.

En el siglo VI los escribas cristianos empezaron a puntuar sus propios trabajos antes de que llegaran a las manos de los lectores, para proteger su significado original.

La Actualización de Isidoro

Más tarde, en el siglo VII, el eclesiástico Isidoro de Sevilla, quien fuera arzobispo de esa ciudad española durante más de tres décadas y al que la iglesia católica canonizaría tras su muerte, actualizó el sistema de Aristófanes.

Lo hizo de forma que los puntos indicaran la duración de la pausa: breve (punto bajo), media (punto medio) y larga (punto alto).

Pero más allá de eso, Isidoro relacionó la puntuación con el significado de forma explícita por primera vez en la historia.

Así, de acuerdo con su versión, el subdistinctio o el punto bajo ya no marcaría una simple pausa, sino que tomaría el lugar de la coma gramatical.

Y, de la misma manera, el punto alto o el distinctio finalis indicaría el fin de una frase.

Además, los espacios entre palabras no tardarían en aparecer.

Fue invención de unos monjes irlandeses o escoceses -no está claro-, que estaban hartos de separar palabras latinas desconocidas.

Y a finales del siglo VIII, en Alemania, un país emergente, el afamado rey Carlomagno ordenó a un monje llamado Alcuin idear un alfabeto unificado que pudiera ser leído por los súbditos de las tierras más lejanas.

Fue así como nacieron las que hoy conocemos como letras minúsculas.

Con todo ello la escritura adquirió su mayoría de edad y la puntuación era una indispensable parte de ella.

Papel Destacado 
Los puntos inventados por Aristófanes ya eran de uso común, y los escritores comenzaron a construir sobre ellos e ir más allá con la ortografía.

Algunos tomaron prestados elementos de la notación musical, inspirados por los cantos gregorianos.

Así crearon, por ejemplo, el punctus versus, una versión medieval del punto y coma.

Y también el punctus elevatus, un punto y coma a la inversa, un signo que se convertiría en los dos puntos actuales.

Estos indicaban un cambio de tono, pero también cumplían una función gramatical.

Asimismo, empezaron a utilizar el punctus interrogativos, el ancestro del signo de interrogación actual, para marcar preguntas pero también para señalar una inflexión ascendente.

Y llegó un momento en el que el sistema de tres puntos se redujo a uno solo, que podía ser colocado en cualquier posición para indicar una pausa de duración indeterminada; una mezcla poco clara de la coma, el punto y coma y el punto final.

Más tarde, en el siglo XII, el escritor italiano Boncompagno da Signa propuso un sistema de puntuación completamente diferente que incluía y tan solo dos signos: la barra (/) y el guión (-).
La primera indicaba una pausa, y el segundo el fin de una frase.

No está claro cuánto se usó la barra, pero el guión o virgula suspensiva fue todo un éxito.

Era compacto y fácilmente distinguible, por lo que pronto empezó a ganar terreno en los últimos reductos del sistema de Aristófanes.

Congelada por la Imprenta 

Así las cosas, la puntuación en el apogeo del Renacimiento podría resumirse como sigue: una mezcla de los antiguos puntos griegos; puntos y comas, signos de interrogación y otros derivados medievales; y los más recientes inventos, la barra y el guión.

Era un tiempo en el que los escritores se sentían cómodos con la situación.

Y fue realmente una suerte, ya que con la llegada de la imprenta a mediados de 1450- y la Biblia de 42 líneas impresa por Johannes Gutenberg-, la puntuación quedaría congelada en el tiempo.

En 50 años la mayoría de los signos que conocemos hoy fueron tallados en plomo, para no volver a cambiar jamás.

La barra de Boncompagno da Signa se acortó y curvó, y heredó uno de los nombres del sistema griego, convirtiéndose en la coma actual.

A los dos puntos y al signo de interrogación se les sumaron el punto y coma y el signo de exclamación.

Y el punto de Aristófanes quedó reservado para la pausa al final de cada frase.

Fue entonces cuando la evolución de estos signos paró en seco, debido a la estandarización impuesta por la imprenta.

Ahora, con las computadoras, la puntuación está otra vez revolviéndose.

Probablemente un escritor cualquiera del siglo XV tendría dificultades para identificar los signos de puntuación del teclado, pero lo que más le sorprendería serían los emoticonos o los emoji.

La puntuación no estaba muerta. Solo estaba esperando el próximo tren tecnológico al que subirse.

Y ahora que lo encontró, nos toca de nuevo a nosotros como escritores y lectores decidir cómo vamos a puntuar nuestros textos en los próximos 2.000 años.

*Keith Houston es el autor de "Shady Characters, The Secret Life of Punctuation, Symbols & Other Typographical Marks".

Fuente: 



domingo, 6 de septiembre de 2015

¿Existe una explicación científica para la hipnosis?

Cada vez más, la gente recurre a la hipnosis para dejar de fumar, bajar de peso o hallar alivio para distintas clases de dolor crónico.

En Reino Unido, por ejemplo, se han puesto en boga en los últimos años las clases de "hipnoparto", en las que se les enseña a las mujeres a punto de dar a luz a concentrarse en la relajación, la respiración y la autohipnosis para reducir la agonía de las contracciones durante el parte.

¿Pero existe alguna explicación científica que avale a esta técnica antiquísima que nos lleva a centrar la atención, reducir la conciencia del entorno, y a responder sin esfuerzo a las sugestiones ajenas?

 En realidad no. O al menos no hay una teoría con la que todos los científicos estén de acuerdo, según explica la revista Focus de la BBC.

En el siglo XVIII se pensaba que este estado de conciencia involucraba un "fluido magnético" o una fuerza especial a la que llamaban "magnetismo animal".

Pero esta teoría supuestamente científica fue abandonada después de que no se encontrara ninguna evidencia que la apoyara.

Estado vs. No Estado

Actualmente, existen dos teorías principales para explicar los efectos extraordinarios que puede tener la hipnosis en algunas personas
.
Por un lado está la corriente que apoya la teoría del estado de conciencia alterado.

Quienes defienden esta postura sostienen que las sugestiones hipnóticas inducen un estado de conciencia alterado o trance hipnótico en la que las personas altamente sugestionables están dispuestas a obedecer al hipnotizador y comportarse de una forma atípica, como por ejemplo recordar eventos olvidados u olvidarse de algo que acaban de hacer, o cumplir más tarde con una consigna en el momento en que se lo indiquen.

La otra corriente (que se define en oposición a los estados alterados) cree que los efectos de la hipnosis se explican como una forma imaginativa de un juego de roles y por el alto grado de sugestión.

Esta explicación significa que la conciencia del hipnotizado no está en otra dimensión sino que la persona está actuando como se supone que debe actuar en dicha situación.

El problema es que gran parte de la dificultad para establecer la base científica de los efectos de la hipnosis es que los estudios confían en los reportes subjetivos de los hipnotizados.

"Algunos creen que la hipnosis es pura falsificación mientras que otros creen que es un estado genuino de conciencia alterada que puede producir cambios profundos en la percepción, pensamiento y memoria", afirma Rochelle Cox, especialista en ciencias cognitivas de la Universidad de Mcquarie, en Australia.

Independientemente de la explicación científica de sus efectos, lo cierto es que algunas personas parecen caer fácilmente en estado de hipnosis mientras que para otras es muy difícil sino imposible.

El por qué se desconoce, pero una serie de estudios señala que esta habilidad puede transmitirse a través de las generaciones.


Fuente

jueves, 3 de septiembre de 2015

Lo Crucial de Respirar bien durante el Ejercicio

Por Redacción BBC Mundo

Oxígeno y combustible. Son dos de los principales elementos que se necesitan para que un motor funcione. Pero para que el propulsor alcance su máxima potencia estos elementos se deben combinar de manera óptima.

En el cuerpo humano ocurre una combustión similar con el oxígeno que respiramos y los alimentos que consumimos.

Para que nuestro organismo logre su mejor rendimiento físicamente es necesario combinar de la mejor forma posible estos dos elementos.

"El aporte de oxígeno a la hora de producir energía es importantísimo", explica Juan Francisco Marco, profesor del centro de ciencia deportiva, entrenamiento y fitness Alto Rendimiento, en España.

 "Necesitamos del oxígeno para que se produzca la transformación de las moléculas ATP, que son principalmente la fuente de energía que utiliza el cuerpo".

Las personas reciben el oxígeno de manera natural al respirar, pero no siempre lo hacen de la manera adecuada para lograr el mejor rendimiento durante el ejercicio.

"Se recomienda una relación relajada y profunda, sea durante un ejercicio aeróbico o uno de fuerza".

Coordinación
Es normal que cuando se comienza una actividad física el cuerpo busca la energía necesaria para responder a la exigencia que se le está sometiendo.

Una fuente de energía es la alimentación, que se realiza de manera previa al ejercicio. La otra es la respiración.

"Al principio uno se cansa más rápidamente y la descoordinación en la respiración aparece de forma casi inmediata. Lo recomendable es parar, recuperar e intentar volver a coger el ritmo. Eso es algo que se consigue más con la práctica que con otra cosa".

Los preparadores físicos indican que cuando se comienza a hacer un ejercicio siempre es mejor pensar en aprender a coordinar la respiración que en un cubrir una distancia, lograr un determinado tiempo o levantar más peso.

Tipo de Ejercicio
Para los ejercicios aeróbicos se debe llevar un ritmo que vaya coordinado con la actividad que se está practicando. Por ejemplo, si se corre, se trata de respirar en conjunto con la zancada y si se nada con la brazada.

"Una mala respiración te va a afectar el ritmo", advirtió Marco.

"Por ejemplo, si sales a correr, te vas a cansar antes y ese cansancio viene como consecuencia de que no hay un ahorro energético. Hay mucho más gasto al estar forzando constantemente los músculos".
"Es como llevar un auto en primera todo el tiempo y vas acelerando todo el rato. El gasto de combustible va a ser elevadísimo. Aquí pasa lo mismo, ya que no se produciría la oxigenación suficiente, el volumen de oxígeno máximo, que es muy importante en un trabajo aeróbico".

En cuanto a los trabajos con carga la respiración es más fácil de aprender porque al ser un ejercicio anaeróbico, de fuerza, hay dos fases de movimiento.

 "Una que es cuando se logra superar la carga y se contrae la musculatura. Esta fase es la concéntrica y es cuando se tiene que expirar el aire. La otra es la fase excéntrica, cuando se relaja la fuerza, que es el momento en el que se debe inspirar y tomar aire".

La razón es que si la persona no oxigena bien en la fase excéntrica, previa a la contracción muscular, no se va a tener suficiente oxígeno para que se consiga superar la carga y se corra el riesgo ta no sólo de un calambre, sino incluso alguna rotura fibrilar.

Los otro que hay que estar atentos es que no se debe aguantar la respiración mientras se hace fuerza, ya que puede impulsar un aumento de la presión arterial.

"Siempre es importante respirar antes de hacer la fuerza porque de lo contrario lo estaríamos forzando, ahogando como lo llamamos coloquialmente en el mundo del entrenamiento".

Tipos de Respiración 

Otro elemento esa saber qué tipo de respiración es mejor dependiendo del ejercicio, si es abdominal o torácica.

"La abdominal o diafragmática es la que se utiliza mucho en técnicas de relajación, como por ejemplo en yoga. Simplemente es concentrar el aire a nivel abdominal. Al funcionar la parte baja de los pulmones, que a nivel fisiológico se considera la parte más eficiente, se está consiguiendo estimular el sistema nervioso parasimpático, que es el motiva la relajación del cuerpo humano", explicó el preparador físico español.

"La torácica es la respiración más normal, que es cuando respiramos de pulmón, inspirando por la nariz y expirando por la boca. Esta es la que utilizamos en cualquier tipo de ejercicio aeróbico o anaeróbico".

Hay técnicas para aprender a respirar y lo más recomendable es entrenar el ritmo para llevar una respiración relajada, profunda y regular. Una vez que se tenga dominada y bajo control es cuando las personas deben marcarse objetivos más específicos.


Fuente:

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150828_deportes_ejercicios_respiracion_en_forma_crucial_consejos_jmp